‘Arrow’ finaliza con un ‘Deus Ex Machina’ para reiniciar todas las series


Ocho años. Ese ha sido el recorrido de Flecha Verde en la pequeña pantalla. Ocho temporadas con sus más y sus menos pero que, guste o no, han creado todo un universo audiovisual en televisión que ha permitido a DC Comics hacerse con el control de un mercado que en salas de cine ha copado su principal rival, Marvel. Los últimos 10 episodios de Arrow vienen a ser un resumen de todo lo vivido hasta ahora, una especie de epílogo que encaja como un guante con lo visto hasta ahora, tanto en lo bueno como en lo malo, pero que deja algo de lo que, personalmente, nunca he sido demasiado partidario, y es el Deus ex machina que reiniciar por completo no solo esta serie, sino todas las que componen el ya conocido como Arrowverse.

Pero vayamos por partes. Esta última temporada de la serie creada por Greg Berlanti, Marc Guggenheim (ambos autores de la serie Eli Stone) y Andrew Kreisberg (serie Boston Legal) es un vehículo única y exclusivamente pensado para cerrar todas las líneas argumentales abiertas que quedaran en la ficción, amén de resolver la insostenible situación dramática desarrollada en todos estos años que había llevado al personaje, en algunos aspectos, a unos extremos algo incoherentes con la propia naturaleza de la serie. En base a esto, toda esta etapa final está centrada en un único macro evento cuya resolución viene a reflejar lo que muchas veces se ve en las páginas de los cómics: un recurso narrativo tan enorme como casi sacado de la manga que vuelve a poner todas las bases dramáticas en orden, restableciendo aquello que se había vuelto injustificable dentro de la serie. Y digo “casi sacado de la manga” porque los creadores de la serie han sido lo suficientemente inteligentes como para ir presentando este gran conflicto narrativo durante las últimas temporadas, lo que integra un poco más y mejor este hito dramático en todo el conjunto de episodios.

La pregunta que cabe hacerse es si realmente merece la pena todo este espectáculo. Personalmente creo que podría haberse resuelto de muchas formas diferentes sin recurrir a esa figura del teatro griego de introducir algo completamente ajeno a los personajes y mucho más poderoso que cambia el sentido de la historia “porque sí”. Pero con todo y con eso, hay que reconocer que este gran evento que es ‘Crisis en Tierras Infinitas’ ofrece algunas lecturas interesantes tanto en el tratamiento del protagonista como en el de la serie, que en las últimas temporadas ha pasado de narrar presente y pasado para abordar el presente y el futuro. En este sentido, la integración de ambas líneas temporales en una sola resulta interesante desde el punto de vista de los vínculos y las escalas de valores de los protagonistas, que se ven obligados a redefinir sus prioridades ante el nuevo escenario. Es cierto que narrativamente hablando estos 10 capítulos de Arrow puede que no sean de los mejores de toda la serie, salvo contadas excepciones, pero cumplen su función sobradamente, tanto la propia como la ajena.

Dicho de otro modo, esta conclusión refleja prácticamente todos los problemas, las dudas, los valores y los sacrificios de los personajes principales, no solo del héroe al que ha interpretado durante estos años Stephen Amell (Ninja Turtles: Fuera de las sombras), quien por cierto creo que no podrá quitarse nunca la capucha haga el papel que haga, sino de los secundarios que le han acompañado en los últimos años. El problema de esto, desde la estructura de guión, es que muchos roles han quedado relegados a una especie de nota a pie de página, solventando sus ausencias o su nueva presencia con una simple frase y bajo el paraguas, siempre, de esa crisis que funciona como detonante de toda la acción. El hecho de centrarse tanto en esa necesidad de cerrar tramas con un evento tan mastodóntico lleva a que muchos personajes que habrían merecido algo más de atención se queden casi en una anécdota y, lo que es quizá más perjudicial para la serie, que sus historias se resuman en apenas un diálogo que no es capaz de cubrir todas las lagunas generadas durante capítulos y capítulos de ausencia.

El comienzo de una saga

Pero esta octava y última temporada de Arrow tiene algo que pocas, por no decir ninguna serie, es capaz de conseguir. Me refiero al hecho de servir de punto de partida para todo un nuevo universo construido a su alrededor a lo largo de estos años. En efecto, los pocos episodios de esta conclusión están planteados, en realidad, como homenaje al sacrificio del héroe, el mayor que se haya visto en una ficción de este tipo (si exceptuamos Vengadores: Endgame). Todo en la serie gira en torno a ese final anunciado y a las consecuencias que tiene no solo en la serie, sino en todas las series creadas bajo su verde paraguas. Bajo este prisma, el final de esta ficción es en realidad el inicio de toda una nueva saga de superhéroes llamados a nutrir la televisión en los próximos años. Que tengan más o menos calidad ya será otro cantar.

