Comedia, thriller y terror centran los pocos estrenos de la semana


Después de dos fines de semana de estrenos con la adrenalina y la acción como señas de identidad, este viernes 17 de agosto toca relajarse… o no tanto. A diferencia de hace siete días, este fin de semana son pocas las películas que llegan a la cartelera española, y se reparten entre la comedia, el thriller y el terror, por lo que aquellos que busquen emociones fuertes encontrarán alguna entre los nuevos títulos.

Y comenzamos con una comedia. El espía que me plantó es el título de la nueva película de Susanna Fogel (Life partners), cuya trama sigue las aventuras de dos íntimas amigas que se ven envueltas en una conspiración internacional cuando una de ellas descubre que un antiguo novio que la dejó es en realidad un espía. A partir de ese momento serán perseguidas por asesinos internacionales y un agente británico que despierta más sospechas que confianza. Todo ello mientras elaboran un plan para salvar el mundo. La acción también está presente en este film norteamericano protagonizado por Sam Heughan (serie Outlander), Mila Kunis (Malas madres), Kate McKinnon (Fiesta de empresa), Justin Theroux (serie The leftovers), Gillian Anderson (La casa torcida) y Ólafur Darri Ólafsson (serie Emerald city).

También estadounidense es Purasangre, comedia dramática con dosis de thriller que arranca cuando dos amigas de la infancia se reencuentran después de años sin verse. Ambas adolescentes, una se ha convertido en una joven de clase alta, refinada y con un currículo envidiable, mientras que la otra ha desarrollado una inteligencia fuera de lo común pero se ha vuelto una marginada. A medida que retoman su amistad irán desarrollando los aspectos más destructivos de su personalidad, hasta el punto de contratar a un mafioso de poca monta para poner fin a sus problemas. Ópera prima de Cory Finley, quien también escribe el guión, la cinta cuenta en su reparto con Anya Taylor-Joy (Múltiple), Olivia Cooke (Ouija), Anton Yelchin (Star Trek: Más allá), Paul Sparks (In the radiant city), Kaili Vernoff (Café Society) y Francia Swift (Todas las cosas buenas).

Entre los estrenos europeos destaca la española El pacto, nueva incursión de Belén Rueda (No dormirás) en el thriller y el terror. Dirigida por David Victori, quien de este modo debuta en el largometraje, la película gira en torno a una mujer cuya hija adolescente desaparece sin dejar rastro. La chica es encontrada a las pocas horas, inconsciente y condenada a una muerte inminente. Rechazando este irremediable final, la mujer recurre a un oscuro ritual en el que un misterioso hombre le ofrece un pacto para salvar la vida de su hija. Al día siguiente de aceptarlo la joven vuelve a la vida de forma milagrosa, pero el viaje al infierno de su madre no ha hecho más que empezar. El reparto se completa con Mireia Oriol (E.S.O. Entidad Sobrenatural Oculta), Darío Grandinetti (Despido procedente) y Antonio Durán ‘Morris’ (Que baje Dios y lo vea).

Alemania, Noruega y Suecia colaboran en El viaje de Nisha, drama escrito y dirigido por Iram Haq (Jeg er din) que narra la vida de una joven pakistaní que lleva una doble vida. En su casa sigue las reglas y las tradiciones de su familia y su cultura, pero fuera de allí se transforma en una adolescente europea más. Sin embargo, cuando su padre la encuentra por casualidad con su novio ambos mundos chocan, y la chica deberá encontrarse a sí misma en un viaje a sus raíces en Pakistán. Maria Mozhdah, Adil Hussain (Force 2), Ekavali Khanna (Khola Hawa), Rohit Saraf (Dear Zindagi), Ali Arfan y Sheeba Chaddha (Love you to death) encabezan el reparto.

Terminamos el repaso con la cinta de animación ¡Vaya bichos!, que combina comedia y aventura para contar cómo un grillo viajero se embarca en la misión de salvar a la abeja reina de la ciudad de los pequeños bichos del secuestro que sufre por parte de una malvada avispa. Esta coproducción entre Francia y Luxemburgo está dirigida a cuatro manos por Arnaud Bouron (serie Super 4) y Antoon Krings, y cuenta con las voces originales de Kev Adams (Fiston), Emmanuel Curtil (On the horizon), Virginie Efira (Elle) y Ryan Nicolls (Seven lovers).

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2ª T. de ‘Westworld’, magistral cambio de sentido dentro del laberinto


Los grandes directores y guionistas, presentes y pasados, suelen ser recordados no solo por sus películas, sino por especializarse en un tipo de relatos, en unos valores narrativos, conceptuales y artísticos muy concretos. La historia del séptimo arte está repleta de estos casos. Y aunque habrá quien diga que todavía es pronto para decirlo, en esa categoría de inmortales del cine se encuentran por derecho propio los hermanos Jonathan y Christopher Nolan, guionista y director de Interstellar (2014) respectivamente. En esta ocasión toca hablar del primero, tal vez menos conocido que el segundo pero verdadero cerebro autor de un estilo inconfundible definido por su uso y la combinación de las líneas temporales de la trama. Y la segunda temporada de Westworld es el último gran ejemplo.

Porque si la primera parte fue un ejercicio magistral del manejo de los tempos narrativos, alternando pasado y presente para construir un relato apasionante de redención, búsqueda y liberación, estos nuevos 10 episodios no solo mantienen ese espíritu, sino que dan una vuelta más de tuerca a una historia ya de por sí compleja, cambiando por completo el sentido de lo visto hasta ese momento y convirtiendo lo que parecía una rebelión de las máquinas contra sus creadores en algo más, en una búsqueda del sentido de la vida, en un intento por sobrevivir a su propia materia física. Y no estoy hablando únicamente de los robots. Lo cierto es que esta continuación debería interpretarse más bien como una reinterpretación de lo visto hasta ahora, en todos y cada uno de los aspectos.

En medio de esta revolución, Nolan, creador de la serie junto a Lisa Joy (serie Criando malvas), hace gala de su ingenio para estructurar cada episodio no ya en dos líneas temporales totalmente independientes, sino en tres, añadiendo complejidad y retando al espectador a permanecer atento a la historia y los detalles. Lo cierto es que el reto es fácil de aceptar, pues los personajes adquieren una mayor profundidad dramática. Lo que al principio parecía una mera diversión en un parque temático poco usual se convierte en una búsqueda de la inmortalidad. Aquellos personajes que parecían máquinas rebeldes se convierten en realidad en una suerte de seres mortales que solo desean justicia para años y años de tortura que ahora pueden recordar con total claridad. Lo cierto es que la riqueza de las líneas argumentales de los protagonistas es tal que cada uno daría para varios análisis.

