Temporada 8 de ‘Juego de Tronos’, un gran final para los Siete Reinos


Ya está. Lo que hace ocho años comenzó como la adaptación de una serie de novelas de corte fantástico medieval ha llegado a su fin como el fenómeno televisivo de las últimas décadas. Un fenómeno que ha trascendido su propia dimensión de puro entretenimiento seriéfilo para convertirse en un estudio de estrategias políticas y una confrontación de pasiones encontradas. Y si bien es cierto que esto da buena muestra del grado de relevancia que ha adquirido Juego de tronos, también ha jugado en contra de la octava y última temporada creada por David Benioff (Troya) y D.B. Weiss, ya conocidos como D&D. Personalmente, creo que con sus errores y sus prisas por terminar, que los tiene, estos seis episodios finales son la conclusión sobresaliente a una historia desarrollada en casi una década.

Y sí, digo sobresaliente porque en realidad estos capítulos vienen a ser lo que el tercer acto es a una película, es decir, la conclusión a todas las tramas abiertas a lo largo de los años. Sobre todo las principales. Esto ha provocado que el desarrollo dramático se haya centrado fundamentalmente en los conflictos bélicos largamente esperados, ambos con consecuencias catastróficas tanto visual como sociológicamente. En este aspecto, sus creadores aprovechan las oportunidades que ofrecen las propias características de la serie para componer una huída hacia adelante, un constante recorrido a marchas forzadas para solventar algunos de los conflictos planteados, madurados e incluso enquistados a lo largo de estas temporadas. Habrá quien piense que todo ha sido muy rápido, que solo ha interesado lo visual por encima de la intriga política. No falta razón, pero es que si hubiera sido de otra manera no estaríamos ante el final, sino ante una transición a otra historia diferente.

Las dos principales batallas de esta temporada, desarrolladas no por casualidad en las dos grandes ciudades de Juego de tronos, son un ejemplo de pulso narrativo. La primera, en Invernalia, juega de forma magistral con la iluminación, con el terror de la noche y las características de los muertos. Los movimientos de cámara permiten en todo momento conocer la ubicación de todos los personajes allí citados aunque la historia solo se centra en los principales. Y me explico. El episodio está estructurado de tal manera que la trama solo necesita seguir a los protagonistas para poder narrar cada detalle de la batalla. Y esto, teniendo en cuenta la complejidad de la narrativa, es algo que todo realizador debería estudiar si tiene que enfrentarse a algo similar. La segunda, en Desembarco del Rey, es más bien un derroche de tensión dramática, con ese tañer de campanas que debería marcar un final y, sin embargo, marca un inicio. Y aunque este episodio tiene algunos de los momentos más irregulares de la serie, no deja de evidenciar la fuerza narrativa de una serie construida a fuego lento… nunca mejor dicho.

No cabe duda de que estos seis episodios (algunos de ellos de una duración similar a una película) se han planteado única y exclusivamente para cerrar tramas. Algunas de ellas quedan ligeramente abiertas en el último episodio. Otras se cierran de forma coherente y otras, sencillamente, se antojan algo apresuradas en su resolución. Todas ellas, con sus altibajos, forman sin embargo un mosaico narrativo y visual espléndido, con una serie de discursos y argumentaciones finales que demuestran, por un lado, el peso dramático del rol de Peter Dinklage (Vengadores: Infinity War), diluido un poco entre tanta guerra, y por otro, que la serie ha sido y siempre será un estudio político de los intereses y luchas de poder entre facciones, se llamen familias o con cualquier otro nombre que se les quiera dar. Es cierto que esta última temporada peca en exceso de una cierta aceleración de acontecimientos, sobre todo tras la batalla de Invernalia, y eso es posiblemente lo más censurable del conjunto, pero en todo caso la evolución de los personajes encuentra su encaje en su desarrollo de temporadas pasadas.

Dictadores y demócratas

De hecho, la serie recupera de nuevo esa idea de tiranos dictadores y nobles demócratas que tan bien ha funcionado en el pasado. Para muchos el problema radicará en las figuras que representan cada uno de los bandos. Estoy hablando del rol de Emilia Clarke (Terminator: Génesis), que ha pasado de ser libertadora a convertirse poco menos que en una versión femenina de Hitler. Sus discursos e ideas en el episodio final de esta temporada de Juego de tronos confirman un viraje moral que podría considerarse inconsistente, pero que analizado fríamente tiene una más que clara justificación. Para empezar, durante toda la serie se ha hablado en varias ocasiones del legado familiar de locura y megalomanía; y aunque siempre ha atacado a tiranos y esclavistas, lo cierto es que todo aquel que se ha opuesto a sus designios ha tenido un final poco benévolo. Es cierto que en estos seis episodios su evolución parece precipitarse con demasiada urgencia, pero eso no es óbice para que la base sobre la que se sustenta exista realmente y se haya fraguado durante las siete temporadas previas.

Hay que señalar, en este sentido, la estética dictatorial de esos planos del último episodio, con grandes banderas ondeando sobre ruinas, ejércitos uniformados y discursos más propios de la época más oscura de Europa. Las palabras del personaje de Dinklage despejan las posibles dudas que pudiera haber. Como decía antes, este episodio ocho viene a confirmar que la serie nunca ha abandonado ese cariz puramente político y estratégico, por mucho que haya tenido descansos dramáticos favoreciendo la acción pura y dura. Las tensiones entre los personajes de Clarke y Sophie Turner (X-Men: Apocalipsis) son el mejor ejemplo de ello. Con todo, la serie deja decisiones dramáticas cuestionables. Dado que es necesario acentuar el carácter conquistador de la Madre de Dragones, Benioff y Weiss convierten el rol de Lena Headey (300) en una mujer vulnerable, alejada por completo de la tirana y déspota reina que fue antaño. Algo con poca justificación, ya que la masacre de hombres, mujeres y niños indefensos ya es de por sí suficiente argumento para convertir a una salvadora en una tirana. Su muerte es, posiblemente, el momento más innecesariamente melodramático de toda la serie, amén de no corresponder con la evolución del personaje durante toda la serie.

Ahora bien, la resolución de todas las tramas y del futuro de cada uno de los personajes supervivientes es sencillamente brillante. La argumentación con la que se corona al nuevo rey viene a confirmar un cambio mínimo para que todo siga igual. Dejando a un lado la cuestionable presencia de algunos personajes en esa especie de concilio final en torno al rey (¿de verdad era necesario recuperar personajes que no aparecían desde hacía varias temporadas?), cada uno de los protagonistas termina donde tiene que terminar, el lugar al que pertenece en cuerpo y, sobre todo, alma. Una nueva generación de personajes, cada uno retomando papeles interpretados por veteranos en las anteriores temporadas, que viene a introducir sangre nueva en una historia que perfectamente podría continuar con intrigas políticas, recelos, ambiciones y luchas de poder. Un final continuista para una trama marcada por la destrucción de una guerra que ha dejado muchos, muchísimos cadáveres por el camino. Un final que comienza con la reconstrucción de un mundo arrasado por el hielo y el fuego.

