‘La cura del bienestar’: un malsano soplo de aire fresco


Existía un notable interés por ver lo que era capaz de hacer Gore Verbinski (Rango) en su regreso tras las cámaras después de las duras críticas recibidas con su último film. Alejado de grandes superproducciones y efectos millonarios, el director ha optado por un thriller de pura serie B, con doctores locos, curas milagrosas y conspiraciones centenarias. Una historia compleja visual y narrativamente hablando, una tela de araña delicadamente elaborada que obliga al espectador no solo a seguir atentamente la trama, sino a cuestionarse casi cada fotograma que ve en pantalla.

En este sentido, La cura del bienestar es un soplo de aire fresco, utilizando para ello una atmósfera malsana y decadente. La puesta en escena del director, perturbadora como pocas, pone a prueba la sensibilidad de cualquiera, optando por exponer ante los ojos del espectador las secuencias más duras sin cortes ni recursos de ningún tipo. Pero a la crudeza de algunas de las imágenes se suma un arco argumental sólido en líneas generales que plantea interrogantes de forma progresiva para evitar caer en el tedio, logrando un incremento de la intriga cuya resolución, sin embargo, no es la más adecuada.

Y es que ese es el gran problema del film. Bueno, de este y de muchos similares. El argumento se enreda de tal modo que su resolución resulta un tanto tosca, bruta si se prefiere, sobre todo si se compara con la sutileza de muchos de sus momentos a lo largo de las dos horas y media que dura. Metraje, por cierto, excesivo, con demasiados epílogos y conclusiones que, aunque es cierto que dan sentido a muchas de las tramas secundarias abiertas, alargan demasiado una historia que se podría haber resuelto en hora y media, sobre todo porque (y esto posiblemente sea otro fallo del guión) el espectador intuye quién es quién en esta historia desde los primeros minutos, por lo que alargar la intriga, al final, rompe con la buena marcha que había tenido el film.

Su resolución, aunque alargada, no impide disfrutar de La cura del bienestar, sobre todo porque deja en el espectador la necesidad de reflexionar sobre todo lo ocurrido, de unir todas las piezas del puzzle planteadas a lo largo de la trama. Una obra exigente psicológica y visualmente que atrapa al espectador en esos malsanos entornos de los hospitales antiguos tan dados a experimentos, que en este caso removerán algún que otro estómago. Y aunque pueda gustar más o menos, el hecho de que obligue a una reflexión posterior ya es de por sí un logro en los tiempos que corren.

Nota: 6,5/10

‘Redención’: sangre, sudor y lágrimas


Pocos subgéneros acogen mejor las historias de superación personal que el pugilístico. La lucha física y mental de un hombre enfrentado a un rival (que suele representar la sociedad y sus propios miedos) al que tiene que derrotar con sus puños y su fuerza de voluntad tiene algo redentor, como el propio título de esta película refleja. Es fácil identificarse con ellos. Y si la historia además está bien construida y cuenta con auténticos maestros delante y detrás de las cámaras, el resultado, aunque mejorable, suele ser inolvidable.

Y eso es precisamente lo que ocurre con Redención. Si bien es cierto que el guión de Kurt Sutter, creador de la serie Hijos de la Anarquía, puede ser previsible en sus planteamientos y su desarrollo, no por ello deja de ofrecer una serie de conflictos dramáticos inteligentemente planteados, introducidos en la trama de forma precisa para impedir que el ritmo decaiga. A ello se suma una realización brillante de Antoine Fuqua (Training Day), quien vuelve a demostrar que es capaz de exprimir al máximo las posibilidades de todos sus films, explorando el dramatismo a través de planos arriesgados y sumamente emocionales (viscerales en este caso). Lo cierto es que todo en este film encaja casi a la perfección, creando un armonioso conjunto en el que brilla con luz propia Jake Gyllenhaal (Enemy), uno de esos pocos actores capaces de dotar de mayor dramatismo a un personaje a priori mas simple.

El mayor problema, y no es algo anecdótico, está precisamente en el guión. La trama, aunque bien desarrollada, deja por el camino algunas historias secundarias que podrían haber nutrido mucho más (y mucho mejor) el contexto de violencia y arribismo en el que se mueve el protagonista. Centrada como se centra en la historia del boxeador y su hija, la historia deja a un lado a ciertos personajes secundarios que aportan mucho en los pocos momentos en los que tienen cierta presencia, planteando la duda acerca de la idoneidad de que hubieran tenido más peso dramático en el desarrollo argumental.

En cualquier caso, es algo que suele achacarse a estas historias. El boxeo es lo que tiene, y lo cierto es que el espectador tiende a esperar poco más de este tipo de tramas. Lo importante siempre es si estos films son capaces de superar las expectativas, y en el caso de Redención lo consigue con creces. Desde un espléndido reparto hasta un director con un lenguaje visual propio y apasionante, pasando por una banda sonora idónea y una fotografía que explota al máximo las posibilidades del cuadrilátero, el film ofrece al espectador todo y más, aunque lo hace desde un punto de partida previsible y algo lineal.

