‘Piratas del Caribe: La venganza de Salazar’: abandonen el barco


Construir una saga sobre una primera película sencillamente brillante es difícil. Muy difícil. Pocos son los casos en los que una segunda parte supera a la primera. Y lo más normal es que la calidad evolucione inversamente proporcional a la espectacularidad de las historias. La serie ‘Piratas del Caribe’ es uno de los mejores ejemplos modernos, pero su última entrega ofrece, además, una curiosa visión de lo que significa abandonar el barco, nunca mejor dicho.

Y no porque sea una mala película… al menos no la peor de las cinco. Sin embargo, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar emana despedida en cada fotograma. Su propia historia viene a terminar con un concepto recurrente en prácticamente todas las cintas, y es la maldición que suele afectar al villano de turno. Historia, por cierto, que cada vez es más repetitiva, utilizando una estructura que no por insistir resulta igualmente efectiva. Existe un cierto hastío en ver cómo Jack Sparrow (un Johnny Depp que está perdiendo la gracia) pierde su barco, lo recupera, logra vencer al malo contra todo pronóstico y se embarca en una nueva aventura, todo ello botella en mano y con un equilibrio un tanto desequilibrado.

Los problemas de esta entrega dirigida por Joachim Rønning y Espen Sandberg (Kon-Tiki), cuya marca tras las cámaras se limita casi a las escenas en tierra firme, no se ciñen exclusivamente a la estructura dramática. Los personajes veteranos parecen estar de paso en un guión con toques cómicos pero que pierde fuerza por momentos, y los nuevos roles, llamados a tomar el testigo, no terminan de encajar en su pálido reflejo de lo que un día fueron Orlando Bloom (Zulu) y Kaira Knightley (Laggies). Y aunque Javier Bardem (El consejero) consigue hacer interesante un personaje pintado con brocha gorda, lo cierto es que su mera presencia no es suficiente para cargar sobre su espalda todo el peso narrativo y dramático.

Al final, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar (que alguien me explique el porqué de este nombre cuando el original –Los muertos no cuentan cuentos– es mucho más atractivo y se menciona en la propia película) se convierte en una simple y llana aventura, incapaz de ofrecer nada más que un broche final más o menos digno a muchos de los personajes que durante años han surcado las salas de todo el mundo haciéndose con un botín que todavía sigue aumentando. Espectáculo, por supuesto. Diversión, bastante asegurada. Interés, poco. Originalidad, más bien nada. Y a pesar de todo, parece que la Perla Negra seguirá surcando los mares.

Nota: 6,5/10

La nueva entrega de ‘Piratas del Caribe’ busca venganza


El mes de mayo termina por todo lo alto, al menos en lo que a estrenos blockbuster se refiere. Prueba de ello es que el regreso de una de las sagas cinematográficas más famosas y rentables de los últimos años se produce casi en solitario, pues aunque este viernes, 26 de mayo, son varios los estrenos que aterrizan en la cartelera española, todos ellos huyen de lo que representa la principal novedad de la semana, ofreciendo a los espectadores una variedad que, en cualquier caso, no parece que pueda hacer frente al vendaval de aventuras piratas que llega.

Porque, en efecto, este fin de semana se estrena Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, quinta entrega de la famosa saga iniciada allá por 2003 que narra una nueva aventura del capitán Jack Sparrow y que acoge el regreso de grandes e imprescindibles personajes de estas películas. Su trama vuelve a enfrentar a Sparrow ante un letal enemigo, en esta ocasión un viejo enemigo que lidera una tripulación de piratas fantasmas y cuyo único objetivo, después de escapar del Triángulo del Diablo, es acabar con la vida de todos los piratas. Para poder salvar su vida deberá recurrir a viejos amigos y hacerse con el mítico Tridente de Poseidón, que le daría control sobre los mares. Acción, aventura y humor vuelven a ser las claves de este film dirigido a cuatro manos por Joachim Rønning y Espen Sandberg (Kon-Tiki) en cuyo reparto encontramos a Johnny Depp (Mortdecai), Kaya Scodelario (El corredor del laberinto), Orlando Bloom (El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos), Golshifteh Farahani (Altamira), Javier Bardem (Caza al asesino), Geoffrey Rush (Dioses de Egipto), Brenton Thwaites (Maléfica), Kevin McNally (Legend), David Wenham (Lion), Stephen Graham (serie Boardwalk Empire), Keira Knightley (Everest) y Paul McCartney.

Otro estreno estadounidense es Wilson, adaptación a la pantalla grande de la novela gráfica de Daniel Clowes, autor a su vez del guión de este film que gira en torno a un solitario, neurótico, divertido y honesto misántropo de mediana edad que, tras muchos años, se reconcilia con la que fuera su esposa y recibe la noticia de que tiene una hija adolescente, con la que intentará conectar después de tantos años. Claro está, a su modo. Craig Johnson (The skeleton twins) dirige esta comedia que tiene como protagonista a Woody Harrelson (Ahora me ves 2) y en cuyo reparto encontramos también a Sandy Oian-Thomas, Shaun Brown (Welcome to Harlem), James Robert Miller, Brett Gelman (Joshy), Mary Lynn Rajskub (All stars) y Judy Greer (Ant-Man).