Juego de tronos termina como debería terminar. Al menos la serie de televisión. Habrá que ver si tiene algo en común con las novelas que deba publicar George R. R. Martin. Pero como producto audiovisual esta octava temporada ha demostrado que la pequeña pantalla es capaz de ofrecer tensión dramática, un lenguaje visual complejo y bello, una evolución compleja de sus personajes y un final que, casi con toda probabilidad, no dejará indiferente a nadie. Como dice el personaje de Dinklage (en uno de sus muchos y brillantes momentos del último episodio), nada une más que una buena historia. Una historia no puede ser derrotada, y si crece lo suficiente puede llegar a ser incontrolable. Algo de todo eso tiene esta última tanda de episodios. Y dado su éxito, es evidente que no gustará a todo el mundo, que cada uno de los espectadores tendrá su versión de lo ocurrido. Eso es lo más atractivo de la serie. Personalmente, y con las irregularidades evidentes que tiene esta etapa, creo que estamos ante una conclusión más que digna de una trama tan compleja como esta. Pero ante todo hemos llegado al final de una era. Nada volverá a ser lo mismo después de esta guerra de Poniente. La televisión ha cambiado, abriendo la puerta a nuevas y complejas producciones. Solo el tiempo dirá si ha sido para bien o para mal. Y de nuevo, como dice Tyrion Lannister, preguntadme dentro de diez años.

Anuncios

‘True Detective’ crece en dramatismo volviendo a su origen en su 3ª T.


Después de una segunda temporada cuanto menos diferente (en formato y contenido) y cuatro años de descanso, Nic Pizzolatto ha regresado a los orígenes de True Detective en su tercera historia, independiente por completo de las anteriores pero con un claro regusto a la primera, con la que por cierto crea puentes dramáticos que permiten ubicar las historias en un mismo universo narrativo. El también guionista de Los siete magníficos (2016) vuelve a componer un relato en tres partes para abordar de nuevo abusos y posibles relaciones con ritos de diversa índole. Sin embargo, en esta ocasión eso es casi lo de menos.

Porque a diferencia de la primera temporada, estos 8 episodios resultan mucho más interesantes si la mirada se dirige hacia el otro lado, es decir, hacia los policías que investigan la desaparición de dos niños. En efecto, vuelven a ser dos roles complejos, con tantos matices que es casi imposible mencionarlos todos, pero con un aliciente añadido: más allá de sus personalidades, los roces que puedan tener y el modo en que evolucionan, lo interesante es el trasfondo emocional de ambos, los traumas que les impulsan a actuar y, sobre todo, cómo afrontan la realidad. En este sentido, el papel interpretado por Mahershala Ali (Green Book), que lleva el peso de la narración, es todo un ejemplo de complejidad emocional. Marcado por los horrores de la guerra y los problemas de memoria que cada vez se agudizan más, su recuerdo de los acontecimientos del caso, de los detalles y de los pasos dados quedan en cuestión constantemente, jugando su creador con la idea de que lo que podríamos estar viendo es fruto de su mente, y no lo que realmente ocurrió.

Este grado mayor de complejidad en la tercera temporada de True Detective se complementa, y de qué modo, con el papel de Stephen Dorff (Bajo un sol abrasador), un hombre práctico, algo rudo pero de buen corazón cuya evolución en la trama es, simple y llanamente, de lo mejor de toda la serie. Si bien en los primeros compases de la trama se antoja un secundario interesante, a medida que se desvelan sus diferentes capas dramáticas, sobre todo en su etapa más anciana, va adquiriendo una mayor profundidad emocional que, además, permite a la historia jugar con un doble final representado en dos hombres con visiones muy diferentes del caso que llevaron hace tantos años, y de la vida en general. Y es este el verdadero corazón de estos capítulos. Por mucho que la realidad sea una, cada uno de nosotros tendemos a quedarnos con la verdad que nos interesa, aquella que nos ofrece algo que comprendemos y, en el caso de este crimen, aquella que ofrece la serenidad que los personajes llevan buscando durante décadas.

De hecho, esta idea subyace prácticamente en todas las líneas argumentales y en cada uno de los secundarios que aparecen a lo largo de los tres tiempos dramáticos en los que se divide la temporada. Mientras que unos optan por enterrar lo ocurrido buscando una solución capaz de dar sentido a su teoría del crimen, otros vuelven una y otra vez a los hechos en busca de algo más, ya sea por morbo, interés o, como le ocurre al protagonista, la sensación de que hay algo más. En realidad, esta dualidad suele estar muy presente siempre en el thriller policíaco, sobre todo si hay una pareja protagonista. Pero en el caso de la serie de Pizzolatto no es un mero recurso narrativo para hacer avanzar la trama, sino que se convierte en el leit motiv que permite al argumento explorar nuevos caminos dramáticos. Ese es el éxito y lo que aporta esta notable temporada.

Secundarios en la imagen

Ahora bien, esta tercera etapa de True Detective no solo ofrece al espectador una base narrativa y dramática compleja y próxima al impacto que generó la primera. Si algo tienen de diferencial estos episodios es el tratamiento visual de cada episodio y, sobre todo, unos secundarios tanto o más sólidos que los protagonistas, algunos de ellos con unas tramas capaces de sustentar los momentos más débiles de los arcos argumentales principales. Respecto al aspecto puramente formal, la serie vuelve a recurrir a un cierto ambiente malsano promovido por la presencia de iconos sectarios o que remiten a códigos secretos de carácter violento o delictivo. Pero hay mucho más. El cambio en la iluminación de cada época narrativa va acompañado de un lenguaje formal también algo diferente de una etapa a otra. A esto se añade el modo en que relaciona unos años con otros a través de los recuerdos, lo que está intrínsecamente unido a los saltos temporales que permiten explicar algunas de las motivaciones y de los orígenes de muchos acontecimientos.

Todo ello conforma un trasfondo complejo, vivo, dinámico y en constante evolución en el que los dos policías protagonistas crecen en dramatismo al ir mostrando su forma de enfrentarse a los hechos, descubriendo así su personalidad llena de matices, traumas y miedos. Pero no solo les permite evolucionar a ellos. Los personajes secundarios también guardan ciertos ases bajo la manga que les lleva, al menos en los casos más importantes, a adquirir un peso específico en la trama muy alto. El caso más significativo es, evidentemente, el de Carmen Ejogo (Alien: Covenant), esa esposa/profesora/escritora cuyo rol, aunque desaparece en algunas de las épocas de la trama, sigue comunicándose con el protagonista, siendo una suerte de guía espiritual en el camino del héroe hacia la redención y la verdad. Y es solo un ejemplo, pues prácticamente todos los personajes contienen una gran cantidad de caras dramáticas que, gracias a la estructura narrativa de la serie, se van desvelando de forma desordenada para hacer más intensa la intriga.

Y este es posiblemente uno de los aspectos más interesantes de la serie en su conjunto. Más allá de la espléndida definición de los personajes, dotados de una complejidad marcada no solo por su propio pasado y su forma de ser, sino por la sociedad en la que se desenvuelven en cada instante, es importante estudiar el modo en que se construye la trama. Su desarrollo lineal se forma a través de fragmentos desordenados, armónicos en su caos, capaces de nutrirse unos de otros para revelar información fundamental en el momento preciso. Ese equilibrio entre orden y desorden se basa en que cada parte de la trama, cada época, posee un desarrollo dramático coherente, salpicado de vez en cuando por algún recurso narrativo rupturista, mientras que los diferentes bloques de la trama se desarrollan, en conjunto, de forma totalmente irregular, sin seguir necesariamente un paralelismo natural. Esto permite, por ejemplo, que información conocida en el presente revele, de repente, algún hecho desconocido del pasado, y esa revelación permita, a su vez, comprender algo que se lea posteriormente en otra época.

