El terror de ‘Déjame salir’ se enfrenta a la política de ‘El caso Sloane’


Si algo está caracterizando al mes de mayo son las numerosas propuestas que, al menos hasta ahora, tienen como punto en común el thriller y el terror. Este viernes, 19 de mayo, no es menos, y las principales novedades de la cartelera prometen intriga y emociones fuertes a los espectadores. Por supuesto, no es la única oferta, y aunque este es un fin de semana de pocos títulos nuevos, la variedad está servida.

Comenzamos el repaso con Déjame salir, ópera prima de Jordan Peele, quien también es autor de un guión que arranca cuando un joven afroamericano viaja con su novia blanca a la finca de los padres de ella para conocerlos y pasar el fin de semana. Aunque todo el mundo es extraordinariamente amable al comienzo, poco a poco se irán sucediendo extraños acontecimientos que pondrán en alerta al joven, iniciándose una pesadilla de la que intentará salir con vida. Intriga y terror se mezclan en esta historia protagonizada por Daniel Kaluuya (Sicario), Bradley Whitford (La cabaña en el bosque), Catherine Keener (serie Show me a hero), Allison Williams (serie Girls), Betty Gabriel (Election: La noche de las bestias) y Caleb Landry Jones (Decadencia).

El thriller y la política se unen en El caso Sloane, producción con capital francés y norteamericano dirigida por John Madden (El exótico Hotel Marigold) cuyo argumento se centra en una mujer conocida por su astucia y sus éxitos en las altas esferas del mundo político y empresarial. Acostumbrada a ganar sea como sea, cuando deba enfrentarse a un rival capaz de acabar con su carrera deberá decidir si el precio de la victoria realmente merece la pena. Jessica Chastain (Marte), Mark Strong (Agente contrainteligente), Gugu Mbatha-Raw (Los hombres libres de Jones), Alison Pill (serie The Newsroom), Jake Lacy (Carol), Michael Stuhlbarg (La llegada), John Lithgow (El contable) y Sam Waterston (Anesthesia) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos destaca Personal shopper, coproducción franco alemana escrita y dirigida por Olivier Assayas (Después de mayo) que arranca cuando una joven estadounidense que reside en París consigue un trabajo como encargada de todo el vestuario de una celebrity, lo que le da tiempo para tratar de contactar de algún modo con el espíritu de su hermano gemelo, muerto en esa misma ciudad. Su vida se complica cuando empieza a recibir mensajes de texto de un desconocido. Drama y misterio se dan cita en esta historia protagonizada por Kristen Stewart (American ultra), Lars Eidinger (Elixir), Anders Danielsen Lie (La odisea de Alice) y Benjamin Biolay (Vicky).

Desde Alemania también llega Goodbye Berlín, comedia dramática familiar basada en la novela de Wolfgang Herrndorf cuya trama se centra en un joven de 14 años que se queda solo en casa. Durante ese tiempo un compañero de clase aparece con un coche robado, iniciando juntos un viaje por carretera que les cambiará la vida. Fatih Akin (El padre) dirige esta propuesta en cuyo reparto destacan nombres como los de Anand Batbileg, Tristan Göbel (Zurich), Aniya Wendel, Julius Felsberg (Hotel Lux) y Uwe Bohm (Freistatt).

La última de las novedades de ficción es Boris sin Béatrice, drama escrito y dirigido por Denis Côté (Curling) que se centra en un hombre que decide tener una relación extra matrimonial para satisfacer sus necesidades emocionales mientras su mujer se encuentra gravemente enferma. James Hyndman (Black eyed dog), Simone-Élise Girard (Die), Denis Lavant (Eva no duerme), Dounia Sichov (Marussia) y Laetitia Isambert-Denis (Sans elle).

Terminamos el repaso con el documental Dancer, obra que se centra en el bailarín ucraniano Sergei Polunin, que con 19 años se convirtió en el primer bailarín más joven del Royal Ballet de Londres. La cinta está dirigida por Steven Cantor (Nadie muere en Lily Dale).

‘Grimm’ ata todos sus cabos sueltos en un final apresurado


No es algo infrecuente en las series de televisión, pero eso no lo convierte en una decisión precisamente acertada. La necesidad de muchas productoras de dar a sus creaciones un final más corto y, por tanto, más condensado, obliga a los ‘show runners’ a condensar en pocos episodios las historias que habitualmente desarrolla en un espacio narrativo más amplio. La serie Grimm es un nuevo caso, aunque en esta ocasión el resultado es relativamente satisfactorio, siempre y cuando no tengamos en cuenta el final feliz de cuento de hadas que proponen Stephen Carpenter (El jefe), David Greenwalt (serie Ángel) y Jim Kouf (Hora punta).

Porque, aunque se ajuste a esa idea de un cuento en el mundo real, lo cierto es que la conclusión de esta sexta y última temporada deja un sabor agridulce, básicamente porque su desarrollo dramático es mucho más complejo, oscuro y desasosegante de lo que ha sido cualquier otra etapa anterior, poniendo a los protagonistas ante un enemigo imposible de vencer. Esto, unido a los 13 episodios que contiene la temporada, hace que la trama adquiera una fuerza inusitada, entre otras cosas también porque no es necesario desarrollar prácticamente ningún nuevo personaje, salvo el villano de turno, dejando más tiempo para llevar a los personajes hasta situaciones extremas.

El problema es que todo eso se destruye como por arte de magia. Bueno, según se mire es literalmente por arte de magia. Todo lo que se había construido, todo el viaje que realiza el espectador, queda en nada. Y para ello se utiliza, por si fuera poco, un ‘deus ex machina’ cuanto menos cuestionable que deja todo atado y bien atado en un final amable, azucarado y plagado de emociones, con un epílogo que resulta incluso más interesante y acertado que el recurso resolutivo de esta temporada de Grimm. La pregunta que se plantea es si una temporada más larga habría sido más o menos beneficiosa, o si al menos habría cambiado el modo de afrontar el final, aunque lo más probable es que no.

