‘Mortal Engines’: devorados por el pasado


Muchos especialistas critican la falta de ideas en el cine, donde secuelas, precuelas, remakes y adaptaciones parecen proliferar más cada año. Pero lo que se comenta menos es la falta de ideas en la literatura, sobre todo en la adolescente, donde las historias parecen ser siempre las mismas pero vestidas con diferente disfraz. Algo así le ocurre a la primera película de Christian Rivers como director. Visualmente espectacular, se desinfla con un contenido sin brillo.

Y es que Mortal Engines, a pesar de tener una base conceptual interesante, no desarrolla absolutamente nada las posibilidades dramáticas del conjunto. El desarrollo del guión se vuelve predecible desde su primer punto de giro, el modo en que la información se ofrece al espectador es totalmente inadecuado, revelando posibles hitos dramáticos antes de tiempo o de un modo que resta, precisamente, dramatismo. A esto se suman unos personajes poco interesantes y excesivamente arquetípicos: una joven que clama venganza, un joven inocente que se convierte en héroe, un villano que anhela el pasado para dominar el futuro, … De hecho, se podría decir que al film le ocurre un poco lo que le sucede al malo de turno, interpretado por Hugo Weaving (Jasper Jones), por cierto lo mejor de la cinta: que termina siendo devorado por un pasado que no ha entendido y, sobre todo, no ha respetado.

Porque si lo hubiera hecho posiblemente la sensación de estar ante algo que tiende a “tomar prestado” todo tipo de elementos de otras películas no existiría, o al menos no sería tan acentuado. Porque lo cierto es que bajo este tratamiento irregular de la trama se esconden algunas reflexiones interesantes, como el modo en que la sociedad puede llegar a autodestruirse y cómo no conocer bien el pasado puede terminar por provocar un nuevo mal. Pero todo ello, como lo realmente importante en este film, se queda únicamente como algo anecdótico, una puntualización a pie de página de un relato que tiende a la espectacularidad por la vía más directa, es decir, la que no necesita de una mínima reflexión por parte del espectador.

Así, Mortal Engines es un vehículo, nunca mejor dicho, de entretenimiento puro y duro, que a pesar de la originalidad de algunas de sus premisas (ciudades que se mueven, hombres inmortales, …) no ofrece nada más que eso, imágenes apabullantes, efectos especiales y digitales a cada cual más elaborado y una puesta en escena algo sencilla pero efectiva. Pero una vez desenvuelto este proyecto, dentro no hay nada o muy poco. Desde luego no todo lo que se supone que debe rellenar las más de dos horas de metraje. El cine postapocalíptico adolescente, una vez superadas las sagas iniciales, no parece ser capaz de ofrecer nada nuevo.

Nota: 6/10

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Música y zombis se citan con las ‘Mortal Engines’ postapocalípticas


De un tiempo a esta parte la segunda semana de diciembre ha sido elegida por los grandes estrenos para llegar a la cartelera española. No es una decisión al azar. La proximidad de las fiestas navideñas y las vacaciones escolares de los menores convierten ese viernes en una fecha estratégica. Y este viernes, día 14, no es menos, aunque hay que reconocer que los títulos que llegan no han generado una expectación previa como en años anteriores.

Así, el título que pretende arrasar en taquilla es sin duda Mortal Engines, aventura de corte fantástico con capital estadounidense y neozelandés basada en la novela de Philip Reeves ambientada en un mundo post apocalíptico en el que la sociedad tal y como la conocemos ha desaparecido, y en el que la Humanidad se distribuye en enormes ciudades móviles. En la de Londres una fugitiva y un joven de las clases bajas se unirán para luchar contra el líder de esa ciudad, creando un vínculo que cambiará el modo de entender la Humanidad. Christian Rivers debuta en el largometraje con esta historia protagonizada por Hera Hilmar (Medidas extremas), Hugo Weaving (Hasta el último hombre), Robert Sheehan (Geostorm), Stephen Lang (No respires), Jihae (serie Marte) y Joel Tobeck (Accidents happens), entre otros.

Muy diferente es Ana y el apocalipsis, mezcla explosiva de comedia, musical y terror zombie que dirige John McPhail (Where do we go from here?) en una historia que gira en torno a una joven y sus amigos que deberán enfrentarse a los muertos vivientes si quieren poder tener una Navidad tranquila. Y para ello deberán hacer acopio de todo su ingenio y sus fuerzas, marcándose entre medias algún que otro número musical. El reparto de esta coproducción entre Estados Unidos y Reino Unido está encabezado por Ella Hunt (Intruders), Malcolm Cumming, Sarah Swire (God help the girl), Christopher Leveaux (Writers retreat) y Ben Wiggins (Cam2Cam).

Pasamos ahora a los estrenos puramente europeos, y comenzamos con La búsqueda de la felicidad, drama de 2017 que gira en torno a una mujer cuya vida aparentemente perfecta oculta en realidad un vacío interior por los deseos no conseguidos. Sus sentimientos son tan abrumadores que huye de su realidad en un viaje valiente y peligroso para descubrirse a sí misma. Escrita y dirigida por Dominic Savage (Love + Hate), la película cuenta entre sus actores con Gemma Arterton (Melanie, the girl with all the gifts), Dominic Cooper (serie Preacher), Frances Barber (El elegido) y Marthe Keller (Amnesia).

Entre la producción española destaca Miamor perdido, nueva comedia de Emilio Martínez Lázaro (Ocho apellidos catalanes) que arranca cuando una pareja locamente enamorada decide terminar con su amor. El mismo día que rompen el gato callejero que ambos han adoptado (y que solo responde al nombre de Miamor) se escapa. Mientras que ella da por muerto tanto al animal como la relación, él mantiene ambos con vida. Sin embargo, cuando ella descubra que el animal sigue vivo lo considerará una traición y declarará la guerra al que fuera el amor de su vida. Dani Rovira (Superlópez) y Michelle Jenner (Julieta) dan vida a la pareja protagonista, estando acompañados por Antonio Resines (La reina de España), Will Shephard (La tribu), Antonio Dechent (Secuestro) y Vito Sanz (serie Vergüenza).

España, Cuba, Reino Unido y Alemania ponen el capital de Yuli, drama biográfico con la música y la danza como telón de fondo que dirige Icíar Bollaín (El olivo) que toma como base la autobiografía de Carlos Acosta, leyenda de la danza que se convirtió en el primer bailarín negro en interpretar algunos de los papeles más famosos del ballet en compañías como el Royal Ballet de Londres. El propio Acosta se interpreta a sí mismo en la pantalla, estando acompañado por Santiago Alfonso, Keyvin Martínez, Edison Manuel Olbera y Laura de la Uz (La pared de las palabras), entre otros.

También procede de España Trote, cinta que sigue a una joven en una aldea del interior de Galicia que vive con un padre con el que apenas se habla y una madre enferma. Su sueño siempre ha sido poder escapar de ese ambiente opresivo, pero las circunstancias siempre se lo han impedido, hasta que durante unas fiestas su hermano mayor regresa a casa. Xacio Baño debuta en el largometraje con este drama protagonizado por María Vázquez (La playa de los ahogados), Diego Anido (Pedro e o capitán), Celso Bugallo (Palmeras en la nieve), Tamara Canosa (Lobos sucios) y Melania Cruz (A esmorga).