Explicado así puede que resulte algo confuso, pero la realidad es que al final de la tercera temporada de True Detective, al igual que ocurrió en las anteriores, lo que nos encontramos es con un intenso thriller y, sobre todo, un profundo y complejo estudio de la psicología de unos personajes traumatizados no tanto por un caso por resolver como por los traumas de un pasado que ha condicionado irremediablemente su vida, sus relaciones y su modo de entender el mundo. Los 8 capítulos de esta etapa confirman a la serie como un producto único, una obra con muchos niveles de interpretación y, en esta ocasión, con un final que abre un sinfín de posibilidades interpretativas, no tanto sobre el sentido de la temporada como de la propia realidad del ser humano y el modo en que se enfrenta a su mundo y su realidad. Y cuando el cine o la televisión son capaces de eso, de trascender su propia dimensión para convertirse en una reflexión y un reflejo de nuestro entorno, es cuando nos encontramos ante algo indispensable.

Regresa ‘Hellboy’ con Theron y Rogen logrando lo ‘Casi imposible’


La recta final del mes de mayo va a concentrar un importante número de estrenos que tratarán de continuar con la estela de blockbusters iniciada por la última película de Marvel. Es de suponer que ninguna de ellas podrá lograr el rotundo éxito de los superhéroes, pero en todo caso es casi seguro que atraerán a un buen número de espectadores a las salas. Y este viernes día 17 uno de esos estrenos procede también de un cómic, y reinicia una saga iniciada hace ya 15 años.

Se trata de la nueva versión de Hellboy, nueva aventura cinematográfica del conocido personaje de cómic creado por Mike Mignola que en esta ocasión dirige Neil Marshall (Centurión) y cuya historia sitúa a este demonio en una lucha contra un espíritu ancestral que fue amante del mago Merlín, del que aprendió los hechizos que la convirtieron en una de las brujas más poderosas. Tras ser derrotada y enterrada, regresa de entre los muertos con la intención de destruir a la humanidad. Aventura, acción, humor y una estética más oscura y violenta es lo que plantea esta cinta coproducida por Estados Unidos, Reino Unido y Bulgaria que cuenta en su reparto con David Harbour (serie Stranger things), Ian McShane (Hércules), Milla Jovovich (Resident Evil), Penelope Mitchell (Gnaw), Thomas Haden Church (Spider-Man 3), Sasha Lane (Ritmos del corazón), Daniel Dae Kim (serie Hawai 5.0) y Brian Gleeson (La suerte de los Logan).

Muy diferente es la comedia romántica estadounidense Casi imposible. Su trama arranca cuando un periodista desenfadado se reencuentra inesperadamente con la que fuera su niñera y primer amor, que ahora es una de las mujeres más influyentes del mundo y candidata a la Presidencia. Él logra cautivarla y ella decide contratarle como redactor de sus discursos, para sorpresa de sus asesores. Y aunque el periodista no está preparado para el mundo en el que vive ella, la química entre ellos les llevará a un romance por todo el mundo no exento de peligros. Jonathan Levine (Los tres reyes malos) se pone tras las cámaras de esta historia protagonizada por Charlize Theron (Atómica), Seth Rogen (The disaster artist), June Diane Raphael (El día de la novia), Alexander Skarsgård (La leyenda de Tarzán), Andy Serkis (Black Panther) y Randall Park (Aquaman).

Antes de pasar a los estrenos europeos hay que destacar Sombra, nuevo drama de acción dirigido por Zhang Yimou (La gran muralla) que cuenta con capital procedente de China y Hong Kong y cuyo argumento se centra en un rey y su gente, que buscan recuperar su tierra natal después de ser expulsados. Cada uno de los personajes busca el mismo objetivo, aunque por motivaciones diferentes que generará una intrincada red de intrigas y traiciones. Deng Chao (I belonged to you), Sun Li (E gun tian shi), Ryan Zheng (This is me), Guan Xiaotong (Romance out of the blue) y Wang Qianyuan (Guns and kidneys) encabezan el reparto.

Desde Francia nos llega La última locura de Claire Darling, adaptación de la novela de Lynda Rutledge que tiene como punto de partida la venta que una mujer hace de todas sus pertenencias el primer día de verano. El motivo de este mercadillo improvisado es la creencia de que su muerte se producirá ese día. A medida que se van vendiendo los objetos a precios ridículos los recuerdos de su vida llegan a su mente, alternándose los momentos más brillantes con los más trágicos. Pero esta venta también motiva el regreso de su hija, con la que no ha tenido contacto en más de 20 años. Julie Bertuccelli (El árbol) se pone tras las cámaras de este drama que tiene como protagonista a Catherine Deneuve (El nuevo nuevo testamento), a la que acompañan Chiara Mastroianni (El precio de la fama), Alice Taglioni (Reparar a los vivos), Laure Calamy (Los casos de Victoria), Samir Guesmi (Jeunesse) y Olivier Rabourdin (Las guardianas), entre otros.

También francesa es Un hombre fiel, comedia dramática de corte romántico que dirige y protagoniza Louis Garrel (Los fantasmas de Ismael), quien colabora además en el guión. La historia arranca cuando una mujer deja a su novio por su mejor amigo, del que además está embarazada. Ocho años después, y tras la muerte del amigo, la pareja vuelve a reunirse. Sin embargo, su nueva relación no será bien vista ni por el hijo de ella ni por la hermana del difunto, enamorada en secreto de él. El reparto se completa con Laetitia Casta (El fraude), Lily-Rose Depp (La bailarina) y Joseph Engel (Isn’t it delicious).

El último estreno procedente del país galo es Necesitamos tu voto, comedia política de 2018 que tiene como protagonista a un joven que entra a trabajar en la campaña de un candidato a las elecciones presidenciales, en el puesto de asistente de la directora de comunicación. Fascinado por ella, aprenderá los entresijos del puesto y del mundo político. Mathieu Sapin debuta en el largometraje con esta historia protagonizada por Alexandra Lamy (Historias de una indecisa), Finnegan Oldfield (Reparar a los vivos), Valérie Karsenti (La escuela de la vida), Gilles Cohen (Tres recuerdos de mi juventud) y Philippe Katerine (Un sol interior).

España y Bélgica, junto a México, producen El año de la plaga, aventura de 2018 que mezcla comedia y fantasía en la adaptación de la novela de Marc Pastor a la gran pantalla. La trama arranca cuando los amigos de un joven deciden buscarle una novia después de una dolorosa ruptura. La situación se complica cuando el chico recibe una llamada de su ex, asustada porque la gente de su entorno ha perdido sus recuerdos y sus emociones. Sin saber muy bien lo que ocurre, pero con un bagaje de películas que le han marcado a lo largo de su vida, decide convertirse en el héroe que nunca fue y rescatar al amor de su vida, algo en lo que contará con la ayuda de sus amigos. Carlos Martín Ferrera (Zulo) dirige esta cinta en cuyo reparto encontramos a Iván Massagué (Kamikaze), Miriam Giovanelli (serie Velvet), Sílvia Abril (Cuerpo de élite), Marta Castellote (La sexta alumna), Brays Efe (serie Paquita Salas), María Molins (Cien años de perdón) y Ana Serradilla (Espacio interior), entre otros.

La comedia familiar con toques de intriga está representada por La pequeña traviesa, cinta alemana de 2018 que dirige Joachim Masannek (Las fieras fútbol club) y que gira en torno a una niña capaz de hablar con los animales. Nadie conoce esta particular habilidad salvo sus padres, lo que ha obligado a la familia a mudarse en numerosas ocasiones. En el último de estos traslados ella promete no volver a meterse en líos, pero cuando descubre que un ladrón ha secuestrado a un pequeño elefante de un zoo cercano emprenderá una aventura en la que su habilidad será fundamental. Malu Leicher, Christoph Maria Herbst (Bienvenidos a Grecia), Peri Baumeister (Oregon Pine), Tom Beck (Un mensaje para ti), Aylin Tezel (The yellow birds) y Meret Becker (Padre a la fuerza) son los principales actores.

