La 4ª T. de ‘Agentes de S.H.I.E.L.D.’ divide… ¿pero vence?


Es relativamente habitual que en los cómics de superhéroes una trama dure varios números. Un arco argumental que permite a la historia llevar al héroe de turno por un camino, presentando de paso un nuevo villano (o nuevos aspectos de uno conocido) y generando todo un terremoto en lo narrado anteriormente. Y aunque es algo positivo en las viñetas, encadenar estos arcos en una única temporada de televisión puede ser contraproducente. Ese trasfondo subyace en la cuarta temporada de Agentes de S.H.I.E.L.D., cuyo argumento (o argumentos) lleva a los protagonistas a vivir muchas, tal vez demasiadas aventuras. En manos del espectador queda que eso sea algo bueno o malo, pero lo que está claro es lo que aporta y lo que resta.

Entre lo primero cabe destacar el modo en que esta serie creada por Maurissa Tancharoen, Jed Whedon y José Whedon, guionista y creadores de la serie Dollhouse, amplía el universo de Marvel tanto en la pequeña pantalla como en la grande. Si bien es cierto que la conexión entre largometrajes y capítulos es prácticamente nula en esta temporada, a lo largo de los 22 episodios se introducen nuevos personajes conocidos por los seguidores de la Casa de las Ideas, el más destacado El Motorista Fantasma, interpretado por Gabriel Luna (Transpecos) y cuya presencia en la trama termina por resultar clave. El hecho de que los héroes ya sean conocidos permite dedicar tiempo a explorar el trasfondo dramático tanto de este rol como de los villanos de turno, profundizando en cierto modo en una base narrativa que traspasa el mero espectáculo visual que, en efecto, ofrece.

Esta cuarta etapa de Agentes de S.H.I.E.L.D. ahonda además en las relaciones entre los protagonistas, planteando nuevos conflictos tanto internos como externos, tanto románticos como morales, que permiten al espectador conocer un poco mejor a sus héroes. La evolución de la trama, con ese arco argumental en un mundo alternativo, plantea la posibilidad de percibir a los héroes desde un prisma diferente, más oscuro si se prefiere, y cuyas consecuencias, vistas levemente al final de esta temporada, deberían tener más peso en los próximos episodios. El modo en que cada personaje afronta la realidad que cree vivir en ese mundo artificial ayuda a crear una brecha en un grupo que parecía demasiado unido, demasiado homogéneo, devolviendo algo de conflicto que, aunque termina resolviéndose de forma un tanto apresurada, debería dejar un rastro en la personalidad de cada rol.

La serie ha permitido también depurar la presencia de algunos secundarios que, aunque interesantes, aportaban poco o nada al conjunto. En este sentido, la serie termina con el núcleo duro de estos espías unido de nuevo, a diferencia del inicio de los capítulos y con un nuevo reto por delante que, esperemos, tenga un desarrollo algo más amplio que el de esta temporada. Porque sí, la presencia de dos grandes arcos argumentales (algo que, en mayor o menor medida, ya ocurrió en la tercera temporada) ha ayudado a la trama a profundizar en algunos personajes, en incorporar a otros nuevos y en dotar al conjunto, en general, de una mayor espectacularidad. Pero en el lado opuesto de la balanza hay aspectos que lastran al conjunto, y muchos tienen que ver precisamente con lo bueno que ofrece la temporada. Dicho de otro modo, son las dos caras de una misma moneda.

Menos tiempo, más prisas

Posiblemente lo más complejo de esta etapa de Agentes de S.H.I.E.L.D. radica precisamente en los dos arcos argumentales que presenta. Si bien es cierto que tienen un nexo de unión, éste parece recordarse y olvidarse según convengan, utilizándolo para plantear los conflictos y recuperándolo únicamente para un giro narrativo final que, literalmente, puede interpretarse como un ‘Deus ex machina’. Y esto no es casual. De hecho, es una consecuencia directa del poco tiempo narrativo que tienen sus creadores para utilizar los recursos a su alcance. El hecho de tener que plantear dos comienzos, dos nudos y dos desenlaces en poco más de 20 episodios obliga a economizar el espacio dramático, aportando por lo más evidente y dejando los elementos secundarios en un cajón hasta que sean necesarios. Es un poco lo que ocurre con algunas de las líneas dramáticas de los protagonistas que antes mencionaba: sí, es cierto que aportan mayor profundidad al conjunto, pero solo de forma temporal. Su resolución es tan rápida que apenas parece provocar mella en la personalidad de los héroes.

El gran problema, al menos narrativamente hablando, es que la temporada no da pie a poder ahondar demasiado en algunos personajes secundarios y en su modo de influir en la trama principal, ya sea en la primera o en la segunda. Esta cuarta etapa plantea así varios conflictos emocionales y varias relaciones amorosas que parecen quedarse simplemente en eso, en planteamientos que, si es necesario, se retomarán en el futuro. Y la palabra clave es “necesario”, porque la realidad es que, de mantenerse esta idea de dos arcos argumentales por temporada, lo cierto es que no quedará demasiado tiempo (entre nuevos villanos, nuevos peligros y nuevas aventuras) para retomar determinados asuntos donde se quedaron.

Tal vez haya sido una estrategia necesaria para recuperar de un modo más o menos coherente al grupo inicial de estos agentes, sobre todo tal y como terminó la anterior temporada. Y de hecho, a tenor del final, lo consiguen. Pero el problema sigue siendo el tiempo. El tiempo y las prisas por resolver ciertos conflictos, ciertos dramas secundarios que, siendo sinceros, consolidan la imagen general del desarrollo dramático del conjunto. El hecho de que algunas relaciones personales entre los protagonistas, con todo lo que arrastran detrás temporada tras temporada, planteen conflictos y los resuelvan en un puñado de episodios puede ser positivo para la dinámica de la narrativa, pero no encaja todo lo bien que debería con lo contado hasta ahora. Y ese es un problema (o una seña de identidad, según se mire) de la serie, que parece estar cada vez más introducida en una carrera hacia adelante que le beneficia cada vez menos, al menos en lo que a calidad dramática se refiere.

Porque sí, en espectacularidad hay pocas series que compitan ahora mismo con Agentes de S.H.I.E.L.D. Más allá de las secuencias de acción y de los efectos especiales, la serie ha logrado un nivel de complejidad conceptual y narrativa casi únicas. El problema es que lo ha hecho dejando por el camino demasiados cadáveres, y no me refiero a los villanos derrotados. Su apuesta por una narrativa directa, basada en la idea de que todo, absolutamente todo, está al servicio de la trama principal del momento y del villano de turno, está obligando a eliminar el peso de algunas historias secundarias. Ya sea el enemigo o algún aliado temporal, los nuevos personajes cada vez son definidos de un modo más esquemático, lo necesario para que tengan cierta consistencia. Retomar una única trama por temporada ayudaría a profundizar en estas ideas y dotarían de mayor peso a la serie, aunque habrá que esperar a ver cuál es la apuesta de la quinta temporada.

