‘1917’: el viaje contrarreloj de un clásico moderno


Hay películas que parecen llamadas a convertirse en referentes o en clásicos casi al instante. Sam Mendes (American Beauty) es uno de los pocos directores que pueden presumir de lograr esa categoría con muchas de sus historias, incluyendo aquel primer drama de 1999. Su última película, independientemente de los premios que obtenga, es un ejercicio fílmico extraordinario, apasionante, capaz de sumergir al espectador en el horror de la guerra como pocos relatos logran. Y todo ello con la complejidad formal del plano secuencia, en este caso ligeramente falseado por motivos obvios.

Aquellos que alguna vez se hayan enfrentado a un rodaje de este tipo comprenderán todo lo que conlleva. Estudio de los movimientos de cámara, de todos los personajes, del decorado, la dinámica de los movimientos dentro y fuera de plano, etc. Pero en el caso de 1917 existe un componente adicional, y es el contexto bélico en el que se desarrolla. Muchos de los momentos exigen de una preparación aún mayor, no solo para dotar de realismo al conjunto, sino para no provocar accidentes y por las evidentes necesidades de una única toma. Todo esto, dicho de una forma menos técnica, implica un trabajo cinematográfico extraordinario que perfectamente podría haber derivado en una película tediosa, sin ritmo, carente de interés por el devenir de los personajes. Por el contrario, Mendes sumerge al espectador en la acción casi sin darle tiempo de saber dónde se encuentra en un ejercicio de composición visual, sonora y narrativa sencillamente perfecto.

Pero la película ofrece algo más que un espectáculo visual. El relato de la odisea que viven los dos protagonistas está estructurado de forma milimétrica para plantear constantes giros argumentales en los que la vida y la muerte se mezclan para reflejar el horror de una guerra en la que la lucha cuerpo a cuerpo y la constante huída hacia adelante eran el día a día. En este sentido, es cierto que los actores, muchos de ellos muy conocidos, se diluyen en el absorbente marcho que crea Mendes, pero no por ello su labor es menos importante, pues todos ellos logran generar tanto la urgencia del punto de partida como el intenso clímax en el comienzo de una batalla. Así, fondo y forma se dan la mano en una película que el director maneja con mano firme, en la que nada está dejado al azar aunque pueda parecer lo contrario, y en la que la angustia acompaña al espectador, que también es capaz de vivir el descanso final con el que cierra el film.

Así, 1917 se convierte en una obra extraordinaria, diferente, compleja en la forma y en el tratamiento de un fondo, por otro lado, bastante sencillo. Es cierto que la premisa inicial y la motivación que sustenta toda la historia es simple y directa, pero esto permite construir todo un mundo de horrores a cada cual más impactante. La I Guerra Mundial nunca se había vivido de forma tan cercana, y posiblemente en una película nunca habían ocurrido tantas situaciones como las que narra Mendes. Es lo que ofrece el plano secuencia. La imposibilidad de cortar para cambiar a otra secuencia obliga a completar los evidentes momentos narrativos más pausados con movimiento. Y eso, a su vez, minimiza esas pausas para acentuar la sensación de tensión constante, de peligro inminente que se cierne sobre los protagonistas y los espectadores. Una película imprescindible que si no se ha convertido ya en un clásico, lo hará dentro de poco.

Nota: 10/10

Sam Mendes nos lleva a ‘1917’ en un fin de semana para la Historia


Enero, como es habitual, es el mes en el que llegan a la cartelera española los principales títulos que competirán en los grandes premios cinematográficos de las próximas semanas. Pero este primer mes de 2020 está siendo, además, el de los regresos de grandes nombres delante y detrás de la cámara. Este viernes día 10 la historia, el drama, la comedia y el suspense se dan cita en las pantallas.

Sin duda la principal novedad es 1917, nueva película de Sam Mendes tras su paso por la franquicia Bond con Skyfall (2012) y Spectre (2015). Ahora se adentra en el género bélico con una coproducción entre Estados Unidos y Reino Unido que tiene como protagonistas a dos jóvenes soldados británicos en lo más crudo de la I Guerra Mundial. Ambos se embarcan en una misión aparentemente imposible: atravesar el territorio enemigo en una carrera contrarreloj para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el hermano de uno de los protagonistas. En el reparto encontramos a George MacKay (El secreto de Marrowbone), Dean-Charles Chapman (El pasajero), Mark Strong (¡Shazam!), Andrew Scott (Steel country), Richard Madden (serie Los Médici: Señores de Florencia), Daniel Mays (Two for Joy), Colin Firth (El regreso de Mary Poppins) y Benedict Cumberbatch (Vengadores: Endgame).

Estados Unidos también está presente, junto a Canadá, en El faro, thriller dramático con tintes de terror y fantasía que narra la historia de dos farreros en una remota y misteriosa isla de la costa de Nueva Inglaterra a finales del siglo XIX. Atrapados y aislados debido a una tormenta que parece no tener fin, se enzarzan en una escalada de enfrentamientos a medida que la tensión y unas misteriosas fuerzas, reales o imaginarias, se apoderan de ellos. Dirigida en blanco y negro por Robert Eggers (La bruja), la película tiene un escueto reparto integrado por Willem Dafoe (Aquaman), Robert Pattinson (High life) y Valeriia Karaman.

