‘Le Mans ’66’: Dos hombres y su destino


El mundo del motor y la velocidad siempre ha tenido en el cine un romanticismo y un atractivo muy definidos. La rivalidad entre pilotos y compañías, las tensiones en los equipos, la adrenalina de ver el marcador de la velocidad llegar al máximo posible. Todos ellos son elementos que definen a este género. Pero la nueva película de James Mangold (Logan) tiene algo más. Un algo más que se sustenta en un reparto extraordinario.

Porque Le Mans ’66, más que una película de velocidad o la rivalidad de las compañías Ford y Ferrari por ganar las 24 horas de Le Mans, es una historia de dos hombres enfrentándose a todo y a todos para lograr no solo ganar a Ferrari, sino construir el coche más rápido de ese momento. En este sentido, Mangold construye un relato casi épico sustentado en el conflicto entre dos amigos que, a pesar de sus diferencias, se respetan, se aprecian y, sobre todo, se enfrentan juntos a un poder que está por encima de sus posibilidades. Los tira y afloja en su lucha personal trasladados al conflicto con los mandamases representan una de las mejores muestras del delicado equilibrio entre el desarrollo del futuro y el conservadurismo del pasado, pero sobre todo la lucha entre aquellos expertos en un determinado campo y los que tienen otros intereses.

Curiosamente, las carreras no son lo más atractivo del film. Es cierto que son parte fundamental y aportan un añadido muy interesante al conjunto, sobre todo la brutalidad y espectacularidad de algunas de ellas, pero Mangold no apuesta por ellas de una forma evidente. Es más, hay varios momentos de las pruebas deportivas que se narran más como una parte ínfima de esa relación entre los dos protagonistas (inmensos Christian Bale –La gran apuesta– y Matt Damon –Suburbicón-) que como un punto fundamental del relato. Y eso se nota en el lenguaje narrativo, espectacular por necesidad pero no apasionante. Y esto no debería de verse como algo negativo, o al menos no como algo demasiado negativo. La película no es un carrusel de veloces vehículos y motores al máximo, sino, como digo, es la historia de una amistad y de dos hombres queriendo hacer historia.

Dicho de otro modo, Le Mans ’66 no es una historia sobre pilotos. No es un relato sobre una rivalidad sobre una pista y cómo eso se traslada a velocidades de vértigo. Y puede que esto para muchos sea ya una decepción, pero nada más lejos de la realidad. Mangold construye un interesante relato sobre dos hombres que hicieron historia luchando contra la adversidad interpretados por dos actores extraordinarios acompañados de un reparto en estado de gracia. Sí, el film se hace un poco largo en sus dos horas y media. Posiblemente le sobren algunos momentos del metraje, y esto tal vez es lo que no lo convierte en una obra sobresaliente. Pero en todo caso estamos ante una historia que relata la Historia desde un punto de vista diferente, más humano.

Nota: 7,5/10

Bale y Damon compiten en ‘Le Mans ’66’ contra ‘El irlandés’


Noviembre está siendo un mes de muchos, muchísimos estrenos. La cercanía de la época de premios empieza a notarse en la cartelera española, donde a diferencia de la semana pasada, este viernes día 15 llegan varios estrenos llamados a atraer al gran público. Acción, drama, terror y comedia son los principales géneros que llegan a las pantallas, aunque el estreno más importante cuenta con una particularidad adicional.

Y es que El irlandés, la nueva película de Martin Scorsese (Silencio) llega a un puñado de cines de forma limitada, siendo estrenada posteriormente en Netflix. La cinta, basada en la novela de Charles Brandt, se centra en el asesino a sueldo Frank Sheeran, conocido como ‘El irlandés’, quien en su lecho de muerte confesó haber cometido el asesinato no resuelto del líder sindical estadounidense Jimmy Hoffa por encargo de Russell Bufalino, jefe de una familia mafiosa. Este drama biográfico cuenta con un imponente reparto encabezado por Robert De Niro (Joker), Al Pacino (Érase una vez en… Hollywood), Joe Pesci (Love Ranch), Harvey Keitel (The last man), Anna Paquin (El permiso), Bobby Cannavale (Ant-Man y la Avispa), Jesse Plemons (El vicio del poder), Stephen Graham (Rocketman) y Jack Huston (Ben-Hur).

También biográfica, aunque en este caso ambientada en el mundo del motor, es Le Mans ’66, adaptación del libro de A.J. Baime que narra la lucha entre Ford y Ferrari por el Campeonato del Mundo de Le Mans de 1966. La cinta aborda el encargo de Henry Ford II y Lee Iacocca de diseñar y construir desde cero un nuevo automóvil capaz de acabad con el dominio de la casa italiana, y cómo un visionario Carroll Shelby y el conductor británico Ken Miles hicieron historia. Dirigida por James Mangold (Logan), la película está protagonizada por Christian Bale (Hostiles), Matt Damon (Suburbicon), Jon Bernthal (Viudas), Caitriona Balfe (Money monster), Marisa Petroro (Axium effect) y Josh Lucas (Lo que fuimos), entre otros.

La última de las producciones estadounidenses es La casa del terror, cinta escrita y dirigida a cuatro manos por Scott Beck y Bryan Woods (Nightlight) que arranca cuando seis amigos deciden entrar en una casa encantada que les promete experiencias extremas. Según se anuncia, el lugar les enfrentará a sus miedos más profundos. Pero la noche terminará siendo mortal cuando descubran que algunos de esos monstruos son muy reales. Terror, algo de intriga y emociones fuertes es lo que promete esta cinta en cuyo reparto encontramos a Katie Stevens (serie Las farsantes), Will Brittain (Desolate), Lauryn Alisa (serie Step Up: High water), Andrew Caldwell (Don’t sleep), Shazi Raja (Qué fue de Brad) y Schuyler Helford (serie #Cybriety).

Entre los estrenos españoles destaca Madre, el largometraje continuación del corto homónimo nominado al Oscar (la primera secuencia de la película es el propio cortometraje). Dirigida también por Rodrigo Sorogoyen (El reino), esta combinación de drama e intriga arranca cuando una madre recibe una llamada desesperada de su hijo de seis años que le dice que está perdido en una playa de Francia y que no encuentra a su padre. Fue lo último que supo del pequeño, y diez años más tarde la mujer vive en esa misma playa en la que desapareció su hijo. Poco a poco parece que está logrando salir del oscuro abismo en el que se quedó atrapada, pero su vida da un vuelco cuando conoce a un adolescente francés que le recuerda a su hijo. Entre ambos surge una fuerte conexión que terminará sembrando el caos. Marta Nieto (serie Cuéntame cómo pasó), Alex Brendemühl (El creyente), Jules Porier (Marvin ou la belle éducation), Frédéric Pierrot (Llenos de vida), Anne Consigny (Elle), Blanca Apilánez (Requisitos para ser una persona normal) y Raúl Prieto (El desentierro) son los principales actores.

Muy diferente es la comedia Si yo fuera rico, cinta que narra las peripecias de un joven en apuros y en una crisis sentimental que, de la noche a la mañana, se hace exageradamente rico. Pero su situación con su pareja, de la que se está divorciando, le impide contárselo a nadie, ni siquiera a sus amigos, y evitar a toda costa que alguien pueda descubrir su nueva fortuna. Dirigida por Álvaro Fernández Armero (Las ovejas no pierden el tren), esta película con capital español está protagonizada por Álex García (Gernika), Alexandra Jiménez (Superlópez), Adrián Lastra (Toc toc), Diego Martín (Continuer), Bárbara Santa-Cruz (Sin rodeos), Paula Echevarría (Ola de crímenes) y Antonio Resines (La reina de España).