‘Dunkerque’: los silenciosos tiempos de la guerra


Hace ya tiempo que entrar en una sala de cine para ver una película de Christopher Nolan (El truco final) es de por sí una experiencia multisensorial. Visualmente poderosas, el uso del sonido y de los efectos potencian una narrativa suficientemente impactante y sólida por sí sola. La última cinta del realizador británico viene a confirmar un secreto a voces: que estamos ante el que posiblemente sea el mejor director de su generación y, hasta cierto punto, un heredero de Stanley Kubrick (La chaqueta metálica).

La labor de Nolan tras las cámaras de Dunkerque alcanza su máxima expresión en todos los aspectos. Con una historia tan sencilla como compleja de narrar por la cantidad de escenarios y personajes necesarios para representar la acción, el director se limita a hacer lo que mejor sabe hacer: atenazar al espectador con unos planos espectaculares y sobrecogedores, aferrarlo a su asiento con la tensión dramática y la angustia de unos hombres a merced de la suerte y de un aciago destino del que no parece que puedan escapar. Con pocos diálogos, la cinta apuesta por potenciar el sonido de un modo cuanto menos particular. Sin grandes fanfarrias ni estruendos innecesarios, los graves provocados por los motores de los aviones, los impactos de bala o los estallidos de las bombas mantienen prácticamente todo el relato con un trasfondo tenso no apto para personas que se angustien fácilmente.

A esta narrativa se suma, para rizar el rizo, el particular gusto de los hermanos Nolan por los tiempos de la narración. Si bien al comienzo puede despistar, el uso de secuencias clave permite al espectador recomponer el puzzle que representa este rescate de más de 300.000 personas de una playa a través de la visión de un puñado de personajes repartidos por tierra, mar y aire. De este modo, y más allá del relato, el film se despliega como un mapa a descifrar que hace aún más interesante, si cabe, una trama carente de grandes giros argumentales o enemigos a las puertas, pero enriquecido con un dramatismo propio de los films que forman parte de la historia. Y es aquí donde radica la magia del genio de Nolan, en ser capaz de permitir al espectador desentrañar de forma gradual la maraña narrativa que parece mostrar en un principio (y la palabra clave es “parece”).

Puede que Dunkerque no sea una película perfecta. De hecho, en este juego narrativo con tantos y variopintos personajes donde los diálogos brillan por su ausencia en buena parte del metraje, los protagonistas son los que peor parados salen. Tantos roles impiden una buena definición de ellos, aunque sí lo suficiente como para dotar al conjunto de la profundidad dramática necesaria. Es un mal menor y necesario en una épica obra como esta que sobrecoge, hipnotiza y enamora a partes iguales. Que Nolan haya vuelto a crear una obra extraordinaria empieza a ser algo habitual. Que lo haga con géneros tan dispares como sus últimas obras le acerca un poco más al Olimpo de los grandes directores de la historia del cine.

Nota: 9/10

Sobrevivir en ‘Dunkerque’ a ‘Una noche fuera de control’


El mes de julio va a terminar por todo lo alto en lo que a estrenos se refiere. Más concretamente, en lo que a películas importantes para el gran público se refiere. Eso sí, dos títulos muy diferentes entre sí. El que llega este viernes, día 21, está precedido por el renombre de su director, la calidad de sus estrellas y la temática escogida. Pero por supuesto, no es la única novedad. El terror, el drama y la comedia también están muy presentes entre los títulos que llegan a la cartelera.

Pero comencemos con Dunkerque, título de lo nuevo de Christopher Nolan (Interstellar) que, en esta ocasión, también se encarga del guión en solitario. La historia narra un acontecimiento de la II Guerra Mundial, en concreto la evacuación de la ciudad francesa de Dunkirk, cuya traducción al castellano da nombre al film. Atrapados en una playa y rodeados de alemanes, los soldados aliados de Francia, Bélgica y Reino Unido tuvieron que resistir los ataques enemigos en una dura batalla mientras eran evacuados en todo tipo de embarcaciones, entre ellas barcos de pescadores. Acción y drama se dan cita en esta película producida entre Estados Unidos, Reino Unido, Francia y los Países Bajos, y protagonizada por Tom Hardy (El renacido), Mark Rylance (El puente de los espías), Kenneth Branagh (Mi semana con Marilyn), Aneurin Barnard (Cosecha amarga), Cillian Murphy (En el corazón del mar), James D’Arcy (Gernika), Fionn Whitehead y el cantante Harry Styles.

Muy diferente es Una noche fuera de control, comedia al más puro estilo Resacón en Las Vegas (2009) protagonizada en esta ocasión por cinco mujeres que se reúnen tras 10 años sin contacto para celebrar un fin de semana de solteras. La noche se tuerce cuando matan por accidente a un stripper, lo que desencadenará una noche en la que todo lo que puede pasar terminará pasando, aunque sea de lo más inverosímil. Lucia Aniello (serie Broad City) dirige esta producción puramente estadounidense que cuenta en su reparto con Scarlett Johansson (Ghost in the Shell), Kate McKinnon (Fiesta de empresa), Zoë Kravitz (Animales fantásticos y dónde encontrarlos), Jillian Bell (Los tres reyes malos), Ilana Glazer (How to follow srangers), Demi Moore (Como reinas) y Ty Burrell (serie Modern family).

El terror y la fantasía tienen en Siete deseos a su máximo representante este fin de semana. Dirigida por John R. Leonetti (Annabelle), esta producción norteamericana arranca cuando una joven recibe un regalo muy especial de su padre, una caja de música con una misteriosa inscripción en la que explica que hará realidad todos los deseos de su propietario. Poco a poco la chica descubre que, en efecto, es capaz de hacer realidad todo lo que pida, pero será consciente también del alto precio que deberá pagar por ello. Sherilyn Fenn (Todo por un sueño), Joey King (Independence Day: Contraataque), Ryan Phillippe (Catch Hell), Elisabeth Röhm (serie Jane the virgin) y Ki Hong Lee (El corredor del laberinto) encabezan el reparto.

Estados Unidos, Reino Unido y la República Dominicana producen A 47 metros, film que combina terror y drama que gira en torno a dos hermanas que, durante una expedición de buceo para observar tiburones, se quedan atrapadas en la jaula al romperse el cable y caer hasta las profundidades del mar. Comenzará a partir de ese momento una lucha por tratar de salir y escapar de los tiburones antes de que se les acabe el oxígeno. Johannes Roberts (El otro lado de la puerta) es el encargado de dirigir esta cinta protagonizada por Mandy Moore (Hasta que el cura nos separe), Claire Holt (serie Pequeñas mentirosas), Matthew Modine (serie Stranger Things), Yani Gellman (Lizzie Superstar) y Santiago Segura (que no es el actor y director español).

