‘Spectre’: el futuro de Bond se reconcilia con su pasado


James Bond afronta su mayor desafío en 'Spectre'.Las aventuras de James Bond protagonizadas por Daniel Craig, cuatro por ahora, tenían como denominador común narrar los orígenes de un personaje archiconocido. Desde su forma de adquirir la licencia para matar, todas y cada una de las películas han ido dando forma al personaje que otros actores antes que él han interpretado con mayor o menor fortuna. Pero en estas intrigas siempre ha faltado la presencia de esa organización secreta que tan buenos villanos ha dejado: Spectre. Sin entrar en detalles acerca de los problemas con derechos de autor, el nuevo trabajo de Sam Mendes (porque la cinta, antes que otra cosa, es del director de Jarhead) no solo recupera al archivillano por definición, sino que cierra un círculo casi perfecto.

Visualmente hablando, esta vigesimocuarta película de Bond es, como lo fue Skyfall, simplemente brillante. La labor de Mendes tras las cámaras, desde ese plano secuencia inicial que solo un director de su categoría es capaz de hacer, hasta secuencias de acción como la pelea en el helicóptero o en el tren, es un soplo de aire fresco constante. Dinámico y seductor, el lenguaje empleado por el director interpreta en todo momento no solo al protagonista, sino al sentido mismo de sus acciones y decisiones, acompañando al espectador en el viaje por todo el mundo que realiza el espía secreto. A esto se suman, no cabe duda, un notable reparto que recupera buena parte del espíritu clásico de los primeros films.

Narrativamente hablando, sin embargo, es donde la cinta tiene su mayor talón de Aquiles. Aunque la historia está bien estructurada y logra aunar a la perfección pasado, presente y futuro del personaje, las concesiones a las necesidades dramáticas que realiza son, cuanto menos, cuestionables. Y aunque son problemas menores, sí logran un efecto discordante dentro del equilibrio entre humor, acción e intriga que logra la trama. Asimismo, hay algunos momentos del film en los que el ritmo decae considerablemente. Aunque esto no debería ser considerado un problema (al fin y al cabo, es algo natural), la realidad es que termina jugando en contra del espectáculo que, por otro lado, es este regreso a los orígenes.

Pero a pesar de los problemas, Spectre es algo único. Puede que al espectador medio le diga más bien poco y sea, por derecho propio, una entretenida cinta de acción y suspense narrada por un director espléndido. Para los seguidores del personaje, es un broche a toda una vida, el regreso al camino iniciado hace más de 50 años que, para colmo, es capaz de reunir bajo un mismo techo a los clásicos villanos con los tres enemigos a los que Craig ha tenido que hacer frente. Una vez puestas todas las piezas en su sitio, el agente secreto más famoso del cine inicia una nueva y prometedora etapa. Y cómo no, lo hace con un tema principal tan elegante como delicioso a cargo de Sam Smith.

Nota: 7/10

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Bond, James Bond… y nada más


Estrenos 6noviembre2015No cabe duda de que es uno de los estrenos del año. Después de dos entregas sumamente entretenidas, James Bond vuelve por la puerta grande. Y lo hace en un fin de semana en el que nada ni nadie parece hacerle sombra. Lo cierto es que, salvo alguna entrega para fanáticos del terror o del manga, ningún estreno parece que pueda igualar las expectativas creadas por este nuevo film del agente secreto más famoso del cine. Pero repasemos lo que nos llega hoy viernes, 6 de noviembre, que no es precisamente poco.

Evidentemente, comenzamos por Spectre, lo nuevo de Sam Mendes (American Beauty) y Daniel Craig (Detrás de las paredes) como máximos responsables de James Bond. Después de haber reformulado muchas de las bases del personaje, director y actor se atreven ahora con la organización criminal más importante del universo Bond: Spectre. La trama recupera el pasado del agente secreto para desvelar un complot que no solo amenaza su vida, sino que puede estar detrás de los intentos por destruir el servicio secreto británico. Acción, intriga y las dosis de humor que caracterizan al personaje vuelven a ser las protagonistas de este film en el que también participan Ralph Fiennes (El gran hotel Budapest), Ben Whishaw (The Tempest), Naomi Harris (Ninja Assassin), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia), Christoph Waltz (Big eyes), Monica Bellucci (Un verano ardiente), Andrew Scott (Pride) y Rory Kinnear (serie Penny Dreadful).

El resto de estrenos norteamericanos explotan el terror. Sinister 2, continuación del film de 2012, toma como excusa la evolución de uno de los policías de la cinta original para narrar cómo sus investigaciones acerca de una fuerza maligna y sobrenatural le llevan hasta una vieja casa en medio del campo. Lo que no espera encontrar allí es a una madre con sus dos hijos que huye de un marido maltratador. La mujer y el policía deberán unir fuerzas para luchar contra una amenaza mucho mayor que parece haber estado acosando a los pequeños desde hace tiempo. Dirigida por Ciarán Foy (Citadel), la película está protagonizada por Shannyn Sossamon (serie Wayward Pines), James Ransone (Tangerine), Robert Daniel Sloan (Hero of the day), Dartanian Sloan (Hick) y Lea Coco (Saving Lincoln).

También de terror, aunque en este caso con un claro toque irónico y humorístico, es Scouts vs. zombies, cinta dirigida por Christopher Landon (Burning Palms) que, como su propio título indica, un grupo de adolescentes pertenecientes a los scouts deberán hacer frente a un apocalipsis zombie para poder sobrevivir. El reparto está encabezado por Halston Sage (Malditos vecinos), Tye Sheridan (Mud), Patrick Schwarzenegger (Un invierno en la playa), David Koechner (Road Hard) y Sarah Dumont (Acid girls).

Dejamos Estados Unidos para centrarnos en los estrenos españoles, y entre ellos destaca Isla bonita, lo nuevo de Fernando Colomo (La banda Picasso) como director, trabajo en el que también hace las veces de actor. La trama arranca cuando un realizador publicitario venido a menos es invitado por un amigo para que pase unos días en Menorca con él y su joven mujer. Sin embargo, ella también ha invitado a su familia, por lo que el hombre deberá quedarse en casa de una amiga del matrimonio, escultora y antisistema, que no tiene una buena relación con su hija. Un interesante drama que cuenta, además, con Olivia Delcán, Nuria Román, Miguel Ángel Furones y Lilian Caro (El próximo Oriente).