De ahí el sabor agridulce. A pesar de que el modo en que se aborda la trama resulta interesante (con sus matices, que analizaré a continuación), la conclusión de la serie resulta un poco tosca en tanto en cuanto se intercambia el equilibrio de fuerzas entre héroe y villano casi por arte de magia, sin una explicación (al menos no una lo suficientemente convincente, incluso para el mundo de fantasía en el que transcurre) y deshaciendo todo lo visto hasta ese momento. Da la sensación, y es solo eso, una sensación, de que la decidida apuesta por un final tan dramático como apocalíptico que se mantiene a lo largo de toda la temporada no gustaba demasiado y hubo que cambiarla en un giro final. Como digo, es solo una sensación, pues lo más normal es que estuviera planificado de este modo a tenor de cómo se desarrollan los acontecimientos.

Combinación extrema

Pero decía que en esta última temporada de Grimm existen varios matices en el desarrollo del arco dramático. A pesar de la fuerza que exhibe, fundamentalmente porque sus creadores no tienen miramientos a la hora de mostrar las consecuencias de los actos de sus protagonistas, existe en estos 13 capítulos una necesidad imperiosa de cerrar las tramas secundarias en una especie de final argumental común. De ahí que aparezcan personajes casi de la nada que ayudan a cerrar algunos hilos, amén de una serie de situaciones que, aunque perfectamente integradas en la historia, vistas en perspectiva resultan un poco forzadas. En cualquier caso, son problemas menores de una combinación extrema de factores que pone el broche a una serie que ha sabido crecer a medida que lo hacían sus personajes y sus tramas.

Y es que, aunque es cierto que esta temporada final puede resultar algo forzada en muchos de sus giros argumentales, algo que ya ocurrió en menor medida en la anterior, e incluso estuvo personificado en el rol que interpreta Elizabeth Tulloch (The Artist), el balance general de la serie solo puede ser positivo. A lo largo de estas seis entregas esta ficción dramática y fantástica ha sabido aprovechar los mejores recursos narrativos y artísticos y los ha potenciado para crear una trama compleja, alejada cada vez más del formato episódico de caso policial y entregándose a algo superior, con una mayor repercusión a nivel emocional y aprovechando las posibilidades que ofrecía el desarrollo y los giros dramáticos planteados a lo largo de los años, evidentemente salvo contadas excepciones como la expuesta aquí o en análisis previos.

En lo que a estos 13 capítulos se refiere, la limitación en la duración de la serie no ha impedido componer una línea argumental coherente, a diferencia de otras series. Y eso es, en buena medida, porque sus creadores han sabido aprovechar los pilares dramáticos creados en las temporadas anteriores. Desde las relaciones entre los personajes, cuyas modificaciones han dejado un mosaico de sentimientos de lo más interesante, hasta aspectos como el palo que obtiene el protagonista o los poderes de algunos roles, todo se ha aprovechado para una conclusión a la que se le quieren dar tintes épicos y que, hasta cierto punto, los tiene. El problema, reitero, es precisamente que esa fusión de cabos sueltos no es tan orgánica como debería en algunos momentos, sobre todo en su tramo final, los que deja esa sensación agridulce que mencionaba al principio.

En líneas generales, Grimm ha sido una serie para disfrutar de la fantasía, una producción policíaca diferente, fresca y original como pocas que ha sabido reinventarse a cada paso. Valiente con muchas de sus decisiones y cobarde en otras (sobre todo en lo referente a los protagonistas), la ficción logra en su última temporada un broche que ejemplifica a la perfección lo que han sido estas seis etapas: sólidas en su planteamiento inicial, algo más endebles en los riesgos que debe tomar y en el dramatismo que le quiere dar al conjunto. El balance solo puede ser positivo, y aunque no sea uno de los grandes títulos de la pequeña pantalla, sí es algo sumamente recomendable para los fans del género. Ver crecer a una serie en todos sus aspectos siempre es gratificante, incluso cuando en ese crecimiento se arrastran algunos problemas.

‘Alien: Covenant’: el infierno original en un paraíso moderno


No hay nada como volver al principio para recuperar la esencia de algo. Al menos en parte. Por supuesto, eso no es garantía de nada, pero siempre es un buen comienzo para enderezar un barco que zozobra. La saga ‘Alien’ ha ido, indefectiblemente, de más a menos, y aunque soy partidario de defender lo que representa Prometheus (2012) en este universo, es indudable que no está a la altura de lo que el propio Ridley Scott logró en 1979. La nueva entrega, a medio camino entre el clásico y la modernidad, tiene las virtudes del primero y los vicios de la segunda, y es en esta combinación de ADNs donde el director logra crear un híbrido más que interesante.

Porque a pesar de los defectos de Alien: Covenant, sus aspectos positivos convierten a este film en una obra inquietante, eficaz en su relato y con un pulso narrativo firme y directo. Bueno, tal vez directo no sea el mejor apelativo a tenor de todo el trasfondo que posee, pero desde luego Scott vuelve a demostrar que es capaz de generar tensión dramática prácticamente con una pared. En este sentido, el film aprovecha un desarrollo dramático prácticamente calcado al original para explorar nuevas formas de terror, nuevas vías de crear estos monstruos que continúan evolucionando, esta vez de forma más coherente que en entregas anteriores y con una explicación tan eficaz como perturbadora.

De hecho, el film posee varias lecturas, algunas más interesantes que otras. Desde la mera y simple acción espacial hasta el trasfondo sociológico, filosófico e incluso religioso, la cinta explora en mayor o menor medida los diferentes aspectos que componen la complejidad del espíritu humano. Y esto es, a su vez, lo que juega en su contra. La cinta tarda en arrancar en lo que a trama se refiere, sus reflexiones rompen en muchos momentos el ritmo narrativo de la historia y, es cierto, aprovecha en demasía la estética y la estructura del primer film, hasta el punto de introducir personajes similares, entornos conocidos y, lo peor de todo, una previsibilidad en las decisiones de sus personajes y en las apuestas dramáticas que restan fuerza al film.