Reino Unido también está presente, junto a India, en el drama biográfico El último virrey de la India, film que narra los últimos años de Reino Unido en el país asiático y el final del Imperio a través de la historia de Lord Mountbatten, que asumió el puesto de último Virrey, y uno joven criado hindú que se enamora de una chica musulmana, y cuyo amor se verá en medio del conflicto social que se desata. Dirigida por Gurinder Chadha (Bodas y prejuicios), la película cuenta en su reparto con Gillian Anderson (serie La caza), Hugh Bonneville (serie Downton Abbey), Manish Dayal (Un viaje de diez metros), Huma Qureshi (White) y Michael Gambon (El cuarteto).

Antes de entrar en los estrenos puramente europeos, un remake. Inseparables es el título de la versión argentina de Intocable (2011), comedia con ciertas dosis de drama que, en esta ocasión, narra cómo un acomodado hombre de negocios se queda tetrapléjico tras un accidente, por lo que se ve obligado a contratar un ayudante terapéutico. El elegido será el ayudante de su jardinero. Esta nueva versión está dirigida por Marcos Carnevale (El espejo de los otros) y protagonizada por Oscar Martínez (Relatos salvajes), Rodrigo de la Serna (Cien años de perdón), Carla Peterson (Las insoladas), Alejandra Flechner (Antes), Malena Sánchez (Cromo) y Rita Pauls (Mate-me por favor).

Posiblemente la película más internacional de la semana sea Sieranevada, comedia dramática de corte familiar producida entre Rumanía, Bosnia Herzegovina, Francia, Croacia y Macedonia cuya historia gira en torno a una reunión familiar para honrar la muerte de uno de sus miembros. Reunión que se produce tres días después del atentado de Charlie Hebdo y cuarenta desde el fallecimiento del difunto. Cristi Puiu (Offset) escribe y dirige este film protagonizado por Mimi Branescu (Tatal fantoma), Bogdan Dumitrache (Loverboy), Dana Dogaru (Francesca) y Sorin Medeleni (Pacala se întoarce).

Puramente europea es Mara y el señor del fuego, fantasía producida en Alemania en 2015 que dirige Tommy Krappweis (Berndi Broter und der Kasten der Katastrophen) a partir de una novela que él mismo escribió. La trama arranca cuando una joven que sufre acoso en el colegio, y cuya madre parece más preocupada en la espiritualidad que en sus necesidades, empieza a tener visiones sobre monstruos, antiguos dioses y héroes. Con la ayuda de un profesor descubrirá que ella es la única capaz de evitar el Ocaso de los Dioses al poder viajar al pasado y al presente. El reparto está encabezado por Lilian Prent, Christoph Maria Herbst (La casa de los cocodrilos), Esther Schweins (Los Cocodrilos atacan de nuevo), Jan Josef Liefers (RAF Facción del ejército rojo) y Eva Habermann (Ossi’s Eleven).

Desde Israel llega Asuntos de familia, drama que gira en torno a una pareja que vive en el Nazaret actual soportando el peso de la rutina. Sus hijos, sin embargo, viven una vida mucho más enajenada al otro lado de la frontera. Escrita y dirigida por Maha Haj, quien debuta de este modo en el largometraje, la cinta cuenta entre sus actores con Amer Hlehel (Amerrika), Doraid Liddawi (serie Tyrant), Mahmoud Shawahdeh y Saana Shawahdeh (Ish lelo selolari).

Y solo en salas seleccionadas podrá verse durante una semana un reestreno de Ikarie XB1, film de la República Checa realizado en 1963 cuya influencia en algunos de los grandes títulos del género es incuestionable. Dirigida por Jindrich Polák (serie Los visitantes) a partir de una novela de Stanislaw Lem, la historia se centra en un viaje espacial en el siglo XXII para encontrar formas de vida alienígenas. Durante el trayecto, que dura quince años, la tripulación deberá enfrentarse a varias situaciones, desde un aparato espacial del siglo XX hasta la aparición del síndrome de “estrella negra”, pasando por la inestabilidad mental de uno de los pasajeros. La cinta está protagonizada por Irena Kacírková (Nevera), Dana Medrická (El príncipe impostor), Frantisek Smolík (Vyssí princip) y Zdenek Stepánek (Pouta).

En lo que a documentales se refiere, dos propuestas. La primera es Kedi, producida entre Estados Unidos y Turquía y cuyo argumento se centra en la vida de los gatos en Estambul. Ceyda Torun debuta en el largometraje con esta obra.

Por último, la argentina Todo sobre el asado, dirigida a cuatro manos por Mariano Cohn y Gastón Duprat (El ciudadano ilustre), viaja a la Argentina profunda para abordar la tradición del asado, una comida que en varios puntos del país es más un ritual. A través de la mezcla de realidad y ficción, y con un toque cómico, la cinta desgrana las claves de la identidad nacional argentina.

‘Supergirl’ se entrega a la comedia dramática adolescente en su 2ª T.


No voy a defender que Supergirl sea una gran serie de superhéroes. Más bien, un entretenimiento inocente con superpoderes y efectos especiales de por medio. Pero la primera temporada presentaba, en cierto modo, varios conceptos interesantes relacionados con el mundo de los cómics y, en concreto, de DC Cómics. Todo eso parece haberse perdido, o al menos atenuado, en los 22 episodios de la segunda parte, que terminaron de emitirse en Estados Unidos en mayo y que, durante su desarrollo, han pasado por todo tipo de cambios para reubicar a la heroína de la capa en un contexto más adolescente, más romántico si se prefiere, con problemáticas que, en el fondo, se alejan en su mayoría de los valores promulgados en la anterior etapa.

Posiblemente todo esto tenga algo que ver (o mucho) con el cambio de cadena, pero sea como fuere la serie creada por Ali Adler (serie The New Normal), Greg Berlanti y Andrew Kreisberg (ambos autores de Arrow) ha dado un giro conceptual más que notable, tanto por el sentido que han adquirido las aventuras de la última hija de Krypton como por el tratamiento que los personajes, sobre todo los secundarios, han pasado a tener. Y este es el caso más llamativo. A lo largo de la primera temporada se construyeron una serie de relaciones y se presentaron diversas tramas secundarias que parecían estar llamadas a complementar los combates de la prima de Superman. De golpe y porrazo, o mejor dicho a golpe de teclado, sus responsables han eliminado buen parte de ese universo construido, han desaparecido personajes que tuvieron cierto impacto en la historia y se ha dado un nuevo sentido a algunos personajes. El caso más evidente es el de la hermana de la protagonista, interpretado por Chyler Leigh (Brake).

