‘Superman/Batman/Wonder Woman: Metropolis’, fusión de cómic y expresionismo alemán


He de reconocer que la idea inicial de esta sección era la de abordar volúmenes que analizaran los diferentes aspectos del cine, ya fuera en su parte más técnica o en lo referente a géneros, historia o entrevistas. Por eso puede resultar extraño hablar aquí de un cómic, pero sus implicaciones cinematográficas y la calidad de su relato es tal que es conveniente hacer un breve análisis de lo que puede aportar al séptimo arte, o de lo que el cine aporta a las viñetas de Superman/Batman/Wonder Woman: Metropolis, un recopilatorio de tres volúmenes creados por RAndy Lofficier, Jean-Marc Lofficier y Ted McKeever, y que enmarcan los orígenes de estos tres superhéroes de DC Cómics en un relato marcado por el expresionismo alemán.

Cada lector que se acerque a este recomendable ejemplar decidirá cuál de las tres historias es la mejor, pero sin duda la que afecta al hombre de acero es la más fiel a la que posiblemente sea la cinta más icónica del movimiento cinematográfico surgido en los años 20. La utopía futurista de Metrópolis (1927) creada por Fritz Lang adquiere en estas páginas una interpretación cuanto menos interesante que obliga a una reflexión sobre el bien y el mal, sobre el perdón y la venganza, que enriquece la ya de por sí completa obra del director alemán. Resulta sorprendente comprobar cómo encaja la historia de Clark Kent (rebautizado como Clarc Kent-son) en la trama original. A pesar de los cambios de nombres y de ciertas licencias dramáticas, los creadores de este cómic logran una fusión perfecta entre ambos relatos, entre ambos lenguajes, y la mejor evidencia son las primeras viñetas, que narran casi exactamente igual el comienzo de la película

Y es que si la historia deja sin palabras, el dibujo de McKeever resulta casi apabullante. Con un trazado que rememora en todo momento el arte de comienzos del siglo XX, el autor imprime un dramatismo único al trágico relato de este joven que quiere construir una ciudad mejor en la que amos y obreros convivan sin someterse los segundos a los primeros. Un dramatismo acentuado además por el recurso del color, puramente expresionista (aunque menos que la historia de Batman, de la que hablamos a continuación). Por supuesto, y como mencionaba antes, existen ciertas licencias dramáticas necesarias en un relato de superhéroes, sobre todo en lo referente al modo de derrotar al villano de turno. Y aunque para muchos pueda resultar algo forzado, en líneas generales encaja perfectamente en el tratamiento del resto de la trama, lo que evidencia la grandeza y universalidad de una obra como Metrópolis, capaz de acoger en su seno dramático cambios notablemente marcados.

Batman, el Nosferatu

Posiblemente el relato más fiel a una película del expresionismo alemán sea el de Superman, pero sin duda el que mejor capta el espíritu visual de este movimiento cinematográfico es el que tiene como protagonista a Batman. Tomando como referencia dos obras clave como Nosferatu (1922) y El Gabinete del Dr. Caligari (1920), la historia se adentra en las sombras para abordar un relato mucho más lúgubre, marcado por la muerte, la desesperación y la manipulación. Sobre estos tres pilares narrativos el cómic construye un relato en el que los juegos de sombras son fundamentales, siguiendo la estela de las dos películas que toma como referencia y proyectando este expresionismo en un nuevo lenguaje.

De nuevo, y más allá de las necesarias concesiones al mundo de los superhéroes, combate entre Batman y Superman incluido, las referencias cinematográficas parecen impregnar todas y cada una de las viñetas. Con unos personajes mucho más retorcidos física y moralmente hablando, el relato de este Hombre Murciélago/Nosferatu acoge en su seno igualmente buena parte del significado que este movimiento cinematográfico tuvo en su momento. La lucha contra el dominio de un hombre sobre el resto de hombres, la locura que afecta a unos personajes que poco a poco se acercan más a monstruos que a seres humanos, e incluso la idea de controlar el destino se asoman en estas páginas en las que la noche se impone al día, y las sombras a la luz.

Wonder Woman, la Amazona Azul

El tercer relato, centrado en el personaje de Wonder Woman, es sin duda el más “tradicional”, si es que dicho término se puede aplicar en el caso que analizamos aquí. Los motivos son varios, entre ellos que las películas que toma como referencia, El ángel azul (1930) y El Dr. Mabuse (1922), aunque encajan dentro del expresionismo alemán, se alejan notablemente de los conceptos y características que definieron este movimiento, sobre todo la primera. Es cierto que se mantienen algunos de los conceptos ya mencionados, destacando la idea de que un individuo sea capaz de ejercer un control físico y psicológico sobre el resto, pero el tratamiento visual se aleja ostensiblemente de lo visto en los dos anteriores volúmenes, al igual que ocurre, en cierto modo, en la apuesta visual de las películas.

Y desde luego, es la historia más “superheróica” y menos “expresionista” de las tres. Dicho de otro modo, el relato de esta Mujer Maravilla se sumerge de forma más evidente en los parámetros e iconos tradicionales del relato de este tipo de superhéroes, alejándose al mismo tiempo de todo aquello que aporta el movimiento cinematográfico alemán. Desde un punto de vista puramente visual también destaca esta apuesta, con un trazo más definido y un tratamiento del color más rico, abandonando los contrastes de luces y sombras, algo que destaca sobremanera en el tramo final de esta historia, donde por cierto se da cita la versión expresionista de muchos personajes de DC Cómics.

En cualquier caso, este último relato es el colofón de una trilogía apasionante, tanto para los amantes del cómic como para los apasionados del expresionismo alemán. Las conexiones entre las viñetas y los fotogramas de las películas mencionadas son tan evidentes en algunos casos que las fronteras entre uno y otro lenguaje desaparecen, evocando en sus páginas el movimiento de las máquinas de esa ciudad de obreros y amos, las sombras del primer vampiro del cine o la seducción de un ángel azul. Y aun siendo superhéroes, los personajes quedan relegados muchas veces a un mero hilo conductor de una historia que les supera y en la que los géneros se mezclan para ofrecer un producto único, una fusión entre cine y cómic que inevitablemente obliga a revisionar las películas casi al tiempo que se leen las páginas. No es un libro de cine, pero pocos libros de cine son capaces de lograr esto.

‘Wonder Woman’: La mujer maravilla


Feminismos aparte, la adaptación a la gran pantalla de la superheroína de DC Cómics se ha convertido en todo un fenómeno por algo tan sencillo y a la vez tan difícil como ofrecer un entretenimiento puro y duro sin caer en el infantilismo ni en el absurdo del espectáculo. Es evidente que la fortaleza del personaje principal marca una diferencia fundamental, pero lo realmente relevante de la nueva película de Patty Jenkins (Monster) es su capacidad para construir un relato redondo, con un equilibrio perfecto entre humor, aventura y acción, y con un desarrollo de personajes, al menos de los principales, lo suficientemente profundo como para que resulten sólidos o, al menos, entrañables.