En realidad, Alien: Covenant es un puente casi perfecto entre lo que representó Prometheus y lo que ha sido la saga original. Aterradora, inquietante, dramática por momentos y espléndidamente rodada, la nueva película de Scott demuestra que la serie de terror espacial puede ofrecer todavía muchos y enriquecedores matices a este universo. Sí, es cierto que los aliens ahora se crean por otros medios, que se cambia una reunión en torno a una mesa por una camilla y que su desarrollo se desinfla un poco al final ante lo previsible del argumento. Sin embargo, todo eso no impide que sea una obra notable capaz de perturbar con el uso que el director hace de las sombras y de las posibilidades del guión. Y ojo a la labor de Michael Fassbender (La luz entre los océanos), auténtico héroe, villano y todo lo que se quiera decir de él. El resto del reparto, por suerte o por desgracia, no están a su altura. Más o menos como ocurre con su personaje y el resto de la tripulación.

Nota: 7,5/10

R. Scott aterroriza a los tripulantes del Covenant con un nuevo ‘Alien’


Después de un fin de semana de muchos y muy variados estrenos, toca descansar. O al menos, no llenar la cartelera con decenas de títulos nuevos. Pero el hecho de que este viernes, 12 de mayo, no se estrenen tantas películas no quiere decir, ni mucho menos, que no exista una variada oferta. Desde el terror espacial más icónico hasta un drama con la novia de Hollywood, pasando por varias novedades europeas.

Pero comencemos por el que, sin duda, es el estreno de la semana. Alien: Covenant, regreso de Ridley Scott (Marte) al universo que él mismo ayudó a convertir en todo un icono de la ciencia ficción y el terror espacial, monstruos incluidos. Secuela de Prometheus (2012), la cinta se centra en una expedición colonial formada por varias parejas cuyo objetivo es encontrar un paraíso inexplorado donde iniciar una nueva sociedad, algo que parecen encontrar en un planeta que pronto se convierte en una pesadilla, y en el que habita un sintético que parece tener una estrecha relación con la criatura que amenaza con acabar con sus vidas. En el reparto encontramos a Michael Fassbender (Assassin’s Creed), Katherine Waterston (Steve Jobs), Danny McBride (Juerga hasta el fin), Demián Bichir (Los odiosos ocho), Noomi Rapace (El niño 44), Billy Crudup (Spotlight), Carmen Ejogo (Selma), Amy Seimetz (Lovesong), Callie Hernandez (Blair Witch), Jussie Smollett (serie Empire), Guy Pierce (El editor de libros) y James Franco (¿Tenía que ser él?).

Estados Unidos y España colaboran en Money, thriller que arranca cuando la velada de la que disfrutan dos parejas con una vida acomodada dará un giro de 180 grados con la presencia de dos maletines llenos de dinero y la aparición de un extraño que sacará a la luz los aspectos más oscuros de cada uno de ellos. Debut en el largometraje de José Martín Rosete, su internacional reparto está encabezado por Kellan Lutz (Hércules: El origen de la leyenda), Jess Weixler (La mirada del amor), Lucía Guerrero (Perdona si te llamo amor) y Jesse Williams (El mayordomo).

Antes de abordar los estrenos puramente europeos, una propuesta que cuenta con capital estadounidense, sudafricano y alemán. Guardián y verdugo es el título de la adaptación de la novela escrita por Chris Marnewick y dirigida por Oliver Schmitz (Le secret de Chanda) cuya trama, basada en hechos reales, gira en torno a un abogado que defendió a un joven guardia de prisión de máxima seguridad traumatizado por todas las penas de muerte que había presenciado en los años 80. Steve Coogan (Philomena), Andrea Riseborough (Oblivion), Garion Dowds, Deon Lotz (French toast) y Robert Hobbs (Young ones) son los principales actores.

La producción nacional tiene como único representante Demonios tus ojos, thriller dramático en el que también participa Colombia y que está dirigido por Pedro Aguilera (Naufragio). La historia arranca cuando un joven director de cine descubre una noche, en una web de vídeos eróticos, que una de las protagonistas es su hermana pequeña. Sorprendido y conmocionado, viaja a Madrid para hablar con ella, pero una atracción hacia ella surgirá durante el proceso de investigación. El reparto está encabezado por Ivana Baquero (El club de los incomprendidos), Julio Perillán (Proyecto Lázaro), Lucía Guerrero (Grupo 7), Nicolás Coronado (Novatos) y Elisabet Gelabert (Las furias).

Entre los títulos europeos destaca Paraíso, film con participación alemana y rusa  que centra su atención en las vidas de tres personajes muy diferentes que se cruzan durante la II Guerra Mundial. Sus ideologías y sus formas de ver el mundo les llevarán a tomar decisiones muy diferentes ante el mundo que les ha tocado vivir. Dirigido por Andrey Konchalovskiy (Tío Vania), este drama está protagonizado por Philippe Duquesne (Tras la pared), Vera Voronkova (Kontakt), Christian Clauss, Yuliya Vysotskaya (Max) y Peter Kurth (Herbert), entre otros.

Con algo de retraso llega la italiana Le llamaban Jeeg Robot, thriller con toques de comedia y ciencia ficción realizado en 2015 cuya trama arranca cuando un joven ladrón de poca monta recibe unos increíbles poderes que utilizará para hacer una importante carrera criminal. Todo cambia cuando conoce a una joven trastornada que cree que es el héroe de una famosa serie de animación japonesa. Juntos deberán enfrentarse a un mafioso cuyo único objetivo es obtener fama y notoriedad. Dirigida por Gabriele Mainetti (Ultimo stadio), entre los actores destacan nombres como los de Claudio Santamaria (Terraferma), Luca Marinelli (La gran belleza), Stefano Ambrogi (Sotto una buona stella), Maurizio Tesei (Fantasmi), Ilenia Pastorelli y Francesco Formichetti (L’ultima ruota del carro).

