Kenneth Brannagh resuelve el ‘Asesinato en el Orient Express’


Después de la tormenta llega la calma. Y habitualmente, después de un fin de semana de blockbuster llega otro algo más tranquilo en lo que a grandes estrenos se refiere. Este viernes 24 de noviembre es, en cierto sentido, así. A pesar de que no hay ninguna película llamada a arrasar en la taquilla, sí aterrizan en la cartelera varios títulos lo suficientemente interesantes y atractivos como para atraer a un buen número de espectadores.

El primero de ellos es Asesinato en el Orient Express, nueva adaptación de la famosa novela de Agatha Christie que dirige y protagoniza Kenneth Branagh (Dunkerque). Para aquellos que no conozcan la trama, esta se desarrolla a bordo del Orient Express, un tren en el que viaja un nutrido y variopinto grupo de personas, entre ellos el detective Hercules Poirot. Cuando uno de los pasajeros aparece muerto una mañana, el detective deberá averiguar quién es el responsable de su muerte, algo complicado cuando todos los pasajeros podrían tener motivos para matarle. Intriga y drama se dan cita en este viaje que cuenta con un espectacular reparto integrado, además de Branagh, por Michelle Pfeiffer (Madre!), Daisy Ridley (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la Fuerza), Judi Dench (La reina Victoria y Abdul), Johnny Depp (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar), Penélope Cruz (La reina de España), Willem Dafoe (La gran muralla), Derek Jacobi (Cenicienta) y Josh Gad (La Bella y la Bestia).

Muy diferente es Saw VIII, nueva entrega de la famosa saga de terror que arranca cuando una serie de cuerpos comienzan a aparecer por diferentes rincones de la ciudad. El denominador común de todos ellos es la violenta muerte que tuvieron, y las sospechas recaen en Jigsaw, que lleva más de 10 años muerto. Terror y gore en estado puro en este film dirigido a cuatro manos por los hermanos Michael y Peter Spierig (Daybreakers) y protagonizado por Laura Vandervoort (Ted), Tobin Bell (Enterrados vivos), Callum Keith Rennie (Warcraft: El origen), Matt Passmore (serie The Glades), Mandela Van Peebles (We the party) y Brittany Allen (Look again).

Estados Unidos, Reino Unido y Francia colaboran en Paddington 2, continuación de la película de 2014 sobre el oso con abrigo y sombrero creado por Michael Bond y cuyo argumento se centra en la rutina que ya vive el joven oso junto a la familia que le ha acogido. Con motivo del 100 cumpleaños de su tía, decide aceptar todo tipo de trabajos para poder ahorrar y comprar un buen regalo, aunque todo se complica cuando el presente es robado. Dirigida por Paul King, realizador de la primera parte, esta comedia cuenta con las voces de Ben Whishaw (En el corazón del mar), Michael Gambon (Kingsman: El círculo de oro) e Imelda Staunton (Pride), a los que se suman Sally Hawkins (Godzilla), Hugh Bonneville (Una razón para vivir) y Julie Walters (Brooklyn) para dar vida al resto de personajes.

Estos tres países también están detrás de En realidad, nunca estuviste aquí, thriller dramático basado en la novela de Jonathan Ames que gira en torno al secuestro de la hija de un importante político y cómo este contacta con un veterano de guerra que se dedica a salvar chicas de las mafias y las redes de explotación sexual. Lynne Ramsay (Tenemos que hablar de Kevin) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Joaquin Phoenix (Puro vicio), Ekaterina Samsonov (The ticket), Alessandro Nivola (Selma), John Doman (serie Gotham), Judith Roberts (Sentencia de muerte) y Alex Manette (La venganza de Jane).

El drama de acción tiene su principal representante en 6 días, film dirigido por Toa Fraser (Tierra de guerreros) que narra los hechos acontecidos durante la ‘Operación Nimrod’, que tuvo lugar después de que un grupo de terroristas israníes asaltaran la embajada iraní en Londres en 1980, tomando 26 rehenes y exigiendo la liberación de 91 presos durante el régimen del Ayatolá Jomeini. La trama aborda la tensión de esos momentos y el rescate final a cargo de las fuerzas especiales británicas. Mark Strong (El caso Sloane), Jamie Bell (Cuatro Fantásticos), Abbie Cornish (Geostorm), Martin Shaw (Facelift), Jared Turner (End of daze) y Emun Elliott (Exodus: Dioses y reyes) son los principales actores.

Puramente británica es Tierra de Dios, drama romántico escrito y dirigido por el actor Francis Lee (No soy nadie sin ti), quien debuta de este modo en la dirección de largometrajes. La historia sigue el aprendizaje de un joven que vive en una granja junto a sus ancianos padres cuidando y criando ovejas. Su alienada vida cambia cuando llega a la granja un trabajador rumano para ayudar en las tareas, surgiendo algo entre ambos que llevará al joven a aprender a amar. En el reparto destacan los nombres de Josh O’Connor (Florence Foster Jenkins), Alex Secareanu (Elegidos para ser héroes), Gemma Jones (El diario de Bridget Jones) e Ian Hart (La mejor receta).

En lo que a producción española se refiere, La higuera de los bastardos es la adaptación de la novela de Ramiro Pinilla que, en clave de comedia dramática con toques de thriller, sigue a un ejecutor durante el Franquismo que, al cruzar su mirada con la de un niño al que dejó huérfano, decide vigilar y cuidar la higuera que el pequeño plantó sobre la tumba de su padre. Convencido de que en un futuro el chico le matará, su actitud con el árbol empieza a crearle fama de ermitaño y convierte el lugar en sitio de peregrinación. Todo ello mientras el chivato que denunció a la familia no se separa del ejecutor pensando que bajo el árbol lo que realmente se esconde es un tesoro. Dirigida por Ana Murugarren (Tres mentiras), la película está protagonizada por Karra Elejalde (1898. Los últimos de Filipinas), Carlos Areces (De regreso al colegio), Jordi Sánchez (Señor, dame paciencia), Eneko Sagardoy (Amaren eskuak), Ramón Barea (El guardián invisible) y Pepa Aniorte (Cuerpo de élite), entre otros.

También es de producción nacional Tierra firme, comedia dirigida por Carlos Marques-Marcet (Fantastic) que gira en torno al viaje de tres amigos en barco por los canales de Londres. A través de sus experiencias y su forma de entender el amor se pondrá a prueba su capacidad para seguir juntos a pesar de sus diferencias. Natalia Tena (serie Juego de Tronos), Oona Chaplin (Proyecto Lázaro), David Verdaguer (Verano 1993), Geraldine Chaplin (Un monstruo viene a verme), Charlotte Atkinson (Cold), Lara Rossi (serie Crossing lines) y Trevor White (American Assassin) encabezan el reparto.

