‘1917’: el viaje contrarreloj de un clásico moderno


Hay películas que parecen llamadas a convertirse en referentes o en clásicos casi al instante. Sam Mendes (American Beauty) es uno de los pocos directores que pueden presumir de lograr esa categoría con muchas de sus historias, incluyendo aquel primer drama de 1999. Su última película, independientemente de los premios que obtenga, es un ejercicio fílmico extraordinario, apasionante, capaz de sumergir al espectador en el horror de la guerra como pocos relatos logran. Y todo ello con la complejidad formal del plano secuencia, en este caso ligeramente falseado por motivos obvios.

Aquellos que alguna vez se hayan enfrentado a un rodaje de este tipo comprenderán todo lo que conlleva. Estudio de los movimientos de cámara, de todos los personajes, del decorado, la dinámica de los movimientos dentro y fuera de plano, etc. Pero en el caso de 1917 existe un componente adicional, y es el contexto bélico en el que se desarrolla. Muchos de los momentos exigen de una preparación aún mayor, no solo para dotar de realismo al conjunto, sino para no provocar accidentes y por las evidentes necesidades de una única toma. Todo esto, dicho de una forma menos técnica, implica un trabajo cinematográfico extraordinario que perfectamente podría haber derivado en una película tediosa, sin ritmo, carente de interés por el devenir de los personajes. Por el contrario, Mendes sumerge al espectador en la acción casi sin darle tiempo de saber dónde se encuentra en un ejercicio de composición visual, sonora y narrativa sencillamente perfecto.

Pero la película ofrece algo más que un espectáculo visual. El relato de la odisea que viven los dos protagonistas está estructurado de forma milimétrica para plantear constantes giros argumentales en los que la vida y la muerte se mezclan para reflejar el horror de una guerra en la que la lucha cuerpo a cuerpo y la constante huída hacia adelante eran el día a día. En este sentido, es cierto que los actores, muchos de ellos muy conocidos, se diluyen en el absorbente marcho que crea Mendes, pero no por ello su labor es menos importante, pues todos ellos logran generar tanto la urgencia del punto de partida como el intenso clímax en el comienzo de una batalla. Así, fondo y forma se dan la mano en una película que el director maneja con mano firme, en la que nada está dejado al azar aunque pueda parecer lo contrario, y en la que la angustia acompaña al espectador, que también es capaz de vivir el descanso final con el que cierra el film.

Así, 1917 se convierte en una obra extraordinaria, diferente, compleja en la forma y en el tratamiento de un fondo, por otro lado, bastante sencillo. Es cierto que la premisa inicial y la motivación que sustenta toda la historia es simple y directa, pero esto permite construir todo un mundo de horrores a cada cual más impactante. La I Guerra Mundial nunca se había vivido de forma tan cercana, y posiblemente en una película nunca habían ocurrido tantas situaciones como las que narra Mendes. Es lo que ofrece el plano secuencia. La imposibilidad de cortar para cambiar a otra secuencia obliga a completar los evidentes momentos narrativos más pausados con movimiento. Y eso, a su vez, minimiza esas pausas para acentuar la sensación de tensión constante, de peligro inminente que se cierne sobre los protagonistas y los espectadores. Una película imprescindible que si no se ha convertido ya en un clásico, lo hará dentro de poco.

Nota: 10/10

Los Oscar dejan alguna sorpresa entre unas nominaciones previsibles


En líneas generales, las nominaciones de la 92 edición de los Oscar conocidas este lunes cumplen con las quinielas que, en mayor o menor medida, se habían realizado en las últimas semanas y, más concretamente, a raíz de los premiados en los Globos de Oro. Ahora solo queda esperar a conocer si la Academia de Hollywood decide empezar a reconocer con alguna estatuilla las producciones destinadas a televisión, que por el momento ya empiezan a competir con las películas para la gran pantalla. Pero antes de llegar a ese 9 de febrero en el que se conocerán los ganadores, estas nominaciones dejan alguna que otra sorpresa dentro de unas categorías, por otro lado, bastante previsibles.

Posiblemente una de las mayores olvidadas sea Puñales por la espalda, que tan solo logra una nominación al Mejor Guión Original. Coincidencia o no, la categoría de Mejor Película, que puede albergar hasta 10 títulos, en esta edición tan solo tiene 9, lo que invita a pensar en los motivos por los que una comedia de intriga como esta, aplaudida por crítica y público, no ha tenido algo más de reconocimiento por parte de la industria. Y no hablo ya a su director, sino sobre todo a su espléndido reparto, con Ana de Armas (Blade Runner 2049) a la cabeza. Pero este es solo uno de los casos más llamativos. En esta categoría de “olvidadas” podríamos incluir también Richard Jewell, lo último de Clint Eastwood (Million Dollar Baby) que solo ha visto reconocida la extraordinaria labor de Kathy Bates (Una cuestión de género).

Precisamente la oscarizada actriz compite en una categoría en la que encontramos, entre otras, a Florence Pugh, quien ha sido nominada por su labor en Mujercitas, película que compite en algunas de las principales categorías. Personalmente creo que su trabajo en el film es de lo mejor del conjunto, aunque la presencia de Pugh por esta adaptación hace recordar la ausencia de Midsommar, película que por sus características era más que evidente que no entraría en las quinielas, pero eso no implica que no se siga siendo una injusticia con un film perturbador y complejo. Junto a las ausencias, como es habitual, algunas sorpresas o, por lo menos, algunos nombres propios como el de Antonio Banderas, que compite como Mejor Actor por Dolor y Gloria contra los todopoderosos Joaquin Phoenix (Joker), Adam Driver (Historia de un matrimonio) y Leonardo DiCaprio (Érase una vez en… Hollywood).

Las nominaciones de esta 92 edición dejan igualmente algunas curiosidades. Por ejemplo, que una de las películas más nominadas (y la que parece con más posibilidades de llevarse los principales premios), 1917, no tenga ningún actor nominado, así como que tampoco esté en la categoría de Mejor Montaje. No es de extrañar, dado que los actores, todos ellos más que notables, no son la parte fundamental del film de Sam Mendes, que no tiene montaje alguno al ser un único plano secuencia. También hay que apuntar la doble nominación de Scarlett Johansson como Mejor Actriz y Mejor Actriz Secundaria, la primera por Historia de un matrimonio y la segunda por Jojo Rabbit, ambas películas con nominaciones en las principales categorías.