Nota: 7/10

Verbinski presenta ‘La cura del bienestar’ para lograr su ‘Redención’


Marzo está siendo un mes de lo más variado en lo que a estrenos se refiere. A pesar de que semana tras semana no son demasiadas las novedades que llegan a la cartelera, desde luego sí abarcan un amplio abanico de gustos y temáticas. Y para muestra los títulos que pueden verse a partir de este viernes, 24 de marzo, que marca el regreso de uno de los directores más taquilleros de los últimos años.

Ese director es Gore Verbinski (Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto), y su nuevo film es La cura del bienestar, thriller de corte fantástico y con dosis de terror que gira en torno a un joven ejecutivo cuya misión es traer de vuelta al director de su empresa, en un misterioso retiro en un centro de bienestar en los Alpes suizos. Una vez allí descubrirá que nada es lo que parece, y su cordura será puesta a prueba cuando él mismo se vea sometido al tratamiento que parecen seguir todos los pacientes, y que les mantiene a la espera de una cura. Dane DeHaan (The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro), Mia Goth (Everest), Jason Isaacs (Corazones de acero), Celia Imrie (Absolutamente fabulosas), Adrian Schiller (Remainder) e Ivo Nandi (serie Hijos de la anarquía) encabezan el reparto.

También destaca esta semana Redención, film de 2015 dirigido por Antoine Fuqua (Los 7 magníficos) y con guión de Kurt Sutter, creador de series como Hijos de la anarquíaThe shield. Ambientado en el mundo del boxeo, este drama se centra en un campeón de los pesos semipesados cuya vida, perfecta junto a su mujer y su hija, da un vuelco cuando su manager y amigo le abandona. Será entonces cuando recurra a un veterano bombero que dirige un gimnasio para que le entrene y recuperar lo que una vez fue a través de un viaje de redención. El reparto está integrado por Jake Gyllenhaal (Prisioneros), Rachel McAdams (Spotlight), Forest Whitaker (El mayordomo), el rapero 50 Cent (Espías), la cantante Rita Ora (Cincuenta sombras de Grey), Naomie Harris (Skyfall), Miguel Gomez (The Domino effect) y Clare Foley (serie Gotham), entre otros.

Este viernes también llega a la cartelera la española El bar, última comedia con dosis de thriller y humor negro dirigida por Álex de la Iglesia (Mi gran noche) cuya trama se centra, precisamente, en un céntrico bar de Madrid. Los personajes que allí se dan cita nada tienen en común salvo el hecho de estar en el mismo lugar en el peor momento. Y es que cuando uno de ellos sale del local con prisa recibe un disparo en la cabeza. Ninguno de los demás acude en su auxilio temiendo que pueda pasarle lo mismo, iniciándose una espiral de miedo que les llevará a sospechar unos de otros. Entre los actores principales encontramos a Mario Casas (Toro), Blanca Suárez (Perdiendo el norte), Secun de la Rosa (El tiempo de los monstruos), Jaime Ordóñez (Las brujas de Zugarramurdi), Carmen Machi (Villaviciosa de al lado), Terele Pávez (La puerta abierta), Joaquín Climent (Pieles), Alejandro Awada (El jugador) y José Sacristán (Magical girl).

En 2015 también se produjo Una historia de locos, drama francés basado en la autobiografía de José Antonio Gurriaran que narra cómo una víctima colateral de un atentado en 1981 termina convirtiéndose en portavoz del joven que puso la bomba en el coche del embajador en Turquía. El film aborda el viaje tanto de la víctima, que llega a vivir con la familia de aquel que hizo explotar el vehículo, como de su verdugo, un chico armenio que se une al Ejército de Liberación de Armenia en Beirut para, algún tiempo después, rechazar las ideas que defienden. Dirigida por Robert Guédiguian (Las nieves del Kilimanjaro), la cinta está interpretada por, entre otros, Ariane Ascaride (La profesora de lengua), Grégoire Leprince-Ringuet (Black heaven), Simon Abkarian (El padre), Serge Avedikian (Pollo con ciruelas), Razane Jammal (Caminando entre las tumbas) y Syrus Shahidi (El caso SK1).

Con algo de retraso, y procedente de Suecia, llega Un hombre llamado Ove, comedia dramática de 2015 que ha cosechado dos nominaciones a los Oscar de 2017 y cuyo argumento se centra en un hombre cascarrabias obsesionado con el orden que trae de cabeza a todo su barrio. La vida de este casi sesentón cambia poco a poco a medida que una serie de circunstancias le devuelven la fe en el género humano. Curiosamente, ese cambio irá acompañado de una transformación en su comunidad, que comprenderá que el hombre es una pieza fundamental del buen funcionamiento de los vecinos. Hannes Holm (Los Andersson en Grecia) escribe y dirige esta adaptación de la novela de Fredrik Backman que protagonizan Rolf Lassgård (Storm), Filip Berg (Odödliga), Ida Engvoll (Medicinen), Bahar Pars (Knäcka) y Johan Widerberg (Happy end).

Desde fuera de Europa se estrena Rara, drama chileno de 2016 que supone el debut en la dirección de largometrajes de Pepa San Martín. La cinta se centra en una joven a las puertas de la adolescencia, cuando comienza a sentirse rara con su propio cuerpo. Es entonces cuando su padre, separado de su madre y con una nueva mujer, decide pedir su custodia y la de su hermana. Mariana Loyola (Génesis Nirvana), Agustina Muñoz (La princesa de Francia), Emilia Ossandon y Julia Lübbert (Bareta) son las principales actrices.