Dinamarca y Alemania colaboran en Expediente 64: Los casos del departamento Q, nueva adaptación de una de las novelas de Jussi Adler-Olsen que, en clave de thriller policíaco, narra la investigación de un detective y su asistente después de que unos obreros encontraran, escondidos tras una pared, tres cuerpos momificados sentados alrededor de una mesa. Las pesquisas les llevarán hasta una institución para chicas que antaño fue conocida por sus experimentos de esterilización forzada, aunque muchos sospechan que los experimentos han continuado hasta el día de hoy. Christoffer Boe (Beast) dirige este film en cuyo reparto encontramos a Nikolaj Lie Kaas (El último rey), Fares Fares (El niño 44), Nicolas Bro (Fantasten), Anders Hove (Over kanten) y Søren Pilmark (Una vida a lo grande).

También es una coproducción el drama romántico Acuarela, en este caso entre Italia y Suiza. El argumento tiene como protagonista a una osteópata de Roma que perdió la vista muy joven, y que ha lucha siempre por tener una vida plena. En una de sus sesiones conoce a un publicista habituado a saltar de cama en cama. La relación entre ambos comenzará como una necesidad para terminar convirtiéndose en un reto. Silvio Soldini (El comandante y la cigüeña) dirige este film de 2017 que cuenta con Valeria Golino (El nombre del bambino), Adriano Giannini (Per amor vostro), Arianna Scommegna (D.A.D.), Laura Adriani (Infernet) y Anna Ferzetti (St@lker) como principales intérpretes.

Desde Bélgica llega Gangsta, thriller dirigido a cuatro manos por Adil El Arbi y Bilall Fallah, directores de Black (2015). La trama sigue a un joven que perdió a sus padres de pequeño y vive con un amigo de su padre en Amberes, donde sueña con convertirse en un legendario pandillero junto a otros tres amigos. Los cuatro se meterán en una guerra de bandas, dejándose llevar por un torbellino de violencia y delincuencia. El reparto está encabezado por Jeroen Perceval (Paradise trips), Matteo Simoni (Ay Ramon!), Dimitri Thivaios, Gene Bervoets (Image) y Hans Royaards (Love blossoms).

Varias son las propuestas de animación de este fin de semana. Ataque a los Titanes. El rugido del despertar es una nueva entrega de la conocida saga de animación japonesa que adapta el manga de Hajime Isayama que llega el jueves día 13. La cinta narra cómo durante la lucha del joven protagonista contra los titanes descubre un impactante secreto que cambiará para siempre su visión de la guerra que libran desde hace décadas, y que le obligará a identificar a aquellos que están de su lado o del lado de los invasores. Dirigida a cuatro manos por Tetsurô Araki y Masashi Koizuka, la película cuenta entre sus voces originales con las de Yûki Kaji (Batman Ninja), Yui Ishikawa (Una voz silenciosa), Marina Inoue (Doraemon: Nobita and the space heroes) e Hiro Shimono (Gekijouban K: Missing Kings).

Aunque posiblemente la cinta más internacional es Stubby, un héroe muy especial, aventura para toda la familia con capital estadounidense, británico, irlandés, francés y canadiense que dirige Richard Lanni (The americans in the Bulge) y que narra la historia real del perro más condecorado del ejército estadounidense, que fue protagonista involuntario durante la I Guerra Mundial. Logan Lerman (Noé), Helena Bonham Carter (Sufragistas), Gérard Depardieu (Sólo se vive una vez), Jordan Black y Jason Ezzell ponen las principales voces en la versión original.

Por último, Ploey, nunca volarás solo es el título de una cinta de animación con capital islandés y belga que tiene como protagonista a una cría de chorlito que es incapaz de volar, y que por lo tanto no puede acompañar a su familia a un lugar más cálido con la llegada del invierno. Con la ayuda de sus amigos logrará sobrevivir en un mundo lleno de peligros. Árni Ásgeirsson (Brim) dirige esta aventura que cuenta con las voces, entre otros, de Jamie Oram (Peppa Big: My first cinema experience), Harriet Perring, Iain Stuart Robertson (Mona) y Richard Cotton (Love actually).

‘Robin Hood. Forajido, héroe, leyenda’: modernizando la Edad Media


Existe una tendencia relativamente reciente de querer actualizar los mitos y las leyendas de personajes clásicos de la cultura popular, entiendo que para hacerlos más atractivos. El problema de estas historias intregradas en la cultura popular es que las reinterpretaciones deben hacerse con pies de plomo, pues si no se puede terminar haciendo algo como esta nueva versión del famoso ladrón que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, es decir, una especie de Edad Media modernizada donde las Cruzadas son un combate bélico actual y donde Robin Hood se convierte casi más en El Zorro en algunos momentos.

Lo cierto es que la cinta de Otto Bathurst es un entretenimiento puro y duro, pero hecho sin demasiada cabeza. El uso y abuso de la cámara lenta y los cambios de ritmo en la grabación tratan de imprimir al conjunto una épica de la que carece de forma natural, pero se queda a medio camino. Bueno, en realidad este Robin Hood se queda a medio camino de casi todo lo que propone. Porque esta aventura de acción incluye humor y acción, pero también reivindicación política y, como mencionaba antes, incluso reinterpretación medieval de los combates bélicos actuales. Posiblemente esto sea lo más impactante de todo; su comienzo se asemeja a una incursión en alguna remota región árabe, con unos cruzados pertrechados con una suerte de chaleco antibalas y cambiando los fusiles por arcos. Todo en esta secuencia inicial sienta las bases de lo que luego será un irregular relato.

Con todo, el esfuerzo por reinterpretar el trasfondo de los personajes resulta encomiable. De hecho, puede ser lo más interesante del film, lo cual tampoco quiere decir mucho si tenemos en cuenta que tanto el desarrollo de la trama como las secuencias del relato no terminan de estar acordes a los protagonistas. Y eso es, entre otros motivos, porque el guión no llega nunca a encontrar su verdadera definición. Da la sensación de que en ningún momento narra nada propio, tomando ideas de diferentes películas. El hecho de que haya unas minas en las que los pobres son explotados, que se produzca una revuelta popular, que el joven Hood entrene sus habilidades a las órdenes de un maestro, … En definitiva, estamos ante una historia construida sobre piezas de otras, lo que hace que tenga pies de barro en cuanto se rasca un poco su superficie.

Habrá quienes accedan a este Robin Hood. Forajido, héroe, leyenda con la única pretensión de entretenerse, y lo conseguirán. Pero incluso aunque solo se busque eso, la cinta presenta numerosas incongruencias en su intento de ser más espectacular, más dinámica y más atractiva de lo que en realidad es. Los recursos narrativos del director Otto Bathurst se antojan limitados, excesivamente similares a los de otros directores con una mayor capacidad visual, y la trama nunca logra tener un espíritu propio. Es más, a pesar de la modernización de este mito y de la Edad Media que muestra, este Robin de Loxley no tiene demasiado de Robin de Loxley. Tal vez sea porque se presenta como los orígenes del personaje. En cualquier caso, la puerta está abierta a una segunda parte que, por el bien de este héroe, esperemos que sea diferente.