También pertenece a la comedia el tercer estreno español, Turbulencia zombi, film escrito y dirigido por Martín Garrido Ramis (Una función para olvidar), quien se reserva un papel en esta historia que tiene como protagonistas a un grupo de friáis de las películas de zombis que deciden rodar una película de ese género, aunque sin tener ni idea de cómo hacerlo. El reparto se completa con Beatriz Barón (El hijo bastardo de Dios), Alfredo Contreras, Toni Llull y Leyden Lorenzo, entre otros.

España también está presente, junto a Francia y Portugal, en Liberté, drama de corte histórico que transcurre en 1774 entre Potsdam y Berlín. Tres libertinos expulsados de la corte de Luis XVI van en busca del duque de Walchen, un seductor y libre pensador alemán con el objetivo de exportar el libertinaje y convertirlo en una filosofía que rechace la moral y la autoridad. Albert Serra (Roi Soleil) dirige este film en cuyo reparto encontramos a Helmut Berger (Saint Laurent), Theodora Marcadé, Marc Susini (Trois ponts sur la rivière) y Baptiste Pinteaux.

Con capital francés y belga cuenta la comedia Buenos principios, adaptación de la novela de John Fante que dirige y protagoniza Yvan Attal (Una razón brillante), cuyo argumento se centra en un escritor de mediana edad que no ha vuelto a encontrar la inspiración después de escribir un best sellar hace más de 20 años. Él parece hacer responsable a su mujer y sus cuatro hijos de no haber conseguido sus sueños y no haber triunfado, pero de la noche a la mañana su mundo empieza a cambiar: el amor de su mujer flaquea, sus hijos se independizan y aparece de la nada un perro que le ayudará a entender que su mejor historia la ha estado viviendo todos estos años. Además de Attal, el reparto está integrado por Charlotte Gainsbourg (El muñeco de nieve), Pascale Arbillot (¿Dónde estás mamá?), Adèle Wismes (Vivir deprisa, amar despacio) y Sébastien Thiery (Salvoconducto).

Puramente francesa es Rémi: una vida extraordinaria, drama familiar de 2018 que adapta la novela de Hector Malot acerca de un huérfano arrebatado de su madre adoptiva a los 10 años y entregado a un misterioso músico ambulante. Durante esta aventura aprenderá la dura vida del acróbata y a cantar para sobrevivir, y terminará por conocer el secreto de su verdadero origen. Dirigido por Antoine Blossier (Proie), este drama familiar está protagonizado por Daniel Auteuil (Las confesiones), Maleaume Paquin, Virginie Ledoyen (Adiós a la reina), Jonathan Zaccaï (Cerise), Jacques Perrin (El infierno 2005) y Ludivine Sagnier (El Club de la Tristeza).

El último de los estrenos de ficción es La audición, drama con capital francés y alemán dirigido por Ina Weisse (Der architekt) cuya trama tiene como protagonista a una profesora de violín en un instituto de música. La mujer logra la admisión de un chico en el que detecta un notable talento, pero el trabajo con el joven la llevará a distanciarse de su hijo y de su marido. El día del examen parcial del joven los acontecimientos se precipitan con un trágico giro. Nina Hoss (serie Homeland), Simon Abkarian (Cartas a Roxanne), Jens Albinus (Rosita), Ilja Monti y Serafines Mishiev (So fiel Zeit) son los principales actores.

Pasamos ahora a la animación. One Piece: Estampida es el título de la nueva película con los personajes de la famosa serie de anime de Eiichiro Oda. En esta ocasión, la historia transcurre en el Pirates Festival, evento realizado por piratas para los piratas. La tripulación del Sombrero de paja recibe una invitación del anfitrión no solo para acudir, sino para participar en una búsqueda del tesoro en el que participarán multitud de piratas, entre ellos los conocidos como la Peor generación. Takashi Otsuka (Eiga Purikyua ôru sutâzu DX 3: Mirai ni todoke! Sekai o tsunagu nijiiro no hana) dirige esta aventura con capital japonés que cuenta con las voces originales de Ikue Ôtani (Pokémon: Detective Pikachu), Mayumi Tanaka (El bosque del piano), Kappei Yamaguchi (El niño y la bestia), Kazuya Nakai (Godzilla: The planet eater) e Hiroaki Hirata (Maquia. Una historia de amor inmortal), entre otros.

Desde Rusia llega Animales en apuros, cinta animada de 2018 dirigida a cuatro manos por Victor Azeev, quien debuta en el largometraje con este film, y Vasiliy Rovenskiy (Pomnyu – ne pomnyu). El argumento sigue a un castor y un gato que, después de convertirse en mejores amigos, emprenden una misión peligrosa para liberar a sus compañeros animales secuestrados por extraterrestres.

En lo que a documental se refiere, dos son las propuestas. Renacidos: El Padre Pío cambió sus vidas es una producción española que, a través del relato de 25 personas, narra la labor del Padre Pío y cómo cambió la vida de personas cuyos testimonios harán estremecer a los espectadores. José María Zavala (El misterio del Padre Pío) dirige esta propuesta.

También española, aunque de 2018, es Idrissa, crónica de una muerte cualquiera, producción que pone el foco en el caso real de un joven inmigrante africano que murió en 2012 en un Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona. A través de su caso la cinta reconstruye el drama de la realidad de quienes llegan a otro país en busca de un futuro mejor. La película está dirigida por Xavier Artigas y Xapo Ortega (Tarajal).

 

7ª T. de ‘Orange is the new black’, un final adecuado a los personajes


Siete años han pasado desde aquel primer episodio de Orange is the new black. Y pocas series hay que evidencien mejor cómo una historia puede comerse a su protagonista para dar más presencia a unas secundarias con mucho más interés. La serie creada por Jenji Kohan (serie Weeds) ha pasado en este tiempo por muchos altibajos, perdiendo interés en algunas temporadas y recuperándolo en otras tantas. Esta séptima y última tanda de episodios es, posiblemente, el mejor reflejo de esa irregularidad, pero también de cómo algunos personajes han terminado por tener una mayor peso en la trama.

Planteada como una temporada de cierre de arcos dramáticos, los 13 capítulos que conforman este final sitúan al grupo de presas totalmente ramificado, reflejo de la ruptura de unas amistades que se ha ido fraguando a lo largo de todos estos años. Pero también, y esto es posiblemente lo más interesante, ofrecen unas conclusiones adecuadas a cada una de las presas, en algunos casos extremadamente dramáticas. El hecho de que no todas sobrevivan, y de que para algunas el final de la historia sea el momento más trágico de sus vidas, hace que esta conclusión carezca de sentimentalismos baratos o de finales tergiversados para hacer sentir bien al espectador. Más bien al contrario, el tratamiento de algunos de los personajes es extremadamente difícil, evidenciando algo que muchas veces se olvida: que por mucho cariño que se coja a un personaje a pesar de su maldad, su incompetencia o sus tendencias autodestructivas, no deja de tener cualidades negativas.