Japón es el país de origen de I am a hero, adaptación del manga de Kengo Hanazawa realizada en 2015 que narra cómo un dibujante de manga cuya vida es un desastre debe afrontar la aparición de un virus que convierte a los hombres en monstruos sedientos de carne humana difíciles de matar. Durante la huida del hombre se encontrará con personajes que le demostrarán el verdadero rostro del ser humano. Terror y drama se mezclan en este film dirigido por Shinsuke Sato (The time of death) y protagonizado por Yô Ôizumi (Kiyosu kaigi), Hisashi Yoshizawa (Believer), Yu Tokui (Simsons), Makita Sports (Outrage), Natsu Andô, Kazunori Kaneko y Jin Katagiri (Shaffuru).

Finalizamos el repaso con un documental español. La gran ola, ópera prima de Fernando Arroyo, explora la posibilidad de que se produzca un tsunami en las costas españolas.

‘Crudo’: esas oscuras ansias de carne


Es difícil definir qué caracteriza a una buena película, pero si quiere tener algo de relevancia debe ofrecer al espectador, al menos, algo sobre lo que reflexionar, algo que permita que perdure más allá del encendido de luces en una sala de cine. Es algo complicado de encontrar hoy en día. Por eso cuando ocurre es digno de mención, y si lo consigue una debutante directora con un film tan perturbador como inteligente sin duda merece ser ensalzados tanto creador como creación.

Es lo que ocurre con Crudo, cinta catalogada como terror que va mucho más allá para analizar, lejos de efectismos baratos y de sustos gratuitos, el descubrimiento de uno mismo en un entorno tan propicio para ello como la Universidad. Se podría decir que Julia Ducournau utiliza esa idea para abordar un cambio mucho más profundo, una reflexión sobre quiénes somos, cómo nos condiciona la familia y qué llegamos a ser cuando nos alejamos de ese entorno protegido en el que hemos vivido durante toda nuestra vida. Y lo hace con un guión elaborado cuyos giros argumentales, aunque no demasiado destacables, generan una creciente intensidad dramática que estalla de forma inesperada con un clímax y una resolución que cambian irremediablemente la visión que hasta ese momento se tenía de la historia.

De este modo, el arco dramático adquiere un mayor peso específico, confirmando la idea de que siempre es mejor una sólida trama que la violencia o los sustos gratuitos. Claro que eso no impide que la cinta tenga ciertos momentos perturbadores… muy perturbadores. Acentuados por una banda sonora tan estridente como perfecta, los momentos en los que la protagonista (espléndida Garance Marillier, que también debuta en el largometraje) comienza a descubrir su verdadera naturaleza pueden contarse con los dedos de una mano, pero qué dedos. Y nunca mejor dicho, por cierto. Puede que no haga las delicias de aquellos que se aproximen a ella buscando vísceras, sangre y gore, pero desde luego ofrece una perspectiva diferente del canibalismo, entendido este como algo más profundo, más arraigado en la naturaleza humana.

La primera película de Ducournau se revela, por tanto, como un testimonio inquietante a la par que bello, violento a la par que inteligente. Crudo es, ante todo, una historia sumamente dramática, planteada como recorrido por la evolución de un personaje que descubre su verdadera naturaleza. Visto en perspectiva, y una vez el giro final da un nuevo y revelador sentido a la trama, la película posee numerosas lecturas, casi tantas como espectadores. Desde la concepción sociológica de que el paso a la Universidad abre la mente a nuevas realidades, hasta la perspectiva más familiar y la protección de los hijos ante el mundo, pasando por la pura violencia de un instinto animal. En definitiva, una obra compleja, completa y recomendable incluso para aquellos que no estén habituados a este tipo de cine.

Nota: 7,5/10

‘Orange is the new black’ confirma su apuesta desordenada en la 4ª T.


Es justo reconocer que Orange is the new black ha sabido reinventar su fórmula para, con los mismos personajes y el mismo contexto dramático, convertirse en algo completamente diferente a lo que se planteó en su primera temporada. La llegada de la, en teoría, protagonista a la cárcel de mujeres ha dado paso a una ficción coral en la que cada vez más personajes tienen relevancia en la trama. Pero su cuarta temporada confirma otra idea que tal vez sea menos positiva, y es el hecho de que todos estos personajes provocan un errático avance argumental que puede jugar en contra de esta producción creada por Jenji Kohan (serie Weeds).

Ya ocurrió con la anterior temporada. Los 13 episodios que conforman esta cuarta etapa poseen el denominador común de no tener denominador común, salvo tal vez el hecho de transcurrir en una cárcel y la llegada de un grupo de guardias a cada cual más tirano. La ausencia de un desarrollo dramático con cierta continuidad de un episodio a otro provoca la sensación de estar ante una ficción sin un objetivo claro, sin una línea argumental que se nutra de otras secundarias y que el espectador pueda seguir de forma más o menos nítida.

