‘Manhattan sin salida’: exit this way


Se suele decir que la comedia es uno de los géneros más difíciles (si no el más difícil) para los guionistas, pues encontrar el delicado equilibrio en una historia para hacer reír está al alcance de unos pocos. Pero en realidad, cualquier género es complejo, y buena muestra de ello es la nueva película de Brian Kirk (Middletown), un thriller de acción que de lo primero tiene poco más que el nombre.

No deja de ser irónico que se haya elegido Manhattan sin salida para titular esta historia de policías, asesinos, droga y bajos fondos, porque lo cierto es que la trama muestra esa salida a este presunto laberinto dramático casi desde el principio. El guión echa mano de todo tipo de situaciones tópicas para desarrollar una idea que, de haber tenido más valentía, habría podido ser un producto mucho más interesante. Los ingredientes están ahí: un policía marcado por el asesinato de su padre, también policía; un brutal crimen; elementos que no encajan en la investigación; persecución contrarreloj. Y un largo etcétera. Sin embargo, prácticamente desde el comienzo la película tropieza exponiendo casi todas sus cartas, lo que deja al espectador sin intriga a la que aferrarse, previendo de antemano muchos de los movimientos de los personajes y restando suspense e interés a la historia.

Lo cierto es que el film es un buen ejemplo de cómo una secuencia mal planteada e introducida en un mal momento puede dar al traste con toda una película que, por lo demás, ofrece cosas atractivas al espectador. La investigación y la frenética persecución del protagonista otorga al relato un ritmo trepidante, incansable, que apenas deja tiempo para la reflexión. Es cierto que se echa en falta alguna secuencia inicial que explique algo mejor la forma de trabajar del personaje interpretado por Chadwick Boseman (Decisión final), pero en líneas generales la película ofrece un atractivo juego del gato y el ratón en un espacio cada vez más reducido. La propuesta visual de Kirk, además, aprovecha ese aspecto del guión para sacar el máximo partido a las secuencias de acción, sin alardear de complejos planos pero siendo realmente efectivo. Y si a esto sumamos unos actores más que correctos, lo que nos queda es un entretenimiento sencillo y directo.

Y eso, ni más ni menos, es Manhattan sin salida. El problema es que no es todo lo que podría ser, o al menos no todo lo que pretende ser. Más allá del ritmo, de la acción y algunas secuencias con lograda tensión dramática, la película es incapaz de ofrecer nada más. Previsible y con personajes bastante arquetípicos (no existen caras oscuras en ningún personaje, ni siquiera en los villanos y sus motivaciones), la trama se descubre casi desde el principio, sin duda por un error de guión demasiado evidente como para dejarse pasar. La verdad es que con algo más de sutileza narrativa, con algunos minutos que aborden un poco más la forma de ser de los personajes y con un mejor tratamiento de los tiempos dramáticos podría haber sido un thriller mucho más interesante, o al menos uno que no hubiera mostrado la salida desde su comienzo.

Nota: 6/10

6ª T. de ‘Silicon Valley’, o cómo ser fiel a la esencia hasta el final


Seis temporadas ha durado Silicon Valley. Seis años y menos de 60 episodios bastan para aplaudir y disfrutar una de las series más irónicas, transgresoras y originales de la comedia moderna. La historia creada por John Altschuler (serie Lopez), Mike Judge (serie El rey de la colina) y Dave Krinsky (serie The Goode family) ha terminado casi como empezó, es decir, con sus protagonistas y siendo fiel a ellos. Dicho así puede parecer una obviedad, casi hasta algo anecdótico. Pero en un mundo audiovisual en el que muchos personajes cambian y evolucionan para que la historia avance, en el caso de esta ficción es más bien al contrario. O mejor dicho, todo cambia salvo los protagonistas.

Y es que los 7 episodios que conforman esta última temporada (la más corta de todas) vienen a ser la guinda de un pastel que los espectadores han podido disfrutar, pero que los protagonistas nunca han llegado a terminar del todo bien. Resulta interesante analizar, con la perspectiva que dan los años y el avance de la producción, cómo los protagonistas, sobre todo el que interpreta de forma magistral Thomas Middleditch (Zombieland: Mata y remata), siempre terminan tropezando con la misma piedra, haciendo gala de una consabida mala suerte, inocencia, desgracia divina o el término que se prefiera utilizar. Sea como sea, lo cierto es que los objetivos de este grupo de extraños personajes nunca, o casi nunca, terminan cumpliéndose, y cuando lo hacen no es como ellos esperan. En este sentido, por tanto, el desarrollo dramático del guión se estructura sobre pilares que responden a la idea del conflicto, cómo lo afronta el héroe y, en este caso, cómo siempre termina derrotado.

En el caso que nos ocupa, la sexta temporada de Silicon Valley viene a confirmar que, por mucho que nos esforcemos, no podemos cambiar nuestro sino ni nuestra forma de ser. Y esto invita a una reflexión mucho más profunda e interesante. El hecho de que se aborde desde un punto de vista cómico no resta relevancia al planteamiento de sus creadores, que utilizan ese punto de partida para analizar lo difícil que puede ser salir adelante para determinadas personas, incapaces de cambiar su comportamiento a pesar de las circunstancias, e incluso cuando lo hacen todo parece ponerse en su contra para que no se salgan del camino establecido. Esto, que en otro contexto resultaría excesivamente forzado (al fin y al cabo, el objetivo de cualquier historia es que el héroe termine siendo muy distinto a como empezó), en esta serie es un interesante recurso dramático que aporta una mayor ironía y comicidad al conjunto.

La pregunta que cabría hacerse es ¿por qué se consigue este efecto con personajes que no cambian? La respuesta es algo sutil pero relativamente sencilla. Y es que los personajes se mantienen fieles a sus ideales y a su personalidad, pero eso les lleva a un recorrido apasionante en el que superan prácticamente todas las fases de la evolución de una empresa. El hecho de verles afrontar etapas a pesar de sus traspiés, de comprobar que tienen éxito en sus proyectos aunque siempre terminen cayendo en algún error, es lo que hace irresistible esta ficción. Porque eso les hace humanos, mucho más humanos que otros famosos personajes. Los héroes no luchan únicamente contra un mundo lleno de tiburones tecnológicos, sino contra su propia naturaleza, intentando salir adelante sin renunciar a su forma de comportarse, o al menos no demasiado. Esta lucha interna, en estos 7 capítulos, tiene su manifestación física en el personaje de Kumail Nanjiani (Stuber express) y, sobre todo, en ese final con ratas incluidas, que por cierto ponen la guinda de la empresa conocida como El Falutista.