Bajo esta premisa, Kohan estructura esta séptima etapa de Orange is the new black más como una sinfonía en la que cada instrumento va a su ritmo que como una orquesta bien coordinada. Pero en el caos y la independencia de cada instrumento la música suena bien. ¡Qué digo bien! Suena mejor que muchas temporadas anteriores. Tal vez sea porque es el final; tal vez porque, tras varias decepciones, todo lo que nos cuentan ahora nos parece correcto. Pero tal vez sea porque esta conclusión está bien planteada y estructurada, combinando diferentes historias que poco o nada tienen que ver entre ellas de forma armónica para componer un mosaico aparentemente caótico pero bien calculado. Sin entrar a desvelar demasiados detalles para aquellos que no hayan visto el final cuando lean estas líneas, las conclusiones de los personajes de Kate Mulgrew (Drawing home) y Taryn Manning (La bóveda) son sencillamente perfectos, combinando tanto sus trayectorias durante toda la serie como el impacto de los acontecimientos en sus decisiones. Son los mejores ejemplos de cómo abordar finales adecuados para personajes complejos, por supuesto siempre dentro de las limitaciones que tiene esta serie.

Y curiosamente, la que comenzó como protagonista, Taylor Schilling (The public) es el ejemplo de cómo un personaje puede perder interés hasta niveles inimaginables. No es que su tratamiento no haya sido correcto… o bueno, en parte sí. Pero lo realmente importante es el punto de partida de esta mujer que entra en la cárcel por un error de su pasado. Lo que tendría que haber sido un contraste entre su personalidad y el mundo carcelario ha terminado con este universo devorando por completo al rol de Schilling. Esta última etapa ha querido recuperar ese papel protagonista, aunque sin demasiado éxito, mostrando, una vez superados los problemas de la cárcel, cómo es para una expresidiaria enfrentarse al mundo. En esto el personaje también falla, tanto por el modo de afrontar esta parte del relato como por todo el bagaje dramático de años atrás. Es evidente que su historia es la que más necesitaba cerrarse, pero viendo el conjunto da la sensación de que es relleno para cubrir los huecos que dejan arcos dramáticos mucho más interesantes.

Entrar y salir

Aunque en líneas generales esta última temporada de Orange is the new black presenta un balance positivo para lo que suelen ser este tipo de finales de serie, la ficción de Kohan sigue presentando algunas deficiencias. Uno de los problemas que había arrastrado durante las etapas anteriores era la proliferación de personajes, de los que, en la mayoría de los casos, se contaba su pasado. Aunque interesante, la propuesta corría el riesgo, y de hecho así fue, de que esta acumulación de historias terminara por restar peso dramático a todas en general. Si bien eso se ha ido corrigiendo poco a poco (sobre todo cuando se separaron a las presas allá por el final de la quinta temporada), todavía han quedado vestigios de ese problema, y eso se ha traducido en que algunos personajes han evolucionado en estos episodios a trompicones, o directamente se han quedado como un elemento más del paisaje para las principales protagonistas. Sin ser un gran problema, sí provoca que el panorama general sea irregular, y que el desarrollo presente demasiados altibajos en su planteamiento dramático.

Por poner algunos ejemplos de esa irregularidad, en la cara “negativa”, por decirlo de algún modo, tendríamos el personaje de Danielle Brooks (Sadie), quien por cierto ha asumido, en cierto modo, parte de los valores que debería haber representado la protagonista. Mujer buena en su interior que ha cometido un error, y condenada a una pena perpetua por un delito del que no es culpable, su tratamiento en estos episodios ha sido intermitente, comenzando con una relevancia inexistente y asumiendo después una suerte de papel salvador para el resto de presas. Su crisis existencial, su forma de afrontar su futuro, es interesante por momentos, sobre todo en su tramo final, pero está presentada de un modo algo tosco, previsible y arquetípico. Es cierto que su actitud concuerda bastante con la evolución a lo largo de la serie, sobre todo en el modo de relacionarse con el resto de personajes, pero no termina de adquirir el dramatismo de otros arcos dramáticos de la trama.

Mucho más impactante es la evolución del rol de Yael Stone (Falling), posiblemente por aquello de que sus problemas psicológicos terminan por apoderarse del personaje hasta un extremo enfermizo. El modo en que la actriz refleja la evolución hacia un mundo que solo su personaje conoce es simplemente extraordinario. En realidad, es posiblemente el final más previsible de todos los que se muestran en esta última temporada, pero también uno de los más dramáticos, pues el personaje no solo no llega a tener su final soñado, sino que más bien termina viviendo una pesadilla totalmente opuesta a lo que buscaba. Eso, unido a sus problemas psicológicos y sus obsesiones, la llevan a una espiral autodestructiva magistralmente mostrada en el tercio final de la serie, con una conclusión tan devastadora como la de otras reclusas protagonistas. En realidad, y a pesar de ciertas irregularidades en el tratamiento individual, se logra el efecto buscado, que no es otro que una sensación amarga en el espectador, un final para nada feliz que muestra de un modo bastante descarnado el final de una vida marcada por la cárcel.

Y como colofón, esta temporada final de Orange is the new black suma al drama carcelario el infierno de los centros para inmigrantes que van a ser deportados. Con el toque habitual de humor y drama de esta serie se muestra una situación mucho peor incluso que la de la prisión, denunciando el modo en que viven estas personas a las que se priva de la mayoría de sus derechos y se las expulsa en plena noche, despertándolas y tratándolas con menos humanidad que a muchos animales. Es la guinda de un pastel que no siempre ha sido dulce en estos años, pero que deja muy buenas sensaciones en muchas de sus temporadas. Sin duda, lo más interesante que deja esta serie es esa evolución que han sufrido los personajes, ese cambio a lo largo de los años que ha convertido esta ficción en una obra coral. Lo peor… posiblemente sus problemas para equilibrar tantas historias personales.

‘Estafadoras de Wall Street’: robando al sistema corrupto


Poco se puede decir de la nueva película de Lorene Scafaria (Una madre imperfecta) que no se haya dicho de cientos de películas similares. Sí, es una historia de mujeres que luchan por salir adelante, que tienen que recurrir a cosas que jamás harían por lograr sus sueños y dejar atrás una vida que no disfrutan. Y eso lo hacen robando a personas que previamente se habían enriquecido con un robo mucho más complejo que dejó a miles de personas en una situación crítica. Sí, son argumentos ya conocidos, en mayor o menor medida parecidos. Entonces, ¿qué aporta de novedoso?

Para muchos, Estafadoras de Wall Street tiene como principal reclamo a una Jennifer Lopez (Ángel de venganza) que podría conseguir una nominación en los Oscar por este papel. Más allá del trasfondo social del mismo y del carácter casi redentor del mismo hacia el final del film, lo cierto es que ni siquiera su rol logra sacar de cierta mediocridad y previsibilidad a la cinta, y eso es fundamentalmente porque, en este caso, la realidad no supera a la ficción. El guión explora terrenos ya conocidos, situaciones que tienen cierto aire de déjà vu y que no logran atrapar al espectador en una historia que nunca llega a definirse de forma concreta. Es cierto que el tono cómico dramático funciona muy bien en varios pasajes del metraje, pero en su segunda mitad, cuando la historia entra de lleno en los delitos que cometen, no termina de reflejar cómo estas mujeres afrontan lo que están haciendo, entrando en una dinámica hacia el clímax.