Otro de los estrenos europeos es El fiel, film nominado en la pasada edición de los Oscar que une crimen y drama en una historia de amor protagonizada por dos jóvenes que guardan importantes secretos y mantienen una doble vida que puede poner en peligro no solo su turbulento amor. Michaël R. Roskam (Bullhead) es el encargado de dirigir esta cinta interpretada, entre otros, por Matthias Schoenaerts (La chica danesa), Adèle Exarchopoulos (Diré tu nombre), Kerem Can (Istambul Story), Sam Louwyck (Monk) y Jean-Benoît Ugeux (L’astragale).

La única representante de la animación es la noruega El bosque de Haquivaqui, musical de 2016 para toda la familia que arranca cuando los animales más pequeños del bosque deciden redactar una ley para que todos puedan vivir en paz y armonía y evitar así que los animales más grandes se los coman. El problema es que el zorro siempre está hambriento. Basado en el libro de Thorbjørn Egner, la cinta está dirigida por Rasmus A. Sivertsen (Dos colegas al rescate) y cuenta con las voces de Nils Jørgen Kaalstad (Staying alive), Frank Kjosås (Engelen) y Stig Henrik Hoff (El último rey), entre otros.

A medio camino entre el documental y la comedia dramática está la española Cortar (Las 1001 novias), tercera entrega de la trilogía escrita, dirigida y protagonizada por Fernando Merinero (El viaje de Penélope), en la que analiza su vida y sus relaciones más íntimas a raíz del rodaje de una película en Gran Canaria, donde se reencuentra con antiguas parejas a través de cartas y recuerdos. En el resto del reparto destacan Angélica Revert (Retratos de mujer con hombre al fondo), Montserrat Berciano, Carolina Clemente (Tres metros sobre el cielo) y Magaly Santana (Los hijos del viento).

El documental en estado puro es el género de la española Indestructible. El alma de la salsa, ópera prima de David Pareja que realiza un recorrido visual por la salsa hasta que Diego ‘El Cigala’ la hace suya creando un acontecimiento irrepetible.

También española es El latido de Urdaibai, documental que recoge la vida dentro de esta Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde hace más de 30 años. A través de las actividades cotidianas de varios personajes el director Alberto Rojo compone un retrato de la realidad actual de este espacio natural.

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‘Episodes’ termina y cierra ciclo en su quinta temporada


Aunque muchas veces las comparaciones son odiosas, equiparar en algunos aspectos unas cosas con otras puede ayudarnos a tomar perspectiva. Por ejemplo, en el caso de Episodes, la serie creada por David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie The class), equipararlo a cualquier otra producción, ya sea drama o comedia, permite apreciar mejor la calidad de una serie sencilla, una sitcom correcta y ajustada en tiempo y formato que, sin embargo, está planteada de principio a fin como un todo. Y eso es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de series.

Y esto es algo que se aprecia sobremanera en la quinta y última temporada por muchos motivos. El más importante, evidentemente, el dramático. El arco argumental de esta etapa final viene a ser una vuelta a los inicios para los protagonistas, un regreso al punto de partida con el que comenzó esta divertida ficción. La pareja de guionistas interpretada por Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Con la banca no se juega) se convierten en el punto de apoyo sobre el que la trama gira sobre sí misma para volver a situarles como al principio, es decir, construyendo una historia que no les termina de convencer para un actor, Matt LeBlanc (Los ángeles de Charlie) al que odian y aman casi a partes iguales.

Por supuesto, no es este el único elemento. Resulta también interesante el giro final de la serie, en el que los protagonistas convierten en episodio piloto del nuevo producto su propia experiencia con LeBlanc, una producción dentro de otra producción que acentúa el carácter cíclico de Episodes desde un punto de vista puramente formal y conceptual. Desconozco si esa era realmente la intención de sus creadores desde el comienzo o si ha sido algo obligado por las circunstancias, pero lo que sí parece claro, viendo el resultado final de la serie completa, es que alguna base debía existir, pues aunque en muchas ocasiones el desarrollo dramático ha podido parecer algo caótico, la realidad es que todo ha terminado encajando de forma armónica.

Y todo ello con humor ácido, con carcajadas blancas y sinceras, y con una cierta crítica profesional y social a un mundo, el de la televisión, marcado por las audiencias. Esta quinta temporada, en este sentido, también es ejemplar. Si durante etapas anteriores la trama se ha centrado fundamentalmente en el devenir de una pareja de guionistas ingleses y su calvario en Estados Unidos, en esta última parte (y que comenzó en la cuarta temporada) buena parte del peso también recae en el personaje de LeBlanc, al que se le enfrenta a situaciones que, en principio, ningún actor desea, como bien se encargan de demostrar en la trama. Y a su alrededor, todo un mundo movido por intereses personales, por rencillas y, por supuesto, por el dinero y la audiencia, capaz de perdonar todo. Y cuando digo todo, es todo.

El final deseado

Otro elemento que viene a confirmar el carácter circular de Episodes es el hecho de que esta última temporada cuenta con 7 episodios, los mismos que la primera allá por 2011 y dos menos que el resto de etapas. Puede parecer causalidad o una mera anécdota, pero lo cierto es que esta características de la conclusión de la serie condiciona en buena medida el desarrollo de la trama, mucho más directo y enfocado a cerrar las líneas argumentales todavía abiertas a lo largo de esta ficción. En este sentido, y a pesar de los problemas que puede ocasionar la falta de tiempo, se podría decir que es el final deseado.

Porque sí, la conclusión de la serie es lo que podría esperar y desear cualquier espectador de una producción tan blanca y limpia como esta. Nada de finales inesperados, nada de giros argumentales de última hora que puedan cambiar el destino de los protagonistas. Todo se desarrolla como estaba previsto, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y aunque es cierto que algunas historias secundarias pecan en exceso de un desarrollo y una resolución directa y simple, no lo es menos que la dinámica del trío protagonista es tan sólida que acapara toda la atención, por lo que las historias secundarias quedan, pues eso, en un segundo plano.

Y si bien es cierto que al final estos personajes secundarios, aunque divertidos y por momentos interesantes, no dejan de ser meras sombras en el fondo de la historia principal que permiten dar color al entorno en el que se desarrolla la trama, también lo es el hecho de que se echa en falta algo más de peso dramático y narrativo de los mismos en esta conclusión. Y es que ese es el principal problema de esta última temporada. Durante toda la serie varios secundarios habían disfrutado de un peso específico notable, siendo incluso determinantes en las decisiones de los protagonistas. Ahora, sin embargo, se convierten más bien en un contexto necesario, en una suerte de acompañamiento divertido al que se le tiene que dar un final, pero que no tiene demasiado impacto en el resto de la ficción.

En cualquier caso, es un problema menor de una sitcom diferente, fresca y dinámica, con un trío protagonista que, sin ser excepcional, sí evidencia una complicidad inusual. Esta quinta y última temporada de Episodes cierra por completo la serie de un modo pocas veces visto, y a pesar de ciertos problemas de equilibrio dramático entre la historia principal y los personajes secundarios, en líneas generales cumple lo que podría esperarse de una ficción de estas características. No es una obra cumbre de la comedia, ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente original como para ser una obra destacada, tanto por su argumento como por sus actores.

