‘Joker’: todos somos pobres payasos


Comenzaba la década de los años 40 del pasado siglo cuando Batman presentaba el primer número de su propia serie. En aquellas viñetas ya aparecía un villano vinculado irremediablemente al Hombre Murciélago: el Joker. El origen de ambos personajes quedaba intrínsecamente relacionado. Menciono todo esto porque la nueva película de Todd Phillips (Salidos de cuentas) sobre cómo este villano se convierte en lo que todos conocemos tiene un giro dramático final que recupera esa idea que muchas veces se ha planteado sobre el destino entrelazado de héroe y antihéroe.

Pero en realidad eso es solo la guinda del pastel. Lo que Phillips (cuya labor tras las cámaras deja algunos momentos brillantes y sobrecogedores), y sobre todo Joaquin Phoenix (Irrational man), ofrecen en Joker va mucho más allá del cómic. En realidad, es difícil clasificar esta película más allá del drama. El magistral guión ahonda, despacio pero sin pausa, en muchos de los males sociales actuales, en la lucha de clases, en la locura y, finalmente, en las consecuencias de nuestras decisiones, personales y políticas. Lo que comienza siendo simplemente la historia de un pobre hombre marcado por una enfermedad mental bajo control gracias a un sinfín de medicamentos termina derivando en una locura con la guerra de clases como telón de fondo. Resulta fascinante apreciar la deriva que toma el personaje de Phoenix y cómo poco a poco construye esa personalidad que, aunque nada tiene que ver con la batalla que se desata al final, la utiliza en su propio beneficio para lograr esa admiración, ese protagonismo que siempre se le ha negado.

En realidad, la película cuenta con multitud de referentes cinematográficos, lo cual ayuda a profundizar en la mente de este personaje tan complejo e interesante que Phoenix eleva a la categoría de leyenda (sería todo un acierto que dos actores lograran Oscars por este mismo personaje). A través de giros argumentales perfectamente estudiados el guión construye un descenso a los infiernos de la mente de un hombre al tiempo que vincula irremediablemente el destino de este Joker con la familia Wayne. Este es, sin duda, otro de los aciertos del film: aunque el trasfondo del cómic siempre está presente, en realidad la historia va más allá de las viñetas. Y como muchas buenas historias, todo se construye más con el relato (algo muy de moda hoy en día) que con la verdad. El primer punto de giro se plantea como algo casi fortuito, defensivo, casi hasta patético. Pero es a partir de ese punto cuando se empieza a edificar todo un entramado en el que la realidad y la ficción se mezclan en la pantalla como una proyección de la mente del protagonista, llevando al espectador por un viaje tan apasionante como inquietante. Una evolución dramática que va de la mano con la evolución del personaje, que pasa de ser un hombre timorato, asustadizo y triste a una figura con tanta seguridad que es capaz de confesar y cometer lo que comete al final del film.

Desde luego, la película es inquietante. La risa histérica que logra Phoenix, con la que en cierto modo se abre y se cierra Joker, acompaña al espectador como la banda sonora de esta locura con crítica social, trasfondo dramático y una lucha de clases que, como no podía ser de otro modo, no viene motivada por este Payaso, sino por el modo en que los ricos tratan a las clases más desfavorecidas (el desprecio de Wayne a las clases pobres llamándoles payasos es el mejor ejemplo). Todo ello compone un complejo mosaico que invita a revisionar el film una y otra vez en busca de referencias cinematográficas, de conceptos morales y sociales y, sobre todo, de esa magistral actuación. Y aquí vuelvo al comienzo. Phoenix hace suyos los papeles de los dos Joker cinematográficos previos para unirlos en uno solo, tanto visualmente como dramáticamente, fusionando en este definitivo rol ambos conceptos de villano. Que estamos ante una gran película es algo incuestionable a tenor de todas las ramificaciones, interpretaciones y lecturas que ofrece esta historia. Pero es que posiblemente estemos ante una de las mejores películas del año.

Nota: 9/10

Phoenix se convierte en ‘Joker’ ante Garci y Sánchez Arévalo


El mes de octubre no podría arrancar de mejor manera en lo que a cine se refiere. Tras cosechar numerosas críticas y empezar a apuntar alto en los principales premios cinematográficos, llega a las carteleras españolas un film que, sin duda, va a ser uno de los estrenos del año. No lo hace solo, pues este viernes día 4 también es el regreso de nombres propios del cine español.

Sin duda el título de la semana es Joker, cinta acerca del origen del archienemigo de Batman que va más allá del propio universo del cómic para convertirse en todo un retrato de la sociedad actual. Dirigido por Todd Phillips (R3sacón), este drama con toques de thriller sigue la vida de un hombre derribado por la sociedad e incapaz de salir adelante. Será entonces cuando se convierta en el personaje conocido como el Joker, desatando una locura que contará cada vez con más seguidores. La película, que cuenta con capital estadounidense y canadiense, está protagonizada por Joaquin Phoenix (Los hermanos Sisters), Robert De Niro (Joy), Zazie Beetz (Deadpool 2), Frances Conroy (serie American Horror Story: Apocalypse), Marc Maron (Mike y Dave buscan rollo serio), Shea Whigham (El vicio del poder) y Brett Cullen (serie True Detective).

Este es el único estreno procedente de Estados Unidos. En lo que a Europa se refiere destaca El crack cero, thriller español que supone el regreso de José Luis Garci tras Holmes & Watson. Madrid days (2012). La trama, al más puro estilo del cine negro, se sitúa seis meses después del suicidio de un afamado sastre. Una misteriosa mujer visita a un detective privado para que investigue lo ocurrido, pues está convencida de que el hombre, que era su amante, fue asesinado. El investigador poco a poco irá descubriendo que existe más de un sospechoso, y más de una motivación para matar a un sastre. El reparto está encabezado por Carlos Santos (El hombre de las mil caras), Miguel Ángel Muñoz (Al final todos mueren), Patricia Vico (El aviso), Luisa Gavasa (El árbol de la sangre), Pedro Casablanc (Dolor y gloria), Belén López (La sal de la vida), Macarena Gómez (Musarañas), Cayetana Guillén Cuervo (Una pistola en cada mano), Paula Echevarría (serie Velvet) y Ramón Langa (Aún hay tiempo).