Es cierto que muchos de los héroes ya se habían presentado hace años, pero la serie del justiciero encapuchado abre la puerta a nuevas producciones que, sin duda, tratarán de aprovechar el tirón del original para seguir relatando el devenir de unos personajes que, para muchos espectadores, se han convertido en habituales de su día a día. Y es aquí donde interviene un riesgo que tal vez ni sus creadores han calculado. El éxito de Flecha Verde y todo su equipo se basa en algo que no ha tenido ninguno de los otros superhéroes que han ido naciendo en televisión en los últimos años, y es un carácter algo más oscuro de lo habitual. Ahora que termina la series es conveniente recordar que el personaje comenzó matando, y durante este tiempo siempre ha tenido que enfrentarse a sus demonios. Es cierto que la reiteración del recurso dramático ha terminado por saturar la serie, pero es igualmente cierto que la dualidad de la historia, caminando siempre entre el bien y el mal, entre la ley y la justicia individual, es lo que ha permitido a sus creadores profundizar en personajes, historia e, incluso, diseño de producción.

Eso es algo que no tiene ningún otro personaje, y si se crean nuevas historias sin tener ese trasfondo emocional, moral y ético posiblemente terminen siendo productos “blancos”, con personajes prácticamente planos y un tratamiento que buscará más la denuncia social de problemas modernos que una auténtica y propia historia. Pero eso, por el momento, es adelantar acontecimientos. Lo que tenemos entre manos es un final de serie más que notable, tal vez sin la fuerza de sus inicios pero indudablemente original, dramática y consecuente con sus planteamientos. Las pocas concesiones que tiene quedan justificadas por necesidades dramáticas, y prueba de su coherencia narrativa es que, en lugar de amoldarse a las necesidades de otras series o de otros personajes, logra que todo se adapte a la resolución que desde hace algunos años ya se había anunciado.

Desde luego, Arrow ha sido la punta de lanza del fenómeno fan que ha venido después. Ocho años de historia, con sus más y sus menos, que dejan un sabor de boca más que aceptable, fundamentalmente porque, a pesar del cansancio que puede provocar ver a un justiciero repartir mamporros durante tantas temporadas, se ha mantenido fiel a su historia, permitiendo a otros personajes nacer en sus episodios y tener posteriormente historias propias. Esta última temporada, planteada más como epílogo que como arco argumental sólido, es un final que refleja los tiempos que corren. El protagonista ha pasado de luchar contra villanos de carne y hueso únicamente con un arco y unas flechas a salvar el universo con poderes cósmicos. Es el sino de los tiempos. Pero con todo y con eso, Flecha Verde ha seguido manteniendo sus dilemas morales, sus conflictos entre personajes y su oscuridad. Y de eso deberían aprender muchas series de este tipo.

‘Star Wars: El ascenso de Skywalker’: un final dominado por el miedo


Algo ha cambiado en la saga ‘Star Wars’. En 42 años es normal que la forma de hacer cine, los efectos especiales y las historias evolucionen. Pero no se trata de eso. No sé si será, como muchos defienden, por la influencia de Disney y sus parámetros morales y éticos. En cualquier caso, esta tercera y última entrega de la, a su vez, última trilogía del arco argumental de Skywalker, tiene todo lo bueno y todo lo malo de una historia que ya forma parte de la cultura popular.

Y puede que esto sea lo más perjudicial para Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker. La cinta bebe constantemente de las referencias y el universo cinematográfico que ha dejado durante estas décadas George Lucas. Prácticamente cada plano, cada secuencia, cada diálogo, hace referencia a diferentes momentos de la saga, por no hablar de la presencia de personajes inolvidables. En cierto modo, la cinta dirigida por J.J. Abrams (Super 8), con su habitual habilidad narrativa pero sin la emoción que sí tuvo en el Episodio VII, es un viaje a la nostalgia, un recorrido por todo aquello que hace de Star Wars algo único. El viaje de la protagonista en busca de sus orígenes al tiempo que aprende los secretos de los jedi posiblemente sea lo mejor de la cinta, amén de unas batallas tan espectaculares como bellamente ejecutadas.

El problema de la película llega en su tercio final, y es ahí donde más se nota la mano Disney. Si el desarrollo de la historia, con ciertos altibajos, en líneas generales contiene los suficientes elementos para resultar atractivo (la lucha de la protagonista contra su lado oscuro, los orígenes secretos, el enfrentamiento con su antagonista en los restos de la Estrella de la Muerte, …), la resolución del arco dramático es sencillamente nefasta. Dejando a un lado la justificación que trae de vuelta al Emperador Palpatine, el tercer acto del film tiene más puntos de giro que el la resolución de Romeo y Julieta, con el problema añadido de introducir en este mundo de fantasía un exceso de milagros y poderes. Tanto giro argumental, tanto final en falso, provoca una sensación de conclusión forzada, obligando a los personajes a unas decisiones y actuaciones que simplemente no son creíbles. Eso por no hablar de los cambios en algunos personajes secundarios de toda la saga y de un beso final que… pues eso, mejor no hablar de ello.

