‘Geostorm’: los fallos de una tormenta planetaria


El productor Dean Devlin sabe de catástrofes cinematográficas. Tanto en sentido figurado como en el contenido de sus films. De ahí que su primera incursión en la silla del director en una película para la gran pantalla potencie los aspectos positivos y reduzca al máximo los negativos para ofrecer un entretenimiento puro y duro que, todo sea dicho, no puede (y tampoco quiere) evitar sus limitaciones.

Y ahí está la clave de Geostorm, en sus propias limitaciones. Acercarse a un film de estas características, incluyendo el título, ya debería de ser aviso suficiente como para saber lo que se espera de ella, algo con lo que director y actores saben jugar, ofreciendo un producto capaz de reírse de sí mismo, con frases lapidarias en momentos de máxima tensión y un ritmo que no decae en ningún momento, desarrollando la trama en un metraje ajustado, algo de agradecer en tiempos en los que la máxima parece ser apabullar al espectador con innecesarios minutos de efectos digitales. Así, la historia deambula por terrenos conocidos y previsibles, pero suple esta carencia de efectividad dramática con unos personajes que funcionan bien como arquetipos y con una espectacularidad en algunas secuencias sencillamente fascinante.

Pero el problema es ese, que todo ese envoltorio se utiliza para tratar de disimular las carencias. ‘Tratar’ es la palabra clave en este caso, pues lo cierto es que el film es lo que es. Dramáticamente hablando, su previsibilidad lleva a conocer el villano de turno varios minutos antes de que se desvele su identidad. Y aunque la trama está bien tratada desde el punto de vista de la coherencia, tiene demasiadas concesiones dramáticas que permiten hacer avanzar la acción. Eso, en este tipo de films, se convierte en importantes agujeros en el desarrollo de la historia. Quizá lo más interesante de todo sea la moraleja del conjunto, con el cambio climático como principal aliciente y con la unión de pueblos como mensaje final, si bien es cierto que se diluye entre tanta tormenta de rayos, entre tanta granizada y entre tantas olas gigantes.

El mejor resumen de Geostorm es que es lo que es desde el principio. No engaña, pero tampoco apasiona. No tiene ínfulas de algo más grande, pero tampoco logra desprenderse de sus numerosos fallos. Una tormenta imperfectamente perfecta que se apoya, y de un modo nada disimulado, en su reparto (todos ellos pasándoselo en grande) y en sus efectos especiales. La mano de Devlin, a falta de ofrecer un punto de vista propio, logra disimular las imperfecciones. Pero como si de los fallos que afectan a los satélites del film se tratara, por mucho que el director trate de corregir, al final las catástrofes se producen.

Nota: 6/10

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La ‘Geostorm’ amenaza con dejar ‘La piel fría’ en la cartelera


Si el pasado fin de semana estuvo marcado por el thriller y el terror, este viernes 20 de octubre es la ciencia ficción la que pretende tomar el control de la cartelera española. Claro que este género no llega solo, destacando la producción española de corte más terrorífico y fantástico. Y todo ello acompañado de nombres de renombre tanto de la escena cinematográfica nacional como internacional en un día en el que llegan muchos títulos nuevos.

La principal novedad es Geostorm, mega producción hollywoodiense de ciencia ficción que, como su propio título indica, tiene como protagonista una tormenta mundial. En concreto, la historia toma como punto de partida una red de satélites creados por las naciones de la Tierra para acabar con las catástrofes naturales. Sin embargo, cuando dichos satélites comienzan a sufrir errores sin que nadie pueda detenerlos esos fenómenos que se querían evitar regresan magnificados, amenazando con crear una tormenta planetaria. Solo un diseñador de sistemas y su hermano parecen ser capaces de frenar un desastre que podría acabar con la Humanidad. Dirigida por Dean Devlin, productor de cintas como Independence Day (1996) o Godzilla (1998) que debuta de este modo en el largometraje, esta cinta de apabullantes efectos especiales está protagonizada por Gerard Butler (Dioses de Egipto), Abbie Cornish (6 days), Ed Harris (Madre!), Jim Sturgees (La mejor oferta) y Andy García (Passengers), entre otros.

De Estados Unidos también procede Creative Control, drama de ciencia ficción dirigido y protagonizado por Benjamin Dickinson (First winter) en 2015, quien también participa en el guión de esta historia que transcurre en Nueva York a cinco minutos de alcanzar el futuro, cuando los avances tecnológicos han facilitado la vida a la sociedad pero al mismo tiempo han generado una notable ansiedad. El protagonista, un ejecutivo de publicidad de tecnología que envidia la vida de su mejor amigo, decide utilizar la imagen de la novia de éste para un nuevo proyecto de realidad aumentada, lo que eliminará la línea entre realidad y fantasía y pondrá a prueba la vida de todos los implicados. Junto a Dickinson encontramos en el reparto a Nora Zehetner (Spooner), Dan Gill (El gurú de las bodas), Alexia Rasmussen (Gabriel) y Reggie Watts (Fort Tilden).

En cuanto al cine europeo, la ciencia ficción y el terror también son protagonistas en La piel fría, cinta franco española que adapta a la gran pantalla la novela de Albert Sánchez Piñol en la que un antiguo terrorista del IRA acepta una oferta de trabajo como meteorólogo en una isla en la que solo habita un farero, y en la que ha desaparecido el oficial al que iba a sustituir. Pronto descubre que en esa isla habita algo más que no es capaz de explicar. Dirigida por Xavier Gens (Hitman), el film está protagonizado por David Oakes (Truth or Dare), Aura Garrido (Vulcania), Ray Stevenson (Transporter Legacy), John Benfield (Speed Racer) e Iván González (El borde del tiempo).

Desde Francia llega Atraco en familia, comedia cuya trama comienza cuando dos mujeres, una científica informática y otra carterista en grandes hoteles, descubren que son hermanas al acudir al testamento de su padre. Sus vidas cambiarán todavía más cuando descubran que, en realidad, su progenitor no ha muerto, y que es un ladrón de guante blanco que quiere pasar con ellas el tiempo que le queda organizando el robo de un Stradivarius valorado en 15 millones. Pascal Bourdiaux (Fiston) se pone tras las cámaras para poner en imágenes la historia y dirigir, entre otros, a Jean Reno (Escuadrón de élite), Reem Kherici (Asalto al convoy), Camille Chamoux (Maman a tort), Pascal Demolon (Discount), Alexis Michalik (Kamikaze) y Natalia Verbeke (Las chicas de la sexta planta).