También regresa este viernes Daniel Sánchez Arévalo (La gran familia española) con Diecisiete, drama español que tiene como protagonista a un joven interno en un centro de menores que participa en una terapia de reinserción con perros. Allí establece un vínculo con un animal, pero cuando el perro finalmente es adoptado el joven, lejos de alegrarse, decide escaparse para buscarlo. Comienza así un viaje en el que participarán su hermanos mayor, su abuela, dos perros, una vaca y otros animales. Entre los principales actores encontramos a Biel Montoro (Blue Rai), Nacho Sánchez, Íñigo Aranburu (El guardián invisible), Kandido Uranga (70 binladens), Itsaso Arana (Acantilado) y Carolina Clemente (Implosión).

Francia y Bélgica colaboran en Una pequeña mentira, adaptación del cómic creado por Artur Laperla y Mario Torrecillas que narra la vida de un niño que trata por todos los medios de levantar el ánimo de su padre. Su gran oportunidad se presentará cuando un importante club de fútbol inglés se interese por el pequeño. Sin embargo, su baja estatura provoca que finalmente sea rechazado. Para no dar una mala noticia a su padre cometerá una pequeña mentira que, poco a poco, ser irá haciendo cada vez más grande. Julien Rappeneau (Rosalie Blum) se pone tras las cámaras de este drama protagonizado por François Damiens (Están por todas partes), Maleaume Paquin (Rémi: Una vida extraordinaria), Ludivine Sagnier (El amor está en el aire), André Dussollier (Le grand jeu) y Laetitia Dosch (Gaspard at the wedding).

Otro de los estrenos europeos es La directora de orquesta, drama biográfico de 2018 escrito y dirigido por Maria Peters (Sonny boy) que aborda la vida de Antonia Brico, joven que sueña con convertirse en directora de orquesta en los años 50. Dado que nadie parece tomarla en serio por ser una mujer, decide enfrentarse al mundo y presentarse a un examen de ingreso en la Orquesta Filarmónica de Berlín. Sus planes se verán trastocados cuando aparezca el amor de su vida y tenga que elegir entre él y sus sueños. Christanne de Brujin, Benjamin Wainwright (Historia de una pasión), Scott Turner Schofield (serie Belleza y poder), Seumas F. Sargent (The philosopher king) y Annet Malherbe (Lucia de B.) son los protagonistas de esta producción de los Países Bajos.

Con algo de retraso nos llega Cuernavaca, producción mexicana de 2017 que, en clave dramática, arranca cuando el mundo de un niño cambia por completo tras el accidente de su madre. Sin nadie que le cuide, es llevado con su abuela paterna en una casa en la que no es querido y en la que tendrá que enfrentarse al rechazo, al seductor y peligroso mundo del hijo del jardinero y a la búsqueda de su padre. La cinta es el debut en el largometraje de ficción de Alejandro Andrade, que escribe y dirige esta historia protagonizada por Carmen Maura (El futuro ya no es lo que era), Emilio Puente, Moisés Arizmendi (Los presentes), Mariana Gajá (Como te ves, me vi) y Diego Álvarez García.

Pasamos a los estrenos de animación, entre los que destaca Tabaluga y la princesa de hielo, film alemán de 2018 dirigido por Sven Unterwaldt Jr. (Otto’s eleven) y que adapta la famosa serie de televisión. La trama tiene como protagonista a un pequeño dragón que conoce a una hermosa princesa de hielo con la que surge algo más que amistad. Juntos deberán embarcarse en la aventura más grande de sus vidas para hacer frente al malvado Hombre de las Nieves. Entre las voces originales encontramos las de Kristin Fairlie (Moon point), Wincent Weiss, Michael Herbig (Cuatro contra el banco), Heinz Hoenig (Radio Heimat) e Yvonne Catterfeld (La familia von Trapp).

También de 2018, aunque esta vez con origen pakistaní, es El rey burro, fábula que arranca cuando el Rey León, monarca de la jungla, decide jubilarse. Para que su sucesor tenga credibilidad, decide convocar elecciones. Un humilde burro lavandero termina siendo candidato contra el sucesor legítimo del rey. Pero lo que nadie sabe, ni siquiera el burro, es que todo forma parte de un macabro plan de la consejera del Rey León para destronarle y hacerse con la corona. Esta ópera prima de Aziz Jindani cuenta con las voces de Afzal Khan (Moosa khan), Shafaat Ali (Parwaaz Hai Junoon), Hina Dilpazir (Saat Din Mohabbat In), Vasay Chaudhry (Armaan), Adeel Hashmi (Bachaana) y Shabbir Jan (Kanebaaz), entre otros.

Para finalizar este repaso, dos documentales. Amazing Grace es el título de una producción estadounidense de 2018 que aborda el concierto que Aretha Franklin dio en la Iglesia Bautista Misionera New Temple en Watts, Los Ángeles, en 1972. Dos días de conciertos que se convirtieron en el álbum más vendido de la artista y que fueron filmados por un equipo de rodaje encabezado por Sydney Pollack (La intérprete). El material, sin embargo, nunca vio la luz, y tras la muerte del director el productor Alan Elliott ha retomado el trabajo para convertirlo en un film dirigido a cuatro manos.

