‘Reservoir Dogs’, el thriller que definió el estilo Tarantino


Quentin Tarantino presentaba en este 2019 la que posiblemente sea su mejor película (o una de las mejores en una corta pero extraordinaria filmografía). Érase una vez en… Hollywood contiene todos y cada uno de los elementos que definen su cine, incluida una violencia que, en esta ocasión, se limitaba casi en exclusiva a una espectacular secuencia final. Este título llegaba después de que hace 27 años sorprendiera a propios y extraños con Reservoir Dogs, un thriller dramático que se convirtió, por méritos propios, en el primer clásico en la carrera del director.

Guste o no su estilo visual y su narrativa, cargados ambos de una violencia explícita en imágenes y en lenguaje, lo cierto es que el considerado como primer film de Tarantino (en realidad, ese honor le corresponde a El cumpleaños de mi mejor amigo, de 1987) es un ejemplo extraordinario de cómo realizar una presentación en sociedad como director. Con una trama simple donde las haya (un grupo de criminales da un golpe que sale mal y deben averiguar por qué) y apenas una única ubicación, el director tiene una libertad absoluta para manejar los tiempos narrativos, la puesta en escena y las posibilidades interpretativas de un elenco simplemente extraordinario. Y con apenas unos pocos elementos logra una tensión dramática que ni siquiera directores con más trayectoria son capaces de plantear en muchos de sus films. Esto se debe, fundamentalmente, al manejo de los elementos que ya Alfred Hitchcock (Con la muerte en los talones) definió como fundamentales para cualquier intriga, y que tienen que ver con la información que manejan los personajes y la que tiene el espectador.

A través de un goteo constante de datos sobre lo ocurrido (que nunca se llega a ver, y que en realidad tampoco es necesario mostrar), Tarantino construye un sólido castillo dramático en el que unos personajes que no se conocen prácticamente de nada deben afrontar no solo una situación que les llega sobrevenida (el golpe fallido y la traición), sino el modo en que cada uno de ellos hace frente a eso. Esta dualidad es la que genera el conflicto, acentuando los problemas, las dudas y los objetivos de cada personaje en un contexto ya de por sí comprometido. Reservoir Dogs es un gran ejemplo de cómo construir una tensión dramática en constante aumento, finalizando en una apoteosis de violencia que ni Shakespeare habría imaginado para ‘Hamlet’, en la que los personajes tienen el final que les corresponde y tal vez no el que querríamos como espectadores.

De hecho, el tratamiento de los personajes es algo muy interesante de analizar que requeriría dedicar varios textos. Tarantino construye un delicado equilibrio entre buenos y malos, entre héroes y villanos para que, una vez llegan los títulos de crédito finales, no exista ni lo uno ni lo otro. Partiendo de la base de que todos son criminales, durante el ajustado metraje de poco más de hora y media el espectador va distinguiendo entre buenos y malos dentro de los ladrones del banco. Las diferentes personalidades de cada uno de ellos no les hace posicionarse de un lado o de otro, simplemente les convierten en humanos, y como tales logran empatizar -unos más y otros menos- con el espectador. Ahí entra en juego lo que mencionaba al principio de la complejidad dramática. A la situación ya de por sí difícil en la que se encuentran los personajes se añaden sus incompatibilidades de personalidad y, también, los lazos casi paterno-filiales que se establecen entre algunos de ellos. Ahí surge la que posiblemente sea la mayor riqueza argumental del film: cómo las relaciones pueden no solo dificultar un trabajo, sino hacernos perder la perspectiva de lo que realmente está ocurriendo.

Estilo Tarantino

Pero ante todo, Reservoir Dogs contiene muchos de los elementos, si no todos, que definen el “estilo Tarantino”. Más allá de la violencia, la profusión de sangre o el lenguaje agresivo, el director pone en práctica en el film algunos de los conceptos que le han convertido en el icono y el referente cinematográfico que es hoy en día. Para empezar, el uso de la música y canciones que aparentemente tienen poco o nada que ver con lo narrado para acentuar, precisamente, el carácter dramático de lo que se está viendo en escena. Un contraste no demasiado habitual en el séptimo arte porque es difícil de lograr. Es más, la banda sonora, ya sea creada expresamente para el film o compuesta por temas ya escritos (alguno muy conocidos o que se han hecho famosos a raíz del film que acompañan), suele realizar una narración paralela de lo que se ve, potenciando el carácter que posea la escena.

Tarantino logra ese efecto con la técnica inversa. En realidad, no es algo único de la música. Sus films están cargados de contrastes entre extremos, desde el vestuario hasta los diálogos. Y esta historia que ahora analizamos no es menos. Frente a los ladrones trajeados, unos jefes que van en chándal o con camisa; frente a unos personajes con nombres de colores (de los que luego se llega a conocer la verdadera identidad de algunos), unos líderes que sí tienen nombre; y frente a la violencia de la historia, unos diálogos iniciales que nada tienen que ver con lo que va a ocurrir. Y cuando digo nada es absolutamente nada. El director de Pulp Fiction (1994) eleva a la máxima expresión artística el concepto de small talk, esa charla que no lleva a ninguna parte pero que sirve para cubrir vacíos. Bueno, en manos de Tarantino estas charlas sí adquieren cierto significado, pues aunque no aporten información sobre la trama, permiten conocer mucho mejor a los personajes, su forma de ver el mundo.

Y luego está la descomposición temporal que hizo mundialmente famosa en el film mencionado antes. Aunque en esta ocasión no está tan desarrollada como en películas posteriores, ya se aprecia un manejo de los tiempos narrativos único, enriquecedor y, ante todo, muy inteligente. El director utiliza estos saltos temporales para aportar intriga y tensión dramática, desvelando información reclamada por el espectador a medida que va conociendo más y más de los personajes. El modo en que les contratan, su huida del golpe fallido, sus momentos previos a la reunión inicial. Con un puñado de secuencias Tarantino logra componer un mosaico lo suficientemente enriquecedor como para que el espectador comprenda las motivaciones de cada uno, su verdadero rol en la trama y, sobre todo, la red de amistades y traiciones que sustenta toda la historia. Por supuesto, esta desestructuración de la narrativa tiene un objetivo argumental basado en la intriga, cosa que no tienen algunos de sus films posteriores, pero es un primer paso para esa posterior apuesta cinematográfica.