También es de 2015 el drama romántico Bajo el sol, film que cuenta con capital croata, serbio y esloveno que, con el marco de las guerras balcánicas, aborda la historia de diferentes historias de amor a lo largo de tres décadas, arrancando en los años 90, donde dos amantes se ven obligados a vivir su relación en la clandestinidad por el conflicto bélico, y terminando en 2011, cuando finalmente una relación puede alcanzar su plenitud una vez cicatrizadas las heridas de la guerra. Escrita y dirigida por Dalibor Matanic (Kino lika), la película está protagonizada por Dado Cosic (El segador), Nives Ivankovic (Agonija), Goran Markovic (Mrak) y Tihana Lazovic (Suti).

En lo que a animación se refiere, dos propuestas. Por un lado, Richard, la cigüeña, película que cuenta con participación alemana, belga, luxemburguesa y noruega y que gira en torno a un gorrión adoptado por una familia de cigüeñas cuyo mayor deseo es viajar a África antes del invierno. Con la ayuda de un búho y un periquito iniciará el viaje para demostrar que es una cigüeña más. Dirigen Toby Genkel (¡Upsss! ¿Dónde está Noé…?) y Reza Memari en el que es su debut en el largometraje.

Por otro, la noruega Dos colegas al rescate, cinta de aventuras realizada en 2015 a cuatro manos por Rasmus A. Sivertsen (Pelle Politibil går i vannet) y Rune Spaans, para el que es su primer film como director. El argumento se centra en dos atolondrados amigos que viven en el interior de un túnel ferroviario y cuyas existencias cambian cuando conocen a la hija de un importante científico secuestrado por Rasputín, un villano que quiere convertir a los humanos en robots.

1ª T. de ‘Legión’, o cómo lograr una serie inusual basada en cómics


El mundo de las adaptaciones de cómics a la pequeña pantalla está siendo tan exitosa como repetitiva. La estructura narrativa de las diferentes series que han surgido a lo largo de estos últimos años comparten la base de enfrentar al héroe contra un enemigo externo, salir derrotado varias veces, replantearse sus propios miedos y motivaciones y, finalmente, vencer la mencionada amenaza en un heroico acto que represente su cambio psicológico y emocional. Es por eso que un producto como Legión, surgido de la mente de Noah Hawley (serie The unusuals), no solo es un soplo de aire fresco en este mundo superheroico, sino que aprovecha al propio protagonista para ofrecer una historia completamente diferente en su forma, compleja y retorcida, que obliga al espectador a prestar una inusual atención a la historia y los personajes, habitualmente de lo más flojo en estas ficciones.

Para aquellos que no conozcan la historia, un breve resumen. El protagonista es un joven y poderoso mutante encerrado en un psiquiátrico por considerar que está enfermo. Sin embargo, un grupo formado por mutantes y no mutantes decide rescatarle junto a otra mutante para que se una a su grupo, explicándole que lo que muchos consideran una enfermedad (incluso él mismo lo ha llegado a creer) es en realidad un increíble poder telépata. Sin embargo, sí existe algo dentro de él que trata de poseerle y robarle su poder, una entidad que ansía vengarse del padre del joven, al que este nunca llegó a conocer.

Narrado así, el argumento de esta primera temporada de 8 episodios puede resultar algo sencillo, e incluso similar al de series ya vistas. Pero Legión dista mucho de ser una serie convencional. Hawley aprovecha las posibilidades que ofrece el mundo de la mente, los recuerdos y los poderes mutantes para construir una narrativa tan fragmentada como la mente del protagonista, con constantes saltos en el tiempo dramático y con numerosas líneas argumentales paralelas que vienen a explicar lo que ocurre en el mundo real y lo que ocurre en el plano psíquico. La combinación es tal que, salvo por algunos tratamientos formales con sutiles diferencias (en algunos casos mucho más evidentes), puede llegar a confundirse el espacio en el que se desarrolla la acción.

Y aunque esto pueda considerarse una debilidad, pues sin duda muchos espectadores pueden dejar de lado la serie, en realidad es su mayor fortaleza. La serie es sumamente compleja, es cierto, pero al mismo tiempo copa todas las expectativas. De hecho, las supera. El que la trama se articule de un modo más o menos lineal, con el héroe luchando contra una amenaza externa y una interna, dota al conjunto de una coherencia que, de otro modo, se perdería. Por otro lado, el caos que puede parecer a simple vista su tratamiento formal termina, una vez superados los primeros capítulos, por ser algo enriquecedor, pues permite apreciar una amplia variedad de matices que aportan una mayor profundidad dramática a los personajes, sobre todo al protagonista, del que se desvelan poco a poco aspectos que deberán ser tratados en las siguientes temporadas.

Más allá de los poderes

De hecho, y aunque a priori es una serie sobre mutantes con extraordinarios poderes, Legión logra su máximo esplendor precisamente en el tratamiento de los personajes y en el modo en que presenta el enfrentamiento entre el bien y el mal dejando esos poderes a un lado, y recurriendo a ellos únicamente como herramienta para desarrollar aspectos de la trama mucho más profundos desde un punto de vista dramático. Esto hace que la primera temporada se distancie, y mucho, de producciones similares, convirtiéndola por ende en algo casi único en su forma y su contenido. Asimismo, la aportación cromática del diseño de producción es simplemente brillante, abordando la evolución del protagonista a través de una paleta de colores enriquecedora en todos los sentidos posibles.