Por otro lado, Varados es el nuevo trabajo escrito y dirigido por Helena Taberna (Acantilado). Este film con capital español se acerca al día a día de los refugiados de larga duración en edificios en Atenas o en campos de refugiados, donde estos hombres y mujeres esperan una documentación que les permita continuar con sus vidas, viviendo mientras tanto en una situación precaria.

‘Gotham’ llega a un final caótico en su quinta temporada


En este fenómeno superheroico en el que vivimos las nuevas producciones tratan de ofrecer algo diferente, ya sea en el tratamiento de los personajes, en la estética o en el apartado visual. Bajo esta idea nació hace cinco años Gotham, serie que buscaba narrar los orígenes de Batman a través de la figura del Comisario Gordon, uno de los secundarios más importantes e icónicos del universo del Caballero Oscuro. Pero lo que comenzó con esta idea pronto derivó en algo notablemente diferente, hasta el punto de ser una reinterpretación de los cómics en formato más… digamos adolescente. Y fruto de eso es esta quinta y última temporada, entregada por completo al caos y la destrucción para tratar de justificar y, ante todo, encajar el diferente desarrollo de los personajes con el inicio de las aventuras de Bruce Wayne como el Hombre Murciélago.

La labor de Bruno Heller (serie Roma) como creador, y del resto de guionistas y responsables de la serie, queda completamente difuminada en el intento de encajar más villanos en una trama que ya no daba mucho más de sí. La falta de objetivo claro se apreció ya en el tratamiento de un enemigo tan importante como el Joker durante la temporada pasada, con algunos Deus ex machina que no encajaban con el desarrollo hasta ese momento. Ahora el descontrol se extiende a otros personajes, haciendo que algunos de ellos queden completamente caricaturizados, que otros desaparezcan por necesidades dramáticas y que otros, simplemente, experimenten giros argumentales cogidos con pinzas. El motivo de esto no es otro que la necesidad de contar mucho en muy poco tiempo. Los 12 episodios de esta etapa, casi la mitad de lo habitual, y la complejidad de la historia que se presenta obligan a tomar decisiones un tanto cuestionables, llevando a los personajes a un límite dramático con poca coherencia. Y no digo con esto que la serie haya sido un alarde de sentido común, pero si por algo se ha caracterizado siempre ha sido por unos personajes bien construidos.

Nada de esto significa que Gotham pierda ritmo, más bien al contrario. Su frenético desarrollo imprime al conjunto una dinámica única pocas veces vista en la serie. Por decirlo de otro modo, es el clímax de cualquier historia. Sus secuencias de acción, ese planteamiento de gran flashback respecto de un punto de partida ya de por sí impactante, y ese episodio final con Batman haciendo acto de presencia son algunos de los elementos que denotan que estamos en la recta final de la historia. Y sí, resulta muy entretenido, pero única y exclusivamente si no se reflexiona sobre lo que ha llevado a los personajes hasta esa situación. De hacerlo, es fácil encontrar no pocas incongruencias y situaciones encajadas a la fuerza para tratar de que el final (que es también el comienzo de la leyenda del superhéroe) pueda justificar, de algún modo, las historias más conocidas de Batman.

En este proceso de simplificación final sin duda los mayores perjudicados son los villanos que, para qué negarlo, han sido el alma de la serie durante varias temporadas. Papeles como el de Robin Lord Taylor (En el frío de la noche) o Cory Michael Smith (First Man) quedan reducidos a una caricatura de lo que eran; el rol de Erin Richards (El estigma del mal) evoluciona de un modo que parece casi imposible. Y no hablemos de lo que ocurre con el Joker, que comenzó sus andanzas como un grandísimo y psicópata villano, cambió de rumbo con el cambio de hermano y ha terminado siendo una extraña criatura a medio camino de ninguna parte, tratando de justificar así, en teoría, la dualidad y la psicopatía del principal archienemigo del Caballero Oscuro. A todo ello se suman dos nuevos villanos, el motor de esta temporada que, sin embargo, son dibujados de un modo algo simple, motivados únicamente por una sed de venganza tan básica como directamente resuelta.

Una nueva Gotham

Lo cierto es que todo ello compone una nueva Gotham, tanto en el concepto de serie como en la propia ciudad en sí. Quizá por ello el objetivo último de esta quinta temporada haya sido la destrucción de los edificios como símbolo de una ruptura con el pasado, con todo lo que se había construido hasta ese momento narrativa y conceptualmente. En este sentido, esta conclusión de 12 capítulos (bueno, en realidad es más bien 11+1) se puede interpretar como un apéndice para cerrar algunas tramas secundarias, dejar abiertas para el futuro otras tantas y, sobre todo, dar pie a la transformación definitiva del protagonista interpretado por David Mazouz (serie Touch), quien por cierto ha alcanzado la mayoría de edad mientras se emitía esta última etapa.

Pero esta interpretación no puede obviar el hecho de que todos los acontecimientos se han precipitado. La evolución de los villanos ha sido, como explicaba anteriormente, excesivamente acelerada, tanto para los ya conocidos como para los nuevos. Eso por no hablar de algunos giros de guión tan forzados que cuesta mucho aceptarlos, no digamos ya encajarlos dentro de la narrativa de un modo natural y orgánico. Y en esta sucesión de tropiezos dramáticos de la serie se encuentra también el final del que, en teoría, tendría que haber sido el protagonista. El personaje de Jim Gordon ha quedado relegado por completo a una suerte de vehículo narrativo para contar el proceso de madurez de Bruce Wayne, amén de ser el nexo de unión entre secundarios mucho más interesantes que él. En esta última etapa adquiere algo más de protagonismo, es cierto, retomando el rol que se le presumió en sus orígenes.