Y esto convierte a Wonder Woman en una de las mejores películas de este nuevo universo cinematográfico que está empezando a nacer. La cinta ofrece un relato sustentado en un personaje único, una mujer en un mundo de hombres capaz no solo de demostrar que no es la chica que tiene que ser salvada, sino que es capaz de superarles en todo. Y a pesar de los consabidos superpoderes, estos quedan relegados a un segundo plano (al menos hasta la parte final del film) en favor del tratamiento de los personajes, de sus relaciones y de la sociedad en la que se desarrolla la acción. Esto permite jugar en todo momento con el humor y la ironía que generan la inocencia inicial de la protagonista en un mundo recién descubierto. Por supuesto, a todo esto se suman unas secuencias de acción tan espectaculares como cabría esperar, que beben casi en su mayoría (y tal vez demasiado) del gusto de Zack Snyder, cerebro de este universo superheróico (no en vano, es autor de esta historia), por la cámara lenta.

El mayor problema de la cinta es, sin duda, sus necesarias concesiones dramáticas, que rompen un desarrollo bien construido y que provocan algunas secuencias cuanto menos forzadas para poder hacer avanzar la acción en el sentido deseado. Ya sea la relación romántica entre los protagonistas, el poco tratamiento de los villanos o el modo en que el personaje de Gal Gadot (Las apariencias engañan) se enfrenta a algunas situaciones, lo cierto es que estas debilidades narrativas no llegan nunca a eclipsar el espléndido resultado final, y aunque pueden generar cierta desconexión en la historia, en ningún caso afectan tanto como para ser lo más recordado de esta aventura que, esperemos, siente las bases de un futuro esperanzador.

En definitiva, Wonder Woman no deja de ser una espectacular cinta de aventura y acción, con sus dosis de humor y sus momentos dramáticos. Dicho de otro modo, una peli de superhéroes. Pero en esa categoría, y después de tantos años, se puede distinguir entre las mediocres y las producciones más completas, y la cinta de Jenkins pertenece a esta segunda categoría. Y como suele ser habitual, esto es así porque huye de forma casi sistemática de los efectos especiales sin sentido para centrarse en los personajes, en construir una historia con un trasfondo moral en el que los protagonistas afronten retos personales con forma de enemigo externo. El hecho de conocer poco a poco el origen de la protagonista aporta un plus de dramatismo que, aunque pueda intuirse, se mantiene de forma más o menos secreta durante casi todo el metraje. Lograr eso en una película de estas características ya es todo un reto. Y sí, que se convierta en un modelo a seguir por las niñas, con los defectos que se le pueden encontrar, debería ser suficiente para alabar esta cinta.

Nota: 8/10

‘Wonder Woman’ salva el mundo y ‘La casa de la esperanza’


Todavía queda un último viernes de junio, pero en cierto modo este fin de semana marca el final de un mes marcado por los blockbusters (o intentos de ello) que habitualmente copan las salas en esta época del año. Y lo hace porque llega a España el que posiblemente sea el estreno más esperado de los últimos meses, no solo por la historia sino por las críticas y comentarios recibidos. Prueba de su relevancia es que, aunque llegan otras novedades, este viernes día 23 no contempla títulos que puedan competir en atractivo para un público mayoritario.

Hablamos, cómo no, de Wonder Woman, aventura en solitario de la superheroína de DC Cómics que ya tuvo presencia en Batman v. Superman: El amanecer de la Justicia. La historia aborda los orígenes del personaje, cuando la princesa de las Amazonas se entrena para convertirse en una guerrera invencible. Todo cambia al encontrar a un piloto norteamericano que se ha estrellado en la costa de su isla, y quien pide ayuda para luchar en una guerra que afecta a todo el planeta: la I Guerra Mundial. Será entonces cuando la princesa opte por salir al mundo, descubrir sus poderes y evitar que el mal se extienda. Patty Jenkins (Monster) es la encargada de poner en imágenes esta cinta de fantasía, aventuras y acción en la que Gal Gadot (Triple 9) vuelve a encarnar al personaje. El reparto se completa con Chris Pine (Comanchería), Robin Wright (serie House of cards), Connie Nielsen (Las confesiones), David Thewlis (Regresión), Elena Anaya (Infiltrado), Lucy Davis (Bob Funk) y Danny Huston (Big Eyes), entre otros.

Estados Unidos, junto a Reino Unido y la República Checa, también produce La casa de la esperanza, drama biográfico basado en la novela de Diane Ackerman y cuya acción transcurre en Polonia en 1939. La trama se centra en una pareja que, durante la II Guerra Mundial, lucha por salvar a los animales del Zoo de Varsovia tras la invasión alemana. Dirigida por Niki Caro (En tierra de hombres), la cinta está protagonizada por Jessica Chastain (El caso Sloane), Daniel Brühl (Capitán América: Civil War), Johan Heldenbergh (Alabama Monroe), Michael McElhatton (serie Juego de tronos) e Ido Goldberg (serie Mob city).

El drama biográfico tiene otro representante en Maudie: El color de la vida, film dirigido por Aisling Walsh (Los niños de San Judas) sobre una mujer con artritis reumatoide desde su infancia que anhela, más que nada, abandonar la protección de su familia y convertirse en artista. Y el primer paso para lograrlo lo da cuando encuentra un trabajo como empleada del hogar en casa de un huraño pescador. Sally Hawkins (Blue Jasmine), Ethan Hawke (El valle de la venganza), Kari Matchett (The riverbank), Gabrielle Rose (The devout), Zachary Bennett (Quédate conmigo) y Billy MacLellan (serie Defiance) encabezan el reparto de esta producción irlandesa y canadiense.

Entrando de lleno en las novedades europeas, destaca Hermanos del viento, aventura familiar con dosis de drama con capital austríaco y en la que colabora España. Dirigida a cuatro manos por Gerardo Olivares (La gran final) y Otmar Penker, quien de este modo debuta en esta función. La historia se centra en la relación entre un niño y una cría de águila. El primero carga con el peso de la muerte de su madre, que murió asesinada cuando trataba de rescatar al joven recién nacido, por lo que sufre a manos de su padre; el animal fue arrojado del nido por otro polluelo, siendo salvado por el joven. Juntos crecen, pero cuando llega el momento de soltar al pájaro, el muchacho debe afrontar la posibilidad de liberarse de una carga que no es la suya. Entre los actores destacan Jean Reno (En la mente del asesino), Manuel Camacho (Entrelobos), Tobias Moretti (El valle oscuro) y Eva Kuen (Bergblut).

La producción nacional cuenta con dos representantes. Por un lado, La película de nuestra vida, ópera prima de Enrique Baró, quien escribe y dirige esta comedia centrada en varias vidas que narran las vivencias del propio director a través de películas, canciones y emoción. El limitado reparto está integrado por Teodoro Baró, Francesc Garrido (La ignorancia de la sangre) y Nao Albet (Incidencias).

Por otro, la comedia Selfie, comedia que narra las andanzas de un joven desde que deja su lujosa vida hasta que la realidad le golpea duramente. Todo porque su padre, ministro del gobierno, ha sido detenido por la policía acusado de 18 delitos económicos. A partir de este punto, el mundo que el joven conocía se derrumba, y pasará de sus lujos y su mundo perfecto a acudir a Podemos, acudir en busca de ayuda a trabajadores sociales o vivir en barrios sin lujos. Lo que no parece que vaya a ocurrir es que aprenda de esta experiencia. Escrita y dirigida por Víctor García León (Más pena que Gloria), la película cuenta entre sus actores con Javier Caramiñana, Macarena Sanz (Las furias), Santiago Alverú, Alicia Rubio (Tarde para la ira) y Pepe Ocio (El regreso de Elías Urquijo).

