Las mujeres protagonizan la 75 edición de los Globos de Oro


A diferencia de la pasada edición, los Globos de Oro de este 2018 han dejado unos premios muy repartidos entre los principales títulos de las diferentes categorías de cine y televisión. Con todo, en esta 75 edición ha habido vencedores y vencidos, sorpresas y grandes olvidados, sobre todo en lo que a cine se refiere. Por empezar por estos últimos, sin duda Los archivos del Pentágono ha sido la gran derrotada. El film de Steven Spielberg (Lincoln) optaba prácticamente a todas las categorías cinematográficas a las que podía optar, incluyendo banda sonora, pero tras la gala de este pasado domingo 7 de enero el palmarés de premios ha quedado en blanco. Su gran ausencia ha sido similar a la de La forma del agua, si bien es cierto que esta ha logrado dos premios, uno para Guillermo del Toro (Pacific Rim) como director y otro para Alexandre Desplat (Valerian y la ciudad de los mil planetas) como compositor de la banda sonora.

Y después de los olvidados, los vencedores. En estos Globos de Oro marcados por la reivindicación y la denuncia de la violencia y los abusos contra las mujeres, han sido precisamente producciones protagonizadas por actrices las que han acaparado la práctica totalidad de los premios, principalmente en televisión. Es el caso de Tres anuncios en las afueras, principal vencedor de esta edición cuya protagonista, Frances McDormand (Tierra prometida) ha logrado el premio como Mejor Actriz Dramática. Esta película, sin embargo, ha permitido reivindicar y reconocer el trabajo de Martin McDonagh, director y guionista del film, quien con apenas tres películas a sus espaldas ha logrado dejar su impronta personal en un sistema de producción cinematográfica que tiende cada vez más a parecerse a una cadena de montaje. Personalmente creo que Escondidos en Brujas (2008) y Siete psicópatas (2012) son dos joyas a reivindicar siempre que surja la ocasión, y el hecho de que la tercera película escrita y dirigida por McDonagh haya sido reconocida con los premios a Mejor Película Dramática y Mejor Guión confirma que estamos ante un autor de peso.

En cuanto al resto de premiados en cine, muy repartidos entre algunos esperados y algunas sorpresas. Entre los primeros podríamos incluir el premio a Coco como Mejor cinta de animación o el de Gary Oldman por su recreación de Winston Churchill en El instante más oscuro (este tipo de papeles siempre son del agrado de la Academia, por lo que no es extraño que termine siendo el ganador del Oscar). Y entre las sorpresas podría estar la de James Franco como Mejor Actor de Comedia en The disaster artist; sorpresa relativa, pues la realidad es que buena parte del éxito de esa película radica en la fidelidad de las interpretaciones y de los planos de la película The room (2003), y en este aspecto la labor de Franco es inigualable.

La criada y las mentiras

En lo que a los premios de televisión se refiere, menos sorpresas y menos Globos de Oro repartidos entre los candidatos. Y de nuevo, las mujeres como protagonistas. A pesar de la calidad de los títulos candidatos a Mejor Serie Dramática, parecía evidente que The Handmaid’s Tale iba a lograr el galardón, y las previsiones se cumplieron. No debería ser una sorpresa. Para empezar, es la única serie nueva de las cinco candidatas, lo que ya de por sí aporta un elemento diferenciador a lo que se puede ver en el resto de producciones. Pero es que además, como producto audiovisual, ofrece muchos más niveles interpretativos y conceptuales que sus rivales, amén de una factura técnica, interpretativa y narrativa espléndidas. Sus actores, su fotografía, la temática que aborda y el modo en que se desarrolla la trama son, en líneas generales, muy superiores a los de sus competidoras. De ahí también el premio recogido por su protagonista, Elisabeth Moss (serie Mad Men).

Aunque en este apartado televisivo sin duda la gran triunfadora ha sido Big Little Lies, que ha acaparado la práctica totalidad de los premios relativos a la Mejor Miniserie. Premios no solo a la producción como tal, sino a casi todos sus actores. Y digo casi porque sus actrices competían de dos en dos en las categorías Principal y Secundaria, por lo que una de ellas tenía que irse a casa sin el premio. Finalmente, Nicole Kidman (La seducción) y Laura Dean (Star Wars: Episodio VIII – Los últimos jedi) fueron las agraciadas. Y el hecho de que esta ficción se haya llevado tantos premios invita a analizar la única categoría en la que no competía, la de Mejor Actor de Miniserie o TV Movie, que ha ido a parar a Ewan McGregor (American Pastoral) por su papel en la tercera temporada de Fargo. Baste señalar que él, junto a David Thewlis (Teorema Zero), es uno de los grandes atractivos de una temporada más floja que sus predecesoras.

En líneas generales, por tanto, los Globos de Oro entregados en este 2018 han dejado, al menos en televisión, menos variedad de la que podría esperarse, muy al contrario de lo que ha ocurrido en las categorías cinematográficas, que por cierto ya dejan entrever cuál puede ser la quiniela de los Oscar, sobre todo si se tiene en cuenta lo ocurrido el año pasado. En cualquier caso, lo cierto es que la calidad de los títulos que competían en esta edición era alta, muy alta, por lo que el destino de las estatuillas podría haber sido cualquiera. A continuación encontraréis la relación de los ganadores de la 75 edición de los Globos de Oro.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Tres anuncios en las afueras.

Mejor Película Comedia/Musical: Lady Bird.

 Mejor Director: Guillermo del Toro, por La forma del agua.

Mejor Actor Dramático: Gary Oldman, por El instante más oscuro.

Mejor Actor Comedia/Musical: James Franco, por The disaster artist.

Mejor Actriz Dramática: Frances McDormand, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Saoirse Ronan, por Lady Bird.

 Mejor Actor Secundario: Sam Rockwell, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Secundaria: Allison Janney, por Yo, Tonya.

Mejor Guión: Martin McDonagh, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Banda Sonora: Alexandre Desplat, por La forma del agua.

Mejor Canción: Justin Paul & Benj Pasek, por ‘This is me’, de El gran showman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: En la sombra (Francia y Alemania).

Mejor Película de Animación: Coco.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The Handmaid’s Tale.

Mejor Actor Drama: Sterling K. Brown, por This is us.

Mejor Actriz Drama: Elisabeth Moss, por The Handmaid’s Tale.

Mejor Serie Comedia: The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Actor Comedia/Musical: Aziz Ansari, por Master of none.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Rachel Brosnahan, por The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Miniserie/Telefilme: Big Little Lies.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Ewan McGregor, por Fargo.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Nicole Kidman, por Big Little Lies.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Alexander Skarsgård, por Big Little Lies.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Laura Dern, por Big Little Lies.

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‘Episodes’ termina y cierra ciclo en su quinta temporada


Aunque muchas veces las comparaciones son odiosas, equiparar en algunos aspectos unas cosas con otras puede ayudarnos a tomar perspectiva. Por ejemplo, en el caso de Episodes, la serie creada por David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie The class), equipararlo a cualquier otra producción, ya sea drama o comedia, permite apreciar mejor la calidad de una serie sencilla, una sitcom correcta y ajustada en tiempo y formato que, sin embargo, está planteada de principio a fin como un todo. Y eso es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de series.