Posiblemente lo más interesante de la temporada, con sus aciertos y sus fallos, sea el episodio final, que se aleja sensiblemente del espíritu de la serie para sumergirse en el lenguaje narrativo propio de Batman, evitando mostrar al personaje en todo momento salvo ese último plano con el que la serie conecta con el universo del superhéroe. Un capítulo en el que se sientan las bases de las relaciones que los aficionados ya conocen y que, en mayor o menor medida, habían sido modificadas para desarrollar las historias de la serie. Y aunque esta conclusión pueda ser, objetivamente hablando, sumamente interesante, su encaje en la serie queda un poco en entredicho. El problema no es tanto de lo narrado en esos últimos minutos, sino de la evolución de las tramas, que parecen haber crecido sin el necesario control para ajustarse a ese final que, en mayor o menor medida, estaba previsto. Posiblemente si esta temporada hubiera durado algo más ese ajuste entre desarrollo y final habría sido mayor.

En cualquier caso, Gotham es una serie diferente, con una extraordinaria estética que bebe de las influencias de cómic y películas y con un diseño de personajes, sobre todo villanos, más que notable. El problema que ha tenido toda esta ficción ha sido el camino seguido por las historias, tanto principales como secundarias, sobre todo a partir de la tercera temporada. Es algo que ha tenido su cúlmen en esta quinta y última etapa, en la que la falta de tiempo narrativo y la poco coherencia de la trama han obligado a precipitar los acontecimientos sin dotarlos de evolución interna, lo que termina generando un cierto caos que, aunque ayuda en cierto modo al sentido final de la temporada (con esa especie de guerra en las calles de la ciudad), no hace justicia al resto de la producción. Eso sí, se agradece el esfuerzo para encajar todo lo narrado con el origen de Batman en ese último episodio.

La 3ª T. de ‘Gotham’ consolida a sus villanos para crear a Batman


Hay una ley no escrita que establece que toda buena película debe tener un extraordinario villano. Evidentemente, no todas las grandes historias cuentan con grandes villanos… o con villanos propiamente dichos. Pero desde luego, un gran villano sí eleva de categoría cualquier historia. Y partiendo de esa base, la tercera temporada de Gotham ha optado por hacer avanzar la trama a pasos bastante agigantados para confirmar el giro dramático que está dando la serie y convertirla en una historia de superhéroes más que detectivesca. Para ello se ha apoyado en su cartera de villanos, dotándoles de una mayor entidad y aprovechando eso para desarrollar, a su vez, a un joven Bruce Wayne magníficamente interpretado por David Mazouz (serie Touch).

En efecto, estos 22 episodios de la serie creada por Bruno Heller (serie Roma) ahonda notablemente en la personalidad de todos y cada uno de los villanos que a lo largo de los episodios anteriores han ido apareciendo en la trama, amén de incorporar otros nuevos. Con más o menos acierto según sea el caso, el resultado final es que la complejidad que han adquirido no solo estos antagonistas, sino también su forma de relacionarse con el resto de personajes, hacen que la serie haya dejado de ser una original producción policíaca ambientada en la ciudad que da nombre a la ficción para convertirse en un mosaico criminal de intereses contrapuestos, de motivaciones enriquecidas por el odio, la venganza y el poder. Todo eso convierte a Gotham en esa ciudad del crimen que necesita de un salvador, de un héroe al margen de una limitada ley que no puede hacer frente a todas esas amenazas.

Se puede decir, en este sentido, que Gotham (la serie) empieza a ser realmente Gotham (la ciudad). Más allá de la impecable ambientación, el escenario en el que se desarrollan todas las tramas toma forma y se prepara para recibir al caballero oscuro, que en cierto modo hace acto de presencia en el plano final de esta tercera temporada. Y todo ello, como decimos, es gracias precisamente a que los villanos comienzan a tomar conciencia de sí mismos, a dejar de ser meros secundarios para dar un paso al frente y ser protagonistas de historias que no solo discurren paralelas a la principal, sino que influyen de un modo más o menos notable en la misma. A pesar de los errores, que los tiene principalmente en la construcción de algunas tramas, el resultado final es el de una composición de intereses, antagonistas, violencia y caos que resulta de lo más sugerente. Y ante esa amenaza, apenas dos nombres.

El arco argumental del detective Gordon, interpretado de nuevo por Ben McKenzie (El marido de mi hermana), ha ido perdiendo interés en favor no solo de los villanos, sino del propio Mazouz y su viaje para encontrar a Batman. A pesar de seguir llevando sobre sus hombros el principal peso de la historia, su personaje en esta etapa realiza un recorrido cuanto menos cuestionable, que le hace ser detective privado, policía, infiltrado en una organización secreta, superar una droga que nadie más es capaz de controlar y salvar una ciudad. El hecho de que su trayectoria de redención no le convierta en el principal atractivo de la serie debería ser argumento suficiente para comprender que no está funcionando, que se está convirtiendo en un secundario, en un nexo de unión entre otras historias más interesantes. Si a esto añadimos el espléndido crecimiento del personaje de Bruce Wayne, con un prometedor futuro por delante como auténtico protagonista, lo que tenemos es un cambio de foco dramático sabiamente elaborado y disimulado con un contexto cada vez mejor.

Porque sí, porque hay que hacerlo

Todo ello no impide, sin embargo, que esta tercera temporada de Gotham no presente algunos puntos débiles. Y como es lógico, si son los villanos los que más crecen en esta serie, también son ellos los que registran algunas de las mayores flaquezas. Los problemas de estos últimos episodios podrían resumirse en un Deus ex machina constante a lo largo de la trama, si bien en esta ocasión ni hay un dios ni hay una máquina. Es más bien, el poder puntual de la ciencia. Eso y las conspiraciones que se desarrollan a lo largo del arco argumental. Pero vayamos por partes. Los aspectos más “mundanos” de la serie, aunque estructurados correctamente (lo que da facilidades para el desarrollo de personajes), han necesitado en no pocas ocasiones de giros argumentales cuanto menos cuestionables. No por su falta de coherencia; no por ser algo inconexo con el resto de la historia. Más bien, porque se han forzado situaciones que para crear conflictos que de otro modo habrían sido difíciles de explicar.