Eso no impide que la historia no deje buenos momentos, algunos de ellos realmente notables, y sobre todo que deje en el espectador la misma sensación que expresa el personaje de Julia Stiles (La gran Gilly Hopkins): la de que ellas, a pesar del delito que cometen, realmente parecen más víctimas de un sistema que convierte a la mujer en objeto y luego la tira como un pañuelo de usar y tirar. Es algo que sobrevuela toda la trama de principio a fin y que adquiere una mayor relevancia en su tercio final, pero que no termina de explotarse de la mejor manera. Sí, la película muestra las dificultades de estas mujeres de integrarse en las capas más “respetables” de la sociedad y abandonar ese mundo reservado para las perversiones de los hombres. Y sí, hay algún que otro momento en que se aborda la duda moral de lo que hacen. Pero en líneas generales, se plantea como un relato con menos carga dramática y menos mensaje social, optando por un estilo narrativo más cercano al mero desarrollo de los hechos.

Dicho de otra manera, a Estafadoras de Wall Street le falta definir exactamente la posición que juega cada personaje. Ellas son planteadas como víctimas que tratan de alcanzar la riqueza por la vía rápida. Sus víctimas, como lobos con piel de hombres. Pero en el conflicto que se debería generar, tanto interno como externo, es donde la cinta de Scafaria se desinfla, no llegando a profundizar demasiado en según qué aspectos de la trama. Esta cierta indefinición en el estilo y en la apuesta dramática es lo que termina por convertir esta historia en una más, con la salvedad de tener una historia real como base. Eso sí, la degradación de ese mundo sórdido en el que los hombres gastan cantidades ingentes de dinero queda reflejada de un modo único, evidenciando una ausencia completa de moral por parte de una clase social acostumbrada a hacer y tener lo que desea.

Nota: 6,5/10

‘El hoyo’: La panna cotta es el mensaje


El cine español, como concepto, tiene un problema importante. Y no es por sus directores o sus actores, sino por unos productores a los que muchas veces el miedo les lleva a repetir una fórmula hasta desgastarla. Pero para repetir algo hasta la saciedad es necesario que haya habido primero un original, esa historia que haya encandilado o impactado al espectador. Por eso de vez en cuando nos encontramos con pequeñas joyas refrescantes y sorprendentes, capaces no solo de narrar algo poco habitual, sino esconder además una reflexión sobre la sociedad, sobre nuestro lugar y nuestra forma de relacionarnos con los demás.

Todo esto y mucho más es lo que ofrece Galder Gaztelu-Urrutia en El hoyo, una ópera prima que, como ya se ha comparado, recuerda poderosamente a Cube, esa joya del fantástico de 1997. Y lo hace no solo en su diseño de producción o en su vestuario, sino en su análisis del ser humano. Sin necesidad de dar demasiadas explicaciones al contexto (alguna más tampoco habría estado mal, todo sea dicho), la cinta plantea una estructura vertical de cientos de pisos, dos personas por cada uno de ellos y una plataforma que baja con comida. Este símbolo, verdadero motor de este mundo, refleja a la perfección cómo los de arriba, los poderosos, son incapaces de compartir nada con los de abajo, los pobres, entregándose a la opulencia y al desenfreno y, lo que es más grave, destruyendo aquello que no pueden consumir únicamente por maldad o indiferencia.

Algo tan sencillo como esto da pie a toda una reflexión personal acerca de cómo el hombre es un lobo para el hombre, de cómo las buenas acciones y las buenas intenciones en una sociedad cruel y autodestructiva terminan por lanzar un mensaje que no sabremos si será escuchado adecuadamente. “La panna costa es el mensaje”, se repite obsesivamente en un momento dado. En realidad, poco importa si es este postre italiano, una asustada niña o cualquier otra idea. La película, acertadamente, finaliza sin revelar si dicho mensaje será escuchado, porque en un mundo sin esperanza eso importa poco, dejando al espectador la responsabilidad de saber si ese final es bueno o malo. A la fuerza de este mensaje se une la labor de unos actores más que correctos y de un director que demuestra personalidad, pues aunque en algún momento el relato se le escapa ligeramente de las manos con una narrativa algo estática, lo cierto es que aprovecha al máximo la tensión, al locura y la radicalidad de un mundo de hormigón sin ventanas ni salidas.

Posiblemente lo más notable de El hoyo es que Gaztelu-Urrutia ha convertido esa plataforma de comida en un símbolo de la fantasía y la ciencia ficción moderna. Una metáfora de cómo el primer mundo derrocha recursos mientras el tercer mundo se muere. Y mientras tanto, los que mueven los hilos (representados acertadamente en unos breves flashes durante el metraje), esa Administración, vive ajena al mundo que controla. Habrá quienes no vean más allá de sus imágenes, a quienes posiblemente la película les parezca lenta, carente de lógica o con un final sin sentido. Pero todo tiene un trasfondo. Más allá de los problemas habituales de cualquier relato (falta de ritmo en algunos momentos, una aceleración de los acontecimientos hacia el final del metraje, …), lo cierto es que estamos ante una obra más que recomendable. Un reflejo de un mundo que necesitamos arreglar, y para eso los de arriba tienen que escuchar.

Nota: 8/10

‘Estafadoras de Wall Street’ lidera los primeros estrenos de noviembre


Fin de semana de muchos, muchísimos estrenos en la cartelera española. Y aunque todos ellos atraerán la atención de un variado tipo de espectadores, ninguno parece, a priori, lo suficientemente grande para convertirse en un nuevo taquillazo. Eso no impide, ni mucho menos, que entre este buen puñado de títulos que aterrizan en las pantallas de toda España este viernes 8 de noviembre haya alguno más que interesante.

Comenzamos el repaso con Estafadoras de Wall Street, comedia dramática con tintes de thriller basada en un artículo que relata cómo un grupo de strippers se une para estafar a sus clientes, la mayoría ricos magnates de Wall Street. El negocio se pondrá en peligro cuando una periodista empiece a investigar, por lo que deberán afianzar su lealtad por encima de cualquier otra cosa. Lorene Scafaria (Una madre imperfecta) dirige esta producción hollywoodiense que protagonizan Jennifer López (Jefa por accidente), Julia Stiles (Jason Bourne), Lili Reinhart (serie Riverdale), Contance Wu (The feels), Cardi B, Keke Palmer (Animal) y Trace Lysette (serie Transparent).

También estadounidense es Fourteen, drama escrito y dirigido por Dan Sallitt (The unspeakable act) que tiene como protagonistas a dos veinteañeras que viven en Nueva York. Amigas desde el instituto, la cinta relata su relación a lo largo de una década en la que los trabajos, los novios y los apartamentos entran y salen de sus vidas. El reparto está encabezado por Tallie Medel (Sylvio), Norma Kuhling (Fallen), Lorelei Romani. C. Mason Wells (The great pretender) y Dylan McCormick (Radio Mary).