Con bastante retraso llega La guerra de las corrientes, drama biográfico norteamericano de corte histórico de 2017 que narra el enfrentamiento personal y comercial entre Thomas Edison y George Westinghouse por la propiedad sobre la implantación del sistema eléctrico de Estados Unidos a finales del siglo XIX, lo que provocó una de las primeras disputas corporativas de la historia. Dirigida por Alfonso Gomez-Rejon (Espera hasta que se haga de noche), la cinta está protagonizada por Benedict Cumberbatch, que repite estreno esta semana, Michael Shannon (Animales nocturnos), Nicholas Hoult (X-Men: Apocalipsis), Katherine Waterston (Animales fantásticos y dónde encontrarlos), Matthew Macfadyen (La familia von Trapp), Tom Holland (Z, la ciudad perdida) y Tuppence Middleton (El destino de Júpiter), entre otros.

Entre los estrenos puramente europeos destaca El reflejo de Sibyl, drama franco belga dirigido por Justine Triet (Los casos de Victoria) que tiene como protagonista a una terapeuta que decide volver a dedicarse a la escritura, su verdadera pasión. Para ello deja de ver a sus pacientes, pero su nueva vida se ve trastocada cuando una joven actriz la llama pidiendo verla. La escritora acepta, pero las revelaciones de esta nueva paciente cambiarán su vida para siempre. Virginie Efira (Un amor imposible), Adèle Exarchopoulos (El fiel), Gaspard Ulliel (Un pueblo y su rey), Sandra Hüller (A la vuelta de la esquina), Niels Schneider (Un amor imposible), Laure Calamy (La última locura de Claire Darling) y Paul Hamy (Jessica foerever) encabezan el reparto.

Nacionalidad española tiene La inocencia, drama cuya trama gira en torno a una adolescente que sueña con ser artista de circo y salir de su pueblo y su vida. Durante un verano pasa sus días con sus amigas y con un novio unos años mayor que ella. Pero en un pueblo hay poca intimidad, y los chismorreos obligan a la joven a llevar la relación en secreto. Una vez terminada la época estival llega el otoño, y con él la revelación de que está embarazada. Lucía Alemany debuta como directora de largometrajes con esta historia en cuyo guión colabora, y que está protagonizada por Carmen Arrufat, Laia Marull (Brava), Sergi López (Lazzaro feliz), Joel Bosqued (Que baje Dios y lo vea) y Sonia Almarcha (El reino).

También es de producción nacional La suite nupcial, comedia escrita, dirigida y protagonizada por Carlos Iglesias (2 francos, 14 pesetas), quien da vida a un hombre normal y corriente entrado en los sesenta. Sintiendo que la vida ha pasado ante sus ojos sin nada interesante, decide realizar un último intento por vivir una aventura, aunque eso suponga un fin de semana a todo lujo y fuera de su alcance y engañar a su mujer. Pero sus planes no salen exactamente como había planeado, pues su mujer también tenía planes para ese fin de semana. El reparto se completa con Eloísa Vargas (La voz dormida), Ana Arias (serie Cuéntame cómo pasó), José Mota (La chispa de la vida), Ana Fernández (Con el viento), Santiago Segura (Padre no hay más que uno) y María José Alfonso (Ana de día), entre otros.

Chile, Argentina y Bélgica colaboran en El príncipe, drama ambientado en Chile justo ante que Allende asuma la presidencia. El protagonista es un veinteañero solitario y narcisista que acuchilla a su mejor amigo y es enviado a prisión. Allí conoce a un hombre mayor y respetado al que se acerca, estableciendo una estrecha relación que permitirá al joven descubrir un mundo de afectos y lealtades en las luchas de poder tras las rejas. Basada en la novela de Mario Cruz, la película está dirigida por Sebastián Muñoz, quien debuta en la ficción tras el documental Buenos Aires rap (2014), y protagonizada por Juan Carlos Maldonado (serie Juegos de poder), Alfredo Castro (Una historia necesaria), Gastón Pauls (Cuando brillan las estrellas), Sebastián Ayala (Mala Junta) y Lucas Balmaceda (Prueba de actitud).

La última de las novedades de ficción es El misterio del Dragón, coproducción entre Rusia y China que dirige Oleg Stepchenko (Transilvania, el imperio prohibido) y cuyo argumento arranca cuando un cartógrafo inglés recibe la orden de crear un mapa de Rusia. En su largo viaje vivirá todo tipo de aventuras en las que criaturas, artes marciales y brujas serán protagonistas. Pero todas ellas parecerán un juego de niños cuando tenga que enfrentarse al gran Rey de los Dragones. Aventura, fantasía y acción se dan cita en un film con un reparto plagado de famosos actores: Jason Flemyng (Revolt), Xingtong Yao (Qian ren gong lue), Anna Churina (Svideteli), Jackie Chan (El extranjero), Arnold Schwarzenegger (Terminator: Destino oscuro), Rutger Hauer (Los hermanos Sisters) y Charles Dance (Antes de ti).

Finalizamos el repaso con el documental Pavarotti, nuevo largometraje de Ron Howard (Han Solo: Una historia de Star Wars) que aborda la figura del famoso tenor a través de la combinación de personalísimas actuaciones y el acceso a imágenes inéditas, logrando un íntimo retrato del cantante de ópera más querido de todos los tiempos.

‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

‘Vengadores: Infinity War’: infinitamente Marvel


Han pasado 10 años desde aquella primera aventura de Iron Man. 10 años en los que Marvel ha construido, algunas veces con más acierto que otras pero siempre con mimo y cuidado, todo un universo en el que poder desarrollar las aventuras de sus personajes, sus motivaciones, sus debilidades y los conflictos que les definen a lo largo de los años. Y todo eso desemboca aquí, en una macroproducción superheróica en la que nada se deja al azar y todo, absolutamente todo, tiene un objetivo: convertir a este film en el mayor espectáculo de la historia. Que lo haya conseguido o no es cuestión de puntos de vista, pero algo queda claro: se puede conseguir.

Porque en efecto, Vengadores: Infinity war es un espectáculo. Pero también es una historia, un drama capaz de generar desasosiego, de enfrentar a estos personajes capaces de cosas extraordinarias ante un enemigo invencible, ante ese desafío que, como se menciona en la película, les hará fracasar estrepitosamente. Toda historia debe construirse, al menos en teoría, sobre un crecimiento constante de tensión, de acción o de drama. En el cine de superhéroes esto, habitualmente, se traduce en combates que ponen al héroe ante un desafío cada vez mayor que debe superar para, al final, enfrentarse a la gran amenaza. Y aunque esta cinta de los hermanos Russo (Capitán América: El soldado de invierno) responde a esa idea, ese crecimiento dramático está construido sobre desafíos fallidos, sobre una lucha en la que el villano vence constantemente, hasta un final que… que aquí no revelaré, pero que puede generar cierto desasosiego.

Se trata, por tanto, de una producción compleja, de una obra de arte del género que merece ser reconocida como tal. Nada de enfrentamientos cuyo final se conoce de antemano; nada de momentos narrativos que restan ritmo al conjunto. Todo en el film se construye con el único objetivo de ofrecer una historia dinámica, profunda, en la que las motivaciones son lo primero y los efectos (sencillamente espectaculares, dicho sea de paso) lo segundo. Es más, pocas veces podrá verse que uno de los momentos más dramáticos de un film lo protagonice un villano que debe luchar entre lo que persigue y la única persona a la que alguna vez ha querido. Y los hermanos Anthony y Joe imprimen al conjunto un estilo visual brillante, aprovechando al máximo los planos generales de las batallas y las posibilidades de los numerosos superhéroes que aparecen a lo largo del metraje.

Desde luego, Vengadores: Infinity War es la cinta que todo fan lleva esperando 10 años. Pero es más. Es un relato sobre el fracaso, sobre la lucha contra un destino que parece escrito y que es incapaz de ser cambiado. Una lucha frustrante, en definitiva. Y no hay nada más satisfactorio, dramáticamente hablando claro esta, que ver a un héroe caído para volver a levantarse. Y dado que en este caso son decenas de ellos, la sensación agridulce que deja el final del film se multiplica de forma exponencial. Ahora sí, Marvel ha logrado alcanzar un clímax dramático en su cine, un nivel que posiblemente no sea tan adulto como el de su principal competidor, DC Cómics, pero sin duda sí ha sabido profundizar más que en otras ocasiones. Y desde luego, ha dado una lección sobre cómo construir este tipo de relatos tan complejos, cómo introducir a cada uno de los personajes y cómo mostrar la derrota individual de cada uno. ¿Tiene algo malo entonces? Bueno, mucha gente la verá sólo como una más de superhéroes. Y, por supuesto, que hay que esperar un año para el desenlace.

Nota: 9/10

‘Thor: Ragnarok’: un señor del trueno psicodélico


Es curioso, pero en Marvel siempre hay algún personaje que, por el motivo que sea, se queda en un limbo incapaz de definirle en un marco concreto. El Dios del Trueno ha sido, desde el principio, uno de esos personajes. Tres son sus aventuras en solitario, y tres las diferentes visiones del personaje que se han dado. Que esta última vaya a ser la definitiva parece algo evidente a tenor del éxito que está teniendo, pero la pregunta es si realmente es la versión idónea de Thor.

Posiblemente no, pero a tenor del final de Thor: Ragnarok, eso no es algo demasiado importante. Y es que esta tercera entrega del personaje parece más un camino hacia la madurez que una mera representación algo cómica y autoparódica de este superhéroe de cómic. Con un estilo que recuerda poderosamente a la saga de Guardianes de la galaxia, el director Taika Waititi (Lo que hacemos en las sombras) imprime una fuerza visual algo psicodélica y deliberadamente colorida para este viaje del protagonista por medio universo. Un viaje que, como he dicho, le permite madurar al comprender tanto sus lazos familiares como el futuro que le espera como líder de su pueblo. En este sentido, la cinta ahonda notablemente en el héroe, pasando de un personaje arrogante y arquetípico a otro más dramático y poliédrico (tampoco mucho, que al fin y al cabo esto es una ‘peli’ de superhéroes de Marvel), utilizando para ello un diseño de producción espléndido como marco para el humor y ciertos chistes fáciles dirigidos al público adolescente.

El principal problema de esta tercera entrega es que ahonda en los problemas que siempre han tenido estas aventuras en solitario del personaje. Para empezar, Chris Hemsworth (Cazafantasmas), con toda su presencia en pantalla y su adecuado perfil divino, no termina de imprimir el carácter dramático al personaje, ni siquiera con el corte de pelo. Hay que reconocer, sin embargo, que sí es capaz de asumir la madurez de su rol, lo que abre las puertas a unas interesantes posibilidades dramáticas en un futuro no muy lejano. La cinta, además, adolece de una duración excesiva, algo que se aprecia en una serie de secuencias innecesarias destinadas a divertir a un público adolescente más interesando en la risa fácil y obscena que en la historia que le cuentan. Todo ello resta fuerza a una historia que, por lo demás, sabe apoyarse en unos notables secundarios para construir un relato que va más allá del Señor del Trueno, que tarda más de dos horas en ganarse el título de Dios.