Secundarios fundamentales

Todo lo dicho hasta ahora de Silicon Valley podría ser, en líneas generales, su tratamiento básico. La línea de trabajo principal. Pero a ello tenemos que sumar algo igualmente imprescindible, y es la cartera de secundarios que ofrece la historia. Y es que, independientemente de la importancia de cada rol, todos ellos están llevados hasta el extremo de la autoparodia, tratando de sacar provecho de numerosos perfiles que, teniendo en cuenta el contexto de la serie, es presumible que puedan encontrarse en ese mundo tecnológico. Esta suerte de ecosistema lleno de arribistas, locos hombres de negocios, mujeres incapaces de mostrar un solo sentimiento de empatía o magnates más preocupados por su imagen que por su producto, presenta nuevos personajes en esta sexta temporada, y lejos de encasillarse en un estilo, superan en muchos aspectos a los ya habituales, lo que viene a consolidar esta conclusión como un claro ejemplo de que el clímax de cualquier historia ha de ser mayor que lo visto hasta ese momento.

En esta categoría de secundarios juegan un papel sobresaliente, como no podía ser de otro modo, los que han acompañado a los protagonistas desde la primera temporada. Estén del lado que estén, estos personajes adquieren en esta última fase de la serie un carácter diferente. Por un lado, están aquellos que se suman definitivamente a la historia para enriquecerla. Por otro, están aquellos cuyo desarrollo se muestra algo más intermitente, inconexo, dejando a un lado su presencia periódica en la trama y convirtiéndose más en un apoyo narrativo y dramático cuya presencia, eso sí, nunca abandona el corazón de la ficción, estando presentes aunque sin llegar nunca a incidir demasiado en el desarrollo salvo cuando se les necesita para la historia principal.

Y este podría ser uno de los “peros” más importantes que tiene la serie en su recta final. La trama se centra tanto en los protagonistas y en su objetivo que se olvida un poco de algunos secundarios y los utiliza únicamente como agentes narrativos al servicio de la historia principal, sin dotarles, como sí tenían hasta entonces, de unos objetivos propios. Con todo, no es algo que afecte demasiado al argumento, fundamentalmente porque esta última temporada funciona a modo de clímax de la historia, por lo que es lógico que se centre en los héroes, su mayor reto y el modo en que salen de ese enfrentamiento. De hecho, el interés que suscita no solo esta trama principal, sino el tratamiento que se le da y, sobre todo, el desenlace tan acorde que tiene, oculta las debilidades de la historia, que pasan en su mayoría por el modo en que queda construido el árbol argumental.

El final de Silicon Valley es, en resumen, lo que debería ser cualquier última temporada de cualquier serie: una conclusión acorde a la historia, que potencia sus virtudes y disminuye sus defectos. Una sexta temporada que no se aleja ni un ápice de lo que cómo son sus personajes, de la esencia que no solo nos ha hecho disfrutar con sus aventuras y desventuras estos años, sino que los define como únicos, incapaces de adaptarse a un mundo voraz y despiadado al que, curiosamente, intentan cambiar con su forma de ser. Si lo consiguen o no es algo que queda para aquellos que vean y rían con un último episodio sencillamente sublime que recoge todo, absolutamente todo lo que representa la serie. Un modelo a seguir que evidencia que si la historia se construye sobre cimientos sólidos (léase, personajes bien definidos), el final siempre será el que tiene que ser independientemente de que sea o no un final feliz.

‘Queen & Slim’ se enfrentan a ‘Manhattan sin salida’


Thriller, thriller y, después, un poco más de thriller es lo que propone este viernes, 21 de febrero, para los amantes del séptimo arte. Y entre tanta propuesta de suspense, algo de drama y comedia para un fin de semana en el que, a priori, no existe ningún título que vaya a atraer de forma global a los espectadores, pero muchos de ellos tienen el potencial de poder ser propuestas interesantes.

Arrancamos el repaso con Manhattan sin salida, thriller policial hollywoodiense que dirige Brian Kirk (Middletown) y cuya trama tiene como protagonista a un policía de Nueva York que ve una oportunidad de redimirse cuando ocho agentes del cuerpo son asesinados durante un robo. Junto a su compañera inicia una brutal persecución en el límite de lo legal que provocará algo que nunca había pasado en la historia de la isla: durante 24 horas todos los puentes se cerrarán y la ciudad quedará blindada, por lo que nadie podrá entrar ni salir. El reparto está encabezado por Chadwick Boseman (Vengadores: Endgame), Taylor Kitsch (Héroes en el infierno), J.K. Simmons (Spider-Man: Lejos de casa), Sienna Miller (La mujer americana), Stephen James (El blues de Beale Street), Keith David (Escuela para fracasados), Victoria Cartagena (The Pastor) y Gary Carr (serie Crimen en el paraíso).

También tiene toques de thriller, aunque en este caso en clave dramática, Queen & Slim, coproducción canadiense y estadounidense que arranca cuando una pareja de color es parada por la policía durante su primera cita. Lo que no debería ser más que una anécdota se vuelve trágico cuando el chico mata al policía en defensa propia. A partir de ese momento comienza una persecución, pero los jóvenes también se convertirán en símbolo del trauma y el dolor de todo un país, y llegarán a conocerse mejor de lo que cualquiera pudiera conocerles. Melina Matsoukas debuta en el largometraje tras una larga trayectoria en el mundo del videoclip, y entre sus principales actores encontramos a Daniel Kaluuya (Déjame salir), Jodie Turner-Smith (Lemon), Chloë Sevigny (El muñeco de nieve), Bokeem Woodbine (Overlord), Flea (Baby Driver) y Sturgill Simpson (Orca park).

Puramente estadounidense es La llamada de lo salvaje, aventura familiar con toques dramáticos que adapta la novela de Jack London cuyo protagonista es un perro con un gran corazón cuya apacible vida en California desaparece de la noche a la mañana al ser trasladado a Alaska durante la fiebre del oro de la década de 1890. Allí será un novato en un equipo de trineo que se encarga de entregar el correo, y del que terminará siendo el líder en la mayor aventura de su vida. Dirigida por Chris Sanders (Los Croods), la cinta está protagonizada por Harrison Ford (Blade Runner 2049), Dan Stevens (El apóstol), Karen Gillan (Jumanji: siguiente nivel), Colin Woodell (Perturbada) y Omar Sy (Infiltrado en Miami), entre otros.