Otra de las novedades procedentes de España es Novatos, drama centrado en el mundo de las novatadas. En concreto, el argumento gira en torno a un joven que llega a Madrid para estudiar en la Universidad… y vivir en un Colegio Mayor. Será allí donde experimente la crueldad de las “bromas” que los veteranos gastan a los más jóvenes. Y como él están muchos estudiantes, entre ellos una chica que debe soportar la soberbia de una compañera acostumbrada a conseguir todo lo que quiere. Dirigida por Pablo Aragüés (Vigilo el camino), la cinta cuenta con Nicolás Coronado (El amor no es lo que era), Lucía Ramos (No quiero ser recuerdo), Alejandra Onieva (Por un puñado de besos), Javier Butler (Reset) y Emma Suárez (Área de descanso) como actores principales.

Entre el resto de estrenos europeos destaca la francesa Dheepan, drama con toques de thriller ganador de la Palma de Oro en Cannes y que dirige Jacques Audiard (De óxido y hueso). Su trama arranca cuando un hombre que lucha por la independencia tamil se ve obligado a huir de Sri Lanka. Para lograr asilo político en Europa decide unirse a una mujer y una niña, a las que hace pasar por esposa e hija. Después de algún tiempo dando tumbos por Francia, finalmente logra un trabajo como portero en un bloque de edificios. Decidido a reconstruir su vida, la violencia de la ciudad traerá de vuelta fantasmas del pasado. El reparto está encabezado por Jesuthasan Antonythasan (Sengadal), Kalieaswari Srinivasan, Claudine Vinasithamby, Vincent Rottiers (Renoir) y Marc Zinga (De force).

Francia, junto con Bélgica, también está detrás de La promesa, adaptación de 2013 de la novela de Stefan Zweig cuya historia, ambientada en 1912, narra el secreto amor que profesa un joven secretario hacia la mujer de su acaudalado jefe, propietario de una fábrica de acero. A medida que la relación laboral entre los hombres se estrecha, el joven tendrá más y más acceso a la casa del matrimonio, donde decide observar a la mujer sin hacer ningún tipo de movimiento que pueda comprometer su trabajo o revelar sus verdaderos sentimientos. Drama y romance se combinan en esta película dirigida por Patrice Leconte (Confidencias muy íntimas) y protagonizada por Rebecca Hall (Transcendence), Alan Rickman (El mayordomo), Richard Madden (serie Juego de tronos), Toby Murray y Maggie Steed (serie Whites).

Y también cuenta con capital francés, además de alemán y japonés, Una pastelería en Tokio, versión cinematográfica de la novela de Durian Sukegawa que gira en torno a la relación entre el propietario de una pastelería y una anciana que entra a trabajar en el negocio produciendo dorayakis y la salsa de la que están rellenos. Aunque el hombre accede de mala gana, la mujer pronto demuestra que tiene magia en las manos, lo que hace florecer al negocio de forma inesperada. A medida que la relación entre ambos se estreche las viejas heridas sin cerrar volverán a aparecer. Este drama está dirigido por Naomi Kawase (Aguas tranquilas) y cuenta con un reparto liderado por Kirin Kiki (Still walking), Miyoko Asada (Shea hausu), Etsuko Ichihara (La anguila) y Miki Mizuno (Bushido man).

Los fans de la serie animada ‘Dragon Ball’ tienen una cita ineludible este fin de semana con Dragon Ball Z: La resurrección de F, nueva película que continúa la historia de Goku, Vegeta, Krillin, Bulma y los demás personajes de la saga. En esta ocasión, la trama se centra en el regreso a la vida de Freeza gracias a las bolas de dragón que utilizan dos miembros de su ejército. Con un elaborado plan para acabar con la Tierra, este poderoso enemigo avanza hacia el planeta liderando un ejército al que solo podrán hacer frente Goku y sus amigos. Pero lo que ninguno sabe es que el revivido Freeza posee una fuerza mucho mayor de la que tuvo jamás. La película supone el debut en la dirección de Tadayoshi Yamamuro, habitual director de animación de producciones manga.

Finalizamos con el documental Él me llamó Malala, obra dirigida por Davis Guggenheim (Esperando a Superman) que ahonda en la vida de la Premio Nobel de la Paz, señalada por los talibanes junto a su padre por defender la educación para las mujeres. Gravemente herida por un tiroteo en el autobús en el que acudía a la escuela, la por entonces niña de 15 años es ahora la fundadora del Fondo Malala.

Tráiler de ‘Spectre’: el reencuentro muy esperado de James Bond


Uno de los momentos del tráiler de 'Spectre', nueva aventura de James Bond.Hace más o menos un día que ha salido el primer avance en movimiento de Spectre, la nueva aventura de James Bond, de nuevo bajo la batuta de Sam Mendes tras el éxito que supuso Skyfall hace 3 años. Un éxito que se debió, en parte, a la particular visión que imprimió el director a un personaje y a una estructura narrativa limitados por la cantidad de aventuras cinematográficas que ha protagonizado. Ésta será la número 24, pero no por ello parece haber perdido energía. De hecho, si atendemos a este primer teaser-tráiler, el veterano agente está más en forma que nunca.

Y curiosamente, no se ve ninguna secuencia de acción, lo que ya da una idea de lo que podremos encontrar en el film. Evidentemente, esto no quiere decir que no vaya a haberla, pero sí que la trama vuelve a tener un peso relevante en el conjunto. Habrá quien piense que Skyfall fue en extremo sencilla, pero eso no quiere decir que su trama no estuviera bien estructurada y tuviera una importancia notable sobre todo en el protagonista. Siguiendo esta idea, lo que muestra este primer avance son precisamente las consecuencias de lo ocurrido en aquel film, lo que establece una conexión entre ambos y entre los anteriores protagonizados por Daniel Craig (Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres), lo que ya de por sí supone una reinterpretación profunda del personaje. En esta ocasión, la trama se centra en la investigación de Bond de una siniestra organización secreta de nombre SPECTRE que parece conectada con su pasado. Todo mientras la sede del servicio secreto ha sido destruida y hay un nuevo M al mando.