Nota: 5/10

La 4ª T. de ‘Empire’ ahonda en las consecuencias de la violencia


El género musical en las series no suele terminar con final feliz en lo que a tratamiento y desarrollo se refiere. Son muchos los ejemplos en los que, o bien se opta por reducir cada vez más el papel de las canciones y los números musicales en la trama, o bien directamente la producción se cancela. Por eso el fenómeno Empire resulta tan interesante. Con su cuarta temporada se reafirma como una ficción en la que la música mueve absolutamente todo, y en la que el carácter casi telenovelesco se convierte en un trasfondo dramático que añadir a las notas y las letras de rap, R’n’B y hip hop que nutren cada episodio. El problema tal vez sea, precisamente, esa cierta tendencia al tratamiento telenovelesco de la historia.

Los 18 episodios de esta temporada vuelven a poner de relieve la labor de los actores, de todos ellos, pero también ahonda en los conflictos dramáticos entre ellos y, sobre todo, pone el foco sobre un aspecto que siempre ha estado sobrevolando esta serie creada por Lee Daniels (El mayordomo) y Danny Strong (Rebelde entre el centeno), y es el papel que juega la violencia en todo el desarrollo. Partiendo de la amnesia del rol interpretado por Terrence Howard (St. Vincent), la temporada explora cómo el mundo violento en el que siempre se han movido los protagonistas les marca en todas sus decisiones y su forma de mirar el mundo, haciendo siempre lo que sea necesario para sobrevivir. La dualidad en el personaje de Howard y cómo sus dos personalidades mantienen ese debate interno es un comienzo interesante que, aunque tratado de forma un tanto irregular, sí cumple su función de introducir ciertas dudas y generar el debate en torno a algo que parecía instalado en el ADN de la serie y sobre lo que no parecía querer cuestionarse nada en absoluto.

De hecho, este comienzo de Empire, más allá de otras consideraciones, viene a explorar también cómo la violencia engendra violencia, e incluso cómo un personaje aparentemente bondadoso (como es el protagonista cuando sufre amnesia) se ve arrastrado a todo tipo de violencia, ya no solo procedente de la familia sino de factores externos. En este sentido es destacable el personaje de Demi Moore (Como reinas) como catalizador y como vehículo dramático de esa catarsis del protagonista, aunque hay que mencionar igualmente que el desarrollo dramático de este pequeño arco argumental resulta algo incompleto, por no decir apresurado, lo que provoca que el trabajo evolutivo del personaje de Howard, aunque eficiente, quede un poco cojo en su profundidad dramática. Dicho de otro modo, todo parece hacerse a gran velocidad para poder volver al camino emprendido en las anteriores temporadas.

A partir de este momento, esta cuarta temporada retoma sus orígenes, volviendo a narrar la lucha por este imperio musical y mediático. Y aunque en cierto modo siguen siendo luchas familiares, lo cierto es que la trama evoluciona para mostrar un núcleo familiar más cohesionado (dentro de sus rupturas habituales) en contra de amenazas externas. Así, la serie cambia el paso para introducirse en algo más que la violencia pura y dura, explorando territorios algo más desconocidos para los protagonistas como la lucha comercial y las intrigas políticas. Todo ello, como no podía ser de otro modo, con una música exquisita como telón de fondo, y con una evolución de los personajes apasionante, algunos tomando el testigo de la violencia, otros huyendo y otros siendo víctimas de los tejemanejes mafiosos.

Venganzas y reconciliaciones

La segunda mitad, aproximadamente, de esta cuarta temporada de Empire se presenta como algo totalmente diferente a lo visto en la primera parte. Si el debate sobre la violencia copaba el arco dramático principal de los primeros episodios, el pasado y cómo influye en nuestro presente y nuestro futuro es la gran temática del tramo final. La introducción en la trama del personaje de Forest Whitaker (Redención) supone un revulsivo interesante a la dinámica establecida en temporadas anteriores. Como mencionaba antes, la violencia tradicional de esta ficción da paso a una encarnizada lucha por el poder en territorios más políticos, más comerciales, y por lo tanto en los que la violencia física desaparece o, al menos, se disimula más.

A través de la gran labor de Whitaker la serie se adentra en un pasado desconocido hasta el momento, en unas relaciones humanas y profesionales nuevas para el espectador que ayudan a comprender algo mejor el devenir de los protagonistas y, sobre todo, las ansias de poder y venganza de muchos secundarios. En este sentido, y relacionado con el pasado, cabe destacar el final de uno de los secundarios de estas temporadas. Un final marcado, cómo no, por la violencia, pero también con elementos diferentes en tanto en cuanto, y a diferencia de ocasiones anteriores, el crimen es utilizado en su contra por ese pasado que vuelve para golpear a los protagonistas donde más les duele, destruyendo las relaciones creadas durante las temporadas anteriores. Resulta sumamente interesante comprobar la evolución de este enemigo y su arco dramático durante la temporada, y cómo los creadores de la serie han introducido los elementos necesarios para construir una traición a fuego lento que, por cierto, tiene el éxito que no han tenido las anteriores.

Dicho de otro modo, mientras que en etapas anteriores la trama abordaba los conflictos de una forma algo más directa (siempre con cierto grado de intriga familiar), en esta ocasión los movimientos son más sutiles, ocultos como están en estrategias financieras e, incluso, en el manejo y la manipulación de artistas. Y obtienen el resultado que no habían obtenido los ataques frontales. Eso no quiere decir, por supuesto, que la violencia no haga acto de presencia, sobre todo el último episodio. Pero incluso esa violencia con la que termina la serie combina igualmente la brutalidad con la sutileza, abriendo la puerta a una nueva forma de entender esta ficción o, al menos, a un nuevo estilo a combinar con el que hasta ahora se había visto.

Se puede decir que la cuarta temporada de Empire cambia en cierto modo algunos aspectos de su tratamiento visto hasta ahora. La introducción de la amnesia del protagonista y la presencia de Whitaker aportan al conjunto un punto de vista diferente, arrojando cierta luz sobre diferentes aspectos de la trama. Sin embargo, existe un cierto carácter apresurado que perjudica al desarrollo de la historia. Tal vez sea por el hecho de que la temporada se divide en dos partes bastante diferenciadas, pero lo cierto es que, sobre todo la primera mitad, tiene un tratamiento algo burdo, sin ahondar demasiado en las motivaciones de los secundarios que son el verdadero motor de la historia. Esto se soluciona o bien desarrollando mejor esta estructura o volviendo a la anterior, donde todas las historias secundarias se aunaban bajo un único paraguas. Pero en cualquier caso, el Imperio sigue dejando buenas sensaciones y buena música.