Y esto es algo que se aprecia sobremanera en la quinta y última temporada por muchos motivos. El más importante, evidentemente, el dramático. El arco argumental de esta etapa final viene a ser una vuelta a los inicios para los protagonistas, un regreso al punto de partida con el que comenzó esta divertida ficción. La pareja de guionistas interpretada por Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Con la banca no se juega) se convierten en el punto de apoyo sobre el que la trama gira sobre sí misma para volver a situarles como al principio, es decir, construyendo una historia que no les termina de convencer para un actor, Matt LeBlanc (Los ángeles de Charlie) al que odian y aman casi a partes iguales.

Por supuesto, no es este el único elemento. Resulta también interesante el giro final de la serie, en el que los protagonistas convierten en episodio piloto del nuevo producto su propia experiencia con LeBlanc, una producción dentro de otra producción que acentúa el carácter cíclico de Episodes desde un punto de vista puramente formal y conceptual. Desconozco si esa era realmente la intención de sus creadores desde el comienzo o si ha sido algo obligado por las circunstancias, pero lo que sí parece claro, viendo el resultado final de la serie completa, es que alguna base debía existir, pues aunque en muchas ocasiones el desarrollo dramático ha podido parecer algo caótico, la realidad es que todo ha terminado encajando de forma armónica.

Y todo ello con humor ácido, con carcajadas blancas y sinceras, y con una cierta crítica profesional y social a un mundo, el de la televisión, marcado por las audiencias. Esta quinta temporada, en este sentido, también es ejemplar. Si durante etapas anteriores la trama se ha centrado fundamentalmente en el devenir de una pareja de guionistas ingleses y su calvario en Estados Unidos, en esta última parte (y que comenzó en la cuarta temporada) buena parte del peso también recae en el personaje de LeBlanc, al que se le enfrenta a situaciones que, en principio, ningún actor desea, como bien se encargan de demostrar en la trama. Y a su alrededor, todo un mundo movido por intereses personales, por rencillas y, por supuesto, por el dinero y la audiencia, capaz de perdonar todo. Y cuando digo todo, es todo.

El final deseado

Otro elemento que viene a confirmar el carácter circular de Episodes es el hecho de que esta última temporada cuenta con 7 episodios, los mismos que la primera allá por 2011 y dos menos que el resto de etapas. Puede parecer causalidad o una mera anécdota, pero lo cierto es que esta características de la conclusión de la serie condiciona en buena medida el desarrollo de la trama, mucho más directo y enfocado a cerrar las líneas argumentales todavía abiertas a lo largo de esta ficción. En este sentido, y a pesar de los problemas que puede ocasionar la falta de tiempo, se podría decir que es el final deseado.

Porque sí, la conclusión de la serie es lo que podría esperar y desear cualquier espectador de una producción tan blanca y limpia como esta. Nada de finales inesperados, nada de giros argumentales de última hora que puedan cambiar el destino de los protagonistas. Todo se desarrolla como estaba previsto, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y aunque es cierto que algunas historias secundarias pecan en exceso de un desarrollo y una resolución directa y simple, no lo es menos que la dinámica del trío protagonista es tan sólida que acapara toda la atención, por lo que las historias secundarias quedan, pues eso, en un segundo plano.

Y si bien es cierto que al final estos personajes secundarios, aunque divertidos y por momentos interesantes, no dejan de ser meras sombras en el fondo de la historia principal que permiten dar color al entorno en el que se desarrolla la trama, también lo es el hecho de que se echa en falta algo más de peso dramático y narrativo de los mismos en esta conclusión. Y es que ese es el principal problema de esta última temporada. Durante toda la serie varios secundarios habían disfrutado de un peso específico notable, siendo incluso determinantes en las decisiones de los protagonistas. Ahora, sin embargo, se convierten más bien en un contexto necesario, en una suerte de acompañamiento divertido al que se le tiene que dar un final, pero que no tiene demasiado impacto en el resto de la ficción.

En cualquier caso, es un problema menor de una sitcom diferente, fresca y dinámica, con un trío protagonista que, sin ser excepcional, sí evidencia una complicidad inusual. Esta quinta y última temporada de Episodes cierra por completo la serie de un modo pocas veces visto, y a pesar de ciertos problemas de equilibrio dramático entre la historia principal y los personajes secundarios, en líneas generales cumple lo que podría esperarse de una ficción de estas características. No es una obra cumbre de la comedia, ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente original como para ser una obra destacada, tanto por su argumento como por sus actores.

‘La La Land’ allana su camino a los Oscar en los Globos de Oro 2017


'La La Land' y 'The Crown', principales triunfadores en los Globos de Oro 2017Es muy poco habitual que en una entrega de premios cinematográficos, sea cual sea, una de las películas más nominadas logre llevarse todas las estatuillas a las que opta. Es relativamente normal que una cinta con una, dos, tres o incluso cuatro nominaciones logre todos esos premios, pero ¿siete de siete? Bueno, pues eso es lo que ha conseguido en la 74 edición de los Globos de Oro La ciudad de las estrellas, título en español para La La Land, llamada a ser la película del año. Y ante esto se abre ahora el debate acerca de su posibilidad de ser también la gran triunfadora en los Oscar.

Vaya por delante que son muy pocas las comedias que han logrado repetir hazaña en ambos premios (lo que vendría a confirmar que eso de que los Globos de Oro son la ‘antesala de los Oscar’ es un poco excesivo), pero los precedentes son, sin lugar a dudas, esperanzadores, comenzando por la última en conseguirlo: The artist. Y aunque todavía tienen que conocerse las nominaciones, el éxito del film dirigido por Damien Chazelle (Whiplash) no resta la importancia de otros nominados en esta edición de 2017, entre ellos ComancheríaManchester frente al mar o la otra galardonada como Mejor Película Dramática: Moonlight.

De hecho, y aunque pueda parecer secundario, es interesante el mensaje lanzado por algunos de los premios en la categoría cinematográfica, entre ellos el de Mejor Actriz Secundaria, Mejor Actor Dramático y Mejor Actriz Dramática. El primero viene a responder a una crítica surgida ante la ausencia de nominados y premiados afroamericanos en los Oscar; el segundo reconoce a un actor que ya ha hecho méritos más que suficientes para confirmarse como uno de los mejores de su generación; y el tercero cierra reconoce también la labor de los actores del cine europeo más allá del propio premio a la Película en Lengua Extranjera.

En efecto, Viola Davis, una de las actrices más nominadas en los últimos años y menos premiadas, ha logrado su primer Globo de Oro por Fences, aunque no es la única actriz de color que ha competido en esta categoría, y posiblemente no sea la única que lo haga en los Oscar. Y antes de finalizar con el análisis de lo que han sido y lo que pueden deparar estos premios, un apunte: el premio a Aaron Taylor-Johnson como Mejor Actor Secundario por Animales nocturnos puede parecer excesivo teniendo en cuenta la competencia, pero sin duda es merecido para un profesional capaz de ponerse en la piel de cualquier personaje. Y por supuesto, Meryl Streep, nominada por Florence Foster Jenkins, se lleva su premio, en esta ocasión honorífico.