Antes de abandonar Estados Unidos, una novedad que solo llega a la plataforma Netflix. Se trata de Máquina de guerra, comedia dramática ambientada en Afganistán tras los atentados del 11-S. Adaptación del libro escrito por Michael Hastings, la trama se centra en el caso real de un exitoso general que recibe la orden de mandar a sus tropas a Oriente Medio, lo que pondrá en juego su reputación. Dirigida por David Michôd (Animal Kingdom), entre sus actores encontramos a Brad Pitt (Aliados), Tilda Swinton (Doctor Strange), Topher Grace (La verdad), Will Poulter (El renacido), Anthony Michael Hall (Vivir de noche) y Ben Kingsley (El desafío).

En lo que a cine europeo se refiere destaca la irlandesa Entre los dos, comedia dramática de 2015 escrita y dirigida por Mark Noonan, quien debuta de este modo en el largometraje. El argumento arranca cuando un hombre sale de la cárcel en libertad provisional para poder hacerse cargo de su sobrina, cuya madre ha fallecido y podría terminar en una casa de acogida. Dispuesto a convertirse en figura paterna, los intentos del hombre por ser un modelo a seguir le llevarán a incumplir varias normas de la libertad, lo que puede terminar por destruir las vidas de ambos. Aidan Gillen (serie Juego de tronos), Lauren Kinsella (Albert Nobbs), George Pistereanu (Loverboy) y Erika Sainte (Conexión Marsella) son los principales actores.

Italia y Francia producen Las confesiones, thriller dramático que arranca cuando los economistas más importantes del mundo se reúnen en un hotel de lujo de la costa alemana con motivo del G8. En este contexto, el director del FMI invita a un monje italiano con el que pretende confesarse. A la mañana siguiente aparece muerto, por lo que las sospechas recaen sobre el religioso, quien se niega a romper el secreto de confesión. Dirigida por Roberto Andò (Viva la libertad), la película está protagonizada por Toni Servillo (La gran belleza), Connie Nielsen (serie The following), Pierfrancesco Favino (Rush), Marie-Josée Croze (Todo saldrá bien), Moritz Bleibtreu (La dama de oro), Daniel Auteuil (Fanny) y Lambert Wilson (Barbacoa de amigos).

Puramente dramática es la alemana Paula, biopic de la artista Paula Becker que a principios del siglo XX desafió todas las convenciones establecidas para explorar su propio estilo. Su matrimonio con el también pintor Otto Modersohn la llevó a dedicar varios años a la vida doméstica, apartándose del arte y su profesión, hasta que decidió iniciar una nueva aventura en París donde desarrolló todo su arte. Christian Schwochow (Al otro lado del muro) pone en imágenes esta historia que cuenta con un reparto encabezado por Carla Juri (Jump), Joel Basman (Amnesia), Albrecht Schuch (Westwind), Roxane Duran (Respire) y Stanley Weber (La espada de la venganza).

Entre el resto de estrenos encontramos la argentina Me casé con un boludo, cinta dirigida por Juan Taratuto (Papeles en el viento) que, en clave de comedia romántica, gira en torno a un famoso actor y a una actriz secundaria que se conocen durante el rodaje de una película, se enamoran y se casan. Sin embargo, al volver de la luna de miel ella se da cuenta de que se había enamorado del personaje, no del hombre. Decidido a reconquistarla, el actor pedirá ayuda al guionista para seguir manteniendo lo que le había enamorado de él. Entre los actores destacan Adrián Suar (Dos más dos), Valeria Bertuccelli (Vino para robar), Gerardo Romano (Betibú), Analía Couceyro (La mala verdad) y María Alche (Mi primera boda).

Desde Japón, y con algo de retraso, llega Nagasaki: Recuerdos de mi hijo, drama de 2015 dirigido por Yôji Yamada (La casa del tejado rojo), quien también colabora en el guión. El argumento se centra en una mujer que trabaja como partera y que se ha hecho fuerte tras la muerte de su hijo durante el ataque con la bomba atómica. En el aniversario de su muerte el joven se le aparece, lo que le hará recordar el pasado, la importancia de la familia y lo que la guerra le quitó. Sayuri Yoshinaga (Yume no onna), Kazunari Ninomiya (Cartas desde Iwo Jima), Haru Kuroki (Gin no saji) y Tadanobu Asano (Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra) encabezan el reparto.

Terminamos el repaso con dos documentales. Por un lado, la francesa Las películas de mi vida, por Bertrand Tavernier, dirigida por el propio director galo autor de films como Hoy empieza todo (1999) o Alrededor de la medianoche (1986). El film es un repaso a la historia del cine del país europeo a través del análisis de los principales films desde la década de los 30 hasta los años 70.

Por otro, Pizarro aborda una figura icónica en Colombia a través de la búsqueda que hace su hija, exiliada en Barcelona, entre las preguntas sin respuesta y los secretos de la muerte de Carlos Pizarro. El film, con capital colombiano, es la ópera prima de Simón Hernandez.

‘Déjame salir’: el negro está de moda


No sé si la frase que da nombre a esta crítica, escuchada en uno de los diálogos de la película en cuestión, es acertada o no, pero de lo que no cabe duda es de lo que representa, tanto dentro como fuera del film. Y en este sentido, el debut en la dirección de Jordan Peele puede considerarse un éxito, ahondando en los conflictos raciales y en la sensibilidad de los espectadores. Otra cosa, sin embargo, es el producto cinematográfico en sí.

Porque, en efecto, en lo que a contenido social, moral, sociológico e incluso cinematográfico Déjame salir es una cinta cuanto menos interesante, que aprovecha con acierto la tensión dramática que generan los incongruentes detalles que percibe el protagonista y, por ende, el espectador. El trasfondo racial que se percibe casi en cada plano queda acentuado por una dirección un tanto simple de Peele, que se aleja de efectismos (más allá de los estrictamente necesarios) para optar por una sobriedad que contrasta, y mucho, con una banda sonora demasiado amiga de las estridencias. Si a esto sumamos un reparto notable, sobre todo los secundarios, nos encontramos con una historia que camina por la delgada frontera entre el thriller más oscuro y el terror más adolescente, dejando para el recuerdo algunos hallazgos visuales.