‘Liga de la Justicia’: en busca de la unidad


Puede que la estrategia de Warner Bros.DC Cómics con las adaptaciones de los superhéroes a la gran pantalla no sea clara, pero si algo puede asegurarse casi con rotundidad es que Zack Snyder (Watchmen) ha conseguido unirlos a los principales personajes en una obra fresca, entretenida, dinámica y narrativamente sólida, al menos lo suficiente como para no derivar en un producto extenso y carente de ritmo.

Y el reto no era precisamente sencillo, teniendo en cuenta que a diferencia de Marvel, tan solo tienen película propia algunos de los protagonistas. Sin embargo, el desarrollo dramático de Liga de la Justicia, lejos de apostar por una consecución de diálogos innecesarios o secuencias de acción apabullantes sin demasiada narrativa, opta por presentar a los protagonistas en su ambiente, con una sencilla acción o algún diálogo enfocado a desarrollar la trama. A esto se suma la presentación del conflicto, con un villano al que son incapaces de derrotar de forma individual, sentando a su vez las bases de todo el desarrollo posterior y de las decisiones tomadas que se convierten, por extensión, en interesantes puntos de giro. Por supuesto, esto no quiere decir que estemos hablando de una película que pueda ser considerada sobresaliente. Existen varios puntos débiles en su guión, entre ellos las motivaciones de algunos personajes, que quedan definidas de forma algo esquemática, o la falta de profundidad en las relaciones entre los personajes, que debilitan a su vez algunas partes del desarrollo.

Con todo, esto puede que no debiera ser considerado como una debilidad. Porque la realidad es que esta cinta no pretende erigirse como un referente. Al contrario, parece planteada como un entretenimiento. Muy bueno, pero entretenimiento al fin y al cabo. Y en esto Snyder es un maestro. Alejado del abuso que ha hecho en los últimos films de sus más característicos recursos (cambios de ritmo, cámaras lentas, etc.), el director apuesta por un aspecto formal más sobrio, en el que deja su personal huella pero que permite respirar al espectador. A pesar de las carencias del apartado de efectos digitales, lo cierto es que la labor tras las cámaras ofrece, por ejemplo, un final digno de un film de estas características, amén de varios momentos dramáticos brillantes en los que se aprovechan todos los elementos, desde los efectos hasta la fotografía o el sonido.

Desde luego, Liga de la Justicia no es una obra cúlmen del género superheróico, pero cumple su objetivo. Es más, lo hace brillantemente. Snyder logra quitarse ciertas obsesiones para narrar una historia sólida, fresca y dinámica en la que el humor hace de puente entre la acción y el drama. Su reparto, aunque irregular en sus interpretaciones (Gal Gadot vuelve a ser la mejor con mucha diferencia), desprende una comodidad pocas veces vista, lo que ayuda a que la historia adquiera un ritmo propio en las diferentes historias secundarias que se dan cita en esta aventura. No es perfecta, pero sí sienta las bases, en la línea que ya lo hizo Wonder Woman, para el futuro de las adaptaciones de esta casa.

Nota: 7/10

‘Liga de la Justicia’ se presenta ante los espectadores españoles


Llegó el día. Este viernes, 17 de noviembre, llega a los cines de toda España uno de los estrenos más esperados por los fans en la que es, junto a la nueva entrega de Star Wars, una de las citas más importantes de la cartelera en este tramo final del año. Pero para aquellos que busquen algo más que el blockbuster de la semana, diversos son los títulos nuevos que aterrizan en las salas, desde el drama humano hasta el thriller, pasando por la comedia con tintes sociales.

Pero comencemos por Liga de la Justicia, adaptación de las aventuras de los superhéroes de DC Cómics que reúne a los principales personajes para enfrentarse a un mal mayor de lo que han visto hasta ahora. La trama comienza tiempo después del final de Batman v Superman: El amanecer de la justicia (2016), cuando Batman decide reclutar a un grupo de metahumanos impulsado por el sacrificio de Superman y su renovada fe en la Humanidad. Acción, espectáculo y ciertas dosis de humor se dan cita en este film dirigido por Zack Snyder (El hombre de acero) y protagonizado por, entre otros, Ben Affleck (Vivir de noche), Henry Cavill (Operación U.N.C.L.E.), Gal Galot (Wonder Woman), Jason Momoa (Una bala en la cabeza), Ezra Miller (Las ventajas de ser un marginado), Ray Fisher, Amber Heard (La chica danesa), Amy Adams (La llegada), Jesse Eisenberg (Ahora me ves 2), Connie Nielsen (Las confesiones), Diane Lane (París puede esperar), Jeremy Irons (Assassin’s Creed) y J.K. Simmons (El muñeco de nieve).

Entre los estrenos europeos destaca la británica Una razón para vivir, drama basado en la historia real de Robin y Diana Cavendish, una pareja de aventureros cuyas vidas cambian para siempre cuando él queda paralizado por la polio, situación que juntos afrontan para tratar de mantener una vida corriente. El actor Andy Serkis (Gollum en la saga de El Señor de los Anillos) debuta tras las cámaras dirigiendo a Andrew Garfield (Silencio), Claire Foy (serie The Crown), Tom Hollander (La promesa), Camilla Rutherford (Absolutamente fabulosas) y Ed Speleers (Alicia a través del espejo) como principales actores.

Francia y Bélgica colaboran en Con los brazos abiertos, comedia de marcado carácter social cuyo argumento arranca cuando un humorista casado con una millonaria acepta el reto de acoger en su casa a los más necesitados, como de hecho anima a hacer a todo el mundo siempre que puede. Dicho y hecho, al día siguiente se presenta en su casa un curioso grupo que pondrá a prueba su capacidad de predicar con el ejemplo. Philippe de Chauveron (Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Christian Clavier (Una bolsa de canicas), Ary Abittan (Fatal), Elsa Zylberstein (Primavera en Normandía), Cyril Lecomte (Mea culpa) y Nanou Garcia (Zouzou).

La producción española tiene a El autor como su principal representante. Adaptación de una novela de Javier Cercas, y dirigida por Manuel Martín Cuenca (Caníbal), esta comedia dramática gira en torno a un hombre cuyo sueño es ser escritor. Con una vida gris y sin talento, todo lo que crea es anodino y carente de interés, al contrario que su mujer, que sin pretenderlo crea un best-seller. Dispuesto a hacer su sueño realidad, indaga en los secretos de la novela junto a un profesor de escritura, comprendiendo que toda ficción surge de la realidad. Comienza entonces a manipular a sus vecinos para crear la historia perfecta, pero toda decisión tiene sus consecuencias. El reparto está encabezado por Javier Gutiérrez (1898. Los últimos de Filipinas), Antonio de la Torre (Que Dios nos perdone), María León (Cuerpo de élite), Adriana Paz (Hilda), Tenoch Huerta (La carga) y Adelfa Calvo (La isla mínima).

España también produce El vientre de Europa, drama escrito, dirigido y protagonizado por Juan Pinzás (Días de boda) que combina fantasía y misterio para narrar el viaje introspectivo de un cineasta desde el vientre de su madre al vientre de Europa, uniendo pasado, presente y futuro a través de dos ciudades como Berlín y Madrid. Junto a Pinzás encontramos en el reparto a Elke Krüger, Katherine Sorel y María Villar (La princesa de Francia).