‘Ralph rompe Internet’: quien tiene un amigo tiene un tesoro


Cualquier secuela tiene que ofrecer algo más que el original. Pero, ¿qué hacer cuando el original ya de por sí rompe moldes? Bueno, ahí está el ejemplo de la saga Shrek y, ahora, el de la saga Ralph. Porque si la primera entrega era un delirio de originalidad narrando el mundo tras los recreativos, ahora la historia va un paso más allá y se sumerge en el vasto mundo de Internet a todos los niveles, incluyendo la Internet oscura. La pregunta es si la historia aporta algo nuevo.

Y la respuesta es un tímido ‘sí’. Tímido porque la dinámica del argumento no resulta demasiado novedosa, toda vez que la aventura vuelve a abordar los miedos de los protagonistas y la necesidad de reconocimiento por parte de los demás como algo más que un mero personaje de videojuego y/o villano. Sin embargo, sí existe un paso adelante en la base conceptual del relato, revelándose como una continuación también en este aspecto. Así, Ralph rompe Internet es un relato sobre la amistad y la necesidad de encontrarse a uno mismo en una relación de esas características. Ahí radica la parte más interesante del conjunto, que tiene su traducción en un apasionante apartado visual.

Porque si algo caracteriza al film es el modo de presentar Internet. Sencillamente brillante. Elementos como la barra de búsqueda, los vídeos de Youtube, los ‘likes’, los molestos anuncios al navegar o los virus se tornan aquí en seres con personalidad propia, en criaturas con una función para dar servicio a un conjunto de usuarios que se mueve a través de vehículos voladores. En este sentido, la Internet oscura o el modo de tratar la vida de los videojuegos en Internet cuando se apagan las pantallas resulta a la vez conocida y refrescante, por cuanto es capaz de reinterpretar incluso a su predecesora. Y como ejemplo, las princesas Disney, sin duda uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje, junto tal vez con el viaje del protagonista a esa Internet oscura.

Con una calidad técnica notable y un mensaje de calado para los más pequeños, Ralph rompe Internet es, ante todo, un viaje al interior de uno mismo, a encontrar la esencia de lo que nos define y a lograr que los demás nos acepten como somos. Todo ello con una imaginación desbordante y, cómo no, con todo tipo de conocidos personajes de los videojuegos. En definitiva, todo lo que una secuela debería ser, pues aunque en algunos momentos pierda ritmo y su planteamiento no diste mucho de la original, ofrece en general más de todo, incluyendo cierta profundidad dramática en los personajes. Ah! y no perderse la escena postcréditos, todo un alarde de imaginación y metalenguaje que arranca una sonora carcajada.

Nota: 7/10

El nuevo ‘Robin Hood’ pretende impedir que Ralph rompa Internet


Diciembre comienza con estrenos adelantados. El Puente de la Constitución obliga a que las novedades lleguen a la cartelera española este miércoles 5 de diciembre, al menos en su mayoría. Y dado que hay más días de ocio, esta semana aterrizan títulos de lo más variados pero con la clara intención de llenar salas. Y desde luego muchos de ellos pueden conseguirlo.

Es el caso, por ejemplo, de Ralph rompe Internet, secuela de la exitosa cinta de Disney de 2012 que vuelve a mostrar el mundo de los videojuegos desde dentro, sumando además lo que existe detrás de las conexiones a la red. La trama sigue a los dos protagonistas de la primera entrega en busca de una pieza que permita salvar el mundo de uno de ellos. Pero para eso tendrán que adentrarse en el vasto mundo de Internet, donde encontrarán aliados y peligrosos enemigos en una realidad que no conocen. Phil Johnston debuta tras las cámaras codirigiendo la cinta junto a Rich Moore, autor la primera entrega, y entre las voces originales de esta producción hollywoodiense encontramos las de John C. Reilly (The Sisters Brothers), Sarah Silverman (La batalla de los sexos), Gal Gadot (Wonder Woman), Taraji P. Henson (Figuras ocultas), Jane Lynch (serie Glee) y Alfred Molina (Un hombre de familia).

Aventura y acción es lo que promete Robin Hood, nueva versión procedente de Hollywood del famoso personaje con la que debuta en el largometraje cinematográfico Otto Bathurst, director habituado a las series. La trama aborda los orígenes del héroe, que llega de las Cruzadas para encontrarse con un bosque de Sherwood lleno de mal y corrupción. Junto a una banda de forajidos intentará poner solución a eso, aunque las decisiones que tendrá que tomar no serán nada fáciles. Taron Egerton (Kingsman: El Círculo de Oro) da vida al protagonista, estando acompañado en el reparto por Jamie Foxx (Baby driver), Eve Hewson (serie The knick), Jamie Dornan (Cincuenta sombras liberadas), Paul Anderson (El renacido), Tim Minchin (serie Californication), Ben Mendelsohn (Ready Player One) y F. Murray Abraham (El gran hotel Budapest).

Otra nueva versión de un clásico, Suspiria, también llega a la cartelera. Con capital italiano y estadounidense, este remake del conocido film de Dario Argento de 1977 narra en clave de thriller de terror la llegada de una joven bailarina norteamericana a una prestigiosa escuela de danza. El mismo día que ingresa una antigua alumna recientemente expulsada es asesinada. Sin embargo, este no es un hecho aislado, lo que hace sospechar a la nueva alumna de que la escuela tiene algo que ver. Sospechas que aumentan cuando una compañera le asegura que antes de que la reciente víctima muriera le confesó un terrorífico secreto. Luca Guadagnino (Call me by your name) se pone tras las cámaras, mientras que entre las actrices destacan Dakota Johnson (Mejor… solteras), Tilda Swinton (Doctor Strange), Chloë Grace Moretz (Malditos vecinos 2), Mia Goth (El secreto de Marrowbone), Sylvie Testud (Tamara) y Angela Winkler (En tiempos de luz menguante).

Puramente estadounidense es el drama El regreso de Ben, nueva película escrita y dirigida por Peter Hedges (La extraña vida de Timothy Green) cuyo argumento arranca cuando un joven regresa a su casa en Nochebuena. Su madre le da la bienvenida, pero pronto se da cuenta de que su hijo no está bien, por lo que hará todo lo posible para que su familia no se derrumbe en unos días tan especiales. Julia Roberts (Wonder), Lucas Hedges (Tres anuncios en las afueras), Kathryn Newton (Lady Bird), Courtney B. Vance (Fiesta de empresa) y Tim Guinee (About Scout) encabezan el reparto.

Estados Unidos y México colaboran en Roma, nuevo proyecto de Alfonso Cuarón (Gravity) que llega a Netfilx y a cines seleccionados y que narra la turbulenta vida en los años 70 de una trabajadora doméstica y de su compañera, ambas de origen mixteco, a las órdenes de una familia de clase media en la colonia que da nombre al título, un barrio de Ciudad de México. Entre los principales actores, la mayoría anónimos, encontramos a Yalitza Aparicio, Nancy García García, Diego Cortina Autrey, Marina de Tavira (Ana y Bruno) y Carlos Peralta.