Por lo pronto, lo que queda patente en esta segunda temporada de Westworld es que la idea original de Michael Crichton, autor de la película homónima de 1973, ha quedado empequeñecida. Ya no estamos ante una mera revolución de las máquinas. La idea de que el ser humano que se expone a tecnología para la que no está preparado puede terminar consumido por ella ha dado paso a algo mayor, a la idea de utilizar esa tecnología para alcanzar la inmortalidad, para que el alma permanezca siempre y pueda pasar de un cuerpo artificial a otro. Adquiere ahora más sentido que nunca el título en español de la película original: Almas de metal.

El subtexto, siempre el subtexto

También adquieren sentido muchas de las cosas aparentemente incongruentes de la primera temporada. La búsqueda del laberinto que protagoniza el rol de Ed Harris (Madre!), por ejemplo. También da un nuevo y mucho más interesante sentido a otras secuencias, como la puesta a punto del personaje de Evan Rachel Wood (Allure) por parte de otro protagonista, un magistral Jeffrey Wright (The public) que en esta segunda temporada logra altas cotas interpretativas. Para muchos espectadores posiblemente esto pueda parecer un intento de los creadores de dar continuación a una trama que parecía tener fin en una única temporada, en un intento de alargar la gallina de los huevos de oro. Sin embargo, la mera complejidad de la historia ya rebate cualquier posible argumento en este sentido.

En cinematografía se suele hablar mucho del subtexto, aunque su uso no es tan habitual. Cualquier escena, cualquier diálogo, debe contar algo que no se ve en pantalla, debe mostrar las intenciones ocultas de los personajes. Los grandes hitos del séptimo arte suelen construirse sobre esto. Y Westworld es subtexto puro y duro. Dicho de otro modo, las dos primeras temporadas se pueden entender como texto y subtexto: la primera contaría lo que el espectador ve y la segunda lo que en realidad se esconde tras el parque temático y las motivaciones de los personajes. Y es aquí donde radica la belleza y la magistral labor de Nolan. Estos 10 capítulos se convierten así en una auténtica montaña rusa dramática, calculada milimétricamente para construirse sobre puntos de giro que no solo dan nuevo sentido a las lagunas que, inevitablemente, se forman durante la historia (todas ellas explicadas al final de la temporada), sino que aportan una nueva comprensión al conjunto de la serie, obligando a revisionar no solo los episodios, también los conceptos que hasta ahora se manejaban.

El problema de esta segunda temporada está, sin embargo, en cómo continuar en el futuro. Estando Jonathan Nolan detrás del proyecto es fácil suponer que todo está atado y bien atado, pero el final de esta etapa abre muchas incógnitas, por no hablar de los numerosos personajes que dicen adiós después del fantástico episodio 10. La pregunta más importante es si el espíritu de la serie podrá mantenerse, si las ideas planteadas a lo largo de esta temporada podrán germinar en la siguiente, o si se volverá a dar un giro. Parece evidente que la idea de que los robots se muevan en el mundo real confundiéndose entre los humanos será la base de la historia, pero a partir de aquí las posibilidades son casi infinitas.

Pero hasta que eso llegue, que según parece no será hasta 2020, se puede disfrutar una y otra vez de estas dos temporadas de Westworld. Y digo de las dos porque deben verse casi como una única historia en la que todo tiene un doble sentido, en la que nada es lo que parece. Esta idea subyace en cada uno de los aspectos, desde el primer y clásico primer episodio hasta el último. Si en la primera temporada eso se narraba en las relaciones entre humanos y robots, en esta segunda se produce entre lo visto en aquellos episodios y las verdaderas intenciones mostradas en estos nuevos capítulos. Todo ello en un ejercicio soberbio y magistral que debería estudiarse en las escuelas de guión, con un manejo de los tiempos narrativos sencillamente perfecto, unas interpretaciones impecables y una puesta en escena fascinante. Poco más se puede pedir, salvo que pase rápido el tiempo hasta el siguiente episodio.

‘The Equalizer 2’: un buen plato de venganza


Denzel Washington (Fallen) ha hecho de todo en su carrera. De todo menos una secuela. Este es uno de los atractivos del nuevo film de Antoine Fuqua (Los amos de Brooklyn), pero desde luego no el principal ni el más relevante. Porque lo más interesante de la cinta es, en realidad, su superioridad dramática, visual e interpretativa con respecto al original, todo ello gracias a una historia mejor construida aunque irremediablemente previsible.

Y es que esta es la principal debilidad de The Equalizer 2, algo que también ocurría en la primera parte. La trama se desarrolla de forma directa, sin prácticamente ningún giro dramático que pueda producir sorpresa alguna o que desvele algún tipo de información inesperada que modifique por completo el sentido de la trama. El rol de Washington avanza en la historia sin que nada ni nadie pueda plantarle cara, descubriendo pistas que nadie más encontraría y acabando con grupos de enemigos casi sin despeinarse. Así las cosas, la película podría parecer casi anodina, pero precisamente en la sencillez de su guión es donde también encuentra su mayor virtud.

A diferencia de la primera película, en esta ocasión la trama ahonda en el pasado del protagonista, lo que otorga a la trama un trasfondo dramático sumamente interesante. Es este trasfondo, marcado por la traición, la venganza y el dolor, el que hace crecer la historia en su contenido, que no en su forma. Si a esto se suma un actor de la categoría de Washington y un director como Fuqua, lo que nos encontramos es un thriller solvente que mejora algunas de las carencias que tuvo el original, sobre todo en su ritmo narrativo, para ofrecer al espectador un producto directo, fácilmente consumible pero con una cierta intriga interna que juega en todo momento con el presente y el pasado del protagonista.