La cinta más internacional de la semana es La carga, primera película de ficción escrita y dirigida por Ognjen Glavonic (Dubina dva) que cuenta con capital serbio, francés, croata, iraní y qatarí. Su argumento se ambienta en 1999, cuando un conductor de camiones es contratado para trasladar una mercancía desde Kosovo hasta Belgrado durante los bombardeos de la OTAN. Sin saber lo que está transportando, deberá viajar por un territorio inhóspito y peligroso, a través de un país devastado por la guerra. Entre los actores protagonistas encontramos a Leon Lucev (Ivan), Pavle Cemerikic (Nicije dete), Tamara Krcunovic (Vlaznost), Ivan Lucev e Igor Bencina (Karaula).

República Checa, Eslovaquia y Dinamarca colaboran en Lejos de Praga, drama con toques cómicos de 2017 que adapta el libro de Zdenek Sverák acerca de un niño de 8 años que se ve obligado a abandonar su casa en Praga durante la II Guerra Mundial. El pequeño se muda a una casa en el campo en la que veranea junto a sus familiares. Allí deberá adaptarse a un nuevo ritmo de vida, y será allí donde se sienta atraído por la belleza de las chicas por primera vez y donde descubra oscuros secretos familiares. Dirigida por Jan Sverák (Sueños de juventud), la cinta está protagonizada por Alois Grec, Jan Tríska (Poseídos), Oldrich Kaiser (Rachanda), Tereza Voriskova (Alois Nebel) y Ondrej Vetchý (Vsivaci).

Terminamos con el documental español Hospitalarios, las manos de la Virgen, que descubre al espectador lo que cada año ocurre en una pequeña aldea al sur de Francia desde 1858, donde hombres y mujeres con todo tipo de dolencias y enfermedades llegan en peregrinación para ser tratados de sus dolencias en la conocida como Gruta de Lourdes. La cinta está dirigida por Jesús García Colomer.

‘Los hermanos Sisters’: conflicto de modelos sociales


El género western posee unos elementos definitorios muy concretos más allá de vestuarios, épocas y escenarios. Tal vez por eso la nueva película de Jacques Audiard (De óxido y hueso), aunque ambientada en el Lejano Oeste, ofrece al espectador muchas más lecturas a todos los niveles, desde el visual al puramente sociológico, componiendo una sinfonía muy entretenida que, además, obliga necesariamente a reflexionar durante varias horas.

Porque la premisa inicial de estos dos bandoleros a sueldo realizando un trabajo pronto da paso a una interpretación mucho más profunda y compleja tanto de los personajes como del mundo en el que se desarrolla la serie. Con un tono marcadamente crepuscular, la historia ahonda en las diferencias de un mundo marcado por la violencia y la codicia y otro muy diferente en el que la educación, el respeto a la ley y la convivencia definen a los individuos. Esta dualidad se haya en cada aspecto del film, desde las diferencias entre Los hermanos Sisters, a los que dan vida de forma espléndida John C. Reilly (Convención en Cedar Rapids) y Joaquin Phoenix (Irrational man) hasta los contrastes entre el polvo del camino y la elegancia de San Francisco, por no hablar de la utopía que menciona el rol de Riz Ahmed (Circuito cerrado) hacia el final del metraje.

A todo ello se suma una puesta en escena que aprovecha al máximo las posibilidades de la historia. Audiard vuelve a demostrar su amplio registro formal con escenas como la inicial, con una oscura noche solo iluminada por el fuego de los disparos, o la iluminación tenue de las calles de pueblos y ciudades. El director francés pone al servicio de la historia y sus actores tanto imagen, música (magnífica banda sonora de Alexandre Desplat, dicho sea de paso) y lenguaje para desarrollar y captar el sentido de las miradas, de los diálogos e incluso de las penurias que pasa la pareja protagonista para alcanzar su destino, retornándoles al final al que fuera el inicio de sus vidas.

Lo que nos encontramos en Los hermanos Sisters es un western atípico, alejado de heroicas gestas o desafíos casi imposibles. En realidad, los dos protagonistas son más bien decadentes, y la historia reflexiona sobre el modelo social y la lucha entre la violencia y la armonía. Y por ello, amén de un director con personalidad capaz de atrapar al espectador con su capacidad para generar belleza, es por lo que el film se descubre como una obra diferente, enriquecedora, capaz de sobrevivir a su propio metraje para dejar su poso en la conciencia una vez se encienden las luces de la sala. Puede que algunos de sus tramos carezcan del ritmo necesario, pero tanto si se es aficionado al género como si no, es una película que nadie debería perderse.

Nota: 8/10

Pikachu investiga a ‘Los hermanos Sisters’ en la cartelera española


Mayo ha comenzado con poca fuerza en lo que a estrenos se refiere. A la espera de títulos que llenen las salas (con el permiso de la todopoderosa Marvel), este viernes día 10 aterrizan un buen puñado de títulos que, aunque posiblemente no compitan por la taquilla, sí ofrecen varios atractivos en forma de historias, actores y directores responsables de los proyectos.

Uno de estos estrenos es Los hermanos Sisters, comedia del oeste que tiene como protagonistas a dos hermanos que viven en Oregon City y trabajan para un Comodoro como matones y a veces verdugos. Su último trabajo es acabar con un buscador de oro cuya ubicación no está clara. Adaptación de la novela de Patrick DeWitt, esta producción con capital norteamericano, francés, español, belga y rumano cuenta con Jacques Audiard (De óxido y hueso) como director y con un reparto encabezado por Joaquin Phoenix (En realidad, nunca estuviste aquí), John C. Reilly (El Gordo y el Flaco), Jake Gyllenhaal (Life), Riz Ahmed (Venom), Rutger Hauer (24 horas para vivir), Carol Kane (serie Gotham), Allison Tolman (Asesinos internacionales) y Rebecca Root (Boy meets girl).

Estados Unidos también está presente, junto a Japón, en Pokémon: Detective Pikachu, aventura cargada de humor que lleva a los famosos personajes de la serie de televisión y los videojuegos al mundo real. La trama arranca cuando un famoso detective desaparece, lo que obliga a su hijo a buscarle. Para ello tendrá la ayuda del ayudante Pokémon de su padre, Pikachu. Cuando ambos descubren que pueden comunicarse se forma un vínculo que les llevará a desvelar un complot para destruir la convivencia pacífica entre humanos y pokémon. Dirigida por Rob Letterman (Pesadillas), la cinta presenta a las criaturas como nunca antes. Ryan Reynolds (Deadpool 2) pone la voz de Pikachu, completándose el reparto con Justice Smith (Ciudades de papel), Suki Waterhouse (Jonathan), Bill Nighy (La librería), Kathryn Newton (Lady Bird), Rita Ora (Cincuenta sombras liberadas) y Ken Watanabe (El bosque de los sueños).

Puramente hollywoodiense es Timadoras compulsivas, comedia dirigida por Chris Addison en la que es su primera película tras las cámaras. Remake de la película Un par de seductores de 1988, la cinta sigue la vida de dos reinas del timo que proceden de clases sociales muy diferentes que se unen para desplumar a todos los hombres que las infravaloran. Entre sus principales actores destacan Anne Hathaway (Colossal), Rebel Wilson (Dando la nota 3), Alex Sharp (Cómo hablar con las chicas en las fiestas), Tim Blake Nelson (Cuatro fantásticos), Ingrid Oliver (You, Me and Him) y Sarah-Stephanie (Hello au revoir).