El tercer estreno procedente de Estados Unidos es The Farewell, comedia dramática que tiene como punto de partida una mentira piadosa. Una mujer nacida en China pero que ha crecido en Norteamérica se ve obligada a regresar a Changchun porque a la amada matriarca del clan le quedan semanas de vida. Todo se complica cuando descubre que toda la familia sabe eso menos la anciana, y han decidido no solo no contárselo, sino buscar una excusa para pasar los últimos momentos juntos de la forma más feliz posible. Y para eso, nada mejor que una súbita boda que, sin embargo, se convertirá en una ocasión para la mujer para redescubrir el país que dejó atrás y la forma de vida que lleva su familia. Lulu Wang (Posthumous) escribe y dirige esta propuesta entre cuyos actores principales encontramos a Awkwafina (Malditos vecinos 2), Tzi Ma (El rascacielos), Jim Liu (Ai), Diana Lin (serie The family law) y Yongbo Jiang (Sou suo).

Entre los estrenos exclusivamente europeos destaca Pequeñas mentiras para estar juntos, secuela de Pequeñas mentiras sin importancia (2010) que vuelve a dirigir Guillaume Canet y que, en esta ocasión, vuelve a reunir a este grupo de amigos con motivo de una fiesta sorpresa de cumpleaños a uno de ellos que, sin embargo, lo que quería era pasar un largo fin de semana solo, angustiado y al borde de la depresión. El reencuentro, siete años después de los acontecimientos de la primera parte, será una ocasión perfecta para comprobar qué queda de su amistad. Con capital francés y belga, la película está protagonizada, entre otros, por François Cluzet (Una semana en Córcega), Marion Cotillard (Assassin’s Creed), Benoît Magimel (Asalto al convoy), José García (Lola y sus hermanos), Gilles Lellouche (En buenas manos), Laurent Lafitte (La última lección), Valérie Bonneton (Están por todas partes), Pascale Arbillot (Guy), Clémentine Baert (Inmersión) y Jean Dujardin (Un seductor a la francesa).

La producción española tiene su principal representante en Ventajas de viajar en tren, adaptación de la novela de Antonio Orejudo Utrilla que, en clave de thriller, arranca cuando un psiquiatra experto en trastornos de personalidad aborda a una joven editora en un viaje de tren. Él empieza a contarle la historia del peor caso clínico al que se ha enfrentado: un enfermo paranoico extremadamente peligroso y obsesionado con la basura. A partir de ese momento la vida de ella y de todos los involucrados en la historia tomará un camino lleno de impredecibles giros y sorprendentes revelaciones. La película está dirigida por Aritz Moreno, quien de este modo debuta en el largometraje, mientras que Belén Cuesta (La Llamada), Luis Tosar (La sombra de la ley), Pilar Castro (Es por tu bien), Ernesto Alterio (Perfectos desconocidos), Quim Gutiérrez (Abracadabra), Macarena García (Que baje Dios y lo vea) y Javier Botet (It: Capítulo 2) encabezan el reparto.

También española es El cerro de los dioses, thriller con el que debuta en el largometraje Daniel M. Caneiro. La trama, una reinterpretación del mito de Fausto, tiene como protagonistas a una directora de documentales y su productor, quienes investigan a varios personajes famosos invitados a ‘La Siega’, una celebración en un pequeño pueblo de Castilla La Mancha en el que se les homenajea por sus carreras. Entre los principales actores encontramos a Paula Muñoz (El club de los incomprendidos), Jaume Ulled (Una visita inquietante), Itziar Castro (Campeones), Mariam Bachir (El Niño), Will Shephard (Miamor perdido) y Jaime Adalid (Fuego).

Ciencia ficción y thriller se funden en El hoyo, producción con capital español ambientada en un futuro distópico en el que un grupo de personas están encerradas en una estructura vertical sin final conocido. Con dos personas por nivel, la comida llega a través de una plataforma que siempre llega a alimentar a los que están más arriba, pero que deja a los de abajo más ridiculizados y peligrosos. Primer largometraje de Galder Gaztelu-Urrutia, el film está protagonizado por Iván Massagué (Cerca de tu casa), Emilio Buale (Call Tv), Zorion Eguileor (Pikadero), Alexandra Masangkay (1898. Los últimos de Filipinas), Antonia San Juan (El tiempo de los monstruos) y Eric Goode (La voce del Lupo).

Con algo de retraso llega Reevolution, film español de 2017 escrito y dirigido por David Sousa Moreau en la que es su ópera prima. El argumento tiene como protagonistas a cuatro personajes sin demasiado en común que, en un momento crítico de sus vidas, se cruzan. El mundo les ha cambiado, y ahora ellos se proponen cambiar el mundo. Leandro Rivera (Como estrellas fugaces), Fele Martínez (Nuestros amantes), Gorka Otxoa (Los miércoles no existen), Hovik Keuchkerian (Toro) y Juan Pablo Shuk (Tiempo sin aire), entre otros, protagonizan esta historia.

Noruega, Suecia y República Checa colaboran en Amundsen, drama biográfico sobre Roald Amundsen, explorador y aventurero obsesionado con alcanzar las cimas polares y una carrera contra el equipo de Robert Falcon Scott por llegar primero al Polo Sur. Desapareció en 1928, a los 55 años de edad, mientras volaba en avión en el transcurso de una operación de rescate en el Ártico. Dirigida por Espen Sandberg (Kon-Tiki), la película cuenta con un reparto encabezado por Pål Sverre Hagen (Lifeboat), Jonas Strand Gravli (22 de julio), Trond Espen Seim (Kometen), Ole Christoffer Ertvaag (Now it’s dark), Christian Rubeck (Siete hermanas), Katherine Waterston (La suerte de los Logan) y Mads Sjøgård Pettersen (El duodécimo hombre).

Estrenada originalmente en 1990, este fin de semana llega Cuando fuimos brujas, adaptación del cuento ‘Del enebro’ de los hermanos Grimm. Ópera prima de Nietzchka Keene, este drama fantástico ambientado en la Edad Media tiene como protagonista a una joven y su hermana mayor que huyen a las montañas después de que su madre haya sido quemada acusada de brujería. Allí se refugian con un campesino viudo que vive con su hijo pequeño. Mientras la hermana mayor trata de seducir al padre, la joven se hace amiga del pequeño. La actriz y cantante Björn debutaba en los cines con esta cinta en la que también encontramos a Bryndis Petra Bragadóttir (Foxtrot: Transporte blindado), Valdimar Örn Flygenring (Skytturnar), Guðrún Gísladóttir (Magnús) y Geirlaug Sunna þormar.

Con algo de retraso se estrena Las niñas bien, producción mexicana de 2018 que adapta la novela de Guadalupe Loaeza, cuya trama se ambienta en 1982. En ese año una mujer de clase alta ve cómo tiene que decir adiós a una vida llena de lujos cuando la crisis que azota México alcanza a la empresa de su marido. Este drama está dirigido por Alejandra Márquez Abella (Semana Santa) y protagonizado por Ilse Salas (Me estás matando Susana), Flavio Medina (El habitante), Cassandra Ciangherotti (Los parecidos), Paulina Gaitan (Ruta madre), Johanna Murillo (Ramona y los escarabajos) y Jimena Guerra (Tequila).

En lo que a animación se refiere, dos son las novedades. Detective Conan: El puño de zafiro azul es el título de la nueva aventura del famoso personaje del manga que, en esta ocasión, traslada la acción a Singapur, donde se celebra un prestigioso torneo de artes marciales. Mientras se desarrolla, Conan es secuestrado en Japón para resolver unos extraños delitos, lo que le obligará a adoptar una nueva identidad. Dirigida por Tomoka Nagaoka, quien de este modo debuta en el largometraje cinematográfico, esta producción japonesa cuenta con las voces, en la versión original, de Minami Takayama (serie One Punch Man), Nobuyuki Hiyama (Night Is Short, Walk On Girl), Naoko Matsui (Tottoi), Wakana Yamazaki (serie One Piece) y Kappa Yamaguchi (Mazinger Z. Infinity).