Y junto a ellas, algunas nominaciones para producciones españolas como Dolor y Gloria (Mejor Película Extranjera) y Klaus (Mejor Película Animada) y, sobre todo, la sorpresa de Parásitos. O mejor dicho, la sorpresa que puede dar en la entrega de premios. Sus nominaciones, más o menos previsibles, la pueden coronar como Mejor Película y Mejor Película de Habla No Inglesa, amén de recibir premios al Mejor Director o al Mejor Guión Original. Pero para eso, como decía al comienzo, habrá que esperar al 9 de febrero. Por lo pronto, las previsiones se van cumpliendo y 1917Érase una vez en… HollywoodEl irlandés acaparan la mayor cantidad de nominaciones.

A continuación podréis encontrar el listado con todas las nominaciones de la 92 edición de los Oscar.

Sam Mendes nos lleva a ‘1917’ en un fin de semana para la Historia


Enero, como es habitual, es el mes en el que llegan a la cartelera española los principales títulos que competirán en los grandes premios cinematográficos de las próximas semanas. Pero este primer mes de 2020 está siendo, además, el de los regresos de grandes nombres delante y detrás de la cámara. Este viernes día 10 la historia, el drama, la comedia y el suspense se dan cita en las pantallas.

Sin duda la principal novedad es 1917, nueva película de Sam Mendes tras su paso por la franquicia Bond con Skyfall (2012) y Spectre (2015). Ahora se adentra en el género bélico con una coproducción entre Estados Unidos y Reino Unido que tiene como protagonistas a dos jóvenes soldados británicos en lo más crudo de la I Guerra Mundial. Ambos se embarcan en una misión aparentemente imposible: atravesar el territorio enemigo en una carrera contrarreloj para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el hermano de uno de los protagonistas. En el reparto encontramos a George MacKay (El secreto de Marrowbone), Dean-Charles Chapman (El pasajero), Mark Strong (¡Shazam!), Andrew Scott (Steel country), Richard Madden (serie Los Médici: Señores de Florencia), Daniel Mays (Two for Joy), Colin Firth (El regreso de Mary Poppins) y Benedict Cumberbatch (Vengadores: Endgame).

Estados Unidos también está presente, junto a Canadá, en El faro, thriller dramático con tintes de terror y fantasía que narra la historia de dos farreros en una remota y misteriosa isla de la costa de Nueva Inglaterra a finales del siglo XIX. Atrapados y aislados debido a una tormenta que parece no tener fin, se enzarzan en una escalada de enfrentamientos a medida que la tensión y unas misteriosas fuerzas, reales o imaginarias, se apoderan de ellos. Dirigida en blanco y negro por Robert Eggers (La bruja), la película tiene un escueto reparto integrado por Willem Dafoe (Aquaman), Robert Pattinson (High life) y Valeriia Karaman.

Con bastante retraso llega La guerra de las corrientes, drama biográfico norteamericano de corte histórico de 2017 que narra el enfrentamiento personal y comercial entre Thomas Edison y George Westinghouse por la propiedad sobre la implantación del sistema eléctrico de Estados Unidos a finales del siglo XIX, lo que provocó una de las primeras disputas corporativas de la historia. Dirigida por Alfonso Gomez-Rejon (Espera hasta que se haga de noche), la cinta está protagonizada por Benedict Cumberbatch, que repite estreno esta semana, Michael Shannon (Animales nocturnos), Nicholas Hoult (X-Men: Apocalipsis), Katherine Waterston (Animales fantásticos y dónde encontrarlos), Matthew Macfadyen (La familia von Trapp), Tom Holland (Z, la ciudad perdida) y Tuppence Middleton (El destino de Júpiter), entre otros.

Entre los estrenos puramente europeos destaca El reflejo de Sibyl, drama franco belga dirigido por Justine Triet (Los casos de Victoria) que tiene como protagonista a una terapeuta que decide volver a dedicarse a la escritura, su verdadera pasión. Para ello deja de ver a sus pacientes, pero su nueva vida se ve trastocada cuando una joven actriz la llama pidiendo verla. La escritora acepta, pero las revelaciones de esta nueva paciente cambiarán su vida para siempre. Virginie Efira (Un amor imposible), Adèle Exarchopoulos (El fiel), Gaspard Ulliel (Un pueblo y su rey), Sandra Hüller (A la vuelta de la esquina), Niels Schneider (Un amor imposible), Laure Calamy (La última locura de Claire Darling) y Paul Hamy (Jessica foerever) encabezan el reparto.

Nacionalidad española tiene La inocencia, drama cuya trama gira en torno a una adolescente que sueña con ser artista de circo y salir de su pueblo y su vida. Durante un verano pasa sus días con sus amigas y con un novio unos años mayor que ella. Pero en un pueblo hay poca intimidad, y los chismorreos obligan a la joven a llevar la relación en secreto. Una vez terminada la época estival llega el otoño, y con él la revelación de que está embarazada. Lucía Alemany debuta como directora de largometrajes con esta historia en cuyo guión colabora, y que está protagonizada por Carmen Arrufat, Laia Marull (Brava), Sergi López (Lazzaro feliz), Joel Bosqued (Que baje Dios y lo vea) y Sonia Almarcha (El reino).

También es de producción nacional La suite nupcial, comedia escrita, dirigida y protagonizada por Carlos Iglesias (2 francos, 14 pesetas), quien da vida a un hombre normal y corriente entrado en los sesenta. Sintiendo que la vida ha pasado ante sus ojos sin nada interesante, decide realizar un último intento por vivir una aventura, aunque eso suponga un fin de semana a todo lujo y fuera de su alcance y engañar a su mujer. Pero sus planes no salen exactamente como había planeado, pues su mujer también tenía planes para ese fin de semana. El reparto se completa con Eloísa Vargas (La voz dormida), Ana Arias (serie Cuéntame cómo pasó), José Mota (La chispa de la vida), Ana Fernández (Con el viento), Santiago Segura (Padre no hay más que uno) y María José Alfonso (Ana de día), entre otros.

Chile, Argentina y Bélgica colaboran en El príncipe, drama ambientado en Chile justo ante que Allende asuma la presidencia. El protagonista es un veinteañero solitario y narcisista que acuchilla a su mejor amigo y es enviado a prisión. Allí conoce a un hombre mayor y respetado al que se acerca, estableciendo una estrecha relación que permitirá al joven descubrir un mundo de afectos y lealtades en las luchas de poder tras las rejas. Basada en la novela de Mario Cruz, la película está dirigida por Sebastián Muñoz, quien debuta en la ficción tras el documental Buenos Aires rap (2014), y protagonizada por Juan Carlos Maldonado (serie Juegos de poder), Alfredo Castro (Una historia necesaria), Gastón Pauls (Cuando brillan las estrellas), Sebastián Ayala (Mala Junta) y Lucas Balmaceda (Prueba de actitud).