Este fin de semana es también el regreso de Brian De Palma (Los intocables de Eliot Ness), quien dirige Domino, thriller con capital estadounidense, británico, neerlandés, francés, danés, belga e italiano. El argumento tiene como protagonista a un policía danés que se asocia con una oficial para localizar al asesino de su compañero. Pero nada es lo que parece, pues el individuo al que persiguen trabaja en una operación especial de la CIA para desarticular una célula terrorista del ISIS en Europa. Nikolaj Coster-Waldau y Carice van Houten, ambos vistos en Juego de tronos, dan vida a los protagonistas, estando acompañados en el reparto por Guy Pearce (María, reina de Escocia), Mohammed Azaay (Layla M.), Eriq Ebouaney (China salesman), Thomas W. Gabrielsson (Un asunto real) y Søren Malling (Keepers. El misterio del faro).

La principal representante española de la semana es El plan, comedia dramática que lleva a la gran pantalla la obra de teatro homónima de Ignasi Vidal. El argumento relata cómo tres perdedores que son amigos y que llevan tiempo en el paro idean un plan. Sin embargo, a la hora de ejecutarlo varios contratiempos les impiden salir de casa, lo que derivará en discusiones incómodas que pondrán sobre la mesa la verdadera forma de ser de cada uno, poniendo a prueba a su vez su amistad. Dirigida por Polo Menárguez (Invierno en Europa) dirige su primer largometraje de ficción, contando para ello con Antonio de la Torre (El reino), Raúl Arévalo (Mi obra maestra) y Chema del Barco (Petra) dando vida al trío protagonista.

También procede de España Corazón ardiente, dirigida por Andrés Garrigó (Fátima, el último misterio), quien debuta de este modo en la ficción. Este drama de corte religioso tiene como protagonista a una célebre escritora que investiga las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús para su próxima novela. Durante ese viaje, en el que está acompañada por una experta en misterios, no solo conocerá extravagantes personajes, sino que descubrirá también los secretos de su propio corazón. El reparto está encabezado por Karyme Lozano (La leyenda del diamante), María Vallejo-Nágera, Carmelo Crespo, Yolanda Ruiz (Tesoro), Claudio Crespo, Pablo Viña (Retorno) e Ignacio Ysasi (Tea & Sangria).

Entre el resto de novedades de esta semana encontramos Nuestras madres, drama con capital guatemalteco, belga y francés que escribe y dirige César Díaz, y con la que debuta en la ficción tras dirigir dos documentales (Semillas de cenizas y Territorio liberado). La historia está ambientada en Guatemala en 2013, cuando se produce el juicio de los oficiales militares que comenzaron la guerra civil. El protagonista es un joven antropólogo encargado de identificar a los desaparecidos. Un día, y a través de la historia de una anciana, cree haber encontrado una pista que le puede conducir hasta su padre, desaparecido durante la guerra. Armando Espitia (Bombay), Emma Dib (Crónicas chilangas), Aurelia Caal y Julio Serrano Echeverría son los principales actores.

Sin duda la película más internacional de la semana es Monos, producción en la que colaboran Colombia, Argentina, Países Bajos, Alemania, Suecia, Uruguay, Suiza, Dinamarca y Estados Unidos. A medio camino entre el drama, el thriller y la aventura, la trama sigue a un grupo de ocho niños guerrilleros que conviven y se entrenan bajo el mando de un sargento paramilitar. Su misión será cuidar a una rehén norteamericana. Pero cuando la misión peligra, la confianza entre ellos empieza a cuestionarse. Alejandro Landes (Porfirio) se pone tras las cámaras de esta película protagonizada por Julianne Nicholson (Yo, Tonya), Moises Arias (Dando la nota 3), Jorge Román (Vigilia), Sofia Buenaventura, Laura Castrillón (serie Entre amigos) y Sneider Castro.

Terminamos con Las golondrinas de Kabul, cinta de animación que adapta la novela de Yasmina Khadra. La trama, ambientada en el verano de 1998, sigue a dos adolescentes que se han enamorado a pesar del entorno de violencia, miseria y ruinas en el que viven después de que la ciudad haya sido ocupada por los talibanes. Sobreviven día a día, pero un acto irresponsable de él cambiará sus vidas para siempre. Dirigida a cuatro manos por Zabou Breitman (No et moi) y Eléa Gobbé-Mévellec, quien debuta en la dirección, esta producción con capital francés, luxemburgués y suizo cuenta en su versión original con las voces de Swann Arlaud (Gracias a Dios), Zita Hanrot (Carnivores), Simon Abkarian (Cartas a Roxanne), Hiam Abbass (Blade Runner 2049) y Jean-Claude Deret (Natividad: La historia), entre muchos otros.

‘Fantasy Island’: la fantasía de una serie B


El cine ha evolucionado. Sigue evolucionando cada día. Y la serie B ha evolucionado con él. Al menos en lo que se refiere a su acabado técnico, más elaborado y que impide ver el “truco” que se esconde tras bambalinas. Pero por mucho que una película presuma de envoltorio, si el contenido no funciona poco importa cómo se presente. Y esto es lo que le ocurre, en mayor o menor medida, a la nueva película de Jeff Wadlow (Rompiendo las reglas), una serie B con todos los ingredientes pero de desarrollo algo irregular.

Y eso siendo generosos. Lo cierto es que Fantasy Island tiene todo lo que un film de este tipo puede desear: protagonistas de diferentes niveles sociales, un mad doctor reconvertido en anfitrión de un hotel, un paraíso en medio del mar, deseos, pesadillas y un trasfondo fantástico. Y si bien el punto de partida y el desarrollo inicial son más que correctos, la película poco a poco se desmorona como un castillo de naipes, básicamente porque las historias individuales de cada uno de los personajes no es lo suficientemente sólida como para soportar el desenlace que se le ha querido dar al film. Es algo similar a lo que le ocurre a cada personaje. Lo que comienza siendo una serie B de fantasía termina convirtiéndose en una pesadilla de serie B. Más allá de las motivaciones de los personajes, que pueden tener más o menos profundidad dramática, lo que no termina de encajar es la resolución de la historia, basada en deseos y fantasías de los protagonistas que rompen con todo lo planteado hasta ese momento en la historia, sacándose de la manga un efecto argumental que sencillamente no funciona.