Desde España llega Klaus, ópera prima de Sergio Pablos que, en clave de aventura cómica, tiene como protagonista a un joven que es el peor alumno de la Academia Real de Correos. Destinado a una isla helada al norte del Círculo Polar Ártico, los huraños habitantes no son muy dados a las palabras o las cartas, por lo que deberá ingeniárselas para devolver la alegría y la ilusión al pueblo, para lo que contará con la ayuda de una maestra y de un carpintero solitario que vive en una cabaña llena de juguetes que él mismo hace. J.K. Simmons (El candidato), Rashida Jones (Don’t come back from the moon), Joan Cusack (Tienda de unicornios), Jason Schwartzman (El rey de la polca), Mila Brener (Delirium), Sydney Brower (serie Ryan Hansen Solves Crimes on Television) y Sky Alexis ponen las principales voces en la versión original.

Respecto a los documentales, PJ Harvey: A dog called money supone el debut en la dirección y el guión del fotógrafo Seamus Murphy, quien investiga el proceso creativo de PJ Harvey detrás de ‘The Hope Six Demolition Project’. Juntos recorren diferentes países recogiendo testimonios e imágenes en esta coproducción entre Irlanda y Reino Unido.

Desde España nos llega, por último, El cuadro, debut en el largometraje de Andrés Sanz, quien escribe y dirige este documental de misterio sobre ‘Las Meninas’ de Velázquez. La película juega a convertir al espectador en detective y guiarle por un laberinto de pistas para tratar de descifrar los secretos de la obra de arte con más interpretaciones de la historia.

‘Terminator: Destino oscuro’: las mujeres del nuevo futuro


Los tiempos han cambiado. El futuro, desde luego, va a ser diferente del que habíamos imaginado. Y eso, con sus pros y sus contras, es lo que plantea la nueva película de Tim Miller (Deadpool), una continuación directa de aquel Terminator 2: El juicio final (1991) que, evidentemente, no alcanza el nivel dramático, emocional y visualmente impactante de su predecesora, pero que sí es capaz de hacer reflexionar sobre algunos conceptos.

Curiosamente, lo más interesante de Terminator: Destino oscuro tiene que ver con sus nuevos personajes y con el tratamiento de ese futuro apocalíptico en el que las máquinas persiguen y exterminan a los humanos. Dejando a un lado la curiosidad de que, aunque el futuro ha cambiado de protagonistas las máquinas y el entorno se mantienen intactos, la película acierta dando el protagonismo completo a las mujeres, que pasan de ser meras víctimas a tomar el control y luchar en primera línea de batalla. Si bien el desarrollo argumental es idéntico al de películas anteriores, los matices introducidos, incluyendo esa especie de Terminator dual que combina lo mejor de cada casa, aportan al conjunto un tono algo más desesperante que las historias previas, completando una historia en la que, de nuevo, la necesidad de salvar el futuro pesa más que los miedos, los odios o las rencillas personales.

El problema, y esto es algo que puede provocar desasosiego a los fans más acérrimos de la saga, es la recuperación de los personajes de Linda Hamilton (Curvature) y Arnold Schwarzenegger (Asesinos internacionales). O mejor dicho, el modo en que vuelven a este universo futurista. La película arranca con la continuación inmediata de los acontecimientos de aquella segunda parte de los 90 para permitir luego la introducción de estos míticos roles durante la trama. Su presencia, sin embargo, parte de una premisa algo forzada, sobre todo la de Schwarzenegger, buscando dotarle de esa falsa humanidad que tenía programada en anteriores films de un modo excesivamente… humano. Todo ello, por fortuna, es solo una premisa que se olvida, o se intenta hacer olvidar, bastante rápido, pasando luego a la acción pura y dura en un clímax que, este sí, es un claro homenaje a los tradicionales finales de la saga.

Desde luego, Terminator: Destino oscuro no es una continuación a la altura de las dos primeras entregas. Intenta serlo, pero es deudora de los tiempos que corren y de algunos usos y abusos característicos de otras películas de la saga. El reiterado recurso de la cámara lenta acentúa la espectacularidad, es cierto, pero también termina por restar efectividad al conjunto. Lo mejor, sin duda, es la reinterpretación de la historia, con las mujeres tomando el control y dejando de ser víctimas o “madres de…” para ser luchadoras de igual a igual con máquinas cada vez más letales. Que Hamilton y Schwarzenegger se hayan vuelto a encontrar en esta historia siempre será un motivo de aplauso, incluso aunque lo hagan bajo unas circunstancias como las que se utilizan. Pero algo tiene esta película que no termina de funcionar. Puede que sea su historia, demasiado parecida a las anteriores. O su villano, una mezcla de enemigos anteriores. O simplemente, que trata de homenajear excesivamente a sus clásicos sin darse cuenta de que necesita caminar sola.

Nota: 6,5/10

‘Doctor Sueño’: menos Resplandor en el mundo


La mayor evidencia de que El resplandor (1980) sigue completamente vigente es esta secuela tardía, adaptación a su vez de la novela que continuaba los acontecimientos del primer libro. Pero la cinta dirigida por Mike Flanagan (El juego de Gerald) demuestra también que los tiempos han cambiado, y con ellos la forma de entender un relato cinematográfico. No me refiero únicamente a la estructura dramática, marcada por la obra de Stephen King, sino el modo en que el director afronta algunos de los puntos más relevantes de la historia.

Porque, siendo como es un claro homenaje al film original (en su música, sus planos, e incluso los actores que tratan de parecerse a los del film de Stanley Kubrick), este Doctor Sueño trata de aportar nuevos puntos de vista sobre ese universo del “resplandor” a través de fórmulas visualmente poderosas y conceptualmente más complejas. Sin embargo, los efectos visuales más elaborados terminan por restar fuerza al relato, convirtiéndose más en una historia dramática con toques casi de intriga que en un relato de terror. Incluso el tratamiento de su tercio final en ese desvencijado Hotel Overlook no adquiere el grado de intensidad emocional que tenía el original, posiblemente porque los espíritus son abordados más como una herramienta o como seres ávidos de alma que como impulsores de la locura. Eso por no hablar del hecho de que el hotel posea a un personaje, algo que no termina de encajar y que únicamente permite a esta secuela reproducir (fielmente, eso sí) planos y secuencias de la cinta original.

Con todo, ofrece al espectador numerosos momentos a tener en cuenta, amén de un tratamiento de personajes bastante interesante en lo relativo a cómo ha evolucionado aquel niño asustadizo de la primera película hasta el protagonista que es ahora. La trama, mucho más compleja y cargada con muchos más detalles que hacen de este universo un lugar más interesante, se mueve en todo momento por un camino en el que realidad, mente y sueños se mezclan para ofrecer al espectador una mayor profundidad dramática más allá de la superficie en la que demonios, personajes con capacidades especiales, fantasmas y telequinesis van de la mano. Esto, sin embargo, tiene también un lado negativo, y es un metraje algo excesivo que tiende a dar demasiadas vueltas sobre un mismo concepto, cuando el relato podría haberse desarrollado de un modo mucho más directo y, posiblemente, efectivo.