De nuevo, la mano de Mendes se deja ver incluso en las pocas imágenes que se adelantan en el tráiler que encontraréis a continuación. Los contrastes entre luces y sombras, las siluetas y ese ritmo pausado de la cámara dotan al conjunto de un aspecto diferente, ahondando en los aspectos más oscuros y misteriosos del protagonista, y abordando ahora un pasado que muy pocas veces se ha mostrado en pantalla, lo que sin duda ayudará a conocerle. Claro que no solo de eso vive el tráiler, y por extensión el fan. La última imagen, que acompaña a este texto, es sumamente sugerente: “ha pasado mucho tiempo, y finalmente, aquí estamos”. Aunque no se le vea claramente, no es difícil descubrir quién es el villano que la dice, y sobre todo cómo la dice.

A estrenar entre octubre y noviembre de este mismo año, la cinta cuenta con un impresionante reparto, como suele ser habitual, en el que se dan cita Ralph Fiennes (El gran hotel Budapest), Monica Bellucci (El aprendiz de brujo), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia), Christoph Waltz (Big Eyes), Ben Whishaw (The Zero Theorem), Naomie Harris (Ninja Assassin), Andrew Scott (Pride) y Rory Kinnear (The Imitation game). A continuación, el tráiler.

‘Revolutionary Road’, actores y director al servicio de una historia


Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en un momento de 'Revolutionary Road', de Sam Mendes.Ya se está empezando a vislumbrar, pero con el paso de los años será más evidente. Hollywood, y por extensión el resto del panorama cinematográfico, está asistiendo desde hace años a una renovación en la mirada que los directores ofrecen de sus historias. Una renovación liderada por nombres como David Fincher (Seven), Christopher Nolan (El caballero oscuro), Darren Aronofsky (Cisne negro) o Zack Snyder (El hombre de acero). Nombres propios que han sabido plasmar sus particulares puntos de vista y adaptarlos a todo tipo de historias (con la excepción de Snyder, que se ha decantado por el espectáculo puro y simple). De entre todos ellos, posiblemente, el más completo sea Fincher. Sea como fuere, en esa lista falta un director que se ha caracterizado por una sensibilidad excepcional a la hora de plasmar visualmente cualquier tipo de relato. Ya he mencionado antes que Sam Mendes (American Beauty) es uno de esos directores capaces de encontrar poesía en cualquier cosa, lo que logra acentuar los aspectos más intensos de sus tramas. Revolutionary Road (2002) es posiblemente el mejor ejemplo.

En el momento de su estreno quedé bastante sobrecogido por este intenso drama acerca de la monotonía, de los sueños inalcanzables y de la frustración de una vida en la que no se han cumplido, precisamente, esos objetivos irreales. Hace poco tuve la oportunidad de volver a verla, y lo cierto es que, como ocurre con las buenas películas, tuve la oportunidad de descubrir nuevos aspectos, formales y dramáticos, de esta historia que se vendió, al menos de forma indirecta, como el reencuentro en pantalla de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, ambos protagonistas de ese hito del cine que fue Titanic (1997). Aunque como también ocurre con las buenas películas, se impuso a sus propios actores. Y lo hizo con dos armas maravillosamente utilizadas: el guión y la labor de Mendes, amén de una complicidad de los actores que, en pocas palabras, hacen un trabajo impecable.

Pero vayamos por partes. La adaptación de Justin Haythe (La sombra de un secuestro) del libro de Richard Yates es una de esas obras que se construye poco a poco, que maneja los tiempos dramáticos a la perfección para introducir al espectador en lo que parece ser una rutina normal y corriente para, posteriormente, sacudir dicha monotonía con el subtexto emocional de cada uno de los personajes, egoístas y frustrados en su particular forma de ver el mundo. Es más, habrá quien piense que en Revolutionary Road pasan pocas cosas. Bueno, analizado desde la acción física es posible. Pero si algo hipnotiza de la película es la velocidad con la que se mueven las emociones en comparación con la aparente calma que existe en la superficie, rasgada únicamente por brotes coléricos que impactan sobremanera gracias, precisamente, a ese ambiente idílico donde nada parece ir mal.

Momentos como la discusión en el coche al inicio del film o las peleas en la casa son momentos inolvidables. Y lo son porque reflejan la realidad del ser humano y de la sociedad. De cara al exterior todo parece perfecto, el clásico matrimonio envidia de todos sus vecinos. La puerta cerrada de una casa, empero, genera una frontera que deja aflorar las verdaderas emociones. Por un lado, la ya mencionada frustración y la falta de amor en una farsa construida sobre un único momento equivocado (verdaderos motores del conjunto); por otro, la hipocresía de una sociedad que sonríe al mirar de frente y despelleja al darse la vuelta (muy evidente en el personaje de Kathy Bates). No es que sea cierto que ocurren pocas cosas en el film, pero sí es verdad que la mayor parte de la acción debe ser leída entre líneas, interpretada de miradas, diálogos y decisiones que desembocan en uno de los finales más dramáticos y poéticos de los últimos años.

Elegancia formal e interpretativa

Al comienzo mencionaba que los actores eran cómplices de la calidad del film. Puede que la afirmación resulte absurda por lo obvia que es. Me explico. Muchas buenas películas que cuentan con grandes actores tiene repercusión por eso, porque tienen grandes actores. Revolutionary Road, a pesar del éxito de sus intérpretes, se sobrepone a ellos gracias a que los propios protagonistas se mimetizan con sus personajes hasta hacerse casi invisibles. De Winslet poco hay que decir que no se haya dicho ya. Su capacidad dramática está fuera de toda duda, y en esta ocasión alcanza cotas muy difíciles en las que equilibra dolor y rabia, odio e indiferencia, a partes iguales, pero sin llegar a caer en el histrionismo. El caso de DiCaprio, sin embargo, no es tan evidente. Tras muchos papeles en los que predominaba su físico por encima de todo, fue en la época de esta película (tal vez algunos años antes) cuando empezó a tomarse el mismo en serio como actor, eligiendo papeles más complejos y, lo más importante, saliendo airoso de los retos. En el caso que nos ocupa, y al igual que su compañera de reparto, logra encontrar el equilibrio perfecto de un hombre aparentemente tranquilo que es capaz de sacar su ira en los momentos más críticos. Por no hablar de los secundarios, entre los que destacan Michael Shannon (serie Boardwalk Empire) y David Harbour (serie The newsroom).