Desde el hecho de que el personaje de McKenzie sea capaz de vencer una droga que ningún otro personaje es capaz de controlar, hasta el camino oscuro que emprende el joven Bruce Wayne, las tramas han tenido un recorrido algo accidentado. Cabe pensar que en algunos casos, como el de esa especie de conspiración para acabar con la ciudad y utilizar el rol de Mazouz como arma, las incógnitas se resolverán poco a poco en los siguientes episodios de la cuarta temporada. Pero otros casos son más llamativos. La incorporación de nuevos secundarios cuya única función es la de ser detonante de un elemento desequilibrante en la historia es alarmante, lo que genera un doble problema. Por un lado, la proliferación de personajes relativamente insustanciales complica la posibilidad de estar atentos a todas las ramificaciones que posteriormente se desarrollan. Y por otro, su presencia resta tiempo y espacio al desarrollo de otras tramas, lo que obliga a condensar motivaciones, decisiones y acciones en un periodo más corto, derivando en esa sensación de que en los arcos argumentales hay momentos en los que todo ocurre casi “porque sí”.

Aunque no cabe duda de que uno de los casos más sonados es el de Ivy Pepper, que ya va camino de convertirse en Poison Ivy. Y en esta ocasión sí que es la ciencia la que tiene mucho que ver con esa idea de que todo ocurre “porque tiene que ser así”. Ya sea por cuestiones narrativas, ya sea por cuestiones dramáticas, el cambio de actriz, crecimiento del personaje incluido, genera más dudas que certezas. Partiendo de la base de que se produce casi por un accidente científico, queda plantearse porqué logra los poderes y conocimientos sobre plantas que logra, amén de los motivos para ese crecimiento en cuestión de segundos del personaje, que ahora está interpretado por Maggie Geha (¿Cómo se escribe amor?). En efecto, y según lo visto en esta tercera temporada, parece que hay dos motivos para esta evolución. Por un lado, dramático: el personaje no se estaba desarrollando adecuadamente y era necesario explicar sus poderes. Por otro, narrativo: es necesario sumar a un villano de esta categoría al plantel de adultos de la trama y darle un mayor protagonismo del que tenía hasta ahora.

El problema es el modo en que se ha hecho. Y eso se puede aplicar a muchos aspectos de la tercera temporada de Gotham. Es cierto que son aspectos secundarios, al menos respecto al desarrollo principal y al modo en que ha terminado esta etapa, pero sí desvelan algo arriesgado: el uso de recursos poco o nada narrativos que no tienen justificación alguna en el resto de las tramas. A priori no debería de ser motivo de alarma teniendo en cuenta la sólida construcción de los principales personajes, sean héroes o villanos, pero el hecho de que el rol de McKenzie haya perdido parte de su interés y que se estén introduciendo más y más villanos invita a pensar que esos detalles secundarios podrían adquirir la categoría de relevantes. Por suerte Batman también está empezando a hacer acto de presencia, y si eso se trabaja como hasta ahora, es garantía de éxito.

 

‘Batman: La LEGO película’: apuesta siempre al negro


Batman deberá recurrir a sus amigos para vencer en 'Batman: La LEGO película'.El estreno hace unos años de La LEGO película (2014) fue una sorpresa para propios y extraños. No solo por la animación, sino por el mensaje que lanzaba a los más pequeños y, sobre todo, por un giro final tan original como significativo. Y puestos a explotar este mundo de construcción, qué mejor que hacerlo con la versión de uno de los mayores superhéroes del cómic cuya presencia en el cine ha sido, además, habitual en los últimos años. La pregunta es si es algo diferente o simplemente más de lo mismo.

La respuesta es un poco de ambas. Desde un punto de vista narrativo, la historia es un viaje por el trasfondo del personaje de DC Cómics a lo largo de los años, pero también por el cine (puede que los más pequeños no entiendan alguna referencia). Momentos como ese repaso a las versiones cinematográficas y televisivas del hombre murciélago, la introducción de fotogramas de algunas películas o la presencia de personajes de referentes del cine como King Kong, Harry Potter o El Señor de los Anillos convierten a esta cinta en algo más que otra simple historia de superhéroes en la que el héroe termina derrotando al villano. Su capacidad de combinar historias, personajes y referentes otorga al conjunto una versatilidad única que impide que el ritmo decaiga, al menos no demasiado, durante sus 105 minutos.

Ahora bien, el trasfondo, el mensaje que proyecta, es similar al que ya lanzó su predecesora, y aunque es evidente que el diseño tiene que ser necesariamente igual, su director Chris McKay recurre a herramientas, gags y tópicos que no solo se utilizaron en la anterior película de LEGO, sino en muchas otras historias. Esto no es necesariamente un problema, sobre todo para los más jóvenes de las salas de cine, pero sí puede afectar en cierto modo al interés que suscita, amén de perjudicar al ritmo en muchos momentos del film. Es de agradecer, sin embargo, que incluso con esos estereotipos la cinta es capaz de reírse de sí misma y burlarse de sus propias limitaciones, lo cual es buen síntoma.

Desde luego, Batman: La LEGO película no es mejor que la anterior cinta de este mundo de construcción, entre otras cosas porque la película ha perdido el factor sorpresa. Pero tampoco es peor, ni mucho menos. A pesar de jugar con conceptos similares y de recurrir en muchos casos a un humor parecido, tiene una narrativa tan dinámica, con tantas referencias, que hace las delicias de cualquier fan del personaje, e incluso de aquellos que sencillamente conozcan por encima su historia. Amistad, familia, diversión y humor unen a héroes y villanos en este Gotham City de piezas y bloques, por lo que, en efecto, si hay que apostar por algo en este film, es por el negro.