Muchos cambios, en efecto, pero lo relevante es si influyen, y cómo, en el desarrollo de Supergirl. Desde luego, la respuesta más inmediata y genérica es que sí, influyen y mucho. Y como en cualquier producción, la subjetividad juega un papel fundamental. Por un lado, todas estas modificaciones aportan al conjunto mayor dinamismo, incidiendo más en la aventura y en el carácter despreocupado y “blanco” de la serie. Dicho de otro modo, la segunda temporada acentúa el carácter más luminoso de la protagonista y, por ende, de la serie, acercándola a otras producciones como The flash en su primera temporada. Poco importa que el villano de turno sea más o menos poderoso; poco importan las dificultades de la heroína. Al final, todo sale bien, en algunos casos con ayuda (la incorporación de Superman, al que da vida Tyler Hoechlin -serie Teen wolf– es de lo más acertado de la trama) y en otros por su cuenta, lo que resta gravedad a la narración y la presenta como puro entretenimiento.

Pero por otro, convierten a la historia en una producción más de corte adolescente, con problemas amorosos que parecían superados, incluso, en algunos momentos de la primera temporada. Y esto, a priori, no sería algo negativo si no fuera porque el recorrido de estas tramas secundarias, al menos hasta el tercio final de la historia, es prácticamente inexistente, lo que evidencia la falta de fuerza de las mismas. Esto obliga a un tratamiento circular, es decir, a presentar un desarrollo positivo, un conflicto (si no el mismo, muy similar) que ponga en valor aún más la relación romántica, una disculpa (verbal o de acción) y vuelta a empezar. Posiblemente lo mejor de este caso es que, con el final que han tenido estos 22 capítulos, se ha apostado fuerte por hacer avanzar la acción y plantear una tercera temporada con nuevos retos. Al menos a tenor de las últimas imágenes.

Los Luthor, omnipresentes

Dejando a un lado el tratamiento dramático de la historia, la segunda temporada de Supergirl también confirma una idea que parecía entreverse en la primera tanda de episodios, y es el hecho de que sus creadores parecen haber hecho una apuesta clara por convertir este universo en la versión femenina de Superman, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Si en la anterior temporada se hizo a través de varios villanos tradicionalmente asociados al hombre de acero, en estos capítulos la presencia de la familia Luthor no hace sino confirmar ese aire de homenaje al superhéroe más icónico de DC. Y como no podía ser de otro modo, el nombre del archienemigo de Superman está representado por mujeres. No una, sino dos. Es evidente que su presencia en esta temporada, además de apoyar algunas tramas secundarias, tiene por objetivo crear toda una estructura que permita construir una auténtica confrontación héroe-villano capaz de perdurar en el tiempo y que sea ajena, en cierto modo, a las historias de cada temporada.

De este modo, el clan Luthor está llamado a convertirse en el otro pilar fundamental de la serie, una suerte de enemigo con el que jugar al gato y al ratón con el espectador. La labor en este caso de Katie McGrath (Jurassic World) y la química con Melissa Benoist (El viaje más largo) serán fundamentales para poder sostener el delicado equilibrio entre la amistad y la enemistad de ambos personajes, así como para decantar hacia un lado u otro en el momento exacto y con un desarrollo coherente.

Lo que también parece que va a aprovechar la serie es toda la iconografía cultural generada alrededor del héroe de la capa roja, lo que por cierto consolida esa versión femenina de Superman en que parece convertirse esta serie (y que personalmente considero que es un error). La presencia en esta temporada de Teri Hatcher, la Lois Lane de Lois & Clark: Las nuevas aventuras de Superman, unida a la ya conocida de Dean Cain (Superman en la misma serie) crean todo un metalenguaje que los más fieles seguidores del personaje y sus diferentes adaptaciones en cine y televisión comprenderán mejor que nadie. El guiño de Kevin Sorbo, protagonista de otra conocida serie como es Hércules: Sus viajes legendarios, apoya además la teoría de que la serie contará con la presencia de actores a los que se asocia con clásicos personajes del cine o la televisión.

No se puede decir que Supergirl haya sido nunca una serie oscura, o al menos dramática, como puede serlo Arrow. Sin embargo, esta segunda temporada ha experimentado un giro hacia el drama adolescente que ha afectado significativamente al desarrollo de la trama. Primero porque han surgido personajes casi de la nada que han arrastrado con ellos una serie de historias secundarias cuyo encaje en el universo ya creado de la trama principal es cuanto menos cuestionable. Segundo porque ha habido secundarios que, o bien se han quitado de en medio de un plumazo, o bien se les ha dado una salida un tanto, digamos, increíble (que el fotógrafo James Olsen se convierta en justiciero es de lo más surrealista que puede existir). El final de la temporada, abierto como es habitual, deja la esperanza de que, una vez sentadas todas las bases del cambio experimentado en estos 22 episodios, la serie recupere cierta normalidad.

‘La guerra del planeta de los simios’: humano malo muere


Es posiblemente una de las mejores trilogías actuales que se han realizado, y es así porque siempre ha primado una historia sólida con personajes poliédricos por encima de las evidentes necesidades tecnológicas de su historia. La tercera y última parte de esta revisión de la historia del Planeta de los Simios pone el broche de oro en todos los aspectos, aunque como tal broche no deja de ser algo menos interesantes que sus predecesoras.

Dicho de otro modo, La guerra del planeta de los simios es una película que, como su protagonista, desvela lados algo oscuros. Por un lado, la trama completa no solo lo narrado con anterioridad, sino que sienta las bases para comprender lo que el original de 1968 relataba, con humanos convertidos en bestias. Esto, unido al tratamiento del héroe y la incursión en el sentimiento de odio al que se entrega por completo y contra el que había luchado con anterioridad, convierten este relato en una reflexión sobre los valores que pueden llegar a regir una sociedad, y cómo una decisión individual puede poner en peligro la vida de todo un grupo. Una reflexión interesante que profundiza aún más si tenemos en cuenta que lo que hay enfrente, es decir, los humanos, es el enemigo real no solo de los simios, sino de su propio destino. Algo que remite, de nuevo, al clásico protagonizado por Charlton Heston (En la boca del miedo).

El problema de la historia, y no es algo que pueda achacarse a nadie en particular, es que es el ocaso de algo mucho más grande, y como tal se entrega casi por completo a un desarrollo lineal, con pocos giros argumentales de peso y una complejidad mucho menor que sus predecesoras. Atrás queda la lucha interna entre simios para centrarse por completo en la guerra entre especies. Si antes los enemigos parecían surgir de todas partes, ahora queda representado en un único rol al que da vida un notable Woody Harrelson (Wilson). Como digo, es consecuencia lógica del carácter de esta tercera parte, pero no deja de restar interés a una historia que podría haber dado mucho más de sí, y que decide centrarse casi en exclusiva en la venganza.