En este sentido, The Equalizer 2 deja momentos para el recuerdo. Al igual que la primera parte, la trama crece en espectacularidad y acción hasta un clímax tan fantasioso como visualmente espectacular. Pero más allá de eso, las motivaciones del héroe, su sentido del deber mezclado con la venganza y la labor de Fuqua tras las cámaras hacen de esta continuación un producto más complejo e interesante, que funciona perfectamente de forma individual y que es capaz de suplir sus evidentes carencias argumentales. Un thriller de acción perfecto para dos horas de entretenimiento puro que, además, se pasan en un suspiro.

Nota: 7/10

2ª T. de ‘Arma letal’, más complejidad dramática para un final de ciclo


¿Puede un actor involucrarse tanto con un personaje como para asumirlo más allá de la pantalla? ¿O es que hay actores que por su propia personalidad crean personajes tan interesantes como extremos? Existen varios ejemplos en ambos casos, pero en el caso que nos ocupa es difícil identificarlo. Me refiero al trabajo de Clayne Crawford (Convergence) en la serie Arma letal, cuya segunda temporada es una montaña rusa de emociones dentro y fuera de la ficción. Y eso es algo que, aunque hace crecer esta serie creada por Matthew Miller (serie Forever) desde un punto de vista dramático, también crea una notable incertidumbre sobre su futuro.

Pero vayamos por partes. Los 22 episodios que componen esta etapa se conforman como un viaje a los orígenes del policía que siempre vive al límite. Si la primera temporada abordaba los traumas que le llevaron a instalarse en Los Ángeles, este arco argumental se centra en los aspectos más oscuros de su infancia, apuntados al final de la anterior etapa, ahondando en los miedos, los deseos y las motivaciones que se esconden detrás de sus decisiones y, en definitiva, de su forma de ser al límite siempre de sus propia salud física y mental. Este es sin duda el aspecto más interesante de una serie marcada por la espectacularidad, el humor y la diversión. Y es que la tragedia que representa el rol de Martin Riggs es el contrapunto perfecto para el tono general de la serie, encontrando así un equilibrio que desvela más de lo que aparenta esta ficción.

Porque sí, Arma letal es un entretenimiento puro, una diversión sencilla y honesta que, a través de la fórmula de las buddy movies, en este caso buddy series, hace que cada episodio sea un espectáculo. Pero frente a esto, asociado irremediablemente a las tramas episódicas que protagonizan cada caso policial, nos encontramos con capas dramáticas mucho más profundas y complejas. Desde los traumas del personaje interpretado por Crawford hasta sus dilemas morales, pasando por los efectos colaterales que tienen sus decisiones y cómo marcan las relaciones no solo con su pareja protagonista (Damon Wayans –El último Boy Scout– cada vez se siente más cómodo en el personaje), sino con todos los personajes que le rodean, este personaje, casi de forma exclusiva, es capaz de aportar muchas capas dramáticas a la serie, de ahí que su peso haya sido cada vez mayor.

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que el resto de personajes no sean parte esencial de la trama. El contrapunto que ofrece Wayans, que también goza de elementos dramáticos, aunque menores, es imprescindible para que la gravedad que subyace en el rol de Crawford se atenúe. Asimismo, la presencia de los roles secundarios principales ayudan a conformar un universo al más puro estilo de la película en la que se basa la serie. Poco importa la credibilidad que pueda tener el hecho de que cada caso suponga una destrucción parcial de la ciudad y luego no haya consecuencias. Y poco importa también que la pareja protagonista pueda saltarse todas las normas con tal de capturar al villano de turno. En realidad, la fuerza dramática que nace del contraste entre los protagonistas es tal que arrastra al resto de elementos a una espiral dinámica y atractiva.

Sin Riggs… ¿o con otro?

Pero todo eso podría irse al traste. Son conocidos los problemas que Crawford ha tenido en esta segunda temporada dentro y fuera de los sets de Arma letal. Y a tenor del final del último episodio, clímax espléndido para una conclusión soberbia, su regreso a la serie parece descartado. Su sustituto, con otro nombre pero manteniendo el apellido Riggs, se enfrenta, por tanto, a ese trasfondo dramático del protagonista, a mantener la dinámica con la pareja y, en definitiva, a encajar en un universo que, en mayor o menor medida, estaba construido sobre el alocado policía. Cómo vaya a funcionar la tercera temporada es algo que habrá que analizar en su momento, pero no cabe duda que la fuerza de la pareja protagonista será difícil de volver a conseguir.

Y esto hace más evidente si cabe que esta ficción no es una producción al uso. Aunque se vista como un producto de entretenimiento sin más interés que unas cuantas persecuciones, mucha acción y buenas dosis de humor, lo cierto es que sus protagonistas y la construcción de personajes es sólida, tanto que se alza sobre el resto de elementos para construir un relato más profundo, complejo y de largo recorrido. Dicho de otro modo, la serie se había construido sobre cimientos sólidos, sobre aquello que hace que un relato se mueva y avance. La pareja de policías protagonista acapara hasta tal punto la atención del relato que las numerosas inconsistencias de sus secundarios habituales (algunos parecen presentarse en escena solo como comodín para el episodio de turno) se pueden pasar por alto como si de una anécdota se tratara.

Lo cierto es que el relato de esta segunda temporada, a pesar de ese carácter episódico que tiene la serie, ofrece al espectador un trasfondo interesante y sumamente atractivo. Las personalidades tan diferentes que hicieron de esta pareja un mito del cine se han trasladado fielmente a la pequeña pantalla, con las posibilidades que eso conlleva a la hora de explorar los conflictos y el vínculo entre ellos en diferentes situaciones. Dejando a un lado las explosiones, la trama se construye gracias a las pinceladas que prácticamente en cada episodio se ofrecen del pasado de Riggs y los problemas familiares de Murtaugh. Lo mejor de todo posiblemente sea que algunos detalles aparentemente secundarios adquieren plena relevancia al avanzar la trama, construyendo el argumento de forma orgánica y evolucionando hacia una mayor complejidad a medida que avanzan los episodios.

Es una lástima, sin duda, que la tercera temporada de Arma letal no vaya a continuar con la senda iniciada en estas temporadas, sobre todo en la segunda aquí analizada. Es evidente que la serie mantendrá la espectacularidad, el humor y la acción que la caracterizan, pero es igualmente obvio que nada volverá a ser igual. El final de esta segunda etapa, tan impactante como sobresaliente, es el broche de oro a un tramo final que ahonda en el pasado y la personalidad del principal motor de la historia. Bien de forma independiente a los casos policiales, bien integrado en el conjunto, el modo en que ese tormentoso pasado hace acto de presencia, siempre enlazando con el resto de elementos de la trama, demuestra que esta serie es algo más que acción. Sí, tiene sus altibajos, y hay momentos en que pierde cierto interés (no por casualidad, cuando se abandona la historia de Riggs), pero en líneas generales esta segunda temporada es más completa, interesante, divertida y compleja que la primera.