Se puede decir que Reservoir Dogs abre la puerta a todo un cine que ha marcado a generaciones y, sobre todo, ha redefinido una forma de entender el séptimo arte. Pero sobre todo es un ejemplo de lo que pueden conseguir los directores noveles que busquen lanzar su primera historia. Con una premisa sencilla, apenas un escenario y un puñado de actores (eso sí, actores de un nivel extraordinario), Tarantino construye un thriller con tensión dramática en constante crecimiento, donde las traiciones y las sospechas construyen un laberinto que queda resuelto con elegancia y una maestría fuera de toda duda. El modo en que se inserta toda la información al espectador, llevándole por un camino cargado de giros argumentales, forma ya parte de la historia del cine.

Los Oscar dejan alguna sorpresa entre unas nominaciones previsibles


En líneas generales, las nominaciones de la 92 edición de los Oscar conocidas este lunes cumplen con las quinielas que, en mayor o menor medida, se habían realizado en las últimas semanas y, más concretamente, a raíz de los premiados en los Globos de Oro. Ahora solo queda esperar a conocer si la Academia de Hollywood decide empezar a reconocer con alguna estatuilla las producciones destinadas a televisión, que por el momento ya empiezan a competir con las películas para la gran pantalla. Pero antes de llegar a ese 9 de febrero en el que se conocerán los ganadores, estas nominaciones dejan alguna que otra sorpresa dentro de unas categorías, por otro lado, bastante previsibles.

Posiblemente una de las mayores olvidadas sea Puñales por la espalda, que tan solo logra una nominación al Mejor Guión Original. Coincidencia o no, la categoría de Mejor Película, que puede albergar hasta 10 títulos, en esta edición tan solo tiene 9, lo que invita a pensar en los motivos por los que una comedia de intriga como esta, aplaudida por crítica y público, no ha tenido algo más de reconocimiento por parte de la industria. Y no hablo ya a su director, sino sobre todo a su espléndido reparto, con Ana de Armas (Blade Runner 2049) a la cabeza. Pero este es solo uno de los casos más llamativos. En esta categoría de “olvidadas” podríamos incluir también Richard Jewell, lo último de Clint Eastwood (Million Dollar Baby) que solo ha visto reconocida la extraordinaria labor de Kathy Bates (Una cuestión de género).

Precisamente la oscarizada actriz compite en una categoría en la que encontramos, entre otras, a Florence Pugh, quien ha sido nominada por su labor en Mujercitas, película que compite en algunas de las principales categorías. Personalmente creo que su trabajo en el film es de lo mejor del conjunto, aunque la presencia de Pugh por esta adaptación hace recordar la ausencia de Midsommar, película que por sus características era más que evidente que no entraría en las quinielas, pero eso no implica que no se siga siendo una injusticia con un film perturbador y complejo. Junto a las ausencias, como es habitual, algunas sorpresas o, por lo menos, algunos nombres propios como el de Antonio Banderas, que compite como Mejor Actor por Dolor y Gloria contra los todopoderosos Joaquin Phoenix (Joker), Adam Driver (Historia de un matrimonio) y Leonardo DiCaprio (Érase una vez en… Hollywood).

Las nominaciones de esta 92 edición dejan igualmente algunas curiosidades. Por ejemplo, que una de las películas más nominadas (y la que parece con más posibilidades de llevarse los principales premios), 1917, no tenga ningún actor nominado, así como que tampoco esté en la categoría de Mejor Montaje. No es de extrañar, dado que los actores, todos ellos más que notables, no son la parte fundamental del film de Sam Mendes, que no tiene montaje alguno al ser un único plano secuencia. También hay que apuntar la doble nominación de Scarlett Johansson como Mejor Actriz y Mejor Actriz Secundaria, la primera por Historia de un matrimonio y la segunda por Jojo Rabbit, ambas películas con nominaciones en las principales categorías.

Y junto a ellas, algunas nominaciones para producciones españolas como Dolor y Gloria (Mejor Película Extranjera) y Klaus (Mejor Película Animada) y, sobre todo, la sorpresa de Parásitos. O mejor dicho, la sorpresa que puede dar en la entrega de premios. Sus nominaciones, más o menos previsibles, la pueden coronar como Mejor Película y Mejor Película de Habla No Inglesa, amén de recibir premios al Mejor Director o al Mejor Guión Original. Pero para eso, como decía al comienzo, habrá que esperar al 9 de febrero. Por lo pronto, las previsiones se van cumpliendo y 1917Érase una vez en… HollywoodEl irlandés acaparan la mayor cantidad de nominaciones.

A continuación podréis encontrar el listado con todas las nominaciones de la 92 edición de los Oscar.

Los Globos de Oro mantienen una división entre cine y televisión cada vez menos clara


La edición de los Globos de Oro de este 2020, que reconoce a las mejores películas y series del pasado año, deja muchas consecuencias interesantes más allá de premiados, discursos y anécdotas. Y es que, le pese a quien le pese, este podía haber sido el año de Netflix. O mejor dicho, el año en el que cine y televisión podrían haber borrado esa especie de línea roja invisible que les separa. Pero habrá que esperar al menos otros 365 días si los Oscar no lo evitan.

Que algo está cambiando en el paradigma audiovisual es evidente. El consumo de producciones ya no se circunscribe a las salas de cine para las películas y al salón de casa para las series. La frontera entre ambas ha desaparecido, y eso es lo que han reflejado las nominaciones de El irlandés, Historias de un matrimonio o Los dos papas. Pero los cambios en el mundo especializado son más lentos que entre los aficionados, y los premios han recaído en producciones enfocadas a las salas de cine. No quiere esto decir que 1917 o Érase una vez en… Hollywood no merezcan los premios, sobre todo actores un poco infravalorados en estas galas como Brad Pitt, pero sí da la sensación de que se ha evitado premiar una plataforma como Netflix en categorías cinematográficas en las que no suele competir.