Posiblemente la cinta más internacional sea De la India a París en un armario de Ikea, comedia dramática basada en la novela de Romain Puértolas que arranca cuando un joven que sobrevive en India gracias a su ingenio viaja a París en busca de una vida mejor. Allí, con pocos recursos económicos, decide pasar una noche en un Ikea, donde se enamora de una chica. Pero sus esperanzas se desvanecen cuando queda atrapado en un armario que es enviado al extranjero, iniciando un viaje que cambiará su vida para siempre. Con capital procedente de Estados Unidos, Francia, Bélgica, India y Singapur, la cinta está dirigida por Ken Scott (Negocios con resaca) y protagonizada por Dhanush (Kodi), Erin Moriarty (Captain Fantastic), Barkhad Abdi (Capitán Phillips), Bérénice Bejo (Después de nosotros) y Sarah-Jeanne Labrosse (Un jour mon prince).

Pasamos a los estrenos puramente europeos, entre los que destaca La tragedia de Peterloo, drama histórico británico escrito y dirigido por Mike Leigh (El secreto de Vera Drake) que narra los acontecimientos que dieron lugar a la masacre de Peterloo en 1819. Durante una manifestación pacífica en Manchester unas 60.000 personas reclamaban una reforma política y acciones contra el aumento de la pobreza, pero el Gobierno británico cargó contra la multitud, dando como resultado uno de los episodios más sangrientos de la historia británica. De este acontecimiento nacería el periódico The Guardian. En el reparto encontramos a Rory Kinnear (serie Penny Dreadful), Maxine Peake (La teoría del todo), Pearce Quigley (Con la banca no se juega), David Moorst y Rachel Finnegan (The carrier), entre otros.

Desde Francia nos llega Vivir deprisa, amar despacio, drama romántico ambientado en 1990, cuando un joven estudiante de Rennes ve cómo cambia su vida el día que conoce a un escritor de París que vive con su joven hijo. Ambos inician una historia de amor de verano, aunque el escritor sabe que debe vivirlo rápidamente antes de que llegue a su fin. Christophe Honoré (Les malheurs de Sophie) escribe y dirige este film de 2018 protagonizado por Vincent Lacoste (Los casos de Victoria), Pierre Deladonchamps (El hijo de Jean), Denis Podalydès (Los 50 son los nuevos 30), Rio Vega (Les enfants Lachance) y Adèle Wismes (serie Les grands).

Al drama histórico también pertenece La intervención, cinta franco belga que aborda los hechos ocurridos en Yibuti en 1976, cuando un grupo de rebeldes somalíes secuestraron un autobús escolar con 21 niños franceses y una profesora estadounidense. Un capitán francés al frente de un grupo de francotiradores de élite será el encargado del rescate internacional, secreto y muy arriesgado. La tensión creciente de la situación obligará al capitán a intervenir. Esta operación dio lugar al nacimiento del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional (GIGN). Fred Grivois (La résistance de l’air) se pone tras las cámaras para dirigir a Alban Lenoir (La mujer que sabía leer), Olga Kurylenko (El hombre que mató a Don Quijote), Sébastien Lalanne (50 primaveras), David Murgia (El nuevo nuevo testamento), Michaël Abiteboul (Papá o mamá) y Guillaume Labbé (Conexión Marsella).

Entre la producción española destaca El increíble finde menguante, drama con toques de ciencia ficción que gira en torno a una joven de 30 años que vive con sus padres y que no tiene objetivos ni planes de futuro. Un fin de semana acude con su novio y sus amigos a una casa rural en medio del bosque. Lo que comienza siendo una anodina fiesta da un giro cuando la chica descubre que los hechos se repiten una y otra vez, aunque con un matiz: en cada ocasión durará una hora menos. Con esta cuenta atrás la joven deberá decidir qué persona quiere ser y encontrar una salida antes de que pueda desaparecer. Debut en el largometraje de Jon Mikel Caballero como director y guionista, el reparto está encabezado por Iria del Río (El club de los incomprendidos), Adam Quintero (Inmersión), Nadia de Santiago (Parada en el infierno), Jimmy Castro (No digas nada) y Adrián Expósito (2 francos, 40 pesetas).

También español es el thriller de terror Compulsión, debut en el largometraje de ficción de Ángel González, quien también escribe esta historia que tiene como protagonista a una joven que, ante los indicios de que su novio le es infiel, decide empezar a seguirle. Sus sospechas parecen confirmarse cuando le ve cómo se cita con otra mujer. Lejos de enfrentarse a él, decide mantener el secreto para comprobar hasta dónde llegan las mentiras. Pero lo que nunca imaginó es la pesadilla en la que se convertirá su vida al descubrir el terrible secreto del hombre. Marina Esteve (serie Mar de plástico), Paco Manzanedo (Marica tú), Susana Abaitua (Bon appétit) y Pol Cardona (Regression post panic film) son los principales actores de este film de 2017.

España, Argentina y Venezuela colaboran en Enterrados, drama ambientado en Asturias, donde un gran derrumbe en una mina deja enterrado a un técnico de origen argentino junto a otros compañeros a 600 metros de profundidad. Primera película de Luis Trapiello, quien ejerce de guionista y director, la cinta está protagonizada por Joaquín Furriel (Cien años de perdón), Candela Peña (El tiempo de los monstruos), Paula Prendes (Fuga de cerebros 2), José Antonio Lobato (La torre de Suso) y Manuel Pizarro (serie El accidente).

En lo que a animación se refiere, Ruben Brandt, coleccionista, film de origen húngaro de 2018 que combina acción y thriller para narrar la vida de un psicoterapeuta que aplica técnicas artísticas para curar a sus pacientes. Sin embargo, los personajes de los cuadros se están apoderando de sus sueños, angustiándole cada vez más. Esa será la excusa perfecta para que una de sus pacientes convenza al resto de robar las pinturas. Dirigida por Milroad Krstic, quien de este modo debuta en el largometraje, la película cuenta con las voces original es de Iván Kamarás (Cop mortem), Gabriella Hámori (Budapest), Zalán Makranczi (Camaleón) y Csaba Márton.

Terminamos con el documental Steve Bannon, el gran manipulador, cinta que aborda la figura del ideólogo de la nueva extrema derecha mundial. Ha estado detrás de la campaña electoral de Donald Trump y de la campaña del Brexit, y actualmente asesora las campañas de diferentes partidos de extrema derecha europeos. Este film estadounidense está dirigido por Alison Klayman (11/8/16).

‘Keepers. El misterio del faro’: la espiral de la muerte


Allá por 1900 tres fareros de la isla de Eilean Mor, una de las que forman las islas de Flannan (Escocia), desaparecieron sin dejar rastro. En las instalaciones no se encontró ninguna pista sobre lo que podría haber ocurrido. De hecho, todo parecía perfectamente ordenado. Este misterio es la premisa para construir un thriller atípico, alejado del componente morboso o terrorífico y con una profundidad dramática poco habitual. Un thriller en el que la mayor parte del motor que mueve la trama se encuentra en las miradas y los pensamientos de los personajes, y no tanto en sus acciones, que sirven más bien como puntos de giro dramático.