Vuelve Washington para enfrentarse a Statham y su ‘Megalodón’


Todo apunta a que agosto va a ser el mes más interesante del verano. A un fin de semana “increíble” se suma ahora otro que comienza este viernes día 10 plagado de estrenos con mayor o menor interés pero que están destinados, al menos los principales títulos, a atraer a los espectadores en busca de acción, entretenimiento y un par de horas frescas en una sala de cine.

Comenzamos el repaso con una secuela, The equalizer 2, de nuevo dirigida por Antoine Fuqua (Los siete magníficos) y protagonizada por Denzel Washington (Fences). La trama vuelve a narrar la lucha del protagonista por defender a los oprimidos, pero le sitúa ante el dilema de actuar conforme a sus principios cuando la víctima es alguien a quien ama. Acción y thriller se unen en este film cuyo reparto se completa con Pedro Pascal (Kingsman: El círculo de oro), Ashton Sanders (Moonlight), Bill Pullman (La batalla de los sexos), Melissa Leo (La mujer más odiada de América) y Jonathan Scarfe (Radio free Albemuth).

También pertenece a la acción, aunque en este caso combinado con el terror y la ciencia ficción, Megalodón, coproducción entre Estados Unidos y China que, como su propio título indica, gira en torno a esta prehistórica criatura. El argumento arranca cuando un grupo de vigilancia submarina queda atrapado en la fosa oceánica más profunda después de ser atacado por este enorme tiburón de 23 metros. Para rescatarlos un visionario oceanógrafo contrata a un especialista que guarda en secreto un enfrentamiento pasado con este mismo animal, lo que le obligará a superar sus miedos si quiere cumplir con la misión. Jon Turteltaub (El aprendiz de brujo) dirige esta propuesta protagonizada por Jason Statham (Fast & Furious 8), Ruby Rose (John Wick: Pacto de sangre), Bingbing Li (Guardianes de la tumba), Rainn Wilson (Thom Pain), Jessica McNamee (La batalla de los sexos), Robert Taylor (Kong: La isla Calavera) y Cliff Curtis (serie Fear the walking dead).

Puramente norteamericana es El rehén, thriller dramático que dirige Brad Anderson (La última llamada) cuyo protagonista es un antiguo diplomático norteamericano que se ve envuelto en una operación de espionaje en Líbano que despertará viejos demonios que creía haber dejado atrás, todo ello mientras intenta rescatar a un viejo amigo de la CIA. Jon Hamm (Baby driver), Rosamund Pike (El hombre del corazón de hierro), Shea Whigham (Knight of cups), Mark Pellegrino (Bad turn worse), Dean Norris (El libro secreto de Henry) y Kate Fleetwood (London road) encabezan el reparto.

La ciencia ficción de corte juvenil tiene su máximo representante en Mentes poderosas, adaptación de la primera novela de la saga literaria escrita por Alexandra Bracken cuya historia transcurre en un mundo en el que los jóvenes han desarrollado poderosas habilidades. Considerados como una amenaza por el gobierno, son detenidos. En este contexto la joven más poderosa con la que se han encontrado las autoridades logra escapar y unirse a un grupo de adolescentes que, al igual que ella, son fugitivos. Pero para poder sobrevivir no basta con huir, por lo que tendrán que montar una resistencia si quieren tener un control sobre su futuro. Jennifer Yuh Nelson (Kung Fu Panda 3) se pone tras las cámaras de esta producción de Hollywood protagonizada por Gwendoline Christie (serie Juego de tronos), Mandy Moore (serie This is us), Amandla Stenberg (El amor lo es todo, todo), Harris Dickinson (Postcards from London), Mark O’Brien (State Like Sleep), Patrick Gibson (Su mejor historia) y Wallace Langham (LBJ).

Otra de las novedades procedente de Estados Unidos es Una relación abierta, film de 2017 que combina comedia, drama y romance para narrar la idílica vida de una pareja que ha experimentado junta todas las fases de sus vidas: el primer beso, el primer amor, la primera relación, … Sin embargo, en el trigésimo cumpleaños de ella el mejor amigo de la pareja hace un brindis en forma de propuesta que sembrará una semilla de duda y curiosidad cuyo final será un experimento sexual que pondrá al límite la estabilidad de la pareja. Dirigida por Brian Crano (A bag of hammers), la cinta está protagonizada por Rebecca Hall (Mi amigo el gigante), Dan Stevens (serie Legión), Gina Gershon (My dead boyfriend), Jason Sudeikis (Colossal), François Arnaud (The people garden), Morgan Spector (Split) y Bridget Everett (Juerga de mamis).

Entre los estrenos europeos destaca Alto el fuego, cinta con capital francés y belga producida en 2016 y que supone el debut como director de largometrajes de Emmanuel Courcol, quien también escribe el guión de esta historia cuya trama gira en torno a un excombatiente de la Primera Guerra Mundial que, traumatizado por los horrores que ha visto, se esconde del mundo en un viaje sin fin aparente por África Oriental. Cuando la situación le empuja a un callejón sin salida decide volver a casa, pero el reencuentro será muy difícil. Solo parece encontrar la complicidad de una profesora de lenguaje de signos. Romain Duris (Nueva vida en Nueva York), Céline Sallette (serie Les revenants), Grégory Gadebois (Golpe de calor) y Julie-Marie Parmentier (Fever) son los principales actores.

Francia e Islandia colaboran en Buenos vecinos, comedia dramática dirigida por Hafsteinn Gunnar Sigurðsson (París Norðursins) que arranca cuando un hombre es echado de su casa tras una supuesta infidelidad. Su mujer le impide ver a su hija, por lo que decide volver a casa de sus padres, que mantienen una discusión con sus vecinos por un árbol que arroja sombra en el patio de los mismos. Mientras el hombre lucha por poder ver a su hija el conflicto vecinal se intensificará. El reparto está encabezado por Steinþór Hróar Steinþórsson (Afinn), Edda Björgvinsdóttir (Villiljós), Sigurður Sigurjónsson (Borgríki) y Þorsteinn Bachmann (Bakk).