Ahora, como decimos, queda por ver qué hace la Academia de Hollywood, verdadero faro para muchos aficionados y profesionales del sector. Pero desde luego, los Globos de Oro siempre han sido la llamada antesala de estos premios, y a tenor de lo vivido todo apunta a que algunos premios estarán bastante claros y otros se disputarán entre algunas de las películas que más han sonado en los últimos meses. Que Sam Mendes y su visión sobre la I Guerra Mundial hayan resultado triunfadores en dos de las principales categorías suponen un premio a un esfuerzo narrativo y audiovisual excepcional, tanto por la compleja puesta en escena como por el componente dramático de la propuesta. Y lo mismo podría aplicarse a la obra de Quentin Tarantino, todo un ejercicio milimétricamente elaborado, puede que algo largo en su duración pero indudablemente bello y efectivo en su ejecución.

No cabe duda de que los grandes perjudicados son los nombres propios detrás de las producciones de Netflix, en concreto Martin Scorsese. Posiblemente sea algo más propio de los críticos de la prensa internacional que de los miembros de una academia que encontrará en El irlandés un homenaje a un tipo de cine muy apreciado, tradicional, artesano y, sobre todo, con un reparto extraordinario. Lo que merece una mención especial es también el reconocimiento a Joaquin Phoenix y Taron Egerton, ambos dando vida a personajes icónicos de la cultura popular de las últimas décadas (Joker y Elton John respectivamente, el primero ficticio y el segundo real). Más allá de las evidentes diferencias entre ambos, en realidad tienen puntos en común de cara a los premios, pues mientras el primero supone un transformación física para un rol dramático y sumamente complejo, el segundo es un biopic sobre un icono de la música con un lenguaje visual propio y una implicación del actor que siempre suele dar réditos, como es el caso de esta 77 edición de los Globos de Oro.

Respecto a las series, varias puntualizaciones. La primera, que esta edición parece abrir el abanico a nuevas producciones, alejándose de veteranas que han triunfado en anteriores galas. Y es algo que merece la pena ser aplaudido y reconocido, pues permite a muchos espectadores acercarse a nuevas series y miniseries que, tal vez de otro modo, no habrían conocido o simplemente habrían desechado entre la cada vez mayor oferta audiovisual en las diferentes plataformas. La segunda, que se sigue consolidando el trasvase de nombres propios del cine a la televisión, de las películas a las series, lo que da buena cuenta de la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Curiosamente, no ocurre lo mismo, o al menos no en la misma proporción, en sentido opuesto, lo que debería invitar a una reflexión.

Estos Globos de Oro son, por tanto, un claro indicativo de que algo está cambiando en el mundo del entretenimiento y la producción audiovisual. O mejor dicho, que el cambio que comenzó hace años se está confirmando poco a poco, borrando esas diferencias entre cine y televisión que durante décadas han predominado. Pero todavía existen, o parecen existir, ciertas reticencias a premiar la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Todo llegará, de eso no cabe duda, pero hasta que eso ocurra podremos seguir disfrutando de un mundo más rico y con una mayor oferta, pero en el que también deberemos estar más pendientes de los productos de mayor calidad en un universo saturado de ficciones.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: 1917.

Mejor Película Comedia/Musical: Érase una vez en… Hollywood.

 Mejor Director: Sam Mendes, por 1917.

Mejor Actor Dramático: Joaquin Phoenix, por Joker.

Mejor Actor Comedia/Musical: Taron Egerton, por Rocketman.

Mejor Actriz Dramática: Renée Zellweger, por Judy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Awkwafina, por The Farewell.

 Mejor Actor Secundario: Brad Pitt, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Actriz Secundaria: Laura Dern, por Escenas de un matrimonio.

Mejor Guión: Quentin Tarantino, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Banda Sonora: Hildur Guđnadóttir, por Joker.

Mejor Canción: Elton John & Bernie Taupin, por ‘I’m gonna love me again’, de Rocketman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: Parásitos (Corea del Sur).

Mejor Película de Animación: Mr. Link, el origen perdido.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: Succession.

Mejor Actor Drama: Brian Cox, por Succession.

Mejor Actriz Drama: Olivia Colman, por The crown.

Mejor Serie Comedia: Fleabag.

Mejor Actor Comedia/Musical: Ramy Youssef, por Ramy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Phoebe Waller-Bridge, por Fleabag.

Mejor Miniserie/Telefilme: Chernobyl.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Russell Crowe, por La voz más alta.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Michelle Williams, por Fosse/Verdon.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Stellan Skarsgård, por Chernobyl.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Patricia Arquette, por The act.

‘Érase una vez… en Hollywood’: aquellos maravillosos 60


Tarantino es de los pocos directores que crean opiniones muy enfrentadas. A algunos les encanta y otros le odian. No hay término medio. Por eso su novena película va a ser, casi con toda probabilidad, objeto de un duro debate. Y es que, como ya ocurriera en Los odiosos ocho (2015), el director ha perdido algo de ritmo en sus films. O más bien, lo ha dejado de lado momentáneamente. Pero todo tiene un motivo.

Y en el caso de Érase una vez… en Hollywood ese motivo no es otro que transportar al espectador a una época diferente. Una época en la que los grandes directores y los grandes actores eran los protagonistas de una historias en las que los efectos especiales eran accesorios. Y ese viaje atrás en el tiempo no es solo con una historia tan sólida como original y fascinante, sino que también afecta al lenguaje audiovisual que utiliza Tarantino, aprovechando largos planos, movimientos de personajes en la profundidad de campo y captando las emociones de los personajes hasta niveles poco vistos en el cine actual. Y, por supuesto, la música, de nuevo impecable. Todo ello conforma un relato mágico, puede que a veces lento pero indudablemente divertido. Un viaje al corazón de Hollywood a través de los ojos de unos personajes en la órbita de los grandes nombres del séptimo arte.

Pero a pesar de ese cambio en el lenguaje y de una cierta falta de ritmo, el estilo Tarantino sigue estando ahí, y más fresco que nunca. Sus constantes saltos temporales vuelven a ser una seña de identidad, en esta ocasión como si se tratara de un Quijote que relata anécdotas pasadas en lugar de historias (algunas tan largas que pueden generar algo de confusión cuando se retoma la historia principal). Sus actores sencillamente están perfectos (el reparto es un desfile de grandes estrellas), en particular el dúo formado por Leonardo DiCaprio (Origen) y Brad Pitt (Máquina de guerra), dos personajes en un momento de transición en sus vidas que se aferran a un pasado glorioso mientras tratan de comprender y aceptar su nuevo lugar en el mundo del celuloide. Y por si alguien dudaba de la agilidad y brutalidad del director, esa secuencia final tan salvaje como irónica y divertida que viene a imponer justicia en un trágico suceso histórico, al más puro estilo Malditos bastardos (2009).