Puramente española es Red de libertad, drama histórico que pone en imágenes la historia real de Helena Studler, una religiosa que a comienzos de la II Guerra Mundial urdió un plan junto a un grupo de hombres y mujeres para salvar a miles de judíos de un campo de concentración cercano a la ciudad en la que vive. Escrita y dirigida por Pablo Moreno (Poveda), la cinta está protagonizada por Assumpta Serna (Trash), Giulia Charm (serie El secreto de Puente Viejo), Fran Calvo (Fantasma), Ainhoa Aldanondo (Un Dios prohibido) y Javier Bódalo (La noche del virgen).

También española es Handia, drama de corte histórico dirigido a cuatro manos por Aitor Arregi (Cristóbal Molón) y Jon Garaño (Loreak) que narra la historia real del Gigante de Altzo, el hombre más alto para su época en el siglo XIX. La trama recoge el viaje que durante más de 20 años realizó por toda Europa junto a su hermano Martín. Ramón Agirre (Plan de fuga), Eneko Sagardoy (Amaren eskuak), Joseba Usabiaga (Pikadero) y Aia Kruse (Zorion perfektua) encabezan el reparto.

Con algo de retraso se estrena también Amor a la siciliana, comedia dramática italiana de 2016 ambientada en 1943, cuando las fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia. La historia se centra en un joven enamorado de la hija del dueño de un restaurante de Nueva York y prometida a Lucky Luciano. Para poder pedir su mano necesita viajar a Sicilia, donde vive el padre de la joven y que se encuentra bajo el yugo de las tropas nazis. Es por eso que decide alistarse en las fuerzas aliadas, lo que le llevará a superar infinidad de situaciones para poder lograr su objetivo. Escrita (al menos en parte), dirigida y protagonizada por Pif (Pazze di me), la cinta cuenta también con los actores Miriam Leone (Felices sueños), Andrea Di Stefano (La vida de Pi), Stella Egitto (Ti stimo fratello) y Vincent Riotta (Tender eyes).

También a cuatro manos está dirigida Spoor, producción que cuenta con capital polaco, alemán, checo, sueco y eslovaco y cuyo argumento arranca cuando en un bosque comienzan a aparecer los cuerpos de una serie de cazadores furtivos. Una joven del pueblo asegura que todo es obra de los animales salvajes, pero la policía comienza a sospechar de ella. Agnieszka Holland (In darkness) y Kasia Adamik (Amok) dirigen este thriller dramático basado en la novela de Olga Tokarczuk y protagonizado por Jakub Gierszal (The fold), Katarzyna Herman (Demon), Andrzej Grabowski (The high frontier), Tomasz Kot (Disco Polo), Borys Szyc (Dzej Dzej) y Miroslav Krobot (Revival).

Fuera del Viejo Continente nos encontramos con Las hijas de Abril, drama mexicano escrito y dirigido por Michel Franco (A los ojos) que gira en torno a una joven de 17 años embarazada que vive con una medio hermana y que no sabe nada de su madre desde hace años. Dispuesta a que eso siga así, mantiene el embarazo en secreto, pero las necesidades económicas que implica un bebé llevan a su hermana a llamar a la madre, que llega dispuesta a ayudar. Sin embargo, pronto resulta evidente el motivo por el que la joven no quería acercarse a su madre. Emma Suárez (Julieta), Ana Valeria Becerril, Hernán Mendoza (Purasangre), Iván Cortés (El vigilante), Joanna Larequi (La caridad) y Enrique Arrizon son los principales actores.

Con origen indio se estrena también Golmaal again, comedia de acción de corte fantástico que representa la cuarta entrega de la saga ‘Golmaal’ y  que se centra en la disputa que dos bandas rivales mantienen desde la infancia, centrando la trama en un posible espíritu que habría poseído la casa de uno de los miembros de las bandas. Rohit Shetty (Dilwale) se pone tras las cámaras de esta entrega, al igual que hizo con las tres anteriores, para dirigir, entre otros, a Ajay Devgn (Shivaay), Tabu (La vida de Pi), Prakash Raj (Manithan), Parineeti Chopra (Kill Dil) y Arshad Warsi (Ishqiya).

En el género de animación varias son las novedades. Por un lado, la japonesa Ancien y el mundo mágico, cuyo argumento se centra en una joven que reparte su tiempo entre ayudar a su padre viudo en las tareas del hogar y tratar de mantenerse despierta en clase. A pocos días de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la chica emprenderá una aventura cuando unos misteriosos hombres secuestren a su padre. Una aventura que le llevará a descubrir el verdadero pasado de su familia y la relación con una princesa en la que se convierte cada vez que sueña. Kenji Kamiyama (Cyborg 009: Call of Justice I) escribe y dirige esta propuesta que cuenta con las voces, en su versión original, de Brina Palencia (All the wrong friends), Mitsuki Takahata (Ikari), Arata Furuta (Too young to die) y Shinnosuke Mitsushima (Star sand).

Por otro, Alemania, Reino Unido, Dinamarca y los Países Bajos colaboran en una nueva versión de El pequeño vampiro, en esta ocasión realizada en animación por ordenador y en 3D. Adaptando la famosa saga de libros juveniles escritos por Angela Sommer-Bodenburg, la trama gira en torno a la amistad que surge entre un vampiro de 13 años que tiene que huir de un prestigioso cazavampiros y un humano de la misma edad fascinado por estas criaturas que le ayudará en su lucha contra sus enemigos. Richard Claus (El príncipe de los ladrones) y Karsten Kiilerich (El patito feo y yo) dirigen a cuatro manos esta aventura de acción y comedia a la que ponen voz Jim Carter (serie Downton Abbey), Rasmus Hardiker (Huge), Alice Krige (Will), Tim Pigott-Smith (Whisky Galore) y Miriam Margolyes (Un desmadre de viaje).

Finalmente, desde Rusia nos llega Kikoriki. Equipo invencible, aventura dirigida por Denis Chernov, quien debuta de este modo en el largometraje. El argumento se centra en los habitantes de una tranquila y paradisíaca isla cuya rutina se ve alterada cuando la televisión entra en sus vidas. Aterrados ante las desgracias que ven en un programa, un grupo de amigos decide ir a la gran ciudad a salvar a la población, sin saber que no siempre es cierto todo lo que se ve en televisión. Vadim Bochanov, Mikhail Chernyak, Garik Kharlamov y Dmitriy Nagiev ponen las principales voces.

En el ámbito documental encontramos Lumière! Comienza la aventura, film escrito, dirigido y licitado por Thierry Frémaux en el que es su debut como realizador. Producida en Francia en 2016, la cinta recoge 108 de las 15.000 películas que filmaron los hermanos que revolucionaron la sociedad con el invento del cinematógrafo, y cuenta con la colaboración del director Martin Scorsese (Casino).