Es una lástima que no se haya optado por algo más elaborado, porque eso tiene una segunda consecuencia. La cinta deambula entre la comedia y el terror de un modo tan desganado que nunca se define por ninguno, por lo que sencillamente no hace ni gracia ni asusta lo suficiente. El hecho de que la historia de cada personaje tenga un tono diferente (prácticamente están todos los géneros ahí metidos, desde el drama familiar hasta la comedia gamberra, pasando por la acción, asesinos en serie, terroristas, …) impide a la película ubicarse correctamente, algo que juega en su contra. Curiosamente, lo que sí está muy bien planteado es cómo todas estas tramas terminan convergiendo en una única historia, uniendo a los personajes bajo una única fantasía. El modo en que todas ellas se integran en una, al tiempo que se explica el origen de la isla y su poder (un poco por encima, no le pidamos peras al olmo) es posiblemente de lo mejor de un film que podría haber sido mucho más de lo que finalmente es.

Porque Fantasy Island ofrece poco, muy poco. Y su planteamiento es muy superior a lo que finalmente termina siendo. Sí, distrae lo suficiente durante la primera mitad del film para no pensar demasiado en los unidimensionales personajes y para no plantearse qué hacen determinados actores en una cinta como esta. Pero una vez superado ese punto de no retorno la historia pierde el norte, se entrega por completo a un desarrollo algo anárquico para explicar no solo la motivación real de toda la trama, sino para concluir con un desenlace de lo más conveniente, ajeno incluso a la propia naturaleza del relato contado hasta ese momento. La fantasía de la serie B, en este caso, es una ilusión como la que se vive en la propia película. Y aunque tengamos que vivirla hasta el final, no está asegurado que vayamos a disfrutarla.

Nota: 5/10

‘Sonic: La película’: la velocidad del erizo


La verdad es que los antecedentes de la película no hacían presagiar nada bueno. Polémicas sobre el diseño del personaje aparte, el debut en el largometraje de Jeff Fowler contaba con predecesoras de calidad más o menos discutible. Pero una vez vista, la apuesta no ha sido nada mala, ofreciendo a pequeños y no tan pequeños (sobre todo aquellos que crecieron con los videojuegos) una propuesta con evidentes debilidades pero interesantes fortalezas.

Nadie duda, o no debería dudar, que Sonic: La película es un producto que no está pensado para plantear ningún debate o reflexión. Con un tratamiento absoluta y deliberadamente lineal, el film camina por terreno seguro y conocido, planteando secuencias mil veces vistas y una química entre el erizo supersónico y el personaje de James Marsden (Desvelando la verdad) que pivota sobre los principales argumentos cómicos y dramáticos de este tipo de relaciones. En este sentido, la cinta no ofrece nada nuevo al espectador, salvo tal vez ciertos recursos visuales del director, una dinámica fresca y ágil en las secuencias que hace avanzar la trama sin prisa pero sin pausa y, sobre todo, un Jim Carrey (Dark crimes) que da rienda suelta a ese humor que le hizo famoso allá por los 90, y que le permite hacerse con el control de todas las secuencias en las que aparece.

Pero la película ofrece algunas lecturas interesantes entre tanto chiste fácil, comentario sarcástico y gas visual. Más allá de la moraleja sobre la amistad y proteger a los que nos importan, la película plantea un debate interesante (siempre en los parámetros de una película familiar, claro está) sobre el ansia de poder, el control, la fuerza de una empresa privada sobre el ejército y los gobiernos, y el valor de las relaciones y las decisiones humanas en un mundo cada vez más mecanizado y controlado por máquinas. La contraposición de héroe y villano adquiere así una dimensión nueva, planteando incluso la lucha entre el valor y la fuerza del individuo frente al uso de herramientas para ganar. Dicho de otro modo, la naturaleza frente a la mano del hombre. Bajo este punto de vista adquiere una nueva interpretación ese final en el que los mayores fans del videojuego encontrarán a un Carrey caracterizado como el auténtico Dr. Robotnik.

Así, Sonic: La película es un entretenimiento para los más pequeños de la casa, una producción lineal, arquetípica, con personajes previsibles y secuencias que, más allá de su desarrollo visual, son capaces de ofrecer muy poco. Y con todas estas limitaciones, la cinta expone algunas reflexiones sobre el mundo moderno que pueden dar un nuevo sentido a algunas de las partes del film, al menos para los que tengan que acompañar al público potencial de esta adaptación. Los mayores conocedores del videojuego de SEGA sin duda podrán ver algunos homenajes a esas horas que emplearon jugando sus aventuras. No es una gran película, es cierto, pero sí un divertimento que conoce sus limitaciones, sabe lo que puede ofrecer y lo hace con eficacia. Y eso es más que muchas otras adaptaciones de videojuegos.

Nota: 6/10

‘Sonic’ llega a la gran pantalla para resolver un ‘Crimen a contrarreloj’


Superada la resaca de los Oscar, la vida cinematográfica continúa, y como no podía ser de otro modo, lo hace con películas de menor interés para los más atentos a los premios pero capaces de captar la atención del público en general, sobre todo de los más jóvenes y de nostálgicos de los videojuegos. Este viernes, 14 de febrero, la oferta cinematográfica que llega es de lo más variada.

Pero comenzamos el repaso con Sonic. La película, adaptación del archiconocido personaje del videojuego homónimo de SEGA, un erizo azul capaz de correr a gran velocidad. Superada la polémica sobre la primera versión del personaje, que obligó a retrasar el estreno para rediseñarlo, la trama combina humor y aventura para narrar cómo el protagonista encuentra un nuevo hogar en la Tierra, donde unirá fuerzas junto a un agente de policía de un pequeño pueblo para defender el planeta del malvado Dr. Robotnik, que pretende apoderarse del mundo. El film, con capital estadounidense, japonés y canadiense, está dirigido por Jeff Fowler, que debuta en el mundo del largometraje, y protagonizado por Ben Schwartz (serie House of lies), que pone la voz a Sonic; James Marsden (Desvelando la verdad), Jim Carrey (serie Kidding), Neal McDonough (Proud Mary), Adam Pally (I love dogs), Leanne Lapp (The age of adulting) y Tika Sumpter (De tonta, nada), entre otros.

Estados Unidos produce en exclusiva Crimen a contrarreloj, thriller con toques de terror y drama que arranca cuando un detective recibe una llamada de su sobrina en estado de pánico. Al acudir en su ayuda descubre que toda su familia ha sido brutalmente asesinada. Días después vuelve a recibir una llamada de su sobrina, pero esta vez ella le llama desde el pasado. A través de esta comunicación los dos deberán iniciar una carrera contrarreloj para que el detective salve a la persona que más quiere. Jacob Estes (The details) se pone detrás de las cámaras, mientras que Storm Reid (Un pliegue en el tiempo), Mykelti Williamson (Run the race), David Oyelowo (Un reino unido), Brian Tyree Henry (Viudas), Shinelle Azoroh (serie The Wesley’s) y Alfred Molina (El candidato) encabezan el reparto.