Por su parte, el reparto, espectacular del primero al último, aporta a los personajes una entidad y una sobriedad sin igual. Incluso aquellos definidos más por su ironía logran engrandecer sus respectivos papeles gracias a una apuesta por llevar todo al extremo, siempre considerando unos límites. Evidentemente, esto convierte en muchas ocasiones a los protagonistas en arquetípicos, limitando en cierto modo la versatilidad y los diversos rostros que todos ellos tienen. Sin embargo, estas debilidades, que en realidad son puntuales, se compensan con el tratamiento argumental, con esa apuesta por los mundos de la mente, los recuerdos y la psicología, que ponen a los héroes ante situaciones tan complejas como peligrosas.

Y por si el camino recorrido en esta primera temporada no fuese lo suficientemente interesante, el episodio final deja en el aire muchas preguntas y tramas secundarias abiertas, amén de dar a la principal una futura segunda oportunidad que, esperemos, llegue más pronto que tarde. El hecho de que Hawley explore durante estos capítulos el pasado del protagonista interpretado por Dan Stevens (La Bella y la Bestia) enriquece los matices de este joven acusado de estar loco. De nuevo, sus poderes son algo casi secundario, dando más relevancia a sus todavía desconocidos orígenes (al menos para aquellos que no conozcan su trayectoria en los cómics) y generando la expectación necesaria para demandar más sobre él en la siguiente temporada.

El mejor resumen de Legión podría ser que es una serie de superhéroes muy, muy inusual. Alejada de formatos tradicionales y recurriendo a un personaje relativamente poco conocido entre el gran público, esta primera temporada absorbe todas las potencialidades de las capacidades y las explota al máximo, generando un universo único, colorido y fragmentado en el que realidad y ficción, mente y espacio físico se confunden para contar una compleja historia de miedos internos, amenazas externas y remordimientos arrastrados durante décadas. Una serie, en definitiva, en la que los mutantes son más bien personajes que deben afrontar sus problemas como cualquier otro. Una serie en la que los poderes no tienen el protagonismo. El problema es que esto puede cambiar a medida que se desarrollen esas capacidades sobrehumanas, pero esperemos que eso tarde en llegar, si es que llega alguna vez. Por lo pronto, solo se puede disfrutar de este debut.

‘Z, la ciudad perdida’: lo que esconde la obsesión con el Amazonas


Después de seis películas, el director James Gray (Two lovers) se ha convertido en uno de esos autores de Hollywood capaces de sacar adelante proyectos complejos en lo dramático y en lo técnico. Y desde luego, su último proyecto no se aparta de esta idea. Incluso si solo atendemos a la duración de la historia, que transcurre a principios del siglo XX, y a los numerosos acontecimientos por todo el mundo que la nutren, la película ya recuerda a las grandes épicas del Hollywood clásico. Pero por suerte, hay mucho más.

Z, la ciudad perdida es una obra mastodóntica en todos los sentidos. Visualmente incomparable, con unos escenarios tan variopintos como la selva amazónica, la Inglaterra de principios de siglo o las trincheras de la I Guerra Mundial, el film explora, más que la simple búsqueda de aventuras, el constante equilibrio entre el deber y la familia, entre una obsesión y el deber con aquellos que son más cercanos a nosotros. En este sentido, Gray compone con un puñado de protagonistas todo un cosmos en el que, incluso los secundarios, abordan de algún modo esta dualidad, esta confrontación dramática que termina convirtiéndose en el motor de una historia cuyo final, por cierto, es de los más elegantes y bellos que se podían realizar teniendo en cuenta el desenlace de la historia real que relata.

Posiblemente el mayor problema del film sea su duración. A pesar de que la obra es capaz de mantener el interés durante buena parte de su metraje, sobre todo cuando la selva es la protagonista, es inevitable que el ritmo decaiga en numerosas ocasiones, lo que le hace flaco favor, además al reparto. Y es que, aunque la labor del director con los actores es espectacular, no impide que sus carencias interpretativas se perciban a lo largo de las casi dos horas y media de duración, fundamentalmente en aquellos momentos más dramáticos. Con todo, es de justicia reconocer su trabajo en un film que abarca décadas, y en el que los personajes pasan por diferentes etapas de su vida. En este sentido, el tratamiento del guión, que presenta de forma diferente a los protagonistas dependiendo del momento, es formidable.

Pero a pesar de sus debilidades, Z, la ciudad perdida es una de las aventuras épicas más atractivas e interesantes de los últimos años. Gray es capaz de crear un universo fascinante, un mundo con el que demuestra que lo inexplorado todavía tiene cabida en una sociedad que tiene cualquier rincón del mundo al alcance de un clic. Con una puesta en escena elegante y sobria, el director explora las pasiones de un hombre obsesionado no solo con un descubrimiento, sino con el honor, su familia y la reparación de su nombre. En realidad, y aunque la ciudad perdida sea el Mcguffin, lo verdaderamente relevante son las motivaciones que llevan a estos hombres a volver a la selva amazónica hasta en tres ocasiones. Es ahí donde la obra alcanza su mayor expresividad, y donde el espectador puede encontrar todo lo que esconde el film.

Nota: 7,5/10

‘El círculo’: ser lo que no somos delante de una cámara


Pros y contras de la tecnología. Beneficios y riesgos de tener todos nuestros datos en internet, ya sea desperdigados por el espacio digital o condensados en una única cuenta. Eterno debate que, en la nueva película de James Ponsoldt (Aquí y ahora), escribe un nuevo episodio cuya aportación al debate es más bien escasa. Y no porque no invite a la reflexión o no exponga claramente la dualidad de un mundo en constante, rápido y peligroso desarrollo, sino porque, como película, plantea un tratamiento dramático cuanto menos cuestionable. Muy a pesar del excelente reparto que tiene, todo sea dicho.