Todo por The Crown

En las categorías televisivas es donde más de uno puede haberse llevado una sorpresa. Desde luego, y esto es un apunte puramente personal, esta edición de los Globos de Oro ha sido una de las más completas en lo que a nominaciones se refiere, sobre todo en el premio a la Mejor Serie Dramática, que ha terminado en manos de The Crown, la principal favorita, pero que tenía como competidores Juego de Tronos, Stranger Things, WestworldThis is us. Con todo, el hecho de que sean unos premios tan repartidos indica la buena salud de la ficción televisiva en cualquier formato.

Los Globos de Oro 2017 dejan igualmente una reflexión interesante. Para empezar, parece que esos años en los que dos o tres series acaparaban la atención en todas las categorías han llegado a su fin, al menos de momento. Las principales categorías contaban con veteranos como VeepTransparentMozart in the jungle, a los que se suman títulos como los mencionados anteriormente. Y ninguno de ellos ha logrado ninguna de las estatuillas, dejando paso a las nuevas producciones más frescas y con propuestas diferentes.

Diferente es el caso de las miniseries. Como es evidente, los nominados suelen ser nuevos cada año, pero en esta ocasión dos han sido los títulos que se han llevado el gato al agua. Por un lado, American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson, serie cuyo formato es similar al de American Horror Story pero que aborda casos reales. Quizá lo más destacable sea el premio para Sarah Paulson, actriz que en los últimos años ha demostrado su talento en la serie de terror y que ahora es reconocida por su rol en este drama. Y por otro, El infiltrado, cuyos principales actores han sido reconocidos en casi todas las categorías, lo que da una idea de lo que puede llegar a ofrecer el producto.

Así las cosas, todo apunta a que La ciudad de las estrellas (La La Land) será la gran triunfadora en los próximos premios que vengan, incluidos los Oscar. Pero más allá de esta visión, lo relevante de esta edición de los Globos de Oro se haya en los premiados ajenos a esta comedia dramática musical, tanto por el talento que se reconoce como por lo que representan socialmente hablando. A continuación podéis encontrar todos los premiados.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Moonlight.

Mejor Película Comedia/Musical: La ciudad de las estrellas (La La Land).

 Mejor Director: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Actor Dramático: Casey Affleck, por Manchester frente al mar.

Mejor Actor Comedia/Musical: Ryan Gosling, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Actriz Dramática: Isabelle Huppert, por Elle.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Emma Stone, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

 Mejor Actor Secundario: Aaron Taylor-Johnson, por Animales nocturnos.

Mejor Actriz Secundaria: Viola Davis, por Fences.

Mejor Guión: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Banda Sonora: Justin Hurwitz, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Canción: Justin Hurwitz, por ‘City of Stars’, de La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Película en Lengua Extranjera: Elle (Francia).

Mejor Película de Animación: Zootrópolis.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The Crown.

Mejor Actor Drama: Billy Bob Thornton, por Goliath.

Mejor Actriz Drama: Claire Foy, por The Crown.

Mejor Serie Comedia: Atlanta.

Mejor Actor Comedia/Musical: Donald Glover, por Atlanta.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Tracee Ellis Ross, por Black-ish.

Mejor Miniserie/Telefilme: American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Tom Hiddleston, por El infiltrado.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Sarah Paulson, por American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Hugh Laurie, por El infiltrado.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Olivia Colman, por El infiltrado.

‘American Horror Story: Roanoke’, nuevo formato para una historia conocida


Los actores de 'American Horror Story: Roanoke' viven un infierno en la mansión.Es difícil que una serie como American Horror Story logre mantenerse durante tantas temporadas como uno de los productos más originales de la televisión. Primero porque la idea de que cada temporada sea una historia diferente tiene el riesgo inherente de perder la conexión con los espectadores. Y segundo porque es complicado encontrar historias que sean capaces de llenar tantos episodios. La prueba está, de hecho, en el irregular desarrollo de las temporadas. Por eso resulta un soplo de aire fresco esta sexta etapa, que bajo el título de Roanoke toma como referencia a la conocida como “Colonia perdida” para adentrarse en un subgénero de terror que hasta ahora no habían abordado Brad Falchuk y Ryan Murphy (serie Glee).

Desde luego, lo más original de esta temporada de 10 episodios es su formato. Narrado como una serie basada en hechos reales que utiliza los testimonios de las personas que vivieron la pesadilla, la ficción juega en diversos niveles dramáticos para introducir al espectador en una historia con visos de realidad. Este juego de la televisión dentro de la televisión tiene, evidentemente, su lado positivo y su lado negativo. Lo positivo es que a través de la dramatización de los hechos y la reacción de los presuntos personajes reales la historia tiene acceso a una serie de conflictos dramáticos vistos desde diferentes puntos de vista casi a tiempo real, como si de un reality show se tratara.

En el lado opuesto, es lógico pensar que, dado que los héroes de la historia relatan su propia odisea, sobreviven al final de la misma, lo que siempre resta dramatismo a lo que se muestra en pantalla. De ahí que, aunque el carácter dramático se intensifica, la tensión narrativa se diluye lentamente, dejando todo el espacio al terror y el gore propios de esta serie. Sin embargo, y a diferencia de otras temporadas, American Horror Story: Roanoke soluciona este problema de una forma aún más original si cabe. La propia temporada se divide en dos partes claras, siendo la segunda una suerte de continuación en la que personajes reales y los actores que les interpretan conviven en el mismo infierno que relataban en la primera parte.

Evidentemente, todo sale mal, y la muerte es la constante en cada personaje, pero independientemente de todo eso lo interesante radica en el modo en que Falchuk y Murphy aprovechan las debilidades dramáticas de su historia para darle una vuelta y convertirlas en motor de un argumento nuevo aunque similar. Por supuesto, esta segunda parte también tiene ciertas debilidades, entre ellas las motivaciones de algunos personajes, pero a pesar de todo esto permite ahondar en tramas personales mucho más profundas y que remiten a las relaciones entre madres e hijos, entre maridos y mujeres y, por qué no, entre el mundo del espectáculo y la vida real.

Carniceros, cerdos y locura

El cambio que sufre American Horror Story: Roanoke en su forma de narrar los acontecimientos es, sin duda, lo más llamativo de esta serie que ha tenido que recurrir a esta apuesta formal para evitar repetirse en sus conceptos más básicos. Y es que salvo esta idea, bien diseñada y elaborada, el resto de la temporada recupera pilares de temporadas anteriores, ya sea la locura, el canibalismo o los fantasmas. En realidad, en algunos momentos llega a repetir algo más que a los actores, recurriendo a situaciones que recuerdan poderosamente a las vividas en algunas de las mejores etapas de esta ficción. La pregunta que cabe hacerse es si esto es algo negativo en sí mismo.

Para gustos los colores, está claro, pero personalmente considero que la forma en que se integran estas ideas con la trama abordada en la serie y con el modo en que se cuenta hacen que sea algo novedoso, diferente y dinámico. La apuesta en la segunda parte de la serie por la cámara en mano al más puro estilo El proyecto de la bruja de Blair (1999) -por aquello de que transcurre en un bosque- es un acierto más que notable, tanto por el carácter realista que aporta al conjunto como por el dramatismo de ver las consecuencias de los asesinatos (sangre saltando por todas partes, rostros desencajados, etc.) antes incluso que el propio acto en sí. De este modo, la serie logra imprimir una fuerza visual muy poderosa a una historia que puede parecer menor, en algunos momentos incluso algo ilógica.