Y es una pena, porque la película, en líneas generales, contiene los suficientes elementos como para haber sido, al menos, una notable entrega de la saga. Pero al igual que a los personajes, a sus responsables parece dominarles el miedo. La mano de Abrams se nota en prácticamente cada aspecto. Sus constantes referencias a momentos del pasado, cierto toque de humor, un lenguaje audiovisual dinámico que hace avanzar la acción sin descanso. Todo ello se aprecia y se disfruta. Pero la película no sabe como terminar, y lo que es peor, lo hace con unas concesiones que poco o nada tienen que ver con la tradicional saga galáctica, haciendo un flaco favor a lo que se había construido hasta ahora. De haber sido más directa y más sincera, de haber tenido menos miedo, posiblemente estaríamos ante una película a la altura de las anteriores.

Sin embargo, lo que nos encontramos es una amalgama de décadas de cine. En Star Wars: Episodio IX – El ascenso de Skywalker hay oscuridad, hay lucha de la heroína contra su dolor y su ira, hay grandes batallas espaciales, hay aventura, incluso se demuestra que del lado oscuro de la fuerza también se puede salir. Todos ellos, además de detalles como el control mental o las voces de personajes pasados, están muy presentes en la cinta de Abrams. Pero a medida que se acerca a su final se pierde en su propio homenaje, incapaz de encontrar una salida digna que, con todo, se maquilla con ese final que explica definitivamente el título de la película. Se puede decir que pierde parte de la esencia de este universo cinematográfico y parte de la magia con la que han crecido generaciones. Puede mejorarse, desde luego, pero eso no quiere decir que no se pueda disfrutar.

Nota: 6,5/10

‘Transformers: El último caballero’: robots de destrucción masiva


Mantener el interés en una saga cinematográfica (o de cualquier otro tipo), sea del género que sea, es todo un reto. Pero hacerlo con el mismo director una y otra vez tras las cámaras parece casi tarea imposible. Y la saga Transformers es un buen ejemplo, por desgracia para muchos que, como un servidor, ha crecido con estos robots capaces de adoptar formas de todo tipo de objetos, principalmente vehículos. Que Michael Bay siga ejecutando la parte visual de estos proyectos empieza a evidenciar un cansancio alarmante de ideas, utilizando siempre los mismos recursos narrativos para una batalla que, al final, termina siendo la misma film tras film. Y lo peor de todo es que los guiones cada vez tienen menos efectividad.

En esta ocasión, y con la excusa de la historia secreta de estos robots gigantes en la Tierra, la historia nos retrotrae a la época de Arturo y la Mesa Redonda. Más allá de lo idóneo o no de esta idea, el principal escollo que no logra superar Transformers: El último caballero es una narrativa con demasiados personajes secundarios luchando en diversos frentes, amén de la presencia de roles que no aportan absolutamente nada al conjunto, salvo metraje innecesario que alargan este espectáculo audiovisual y pirotécnico hasta las dos horas y media. Que las películas hayan crecido en complejidad visual y dramática es, hasta cierto punto, normal. Que lo hagan incorporando personajes autoparódicos sin relevancia ninguna no solo no es normal, sino que no aporta el toque de humor que podría presuponerse, e incluso resta credibilidad a un conjunto que, por lo demás, entretiene los suficiente como para no mirar demasiado el reloj.

Porque sí, al igual que sus predecesoras, la cinta entretiene. Tal vez no durante todo su metraje (una razón más para quitar minutos innecesarios), pero en líneas generales ofrece lo que promete: acción, aventura y mucha adrenalina. Ahora bien, nada más. La historia secreta de los Transformers se explica en los primeros instantes, y a pesar de algún que otro giro argumental a lo largo del desarrollo, la narrativa visual en los momentos en que los robots no se lían a tortazos es más bien deficiente, con diálogos que en algunos momentos rozan el absurdo en un intento de ser divertidos (que lo consigan o no depende, me imagino, de la predisposición de cada uno). Eso por no hablar del hecho de que en muchas ocasiones se solventa de un plumazo los momentos más relevantes de la trama. Y esta es la principal diferencia. Los primeros films, con sus defectos, narraban una historia con una cierta coherencia, con unos límites autoimpuestos para poder crecer.

Tras esta Transformers: El último caballero todo en la saga parece desmoronarse. El guionista abandona, el director parece dejar la silla, y se busca un cambio de sentido dramático y argumental. Desde luego, la saga necesita de un lavado de cara urgente, aunque la clave está en saber cómo debe ser dicho lavado. Por lo pronto, habrá que pensar qué hacer con un planeta, la Tierra, que ya no tiene Luna, cuya superficie se ha visto atacada por otro planeta y en la que, ahora sí, se han destruido definitivamente las pirámides de Egipto. Bueno, sea como sea, la puerta para las siguientes entregas queda abierta con el final de este film, así que todo es posible. Solo queda la esperanza de que estas películas vuelvan a demostrar, como dice su ‘slogan’, que hay más de los que los ojos ven.