Eso por no hablar del final bíblico que se le da a esta historia y a su protagonista, algo que personalmente siempre creo que puede ser evitable, aunque para gustos los colores. Lo que queda patente con La guerra del planeta de los simios es que estamos ante uno de los fenómenos cinematográficos más completos de los últimos años. Que un personaje como César, creado enteramente por ordenador (algún día se reconocerá la labor de Andy Serkis como todo un referente en este campo), sea mucho más interesante, más profundo y más atractivo que los miles de roles que pasan por la pantalla a lo largo de los meses debería hacer reflexionar a directores y guionistas sobre lo que se está haciendo mal. Y aunque esta historia pueda parecer que no está al mismo nivel que las anteriores, estamos hablando de un film por encima de la media.

Nota: 7,5/10

‘El planeta de los simios’ y ‘Cars’ completan trilogía


Fin de semana de terceras partes. Y no necesariamente peores que sus predecesoras. Bueno, en realidad es algo más que un fin de semana en algunos casos, pues el principal título no llega este viernes, 14 de julio, sino que lo hizo algunos días antes. A diferencia de semanas anteriores, junto a los dos estrenos del título de este texto, pocas novedades más.

Por supuesto, el repaso comienza con La guerra del planeta de los simios, tercera y, a priori, última parte de la revisión de esta historia que llegó el pasado miércoles 12 y que promete, al menos, una intensidad dramática y una acción similares a las entregas anteriores. Matt Reeves vuelve a ponerse tras las cámaras, como ya hiciera con El amanecer del planeta de los simios (2014), para narrar la lucha entre los simios liderados por César y un ejército de humanos dirigidos por un despiadado Coronel. Lucha que termina con inimaginables bajas en el bando de los simios, lo que llevará a su líder a luchar contra su lado más oscuro para iniciar una venganza que determinará el futuro de ambas especies. Andy Serkis (Vengadores: La era de Ultrón) vuelve a dar vida al líder de los simios. En el reparto le acompañan Woody Harrelson (Triple 9), Steve Zahn (serie Mad dogs), Judy Greer (Ant-Man), Terry Notary (Kong: La isla calavera) y Gabriel Chavarría (Un vida mejor).

La otra tercera parte que llega esta semana es Cars 3, nueva aventura animada de Disney-Pixar sobre Rayo McQueen y sus amigos que supone el debut en la dirección de Brian Fee. La historia encuentra al coche de carreras protagonista en medio de un mundo que se ha actualizado, en el que los nuevos corredores cuentan con más y mejor tecnología que dejan al que fuera el más rápido del mundo lejos del deporte que tanto ama. Para recuperar su lugar deberá contar con la ayuda de una mecánica que tiene su propio plan para ganar. La cinta cuenta, en su versión original, con las voces de Owen Wilson (De-mentes criminales), Chris Cooper (Vivir de noche), Nathan Fillion (serie Castle), Armie Hammer (Mine) y Kerry Washington (serie Scandal) entre otros.

Estados Unidos también está presente, junto a Reino Unido y Serbia, en En la vía láctea, nuevo drama escrito, dirigido y protagonizado por Emir Kusturica (La vida es un milagro) cuyo argumento, ambientado en la Guerra de los Balcanes, se centra en un hombre que parece vivir ajeno al conflicto en un poblado serbio, con la única compañía de un halcón, un burro y varios excéntricos personajes. Su forma de protegerse de los proyectiles es un ponerse bajo un paraguas. Su vida da un giro cuando conoce a mujer que busca huir de un pasado y de un mundo que la obliga a casarse con un héroe local de la guerra. Monica Bellucci (Spectre), Predrag Manojlovic (Como estrellas fugaces), Bajram Severdzan (Gato negro, gato blanco) y Sloboda Micalovic (Ranjeni orao) completan el reparto principal.

En lo que a estrenos puramente europeos se refiere, destaca Su mejor historia, comedia dramática con toques románticos producida entre Reino Unido y Suecia basada en la novela de Lissa Evans y con la II Guerra Mundial como telón de fondo. En este contexto, un grupo de personas decide rodar una película en Londres para levantar la moral de la población. Pero lo que comienza como un proyecto de apoyo terminará convirtiéndose en una particular guerra de sexos entre los hombres y mujeres que integran este variopinto grupo. Lone Scherfig (An education) es la encargada de poner en imágenes esta historia protagonizada por Gemma Arterton (100 calles), Sam Claflin (Antes de ti), Jack Huston (Ben-Hur), Bill Nighy (El nuevo exótico Hotel Marigold), Jake Lacy (Carol), Jeremy Irons (El hombre que conocía el infinito), Richard E. Grant (Jackie) y Eddie Marsan (serie Ray Donovan).

La comedia dramática también es el género de Cita a ciegas con la vida, historia biográfica sobre un estudiante casi ciego cuyo sueños es trabajar en un hotel de lujo, por lo que luchará con toda la determinación de la que es capaz. Dirigida por Marc Rothemund (Sophie Scholl), la cinta está protagonizada por Kostja Ullmann (El hombre más buscado), Jacob Matschenz (Jack), Anna Maria Mühe (La condesa), Nilam Farooq (Stiller Frühling) y Ludger Pistor (La dama de oro).

También llega este fin de semana Un minuto de gloria, drama producido por Bulgaria y Grecia y dirigido a cuatro manos por Kristina Grozeva y Petar Valchanov (La lección), cuya trama arranca cuando un trabajador de la empresa nacional de ferrocarril, que lleva meses sin cobrar, se encuentra un millón de levs búlgaros. A pesar de su delicada situación financiera, decide entregarlos a la policía. A partir de este momento se inicia una espiral en la que un ministro de transportes salpicado por la corrupción pretende usarle para desviar la atención, y una directiva del Ministerio le quita su reloj para regalarle otro, lo que llevará la hombre a tratar de recuperar su vida por todos los medios. El reparto está encabezado por Stefan Denolyubov (Avariyno katzane), Margita Gosheva (Three days in Sarajevo), Milko Lazarov, Ana Bratoeva y Nadejda Bratoeva.

La producción nacional de ficción está representada por El debut, cinta que gira en torno a un grupo de actores que se reúnen en un taller de interpretación para abordar el proceso creativo y dramático para interpretar una película que guarda otro descubrimiento. Y es que el relato de la obra que interpretan se centra en un joven torero que entra al ruedo de la mano de un veterano, junto al que descubre su homosexualidad. Gabriel Olivares (Los nombres de Alicia) pone en imágenes esta trama protagonizada por Raúl Peña (Desechos), Jorge Monje (Al final del camino), Silvia de Pé (La noche del hermano), Cecilia Solaguren (serie Bandolera), Mar del Hoyo (La maniobra de Heimlich) y Eduard Alexandre.

En lo que a documental se refiere nos encontramos con Alumbrar: Las 1001 novias, comedia española escrita, dirigida y protagonizada por Fernando Merinero (Capturar: Las 1001 novias) que narra su viaje hacia el sur para dejar atrás los aires de Madrid. Sin tener nadie que quiera ir con él, finalmente se embarca en el viaje con una ex novia a la que consigue enredar. Una vez en Málaga se reencuentra con una antigua novia que ya tiene un hijo de un año, lo que despertará en este hombre de 50 los deseos de volver a ser padre, algo que intentará por todos los medios a su regreso a Madrid.