Así que sí, Érase una vez… en Hollywood es una película de Tarantino. Con todas las letras. Y es una gran película de Tarantino. Puede que guste más a los más cinéfilos, pero desde luego que la película debería de estudiarse como un gran ejemplo de mimetismo audiovisual. Actores y director asumen lenguaje, posición corporal y narrativa audiovisual para, literalmente, transportarse a ese final de los años 60 en el que el cine y la televisión todavía no estaban a la misma altura, en el que el movimiento hippie seguía estando en las calles y en el que Charles Manson todavía andaba en libertad. Un homenaje a otra época, a nuestros padres y abuelos, a todos aquellos actores, directores, guionistas y productores que nos han dejado obras maestras de la Historia del Cine. En definitiva, una obra con constantes referencias al pasado que debería ser un referente para el cine del futuro, al menos para ese cine que no necesita de efectos digitales para causar sensación.

Nota: 8,5/10

Tarantino presenta su cuento ‘Érase una vez en… Hollywood’


El tercer fin de semana de agosto apunta a ser uno de los más interesantes del panorama cinematográfico a pesar de los pocos estrenos que llegan adelantados al jueves día 15 por el festivo del Día de la Asunción. De hecho, tan solo cuatro títulos llegan a la cartelera española, y al menos uno de ellos presenta el suficiente atractivo en todos los aspectos como para asegurar el llenado de salas.

Se trata de Érase una vez en… Hollywood, noveno film de Quentin Tarantino (Los odiosos ocho) que, haciendo gala de nuevo de su fusión entre humor y drama, aborda el Hollywood de los años 60. En concreto, la trama tiene como protagonistas a una estrella de la televisión y su doble durante muchos años, que en 1969 tratan de abrirse camino en la industria del cine, que ya casi no reconocen. Y como también suele ser habitual, el reparto de esta coproducción entre Estados Unidos, Reino Unido y China está integrado por un importante número de actores conocidos, encabezados por Leonardo DiCaprio (El renacido), Brad Pitt (Aliados), Margot Robbie (María, reina de Escocia), Bruce Dern (Warning shot), Al Pacino (Corrupción y poder), Timothy Olyphant (Behold my heart), Kurt Russell (Guardianes de la galaxia vol. 2), Dakota Fanning (Ocean’s 8), Damian Lewis (serie Billions), Emile Hirsch (La autopsia de Jane Doe) y Luke Perry (serie Riverdale), este último en el que es su último trabajo antes de fallecer.

Puramente británica es A 47 metros 2: el terror emerge, secuela del film de 2017 que, en clave de aventura dramática con dosis de terror, arranca cuando una adolescente se muda de mala gana a México con su padre y su nueva familia. Él es investigador en una antigua ciudad maya sumergida bajo el agua, por lo que la joven se ve obligada a pasar el tiempo con su hermanastra. Aburridas, las dos adolescentes terminan adentrándose en una cueva junto a dos amigas. Allí descubren un lugar de enterramiento maya sumergido, pero también una trampa mortal en la que enormes tiburones blancos podrían terminar con sus vidas. Dirigido por Johannes Roberts, responsable de la cinta original, el film está protagonizado por Sophie Nélisse (La historia del amor), Corinne Foxx, Brianne Tju (serie Life after first failure), Sistine Rose Stallone, John Corbett (Mi gran boda griega 2) y Brec Bassinger (Killer under the bed), entre otros.

Francia e Italia colaboran en La casa de verano, comedia dramática dirigida, protagonizada y coescrita por Valeria Bruni Tedeschi (Un castillo en Italia) que, ambientada en la Costa Azul, gira en torno a una mujer que pasa las vacaciones de verano con su hija en una casa apartada del mundo. Rodeada de familia, amigos y empleados, utilizará ese tiempo para recuperarse de su reciente ruptura sentimental mientras prepara el guion de su próxima película. El reparto principal se completa con Pierre Arditi (En la flor de la vida), Valeria Golino (El nombre del bambino), Noémie Lvovsky (Monsieur Chocolat) y Yolande Moreau (Crash test aglaé).

Terminamos el repaso semanal con la española La virgen de agosto, cinta dirigida por Jonás Trueba (La reconquista) y planteada a modo de película-diario. La protagonista es una mujer a punto de cumplir 33 años que cada año, como si de un acto de fe se tratara, se queda en Madrid durante el mes de agosto. Los días y las noches se convierten en tiempo de oportunidades, descubriendo nuevas personas a las que ayudar sin saber que, en realidad, se ayuda a sí misma. Itsaso Arana (Acantilado) protagoniza este film que también escribe, y frente a las cámaras está acompañada por Vito Sanz (Miamor perdido), Isabelle Stoffel (Los exiliados románticos), Luis Alberto Heras y Joe Manjón (Framed).

‘Los odiosos ocho’: el lento azote de la ventisca


Tim Roth, Kurt Russell y Jennifer Jason Leigh son algunos de 'Los odiosos ocho' de Tarantino.Considero a Quentin Tarantino (Kill Bill) como uno de los maestros cinematográficos en lo que a manejo de tiempo narrativo se refiere. Es cierto que su verborrea incansable y su violencia es lo que más recuerda el gran público, pero su forma de manejar el desarrollo dramático es lo que verdaderamente le define. A esto se suma su pasión por un tipo muy concreto de cine. Y su octava película, como se publicita incluso en los títulos de crédito, es una mezcla de ambas facetas, aunque una mezcla desequilibrada.

Lo que más llama la atención de Los odiosos ocho es la distinción tan evidente entre las dos partes que componen el film. La primera, larga y tediosa, se define con esos diálogos interminables en un escenario inamovible que permite a los personajes establecer una suerte de escenografía teatral en la que la profundidad y el fuera de campo juegan un papel importante. Una primera parte que comienza de forma primorosa, con esa diligencia atravesando un paisaje blanco y con una música simplemente perfecta. El problema es que, una vez introducidos en la cabaña que les protege de la ventisca, los personajes parecen quedar suspendidos en un limbo dramático, sin poder avanzar o retroceder, y esperando con parsimonia a que algo o alguien azuce el avispero.