Fuera de los estrenos europeos nos encontramos con Como nuestros padres, drama brasileño en torno a una mujer que siempre trata de ser perfecta en todos los aspectos de su vida, pero cuanto más se esfuerza más parece salirle todo mal. Atrapada en las diferentes generaciones de su familia (su madre, su marido y sus hijos), una revelación de su madre la llevará a redescubrir su verdadero yo. Dirigida por Laís Bodanzky (Las mejores cosas del mundo), la cinta está protagonizada por Maria Riberio (Entre nós), Paulo Vilhena (Un novio para mi mujer), Clarisse Abujamra (Getúlio), Felipe Rocha (Trago comigo) y Sophia Valverde.

‘Los Increíbles 2’: como si no hubiera pasado el tiempo


Han pasado 14 años, pero en realidad no ha pasado el tiempo. En ningún sentido. Este es uno de los motivos por los que se habla de la ‘magia del cine’. El director Brad Bird, el genio detrás de algunas de las joyas de la animación de los últimos años gracias a Pixar, ha logrado algo muy difícil: un viaje al pasado para las generaciones que hace más de una década disfrutaron, se emocionaron y crecieron con Los Increíbles. Pero lo ha hecho alejado de nostalgias o de autorreferentes, contando una nueva historia que continúa las aventuras de esta familia con la esencia, el sabor y la maestría que ya tuvo la primera parte.

De este modo, Los Increíbles 2 se convierte en todo lo que una secuela debe ser. Visualmente arrolladora, la cinta posee más acción, más espectacularidad y más superhéroes. Pero al mismo tiempo, y esto es lo que hace que estemos ante una nueva joya de la animación, es que la cinta ofrece mucho más que una mera continuación de las aventuras. Si la primera cinta exploraba los secretos en una familia y cómo la unión de sus miembros era la forma de enfrentarse a los problemas, esta segunda parte ahonda en las inseguridades del padre de familia, en la aceptación de los roles dentro del grupo familiar y en las relaciones entre padres e hijos.

Y lo hace con una historia que, aunque en cierto modo previsible, no deja de fascinar a cada paso que da gracias a los equilibrios dentro de su trama con las diferentes historias que en ella se desarrollan. Si el drama y la acción los aporta la parte de la superheroína y sus aventuras, el punto irónico y cómico está representado por ese Mr. Increíble que debe aprender a ser “increíble” también en su casa, con sus hijos, lidiando con problemas comunes como los deberes, las primeras relaciones de su hija con chicos o el cuidado de un bebé que, en este caso, en lugar de descubrir el mundo descubre sus poderes. Atentos a este pequeño que desarrolla todo su potencial en algunas de las secuencias más hilarantes y perfectamente desarrolladas del metraje.

El hecho de que la trama transcurra desde el punto en el que terminó la primera parte ayuda a que Los Increíbles 2 nos lleve de viaje al pasado, pero es solo un lugar desde el que comenzar. El viaje es mucho más complejo, más enriquecedor y más divertido que todo eso. La cinta de Bird, que vuelve a demostrar su talento, puede entenderse en varios niveles, y esto la convierte casi en un clásico automático. Sí, es diversión, acción, espectacularidad y una animación impecable. Pero también es drama familiar. Y es conflicto emocional. Y es comedia. Incluso tiene algunos toques de comedia adolescente. En definitiva, un film que es más de lo que podría pensarse a simple vista. Un film imprescindible.

Nota: 9/10

‘Los Increíbles’, Jodie Foster y Rodrigo Cortés regresan a la cartelera


Agosto comienza de modo muy diferente a como terminó julio y, sobre todo, a la tónica de estrenos cinematográficos que se ha seguido en las últimas semanas. Así, este viernes día 3 está marcado por la llegada de varios e interesantes títulos, todos ellos de muy diversa naturaleza, lo que hará que un mayor margen de espectadores se sientan atraídos a las salas.

Comenzamos el repaso con una secuela muy esperada. Los Increíbles 2 supone el regreso de Pixar a unos superhéroes que hace 14 años hicieron las delicias de toda una generación. La trama arranca cuando la familia de superhéroes se ve obligada a lidiar con una difícil misión: que Mr. Increíble se quede en casa cuidando de los hijos mientras Elastigirl sale a luchar contra el crimen en solitario. Pero cuando un nuevo y peligroso enemigo hace acto de presencia la familia volverá a unirse para defender la ciudad, contando con la ayuda de Frozone. Acción, humor y espectáculo son los ingredientes de esta cinta que dirige Brad Bird (Ratatouille), al igual que hiciera con la primera parte, y que cuenta con las voces originales de Craig T. Nelson (Gold, la gran estafa), Holly Hunter (Batman v Superman: El amanecer de la justicia), Sarah Vowell (Síndrome postdivorcio), Huck Milner, Catherine Keener (Nuestro sitio), Bob Odenkirk (The disaster artist) y Samuel L. Jackson (El otro guardaespaldas).

El thriller tiene su principal representante en Hotel Artemis, el regreso de Jodie Foster como actriz cinco años después de Elysium. El argumento se centra en un exclusivo hospital de Los Ángeles que solo atiende a criminales, estando regentado por una mujer que mantiene unas normas muy estrictas. Pero cuando el centro es atacado y esas normas parecen perderse se desatará una espiral de violencia difícil de contener. Escrita y dirigida por Drew Pearce, quien de este modo debuta en el largometraje, esta cinta coproducida entre Estados Unidos y Reino Unido completa su reparto con los nombres de Dave Bautista (Guardianes de la galaxia Vol. 2), Jeff Goldblum (Thor: Ragnarok), Charlie Day (Pacific Rim: Insurrección), Sterling K. Brown (serie This is us), Jenny Slate (Un don excepcional), Zachary Quinto (Star Trek: Más allá) y Kenneth Choi (El lobo de Wall Street), entre otros.