Con esta idea Kristoffer Nyholm, director de un referente del thriller como es la serie Forbrydelsen (The killing), construye un viaje a las miserias del alma humana, a los confines del odio, el miedo y la venganza. Para ello aprovecha al máximo las características de sus tres personajes, a los que mina mental y físicamente hasta hacerlos caer, y con ellos la cordura en un ambiente tan solitario y gris como es una isla en el norte de Europa. Como si fuesen los tres pilares sobre los que se asienta una construcción, la fractura de cada uno de los personajes hace tambalear hasta su autodestrucción las relaciones entre ellos, pero lo que es más importante, acaba con su humanidad a pesar de sus intentos por preservarla. En este sentido, el lenguaje visual del director, aprovechando al máximo los primeros planos (y las posibilidades que le ofrecen los notables actores) y narrando con elegancia y fuera de plano algunos momentos más escabrosos, potencia esa sensación de que los protagonistas van perdiendo poco a poco aquello que les hace hombres para terminar siendo otra cosa.

Y aunque todo ello termina atrapando al espectador en una espiral de tragedia, Keepers. El misterio del faro peca en varios momentos de un ritmo algo lento, sobre todo en una primera parte en la que se narra el modo de vida de esta profesión. A mejorar el ritmo no contribuye, desde luego, que los aspectos más interesantes de la historia se desarrollen con miradas y sin palabras. La introspección de la cinta, algo deliberadamente buscado para consolidar el mensaje final del film, puede llevar a muchos espectadores a creer que no ocurre nada, o casi nada, durante sus poco más de 100 minutos. Desde luego, acción e intriga tiene poca, pero también hay actualmente pocas historias capaces de introducirse en la mente de los personajes, desgranarla y dar una coherencia a los sentimientos a los que nos enfrentaríamos cualquiera de nosotros en esa situación.

Por supuesto, Keepers. El misterio del faro da una respuesta a ese misterio, valga la redundancia. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente atractivo del film es el viaje que hace cada uno de ellos una vez que se desencadenan unos acontecimientos que les introducen cada vez más en una trágica espiral de la que no logran salir. Es cierto que su ritmo visual es algo lento, del mismo modo que es cierto que algunos pasajes de la historia están narrados de forma algo esquemática y críptica (algo propio del estilo nórdico). Pero también estamos ante un interesante drama emocional, ante tres hombres que afrontan unos acontecimientos para los que no están preparados y que terminarán por destruirles en todos los sentidos. Es un film menor, de eso no cabe duda, pero no por ello es menos recomendable.

Nota: 6/10

Un misterio del faro y muñecos feos, entre los estrenos post-Avengers


Ocurrió lo que estaba previsto. La última película de la saga ‘Vengadores’ ha supuesto un fin de ciclo y ha sido todo un ciclón para las carteleras española y mundial. Y como consecuencia, los estrenos de esta semana se presentan con una modestia mucho mayor, conscientes de que será inevitable que los superhéroes de Marvel continúen arrasando en taquilla. Ni siquiera el adelanto de los estrenos al miércoles, 1 de mayo, parecen poder mejorar las expectativas de estos nuevos títulos que llegan a los cines.

La novedad más importante es Keepers, el misterio del faro, thriller dramático de 2018 producido en Reino Unido que toma como base el misterio de las islas Flannan, en Escocia, para narrar cómo tres fareros llegan a la citada isla en 1900 para reemplazar a los antiguos guardianes. Una vez allí, sin embargo, aparece un cadáver tras una monstruosa tormenta, lo que desatará una serie de acontecimientos que terminarán con una desaparición que aún hoy no se ha resuelto. Dirigida por Kristoffer Nyholm (serie Forbrydelsen), la cinta está protagonizada por Gerard Butler (Geostorm), Peter Mullan (serie Westworld), Connor Swindells (VS.), Ólafur Darri Ólafsson (El espía que me plantó), Gary Lewis (Libertador) y Søren Malling (serie 1864).

El único estreno estadounidense, con la colaboración de China y Canadá, es UglyDolls. Extraordinariamente feos, cinta de animación que dirige Kelly Asbury (Shrek 2) que gira en torno a un grupo de muñecos de peluche imperfectos que viven felices en una ciudad donde nadie les juzga. Todo cambia cuando un día su mundo se mezcla con el de los juguetes perfectos, aquellos destinados a hacer felices a los niños. Juntos deberán descubrir qué significa ser diferente y qué es lo que realmente importa. Entre las principales voces encontramos las de Kelly Clarkson (From Justin to Kelly), Nick Jonas (Jumanji: Bienvenidos a la jungla), Janelle Monáe (Figuras ocultas), Blake Shelton (The ridiculous 6), el cantante Pitbull, Wanda Sykes (Descontroladas), Gabriel Iglesias (Americano) y Emma Roberts (serie American Horror Story: Apocalypse).

Reino Unido y Francia colaboran en El bailarín, tercera película como director de Ralph Fiennes (Coriolanus), quien también se reserva un papel en este drama biográfico sobre el bailarín Rudolf Nureyev. En concreto, la trama, que adapta la novela de Julie Kavanagh, se ambienta en 1961, cuando el famoso artista está a punto de actuar por primera vez fuera de las fronteras de la Unión Soviética. A pesar de la intensa vigilancia del KGB, Nureyev huirá tomando una decisión que podría cambiar su vida para siempre. El reparto está encabezado por el bailarín Oleg Ivenko, Louis Hofmann (Lommbock), Adèle Exarchopoulos (La vida de Adèle), Sergei Polunin (Gorrión Rojo) y Olivier Rabourdin (Burn out).

El drama también está presente en En buenas manos, film con capital francés y belga que arranca cuando una mujer da en adopción a su hijo recién nacido. En otro punto de la ciudad otra mujer que supera los 40 años lleva una década intentando ser madre sin conseguirlo. Un grupo de profesionales trabajará y luchará por unir las vidas del bebé y la mujer. Escrita y dirigida por Jeanne Herry (Elle l’adore), la cinta está protagonizada por Sandrine Kiberlain (Amar, beber y cantar), Gilles Lellouche (Conexión Marsella), Élodie Bouchez (La grande boucle), Olivia Côte (Reencontrar el amor) y Clotilde Mollet (Intocable).

En lo referente a la producción española, destaca Vitoria, 3 de marzo, drama que relata los acontecimientos vividos en 1976, cuando los representantes de los trabajadores convocaron una jornada de paro general tras meses de huelgas y lucha por unas condiciones laborales dignas. El movimiento asamblearia creado en la ciudad preocupaba al Gobierno, que envió a la policía a controlar la situación. Al término de esa jornada se habían producido cinco muertos a manos de las fuerzas policiales. En medio de todo eso, una joven que vive los acontecimientos en primera persona deberá decidir, junto al resto de su familia, en qué lado posicionarse. Dirigida por Victor Cabaco, quien de este modo debuta en el largometraje tras dirigir algunos episodios de la serie Compañeros, la película cuenta entre sus principales actores con Amaia Aberasturi (Los castigadores), Mikel Iglesias (Brava), Ruth Díaz (Tarde para la ira), Alberto Berzal (serie Víctor Ros), José Manuel Seda (23-F: La película) y Oti Manzano (Miel de naranjas).

La otra novedad procedente de España, que se estrena el viernes día 3, es La primera cita, cinta escrita y dirigida por Jesús Ponce (Todo saldrá bien) que, en clave dramática, narra la relación de una mujer con su marido, un militar retirado poco dado al cariño y el afecto. Cuando ella comienza a mostrar los primeros síntomas de Alzheimer él deberá empezar a cuidar de ella, pero también descubrirá aspectos de su relación que desconocía, lo que le permitirá corregir y redimirse de sus errores. Isabel Ampudia (El idioma imposible), Sebastián Haro (Maldita venganza), Mercedes Hoyos (Techo y comida), Víctor Clavijo (Las siete muertes) y Darío Paso (Déjate caer) son los principales actores.