La última de las novedades de ficción es El misterio del Dragón, coproducción entre Rusia y China que dirige Oleg Stepchenko (Transilvania, el imperio prohibido) y cuyo argumento arranca cuando un cartógrafo inglés recibe la orden de crear un mapa de Rusia. En su largo viaje vivirá todo tipo de aventuras en las que criaturas, artes marciales y brujas serán protagonistas. Pero todas ellas parecerán un juego de niños cuando tenga que enfrentarse al gran Rey de los Dragones. Aventura, fantasía y acción se dan cita en un film con un reparto plagado de famosos actores: Jason Flemyng (Revolt), Xingtong Yao (Qian ren gong lue), Anna Churina (Svideteli), Jackie Chan (El extranjero), Arnold Schwarzenegger (Terminator: Destino oscuro), Rutger Hauer (Los hermanos Sisters) y Charles Dance (Antes de ti).

Finalizamos el repaso con el documental Pavarotti, nuevo largometraje de Ron Howard (Han Solo: Una historia de Star Wars) que aborda la figura del famoso tenor a través de la combinación de personalísimas actuaciones y el acceso a imágenes inéditas, logrando un íntimo retrato del cantante de ópera más querido de todos los tiempos.

Los Globos de Oro mantienen una división entre cine y televisión cada vez menos clara


La edición de los Globos de Oro de este 2020, que reconoce a las mejores películas y series del pasado año, deja muchas consecuencias interesantes más allá de premiados, discursos y anécdotas. Y es que, le pese a quien le pese, este podía haber sido el año de Netflix. O mejor dicho, el año en el que cine y televisión podrían haber borrado esa especie de línea roja invisible que les separa. Pero habrá que esperar al menos otros 365 días si los Oscar no lo evitan.

Que algo está cambiando en el paradigma audiovisual es evidente. El consumo de producciones ya no se circunscribe a las salas de cine para las películas y al salón de casa para las series. La frontera entre ambas ha desaparecido, y eso es lo que han reflejado las nominaciones de El irlandés, Historias de un matrimonio o Los dos papas. Pero los cambios en el mundo especializado son más lentos que entre los aficionados, y los premios han recaído en producciones enfocadas a las salas de cine. No quiere esto decir que 1917 o Érase una vez en… Hollywood no merezcan los premios, sobre todo actores un poco infravalorados en estas galas como Brad Pitt, pero sí da la sensación de que se ha evitado premiar una plataforma como Netflix en categorías cinematográficas en las que no suele competir.

Ahora, como decimos, queda por ver qué hace la Academia de Hollywood, verdadero faro para muchos aficionados y profesionales del sector. Pero desde luego, los Globos de Oro siempre han sido la llamada antesala de estos premios, y a tenor de lo vivido todo apunta a que algunos premios estarán bastante claros y otros se disputarán entre algunas de las películas que más han sonado en los últimos meses. Que Sam Mendes y su visión sobre la I Guerra Mundial hayan resultado triunfadores en dos de las principales categorías suponen un premio a un esfuerzo narrativo y audiovisual excepcional, tanto por la compleja puesta en escena como por el componente dramático de la propuesta. Y lo mismo podría aplicarse a la obra de Quentin Tarantino, todo un ejercicio milimétricamente elaborado, puede que algo largo en su duración pero indudablemente bello y efectivo en su ejecución.

No cabe duda de que los grandes perjudicados son los nombres propios detrás de las producciones de Netflix, en concreto Martin Scorsese. Posiblemente sea algo más propio de los críticos de la prensa internacional que de los miembros de una academia que encontrará en El irlandés un homenaje a un tipo de cine muy apreciado, tradicional, artesano y, sobre todo, con un reparto extraordinario. Lo que merece una mención especial es también el reconocimiento a Joaquin Phoenix y Taron Egerton, ambos dando vida a personajes icónicos de la cultura popular de las últimas décadas (Joker y Elton John respectivamente, el primero ficticio y el segundo real). Más allá de las evidentes diferencias entre ambos, en realidad tienen puntos en común de cara a los premios, pues mientras el primero supone un transformación física para un rol dramático y sumamente complejo, el segundo es un biopic sobre un icono de la música con un lenguaje visual propio y una implicación del actor que siempre suele dar réditos, como es el caso de esta 77 edición de los Globos de Oro.

Respecto a las series, varias puntualizaciones. La primera, que esta edición parece abrir el abanico a nuevas producciones, alejándose de veteranas que han triunfado en anteriores galas. Y es algo que merece la pena ser aplaudido y reconocido, pues permite a muchos espectadores acercarse a nuevas series y miniseries que, tal vez de otro modo, no habrían conocido o simplemente habrían desechado entre la cada vez mayor oferta audiovisual en las diferentes plataformas. La segunda, que se sigue consolidando el trasvase de nombres propios del cine a la televisión, de las películas a las series, lo que da buena cuenta de la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Curiosamente, no ocurre lo mismo, o al menos no en la misma proporción, en sentido opuesto, lo que debería invitar a una reflexión.

Estos Globos de Oro son, por tanto, un claro indicativo de que algo está cambiando en el mundo del entretenimiento y la producción audiovisual. O mejor dicho, que el cambio que comenzó hace años se está confirmando poco a poco, borrando esas diferencias entre cine y televisión que durante décadas han predominado. Pero todavía existen, o parecen existir, ciertas reticencias a premiar la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Todo llegará, de eso no cabe duda, pero hasta que eso ocurra podremos seguir disfrutando de un mundo más rico y con una mayor oferta, pero en el que también deberemos estar más pendientes de los productos de mayor calidad en un universo saturado de ficciones.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: 1917.

Mejor Película Comedia/Musical: Érase una vez en… Hollywood.

 Mejor Director: Sam Mendes, por 1917.

Mejor Actor Dramático: Joaquin Phoenix, por Joker.

Mejor Actor Comedia/Musical: Taron Egerton, por Rocketman.

Mejor Actriz Dramática: Renée Zellweger, por Judy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Awkwafina, por The Farewell.

 Mejor Actor Secundario: Brad Pitt, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Actriz Secundaria: Laura Dern, por Escenas de un matrimonio.

Mejor Guión: Quentin Tarantino, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Banda Sonora: Hildur Guđnadóttir, por Joker.