Muy diferente es Blackwood, cinta con capital norteamericano y español que dirige Rodrigo Cortés (Luces rojas) adaptando una novela de Lois Duncan. La historia, a medio camino entre el drama, la fantasía y el terror, se centra en cinco adolescentes problemáticas que son enviadas a un programa experimental de enseñanza dirigido por una enigmática mujer. Pronto empiezan a mostrar talentos que no sabían que tenían, pero también experimentan síntomas mucho más peligrosos. Cuando sueño y realidad empiecen a confundirse todas comprenderán el motivo por el que están allí. Taylor Russell (Si no despierto), Uma Thurman (Una buena receta), AnnaSophia Robb (Jekyll island), Isabelle Fuhrman (serie Masters of sex), Rebecca Front (serie Poldark) y Rosie Day (Todos los caminos conducen a Roma) son las principales actrices.

Puramente europea es la franco belga Dos mujeres, drama dirigido por Martin Provost (Violette) que se centra en la relación entre una comadrona cuya pericia para traer bebés al mundo es cuestionada por las modernas tecnologías y la frívola ex mujer del padre de aquella. El reencuentro de ambas después de décadas de indiferencia mutua revelará varios secretos que cambiará por completo la vida de las dos. Catherine Deneuve (Bonne pomme), Catherine Frot (La cocinera del presidente), Olivier Gourmet (Río arriba), Quentin Dolmaire (Mal genio) y Mylène Demongeot (El viaje de Bettie) son los principales actores.

Desde Francia llega Daddy Cool, cinta que arranca cuando un hombre de 40 años y totalmente inmaduro es abandonado por la mujer de su vida, ansiosa por formar una familia. Dispuesto a recuperarla, decide montar en su casa una guardería para demostrar que es responsable. Sin embargo, la teoría dista mucho de la realidad. Esta comedia está dirigida por Maxime Govare (Toute première fois) y protagonizada por Vincent Elbaz (Hasta tiene tus ojos), Laurence Arné (Manual de un tacaño), Jean-François Cayrey (Maman a tort), Grégory Fitoussi (Mince alors!) y Juliette Pivolot (Cigarettes et chocolate chaud).

La propuesta española de la semana es Solo, drama romántico que lleva a la gran pantalla la historia real de Álvaro Vizcaíno, surfista que en 2014 logró sobrevivir durante 48 en el mar después de caer por un acantilado en Fuerteventura, romperse la cadera en tres partes y tener una herida abierta en la mano. Dirigida por Hugo Stuven (Anomalous), el protagonista de esta historia es Alain Hernández (Que baje Dios y lo vea), al que se suman Aura Garrido (La niebla y la doncella), Ben Temple (Como reinas) y Leticia Etala (Trezze).

Otro de los estrenos exclusivamente europeos es Nico, 1988, película biográfica en torno a la actriz y modelo alemana Christa Paffgën, cantante de ‘The Velvet Underground’ y musa de Andy Warhol. Concretamente, este film con capital italiano y belga relata su última gira, marcada por sus deseos de romper con su pasado. Escrita y dirigida por Susanna Nicchiarelli (Cosmonauta), la cinta está protagonizada por Trine Dyrholm (La comuna), John Gordon Sinclair (Gregory’s two girls), Anamaria Marinca (Floride), Sandor Funtek (La boda) y Thomas Trabacchi (Uno per tutti).

La cinta más internacional es Siempre juntos, cinta con capital alemán, brasileño y uruguayo que dirige Gustavo Pizzi (Riscado) y que, en clave dramática, narra la vida de una madre de familia de 40 años que vive en Río de Janeiro y que tiene que aceptar que a su hijo mayor le contratan para jugar en un equipo de balonmano alemán. Será a partir de entonces cuando deba aprender a construir su nuevo día a día y deba buscar el modo de mantener a su familia unida. El reparto está encabezado por Karine Teles (Fala comigo), Otávio Müller (O Gorila), Adriana Esteves (Real beleza), Konstantinos Sarris (serie Los días eran así) y César Troncoso (Otra historia del mundo).

‘Misión: Imposible. Fallout’: más imposible que nunca


Creo que nadie auguraba en 1996 que la adaptación de Brian de Palma (Misión a Marte) de la famosa serie de televisión Misión: Imposible daría, más de 20 años después, hasta cinco continuaciones y millones de euros en ingresos para una franquicia que, a diferencia de muchas otras, ha sabido reinventarse cuando ha sido necesario pero siempre manteniéndose fiel a un estilo y unos elementos básicos. Esta sexta entrega es la última evidencia de lo bueno y lo malo de esta saga.

La cinta dirigida por Christopher McQuarrie, director de la anterior entrega, continúa en cierto modo los acontecimientos de esta con un estilo áspero en su narrativa y espectacular en su puesta en escena. Con secuencias de acción brillantemente ejecutadas (la pelea en el baño deja sin palabras), la trama vuelve a recurrir al engaño y la intriga para construir toda una persecución en la que, por momentos, no se sabe si los protagonistas son perseguidores o perseguidos. El hecho de que se recupere un villano como el interpretado por Sean Harris (Un lugar solitario para morir) ya da una idea del tono sombrío de la historia, de nuevo con agentes infiltrados y traiciones a las más altas instancias de la inteligencia mundial.

En este sentido, esta nueva ‘Misión: Imposible’ hace honor a su nombre, estructurando milimétricamente la trama para dosificar los giros argumentales en un exitoso intento por hacer que el ritmo no decaiga. Sin embargo, un elemento falla, y es la presunta sorpresa por conocer la identidad del villano que acompaña a Harris en esta historia. Si uno es un poco atento a los planos utilizados por el director, la identidad queda revelada casi al final del primer acto, lo que deja alrededor de dos horas de metraje en las que las presuntas sorpresas quedan completamente anuladas. De ahí que la apuesta por la acción sea tan importante, pues sin ella posiblemente la cinta se desinflaría a marchas forzadas. Acción, por cierto, que se descontrolada en su tramo final, persecución aérea y combate posterior incluidos. Todo un alarde de lo peor que puede ofrecer la saga, algo que se vio en la segunda entrega.

Con todo esto en cuenta, Misión: Imposible. Fallout se convierte en el espectáculo que cabría esperar. Una producción marcada por la acción bien ejecutada, por una trama sólida que retoma una historia precedente y que, salvo ciertos inconvenientes en su manejo de los secretos y de la intriga. En cierto modo, esta nueva aventura contiene lo mejor y lo peor de la saga. Lo mejor, sin duda, los juegos de identidades, los engaños y los constantes giros argumentales en los que nada es lo que parece, e incluso lo que realmente es muchas veces puede reinterpretarse. Lo peor es esa tendencia a la acción sin sentido, a la espectacularidad que haga gala del título en su sentido más extremo, cuando algo más sencillo tiene el mismo o mejor efecto. Pero desde luego, para pasar un buen rato disfrutando de los escenarios, la intriga y la acción, esta es la elección perfecta.