‘El muñeco de nieve’: No cuesta seguir el rastro de sangre


Las modas, sean del tipo que sean, suelen tener la ventaja de ofrecer algo conocido y que funciona. El gran problema es que, una vez conocidas sus claves, el contenido puede tornarse algo previsible, rutinario, incapaz de aportar algo nuevo a la corriente a la que pertenece. Y la última película de Tomas Alfredson (Déjame entrar) tiene algo de esto. Bueno, según a quién se pregunte puede que mucho.

Porque, en efecto, El muñeco de nieve explota al máximo las posibilidades dramáticas de una trama de intriga con asesino en serie de por medio, investigador borracho y personajes que tienen algo que ocultar. Y sí, la fotografía y la puesta en escena son impecables, al igual que la labor de su reparto. Y todo ello, con una narrativa sólida que construye sólidamente un relato directo, sin grandes distracciones y con puntos de giro más que correctos, debería ser suficiente para estar hablando de un thriller sin pretensiones pero notable.

Sin embargo, algo falla. Y ese algo no pertenece propiamente a la cinta, sino a la novela de Jo Nesbø en la que se basa. Para empezar, la estructura de la historia aporta muy poco a este tipo de relatos, contando con todas las claves de éxito de otros libros y películas anteriores, desde ese personaje poderoso con más sombras que luces, hasta casos sin resolver del pasado que vuelven a escena. Pero además, el argumento ofrece pistas, puede que demasiadas, que permiten al espectador adelantarse a los acontecimientos e, incluso, a la revelación final de la identidad del asesino, restando dramatismo y fuerza a la resolución de la cinta.

Con todos estos elementos, El muñeco de nieve se convierte en un film previsible que se desinfla dramáticamente hablando a medida que avanza su historia. Un thriller más de esa hornada de relatos del norte de Europa que, a pesar de tener todos los elementos para convertirse en una obra de suspense sumamente interesante, se queda en un quiero y no puedo, en un intento de ofrecer al espectador una investigación policial de varios crímenes con un toque original que, en realidad, es un relato previsible y carente de elementos inesperados.

Nota: 5,5/10

3ª T. de ‘The Leftovers’, o cómo concluir sin dar demasiados detalles


Hay producciones que parecen prefabricadas por un programa informático. Otras tratan de aprovechar el tirón de algún otro producto de éxito. Y otras sencillamente son tan extrañas que en ocasiones hay que hacer un notable esfuerzo para comprender lo que se está contando. The Leftovers ha pertenecido a esta última categoría. La serie basada en la novela de Tom Perrotta y adaptada a la pequeña pantalla por Damon Lindelof (serie Perdidos) es una de esas producciones que, por su temática y su tratamiento, pueden generar casi tanta locura como la que se narra en su argumento. Su tercera y última temporada, sin embargo, ha optado por una narración algo más lineal, más coherente, tratando de dar un broche final adecuado a lo visto en estos casi 30 episodios.

Personalmente creo que lo consigue. En apenas 8 episodios esta etapa final da rienda suelta a algunos de los aspectos más importantes de la trama, entre ellos el religioso, el fanático y, sobre todo, las desapariciones de esos millones de personas que han sido el impulso dramático de la serie durante toda su duración. Y para poder explicarlo Lindelof y Perrotta optan por un tratamiento más clásico, con un desarrollo más lineal, sin demasiados saltos temporales ni apariciones y desapariciones de personajes en la escena. La historia, por resumir, se centra por completo en los personajes de Justin Theroux (La chica del tren) y Carrie Coon (Perdida), y lo hace no solo para encontrar una justificación a su trama, sino porque sobre sus hombros carga el verdadero significado y la moraleja de toda esta compleja historia.

En realidad, ambos personajes vienen a representar los dos grandes aspectos dramáticos de The Leftovers a lo largo de estas tres temporadas. Por un lado, la angustia existencial que generan las preguntas “¿por qué yo?” y “¿a dónde fueron?” los desaparecidos. Y al menos una de ellas sí encuentra respuesta, de ahí que el final de esta serie genere una satisfacción incompleta. En efecto, esta tercera temporada desvela qué ha ocurrido con aquellos que desaparecieron hace tantos años. A través de un final brillante que intercala imágenes y relato oral, el último episodio se convierte en una especie de epílogo, en la clásica conclusión que cierra la historia de los personajes años después, cuando todo lo relevante ha ocurrido sin necesidad de mostrarse en pantalla. Ese paso del tiempo, unido a la intensidad dramática habitual en la serie y al carácter del otro pilar argumental de la serie, genera un caldo de cultivo perfecto para aclarar buena parte de las ideas planteadas hasta ese momento en apenas unos minutos de metraje, evitando de este modo posibles complicaciones futuras con nuevas tramas en hipotéticas nuevas temporadas.

Y esto es algo relevante. Uno de los principales problemas que ha tenido la serie, y del que tampoco termina de librarse en su tercera entrega de episodios, es la falta de peso dramático de secundarios que, a priori, deberían de tener algo más de interés. Los hijos del personaje de Theroux son un buen ejemplo. Sus historias, aunque con conexiones con la trama principal, han sido demasiado independientes, lo que ha llevado en ocasiones a abandonar sus historias durante varios episodios para centrar el desarrollo en los protagonistas o en otros secundarios. La tercera temporada, en este sentido, directamente opta por dejar su presencia en este universo a una mera referencia residual, lo cual por otro lado aporta un mayor interés y dinamismo al conjunto. Y como ellos, varios secundarios más que no han terminado de cuajar en el extraño puzzle que es esta serie, aportando si cabe más complejidad y originalidad al conjunto pero complicando la comprensión de esta elaborada historia con un final relativamente simple.

El nuevo mesías

El otro gran elemento dramático es la religión. O mejor dicho, el fanatismo en todas sus formas. Y si bien este aspecto toma como epicentro el rol de Theroux, en realidad es algo muy presente en prácticamente todos los personajes que le rodean. Aunque ha sido el argumento de fondo para prácticamente toda la serie, con la secta o el personaje de Christopher Eccleston (Amelia) como recordatorios constantes, lo cierto es que en esta última temporada de The Leftovers adquiere ya una dimensión casi bíblica, toda vez que el protagonista se convierte, o más bien le convierten, en una especie de mesías capaz de resucitar y de guiar los pasos de la sociedad después del incidente.