Terror y humor se mezclan en Fantasy Island, aventura con capital hollywoodiense que dirige Jeff Wadlow (Verdad o reto) y que adapta la serie homónima emitida entre 1978 y 1984. El argumento gira en torno a un grupo de personas que ganan un viaje a una isla tropical para hacer realidad sus sueños. Pero al llegar allí las fantasías se convertirán en pesadillas, por lo que deberán resolver el misterio que se oculta en la isla para poder salir con vida. Entre los principales actores encontramos a Portia Doubleday (Carrie), Maggie Q (Un robo inesperado), Michael Rooker (Guardianes de la galaxia Vol. 2), Kim Coates (Oficial Downe), Lucy Hale (Dude), Michael Peña (Mula), Ryan Hansen (serie Veronica Mars) y Charlotte McKinney (Baywatch: Los vigilantes de la playa).

Entre los estrenos europeos destaca Casanova, su último amor, producción francesa de 2019 que, como su propio título indica, aborda la vida del famoso libertino italiano. La cinta se centra en su llegada a Londres forzado por el exilio. En la ciudad británica conoce a una joven prostituta de la que llega a enamorarse tanto que empieza a ignorar a las demás mujeres. Pero la joven le rechaza planteándole un desafío: “Solo me tendrás si dejas de desearme”. Dirigida por Benoît Jacquot (Adiós a la reina), la película está protagonizada por Vincent Lindon (Rodin), Stacy Martin (Mi vida con Amanda), Valeria Golino (Acuarela), Catherine Bailey (Historia de una pasión) y Jesuthasan Antonythasan (Dheepan).

La producción española de la semana es la comedia Hasta que la boda nos separe, remake de la cinta francesa The wedding planner de 2017. La historia tiene como protagonista a una treintañera que trabaja organizando bodas al considerarlo un negocio muy lucrativo. Disfruta de su vida sin ataduras ni compromisos. Una noche conoce a un joven con el que mantiene una aventura, pero para él es algo más: es un momento de debilidad porque tiene novia. Cuando esta descubre la tarjeta de visita de la organizadora de bodas entre las cosas del hombre lo interpreta como una propuesta de matrimonio. El lío se agranda cuando descubren que ambas mujeres son amigas de la infancia. Dani de la Orden (El pregón) se pone tras las cámaras de este film cuyo reparto cuenta con Belén Cuesta (Parking), Álex García (La novia), Silvia Alonso (Durante la tormenta), Antonio Dechent (Cuando dejes de quererme), Mariam Hernández (Noctem), Adrián Lastra (Toc Toc) y Gracia Olayo (Superlópez), entre muchos otros nombres conocidos de la comedia española.

Con mucho retraso se estrena You go to my head, drama con toques de misterio y fantasía de 2017 que dirige Dimitri de Clercq (Un bruit qui rend fou). Su trama tiene como protagonista a una joven que sufre de amnesia post-traumática después de sufrir un accidente de coche en el desierto. La primera persona con la que se encuentra tras recuperar la conciencia asegura ser su marido, llevándola a su casa e iniciando una vida juntos. Poco a poco ella se enamora de él, pero a medida que su memoria va recuperando fragmentos del pasado la relación de ambos comenzará a peligrar. Con capital francés, alemán y belga, la película está protagonizada por Delfine Bafort (Promises written in the water), Svetozar Cvtkovic (Amanet) y Arend Pinoy (Een ander zijn geluk).

Francia y Alemania, en esta ocasión junto a Israel, producen Sinónimos, cinta dirigida por Nadav Lapid (Love letter to cinema) que, en clave de comedia dramática, arranca cuando un joven de Israel llega a París. Nada más aterrizar en la capital francesa se queda literalmente desnudo, sin posesiones y sin identidad. Esta oportunidad de partir de cero le lleva a renegar de su país de origen y del hebreo, iniciando al mismo tiempo una relación con una pareja. Esta producción de 2019 tiene como principales actores a Tom Mercier, Quentin Dolmaire (Un violento deseo de felicidad), Louise Chevillotte (Amante por un día), Uria Hayik y Olivier Loustau (Tout nous sépare).

La última de las novedades en imagen real es El huevo del dinosaurio, drama coproducido por China y Mongolia que escribe y dirige Quan’an Wang (La boda de Tuya). El argumento tiene como protagonista a un joven e inexperto policía al que se le encarga asegurar la escena de un asesinato en la estepa de Mongolia. Dado que no conoce los peligros de la zona, recibe la ayuda de una pastora lugareña que parece asustar tanto a los lobos como a su nuevo compañeros. Juntos deberán pasar la noche hasta que se levante el cadáver. Pero ella tiene sus propios planes. Dulamjav Enkhtaivan, Aorigeletu, Norovsambuu y Gangtemuer Arild integran un debutante reparto.

Terminamos este repaso con El amor está en el agua, cinta de animación japonesa que, a medio camino entre la comedia y el drama, narra la historia de una joven universitaria que se muda a un pueblo de la costa para coger olas. Pero cuando se desata un fuego en el pueblo conocerá a un bombero con el que comparte su afición por el surf. Poco a poco la joven comenzará a darse cuenta de que lo que más desea es ayudar a otras personas. Dirigida por Masaaki Yuasa (Mind game), la película cuenta con las voces originales de Rina Kawaei (Love’s water drop), Ryôta Katayose (Prince of Legend), Honoka Matsumoto (Astral Abnormal Suzuki) y Kentarô Itô (We love).

Los Oscar se abren al mundo con ‘Parásitos’ haciendo historia


Fellini, Truffaut, Rohmer, Lang, Cuarón, Almodóvar, Amenábar, Garci, Bertolucci, Bergman. Estos son solo algunos de los nombres de grandes directores de la historia del cine. Algunos consolidados, otros todavía labrándose un nombre. Pero ninguno de ellos ha logrado el hito histórico de Bong Joon-Ho (Snowpiercer) al ganar el Oscar a Mejor Película y Mejor Película Internacional. Un hecho sin precedentes que abre un nuevo camino muy importante para unos premios que desde hace algunos años buscan internacionalizarse (como demuestra la trayectoria de premios a Mejor Director) y convertirse en unos auténticos reconocimientos del cine mundial.