La 2ª T. de ‘Billions’ confirma que en la guerra todo vale para ganar


Posiblemente Billions sea uno de los mejores ejemplos actuales en los que la relación antagonista entre dos personajes es capaz de nutrir y sostener una trama de 12 episodios. La primera temporada dejó claro que la lucha entre estos dos protagonistas iba a ser encarnizada, pero la segunda tanda de capítulos que ahora nos ocupa es capaz no solo de llevar esta particular guerra entre un fiscal y un gestor de fondos de cobertura, objetivo principal de la continuación, sino que lo hace evolucionando las tramas secundarias e integrándolas de forma consciente en la principal, ofreciendo un mosaico dramático mucho más complejo y desarrollando algunas de las ideas ya planteadas en la primera parte hasta alcanzar un grado excepcional en su calidad.

A todo ello se suma, en varios episodios, un tratamiento formal original, alejado de la narrativa tradicional que suele ofrecer esta serie creada por Brian Koppelman, David Levien (ambos autores del libreto de Runner, runner) y Andrew Ross Sorkin. En efecto, la trama no solo juega con el duelo moral y legal que se plantea entre estos dos personajes, sino que aprovecha diversos puntos de inflexión en el desarrollo de la temporada para ofrecer al espectador una visión diferente de la historia, ya sea en forma de flashback, ya sea con una rápida reinterpretación final de todo lo acontecido en un capítulo que aporta una visión nueva y fresca de lo ocurrido. Dichos recursos aportan, además, mayor profundidad a los antagonistas y a sus motivaciones, confirmando algo que ya parecía claro en la primera temporada: que están dispuestos a llegar a donde sea con tal de destruir a su adversario.

En este sentido, lo más interesante de Billions radica en el hecho, precisamente, de que no existen límites a esta obsesión. Y cuando digo que no existen, es que realmente no existen. Un ejemplo claro es el que protagoniza el fiscal interpretado por Paul Giamatti (San Andrés), que es capaz de perder millones de dólares de un fondo personal y arruinar a los que llama amigos con tal de tender una elaborada trampa al gestor al que vuelve a dar vida Damian Lewis (Un traidor como los nuestros), en el que sin duda es el giro más impactante de la temporada tanto por el cambio de rumbo de la trama como por las implicaciones morales y sociales que plantea a la mayoría de personajes, sobre todo para un fiscal capaz de cruzar todas las fronteras. Pero no es el único caso. Esta guerra deja en esta segunda etapa una escalada de ataques que llevan la trama hasta un nivel que va a ser difícil de superar en sucesivas entregas, aunque visto lo visto cualquier cosa puede pasar.

Y ya que mencionamos a Giamatti y Lewis, es imprescindible hacer hincapié en la labor de ambos actores. Como ya ocurriera en la primera temporada, los dos son capaces de aportar a sus roles un mayor dramatismo, mayor fanatismo y, en definitiva, dotarlos de muchas más dimensiones y matices de los que a priori se muestran sobre el papel. En concreto, estos últimos episodios cargan más la narración sobre los hombros del primero, que no solo sale victorioso, sino que es capaz de revelar facetas hasta ahora ocultas del fiscal. Su plan para atrapar a su archienemigo, su forma de tejer tramas con sus subordinados e, incluso, el modo en que maneja la situación con su esposa, demuestran tanto la verdadera naturaleza de este rol como la excepcional labor de Giamatti en los momentos clave.

Las mujeres, a escena

Antes apuntaba que las tramas secundarias en la segunda temporada de Billions han adquirido mayor relevancia. Bueno, lo justo sería decir que sin ellas posiblemente sería imposible articular la evolución dramática de estos capítulos. En efecto, mientras que en la primera parte de la serie las historias ajenas a la lucha entre los protagonistas parecían servir únicamente como herramienta dramática a utilizar en el momento clave para ofrecer un giro argumental, en esta nueva tanda de episodios se convierten en ramificaciones fundamentales para llevar la historia hasta donde sus guionistas desean. Muchos son los ejemplos, desde esa extraña joven interpretada por Asia Kate Dillon (Hitting the wall) que debería tener, y esperemos que así sea, mayor protagonismo en el futuro, hasta la investigación a la que es sometido el fiscal interpretado por Giamatti.

Pero entre todas ellas destacan dos, las dos que afectan a las mujeres de los protagonistas, de nuevo interpretadas por Maggie Siff (serie Hijos de la Anarquía) y Malin Akerman (Sácame del paraíso). Si bien es cierto que estos roles son fundamentales para entender la dinámica antagonista que sustenta todo el relato, también hay que reconocer que hasta ahora eran casi testimoniales, sobre todo el de Akerman, limitándose a ser daños colaterales en una guerra en la que se ven inmersas casi sin comerlo ni beberlo. Sin embargo, en estos capítulos las tornas cambian, adquiriendo un papel más activo y, sobre todo, determinante en la forma de afrontar los desafíos de los héroes (o antihéroes) de turno. Es cierto que la presencia de Siff siempre ha sido muy activa, pero es ahora cuando aporta un mayor peso e influencia a la relación entre los papeles de Giamatti y Lewis, siendo determinante en algunas decisiones y, sobre todo, poniendo la relación con su marido, el fiscal, en un punto cuanto menos comprometido.

Mayor cambio es el que experimenta el papel de Akerman, sobre todo porque su influencia no solo se extiende a la trama principal, sino incluso a la secundaria que protagoniza Siff. Su desaparición durante varios días, su fuerza a la hora de tomar determinadas decisiones o el modo en que afronta las mentiras de su marido la convierten en un factor determinante para entender la temporada. Pero es que además los creadores de la serie la dibujan con un trazo mucho más definido para convertirla en una suerte de archienemiga del personaje de Siff, es decir, creando una segunda línea de confrontación entre las esposas de los respectivos maridos involucrados en una guerra sin cuartel para destruirse mutuamente. El paralelismo es evidente, lo que abre una serie de posibilidades apasionantes, sobre todo si se logra dotar de autonomía esta segunda trama y se consigue que ambas se nutran mutuamente.

La segunda temporada de Billions es, por tanto, todo lo que puede esperarse de la continuación de una historia. Todo lo bueno, quiero decir. El desarrollo dramático envuelve la trama de un carácter más oscuro, la confrontación entre los antagonistas permite un mayor conocimiento de los personajes, y la complejidad aumenta a medida que nuevas tramas secundarias con nuevos o conocidos personajes se incorporan a la principal, nutriéndola y ampliando el abanico de caminos narrativos. Es, en definitiva, una aplicación de la fórmula ‘más y mejor’ realizada con coherencia, sin caer en el histrionismo o el exceso que perfectamente podrían haber sido seña de identidad en estos episodios. Y lo más atractivo es que la temporada termina con un final ejemplar que deja todo listo para que la partida entre el fiscal de dudosas prácticas y el gestor de fondos con una actividad sospechosamente ilegal continúe.