El resultado más inmediato de esta apuesta por el caos que hace Kohan es la pérdida de interés. La cuarta temporada de Orange is the new black posee numerosas depresiones de ritmo y narrativas que invitan a desconectar demasiado a menudo de la trama principal, que existe escondida en un bosque de líneas argumentales secundarias. La falta de una conexión clara, unida a que algunos episodios se olvidan de conflictos planteados previamente solo porque hay que dar cabida a muchas historias, invita a perder el rastro de lo realmente importante, amén de que algunos personajes principales de anteriores etapas no hacen acto de presencia hasta bien entrada la temporada, lo que acentúa la sensación de desconexión con lo visto hasta ahora, sobre todo si no se recuerdan determinados detalles.

Todo ello, como digo, provoca un cierto vértigo y, en algunos casos, incluso hastío. Pero al igual que ocurriera en la anterior etapa, todo esto enmascara en realidad una línea argumental que resulta interesante si se observa con cierta distancia y de forma global. Y, como analizaremos a continuación, conduce a un final tan atractivo como complejo, tan significativo como indispensable para cambiar el futuro de la serie de un modo irrevocable. Es precisamente ese final el que revela que existe algo más que tramas secundarias unidas por los personajes, y es el que evidencia que tras todo el caos se esconde una historia profunda.

Drama, mucho drama

A pesar de las apariencias, y de que el humor ácido es una tónica habitual de la serie, Orange is the new black posiblemente haya alcanzado su techo dramático en esta cuarta temporada. Claro que con el episodio final se deja la puerta abierta a un tratamiento dramático mucho mayor, pero en líneas generales estos 13 capítulos se confirman como los más difíciles para los personajes protagonistas. Bandas raciales, torturas (entre presas y por parte de los vigilantes) e incluso una muerte son algunos de los hitos dramáticos de esta etapa. Muerte que, sin desvelar a quien afecta, debe ser entendida como un recurso narrativo necesario para dar un giro argumental a todo el planteamiento.

Incluso la pérdida de protagonismo del personaje de Taylor Schilling (Noche infinita) está mejor integrada en el conjunto de la serie, ya sea por el caos de tramas a su alrededor o porque ha encontrado su hueco entre tanto personaje mucho más interesante. Personalmente me decanto por la segunda opción. Sea como sea, lo cierto es que su falta de protagonismo (y de carisma en algunos casos) ha permitido a la trama centrarse en el pasado de muchos roles, continuando de este modo la estructura dramática que tanto define a esta ficción. Pero también ha permitido, y esto es más importante, abordar la evolución dramática de este amplio abanico de roles femeninos, lo que ha enriquecido notablemente la visión general de las relaciones entre personajes.

Vista en perspectiva, esta cuarta etapa confirma esa ausencia de una línea argumental única (o al menos principal) que se nutre de tramas secundarias. Más bien al contrario, cada historia de cada personaje tiene su importancia y camina de forma paralela al resto. Pero si algo diferencia a estos episodios es que esta estructura dramática se ha definido más y mejor, permitiendo apreciar un cierto sentido, aunque sea muy genérico, sobre lo que realmente aborda esta temporada. El problema es lo que se menciona al principio del párrafo: esto se aprecia con la perspectiva de haber superado los 13 capítulos. Durante ellos, y salvo el tramo final de la historia, puede resultar muy difícil seguir el hilo argumental, y por tanto mantener el interés.

Y aquí está la piedra angular de todos los problemas de Orange is the new black. A pesar de sus potentes personajes, a pesar de su valiente e inteligente tratamiento argumental, la serie tiene tantos y tan buenos personajes que darles a todos una cierta relevancia termina por difuminar en exceso lo que se quiere contar. Esto tiene difícil solución, pues al fin y al cabo es la esencia de la serie. Esta cuarta temporada demuestra que la ficción de Kohan ha alcanzado un delicado equilibrio que se rompe con demasiada facilidad. Dicho de otro modo, la serie puede resultar tediosa, pero siempre existen ciertos momentos de interés que se van agrandando conforme se llega a la resolución del arco dramático. Es algo que pasó en la tercera temporada y que aquí se acentúa. El final de esta etapa deja la puerta abierta a un cambio total, que según todas las informaciones se va a producir a nivel dramático y narrativo. Veremos, porque de no ser así puede ser consumida por su propia originalidad.

‘La Bella y la Bestia’: animación de carne y hueso


Las producciones Disney tienen muchos defectos, pero si por algo pueden ser defendidas es por la magia que desprenden en cada plano, por esa capacidad de llevar al espectador, sea de la edad que sea, a un momento de su vida en el que todo era fantasía, en el que todo estaba por descubrir. Y si eso ya tiene mérito, lograrlo con una versión en imagen real de una historia mil veces vista y cantada es un reto al alcance de muy pocos.

De ahí que esta nueva versión de La bella y la bestia tenga tanto mérito. La traslación al mundo de carne y hueso de esta fantasía con objetos animados no solo es fiel al original, sino que logra desprender el carrusel de emociones que tienen sus canciones, amén del recorrido dramático de sus personajes, interpretados por unos actores que disfrutan con cada línea de diálogo y con cada movimiento de baile. Esa diversión se traslada, en última instancia, al desarrollo argumental de la historia, adaptada en algunos aspectos a los tiempos modernos pero sin perder de vista en ningún momento la fuerza de la poderosa historia de base.

