‘¡Shazam!’: la fórmula Marvel


La trayectoria de Dc Cómics en el cine no está siendo tan exitosa como la de Marvel, eso es más que evidente. Por muchos motivos que darían para varias páginas de análisis, sus personajes no logran la aceptación de crítica y público que, en general, sí tienen los de la Casa de las Ideas. Tal vez por eso la llegada de este gamberro y paródico superhéroe es un soplo de aire fresco entre la rectitud de Superman y la gravedad de Batman.

Desde luego, ¡Shazam! es diferente a todo lo visto hasta ahora del Universo DC. Fresca, divertida, dinámica, con claras referencias al cine de los años 80 (película Big incluida) y a los superhéroes de esta compañía, la película es entretenimiento puro, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y ante todo, funciona gracias a un guión que nunca llega a tomarse en serio a sí mismo, pero que gracias a eso es capaz de explotar al máximo conceptos como la familia, la fuerza del grupo y el bien contra el mal. Una fórmula simple en su planteamiento y groseramente evidente en su desarrollo que logra su único objetivo: hacer que las más de dos horas de duración se pasen en un suspiro para hacer olvidar malas experiencias previas.

A todo ello contribuyen un Zachary Levi (Spiral) que disfruta con un personaje desenfadado e infantil y un Mark Strong (El caso Sloane) que vuelve a demostrar su calidad como actor incluso en papeles de este tipo. Ellos dos soportan el peso narrativo y dramático de una historia dibujada con trazo grueso pero que no necesita mucho más. El guión, aunque previsible punto por punto y con un humor por momentos ridículo, juega bien los pocos elementos que tiene para convertir la historia, como casi todas las de superhéroes, en una moraleja sobre el poder, la responsabilidad, el amor y la verdadera familia. Como suele ocurrir en estos casos, el arco narrativo no depara giros inesperados (ni se los plantea), aunque tampoco los busca, y apuesta por un diseño visual limpio, simple en su paleta de colores. Dicho en pocas palabras, la cinta logra mucho con lo poco que realmente ofrece.

Y ahí está la magia de ¡Shazam!. Mientras que DC se había afanado hasta ahora por ofrecer un profundo trasfondo dramático de sus personajes (y no había funcionado como cabría esperar), ahora apuesta por la fórmula de Marvel: más entretenimiento, conceptos básicos pero universales y un tono más desenfadado que permite potenciar los momentos dramáticos. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que la cinta dirigida por David F. Sandberg (Nunca apagues la luz) no tenga un mensaje claro y un cierto desarrollo dramático, pero realmente está planteado de forma arquetípica. Esto podría ser algo malo si la película se tomara en serio a sí misma, lo que no es el caso. Esa capacidad de burlarse de su propia entidad y de utilizar el viaje del héroe como excusa para parodiar a otros personajes solo puede entenderse como un acierto, tanto porque hace gala de sus propias limitaciones como porque toca la tecla exacta en todos los espectadores: ¿cómo reaccionaríamos si tuviéramos poderes de la noche a la mañana? Y para esta pregunta no hay edad.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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