‘Baby Driver’: fotogramas musicales


Hay cine que tiene como contexto la música. Hay cine musical, que no es exactamente lo mismo. Y luego está lo nuevo de Edgar Wright (Arma fatal), cuya definición, al menos una de ellas, podría ser el cine hecho música… o la música hecha cine. Porque si algo destaca en esta cinta de acción para melómanos es precisamente lo que el director logra hacer no solo con una planificación milimétrica, sino con un montaje tan poético, frenético y complejo que reduce las casi dos horas de metraje a un puñado de canciones que ya deben formar parte de la banda sonora de nuestras vidas.

Lo peor de Baby Driver puede que sea, curiosamente, su trama. No porque no sea buena, sino porque aporta más bien poco al género. Lineal y hasta cierto punto previsible, esta historia de ladrones sin corazón y jóvenes corazones robados para una malvada causa recuerda muchas otras grandes películas en lo que a su desarrollo dramático se refiere. Hasta aquí, una película más. Es a partir de entonces cuando la obra adquiere dimensiones casi épicas. Wright demuestra su manejo del montaje, del ritmo y de la cultura musical con una apuesta visual tan rica en referentes como divertida en las interpretaciones de sus solventes y notables actores.

La cinta es música. Y la banda sonora es cine. Su director logra algo sumamente complicado: fusionar hasta hacer uno notas musicales y fotogramas, elaborando una íntima relación que no puede ser destruida. Ya sea con canciones escuchadas en un iPod, ya sea con el ritmo creado por el sonido ambiente, todo en esta historia de amor, velocidad y atracos es una partitura. Incluso algunos momentos protagonizados por Kevin Spacey (Elvis & Nixon) son, literalmente, poéticos, aportando al conjunto un toque tan irónico como lírico. Y junto a todo esto, el tratamiento visual, con secuencias de acción que son pura adrenalina y un uso cromático que adquiere un elevado significado hacia el final del metraje.

En definitiva, Baby Driver es una obra diferente, fresca, no apta para aquellos a los que no les guste la música. Una historia de robos a ritmo de volante, de auriculares y de sueños frustrados que atrapa al espectador en su asiento para llevarle en un viaje por la música de toda una vida. Poco importa en este caso que la historia pueda carecer de demasiada originalidad en lo que a desarrollo y personajes se refiere. Poco importan algunas licencias necesarias para hacer que la acción tenga sentido. Lo que Edgar Wright propone, además de un contundente golpe en la mesa de Hollywood (si es que no lo había dado ya), es un viaje divertido, tanto visual como sonoro, que solo puede disfrutarse. Abróchense el cinturón y, sobre todo, estén atentos a la luz roja.

Nota: 7/10

Wahlberg vive un ‘Día de patriotas’ conducido por ‘Baby driver’


El mes de julio está comenzando, al menos en lo que a grandes estrenos se refiere, con menos atractivo de lo que han sido los meses anteriores. Esto está próximo a cambiar, pero hasta que eso ocurra las novedades que llegan a la cartelera española, aunque interesantes, no parecen llamadas a llenar las salas. Este viernes, día 7, el thriller y el terror acaparan la temática de los principales estrenos, entre los que destaca también la comedia y el género fantástico.

Y sin grandes títulos que destaquen, esta semana comenzamos el repaso con Día de patriotas, thriller de corte muy actual que sigue a un comisario de la policía de Boston durante los atentados en la maratón celebrada en la ciudad estadounidense en 2013. La investigación de este crimen, que dejó varios muertos por la explosión de diversas bombas, llevará al policía a recorrer toda la ciudad para dar con el responsable. Dirigida por Peter Berg (El único superviviente), la cinta cuenta con Mark Wahlberg (Marea negra) como protagonista, al que acompañan John Goodman (Calle Cloverfield 10), Kevin Bacon (serie The following), J.K. Simmons (La ciudad de las estrellas), Michelle Monaghan (Pixels) y Melissa Benoist (serie Supergirl).

Entre las novedades destaca también Baby driver, cinta de acción, suspense y música que gira en torno a un joven que se ve obligado a trabajar para una banda de criminales como el conductor que les ha de ayudar a escapar tras los golpes que dan. Todo se tuerce cuando el chico debe formar parte de una huída que parece condenada a fracasar. Escrita y dirigida por Edgar Wright (Bienvenidos al fin del mundo), la cinta está protagonizada por Ansel Elgort (Divergente), Lily James (serie Downton Abbey), Jamie Foxx (Annie), Jon Hamm (serie Mad Men), Kevin Spacey (serie House of cards), John Bernthal (El contable) y Eiza González (Casi treinta).

Muy diferente es Llega de noche, producción de terror e intriga escrita y dirigida por Trek Edward Shults (Krisha) que sigue los intentos de un padre por mantener a su familia dentro de una casa a salvo de una presencia misteriosa que parece amenazar sus vidas. La situación se pondrá a prueba cuando a su puerta llegue otra joven familia pidiendo refugio. Entre los principales actores encontramos a Joel Edgerton (Loving), Riley Keough (American Honey), Christopher Abbott (Reporteras en guerra), Carmen Ejogo (Alien: Covenant) y Kelvin Harrison Jr. (Mudbound).

El terror está presente igualmente en The Love Witch, cinta con toques de comedia que escribe y dirige Anna Biller (Viva) y que, homenajeando a los films de los años 70, sigue el largo proceso de una joven bruja en la era moderna que busca al amor de su vida, para lo que hechiza a los hombres para conquistarlos. Sin embargo, todos terminan muriendo. Su fortuna parece cambiar cuando conoce al hombre de sus sueños, pero esto llevará a la joven a una espiral aun mayor de muerte. Samantha Robinson (Conducta inmoral), Laura Waddell (Folklore), Gian Keys (Dark Woods), Jeffrey Vincent Parise (La mirada del amor), Jennifer Ingrum (Bloodshed) y Lily Holleman (Tenure) encabezan el reparto.

Una de las cintas más internacionales de la semana es El hombre del corazón de hierro, thriller bélica ambientado en 1942 que aborda la historia real de la resistencia checa, que elabora un plan para acabar con el más despiadado de los altos cargos del III Reich: Reinhard Heidrych. Los encargados de llevar a cabo tan arriesgada misión son dos jóvenes soldados. Esta adaptación de la novela de Laurent Binet cuenta con capital estadounidense, francés, inglés y belga. Dirigida por Cédric Jimenez (Conexión Marsella), la película tiene un reparto igualmente internacional en el que destacan los nombres de Jack Reynor (Macbeth), Jack O’Connell (Money Monster), Kosha Engler (Los sexoadictos), Barry Atsma (Zurich), Jason Clarke (Everest), Rosamund Pike (Un reino unido), Mia Wasikowska (La cumbre escarlata), Geoff Bell (Sufragistas), Volker Bruch (serie Hijos del Tercer Reich) y Stephen Graham (serie Boardwalk Empire).