Alemania y Bélgica producen Robbi y Tobbi y el viaje fantástico, aventura familiar con toques de comedia que adapta el libro de Boy Lornsen centrado en la amistad poco usual entre un niño y un robot. Ambos construirán, para una de sus aventuras, el vehículo perfecto, capaz de viajar por tierra, mar y aire. Wolfgang Groos (Las hermanas vampiras) dirige esta propuesta protagonizada por Arsseni Bultmann (Der Nanny), Ralph Caspers (Erik of het klein insectenboek), Melina Mardini, Alexandra Maria Lara (Suite francesa) y Jonah Rausch (serie Weinberg).

Terminamos el repaso con la aventura bélica Tubelight, cinta india dirigida por Kabir Khan (Phantom) y ambientada en 1962. La trama se centra en un joven que vive una tranquila vida ajeno a los males del mundo gracias a un hermano mayor que le protege, pero que también le hace tener una visión ingenua del mundo. Su vida se desmorona cuando su protector hermano es llamado a filas para luchar en la frontera indo-china, dejándole solo. A medida que el conflicto se recrudece, el miedo por su seguridad en pleno conflicto aumenta, por lo que decide salir de su seguro entorno y detener el conflicto para poder traer de vuelta a su hermano. El reparto está encabezado por Salman Khan (Sultan), Shah Rukh Khan (Dilwale), Sohail Khan (Kisaan) y Zhu Zhu (El hombre de los puños de hierro).

‘Baywatch: Los vigilantes de la playa’: un episodio de una serie cutre de los 90


Hay películas que nacen única y exclusivamente para satisfacer eso que se conoce como ‘placer culpable’. Y si son adaptaciones de otros productos previos, suelen tener más efecto en aquellas generaciones que han crecido con sus historias. Pasa siempre, para bien y para mal. Y la nueva comedia de Seth Gordon (Cómo acabar con tu jefe) no es, ni mucho menos, una excepción. Es más, es el mejor ejemplo. Posiblemente lo mejor de la cinta sea que es consciente de esto, que no huye de ello y que incluso lo abraza, parodiando la serie de televisión original y riéndose de sí misma como pocas cintas son capaces de hacer.

Y es ahí donde Baywatch: Los vigilantes de la playa logra sus mejores momentos, que no son cumbres en el séptimo arte pero que, por lo menos, logran arrancar varias carcajadas. Narrativamente hablando, la película es, como uno de los personajes menciona en un momento dado, un episodio de una serie cutre de los 90. En efecto, el argumento, si es que existe, es totalmente plano, sin giros dramáticos y con un desarrollo deliberadamente lineal. Sus personajes, arquetípicos hasta resultar cansinos, funcionan gracias a la química de sus dos protagonistas y, porqué no, a la gracia y calidad de algunos secundarios. Y es que resulta curioso comprobar cómo este reparto, sin estar entre lo mejor de la interpretación, sabe dotar a sus respectivos roles de una entidad que no tienen sobre el papel, elevando ligeramente el nivel de la cinta.

Pero seamos serios, estamos ante una producción diseñada para vender entradas, palomitas y todo tipo de merchandising que se pueda imaginar. No tiene otro objetivo, y prueba de ello es que se olvida casi tan rápido como se consume. Bueno, puede que más rápido. Con un diseño visual vistoso, valga la redundancia, la cinta logra no aburrir demasiado gracias a un buen equilibrio entre la acción y el humor (lo del argumento, repito, lo dejamos en ‘Se busca’). De hecho, cuando más puntos pierde es cuando trata de ponerse algo dramática y da a sus personajes una situación adversa a la que enfrentarse, evidenciando no solo las carencias de sus actores, sino de su propia trama, incapaz de soportar un mínimo peso de algo que no sean los músculos, los bañadores y las cámaras lentas explotando los atributos de sus protagonistas femeninas.

Así que sí, Baywatch: Los vigilantes de la playa es un capítulo más de aquella mítica serie que tanto definió la cultura de alguna que otra generación. Y como tal episodio largo, es más simple que los salvavidas que utilizan los protagonistas. Lineal, sin contrapesos dramáticos, con personajes a cada cual más simple y con arena, mar y sol, la cinta es capaz de sobrevivir casi dos horas. Lo mejor: su intrascendencia, el humor utilizado y las tomas falsas finales. Lo peor: que no ofrece nada. Se podría haber evitado, es cierto, pero la nostalgia es la nostalgia. Aunque una cosa hay que reconocer a esta cinta: conoce sus limitaciones, las respeta y las explota. Al menos no insulta la inteligencia del espectador.

Nota: 5,5/10

‘París puede esperar’ hasta que lleguen ‘Los vigilantes de la playa’


Acción, romance, intriga y, sobre todo, mucha comedia, es lo que protagoniza los estrenos de este viernes, 16 de junio. Un viernes marcado por la llegada de una de las películas del verano, adaptación a la pantalla grande una serie de televisión que marcó a toda una generación. Por supuesto, no es la única novedad. De hecho, y a diferencia de fines de semana anteriores, llegan numerosas novedades que abren todo un abanico de posibilidades cinematográficas.

Pero hay que comenzar por Baywatch: Los vigilantes de la playa, versión cinematográfica de la producción televisiva de los años 90 que, en esta ocasión, mezcla comedia, acción y drama para narrar cómo el socorriste Mitch Buchannon y un novato al que debe acoger a pesar de sus desencuentros se enfrentan a toda una trama criminal que amenaza el futuro de la Bahía que protegen, para lo que contarán con todo un equipo de socorristas. Seth Gordon (Cómo acabar con tu jefe) es el responsable de poner en imágenes esta historia cuyo reparto está encabezado por Dwayne Johnson (Un espía y medio), Zac Efron (Malditos vecinos 2), Alexandra Daddario (San Andrés), Priyanka Chopra (Gunday), Jon Bass (Loving), Kelly Rohrbach (Wilt) e Ilfenesh Hadera (serie Billions), a los que se suman la presencia de actores de la serie original como David Hasselhoff (Giro inesperado) y Pamela Anderson (Blonde and blonder).

Estados Unidos y Japón colaboran en París puede esperar, comedia romántica con dosis dramáticas escrita y dirigida por Eleanor Coppola en la que es su primera película de ficción en pantalla grande. Su trama arranca cuando la mujer de un exitoso productor de Hollywood inicia un viaje en coche junto al socio de su marido para ir a París. Sin embargo, lo que debería ser un recorrido de siete horas se convierte en un viaje de exploración de Francia y de autodescubrimiento para la mujer. Diane Lane (Batman v Superman: El amanecer de la Justicia) es la principal protagonista de esta historia, en la que también podemos ver a Alec Baldwin (La verdad duele), Arnaud Viard (Plus haut), Cédric Monnet (Par accident) y Élodie Navarre (El arte de amar).

Desde norteamérica, esta vez en colaboración con España, llega también Animal de compañía, thriller de terror cuyo punto de partida es el secuestro de una joven por parte de un trabajador de un refugio de animales, enamorado de ella pero rechazado. Poco a poco el encierro irá desvelando la verdad sobre la chica, con lo que su secuestrador descubre que tienen más cosas en común de las que inicialmente creía. Este segundo largometraje del director español Carles Torrens (Emergo) está protagonizado por Dominic Monaghan (Soldados de fortuna), Ksenia Solo (Desaparecida), Jennette McCurdy (Minor details), Da’Vone McDonald (Vaya resaca), Nathan Parsons (serie True blood) y Janet Song (Palo alto).

