‘Pride’: el orgullo de la comedia dramática social


'Pride' narra el apoyo de los homosexuales a la huelga de los mineros en los años 80.Del mismo modo que Hollywood parece tener una especie de plantilla sobre la que trabajar determinadas tramas, sobre todo las comedias románticas, Reino Unido parece tener un don único para desarrollar comedias dramáticas de corte social. La última de estas propuestas se ajusta a este perfil, hasta el punto de emocionar y divertir a partes iguales con una historia verídica que, aunque se desconozca, se intuye a cada paso. Quizá la reflexión más interesante es que, a pesar de los años que han pasado desde aquella unión entre mineros y homosexuales en 1984, en muchos lugares del mundo la lucha por los derechos todavía es una realidad.

Matthew Warchus (Círculo de engaños), que prácticamente debuta en la dirección, logra aportar a la historia todo lo que se espera de ella, es decir, un ritmo constante, un humor ácido y algo oscuro, y unas buenas dosis de drama que, todo hay que decirlo, logran llegar al espectador. De este modo, Pride se convierte en un relato plagado de momentos a recordar, desde el baile que se marca un Dominic West (serie The Wire) desatado, hasta la canción entonada por las mujeres de los mineros, tal vez uno de los momentos más emotivos. Todo en el guión funciona como un engranaje casi perfecto que lleva al espectador a plantearse sus propios prejuicios y le obliga a plantearse su propia postura.

Casi perfecto. Sí, en efecto la trama es capaz de encontrar su equilibrio para convertir la película en un relato notable pero conocedor de sus propias limitaciones. Sin embargo, la recta final de la trama principal se alarga en demasía de forma innecesaria, quizá porque es necesario, con tantos personajes relevantes, conformar un final correcto para la mayoría de ellos. El problema es que ante la falta de conflicto, o al menos de un conflicto que pueda tomar el relevo del principal ya resuelto, la película queda huérfana de interés, limitándose a dar el broche a las historias de los principales protagonistas. Es prácticamente el único “pero” que se le puede poner al film, pero existe al fin y al cabo.

Así, Pride es un orgulloso representante de ese cine social del Reino Unido que no busca destacar por encima del resto, pero que en su humildad y en su sobria puesta en escena encuentra su sitio. Y lo hace de forma inteligente, divertida y emotiva. Es lo que se espera de ella, ni más ni menos. Y desde luego, eso dice mucho del relato, al menos más que de otros. Sin ese final alargado en exceso, y su hubiera tenido algún planteamiento algo más contundente en algunos temas (el sida se aborda casi de puntillas), la cinta habría sido brillante. De este modo, se queda “simplemente” en notable.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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