Entre el resto de estrenos europeos también encontramos Jupiter’s Moon, drama de ciencia ficción con capital húngaro y alemán cuyo argumento se centra en los intentos de un joven sirio por cruzar la frontera hacia Europa junto a su padre. Cuando están a punto de conseguirlo son interceptados por la policía húngara, que dispara al joven. En lugar de morir, este se eleva por el aire. El milagro se repite en ante los ojos de un corrupto médico de un campo de refugiados, que tratará de explotar el talento del recién llegado. Dirigida por Kornél Mundruczó (Lányok), la cinta está protagonizada por Mónika Balsai (Un hada llamada Liza), Merab Ninidze (Rehenes), György Cserhalmi (Mephisto) y Zsombor Jéger (Kincsem).

También aterriza en la cartelera lo nuevo de Baltasar Kormákur (Everest), titulado Medidas extremas. A medio camino entre el drama y el thriller, la trama comienza cuando un cirujano felizmente casado y con dos hijas ve cómo su mundo empieza a desmoronarse cuando su hija mayor comienza una relación con un traficante de drogas. La mala influencia de este tanto en la joven como en la familia llevarán al médico a límites que nunca imaginó. Kormákur da vida al protagonista en un reparto en el que también destacan Hera Hilmar (We are the freaks), Ingvar Eggert Sigurðsson (De caballos y hombres) y Gísli Örn Garðarsson (Brim).

Desde Colombia llega Los Nadie, debut en el largometraje de Juan Sebastián Mesa que gira en torno a cinco jóvenes que se conocen y malviven en las calles de una ciudad hostil mientras sueñan con un viaje que les permita escapar de ese entorno. Los debutantes Esteban Alcaraz, Camila Castrillón, Angélica Puerta, Alejandro Pérez Ceferino y Luis Felipe Álzate son los protagonistas de este drama.

Japón produce, en colaboración con Francia, el drama romántico Hacia la luz, nuevo trabajo escrito y dirigido por Naomi Kawase (Una pastelería en Tokio) que narra la relación entre una mujer que hace audiodescripciones de películas y un fotógrafo que está a punto de perder la vista. A pesar de sus diferencias, ambos encontrarán una conexión a través del cine. Masatoshi Nagase (Five to Nine) y Ayame Misaki (Ataque a los titanes) dan vida a la pareja protagonista, que está acompañada por Tatsuya Fuji (Watashi no otoko), Mantarô Koichi (Rinne) y Noémie Nakai (Death Note. El nuevo mundo).

La animación tiene como único representante a La Isla de los Monstruos, producción mexicana cuya trama comienza cuando un joven inicia un viaje a Isla Calaca cuando descubre que puede transformarse en un monstruo. Allí conocerá todo tipo de seres extraños con los que vivirá una aventura que cambiará su vida. Leopoldo Aguilar (El secreto del medallón de jade) dirige esta propuesta a la que ponen voz Fiona Hardingham (El último baile), Roger Jackson (la voz al teléfono en Scream), Jenifer Beth Kaplan, Eric Larsen y Katie Leigh (Jake and the giants).

Dos propuestas españolas copan la oferta documental de la semana. Por un lado, Los demás días es una obra escrita y dirigida por Carlos Agulló (Plot for peace) que sigue el trabajo del doctor Pablo Iglesias, médico de cuidados paliativos con el que la cinta aborda la cuestión de vivir bien hasta el último momento, de cuidar la vida más que ofrecer a los pacientes una muerte digna.

Por otro, Arte al agua narra la vida a bordo de un barco de arrastre en Terranova, recogiendo para ello testimonios de los pescadores. Olivier van der Zee (Encierro) escribe y dirige el film.

‘The Blacklist’ da un giro dramático fundamental en su 4ª temporada


No sé si habrá sido algo premeditado, algo circunstancial o simplemente fruto de la casualidad, pero lo cierto es que la cuarta temporada de The Blacklist ha sufrido un giro argumental que, a su vez, ha provocado un crecimiento exponencial en la calidad dramática de esta serie creada por Jon Bokenkamp (Preston Tylk). No significa esto que este thriller policial se haya convertido en una producción del más alto nivel, pero sí implica que ha habido una mejora notable con respecto al desarrollo de la trama en las anteriores etapas.

Y dicho cambio, que viene a producirse más o menos hacia la mitad de estos 22 episodios, no es otro que el cambio de mirada. Dicho de otro modo, hasta ahora la serie pivotaba sobre dos protagonistas fundamentales, James Spader (Lincoln) y Megan Boone (Bienvenido a la jungla), siendo ella la que llevaba el peso dramático y él un aliciente más a la intriga. Sin embargo, es evidente que durante estas temporadas la calidad interpretativa de Spader y la mejor definición de su personaje le han dotado de un mayor interés, dramatismo y peso narrativo. Y eso ha tenido su traducción en que la segunda mitad de esta cuarta etapa la serie se ha centrado en él, en su relación con el pasado y en la traición de sus colaboradores.

El resultado es más que evidente. The Blacklist pasa de un desarrollo algo anodino marcado por los casos episódicos y un drama personal con poco o ningún interés a un thriller que comienza siendo un ataque a una organización criminal y termina convirtiéndose en una venganza personal por un hecho del pasado. Puro thriller de espionaje, en resumidas cuentas. Y aunque todo sigue teniendo relación con Elizabeth Keen, el rol interpretado por Boone, esta queda ahora en un segundo plano para dar todo el protagonismo a Spader, quien aprovecha la ocasión para ahondar en su personaje, llenarlo de matices y, en una palabra, engrandecerlo.

A esto se añade, además, algunas decisiones narrativas y dramáticas bastante acertadas (otras, como explicaremos a continuación, son poco lógicas). Para empezar, limitar la presencia en escena del personaje al que da vida Ryan Eggold (De padres a hijas), el marido de la protagonista cuya relevancia en la trama se volvió casi anecdótica desde el momento en que perdió su verdadera función allá por el final de la primera temporada. Su trayectoria ha sido no solo inconsistente, sino innecesaria en muchos momentos, convirtiéndose en una especie de Deus ex machina que regresaba siempre que era necesario hacer algo y no había personaje adecuado.

¿Errores o allanando el terreno?

También es interesante el modo en que se está dando cada vez más peso narrativo al papel de Amir Arison (Navidades y otras fiestas a evitar), en esta ocasión siendo protagonista de algunas tramas secundarias que han tenido cierta repercusión posterior en la principal. Su rol de informático, unido a la buena definición de sus matices emocionales, convierten a este secundario en uno de los mejores de la serie, o al menos en uno de los más carismáticos. Introducirle en la historia, dotarle de protagonismo y hacerle partícipe del devenir del arco argumental principal puede ser un buen sustento dramático para la nueva temporada que está comenzando ahora mismo.