Antes de entrar de lleno en las novedades europeas, esta semana también llega Cosecha amarga, drama romántico de corte histórico con capital canadiense cuya trama se ambienta en la Ucrania de los años 30, bajo el gobierno de Stalin. En este contexto surge el amor de una joven pareja, que luchará contra las políticas genocidas que se están implantando en el país. Dirigida por George Mendeluk (Fight or flight), la cinta está protagonizada por Barry Pepper (Matar al mensajero), Max Irons (La dama de oro), Tom Austen (La leyenda de la tumba del dragón), Samantha Barks (Los miserables), Terence Stamp (Big Eyes) y Aneurin Barnard (El secreto del cofre de Midas).

Desde Irlanda y Reino Unido llega I am not a serial killer, thriller dramático con dosis de terror que adapta la novela de Dan Wells y cuya trama se centra en un joven de una pequeña localidad del medio Oeste norteamericano cuya mayor obsesión son los asesinatos en serie. Cuando una ola de sangrientos crímenes asola su pueblo, su meta será dar caza al asesino, aunque durante el proceso deberá luchar contra sus propios demonios. Billy O’Brien (Scintilla) es el encargado de dirigir el film, cuyo reparto está encabezado por Max Records (El canguro), Christopher Lloyd (Mil maneras de morder el polvo), Laura Fraser (Flutter), Karl Geary (The Burrowers) y Matt Roy (Wilson).

Entre los estrenos españoles destaca Señor, dame paciencia, comedia que arranca cuando fallece la mujer de un banquero muy conservador, muy del Real Madrid y muy gruñón. La última voluntad de la esposa es que su familia pase un fin de semana junta para que esparzan sus cenizas en el Guadalquivir. Un viaje que pondrá a prueba la tolerancia del hombre, ya que sus hijos, con los que hace tiempo que no se habla, llegan con unas parejas que no soporta. Una de sus hijas con un catalán del Barça que quiere que su nieto se eduque en un colegio bilingüe catalán-inglés; otra aparece con un joven anti-sistema; y su hijo, que salió del armario hace poco, llega con su novio vasco de origen senegalés. Escrita y dirigida por Álvaro Díaz Lorenzo (La despedida), en su amplio reparto encontramos nombres como los de Jordi Sánchez (Cuerpo de élite), David Guapo (Barcelona, nit d’hivern), Megan Montaner (Dioses y perros), Andrés Velencoso (Fin), Salva Reina (Villaviciosa de al lado), Paco Tous (El guardián invisible), Silvia Alonso (La corona partida), Rossy de Palma (Julieta) y Eduardo Casanova (serie Aída).

También española es la cinta Júlia ist, ópera prima de Elena Martín que, en clave dramática, narra el viaje de una joven universitaria que decide ir a Berlín de Erasmus, abandonando así su hogar por primera vez en su vida. Sin embargo, la experiencia no es como había imaginado. Una ciudad fría y gris la recibe de forma gélida, por lo que deberá confrontar la realidad con sus expectativas. La propia Martín protagoniza esta historia, estando acompañada ante las cámaras por Oriol Puig (Blog), Laura Weissmahr y Carla Linares (Les amigues de l’Àgata).

España participa también en el film Ignacio de Loyola, producción filipina dirigida a cuatro manos por Paolo Dy y Cathy Azanza, quienes debutan de este modo en el largometraje. Como su título indica, la obra aborda la vida del histórico personaje desde su participación en la Batalla de Pamplona hasta la fundación de la Compañía de Jesús, abordando de este modo su conversión gracias a la lectura de los textos sagrados. Andreas Muñoz (Nodo), Javier Godino (Al final del túnel), Julio Perillán (Viral), Gonzalo Trujillo (serie Acacias 38), Isabel García Lorca (Cheeeese) y Lucas Fuica (La ley) encabezan el reparto.

El drama también es el género al que pertenece Cartas de la guerra, film portugués que adapta la novela de António Lobo Antunes en la que, a través de las misivas que un joven alférez médico envía a su esposa, se narra la Guerra Colonial portuguesa en Angola y la difícil situación que vivieron los soldados. Ivo Ferreira (Em Volta) se pone tras las cámaras de este drama que protagonizan Miguel Nunes (Cisne), Margarida Vila-Nova (Corrupção), Ricardo Pereira (Cosmos), João Pedro Vaz (Entre os dedos) y João Pedro Mamede.

Otro de los estrenos europeos es La vida de Anna, ópera prima de Nino Basilia, quien escribe y dirige este drama producido en Georgia que gira en torno a una madre soltera que tiene varios trabajos para poder mantener a su hijo autista. Dispuesta a darle una vida mejor, decide emigrar desde el país europeo a Estados Unidos, para lo que deberá intentar hacerse con un visado ilegal. Ekaterine Demetradze es el principal nombre del reparto.

Desde otros lugares del mundo proceden las siguientes novedades. La mujer del animal es un drama colombiano que arranca cuando una jovencita se escapa del convento de monjas en el que reside para irse a vivir con su hermana a un barrio marginal de Medellín. Allí conoce a su primo, que la secuestra y la obliga a casarse con él. Meses después tiene una hija, lo que unido al hecho de que su primo tiene a otra mujer retenida, da fuerzas a la joven para vencer su miedo y librarse del maltratador. Escrita y dirigida por Víctor Gaviria (Sumas y restas), la cinta está protagonizada por Natalia Polo, Tito Alexander Gomez y Jesús Vásquez.

Para finalizar, un film japonés con origen español. Mientras ellas duermen es el título del nuevo film de Wayne Wang (Sucedió en Manhattan), obra que adapta la novela homónima del escritor y periodista Javier Marias y que gira en torno a un escritor que, durante unas vacaciones con su esposa, empieza a seguir a una joven que se hospeda en su mismo hotel y que se hospeda con un hombre mayor. La obsesión que le provoca esta pareja le llevará a presenciar situaciones comprometidas que no debería conocer. El reparto está encabezado por Takeshi Kitano (Outrage 2), Shioli Kutsuna (Beck), Hidetoshi Nishijima (Hâmerun) y Sayuri Oyamada (Tokyo no uso).

‘La Momia’: la maldición de las malas decisiones


Debería ser relativamente sencillo hacer una película de aventuras sobre Egipto, sus maldiciones y toda la mitología que conlleva. No hablo de una película espléndida en todos sus aspectos, pero sí al menos entretenida y con ritmo trepidante. Pero lo que han creado entre Alex Kurtzman (Así somos) y Tom Cruise (Collateral) se antoja decidida y conscientemente mediocre. Es difícil poder explicar, si no, tal cúmulo de incongruencias narrativas y equivocadas decisiones artísticas. Y todo ello sin tener en cuenta los errores que muchos apasionados de los faraones sin duda encontrarán en un metraje de casi dos horas que, en algunas ocasiones, puede hacerse un poco lento.

En realidad, para comprender lo que ocurre con esta La Momia es fundamental prestar atención al logo inicial del film: Dark Universe. La apuesta de Universal por resucitar a todos sus monstruos clásicos en una especie de mundo en el que conviven sin demasiada paz ni armonía ha llevado a los responsables de este primer relato a mezclar churras con merinas. Demasiados personajes innecesarios, demasiadas referencias a otros monstruos y demasiada historia de fondo que posiblemente sirva para hilar el resto de películas, pero que para lo que cuenta esta trama es totalmente innecesario. Eso por no hablar de secuencias poco acertadas.