Es magia, sí. Es romance, ternura y diversión. Pero incluso su intención por ser fiel al original (coartado, claro está, por los límites que impone la realidad) deja espacio para la introducción de ciertas secuencias que ayudan a explicar algo mejor la evolución de los personajes, su pasado y su futuro, y cómo todo termina por tener más coherencia. Dichas secuencias, aunque inteligentemente introducidas, restan sin embargo algo de ritmo al resto del desarrollo, lo que al final deja un sabor agridulce en un film, por otro lado, muy completo que aprovecha con bastante habilidad los recursos del musical y de la fantasía animada en la que se basa (atención al número del comedor o al clásico baile en el salón).

Al final, lo realmente importante es si La bella y la bestia logra emocionar tanto como su original animado. La respuesta es un rotundo sí. O al menos, un SÍ con mayúsculas. Quizá su mayor problema sea que, en ese intento por no ser una copia exacta, trata de introducir elementos nuevos cuyo funcionamiento dentro del engranaje dramático no siempre es el idóneo. Pero desde luego, si ese es el mayor problema, bendito sea, porque lo cierto es que, aunque perjudica al ritmo, ayuda a completar la historia, haciéndola algo más adulta y compleja. Disney ha encontrado un nuevo nicho de mercado en estas versiones en imagen real. ¿Cuál será la siguiente?

Nota: 7/10

Regresa el clásico. Regresa ‘La bella y la bestia’ en carne y hueso


Habrá muchos que hayan marcado en el calendario este viernes, 17 de marzo, como uno de los días imprescindibles en lo que a estrenos se refiere. Desde luego, a tenor de lo que llega a la cartelera española así lo parece, porque salvo la principal novedad, llamada a ser uno de los taquillazos del año, poco más parece destacar para el gran público, lo cual no quiere decir que carezcan de interés. Pero si hay algo que destaca esta semana es la nueva versión en imagen real de un clásico Disney.

En esta ocasión le toca el turno a La bella y la bestia, una de las cintas más taquilleras y recordadas de la compañía que vuelve a la gran pantalla copiada casi plano a plano de su original animado de 1991, aunque adaptada para el público actual. La historia, para aquellos que todavía no la conozcan, narra cómo una hermosa joven, lista e independiente, es capturada por una bestia para salvar a su padre. Entre estos dos personajes comenzará a surgir el amor cuando ella empiece a ver más allá del terrible aspecto y descubra que, en el fondo, hay un gran hombre. La música vuelve a ser parte fundamental de este film dirigido por Bill Condon (Mr. Holmes) y protagonizado por Emma Watson (Regresión), Dan Stevens (Caminando entre las tumbas), Luke Evans (La chica del tren), Emma Thompson (Un paseo por el bosque), Ewan McGregor (Un traidor como los nuestros), Ian McKellen (X-Men: Días del futuro pasado), Kevin Kline (Mi casa en París), Josh Gad (Pixels) y Stanley Tucci (Spotlight).

Muy diferente es Imperium, thriller dramático basado en la vida de un agente del FBI que estuvo durante años infiltrado en grupos neonazis estadounidenses. La trama arranca cuando este joven agente decide aceptar el encargo de su superiora para introducirse en una de estas bandas, de la que se sospecha que podría estar preparando acciones terroristas. Ópera prima de Daniel Ragussis, quien también es autor del guión, la cinta cuenta con un reparto encabezado por Daniel Radcliffe (Victor Frankenstein), Toni Collette (Mejor otro día), Burn Gorman (La cumbre escarlata), Sam Trammell (serie True Blood) y Nestor Carbonell (Cristiada).

La comedia dramática tiene a Los Hollar como principal representante. John Krasinski (Tierra prometida) dirige y protagoniza esta historia sobre un hombre que debe regresar a su pueblo natal tras enterarse de que su madre está muy enferma y va a ser sometida a una cirugía cerebral. Acompañado de su novia, embarazada de ocho meses, el joven tendrá que hacer frente a la vida que ha dejado atrás y a su disfuncional familia. Entre los actores también destacan Anna Kendrick (El contable), Margo Martindale (serie The americans), Richard Jenkins (Asalto al poder), Sharlto Copley (Chappie) y Mary Elizabeth Winstead (Calle Cloverfield 10).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, más concretamente al español. Incierta gloria es lo nuevo de Agustí Villaronga (Pa negre), un drama que adapta la novela de Joan Sales en la que un joven oficial republicano es destinado a un puesto temporalmente inactivo en el Frente de Aragón en 1937. Allí se enamora de una enigmática viuda que le convence para falsificar un documento que convierte a la mujer en señora de la comarca. La situación se complica cuando un amigo del oficial descubre el delito y, a cambio de no delatarle, le exige que aleje a su mujer y su hijo de los bombardeos de Barcelona. El reparto está encabezado por Terele Pávez (La puerta abierta), Oriol Pla (Truman), Juan Diego (Todo es silencio), Marcel Borràs (Ahora o nunca), Fernando Esteso (Cuatro mujeres y un lío) y Luisa Gavasa (La novia).