Desde luego, lo más llamativo de El círculo es su apuesta visual y muchos de los hitos que conforman su trama. Bebiendo de producciones previas, ya sean cinematográficas o televisivas, Ponsoldt apuesta por el caos que generan millones de mensajes incapaces de ser leídos en un formato visual que puede llegar a ser confuso, pero que en el fondo termina por llegar al espectador del modo adecuado a lo que se quiere transmitir. A esto se suma un diseño de producción que se nutre directamente del funcionamiento de los grandes gigantes de internet, a los que por cierto el argumento hace una crítica cuanto menos contundente, al menos durante su primera mitad. Todo ello conforma un desarrollo inicial interesante que, sin embargo, se desinfla de forma alarmante.

Y es que, como se menciona en un momento del film, todos nos comportamos diferente delante de una cámara. Da la sensación de que la historia no quiere en ningún momento tomar partido a favor o en contra de la tecnología. En una suerte de búsqueda del equilibrio entre lo bueno y lo malo, la cinta se queda en tierra de nadie, convirtiéndose en una huída hacia adelante de la protagonista que, para denunciar los riesgos de una transparencia absoluta y poner en evidencia a sus jefes, decide recurrir al máximo extremo de la transparencia. Todo ello después de sufrir en sus carnes las nefastas consecuencias de que toda su vida sea retransmitida por una cámara. Pero no queda ahí la cosa. La cinta se centra tanto en el personaje de Emma Watson (saga Harry Potter) que se olvida de dar algo de “cariño”, aunque sea mínimo, a algunas tramas secundarias, sobre todo a la de la mejor amiga, cuya evolución está narrada de forma tan escueta que da la sensación de que se ha quedado algo por el camino en la sala de montaje.

El verdadero problema de El círculo es pura y sencillamente dramático. El tratamiento del guión es tosco, plagado de referencias a otros films e historias previas similares que han abordado, si no este, otros temas relacionados. Y eso se nota a pesar de los actores, más que nada porque lo que podría dar un aire diferente al relato, como son las tramas secundarias, se reducen a la mínima expresión, siendo totalmente inconexas y, hasta cierto punto incomprensibles. Da la sensación de que la historia comienza de un modo pero, a mitad de desarrollo, comprende que hay una cámara que observa lo que está ocurriendo, tratando de rectificar y comportarse como algo que no es. O dicho de otro modo, la película comienza apuntando en una dirección para cambiar de rumbo, hacerlo sin una explicación coherente y terminar de un modo cuanto menos cuestionable.

Nota: 6/10

‘El círculo’ busca ‘La ciudad perdida’ durante una ‘Noche de venganza’


Muchos títulos con notables repartos es lo que propone este primer fin de semana de mayo. Desde películas que adaptan historias reales hasta thriller fantásticos o cintas de acción, este viernes, día 5, llegan a la cartelera española una amplia variedad de propuestas que, aunque ninguna parece estar llamada a llenar las salas como lo han hecho otros films en semanas anteriores, sí ofrecen al espectador algo diferente.

La primera de ellas es Z, la ciudad perdida, cinta biográfica que combina drama, aventura y acción de la mano de James Gray (El sueño de Ellis), quien escribe y dirige esta adaptación del libro de David Grann acerca de las expediciones que llevó a cabo el soldado Percy Fawcett en la selva brasileña. La primera de ellas le dejó tan fascinado que se embarcó nuevamente, descubriendo vestigios de antiguas civilizaciones perdidas. Tras regresar a Inglaterra, logra el apoyo para iniciar un último viaje, acompañado esta vez de su hijo mayor, en busca de la ciudad perdida de Z, pero nunca más se supo de ellos. En el reparto destacan nombres como los de Charlie Hunnam (Pacific Rim), Robert Pattinson (Life), Tom Holland (En el corazón del mar), Sienna Miller (Una buena receta), Angus Mcfadyen (Cisne blanco) e Ian McDiarmid (Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith).

Muy diferente es El círculo, thriller de ciencia ficción cuya trama, basada en la novela de Dave Eggers, arranca cuando una joven es contratada para trabajar en la compañía de internet más prestigiosa del mundo, que ha logrado unificar toda la información digital del individuo en una única identidad en busca de la transparencia. Sin embargo, a medida que la joven asciende, y guiada por el fundador de la empresa, irá sobrepasando los límites de la privacidad, la ética y la libertad, afectando a familiares, amigos y a ella misma. Dirigida por James Ponsoldt (Aquí y ahora), la película está protagonizada por Emma Watson (La bella y la bestia), Tom Hanks (Sully), John Boyega (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza), Karen Gillan (Guardianes de la galaxia Vol. 2) y Bill Paxton (Al filo del mañana), en la que ha sido su última película antes de fallecer.

El thriller policíaco y de acción está representado por Noche de venganza, remake del film francés dirigido en 2011 por Frédéric Jardin cuyo argumento se centra en un policía de Las Vegas aparentemente corrupto. Después de que un atraco salga mal, una banda criminal decide secuestrar al hijo de este policía, que deberá recuperarlo en una sola noche mientras Asuntos Internos le investiga. La nueva versión, dirigida por Baran bo Odar (Silencio de hielo), está protagonizada por Jamie Foxx (Annie), a quien acompañan Michelle Monaghan (Pixels), Gabrielle Union (El nacimiento de una nación), Dermot Mulroney (La verdad), Scoot McNairy (Perdida), T.I. (Ant-Man) y David Harbour (Escuadrón suicida).

Terror en estado puro es lo que propone Nunca digas su nombre (Bye Bye Man), film dirigido por Stacy Title (El diablo viste de negro) que gira en torno a tres jóvenes universitarios que se mudan a una vieja casa fuera del campus. Allí liberan sin querer un ente sobrenatural que persigue y mata a todo aquel que descubre su nombre, por lo que intentarán mantener su existencia en secreto y evitar así la muerte del resto de compañeros. Douglas Smith (El caso Sloane), Cressida Bonas, Lucien Laviscount (Between two worlds), Carrie-Anne Moss (Matrix), Faye Dunaway (Flick) y Doug Jones (Ouija: El origen del mal) encabezan el reparto.