Con todo, es de justicia reconocer que el argumento es algo más que terror, y desde luego algo más que gore. Si la primera parte de la temporada puede resultar un tanto simplista, por aquello de que se sabe de antemano cómo va a terminar, la segunda adquiere un dramatismo mucho mayor, tanto por los conflictos que se generan entre personajes como por las reacciones ante unos acontecimientos que ya no son ficción a pesar de que, al principio, lo consideran parte del show. Estos componentes dramáticos dentro del contexto del horror, la violencia y la locura que definen a la serie es lo que la dotan de una mayor entidad, de una seriedad que se intuye en todo momento, pero que puede perderse de vista en los primeros episodios si se atiende únicamente al concepto de realidad ficcionada.

Por varios motivos, American Horror Story: Roanoke es una de las temporadas más originales de la serie. Personalmente creo que una de las mejores, pues a pesar de sus debilidades ofrece algo diferente, algo fresco, explorando esa vía de nuevo terror que nació con el nuevo siglo y que, hasta ahora, había estado vetada en esta producción. El hecho de que, además, se introduzcan conflictos personales en la historia, derivados muchos de ellos de las propias decisiones de los personajes, lleva la trama a un nivel diferente, más complejo o, por lo menos, más rico en matices. Desde luego, no es una temporada perfecta, pero junto a American Horror Story: Hotel es una de las que más recuerdan a aquella joya que fue la primera temporada.

‘Money Monster’: el espectáculo del dinero


Jack O'Connell secuestra en directo a George Clooney en 'Money Monster'.Las películas dirigidas por Jodie Foster (El castor), al menos las dos últimas, pertenecen a ese extraño grupo de obras que obliga al espectador a pensar, a reflexionar sobre lo que acaba de ver, así consecuencias sociales y morales de los actos y decisiones de los personajes. Su nueva cinta, que desgrana el funcionamiento del mundo bursátil y económico de una forma bastante precisa, no es menos, aunque habría que señalar que Foster, como directora, tiene una asignatura pendiente con el ritmo narrativo de sus películas.

Desde el punto de vista del contenido, Money Monster es un film impecable. Aunque su premisa inicial pueda parecer algo débil, el desarrollo posterior de los acontecimientos es brillante, no solo porque sitúa todas las piezas con un sentido lógico aplastante, sino porque cada acción, cada decisión, lleva a los personajes a enfrentarse con una realidad inesperada. Para ejemplo un botón: el protagonista interpretado por George Clooney (El americano) pide que suban unas acciones para poder salvar la vida, pero en lugar de eso terminan bajando es una buena prueba del mundo “comprometido” en el que vive buena parte de la sociedad. Y como eso, una sucesión de hechos que, al mismo tiempo que destruyen la fe en el ser humano, apasionan al espectador por la lógica y el realismo que imprime a lo que se ve en pantalla.

El problema, y no es menor, es el ritmo, aunque siendo tan sinceros como la película, es algo que suele ocurrir en todas las historias. La película, una vez superado el impacto inicial y la revolución que supone que un joven secuestre en directo a un presentador de televisión, pierde ritmo al dar vueltas durante demasiados minutos sobre los mismos principios, sin avanzar demasiado en la explicación de fondo que justifica la acción ni en la relación de los personajes. Pero como digo, es algo que ocurre en la inmensa mayoría de los films durante su segundo acto. Por suerte, la película recupera ritmo… bueno, en realidad hace mucho más.

Porque el final posiblemente sea lo mejor de todo. Es cierto que Money Monster no es una obra impredecible, pero hay una serie de imágenes finales, sobre todo una que tiene que ver con un futbolín, que es simplemente reveladora e impactante por todo lo que implica. Y si a esto unimos una serie de ideas tan ciertas como lapidarias, lo que obtenemos es una obra que obliga a revisar no solo los valores de cada uno, sino las normas y el contexto social en el que todos vivimos. Puede que el ritmo sea algo irregular. Y desde luego Clooney no termina de convencer (en contraposición al resto de actores), pero aunque solo sea por descubrir qué se esconde detrás del espectáculo del dinero, merece la pena.

Nota: 6,5/10

‘Arrow’ lleva la trama hasta sus últimas consecuencias en la 3ª T


Ra's Al Ghul es el principal villano de la tercera temporada de 'Arrow'.Ya lo comenté durante el análisis de la segunda temporada de Arrow, pero no está de más reafirmarlo. La serie sobre el enmascarado verde es a la televisión lo que la trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan (Interstellar) es al cine. La tercera temporada de esta producción creada por Greg Berlanti, Marc Guggenheim y Andrew Kreisberg (serie Eli Stone) ha confirmado que estamos ante una de las ficciones más completas, frescas y diferentes de la televisión actual. Y lo más importante: es capaz de reinventarse a sí misma y de servir como plataforma para todo un mundo seriéfilo cuyas consecuencias todavía estamos por ver.

Hablar de la complejidad de la trama y de la calidad de los personajes tal vez sea, a estas alturas, algo irrelevante. Estos nuevos 23 episodios logran mantener la tensión dramática de etapas anteriores gracias, sobre todo, a la absoluta falta de especulación con el género. Es una serie sobre superhéroes, sobre justicieros enmascarados, y sus creadores comprenden los límites y las posibilidades que eso conlleva. Gracias a unos roles fieles a sí mismos que logran evolucionar lo suficiente para no resultar repetitivos, la trama de esta temporada explora no solo caminos ya conocidos (el love interest del protagonista, la aparición de antiguos enemigos, etc.), sino que incorpora nuevas historias que se integran en el conjunto para modificar el mundo del protagonista de forma irremediable.

Y este es sin duda el gran acierto de Arrow. Estamos tan acostumbrados a que en estas producciones los villanos aparezcan y desaparezcan sin dar demasiadas explicaciones que cuando la trama se plantea para justificar todo este vaivén resulta sumamente interesante. En efecto, en esta tercera temporada recupera protagonismo el villano de la primera etapa, un John Barrowman (serie Torchwood) que vuelve a convertirse en uno de los mejores atractivos de la producción. Pero lejos de hacerlo con ansias de venganza su papel en la trama resulta refrescante en tanto en cuanto se dota al personaje de entidad propia, de motivaciones y objetivos que van más allá del simple enfrentamiento con el héroe de turno. Evidentemente, la forma de presentarlo tiene también una notable importancia, pues el espectador no descubre la esencia hasta el desenlace final, pero más allá de todo eso ofrece al desarrollo dramático de la serie en su conjunto una complejidad admirable.

La incorporación de un villano tradicional del Universo DC como es Ra’s Al Ghul, al que da vida estupendamente Matt Nable (Riddick), aporta la novedad a la historia y, sobre todo, un “más difícil todavía” que parecía imposible a tenor del final que tuvo la segunda temporada. Y lo hace, como casi todo en la serie, sin miedo a las consecuencias dramáticas que pueda tener su evolución. Lejos de pirotecnias, efectos especiales o espectaculares secuencias de acción (que las hay, y muy conseguidas), Berlanti, Guggenheim y Kreisberg optan más por las consecuencias de las acciones y decisiones de los personajes. Esto ofrece al espectador una sucesión de puntos de giro dramáticos que no dejan lugar para el aburrimiento en ningún momento. Sin desvelar demasiado a aquellos que todavía no hayan podido verla, esta temporada depara importantes sorpresas que sitúan la trama en un panorama incomparable para la cuarta entrega episódica ya confirmada.

El origen de todo

A lo largo de esta tercera temporada de Arrow no son pocas las ocasiones en que, ya sea a través de diálogos o de nuevos personajes, se deja patente que el personaje interpretado por Stephen Amell (Cerrando el círculo), quien por cierto tendrá un papel relevante en la próxima secuela de Las Tortugas Ninja, ha sido el origen de todo un universo en el que los héroes y superhéroes enmascarados tienen un papel protagonista. Es, de hecho, una de las líneas argumentales que sostienen la trama principal, ahondando en el debate personal y colectivo que se abre entre los protagonistas acerca de la responsabilidad para salvar la ciudad del héroe. Esto ha permitido, además, la aparición de nuevos héroes en la historia, alguno con serie propia (The Flash) y otros a punto de protagonizar la suya (Legends of Tomorrow). Coincidencia o no, el origen de ambos se produce en esta magnífica serie de la mano de sendas explosiones.

Pero más allá de estos detalles y de la unión de tramas entre las series de DC que actualmente están en curso, lo más interesante es el trasfondo dramático que esa idea de “el origen de todo” deja en la historia y sus personajes. Curiosamente, en esta ocasión el pasado de Oliver Queen no resulta tan relevante para esta idea, lo que no quiere decir que no tenga su repercusión en el desarrollo de los acontecimientos. En cierto modo, el componente dramático camina de la mano del componente puramente físico, nutriéndose uno de otro de forma mutua pero ofreciendo al espectador dos niveles diferentes de relato. Esto, en definitiva, no hace sino aportar un mayor grado de interés.

La temporada ha servido también para hacer un poco de limpieza entre los personajes. Quizá uno de los talones de Aquiles más peligrosos de la producción era que algunos secundarios tendían a quedarse estancados ante la falta de tiempo para desarrollarlos, generando un inevitable lastre respecto al resto. Era el caso, por ejemplo, de los roles de Willa Holland (Perros de paja) y de Katie Cassidy (Pesadilla en Elm Street), que parecían destinados a ser simples espectadores cuyo conocimiento de la realidad se antojaba casi incoherente. A lo largo de estos episodios ambos personajes evolucionan (alguno mejor que otro) para convertirse en verdaderos activos de la trama, dotándoles de una identidad secreta que les permita integrarse en el grupo de forma natural. Claro que para eso ha sido necesario el sacrificio de otros dos personajes. La idoneidad del cambio queda a gusto del consumidor.

Lo que está claro es que con este cambio y con la resolución final de esta tercera temporada de Arrow la serie ha dado un giro notable respecto al inicio de la primera etapa. Un cambio natural, obligado por el desarrollo dramático de los personajes y por el camino que ha tomado la propia serie, siempre dispuesta a explorar nuevos caminos que lleven a los personajes a tomar decisiones comprometidas. Tal y como queda el tablero de juego la cuarta temporada se antoja apasionante, sobre todo por poder comprobar cómo encajarán todos los cambios en la nueva trama y en los propios personajes. Si los creadores mantienen el criterio, la serie seguirá siendo uno de los productos más atractivos de la televisión.

‘Borgen’ aborda las consecuencias familiares de la política en su 2ª T


La familia tiene un papel fundamental en la segunda temporada de 'Borgen'.Hace poco leía un reportaje sobre el incremento de las ficciones televisivas en los últimos años, reflejo de la importancia que están adquiriendo en la sociedad. Pero entre tantas tramas, tantas temporadas y tantos episodios algunas veces perdemos de vista, yo el primero, que la base de toda buena narración es que los personajes evolucionen a medida que la historia avanza. En algunas series esto es más evidente que en otras, pero es un requisito fundamental si la ficción no quiere quedarse anclada. La segunda temporada de Borgen, serie danesa sobre las relaciones políticas, las tensiones en el poder y el papel de la prensa en todo ello, es una muestra fehaciente de la necesidad de dicha evolución, lo que no quiere decir que siempre sea adecuada.

En efecto, estos segundos 10 episodios abordan un aspecto que había sido tratado en la temporada anterior de forma secundaria, adquiriendo solo cierta relevancia hacia el final del arco dramático. Estoy hablando del impacto que la política tiene en el entorno más íntimo de los personajes. Es cierto que esta línea argumental ya se había abordado durante varios episodios de la primera temporada, pero mientras que la historia se centraba en las relaciones entre política y periodismo (el inicio de la serie es toda una declaración de intenciones), en esta segunda parte la relevancia la adquieren las consecuencias de los actos políticos de prácticamente todos los protagonistas, desde la primera ministra interpretada por Sidse Babett Knudsen (Después de la boda) hasta el jefe de prensa al que da vida Pilou Asbæk (Lucy).

De este modo, Borgen evoluciona hacia un plano más dramático que relega a un segundo plano los conflictos entre política y periodismo que surgen y que, de hecho, se solucionan con relativa facilidad sin ahondar en las consecuencias de muchas de las decisiones. El hecho de que el grueso de la trama lo centren acontecimientos como el ataque al corazón de un colaborador, la ansiedad que sufre la hija de la protagonista o el pasado del rol de Asbæk, marcado por los malos tratos, evidencian un giro dramático que, lejos de convertir la serie en un folletín sin contenido, dota al conjunto de un interés añadido gracias a que, y esto es algo que sí se mantiene de la primera temporada, todas estas tramas secundarias influyen en el devenir de la historia principal, es decir, del día a día de la política.

Posiblemente una de las mejores cartas de presentación de la serie sea, precisamente, su capacidad para encajar todas las tramas y para adaptar la historia a los nuevos acontecimientos de forma fluida y creíble. Las constantes luchas que debe afrontar el personaje de Knudsen se suceden de este modo en base a los acontecimientos que se producen en las tramas dramáticas secundarias, culminando el proceso con su propia retirada temporal de la política. En el fondo, y siguiendo con el análisis puramente narrativo, se logra enfrentar a la heroína ante retos cada vez más complejos que exigen de ella un esfuerzo mayor, llegando al extremo de tener que decidir entre la política y su propia hija. Es en ese momento cuando el personaje queda mejor definido, y desde luego cuando la serie alcanza su clímax.

Personajes relegados

No en vano se produce en el tercio final de la temporada, lo que equivaldría al tercer acto de cualquier guión cinematográfico. Pero no es oro todo lo que reluce en Borgen. Si bien es cierto que el componente dramático adquiere una relevancia especial que nutre a la serie de una forma que la primera temporada no logró, en ese proceso existen daños colaterales que desnivelan el delicado equilibrio de fuerzas que se logró en la temporada anterior.

Dichos daños colaterales se identifican, intencionadamente o no, con la oposición política. Debido en buena medida a que el desarrollo dramático ocupa la mayor parte del arco argumental, Borgen relega a meros instrumentos de conflicto a los partidos políticos en la oposición, así como a muchos personajes que tuvieron cierto peso narrativo en los primeros episodios y que ahora apenas son justificaciones en la trama. Salvo un pequeño protagonismo en los primeros episodios, personajes como los de Peter Mygind (Flame y cirtrón), quien da vida al propietario del periódico crítico con el gobierno, sirven únicamente para ahondar en los conflictos o como vehículo para generar alguno nuevo, sin más desarrollo que el estrictamente necesario para el momento, y en algunos casos ni siquiera eso.

Esto provoca una sensación de vacío que, aunque cubierta con pátinas de efectos dramáticas en los entornos familiares y personales, no logra eliminarse por completo. La consecuencia más directa es que, una vez vista la temporada, el sentimiento de haber perdido intensidad política es notable, incluso cuando objetivamente los acontecimientos desarrollados en esta segunda temporada tienen peso y relevancia por sí mismos. En el fondo, y tal y como termina la temporada, da la sensación de que la intención inicial era destinar una temporada al estudio del sistema político danés, y otra al trasfondo humano del poder.

Pero esto no debe ser excusa para una serie de la calidad de Borgen. Lo cierto es que, a pesar de sus muchas cualidades, la evolución en esta segunda temporada deja por el camino una serie de pilares que no debería haber olvidado. Es por eso que la evolución no siempre es adecuada. Una tercera temporada confirmará si finalmente la serie danesa es una reflexión política o una exposición dramática de los entresijos del gobierno. Lo mejor sería que combinara todos sus elementos. Sea como fuere, eso no quita para que estemos ante una de las series europeas más interesantes de los últimos años.

‘The Newsroom’ termina con una temporada magnífica muy a su pesar


La redacción de ACN será registrada por el FBI en la tercera temporada de 'The Newsroom'.Lo habitual a la hora de afrontar una serie de televisión es crear una Biblia que recoja la evolución de las tramas y los personajes. Esto es fundamental sobre todo si se trata de producciones cuyas historias se desarrollan por temporadas, y no de forma episódica. ¿Pero qué ocurre cuando toda esa planificación, toda esa preparación, se termina antes de lo que el guionista tenía pensado? Bueno, la respuesta puede encontrarse en un sinfín de producciones. Y suele ser una respuesta más bien negativa. Sin embargo, el caso de The Newsroom ha sido ligeramente diferente. Es cierto que su tercera temporada, la última por obligación, evidencia lo peor que puede tener una serie, pero Aaron Sorkin (La red social), su creador, es capaz de sobreponerse para crear una pequeña trama que sirva de broche al mundo periodístico que refleja.

Y es ahí donde reside la genialidad de este guionista, más allá de sus brillantes e inteligentes diálogos o su habilidad para crear drama con un par de cruces de miradas. En efecto, los seis episodios que conforman esta conclusión son, a todas luces, un ejercicio de funambulismo. Todos y cada uno de ellos representan un delicado equilibrio entre la necesidad de acelerar la historia por parte de los productores y la necesidad de narrar la historia por parte de los guionistas. A raíz de esto, el espectador asiste a un desarrollo excesivamente abrupto que contrasta no solo con lo visto en temporadas anteriores, sino con el estilo general de la serie y del propio Sorkin, uno de los mejores guionistas en lo que a manejo de tempo narrativo se refiere. Los saltos temporales, la ausencia de motivaciones claras o la indefinición en algunos planteamientos convierten a esta temporada en la peor de las tres, no cabe duda.

Ahora bien, ¿es una mala temporada? Digamos que muchas series estarían interesadas en tener una temporada tan mala como esta. The Newsroom, con su particular estilo y su visión “poco realista” del mundo del periodismo, es capaz de crear seis episodios intensos, llenos de drama y momentos irónicos que incluso se permiten el lujo de tener algunos de esos inolvidables discursos éticos a los que su creador nos tiene acostumbrados. Centrado en esta ocasión en los conflictos que surgen entre la libertad de prensa, el derecho a preservar la identidad de las fuentes y los secretos de Estado, la trama es capaz de desarrollar, incluso con el poco espacio que le dan, una serie de pinceladas notables sobre la labor periodística y sobre cómo esta se sustenta en pilares tan sólidos y poco habituales como la integridad.

De hecho, y como señala el propio Sorkin, uno de los momentos más trágicos de la temporada llega precisamente cuando se abandonan dichos pilares, lo que termina por definir el carácter general de la serie, posiblemente en respuesta a aquellos que la consideran una mala serie por no ajustarse a la realidad. Independientemente de lo absurdo de dicha afirmación, lo cierto es que esta última temporada aprovecha las armas en su contra para crear un arco narrativo interesante, inevitablemente marcado por las necesidades de los directivos de la cadena pero coherente, sólido y magnífico en el resto de aspectos. Por cierto, que quien quiera ver una cierta crítica a dichos directivos en los acontecimientos que se narran en las tramas secundarias, que lo vea, porque seguramente no andará desencaminado.

La vida sigue

Jeff Daniels, Emily Mortimer y Jane Fonda en un momento de la tercera temporada de 'The Newsroom'.Así que sí, la tercera y última temporada de The Newsroom es un broche que encaja en la historia como un guante, una especie de envoltorio a lo narrado en las dos anteriores temporadas (sobre todo con el formato que tiene el episodio final) que desde luego no era el previsto, pero que en cualquier caso sale airoso de la prueba. Nada se deja al azar, nada queda abierto a posibles interpretaciones o a suposiciones por parte del espectador. Y aunque esto provoca que el desenlace de algunas tramas secundarias no posea la originalidad o la sorpresa que cabría esperar, no impide tampoco que el resultado final emocione como lo han hecho las entregas previas.

Eso se debe, además de la sólida estructura narrativa y de un reparto que vuelve a estar a un nivel muy alto, a la forma en que finaliza la serie. En muchas ocasiones nos encontramos conque una serie, sea buena, mala o regular, narra la historia de un personaje o de un grupo de personajes. O mejor dicho, un capítulo importante en la vida de dichos personajes. Una vez finalizado ese acontecimiento, mantener la producción carece del sentido inicial. Sin embargo, Aaron Sorkin logra que esta última temporada sea, en realidad, una despedida entre amigos, un “hasta luego” representado en ese último plano de Jeff Daniels (Buenas noches, y buena suerte) comenzando un nuevo informativo. La vida sigue más allá de la serie, del mismo modo que existía antes de que las cámaras se colaran en la redacción de ACN.

Este carácter transitorio podrá emocionar a unos, enervar a otros y dejar indiferente al resto. Para gustos los colores. Lo que está claro es que gracias a ello la serie no se convierte en un producto cerrado, acotado por los planos, los episodios y las temporadas. En realidad, se revela como una reflexión sobre el periodismo que va más allá de la propia redacción protagonista, que parece seguir su lucha por mantener vivas las bases del periodismo tanto si hay cámaras delante como si no. Esta interpretación metalingüística de la narrativa y del mensaje de la serie dotan al conjunto de una imagen mucho más elaborada, interesante y atractiva de lo que pueda parecer en un primer momento. Y eso es algo que solo son capaces de lograr maestros como Sorkin, le pese a quien le pese.

The Newsroom se despide de la mejor forma posible, es decir, haciendo lo mismo que logran sus personajes en la ficción. A pesar de los escollos, a pesar de las directrices de mandamases que se guían por ratios de público y no por lo que se narra, la serie ha sido fiel a su estilo con las herramientas de que disponía. La tercera y última temporada adolece de muchas cosas que sí tuvieron las dos temporadas previas, pero el talento de Aaron Sorkin y su equipo de guionistas permite que la trama alcance un desarrollo firme y contundente. Desde luego, los seis episodios deben ser vistos como lo que son: un arco argumental que permite cerrar todas las tramas abiertas. Una especie de canto de cisne antes de abandonar las pantallas que, no obstante, implanta en la imaginación del espectador un futuro brillante para ese equipo de periodistas de ACN.

La 72ª edición de los Globos de Oro deja unos premios muy repartidos


De izquierda a derecha, y de arriba a abajo, imágenes de 'Boyhood', 'la serie 'The affair', 'Birdman' y la serie 'Transparent'.

De izquierda a derecha, y de arriba a abajo, imágenes de ‘Boyhood’, ‘la serie ‘The affair’, ‘Birdman’ y la serie ‘Transparent’.

Cuando los críticos analizan los premios de cualquier gala tienden a sacar conclusiones acerca del gran vencedor, del gran perdedor y de los grandes ausentes. Y así se ha hecho con la 72ª edición de los Globos de Oro, esos premios otorgados por la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood que vienen a ser la antesala de los Oscar. De ahí su especial relevancia. Siguiendo con la teoría, lo mejor de 2014 fueron Boyhood en el ámbito cinematográfico y The affair en el televisivo. Pero un análisis algo más exhaustivo revela que, al menos este año, no ha habido claros vencedores y vencidos.

En efecto, Boyhood se ha llevado Mejor Película Dramática, Mejor Director y Mejor Actriz Secundaria. Pero nada más. Considerar que Birdman, la otra gran candidata, ha terminado siendo derrotada resulta un poco osado. Los premios a Mejor Actor Dramático y Mejor Guión la confirman como uno de los mejores productos del año, y desde luego se ajustan a lo que la película es capaz de ofrecer. Es cierto que la Mejor Película de Comedia o Musical ha ido a parar para El gran hotel Budapest, pero esto no debería ser un síntoma de una derrota, sino del reconocimiento a la maravillosa fábula de Wes Anderson (Moonrise kingdom). Aunque la mayor evidencia de que este ha sido un gran año cinematográficamente hablando es la amplia variedad de nombres y títulos que centran el resto de galardones en las categorías de largometrajes.

Viendo todas y cada una de las categorías, que como todos los años podéis encontrar al final del texto, la sensación que se desprende es la de una paridad interesante entre la mayor parte de los films. La imposibilidad de premiar a todos los nominados obliga a buscar alternativas. Si una es premiada como Mejor Película, otra logra el galardón de Mejor Guión. Si el protagonista de un film logra un premio, la protagonista de otro hace lo propio. En realidad, los derrotados no deben buscarse entre los premiados, sino entre aquellos que se han ido de vacío. Es el caso de, por ejemplo, Perdida de David Fincher (Seven), que apenas optaba a una candidatura, y de The imitation game, ignorada completamente en las categorías en las que competía.

Lo cierto es que estos premios han sido, en su vertiente cinematográfica, más homogéneos de lo que lo han sido en ediciones anteriores, a pesar de que algunos pretendan encontrar derrotas donde no las hay. Por supuesto que ha habido derrotados, aunque no son BirdmanLa teoría del todo o Meryl Streep (Memorias de África). Aunque si alguien busca una reflexión algo más alejada de los focos y del ruido mediático de los grandes premios, que se fije en la Mejor Película en Lengua Extranjera, galardón entregado a Leviatán y no a Ida, gran triunfadora de los premios europeos en el 2014. De mantener el mismo criterio de ganadores y perdedores, sin duda esta diferencia de opiniones encierra una serie de matices realmente interesantes.

‘True Detective’ no encuentra su premio

En lo que respecta a la televisión, el fenómeno ha sido parecido, aunque en esta ocasión sí hay varios grandes perdedores. Y también a diferencia de la sección cinematográfica, ha habido muchas sorpresas, empezando por los principales galardones de Mejor Serie Dramática y de Comedia. Veteranas como The good wife (una de las más aclamadas del año), Juego de TronosGirls no han tenido muchas oportunidades ante The affairTransparent. Ambas se alzan no solo con esos Globos de Oro, sino con sendos premios a sus actores y actrices, convirtiéndolas en los grandes triunfadores de la pequeña pantalla junto a Fargo en la categoría de miniserie.

Aunque posiblemente lo más llamativo haya sido la ausencia total de True detective y de sus dos protagonistas. Siendo como ha sido una de las mejores series del año cuesta encontrar un motivo por el que no hayan tenido ninguna oportunidad ante su gran rival, Fargo. De hecho, la única explicación que cabe encontrar es, precisamente, la existencia de la serie protagonizada por Billy Bob Thornton (Bandidos), quien por cierto se lleva el premio al Mejor Actor de Miniserie. La presencia de estas dos joyas de la pequeña pantalla era una de las pugnas más interesantes, y aunque resulta injusto que una haya terminado yéndose de vacío, no es menos justo que la otra se haya hecho con las dos estatuillas. Dicho de otro modo, habría sido igual de injusto que True detective se lo hubiera llevado todo. Y ya que hablamos de actores, mención aparte merece el reconocimiento a Kevin Spacey por su rol en House of cards, completando lo que ya logró el año pasado su compañera de reparto, Robin Wright (La princesa prometida).

Por lo demás, los premios han dejado un poco de todo. Desde sorpresas como la de Gina Rodriguez por su rol en Jane the virgin hasta premios lógicos como el de Maggie Gyllenhaal por The honourable woman, serie que por cierto habría merecido alguna que otra nominación más. Se puede decir, por tanto, que estos Globos de Oro 2015 han repartido suerte de forma más o menos equilibrada. Evidentemente, si pueden considerarse como una guía para conocer los ganadores de los Oscar, parece claro que Boyhood se llevará algunos de los premios más importantes. Pero eso no debe impedir que veamos el potencial de cintas como BirdmanLa teoría del todo, que a pesar de lo que se piense han sido las otras grandes vencedoras de la noche. A continuación los premiados.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Boyhood.

Mejor Película Comedia/Musical: El gran hotel Budapest.

 Mejor Director: Richard Linklater, por Boyhood.

Mejor Actor Dramático: Eddie Redmayne, por La teoría del todo.

Mejor Actor Comedia/Musical: Michael Keaton, por Birdman.

Mejor Actriz Dramática: Julianne Moore, por Siempre Alice.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Amy Adams, por Big eyes.

 Mejor Actor Secundario: J.K. Simmons, por Whiplash.

Mejor Actriz Secundaria: Patricia Arquette, por Boyhood.