Puramente europea es La wedding planner, comedia francesa que arranca cuando el chico de una pareja le es infiel a su novia con una organizadora de bodas. Cuando ella descubre una tarjeta de visita de la mujer en un bolsillo de él se ilusiona tanto con la posibilidad de que le vaya a pedir en matrimonio que empieza a organizarlo todo, mientras el novio intenta frenar por todos los medios el enlace. Dirigida y protagonizada por Reem Kherici (París a toda costa), la cinta también tiene como intérpretes a Nicolas Duvauchelle (Como hermanos), Julia Piaton (House of time), Sylvie Testud (Tamara) y François-Xavier Demaison (La oportunidad de mi vida).

El terror y la fantasía también están presentes en la británica Prevenge, comedia escrita, dirigida y protagonizada por Alice Lowe (Burn Burn Burn) en el que es su debut tras las cámaras en el largometraje. La historia gira en torno a una mujer embarazada que está convencida de que el niño que lleva dentro le guía para que mate a gente, por lo que intentará ocultar su instinto asesino de cara al público. En el reparto también encontramos a Kate Dickie (serie Juego de tronos), Jo Hartley (Eddie el Águila), Gemma Whelan (Los viajes de Gulliver), Kayvan Novak (Paddington) y Tom Davis (Legacy).

En lo que a estrenos españoles se refiere, dos son los títulos que llegan este viernes. El pastor narra en clave dramática la lucha de un hombre cuya vida transcurre apacible en compañía de su ganado y su perro contra los intereses económicos para construir un centro comercial en sus tierras. Las negativas del pastor a vender su parcela chocará con la intención de sus vecinos de conseguir el dinero que les ofrecen por construir allí este nuevo espacio. Jonathan Cenzual Burley (El alma de las moscas) escribe y dirige esta cinta protagonizada por Miguel Martín (Celda 211), Alfonso Mendiguchía (El proyecto Manhattan), Juan Luis Sara y Maribel Iglesias (Concursante).

El drama también es el género protagonista en Brava, film dirigido por Roser Aguilar (Lo mejor de mí) que arranca cuando una joven cuya vida parece ir sobre ruedas es asaltada en el metro. A partir de aquí todo se desmorona, por lo que se refugiará en el pueblo en el que vive su padre, ocultando a todo el mundo sus heridas internas. El problema es que, lejos de tranquilizarse y olvidar, su retiro parece sacar su lado más oscuro. Laia Marull (Como estrellas fugaces), Bruno Todeschini (La delicadeza), Emilio Gutiérrez Caba (El hombre de las mil caras) y Sergio Caballero (Juegos de familia) encabezan el reparto.

Polonia y Suecia producen Estados Unidos del amor, drama ambientado en los años 90 y que gira en torno a cuatro mujeres aparentemente felices que deciden dar un giro a sus vidas acabando con la represión sexual y sus amores insatisfechos. Escrita y dirigida por Tomasz Wasilewski (Plynace wiezowce), la cinta cuenta entre sus actores con Julia Kijowska (Matka), Magdalena Cielecka (Katyn), Dorota Kolak (Vinci) y Marta Nieradkiewicz (Mur).

Terminamos este repaso con Tom de Finlandia, drama biográfico que cuenta con capital norteamericano, finlandés, sueco, danés y alemán para narrar la vida de Touko Laaksonen, héroe de la II Guerra Mundial cuyo recibimiento en Helsinki no fue el que esperaba. Perseguido por su homofobia y obligado a casarse con una mujer, este oficial condecorado encontró refugio en el arte, concretamente en unos dibujos homoeróticos que le hicieron mundialmente famoso y le convirtieron en un símbolo de la revolución gay. Dirigida por Dome Karukoski (El gruñón), la película está protagonizada por Pekka Strang (3 Simoa), Jakob Oftebro (serie 1864), Jessica Grabowsky (8-pallo), Seumas F. Sargent (The philosopher king) y Lauri Tilkanen (Härmä).

‘Un don excepcional’: una normalidad extraordinaria


Hay historias tan simples y tan conocidas que contarlas puede ser un ejercicio mucho más difícil que cualquier superproducción de Hollywood. Historias en las que prima, ante todo, los personajes, la sensibilidad y eso tan complejo y a la vez necesario que es el equilibrio entre drama y comedia. Lo nuevo de Marc Webb ((500) Días juntos) es el último ejemplo de una lista de feel good movies que suelen dejar en el espectador una enternecedora y algo ñoña sonrisa durante varios días.

Desde luego, si lo que se busca es algo original, diferente y con giros argumentales profundos que se abstenga siquiera de comenzar a ver el ajustado metraje de Un don excepcional. Su argumento, lineal y previsible, apenas busca ofrecer algo nuevo con respecto a otras historias similares. Es más, si no fuera por el director y el reparto posiblemente estaríamos ante algún telefilm de sobremesa con ínfulas de película comercial. Pero algo tiene, y algo importante: es consciente de lo que es y lo explota hasta sus últimas consecuencias.

Y es aquí donde marca las diferencias. La labor de Webb tras las cámaras y con el excelente reparto con el que cuenta es brillante, aprovechando el academicismo formal para exponer una historia de la forma más clásica y efectiva posible. Todos los actores, incluido un Chris Evans que deja a un lado el traje del Capitán América y que parece mostrar un registro algo más amplio que el puro músculo, son conscientes de su lugar en la trama y aprovechan ese espacio para mostrar lo mejor de sí mismos. Pero ante todo está la trama, capaz de utilizar los cánones más tópicos de este tipo de historias para ofrecer al espectador algunos rincones irónicos y un personaje, el de la niña interpretada por Mckenna Grace (Russell Madness), tan encantador como entrañable.

Así, Un don excepcional logra no solo no aburrir con un desarrollo cuyo final parece conocerse de antemano, sino que logra sacar un rédito extraordinario a los pocos huecos para la originalidad que deja la historia. Huecos rellenados con la ironía de unos personajes que parecen estar de vuelta de todo; huecos rellenados con un cierto trasfondo emocional de los protagonistas que explica algunos aspectos de la trama poco claros; y huecos rellenados, en definitiva, con esa conciencia fílmica de ser una producción para hacer sentir bien al espectador. Nada más y nada menos, que en los tiempos que corren no es precisamente poco. Tal vez no sea la película del año, pero desde luego que es una de las obras más sinceras, divertidas, enternecedoras y atractivas de las últimas semanas.

Nota: 7/10

Diccineario

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