Entre los estrenos europeos de este viernes destaca Un Reino Unido, drama romántico que narra el conflicto internacional que provocó el príncipe de Botswana, Seretse Khama, al enamorarse y casarse con una mujer blanca de Londres en los años 40. Basada en el libro de Susan Williams, la película está dirigida por Amma Asante (Belle) y protagonizada por David Oyelowo (Selma), Rosamund Pike (Nuestro último verano en Escocia), Jack Davenport (Gernika), Tom Felton (Resucitado) y Laura Carmichael (serie Downton Abbey).

En lo que a producción nacional se refiere destaca Pasaje al amanecer, debut en el largometraje de Andreu Castro (serie Yo quisiera) que se ambienta en noviembre de 2004, durante la que es considerada la batalla más sangrienta de la guerra de Irak. En ese contexto un foto periodista es contratado para entrar en el centro del conflicto y relatar en imágenes lo que ocurre. El joven, antes de ir, deberá comunicárselo a su familia y a su novia, lo que resquebrajará los cimientos de las relaciones y llevará a todos los personajes a vivir sus particulares infiernos. El reparto está encabezado por Nicolás Coronado (Novatos), Andrea Duro (Los miércoles no existen), Elvira Mínguez (Truman), Lola Herrera (Primer y último amor), Ruth Díaz (Tarde para la ira) y Antonio Valero (Los Borgia).

El drama también está presente en El jugador de ajedrez, cuya historia se desarrolla durante la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. El protagonista es un campeón de ajedrez español que, cuando el conflicto bélico estalla en España, decide emigrar a Francia junto a su mujer, natural del país, y la hija de ambos. Sin embargo, una vez allí será detenido por los nazis al considerarle un espía. Su única vía para sobrevivir es la pasión que siente el oficial al mando por el ajedrez. Luis Oliveros (Pata negra) dirige esta propuesta protagonizada por Marc Clotet (La estrella), Melina Matthews (Nick), Alejo Sauras (Los abrazos rotos), Andrés Gertrúdix (El apóstata) y Pau Durà (Todo está en el aire).

Entre el resto de estrenos destaca Casi leyendas, comedia dramática con el mundo de la música como telón de fondo que gira en torno a tres amigos que se han distanciado con el paso de los años. Sin embargo, deberán volver a reunirse para formar el grupo musical que estuvo a punto de alcanzar la fama hace 25 años, viéndose obligados además a afrontar sus calamitosas vidas. Escrita y dirigida por Gabriel Nesci (Días de vinilo), la película cuenta entre sus actores con Diego Peretti (Papeles en el viento), Santiago Segura (La reina de España), Diego Torres (La venganza), Claudia Fontán (La reconstrucción) y Florencia Bertotti (Igualita a mi).

Con algo de retraso llega la canadiense Los demonios, drama escrito y dirigido en 2015 por Philippe Lesage en el que es su debut en el largometraje de ficción. La trama se centra en un niño de diez años sensible e imaginativo que le tiene miedo a todo lo que le rodea, desde un posible divorcio de sus padres hasta el sida. Su vida en una zona residencial de Montreal se verá alterada cuando se produzcan una serie de secuestros de niños en su zona, lo que le llevará a descubrir que los demonios de su infancia podrían estar relacionados con las desapariciones. Édouard Tremblay-Grenier, Yannick Gobeil-Dugas, Vassili Schneider (Lucidité passagère), Sarah Mottet, Mathis Thomas y Laurent Lucas (Perros rabiosos) encabezan el reparto.

Desde Japón llega Maravillosa familia de Tokio, comedia que arranca el día del cumpleaños de la mujer del patriarca de una tradicional familia japonesa. Durante la celebración, y como regalo, la mujer le pide a su marido el divorcio. La revelación no solo supone un duro golpe para el incrédulo marido, sino que removerá los cimientos de toda la estructura familiar, cuyos miembros tratarán de evitar por todos los medios lo que parece ser una catástrofe. Yôji Yamada (Una familia de Tokio) dirige esta propuesta en cuyo reparto destacan los nombres de Yû Aoi (Viaje hacia la orilla), Yui Natsukawa (La casa del tejado rojo), Kazuko Yoshiyuki (Leonie), Isao Hashizume (Eien no 0), Shôzô Hayashiya (Penguin’s memorie – Shiawase monogatari) y Tomoko Nakajima (Boku no ojisan).

De Asia también procede Seoul Station, cinta de terror realizada en animación tradicional producida en Corea del Sur que gira en torno a los intentos por sobrevivir de un grupo de personas en la capital de aquel país después de que una horda de mendigos se haya transformado en zombis. Planteada como una precuela de Train to Busan (2016), la cinta está escrita y dirigida por el mismo autor, Yeon Sang-ho (The fake).

También pertenece al género de animación Ovejas y lobos, comedia de aventuras producida en Rusia y ambientada en una lejana y mágica tierra donde un grupo de ovejas vive sin preocupaciones hasta que una manada de lobos acampa en un barranco cercano. La película es la ópera prima de Andrey Galat y Maxim Volkov.

Terminamos el repaso con el documental español Herederos de la bestia, film escrito y dirigido a cuatro manos por Diego López y David Pizarro (Los perversos rostros de Víctor Israel) que aborda la historia detrás de la película El día de la bestia (1995) a través de entrevistas con el director, Álex de la Iglesia (El bar), los actores Santiago Segura, Terele Pávez (La puerta abierta) o Álex Angulo (Zipi y Zape y el club de la canica), y el guionista Jorge Guerricaechevarría (Cien años de perdón).