Nota: 5/10

‘Star Wars: El despertar de la fuerza’: una segunda esperanza


Daisy Ridley y John Bodega toman el testigo en 'Star Wars: El despertar de la fuerza'.Si algo hay que reconocerle a J.J. Abrams (Super 8) es su facilidad y capacidad para crear puros entretenimientos sin una fisura en su desarrollo. Por eso su elección para la nueva entrega de la saga Star Wars era tan esperada, y por eso no ha defraudado. Más allá de que sea mejor o peor que los visto en los últimos años en el universo creado por George Lucas (THX 1138), lo más notable es que recupera el espíritu no solo de la saga original, sino de toda la primera trilogía.

El comienzo de esta tercera trilogía se revela, por tanto, como un entretenimiento con mayúsculas, como un ejercicio de fantasía en el que la acción y la historia se equilibran para crear un espectáculo que pocas veces puede verse en una gran pantalla. Star Wars: El despertar de la fuerza tiene todo lo que podría pedírsele a este tipo de films, incluyendo un nuevo robot tan entrañable como R2-D2. E incluyendo uno de esos spoilers que pueden generar un cierto impacto en los seguidores. Pero independientemente de todo eso, la trama se desarrolla por caminos conocidos para explorar un futuro plagado de posibilidades, que deja los suficientes interrogantes como para justificar dramáticamente una continuación.

Todo ello no quiere decir que la cinta sea perfecta, ni mucho menos. Precisamente ese espíritu de los primeros films es lo que también convierte a esta nueva entrega en un constante recuerdo, en una especie de homenaje modernizado de secuencias, de ideas y de personajes. En este sentido, la película se autolimita al no querer aventurarse fuera de los cánones establecidos, y utilizando para ello las herramientas que ya han funcionado y que están contrastadas. A esto se sumaría un villano sin la presencia de Darth Vader y algún que otro personaje sin la fuerza suficiente como para tirar de la historia en próximas películas.

Pero a pesar de todo, Star Wars: El despertar de la fuerza es una espléndida cinta de aventuras, fantasía y acción. Una película hecha por un fan para los fans, que recupera el tono perdido por la segunda trilogía y que combina nuevas generaciones con los personajes que han convertido a esta historia en lo que es hoy en día. Tiene debilidades, por supuesto, pero la sensación final que deja en el espectador es la de una cinta notable. Eso, y las ganas de que llegue la continuación que ofrezca algunas respuestas a los principales interrogantes.

Nota: 8/10

‘Misión: Imposible – Nación secreta’: la confirmación de una saga


Tom Cruise vuelve a ser Ethan Hunt en 'Misión: Imposible - Nación secreta'.A pesar de haber tenido ciertos altibajos, sobre todo en su segunda entrega, la saga de Misión: Imposible ha logrado confirmarse en sus últimas aventuras como una serie muy completa, capaz de ofrecer al espectador lo que espera de un modo fresco, dinámico y muy atractivo. La última incursión en el personaje de Ethan Hunt por parte de Tom Cruise (Top Gun) es el broche de oro a una evolución que ha sabido sacar partido de los elementos más característicos de la trama y, sobre todo, de unos personajes que se han convertido en fijos.

Puede que muchos consideren a esta Misión: Imposible – Nación secreta como una vuelta de tuerca más a las situaciones inimaginables que vive el protagonista, entre las que se lleva la palma la secuencia inicial. Sin embargo, y al igual que ocurre con otras sagas como la de ‘James Bond’, todo ello forma parte del encanto de las aventuras de este espía. Partiendo de esta base, lo realmente importante es comprobar si la cinta es capaz de trasladar al espectador a su terreno, de introducirle en sus propias normas para ofrecerle un entretenimiento digno. Lo consigue con creces. La película desprende un dinamismo único, un ritmo cuidadosamente calculado que permite a la trama desarrollarse con coherencia y naturalidad sin perder por ello ni un ápice de acción o adrenalina.

Sin duda esto se debe al equilibrio entre las secuencias de acción, algunas de ellas realmente logradas, y las secuencias de mayor tensión dramática, que incorporan en todo momento la sensación de prender la famosa mecha que acompaña siempre a la película. Esto, unido a la consistencia de un núcleo de protagonistas que parece haber encajado perfectamente en la trama (lo que aporta una mayor continuidad a las aventuras de Hunt), ofrece al espectador los anclajes necesarios para conocer de antemano los trucos a utilizar. Y aunque eso podría dar pie a una previsibilidad contraproducente, el hecho de que la trama aproveche ese conocimiento previo en su beneficio (bien a través de referencias explícitas, bien como una suerte de gag) transforma la previsibilidad en ironía, lo que no hace sino mejorar el resultado final.