Ahora bien, la serie sigue pecando de muchos errores que arrastra de las temporadas anteriores. Para empezar, el tratamiento de la unidad del FBI no termina de encontrar su camino, siempre dudando entre situar a los agentes en el punto de mira de la justicia por sus tratos con criminales o convertirles en héroes. Y a esto habría que sumar la irregularidad en sus tramas episódicas, sobre todo en la primera mitad de esta cuarta temporada de The Blacklist, cuando el objetivo de las mismas no estaba muy claro. Y como colofón, un detalle sobre el personaje interpretado por Diego Klattenhoff (Pacific Rim) que, o bien es un error notable, o bien una forma de plantear un dilema moral y profesional de cara al futuro más inmediato.

Sea como sea, lo cierto es que lo que ocurre con este personaje viene a definir muy bien lo que es esta serie en general, y esta temporada en particular. No son pocas las ocasiones en que la trama plantea diversos dilemas morales, sobre todo para la protagonista, que se resuelven de un modo, digamos, particular. Sin consecuencias dramáticas posteriores, la trama termina por justificar determinadas decisiones y acciones “por el bien de la seguridad”. Y aunque es cierto que este es el fondo de la cuestión en esta serie, el modo en que se aborda, sin una profundidad dramática y tendiendo a complicar en exceso el desarrollo narrativo (una historia de misterio no tiene necesariamente que ser enrevesada), terminan por convertir esta ficción en un producto más bien mediocre, obligado por situaciones poco creíbles y con una apuesta formal excesivamente simple (salvo contadas y aplaudidas excepciones).

Así las cosas, la cuarta temporada de The Blacklist puede haberse convertido en el punto de inflexión que necesitaba la serie para poder seguir creciendo. Una vez conocido prácticamente todo de la heroína, toca centrar la atención en el verdadero motor de este thriller. Raymond Reddington, con todos los problemas de definición dramática que tiene la serie, se ha convertido por méritos propios en el mejor personaje de la historia, en el más interesante. Y lo ha hecho porque, a diferencia del resto, tiene muchas caras, muchas luces y sombras. Poner el foco de atención en su figura es el punto de partida para empezar a construir algo sensiblemente diferente, si es que es posible y hay interés en hacerlo. Eso habrá que verlo en la quinta temporada. Por lo pronto, la cuarta etapa deja un sabor agridulce, una sensación que mejora conforme avanza el arco argumental y que termina casi haciendo olvidar el mediocre inicio del que provenía.

‘Musa’: la inspiración fallida del thriller


La opinión generalizada es que el cine actual carece de originalidad, motivo por el cual recurre en parte a las adaptaciones de libros, cómics, series y demás productos culturales. Y aunque puedo compartir hasta cierto punto esta idea, la realidad es que en el resto de la cultura tampoco es que exista mucha originalidad entre la que escoger. Y la nueva película de Jaume Balagueró (Frágiles) viene a ser la prueba de que el cine y la literatura tienden a repetir patrones.

Porque aunque el punto de partida y la trama de Musa pueden ser originales, el tratamiento al final resulta algo manido, excesivamente lineal y con poco espacio para la sorpresa. Su comienzo, sumamente interesante, da paso a un desarrollo dramático algo previsible, con puntos de giro poco sorprendentes y sin querer entrar demasiado en motivaciones de personajes y limitándose a ser una aventura de suspense sencilla y efectiva.

Todo esto no implica que sea una mala película. Es sencillamente una película más, enfocada a ofrecer al espectador un thriller al uso con unas interpretaciones correctas y un mundo, el de la literatura y las musas, con más interés en su significado que en lo que finalmente se relata en el film. Entre todo esto, la mano experta de Balagueró imprime algo de vida a momentos del guión sin demasiado brillo, aprovechando el tratamiento gris de la imagen para ofrecer una perversión, una transgresión del mundo bello y hermoso de la poesía y las musas. En este sentido, el aspecto formal supera con mucho el fondo de la historia.

Dicho esto, Musa es una historia que entretiene, que construye un thriller correcto sobre uno de los mitos más antiguos de la literatura y la poesía. Y lo hace sobre la base literaria de la novela de José Carlos Somoza para terminar superando la historia desde un punto de vista visual. A pesar del ritmo imprimido por Balagueró, el guión adolece de cierto tratamiento de personajes y de giros argumentales diferenciadores, lo que termina convirtiendo a esta cinta en un thriller más. En este caso, la inspiración no parece haber sido la correcta.

Nota: 6/10

‘Feliz día de tu muerte’: atrapada en el tiempo


Que la nueva película de Christopher Landon (Zombie Camp) tomo como referente el clásico atemporal de Bill Murray, Atrapado en el tiempo (1993), es algo más que evidente. De hecho, el epílogo de la propia película se permite el lujo de hacer una referencia explícita al film. Y ese detalle, aunque puede parecer insignificante, permite asumir con naturalidad el tono de esta cinta de terror adolescente que no pretende nada más que distraer, y lo consigue tomándose bastante a broma su propia premisa de partida.

Y ese es el gran atractivo de Feliz día de tu muerte. El tono irónico de la protagonista, interpretada por Jessica Rothe (The tribe), convierte esta historia en una eficaz (y en algunos casos inteligente) combinación de humor, terror y violencia (sin demasiada sangre, eso sí) sobre las posibilidades que ofrece vivir una y otra vez el mismo día, incluso si es el día en que un asesino decide matarte. Más allá de poder conocer la identidad del verdugo en cuestión, lo interesante es el proceso con el que la heroína comienza a cambiar su actitud, más o menos como el que vivió Murray en el clásico antes citado. Claro está, salvando una enorme distancia y entendiendo en todo momento que este guión ni cuenta con el reparto del film de los 90 ni tiene la misma profundidad dramática.

Precisamente este es uno de los puntos más débiles de la trama. La historia está tan preocupada en su despreocupado tratamiento que pasa por alto algunos detalles que habrían dotado al conjunto de un mayor peso dramático y, en última instancia, de un mayor interés. Para empezar, el hecho de que las sucesivas muertes realmente sí matan, aunque poco a poco, a la protagonista. Dar más relevancia a este detalle habría abierto un sinfín de posibilidades dramáticas y obligarían a la protagonista a tomar otras decisiones. Y luego está el detalle de la historia de amor, toscamente narrada, por no mencionar el modo en que la protagonista cambia su forma de ser al darse cuenta de sus errores. Se podría decir que todo el apartado dramático puramente hablando se deja a un lado para centrar la atención en el humor y las muertes. Y aunque no es algo necesariamente malo, sí resulta perjudicial si se deja entrever la posibilidad de que habría sido posible algo más.

Así que sí, Feliz día de tu muerte entretiene, divierte y en algún momento, pocos, asusta. Más o menos como cualquier film adolescente de asesinos en serie. En este sentido, podría ser digna sucesora de este tipo de films de los 80 y 90. Pero exige poco y ofrece poco a pesar de dejar sobre la mesa algunos conceptos claramente más interesantes que habrían dado otro sentido a la historia, imponiendo unos límites dramáticos a la heroína y obligando a buscar otras soluciones narrativas. Sin embargo, ya sea por miedo, por buscar la simplicidad o por falta de interés, la película apuesta por quedarse en la mera propuesta de terror adolescente sin consecuencias. Es una opción tan legítima como cualquier otra, y funciona, pero no entusiasma.