Nota: 7,5/10

Tom Cruise sigue logrando la ‘Misión: Imposible’… y ya van seis


Posiblemente el cine contemporáneo no sería lo mismo sin las secuelas o los remakes. No quiere decir esto que no hayan existido desde los orígenes del cine, pero de un tiempo a esta parte parece que el séptimo arte vive una profusión de este tipo de films. Y este viernes, 27 de julio, no es menos. Si la semana pasada llegaba una segunda parte, en esta ocasión es una sexta entrega de una de las sagas más famosas. Por supuesto, en la cartelera española aterrizan más novedades, pero tampoco muchas.

Y es que Misión: Imposible. Fallout acapara prácticamente toda la atención de los estrenos de la semana. De nuevo con Tom Cruise (La momia) dando vida a Ethan Hunt, y con Christopher McQuarrie (Jack Reacher) tras las cámaras, la cinta transcurre algún tiempo después de la anterior entrega, debiendo solventar una misión que ha salido mal en una carrera contrarreloj, por lo que deberán contar con nuevos aliados que parecen esconder otras intenciones. Acción, algo de humor y mucha espectacularidad vuelven a ser los ingredientes de esta cinta en cuyo reparto también encontramos a Rebecca Ferguson (El gran showman), Henry Cavill (Liga de la Justicia), Ving Rhames (Operator), Simon Pegg (Ready Player One), Michelle Monaghan (Día de patriotas), Alec Baldwin (Siempre Alice), Angela Bassett (Black Panther), Sean Harris (Macbeth) y Wes Bentley (serie American Horror Story: Roanoke).

También norteamericana es Un mar de enredos, film dirigido por Rob Greenberg, quien debuta de este modo en pantalla grande con este remake de Un mar de líos (1987). El argumento de esta comedia romántica gira en torno a una joven madre norteamericana que entra a trabajar para limpiar el yate de un multimillonario mexicano. Cuando este le ordena que le sirva comida, ella se niega y es despedida. La vida de ambos cambia cuando él cae al mar, perdiendo la memoria tras quedar inconsciente, hecho que aprovecha la joven para hacerse pasar por su esposa. Pero el plan no sale como ella espera, por lo que es solo cuestión de tiempo que alguien descubra el falso matrimonio. Anna Faris (serie Mom), Eva Longoria (Visiones), John Hannah (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Eugenio Derbez (Geostorm), Swoosie Kurtz (Duplex), Emily Maddison (serie Health Nutz) y Josh Segarra (serie Arrow) son los principales intérpretes.

Entre los estrenos europeos destaca la francesa Llenos de vida, comedia dramática dirigida y protagonizada por Agnès Jaoui (Comme un avion) cuya trama arranca cuando una joven acude a la fiesta de inauguración de la nueva casa de su hermana. Allí coincide con su exmarido, que a diferencia de ella se ha vuelto un cínico pesimista. La tensión entre ambos adquiere nuevas cotas cuando llega la hija que tienen en común, y a medida que la fiesta avanza los reproches irán en aumento a la par que el alcohol. Entre los principales actores, además de Jaoui, destacan Jean-Pierre Bacri (Un cuento francés), quien colabora en el guión junto a la protagonista; Léa Drucker (El buen maestro), Kévin Azaïs (Souvenir) y Nina Meurisse (Las sillas musicales).

También francesa, aunque esta vez con colaboración belga, es Cambio de reinas, adaptación de la novela de Chantal Thomas que aborda los matrimonios que se concertaron entre Francia y España en 1721 para intentar sellar los conflictos entre ambos países. Así, se acordó que Luis XV, de 11 años, se casara con María Anna Victoria, de 4 años e Infanta de España, mientras que la hija de cuatro años del regente francés Felipe de Orleans se casaría con el heredero al trono español y príncipe de Asturias. Este drama histórico está dirigido por Marc Dugain (Une exécution ordinaire), y en su reparto destacan Lambert Wilson (Las confesiones), Gwendolyn Gourvenec (Open tables), Kacey Mottet Klein (Cuando tienes 17 años), Olivier Gourmet (Dos mujeres), Andréa Ferréol (Nyfes) y Maya Sansa (La belle vie).

La comedia en estado puro llega con Vacaciones con mamá, producción francesa dirigida por Eloïse Lang (Connasse, princesse des coeurs) que gira en torno a dos hermanas muy diferentes pero que están de acuerdo en ayudar a su madre a superar la difícil situación por la que atraviesa después de que su padre la abandonara por una mujer más joven. Para ello deciden llevar a la isla de Reunión. Miou-Miou (Landes), Camille Chamoux (Atraco en familia), Camille Cottin (Aliados) y Johan Heldenbergh (La casa de la esperanza) encabezan el reparto.

Con algo de retraso llega Bienvenidas a Brasil, comedia dramática francesa de 2016 que combina todo tipo de géneros para narrar el viaje de tres amigas al país sudamericano con la intención de asistir a la boda de la cuarta integrante del grupo. Lo que en principio iba a ser un divertido viaje pronto se convierte en una pesadilla al sufrir un intento de violación que termina con un agresor muerto y una frenética persecución. Todo empeora cuando se reúnen con la novia y les enseña una foto de su prometido. Dirigida por Patrick Mille (Mauvaise fille), quien también participa en el guión y se reserva un personaje en la trama, la cinta está protagonizada por Margot Bancilhon (O los tres o ninguno), Alison Wheeler (Cloclo), Vanessa Guide (Papá o mamá), Philippine Stindel (Mercuriales), Chico Díaz (Deserto azul) y Christine Citti (Valentin valentin).