Pero el verdadero problema de esta cinta no es el concepto en el que se basa, sino su tratamiento. Para empezar, elegir a Cruise para semejante papel es cuanto menos cuestionable. Ni tiene la gracia que exige el personaje ni la química con su compañera de reparto. Y para continuar, la base sobre la que se sustenta todo el relato, la maldición egipcia, está tan cogida con pinzas que plantea más interrogantes que respuestas. Y para finalizar, las continuas referencias no solo a otros monstruos clásicos, sino a la película que Stephen Sommers (Van Helsing) dirigió en 1999 y que se ha convertido en todo un referente visual. Todo ello provoca la sensación de estar ante una producción sin un objetivo claro, más allá de la construcción de un universo posterior en el que se puedan desarrollar mejores historias. El problema es que si no se asientan bien los pilares todo se tambalea.

Podría haberse optado por una sencilla película de aventuras. Podría haberse optado por una cinta de acción. Incluso por algo más terrorífico con referencias a la mitología egipcia. Pero en lugar de todo eso, La Momia trata de ser una mala copia de su predecesora de hace 18 años, introduciendo para la ocasión personajes que pintan poco o nada en una historia que debería tener a Egipto en el centro de su ideario, pero que en realidad relega al país del Nilo a una simple excusa a la que recurrir cuando conviene. Incluso aceptando esto como algo positivo para que la historia pueda avanzar por otros senderos, la película se pierde en su propia ausencia de objetivo, dejando un desarrollo irregular, unos personajes poco sólidos y un final abierto que, sinceramente, crea más incógnitas sobre el futuro de las que responde.

Nota: 4/10

‘Arrow’ une pasado y presente en una 5ª T. con un futuro prometedor


Cinco años. Ese es el tiempo que la serie Arrow lleva entre nosotros. El mismo que su protagonista, interpretado por Stephen Amell (Ninja Turtles: Fuera de las sombras) estuvo presuntamente en una supuesta isla desierta sobreviviendo y adquiriendo sus habilidades. Y fruto de esa conexión es esta quinta temporada creada por Greg Berlanti (serie Political animals), Marc Guggenheim (Percy Jackson y el mar de los monstruos) y Andrew Kreisberg (serie Supergirl), cuyos 23 episodios podrían interpretarse como un repaso emocional, dramático y argumental de la serie que, nos guste o no, ha abierto las puertas de una nueva edad dorada para los superhéroes en televisión. Lo que cabe preguntarse es si, más allá de todo esto, la trama es correcta.

La respuesta debería ser ‘sí’, aunque con matices. Después de una cuarta temporada en la que se quiso llevar a los personajes a los rincones más oscuros y dramáticos, en algunos casos recurriendo a herramientas un tanto cuestionables que llevaron la trama por senderos poco acertados, esta etapa se revela como algo más serio, narrativamente mejor estructurado, con giros argumentales elaborados a fuego lento desde el comienzo de la temporada. Para empezar, el nuevo equipo del arquero esmeralda es toda una declaración de intenciones, una suerte de reinicio tanto del apartado visual como de la definición dramática del héroe, dispuesto a abandonar una forma de ser y de abrazar una nueva filosofía. Este punto de partida permite a sus creadores trabajar en un villano excepcional, una némesis idónea que trata de destruir dicha imagen, convirtiéndose en una representación física de esa lucha interna del héroe entre su violento y asesino pasado, y su salvador presente.

Esta idea del bien y del mal que subyace en el ADN de Arrow tiene en esta quinta temporada un discurso aún más reiterativo si cabe que en temporadas anteriores gracias a la presencia de más personajes y a que cada uno, en su trama particular, afronta esa dualidad interna. El caso más evidente, y posiblemente el más arquetípico, sea el de Felicity Smoak, de nuevo con los rasgos de Emily Bett Rickards (Brooklyn). Su presunto paso al lado oscuro para atrapar al villano resulta cuanto menos cuestionable, por no decir risible, teniendo en cuenta sobre todo que en estos años ha participado en decisiones y actos mucho más ilegales. Con todo, sí permite sentar las bases para una evolución del ‘love interest’ y poder salir de un callejón sin salida que parecía atisbarse en un futuro no muy lejano relacionado con este pilar narrativo. Dicho esto, su caso es solo uno de los muchos que nutren la imagen general que estos episodios transmiten, dotando entre todos de una solidez formal a esta temporada mucho mayor.

Comenzaba hablando de los matices a esta correcta y por momentos interesante trama. En efecto, aunque el desarrollo dramático termina resultando coherente y, hasta cierto punto, apasionante, a lo largo del camino el argumento se ha encontrado con varios escollos que ha salvado más o menos bien. Por ejemplo, varios personajes secundarios han entrado y salido sin ofrecer demasiado al conjunto de la historia, lo que lleva al espectador a olvidarlos con relativa facilidad, sobre todo en una temporada tan larga. A esto se suma la necesidad de conectar los diferentes universos seriéfilos creados a partir del arquero de Star City, y que ha llevado a introducir capítulos totalmente independientes que rompen el desarrollo natural de la acción, si bien es cierto que hay que reconocer que lo ocurrido en ellos ha tenido cierta influencia en algunos detalles posteriores. Sin embargo, esto no es suficiente como para que se produzca una integración natural, generando la sensación de estar ante imposiciones comerciales más que ante una apuesta dramática real.

De nuevo en la isla

Lo más destacado de la quinta temporada de Arrow es, sin embargo, esa especie de conjunción de pasado, presente y futuro que se plantea a lo largo de toda la temporada y que tiene su resolución acelerada en los últimos episodios. El hecho de llegar al quinto cumpleaños obligaba a sus creadores a estructurar la trama de modo que, por un lado, pudiera unir el tiempo que pasó (o no pasó, mejor dicho) en la isla con el comienzo de la serie, aprovechando esa circunstancia para abordar la evolución dramática del protagonista y acentuar más si cabe la diferencia entre el primer Oliver Queen y el presentado en estos episodios.

Guste más o menos, esté mejor o peor realizado, lo cierto es que se consigue, y aunque en ese logro tiene buena parte de responsabilidad tanto el villano como el tratamiento de los secundarios, como ya hemos mencionado, también es fundamental el escenario elegido para un final de temporada que deja un gancho dramático como pocos se han visto en esta serie. Posiblemente el último episodio sea el mejor de esta etapa, y lo es porque aúna en menos de 45 minutos todos los elementos ya mencionados: traiciones, la dualidad entre el bien y el mal en el interior del protagonista, un villano sádico hasta decir basta y, sobre todo, unos secundarios cuyas vidas quedan literalmente en interrogante. Es de suponer cuál será el desenlace una vez comience la sexta temporada, pero a pesar de todo genera la suficiente expectación.

Evidentemente, el hecho de que la conclusión se desarrolle en la isla de Lian Yu no es casual, pero incluso dejando a un lado las necesidades narrativas o dramáticas de la trama principal, el escenario tiene un marcado carácter simbólico y un significado que abarca absolutamente todo lo que la serie ha expuesto y explorado a lo largo de estas temporadas. Para empezar, el reencuentro de pasado y presente, tanto físico como psicológico. Y para continuar, la traducción al castellano del nombre es ‘Purgatorio’, muy apropiado para definir lo que vive el héroe en esta etapa. El análisis puede profundizar más si tenemos en cuenta que mientras que durante sus años desaparecido estuvo preocupado de salvarse a sí mismo, en esta ocasión todo lo que hace es por los demás, lo que de paso consolida la evolución del arquero. Si tenemos en cuenta que para derrotar al archienemigo de turno tiene que recurrir a aquellos a los que se enfrentó en ocasiones anteriores, el círculo se completa. Y así sucesivamente con la cantidad de detalles y matices, narrativos y dramáticos, que pueden apreciarse durante ese episodio 23 de la temporada.