Nota: 6/10

4ª T. de ‘Sleepy Hollow’, o como intentar concluir de algún modo


El final de la tercera temporada de Sleepy Hollow ya hacía prever que la siguiente temporada, anunciada como la última, iba a ser más bien un epílogo de una historia ya contada que algo nuevo. Y en efecto, así ha sido. La ausencia de la principal protagonista ha obligado a los creadores de la serie a realizar equilibrismos dramáticos para tratar de dar un final relativamente correcto a esta historia de criaturas, mitología y literatura que comenzó siendo prometedora y se ha desinflado hasta quedarse en un producto más bien mediocre.

Los 13 episodios de esta cuarta temporada vienen a confirmar una de las ideas que parecen haber sido la única constante en la serie creada por Phillip Iscove, Alex Kurtzman (Star Trek: En la oscuridad), Roberto Orci (serie Fringe) y Len Wiseman (saga ‘Underworld’): que ningún personaje secundario es lo suficientemente relevante como para mantenerle más de una temporada. La incorporación de un nuevo reparto en esta recta final de esta ficción evidencia una falta de objetivos en lo que a construir un tejido de personajes lo suficientemente sólido y atractivo se refiere. Eso, o que los personajes creados nunca han tenido el carisma necesario para ser del agrado del público, obligando a buscar unos nuevos.

Sea como sea, lo cierto es que esta variedad de secundarios tiene un aspecto positivo y otro negativo. Lo bueno es que han sido catalizador de nuevas aventuras relativamente ajenas a lo anterior, ofreciendo una visión inocente del mundo de monstruos y demonios en el que viven los protagonistas. Esta cuarta temporada de Sleepy Hollow es buena prueba de ello. Sin embargo, esto también provoca que el espectador nunca pueda llegar a identificarse con nadie, salvo el personaje de Ichabod Crane (de nuevo con Tom Mison –La pesca de salmón en Yemen– para darle vida), perdiendo interés no solo en el devenir de los secundarios, sino en las historias que protagonizan. Curiosamente, el modo en que se abandonan estos personajes no es por muerte en el combate (salvo contadas excepciones) entre el bien y el mal; simplemente dejan de aparecer.

Y curiosamente también, esta forma de tratar a los “buenos” contrasta mucho con la forma de definir a los villanos, mucho más interesantes en el cómputo general de la serie. En esta temporada final, a pesar de que el antagonista (al que da vida Jeremy Davies –Una historia casi divertida-) tiene el peso dramático suficiente como para aguantar él solo esa parte del tratamiento, los creadores han decidido traer de vuelta a los que posiblemente sean los dos mejores personajes de toda la serie: el jinete sin cabeza y ese hijo brujo del protagonista. La conjunción de estos tres villanos debería, al menos en teoría, conformar un interesante cuadro, pero el resultado es muy diferente, posiblemente porque los dos segundos, con todo el poder mostrado durante toda la serie, quedan relegados a meros acólitos, como si su función no fuera otra que la de juntar viejos amigos en el final de la historia. Una lástima.

Testigos sin control

Como menciono en el título de este texto, la cuarta y última temporada de Sleepy Hollow parece más bien un intento algo desesperado por concluir una historia que debería haber finalizado en la tercera etapa. Lejos de ser un conjunto homogéneo de episodios, las aventuras de estos 13 capítulos se convierten en un viaje marcado por un cierto descontrol. Atrás queda la complicidad creada entre los protagonistas, que aquí trata de suplirse con un buen puñado de héroes que, en cierto modo, tienen diferentes aspectos de la personalidad del rol interpretado por Nicole Beharie (El expreso de Elmira). Y este tipo de intentos salen, en su inmensa mayoría, bastante mal, como es el caso.

No voy a entrar a valorar la idoneidad o no de convertir a la que presuntamente debe ser compañera de aventuras de Crane en una niña preadolescente. Lo que sí parece evidente es que la apuesta no aporta toda la fuerza dramática que cabría esperar. En este sentido, la serie ahonda en esta etapa final en su carácter más aventurero, dejando a un lado los aspectos más presuntamente terroríficos que podrían haberse dado cita en temporadas anteriores. El problema es que dicho aspecto aventurero lleva a sus creadores a introducir en la trama situaciones de lo más rocambolescas, dotando de un humor en ocasiones algo innecesario secuencias que antes tendían a tomarse más en serio, lo que a su vez genera que el tono de la serie pierda dramatismo.

Con todo, esta última temporada deja algunas ideas sumamente interesantes. Más allá de introducir enemigos de todas las culturas, épocas, religiones y condiciones, la serie adquiere su mayor interés en el tramo final, cuando el sacrificio del héroe dota al conjunto de un dramatismo que solo se había podido vislumbrar en la primera y parte de la segunda temporada. Dicho sacrificio, unido a una visión del futuro en caso de triunfar el mal, generan un marco tan diferente a lo visto hasta ese momento, tan trágico y tan desolador que la serie pierde, por un momento, el tono algo infantil mantenido hasta entonces para comportarse como la aventura fantástica y dramática que se presupone debe ser, y que de hecho fue en sus inicios.

Desde luego, la cuarta temporada de Sleepy Hollow es un fiel reflejo de la evolución tan irregular que ha tenido la serie. Su final, visiblemente forzado por las circunstancias (pérdida de interés, ausencia de la protagonista, etc.), trata de ser una salida digna a la caída progresiva de la calidad dramática y narrativa de esta ficción. Caída provocada, entre otras cosas, por una falta de objetivos claros. Y es que la serie, aunque planteada como tramas episódicas, ofrecía un potencial notable para ser tener arcos argumentales de temporadas completas. El problema es que para ello habrían sido necesarios buenos villanos autoconclusivos y unos secundarios sólidos que sustentasen a unos héroes carismáticos. Y salvo contadas ocasiones, el resultado no ha sido el esperado. Un ejemplo claro de cómo una serie con posibilidades puede derivar en un mediocre producto.

Balagueró presenta su ‘Musa’ deseando un ‘Feliz día de tu muerte’


10Se dice que la calma siempre precede a la tormenta. Y eso, llevado a los estrenos que cada viernes llegan a la cartelera española, vendría a ser lo que ocurre hoy, 10 de noviembre, con las novedades. Sin que ninguna de ellas sea un gran estreno, algo que se reserva para la próxima semana, sí son muchos y muy variados los géneros que se dan cita en las salas, destacando el terror, el drama y la comedia humana y social como grandes elementos.