Mejor Canción: Elton John & Bernie Taupin, por ‘I’m gonna love me again’, de Rocketman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: Parásitos (Corea del Sur).

Mejor Película de Animación: Mr. Link, el origen perdido.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: Succession.

Mejor Actor Drama: Brian Cox, por Succession.

Mejor Actriz Drama: Olivia Colman, por The crown.

Mejor Serie Comedia: Fleabag.

Mejor Actor Comedia/Musical: Ramy Youssef, por Ramy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Phoebe Waller-Bridge, por Fleabag.

Mejor Miniserie/Telefilme: Chernobyl.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Russell Crowe, por La voz más alta.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Michelle Williams, por Fosse/Verdon.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Stellan Skarsgård, por Chernobyl.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Patricia Arquette, por The act.

‘Spectre’: el futuro de Bond se reconcilia con su pasado


James Bond afronta su mayor desafío en 'Spectre'.Las aventuras de James Bond protagonizadas por Daniel Craig, cuatro por ahora, tenían como denominador común narrar los orígenes de un personaje archiconocido. Desde su forma de adquirir la licencia para matar, todas y cada una de las películas han ido dando forma al personaje que otros actores antes que él han interpretado con mayor o menor fortuna. Pero en estas intrigas siempre ha faltado la presencia de esa organización secreta que tan buenos villanos ha dejado: Spectre. Sin entrar en detalles acerca de los problemas con derechos de autor, el nuevo trabajo de Sam Mendes (porque la cinta, antes que otra cosa, es del director de Jarhead) no solo recupera al archivillano por definición, sino que cierra un círculo casi perfecto.

Visualmente hablando, esta vigesimocuarta película de Bond es, como lo fue Skyfall, simplemente brillante. La labor de Mendes tras las cámaras, desde ese plano secuencia inicial que solo un director de su categoría es capaz de hacer, hasta secuencias de acción como la pelea en el helicóptero o en el tren, es un soplo de aire fresco constante. Dinámico y seductor, el lenguaje empleado por el director interpreta en todo momento no solo al protagonista, sino al sentido mismo de sus acciones y decisiones, acompañando al espectador en el viaje por todo el mundo que realiza el espía secreto. A esto se suman, no cabe duda, un notable reparto que recupera buena parte del espíritu clásico de los primeros films.

Narrativamente hablando, sin embargo, es donde la cinta tiene su mayor talón de Aquiles. Aunque la historia está bien estructurada y logra aunar a la perfección pasado, presente y futuro del personaje, las concesiones a las necesidades dramáticas que realiza son, cuanto menos, cuestionables. Y aunque son problemas menores, sí logran un efecto discordante dentro del equilibrio entre humor, acción e intriga que logra la trama. Asimismo, hay algunos momentos del film en los que el ritmo decae considerablemente. Aunque esto no debería ser considerado un problema (al fin y al cabo, es algo natural), la realidad es que termina jugando en contra del espectáculo que, por otro lado, es este regreso a los orígenes.

Pero a pesar de los problemas, Spectre es algo único. Puede que al espectador medio le diga más bien poco y sea, por derecho propio, una entretenida cinta de acción y suspense narrada por un director espléndido. Para los seguidores del personaje, es un broche a toda una vida, el regreso al camino iniciado hace más de 50 años que, para colmo, es capaz de reunir bajo un mismo techo a los clásicos villanos con los tres enemigos a los que Craig ha tenido que hacer frente. Una vez puestas todas las piezas en su sitio, el agente secreto más famoso del cine inicia una nueva y prometedora etapa. Y cómo no, lo hace con un tema principal tan elegante como delicioso a cargo de Sam Smith.

Nota: 7/10

Bond, James Bond… y nada más


Estrenos 6noviembre2015No cabe duda de que es uno de los estrenos del año. Después de dos entregas sumamente entretenidas, James Bond vuelve por la puerta grande. Y lo hace en un fin de semana en el que nada ni nadie parece hacerle sombra. Lo cierto es que, salvo alguna entrega para fanáticos del terror o del manga, ningún estreno parece que pueda igualar las expectativas creadas por este nuevo film del agente secreto más famoso del cine. Pero repasemos lo que nos llega hoy viernes, 6 de noviembre, que no es precisamente poco.

Evidentemente, comenzamos por Spectre, lo nuevo de Sam Mendes (American Beauty) y Daniel Craig (Detrás de las paredes) como máximos responsables de James Bond. Después de haber reformulado muchas de las bases del personaje, director y actor se atreven ahora con la organización criminal más importante del universo Bond: Spectre. La trama recupera el pasado del agente secreto para desvelar un complot que no solo amenaza su vida, sino que puede estar detrás de los intentos por destruir el servicio secreto británico. Acción, intriga y las dosis de humor que caracterizan al personaje vuelven a ser las protagonistas de este film en el que también participan Ralph Fiennes (El gran hotel Budapest), Ben Whishaw (The Tempest), Naomi Harris (Ninja Assassin), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia), Christoph Waltz (Big eyes), Monica Bellucci (Un verano ardiente), Andrew Scott (Pride) y Rory Kinnear (serie Penny Dreadful).

El resto de estrenos norteamericanos explotan el terror. Sinister 2, continuación del film de 2012, toma como excusa la evolución de uno de los policías de la cinta original para narrar cómo sus investigaciones acerca de una fuerza maligna y sobrenatural le llevan hasta una vieja casa en medio del campo. Lo que no espera encontrar allí es a una madre con sus dos hijos que huye de un marido maltratador. La mujer y el policía deberán unir fuerzas para luchar contra una amenaza mucho mayor que parece haber estado acosando a los pequeños desde hace tiempo. Dirigida por Ciarán Foy (Citadel), la película está protagonizada por Shannyn Sossamon (serie Wayward Pines), James Ransone (Tangerine), Robert Daniel Sloan (Hero of the day), Dartanian Sloan (Hick) y Lea Coco (Saving Lincoln).

También de terror, aunque en este caso con un claro toque irónico y humorístico, es Scouts vs. zombies, cinta dirigida por Christopher Landon (Burning Palms) que, como su propio título indica, un grupo de adolescentes pertenecientes a los scouts deberán hacer frente a un apocalipsis zombie para poder sobrevivir. El reparto está encabezado por Halston Sage (Malditos vecinos), Tye Sheridan (Mud), Patrick Schwarzenegger (Un invierno en la playa), David Koechner (Road Hard) y Sarah Dumont (Acid girls).