Nota: 6,5/10

‘Escuadrón Suicida’, unos buenos malos… ¿o eran malos buenos?


Will Smith y Margot Robbie lideran el 'Escuadrón Suicida' de David Ayer.A tenor de las críticas recibidas, debo de ser de los pocos que defienden Escuadrón Suicida. Y la verdad es que no me arrepiento. Argumentos a su favor tiene, como también los tiene en su contra. Vamos, lo que le viene a pasar al 80% de las películas, y lo que prácticamente ocurre en todas las cintas de superhéroes. El problema, o al menos uno de los más importantes, de la cinta de David Ayer (Corazones de acero), no radica en la propia historia, sino en algo que va más allá de la película, y que tiene un nombre: DC Cómics. La reciente obsesión por juntar en pantalla a un grupos de personajes conocidos por los amantes de los cómics está llevando a esta compañía a hacer películas irregulares, de difícil narrativa, pero con mucha espectacularidad.

La verdad es que esta película con un plantel de actores más que notable merece un análisis más profundo que el de la mera crítica, de ahí este extenso texto. A David Ayer se le puede acusar de muchas cosas, pero desde luego no de lo principal en cualquier película de superhéroes/supervillanos: entretenimiento. Porque esta reunión de malos no tan malos (hay buenos que son peores) es eso, puro y sencillo entretenimiento. El que quiera buscar algo más puede que lo encuentre, pero saldrá mayormente decepcionado. Y la verdad es que la película no busca nada más. Secuencias brillantemente ejecutadas, un humor algo irregular pero efectivo, sobre todo cuando recae sobre Margot Robbie (La leyenda de Tarzán) y su ya imprescindible Harley Quinn, y algunos diálogos que permiten hacer avanzar la acción son las señas de identidad. Vamos, lo mismo que ocurre en Los Vengadores y cintas similares.

Quizá la mejor defensa para este argumento es que Escuadrón Suicida dura dos horas y apenas se nota, logrando superar los baches propios de la narrativa de forma más o menos solvente. Pero volvamos sobre el reparto, o mejor dicho sobre esa pareja formada por Robbie y Jared Leto (El señor de la guerra), un Joker menos alocado y más psicópata que sin duda eleva el tono del film cada vez que aparece… y se hace poco. Ambos personajes, sin duda los mejor definidos e interpretados, son el mejor ejemplo de cómo los secundarios (o protagonistas con menor peso en la trama) pueden terminar por arrebatar el protagonismo de una historia. Y este sí es un punto débil de la película, que abordaré a continuación.

Pero junto a ellos hay todo un grupo de actores solventes, disfrutando de sus respectivos papeles y demostrando que la película puede funcionar en todos sus aspectos. El desarrollo dramático conseguido por Ayer, aunque claramente diferenciado en dos partes, es lo suficientemente sólido como para componer un mosaico de aventura, acción y humor en el que cada personaje, al menos los principales, está definido no solo por sus motivaciones, sino por su pasado y por su personalidad. Otra cosa es lo que ocurre con el resto de secundarios y lo que cabría esperar de la cinta. En cualquier caso, no se puede negar que esta cinta es una pieza más en la construcción de ese mundo cinematográfico de DC, y personalmente creo que es una pieza interesante y atractiva.

Al humo de las velas

Pero seamos sinceros. Escuadrón Suicida no es una película perfecta. De hecho, posiblemente no sea de las mejores de superhéroes. Y varios son sus problemas, que en principio no afectan al disfrute de estas aventuras, pero que sí pueden resultar determinantes para un tipo de público, sobre todo el más especializado. Para empezar, y como comentaba al inicio, DC Cómics llega tarde. Más bien, llega al humo de las velas a esta especie de fiesta en que se han convertido las películas de superhéroes. Con un tono más oscuro que su eterno rival, Marvel Cómics, la compañía ha querido resumir en un par de películas los años de trabajo en la pantalla grande que lleva su competidora. Y eso pasa factura, en algunos casos más grande que en otros.

En la película que nos ocupa, esto se traduce en una necesidad de presentar a demasiados personajes en una sola historia. Si algo han demostrado este tipo de films es que presentar a más de un personaje en la trama (además del héroe, claro está) tiende a ser un problema narrativo más que evidente. Ha pasado con todos, desde Spider-Man a Batman. Y si eso es así, ¿qué puede ocurrir cuando son 10 los roles a desarrollar? Aunque la opción elegida por Ayer no es la peor de todas, desde luego deja muchas lagunas. Para empezar, divide claramente la historia en dos, impidiendo un desarrollo más o menos profundo de la trama principal y su respectiva amenaza. Además, el director y guionista se ve obligado a desarrollar únicamente a los principales, dejando al resto a su suerte y a tratar de resumir su historia en una sola frase, con suerte en una mínima secuencia. Esta idea, aunque efectiva, termina por desdibujar a este grupo de villanos, convirtiendo a muchos de ellos en arquetipos lineales con poca o ninguna diferencia entre ellos, salvo sus habilidades y su aspecto, claro está.

Y precisamente los villanos es otro punto débil de la cinta. Puede parecer irónico que una cinta que se basa en un grupo de malos tenga como debilidad precisamente eso, pero así es. El problema es la necesaria humanización de los personajes. Todos ellos, sobre todo los principales, deben tener un aspecto con el que se puedan identificar los espectadores. Y esto termina siendo un problema, amén de escoger a actor como Will Smith (La verdad duele), héroe por antonomasia del cine de aventuras moderno, para un asesino a sueldo que parece más una figura paternal para el resto de supervillanos. La película utiliza dos herramientas para esa humanización, a cada cual más peligrosa. Por un lado, convertir a los presuntamente buenos, y en general a todos los que les rodean, en más malos que los propios villanos. Y por otro, demostrar que todos los malos lo que buscan, en realidad, es una vida tranquila, sencilla y en paz.