Bajo este prisma pivota todo el desarrollo dramático de la serie, integrando en él a la perfección el otro gran pilar narrativo casi como un complemento necesario para aportar globalidad de conjunto. El final, sin ir más lejos, es el colofón a esta unión de contenidos, tanto por el hecho de que los dos personajes representan esas bases dramáticas como porque tiene como telón de fondo, al menos durante un tiempo, una boda, lo cual no es algo casual. Como toda buena conclusión, los aspectos que se habían ido planteando a lo largo de la trama tanto en el aspecto religioso como en el existencial tienen su resolución en esta temporada, algunos mejor tratados que otros, pero cerrando un ciclo de forma sólida y compacta.

Cosa muy distinta es que se queden algunas preguntas sin respuesta que, en el fondo, no impiden la comprensión de lo ocurrido. La principal sin duda es el motivo de las desapariciones. En efecto, se da respuesta a prácticamente todo menos al ‘por qué’, a ese motor dramático de la historia. Y aunque parezca contradictorio, esto en realidad tampoco es un obstáculo para entender, interpretar o disfrutar de la serie, al contrario, aporta más misterio y envuelve el modélico final en un halo de misterio que genera más interés si cabe en ese diálogo final entre los dos protagonistas. Con todo, este tratamiento dividido en dos partes también provoca cierta incongruencia dramática al introducir personajes secundarios algo innecesarios, y centrar en exceso la atención en ellos, en su pasado y en sus motivaciones. Da la sensación de haber querido contar una historia nueva con los mismos protagonistas pero otros secundarios que, al mismo tiempo, pudiera continuar la trama previa. Una combinación peligrosa que sale bien, pero que deja algunos momentos algo innecesarios.

Sea como fuere, la realidad es que The Leftovers finaliza como debería terminar cualquier serie. Su tercera y última temporada es el broche perfecto a un tratamiento atípico de la trama, a una narrativa quebrada en casi todos sus episodios, capaz de poner el foco en uno u otro personaje sin miedo a perder la coherencia o la atención del espectador. Si bien estos últimos 8 capítulos presentan un formato más tradicional (entendido esto dentro de lo que ha sido esta serie, claro está), lo cierto es que deja espacio siempre para jugar con la inteligencia y la perspicacia del espectador. Casi olvidándose de secundarios innecesarios, sus responsables optan por centrarse en los protagonistas para dar salida a una compleja trama, y lo consiguen con creces, conformando una serie tan misteriosa como interesante, tan dramática como compleja. Un producto dramático atípico muy a tener en cuenta.

Thriller, terror, comedia y drama protagonizan un largo fin de semana


Fin de semana largo para muchos españoles. La festividad del Día de la Hispanidad este jueves 12 de octubre va a permitir a muchos afortunados contar con más días de descanso que pueden traducirse en más días para acudir a las salas de cine. Es por eso que los estrenos se adelantan un día y se presentan con una oferta de lo más variada, tanto en géneros como en el público al que se dirigen. Thriller, terror, comedia y drama se dan cita en una semana dominada por adaptaciones y secuelas.

De hecho, el primero de los títulos adapta la novela de Jo Nesbø. Se trata de El muñeco de nieve, thriller policíaco con toques de terror que comienza cuando una joven desaparece con la primera nevada del invierno. La investigación de un detective le llevará a conectar el caso con una serie de crímenes sin resolver que parecen corresponder a un asesino en serie del que apenas se tienen pistas. Con la ayuda de una perspicaz agente el policía encajará todas las piezas para tratar de adelantarse al cruel asesino. Dirigida por Tomas Alfredson (El topo), esta cinta con capital norteamericano, sueco y británico está protagonizada por Michael Fassbender (Alien: Covenant), Rebecca Ferguson (Life), J.K. Simmons (El contable), Val Kilmer (Cinema Twain), James D’Arcy (Dunkerque), Chloë Sevigny (The dinner) y Charlotte Gainsbourg (Independence Day: Contraataque).

Terror en estado puro es lo que ofrece la estadounidense Annabelle: Creation, precuela del a su vez spin off de la saga ‘Expediente Warren’ que narra los orígenes de la malvada muñeca. En esta ocasión la historia se centra en un fabricante de muñecas y su mujer que perdieron trágicamente a su hija hace años. Cuando una monja y varias niñas procedentes de un orfanato clausurado se presentan ante su puerta, la pareja decide acogerlas, pero las niñas pronto pasarán a ser el objetivo de la muñeca Annabelle. David F. Sandberg (Nunca apagues la luz) se pone tras las cámaras para aterrorizar y dirigir a Stephanie Sigman (Spectre), Talitha Eliana Bateman (La quinta ola), Lulu Wilson (Líbranos del mal), Philippa Coulthard (After the dark) y Grace Fulton (Badland), entre otros.

Este fin de semana supone también el regreso de dos conocidos directores. Por un lado, Steven Soderberg (serie The knick) presenta La suerte de los Logan, comedia dramática con el crimen como telón de fondo cuya historia arranca cuando dos hermanos sin demasiadas luces tratan de perpetrar un atraco en plena carrera del Nascar en Carolina del Norte, para lo que buscarán un equipo de criminales de lo más variopinto. En el reparto destacan los nombres de Channing Tatum (Los odiosos ocho), Adam Driver (Silencio), Katherine Waterston (Steve Jobs), Daniel Craig (Skyfall), Sebastian Stan (Capitán América: Civil War), Seth MacFarlane (Mil maneras de morder el polvo), Katie Holmes (La dama de oro) y Hilary Swank (Deuda de honor).

Por otro, Marc Webb (The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro) regresa a la gran pantalla con Canción de Nueva York, intenso drama que sigue la vida de un joven graduado cuyo mundo da un vuelco cuando descubre que su padre tiene una amante. Indignado, trata por todos los medios de destruir esa relación, pero los acontecimientos se precipitan cuando termina por quitarle la amante. Kate Beckinsale (Underworld: Guerras de sangre), Jeff Bridges (Comanchería), Callum Turner (Assassin’s Creed), Kiersey Clemons (Malditos vecinos 2), Pierce Brosnan (serie The son), Cynthia Nixon (Retales de una vida) y Tate Donovan (Manchester frente al mar) encabezan el reparto.

La última de las producciones puramente estadounidenses es El castillo de cristal, drama biográfico que adapta el libro de Jeannette Walls, una exitosa periodista que oculta un importante secreto: durante su juventud vivió de forma nómada con una madre pintora y un padre alcohólico incapaces de responsabilizarse de sus hijos y que trataban de ocultar su pobreza dejando volar la imaginación de los pequeños. Destin Daniel Cretton (Las vidas de Grace) es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Brie Larson (Kong: La isla calavera), Woody Harrelson (La guerra del planeta de los simios), Naomi Watts (Mientras seamos jóvenes), Max Greenfield (Reencuentro de amigos), Sarah Snook (La modista) y Ella Anderson (Es la jefa).