Y por último, el director. La película es el cuarto trabajo de Sam Mendes en el largometraje, y ya entonces se había definido como uno de los realizadores más preciosistas y visualmente elegantes del cine. A pesar de su corta carrera, elegir cuál es su mejor film en el aspecto visual es una tarea muy complicada. Eso sí, todos poseen, en mayor o menor medida, una serie de componentes en común que este drama refleja maravillosamente bien. Por un lado, tenemos la fotografía y el uso de la iluminación. Gracias a la luz dura y los colores apagados el director crea esa sensación de lugar idílico, de retiro tranquilo y sosegado que, sin embargo, se antoja falso, una máscara que oculta una realidad muy distinta. En este sentido, uno de los planos más representativos e impactantes es el último de Kate Winslet, bañada por una luz pálida en un entorno blanco, impoluto, que se revela diametralmente opuesto a medida que la cámara se aleja de ella.

Esto me lleva al otro gran elemento del trabajo de Mendes: la composición de los planos. Puede pasar desapercibido, pero en líneas generales el realizador se sirve de dos estilos narrativos diferentes para mostrar el mundo exterior y el mundo interior de los personajes. O mejor dicho, la intimidad y la imagen que proyectan al exterior. Mientras que buena parte de las secuencias que abordan sentimientos, emociones y discusiones de pareja se cuentan con planos en movimiento, con cámara al hombro y con el salto de un personaje a otro, aquellas que cuentan, por ejemplo, el trabajo del personaje de DiCaprio se basan más en la estática de la cámara, utilizando planos más abiertos. Una forma de expresar en imágenes la soledad, el tedio y lo rutinario de un trabajo, unos compañeros y una vida que transcurre de casa al trabajo y del trabajo a casa, con permiso de algún que otro desliz. Son imborrables los momentos en los que los hombres, trajeados y con sombrero como si fueran clones, esperan en la estación de trenes, o aquellos en los que se mueven como autómatas bajando y subiendo unas escaleras alrededor de un DiCaprio inmóvil.

Todo ello genera una única línea narrativa que acentúa el subtexto que antes mencionaba, esa otra película que transcurre en las imágenes de Revolutionary Road y que se deja ver en momentos muy puntuales que se suceden con más y más frecuencia hasta el desenlace final. Es, por así decirlo, un trabajo de equipo al servicio de una historia, y no una historia al servicio de los actores, el director o los efectos especiales. Todos y cada uno de los elementos está planteado para aportar a la trama el valor necesario, ni más ni menos. Empero, la película podría haber sido mucho más mediocre sin la labor y la elegancia de Mendes o sin la aportación de unos actores involucrados con sus personajes de forma admirable. Es pronto para saber cómo evolucionará, pero no cabe duda de que será uno de los grandes dramas de principios del siglo XXI.

‘Skyfall’ no mueve a ‘Lo imposible’ de lo más alto de la taquilla


No pudo ser. Lo nuevo de James Bond llegaba con la ventaja de un largo fin de semana de cuatro días, pero la tarea de superar a Lo imposible se ha convertido, precisamente, en misión imposible. Lo cual, por cierto, no deja de ser una magnífica noticia para el cine español, que está teniendo en este 2012 uno de sus mejores años en lo que a crítica y público se refiere. Un mes lleva ya en lo más alto la película de J. A. Bayona (El orfanato), y sus cifras mantienen una robustez inusitada en estos tiempos de crisis, actualmente solo desafiada por otro título español, Las aventuras de Tadeo Jones.

Así, Skyfall se tiene que conformar con el segundo puesto. El drama protagonizado por Naomi Watts (The Ring) y Ewan McGregor (Amelia) repite como el film más taquillero del fin de semana con 3,58 millones de euros, un 20% menos que, en cualquier caso, deja un balance total de 32,79 millones de euros. Por ahora, y a falta de estrenos desafiantes en los próximos días, su límite podría estar en los 50 millones, e incluso superarlos. Volviendo a James Bond, la cinta de Sam Mendes (Revolutionary Road) se estrenaba en 639 salas, en las que ha logrado 3,1 millones de euros (5,08 millones si se cuentan los dos días festivos). Una buena media de 4.851 euros por sala que hace presagiar un buen recorrido comercial, pudiendo tener su límite en unos 30 millones de euros, aunque habrá que comprobar si su fuerza no es cosa del lanzamiento.

En tercera posición encontramos Hotel Transilvania, que curiosamente repite cantidad respecto al fin de semana anterior, es decir, 2,6 millones de euros. En total, 6,6 millones de euros y cerca del millón de espectadores, lo que podría situar su resultado final entre los 20 y los 25 millones de euros. A partir de este momento los resultados registrados por los títulos de este top 10 distan mucho. Sin ir más lejos, otro de los estrenos, Sinister, se queda en 620.000 euros repartidos en 212 salas, lo que implica una media de 2.960 euros. Ni siquiera este puente de Todos los Santos ha servido para mejorar mucho su comportamiento, pues entre los cuatro días la cantidad no supera el millón de euros. Es más que posible que la cinta se desinfle a lo largo de las semanas, por lo que alcanzar los 10 millones de euros sería bastante utópico.

El quinto puesto lo ocupa Argo, que en su segunda semana desciende un 28% hasta el medio millón de euros, lo que sumado a lo acumulado anteriormente hace un total de 1,58 millones de euros, cifra relativamente buena para el tipo de film que es. Sea como fuere, no es muy probable que sobrepase con holgura los cinco millones al final de su andadura comercial. La que sigue sorprendiendo, y van ya 10 semanas, es Las aventuras de Tadeo Jones. Al inicio del texto mencionábamos que solo estos títulos españoles parecían aguantar el tirón de los nuevos títulos, y las cifras lo demuestran. La película de animación es la única que mejora respecto a la semana anterior (12%), y consigue 0,47 millones de euros. En total, más de 17 millones y unos 2,55 millones de espectadores. Con un poco de suerte alcanzaría los 20 millones.

Uno de los films que más desciende este último fin de semana es Looper, sin duda afectado por la llegada de 007. Con un -51%, esta cinta de ciencia ficción se queda en 270.000 euros y un total de 2,35 millones de euros, por lo que tiene difícil superar los 5 millones. Un poco más abajo, en octavo lugar, hallamos otro estreno, El ladrón de palabras, que llegó con una distribución algo reducida (144 salas, la menor del top 10) y obtuvo 0,21 millones de euros, lo que arroja una media que no llega a los 1.500 euros, datos todos ellos que no presagian un futuro demasiado halagüeño.