Pero a pesar de esos primeros pasos, la sorpresa ha llegado en esta 92ª edición de los Oscar, en un año de cambio como 2020. Más allá del análisis de vestidos, dinámica de la ceremonia o agilidad de los premiados, lo cierto es que la gala ha dejado muchos y muy interesantes momentos. La cinta surcoreana no solo se ha llevado los premios de las dos categorías de películas, sino que lo ha hecho con el de Director y Guión original. Es decir, cuatro de las categorías principales. Un éxito contundente y arrollador que, al igual que ocurrió en los Premios Goya hace unas semanas, obliga a mirar al otro lado y ver quienes han sido los mayores derrotados de la noche, con 1917Érase una vez en… Hollywood a la cabeza. Tan solo la segunda ha logrado un reconocimiento para Brad Pitt (Máquina de guerra) como Mejor Secundario, estatuilla que termina con décadas de injusto vacío para un actor que ha demostrado en numerosas ocasiones un talento más allá de su físico (sí, los hombres también sufren esas situaciones).

Lo cierto es que la victoria de Parásitos solo ha sido una sorpresa hasta cierto punto. O más bien, por el contexto en el que se ha producido. Que haya ganado Mejor Película y Mejor Película Internacional invita a pensar que en no demasiados años la segunda categoría quedará absorbida por la primera, tal vez creando una categoría con más nominados pero confirmando, efectivamente, el carácter global de los Oscar. Hasta que eso llegue, sin embargo, no deja de ser redundante que un título gane ambos premios, aunque no por eso es menos merecido. Joon-Ho compone una ácida crítica social a las clases con mayores recursos y su modo de tratar y reaccionar ante las clases más bajas, y al igual que el resto de nominadas tenía muchas posibilidades de lograr las estatuillas que finalmente ha logrado. Un ejercicio cinematográfico bello, complejo, con numerosas lecturas. Tal vez carente de la fuerza narrativa de la cinta bélica o de la riqueza visual del homenaje al Hollywood de finales de los 60, pero en todo caso impactante por sus lecturas éticas y morales.

El problema de esta entrega de los Oscar es que, salvo esa isla que representa Parásitos, la gala ha transcurrido sin grandes sorpresas, en un tono sin tanto humor como otros años aunque con la misma espectacularidad de sus números musicales, castellano y español incluidos (alguien debería explicar a Estados Unidos el error de lenguaje cometido, como deberían explicarles que un español como Antonio Banderas no es un hombre de color, tal y como se entiende en el resto del mundo este concepto). Polémicas a un lado, ninguna sorpresa entre los cuatro premios de interpretación, poca novedad en el reparto de los galardones más técnicos y, en todo caso, algo inesperado el premio a Toy Story 4, imponiéndose a esa dulce historia de Klaus, que certifica una noche aciaga para la representación española.

Ahora queda por saber si lo ocurrido en esta edición de los premios cinematográficos más importantes del mundo va a seguir teniendo recorrido o se va a quedar en una anécdota. Hollywood no es famoso por cambiar rápidamente. Los gigantes raramente lo hacen. Pero desde luego que se avecinan cambios. Y a mi modo de ver, cambios positivos que abren la mirada a otras culturas, a otras formas de entender el cine, enriqueciendo este arte en un momento en el que cada vez parece imponerse un mensaje más conservador con políticas que rechazan aquello que procede de fuera. En este contexto, el cine vuelve a convertirse en un lenguaje transgresor, de oposición a ideologías conservadoras y retrógradas, y los Oscar en los premios del cine en su más amplio sentido.

A continuación encontraréis la lista de Ganadores de la 92ª edición de los Oscar.

Mejor película: Parásitos.

Mejor director: Bong Joon-Ho, por Parásitos.

Mejor actor principal: Joaquin Phoenix, por Joker.

Mejor actriz principal: Renée Zellweger, por Judy.

Mejor actriz de reparto: Laura Dern, por Historia de un matrimonio.

Mejor actor de reparto: Brad Pitt, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor película de animación: Toy Story 4.

Mejor película internacional: Parásitos, de Bong Joon-Ho (Corea del Sur).

Mejor guión adaptado: Taika Waititi, por Jojo Rabbit.

Mejor guión original: Bong Joon-ho y Han Jin Won, por Parásitos.

Mejor documental: American Factory, de Julia Reichert, Steven Bognar y Jeff Reichert.

Mejores efectos visuales: Guillaume Rocheron, Greg Butler y Dominic Tuohy por 1917.

Mejor fotografía: Roger Deakins, por 1917.

Mejor montaje: Michael McCusker y Andrew Buckland, por Ford v Ferrari.

Mejor diseño de producción: Barbara Ling y Nancy Haigh, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor vestuario: Jacqueline Durran, por Mujercitas.

Mejor maquillaje: Kazu Hiro, Anne Morgan y Vivian Baker por El escándalo (Bombshell).

Mejor banda sonora: Hildur Guðnadóttir, por Joker.

Mejor canción original: Elton John y Bernie Taupin por ‘(I’m Gonna) Love Me Again’, de Rocketman.

Mejor mezcla de sonido: Mark Taylor y Stuart Wilson, por 1917.

Mejor edición de sonido: Donald Sylvester, por Ford v Ferrari.

Mejor cortometraje: The Neighbors’ Window, de Marshall Curry.

Mejor corto animado: Hair Love, de Matthew A. Cherry & Karen Rupert Toliver.

Mejor corto documental: Learning to Skateboard in a Warzone (If You’re a Girl), de Carol Dysinger y Elena Andreicheva.

‘El escándalo (Bombshell)’: las tres caras del abuso de poder


Coincide en el tiempo con la serie La voz más alta, aunque por motivos obvios de formato, la película se centra únicamente en la caída de Roger Ailes vista, eso sí, a través de la mirada de las trabajadoras, en concreto de tres personajes que vienen a representar a decenas de mujeres. Pero quizá lo más interesante de la nueva película de Jay Roach (La cena) no sea nada de lo explícito que se puede ver en pantalla, sino de las reflexiones a las que invita el relato.