Es cierto, sin embargo, que el villano sigue siendo uno de los puntos más débiles de la saga. No se trata tanto de que no posean fuerza como de que son arquetipos que no parecen estar a la altura de la calidad de los héroes. En Misión: Imposible – Nación secreta ocurre algo similar con el rol de Sean Harris (Harry Brown). Pero es un mal menor. Esta quinta entrega (ya hay sexta en camino) confirma la idea de que estamos ante una saga que, tras varios intentos, ha encontrado la esencia que le permitirá vivir para siempre, más o menos como le ha ocurrido al agente secreto más famoso del cine. Mientras siga sabiendo cuál es su sitio y lo que puede o no puede ofrecer, bienvenido seas, Ethan Hunt.

Nota: 7,5/10

‘Insidious: Capítulo 3’: demasiado susto para tan poca atmósfera


Dermot Mulroney y Stefanie Scott protagonizan 'Insidious: Capítulo 3'.El riesgo que corre cualquier continuación cinematográfica es caer en los mismo tópicos que su predecesora sin aportar, al menos, un aliciente en forma de espectacularidad, complejidad dramática o sorpresa. En este particular mundo de las secuelas el cine de terror suele salir muy mal parado, repitiendo fórmulas que funcionan hasta el punto de destruirlas por aburrimiento. Y eso es lo que le ocurre, a grandes rasgos, a la tercera parte de Insidious, uno de los films más terroríficos de los últimos años que, con esta entrega, se ve obligada a recurrir al final feliz para tratar de dar un nuevo sentido al poco esperanzador final de la original.

Planteada como una precuela centrada en el personaje interpretado por Lin Shaye (Algo pasa con Mary), la cinta vuelve a recurrir a aquellos elementos que han dado fama a la serie de películas, incluida la representación de ese mundo de los espíritus en forma de la más absoluta oscuridad. Y gracias a ello, y en cierto modo al buen recuerdo de sus predecesoras, la película arranca con fuerza, sin apenas dar un momento de respiro al espectador y planteando las bases de lo que posteriormente será el desarrollo de la trama. Pero por desgracia se queda en eso, en un buen comienzo. A medida que se desarrolla el arco dramático principal protagonizado por el rol de Stefanie Scott (Sin compromiso) la película echa mano de tópicos sustos y secuencias hipotéticamente aterradoras para adentrarse en un manido terreno del terror.

Dicho de otro modo, lo que comienza siendo una cinta de terror atmosférico y casi claustrofóbico se queda al final en un mero film de sustos, acción y fantasmas a cada cual más desagradable. Y dicho de otro modo también, esta tercera parte pierde la esencia de lo que dejaron las dos entregas anteriores. Olvidadas quedan esas secuencias en las que todo tipo de personajes, vivos y muertos, se mueven en las diferentes profundidades del plano, una de las señas de identidad de la saga y, sin duda, uno de los elementos más angustiosos de la trama. Además, la incorporación del ente maligno de las dos primeras partes se antoja forzada, como si existiera la necesidad de relacionar esta tercera parte con las anteriores a través de un malo de turno, al estilo de las clásicas sagas de los años 80.

Lo cierto es que la mano de Leigh Whannell como director debutante se nota, y en algunas ocasiones es demasiado evidente. A pesar de que el guión es suyo, al igual que el de las anteriores entregas, la historia carece de la fuerza que se podría esperar. Esto no quiere decir que no asuste, al contrario. Pero a diferencia del original, recurre a efectos de sonido y apariciones “inesperadas”, obviando en muchas ocasiones la atmósfera y la realización tan características de la saga. Algo que, por cierto, reafirma a James Wan, director de la primera y la segunda entrega, como un director con una visión única. Una conclusión algo mediocre para una saga que ha dado inolvidables momentos de terror.

Nota: 5,5/10

Tráiler de ‘Spectre’: el reencuentro muy esperado de James Bond


Uno de los momentos del tráiler de 'Spectre', nueva aventura de James Bond.Hace más o menos un día que ha salido el primer avance en movimiento de Spectre, la nueva aventura de James Bond, de nuevo bajo la batuta de Sam Mendes tras el éxito que supuso Skyfall hace 3 años. Un éxito que se debió, en parte, a la particular visión que imprimió el director a un personaje y a una estructura narrativa limitados por la cantidad de aventuras cinematográficas que ha protagonizado. Ésta será la número 24, pero no por ello parece haber perdido energía. De hecho, si atendemos a este primer teaser-tráiler, el veterano agente está más en forma que nunca.

Y curiosamente, no se ve ninguna secuencia de acción, lo que ya da una idea de lo que podremos encontrar en el film. Evidentemente, esto no quiere decir que no vaya a haberla, pero sí que la trama vuelve a tener un peso relevante en el conjunto. Habrá quien piense que Skyfall fue en extremo sencilla, pero eso no quiere decir que su trama no estuviera bien estructurada y tuviera una importancia notable sobre todo en el protagonista. Siguiendo esta idea, lo que muestra este primer avance son precisamente las consecuencias de lo ocurrido en aquel film, lo que establece una conexión entre ambos y entre los anteriores protagonizados por Daniel Craig (Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres), lo que ya de por sí supone una reinterpretación profunda del personaje. En esta ocasión, la trama se centra en la investigación de Bond de una siniestra organización secreta de nombre SPECTRE que parece conectada con su pasado. Todo mientras la sede del servicio secreto ha sido destruida y hay un nuevo M al mando.