El problema es que la carga y el análisis social que el film hace del racismo termina perdiéndose por un tratamiento previsible, plagado de tópicos y secuencias reutilizadas. Antes o después, el espectador es capaz de anticiparse a los acontecimientos, a los giros de guión e, incluso, a la naturaleza de los personajes. Y una vez ocurre, el desarrollo de la trama se vuelve monótono, aderezado por algunas ideas racistas que dan cuenta de la crueldad de la sociedad, pero monótono al fin y al cabo. Dado que una película debe ser entendida como un todo en el que cada parte funciona de forma coordinada con el resto, la irregularidad de su desarrollo termina lastrando las buenas ideas que traspasan la pantalla para quedarse grabadas en el subconsciente.

Una vez se encienden las luces, Déjame salir muestra todas sus caras, las mejores y las peores, y se define como un film irregular, con un interesante contenido que invita a la reflexión pero un tratamiento poco arriesgado, más interesado en recorrer los caminos que cientos de films ya han marcado antes en lugar de llevar la trama por territorios más ignotos. Puede que esa sea la clave para que el espectador se centre en el mensaje y la visión sobre el racismo que emana de la historia, pero también es la clave para entender que la cinta, como producto, podría haber sido mejor.

Nota: 6,5/10

El terror de ‘Déjame salir’ se enfrenta a la política de ‘El caso Sloane’


Si algo está caracterizando al mes de mayo son las numerosas propuestas que, al menos hasta ahora, tienen como punto en común el thriller y el terror. Este viernes, 19 de mayo, no es menos, y las principales novedades de la cartelera prometen intriga y emociones fuertes a los espectadores. Por supuesto, no es la única oferta, y aunque este es un fin de semana de pocos títulos nuevos, la variedad está servida.

Comenzamos el repaso con Déjame salir, ópera prima de Jordan Peele, quien también es autor de un guión que arranca cuando un joven afroamericano viaja con su novia blanca a la finca de los padres de ella para conocerlos y pasar el fin de semana. Aunque todo el mundo es extraordinariamente amable al comienzo, poco a poco se irán sucediendo extraños acontecimientos que pondrán en alerta al joven, iniciándose una pesadilla de la que intentará salir con vida. Intriga y terror se mezclan en esta historia protagonizada por Daniel Kaluuya (Sicario), Bradley Whitford (La cabaña en el bosque), Catherine Keener (serie Show me a hero), Allison Williams (serie Girls), Betty Gabriel (Election: La noche de las bestias) y Caleb Landry Jones (Decadencia).

El thriller y la política se unen en El caso Sloane, producción con capital francés y norteamericano dirigida por John Madden (El exótico Hotel Marigold) cuyo argumento se centra en una mujer conocida por su astucia y sus éxitos en las altas esferas del mundo político y empresarial. Acostumbrada a ganar sea como sea, cuando deba enfrentarse a un rival capaz de acabar con su carrera deberá decidir si el precio de la victoria realmente merece la pena. Jessica Chastain (Marte), Mark Strong (Agente contrainteligente), Gugu Mbatha-Raw (Los hombres libres de Jones), Alison Pill (serie The Newsroom), Jake Lacy (Carol), Michael Stuhlbarg (La llegada), John Lithgow (El contable) y Sam Waterston (Anesthesia) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos destaca Personal shopper, coproducción franco alemana escrita y dirigida por Olivier Assayas (Después de mayo) que arranca cuando una joven estadounidense que reside en París consigue un trabajo como encargada de todo el vestuario de una celebrity, lo que le da tiempo para tratar de contactar de algún modo con el espíritu de su hermano gemelo, muerto en esa misma ciudad. Su vida se complica cuando empieza a recibir mensajes de texto de un desconocido. Drama y misterio se dan cita en esta historia protagonizada por Kristen Stewart (American ultra), Lars Eidinger (Elixir), Anders Danielsen Lie (La odisea de Alice) y Benjamin Biolay (Vicky).

Desde Alemania también llega Goodbye Berlín, comedia dramática familiar basada en la novela de Wolfgang Herrndorf cuya trama se centra en un joven de 14 años que se queda solo en casa. Durante ese tiempo un compañero de clase aparece con un coche robado, iniciando juntos un viaje por carretera que les cambiará la vida. Fatih Akin (El padre) dirige esta propuesta en cuyo reparto destacan nombres como los de Anand Batbileg, Tristan Göbel (Zurich), Aniya Wendel, Julius Felsberg (Hotel Lux) y Uwe Bohm (Freistatt).

La última de las novedades de ficción es Boris sin Béatrice, drama escrito y dirigido por Denis Côté (Curling) que se centra en un hombre que decide tener una relación extra matrimonial para satisfacer sus necesidades emocionales mientras su mujer se encuentra gravemente enferma. James Hyndman (Black eyed dog), Simone-Élise Girard (Die), Denis Lavant (Eva no duerme), Dounia Sichov (Marussia) y Laetitia Isambert-Denis (Sans elle).

Terminamos el repaso con el documental Dancer, obra que se centra en el bailarín ucraniano Sergei Polunin, que con 19 años se convirtió en el primer bailarín más joven del Royal Ballet de Londres. La cinta está dirigida por Steven Cantor (Nadie muere en Lily Dale).