La única cinta que se estrena el viernes día 7 es Galveston, producción estadounidense que combina drama y acción a partir de una novela de Nic Pizzolatto, autor de la serie True Detective y encargado igualmente del guión de este film cuya trama se centra en un asesino a sueldo al que con 40 años le diagnosticaron cáncer de pulmón. Sospechando que su jefe quiere eliminarle, inicia un viaje con rumbo desconocido durante el cual se encuentra con una joven que le dará la oportunidad de darle un nuevo sentido a su vida. Mélanie Laurent (Plonger) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Ben Foster (Inferno), Elle Fanning (Mary Shelley), Jeffrey Grover (Yo soy la venganza), Lili Reinhart (serie Riverdale), Beau Bridges (La montaña entre nosotros) y María Valverde (Gernika).

Pasamos ahora a los estrenos puramente europeos, y entre ellos destaca la británica Rey de ladrones, nueva película de James Marsh (La teoría del todo) a partir de un artículo de Mark Seal acerca del modo en que se llevó a cabo un robo en la conocida compañía de depósitos londinense Hatton Garden Safe Deposit. La historia se centra en un veterano ladrón de 77 años que decide dar un último golpe, para lo que reúne a un grupo de la vieja escuela, entre 60 y 70 años, y a un joven. Aunque la banda logra su objetivo con éxito, llevándose un botín valorado en 14 millones de libras, sus posteriores disputas acerca del reparto y la filtración de los datos a la opinión pública complican el futuro de este grupo de ladrones. El reparto está encabezado por Michael Caine (Ahora me ves 2), Michael Gambon (La reina Victoria y Abdul), Ray Winstone (Caza al asesino), Jim Broadbent (Paddington 2), Paul Whitehouse (La muerte de Stalin), Francesca Annis (Shifty) y Charlie Cox (serie Daredevil).

Bélgica y Luxemburgo colaboran en Kursk, drama de acción basado en la tragedia real del submarino Kursk, que en el 2000 naufragó durante un ejercicio militar dejando atrapados a 118 marinos. A pesar de su desesperada situación, la comunidad internacional no logró desarrollar una estrategia a tiempo para salvar a la tripulación, mientras las familias luchaban contra las trabas burocráticas para intentar rescatar a estos hombres y mujeres. Dirigida por Thomas Vinterberg (La caza), la cinta está protagonizada, entre otros, por Léa Seydoux (Spectre), Colin Firth (Kingsman: Servicio Secreto), Matthias Schoenaerts (Suite francesa), Michael Nyqvist (Amenazados en la red) y Max von Sydow (Tan fuerte, tan cerca).

La única propuesta española es El rey, comedia dirigida a cuatro manos por el actor Alberto San Juan (Las furias) y Valentín Álvarez, ambos debutantes en el puesto de director. Basada en una obra del propio San Juan, la trama gira en torno a un anciano y recién destronado Juan Carlos I que, durante la madrugada, recibe los fantasmas de personas de su pasado, entre ellas Franco, Adolfo Suárez o Felipe González. A través de sus visitas irá recordando los momentos de su reinado para completar una pesadilla de la monarquía española. Luis Bermejo (Ánimas), Guillermo Toledo (Soy tu karma) y el propio San Juan integran el reparto.

El último de los estrenos de ficción es La familia, cinta de 2017 con capital noruego, chileno y venezolano en torno a la difícil relación entre un padre y su hijo en una zona marginal de Caracas. Dado que apenas se ven, el hombre por los trabajos que le permiten mantener al menor, el pequeño se pasa el día con sus amigos por las calles, jugando y aprendiendo la violencia que le rodea. Escrito y dirigido por Gustavo Rondón Córdova, quien debuta de este modo en el largometraje, este drama está protagonizado por Giovanni García (El amparo) y Reggie Reyes.

Un único documental cierra el repaso de esta semana. Apuntes para una película de atracos es el título de esta obra escrita y dirigida por León Siminiani (Mapa) que se centra en la relación entre un director de cine sin trabajo y un atracador de bancos encerrado en prisión. Su relación se convierte en amistad a medida que avanzan para lograr un objetivo común: hacer una película de atracos.

‘Viudas’: ¿víctima o verdugo?


Cinco años. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Steve McQueen (Hunger) se puso tras las cámaras de un largometraje. Eso no quiere decir que haya estado parado, pero sí indica el tiempo que se ha tomado para madurar su siguiente film, un thriller clásico en su desarrollo pero atípico en su concepción, con numerosos giros argumentales finales que construyen un relato crudo, frío y poco dado a concesiones.

Porque, en efecto, Viudas tiene todos los ingredientes que una buena cinta de suspense puede tener. Un golpe que sale mal, una venganza, una amenaza de muerte y un segundo golpe para resarcir una deuda, todo ello mezclando la política con los bajos fondos. En este sentido, puede que el guión sea poco ambicioso en sus primeros instantes, limitándose a plasmar con elegancia los conceptos vistos en infinidad de títulos similares. Y puede que esta sea la mayor de sus debilidades, toda vez que hay momentos en los que es ciertamente previsible. Sin embargo, esto queda equilibrado con la concepción del relato, que pone el foco en algo que hasta ahora siempre formaba parte de las tramas secundarias.

El hecho de que sean las mujeres de los ladrones las que se pongan manos a la obra, ninguna de ellas metida en el mundo delictivo de sus maridos, aporta no solo originalidad, sino un interés muy concreto y un dramatismo con el que el director juega en todo momento. Con este punto de partida McQueen compone una historia de redención cuyo final, en contra de lo que pueda parecer, es de todo menos previsible. Si bien es cierto que el primer gran punto de giro se produce más bien pronto en el desarrollo, eso lejos de ser un problema se convierte en una oportunidad de introducir nuevos giros que, aunque no resultan tan impactantes, aportan un mayor grado de complejidad al sentido final de los acontecimientos.

Un final que eleva, y mucho, la por otro lado notable labor realizada durante todo el metraje de Viudas. Metraje largo y a veces previsible pero que en manos de McQueen se convierte en un viaje dramático de primer orden, con algunos hallazgos visuales sencillamente apabullantes, como el comienzo en la furgoneta o una conversación durante un trayecto en coche. El director aprovecha los recursos que le ofrece la narración para crear un relato único, duro y calculado en el que los actores ofrecen una labor espléndida y en la que los héroes y los villanos se confunden para dejar claro que las víctimas, en este caso las mujeres, toman las riendas de sus historias.

Nota: 7/10

‘El Grinch’ más animado llega para robar la Navidad a las ‘Viudas’


Último viernes de noviembre y primer fin de semana de diciembre. Y eso significa que la Navidad está cerca, con todo lo que implica. En lo que a estrenos se refiere, películas de marcado corte familiar y navideño. Pero este viernes día 30 también se presentan otros estrenos de corte muy diferente y sumamente atractivos para el gran público.

Aunque no cabe duda de que la novedad más importante es El Grinch, nueva versión animada del famoso relato del Dr. Seuss en el que un solitario cascarrabias decide robar la Navidad de su pueblo al descubrir que sus vecinos pretenden hacer la mayor celebración que se recuerda. Para poder llevar a cabo su plan, el Grinch se disfraza de Santa Claus, aunque sus planes chocarán de frente con la ilusión desbordante de una niña pequeña que solo quiere conocer a Papá Noel para darle las gracias por ayudar a su madre. Yarrow Cheney (Mascotas) y Scott Mosier se ponen tras las cámaras de esta comedia de aventuras creada por Illumination y con capital estadounidense, chino, japonés y francés. Las principales voces en la versión original pertenecen a Benedict Cumberbatch (Vengadores: Infinity War), Cameron Seely (El gran showman), Rashida Jones (Cuban fury), Pharrell Williams (Popstar) y Angela Lansbury (Los pingüinos del Sr. Poper).