De nuevo, la mano de Mendes se deja ver incluso en las pocas imágenes que se adelantan en el tráiler que encontraréis a continuación. Los contrastes entre luces y sombras, las siluetas y ese ritmo pausado de la cámara dotan al conjunto de un aspecto diferente, ahondando en los aspectos más oscuros y misteriosos del protagonista, y abordando ahora un pasado que muy pocas veces se ha mostrado en pantalla, lo que sin duda ayudará a conocerle. Claro que no solo de eso vive el tráiler, y por extensión el fan. La última imagen, que acompaña a este texto, es sumamente sugerente: “ha pasado mucho tiempo, y finalmente, aquí estamos”. Aunque no se le vea claramente, no es difícil descubrir quién es el villano que la dice, y sobre todo cómo la dice.

A estrenar entre octubre y noviembre de este mismo año, la cinta cuenta con un impresionante reparto, como suele ser habitual, en el que se dan cita Ralph Fiennes (El gran hotel Budapest), Monica Bellucci (El aprendiz de brujo), Léa Seydoux (La bella y la bestia), Dave Bautista (Guardianes de la galaxia), Christoph Waltz (Big Eyes), Ben Whishaw (The Zero Theorem), Naomie Harris (Ninja Assassin), Andrew Scott (Pride) y Rory Kinnear (The Imitation game). A continuación, el tráiler.

Tráiler de ‘Mission: Impossible. Rogue Nation’: más difícil todavía


'Mission: Impossible. Rogue Nation' es la última aventura de Tom Cruise como Ethan Hunt.Por si alguien tenía dudas, sí. En cine sí existe el más difícil todavía. 19 años después de aquella primera Mission: Impossible de 1996 nos llega la quinta entrega de la saga, Mission: Impossible. Rogue Nation, cuyo tráiler ha visto la luz en la tarde de ayer domingo. Un avance que, a pesar de su corta duración de apenas un minuto, ya confirma que el espía más famoso del mundo con permiso de James Bond y Jason Bourne es capaz del más difícil todavía. Y es que Ethan Hunt es capaz de trepar por acantilados sin necesidad de correas, escalar edificios de cristal o, como es el caso, no despegarse del lateral de un avión en pleno despegue. ¡Qué lejos queda aquel viaje en tren de la primera entrega!

Pero más allá de todo eso, lo que este primer tráiler (que como siempre encontraréis al final del texto) permite apreciar es una sofisticación mayor de los elementos que han hecho famosa a la saga, es decir, la tecnología y los engaños propios de una película de espías. Eso, y las secuencias de acción, que con los años han adquirido una sofisticación muy alta. Pero a pesar de que estas primeras imágenes se centran fundamentalmente en este último aspecto, no hay que despreciar los pocos momentos “tradicionales” que deja el tráiler, y que son algunos de los más atractivos.

Entre ellos destaca, cómo no, las ya imprescindibles gafas con las que el equipo de espías se comunica en todas las películas, o ese momento en el que se realiza un salto del ángel sin cuerda de seguridad. Lo cierto es que la saga, tras una segunda y una tercera entregas algo más débiles, parece haber recuperado un notable nivel tanto en su trama como en su apuesta visual. Posiblemente tenga algo que ver el hecho de que desde hace algún tiempo J.J. Abrams (Star Trek: En la oscuridad) está detrás de la franquicia. En este tráiler, incluso sin aportar demasiada información, ya se deja entrever ese estilo que parece haber alcanzado la serie.

La película, dirigida por Christopher McQuarrie (Jack Reacher), vuelve a contar con Tom Cruise (Al filo del mañana) como principal protagonista, al que acompañan Jeremy Renner (Matar al mensajero), Simon Pegg (serie Mob city), Alec Baldwin (Blue Jasmine), Rebecca Ferguson (Hércules), Sean Harris (Serena), Simon McBurney (La teoría del todo) y Ving Rhames (Pulp fiction), único actor que repite desde el principio de la saga junto a Cruise. El tráiler, a continuación.

Tráiler de ‘Jurassic World’: vuelven los dinosaurios de Isla Nublar


El tráiler de 'Jurassic World' deja algunas secuencias que recuerdan a las del original.Cuando la cuarta entrega de la saga iniciada por Steven Spielberg con Parque Jurásico en 1993 llegue a las salas habrán pasado exactamente 22 años desde que los dinosaurios camparan a sus anchas por Isla Nublar, tiempo que ha servido para situar al clásico donde se merece y para comprobar, por enésima vez, que segundas partes nunca fueron buenas. Ahora, apadrinado por el alma mater de esta saga, llega un nuevo intento de revitalizar la franquicia. El tráiler, que encontraréis al final del texto, resulta interesante y a todas luces aventurero, pero deja algunas dudas acerca de la originalidad de la propuesta.