Dejamos Estados Unidos para centrarnos en los estrenos españoles, y entre ellos destaca Isla bonita, lo nuevo de Fernando Colomo (La banda Picasso) como director, trabajo en el que también hace las veces de actor. La trama arranca cuando un realizador publicitario venido a menos es invitado por un amigo para que pase unos días en Menorca con él y su joven mujer. Sin embargo, ella también ha invitado a su familia, por lo que el hombre deberá quedarse en casa de una amiga del matrimonio, escultora y antisistema, que no tiene una buena relación con su hija. Un interesante drama que cuenta, además, con Olivia Delcán, Nuria Román, Miguel Ángel Furones y Lilian Caro (El próximo Oriente).

Otra de las novedades procedentes de España es Novatos, drama centrado en el mundo de las novatadas. En concreto, el argumento gira en torno a un joven que llega a Madrid para estudiar en la Universidad… y vivir en un Colegio Mayor. Será allí donde experimente la crueldad de las “bromas” que los veteranos gastan a los más jóvenes. Y como él están muchos estudiantes, entre ellos una chica que debe soportar la soberbia de una compañera acostumbrada a conseguir todo lo que quiere. Dirigida por Pablo Aragüés (Vigilo el camino), la cinta cuenta con Nicolás Coronado (El amor no es lo que era), Lucía Ramos (No quiero ser recuerdo), Alejandra Onieva (Por un puñado de besos), Javier Butler (Reset) y Emma Suárez (Área de descanso) como actores principales.

Entre el resto de estrenos europeos destaca la francesa Dheepan, drama con toques de thriller ganador de la Palma de Oro en Cannes y que dirige Jacques Audiard (De óxido y hueso). Su trama arranca cuando un hombre que lucha por la independencia tamil se ve obligado a huir de Sri Lanka. Para lograr asilo político en Europa decide unirse a una mujer y una niña, a las que hace pasar por esposa e hija. Después de algún tiempo dando tumbos por Francia, finalmente logra un trabajo como portero en un bloque de edificios. Decidido a reconstruir su vida, la violencia de la ciudad traerá de vuelta fantasmas del pasado. El reparto está encabezado por Jesuthasan Antonythasan (Sengadal), Kalieaswari Srinivasan, Claudine Vinasithamby, Vincent Rottiers (Renoir) y Marc Zinga (De force).

Francia, junto con Bélgica, también está detrás de La promesa, adaptación de 2013 de la novela de Stefan Zweig cuya historia, ambientada en 1912, narra el secreto amor que profesa un joven secretario hacia la mujer de su acaudalado jefe, propietario de una fábrica de acero. A medida que la relación laboral entre los hombres se estrecha, el joven tendrá más y más acceso a la casa del matrimonio, donde decide observar a la mujer sin hacer ningún tipo de movimiento que pueda comprometer su trabajo o revelar sus verdaderos sentimientos. Drama y romance se combinan en esta película dirigida por Patrice Leconte (Confidencias muy íntimas) y protagonizada por Rebecca Hall (Transcendence), Alan Rickman (El mayordomo), Richard Madden (serie Juego de tronos), Toby Murray y Maggie Steed (serie Whites).

Y también cuenta con capital francés, además de alemán y japonés, Una pastelería en Tokio, versión cinematográfica de la novela de Durian Sukegawa que gira en torno a la relación entre el propietario de una pastelería y una anciana que entra a trabajar en el negocio produciendo dorayakis y la salsa de la que están rellenos. Aunque el hombre accede de mala gana, la mujer pronto demuestra que tiene magia en las manos, lo que hace florecer al negocio de forma inesperada. A medida que la relación entre ambos se estreche las viejas heridas sin cerrar volverán a aparecer. Este drama está dirigido por Naomi Kawase (Aguas tranquilas) y cuenta con un reparto liderado por Kirin Kiki (Still walking), Miyoko Asada (Shea hausu), Etsuko Ichihara (La anguila) y Miki Mizuno (Bushido man).

Los fans de la serie animada ‘Dragon Ball’ tienen una cita ineludible este fin de semana con Dragon Ball Z: La resurrección de F, nueva película que continúa la historia de Goku, Vegeta, Krillin, Bulma y los demás personajes de la saga. En esta ocasión, la trama se centra en el regreso a la vida de Freeza gracias a las bolas de dragón que utilizan dos miembros de su ejército. Con un elaborado plan para acabar con la Tierra, este poderoso enemigo avanza hacia el planeta liderando un ejército al que solo podrán hacer frente Goku y sus amigos. Pero lo que ninguno sabe es que el revivido Freeza posee una fuerza mucho mayor de la que tuvo jamás. La película supone el debut en la dirección de Tadayoshi Yamamuro, habitual director de animación de producciones manga.

Finalizamos con el documental Él me llamó Malala, obra dirigida por Davis Guggenheim (Esperando a Superman) que ahonda en la vida de la Premio Nobel de la Paz, señalada por los talibanes junto a su padre por defender la educación para las mujeres. Gravemente herida por un tiroteo en el autobús en el que acudía a la escuela, la por entonces niña de 15 años es ahora la fundadora del Fondo Malala.

Tráiler de ‘Spectre’: el reencuentro muy esperado de James Bond


Uno de los momentos del tráiler de 'Spectre', nueva aventura de James Bond.Hace más o menos un día que ha salido el primer avance en movimiento de Spectre, la nueva aventura de James Bond, de nuevo bajo la batuta de Sam Mendes tras el éxito que supuso Skyfall hace 3 años. Un éxito que se debió, en parte, a la particular visión que imprimió el director a un personaje y a una estructura narrativa limitados por la cantidad de aventuras cinematográficas que ha protagonizado. Ésta será la número 24, pero no por ello parece haber perdido energía. De hecho, si atendemos a este primer teaser-tráiler, el veterano agente está más en forma que nunca.

Y curiosamente, no se ve ninguna secuencia de acción, lo que ya da una idea de lo que podremos encontrar en el film. Evidentemente, esto no quiere decir que no vaya a haberla, pero sí que la trama vuelve a tener un peso relevante en el conjunto. Habrá quien piense que Skyfall fue en extremo sencilla, pero eso no quiere decir que su trama no estuviera bien estructurada y tuviera una importancia notable sobre todo en el protagonista. Siguiendo esta idea, lo que muestra este primer avance son precisamente las consecuencias de lo ocurrido en aquel film, lo que establece una conexión entre ambos y entre los anteriores protagonizados por Daniel Craig (Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres), lo que ya de por sí supone una reinterpretación profunda del personaje. En esta ocasión, la trama se centra en la investigación de Bond de una siniestra organización secreta de nombre SPECTRE que parece conectada con su pasado. Todo mientras la sede del servicio secreto ha sido destruida y hay un nuevo M al mando.