Es cierto que Arrow había perdido algo de fuerza en las últimas temporadas. A pesar del dinamismo y la acción espléndidamente elaborada, la trama parecía haber caído en una suerte de bucle sin avanzar demasiado, salvo para presentar a un villano cada vez más difícil de derrotar. Puede que se deba, precisamente, a que era necesario rellenar el espacio hasta llegar a esta quinta temporada, una de las mejores en lo que va de serie. Esa sería una excusa un tanto débil, es cierto. Sea como fuere, la realidad es que las aventuras de Flecha Verde han vuelto a estar en un alto nivel, estructurando la trama desde el principio en un plan orquestado por un villano tan odioso como inolvidable. El significado moral, simbólico y dramático de lo visto en estos capítulos no solo eleva a la ficción a un nuevo nivel, sino que cierra una especie de ciclo narrativo que deberá ser sustituido por otra cosa, por otro ser. Ese interrogante, unido al gancho dramático del último episodio, es una de las cosas que sin duda ha dejado a los fans reclamando más.

Cruise se enfrenta a ‘La Momia’ mientras McGregor busca a su hija


El mes de junio ha arrancado con estrenos destinados a una amplia variedad de público pero con pocos visos de convertirse en éxitos de taquilla. Sin embargo, y a tenor de lo que está por llegar, esa no va a ser la tónica general. Es más, desde este viernes, día 9, las novedades van a estar marcadas por cintas en las que priman la aventura, la acción y la diversión por encima de la profundidad o la solidez de sus historias. Claro que con ellas, como ocurre hoy, llegan una serie de títulos de lo más interesantes.

Comenzamos este repaso con La Momia, nueva revisión del mito con maldiciones egipcias, aventura y humor a partes iguales. Dirigida en esta ocasión por Alex Kurtzman, creador de la serie Sleepy Hollow, y protagonizada por Tom Cruise (Al filo del mañana), la trama arranca cuando es descubierta por casualidad una cripta enterrada en lo más profundo del desierto. En ella descansa el cuerpo de una antigua princesa cuyo destino de reinar sobre Egipto le fue arrebatado por su ambición. Devuelta a la vida, utilizará todo su poder no solo para recuperar lo que le fue quitado, sino para someter a todo el planeta a su reinado. En el reparto también destacan Russell Crowe (Dos buenos tipos), Annabelle Wallis (Annabelle), Sofia Boutella (Star Trek: Más allá), Jake Johnson (Todo o nada), Courtney B. Vance (Terminator: Génesis), Javier Botet (El guardián invisible) y Marwan Kenzari (Ben-Hur).

Muy diferente es American Pastoral, primer largometraje de Ewan McGregor (La bella y la bestia) como director. Adaptación de la novela de Philip Roth, este drama con dosis de thriller cuenta con capital de Estados Unidos y Hong Kong narra la aparentemente perfecta vida de un antiguo atleta de instituto casado con una ex reina de la belleza. Su apacible vida se ve alterada cuando su hija desaparece tras ser acusada de cometer un acto violento, lo que llevará al hombre a buscarla, removiendo para ello los cimientos de una familia que nunca volverá a ser la misma. El propio McGregor protagoniza esta cinta cuyo reparto se completa con Jennifer Connelly (Noé), Dakota Fanning (El benefactor), Rupert Evans (The canal), Uzo Aduba (serie Orange is the new black), Molly Parker (serie House of cards) y David Strathairn (La deuda).

Pasamos ahora a las novedades europeas, y entre ellas destaca El sueño de Gabrielle, adaptación de la novela de Milena Agus que dirige Nicole Garcia (El adversario) y cuya trama gira en torno a una joven de la Provenza francesa que sueña con encontrar el verdadero amor en los años 50. Tras un matrimonio concertado con un granjero español honrado y cariñoso al que no ama, la joven conoce a un teniente herido en la guerra de Indochina que despertará sus deseos de amar y ser amada. Un sueño que está dispuesta a perseguir a toda costa. Este drama romántico con capital francés, belga y canadiense está protagonizado por Marion Cotillard (Macbeth), Louis Garrel (Mi amor), Àlex Brendemühl (Ma ma) y Brigitte Roüan (Voy a ser mamá).

Francia y Bélgica también colabora en Testigo, thriller de acción que arranca cuando un contable es despedido de la empresa en la que ha trabajado durante años. Es entonces cuando una misteriosa compañía le contrata para transcribir conversaciones telefónicas intervenidas. Su situación se complicará a medida que se vaya viendo involucrado en una compleja trama política con el mundo del espionaje como telón de fondo. Debut en el largometraje de Thomas Kruithof, la cinta cuenta con François Cluzet (Una semana en Córcega), Alba Rohrwacher (El país de las maravillas), Simon Abkarian (El padre), Sami Bouajila (Atracadores), Denis Podalydès (Monsieur Chocolat) y Alexia Depicker (La religiosa) como principales actores.

Estos dos países son los responsables igualmente de Una policía en apuros, nueva comedia dirigida y protagonizada por Dany Boon (Supercondríaco), quien también participa en un guión que se centra en la relación entre una policía que entra en el programa de formación del R.A.I.D. no por méritos propios, sino por motivos ocultos, y un agente misógino. En los momentos en los que no se tiran los trastos a la cabeza deberán tratar de detener a una peligrosa banda que está detrás de algunos de los robos más impresionantes de las calles de París. Entre los actores principales, además de Boon, encontramos a Alice Pol (Llévame a la Luna), Michel Blanc (Un viaje de diez metros), Yvan Attal (Rapt) y Sabine Azéma (Una cosa por otra).

El principal español de la semana es Patria, drama que dirige Joan Frank Charansonnet (Regression Post Panic Film) y que adapta a la gran pantalla la historia épica popular del caballero Otger Cataló, quien en base a la leyenda conquistó el territorio de Cataluña después de vencer a los sarracenos en el siglo VII. El reparto, en el que también participa el propio Charansonnet, está encabezado por Miquel Sitjar (A la deriva), Boris Ruiz (Los ojos de Julia), Miquel Gelabert (El Greco), Joan Massotkleiner (Las chicas de la sexta planta) y Àngels Bassas (Negro Buenos Aires).

La otra novedad con capital español es Pieles, debut en el largometraje del actor Eduardo Casanova (serie Aída), quien también escribe el guión de este drama centrado en varios personajes físicamente diferentes que se buscan en una sociedad que solo entiende una forma física que excluye y maltrata al diferente. Jon Kortajarena (Acantilado), Carmen Machi (La puerta abierta), Candela Peña (El tiempo de los monstruos), Ana Polvorosa (Mi gran noche), Macarena Gómez (Secuestro), Secun de la Rosa (La mula) y Carolina Bang (Dos a la carta) encabezan el reparto.

En lo que a animación se refiere, la única representante es Capitán Calzoncillos: Su primer peliculón, adaptación de la serie de novelas infantiles escritas por Dav Pilkey. El argumento se centra en dos traviesos escolares que hipnotizan al director de su colegio para convertirlo en un héroe de cómic. Lo que no esperan es lo que eso desencadena a continuación. La cinta está dirigida por David Soren (Turbo).