Muy diferente es el thriller Viudas, nueva película de Steve McQueen tras 12 años de esclavitud (2013). La trama gira en torno a cuatro mujeres sin nada en común, salvo el hecho de que todas ellas han heredado una deuda por las actividades criminales de sus maridos fallecidos. A medida que la presión aumente las cuatro viudas deciden tomar las riendas de su destino y unirse para conseguir lo que por derecho les pertenece y recuperar así sus vidas. El extenso y conocido reparto de esta coproducción entre Reino Unido y Estados Unidos basada en la obra homónima de Lynda La Plante está encabezado por Viola Davis (Fences), Michelle Rodríguez (Dulce venganza), Elizabeth Debicki (Breath), Cynthia Erivo (Malos tiempos en El Royale), Colin Farrell (La seducción), Liam Neeson (Silencio), Jon Bernthal (El contable), Manuel García-Rulfo (Asesinato en el Orient Express), Robert Duvall (El juez) y Carrie Coon (Los archivos del Pentágono), entre otros.

Puramente norteamericana es Cadáver, cinta de terror que arranca cuando un exorcismo sale mal y se cobra la vida de una joven. Meses después otro cuerpo desfigurado llega a la morgue en la que trabaja una chica que, a solas en los pasillos del sótano, empezará a experimentar espeluznantes visiones que la llevarán a sospechar de que el cadáver portaba una fuerza demoníaca. Diederik Van Rooijen (Daglicht) se pone tras las cámaras de esta historia protagonizada por Stana Katic (serie Castle), Shay Mitchell (Feliz día de la madre), Grey Damon (Percy Jackson y el mar de los monstruos), Kirby Johnson (5150). Louis Herthum (serie Westworld) y Nick Thune (Deseo peligroso).

Fuera de los estrenos estadounidenses destaca El hombre que inventó la Navidad, film con capital canadiense e irlandés que adapta la obra de Les Standiford acerca del viaje que llevó a la creación del personaje de Ebenezer Scrooge y otros protagonistas del cuento atemporal ‘A Christmas Carol’ de Charles Dickens. Dirigida por Bharat Nalluri (Un gran día para ellas), la obra cuenta en su reparto con Dan Stevens (serie Legión), Christopher Plummer (Remember), Jonathan Pryce (Lo que de verdad importa), Miriam Margolyes (Un desmadre de viaje) y Bill Paterson (The healer).

Desde Francia llega Los fantasmas de Ismael, drama romántico con tintes de thriller que dirige Arnaud Desplechin (Tres recuerdos de mi juventud) y cuyo argumento se centra en un director de cine cuya vida da un giro el día que regresa un antiguo amor, justo cuando está a punto de comenzar su nueva película. Mathieu Amalric (Grandes familias), Marion Cotillard (Assassin’s Creed), Charlotte Gainsbourg (Independence Day: Contraataque), Louis Garrel (Los dos amigos) y Alba Rohrwacher (Testigo) son los principales actores.

En cuanto a la producción española, varias son las propuestas. Durante la tormenta es el título de un thriller dramático dirigido por Oriol Paulo (Contratiempo) cuyo punto de partida es cuanto menos original. Durante una interferencia entre dos tiempos una joven madre felizmente casada salva la vida de un niño que vivió en su casa 25 años antes. Este cambio en el pasado tendrá consecuencias terribles en el presente, pues la mujer se levanta al día siguiente en una realidad en la que su hija nunca nació. El reparto está encabezado por Adriana Ugarte (Julieta), Chino Darín (La reina de España), Javier Gutiérrez (El autor), Álvaro Morte (serie La casa de papel), Miquel Fernández (La llave de la felicidad) y Nora Navas (El ciudadano ilustre).

También llega a la cartelera Entre dos aguas, drama que recupera la historia contada en La leyenda del tiempo (2006). Así, los protagonistas son dos hermanos gitanos, uno encarcelado por narcotráfico y otro enrolado en la Marina. Cuando el primero sale de prisión regresa a su hogar, donde se encuentra con el segundo, recién llegado de una misión. El reencuentro reaviva el recuerdo de la muerte violenta de su padre mientras el primero trata de recuperar a su familia. Pero los intentos de recuperar sus vidas y vivir de forma legal no siempre funcionan. Isaki Lacuesta (Murieron por encima de sus posibilidades) vuelve a ponerse tras las cámaras de esta historia con tintes de documental protagonizada por Israel Gómez Romero, Francisco José Gómez Romero y Óscar Rodríguez.

España también colabora, junto a República Dominicana, en Miriam miente, drama dirigido a cuatro manos por Natalia Cabral y Oriol Estrada, autores del documental El sitio de los sitios (2016). La trama arranca cuando una joven de 14 años inicia una relación por internet con un joven. A punto de cumplir 15 años, y con una fiesta familiar en marcha, la adolescente conoce finalmente al chico. A partir de ese momento tendrá que buscar el modo de decirle a su familia que su novio es negro. El reparto está encabezado por Frank Perozo (Las siete muertes), Vicente Santos (Del color de la noche), Ana Maria Arias (Cuentas por cobrar), Cecile van Welie (Ovni), Margaux Da Silva (Dinero fácil) y Pachy Méndez (Algún lugar).

El último de los estrenos con capital europeo es Genezis, producción húngara que aborda tres historias diferentes basadas en hechos reales acerca de la familia. Una de ellas está protagonizada por un niño que vive una persecución étnica; otra por un adolescente que busca su lugar en el mundo; y la última por una abogada que no ha superado la muerte de su hija. Escrita y dirigida por Árpád Bogdán (Boldog új élet), la cinta está protagonizada por Milán Csordás, Anna Marie Cseh (La juventud), Eniko Anna Illesi, Lídia Danis (Matones sobre ruedas), Zsolt Kovács (Tréfa) y Levente Molnár (El hijo de Saúl).

Procedente de Argentina llega El amor menos pensado, comedia romántica dirigida por Juan Vera en la que es su ópera prima. La trama arranca cuando una pareja que lleva 25 años casada decide separarse de mutuo acuerdo cuando su hijo abandona el hogar para irse a la universidad. La nueva vida de solteros les resulta fascinante al principio, pero pronto comienzan a plantearse preguntas sobre el amor, la fidelidad o el deseo. Ricardo Darín (Todos lo saben), Mercedes Morán (Maracaibo), Claudia Fontán (La reconstrucción) y Andrea Pietra (Tuya) encabezan el reparto.