De nuevo, la mano de Mendes se deja ver incluso en las pocas imágenes que se adelantan en el tráiler que encontraréis a continuación. Los contrastes entre luces y sombras, las siluetas y ese ritmo pausado de la cámara dotan al conjunto de un aspecto diferente, ahondando en los aspectos más oscuros y misteriosos del protagonista, y abordando ahora un pasado que muy pocas veces se ha mostrado en pantalla, lo que sin duda ayudará a conocerle. Claro que no solo de eso vive el tráiler, y por extensión el fan. La última imagen, que acompaña a este texto, es sumamente sugerente: “ha pasado mucho tiempo, y finalmente, aquí estamos”. Aunque no se le vea claramente, no es difícil descubrir quién es el villano que la dice, y sobre todo cómo la dice.

A estrenar entre octubre y noviembre de este mismo año, la cinta cuenta con un impresionante reparto, como suele ser habitual, en el que se dan cita Ralph Fiennes (El gran hotel Budapest), Monica Bellucci (El aprendiz de brujo), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia), Christoph Waltz (Big Eyes), Ben Whishaw (The Zero Theorem), Naomie Harris (Ninja Assassin), Andrew Scott (Pride) y Rory Kinnear (The Imitation game). A continuación, el tráiler.

‘Revolutionary Road’, actores y director al servicio de una historia


Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en un momento de 'Revolutionary Road', de Sam Mendes.Ya se está empezando a vislumbrar, pero con el paso de los años será más evidente. Hollywood, y por extensión el resto del panorama cinematográfico, está asistiendo desde hace años a una renovación en la mirada que los directores ofrecen de sus historias. Una renovación liderada por nombres como David Fincher (Seven), Christopher Nolan (El caballero oscuro), Darren Aronofsky (Cisne negro) o Zack Snyder (El hombre de acero). Nombres propios que han sabido plasmar sus particulares puntos de vista y adaptarlos a todo tipo de historias (con la excepción de Snyder, que se ha decantado por el espectáculo puro y simple). De entre todos ellos, posiblemente, el más completo sea Fincher. Sea como fuere, en esa lista falta un director que se ha caracterizado por una sensibilidad excepcional a la hora de plasmar visualmente cualquier tipo de relato. Ya he mencionado antes que Sam Mendes (American Beauty) es uno de esos directores capaces de encontrar poesía en cualquier cosa, lo que logra acentuar los aspectos más intensos de sus tramas. Revolutionary Road (2002) es posiblemente el mejor ejemplo.

En el momento de su estreno quedé bastante sobrecogido por este intenso drama acerca de la monotonía, de los sueños inalcanzables y de la frustración de una vida en la que no se han cumplido, precisamente, esos objetivos irreales. Hace poco tuve la oportunidad de volver a verla, y lo cierto es que, como ocurre con las buenas películas, tuve la oportunidad de descubrir nuevos aspectos, formales y dramáticos, de esta historia que se vendió, al menos de forma indirecta, como el reencuentro en pantalla de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio, ambos protagonistas de ese hito del cine que fue Titanic (1997). Aunque como también ocurre con las buenas películas, se impuso a sus propios actores. Y lo hizo con dos armas maravillosamente utilizadas: el guión y la labor de Mendes, amén de una complicidad de los actores que, en pocas palabras, hacen un trabajo impecable.

Pero vayamos por partes. La adaptación de Justin Haythe (La sombra de un secuestro) del libro de Richard Yates es una de esas obras que se construye poco a poco, que maneja los tiempos dramáticos a la perfección para introducir al espectador en lo que parece ser una rutina normal y corriente para, posteriormente, sacudir dicha monotonía con el subtexto emocional de cada uno de los personajes, egoístas y frustrados en su particular forma de ver el mundo. Es más, habrá quien piense que en Revolutionary Road pasan pocas cosas. Bueno, analizado desde la acción física es posible. Pero si algo hipnotiza de la película es la velocidad con la que se mueven las emociones en comparación con la aparente calma que existe en la superficie, rasgada únicamente por brotes coléricos que impactan sobremanera gracias, precisamente, a ese ambiente idílico donde nada parece ir mal.

Momentos como la discusión en el coche al inicio del film o las peleas en la casa son momentos inolvidables. Y lo son porque reflejan la realidad del ser humano y de la sociedad. De cara al exterior todo parece perfecto, el clásico matrimonio envidia de todos sus vecinos. La puerta cerrada de una casa, empero, genera una frontera que deja aflorar las verdaderas emociones. Por un lado, la ya mencionada frustración y la falta de amor en una farsa construida sobre un único momento equivocado (verdaderos motores del conjunto); por otro, la hipocresía de una sociedad que sonríe al mirar de frente y despelleja al darse la vuelta (muy evidente en el personaje de Kathy Bates). No es que sea cierto que ocurren pocas cosas en el film, pero sí es verdad que la mayor parte de la acción debe ser leída entre líneas, interpretada de miradas, diálogos y decisiones que desembocan en uno de los finales más dramáticos y poéticos de los últimos años.

Elegancia formal e interpretativa

Al comienzo mencionaba que los actores eran cómplices de la calidad del film. Puede que la afirmación resulte absurda por lo obvia que es. Me explico. Muchas buenas películas que cuentan con grandes actores tiene repercusión por eso, porque tienen grandes actores. Revolutionary Road, a pesar del éxito de sus intérpretes, se sobrepone a ellos gracias a que los propios protagonistas se mimetizan con sus personajes hasta hacerse casi invisibles. De Winslet poco hay que decir que no se haya dicho ya. Su capacidad dramática está fuera de toda duda, y en esta ocasión alcanza cotas muy difíciles en las que equilibra dolor y rabia, odio e indiferencia, a partes iguales, pero sin llegar a caer en el histrionismo. El caso de DiCaprio, sin embargo, no es tan evidente. Tras muchos papeles en los que predominaba su físico por encima de todo, fue en la época de esta película (tal vez algunos años antes) cuando empezó a tomarse el mismo en serio como actor, eligiendo papeles más complejos y, lo más importante, saliendo airoso de los retos. En el caso que nos ocupa, y al igual que su compañera de reparto, logra encontrar el equilibrio perfecto de un hombre aparentemente tranquilo que es capaz de sacar su ira en los momentos más críticos. Por no hablar de los secundarios, entre los que destacan Michael Shannon (serie Boardwalk Empire) y David Harbour (serie The newsroom).