‘Grimm’ ata todos sus cabos sueltos en un final apresurado


No es algo infrecuente en las series de televisión, pero eso no lo convierte en una decisión precisamente acertada. La necesidad de muchas productoras de dar a sus creaciones un final más corto y, por tanto, más condensado, obliga a los ‘show runners’ a condensar en pocos episodios las historias que habitualmente desarrolla en un espacio narrativo más amplio. La serie Grimm es un nuevo caso, aunque en esta ocasión el resultado es relativamente satisfactorio, siempre y cuando no tengamos en cuenta el final feliz de cuento de hadas que proponen Stephen Carpenter (El jefe), David Greenwalt (serie Ángel) y Jim Kouf (Hora punta).

Porque, aunque se ajuste a esa idea de un cuento en el mundo real, lo cierto es que la conclusión de esta sexta y última temporada deja un sabor agridulce, básicamente porque su desarrollo dramático es mucho más complejo, oscuro y desasosegante de lo que ha sido cualquier otra etapa anterior, poniendo a los protagonistas ante un enemigo imposible de vencer. Esto, unido a los 13 episodios que contiene la temporada, hace que la trama adquiera una fuerza inusitada, entre otras cosas también porque no es necesario desarrollar prácticamente ningún nuevo personaje, salvo el villano de turno, dejando más tiempo para llevar a los personajes hasta situaciones extremas.

El problema es que todo eso se destruye como por arte de magia. Bueno, según se mire es literalmente por arte de magia. Todo lo que se había construido, todo el viaje que realiza el espectador, queda en nada. Y para ello se utiliza, por si fuera poco, un ‘deus ex machina’ cuanto menos cuestionable que deja todo atado y bien atado en un final amable, azucarado y plagado de emociones, con un epílogo que resulta incluso más interesante y acertado que el recurso resolutivo de esta temporada de Grimm. La pregunta que se plantea es si una temporada más larga habría sido más o menos beneficiosa, o si al menos habría cambiado el modo de afrontar el final, aunque lo más probable es que no.

De ahí el sabor agridulce. A pesar de que el modo en que se aborda la trama resulta interesante (con sus matices, que analizaré a continuación), la conclusión de la serie resulta un poco tosca en tanto en cuanto se intercambia el equilibrio de fuerzas entre héroe y villano casi por arte de magia, sin una explicación (al menos no una lo suficientemente convincente, incluso para el mundo de fantasía en el que transcurre) y deshaciendo todo lo visto hasta ese momento. Da la sensación, y es solo eso, una sensación, de que la decidida apuesta por un final tan dramático como apocalíptico que se mantiene a lo largo de toda la temporada no gustaba demasiado y hubo que cambiarla en un giro final. Como digo, es solo una sensación, pues lo más normal es que estuviera planificado de este modo a tenor de cómo se desarrollan los acontecimientos.

Combinación extrema

Pero decía que en esta última temporada de Grimm existen varios matices en el desarrollo del arco dramático. A pesar de la fuerza que exhibe, fundamentalmente porque sus creadores no tienen miramientos a la hora de mostrar las consecuencias de los actos de sus protagonistas, existe en estos 13 capítulos una necesidad imperiosa de cerrar las tramas secundarias en una especie de final argumental común. De ahí que aparezcan personajes casi de la nada que ayudan a cerrar algunos hilos, amén de una serie de situaciones que, aunque perfectamente integradas en la historia, vistas en perspectiva resultan un poco forzadas. En cualquier caso, son problemas menores de una combinación extrema de factores que pone el broche a una serie que ha sabido crecer a medida que lo hacían sus personajes y sus tramas.

Y es que, aunque es cierto que esta temporada final puede resultar algo forzada en muchos de sus giros argumentales, algo que ya ocurrió en menor medida en la anterior, e incluso estuvo personificado en el rol que interpreta Elizabeth Tulloch (The Artist), el balance general de la serie solo puede ser positivo. A lo largo de estas seis entregas esta ficción dramática y fantástica ha sabido aprovechar los mejores recursos narrativos y artísticos y los ha potenciado para crear una trama compleja, alejada cada vez más del formato episódico de caso policial y entregándose a algo superior, con una mayor repercusión a nivel emocional y aprovechando las posibilidades que ofrecía el desarrollo y los giros dramáticos planteados a lo largo de los años, evidentemente salvo contadas excepciones como la expuesta aquí o en análisis previos.

En lo que a estos 13 capítulos se refiere, la limitación en la duración de la serie no ha impedido componer una línea argumental coherente, a diferencia de otras series. Y eso es, en buena medida, porque sus creadores han sabido aprovechar los pilares dramáticos creados en las temporadas anteriores. Desde las relaciones entre los personajes, cuyas modificaciones han dejado un mosaico de sentimientos de lo más interesante, hasta aspectos como el palo que obtiene el protagonista o los poderes de algunos roles, todo se ha aprovechado para una conclusión a la que se le quieren dar tintes épicos y que, hasta cierto punto, los tiene. El problema, reitero, es precisamente que esa fusión de cabos sueltos no es tan orgánica como debería en algunos momentos, sobre todo en su tramo final, los que deja esa sensación agridulce que mencionaba al principio.