Así las cosas, se podría decir que Thor: Ragnarok es la mejor de la trilogía. La apuesta visual del director, unido a una planificación que en algunos momentos sabe aprovechar al máximo las posibilidades narrativas de la historia y a una banda sonora brillante, ensalzan el viaje de madurez de un héroe que ha tardado mucho tiempo en encontrarse a sí mismo. Con todo, eso no quiere decir que esta película no peque de muchas irregularidades, fundamentalmente provocadas por una cierta sensación de necesitar autoparodiarse, como si el personaje de Thor no pudiera tomarse en serio como, por ejemplo, sí hace Capitán América. Habrá que ver cómo se presenta el rol en las próximas aventuras, pero por lo pronto el camino emprendido, con sus debilidades y dificultades, parece el adecuado.

Nota: 7,5/10

‘Sherlock. La novia abominable’, o cómo recuperar tramas con estilo


La trama de 'Sherlock. La novia abominable' sirve de puente entre la tercera y la cuarta temporada.En muchas series y secuelas, sobre todo en las que presentan una calidad dramática cuestionable, es habitual ver cómo personajes que en principio están muertos regresan a la vida en un giro imposible incluso para la mejor de las contorsionistas. Suelen ser secundarios, es cierto, pero el efecto, por regla general, es el de una obligación dramática autoimpuesta que degrada el desarrollo natural de la trama. Por eso un episodio como el de Sherlock. La novia abominable es tan importante en todos los aspectos. Original y necesario, este especial dirigido por Douglas Mackinnon (director de series como Doctor Who) adquiere más relevancia que nunca ahora que la cuarta temporada de la serie está a punto de comenzar.

La trama de este episodio de hora y media de duración puede parecer confusa, pero en realidad es sencilla. Ambientada en la época original del personaje creado por Arthur Conan Doyle, el investigador privado y su compañero deben resolver una serie de muertes perpetradas por una mujer vestida de novia que, en teoría, había muerto tiempo atrás. Quizá lo más confuso sean los saltos en el tiempo desde 1890 hasta nuestros días, época en la que se desarrollan habitualmente las tramas de esta serie. Sin embargo, la explicación a esta estructura narrativa no solo justifica dichos saltos, sino que explica el final de la tercera temporada y abre la puerta a un mundo de posibilidades en los próximos capítulos.

En efecto, la reaparición al final de la etapa anterior de un personaje que había muerto obligaba a replantear todo el escenario de Sherlock. Pero la serie no es una producción cualquiera, y para poder re introducir al villano interpretado por Andrew Scott (Spectre) sus creadores, Mark Gatiss (que también da vida a Mycroft Holmes en la serie) y Steven Moffat (Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio), han aprovechado toda una historia para establecer un paralelismo y adelantar, de paso, algunas de las claves de lo que podría ser la próxima temporada. Dicho de otro modo, se ha creado toda una trama nueva, brillante e ingeniosa en su concepción y su ejecución, para explicar el regreso de un personaje.

Y esto, desde luego, no se ve todos los días. De hecho, es algo bastante inusual. La historia de este solitario episodio es tan excepcional como necesaria, tan ingeniosa como coherentemente estructurada. No se trata, por tanto, de introducir algo insustancial o ajeno al resto de la serie para, digamos, hacer un lavado de cara. Más bien es al contrario. Este capítulo debe entenderse como un puente entre tramas, como una herramienta para comprender no solo que los personajes muertos están muertos, sino que la memoria de estos roles puede llevar a crear algo más grande, algo que perdure a través de las acciones de otros personajes. Y esa aplicación conceptual es la que, sin duda, convierte a esta trama en algo único y digno de estudio para cualquier aficionado al séptimo arte.

Un episodio con vida propia

Así que sí, Sherlock. La novia abominable es una herramienta inteligentemente preparada para recuperar no tanto a un personaje como un concepto dramático y una forma de plantear las tramas. Al menos eso es lo que cabría esperar de su cuarta temporada. Pero independientemente de todo eso, este episodio/película puede entenderse como un producto con vida propia, y en este sentido el desarrollo narrativo es igualmente brillante. Al igual que la historia sirve de explicación para lo que está a punto de pasar, también puede entenderse como una representación extradiegética del juego del gato y el ratón que siempre ha representado el mundo de Sherlock Holmes.

En efecto, el diseño de la historia, trasladando la acción a 1890 para luego dar saltos al presente como si de dos historias conectadas se tratara, sitúa al espectador en un grado de complicidad con el protagonista como nunca antes había ocurrido, planteándole un continuo juego en el que debe decidir si lo que ve es real, una ensoñación o una farsa. Más o menos como le ocurre al rol interpretado por Benedict Cumberbatch (Doctor Strange), quien por cierto se ha adueñado de este investigador privado de una forma tan sutil como contundente. De este modo, la historia adquiere un nuevo nivel de significado más allá de las propias limitaciones del relato.

Y esta apuesta narrativa, más allá de la impecable factura técnica o de la espléndida labor del reparto, obliga al espectador a tomar una decisión: o trata de descubrir antes que nadie lo que realmente ocurre (no me refiero a la trama de la novia, sino al episodio en sí) o se deja llevar por una trama orquestada milimétricamente para provocar sorpresa y plantear numerosas respuestas. Personalmente creo que es mejor optar por la segunda opción, pero ambas van a provocar una sensación muy satisfactoria, dado que la resolución de la historia, con sus varias interpretaciones, ata todos los cabos sueltos posibles tanto de esta autoconclusiva trama como de la anterior temporada, poniendo sobre la mesa todas sus cartas para plantear nuevos retos.

En todos los aspectos, Sherlock. La novia abominable es un ejercicio audiovisual ejemplar y merecedor de un estudio más profundo del que se puede hacer en este blog. Independiente del resto de la serie, su estructura dramática es tan compleja como coherente, tan enriquecedora como sutil en sus matices. Pero sobre todo, tiene una interpretación que va más allá de su dimensión como episodio, uniéndolo al resto de esta ficción de forma sorprendente. Da igual lo que se busque en este episodio; al igual que el investigador privado más famoso de la literatura, se encontrará. Y eso, si se quiere ver así, también es una forma de que el espectador se identifique con Sherlock Holmes.

‘Doctor Strange’: la magia del ‘toque Marvel’


Benedict Cumberbatch da vida al 'Doctor Strange' de Marvel.Pocos personajes van quedando del extenso Universo Marvel que no tengan su adaptación a la gran o a la pequeña pantalla. Y a medida que se van sucediendo los superhéroes la saturación y el cansancio narrativo, que no visual, se va notando. La película que dirige Scott Derrickson (Sinister) es una evidencia de que siempre es mejor una buena historia que los orígenes de un personaje, por muy dramáticos que sean. Mejor aún: es infinitamente más interesante ver cómo se forja un héroe con una buena trama.

Y como le ocurre al protagonista de Doctor Strange al comienzo de la cinta, la película parece un quiero y no puedo, un intento de contar algo sumamente interesante que se solventa con minutos frenéticos cargados de efectos en el último tercio del film. Hasta entonces, esta historia protagonizada magníficamente por Benedict Cumberbatch (Amazing Grace) aborda de forma excesivamente larga el surgimiento de un hechicero y su viaje por las artes místicas. Más allá de críticas culturales o religiosas con poco fundamento, el verdadero problema del film es que está descompensado.

Descompensado en todos sus aspectos. Narrativamente hablando, es demasiado parsimoniosa al comienzo para acelerarse sin demasiado sentido al final. Interpretativamente hablando, el extraordinario elenco de actores está muy por encima de lo que puede ofrecer la cinta. Y visualmente, la historia saca mucho partido de sus escenas, pero la puesta en escena de Derrickson, más especializado en tenebrosos sustos y atmósferas agobiantes, es ciertamente limitada y en algunos momentos caótica.

Por fortuna, existe eso que se llama ‘toque Marvel’, y que podríamos entender como el entretenimiento sin daño ni maldad que permite al espectador pasar dos horas entretenidas. El problema es que cuando se compara Doctor Strange con otras grandes superproducciones similares no termina de funcionar correctamente. Lejos parecen quedar las épocas de Iron Man, Capitán América o Spider-man, tres personajes cuyas historias en el cine han sabido explicarse de forma mucho más orgánica. La magia de La Casa de las Ideas funciona en este caso, pero solo para salvar al espectador de una historia irregular.

Nota: 6,5/10

Llega el ‘Doctor Strange’ con una ‘Ouija y acompañado de ‘Trolls’


Estrenos 28octubre2016Terminamos octubre con uno de los estrenos más esperados de la temporada, llamado a iniciar lo que se conoce como la Fase 3 de Marvel. En efecto, este viernes 28 de octubre viene marcado por superhéroes, entretenimiento y diversión, tanto para adultos como para los más pequeños. Pero aquellos que quieran escapar de grandes blockbusters y salas abarrotadas de adolescentes también encontrarán propuestas interesantes.

Evidentemente, comenzamos el repaso a las novedades con Doctor Strange, nuevo superhéroes de Marvel que llega a la gran pantalla. Para aquellos que no le conozcan, la historia narra cómo un exitoso cirujano sufre un accidente que le deja las manos inútiles para poder operar. Su búsqueda de una cura le lleva a gastar toda su fortuna y encontrar en el Himalaya una guía espiritual que le llevará hasta un mundo nuevo y desconocido en el que la magia es el factor determinante. Acción, aventura y algunas dosis de humor marca de la casa son los factores que definen esta historia dirigida por Scott Derrickson (Sinister) y protagonizada por Benedict Cumberbatch (Black Mass), Chiwetel Ejiofor (Triple 9), Rachel McAdams (Spotlight), Michael Stuhlbarg (Steve Jobs), Mads Mikkelsen (serie Hannibal), Tilda Swinton (¡Ave, César!) y Benjamin Bratt (El mensajero).

La aventura y el humor también están presentes en Trolls, nueva producción animada de Dreamworks que adapta a la gran pantalla a los famosos muñecos. La trama se centra en un grupo de estas criaturas que viven siempre con optimismo y felicidad. Tan solo hay un trole huraño y pesimista, y será él el que deba salvar a sus amigos cuando aquellos que quieren destruirles secuestre a todo su grupo salvo a su insoportablemente adorable reina. Mike Mitchell (Alvin y las ardillas 3) y el debutante en los largometrajes Walt Dohrn se encargan de poner en imágenes el argumento, mientras que Anna Kendrick (El contable), Zooey Deschanel (serie New girl), Justin Timberlake (Runner runner), Christine Baranski (serie The Big Bang Theory), Christopher Mintz-Plasse (Malditos vecinos 2), James Corden (The lady in the van), Jeffrey Tambor (serie Transparent) y Kunal Nayyar (Food) ponen las principales voces.