Y por último, el director. La película es el cuarto trabajo de Sam Mendes en el largometraje, y ya entonces se había definido como uno de los realizadores más preciosistas y visualmente elegantes del cine. A pesar de su corta carrera, elegir cuál es su mejor film en el aspecto visual es una tarea muy complicada. Eso sí, todos poseen, en mayor o menor medida, una serie de componentes en común que este drama refleja maravillosamente bien. Por un lado, tenemos la fotografía y el uso de la iluminación. Gracias a la luz dura y los colores apagados el director crea esa sensación de lugar idílico, de retiro tranquilo y sosegado que, sin embargo, se antoja falso, una máscara que oculta una realidad muy distinta. En este sentido, uno de los planos más representativos e impactantes es el último de Kate Winslet, bañada por una luz pálida en un entorno blanco, impoluto, que se revela diametralmente opuesto a medida que la cámara se aleja de ella.

Esto me lleva al otro gran elemento del trabajo de Mendes: la composición de los planos. Puede pasar desapercibido, pero en líneas generales el realizador se sirve de dos estilos narrativos diferentes para mostrar el mundo exterior y el mundo interior de los personajes. O mejor dicho, la intimidad y la imagen que proyectan al exterior. Mientras que buena parte de las secuencias que abordan sentimientos, emociones y discusiones de pareja se cuentan con planos en movimiento, con cámara al hombro y con el salto de un personaje a otro, aquellas que cuentan, por ejemplo, el trabajo del personaje de DiCaprio se basan más en la estática de la cámara, utilizando planos más abiertos. Una forma de expresar en imágenes la soledad, el tedio y lo rutinario de un trabajo, unos compañeros y una vida que transcurre de casa al trabajo y del trabajo a casa, con permiso de algún que otro desliz. Son imborrables los momentos en los que los hombres, trajeados y con sombrero como si fueran clones, esperan en la estación de trenes, o aquellos en los que se mueven como autómatas bajando y subiendo unas escaleras alrededor de un DiCaprio inmóvil.

Todo ello genera una única línea narrativa que acentúa el subtexto que antes mencionaba, esa otra película que transcurre en las imágenes de Revolutionary Road y que se deja ver en momentos muy puntuales que se suceden con más y más frecuencia hasta el desenlace final. Es, por así decirlo, un trabajo de equipo al servicio de una historia, y no una historia al servicio de los actores, el director o los efectos especiales. Todos y cada uno de los elementos está planteado para aportar a la trama el valor necesario, ni más ni menos. Empero, la película podría haber sido mucho más mediocre sin la labor y la elegancia de Mendes o sin la aportación de unos actores involucrados con sus personajes de forma admirable. Es pronto para saber cómo evolucionará, pero no cabe duda de que será uno de los grandes dramas de principios del siglo XXI.

‘Skyfall’ no mueve a ‘Lo imposible’ de lo más alto de la taquilla


No pudo ser. Lo nuevo de James Bond llegaba con la ventaja de un largo fin de semana de cuatro días, pero la tarea de superar a Lo imposible se ha convertido, precisamente, en misión imposible. Lo cual, por cierto, no deja de ser una magnífica noticia para el cine español, que está teniendo en este 2012 uno de sus mejores años en lo que a crítica y público se refiere. Un mes lleva ya en lo más alto la película de J. A. Bayona (El orfanato), y sus cifras mantienen una robustez inusitada en estos tiempos de crisis, actualmente solo desafiada por otro título español, Las aventuras de Tadeo Jones.

Así, Skyfall se tiene que conformar con el segundo puesto. El drama protagonizado por Naomi Watts (The Ring) y Ewan McGregor (Amelia) repite como el film más taquillero del fin de semana con 3,58 millones de euros, un 20% menos que, en cualquier caso, deja un balance total de 32,79 millones de euros. Por ahora, y a falta de estrenos desafiantes en los próximos días, su límite podría estar en los 50 millones, e incluso superarlos. Volviendo a James Bond, la cinta de Sam Mendes (Revolutionary Road) se estrenaba en 639 salas, en las que ha logrado 3,1 millones de euros (5,08 millones si se cuentan los dos días festivos). Una buena media de 4.851 euros por sala que hace presagiar un buen recorrido comercial, pudiendo tener su límite en unos 30 millones de euros, aunque habrá que comprobar si su fuerza no es cosa del lanzamiento.

En tercera posición encontramos Hotel Transilvania, que curiosamente repite cantidad respecto al fin de semana anterior, es decir, 2,6 millones de euros. En total, 6,6 millones de euros y cerca del millón de espectadores, lo que podría situar su resultado final entre los 20 y los 25 millones de euros. A partir de este momento los resultados registrados por los títulos de este top 10 distan mucho. Sin ir más lejos, otro de los estrenos, Sinister, se queda en 620.000 euros repartidos en 212 salas, lo que implica una media de 2.960 euros. Ni siquiera este puente de Todos los Santos ha servido para mejorar mucho su comportamiento, pues entre los cuatro días la cantidad no supera el millón de euros. Es más que posible que la cinta se desinfle a lo largo de las semanas, por lo que alcanzar los 10 millones de euros sería bastante utópico.

El quinto puesto lo ocupa Argo, que en su segunda semana desciende un 28% hasta el medio millón de euros, lo que sumado a lo acumulado anteriormente hace un total de 1,58 millones de euros, cifra relativamente buena para el tipo de film que es. Sea como fuere, no es muy probable que sobrepase con holgura los cinco millones al final de su andadura comercial. La que sigue sorprendiendo, y van ya 10 semanas, es Las aventuras de Tadeo Jones. Al inicio del texto mencionábamos que solo estos títulos españoles parecían aguantar el tirón de los nuevos títulos, y las cifras lo demuestran. La película de animación es la única que mejora respecto a la semana anterior (12%), y consigue 0,47 millones de euros. En total, más de 17 millones y unos 2,55 millones de espectadores. Con un poco de suerte alcanzaría los 20 millones.

Uno de los films que más desciende este último fin de semana es Looper, sin duda afectado por la llegada de 007. Con un -51%, esta cinta de ciencia ficción se queda en 270.000 euros y un total de 2,35 millones de euros, por lo que tiene difícil superar los 5 millones. Un poco más abajo, en octavo lugar, hallamos otro estreno, El ladrón de palabras, que llegó con una distribución algo reducida (144 salas, la menor del top 10) y obtuvo 0,21 millones de euros, lo que arroja una media que no llega a los 1.500 euros, datos todos ellos que no presagian un futuro demasiado halagüeño.