Estados Unidos, Canadá y Corea del Sur colaboran en Operación Cacahuete 2. Misión: Salvar el parque, continuación del film animado de 2014 que llegó el miércoles y que dirige Cal Brunker (Operación escape). Su trama arranca cuando un malvado alcalde planea demoler Liberty Park para construir un peligros parque de atracciones. Los animales del parque deberán plantar cara para defender su hogar. Entre las voces originales de esta cinta, que también puede verse en 3D, destacan las de Will Arnett (Ninja Turtles: Fuera de las sombras), Katherine Heigl (Hogar no tan dulce hogar), Maya Rudolph (Nuestro sitio), Bobby Cannavale (Ant-Man), Jackie Chan (Atrapa a un ladrón) y Peter Stormare (John Wick: Pacto de sangre).

El cine español está representado por Fe de etarras, cinta dirigida por Borja Cobeaga (Negociador) y cuyo estreno será a través de Netflix. La trama, ambientada en 2010, sigue a un particular comando formado por un veterano que necesita demostrar que no es un cobarde, una pareja cuya continuidad está ligada a la del comando, y un manchego que piensa que entrar en el equipo le hará sentir como Chuck Norris. Los cuatro se atrincheran en un piso franco a la espera de recibir la llamada que les permita pasar a la acción. Y mientras esperan, todo el país celebra que la selección española arrasa en el Mundial de Sudáfrica, para mayor frustración de estos curiosos etarras. El reparto está encabezado por Javier Cámara (La reina de España), Julián López (El tiempo de los monstruos), Gorka Otxoa (Los miércoles no existen), Miren Ibarguren (Una hora más en Canarias) y Tina Sáinz (2 francos, 40 pesetas).

Entre el resto de estrenos destaca Mal genio, producción con capital procedente de Francia y Myanmar que llega a la cartelera el viernes 13 y que, tomando como punto de partida la autobiografía de la actriz Anne Wiazemsky, narra el romance entre el director Jean-Luc Godard y la actriz durante el rodaje de la película La Chinoise (1967). Romance que terminaría con un divorcio 12 años después. Tras las cámaras está Michel Hazanavicius (The Artist), mientras que entre los principales actores destacan Louis Garrel (Mi amor), Stacy Martin (Taj Mahal), Bérénice Bejo (Felices sueños), Grégory Gadebois (Golpe de calor) y Micha Lescot (Maestro).

Argentina y España ponen el capital para la comedia de acción Sólo se vive una vez, ópera prima de Federico Cueva cuyo argumento arranca cuando un estafador entra en conflicto casi sin darse cuenta con un poderoso jefe mafioso. Perseguido por este clan familiar, deberá esconderse haciéndose pasar por un judío de una comunidad ortodoxa. Peter Lanzani (Hipersomnia), Gérard Depardieu (La Dream Team), Santiago Segura (Como reinas), Hugo Silva (Tenemos que hablar) y Carlos Areces (Cuerpo de élite) son algunos de los nombres que conforman el reparto.

Aunque posiblemente la cinta más internacional sea Una mujer fantástica, drama con capital chileno, estadounidense, alemán y español que gira en torno a la vida de una mujer transexual y cómo cambia su mundo cuando el hombre al que ama muere en sus brazos. Considerada como una aberración por la familia de su pareja, su condición de transexual será suficiente motivo para que la policía investigue las causas de la muerte y su posible implicación en ella. Sebastián Lelio (Gloria) dirige y colabora en el guión de esta cinta que se estrena el viernes 13 y en cuyo reparto encontramos a Daniela Vega (La visita), Francisco Reyes (Neruda), Luis Gnecco (Aquí no ha pasado nada), Aline Küppenheim (Allende en su laberinto) y Amparo Noguera (Desastres naturales).

Finalizamos el repaso a las novedades con Abrir puertas y ventanas, film de 2011 con producción argentina, suiza y de los Países Bajos que dirige Milagros Mumenthaler en el que es su debut en el largometraje de ficción. La trama, en clave dramática, se centra en tres hermanas que deben aprender a superar, cada una a su modo, la muerte de su abuela. El tiempo que pasan juntas está cargado de risas, discusiones, cariños y comentarios perversos, pero todo cambia cuando, un día, una de ellas desaparece. Entre los principales actores de esta cinta, que también adelantó su estreno al miércoles, destacan María Canale (Los del suelo), Martina Juncadella (Los santos sucios), Julián Tello (Todos mienten) y Ailín Salas (La mirada invisible).

‘Toc Toc’: la intrascendencia de los trastornos


El humor suele ser una buena terapia para casi todo. Y por eso tal vez la nueva película de Vicente Villanueva (Lo contrario al amor) funciona tan bien. Sí, es cierto que se basa en una obra de teatro, y con eso tiene buena parte del camino hecho al contar con una trama muy dinámica y acotada a pocos personajes y un único escenario. Pero más allá de eso, el director ofrece una particular visión principalmente a través de sus actores.

Y es que, como en cualquier obra de teatro, en Toc Toc lo fundamental son los actores. Todos ellos brillantes, cada uno con las manías de su personaje llevadas al máximo, los seis protagonistas conforman un mosaico único y caótico, un compendio de trastornos obsesivos compulsivos que terminarían con la paciencia de cualquiera, pero que gracias a esa sala de espera reconvertida en terapia de grupo logra crear un extraño y divertido equilibrio entre todos ellos. Desde luego, en el conjunto destaca un Paco León (Embarazados) inmenso, capaz de hacerse con la escena desde el primer minuto en que entra por la puerta.

Quizá el mayor problema, si quiere verse así, es su intrascendencia. En efecto, la cinta es un divertimento puro carente de nada más que una buena dinámica narrativa y una concatenación de gags que mantienen la sonrisa permanente en el espectador, arrancando en más de una ocasión la risa pura y dura. Esto, por supuesto, no es algo necesariamente malo. Al contrario, en determinadas situaciones es algo muy positivo. Pero el problema que esto provoca es que, cuando la trama necesita abordar el trasfondo de la historia más allá del humor, la cinta pierde de forma estrepitosa su ritmo y deja al descubierto sus carencias de fondo en cuestión de argumento o trasfondo de personajes.