Y eso ocurre en la segunda parte, cuando los acontecimientos se precipitan, la acción toma forma y el Tarantino más sangriento y visceral entra en escena. Es lo más entretenido del film, aunque no por la violencia, sino porque realmente narra el trasfondo del film, y da respuesta a las sospechas que generan los primeros minutos. Precisamente este es el otro gran problema. La cinta plantea una serie de interrogantes al poco de comenzar que el espectador ansía conocer más pronto que tarde. Pero el guión se toma demasiado tiempo en contar la historia, perdiendo el gancho de la intriga. Y es una lástima, porque con el magnífico plantel de actores que tiene, se podrían haber aprovechado mucho mejor los recursos.

Al final, las más de tres horas que dura Los odiosos ocho se hacen muy largas, más de lo que lo son por si solas. El manejo del ritmo que siempre ha caracterizado a Tarantino brilla ahora por su ausencia, perdiendo de vista que lo realmente importante en un film como este es la tensión dramática generada por la sospecha y por un ramillete de personajes a cada cual más intrigante. En lugar de eso, el film se desvía hacia la caracterización, y se regodea en su autocomplacencia hasta que decide, en su segunda mitad, acelerar el proceso y explicar a toda prisa lo ocurrido. Es un film de Tarantino, y como tal siempre es capaz de ofrecer algo, pero desde luego no es lo mejor que ha hecho, ni mucho menos.

Nota: 6/10

Eddie Redmayne es ‘La chica danesa’ de ‘Los odiosos ocho’


Estrenos 15enero2016Con el resultado todavía reciente de los Globos de Oro, la cartelera española afronta este viernes, 15 de enero, la llegada de varias novedades con mucho que decir. Aunque todas ellas con un denominador común: la ambientación en diferentes épocas de la Historia. Desde el Lejano Oeste hasta la II Guerra Mundial, este fin de semana contará con pocas novedades, aunque la mayor parte de ellas destinadas a triunfar en las entregas de premios de las próximas semanas.

El principal estreno es, sin duda, La chica danesa, adaptación de la novela homónima de David Ebershoff acerca del primer transexual y su proceso de cambio de sexo. La trama se centra en el matrimonio formado por Einar y Gerda Wegener, dos artistas que tuvieron que luchar contra muchos tabúes sociales y que tuvieron que afrontar no solo la evolución de su obra, sino de su propio matrimonio. Y si el drama puede resultar interesante por si mismo, los nombres que lo defienden añaden atractivo. Tras las cámaras está Tom Hooper (Los miserables), mientras que la pareja protagonista está formada por Eddie Redmayne (La teoría del todo) y Alicia Vikander (Operación U.N.C.L.E.), a los que se suman Amber Heard (3 días para matar), Matthias Schoenaerts (Lejos del mundanal ruido), Sebastian Koch (Sin identidad) y Ben Whishaw (Spectre).

Y como todo lo que hace Quentin Tarantino (Django desencadenado), también Los odiosos ocho llega con la intención de arrasar en taquilla. De nuevo ambientada en el Lejano Oeste, la trama arranca cuando un cazarrecompensas y la fugitiva a la que ha detenido tratan de llegar a un pueblo en pleno invierno en Wyoming. Durante su trayecto se cruzan con otro cazarrecompensas y con un hombre que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo al que se dirige el carruaje. Atrapados por la nieve, los cuatro se ven obligados a pasar la noche en un local regentado por una mujer. Al llegar allí, sin embargo, solo encuentran cuatro personajes que parecen tener mucho que esconder. Acción, suspense y el humor que siempre caracteriza al cine de Tarantino se dan cita en esta cinta protagonizada por Samuel L. Jackson (Vengadores: La era de Ultrón), Kurt Russell (Poseidón), Jennifer Jason Leigh (Amores asesinos), Walton Goggins (Diablo), Demián Bichir (serie The bridge), Tim Roth (Selma), Michael Madsen (Hope lost) y Bruce Dern (Nebraska).

Aunque sin duda el film que más polémica provoca este fin de semana es El hijo de Saul, drama húngaro de corte histórico ambientado en la II Guerra Mundial que dirige László Nemes en la que es su ópera prima. La trama gira en torno a un hombre que trabaja en un horno crematorio de Auschwitz. Su terrible día a día se ve alterado cuando cree reconocer a su hijo entre los cadáveres que tiene que incinerar. A partir de ese momento su único objetivo será encontrar a un rabino para dar un entierro digno al muchacho, alejándose incluso de los planes de rebelión de otros prisioneros. Géza Röhrig, Urs Rechn (Das wilde Leben) y Levente Molnár (Morgen) encabezan el reparto.

En cuanto al estreno español, Bendita calamidad es una comedia que adapta la novela de Miguel Mena (quien, por cierto, se ha encargado del guión) y cuyo argumento narra las desventuras de dos hermanos arruinados que ven en el secuestro de un adinerado empresario la solución a todos sus males. Gaizka Urresti debuta en el largometraje de ficción con esta propuesta protagonizada por Jorge Asín (Justi&Cia), Nacho Rubio (El último fin de semana), Luis Varela (Pájaros de papel), Carmen Barrantes (El encamado) y Enrique Villén (Anabel), entre otros.

Y dentro del género documental nos llega En el sótano, producción austríaca dirigida por Ulrich Seidl (trilogía ‘Paraíso’) que aborda el imaginario del pueblo austríaco. A través de un recorrido por los sótanos de muchos de sus ciudadanos, el director descubre a nazis nostálgicos, coleccionistas de muñecas, amantes de las armas o sadomasoquistas, demostrando que la realidad supera con frecuencia a la ficción.

Un botones sustenta las irregulares historias de ‘Four rooms’


Tim Roth es el protagonista de los cuatro fragmentos de 'Four rooms'.Los hoteles, ya sea a modo de excusa argumental o como verdaderos protagonistas de la trama, han estado muy presentes en el cine a lo largo de toda su historia. Puede que una de las películas más surrealistas realizadas en estos lugares sea Four rooms (1995), un irregular experimento en el que cuatro directores realizaron cada uno una especie de cortometraje o, mejor dicho, una historia ambientada en un extraño hotel durante Nochevieja. Cuatro historias, por tanto, unidas por la presencia de un botones que empieza a trabajar ese mismo día y que se verá envuelto en todo tipo de desventuras, desde un aquelarre hasta una peligrosa apuesta. Allison Anders (Mi vida loca), Alexandre Rockwell (En la sopa), Robert Rodriguez (Desperado) y Quentin Tarantino (Pulp Fiction) son los nombres propios tras esta idea.