En líneas generales, Grimm ha sido una serie para disfrutar de la fantasía, una producción policíaca diferente, fresca y original como pocas que ha sabido reinventarse a cada paso. Valiente con muchas de sus decisiones y cobarde en otras (sobre todo en lo referente a los protagonistas), la ficción logra en su última temporada un broche que ejemplifica a la perfección lo que han sido estas seis etapas: sólidas en su planteamiento inicial, algo más endebles en los riesgos que debe tomar y en el dramatismo que le quiere dar al conjunto. El balance solo puede ser positivo, y aunque no sea uno de los grandes títulos de la pequeña pantalla, sí es algo sumamente recomendable para los fans del género. Ver crecer a una serie en todos sus aspectos siempre es gratificante, incluso cuando en ese crecimiento se arrastran algunos problemas.

‘Alien: Covenant’: el infierno original en un paraíso moderno


No hay nada como volver al principio para recuperar la esencia de algo. Al menos en parte. Por supuesto, eso no es garantía de nada, pero siempre es un buen comienzo para enderezar un barco que zozobra. La saga ‘Alien’ ha ido, indefectiblemente, de más a menos, y aunque soy partidario de defender lo que representa Prometheus (2012) en este universo, es indudable que no está a la altura de lo que el propio Ridley Scott logró en 1979. La nueva entrega, a medio camino entre el clásico y la modernidad, tiene las virtudes del primero y los vicios de la segunda, y es en esta combinación de ADNs donde el director logra crear un híbrido más que interesante.

Porque a pesar de los defectos de Alien: Covenant, sus aspectos positivos convierten a este film en una obra inquietante, eficaz en su relato y con un pulso narrativo firme y directo. Bueno, tal vez directo no sea el mejor apelativo a tenor de todo el trasfondo que posee, pero desde luego Scott vuelve a demostrar que es capaz de generar tensión dramática prácticamente con una pared. En este sentido, el film aprovecha un desarrollo dramático prácticamente calcado al original para explorar nuevas formas de terror, nuevas vías de crear estos monstruos que continúan evolucionando, esta vez de forma más coherente que en entregas anteriores y con una explicación tan eficaz como perturbadora.

De hecho, el film posee varias lecturas, algunas más interesantes que otras. Desde la mera y simple acción espacial hasta el trasfondo sociológico, filosófico e incluso religioso, la cinta explora en mayor o menor medida los diferentes aspectos que componen la complejidad del espíritu humano. Y esto es, a su vez, lo que juega en su contra. La cinta tarda en arrancar en lo que a trama se refiere, sus reflexiones rompen en muchos momentos el ritmo narrativo de la historia y, es cierto, aprovecha en demasía la estética y la estructura del primer film, hasta el punto de introducir personajes similares, entornos conocidos y, lo peor de todo, una previsibilidad en las decisiones de sus personajes y en las apuestas dramáticas que restan fuerza al film.

En realidad, Alien: Covenant es un puente casi perfecto entre lo que representó Prometheus y lo que ha sido la saga original. Aterradora, inquietante, dramática por momentos y espléndidamente rodada, la nueva película de Scott demuestra que la serie de terror espacial puede ofrecer todavía muchos y enriquecedores matices a este universo. Sí, es cierto que los aliens ahora se crean por otros medios, que se cambia una reunión en torno a una mesa por una camilla y que su desarrollo se desinfla un poco al final ante lo previsible del argumento. Sin embargo, todo eso no impide que sea una obra notable capaz de perturbar con el uso que el director hace de las sombras y de las posibilidades del guión. Y ojo a la labor de Michael Fassbender (La luz entre los océanos), auténtico héroe, villano y todo lo que se quiera decir de él. El resto del reparto, por suerte o por desgracia, no están a su altura. Más o menos como ocurre con su personaje y el resto de la tripulación.

Nota: 7,5/10

R. Scott aterroriza a los tripulantes del Covenant con un nuevo ‘Alien’


Después de un fin de semana de muchos y muy variados estrenos, toca descansar. O al menos, no llenar la cartelera con decenas de títulos nuevos. Pero el hecho de que este viernes, 12 de mayo, no se estrenen tantas películas no quiere decir, ni mucho menos, que no exista una variada oferta. Desde el terror espacial más icónico hasta un drama con la novia de Hollywood, pasando por varias novedades europeas.

Pero comencemos por el que, sin duda, es el estreno de la semana. Alien: Covenant, regreso de Ridley Scott (Marte) al universo que él mismo ayudó a convertir en todo un icono de la ciencia ficción y el terror espacial, monstruos incluidos. Secuela de Prometheus (2012), la cinta se centra en una expedición colonial formada por varias parejas cuyo objetivo es encontrar un paraíso inexplorado donde iniciar una nueva sociedad, algo que parecen encontrar en un planeta que pronto se convierte en una pesadilla, y en el que habita un sintético que parece tener una estrecha relación con la criatura que amenaza con acabar con sus vidas. En el reparto encontramos a Michael Fassbender (Assassin’s Creed), Katherine Waterston (Steve Jobs), Danny McBride (Juerga hasta el fin), Demián Bichir (Los odiosos ocho), Noomi Rapace (El niño 44), Billy Crudup (Spotlight), Carmen Ejogo (Selma), Amy Seimetz (Lovesong), Callie Hernandez (Blair Witch), Jussie Smollett (serie Empire), Guy Pierce (El editor de libros) y James Franco (¿Tenía que ser él?).

Estados Unidos y España colaboran en Money, thriller que arranca cuando la velada de la que disfrutan dos parejas con una vida acomodada dará un giro de 180 grados con la presencia de dos maletines llenos de dinero y la aparición de un extraño que sacará a la luz los aspectos más oscuros de cada uno de ellos. Debut en el largometraje de José Martín Rosete, su internacional reparto está encabezado por Kellan Lutz (Hércules: El origen de la leyenda), Jess Weixler (La mirada del amor), Lucía Guerrero (Perdona si te llamo amor) y Jesse Williams (El mayordomo).