También llega el viernes An elephant sitting still, drama de origen chino que arranca cuando dos adolescentes protagonizan un simple altercado en una ciudad con una perpetua niebla. El acontecimiento va a forjar el futuro de cuatro individuos que se verán envueltos en el egoísmo familiar y la violencia. Lo único que comparten es su deseo de huir hacia una ciudad en la que, según dicen, un elefante de circo permanece sentado durante horas sin moverse y ajeno al resto del mundo. Debut en el largometraje de Bo Hu, quien también es autor del guión, el film está protagonizado por Yu Zhang (Ciao ciao), Yuchang Peng (Shan guang shao nu), Uvin Wang (serie Xia zhi wei zhi) y Congxi Li (Lu mao zi).

‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

Y once años después llega el final del viaje de ‘Vengadores’


Ha pasado más de una década desde aquel Iron Man que supuso el pistoletazo de salida para el Universo Cinematográfico Marvel. Y este viernes 26 de abril es la fecha elegida para la conclusión de ese viaje por el que han pasado multitud de superhéroes. Aunque no es el único estreno, más bien al contrario. Más de una decena de títulos completan la oferta que llega a las salas de toda España.

Pero comencemos por Vengadores: Endgame, continuación de Vengadores: Infinity war que adelanta su estreno al jueves y que vuelve a estar dirigida por los hermanos Anthony y Joe Russo (Capitán América: Civil War). Su historia aborda la decisión que toman los Vengadores que han sobrevivido a la decisión de Thanos de acabar con la mitad de la población del Universo. Los supervivientes deberán hacer acopio de todas sus fuerzas y su determinación para enfrentarse una última vez a un enemigo aparentemente invencible. Aventura, acción y unos colosales efectos especiales es lo que plantea esta conclusión a 22 películas en estos años, y en la que estarán presentes todos los superhéroes de la Casa de las Ideas que ya han pasado por la gran pantalla. Así, el reparto está encabezado por Robert Downey Jr. (El juez), Chris Evans (Un don excepcional), Chris Hemsworth (Malos tiempos en El Royale), Mark Ruffalo (Spotlight), Chadwick Boseman (Dioses de Egipto), Don Cheadle (serie House of lies), Brie Larson (La habitación), Scarlett Johansson (Una noche fuera de control), Paul Rudd (Mute), Dave Bautista (Hotel Artemis), Tom Holland (Z, la ciudad perdida), Evangeline Lilly (Acero puro), Josh Brolin (Deadpool 2), Jeremy Renner (La llegada) y Sebastian Stan (La suerte de los Logan).

También estadounidense es el western Sin piedad, segunda película como director del actor Vincent D’Onofrio (serie Daredevil), quien también se reserva un papel en este drama biográfico en torno a las legendarias figuras de Pat Garrett y Billy el Niño. La trama arranca cuando un joven se ve obligado a atravesar el suroeste de Estados Unidos para salvar a su hermana de su despiadado tío. Por el camino se cruza con el sheriff y el famoso forajido, envueltos en un juego del gato y el ratón en el que el joven deberá elegir bando y demostrar a su familia qué tipo de hombre es. Entre los principales actores destacan el debutante Jake Schur, Ethan Hawke (Los siete magníficos), Dane DeHaan (Valerian y la ciudad de los mil planetas), Leila George (Mortal engines), Chris Pratt (quien también está presente en Vengadores: Endgame) y Adam Baldwin (serie The last ship).

Estados Unidos y Chile colaboran en Gloria Bell, comedia dramática con toques de romance de 2018 que reinterpreta Gloria, la película chilena de 2013. La cinta sigue la vida de una mujer divorciada de espíritu libre cuyos días pasan en una oficina y sus noches en una pista de baile. Una noche conoce a un hombre que le abrirá las puertas a un nuevo amor, pero también a las dificultades del mundo de las citas, la identidad y la familia. Sebastián Lelio, director del film original, se pone tras las cámaras de esta nueva versión que cuenta con Julianne Moore (El séptimo hijo), John Turturro (Transformers: El último caballero), Jeanne Tripplehorn (Un marido perfecto), Sean Astin (serie Stranger things), Michael Cera (Tyrel), Brad Garrett (Not fade away) y Alanna Ubach (Hasta los huesos) como principales actores.

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y lo hacemos con La importancia de llamarse Oscar Wilde, coproducción de 2018 con capital británico, belga, italiano y alemán. Escrita, dirigida y protagonizada por Rupert Everett, supone el debut tras las cámaras del actor de Noche real (2015). El argumento aborda los últimos momentos del escritor, que en su lecho de muerte repasa su vida, sus momentos más oscuros y el apoyo incondicional de sus amigos. Junto a Everett completan el reparto Colin Firth (Kingsman: El Círculo de Oro), Colin Morgan (serie Humans), Emily Watson (En la playa de Chesil), Edwin Thomas, Tom Wilkinson (Negación) y Anna Chancellor (El último acto).

Entre los estrenos españoles destaca La pequeña Suiza, comedia dirigida por Kepa Sojo (El síndrome de Svensson) que transcurre en un imaginario pueblo castellano ubicado en el centro del País Vasco. Sus habitantes solicitan formar parte del territorio vasco, algo a lo que se niega el gobierno de la comunidad. Sin embargo, un curioso hallazgo llevará a los osados habitantes a pedir una nueva anexión, aunque en este caso nada menos que a Suiza. Entre los principales intérpretes encontramos a Maggie Civantos (serie Vis a vis), Jon Plazaola (Villaviciosa de al lado), Ingrid García Jonsson (Toro), Secun de la Rosa (El bar), Enrique Villén (Las aventuras de Moriana), Ramón Barea (Bajo la piel de lobo) y Antonio Resines (La reina de España).

También española es The invocation of Enver Simaku, thriller de terror ambientado en la Albania de 1997, cuando un hombre regresa a ese país para investigar el asesinato de su esposa después de casi dos décadas en las que una imagen de vídeo, deteriorada y casi fantasmagórica, le ha obsesionado. Su investigación le llevará a sumergirse en un mar de grabaciones, expedientes y visiones del más allá. Escrita y dirigida por Marco Lledó Escartín (Los ajos quemados), la cinta está protagonizada por Julien Blaschke (La piel fría), Antonio de la Cruz (Nacida para ganar), Laertis Vasiliou (Agon), Viktor Zhusti (Delegacioni) y Piro Milkani (Fraktura), entre otros.

El drama histórico está representado por La portuguesa, adaptación a la gran pantalla de la novela de Robert Musil que narra cómo el miembro de una familia italiana busca un matrimonio en Portugal. Tras regresar de su viaje de luna de miel, se ve envuelto en la guerra con las fuerzas del Episcopado de Trento. La llegada de la extranjera aporta más tensión en el seno familiar, pero con el fin de la guerra su figura, y la de los portugueses, podría perderse en el día a día familiar. Rita Azevedo Gomes (La venganza de una mujer) dirige esta producción portuguesa protagonizada por Clara Riedenstein (John from), Marcello Urgeghe (The secret agent), Ingrid Caven (Deepfrozen), Rita Durão (Quaresma) y Pierre Léon (La France).

Rusia y Francia coproducen Leto, biopic romántico con trasfondo musical que aborda la escena del rock de principios de los 80 en Leningrado y, en concreto, la figura de Viktor Tsoï, un joven músico que creció escuchando a grandes estrella del rock. Su encuentro con su ídolo Mike y su esposa cambiará su destino, construyendo juntos una leyenda inmortal. Dirigido por Kirill Serebrennikov (Traición), el film cuenta con los actores Teo Yoo (Equals), Irina Starshenbaum (Attraction) y Roman Bilyk dando vida al trío protagonista.