Muy diferente es Ouija: El origen del mal, cinta de terror a modo de precuela de la estrenada en 2014. Ambientada en 1965, la película comienza cuando una madre y sus dos hijas, que realizan sesiones de espiritismo para todo aquel que esté dispuesto a pagar, incorporan un nuevo truco a su trabajo. Sin embargo, esta decisión abre la puerta a un verdadero espíritu maligno que se apoderará de la hija más pequeña. Mike Flanagan (Absentia) dirige esta propuesta interpretada por Henry Thomas (El trato), Doug Jones (La cumbre escarlata), Elizabeth Reaser (Young adult), Annalise Basso (Captain Fantastic) y Ele Keats (Insidious: Capítulo 3).

El último de los estrenos estadounidenses es Maggie’s Plan, comedia dramática producida en 2015 que narra cómo una profesora que trata de encontrar su camino en Nueva York se enamora de un hombre casado al que considera el futuro padre de sus hijos. Y eso es precisamente lo que logra. Pero años después de romper ese matrimonio, de casarse con el hombre de sus sueños y de tener una hija comprenderá que tal vez su antigua mujer era la ideal para él. Dirigida por Rebecca Miller (La vida privada de Pippa Lee), la cinta está protagonizada por Greta Gerwig (Lola versus), Julianne Moore (Siempre Alice), Ethan Hawke (Regresión), Travis Fimmel (serie Vikingos), Bill Hader (Mi amigo el gigante) y Maya Rudolph (Puro vicio).

Comenzamos ahora con las novedades europeas, y lo hacemos con Yo, Daniel Blake, lo nuevo de Ken Loach (Jimmy’s Hall) que, como es habitual, aborda los problemas y conflictos sociales en Inglaterra. Producida entre Reino Unido, Francia y Bélgica, la trama sigue a un carpintero de 59 años que se ve obligado a recurrir a las ayudas sociales por primera vez en su vida. Víctima de un ataque al corazón, su médico le recomienda que no trabaje más, pero la administración le obliga a buscar empleo si no quiere afrontar una sanción. Su caso no es el único, y durante sus visitas a la oficina de empleo conocerá a una mujer en la que se apoyará. El reparto está encabezado por Dave Johns, Hayley Squires (Noche real), Dylan McKiernan, Briana Shann y Sharon Percy (Nefarious).

Destaca asimismo la española Que Dios nos perdone, thriller policíaco que dirige Rodrigo Sorogoyen (Stockholm) y que gira en torno a la persecución de dos inspectores de policía de un asesino en serie en el Madrid de 2011, en plena crisis económica, con el movimiento 15M y con la visita del Papa como telón de fondo. Una búsqueda que les hará darse cuenta de que no son tan diferentes del hombre al que buscan. El reparto está encabezado por Antonio de la Torre (Tarde para la ira), Roberto Álamo (Incidencias), Luis Zahera (La playa de los ahogados), Raúl Prieto (serie Sin identidad), María Ballesteros (Amanecer en Asia) y María de Nati.

También española es 7 años, thriller que se centra en cuatro amigos que, además, son socios de una empresa con dificultades económicas y legales. A lo largo de una única noche deberán buscar una solución para salvar su empresa, pero también a ellos mismos en una carrera contrarreloj en la que alguno tendrá que sacrificarse. Roger Gual (Remake) dirige esta cinta entre cuyos actores encontramos a Paco León (Tres bodas de más), Juana Acosta (Anna), Alex Brendemühl (Ma ma), Manuel Morón (Cinco metros cuadrados) y Juan Pablo Raba (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.).

España colabora junto a Rumanía en La madre, film dirigido por Alberto Morais (Las olas) que, en clave dramática, narra la situación de un joven que, al ser perseguido por los servicios sociales, se refugia en casa del ex amante rumano de su inestable madre. Javier Mendo (serie Los protegidos), Laia Marull (La herencia Valdemar), Nieve de Medina (Caleidoscopio), Alexandru Stanciu y Ovidiu Crisan encabezan el reparto.

Pasamos ahora a los documentales. Dead slow ahead es el título de una producción hispano francesa que dirige Mauro Herce (Slimane) y que, a medio camino entre el terror y el drama aborda la dura vida de los marineros de un enorme carguero cuya maquinaria parece engullir a los obreros.

Por su parte, España entre dos trincheras: La guerra civil en color es un relato que aborda el conflicto que vivió España entre 1936 y 1939 a través de imágenes de archivo completadas con color que adquieren una mayor crudeza. Luis Carrizo y Francesc Escribano (Generació D) son sus directores.

Finalmente, Mat Whitecross (Ashes) es el encargado de dirigir Supersonic, documental musical sobre la trayectoria del grupo británico Oasis desde sus comienzos en un garaje hasta sus conciertos en grandes escenarios de todo el mundo, y abordando la complicada relación entre los hermanos Gallagher.

Depp se hace mafioso para aguar la gran noche de Álex de la Iglesia


Estrenos 23octubre2015Si el fin de semana pasado estuvo marcado por pocos pero interesantes estrenos, este viernes que nos ocupa llega cargado de novedades, de títulos tan variados como atractivos, con repartos espectaculares y con tramas cuanto menos curiosas. Y la oferta es para toda la familia, pues junto al thriller y el drama se estrena la secuela de una de las cintas de animación más originales de los últimos años. Pero comencemos el repaso de este 23 de octubre.