También de Sudamérica procede La francesita, drama histórico chileno realizado en 2017 por Gonzalo Justiniano (Lokas), quien también escribe el guión. La historia está ambientada en 1983, durante la dictadura de Pinochet. En este contexto, una mujer que vive con su madre y su hija en un barrio marginal de Santiago, en Chile, recibe la visita de un ingenuo joven misionero norteamericano. A través de su cámara descubrirá cómo la población lucha por sobrevivir en una situación anormal pero normalizada a la fuerza. Entre los principales actores encontramos a Nathalia Aragonese (Prueba de actitud), Elías Collado, Daniel Contesse y Luis Dubó (Alma).

En lo que a documental se refiere, Hotel Explotación: Las Kellys aborda la situación que viven más de 200.000 mujeres en España que trabajan como camareras de habitación, pero que son uno de los activos más invisibles del sector de la hostelería. En 2016 decidieron organizarse para reclamar sus derechos. La cinta está dirigida por Georgina Cisquella (Cada dona, un vot).

El último de los estrenos es Quinqui Stars, film a medio camino entre el documental y la ficción que aborda el fenómeno de las transformaciones de los años 70 y 80 en la periferia de Madrid, donde muchos jóvenes se vieron abocados a la delincuencia para sobrevivir a esos procesos de cambio económico, político y social. Un fenómeno que ha sido abordado en numerosas películas y que ahora Juan Vicente Córdoba (A golpes) recoge en esta obra que cuenta con testimonios de personalidades de la cultura.

9ª T. de ‘The Walking Dead’ (I), un salto temporal para recuperar su esencia


La octava temporada de The Walking Dead dejó más dudas que certezas acerca del futuro de la serie. No tanto por la desaparición de personajes claves o porque tras su finalización se anunciara que el protagonista al que da vida Andrew Lincoln (Pago justo) iba a abandonar la ficción. No, las dudas se crearon porque su desarrollo dramático fue caótico, sin encontrar un buen hilo conductor que sustentara todo el conjunto. Pero dichas dudas se han despejado, y de qué modo, con la primera parte de la novena temporada; ocho episodios que recuperan la esencia de la serie, el ritmo dramático y, sobre todo, un cierto toque de suspense que parecía haberse agotado.

Y todo ha sido gracias a los saltos temporales. La serie creada por Frank Darabont (La niebla) arranca esta etapa tiempo después de los acontecimientos de la octava, lo que permite no solo realizar ajustes dramáticos en las relaciones personales de los protagonistas, algo viciadas ante el frenético ritmo de los últimos acontecimientos. También ofrece la posibilidad de eliminar de la ecuación ciertos aspectos que no funcionaban en la trama, y potenciar otros tantos sin tener que dar demasiadas explicaciones y jugando con la idea de que ha pasado un tiempo (con sus respectivos hechos) y la dinámica de la narrativa es diferente. Todo ello permite afrontar determinados conflictos bajo otro prisma, dando al conjunto una frescura única.

Aunque sin duda el mayor salto temporal es el que se produce a mitad de esta primera parte de la novena temporada. Y es el mayor no solo por el tiempo que transcurre, varios años, sino por los acontecimientos que dan lugar a él. Como comentaba al comienzo, el rol de Rick Grimes abandona The Walking Dead, y lo hace como no podía ser de otro modo, es decir, salvando a sus seres queridos en un episodio épico y plagado de nostalgia. La labor de Lincoln alcanza en estos minutos un nivel sencillamente brillante, evidenciando que a pesar de los sustitutos que cubran su hueco nunca podrán llegar a compararse con este sheriff que quiere reconstruir la sociedad en un mundo de muertos vivientes. El episodio de su despedida conforma también un punto de inflexión en la trama, no tanto por su ausencia como por el impacto que tiene sobre el resto, y por una serie de revelaciones que ahora mismo no es conveniente revelar.

A partir de aquí la serie se reconstruye por completo. Si el comienzo de la temporada permitió solventar algunos problemas dramáticos arrastrados de etapas anteriores, con este salto se reconfigura absolutamente todo, desde la situación de los personajes hasta los arcos dramáticos que protagonizan, pasando por los escenarios y los nuevos personajes que se incorporan. Todo para impulsar el sentido dramático hacia una especie de orígenes renovados en los que los héroes cargan con la culpa y el recuerdo, pero que siguen adelante construyendo un futuro mejor y lidiando con los fantasmas del pasado. Esto permite generar una serie de contrastes emocionales y dramáticos que dejan algunos momentos brillantes, como al personaje de Danai Gurira (Black Panther) manteniendo una conversación imaginaria con Rick, o el juicio a los nuevos visitantes para decidir si son aceptados. Son momentos marcados por el dolor pasado pero que potencian dramáticamente la historia hacia adelante, aportando mayor complejidad al relato.

Susurradores

Aunque sin duda lo más interesante de esta novena temporada de The Walking Dead es la introducción en la trama de los conocidos como ‘Susurradores’. La serie recupera algunos conceptos del thriller que ya se planteó en la presentación de Negan para ir introduciendo la incertidumbre y la tensión dramática a lo largo de los episodios, primero como algo anecdótico y luego como una especie de locura que afecta poco a poco a los personajes, hasta un clímax final en un cementerio que, en pocas palabras, es magistral. A lo largo de apenas cuatro episodios sus creadores plantean la que sin duda será la trama principal en la siguiente tanda de capítulos, y al igual que estos nuevos villanos, lo hacen escondiéndose entre los muertos vivientes.

A lo largo de toda la serie los zombies han sido un contexto dramático y narrativo, ya sea como amenaza de la naturaleza, como trampas para los humanos o como barrera infranqueable. Pero hasta este momento no se habían utilizado como herramienta en todos los sentidos, desde arma hasta modo de transporte, pasando por disfraz. Curiosamente, en este contexto la idea que siempre ha sobrevolado la serie -los humanos son mayor amenaza que los zombies- adquiere un sentido completo uniendo los dos extremos de dicha afirmación en una única amenaza no solo física, sino también psicológica. La forma que tiene esta ficción de trasladar a imagen los cómics creados por Robert Kirkman, Charlie Adlard y Tony Moore es espléndida, sobre todo en el impacto que supone oír hablar por primera vez a los zombies. Ese plano de los dos personajes ocultos entre el barro y el ojo de uno de ellos marcado por un miedo indescriptible se queda grabado a fuego en la memoria.

Con todo, la serie presenta ciertas debilidades dramáticas que están muy relacionadas con los nuevos personajes y con los nuevos roles de algunos que ya habían tenido presencia en episodios anteriores. En teoría, se irán fortaleciendo a medida que se vaya desarrollando esta nueva etapa de la ficción. Pero por el momento, cierto contexto dramático para la trama principal queda deslucido por la nimiedad de sus tramas secundarias y por unos personajes carentes de la fuerza y el dramatismo que se espera de esta serie. Es de suponer que a lo largo de la siguiente etapa se integren más en la historia principal, pero por el momento se han convertido más en una suerte de apoyos narrativos y dramáticos para determinadas situaciones que en un motor de desarrollo como tal.