Francia y Bélgica se encuentran detrás de Crudo, thriller de terror que arranca cuando una joven vegetariana logra entrar en la facultad de veterinaria. Será allí donde sus gustos no serán entendidos por sus compañeros, que logran obligarla a comer carne casi a diario. Pero lo que comienza como una especie de tortura despierta en la joven un ansia por comer carne que termina llevándola a consumir todo tipo de carne cruda a cualquier hora del día. Unas ansias que deberá calmar por el bien de todos sus compañeros. Julia Ducournau debuta en el largometraje cinematográfico con esta cinta interpretada por Laurent Lucas (Floride), Bouli Lanners (De óxido y hueso), Rabah Nait Oufella (Atracadores), Ella Rumpf (Chrieg) y Garance Marillier, entre otros.

Francia también colabora, aunque en esta ocasión con Italia, en Locas de alegría, comedia dramática dirigida por Paolo Virzì (El capital humano), quien también colabora en el guión de esta historia centrada en dos mujeres muy diferentes. Por un lado, una condesa charlatana y adinerada que está convencida de encontrarse entre los círculos políticos más importantes. Por otro, una joven introvertida y tatuada envuelta en su propio halo de misterio. Lo que ambas comparten es que son pacientes de una delirante institución psiquiátrica. Valeria Bruni Tedeschi (Mi familia italiana), Micaela Ramazzotti (El nombre del bambino), Valentina Carnelutti (Arianna) y Elena Lietti (Il rosso e il blu) encabezan el reparto.

El último de los estrenos de ficción es El balcón de las mujeres, comedia dramática israelí que arranca cuando el balcón de las mujeres de una sinagoga se derrumba, dejando en coma a la mujer del rabino. El incidente provoca una crisis en la comunidad que se verá agravada con la llegada de un joven y carismático rabino que, aunque aparenta ser el salvador, oculta una realidad conservadora y misógina. Dirigida por Emil Ben-Shimon, que debuta de este modo en el largometraje cinematográfico, la cinta está protagonizada por Evelin Hagoel (My lovely sister), Sharon Elimelech (Shoshelet Schwartz), Itzik Cohen (A matter of size) y Yafit Asulin (Hadereh lean).

Terminamos el repaso de esta semana con Safari, documental austríaco dirigido por Ulrich Seidl (En el sótano) que vuelve a poner el foco en los bajos instintos de la sociedad. La cinta recoge el modo en que pasan sus vacaciones muchos turistas alemanes y austríacos, y que no es otro que disparando y matando animales en África solo por el hecho de que pueden hacerlo, posando posteriormente junto a los animales muertos.

‘Kong: La Isla Calavera’: el olor del napalm por la mañana


Realizar la enésima película sobre un personaje o una misma historia siempre es una apuesta arriesgada. Contar algo diferente, no caer en tópicos, etc., suelen ser problemas añadidos a la ya de por sí difícil tarea de componer una historia. De ahí que resulte tan satisfactorio encontrarse con un producto como la nueva versión de King Kong, una grata sorpresa que esconde varias interpretaciones a medida que se avanza en su trama y se rasca un poco sobre esa superficie de serie B maquillada con gran presupuesto y un puñado de estrellas que disfrutan como niños.

Porque, en efecto, Kong: La Isla Calavera es un entretenimiento en todos los sentidos. Visualmente espectacular, la labor de Jordan Vogt-Roberts (The kings of summer) no se limita únicamente a narrar la historia, sino que aprovecha con inteligencia las posibilidades que ofrece la perspectiva de tamaños entre el gigantesco simio y los diminutos humanos. La llegada a la isla, sin ir más lejos, es uno de los momentos más espectaculares del cine de acción de los últimos meses, combinando ritmo y belleza visual a partes iguales. Y cómo no, las inevitables luchas entre monstruos de proporciones ciclópeas que harán las delicias de cualquier aficionado al género.

Aunque desde luego, lo más interesante es el guión, lo cual puede parecer obvio pero es todo un logro para este tipo de films. Sin apenas carencias de ritmo, el desarrollo dramático combina adrenalina y narrativa casi a partes iguales y, lo que es más atractivo, ofrece una interpretación diferente no solo de este argumento, sino de la visión general de este personaje a lo largo de los años. Con la guerra de Vietnam como telón de fondo, la cinta se afana en dibujar un ejército americano obsesionado con un enemigo al que no puede derrotar, y al que quiere aniquilar incluso cuando está de su parte, con algunas referencias a clásicos del cine que no deberían ser pasadas por alto (entre ellas, cómo no, Apocalypse Now). Algo muy diferente a la imagen de atracción de feria que tiene este enorme mono en las versiones ambientadas en los años 20.

Quizá el mayor problema sean los arquetípicos personajes de su historia y la imperiosa necesidad de transitar algunos lugares comunes en su arco narrativo. Esto, sin duda, resta complejidad a la trama, pero lo cierto es que tampoco la busca. Kong: La Isla Calavera es lo que quiere ser, un divertimento sin mayor preocupación que la de evadir al espectador durante un par de horas. Pero si además lo hace aportando algo más de trasfondo y crítica política y social, mejor que mejor.

