‘Rocketman’: Circle of Life


No sé si este es el inicio de una oleada de películas biográficas de grandes iconos de la música. Pero que en tan poco tiempo hayan llegado dos films como Bohemian Rhapsody (2018) y el que ahora nos ocupa sí permite apreciar las diferentes visiones que el cine puede ofrecer sobre una idea base como es el relato de la vida de un artista mundialmente conocido. Y eso sin necesidad de entrar en debates de cuál es mejor (no es ni el momento ni el lugar).

Si hubiera que resumir este Rocketman en una idea, esa es la de musical clásico. La vida de Elton John, histrionismos y excesos aparte, se plantea desde el primer momento como un espectáculo visual en el que el color, la música y los actores juegan un papel imprescindible. Que el protagonista se presente con el vestuario con el que lo hace para, a continuación, retrotraerse a su infancia con un número musical de colores apagados salvo él mismo es toda una declaración de intenciones en la que el director Dexter Fletcher (Amanece en Edimburgo) da una idea de la personalidad que va a tener el film, capaz de narrar más con imágenes que con la música (el abrazo final entre el personaje adulto y el niño explica el sentido de cada minuto de metraje). A partir de ahí, y como si de un largo flashback se tratara, el espectador asiste a un proceso de evolución en el que pocas cosas se dejan a un lado, tanto buenas como malas, lo cual es de agradecer por la aparente sinceridad que demuestra.

Fletcher realiza un trabajo más que notable, tanto por su lenguaje narrativo y su manejo de la cámara como por su trabajo con un reparto en estado de gracia, encabezado por un Taron Egerton (Eddie el Águila) que no solo interpreta, sino que asume absolutamente cada aspecto del artista, transformándose tanto física como emocional y sonoramente. Pero no es el único. Cada uno de los actores, en mayor o menor medida, se sumerge en este viaje aportando más matices a sus personajes, enriqueciéndolos para acentuar el drama de esta historia que, todo sea dicho, también tiene ciertos momentos irregulares. Posiblemente el mayor ‘pero’ que se le pueda poner es una cierta falta de concreción temporal. Las transiciones de años que se producen en el metraje, exquisitamente ejecutadas, pueden llegar a desubicar al espectador en el paso del tiempo, y eso unido a un cierto abandono en el tratamiento de algunos secundarios puede generar una pérdida de ritmo, aunque no influye demasiado en el resultado final.

Un resultado que convierte a Rocketman en un musical ideal para los amantes del género, pero también para aquellos que quieran conocer un poco más la vida de Elton John. Excesos, alcohol, drogas, excentricidades, … La película ofrece todo, y lo hace con la visión de un director con una personalidad arrolladora y de unos actores que ofrecen lo mejor de sí para componer la banda sonora de toda una vida. Y por supuesto, los amantes de su música encontrarán algunos de los temas más conocidos del artista. No todos, que son son muchas décadas sacando discos. Una película entretenida, entrañable, dramática en algunos momentos y visualmente espectacular.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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