‘El gran hotel Budapest’: la fábula de la Europa de entreguerras


Tony Revolori y Ralph Fiennes protagonizan 'El gran hotel Budapest', de Wes Anderson.Si por algo se eleva Wes Anderson (Viaje a Darjeeling) por encima de otros directores es por su visión única capaz de crear universos cromáticos poblados de personajes sencillamente inimitables. Pero eso no le convertiría en el gran director que es; solo en un transgresor realizador con mucha imaginación. Su genio, y tras ver su última película no debería haber mucho reparo en utilizar ese término, reside en las historias que narra y en las innumerables lecturas hipertextuales que ofrecen sus planos y sus diálogos, hilarantes y ácidos como pocos.

Lo que convierte a El gran hotel Budapest en la magnífica obra que es no reside, por tanto, en su cromatismo (perfectamente utilizado para narrar los diferentes espacios temporales que se hallan en el film), sino en el contexto en el que se enmarca esta fábula de amistad, de amor y de suspense. Narrada a modo de capítulos de un libro, cada uno con su carátula correspondiente, la película es una visión irónica y muy interesante del período de entreguerras europeo del siglo XX. Una época en la que la sociedad trataba de evadirse de sus propios problemas (lo que en el fondo representa el hotel) a pesar de que la realidad siempre regresaba para golpear con fuerza (algo representado en la cárcel, los espacios nevados, las extrañas SS, …). Este trasfondo, ocultado bajo capas de color, surrealistas personajes y situaciones irónicas y un tanto absurdas, otorga al conjunto una entereza que va más allá del mero thriller en clave cómica o de la historia de amor de doloroso recuerdo.

Claro que nada de esto sería lo mismo sin, precisamente, esas capas antes mencionadas. Solo hay que echar un vistazo al reparto para comprender que los roles, incluso los más secundarios, poseen una calidad pocas veces en la actualidad. Todos los actores, hasta los que únicamente cuentan con minutos en pantalla, están sublimes. Por supuesto, destaca un Ralph Fiennes (El lector) como maestro de ceremonias que representa con acierto al perfecto caballero cuyas salidas de tono de vez en cuando le hacen más humano que cualquier otro detalle. Pero hay más, mucho más. Adrien Brody (King Kong) se antoja insustituible como el villano de la función; Jeff Goldblum (La mosca) dispone de algunas de las mejores secuencias del film, como es la persecución en el museo, compartida por un inquietante Willem Dafoe (El circo de los extraños); o el desconocido Tony Revolori (El juego perfecto), que hace las veces de contrapartida del personaje de Fiennes, y al que el actor otorga una ligera picardía.

Desde luego, El gran hotel Budapest es un film espléndido. Se le podría achacar algunas irregularidades en su ritmo narrativo, y desde luego su humor no está pensado para todos los gustos. Pero todo en ella, desde la increíble banda sonora hasta algunos hallazgos visuales verdaderamente inolvidables, la convierten en una de las experiencias más enriquecedoras del año. La forma de narrar la llegada del nazismo, la historia de amor que alterna protagonismo con el suspense, o el propio recursos de ser planteado como un cuento le dan al film un aspecto único y distinto (lo que a mucha gente no le gustará, sin duda). Pero bajo todo eso hay mucho que ver, mucho que sentir y mucho que aprender. Y no se consigue todo con un solo visionado.

Nota: 8,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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