Una idea que, como decimos, terminó siendo algo irregular. Como suele ocurrir con cualquier creación, el tiempo ha sido la que ha puesto en su sitio la obra, y sobre todo a sus realizadores. La película va de menos a más en todos los sentidos, desde el ritmo hasta el surrealismo, pasando incluso por el número de estrellas que participan en el film. Y no por casualidad los segmentos de historia dirigidos por los dos directores más conocidos de este cuarteto son los que más se recuerdan tras casi 20 años de existencia. Dejando a un lado el interés que puedan generar un aquelarre de brujas o un hombre apuntando a su mujer amordazada con un arma, lo que realmente impide que los dos primeros fragmentos estén al mismo nivel que los dos últimos es el estilo visual utilizado, mucho más comedido, más académico y con un ritmo mucho menor.

Tanto ‘El ingrediente que faltaba’ como ‘El hombre equivocado’, títulos de esas primeras aventuras del botones interpretado magistralmente por Tim Roth (Funny games), no logran aprovechar al máximo sus opciones narrativas, revelándose como relatos lineales dentro de un proyecto que, por su propia definición, posee un arco dramático quebrado. Son, por así decirlo, historias que preparan tanto al protagonista como al espectador para lo que está por venir, lo cual juega a favor de Rodriguez y Tarantino, pero en detrimento de Anders y Rockwell. Sí, cada uno posee un estilo único y muy definido, pero precisamente eso es lo que demuestra el talento de unos y la manufactura de otros. En cierto modo, lo que sostiene la primera mitad del metraje es el propio Roth, quien aprovecha esos instantes para sentar las bases de la psicosis de un personaje sobrepasado por las circunstancias que intenta, por encima de todo, sobrevivir sin volverse loco.

Como decía antes, es curioso comprobar cómo estas cuatro historias reflejan no solo las narrativas de cada director, sino también la capacidad de convocatoria y atractivo de cada una de ellas. En efecto, los primeros dos episodios de Four rooms cuentan con algunos nombres conocidos, mientras que los dos siguientes están protagonizados por estrellas de Hollywood. Y eso en un film dirigido por directores en sus inicios por aquel entonces. Claro que la película pudo contar con muchos de ellos porque tanto Rodriguez como Tarantino acababan de terminar dos de sus éxitos más importantes protagonizados, precisamente, por los mismos actores que participan en sus segmentos.

Violencia ‘in crescendo’

En cierto modo, esta película dividida en cuatro partes tiene, además, una división más general en dos fragmentos. Si el primero está marcado por un tono algo monótono, sin grandes sobresaltos y con una visión más bien artesanal, el segundo peca precisamente de los contrario, imprimiendo un ritmo enloquecido que aumenta de forma exponencial hasta derivar en una surrealista apuesta que representa, en cierto modo, la vía de escape de un hombre frente a la locura y la sin razón de un mundo plagado de mafiosos, brujas y psicópatas encubiertos. Me refiero al botones, por supuesto. Y si antes decía que tanto Anders como Rockwell imprimen sus estilos personales a sus historias, Rodriguez y Tarantino no se quedan atrás. Es más, al igual que pasó en ese otro experimento titulado Grindhouse (2007), ambos directores dan rienda suelta a sus instintos y a todos los conceptos que les definen.

Bajo el título ‘Los niños malos’ el director de Abierto hasta el amanecer (1996) compone un fresco de lo más salvaje visualmente hablando, a medio camino entre la locura y lo apocalíptico (esa imagen de Roth con una muerta en la cama, los niños a su lado y el fuego de fondo es inimitable) que, curiosamente, comienza de la forma más anodina. Es este el verdadero punto de inflexión del film, aquel en el que adquiere verdadera hilaridad y ácida ironía al tomarse a broma todo lo visto con anterioridad (y lo que se verá con posterioridad). Es aquí también donde el botones protagonista toca fondo, donde el personaje supera con creces todas sus limitaciones morales para encontrarse en medio de una locura sin sentido de la que solo quiere escapar. Me atrevería a decir que ocurre desde el momento en que el personaje de Antonio Banderas (La máscara del zorro), un mafioso, deja a sus hijos, verdaderos diablos, a cargo del botones, quien debe multiplicarse en sus dos funciones.

Evidentemente, el devenir de la historia convierte esas ganas de dejar su trabajo en verdadero instinto de supervivencia, no solo por la presencia de Banderas, una especie de parodia de otros personajes similares, sino porque el hotel se revela en ese momento como una especie de caja de Pandora en el que todos los males se hallan ocultos en los rincones más insospechados. Pero si Rodriguez deja su sello en este fragmento, el corto titulado ‘El hombre de Hollywood’ solo podría estar firmado por Tarantino (quien, por cierto, aprovecha para hacer su habitual cameo). No tanto por la violencia implícita y explícita de lo que en él ocurre, sino por la inteligencia de los diálogos y la determinación a la hora de resolver la secuencia, un ejemplo más de que sus personajes, si bien tienden a ser poco complejos, actúan siempre conforme a su naturaleza, incluso en sus últimas consecuencias. Por no hablar de su apuesta por el plano secuencia, una muestra más de su genialidad.

Four rooms queda en la memoria, por tanto, como un interesante experimento que, como suele ocurrir en estos casos, no logra toda la repercusión que podría obtener. Buena parte se debe al desequilibrio entre los directores, dos de ellos convertidos en referentes de un tipo de cine con el paso de los años y los otros dos reciclados en televisión o en cintas de poca difusión, pero no toda la responsabilidad es de ellos. El propio formato impide que el espectador se identifique completamente con la historia, asistiendo a las desgracias de un botones cuyo techo moral se va resquebrajando hasta desaparecer. Sí, su decadencia, mostrada con un tono irónico y ácido, genera comicidad y lástima a partes iguales, pero no logra conectar. Al final lo que se recuerdan son las historias, y entre ellas las de Rodriguez y Tarantino.