La cinta más internacional de la semana es Familia sumergida, película con capital argentino, noruego, brasileño y alemán con la que debuta como directora de largometrajes la actriz María Alche (Me casé con un boludo). Este drama arranca cuando una mujer se enfrenta a la muerte de su hermana y a vaciar la casa familiar de Buenos Aires. En ese proceso conoce a un amigo de su hija cuya presencia en la vivienda dará lugar a viajes y aventuras juntos. Uno de esos días, además, recibe una llama de un pariente lejano para una reunión, mientras en su casa mantiene diálogos con otros familiares de otra dimensión. El reparto está encabezado por Mercedes Morán (Maracaibo), Esteban Bigliardi (La cordillera), Marcelo Subiotto (La luz incidente), Ia Arteta y Laila Maltz (Adiós entusiasmo).

Pasamos a los estrenos de animación. Buñuel en el laberinto de las tortugas adapta la novela gráfica homónima de Fermín Solís que aborda la historia del famoso director de cine justo después de rodar su primera película, La Edad de Oro. A pesar de ser una de las principales figuras del movimiento surrealista, Buñuel encuentra muchas dificultades para financiar su siguiente proyecto, un documental sobre Las Hurdes, una de las regiones más pobres y olvidadas de España. Por ello, el escultor Ramón Acín compra un billete de lotería prometiendo que, si toca, pagará la producción. La suerte se pone de su lado y comienza un viaje con el que Luis se convertirá en Buñuel. Dirigida por Salvador Simó (Petualangan singa pemberani), esta coproducción entre España, los Países Bajos y Alemania cuenta con las voces principales de Jorge Usón (Los futbolísimos), Fernando Ramos, Luis Enrique de Tomás y Cyril Corral.

Con algo de retraso, aunque estrenada el jueves 25, llega Mutafukaz, aventura animada de 2017 que une acción y comedia en una trama que sigue la vida de un pobre diablo que malvive en una mega-urbe infestada de bandas violentas, policías corruptos y buscavidas sin escrúpulos. Un día, durante su trabajo como repartidor, sufre un accidente a partir del cual empieza a tener visiones de seres monstruosos por toda la ciudad. Con capital francés y japonés, y dirigida a cuatro manos por Shôjirô Nishimi y Guillaume Renard, autor del cortometraje en el que se basa esta historia, entre las voces originales de esta cinta destacan las de Orelsan (Comment c’est loin), Gringe (serie Bloqués), Redouanne Harjane (Prêt à tout), Féodor Atkine (Road games) y Julien Kramer.

La última de las novedades animadas es Terra Willy: Planeta desconocido, comedia de nacionalidad francesa que dirige Eric Tosti, y con la que debuta en el largometraje tras varios años en televisión. El argumento arranca cuando un niño que viaja por el espacio con sus padres sufre un accidente, su nave se destruye y él sale despedido en una cápsula de emergencia a un planeta desconocido. Separado de sus padres, buscará la forma de reencontrarse con ellos, al tiempo que explora este nuevo mundo acompañado de un robot de supervivencia y de un amigo alienígena. Timothé Vom Dorp (El hijo de Jean), Edouard Baer (Astérix & Obélix: Al servicio de su majestad), Marie-Eugénie Maréchal, Guillaume Lebon (L’enfant prodige) y Barbara Tissier (Carences) ponen las principales voces.

Para terminar, dos documentales. La canción de nuestra vida, producción estadounidense de 2016 escrita y dirigida por el cantante Rory Feek (Josephine), aborda la vida de su esposa, la también cantante Joey Feek. La cinta narra la lucha de la mujer contra el cáncer mientras afrontan el mayor reto de sus vidas: el nacimiento de su hija con Síndrome de Down, con el que decidieron aparcar sus carreras musicales y establecerse en una pequeña granja en la comunidad que amaban.

Del presente año es Azul Siquier, producción escrita y dirigida por Felipe Vega (Nubes de verano) que sigue el trabajo y la pasión por la fotografía de Carlos Pérez-Siquier, fotógrafo almeriense que lleva toda la vida enfrentado a la luz y el color de su tierra para tratar de captarla con su cámara. A través de su visor el director realiza una descripción de este arte y del artista con una mirada llena de humor y melancolía.

‘La Llorona’: terror con sello de fábrica


Cada generación ha tenido su modelo de cine de terror. Desde el slasher hasta el gótico, pasando por el gore o el de fantasmas. Todos ellos tienen al menos un film que los define, una cinta modelo sobre la que se construyen el resto, normalmente con menor fortuna. Y muchas de ellas dirigidas por autores debutantes. Pues uniendo todas estas piezas obtenemos La Llorona, una producción con claro sello de fábrica, hecha en cadena y aportando más bien pocos elementos novedosos, salvo tal vez llevar a la gran pantalla un mito latinoamericano.

La primera película de Michael Chaves contiene todos los elementos para generar sustos. De hecho, su desarrollo dramático está tan bien medido que prácticamente se pueden prever los sobresaltos que vivirá el espectador. Bajo este prisma, la cinta sí aporta algo interesante, y es el hecho de que la lucha entre víctima y espíritu acosador se muestra en su máximo esplendor, obteniendo con ello una narrativa más sincera, más física, y por lo tanto un poco alejada de rezos, juegos de luces y sombras y palabras en latín (que algo de todo esto tiene, no obstante). El problema, y no es un problema menor, es que ni los personajes están bien definidos, ni la historia resulta lo suficientemente interesante como para sumergir al espectador en un viaje al corazón del mal.

Más bien al contrario. Sus similitudes con otras cintas ambientadas en este mismo universo, el que se inició con Expediente Warren: The Conjuring, convierten a esta nueva aventura terrorífica en un producto visto una y mil veces, en una propuesta que depende en buena medida de la voluntad del espectador para poder atraparle. Dicho de otro modo, es necesario entrar en la sala con una predisposición muy alta. Más que una ambientación, lo que propone son sustos puntuales, algunos muy previsibles, lo que da lugar a una cierta sensación de déjà vu y, lo que es peor, una comparación con producciones similares, con las que por cierto sale muy mal parada. El ejercicio de análisis es bien sencillo: si se cambia el mal que acecha, los miembros de la familia y el nombre del cura, curandero, medium o lo que sea, obtendremos el título de más de una película reciente de terror.

Y todo eso es La Llorona. Ni más ni menos. Y la verdad es que tampoco pretende ser otra cosa. Es una producción que sabe lo que ofrece, lo que busca y lo que pide. Eso no la hace ni mejor ni peor, pero sí confirma esa idea con la que comenzaba este texto, y es que estamos en una nueva generación de terror que necesita renovarse con urgencia. Los productos empiezan a tener ese aroma a diseño de fábrica, a cadena de montaje. El primer susto en el minuto 10, el siguiente en el 20, el tercero alrededor del 25, etc.; una familia, preferiblemente madre soltera; unos niños con sensibilidad especial/sentido muy desarrollado de la curiosidad; un personaje que ayude a la familia y que esté vinculado, de un modo u otro, con la fe; y un lenguaje visual en el que primen la poca iluminación y los movimientos de cámara acompañados de estridentes ruidos o notas musicales. Puede que todo esto sea efectivo (como ocurre con muchos otros productos de consumo), pero aporta muy poco.

Nota: 6/10

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: