‘La bella y la bestia’: la belleza de un corazón vacío


Léa Seydoux y Vincent Cassel son 'La bella y la bestia' en la adaptación de Christophe Gans.Ocho años han pasado desde que Christophe Gans se pusiera tras las cámaras para dirigir Silent Hill (2006). 8 años de sequía cuyo fruto es la adaptación del famoso cuento sobre una dulce joven que se enamora de una bestia cuyo corazón noble es más poderoso que su aterrador aspecto. El resultado, más allá de comparaciones odiosas, es una bella fábula sobre el amor, los errores y la ambición de los hombres. Curiosamente, la cinta posee las dos caras que representan sus protagonistas: es muy bella en su aspecto pero algo tosca en su forma de comunicarse con el espectador.

El director demuestra, una vez más, que es capaz de componer visualmente historias complejas y cargadas de fantasía. Los decorados, a pesar del croma utilizado, resultan espectaculares, aunando de forma armónica luz y oscuridad, belleza y tragedia. Del mismo modo, el uso de los reflejos en el agua, los espejos, etc., para narrar a modo de flashbacks los acontecimientos que llevaron al príncipe a convertirse en una bestia es, en cierto modo, poético por lo que tiene de trágico, sobre todo teniendo en cuenta que la maldición que cae sobre el castillo y sus integrantes se produce por la ambición de un hombre para conseguir un trofeo prohibido.

Sin embargo, la película carece de la emoción que podría suponerse. Nada en ella resulta ridículo o insultante, pero no logra conectar con el espectador, y eso es fundamentalmente por un desarrollo pobre e inconexo del verdadero corazón del film: la relación entre sus protagonistas. Y no es algo que pueda achacarse a Vincent Cassel (Promesas del este) y a Léa Seydoux (Sister), ambos más que correctos en sus respectivos roles. No, el problema se encuentra, como casi siempre, en el propio texto, pues carece de las secuencias suficientes para hacer creíble el cambio que se produce en ambos personajes. Es presumible pensar que los constantes viajes al pasado en los sueños de Bella son el aliciente para el romance, pero nunca llega a traspasar esa frontera de los sueños para tener un efecto palpable en el resto de la historia. Esta ausencia de corazón, por decirlo de algún modo, desvirtúa el conjunto hasta hacerlo simplemente un producto que narra una historia ya conocida. Sin más.

Al final, ninguno de los muchos aciertos que tiene La bella y la bestia logra arrancar algo de dramatismo o de comicidad de la historia. Aquellos que conocen la historia encontrarán una nueva forma de narrarla, con conceptos interesantes como el recurso de los reflejos, las motivaciones de Bestia o ese final con grandes estatuas de piedra. Para los que se acerquen a esta historia por primera vez o esperando algo más saldrán decepcionados, pues aporta poco o nada. Es, simple y llanamente, una bella película con un contenido afeado por el irregular desarrollo de su arco dramático principal.

Nota: 6/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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