Nota: 7/10

‘El fundador’: el sueño americano… de otros


El cine cada vez parece nutrirse más de hechos reales. No sé si será por falta de creatividad o porque, efectivamente, la realidad muchas veces supera la ficción. Pero en ese maremágnum de cintas biográficas no todo tiene cabida, y aunque el morbo por conocer determinadas historias puede arrastrar al espectador a las salas, eso no quiere decir que sea necesariamente interesante. Y desde luego, el modo en que se creó el mayor imperio de hamburguesas de Estados Unidos no es, ni de lejos, la cima del atractivo cinematográfico.

De hecho, El fundador podría haber sido perfectamente un telefilm en cualquiera de las cadenas generalistas un sábado por la tarde. Su desarrollo dramático es excesivamente lineal, sin grandes conflictos ni, por supuesto, giros inesperados. Todo en esta cinta dirigida con excesivo academicismo por John Lee Hancock (Un sueño posible) desprende un cierto aroma a comida rápida, a un sistema para producir películas en cadena que apenas deja margen para la creatividad… vamos, lo que viene a ser el sistema que crearon los hermanos McDonald y que Ray Kroc les robó sin que ellos casi se dieran cuenta. Y ese es el problema, que es una producción tan prefabricada que pierde fuerza casi desde sus primeros compases.

Entonces, ¿qué le diferencia de una producción directa para televisión o vídeo? Evidentemente, el reparto. Michael Keaton (Jack Frost) vuelve a demostrar el gran talento que tiene dando vida a un personaje que presenta diferentes rostros a lo largo del metraje. Es gracias a él que el protagonista adquiere verdadera entidad dramática durante la trama, cargando sobre sus hombros muchos de los momentos para dotarlos de una complejidad que, de otro modo, no tendrían. En cierto modo, Keaton se come la película, nunca mejor dicho. Pero junto a él el resto de actores, incluso aquellos que disfrutan de pocos minutos, con especial mención a los hermanos McDonald.

Pero a pesar de su magnífica labor, Keaton no es capaz de lograr que El fundador se desprenda de ese carácter de cinta de andar por casa, de producción en cadena de historias con poco peso dramático que tratan de inflarse para lograr algo que no son. Sí, resulta interesante ver cómo se robó la idea que dio lugar al imperio. Y desde luego es digno de mención el cambio (o mejor dicho, cómo se quita la careta) que se va produciendo poco a poco en el protagonista. Pero la narrativa en sí misma es lineal, con personajes demasiado conocidos y sin grandes giros dramáticos. Y eso, al final, termina por resultar un poco tedioso.

Nota: 6/10

‘El fundador’ se lanza a buscar ‘Gold’ en la isla calavera de King Kong


Poco a poco van llegando las películas llamadas a llenar las salas. O al menos a intentarlo. Si hace siete días era la hora de los superhéroes, este viernes, 10 de marzo, es el turno de los animales gigantescos. Pero las nuevas versiones de historias conocidas no es lo único que se estrena. Hechos reales y mucho cine internacional es lo que aterriza hoy en las salas de cine de toda España.

Aunque lo primero es lo primero. Kong: la isla calavera es la nueva versión de la historia del famoso gorila gigantesco que, como es habitual, comienza cuando un grupo de exploradores y militares dan con una isla en el Pacífico siguiendo las leyendas de que en ella habitan criaturas prehistóricas y monstruosas. Al llegar allí, en efecto, se topan con estos seres, pero también con el enorme gorila rey de esa isla. Su única oportunidad de salvarse es el amor que el animal parece sentir por una de las mujeres de la expedición. Aventura, acción y muchos efectos para esta cinta dirigida por Jordan Vogt-Roberts (The kings of summer) y que cuenta en su reparto con Tom Hiddleston (La cumbre escarlata), Brie Larson (La habitación), Samuel L. Jackson (La leyenda de Tarzán), John Goodman (Calle Cloverfield 10), John C. Reilly (Langosta), Toby Kebbell (Un monstruo viene a verme) y Thomas Mann (Project X).

Muy diferente es el drama biográfico El fundador, cinta dirigida por John Lee Hancock (Al encuentro de Mr. Banks) que narra la historia de Ray Kroc, un vendedor de Illinois que en los años 50 conoció a los hermanos McDonald, propietarios de una hamburguesería con un sistema único de cocina. Solo él fue capaz de ver el potencial del negocio, y poco a poco fue posicionándose hasta arrebartarles la idea y convertirla en el imperio McDonald’s. Michael Keaton (Spotlight), Laura Dern (Alma salvaje), Patrick Wilson (Expediente Warren: El caso Enfield), Linda Cardellini (Padres por desigual), Nick Offerman (Knight of cups) y John Carroll Lynch (Jackie) encabezan el reparto.