Antes de abordar los estrenos puramente europeos, una propuesta que cuenta con capital estadounidense, sudafricano y alemán. Guardián y verdugo es el título de la adaptación de la novela escrita por Chris Marnewick y dirigida por Oliver Schmitz (Le secret de Chanda) cuya trama, basada en hechos reales, gira en torno a un abogado que defendió a un joven guardia de prisión de máxima seguridad traumatizado por todas las penas de muerte que había presenciado en los años 80. Steve Coogan (Philomena), Andrea Riseborough (Oblivion), Garion Dowds, Deon Lotz (French toast) y Robert Hobbs (Young ones) son los principales actores.

La producción nacional tiene como único representante Demonios tus ojos, thriller dramático en el que también participa Colombia y que está dirigido por Pedro Aguilera (Naufragio). La historia arranca cuando un joven director de cine descubre una noche, en una web de vídeos eróticos, que una de las protagonistas es su hermana pequeña. Sorprendido y conmocionado, viaja a Madrid para hablar con ella, pero una atracción hacia ella surgirá durante el proceso de investigación. El reparto está encabezado por Ivana Baquero (El club de los incomprendidos), Julio Perillán (Proyecto Lázaro), Lucía Guerrero (Grupo 7), Nicolás Coronado (Novatos) y Elisabet Gelabert (Las furias).

Entre los títulos europeos destaca Paraíso, film con participación alemana y rusa  que centra su atención en las vidas de tres personajes muy diferentes que se cruzan durante la II Guerra Mundial. Sus ideologías y sus formas de ver el mundo les llevarán a tomar decisiones muy diferentes ante el mundo que les ha tocado vivir. Dirigido por Andrey Konchalovskiy (Tío Vania), este drama está protagonizado por Philippe Duquesne (Tras la pared), Vera Voronkova (Kontakt), Christian Clauss, Yuliya Vysotskaya (Max) y Peter Kurth (Herbert), entre otros.

Con algo de retraso llega la italiana Le llamaban Jeeg Robot, thriller con toques de comedia y ciencia ficción realizado en 2015 cuya trama arranca cuando un joven ladrón de poca monta recibe unos increíbles poderes que utilizará para hacer una importante carrera criminal. Todo cambia cuando conoce a una joven trastornada que cree que es el héroe de una famosa serie de animación japonesa. Juntos deberán enfrentarse a un mafioso cuyo único objetivo es obtener fama y notoriedad. Dirigida por Gabriele Mainetti (Ultimo stadio), entre los actores destacan nombres como los de Claudio Santamaria (Terraferma), Luca Marinelli (La gran belleza), Stefano Ambrogi (Sotto una buona stella), Maurizio Tesei (Fantasmi), Ilenia Pastorelli y Francesco Formichetti (L’ultima ruota del carro).

También es de 2015 el drama romántico Bajo el sol, film que cuenta con capital croata, serbio y esloveno que, con el marco de las guerras balcánicas, aborda la historia de diferentes historias de amor a lo largo de tres décadas, arrancando en los años 90, donde dos amantes se ven obligados a vivir su relación en la clandestinidad por el conflicto bélico, y terminando en 2011, cuando finalmente una relación puede alcanzar su plenitud una vez cicatrizadas las heridas de la guerra. Escrita y dirigida por Dalibor Matanic (Kino lika), la película está protagonizada por Dado Cosic (El segador), Nives Ivankovic (Agonija), Goran Markovic (Mrak) y Tihana Lazovic (Suti).

En lo que a animación se refiere, dos propuestas. Por un lado, Richard, la cigüeña, película que cuenta con participación alemana, belga, luxemburguesa y noruega y que gira en torno a un gorrión adoptado por una familia de cigüeñas cuyo mayor deseo es viajar a África antes del invierno. Con la ayuda de un búho y un periquito iniciará el viaje para demostrar que es una cigüeña más. Dirigen Toby Genkel (¡Upsss! ¿Dónde está Noé…?) y Reza Memari en el que es su debut en el largometraje.

Por otro, la noruega Dos colegas al rescate, cinta de aventuras realizada en 2015 a cuatro manos por Rasmus A. Sivertsen (Pelle Politibil går i vannet) y Rune Spaans, para el que es su primer film como director. El argumento se centra en dos atolondrados amigos que viven en el interior de un túnel ferroviario y cuyas existencias cambian cuando conocen a la hija de un importante científico secuestrado por Rasputín, un villano que quiere convertir a los humanos en robots.

1ª T. de ‘Legión’, o cómo lograr una serie inusual basada en cómics


El mundo de las adaptaciones de cómics a la pequeña pantalla está siendo tan exitosa como repetitiva. La estructura narrativa de las diferentes series que han surgido a lo largo de estos últimos años comparten la base de enfrentar al héroe contra un enemigo externo, salir derrotado varias veces, replantearse sus propios miedos y motivaciones y, finalmente, vencer la mencionada amenaza en un heroico acto que represente su cambio psicológico y emocional. Es por eso que un producto como Legión, surgido de la mente de Noah Hawley (serie The unusuals), no solo es un soplo de aire fresco en este mundo superheroico, sino que aprovecha al propio protagonista para ofrecer una historia completamente diferente en su forma, compleja y retorcida, que obliga al espectador a prestar una inusual atención a la historia y los personajes, habitualmente de lo más flojo en estas ficciones.