Eso es algo que no funciona, al menos no como vehículo para demostrar que son villanos sin escrúpulos que pueden lograr la redención con sus buenas acciones por un bien mayor. Y no funciona porque, además de que parecen héroes en lugar de antihéroes, los buenos parecen demasiado inocentes. Algo que representa a la perfección el personaje de Joel Kinnaman (serie House of cards), quien comienza la cinta aparentando un desprecio hacia su escuadrón de villanos y termina por ser amigo de asesinos, psicópatas y monstruos. Y ni siquiera la muerte inicial de un miembro del grupo puede eliminar la sensación de que estos antihéroes son héroes; para eso ya se cuidan mucho de que el único que muere es aquel que no tiene casi ni presentación. El resultado final es que Escuadrón Suicida funciona como película de superhéroes, no de supervillanos obligados a hacer el bien. Funciona por su entretenimiento, aunque falla en algunos aspectos que para muchos pueden ser fundamentales. Ahora bien, se disfruta mucho, tanto de la acción como del humor, de su banda sonora y de la locura que imprimen al conjunto Leto y Robbie. Al final, como todo, la película funciona porque se encuentra en un punto intermedio. Y puede que ese sea el problema.

Los arquetípicos personajes del ‘Batman’ más gótico, versión Burton


Estos días es inevitable que nombres como los de Tim Burton, Michael Keaton, Jack Nicholson o Michelle Pfeiffer se pasen por la mente de muchos espectadores. Y es igualmente imposible de evitar que la trilogía sobre Batman dirigida por Christopher Nolan se mida al díptico dirigido por el autor de Ed Wood (1994). La visión del personaje de DC creador por Bob Kane propuesta por ambos artistas es tan diferente que en muchos sentidos podría considerarse opuesta. Y dado que el estreno de El caballero oscuro: La leyenda renace concluye un arco narrativo propio, abordaremos el inicio de la saga cinematográfica de 1989.

Es muy común que cuando un guionista y un dibujante de cómics se encargan de un personaje éste adquiera un estilo diferente, física y emocionalmente hablando. Buena prueba de ello en la serie de Batman es la etapa de Frank Miller (Sin City), en la que por cierto se inspira el último capítulo de Nolan. En cierto sentido, las versiones de este y de Burton representan ese estilo diferente de un personaje extremadamente bien definido en sus motivaciones y su diseño. El superhéroe interpretado por Michael Keaton (por cierto, el mejor Batman hasta la llegada de Christian Bale), si bien mantiene la ira y la venganza de sus padres como leit motiv básico, es mucho más plano, más arquetípico.

En efecto, la labor del vengador en la ciudad de Gotham está motivada únicamente por esa venganza. En ningún momento surgen voces disuasorias en contra de sus acciones dentro de su círculo más intimo (es decir, su mayordomo). El personaje es así un superhombre en todos los sentidos, un ser que no duda de su causa y que cuenta con el apoyo, explícito o implícito, de todos aquellos que conocen su identidad. Esto no implica que sea un mal personaje, ni mucho menos. La labor de Keaton se adapta a los tiempos en los que se realizó, cuando las adaptaciones de cómics estaban enfocadas al mero entretenimiento, dejando para otro momento las diatribas existenciales o los dramas personales.

Sin embargo, no se eliminan del todo. La constante presencia del asesinato en forma de procesión anual con dos rosas en la mano del protagonista refleja un dolor y un anhelo que nunca serán curados por muchos maleantes o villanos que ayude a detener. Teniendo esto en cuenta, la aparición del Joker supone casi un alivio para el alma atormentada, pues más allá de la relación con el crimen, representa el caos absoluto que Batman trata de erradicar.

Más cómica, más gótica, menos romántica

A pesar de que la labor de Heath Ledger en El caballero oscuro (2008) supera en muchos sentidos a la de Jack Nicholson (El resplandor) en este film, no es justo asegurar que un villano es mejor que el otro. Al igual que el conjunto de ambas historias, son diferentes… muy diferentes. Nicholson ejemplifica con precisión la locura más paródica, el payaso del crimen en su definición más fiel al propio sentido de las palabras. Un ser enloquecido por la desfiguración de su rostro que opta por la imagen extravagante antes que por la tétrica.

El Joker de Burton aporta al conjunto ese ápice de cómic que convierte a este clásico en la gran adaptación que es. Su composición del personaje se aleja de la violencia para ofrecer un aspecto más bien inofensivo. No es que no sea amenazante, pero desde luego no resulta tan aterrador como el de la versión de Nolan. En cierto modo, esto genera casi más respeto hacia un villano que puede asesinar simplemente con una rociada de un spray que hace reír hasta el fallo del sistema nervioso. Los vivos colores de su atuendo y su maquillaje contrastan tanto con la imagen de la ciudad que su papel como agente del caos queda patente solo con verle.

Por cierto, que es este elemento, el de la ciudad gótica diseñada por Burton, uno de los mayores aciertos del film. Gotham no puede identificarse con ninguna urbe conocida. Sus edificios, sus calles, sus decoraciones, … todo en ella desprende ese aroma gótico que tan bien ha sabido adoptar el director de La novia cadáver (2005). La ciudad se convierte casi en un personaje más del libreto junto a la música de Danny Elfman, que confirma el carácter algo cómico y en ningún caso terrorífico de la propuesta de Tim Burton.

Toda esta fantasía, empero, rechaza un elemento ligado estrechamente a muchos relatos góticos: el romanticismo. La idea de Batman como figura trágica que propone el autor de Big Fish (2003) no puede tener una debilidad emocional, lo que al final puede suponer una debilidad en el relato. Sí, es cierto que existe un interés amoroso, que el protagonista siempre salva a la chica y que ésta descubre su secreto… pero ahí queda todo. Es más, el propio protagonista rechaza la idea de comprometerse emocionalmente con algo que no sea su venganza, confirmando así esa imagen arquetípica del héroe trágico, solitario y sin fisuras.