De hecho, El escándalo (Bombshell) es una obra previsible y hasta cierto punto arquetípica, construida sobre personajes reales que, sin embargo, se han podido ver en infinidad de films sobre temáticas similares en las que el poder, la ambición y la humillación del sexo opuesto son los principales ingredientes. Es más, el lenguaje visual de Roach es excesivamente academicista, en el peor sentido de la palabra. Sin fuerza, su narrativa se limita a exponer los hechos, apelando únicamente a la labor de sus tres actrices principales para salvar la función. Y vaya si lo hacen, por cierto. Charlize Theron (Tully), Nicole Kidman (The upside) y Margot Robbie (Dreamland) no solo componen unos personajes atractivos, sino que de forma conjunta vienen a representar tres caras muy diferentes de una misma lacra.

Y es aquí donde entramos en lo más interesante del film. La película reflexiona sobre el poder en un mundo de hombres, sobre la denigración de la mujer y el abuso de la posición que algunos directivos ejercen sobre ellas, considerándolas meros objetos de los que valerse a cambio de otorgarles una carrera construida sobre la mayor de las mentiras y el peor de los secretos. Todo eso con la campaña política de Donald Trump, sus constantes ataques a la mujer y la vinculación tan estrecha del polémico personaje con la cadena Fox. En cierto modo, y a diferencia de la serie, el personaje de Ailes es casi un secundario. Sí, es cierto que es el leit motiv de toda la historia, el motor que la hace avanzar, pero poco a poco la película se desvincula de él para convertirse en un relato sobre la situación de la mujer (y su lucha) en un mundo dominado por hombres retrógrados, misóginos y de cuestionables valores morales. Es en este contexto donde los personajes de Theron, Kidman y Robbie se revelan como símbolos, más que como roles. Y es en este contexto donde la película adquiere su mayor potencial, incluso aunque lo haga un poco tarde.

Lo más indignante de El escándalo (Bombshell) es, sin embargo, el texto final que señala cómo una cadena de televisión pagó más por la indemnización a un hombre que ha acosado a decenas de mujeres durante décadas, que por la indemnización a todas esas víctimas. Es la guinda de un relato que, en cierto sentido, resulta aterrador. Por lo demás, la película de Roach se puede entender casi como un telefilm basado en hechos reales, sin la fuerza narrativa que debería tener el relato desde su inicio (por cierto, un comienzo prometedor que rápidamente deja paso a un clasicismo formal que no encaja con la época en la que se desarrolla). En cualquier caso, su trasfondo dramático y moral, las reflexiones a las que invita y, sobre todo, sus tres actrices protagonistas, son motivos suficientes para disfrutarla.

Nota: 6,5/10

‘Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn)’: empoderamiento femenino del crimen


El mundo del cómic, al igual que le ocurre al cine, está dominado por hombres. Personajes masculinos suelen ser los que se llevan toda la atención, relegando a los femeninos a un segundo plano salvo honrosas excepciones. Por eso películas como este regreso de Margot Robbie (Una cuestión de tiempo) al personaje que ya interpretó en Escuadrón suicida (2016) resultan un soplo de aire fresco, sobre todo cuando están planteadas como una transgresión formal y narrativa desde el primer minuto.

Y es que, con sus errores y sus problemas, que no son pocos, Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn) es un festival no solo de color en una ciudad tradicionalmente gris, sino todo un grito contra el orden establecido. Lejos de definir a las heroínas con las características de los héroes masculinos, la historia presenta a este grupo como un grupo de mujeres luchando por sobrevivir con sus propias armas en un mundo de hombres. Hombres que, por cierto, son caricaturizados hasta resultar patéticos, algo a lo que contribuye de forma magistral Ewan McGregor (Zoe). Con un relato algo caótico al principio, acorde precisamente al caos emocional que vive la protagonista, la directora aprovecha para dar rienda suelta a una iconografía y a un lenguaje visual sumamente atractivo.

El principal problema de la película es que no se atreve a ir más allá. Sí, es cierto que el guión está planteado como un grito feminista de independencia respecto a los hombres no solo en el ámbito físico, sino también social y conceptual (la pregunta ‘¿por qué una mujer tiene que actuar igual que un hombre?’ sobrevuela casi todo el relato). Y sí, el humor combina estupendamente con el tono general del film, quitando peso dramático a muchos momentos. Pero Cathy Yan (Dead pigs) se queda en la superficie. El guión no ahonda en el pasado de algunos personajes y, sobre todo, las relaciones que se plantean durante el relato, perdiendo interés paulatinamente. La frescura narrativa de la directora en sus minutos iniciales parece ir perdiéndose poco a poco hasta llegar a un clímax en el que el montaje más tradicional se adueña del conjunto. Esto va de la mano con el propio desarrollo dramático del guión, que termina siendo excesivamente lineal. Es curioso, y a la vez una pena, porque la pelea final contiene algunos planos que parecen ser un intento infructuoso de desmarcarse de los estándares, cuando esto habría sido, precisamente, lo que hubiera encajado a la perfección.

Sin duda, Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn) va de más a menos. La fuerza visual y dramática, la locura de sus primeros compases, se va diluyendo poco a poco hasta terminar convirtiéndose en una producción con poca personalidad, salvada fundamentalmente por la labor de su protagonista (Margot Robbie vuelve a demostrar que no hay personaje que se le resista) y su antagonista, un Ewan McGregor disfrutando con un personaje tan salvaje como patético (el momento en el que piensa que se están riendo de él es sencillamente extraordinario). Fuera de eso, la película ofrece poco, salvo el colorido y cierta intriga en su primera media hora. Logra su objetivo, que no es otro que entretener, adaptar los cómics de forma bastante fiel y trasladar un mensaje muy claro sobre la mujer, pero da la sensación de que podría haber sido algo más grande.

Nota: 6,5/10

Margot Robbie, por partida doble en ‘El escándalo’ y ‘Aves de presa’


Febrero arranca, cinematográficamente hablando, del mismo modo que terminó febrero, es decir, con las últimas películas con nominaciones a los Oscar llegando a la cartelera española. Y este viernes día 7 lo hace además con dos peculiaridades. La primera, que las dos películas principales están protagonizadas por la misma actriz. La segunda, que los estrenos llegan apenas unos días antes de conocer quiénes levantarán la preciada estatuilla dorada.

Pero comencemos el repaso, y lo hacemos con El escándalo, drama biográfico con capital estadounidense y canadiense que relata el auge y, sobre todo, la caída de Roger Ailes, el hombre detrás del imperio mediático de Fox que fue acusado de acoso por parte de varias trabajadoras de las cadenas. El film, que recoge la misma historia que relata la serie La voz más alta, está dirigido por Jay Roach (En campaña todo vale) y protagonizado por Charlize Theron (Casi imposible), Nicole Kidman (Aquaman), Margot Robbie (Érase una vez en… Hollywood), John Lithgow (Cementerio de animales), Kate McKinnon (Yesterday), Allison Janney (El sótano de Ma), Stephen Root (Seberg), Malcolm McDowell (serie Mozart in the jungle) y Connie Britton (serie Nashville), entre otros.