La trama, a pesar de sus matices, tiene una estructura relativamente similar. Han pasado 22 años desde los acontecimientos que tuvieron lugar en el viaje de prueba de Parque Jurásico, y tras todo este tiempo el complejo funciona a pleno rendimiento según la idea original del John Hammond (al que dio vida el recientemente fallecido Richard Attenborough). Sin embargo, la ambición de sus responsables les lleva a crear una nueva especie a partir de modificaciones genéticas, lo que desatará de nuevo el caos en la isla. Como puede suponerse, aunque los personajes no son los mismos sí que existe un intercambio de papeles, volviendo a ser protagonista un científico, un experto es dinosaurios, unos chicos que deberán tratar de sobrevivir en el parque, … Pero esto no es lo único que nos remite a la película de Spielberg.

Es más, la imagen que acompaña este texto es, en este sentido, muy significativa. La carrera de los Gallimimus, el paseo inicial con los Brachiosaurus o la entrada al parque son algunas imágenes, algunas secuencias que ambas películas comparten, con la salvedad del paso del tiempo y la incorporación de nuevas tecnologías y artes conceptuales. Por otro lado, el rol protagonista al que da vida Chris Pratt (Guardianes de la galaxia) tiene un aspecto extremadamente similar al que siempre se asocia al personaje de Sam Neill (Horizonte final). A pesar de todo, la incorporación de nuevas especies y ese aire clásico que desprende en todo momento la convierten en una aventura capaz de aportar algo más que un mero homenaje al original, como demuestran algunas espectaculares secuencias con Velociraptores de por medio.

La cinta, que llegará a los cines en junio de 2015, está dirigida por el relativamente debutante Colin Trevorrow (Seguridad no garantizada) y cuenta en su reparto, además del citado Pratt, con Bryce Dallas Howard (Spider-Man 3), Ty Simpkins (Iron Man 3), Jake Johnson (Vamos de polis), Nick Robinson (The kings of summer), Vincent D’Onofrio (El juez), Omar Sy (X-Men: Días del futuro pasado), Judy Greer (El amanecer del Planeta de los Simios) y Katie McGrath (serie Merlín), entre otros. A continuación, el tráiler.

[REC], o la apuesta por el suspense en una historia de zombis


Manuela Velasco vive una pesadilla en [REC].Cuando en 1999 se estrenó El proyecto de la bruja de Blair nadie, o casi nadie, podía ser consciente de la corriente formal y narrativa que se iniciaba. Y no precisamente porque la película fuera buena o generase una serie de momentos inolvidables para el espectador. El motivo por el que ha pasado a formar parte de la Historia del cine no es otro que su estilo amateur, su forma de transmitir la sensación de que estamos ante un documento veraz y, sobre todo, por la forma en que supo aprovechar las por entonces incipientes técnicas digitales de promoción y difusión. Unos años después, en 2007, llegaba la que es, sin duda, una de las mejores representantes de dicho estilo, denominado en Estados Unidos ‘found footage‘. Se trata de la española [REC], dirigida por Jaume Balagueró (Frágiles) y Paco Plaza (Romasanta, la caza de la bestia), título que supuso el pistoletazo de salida para una de las mejores sagas que ha dado el género de terror español en años (hasta tuvo su remake americano, Quarantine) y que llega a su fin en su cuarta entrega estrenada estos días.

Su argumento, como suele suceder con estos falsos documentos audiovisuales, comienza de forma inocente e incluso tediosa. Una reportera de una canal de televisión realiza un trabajo de corte social siguiendo la vida de un grupo de bomberos durante una noche. La rutina se interrumpe cuando reciben el aviso de acudir a un edificio. Al llegar allí vecinos y policía alertan de unos gritos en uno de los pisos en el que vive una anciana. La situación cambia radicalmente cuando la anciana les ataca. Será a partir de entonces cuando el caos se adueñe poco a poco de los inquilinos del edificio, que pronto es sellado por las autoridades ante la alerta de un brote químico o biológico que pueda infectar la ciudad. A medida que pasa la noche los inquilinos se irán infectando con un extraño virus que les mata y les resucita convirtiéndoles en seres rabiosos. La única solución parece encontrarse en el ático donde, según los vecinos, no vive nadie.

Dejando a un lado el carácter fantástico y terrorífico de la propuesta, una de las mejores bazas de [REC] fue el realismo que supo imprimirle a su historia, contada casi siempre a través de la cámara de televisión que acompaña a la protagonista, una por entonces poco conocida Manuela Velasco (El club de los suicidas) que se convirtió de este modo en una de las reinas del terror español. Un realismo que puede apreciarse en el desarrollo de la trama ajena por completo al carácter puramente fantástico de la propuesta. La forma en que los personajes afrontan su ignorancia de los acontecimientos es lo que realmente permite un crecendo en la tensión dramática que se apodera de las secuencias, generando mayores conflictos entre los personajes y, por extensión, una mayor angustia que, todo hay que decirlo, se nutre de acontecimientos como el aislamiento o los pocos y confusos momentos en que se ve a los infectados.