Y el ganador de los Oscar 2013 es… ¡’Argo’!… ¿o ‘La vida de Pi’?


Ang Lee y Ben Affleck, triunfadores de los Oscar 2013.Desde que se dieran a conocer los ganadores de la 85ª edición de los Oscar se ha asegurado por activa y por pasiva que Argo, el film dirigido por Ben Affleck (The Town, ciudad de ladrones) ha sido la gran triunfadora. Bueno, es cierto que se ha llevado premios tan importantes como el de Mejor Película, Mejor Montaje y Mejor Guión Adaptado. Pero eso es todo. Lo cierto es que si hacemos balance de los premiados hay dos cosas seguras. Primero, que La vida de Pi ha sido la que más estatuillas acumula, un total de 4. Y segundo, que el gran damnificado ha vuelto a ser Steven Spielberg, esta vez con Lincoln como trabajo sobre el que centrar el análisis. Como venimos haciendo en Toma Dos desde que empezamos hace ya algo más de un año, vamos a repasar algunos momentos de aquella velada y, sobre todo, algunos de los premios, muchos de ellos previsibles pero no por eso menos interesantes.

Respecto a la gala en sí misma poco más hay que decir que no se haya dicho ya. Hubo pocas sorpresas a excepción de, por ejemplo, la conexión con la Casa Blanca para que la Primera Dama, Michelle Obama, presentara el Oscar a la Mejor Película. Un detalle que evidencia algo que todo el mundo sabe y que confirma lo que ya se vio a lo largo de la ceremonia. Estados Unidos, en esto de programar fiestas y espectáculos, han sido, son y siempre serán únicos, estando a muchos años de distancia del resto de países. Creo que a nadie se le podría imaginar ver a la mujer de un Primer Ministro, de un Jefe de Estado o de un Presidente de Gobierno de un país europeo participando en una gala como la de los César o los Goya, y eso dice mucho no solo del país, sino de la relación que existe entre la industria cinematográfica y el resto de estamentos sociales.

Volviendo a los premios, desde luego la sorpresa la protagonizó Ang Lee, quien se llevó el Oscar al Mejor Director por La vida de Pi. Es un premio justo y más que merecido, pero plantea serias dudas sobre la imagen que tienen en la Academia de Hollywood de Steven Spielberg. He llegado a escuchar que no resultó ganador porque la película tiene una carencia de ritmo que la hace algo pesada por momentos. Personalmente, no creo que vayan por ahí los tiros. Si algo ha demostrado la historia de los Oscar es que no hay director más infravalorado en estos premios que Spielberg. Sus nominaciones son innumerables, pero solo ha logrado dos estatuillas como Mejor Director. Y creo que nadie puede alegar que el realizador de Indiana Jones y la última cruzada sea un director aburrido. Personalmente, y analizando en profundidad el trabajo con los actores y la planificación de ambos films, me quedo con el biopic del presidente norteamericano antes que con la fábula de Lee, pero esto es otra historia.

De ser una de las favoritas, Lincoln ha terminado por ser casi una de las olvidadas. Dos Oscar, uno de ellos para Daniel Day-Lewis (Gangsters de Nueva York), que la sitúan en el mismo nivel que lo último de Quentin TarantinoDjango desencadenado, que como suele ser habitual en su director, logra Mejor Guión Original y el premio para un actor, en este caso Christoph Waltz como secundario. Por cierto, dos de dos para el actor austríaco: dos nominaciones por dos films de Tarantino y dos premios. Desde luego, si existen los actores fetiches, el realizador de Malditos bastardos es un talismán para Waltz.

Los mejores de la historia

Como se puede ver, esta edición de los Oscar ha sido muy repartida. Sin ir más lejos, el film con más estatuillas se ha llevado solo una de las “importantes”, dejando el resto para el apartado técnico, en el que se ha impuesto a auténticos titanes como Los Vengadores en los efectos visuales. Curiosamente, Los miserables ha terminado logrando más premios que algunas de las favoritas. Tres Oscar que premian, de un modo u otro, los dos aspectos más importantes de la película: el sonido y la recreación de la pobreza de la época. Por cierto, que los actores de la película, entre los que estuvo Anne Hathaway antes de ser premiada por Mejor Actriz de Reparto, protagonizaron uno de los momentos más estremecedores de la gala, cuando todos ellos (y cuando digo todos son protagonistas y secundarios) salieron al escenario a cantar diversos fragmentos de la película.

En cualquier caso, lo que sí dejó clara la gala es que, después de 85 años, la Academia de Hollywood ha revelado algunos de los nombres propios más importantes de la historia o, por decirlo de otro modo, algunos de los mejores. Daniel Day-Lewis, que como decíamos más arriba se hizo con el Oscar al Mejor Actor, se convirtió en la noche del domingo 24 de febrero en el primer actor en tener 3 Oscar, el primero por Mi pie izquierdo (1989) y el segundo por Pozos de ambición (2007). Se corona, así, como el mejor actor de todos los tiempos, al menos si se atiende a unos premios que, al menos en parte, se otorgan por motivos que no tienen nada que ver con lo puramente artístico.

Pero no fue el único. Estos Oscar confirmaron también que Disney no tiene rival en el campo de la animación. Bien es cierto que este año competía con Brave (Indomable) en colaboración con Pixar, y con ¡Rompe Ralph!, pero no reside ahí lo más importante. Ahora mismo cualquier película que realicen estos estudios está muy por encima de cualquier otra producción. En algunos casos demasiado. Pero aunque esto pudiera ser más o menos previsible, lo relevante está en las categorías que menos suelen atenderse en este tipo de análisis, en este caso la de Mejor Cortometraje de Animación. The Paperman, pequeña joya proyectada junto a Brave, fue la ganadora de la categoría, confirmando que la compañía del ratón sigue teniendo olfato para apostar por historias no necesariamente en 3D o realizadas por ordenador, pero que comparten entre ellas la grandeza de historias entrañables y realizadas con una clase y una categoría envidiables.