Dicho esto, Toc Toc se puede definir simple y llanamente como una comedia al uso, una diversión en imágenes que distrae, y de qué modo, durante hora y media, pero que tiende a olvidarse tan rápido como se consume. Que esto sea algo bueno o malo depende del espectador y, sobre todo, de la predisposición que tenga a la hora de ver la cinta. Pero lo que es indudable es que puede haber momentos en que la risa no le deje oír los diálogos, sobre todo si esta historia de trastornos se ve en compañía.

Nota: 6/10

‘Blade Runner 2049’: el milagro de los replicantes


El dicho ‘Segundas partes nunca fueron buenas’ suele basarse en la idea de que, para una continuación, lo que se requiere es potenciar todo aquello que llamó la atención en la primera parte. Y por regla general esto se traduce en más acción, más efectos y, en resumen, más ruido. Pero hay ocasiones en que un director es capaz de ver más allá, de comprender bien una historia y completarla con otra igualmente interesante sin hundirla en el lodo de los intereses comerciales. Y ese director, en esta ocasión, es Denis Villeneuve (Enemy).

Su visión de esta Blade Runner 2049 es sencillamente brillante. Sin grandes alardes visuales, el realizador aprovecha el mundo creado por Ridley Scott allá por 1982 para potenciar al máximo el tono sombrío, frío y carente de contacto humano del primer film. Visualmente fascinante, la cinta ahonda aún más en ese mundo donde humanos y replantes conviven sin que, en el fondo, existan grandes diferencias entre ellos, ni siquiera emocionales. Con todo, Villeneuve es capaz de aportar su particular visión en momentos clave, ofreciendo eso tan difícil que es el toque personal en una continuación con vida propia al tiempo que respeta la estética tan exclusiva del original.

Con todo, el envoltorio no es lo único destacable. La historia de esta continuación, por definirla de algún modo, es totalmente independiente, con una estructura narrativa similar al original pero capaz de subsistir sin necesidad de conocer la primera historia. Su trama, aunque toma referentes del clásico de la ciencia ficción, explora sus propios dramas y su propia intriga para ofrecer al espectador un relato ágil, cargado de reflexión moral y social, con giros argumentales brillantes y unas pocas secuencias de acción perfectamente integradas en este viaje de autodescubrimiento del protagonista, que muchos compararán con el papel que tuvo Harrison Ford (Morning Glory) pero que, personalmente, creo que también tiene mucho, sobre todo en su tramo final, del rol de Rutger Hauer (El rito). Y eso sin hablar de un reparto más que notable en su conjunto.

Dicho esto, habrá quien se pregunta si es necesaria una continuación de Blade Runner. La respuesta, evidentemente, es no. Pero esa no es la cuestión. Blade Runner 2049 es una obra tan atemporal como el original, tan independiente, fuerte, con carga filosófica, sociológica y moral como su predecesora. No es una secuela, es una ampliación del universo creado hace ya tantos años. Y bajo este prisma es una obra notable, inmensa en algunos momentos. Villeneuve no solo se confirma como uno de los mejores directores actuales, sino que demuestra que es posible abrir el abanico de este universo futurista. No voy a decir que estemos ante un clásico moderno o una obra maestra, básicamente porque no crea nada nuevo ni revolucionario, pero desde luego debería ser un referente actual de cómo hacer cine. Buen cine.

Nota: 8,5/10

El nuevo ‘Blade Runner’ persigue ‘La montaña entre nosotros’


La ciencia ficción se adueña este fin de semana de la cartelera española. Aunque es cierto que hoy viernes, 6 de octubre, son varias y muy variadas las propuestas que llegan a las salas de cine, lo cierto es que solo una de ellas parece acaparar todas las miradas, ya sea por la expectación que genera la secuela de un clásico inapelable de la ciencia ficción, ya sea por las propias características de la película. En cualquier caso, octubre comienza con una mirada al futuro.

Un futuro que lleva por título Blade Runner 2049, secuela del film de 1982 dirigido por Ridley Scott (Marte) y cuya trama transcurre 30 años después de los acontecimientos del primer film. El argumento arranca cuando un blade runner desentierra un secreto que puede convertir en caos el orden establecido. Su búsqueda de ayuda le llevará a encontrar a Rick Deckard, un blade runner que desapareció hace 30 años. Dirigida por Denis Villeneuve (La llegada), la cinta está protagonizada por Ryan Gosling (La La Land. La ciudad de las estrellas), Harrison Ford (Star Wars: Episodio VII – El despertar de la fuerza), Robin Wright (Wonder Woman), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia vol. 2), Ana de Armas (Juego de armas), Machenzie Davis (Siempre amigas) y Jared Leto (Escuadrón suicida).

De Estados Unidos en exclusiva llega La montaña entre nosotros, drama con dosis de aventura y acción basado en la novela de Charles Martin y que dirige Hany Abu-Assad (Idol). El argumento gira en torno a dos desconocidos que, tras un accidentado viaje en avión, quedan atrapados en medio de una montaña cubierta de nieve. Cuando comprenden que nadie va a acudir en su ayuda emprenden un peligroso viaje por un paraje inhóspito y desconocido que creará una inesperada atracción entre ambos. Idris Elba (La Torre Oscura) y Kate Winslet (Belleza oculta) conforman la pareja protagonista, a los que acompañan Dermot Mulroney (Noche de venganza), Beau Bridges (serie Masters of sex) y Marci T. House (serie iZombie).

La fantasía y el drama se dan cita en La cabaña, producción estadounidense basada en el libro de William P. Young, Wayne Jacobsen y Brad Cummings y cuya historia arranca cuando un hombre que ha caído en una profunda depresión tras sufrir una tragedia familiar recibe una carta misteriosa en la que alguien le cita en una cabaña. Aceptar esa invitación no solo le cambiará la vida, sino que le obligará a enfrentarse a la tragedia y a verla desde otro punto de vista. Stuart Hazeldine (Exam) se pone tras las cámaras, mientras que Sam Worthington (Hasta el último hombre), Octavia Spencer (Figuras ocultas), Radha Mitchell (La oscuridad), Tim McGraw (Tomorrowland: El mundo del mañana) y Graham Greene (Unnatural) son los principales actores.

Desde Estados Unidos también llega Tu mejor amigo, comedia dramática de corte familiar que adapta la novela de W. Bruce Cameron cuya trama se centra en un perro que busca un sentido a su vida a través de los diferentes dueños que tiene. Dirigida por Lasse Hallström (Un viaje de diez metros), la película está protagonizada por Dennis Quaid (La verdad), Britt Robertson (El viaje más largo), Luke Kirby (serie Rectify), Josh Gad (Pixels), K.J. Apa (serie Riverdale), John Ortiz (Kong: La Isla Calavera), Gabrielle Rose (Mi amigo el gigante) y Juliet Rylance (serie The knick).