De hecho, terror es lo que propone la única película de Hollywood esta semana, titulada Feliz día de tu muerte. El argumento, tan sencillo como efectivo, gira en torno a una joven que es asesinada por un enmascarado en el día de su cumpleaños. Sin embargo, algo ocurre y la joven despierta de nuevo en ese mismo día, reviviendo una y otra vez su asesinato a manos del misterioso asesino, que oculta su rostro en todo momento con una siniestra máscara. Esto permitirá a la chica tener el tiempo suficiente para averiguar la identidad y los motivos de su verdugo. Dirigida por Christopher Landon (Zombie camp), la cinta está protagonizada por Jessica Rothe (La ciudad de las estrellas – La La Land), Israel Broussard (Ingenua inocencia), Ruby Modine (Memoria), Rachel Matthews y Charles Aitken (The girl on the train).

También pertenece al terror Musa, lo nuevo de Jaume Balagueró (Mientras duermes) que cuenta con capital español, irlandés, francés y belga. La trama, adaptación de la novela de José Carlos Somoza, comienza cuando un profesor de universidad que no ha pisado las aulas desde la trágica muerte de su novia empieza a tener una recurrente pesadilla en la que una joven es asesinada en un extraño ritual. Cuando esa misma mujer aparece muerta en las mismas circunstancias se cuela en la escena del crimen para investigar lo sucedido y buscar respuestas a sus sueños, pero lo que encuentra es a otra mujer que ha tenido las mismas pesadillas. Juntos inician un viaje a un oscuro mundo en busca de la verdad. Elliot Cowan (Da Vinci’s demons), Franka Potente (Valerie), Ana Ularu (serie Emerald City), Manuela Vellés (Lobos sucios), Leonor Watling (Amor en su punto), Joanne Whalley (La medida de la venganza) y Christopher Lloyd (Un golpe con estilo) encabezan el reparto.

España también está presente en La librería, nueva película de Isabel Coixet (Nadie quiere la noche) que cuenta además con capital inglés y alemán. Basada en la novela homónima de Penelope Fitzgerald, la historia se centra en una viuda en un pueblecito costero de Inglaterra que, en los años 50, decide abrir una librería, lo que desencadenará un gran revuelo entre los vecinos. Este drama está protagonizado por Emily Mortimer (Spectral), Patricia Clarkson (serie House of cards), Bill Nighy (Su mejor historia), James Lance (Estranged), Michael Fitzgerald (El reino de los cielos) y Jorge Suquet (Requisitos para ser una persona normal).

Puramente española es Oro, aventura dramática de corte histórico que adapta la obra corta inédita de Arturo Pérez-Reverte inspirada, a su vez, en la expedición de los conquistadores españoles del siglo XVI, Lope de Aguirre y Núñez de Balboa, en busca de ciudades indígenas rebosantes de oro. Agustín Díaz Yanes (Solo quiero caminar) escribe y dirige esta película protagonizada por Raúl Arévalo (Cien años de perdón), José Coronado (El hombre de las mil caras), Bárbara Lennie (Contratiempo), Óscar Jaenada (Infierno azul), Luis Callejo (Tarde para la ira), Juan José Ballesta (Indeleble), Juan Diego (Anochece en la India), Anna Castillo (La Llamada) y Juan Echanove (serie Cuéntame cómo pasó), entre muchos otros.

La comedia tiene su principal representante en Algo muy gordo, cinta española que arranca cuando un guionista de televisión recibe la noticia de que, por un error jurídico, no tiene aprobado Bachillerato, teniendo que repetir octavo de EGB. Su regreso a las aulas y a un mundo que ya había olvidado provocará situaciones de lo más inexplicables. Dirigido por Carlo Padial (Mi loco Erasmus), el film cuenta en su reparto con Berto Romero (El pregón), Carlos Areces (La reina de España), Carolina Bang (El futuro ya no es lo que era) y Javier Botet (La Momia).

También española es Una función para olvidar, drama dirigido por Martín Garrido Ramis (Héroes de cartón) que comienza cuando una excéntrica y madura actriz con una modesta compañía teatral decide ensayar con todo su grupo en un pequeño hotel de la costa. La convivencia de todos los miembros será lugar a una creciente y problemática situación. María Castillo, Fernando Esteso (Re-emigrantes), Xisco Ródenas (Turbulencia zombi), Carmen Hoyos, Beatriz Barón (El hijo bastardo de Dios) y Esteban Balbi (Vino para robar) son los principales actores.

Entre el resto de estrenos europeos destaca The Square, película con capital sueco, alemán, francés y danés que, en clave de comedia dramática, centra su trama en un artista que expone en un museo una obra revolucionaria: una plaza en la que la gente participa e impone sus reglas. Lo que debería ser un acto de civismo que sacara lo mejor del ser humano termina convirtiéndose en el escenario de la hipocresía de la gente. Ruben Östlund (Fuerza mayor) escribe y dirige esta cinta protagonizada por Elisabeth Moss (serie Mad Men), Dominic West (Money Monster), Terry Notary (La guerra del planeta de los simios) y Claes Bang (La niña de la selva).

Reino Unido y Hungría colaboran en La mejor receta, comedia dramática de 2015 cuya trama comienza cuando un veterano panadero judío con un humilde negocio en Londres decide contratar a un joven aprendiz musulmán que le ayude a mantener a flote el negocio. Un día al joven se le cae por accidente marihuana en la masa del pan, lo que provocará un aumento de las ventas. John Goldschmidt (Just one kid) dirige esta cinta entre cuyos intérpretes destacan Jonathan Pryce (Hysteria), Phil Davis (Mr. Holmes), Ian Hart (serie Luck), Pauline Collins (Albert Nobbs) y Malachi Kirby (Gone too far).

El thriller es el género principal de Pasaje de vida, producción hispano argentina de 2015 dirigida por Diego Corsini (Solos en la ciudad) que narra tres momentos en la vida del protagonista de forma paralela. Por un lado, su juventud como militante en compañía de su amada; por otro, su huída a España para salvar su vida; y finalmente, el conflicto con su hijo que desea irse a vivir a otro país. Drama y romance también se dan cita en este film protagonizado por Chino Darín (Muerte en Buenos Aires), Miguel Ángel Solá (El corredor nocturno), Carla Quevedo (20.000 besos), Javier Godino (Los días no vividos), Marco Antonio Caponi (Olvídame) y Silvia Abascal (El amor se mueve).

En lo que a animación se refiere, Japón y Estados Unidos colaboran en Yo-Kai Watch, la película, aventura de 2014 que combina acción y humor y que arranca cuando el protagonista descubre un reloj en el bosque que le lleva a conocer a un fantasma, y que le permitirá ver desde ese momento todo tipo de criaturas sobrenaturales con las que vivirá una gran aventura. La cinta está dirigida a cuatro manos por Shigeharu Takahashi y Shinji Ushiro, habituales directores de la serie de televisión en la que se basa este film que, para ambos, es su debut en el largometraje.

En cuanto al documental, dos son las propuestas. La Chana narra la historia de la bailaora autodidacta Antonia Santiago Amador, figura imprescindible del flamenco en los años sesenta y setenta, cuando sorprendió al mundo con un estilo innovador y veloz. La diva, sin embargo, abandonó los escenarios repentinamente en el cénit de su carrera, y actualmente vive en Cataluña con el recuerdo de lo que un día fue. Lucija Stojevic debuta en el largometraje con esta propuesta.