Margot Robbie también protagoniza, aunque esta vez como actriz principal, Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn), cinta  hollywoodiense de acción, aventura y toques de humor que recupera al personaje que ya apareciera en Escuadrón Suicida (2016) para adaptar otra serie de cómics de DC a la gran pantalla. La trama arranca cuando la protagonista se ha separado de Joker. Perdida y sin rumbo, decide ser ella misma y unirse a otras tres heroínas para luchar contra un rey del crimen que ha secuestrado a una niña. Cathy Yan (Dead pigs) se pone tras las cámaras de esta atípica película de superhéroes en cuyo reparto también encontramos a Mary Elizabeth Winstead (All about Nina), Jurnee Smollet-Bell (One last thing), Rosie Perez (Active adults), Ewan McGregor (Doctor Sueño), Ella Jay Basco y Chris Messina (Vivir de noche).

Este fin de semana es el regreso también de Terrence Malick (Song to song), que escribe y dirige Vida oculta. El argumento, basado en hechos reales, narra la vida de un devoto esposo y padre austríaco que se negó a luchar para los nazis en la II Guerra Mundial, incluso cuando surgió la amenaza de ser ejecutado. El reparto de este drama romántico con capital estadounidense y alemán está encabezado por August Diehl (El joven Karl Marx), Valerie Pachner (Jack), Maria Simon (Loverboy), Bruno Ganz (El vendedor de tabaco), Karin Neuhäuser (En la sombra), Tobias Moretti (Die Hölle) y Matthias Schoenaerts (Gorrión rojo).

El terror llega de la mano de Bliss, cinta escrita y dirigida por Joe Begos (Poder mental) que tiene como protagonista a una artista que atraviesa una crisis creativa interminable. En su lucha por acabar con esa mala racha y poder completar su obra, decide recurrir a drogas pesadas, introduciéndose en una espiral de alucinaciones, visiones y sed de sangre que es incapaz de resistir, y que pondrá en peligro a su novio y sus amigos. Dora Madison (The honor farm), Tru Collins (The price), Rhys Wakefield (serie True Detective), George Wendt (The independents) y Jeremy Gardner (Like me) encabezan el reparto de esta producción estadounidense.

Pasamos ahora a las novedades puramente europeas, entre las que destaca la comedia Una misión de locos, producción francesa que arranca cuando un médico interino en un hospital psiquiátrico se ve obligado a recurrir a un paciente que asegura ser un agente secreto para encontrar a su prometida desaparecida. Pero ninguno de los dos ha previsto las consecuencias de tal decisión. Ludovic Colbeau-Justin (C’est tout pour moi) se encarga de poner en imágenes esta historia protagonizada por Dany Boon (Mi familia del norte), Philippe Katerine (El gran baño), Anne Serra (K.O.), Samuel Jouy (Burn out) y Sophie Verbeeck (El collar rojo).

Suecia, Georgia y Francia colaboran en Solo nos queda bailar, drama romántico escrito y dirigido por Levan Akin (El círculo) ambientado en el mundo de la danza. En concreto, la cinta sigue a un joven que ha entrenado desde muy pequeño con su compañera de baile. Su mundo se ve sacudido con la llegada de otro chico que se convierte en su mayor rival, pero también en su mayor deseo, por lo que tendrá que arriesgarlo todo para liberarse en un entorno muy conservador. Entre los principales actores, la mayoría de ellos debutantes, encontramos a Levan Gelbakhiani, Bachi Valishvili, Ana Javakishvili, Giorgi Tsereteli, Tamar Buknikashvili (Ana-Bana) y Marika Gogichaishvili.

La única producción española de la semana es Arima, debut en el largometraje de ficción de Jaione Camborda. La trama, en clave de drama fantástico, narra cómo la vida de cuatro mujeres y una niña se ve alterada por la llegada de dos forasteros. Uno, huidizo y fantasmagórico, huye del otro, herido y con un arma. La frontera entre lo real y lo imaginario, entre la pesadilla y el sueño, se difuminará para todos los implicados. Melania Cruz (A esmorga), Nagore Arias, Rosa Puga Davila (Sesión), Iria Parada, Tito Asorey (serie Fariña) y Mabel Rivera (Little Galicia) dan vida a los protagonistas.

Pasamos ahora a la animación. La Patrulla Canina: Rescate a toda velocidad es el título de la nueva aventura en la gran pantalla de los personajes de la famosa serie de televisión. En esta ocasión la Patrulla Canina está dispuesta a apoyar al héroe de la gran carrera, pero cuando el legendario piloto no puede participar en el campeonato, tendrá que recurrir a sus amigos caninos para que le ayuden. Charles E. Bastien, director de numerosas series de televisión infantiles, se pone tras las cámaras de esta producción canadiense que cuenta con las voces originales de Anya Cooke, Cathal J. Dodd (serie The aventures of Chuck & friends), Isaac Emberson-Heeks, Lukas Engel (serie Las crónicas del miedo), Addison Holley (The red maple leaf) y Kallan Holley (La Patrulla Canina: Misión tu primer cine).

También se estrena Lur y Amets, aventura animada española dirigida a cuatro manos por Joseba Ponce, quien debuta en la dirección, e Imanol Zinkunegi (PayaS.O.S. ¡Al rescate!). La historia tiene como protagonistas a dos gemelos que se quedan con su abuela al tener que asistir sus padres a una boda. Pero lo que parece un fin de semana convencional se convierte en algo extraordinario gracias a los poderes de la anciana. Juntos iniciarán un viaje inolvidable a través de diferentes épocas con dos malvados hombres persiguiéndoles a través de cada una de las historias.

Terminamos con la francesa Zibila y el poder de las rayas, cuatro cuentos para los más pequeños que arrancan cuando una joven cebra es adoptada por una pareja de caballos. En su primer día de escuela sus compañeros acaban riéndose de ella por ser diferente y tener rayas. Pero gracias a sus amigos se embarcará en una gran aventura para recuperar la confianza perdida. Las otras tres historias, que también son un alegato en favor de la diversidad, se titulan El fondant de chocolateNo tengo miedo del cocodriloEn las aulas. Están todos ellos dirigidos por Isabelle Favez, responsable de numerosos cortos.

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