La sencillez de la obsesión por la guerra de ‘En tierra hostil’


'En tierra hostil' sigue a un equipo militar especializado en desactivar explosivos.Si finalmente los Oscar de 2012 proclaman como Mejor Película La noche más oscura se podría decir que la carrera de Kathryn Bigelow ha dado un giro de 180 grados, convirtiéndose la ex mujer de James Cameron (Mentiras arriesgadas) en una de las directoras más relevantes de los últimos años. Digo esto porque sus dos últimas obras habrán alcanzado ese galardón. Y, curiosamente, ambas abordan una temática bélica, si bien la anterior, En tierra hostil (2008), afronta de forma mucho más cruda y violenta el mundo de la guerra. Con todo, ambas poseen algunos puntos en común, principalmente en el ámbito de la psicología de los personajes principales y la obsesión por un entorno que llega a atrapar de tal forma que todo lo demás llega a carecer de importancia.

No es de extrañar que ambas posean dichos elementos si se tiene en cuenta que el guionista de ambas es Mark Boal, quien ha demostrado tener una tendencia innata a desgranar la psique de los soldados y veteranos de guerra en sus tres únicas historias (la tercera es En el valle de Elah). Tal vez sea por la sobriedad de la narrativa visual de Bigelow o por la fuerza de sus personajes, pero lo cierto es que el trabajo del guionista ha logrado imponerse a la espectacularidad visual, los movimientos de cámara imposibles o la grandiosidad de los ataques aéreos. Y eso, incluso en las escenas más violentas del film sobre un equipo militar especializado en desactivar artefactos explosivos, se nota.

Y se nota principalmente en que lo sobresaliente no son las explosiones, que las hay, ni los tiroteos, que también los hay, sino la tensión emocional y dramática que se desprende de dichas situaciones. Tan solo basta recordar uno de los ataques que recibe el equipo para comprobar que, a diferencia de otros films bélicos, el espectador se siente identificado con los soldados hasta el punto de sufrir la tensión que provoca el miedo a morir. Una tensión, por cierto, generada con acierto por Bigelow a lo largo de todo el film gracias a recursos tan sencillos como colocar la cámara dentro de ese traje asfixiante y claustrofóbico que deben portar los soldados mientras se está desactivando una mina. Sencillo, sí, pero muy eficaz.

Este es, en definitiva, el elemento diferenciador del último cine de la directora de Le llaman Bodhi (1991). En realidad, su lenguaje no ha variado con los años. Se ha depurado, como es lógico, pero no ha evolucionado, como parece haber ocurrido con el de su ex marido, hacia una espectacularidad visual generada más por infografías y movimientos de cámara que por la humildad de contar una historia con elementos tangibles, reales, creíbles. ¿Cuál ha sido entonces la diferencia de ese salto cualitativo? Como decimos, unos guiones que buscan en todo momento el dramatismo personal de cada personaje, centrándose sobre todo en el protagonista.

La adrenalina del combate y la muerte

Antes mencionábamos que si algo comparten La noche más oscura y esta En tierra hostil es su obsesión bélica por lograr un objetivo. Tal vez haya que matizarlo. En la película sobre la captura de Bin Laden el personaje principal se obsesiona con un tema que para Estados Unidos ha supuesto un cambio de mentalidad completo. En cambio, en el film sobre la unidad encargada de desactivar los explosivos la obsesión es más individual, más inherente a un protagonista incapaz de abandonar una vida que le ofrece lo único que le llena: la adrenalina ante la inminente muerte.

Cabe destacar en este aspecto la labor de Jeremy Renner (El legado de Bourne), actor que saltó a la fama a raíz del arriesgado y algo atormentado protagonista del relato. Lo cierto es que su composición del personaje, a medio camino entre la locura, la eficacia y la desesperación es muy destacable. Es gracias a él que algunos de los momentos más sorprendentes del conjunto alcanzan cotas que no quedarían plasmadas de otra forma. Su forma de abordar la desactivación de bombas (muchas veces sin el equipo completo) o la resolución en situaciones de combate adquieren esa tensión de la que antes hablábamos gracias a esa identificación con su propios fantasmas y miedos, labor eminentemente interpretativa.

En tierra hostil no es un film “mayor” dentro del género. Al menos no en su constitución. Con el tiempo puede que adquiera esa categoría, aunque tampoco lo necesita. La película de Kathryn Bigelow es un ejemplo claro de que en el cine siempre habrá un hueco para las producciones más artesanales que apuesten por lo realmente importante en una historia: los personajes. No tendrá grandes efectos visuales, pero tampoco los necesita. Al final, lo importante, lo que interesa y queda en el espectador, es el viaje de ida y vuelta del protagonista, un hombre atormentado que solo es capaz de encontrar paz en el frente de batalla.

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