Y aunque no se basa en una historia real, Gold sí utiliza las historias de muchos personajes auténticos para narrar la aventura de un explorador cuya suerte, en horas bajas, cambia cuando descubre una mina de oro. Sin embargo, lo más difícil será mantener su nueva fortuna alejada de las garras de todos aquellos que quieren su parte del pastel. Con dosis de drama y thriller, el film está dirigido por Stephen Gaghan (Syriana) y protagonizado por Matthew McConaughey (Los hombres libres de Jones), Edgar Ramírez (Joy), Bryce Dallas Howard (Jurassic World), Corey Stoll (Ant-Man), Toby Kebbell, que hace doblete en los estrenos, Rachael Taylor (serie Jessica Jones) y Bill Camp (Jason Bourne).

El estreno español de la semana es Zona hostil, ópera prima de Adolfo Martínez Pérez que utiliza un hecho real ocurrido en 2012 para narrar cómo a un convoy norteamericano escoltado por la Legión española le estalla una mina al norte de Afganistán. El grupo queda a cargo de un inexperto teniente, que debe esperar a la dotación de rescate. Pero cuando esta llega en helicóptero, el suelo cede bajo el aparato, dejándolo inutilizado y aislando a rescatadores y rescatados. La única salida parece ofrecerla un descabellado plan, pero para poder ejecutarlo los soldados deberán sobrevivir al ataque nocturno del enemigo. Este drama bélico cuenta en su reparto con Ariadna Gil (Vivir es fácil con los ojos cerrados), Raúl Mérida (serie Isabel), Roberto Álamo (Que Dios nos perdone), Antonio Garrido (La playa de los ahogados), Jacobo Dicenta (Camarón), Ismael Martínez (Faraday) e Ingrid García Jonsson (Toro).

También bélica, y también basada en un hecho real, es Land of mine: Bajo la arena, film producido en 2015 entre Dinamarca y Alemania que narra como, tras la II Guerra Mundial, un grupo de soldados alemanes es capturado por el ejército danés y llevado a una idílica playa en la que pueden ser libres siempre y cuando eliminen antes las cerca de 45.000 minas allí enterradas. Durante esos delicados trabajos un sargento danés empezará a apreciar a los hombres detrás del horror que causaron los nazis. Escrito y dirigido por Martin Zandvliet (Dirch), este testimonio anti bélico está protagonizado por Roland Møller (Secuestro), Mikkel Boe Følsgaard (Rosita), Laura Bro (Un asunto real), Louis Hofmann (Tom Sawyer), Joel Basman (Dawn) y Oskar Bökelmann (Die Vermissten).

Con algo de retraso también llega La comunidad de los corazones rotos, comedia dramática francesa de 2015 que tiene como escenario un edificio de los suburbios y un ascensor averiado. A través del encuentro de seis personajes esta cinta dirigida por Samuel Benchetrit (Chez Gino) aborda la ternura, el respeto y la compasión del ser humano. Isabelle Huppert (Luces de París), Valeria Bruni Tedeschi (El capital humano), Michael Pitt (Siete psicópatas), Gustave Kervern (En un patio de París) y Jules Benchetrit (Reencontrar el amor) encabezan el reparto.

Francia, Bélgica y Suiza colaboran en 9 meses (Keeper), drama romántico realizado en 2015 por Guillaume Senez en lo que supone su debut en el largometraje. La trama gira en torno a dos jóvenes quinceañeros enamorados que descubren juntos la sexualidad. Todo cambia cuando ella descubre que está embarazada, algo que él no asume bien al principio. Sin embargo, poco a poco la idea de ser padre le irá conquistando. El reparto está encabezado por Kacey Mottet Klein (Sister), Corentin Lobet (Una dama en París), Sam Louwyck (El país de las maravillas), Laetitia Dosch (Un amor de verano) y Galatéa Bellugi (Les yeux clairs).

Francia también colabora, junto a Brasil en este caso, en Doña Clara (Aquarius), film escrito y dirigido por Kleber Mendonça Filho (O Som ao Redor) que, en clave dramática, narra la lucha de una ex crítica musical contra un promotor inmobiliario que ha comprado todos los pisos del edificio en el que ella vive, situado frente al paseo marítimo. Una lucha que llevará a la mujer a reflexionar sobre su vida, su pasado y sus seres queridos. Entre los actores principales destacan Sonia Braga (Lope), Maeve Jinkings (Falsa Loura) e Irandhir Santos (Tatuagem).

Lejos de los estrenos europeos, también llega a la cartelera Yo no soy Madame Bovary, comedia china que arranca cuando una mujer organiza un falso divorcio para poder acceder a un segundo apartamento. Sin embargo, su marido vuelve a casarse de forma inesperada, lo que obliga a la mujer a recurrir al juzgado. Tras ser acusada por su marido, ella se embarca en un viaje de diez años para restaurar su reputación. Dirigida por Feng Xiaogang (El funeral del jefe), la película cuenta con Fan Bingbing (X-Men: Días del futuro pasado), Fan Wei (Ciudad de vida y muerte), Li Zonghan (Hushed road), Guo Tao (Regreso a casa) y Chengpeng Dong (One night surprise) entre sus principales actores.

En lo que a documental se refiere, la única propuesta de la semana es Uncle Howard, cinta dirigida por Aaron Brookner (The silver goat) que recupera la vida y obra del director Howard Brookner a través de un viaje realizado por su sobrino, que le lleva a encontrar las latas de sus films en un refugio subterráneo.

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