Para aquellos que no conozcan la historia, un breve resumen. El protagonista es un joven y poderoso mutante encerrado en un psiquiátrico por considerar que está enfermo. Sin embargo, un grupo formado por mutantes y no mutantes decide rescatarle junto a otra mutante para que se una a su grupo, explicándole que lo que muchos consideran una enfermedad (incluso él mismo lo ha llegado a creer) es en realidad un increíble poder telépata. Sin embargo, sí existe algo dentro de él que trata de poseerle y robarle su poder, una entidad que ansía vengarse del padre del joven, al que este nunca llegó a conocer.

Narrado así, el argumento de esta primera temporada de 8 episodios puede resultar algo sencillo, e incluso similar al de series ya vistas. Pero Legión dista mucho de ser una serie convencional. Hawley aprovecha las posibilidades que ofrece el mundo de la mente, los recuerdos y los poderes mutantes para construir una narrativa tan fragmentada como la mente del protagonista, con constantes saltos en el tiempo dramático y con numerosas líneas argumentales paralelas que vienen a explicar lo que ocurre en el mundo real y lo que ocurre en el plano psíquico. La combinación es tal que, salvo por algunos tratamientos formales con sutiles diferencias (en algunos casos mucho más evidentes), puede llegar a confundirse el espacio en el que se desarrolla la acción.

Y aunque esto pueda considerarse una debilidad, pues sin duda muchos espectadores pueden dejar de lado la serie, en realidad es su mayor fortaleza. La serie es sumamente compleja, es cierto, pero al mismo tiempo copa todas las expectativas. De hecho, las supera. El que la trama se articule de un modo más o menos lineal, con el héroe luchando contra una amenaza externa y una interna, dota al conjunto de una coherencia que, de otro modo, se perdería. Por otro lado, el caos que puede parecer a simple vista su tratamiento formal termina, una vez superados los primeros capítulos, por ser algo enriquecedor, pues permite apreciar una amplia variedad de matices que aportan una mayor profundidad dramática a los personajes, sobre todo al protagonista, del que se desvelan poco a poco aspectos que deberán ser tratados en las siguientes temporadas.

Más allá de los poderes

De hecho, y aunque a priori es una serie sobre mutantes con extraordinarios poderes, Legión logra su máximo esplendor precisamente en el tratamiento de los personajes y en el modo en que presenta el enfrentamiento entre el bien y el mal dejando esos poderes a un lado, y recurriendo a ellos únicamente como herramienta para desarrollar aspectos de la trama mucho más profundos desde un punto de vista dramático. Esto hace que la primera temporada se distancie, y mucho, de producciones similares, convirtiéndola por ende en algo casi único en su forma y su contenido. Asimismo, la aportación cromática del diseño de producción es simplemente brillante, abordando la evolución del protagonista a través de una paleta de colores enriquecedora en todos los sentidos posibles.

Por su parte, el reparto, espectacular del primero al último, aporta a los personajes una entidad y una sobriedad sin igual. Incluso aquellos definidos más por su ironía logran engrandecer sus respectivos papeles gracias a una apuesta por llevar todo al extremo, siempre considerando unos límites. Evidentemente, esto convierte en muchas ocasiones a los protagonistas en arquetípicos, limitando en cierto modo la versatilidad y los diversos rostros que todos ellos tienen. Sin embargo, estas debilidades, que en realidad son puntuales, se compensan con el tratamiento argumental, con esa apuesta por los mundos de la mente, los recuerdos y la psicología, que ponen a los héroes ante situaciones tan complejas como peligrosas.

Y por si el camino recorrido en esta primera temporada no fuese lo suficientemente interesante, el episodio final deja en el aire muchas preguntas y tramas secundarias abiertas, amén de dar a la principal una futura segunda oportunidad que, esperemos, llegue más pronto que tarde. El hecho de que Hawley explore durante estos capítulos el pasado del protagonista interpretado por Dan Stevens (La Bella y la Bestia) enriquece los matices de este joven acusado de estar loco. De nuevo, sus poderes son algo casi secundario, dando más relevancia a sus todavía desconocidos orígenes (al menos para aquellos que no conozcan su trayectoria en los cómics) y generando la expectación necesaria para demandar más sobre él en la siguiente temporada.

El mejor resumen de Legión podría ser que es una serie de superhéroes muy, muy inusual. Alejada de formatos tradicionales y recurriendo a un personaje relativamente poco conocido entre el gran público, esta primera temporada absorbe todas las potencialidades de las capacidades y las explota al máximo, generando un universo único, colorido y fragmentado en el que realidad y ficción, mente y espacio físico se confunden para contar una compleja historia de miedos internos, amenazas externas y remordimientos arrastrados durante décadas. Una serie, en definitiva, en la que los mutantes son más bien personajes que deben afrontar sus problemas como cualquier otro. Una serie en la que los poderes no tienen el protagonismo. El problema es que esto puede cambiar a medida que se desarrollen esas capacidades sobrehumanas, pero esperemos que eso tarde en llegar, si es que llega alguna vez. Por lo pronto, solo se puede disfrutar de este debut.

‘Z, la ciudad perdida’: lo que esconde la obsesión con el Amazonas


Después de seis películas, el director James Gray (Two lovers) se ha convertido en uno de esos autores de Hollywood capaces de sacar adelante proyectos complejos en lo dramático y en lo técnico. Y desde luego, su último proyecto no se aparta de esta idea. Incluso si solo atendemos a la duración de la historia, que transcurre a principios del siglo XX, y a los numerosos acontecimientos por todo el mundo que la nutren, la película ya recuerda a las grandes épicas del Hollywood clásico. Pero por suerte, hay mucho más.