El principal estreno español de la semana es la comedia Toc toc, cinta dirigida por Vicente Villanueva (Lo contrario al amor) que traslada a la gran pantalla la obra homónima de Laurent Baffie en la que un grupo de personas diagnosticadas con TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) coincide en la sala de espera de su psiquiatra. Cuando este se retrasa y todos tienen que convivir no solo con sus manías y trastornos, sino con los de los demás, el caos se desata. Paco León (Embarazados), Alexandra Jiménez (100 metros), Rossy de Palma (Señor, dame paciencia), Oscar Martínez (El ciudadano ilustre), Adrián Lastra (Noctem) e Irma Cuevas (serie Vis a vis) encabezan el reparto.

Muy diferente es Morir, drama español que se centra en la vida de una joven pareja que debe hacer frente a su futuro y a la fortaleza de su amor cuando a él le diagnostican una grave enfermedad. Fernando Franco (La herida) es el director y uno de los guionistas de esta cinta protagonizada por Marian Álvarez (La niebla y la doncella), Andrés Gertrúdix (Que Dios nos perdone), Íñigo Aranburu (El guardián invisible) y Eduardo Rejón.

Entre el resto de estrenos europeos tenemos El jardín de Jeannette, adaptación de la novela de Guy de Maupassant ambientada en 1819, cuando una joven llena de sueños e inocencia regresa a su casa tras acabar sus estudios escolares en un convento. Es entonces cuando se casa con un vizconde que rápidamente se muestra como un hombre miserable e infiel, destruyendo poco a poco las ilusiones de la joven. Dirigida por Stéphane Brizé (No estoy hecho para ser amado), esta cinta franco belga cuenta en su reparto con Judith Chemla (Una dulce mentira), Jean-Pierre Darroussin (Golpe de calor), Yolanda Moreau (La infancia de un líder), Swann Arlaud (Baden Baden), Nina Meurisse (Las sillas musicales) y Olivier Perrier (Voy a ser mamá).

Con capital argentino y español se presenta El último traje, drama escrito y dirigido por Pablo Solarz (Juntos para siempre) que narra la búsqueda de un judío para encontrar a un amigo que también consiguió salir vivo de un campo de exterminio nazi. Entre los principales actores encontramos a Miguel Ángel Solá (El corredor nocturno), Ángela Molina (Murieron por encima de sus posibilidades), Martín Piroyansky (Permitidos), Natalia Verbeke (Las chicas de la sexta planta) y Julia Beerhold (Westfalia).

El último de los estrenos de ficción, que además llega el jueves día 5, es la japonesa Museum, film de 2016 que adapta el manga de Ryôsuke Tomo en el que un detective de la policía de Tokio debe investigar un asesinato desconcertante. La víctima ha sido brutalmente torturada, y junto al cadáver solo hay una nota que avanza que no será el único crimen. Comienza así una persecución a un asesino que parece atacar solo cuando llueve y que cubre su rostro con una máscara de una rana. Thriller y terror se mezclan en este film dirigido por Keishi Ohtomo (Kenshin, el guerrero samurai) y protagonizado por Masatô Ibu (Kuroshitsuji), Mikako Ichikawa (Shin Godzilla), Tomomi Maruyama (Nana 2) y Shûhei Nombra (Birigyaru).

En lo que a documental se refiere, Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca es la secuela del documental de 2006 que, en esta ocasión, se centra en los cambios de la revolución energética y sus consecuencias. Bonni Cohen y Jon Shenk (Audrie & Daisy) son sus directores.

5ª T. de ‘The americans’, o el principio del fin de la Guerra Fría


Con sus altibajos, The americans es posiblemente uno de los thrillers dramáticos más interesantes de la televisión. Esta ficción creada por Joseph Weisberg ha sido capaz de aunar en un difícil equilibrio el espionaje de la Guerra Fría, los conflictos familiares y las diatribas morales y personales de los protagonistas. Ahora, en su quinta temporada, todo parece estar a punto de terminar, sin duda un indicio de que la serie llega a su fin. Estos 13 episodios son la mejor prueba de que la serie funciona mejor cuando sus diferentes tramas se vertebran entre sí para crear un todo uniforme, pero también evidencian las dudas cada vez mayores que surgían en uno y otro bando de la Guerra Fría.

Una Guerra Fría que, al menos para la pareja protagonista, parece comenzar un declive que terminará en la próxima temporada. En realidad, esta sensación de decadencia se ha dejado notar a lo largo de las anteriores temporadas, si bien es cierto que solo a través de dudas morales de corto recorrido. Sin embargo, esta temporada, centrada sobremanera en el personaje al que da vida Matthew Rhys (Doble vida), ahonda en dichas dudas extendiendo el tratamiento dramático a prácticamente todos los personajes. Y lo hace de un modo que, aunque sencillo, requiere una elaboración a fuego lento a lo largo de todas las temporadas. Los personajes tienden en estos momentos a anteponer a las personas antes que a la ideología, un concepto que no se aprecia en los comienzos de la serie y que ahora tiene un peso más que importante.

La mejor prueba de esto es el trabajo con una familia procedente de Rusia a la que espían. Lo que comienza como una colaboración idónea entre dos sistemas de espionaje evoluciona poco a poco hacia una confrontación de ideas, no tanto sistemáticas como personales. El modo en que los personajes implicados en este arco dramático afrontan lo que tienen que hacer es sumamente revelador, toda vez que la pareja protagonista defiende una labor más humana y el tercer personaje en discordia aboga por un acatamiento completo de las órdenes, poniendo la misión por encima de cualquier otra variable. Y no es el único caso. De hecho, todas las decisiones que se toman tienen como base esa dualidad generadora de conflicto que es lo humano frente al conflicto. Posiblemente la línea argumental que mejor evidencia esta evolución sea la que involucra tanto la relación de los protagonistas con el agente del FBI al que da vida Noah Emmerich (La venganza de Jane) como las relaciones románticas que tienen que mantener con otros objetivos. El grado de intimidad que se aprecia en estos aspectos de la trama choca frontalmente con lo que pudo verse en la primera o la segunda temporadas, demostrando la madurez de un producto que ha sabido evolucionar de forma coherente.