Cierran este ranking dos títulos muy dispares. Por un lado, El fraude, que logra 180.000 euros (-40%) y acumula ya 3,41 millones de euros; por otro, Paranormal Activity 4, que registra la mayor caída respecto al fin de semana anterior, un 64%. Apenas 130.000 euros es lo que ha dejado este fin de semana festivo (y de terror), lo que completa una cifra de 2,08 millones de euros, que se antoja bastante definitiva para la última entrega de esta saga.

La primera película de… Sam Mendes: ‘American Beauty’


Resulta muy complicado para un realizador que afronta su primer largometraje conseguir que su obra tenga una repercusión más o menos notable. No digamos ya que sea un éxito incomparable. Pero conseguir que una ópera prima alcance la categoría de clásico, de obra clave para el cine posterior y, sobre todo, que obtenga los premios más importantes alrededor del mundo, es conseguir una hazaña al alcance de muy poca gente. Tal vez sea por eso que la elección de Sam Mendes como director del último James Bond, Skyfall, estuvo rodeada de cierta expectación por ver de qué era capaz un director al que se conoce, sobre todo, por su forma de abordar el drama. Género, por cierto, que centró su primera película, American Beauty, allá por 1999, con la que no solo copó su carrera con los premios y el reconocimiento que a muchos otros artistas les cuesta lograr durante décadas, sino que definió un lenguaje cinematográfico muy personal.

Con todo y con eso, posiblemente el punto más débil del film sea su guión, obra de un Alan Ball (serie True Blood) también primerizo en esto de los largometrajes. El libreto sigue la vida aparentemente perfecta de un hombre de clase media, acomodado, con una bella mujer y una hija adolescente. Sin embargo, a medida que se profundiza en el núcleo familiar la historia desvela que la tranquilidad que rodea a los tres es en realidad una máscara de cara a la sociedad para ocultar un matrimonio desunido en el que él se siente despreciado y ella atrapada, y con una hija a la que no comprenden ni escuchan. Todo narrado por el propio protagonista en uno de los planos iniciales más hermosos de los últimos años (y que plantea una sorpresa que no se desvela hasta el clímax del tercer acto).

Sin duda, lo más recordado de este film protagonizado de forma magistral por Kevin Spacey (K-Pax. Un universo aparte), trabajo por el que consiguió el Oscar, y Annette Bening (Bugsy) es precisamente el preciosismo de sus planos, en concreto de las secuencias oníricas en las que el protagonista fantasea con la amiga animadora de su hija. Si todo el metraje desprende una elegancia formal y en el diseño de producción que contrasta con el trasfondo de los personajes, es en estos sueños eróticos donde Mendes explota al máximo su manejo del color y los claroscuros para ofrecer algunos de los momentos que ya son parte inmortal del cine. Del mismo modo, el simbolismo de los pétalos de rosas, flor asociada a su mujer a través del jardín que cuida con más esmero que a su propia hija, da una idea de esa contradicción interna que siente el personaje, y que en más de un diálogo se plantea sin demasiado éxito, incluyendo la resolución de la trama.

Ya que mencionamos la trama, cabe explicar que el film, en sí mismo, puede pecar de un exceso de contenido dramático y moral en detrimento de un desarrollo dramático más puro y lineal. American Beauty es uno de los mejores films de los últimos 15 años, si no el mejor. La forma de presentar a los personajes y, sobre todo, la sutileza y seriedad con la que aborda esa doble moral de la sociedad americana en la que las apariencias importan más que el estado de ánimo de los individuos (y que es el verdadero punto fuerte del conjunto) no deja lugar, empero, a un desarrollo pleno de los conflictos y de las líneas secundarias. Por poner un ejemplo, la historia de amor de la hija (interpretada por Thora Birch) y el hijo del nuevo vecino (Wes Bentley) queda reducida a meras pinceladas cuando, en cierto modo, es uno de los conductores del impactante final.

Un punto de vista único

Dicha problemática, si es que puede denominarse así, viene dada por el protagonista, aunque pueda parecer incoherente. La necesidad del guionista por centrarse en la vida del protagonista casi de forma exclusiva (su figura está presente en prácticamente todas las secuencias, ya sea de forma física o no) impide ese desarrollo de los arcos dramáticos. En cierto modo, incluso la historia principal avanza de forma abrupta hacia su desenlace, utilizando los momentos más dramáticos como detonantes de la acción.

No es de extrañar. La definición del personaje de Spacey es, en cierto modo, lo único que evoluciona a lo largo del film. De la amargura a la indiferencia, y de esta a la libertad individual, todas sus emociones centran la atención del espectador de forma tan absorbente que, en realidad, poco importa la profundidad del resto de personajes. Afortunadamente, todos ellos ofrecen un grado de complejidad tal que conforman un microcosmos tan interesante como único. Cabe destacar aquí también la labor de Chris Cooper como el padre del personaje de Bentley, un militar chapado a la antigua que pega a su hijo para endurecerle frente a la vida y que no soporta la homosexualidad, otro de los conceptos que definen a la perfección la doble moral del film.

Pero estos desajustes en el desarrollo dramático, al final, no son sino un problema secundario ante la fuerza de los personajes y la labor de Mendes tras las cámaras, auténtico artífice de esta joya del séptimo arte. En efecto, los personajes y sus encontradas personalidades no hacen sino reflejar una sociedad hipócrita, cínica y acobardada donde, como ya hemos dicho, lo fundamental son las apariencias. Alan Ball desarrolla en su guión una dura crítica contra ese modelo de familia norteamericana acomodada en algún barrio residencial. Todo es fachada; todo se mueve en torno a ese ideal de felicidad que venden las publicidades y que no ahondan en los problemas familiares y morales que surgen de la mala relación entre los individuos.

Si a esto se suma esa elegancia formal a la que antes nos referíamos, esa crítica se acentúa aún más si cabe. Todo es impoluto, de un blanco virginal que da miedo tocar por si desaparece. Incluso un personaje tan atrevido como el de la animadora se revela asustadizo. La estética de los encuadres, de los escenarios y de la iluminación ahondan en el sentimiento de estar ante una doble lectura de la vida en sociedad, ante un mundo que se antoja extraño de lo perfecto que es. Un trabajo que da sus frutos en el desenlace de la historia, seco y sin alardes, que confirma las sospechas del espectador: que esa belleza americana de la que habla el título es tan efímera como la belleza física de un cuerpo joven.