En cualquier caso, este comienzo de la novena temporada de The Walking Dead es un soplo de aire fresco y un cambio radical en la tendencia que marcó la anterior etapa. En este caso, la ausencia de personajes y los cambios narrativos respecto al cómic no perjudican demasiado el desarrollo dramático, más bien al contrario, sirven para dotar a algunos protagonistas de una mayor profundidad (caso del rol de Norma Reedus –Triple 9-) y para situar a los personajes ante nuevos retos dramáticos. Pero posiblemente la mejor noticia es que recupera un tono narrativo que se había perdido, más oscuro, más trágico y menos dado a la acción pura y dura. Algo que esperemos se mantenga durante, al menos, el resto de la temporada.

‘House of cards’ pierde el norte en una última temporada innecesaria


El caso de la serie House of cards va a ser objeto de estudio con el paso de los años, y por varios motivos. Esta ficción creada por Beau Willimon (Los idus de marzo) es el mejor ejemplo de que una historia no debe alargarse por motivos ajenos a los puramente creativos. Estoy hablando, claro está, de la salida de Kevin Spacey (American Beauty) por los casos de abusos y la consecuente sexta temporada, muy lejos del nivel que tuvieron las anteriores y, sobre todo, ajena completamente a una coherencia narrativa propia de cualquier serie. Habrá quienes hayan puesto en cuestión si los acontecimientos narrados hasta ahora son más o menos fantasiosos, si son más o menos creíbles en un contexto de falsa realidad como el que expone la serie. Personalmente, viendo a algunos presidentes que han dirigido la Casa Blanca en las últimas décadas creo que la serie encaja perfectamente en el realismo, pero de lo que no cabe duda es de que estos últimos 8 episodios dejan una mala e indeleble huella en el conjunto.

Y lo más alarmante de todo es que no habría sido necesaria esta sexta y última temporada. El final de la anterior etapa, aunque algo abierto, cerraba un ciclo de forma más que notable, con una suerte de golpe de estado encubierto de una esposa a su marido, tomando el control de la Casa Blanca y demostrando que ella es, si cabe, más sibilina que él. La ausencia de Spacey, unida a una falta completa de un plan para esta circunstancia, hacen que estos capítulos carezcan de un sentido dramático y argumental. Es lo que suele ocurrir cuando se quiere narrar mucho en muy poco tiempo. A la reducción de episodios con respecto a temporadas anteriores se une la presencia de nuevos personajes cuyo papel en este castillo de naipes apenas queda aclarado, y desde luego no llega nunca a desarrollarse como debería.

Y sobrevolando todo esto, la figura de Spacey. Su ausencia absoluta de la serie alcanza cotas ridículas. Sus fotografías aparecen sutilmente sin la cabeza en el plano, y los pocos audios en los que pudiera escucharse su voz se presentan a través de artimañas narrativas que, dicho sea de paso, resultan un tanto absurdas tanto en el contexto dramático en el que se encuentran como en el tono serio y oscuro de toda la serie. Y a pesar de los intentos por no tenerle en imagen, su figura está constantemente presente en toda la temporada. Si bien es cierto que esta última etapa pertenece al rol interpretado por Robin Wright (Wonder Woman), en realidad el grueso de la trama principal de House of cards está motivado constante por ese Frank Underwood que tanto ha fascinado durante años gracias, entre otras cosas, a la extraordinaria labor de Spacey.

Puede que este sea uno de los motivos por los que la trama no termina de funcionar correctamente. Demasiadas historias secundarias, demasiados personajes que no aportan demasiado, y sobre todo una necesidad de resolver la ausencia de Spacey de la forma más lógica posible. Todo eso genera una mezcla que sus creadores no son capaces de equilibrar, entregándose por completo a un desarrollo marcado por el extremo, por el histrionismo contenido en esos caros trajes y esos elegantes despachos. El final de la temporada, y consecuentemente de la serie, es la mejor evidencia de la deriva absurda que toma la trama, que busca sin éxito una explicación racional a algo completamente ilógico. Y no estoy hablando del desarrollo del arco argumental, que también, sino al hecho de que esta temporada no era necesaria, al menos no en estos términos.

Embarazos embarazosos

Pero entremos en el detalle. Estos 8 episodios ponen el foco y la complicidad con el espectador en la figura de Claire Underwood. Y aunque Wright vuelve a demostrar la increíble actriz que es, lo cierto es que la temporada evidencia que este personaje es único… como un secundario. Ya sea por una narrativa sin un objetivo claro, o porque el personaje realmente no da para tanto, lo cierto es que el protagonismo de esta Primera Dama reconvertida en primera Presidenta de Estados Unidos carece de la fuerza de su predecesor. Y a ello contribuye sobremanera la definición de su personaje que hacen a lo largo del relato o, mejor dicho, la resolución del mismo a los planteamientos inicialmente expuestos.

Y me explico. Durante los primeros compases de esta temporada asistimos a un planteamiento que, con sus más y sus menos, anuncia un cierto suspense político en el que se puede apreciar una estrategia de la protagonista. Sin embargo, a medida que transcurren los episodios dicha estrategia se diluye poco a poco hasta quedar en nada, no tanto por la inacción de la protagonista como por los acontecimientos que se suceden a su alrededor, amén de algunos hitos dramáticos cuestionables como esa presunta crisis que sume a la Presidenta en una depresión. La suma de elementos lleva la serie por un camino no solo ajeno a lo visto hasta ahora, sino alejado de la realidad, apostando más por una suerte de drama personal que perfectamente habría encajado en otro tipo de ficción algo menos elaborada y a todas luces de menor calidad dramática y artística que House of cards.

Aunque sin duda el aspecto dramático más polémico es el embarazo de la protagonista, que irrumpe en el desarrollo argumental como un Deus ex machina para tratar de dar un giro a la trama. Giro que, por cierto, provoca el efecto contrario, pues no solo no aporta el pretendido dramatismo a la historia, sino que aporta a la trama un carácter aún más incomprensible y ridículo al plantear más preguntas y dar pocas de las respuestas que cabría esperar. Esto sumado a la resolución de la trama principal en torno a lo que realmente ha ocurrido con el personaje de Frank Underwood convierte el final de temporada en casi una parodia de sí mismo, enrevesando innecesariamente un final que podría haber sido mucho más sencillo si se hubiera dejado ir del todo al rol de Spacey. Baste decir que los argumentos finales de los dos personajes implicados en la última escena son el reflejo de lo que ha sido esta temporada en todos los sentidos.

Lo cierto es que apena mucho comprobar cómo una producción puede dar al traste con una seña de identidad construida durante años en tan solo un puñado de episodios. House of cards, con sus posibles excesos según se mire, es una serie adulta, sobria, oscura y tremendamente inteligente, en la que ni un solo personaje sobra y en la que toda trama, sea principal o secundaria, tiene influencia sobre cualquier detalle del conjunto. Pero eso es hasta esta sexta y última temporada. El desarrollo dramático, limitado por falta de espacio, la presencia de nuevos personajes sin el trasfondo necesario, y sobre todo una falta de objetivo en la resolución de esta compleja historia convierten esta etapa en un mal reflejo de lo que alguna vez fue la serie. Entiendo la decisión de la productora de apartar a Spacey, pero había muchas y mejores soluciones que la adoptada para dar un final con sentido a una ficción de estas características. Los Underwood nos dejan con mal sabor de boca.

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