Como se dice en un momento de la película, en este mundo moderno hay menos vapor. Y Doctor Sueño tiene menos Resplandor, es cierto, y desde luego no es más intenso que el de que predecesora. Pero tiene algo, mantiene parte de esa esencia que convirtió en clásico al film de 1980. Puede que sea porque literalmente copia muchos momentos y reproduce otros tantos del film original con nuevos actores, pero no es únicamente eso. El viaje del protagonista, tanto interior como exterior, resulta fascinante. Y esa relación entre diferentes personajes con resplandor queda mucho más desarrollada que en la historia inicial, aportando mayor profundidad y una mayor comprensión. Con algo menos de duración y un tratamiento algo menos tópico de algunos conceptos del terror y del mundo fantasmagórico posiblemente estaríamos ante una obra mucho más completa.

Nota: 7/10

El ‘Doctor Sueño’ muestra su resplandor al ‘Terminator’ más oscuro


El final de octubre y el comienzo de noviembre siempre está marcado por la noche de los muertos, Halloween o como cada uno conozca esta fiesta en la que se honra a los que ya no están con nosotros. El cine siempre ha aprovechado esta fecha para ofrecer al espectador películas de terror o títulos llamados a llenar las salas. Y este jueves 31, fecha adelantada de estrenos por la festividad del viernes, no es una excepción.

Comenzamos el repaso con Terminator: Destino oscuro, nueva entrega de la famosa saga de ciencia ficción y acción que obvia las secuelas anteriores y retoma la historia y los personajes de Terminator 2: El juicio final (1991). En concreto, la trama narra los esfuerzos de Sarah Connor y un humano cyborg por proteger a una joven de un Terminator líquido recién modificado del futuro, mucho más letal que los anteriores. Para ello se verán obligados a recurrir a un viejo amigo. Tim Miller (Deadpool) se pone tras las cámaras de esta coproducción entre Hollywood y China, en cuyo reparto encontramos a Mackenzie Davis (Blade Renner 2049), Linda Hamilton (serie Defiance), Arnold Schwarzenegger (Una historia de venganza), Edward Furlong (Unas vacaciones perfectas), Gabriel Luna (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Diego Boneta (Another you) y Natalia Reyes (Pájaros de verano).

También es una secuela Doctor Sueño, adaptación de la novela de Stephen King que continúa la historia de El resplandor, que ya fue adaptada por Stanley Kubrick en 1980. O más bien, narra la historia del niño que sobrevive en esa primera historia. De este modo, el argumento sigue a Dan Torrance siendo adulto y tratando de luchar contra ese trauma que sufrió siendo un niño en el Hotel Overlook. Su paz se ve interrumpida cuando conoce a una adolescente con su mismo don extrasensorial, aunque es mucho más poderoso en ella. La joven le pedirá ayuda para luchar contra un grupo que se alimenta de los niños que poseen ese don en busca de la inmortalidad. Puro terror es lo que plantea esta producción estadounidense dirigida por Mike Flanagan (Ouija: El origen del mal) y protagonizada por Ewan McGregor (serie Fargo), Rebecca Ferguson (El gran showman), Jocelin Donahue (20 weeks), Catherine Parker (The gate), Bruce Greenwood (Los archivos del Pentágono), Carel Struycken (Another brick in the wall), Emily Alyn Lind (serie Revenge) y Cliff Curtis (serie Fear the walking dead).

Estados Unidos colabora con Reino Unido y Francia en La oveja Shaun. La película: Granjaguedón, aventura de animación realizada con plastilina que tiene como protagonista al famoso personaje creado por Nick Park. Secuela de La oveja Shaun. La película (2015), la historia arranca cuando llega a la granja Mossy Bottom una adorable extraterrestre de asombrosos poderes. La oveja ve en ella una oportunidad de diversión, pero para ello deberá protegerla de una siniestra organización y realizar un viaje que ninguna oveja ha hecho hasta el momento. Dirigida a cuatro manos por Will Becher, director de varios episodios de la serie, y Richard Phelan, que debuta en el largometraje, la cinta cuenta con las voces originales de Justin Fletcher (serie Justin’s house), John Sparkes (Las chicas del calendario), Andy Nyman (Bone in the throat), Kate Harbour (serie La hora de Timmy) y Joe Sugg (Youtuber horror movie).

Este fin de semana es también el regreso de Ken Loach (Yo, Daniel Blake), que dirige el drama Sorry we missed you. Con capital inglés, francés y belga, el argumento tiene como protagonista a un matrimonio con dos hijos que, aunque trabajan cada vez más, comprenden que nunca van a lograr una seguridad económica o una casa en propiedad. Por eso, cuando surge la oportunidad, deciden dar el todo por el todo y sumergirse en la revolución de las aplicaciones, un cambio que marcará para siempre a todos los miembros de la familia. Entre los principales actores, todos ellos debutantes en el largometraje, encontramos a Kris Hitchen, Debbie Honeywood, Rhys Stone, Katie Proctor, Mark Birch y Ross Brewster.

Puramente europea es también La trinchera infinita, drama con capital español y francés que dirigen a tres bandas Aitor Arregi y Jon Garaño (Handia) junto a Jose Mari Goenaga (Loreak). Su trama, ambientada en la España de julio de 1936, tiene como protagonista aun hombre que, por miedo a represalias, se encierra en su casa, sin sospechar que no volverá a salir hasta 1969. El reparto está encabezado por Antonio de la Torre (El reino), Belén Cuesta (Litus), José Manuel Poga (La sombra de la ley), Vicente Vergara (serie El secreto de Puente Viejo) y Emilio Palacios (No sé decir adiós).

España también está presente, junto a México, en Los Rodríguez y el más allá, comedia escrita y dirigida por Paco Arango (Maktub) que tiene como punto de partida el fallecimiento del abuelo de una familia como otra cualquiera. Su ausencia lleva a la familia a descubrir que, en realidad, era de otro planeta, y que en el trastero había dejado una puerta cósmica que, sin querer, su nieto ha activado. Sin saber cómo cerrarla y con poderes inhumanos que no saben controlar, los miembros de este clan familiar tendrán que correr contrarreloj para solucionar su nueva situación antes de que alguien se percate de lo ocurrido, y con la amenaza de los habitantes del otro planeta de que si no cierran la puerta cósmica serán extraditados para siempre. Edu Soto (Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra), Mariana Treviño (Perfectos desconocidos), Geraldine Chaplin (Jurassic World: El reino caído), Sara Jiménez (serie Estoy vivo), Santiago Segura (Sólo se vive una vez), Rossy de Palma (Toc toc), Antono Velázquez (Mi gran noche) y Macarena Gómez (El fotógrafo de Mauthausen) son algunos de los principales actores.

Estos dos países también colaboran en Love me not, drama ambientado en la Guerra de Irak que, sin embargo, narra una historia del Imperio Romano. La trama pone en escena a Herodes y a su hija Salomé, famosa por lograr que le sirvieran en bandeja la cabeza de Juan el Bautista, situando a la mujer como una soldado que se obsesiona con un misterioso prisionero cuya vigilancia es asignada a un contingente internacional. Lluís Miñarro (Stella cadente) pone en imágenes esta historia en cuyo guión participa, estando el reparto encabezado por Ingrid García Jonsson (Ana de día), Francesc Orella (El guardián invisible), Lola Dueñas (No sé decir adiós), Oliver Laxe (Todos vós sodes capitáns) y Luis Alberti (Luciérnagas).