Desde luego, las comparaciones son odiosas, pero equiparar dos obras tan diferentes como las de Nolan y las de Burton no sería coherente ni haría justicia a ninguna de ellas. La visión de Burton, quizá más tópica y lineal, define sin embargo todo un mundo que ha perdurado década tras década, que ha influido en el imaginario colectivo y que ha dejado para la historia a uno de los mejores villanos del cine, además de uno de los primeros superhéroes que luchan gracias a su ingenio. Y esto, por mucho que pasen los años o lleguen nuevas versiones, es insustituible.

El caos de un Joker inigualable se apodera de ‘El caballero oscuro’


Hace poco leí que Christopher Nolan, autor de la trilogía sobre Batman que comenzó con Batman Begins en 2005, definía aquella primera entrega con el miedo, mientras que El caballero oscuro (2008) estaba marcada por el caos. No cabe duda de que es así, gracias sobre todo al personaje del malogrado Heath Ledger (10 razones para odiarte), pero la segunda entrega del hombre murciélago va mucho más allá. Su enfoque, el tratamiento de sus personajes y las elaboradas secuencias de acción convierten a esta continuación en una de esas raras ocasiones en que, al menos, se coloca al mismo nivel que su predecesora. En algunos momentos incluso la supera.

Sin duda, uno de los aciertos del film es su independencia narrativa. La historia resulta comprensible tanto si se tiene en mente la primera parte como si no. Es más, puede que resulte mucho más aterradora si se desconoce el origen del personaje. Todo en esta película ha evolucionado, desde el diseño de la ciudad hasta las relaciones entre los personajes, mucho más tensas y erosionadas de lo que estaban en un primer momento. Este elemento, además, confiere al conjunto una imagen mucho más coherente, lógica y próxima al espectador, pues saca del mundo del cómic (y del pedestal) a los protagonistas para ponerlos al nivel social más común, reaccionando como cualquier persona lo haría.

La idea de humanizar a un superhéroe, si bien no es nueva, toma aquí un cariz diferente. Batman no posee superpoderes para hacer y deshacer a su antojo, por lo que todas sus decisiones tienen consecuencias, una de ellas realmente dramática que supone un importante giro en la trama. Por otro lado, es una de las pocas veces en las que el heroísmo se muestra sin máscara y a plena luz, siendo Bruce Wayne el que actúe.

Esto me lleva a otro de los conceptos novedosos del film. Gotham deja de ser una ciudad oscura, sombría y tenebrosa. El terror que implanta el Joker, villano de esta función junto a Dos Caras, en la ciudad no conoce límites ni tiempos. Sus actos, justificados solo por un ansia de ver el terror y el caos en los ojos de la gente, le llevan a atacar allí donde más personas habrá. La ciudad de Batman se convierte así en una urbe más, similar a otras como Nueva York, que se diferencia simplemente por el número de criminales, maníacos y gángsters por metro cuadrado que pueden encontrarse. Una idea que consolida lo ya iniciado en Batman Begins.

Batman es el Joker

Pero si algo define a El caballero oscuro es el villano. La película posee algunas de las mejores secuencias de acción de los últimos años, elaboradas al detalle y aumentando las expectativas a cada plano; la evolución de sus personajes, cada uno con un lado oscuro que lucha por salir, atrapa como si de una red se tratara; la planificación, como no podía ser de otro modo, es sencillamente brillante. Pero todo ello podría quedar incompleto si el villano de turno no estuviera a la altura.

Lo que ocurre con el Joker en este film es algo muy curioso. Su presencia supera a la del propio protagonista en muchos momentos. Más allá de su maquillaje, de su vestuario o de sus cicatrices, es la definición del personaje lo que aterra. Maníaco sin escrúpulos, la interpretación de Ledger (por la que recibió un Oscar a título póstumo) eclipsa casi todos los demás elementos. No es tanto un criminal que guste de juegos y payasadas como podía ser el de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton. Simplemente, es un agente del caos, y eso es lo que más temor despierta.

Este villano es un auténtico sociópata capaz de robar a mafiosos y luego quemar el dinero sólo para hacerse con el control del crimen; capaz de utilizar a un esbirro como bomba humana o de reducir a cenizas un hospital. Cualquier película debería avanzar por la contraposición entre los objetivos de protagonista y antagonista. En esta ocasión, Nolan invierte con maestría la fórmula para situar siempre al héroe un paso por detrás del villano, incapaz de entender una motivación que no posee, en sí misma, motivación alguna.

Puede que el mayor acierto del personaje sea la falta de orígenes. Estamos acostumbrados a que cualquier film de superhéroes narre tanto los orígenes del protagonista como del malo de turno. Y aunque en El caballero oscuro sí se cuenta la evolución hacia el crimen de Dos Caras, interpretado convincentemente por Aaron Eckhart (su maquillaje es perturbador), no lo hace con el Joker, lo que aporta un plus de inquietud al psicópata. En realidad, poco importan ante la fuerza arrolladora tanto de la definición en papel como del trabajo de Ledger.

El final de El caballero oscuro deja abierta una puerta muy interesante que supone un broche de oro a una historia increíblemente compleja y humana. Batman opta por inculparse de un crimen que no ha cometido por salvaguardar la ciudad.; un último acto heroico de un personaje que conoce tanto las emociones encontradas que despierta en la sociedad como la necesidad de la misma de tener un modelo a seguir. Como decía al principio, el caos impera en esta segunda parte, pero es solo un elemento que se suma a la culpa de los personajes, a los giros dramáticos y a la definición de la delgada línea entre el bien y el mal.

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