‘Skyfall’: Bond encuentra sus lugares más oscuros


Han pasado 50 años, 23 películas (y otras tantas ocasiones en las que ha salvado al mundo) y muchos villanos muertos. Y, de lejos, es en la nueva película en la que James Bond es más James Bond. El personaje interpretado por Daniel Craig (Resistencia) por tercera vez consecutiva se mira en el espejo de las novelas de Ian Fleming para ser más fiel al original literario, dejando a un lado ese carácter dandy y seductor de sus predecesores y explotar su lado más cínico, oscuro y alcohólico. Pero no es el único cambio en este Skyfall que dirige de forma magistral Sam Mendes (Jarhead).

De hecho, lo que más llama la atención de este Bond 23, nombre que tuvo el proyecto durante bastante tiempo, es su falta de pirotecnia y su diálogo directo con el espectador, convirtiendo al personaje en un ser más realista, sin que eso evite ciertos excesos propios de la serie. Por supuesto, existe acción, y con un estilo muy marcado, pero esta no acapara la atención de una historia que, aunque puede parecer sencilla, posee un trasfondo mucho mayor, sobre todo si se tiene en cuenta los cambios que produce en las futuras entregas del agente secreto más famoso del mundo. En este sentido es fundamental la labor de Javier Bardem, villano de la función y un personaje que ya ha entrado en los anales de la saga como uno de los más complicados y siniestros antagonistas del trajeado agente secreto. Su claridad de intenciones, su intencionado amaneramiento y su detallada planificación elevan al personaje casi por encima del resto, de lo que es responsable, en buena medida, el propio actor, que ofrece otro trabajo sublime.

Este nuevo Bond supone, en cierto modo, el final de una etapa. Más allá de la introducción de nuevos personajes y la pérdida de otros, este Skyfall es la última entrega de una trilogía que comenzó con 007: Casino Royale y que narra los inicios del personaje. Con lo ocurrido a lo largo de sus cerca de dos horas y media se retoman los elementos más clásicos de la saga, incluyendo la famosa secretaria con la que Bond tontea sin éxito. Aunque no es el único homenaje que contiene el film. Frases, secuencias e incluso vehículos refuerzan esa sensación de devolver al personaje a un estado original, aunque modificando la interpretación que el espectador tendrá de él a partir de ahora.

Y de eso tiene gran parte de culpa la labor de Mendes. Gracias a ese estilo personal y elegante que imprime a todas sus imágenes, la nueva entrega de James Bond contiene, ya desde el principio, una serie de recursos únicos, hermosos y dramáticos que confieren a la película un estrato de interpretación mayor. Baste como ejemplo la presentación tanto del protagonista como del antagonista, ambos acercándose a cámara, o algunos combates a contraluz en el que lo único que se aprecia son las siluetas. La filmografía del director constata un estilo narrativo preciosista, casi pictórico, y eso aplicado a una saga como esta no hace sino convertir al film en una pieza tan extraña como continuista. Sin duda, una de las mejores entregas de los últimos años a la que pocas cosas se le pueden achacar (la mayoría secundarias) si se tiene en cuenta que estamos ante una película algo atípica en comparación con las anteriores aventuras del agente secreto. Aunque algo sí hay en común con las demás: los títulos de crédito iniciales, una auténtica joya.

Nota: 8/10

James Bond llega con la misión de superar ‘Lo imposible’ de Bayona


En buena parte de España este fin de semana será más largo de lo normal debido a la festividad de Todos los santos de mañana. Por ese motivo los estrenos que, en teoría, deberían de llegar el viernes 2 de noviembre se adelantan a hoy, miércoles 31 de octubre. Y nada mejor que cuatro días para disfrutar de los numerosos y variados estrenos que inundarán la cartelera… con permiso del tsunami de Bayona y Lo imposible. De entre todos ellos destaca casi en exclusiva lo nuevo de James Bond, un título más que apetecible que ha abierto boca gracias a sus trailers y al adelanto de su tema principal, interpretado por Adele. Pero hay mucho más: una de terror, un drama educativo, una intriga literario y cine español, mucho cine español.

De hecho, la nueva entrega del agente secreto más famoso y longevo de la historia del cine tiene una importante presencia española, la de Javier Bardem (Mar adentro) como el villano de la función. Con el nombre de Skyfall, Bond llega ya a su aventura número 23, en esta ocasión dirigida por Sam Mendes (Camino a la perdición). Su trama comienza con una misión fallida de Bond que deja al descubierto la identidad de varios agentes del MI6. Dado por muerto, deberá regresar cuando la sede de la agencia de espionaje sea atacada por alguien del pasado de M, superior de 007, lidiando con las amenazas externas e internas provenientes del propio Gobierno. Daniel Craig (Resistencia) vuelve a enfundarse el traje en esta entrega que, según parece, se aleja del estilo de otra famosa saga, la de Jason Bourne, para erigirse con un estilo único. Junto a Craig y Bardem, rostros conocidos de la saga y muchos otros nuevos y de gran relevancia: Judi Dench (Diario de un escándalo) repite como M, mientras que Ralph Fiennes (Escondidos en Brujas), Ben Whishaw (El perfume) y Naomie Harris (28 días después…) se incorporan en esta película.

Junto a ella llega, además, El ladrón de palabras, drama romántico escrito y dirigido a cuatro manos por Brian Klugman y Lee Sternthal en la que es la ópera prima para ambos. Protagonizada por un reparto coral realmente interesante, la cinta gira en torno a un joven escritor que encuentra el éxito con una novela. El problema surge cuando un anciano asegura que la historia está plagiada de una que él mismo escribió hace años, relatando los hechos que inspiraron los pasajes del libro. Historia de dos épocas y de dos amores, está protagonizada por Bradley Cooper (Resacón en Las Vegas), Jeremy Irons (El reino de los cielos), Dennis Quaid (El día de mañana), Zoe Saldana (Avatar), Olivia Wilde (In time), John Hannah (La Momia) y J. K. Simmons (Spider-Man).