Por supuesto, el otro gran elemento de la historia es la integración de Paige, la hija interpretada por Holly Taylor (The otherworld). Integración que ya comenzó en la anterior temporada y que ahora da sus primeros pasos firmes hacia… bueno, en realidad ese es uno de los grandes aciertos de The Americans. Porque, aunque se puede intuir cuál es el futuro de este rol, en realidad su tratamiento está siendo sumamente cauto, sin dejar pistas en ningún sentido, y centrándose exclusivamente en el modo en que una adolescente asume y acepta la verdadera condición de unos padres que le han ocultado un secreto durante toda su vida. Gracias a esta apuesta de los guionistas la historia particular de este personaje madura, al igual que el resto de la serie, poco a poco, introduciéndolo en el mundo de mentiras en el que viven sus padres. Lo que ocurra a partir de aquí con ella es una incógnita, pero su integración en la trama ya es definitiva. Y esos dos factores son precisamente los que convierten a esta joven en uno de los mayores atractivos dramáticos de la ficción.

De vuelta a Rusia

Quizá el aspecto menos elaborado del arco argumental de esta quinta temporada, o al menos el tratado de un modo menos profundo, sea Rusia. Y me explico. No me refiero al punto de vista soviético, que posiblemente esté presente más que nunca, sino al modo en que los protagonistas ven su hogar. Es cierto que, de un modo u otro, está presente en muchos diálogos protagonizados por Rhys y Keri Russell (Los hombres libres de Jones), pero su fuerza dramática dentro de la estructura parece limitarse más a un mero elemento contextual que a una verdadera motivación dramática. Su rol dentro de la trama adquiere más relevancia, no por casualidad, a medida que el personaje de Holly Taylor se introduce más conscientemente en la historia de espionaje, pero al final la relevancia del objetivo de la pareja protagonista se antoja excesivamente débil, como si fuera un aspecto dramático a potenciar cuando conviene. Esto genera, por ejemplo, que la historia no adquiera un peso dramático constante, moviéndose casi más por impulsos que por una evolución constante.

Curiosamente, y hablando de Rusia, esta etapa de The Americans ha centrado más su atención en la actividad soviética fuera de Estados Unidos de lo que hasta ahora había ocurrido, una evolución que debe ser bienvenida porque, entre otras cosas, ofrece una visión de ese otro bando de la Guerra Fría igualmente marcado por las emociones personales en constante conflicto con la ideología o el deber. De este modo, el contenido dramático principal que afecta sobremanera a los protagonistas se extiende también a secundarios como Emmerich o Costa Ronin (Red Dog), que ha ido ganando peso en la historia a pasos agigantados. El modo en que estos personajes afrontan su papel en esta guerra de espías evidencia un cambio sustancial en el modo de ver el conflicto que se extiende a un ámbito mucho mayor que el de una pareja de espías visiblemente cansados (y por momentos hastiados) de su labor.

Todo ello viene a confirmar la idea de que, al menos para estos personajes, la Guerra Fría está llegando a su fin. O al menos, un enfrentamiento con dos bandos bien diferenciados trabajando cada uno por destruir al otro y en el que los seres humanos y todo lo que conllevan no parecen tener voz ni voto. La evolución dramática de esta temporada deja muy claro que a medida que la moral y la conciencia personal de los que realmente actúan sobre el terreno adquiere protagonismo, la línea que separa un bando y otro del conflicto se difumina, toda vez que algunas decisiones “por el bien de la nación” chocan frontalmente con los sentimientos de aquellos que ejecutan las decisiones. Y esa complejidad dramática queda perfectamente reflejada en el entramado narrativo de esta temporada, haciendo que prácticamente todos los personajes, al menos los que forman el núcleo principal de la serie, afronten esa dualidad entre obligación y conciencia. Y el hecho de que, en mayor o menor medida, todos tomen una decisión similar mina, por necesidad, los cimientos de la Guerra Fría.

El modo en que se resuelva definitivamente todo esto habrá que verlo en la sexta y última temporada, pero por lo pronto The Americans ha confirmado que es una de las grandes series dramáticas de los últimos años. Esta quinta temporada, con sus defectos (la historia del hijo ruso del protagonista es algo que aporta más bien poco), señala el final de un camino complejo en el que sentimientos y deber, familia y nación, se mezclan hasta el punto de difuminarse en una compleja estructura dramática que, como buen producto audiovisual, parece aproximarse a la realidad más de lo que podría pensarse en un principio. Y esta quinta temporada confirma también que una historia, ante todo, son sus personajes. Sin ellos, sin sus relaciones ni sus tramas propias, cualquier ficción termina por desestabilizarse. Por fortuna, esta serie de Joseph Weisberg ha sabido enmendar los problemas de sus primeras temporadas para erigirse como lo que es actualmente: una de las ficciones más interesantes de la parrilla televisiva.

‘La Llamada’: Lo hacemos y ya vemos


Vaya por delante que no he tenido el placer de ver en directo la obra de teatro ‘La Llamada’, por lo que mi visión de esta adaptación cinematográfica realizada por sus autores e interpretada por los mismos actores es, digamos, virgen. Y no sé si eso será bueno o malo, pero facilita una visión más audiovisual de esta comedia musical.

Y bajo este prisma lo primero que hay que decir es que la película crece de forma progresiva conforme la trama avanza. Con un comienzo que puede resultar un poco titubeante, en tanto en cuanto los pilares dramáticos de la historia se presentan con un primer número y se mantienen latentes en un segundo plano durante buena parte del primer acto, una vez la trama se centra por completo en la relación del personaje de Macarena García (Villaviciosa de al lado) con Dios, y cómo esto afecta al resto de roles, la historia explota al máximo su potencial para convertirse en una comedia fresca, dinámica y con una reflexión que a priori no tiene moraleja, pero que sí un mensaje de libertad muy concreto.

A esto se suman unos números musicales tan sencillos como divertidos, bien dosificados a lo largo de la trama y con las canciones de Whitney Houston como grandes atractivos. Eso por no hablar de ese último tema electro latino con una coreografía tan divertida como surrealista por el contexto en el que se produce. Amén de un reparto que desprende diversión en cada plano y que, para bien o para mal, tiende a ser un poco teatral. Todo ello, en definitiva, genera ese aura de diversión sin maldad, de historia adolescente sobre el amor libre, sobre la tolerancia y sobre la amistad. Y conseguir eso en estos tiempos es sumamente difícil.

De este modo, independientemente de la obra de teatro, La Llamada es una obra alegre, fresca y divertida, con un comienzo que puede trastocar la idea preconcebida de aquellos que no hayan visto la obra sobre los escenarios. Y sí, sus inicios pueden tener una cierta carencia de ritmo, pero se compensa con creces cuando el meollo de la historia toma el control de todos los personajes y sus respectivas tramas secundarias, construyendo un relato único en torno a unos pocos conceptos que obligan a reflexionar más allá de la música o de la religión (que en el fondo no es su motivo principal).

Nota: 6,5/10

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