El manejo del suspense por parte de Plaza y Balagueró es lo que convierte al film en un modelo dentro del género, y sin duda es lo que lo distingue del resto de secuelas, que inciden en otros aspectos de este artificial microcosmos menos dramáticos y más visuales. En este sentido es importante señalar que el uso de la cámara en mano y de ese estilo subjetivo y poco académico potencia notablemente el sentido de la película. El espectador solo ve lo que la cámara permite ver, por lo que los acontecimientos que se suceden en otras localizaciones solo pueden llegar a oírse o suponerse. Esto remite, una vez más, a esa idea ampliamente analizada de que el mayor terror lo produce aquello que no podemos ver, o lo que es lo mismo, la imaginación es la mejor forma para meter el miedo en el cuerpo. Por supuesto, en este caso la imaginación tiene una inestimable ayuda en forma de infectados que, aunque entre penumbras, gritos y movimientos de cámara bruscos, logran verse lo suficiente como para impactar al espectador.

La clave Medeiros

Decir que [REC] es una película de zombis se ajustaría poco a la realidad, tanto por el tratamiento de los infectados como por el propio estilo audiovisual del film. Y es que a diferencia de otros films modernos del género, su apuesta decidida por generar una atmósfera opresiva, malsana y notablemente angustiosa a medida que avanza la trama recuerda más a los inicios de este tipo de cine, si bien es cierto que los componentes de denuncia social desaparecen casi en su totalidad. Más que los ataques de esos zombis, lo realmente relevante del film reside en los conflictos que se crean entre los que sobreviven, condenados a estar encerrados en el vestíbulo de su propio edificio. Los recelos que surgen entre ellos, los problemas derivados de los roces de la convivencia y la molesta presencia de una cámara que, como siempre se la ha definido, es un testigo que refleja lo mejor y lo peor del ser humano, hacen que la película se olvide en muchos momentos de la verdadera amenaza, que adquiere un papel secundario o, si se prefiere, de ambiente.

Ya he dicho antes que la película es un constante viaje en el que la tensión va en aumento, motivado tanto por los acontecimientos narrados como por la visión única y limitada de una cámara al hombro. Empero, la verdadera clave del éxito de la película estriba en un clímax tan impactante como indescriptible. Prueba de ello es que la criatura que lo protagoniza, la niña Medeiros (Javier Botet, quien también se puso bajo el maquillaje de Mamá en 2013), ya forma parte del imaginario colectivo. Su papel, limitado prácticamente a los últimos minutos del relato, da un giro fundamental a la trama, que hasta ese momento especulaba siempre con una infección de origen animal. Las revelaciones que se encuentran en el ático, escenario de dicha conclusión, revierten por completo el sentido de la historia, lo que no hace sino consolidar la idea de suspense que se había mantenido a lo largo de los minutos anteriores.

Pero es que además Balagueró y Plaza se reservan para ese clímax el que es el momento más impactante del film; una de esas secuencias con mucho ruido y muchas nueces que en su momento hizo a muchos saltar de sus butacas, yo entre ellos. Y la forma de lograrlo es de lo más sencilla: dar el siguiente paso en el estilo que hasta ese momento se venía trabajando. Esto quiere decir que si la cámara había sido la única ventana que el espectador tenía a lo que estaba sucediendo dentro del edificio, ahora dicha cámara se veía limitada por la ausencia de luz, recurriendo a la visión nocturna que, ya de por sí, genera inquietud suficiente aunque lo que se vea sea una película de dibujos animados. Ese final en verde, con ojos brillantes y un foco mucho más concreto en el centro de la cámara dota a todo, escenario y protagonistas, de un cariz antinatural, como si los personajes se adentrasen en un mundo distinto regido por esa niña Medeiros cuya primera aparición deja sin aliento. Este giro formal al más difícil todavía otorga al film un carácter distinto, más tétrico e indudablemente más trágico, sobre todo por el modo en que termina la historia.

Desde luego, [REC] puede y debe ser considerada como un film imprescindible dentro del cine de género en España, y no por convertirse en un film de zombis nacional, sino por su capacidad para llevar más allá ese nuevo estilo de found footage gracias al uso inteligente de la cámara y de la iluminación, manejando en todo momento las claves del suspense por encima del terror más visceral. Lo que realmente sobrecoge no son los infectados o quien muere antes o después, sino la situación que viven los personajes encerrados en ese edificio y condenados a vivir juntos para sobrevivir, algo que como deja clara la película es harto complicado. El giro formal de su último cuarto es la prueba más palpable de esa apuesta por el suspense, que adquiere su máxima expresión al nutrirse del miedo más visual posible. Tal vez sea pronto para considerarla un clásico, pero su influencia sobre el imaginario colectivo y el cine posterior es innegable.

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