Finalizamos con otra coproducción, la comedia Sin filtro, cinta con capital francés y belga que dirige Eric Lavaine (Historias de una indecisa) y cuyo argumento gira en torno a una pareja marcada por un accidente. Ella celebra con su familia el lanzamiento de su libro, en el que relata el accidente de su marido en el que quedó ciego, pero a raíz del cual no puede evitar decir todo lo que piensa. Esto le vuelve un hombre impredecible, aunque también provocará numerosas situaciones divertidas. Entre los principales actores encontramos a Alexandra Lamy (Necesitamos tu voto), José García (Lola y sus hermanos), Michaël Youn (Carbone), Anne Marivin (Baby phone) y Michel Vuillermoz (Le grand partage).

‘Empire’ se entrega al drama más rebuscado en su 5ª temporada


Ahora que está a punto de terminar la última temporada de Empire, la sexta (aunque por su duración podría considerarse más bien un epílogo), analizaremos lo que ha sido la quinta parte de esta serie musical que, como muchas producciones similares, ha terminado dejando la música un poco de lado (no tanto como otras) y entregándose por completo al drama (puede que más que muchas otras). Y lo hace, además, llevando a sus personajes por caminos complejos, muchas veces extraños e incapaces de encontrar una justificación del todo correcta en la definición de los protagonistas.

Los 18 capítulos de esta etapa creados, como el resto de la serie, por Lee Daniels (serie Star) y Danny Strong (Rebelde entre el centeno) confirman además una evolución notable hacia un conflicto alejado de la música y próximo a la estructura de un thriller en algunos momentos y de una telenovela en la mayoría de casos. En este sentido, el tratamiento de esta temporada resulta irregular, no tanto por una evolución dramática de los personajes poco constante, que también, sino por la cantidad de giros argumentales que tiene el arco dramático. Giros, por cierto, que terminan por deslucir una historia que podría prometer. El caso más evidente es la historia de ese hijo inesperado del personaje interpretado por Terrence Howard (St. Vincent). El tratamiento que se da a este personaje, primero como villano, luego como miembro no aceptado por la familia y, por último, sacrificándole por un bien mayor para ser aceptado, responde a los cánones más conocidos del cine, pero también evidencia una falta de objetivo a la hora de afrontar el desarrollo.

De hecho, Empire parece haber perdido un poco su rumbo en esta quinta temporada. O al menos, parte de su esencia. Es cierto que en las primeras temporadas el peso del relato lo sustentaban fundamentalmente Howard y Taraji P. Henson (Figuras ocultas), o al menos ellos tendían a llevarse toda la atención. Sin embargo, poco a poco los hijos han ido adquiriendo más relevancia más allá de los números musicales. Es a través de ellos que la ficción ha ido ganando en dramatismo y perdiendo música. Pero en esta etapa los hijos, por decirlo de algún modo, han volado fuera del nido. En parte ya lo hicieron en la anterior temporada, pero en estos episodios es más evidente y, por desgracia, menos interesante. Y es que sus tramas particulares no alcanzan a tener una relevancia real, quedándose como recursos narrativos para rellenar una falta de contenido de la trama principal (la recuperación de la empresa) y para ser motores de avance en ocasiones puntuales.

La única historia algo más relevante, la del personaje interpretado por Trai Byers (Selma), es uno de los aspectos positivos de la parte dramática de la serie. Su evolución, no solo en esta temporada sino durante toda la historia, le ha convertido en uno de los roles más interesantes a pesar de su constante comportamiento en espiral. Sin embargo, en esta etapa asume su verdadero papel dentro de la trama, pasando a heredar, en parte, el papel que Howard perdió hace ya un par de temporadas. A esto se suma esa enfermedad contra la que tiene que luchar constantemente y el empeoramiento de su estado. Todo ello pone el foco sobre él, cargando con un peso dramático sorprendente y demostrando que, aunque alcanza algunos extremos un poco innecesarios, es un pilar fundamental de esta historia. Dicho de otro modo, aúna en su interior los diferentes aspectos de la serie, desde el drama hasta la violencia, pasando incluso por la música (no canta, pero su aportación a ese universo es imprescindible).

Música, por favor

Y hablando de música, esta quinta temporada de Empire certifica lo que comentaba al arrancar este texto: el espectáculo en los escenarios ha dejado paso al drama más rebuscado posible. Y esto queda evidenciado no solo por el tratamiento que se da a un aspecto en comparación con el otro, sino al modo en que se afronta el apartado musical en sí mismo. Frente a las canciones de las primeras temporadas, cuando el espectador podía disfrutar de temas completos, ahora todo se reduce a fragmentos cantados cada vez por más personajes. Esta reducción de tiempos y este aumento de personajes acentúa la sensación de estar ante un producto que tiene la música más como complemento que como epicentro dramático, y eso que esta temporada centra buena parte de su atención en la recuperación de ese Imperio al que hace referencia el título de la serie.

Ahí está, en cierto modo, la contradicción de esta tanda de episodios. Trata de tener como eje vertebrador de la trama el universo musical, con esa guerra por el control del imperio y con las iniciativas para ponerlo en marcha de nuevo. Sin embargo, el tratamiento de toda la temporada es más bien telenovelesco, con dramas personales en cada uno de los protagonistas, con secretos y con conflictos que poco o nada tienen que ver con la música. Al final este segundo aspecto termina pesando más que el primero, pero no porque resulte más interesante, sino porque el aspecto musical ha perdido buena parte de su esencia. Se puede recordar a este respecto que algunos de los títulos cantados en las anteriores temporadas contenían, además de buenos ritmos y un marcado estilo, una suerte de expresión de sentimientos que ayudaban a comprender mejor lo que vivía cada personaje en cada momento.

Todo eso ha desaparecido. Como si de un daño colateral se tratara, las canciones no solo han dejado de interpretarse en su totalidad (o casi), sino que también han dejado de ser ese vehículo emocional y dramático que permitía poner en pantalla buena parte de lo que ocurría dentro de los personajes, convirtiéndose únicamente en un simple entretenimiento que aporta color y dinamismo al resto de historias. Evidentemente, esto tiene como principales damnificados a los dos protagonistas con más minutos musicales, y eso se nota en el desarrollo y el tono general de la serie. Eso por no hablar de la cantidad de personajes secundarios que aparecen para tratar de suplir las ausencias de estos dos protagonistas, impidiendo el desarrollo de ninguno de ellos y manteniéndoles casi como meros recursos para hacer más atractivos los números musicales.

En cierto modo, Empire está confirmando una caída que ya se intuía en la temporada anterior. Abandonando la música cada vez más, se ha visto obligada a cubrir los huecos dejados por las canciones con más drama. Sin embargo, en lugar de ahondar en muchos de los conflictos y los traumas de los personajes, en líneas generales se ha limitado a entrar en una espiral de dramatismo excesivo sin objetivo concreto, llevando a los protagonistas a situaciones muchas veces incomprensibles, además de los giros argumentales innecesarios. Ahora quedan únicamente un puñado de episodios a modo de epílogo que, sin duda, tratarán de cerrar esta trama de la mejor forma posible. Pero sea como fuere, la serie ha cambiado para siempre, y lo ha hecho sin un criterio claro.

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