Mejor Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo, por Birdman.

Mejor Banda Sonora: Jóhann Jóhannsson, por La teoría del todo.

Mejor Canción: Common y John Legend por ‘Glory’, de Selma.

Mejor Película en Lengua Extranjera: Leviatán (Rusia).

Mejor Película de Animación: Cómo entrenar a tu dragón 2.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The affair.

Mejor Actor Drama: Kevin Spacey, por House of cards.

Mejor Actriz Drama: Ruth Wilson, por The affair.

Mejor Serie Comedia: Transparent.

Mejor Actor Comedia/Musical: Jeffrey Tambor, por Transparent.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Gina Rodriguez, por Jane the virgin.

Mejor Miniserie/Telefilme: Fargo.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Billy Bob Thornton, por Fargo.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Maggie Gyllenhaal, por The honourable woman.

Mejor Actor Secundario Miniserie/Telefilme: Matt Bomer, por The normal heart.

Mejor Actriz Secundaria Miniserie/Telefilme: Joanne Froggatt, por Downton Abbey.

‘The Honourable Woman’, thriller político en una miniserie de cine


Maggie Gyllenhaal es 'The Honourable Woman' en las tramas de espionaje de la miniserie.A medida que pasan los años, y el peso de las series de televisión es mayor tanto en el imaginario colectivo como en la escena audiovisual, es más evidente que su éxito se debe no solo al formato, idóneo en una sociedad con un déficit de atención creciente, sino a la calidad de tramas y personajes. Pero cada vez es más habitual encontrar cine en las series. Si alguien se pregunta qué diantres significa eso, que se acerque a una joya del thriller político titulada The Honourable Woman, miniserie escrita y dirigida por Hugo Blick (serie The shadow line) que se ha convertido en una de las últimas revelaciones de este 2014. Y la verdad es que nada en ella deja indiferente.

La historia de 8 episodios, con numerosos saltos temporales hacia el pasado, narra fundamentalmente la relación de dos hermanos judíos que dirigen una de las más importantes compañías del mundo cuyo objetivo, a través de sus proyectos, es crear por fin un puente entre Israel y Palestina, de modo que las fronteras, los odios y los rencores se difuminen. Motivados por el asesinato de su padre, del que fueron testigos cuando eran muy pequeños, sus esfuerzos se verán rápidamente envueltos en una maraña de confabulaciones, intereses políticos y espionaje internacional que les situará, además, en el punto de mira de aquellos que claman venganza por las atrocidades cometidas por su padre, cuyas acciones eran totalmente contrarias a las de sus hijos.

Pero esto es únicamente una visión general de lo que realmente cuenta The Honourable Woman. Su trama principal, que se puede decir que gira en torno al secuestro de un niño, está en realidad compuesta por un sinfín de desarrollos secundarios que generan una estructura sólida y compleja de la que es imposible escapar. La tela de araña creada alrededor de los personajes interpretados notablemente bien por Maggie Gyllenhaal (Hysteria) y Andrew Buchan (serie Broadchurch) es tan densa que cada diálogo, cada mirada, posee un significado propio, único y, sobre todo, muy revelador. Nada está dejado al azar, y desde luego nada ocurre por casualidad, a pesar de que la magnífica estructura narrativa, potenciada por el montaje de la serie, pueda sugerir lo contrario en alguna ocasión.

Gracias a dicha estructura, por cierto, la serie encuentra su propia personalidad para erigirse como un thriller en el que la política y el drama personal se unen en una armonía casi hipnótica. Dicho en pocas palabras, es una de esas series que piden a gritos más y más después de cada episodio, lo cual suele ser buena señal. La forma en que Blick presenta las diferentes intrigas políticas, y cómo posteriormente las va uniendo poco a poco, no trata en ningún momento de desafiar al espectador (es más, algunas conclusiones se obtienen mucho antes de que se desvelen en pantalla), sino más bien de hacerle partícipe de la odisea sufrida por el personaje de Gyllenhaal, quien casi sin darse cuenta se ve envuelta en las corruptelas provocadas, casi sin saberlo, por su propio hermano. A través de sus ojos el espectador vive un proceso de caos y destrucción en el que las venganzas, las ambiciones personales y los servicios secretos de medio mundo se dan cita. Es ese viaje, y los descubrimientos que depara, lo realmente fascinante de esta miniserie.

Reducir al máximo las debilidades

Claro que si la estructura dramática es esencial, los diálogos no lo son menos. En realidad, The Honourable Woman basa la mayor parte de sus fortalezas en ellos y en el trabajo previo realizado por el guionista, pues es gracias a la solidez de la historia en su conjunto que las conversaciones entre los personajes adquieren especial relevancia. El hecho de que las mentiras y los secretos gobiernen las vidas de todos los personajes (porque no son ellos los que dominan los secretos) dota a las frases de una importancia capital, obligando a prestar una atención insólita en el panorama actual de la televisión, haciendo partícipe al espectador de ese desarrollo en otro sentido.

Por supuesto, los actores tienen mucho que ver en todo esto. Ya hemos dicho que los hermanos protagonistas conforman una pareja insólita, férrea en sus convicciones pero sustentada en mentiras y secretos. Y si bien es cierto que algunas de sus posiciones respecto al desarrollo dramático pueden resultar un tanto extremas (lo que se viene a llamar “concesión dramática”), no lo es menos que gracias a ello enriquecen el trasfondo emocional de las venganzas que, en el fondo, están detrás de todo lo que se cuenta. Mención especial merece el rol de Stephen Rea (serie Utopía), veterano espía del MI6 con el que el actor compone un personaje fascinante, inteligente y calculador a pesar de su evidente apariencia de hombre gris y apático.

Todo ello no quiere decir, sin embargo, que no posea aspectos negativos. O mejor dicho, que debilitan ligeramente el conjunto. Curiosamente, el punto de partida de la trama resulta un tanto esquemático, realizado incluso con un montaje abrupto que permite únicamente apreciar con brocha gorda los acontecimientos. Igualmente, algunas tramas secundarias (muy secundarias) relacionadas con el niño secuestrado están planteadas de forma extremadamente simplista, en cierto modo porque físicamente no queda espacio en la trama para darle más peso específico. Más notable es la falta de profundidad en el trío romántico que se crea en la casa del personaje de Buchan, que queda relegado a una mera anécdota con resolución violenta y brutal.

Pero eso son, en realidad, meras anécdotas en un conjunto que más que una serie o una miniserie, es una película muy larga. The Honourable Woman se convierte así en un thriller capaz de mantener a lo largo de unas 8 horas una tensión dramática que, todo sea dicho, es muy difícil de encontrar hoy en día en una sala de cine. La profundidad del conflicto palestino-israelí, los odios personales, y los intereses particulares de los gobiernos y de las personas se dan cita en una historia compleja, con muchas caras pero un único objetivo. Para los personajes desoír un diálogo, desviar la mirada o no prestar atención a un acontecimiento puede ser la diferencia entre vivir o morir. Para el espectador es la diferencia entre comprenderlo todo o nada. Es aquí donde la conexión entre ambos se establece. Es aquí donde el cine se hermana con la televisión.26

Diccineario

Cine y palabras

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