La tercera en discordia es una de terror, y a tenor de lo visto en sus primeras imágenes, promete. Sinister sigue las desventuras de un escritor, padre de familia, que se muda a una casa en busca de la inspiración para su nuevo libro. Allí encuentra unos rollos de película en los que se ve a la familia que antes ocupaba la casa y que murió en extrañas circunstancias en esas mismas habitaciones. Poco a poco empieza a descubrir que dichas imágenes esconden la razón de sus muertes. Dirigida por Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose), la película tiene como principal reclamo a Ethan Hawke (Gattaca), quien está acompañado por Juliet Rylance (Animal), Fred Dalton Thompson (En la línea de fuego) y James Ransone (Los próximos tres días), entre otros.

Para aquellos que prefieran el drama más social también se estrena, aunque con algo de retraso, El profesor (Detachment), film protagonizado por Adrien Brody (El pianista) que sigue la labor de un profesor sustituto que posee un auténtico don para empatizar con los alumnos, pero que nunca lo pone a prueba al no estar demasiado tiempo en un mismo centro. Todo cambia cuando llega a un instituto donde todos, incluida la Administración, vive en una constante apatía, por lo que su labor de enseñanza y su facilidad de contacto con los alumnos y profesores será más necesaria que nunca. Dirige el conjunto Tony Kaye (American History X), y en el reparto también encontramos a Marcia Gay Harden (Hacia rutas salvajes), James Caan (Misery), Christina Hendricks (Como la vida misma), Lucy Liu (El caso Slevin), Blythe Danner (Los padres de ella), Tim Blake Nelson (O Brother!), William Petersen (el inolvidable Gil Grissom de C.S.I.) y Bryan Cranston (Pequeña Miss Sunshine).

Entrando en los estrenos europeos, la única propuesta que llega a España es Submarine, co producción de 2010 entre Inglaterra y Estados Unidos. La historia sigue a un joven de 15 años que se plantea dos objetivos antes de su cumpleaños: perder la virginidad con una joven de la que está enamorada y lograr que su madre no deje a su padre por un antiguo amor del instituto. A medio camino entre la comedia romántica y el drama, la propuesta está dirigida por Richard Ayoade, en la que es su ópera prima. Basada en la novela de Joe Dunthorne (que el propio Ayoade adapta), la película está protagonizada por Craig Roberts (Jane Eyre), Yasmin Paige (Ballet Shoes), Noah Taylor (Vanilla Sky), Paddy Considine (Arma fatal) y Sally Hawkins (Nunca me abandones).

Centrándonos en la producción nacional, sin duda el título que más llama la atención es O apóstolo, cinta de animación que mezcla terror, humor y fantasía, y cuyos personajes toman los rasgos físicos de los actores que prestan sus voces. El argumento da inicio con la fuga de un convicto de la cárcel para encontrar un tesoro escondido hace años en un pueblecito de Galicia. Sin embargo, lo que allí se encontrará va más allá de lo que tenía previsto: siniestros ancianos, desapariciones extrañas o un siniestro sacerdote son algunos de los elementos con los que tendrá que lidiar antes de hacerse con el botín. Escrita y dirigida por Fernando Cortizo, supone su primer largometraje, y para la ocasión ha contado con varios nombres de peso del cine español: Carlos Blanco (Trastorno), Jorge Sanz (La niña de tus ojos), el difunto Paul Naschy (La herencia Valdemar), Geraldine Chaplin (Hable con ella), Luis Tosar (Los lunes al sol) y Manuel Manquiña (Los muertos van deprisa).

Del mismo modo, se estrena Vulnerables, primera película de Miguel Cruz Carretero en la que una joven diseñadora de éxito de Madrid se ve obligada a trasladarse a una finca familiar en La Mancha con motivo de la frágil salud de su primer hijo. Allí deberá enfrentarse a sus propios fantasmas del pasado, aunque la verdadera amenaza llegará de fuera y será mucho más real. Paula Echevarría (Luz de domingo) protagoniza este thriller en el que también encontramos a Joaquín Perles (La voz dormida), Álvaro Daguerre y Mara Blanco (serie MIR).

Los estrenos españoles se completan con El hombre de las mariposas, drama del 2011 en torno a un ex militar soviético que vive escondido en un apartado caserón entre viñedos debido a que se le acusa de tener relación la mafia del Este. Su vida cambia cuando recibe la inesperada visita de su conflictiva sobrina de 12 años, de la que deberá hacerse cargo. Ópera prima de Maxi Valero, la película está protagonizada por Sergio Caballero (9 meses), Claudia Silva ([REC]), Ana Milán (Al final del camino), Carlos Manuel Díaz (Luna caliente) y Vasilo Gandyuk.

La oferta de películas que llegan hoy se completa con el documental alemán Ralf König, rey de los cómics, un repaso a la trayectoria de este importante dibujante y humorista alemán cuya obra fue decisiva en los movimientos de la emergente comunidad gay de los años 70 en Alemania. Dirige la propuesta Rosa von Praunheim (Der rosa Riese).

‘Camino a la perdición’, la elegancia del director a través de la música


No cabe duda de que Tim Burton (Sombras tenebrosas) le debe buena parte del éxito de sus films a su compositor predilecto, Danny Elfman (Eduardo Manostijeras), y viceversa. Muchos de los éxitos de ambos creadores están ligados tan intrínsecamente que es inevitable recordar a uno al pensar en el otro. Y aunque puede que ocurra en menor medida, algo similar se produce cuando nos acercamos a cualquier película de Sam Mendes. Ya hemos abordado algunas de las claves de su cine, elegante y sofisticado como ninguno, pero no está de más analizar otro de los componentes que más influyen en esa estética única que imprime a sus historias: la música. Si bien American Beauty (1999) es el referente más claro, Camino a la perdición (2002) es, para el que esto suscribe, el máximo exponente de lo que sería la combinación perfecta entre imagen y música. Y todo gracias a Thomas Newman.

Y es que el compositor, posiblemente uno de los menos reconocidos de la industria (ha estado nominado 8 veces y nunca ha ganado), ya es un habitual en el cine de Mendes (también se hace cargo de la inminente Skyfall), por lo que conoce no solo los gustos del director, sino la mejor forma de explotar al máximo la poesía visual que tienen los planos que utiliza. Y en el caso que nos compete, lo hace de forma magistral, componiendo una de las mejores bandas sonoras de su carrera. Con un tono irlandés y caótico en algunos momentos, Newman transmite el caos y la violencia que dominan la vida de los protagonistas (obligados a huir mientras buscan venganza) incluso en los momentos más serenos, añadiendo entonces el componente tierno.