‘La excepción a la regla’: no es oro todo lo que reluce


Hay nombres de Hollywood que simplemente elucubrando sobre una posible película logran que medio firmamento cinematográfico se comprometa a participar. Esto, claro está, tiene el riesgo de que luego la historia no sea lo esperado, pero la posibilidad de compartir cartel con algunos de los mitos del séptimo arte siempre es más atractiva que el hecho de que sea un film mediocre. Y aunque eso puede comprenderse en jóvenes actores con incipientes carreras, también se aplica a los más veteranos. Pues bien, todo eso y más es la nueva película de Warren Beatty (Enredos de sociedad), que no dirigía una película desde hace 15 años y en la que, ya sea porque nadie quería su proyecto o por mantener el absoluto control creativo, ejerce de productor, guionista, director y actor.

El resultado de esta La excepción a la regla puede analizarse, si se quiere, desde dos puntos de vista. Por un lado, el reparto y la puesta en escena. Los actores conforman un microcosmos en el que los sueños, las esperanzas, las frustraciones y los traumas del pasado tienen un peso fundamental para entender buena parte del desarrollo dramático del film. La pareja protagonista, aunque con poco carisma, logra aportar cierta presencia a unos roles, por otro lado, bastante arquetípicos. Todo ello narrado por un Beatty sobrio que juega, y mucho, con las luces y sombras, físicas y metafóricas.

Pero el problema que arrastra la historia es, valga la redundancia, la propia historia. El relato construido por el director y guionista peca casi siempre de imperfecciones que se acumulan hasta hacerse insoportables, llevando a los personajes a situaciones inconexas, muchas de ellas carentes de un trasfondo dramático coherente que justifique sus decisiones. La personalidad de Howard Hughes, además, imprime al relato un absurdo caos del que no se libra, por desgracia, ningún aspecto de la cinta, en la que entran y salen personajes secundarios sin demasiado objetivo, dejando en el espectador muchas veces la sensación de que se han dejado muchas cosas en la sala de montaje. De hecho, hay secuencias que directamente parecen cortadas antes de tiempo.

Así las cosas, La excepción a la regla se convierte más en una reunión de grandes y conocidos nombres de Hollywood que en un drama sólido y sobrio sobre el amor prohibido, el dolor del pasado o la búsqueda de lo que realmente queremos. Su desarrollo, marcado por cierto caos y la intermitencia de muchas líneas argumentales, termina por imprimir al conjunto un cierto tedio, impidiendo al espectador seguir la narración y el arco dramático de algunos roles. Da la sensación de que Warren Beatty ansiaba poner en marcha este proyecto fuera como fuera, y el resultado, a pesar de todas las estrellas que integran el reparto, no es ni mucho menos brillante.

Nota: 5/10

‘Guardianes de la galaxia Vol. 2’: éxitos del pasado, errores del presente


La división cinematográfica de Marvel parece haber encontrado el camino para lograr el éxito casi con cada nueva película que hace. Da igual que sea un superhéroe o varios, que sean muy conocidos o casi clandestino. Combinar ironía, algo de humor blanco, ciertas dosis de drama elaborado lo justo para no bajar el ritmo y, sobre todo mucha acción, parecen ser los pilares de los taquillazos que de un tiempo a esta parte está consiguiendo la compañía. Sin embargo, la base sobre la que construir todo ello es idéntica a cualquier film: una buena historia. Y es algo que no se debería perder de vista, pues la segunda aventura de estos defensores galácticos peca, precisamente, de esto.

Es innegable que Guardianes de la galaxia Vol. 2 es entretenida, hace reír (a algunos más que a otros) y tiene algunas escenas realmente espectaculares, sobre todo en sus primeros compases con ese plano secuencia en el que la acción, curiosamente, transcurre en segundo plano, lo que no deja de ser una idea diferente y loable. Y sí, la trama explora, aunque sea mínimamente, cómo evoluciona la relación de estos variopintos personajes en un grupo cuya unión se mantiene gracias a un frágil equilibrio entre el amor y la exasperación. En este sentido se podría decir que la cinta de James Gunn (Super), cuya labor tras las cámaras es intachable, ofrece más en todos los sentido, lo cual por cierto es lo que cabría esperar de una obra como esta.

Pero el problema es el trasfondo del asunto. Mientras que su predecesora tenía una historia relativamente compleja, que incluso encajaba dentro de los planes de desarrollo a nivel global de Marvel, esta segunda parte se desinfla a medida que pasan los minutos en lo que a argumento se refiere. Con la excusa de buscar los orígenes del protagonista, la cinta se pierde en un sinfín de caminos ya investigados en numerosas películas, cayendo en una previsibilidad que, por desgracia, termina restando frescura al conjunto. Da la sensación de que, en ese intento de superar el reto de más y mejor, la cinta se centra mucho en el “más” y se deja por el camino el “mejor”, recurriendo a herramientas manidas y algo arquetípicas. La ironía y mala leche de los personajes queda anulada, en parte, por esto, y es eso lo que termina por descafeinar una película que, por lo demás, mantiene el espíritu original.

Desde luego, Guardianes de la galaxia Vol. 2 no es mejor que la primera parte, ni mucho menos. Su falta de ambición a la hora de buscar una trama fresca y diferente hace que la cinta se vuelque por completo en los elementos que engalanaron la original historia de la cinta inicial. Dicho de otro modo, la saga parece encaminarse hacia un futuro vacío de contenido pero tan dinámico y espectacular que hará que dos horas se conviertan en dos minutos. Y eso es un peligro. Todavía se puede reconducir la situación, está claro, y prueba de ello son los minutos iniciales de esta continuación, todo un ejercicio de buen cine, narrado con originalidad y en el que la acción, el humor y la inteligencia se mezclan para dar unos minutos de auténtico oro. Hay esperanza, sí, pero sin el fondo la forma al final se pierde.

Nota: 6/10

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