Al final, esta ceremonia de los Oscar ha sido una gala de homenaje al musical. Si el año pasado el protagonista fue el cine y sus orígenes, este año la música ha centrado todos y cada uno de los aspectos de la noche. Desde el discurso inicial del presentador, Seth McFarlane (Ted) hasta el homenaje a los 50 años de James Bond (con el premio a la Mejor Canción para Adele y su Skyfall), pasando por el número musical de Chicago (2002) o la canción de Barbra Streisand The way we weretema central de la película Tal como éramos (1973) que ella protagonizó y que sirvió para ilustrar a los fallecidos durante el último año. Curiosamente, ninguna de las películas más premiadas tiene nada que ver con este género. A continuación tenéis la relación de los ganadores de la 85ª edición de los premios Oscar 2013.

Mejor película: Argo de Ben Affleck.

Mejor director: Ang Lee por La vida de Pi.

Mejor actor principal: Daniel Day Lewis por Lincoln.

Mejor actriz principal: Jennifer Lawrence por El lado bueno de las cosas.

Mejor actriz de reparto: Anne Hathaway por Los miserables.

Mejor actor de reparto: Christoph Waltz por Django desencadenado.

Mejor película de animación: Brave de Mark Andrews.

Mejor película de habla no inglesa: Amour de Michael Haneke.

Mejor guión adaptado: Chris Terrio por Argo.

Mejor guión original: Quentin Tarantino por Django desencadenado.

Mejor documental: Searching for Sugar Man de Malik Bendejelloul.

Mejores efectos visuales: La vida de Pi (Bill Westenhofer, Guillaume Rocheron, Erik-Jan De Boer y Donald R. Elliott).

Mejor fotografía: Claudio Miranda por La vida de Pi.

Mejor montaje: William Goldberg por Argo.

Mejor diseño de producción: Lincoln (Rick Carter y Jim Erickson).

Mejor vestuario: Jacqueline Durran por Anna Karenina.

Mejor maquillaje: Los miserables (Lisa Westcott y Julie Dartnell).

Mejor banda sonora: Mychael Danna por La vida de Pi.

Mejor canción original: Adele por Skyfall.

Mejor mezcla de sonido: Los miserables (Andy Nelson, Mark Paterson y Simon Hayes).

Mejor montaje de sonido: Ex Aequo La noche más oscura (Paul N.J. Ottosson) y Skyfall (Per Hallberg y Karen Baker Landers).

Mejor cortometraje: Curfew de Shaun Christensen.

Mejor corto animado: The Paperman de John Kars.

Mejor corto documental: Inocente de Sean Fine y Andrea Nix.

El miedo que provoca ‘Mamá’ se impone a la chulería de McClane


Los viejos héroes de acción ya no son lo que eran. El pasado fin de semana, que se antojaba interesante con la llegada de La Jungla: Un buen día para morir, no ha deparado finalmente demasiadas sorpresas. De hecho, tal vez la mayor de todas sea que la nueva aventura de John McClane no ha llegado al número uno de la taquilla española, que ha registrado cifras globales similares al fin de semana anterior, principalmente gracias a unos mantenimientos bastante sólidos. En total, 7,1 millones de euros que suponen un 9,5% menos que hace un año, y que confirman a Mamá como el nuevo éxito del cine español de terror.

De hecho, el film sigue ostentando el título de más taquillera gracias a sus 1,65 millones de euros, es decir, un 39% menos. En 10 días supera ya los 5 millones de euros, y a no ser que alguno de los próximos estrenos lo evite (cosa que no parece probable), podría seguir como número uno al menos otra semana más. Por ahora, su techo cabe situarlo entre los 10 y los 15 millones, cifra esta última que podría superar con facilidad si mantiene los datos de estos primeros días. Por su parte, la quinta entrega de Jungla de Cristal se queda en 1,37 millones de euros. Con una distribución de más de unas 460 pantallas, la película deja una media por sala de 2.885 euros. Va a depender mucho del boca a boca de los espectadores, sobre todo del lado masculino, pero no sería extraño que terminara rondando los 5 millones de euros.

En tercera posición encontramos a otra vieja conocida, El lado bueno de las cosas, con 0,84 millones de euros recaudados en los tres días aquí analizados. El dato supone un descenso del 19%, comportamiento muy positivo para esta comedia que, sin duda, está a la espera de ver qué ocurre en la gala de los Oscar. Por ahora suma ya 5,7 millones, y no sería extraño que terminara muy cerca de los 10 millones de euros, si no los supera con el empujón de algún que otro premio. En cuanto al puesto número cuatro, nos encontramos con otro de los estrenos, esta vez el thriller La trama, que recauda en este su primer fin de semana 660.000 euros en 261 salas, lo que arroja una media de más de 2.500 euros. Tiene difícil llegar a los cinco millones de euros al final de su vida comercial, pero el atractivo de su reparto y de su argumento podrían variar su evolución.

En el ecuador de este top 10 nos topamos con Django desencadenado, el western de Quentin Tarantino (Kill Bill, vol. 1) que lleva acumulados ya alrededor de 9 millones de euros, de los que algo más de medio millón corresponden al pasado fin de semana. Dicha cifra supone un 38% menos, y a tenor de la buena acogida que sigue teniendo su tope podría situarse en los 12 o 13 millones de euros. Siguiendo sus pasos encontramos al otro estreno llamativo del fin de semana, Un plan perfecto. La comedia se queda en 365.000 euros obtenidos en 281 pantallas, es decir, un promedio de unos 1.300 euros, lo que no permite augurar un recorrido demasiado largo por la cartelera española. Superar el millón de euros puede ser un buen objetivo a cumplir.

La séptima posición es para Gangster Squad, film que presenta una de las caídas más importantes de este ranking, un 57%. Esto implica que en estos tres días ha recaudado cerca de 300.000 euros, teniendo un total de 1,2 millones de euros. Vista la reacción del público nada hace indicar que llegue a superar los 2 millones, mucho menos que toque los 3 millones de euros al final de su recorrido. La que sí aguanta el tirón semana tras semana es ¡Rompe Ralph!, que a falta de competidores directos reduce sus ingresos un 15%, acumulando ya más de 8,5 millones de euros.

Cierran este top 10 dos veteranas como El vueloLincoln. La primera está próxima a superar los 3 millones de euros, cantidad que se verá reforzada si el film se hace con alguna estatuilla, algo que también beneficiará a la segunda, que superará dentro de poco los 5 millones de euros.

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