Antes mencionaba a Elfman. La música del compositor de Bitelchus (1988), al igual que la de, por ejemplo, John Williams (Star Wars), son reconocibles en cualquier lugar del mundo. Su sello es tan inconfundible que muchas obras llevan el “sello Elfman” o el “sello Williams” aunque no sean ellos los responsables. Eso no ocurre con la música de Thomas Newman, y es principalmente porque el autor huye de grandes composiciones, de la épica o la fantasía. Con unas 90 composiciones a sus espaldas es evidente que sí tiene un estilo que le hace único, pero digamos que no es un estilo “de masas”.

Más bien al contrario, su forma de afrontar la música de los films tiende más a la elegancia y la sutileza. Pocas veces, por no decir ninguna, la música se impone a la imagen, lo que genera un fenómeno curioso. Poca gente recuerda la banda sonora por sí sola, pero en cambio la mayoría son capaces de reconocerla como obra maestra en el contexto de la historia. Camino a la perdición es buena prueba de ello.

Sin embargo, en la película protagonizada por Tom Hanks hay algo más. Existe un componente único que convierte a la pieza musical en un referente. Puede que sean las estridencias que definen el caos y las imperfecciones de la relación paterno-filial y del asesino contratado para acabar con ellos; puede que sea la elegancia de las notas irlandesas representativas de la familia mafiosa integrada por Paul Newman (en la que fue su última película) y Daniel Craig (Casino Royale). El caso es que las composiciones de Newman ofrecen una visión mucho más compleja de lo que se ve en pantalla (que ya es decir, por cierto), lo que eleva el relato un nivel más.

Sin duda, uno de los temas más representativos del estilo pausado, clásico y, de nuevo, elegante que utiliza el compositor de Buscando a Nemo (2003) es el que transcurre durante la muerte del líder del clan mafioso a manos del protagonista. Todo un ejemplo de poesía visual y sonora, capaz de generar sentimientos tan dispares como la comprensión, la tristeza o el rechazo de la violencia. Con una composición que parece desaparecer en algunos momentos, Newman hace más patente la sensación de impotencia, de un final inevitable por la tozudez de unos hombres acostumbrados a la muerte.

Pero no es la única que puede destacarse: la muerte inicial de la familia del protagonista, los robos a los bancos controlados por la familia mafiosa o la presentación del personaje de Jude Law (Gattaca) son algunos de los momentos más sublimes de una banda sonora única. Y aunque Thomas Newman posiblemente nunca llegue a alcanzar el estatus de estrella que sí tienen otros compañeros de profesión, sus bandas sonoras son auténticos clásicos modernos de la música. La elegancia, el buen gusto y la emoción que desprende la banda sonora de Camino a la perdición así lo demuestran.

 A continuación podéis ver tanto el instante de la muerte bajo la lluvia como otro de los temas más representativos de la película.

Sam Mendes renueva la saga Bond con ‘Skyfall’


Las sagas cinematográficas sobre un personaje no suelen dejar mucho margen a la innovación visual, y mucho menos para cambiar el carácter de los personajes. Por supuesto, alguien tan longevo como James Bond, que lleva ya más de 50 años salvando al mundo, no es una excepción. Sin embargo, en los últimos años se ha permitido algunas bocanadas de aire fresco que han vuelto a colocarlo como uno de los mejores reclamos de la acción y la intriga. Títulos como GoldenEye (1995) o Casino Royale (2006) son dos claros ejemplos. La nueva entrega, la número 23, tiene a priori todos los elementos para continuar con dichos cambios. Y si hace algunos días aparecía el primer cartel promocional, ahora se presenta el trailer de esta Skyfall, en el que se puede comprobar que la mano de Sam Mendes ha tenido la libertad suficiente para no renunciar a su estilo tan personal.

Cierto es que la historia tiene algunas líneas narrativas y de estilo que deben mantenerse: trajes, armas, elegancia, secuencias de acción lo más espectaculares posible, gadgets imposibles, … Pero a pesar de todo, el director de American Beauty (1999) demuestra ya en estas primeras imágenes en movimiento que este nuevo Bond, que vuelve a interpretar Daniel Craig (con el que trabajó en Camino a la perdición – 2002), se mueve en un mundo algo diferente, más poético visualmente y mucho más emocionalmente comprometido de lo que estaba en sus anteriores incursiones en la gran pantalla. Y eso que desde la llegada de Craig el agente británico con licencia para matar más frío y seguro de si mismo de la historia parece mucho más humano.

La trama continúa la historia narrada en las dos anteriores entregas. En esta ocasión, Bond debe probar su lealtad a M cuando el pasado de ésta vuelve para acabar con ella. Por tanto, esta vez la amenaza no es solo contra el mundo, sino contra la propia agencia MI6, a la que deberá salvar nuestro agente 007. Y si actores como Craig o Judi Dench repiten en sus respectivos papeles, caras nuevas y muy conocidas se suman para crear un reparto de auténtico lujo, a saber: Ralph Fiennes (Ira de titanes), Albert Finney (Erin Brockovich), Javier Bardem (No es país para viejos), Naomie Harris (Piratas del Caribe. En el fin del mundo) y Ben Whishaw (El perfume) como un joven Q.

Desde luego, el título es muy esperado por los seguidores más fieles de la saga, pero también existe un alto interés en ver qué ha sido capaz de hacer un director como Mendes con un material como este. Y como decimos, visto este primer teaser-trailer de Skyfall, el resultado promete una visión muy particular de Bond. En efecto, el director de Revolutionary Road (2008) deja ver ya ese estilo ciertamente poético, centrado en el conflicto tanto interno como externo de los personajes, con una fotografía dura, fría y de tonos grises, capaz de jugar con las sombras y los colores como pocos autores lo hacen hoy en día.

Y ese estilo lo impregna todo: diálogos, acción, suspense. Llama mucho la atención que muchas de las secuencias de acción del film transcurren en escenarios donde la luz, y perdonen la expresión, brilla por su ausencia. Secuencias que, en varios momentos, quedan débilmente iluminadas por ráfagas de disparos y por luces azules o de otros colores. Por supuesto, también hay hueco para el estilo más clásico y espectacular. Habrá que esperar a ver este nuevo Bond, pero una cosa parece segura: afortunadamente, Mendes ha contado con la confianza necesaria para ofrecer una visión particular del personaje. Y eso, para bien o para mal, es de agradecer.

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