Z, la ciudad perdida es una obra mastodóntica en todos los sentidos. Visualmente incomparable, con unos escenarios tan variopintos como la selva amazónica, la Inglaterra de principios de siglo o las trincheras de la I Guerra Mundial, el film explora, más que la simple búsqueda de aventuras, el constante equilibrio entre el deber y la familia, entre una obsesión y el deber con aquellos que son más cercanos a nosotros. En este sentido, Gray compone con un puñado de protagonistas todo un cosmos en el que, incluso los secundarios, abordan de algún modo esta dualidad, esta confrontación dramática que termina convirtiéndose en el motor de una historia cuyo final, por cierto, es de los más elegantes y bellos que se podían realizar teniendo en cuenta el desenlace de la historia real que relata.

Posiblemente el mayor problema del film sea su duración. A pesar de que la obra es capaz de mantener el interés durante buena parte de su metraje, sobre todo cuando la selva es la protagonista, es inevitable que el ritmo decaiga en numerosas ocasiones, lo que le hace flaco favor, además al reparto. Y es que, aunque la labor del director con los actores es espectacular, no impide que sus carencias interpretativas se perciban a lo largo de las casi dos horas y media de duración, fundamentalmente en aquellos momentos más dramáticos. Con todo, es de justicia reconocer su trabajo en un film que abarca décadas, y en el que los personajes pasan por diferentes etapas de su vida. En este sentido, el tratamiento del guión, que presenta de forma diferente a los protagonistas dependiendo del momento, es formidable.

Pero a pesar de sus debilidades, Z, la ciudad perdida es una de las aventuras épicas más atractivas e interesantes de los últimos años. Gray es capaz de crear un universo fascinante, un mundo con el que demuestra que lo inexplorado todavía tiene cabida en una sociedad que tiene cualquier rincón del mundo al alcance de un clic. Con una puesta en escena elegante y sobria, el director explora las pasiones de un hombre obsesionado no solo con un descubrimiento, sino con el honor, su familia y la reparación de su nombre. En realidad, y aunque la ciudad perdida sea el Mcguffin, lo verdaderamente relevante son las motivaciones que llevan a estos hombres a volver a la selva amazónica hasta en tres ocasiones. Es ahí donde la obra alcanza su mayor expresividad, y donde el espectador puede encontrar todo lo que esconde el film.

Nota: 7,5/10

‘El círculo’: ser lo que no somos delante de una cámara


Pros y contras de la tecnología. Beneficios y riesgos de tener todos nuestros datos en internet, ya sea desperdigados por el espacio digital o condensados en una única cuenta. Eterno debate que, en la nueva película de James Ponsoldt (Aquí y ahora), escribe un nuevo episodio cuya aportación al debate es más bien escasa. Y no porque no invite a la reflexión o no exponga claramente la dualidad de un mundo en constante, rápido y peligroso desarrollo, sino porque, como película, plantea un tratamiento dramático cuanto menos cuestionable. Muy a pesar del excelente reparto que tiene, todo sea dicho.

Desde luego, lo más llamativo de El círculo es su apuesta visual y muchos de los hitos que conforman su trama. Bebiendo de producciones previas, ya sean cinematográficas o televisivas, Ponsoldt apuesta por el caos que generan millones de mensajes incapaces de ser leídos en un formato visual que puede llegar a ser confuso, pero que en el fondo termina por llegar al espectador del modo adecuado a lo que se quiere transmitir. A esto se suma un diseño de producción que se nutre directamente del funcionamiento de los grandes gigantes de internet, a los que por cierto el argumento hace una crítica cuanto menos contundente, al menos durante su primera mitad. Todo ello conforma un desarrollo inicial interesante que, sin embargo, se desinfla de forma alarmante.

Y es que, como se menciona en un momento del film, todos nos comportamos diferente delante de una cámara. Da la sensación de que la historia no quiere en ningún momento tomar partido a favor o en contra de la tecnología. En una suerte de búsqueda del equilibrio entre lo bueno y lo malo, la cinta se queda en tierra de nadie, convirtiéndose en una huída hacia adelante de la protagonista que, para denunciar los riesgos de una transparencia absoluta y poner en evidencia a sus jefes, decide recurrir al máximo extremo de la transparencia. Todo ello después de sufrir en sus carnes las nefastas consecuencias de que toda su vida sea retransmitida por una cámara. Pero no queda ahí la cosa. La cinta se centra tanto en el personaje de Emma Watson (saga Harry Potter) que se olvida de dar algo de “cariño”, aunque sea mínimo, a algunas tramas secundarias, sobre todo a la de la mejor amiga, cuya evolución está narrada de forma tan escueta que da la sensación de que se ha quedado algo por el camino en la sala de montaje.

El verdadero problema de El círculo es pura y sencillamente dramático. El tratamiento del guión es tosco, plagado de referencias a otros films e historias previas similares que han abordado, si no este, otros temas relacionados. Y eso se nota a pesar de los actores, más que nada porque lo que podría dar un aire diferente al relato, como son las tramas secundarias, se reducen a la mínima expresión, siendo totalmente inconexas y, hasta cierto punto incomprensibles. Da la sensación de que la historia comienza de un modo pero, a mitad de desarrollo, comprende que hay una cámara que observa lo que está ocurriendo, tratando de rectificar y comportarse como algo que no es. O dicho de otro modo, la película comienza apuntando en una dirección para cambiar de rumbo, hacerlo sin una explicación coherente y terminar de un modo cuanto menos cuestionable.

Nota: 6/10

Diccineario

Cine y palabras

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