Finalmente, aunque no menos importante, regresa a los cines El vuelo de la paloma, comedia española de 1989 dirigida por José Luis García Sánchez (Los muertos no se tocan, nene), quien colabora en el guión junto a Rafael Azcona (El verdugo). La trama se centra en una mujer que vive infeliz junto a su marido y en una vida de la que no puede escapar, soñando con tener una forma que la permita mejorar su situación. La oportunidad parece llegarle cuando en la plaza junto a su casa se rueda una película con el actor al que admira en secreto. El reparto está encabezado por Ana Belén (El amor perjudica seriamente la salud), José Sacristán (Toro), Juan Luis Galiardo (La daga de Rasputín), Juan Echanove (Alatriste), Miguel Rellán (Villaviciosa de al lado) y Antonio Resines (El sueño de Iván).

4ª temporada de ‘The Flash’, o cómo narrar desde la derrota del héroe


Con sus más y sus menos, The Flash ha logrado encontrar un hueco narrativa y dramáticamente hablando. Un hueco definido por un delicado equilibrio entre el humor y el drama, en el que el primero sirve de “desengrasante” para el segundo sin llegar a convertir en una burla el concepto de este producto. Sin embargo, en dicho equilibrio existen fluctuaciones, y la cuarta temporada es, posiblemente, una de las más dramáticas vistas hasta ahora. Posiblemente no para los protagonistas, pero sí en el tratamiento de la serie creada por Greg Berlanti, Andrew Kreisberg (autores de Arrow) y Geoff Johns.

Y es que estos 23 episodios ofrecen un interesante análisis del tratamiento de la narración. A diferencia de etapas anteriores en las que las historias episódicas entroncaban de forma tangencial con la trama principal, en esta ocasión el grueso del argumento se encuentra bajo el paraguas del villano al que da vida con notable acierto Neil Sandilands (Proteus). Salvo los capítulos destinados a crossovers entre las series de DC Cómics, en términos generales nos encontramos ante una dedicación exclusiva de toda la trama al enfrentamiento entre héroe y villano. Eso no impide que existan historias autoconclusivas en muchos episodios, pero todas ellas están, de algún modo, relacionadas con la trama principal.

El principal efecto de esta apuesta es que la cuarta temporada de The Flash es un constante crecimiento dramático, generando tensión a cada paso y sentando las bases del clímax del último episodio. Y aunque es cierto que el héroe siempre debe enfrentarse a retos mayores que él mismo para superarlos y superar sus propias limitaciones, en esta ocasión la constante es el fracaso, la idea de luchar contra un destino ya escrito del que no se puede escapar. Más allá de la resolución final y el concepto empleado para que el bien se imponga al mal (el amor, la amistad, ser fiel a uno mismo), lo más relevante es el viaje por esta tanda de episodios, en el que todos y cada uno de los personajes pierde algo realmente importante, en una constante derrota que va más allá de la simple dinámica que mueve todo conflicto.

Dicho de otro modo, en esta ocasión no hay una perspectiva de que las victorias tengan más peso que las derrotas. Es evidente que el resultado final siempre será positivo, al menos en términos generales, pero durante toda la temporada lo que se plantea es llevar hasta límites fuera de lo común al héroe, que debe enfrentarse a la derrota no solo física, sino también emocional (la muerte de su amigo), intelectual y de sus propios poderes. Contrariamente a lo que pueda parecer, esta estrategia narrativa lo que provoca es una mayor identificación con el héroe. Es cierto que la trama presenta altibajos, en buena medida provocados por la falta de interés de algunos personajes y algunas tramas secundarias, pero en líneas generales lo que nos encontramos es ante un constante desafío para el velocista.

Un problema de DC

Ahora bien, esta cuarta temporada de The Flash está empezando a presentar un problema que parece común a todas las producciones de DC, y es la acumulación de secundarios que aportan poco o nada a la historia del héroe. Es cierto que muchos de ellos, puede que la mayoría, crean un contexto dramático que, al fin y al cabo, define toda la serie, pero el problema de incluir tantos secundarios, algunos con más importancia que otros, algunos con poderes, es que todos ellos necesitan de cierto tiempo para desarrollarse, para evolucionar y participar activamente en la historia. Y eso se traduce en más minutos, más dedicación y, por tanto, más espacio robado a la trama principal.

Esta etapa ha podido resolverlo con acierto en muchas ocasiones, como es el caso del nuevo superhéroe interpretado por Hartley Sawyer (Thursday), pero en otros la participación de los secundarios se ha vuelto, digamos, satélite, quedando como recurso de apoyo cuando fuera necesario, por mucho que su rol tuviera, en teoría, mayor peso dramático. Posiblemente la mejor prueba de esta acumulación de héroes sea el final, donde algunos personajes parecen llamados a desaparecer (al menos de momento) para aligerar y simplificar tanto la trama como las relaciones entre los personajes. Sea como fuere, lo cierto es que se empieza a ver muchos personajes que entran y salen de la trama sin demasiada influencia, únicamente para expandir el universo ‘Flash’, y esta intermitencia puede jugar en contra de la historia si no se lleva por el buen camino. De hecho, Arrow ya se ha visto obligada a aligerar su historia de personajes.

Aunque como siempre ocurre en esta serie, posiblemente el punto de giro más interesante sea el gancho final para la siguiente temporada. Y es aquí donde entra en juego otro de los elementos más indentificables de esta ficción que, curiosamente, no han tenido demasiado protagonismo en esta etapa. Me refiero a los viajes en el tiempo. Mientras que años atrás los cambios en el espacio-tiempo han dado pie a historias, cambios y villanos, en esta ocasión todo ha transcurrido en el campo de la mente y el presente físico. De ahí que el final de esta temporada abra una interesante puerta a una trama que requerirá de un minucioso tratamiento, y que sin duda será objeto de muchos análisis por parte de los fans más acérrimos del personaje.

En cierto modo, se puede decir que la cuarta temporada de The Flash viene a demostrar que la serie puede ser extremadamente dramática si se lo propone, pero sobre todo confirma una madurez que no tenía al principio. Con un héroe atormentado por los errores que comete y el sufrimiento que eso causa, un villano que parece no poder ser derrotado y unos protagonistas que afrontan pérdidas de todo tipo, estos episodios suponen un constante giro dramático hacia un abismo que, no por tener un final previsiblemente feliz, es menos angustioso. Curiosamente, las constantes derrotas del héroe provocan un doble y contradictorio efecto: por un lado permiten una interesante narración desde el punto de vista de la derrota, pero por otro genera cierto desapego en algunos momentos de la historia. En cualquier caso, esta es posiblemente la etapa más oscura y dramática hasta la fecha.

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