‘Assassin’s Creed’: mucho asesino, poco credo


Michael Fassbender protagoniza la adaptación de 'Assassin's Creed'.Las adaptaciones de videojuegos al cine tienen una evidente dificultad añadida respecto de otros elementos culturales como el cómic, las novelas o una serie. La jugabilidad inherente a su condición y la extensión de las historias obligan, por un lado, a situar al espectador en una posición diferente a la del jugador (para empezar, no se implica), y por otro a condensar en un par de horas historias que tienen un desarrollo más extenso. Y en cierto modo eso es lo que le ocurre a la nueva película de Justin Kurzel (Snowtown), o al menos la mayoría de sus problemas derivan de ahí.

Visualmente espectacular, Assassin’s Creed sabe coger la esencia del exitoso videojuego en el que se basa para narrar una historia relativamente propia, con constantes referencias a la saga pero con un desarrollo que se aleja significativamente de la misma. Posiblemente lo más complejo haya sido adaptar el concepto del Animus y la herencia genética a la gran pantalla, y desde luego aquí la cinta logra un éxito rotundo. El modo en que Kurzel logra establecer la conexión entre presente y pasado es magistral, a lo que se suman secuencias de acción brillantes, medidas al milímetro y que son herederas directas del dinamismo y la estética de los juegos creados por Ubisoft.

El problema de la película, y no es menor, es que falla a la hora de adaptar el otro gran componente de la saga. El aspecto filosófico de la misma, con esa lucha entre control y libre albedrío representada por Templarios y Asesinos respectivamente, queda reducido a una suerte de moraleja infantil que hace un flaco favor al desarrollo dramático de la historia y de sus personajes, que cuya evolución, por cierto, es un tanto irregular. En este marco se producen, asimismo, varias incongruencias narrativas, la más curiosa la que tiene que ver con la relación entre estas dos organizaciones: los Templarios tratan de acabar con los Asesinos entrenando a los descendientes directos de estos, quienes por cierto ni siquiera sabían lo que eran. Y para colmo, les tienen a todos encerrados en una sala. Evidentemente, el final es tan previsible que desluce el resto de la trama.

Así pues, Assassin’s Creed se queda a medio camino entre el entretenimiento y una narrativa coherente. Visual y narrativamente compleja, la labor del director y los actores logra que el espectador sea capaz de seguir el desarrollo sin demasiado esfuerzo, logrando algunos momentos sumamente espectaculares. Sin embargo, la cinta cojea a la hora de explicar la relación entre héroes y villanos, entre la luz y la oscuridad, posiblemente por el uso indebido de una filosofía explicada con excesiva simpleza. En cierto modo, es el estigma de este tipo de films. Lograr el equilibrio entre fondo y forma siempre es complicado, y en las primeras entregas de una presumible saga parece algo imposible.

Nota: 6,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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