‘Malditos vecinos’: la irregular fiesta de la inmadurez


Zac Efron y Seth Rogen, enfrentados en 'Malditos vecinos', de Nicholas Stoller.La comedia norteamericana está evolucionando en una dirección cuanto menos curiosa. Si la llegada de Adam Sandler (El aguador) y compañía dio un inusitado protagonismo al gag escatológico, la presencia de Seth MacFarlane, creador de la serie Padre de familia, ha generado toda una hornada de nuevos cómicos que se definen, entre otras cosas, por alargar los chistes hasta que estos pierden la gracia. Guionistas como Andrew J. Cohen y Brendan O’Brien, autores del libreto del film que nos ocupa, parecen alumnos aventajados de esta doctrina, lo que unido a su inexperiencia en largometrajes les obliga a firmar un relato irregular pero divertido.

Lo cierto es que Malditos vecinos es una película que gustará más o menos en función de la gracia que hagan esos gaga interminables en los que los actores tratan de lucirse sin demasiado éxito. El problema de esta técnica, más allá de gustos personales, es que alarga la trama en demasía, restando ritmo al desarrollo y convirtiendo el film en una sucesión de paradas y acelerones que al final no terminan de encajar como deberían. Secuencias como la de la fiesta de Robert De Niro o la decisión acerca de cómo decir a los miembros de la Hermandad que bajen el volumen son claros ejemplos de que un chiste puede tener gracia una o dos veces, no cinco. Los autores del guión pagan de este modo el ser novatos en esto del largometraje, obligando al film (y por extensión al espectador) a asistir a momentos que terminan por resultar absurdos. Habrá quien encuentre la gracia en este sin sentido y habrá quien ni siquiera se ría.

Esto contrasta, y bastante, con los momentos más divertidos e irónicos de la película, muchos de ellos relacionados con ese conflicto que subyace en todo momento en torno a la madurez y la necesidad de quemar etapas de la vida. Gracias a unos actores notables los personajes, bastante planos por otro lado, adquieren cierta consistencia en momentos como el protagonizado por los airbags o las fiestas organizadas por los universitarios. Gracias a estas escenas el relato logra desprenderse un poco de esa sensación de estar ante algo que no hace más que repetirse, permitiendo al reparto lucirse física e interpretativamente. Lo que implica inevitablemente que se echen en falta más situaciones rocambolescas como estas, pues sin duda el desarrollo dramático habría sido mucho más dinámico.

No es la peor comedia de los últimos tiempos, está claro, pero Malditos vecinos podría haber dado más de sí. Tal vez con algo más de locura en unos personajes constreñidos por diálogos que no van a ninguna parte y con una profundización mayor en el dilema de la madurez el film habría tenido más personalidad. Posiblemente hubiera sido algo más maduro, es cierto, pero su evolución sería más natural y homogénea. Eso, o derivar directamente hacia las últimas consecuencias de esta lucha entre unos jóvenes padres que empiezan en la madurez y un universitario que trata por todos los medios de quedarse anclado en la despreocupación. El caso es que la película se queda en tierra de nadie, y eso es lo más peligroso que puede ocurrirle.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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