Finalmente, cine y deporte se unen en Bernabéu, una mirada a la figura del expresidente del Real Madrid, que ocupó el cargo 35 años y que dio nombre al estadio de fútbol, a través de entrevistas a veteranos del club, imágenes y audios. El productor Ignacio Salazar-Simpson debuta como director con este film.

El cambio generacional llega a ‘The Big Bang Theory’ en su 10ª T.


No estoy particularmente en contra de una serie longeva. Cada producción debe tener las temporadas necesarias, sin alargar el chicle del éxito de forma innecesaria ni tampoco recortar en el desarrollo dramático de las historias para reducir su duración. Dicho esto, creo que The Big Bang Theory está empezando a sufrir el mal de las sitcoms que duran más de lo que deberían, o al menos cuyas tramas muestran signos de cansancio. Porque si su novena temporada ya inició el camino a la madurez de sus protagonistas, en esta décima etapa de 24 episodios se puede decir que estamos metidos de lleno en esa presunta vida adulta de estos jóvenes. Y esto tiene visos de alargarse.

Este cambio narrativo, al menos en lo que a su fondo se refiere, no debería ser algo negativo en la serie creada por Chuck Lorre (Dos hombres y medio) y Bill Prady (Los líos de Caroline). De hecho, y desde una cierta perspectiva, resulta interesante comprobar cómo los amigos protagonistas afrontan los problemas de una vida en pareja y de una madurez a la que no estaban acostumbrados hasta ahora, teniendo como momento culmen el final de esta temporada, que aquellos que hayan comenzado a ver la undécima ya sabrán cómo se resuelve. Esta apuesta por hacer avanzar la serie, sin lugar a dudas, es positivo por dos motivos evidentes. Por un lado, porque se aleja de la estructura clásica de este tipo de producciones en la que los protagonistas apenas evolucionan y los cambios se producen más por elementos externos. Y por otro, porque se abren nuevas posibilidades dramáticas y se amplía el abanico argumental.

Sin ir más lejos, en esta temporada se ha incidido más en la relación del grupo con varios personajes secundarios y episódicos, se han explorado tramas secundarias que se habían dejado un poco de lado por necesidades de guión, e incluso se han potenciado algunos aspectos de la personalidad de roles como el de Kunal Nayyar (Dr. Cabbie) que se habían quedado en un segundo plano. Todo ello es gracias a la nueva situación que viven los protagonistas. Los cambios de estatus en la trama principal afectan directamente a las líneas argumentales secundarias, que a su vez se renuevan para amoldarse y reaccionar ante las novedades en la principal. Se aprecia de este modo un tratamiento orgánico de la trama, algo que siempre es de agradecer porque fortalece el universo friki y cómico creado en The Big Bang Theory.

Pero esta evolución tiene dos caras, y es que los personajes están dejando, poco a poco, de ser aquellos que enamoraron a los espectadores al comienzo de la serie. Sí, resulta muy interesante ver a Leonard, a Sheldon, a Penny, a Howard y a Raj afrontar el matrimonio, la convivencia en pareja, el respeto por los gustos del otro, la paternidad, etc. Y precisamente la lucha entre sus diferentes formas de ser, sus pasados y sus futuros es lo que genera algunas de las situaciones más hilarantes y divertidas de la temporada. Pero como esta situación no puede sostenerse, poco a poco ese aspecto friki, que siempre seguirá existiendo, dejará paso, como de hecho ya hace en esta etapa, a una cierta responsabilidad. Y eso es lo que puede terminar por afectar al conjunto de la serie.

Sin problemas internos

Es más, en esta décima temporada de The Big Bang Theory ya se han ido perdiendo buena parte de los elementos que han definido a la serie durante estos años. Para empezar, han desaparecido casi por completo los problemas internos en el grupo. Tanto es así que lo único que parece generar algo de conflicto es el propio Sheldon Cooper (de nuevo con Jim Parsons –Figuras ocultas– en estado de gracia), cuya actitud con su novia es el catalizador de algunos de los momentos más dramáticos de estos episodios. Pero salvo esto, el resto de personajes parecen haber encontrado una estabilidad única, capaz de suprimir los problemas de pareja y de convertirles en un cúmulo de tolerancias hacia las excentricidades del otro. Y aunque es lógico, pues no van a estar peleando toda la vida, también resta dinamismo a buena parte del ritmo de la serie.

En este sentido, la ficción ha perdido fuerza de forma evidente. Se ha tratado de sustituir con agentes externos que incidan en la dinámica del grupo y haga aflorar cierta rivalidad entre ellos, cierto dinamismo que devuelva esa irritabilidad a Sheldon, esa inseguridad a Leonard. Y gracias a eso se ha logrado, pero de forma intermitente. No me malinterpreten. La serie sigue siendo una de las más divertidas de la televisión actual, con algunos gags hilarantes y con constantes referencias a la ciencia, los cómics y los videojuegos que harán las delicias de los espectadores más frikis. Pero mientras que antes existía una cierta satisfacción tras la carcajada en el sofá y la risa enlatada de las escenas, ahora esa carcajada parece esconder cierto anhelo por una dinámica dramática que se está perdiendo, y que dado que la serie está avanzando como está avanzando, parece que no va a ser posible recuperar.

Así las cosas, es necesario comprender que la serie empieza a ser algo diferente. En algunos casos incluso nuevo. Y tiene que ser entendido tanto por guionistas como por espectadores. Los primeros para poder sacar el máximo partido a las nuevas situaciones que viven los protagonistas partiendo de la base de que la dinámica detrás del éxito de las aventuras y desventuras de estos amigos se halla en las diferencias de carácter y en cómo afrontan la convivencia juntos. Y los segundos porque solo entendiendo estos cambios podrán disfrutar al máximo de esta producción como han hecho hasta ahora. La clave, de nuevo, está en el guión y en el tratamiento de los personajes, que a pesar de madurar y evolucionar deben seguir siendo capaces de mostrar sus diferencias como hasta ahora, y no perderse en la rutina de la madurez.

De ahí que esta décima temporada de The Big Bang Theory sea la mejor prueba de los riesgos que corre una serie cuando se ve obligada a evolucionar sin entender bien las bases de sus dinámicas dramáticas y cómicas. Es la mejor prueba porque, por suerte, la ficción ha perdido solo parte de su esencia, manteniendo intacta buena parte de su comicidad y de los aspectos que más la definen, entre ellos unos protagonistas que ya son parte de la historia de la televisión. El peligro está en el futuro y en el tiempo que se quiera estirar el éxito, pues de ello depende que el espectador mantenga en su cabeza la fantasía de unos personajes o los vea madurar y decaer en la pequeña pantalla. Por lo pronto, la evolución cada vez es más evidente, y aunque se está haciendo de forma orgánica a lo largo de varias temporadas, ya nunca volveremos a ver a ese grupo que comenzó hace tantos años. El cambio generacional de los personajes ha llegado.

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