‘La bruja’: un terror de personajes alejado de efectismos


Anya Taylor-Joy sufrirá las consecuencias de ser considerada 'La bruja'.El cine de terror moderno está tan acostumbrado a artificios, a efectismos de luz (o sombras) y sonido, que encontrar una obra que apela a un miedo mucho más profundo y menos terrorífico siempre es de agradecer. Y para ello nada mejor que recurrir a las historias de nuestros ancestros, al miedo que provoca enfrentarse a lo desconocido, sobre todo si es en un contexto social devoto y profundamente creyente.

Es ahí donde Robert Eggers ha encontrado una espléndida inspiración para su debut en el largometraje. La bruja es, ante todo, un relato de cómo el miedo es capaz de destruir la felicidad, el núcleo familiar y la confianza que los padres y los hijos se profesan. Si bien es cierto que los elementos fantásticos siempre están presentes a lo largo de la trama, su relevancia se limita a la mínima expresión, convirtiéndose más bien en pilares de carga dramáticos que en ningún momento roban importancia a unos personajes perfectamente definidos, a unos más que notables actores y a una puesta en escena tan sencilla como brillante.

La evolución que viven los protagonistas, expulsados de una comunidad por la soberbia de saber lo que quiere Dios por encima del resto de devotos, les convierte en víctimas de sus propios temores, auspiciados por situaciones y vivencias que, aunque con explicación terrenal, adquieren dimensión demoníaca gracias a esas pequeñas pinceladas y a un final que puede parecer excesivo, pero que resume con bastante precisión el significado final del film: si después de sufrir humillaciones y ataques de aquellos que más quiere lo único que obtiene es la soledad, la única alternativa es convertirse en lo que todo el mundo piensa que es.

Desde luego, La bruja es ante todo una historia compleja, alejada de trucos baratos que ahonda en los temores de los hombres apelando a ese miedo irracional a lo desconocido. Nada de vísceras (aunque el comienzo removerá más de un estómago), nada de estridentes sonidos (a destacar la espléndida banda sonora) y nada de cosas surgiendo de la oscuridad. El verdadero miedo nace a plena luz del día, y en este sentido la película se sincera con el espectador para convertirse en un relato sólido.

Nota: 7/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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