Cierran este ranking dos títulos muy dispares. Por un lado, El fraude, que logra 180.000 euros (-40%) y acumula ya 3,41 millones de euros; por otro, Paranormal Activity 4, que registra la mayor caída respecto al fin de semana anterior, un 64%. Apenas 130.000 euros es lo que ha dejado este fin de semana festivo (y de terror), lo que completa una cifra de 2,08 millones de euros, que se antoja bastante definitiva para la última entrega de esta saga.

La primera película de… Sam Mendes: ‘American Beauty’


Resulta muy complicado para un realizador que afronta su primer largometraje conseguir que su obra tenga una repercusión más o menos notable. No digamos ya que sea un éxito incomparable. Pero conseguir que una ópera prima alcance la categoría de clásico, de obra clave para el cine posterior y, sobre todo, que obtenga los premios más importantes alrededor del mundo, es conseguir una hazaña al alcance de muy poca gente. Tal vez sea por eso que la elección de Sam Mendes como director del último James Bond, Skyfall, estuvo rodeada de cierta expectación por ver de qué era capaz un director al que se conoce, sobre todo, por su forma de abordar el drama. Género, por cierto, que centró su primera película, American Beauty, allá por 1999, con la que no solo copó su carrera con los premios y el reconocimiento que a muchos otros artistas les cuesta lograr durante décadas, sino que definió un lenguaje cinematográfico muy personal.

Con todo y con eso, posiblemente el punto más débil del film sea su guión, obra de un Alan Ball (serie True Blood) también primerizo en esto de los largometrajes. El libreto sigue la vida aparentemente perfecta de un hombre de clase media, acomodado, con una bella mujer y una hija adolescente. Sin embargo, a medida que se profundiza en el núcleo familiar la historia desvela que la tranquilidad que rodea a los tres es en realidad una máscara de cara a la sociedad para ocultar un matrimonio desunido en el que él se siente despreciado y ella atrapada, y con una hija a la que no comprenden ni escuchan. Todo narrado por el propio protagonista en uno de los planos iniciales más hermosos de los últimos años (y que plantea una sorpresa que no se desvela hasta el clímax del tercer acto).

Sin duda, lo más recordado de este film protagonizado de forma magistral por Kevin Spacey (K-Pax. Un universo aparte), trabajo por el que consiguió el Oscar, y Annette Bening (Bugsy) es precisamente el preciosismo de sus planos, en concreto de las secuencias oníricas en las que el protagonista fantasea con la amiga animadora de su hija. Si todo el metraje desprende una elegancia formal y en el diseño de producción que contrasta con el trasfondo de los personajes, es en estos sueños eróticos donde Mendes explota al máximo su manejo del color y los claroscuros para ofrecer algunos de los momentos que ya son parte inmortal del cine. Del mismo modo, el simbolismo de los pétalos de rosas, flor asociada a su mujer a través del jardín que cuida con más esmero que a su propia hija, da una idea de esa contradicción interna que siente el personaje, y que en más de un diálogo se plantea sin demasiado éxito, incluyendo la resolución de la trama.

Ya que mencionamos la trama, cabe explicar que el film, en sí mismo, puede pecar de un exceso de contenido dramático y moral en detrimento de un desarrollo dramático más puro y lineal. American Beauty es uno de los mejores films de los últimos 15 años, si no el mejor. La forma de presentar a los personajes y, sobre todo, la sutileza y seriedad con la que aborda esa doble moral de la sociedad americana en la que las apariencias importan más que el estado de ánimo de los individuos (y que es el verdadero punto fuerte del conjunto) no deja lugar, empero, a un desarrollo pleno de los conflictos y de las líneas secundarias. Por poner un ejemplo, la historia de amor de la hija (interpretada por Thora Birch) y el hijo del nuevo vecino (Wes Bentley) queda reducida a meras pinceladas cuando, en cierto modo, es uno de los conductores del impactante final.

Un punto de vista único

Dicha problemática, si es que puede denominarse así, viene dada por el protagonista, aunque pueda parecer incoherente. La necesidad del guionista por centrarse en la vida del protagonista casi de forma exclusiva (su figura está presente en prácticamente todas las secuencias, ya sea de forma física o no) impide ese desarrollo de los arcos dramáticos. En cierto modo, incluso la historia principal avanza de forma abrupta hacia su desenlace, utilizando los momentos más dramáticos como detonantes de la acción.

No es de extrañar. La definición del personaje de Spacey es, en cierto modo, lo único que evoluciona a lo largo del film. De la amargura a la indiferencia, y de esta a la libertad individual, todas sus emociones centran la atención del espectador de forma tan absorbente que, en realidad, poco importa la profundidad del resto de personajes. Afortunadamente, todos ellos ofrecen un grado de complejidad tal que conforman un microcosmos tan interesante como único. Cabe destacar aquí también la labor de Chris Cooper como el padre del personaje de Bentley, un militar chapado a la antigua que pega a su hijo para endurecerle frente a la vida y que no soporta la homosexualidad, otro de los conceptos que definen a la perfección la doble moral del film.

Pero estos desajustes en el desarrollo dramático, al final, no son sino un problema secundario ante la fuerza de los personajes y la labor de Mendes tras las cámaras, auténtico artífice de esta joya del séptimo arte. En efecto, los personajes y sus encontradas personalidades no hacen sino reflejar una sociedad hipócrita, cínica y acobardada donde, como ya hemos dicho, lo fundamental son las apariencias. Alan Ball desarrolla en su guión una dura crítica contra ese modelo de familia norteamericana acomodada en algún barrio residencial. Todo es fachada; todo se mueve en torno a ese ideal de felicidad que venden las publicidades y que no ahondan en los problemas familiares y morales que surgen de la mala relación entre los individuos.

Si a esto se suma esa elegancia formal a la que antes nos referíamos, esa crítica se acentúa aún más si cabe. Todo es impoluto, de un blanco virginal que da miedo tocar por si desaparece. Incluso un personaje tan atrevido como el de la animadora se revela asustadizo. La estética de los encuadres, de los escenarios y de la iluminación ahondan en el sentimiento de estar ante una doble lectura de la vida en sociedad, ante un mundo que se antoja extraño de lo perfecto que es. Un trabajo que da sus frutos en el desenlace de la historia, seco y sin alardes, que confirma las sospechas del espectador: que esa belleza americana de la que habla el título es tan efímera como la belleza física de un cuerpo joven.

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