Y para ello nada mejor que Johnny Depp (Mortdecai), quien regresa con un cambio físico asombroso en Black Mass, adaptación del libro de Dick Lehr y Gerard O’Neill que relata el caso real de Whitey Bulger, el más violento criminal del sur de Boston que se convirtió en confidente del FBI a cambio de llegar a dominar todos los negocios ilícitos y de cometer crímenes impunemente. Hermano de un senador, la relación entre la Oficina y el criminal alcanzó cotas insospechadas de corrupción. Acción, drama y mucha violencia es lo que propone esta cinta dirigida por Scott Cooper (Corazón rebelde) que cuenta con un reparto increíble en el que destacan Joel Edgerton (Exodus: Dioses y reyes), Benedict Cumberbatch (The imitation game), Kevin Bacon (serie The following), Jesse Plemons (The master), Peter Sarsgaard (Ladygrey), Dakota Johnson (Cincuenta sombras de Grey), Corey Stoll (Ant-Man), Juno Temple (Lejos del mundanal ruido), Julianne Nicholson (Agosto), Adam Scott (The overnight) y David Harbour (serie The newsroom).

Mucho más divertida, al menos para los más pequeños de la casa, es Hotel Transilvania 2, continuación de las aventuras de Drácula y sus amigos que, en esta ocasión, se centra en los intentos de los monstruos de enseñar a un pequeño que es mitad humano, mitad vampiro, todo lo que un buen monstruo debe conocer. Una tarea que se complicará con la llegada del padre de Drácula. El humor vuelve a ser la nota predominante de esta película dirigida por Genndy Tartakovsky, director de la primera parte, y que cuenta con las voces, en la versión original, de Adam Sandler (Pixels), Andy Samberg (Cosas que hacer antes de los 18), Selena Gomez (Getaway), Kevin James (Superpoli en Las Vegas), Steve Buscemi (serie Boardwalk Empire) y David Spade (Niños grandes 2).

Y ya que hablamos de secuelas, esta semana también se estrena la nueva entrega de Paranormal Activity, subtitulada Dimensión fantasma y cuyo fin no es otro que perpetuar el formato y la fórmula que tan buenos éxitos ha dado en el pasado, independientemente de la historia en sí. En este sentido, la trama sigue a una familia que se muda a una nueva casa en la que descubren una cámara de vídeo y una serie de cintas grabadas en el lugar. La sorpresa llega cuando descubren que a través de la lente pueden percibir toda la actividad paranormal que hay en la casa, que parece especialmente interesada en la hija pequeña del matrimonio. Gregory Plotkin debuta en la dirección con esta cinta de terror protagonizada por Chris J. Murray, Brit Shaw (serie Nashville), Iby George, Dan Gill (El gurú de las bodas) y Olivia Taylor Dudley (Atrapados en Chernobyl).

Muy diferente es la comedia romántica El marido de mi hermana, producción estadounidense de 2014 cuyo reparto está plagado de nombres propios. Dirigida por Tom Vaughan (Medidas extraordinarias), la cinta narra la difícil relación que mantiene un profesor de Cambridge con una de sus estudiantes, quien le revela que va a ser padre. A esta delicada situación se suma la atracción que siente por una exuberante novelista que, además, es la hermana de la madre de su futuro hijo. Pierce Brosnan (La conspiración de noviembre), Jessica Alba (Ahora los padres son ellos), Salma Hayek (Peso pesado), Ben McKenzie (serie Gotham) y Malcolm McDowell (serie Mozart in the jungle) encabezan el reparto.

Antes de pasar a las novedades nacionales hay que mencionar El rostro de un ángel, nueva película de Michael Winterbottom (El demonio bajo la piel) rodada en 2014. Producido en Reino Unido, este drama basado en la novela de Barbie Latza Nadeau aborda la historia real de Amanda Knox y la investigación que desarrollaron una periodista y un director de documentales para obtener una noticia relacionada con un crimen. Kate Beckinsale (Desafío Total), Daniel Brühl (Rush), Cara Delevigne (Anna Karenina), Peter Sullivan (serie Los Borgia) y Corrado Invernizzi (Zabana!) son los principales protagonistas.

Sin duda el estreno español más importante es Mi gran noche, lo nuevo de Álex de la Iglesia (Las brujas de Zugarramurdi) que, en calve cómica, narra los entresijos de la grabación de un especial de Año Nuevo en pleno agosto. Un veterano artista, un nuevo ídolo latino de masas, unos presentadores que se odian a muerte y unos figurantes condenados a repetir la celebración una y otra vez son algunos de los protagonistas de esta espiral de caos y risas que cuenta con un reparto plagado de nombres del panorama cinematográfico español, entre ellos Raphael (Digan lo que digan), Mario Casas (Ismael), Pepón Nieto (Impávido), Blanca Suárez (Perdiendo el norte), Santiago Segura (Torrente 5. Operación Eurovegas), Carlos Areces (Anacleto: Agente secreto), Terele Pávez (Café solo o con ellas), Carolina Bang (Dos a la carta), Carmen Machi (Kamikaze) y Hugo Silva (Musarañas).

Por otro lado, Un día perfecto para volar supone el regreso de Marc Recha como director y guionista tras Ponts de Sarajevo (2014). La trama comienza cuando un niño que trata de hacer volar una cometa recurre a la ayuda de su padre para poder sacarla de la maleza en la que se ha enredado. A partir de esta premisa, la imaginación del adulto y del pequeño echará a volar en una sucesión de cuentos. El reparto, encabezado por el propio Recha, se completa con Sergi López (Un día perfecto) y Roc Recha.