La 6ª T. de ‘Homeland’ se apoya en los secundarios para adaptarse


Además de su intensidad dramática, la calidad de sus actores o la solidez de sus tramas, si algo caracteriza a Homeland es su capacidad para reflejar a través de la ficción los matices que dan color a la realidad sociopolítica de Estados Unidos a través de la lucha contra el terrorismo emprendida desde hace años. La quinta temporada fue, en este sentido, simplemente impecable, y la sexta que ahora nos ocupa no se queda atrás. Para entender algunos de los giros argumentales es importante tener presente el contexto electoral que ha vivido el país norteamericano, la elección de Donald Trump y los atentados que se suceden en las capitales europeas. Todo ello aporta un prisma diferente a lo relatado en estos 12 episodios de esta serie creada por Alex Gansa (serie Maximum Bob) y Howard Gordon (serie Tyrant), ya de por sí interesante por la cantidad de tramas secundarias conectadas entre sí.

Porque independientemente de la carga política o de la manipulación mediática que contiene esta temporada, de las que hablaremos más adelante, esta ficción encuentra uno de sus pilares más sólidos en el tratamiento de los personajes y, sobre todo, en las relaciones que se establecen entre ellos. Sin miedo a la evolución que puedan sufrir a raíz de lo vivido en las anteriores temporadas, los protagonistas afrontan sus errores, sus miedos y sus frustraciones tratando de arreglar algo que tiene difícil solución. Las tensiones dramáticas que esto genera, las sensaciones de culpabilidad y de autodestrucción, otorgan al conjunto una profundidad dramática pocas veces vista incluso en esta serie, fruto sin duda de la evolución y de aprovechar el bagaje de esta longeva serie. No queda ahí la cosa. Sus creadores, al igual que ya ocurrió en la tercera temporada, afrontan sin miedo el presente y el futuro de los protagonistas. Si uno tiene que quedar impedido física y mentalmente, adelante. Y si su final tiene que ser la muerte, pues adelante también.

Esta posiblemente sea la clave del éxito de Homeland. Es cierto que el análisis político y social de la actualidad norteamericana y mundial otorga un peso específico sin igual, sobre todo por el modo en que se aborda, pero es el tratamiento dramático el que eleva esta serie hasta niveles que, en mi opinión, no se habían alcanzado en temporadas anteriores. Da la sensación de que la producción es capaz de evolucionar sin límite, pudiendo llevar a los personajes por caminos cada vez más difíciles de afrontar. Evidentemente, el contexto en el que se desarrollen las tramas siempre es cambiante, sobre todo en la realidad en que vivimos, pero más difícil resulta hacer creíble y coherente las peripecias dramáticas del personaje interpretado por Claire Danes (El caso Wells) y compañía, y no digamos ya encajarlas en la trama política de turno.

Ese punto de conexión es lo que define el carácter de la serie, y la sexta temporada lo ha sabido explotar al máximo. Por primera vez, sus responsables no solo han aprovechado el camino recorrido, sino que han introducido la variable de la hija de la protagonista para generar una tensión dramática sin igual. Es cierto que el personaje había sido utilizado de algún modo para acentuar el carácter del rol de Danes, pero ha sido en estos episodios en los que su presencia se ha tornado fundamental para comprender algunas decisiones y la evolución de la trama principal. De este modo, además del pasado adquiere especial protagonismo el futuro de esta ficción, cuyo final en esta etapa deja la puerta abierta a un interesante tratamiento político que, a buen seguro, aprovechará todo lo que pueda ofrecer el polémico presidente Trump.

Cambio de previsiones

Como decimos, el éxito de Homeland no radica únicamente en el peso dramático de sus tramas o en una soberbia definición de personajes, sino también en su capacidad de aproximarse a los acontecimientos reales que tienen lugar, algo en lo que, por cierto, se ha especializado a partir del giro experimentado tras la primera temporada. En esta ocasión las elecciones presidenciales de Estados Unidos han copado el interés político y social del argumento, aunque con unos matices tan enriquecedores como admirables. Con un comienzo que remite claramente a la posibilidad de que Hillary Clinton fuese elegida Presidenta, el final de esta sexta temporada da un giro al personaje interpretado por Elizabeth Marvel (El año más violento) para asemejarlo más al actual inquilino de la Casa Blanca.

Lo más destacable, sin embargo, no es este cambio en sí, sino el modo en que se construye la trama y se aprovechan todas las historias secundarias para producir ese cambio de forma orgánica, progresiva y coherente. Desde la manipulación mediática, hijo muerto mediante, hasta la implicación de los servicios de espionaje en una conspiración interna dentro del poder, la serie construye un relato en el que cualquier mirada puede representar un punto de inflexión y tener un significado crucial para comprender lo que está por llegar en ese momento. Si bien es cierto que estos 12 episodios precipitan la acción en su tercio final de un modo un tanto tosco, no lo es menos que esa sensación de que se quieren introducir con calzador cambios poco naturales queda suavizada por el trabajo previo, amén de una estructura dramática perfectamente construida sobre un entramado de arcos argumentales que se nutren entre ellos.

Esto permite, por ejemplo, que secundarios aparentemente intrascendentes adquieran protagonismo fundamental en los momentos clave. Posiblemente sean ellos los que permitan a sus creadores llevar el sentido de la historia hacia una u otra dirección, sin que el conjunto se vea excesivamente mermado. Me refiero, por ejemplo, al personaje de Shaun Toub (Juego de armas), cuya mentira ante la Presidenta electa da un giro completo al sentido dramático de la serie, poniendo a los personajes ante un abismo y a los espectadores en una situación de superioridad (informativamente hablando). Su caso es el más evidente, pero muchos otros confirman esa idea de que la serie se consolida sobre las historias secundarias, sobre los datos aparentemente complementarios que terminan definiendo el verdadero destino de los personajes.

Y poco a poco, Homeland sigue consolidándose como una de las mejores producciones del momento. Superado ya el “bache” de la tercera temporada, y habiendo demostrado con creces que la historia tiene fuerza para vivir sin la premisa original, esta sexta temporada da un nuevo paso y no solo confirma su peso dramático, sino que traslada la acción a Estados Unidos para unir bajo el mismo techo el terrorismo islámico, las conspiraciones internas contra el Gobierno, las manipulaciones de espías y medios de comunicación, y el poder de convicción que puede llegar a tener un cóctel de semejante calibre. El final del último episodio deja abierta una puerta peligrosa tanto para los protagonistas como para el futuro de la trama en sí. No tanto porque genere problemas a la hora de desarrollarse, sino porque amplía el abanico de posibilidades de forma casi exponencial, lo que obligará a elegir bien el siguiente paso. Sea como fuera, casi con toda seguridad que la actualidad volverá a definir el trasfondo.

Richard Gere lo consigue todo, incluso ‘La promesa’ de Christian Bale


El verano cinematográfico se toma un descanso en lo que a blockbusters se refiere para presentar, en este primer fin de semana de junio, numerosos títulos nuevos que, además de variedad, ofrecen al espectador historias alejadas de histrionismos o la espectacularidad que suele acompañar a los grandes estrenos de estas fechas. De hecho, solo hay que echarle un vistazo a la principal novedad de este viernes, día 2, para percatarse de que este es un fin de semana diferente.