A medio camino entre el drama y la comedia se sitúa El complejo de dinero, cinta que arranca cuando un joven regresa a la finca familiar para presentar a su novia y anunciar sus planes de boda. Pero la familia, que se mueve por el dinero, tiene un punto de vista muy particular sobre este enlace. Dirigida por Juan Rodrigáñez, que debuta en el largometraje, la película está protagonizada por Jorge Dutor, Rafael Lamata (La espalda de Dios), Gianfranco Poddighe (Los seductores) y Lola Rubio.

Desde Alemania llega Victoria, thriller dramático que se centra en una española residente en Berlín. Desarrollada a lo largo de una única noche, la trama sigue los problemas de la protagonista, cuya vida cambiará cuando conozca a cuatro jóvenes para los que la diversión está comenzando. Dirigida por Sebastian Schipper (Absolute Giganten), la cinta está protagonizada por Laia Costa (serie Pulseras rojas), Frederick Lau (La ola) y Franz Rogowski (Frontalwatte).

También cuenta con capital europeo Alubias rojas, producción francesa de 2013 escrita y dirigida por Narimane Mari en la que es su primera incursión en el largometraje. El argumento arranca cuando un grupo de jóvenes de Argelia que hasta ese momento habían vivido despreocupados deciden que tienen que empezar una guerra. A través de su mirada la cinta analiza las motivaciones, los odios y los significados de los conflictos armados en la región. El anónimo reparto está encabezado por Adlane Aïssani, Amir Nourine, Bilal Azil y Chems-Edine Boudjema.

Las novedades de ficción se completan con Villa Touma, drama familiar con dosis de romance producido en Palestina en 2014 y cuya trama se centra en tres hermanas aristocráticas y solteras que se aferran a su mansión para no aceptar el éxodo al que se ha visto obligada su clase social con motivo de la ocupación. Encerradas entre las paredes de la vivienda, sus vidas cambiarán cuando reciban la visita de su sobrina huérfana. Suha Arraf, que da el salto al largometraje de ficción, escribe y dirige la cinta, mientras que Nisrren Faour (The savior), Ula Tabari (Inheritance), Cherien Dabis (May in the summer), Maria Zreik y Nicholas Jacob (Out in the dark) son los principales actores.

Por último, un documental español. Next aborda el viaje y la dura realidad a la que se enfrentan muchos niños y niñas de Estados Unidos que realizan diariamente agotadores viajes a Hollywood para participar en audiciones que les abran las puertas al mundo del espectáculo. Un camino en el que son acompañados, y muchas veces empujados, por sus padres, que buscan el trozo de ese pastel que es el sueño americano. La película está escrita y dirigida por Elia Urquiza (Entre el dictador y yo).

‘The imitation game’: el enigma de la sobriedad


Benedict Cumberbatch da vida a Alan Turing en 'The imitation game'.Puede parecer que los grandes films deben tener, al menos, un aspecto grandilocuente en su producción. Da igual que sean los efectos especiales, la concepción narrativa del director o el desarrollo del guión. ¿Pero qué ocurre cuando ninguno de esos elementos destaca por encima del resto y todos ellos crean un magnífico film? Seguramente a muchos les parecerá que están ante películas sin grandes alicientes, pero nada más lejos de la realidad. Lo nuevo de Morten Tyldum (Buddy) es esto y mucho más.

Dese luego, si el 2015 va a estar definido por lo que pueda representar The imitación game, estamos ante un año cinematográfico espléndido. Todo en la película, desde la puesta en escena a los actores, traslada al espectador a una época de tensiones, experimentación y descubrimiento. Una época en la que el tiempo jugaba a contrarreloj, algo que puede saborearse en cada plano rodado de forma elegante por Tyldum, quien opta por una planificación idóneamente sobria. Sobriedad que, por cierto, no debe sobreentenderse desde el punto de vista del guión, que depara alguna que otra sorpresa de carácter bélico que debería hacer reflexionar sobre el papel que cada país jugó en la guerra.

Claro que la función no sería lo mismo sin la presencia de sus actores. Sin duda, Benedict Cumberbatch (El topo) vuelve a demostrar, y ya empiezan a ser demasiadas ocasiones, que es uno de los mejores actores de su generación, del panorama actual y de lo que va a surgir de aquí a unos años. La sutileza con la que afronta su personaje, dotándole de matices y motivos a medida que avanza el metraje, es digno de todos los reconocimientos posibles. Pero no es el único. Desde una Keira Knightley (Nunca me abandones) que pide en cada plano más atención hasta Mark Strong (Oro negro), uno de esos secundarios “roba escenas”, todo el reparto se afana por dotar no tanto de realismo, sino de verosimilitud, a sus respectivos personajes, edificando una serie de relaciones personales que traspasan la mera interpretación.

Se puede decir que estamos ante una de las mejores películas del año. The imitation game es uno de esos biopics que atrapan, capaces de ofrecer mucho con muy poco. El desarrollo dramático de las motivaciones de Alan Turing para construir la máquina, para ponerle nombre, e incluso para luchar por su creación a costa de su propia vida, es una de las mejores narraciones del año. Ya tiene presencia en los Globos de Oro, y todo apunta a que la tendrá en los Oscar. No merece menos.

Nota: 8/10

Diccineario

Cine y palabras

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