Y es que los títulos de esta semana están encabezados por Norman, el hombre que lo conseguía todo, thriller dramático con capital estadounidense e israelí protagonizado por Richard Gere (El nuevo exótico hotel Marigold) y cuya trama se centra en un empresario de nivel bajo y amigo de un joven político que pasa por su peor momento. Tres años después, cuando el político se convierte en líder mundial, la vida del hombre de negocios cambia por completo. Escrita y dirigida por Joseph Cedar (Beaufort), la cinta completa su reparto con Lior Ashkenazi (La dune), Michael Sheen (serie Masters of sex), Charlotte Gainsbourg (Samba), Dan Stevens (serie Legión), Steve Buscemi (Con la magia en los zapatos) y Hank Azaria (Los pitufos 2).

Estados Unidos también colabora, en este caso junto a España, en La promesa, drama histórico dirigido por Terry George (Atraco en Belfast) que, ambientado en la caída del Imperio Otomano en los años 20 del pasado siglo, se centra en el triángulo amoroso formado por un estudiante de medicina, una bella mujer y un periodista norteamericano, que deberán afrontar sus sentimientos en un mundo que se desmorona a su alrededor. Entre los actores del film destacan Christian Bale (La gran apuesta), Oscar Isaac (X-Men: Apocalipsis), Charlotte Le Bon (Un viaje de diez metros), Jean Reno (Escuadrón de élite), Shohreh Aghdashloo (Los últimos caballeros), Tom Hollander (Misión: Imposible – Nación secreta), Alicia Borrachero (Vidas pequeñas) y Daniel Giménez Cacho (El Jeremías).

En lo que a cine europeo se refiere, el principal estreno es Marie Curie, biopic en clave de drama romántico que dirige Marie Noelle (Ludwig II) y cuya historia se centra en el momento en que la famosa científica gana el Premio Nobel de Física mientras mantiene una relación sentimental con un hombre casado. La alegría y la importancia del premio se verán empañados por las acusaciones de adulterio. Karolina Gruszka (Trick), Charles Berling (Elle), André Wilms (Pause), Daniel Olbrychski (Salt), Arieh Worthalter (Asalto en París) y Samuel Finzi (Fritz Lang) encabezan el reparto.

Antes de pasar a las novedades españolas, un thriller de 2015. La cara oculta de la Luna, producida entre Alemania y Luxemburgo, adapta la novela de Martin Suter acerca de un abogado que presencia el suicidio de un hombre de negocios al que arruinó tiempo atrás. Incapaz de seguir con su vida, el hombre deja todo para iniciar un viaje junto a una chica hippie por un bosque, y con el que el abogado perderá el control de su vida. Dirigida por Stephan Rick (Unter Nachbarn), la película está protagonizada por Moritz Bleibtreu (La dama de oro), Jürgen Prochnow (El código Da Vinci), Nora von Waldstätten (Los cinco y la isla del tesoro), André Hennicke (Solness) y Nino Porzio (serie Alerta cobra).

La comedia romántica es protagonista en Como la espuma, nuevo film escrito y dirigido por Roberto Pérez Toledo (Al final todos mueren) que arranca cuando 15 personas se reúnen en una antigua mansión, en la que tendrá lugar una orgía improvisada. Fruto de este encuentro surgirán romances, desencuentros, desamores y relaciones que cambiarán para siempre la vida de los protagonistas. Esta cinta con capital español está protagonizada por Sara Sálamo (Tres 60), Daniel Muriel (Azuloscurocasinegro), María Cotiello (Las 13 rosas), Miguel Diosdado (serie Bandolera), Pepe Ocio (Ignacio de Loyola), Carlo D’Ursi (La punta del iceberg) y Nacho San José (People you may know).

Este viernes la cartelera suma igualmente a Mil cosas que haría por ti, producción española que gira en torno a un joven que pierde un carísimo reloj, regalo de su novia por su cumpleaños. Esto provoca que ella decida romper la relación, por lo que el chico inicia una búsqueda para recuperarlo y poder volver con ella. Pero lo que parecía algo sencillo se complica cada vez más a cada paso. Esta comedia está dirigida por Dídac Cervera (Los inocentes), y en su reparto cuenta con Peter Vives (Eva), Carmina Barrios (Carmina y amén.), Iris Lezcano (serie Sin tetas no hay paraíso), Jordi Vilches (La banda Picasso), Boris Ruiz (Los ojos de Julia) y Cristina Brondo (Pecados).

También española es Bittersweet days, debut en el largometraje de Marga Melià, quien escribe y dirige esta comedia dramática con tintes románticos cuya historia comienza cuando el novio de una joven tiene que trasladarse temporalmente a Londres por trabajo, lo que le obliga a ella a buscar un compañero de piso. El elegido es un extrovertido fotógrafo holandés. La convivencia hará que los dos se replanteen el modo en que afrontan la vida. Entre los principales actores encontramos a Patricia Caballero, Joan Miquel Artigues (serie El secreto de Puente Viejo), Brian Teuwen y Esther González.

El cuarto film de producción nacional es Cine Basura: La película, comedia de ciencia ficción que supone el debut en el largometraje de Paco Fox y Miguel Ángel Viruete, y que gira en torno a dos videobloggers especializados en películas malas que abren una puerta entre el mundo de este cine basura y nuestra realidad, con el “fatídico” resultado de que la cutrez invade nuestro mundo. El propio Paco Fox protagoniza el film junto a Miguel Ángel Aijón (Una de zombies), Natalia Bilbao (Poveda), Maite Medina, Alejandra Saba (Ella & Él) y Carlos Zapata.

Francia y Egipto participan en Clash, thriller dramático que transcurre en El Cairo dos días después de la destitución de Mohamed Mursi. En ese momento, un furgón policial ocupado por decenas de personas detenidas por sus ideas políticas y sus creencias religiosas expondrán los distintos puntos de vista de los diferentes bandos con el objetivo de salir indemnes del futuro que les aguarda. Mohamed Diab (El Cairo 678) es el encargado de dirigir esta cinta en cuyo reparto hallamos nombres como los de Nelly Karim (The blue elephant), Waleed Abdel Ghany, Mahmoud Fares y Ahmed Abdelhamid Hefny.

La animación tiene como única representante la cinta Nur y el templo del dragón, adaptación de la novela de Toti Martínez de Lezea acerca de un joven que se traslada a vivir a China con su familia. Poco a poco hace nuevos amigos, uno de los cuales le invita a su cumpleaños en un parque de atracciones. Durante la fiesta el homenajeado desaparece, y el joven iniciará, junto a un grupo, la búsqueda de su amigo, para lo que deberán superar un laberinto y las pruebas que les permitan atravesar las nueve puertas del dragón. El film está dirigido por Juan Bautista Berasategui (El embrujo del sur).

Para finalizar, un documental. O mejor dicho, una combinación de drama y documental. Correspondencias es el título del film portugués escrito y dirigido por Rita Azevedo Gomes (Frágil como o mundo) que se centra en el intercambio de cartas entre Sophia Mello Breyner Andresen y Jorge de Sena, dos de los escritores más importantes del siglo XX en aquel país. Esta correspondencia es puesta en escena para potenciar la complicidad que se crea entre ambos, y en la que la historia, la política y la libertad se mezclan. Rita Durão (Quaresma), Anna Leppänen (serie I love it), Pierre Léon (La France) y Eva Truffaut (La piel dura) son los encargados de dar vida a estas cartas.

 

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Cine y palabras

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