‘Mientras dure la guerra’: el templo de la inteligencia


Hay que reconocerle a Alejandro Amenábar (Tesis) su valentía a la hora de escoger proyectos. O más bien, su capacidad para afrontar producciones que tratan de ahondar en los entresijos que se esconden detrás de cada historia, sea real o ficticia. Las motivaciones, el desarrollo de acontecimientos, los giros argumentales que cambian por completo el sentido de una trama, … Todo ello, unido a un lenguaje visual que sabe adaptarse a cada relato, le convierte en uno de los mejores directores del panorama español.

Eso, y mucho más, es lo que desprende Mientras dure la guerra. Su forma de encarar el inicio de la Guerra Civil en España y la relación del escritor Miguel de Unamuno con el bando sublevado y la República es sencillamente brillante. Puede parecer simple, incluso un poco academicista, pero en un país tan polarizado como este es un soplo de aire fresco que alguien tome la suficiente distancia para tratar de aportar una visión objetiva de los acontecimientos. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que no despierte sentimientos de muy diversa índole, pero sí permite al espectador acercarse a este momento vital de la historia reciente de España. A través de un desarrollo marcado por los giros argumentales en forma de muertes y disparos en la madrugada, Amenábar construye el cambio de paradigma que se produce en el protagonista (magistral Karra Elejalde –La higuera de los bastardos-) de una forma natural, evidenciando el error inicial que se traduce, finalmente, en ese discurso histórico en la Universidad de Salamanca el Día de la Raza (ahora Día de la Hispanidad).

Pero la película va mucho más allá. En realidad, los acontecimientos acaecidos en 1936 no dejan de ser un reflejo de lo que el director en realidad quiere contar, y es el carácter de una sociedad condenada a enfrentarse, condenada a no entenderse. La breve secuencia del protagonista y su joven amigo en una carretera a Zamora discutiendo por ideas contrarias (con una clara referencia al Duelo a garrotazos de Goya) es posiblemente el momento más clarificador de un film cuya puesta en escena, vestuario y reparto son simplemente soberbios. Y si la historia de Unamuno resulta atractiva por cuanto viene a representar ese cambio de mentalidad, no lo es menos el modo en que Francisco Franco desarrolla su estrategia para terminar convirtiéndose en el dictador que gobernó España durante casi 40 años.

Habrá quienes critiquen a Mientras dure la guerra por plantear la historia tan solo desde el punto de vista de un bando. Habrá quienes consideren que evita mostrar la violencia. Pero la realidad es que Amenábar construye el que posiblemente sea el relato más fiel de esos primeros meses de contienda. No es necesario mostrar disparos en la nuca, ni conflictos bélicos en el frente. Basta con evidenciar la virulencia con la que se defienden las ideas para hacerse una idea del enconamiento social y político existente en 1936. Y es aquí donde subyace el verdadero interés y la extraordinaria visión de la película. Su retrato de aquellos meses, de los intelectuales, las cazas de brujas, los fusilamientos y el golpe de Estado (no solo en la sublevación militar, sino también de Franco dentro de sus propias filas) es brillante, elegante y tan complejo como la sociedad que describe. Un reflejo de muchas cosas que se pueden ver y sentir hoy en día.

Nota: 9/10

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‘Overlord’: el ejército de los mil años


La idea de Hitler antes y durante la II Guerra Mundial era construir un imperio de mil años que no tuviera oposición alguna. Partiendo de esa base y de los experimentos nazis que se revelaron al término del conflicto bélico, el nuevo film de Julius Avery (Son of a gun) compone un relato en el que soldados, zombis y superhombres se dan cita para ofrecer un entretenimiento puro y duro en el que la acción apenas tiene descanso. Y todo eso partiendo del origen histórico de la Operación Overlord (más comúnmente conocido como el Desembarco de Normandía).

No es casualidad, por tanto, que el inicio de Overlord sea una suerte de homenaje al inicio de Salvar al soldado Ryan (1998), en lugar de por mar por aire. Evidentemente, ni este film es el clásico de Spielberg ni los directores son comparables, pero ya avanza el ritmo que va a tener posteriormente la cinta. A partir de ese momento la trama desarrolla con acierto tanto a personajes como el argumento, planteando los puntos de giro de forma pausada, tomándose el tiempo para explorar los arquetipos que se presentan en la historia y para abordar la revelación de la información. En este sentido, es especialmente reseñable la secuencia en la que el protagonista descubre los experimentos nazis que se desarrollan bajo el objetivo de su misión, todo un ejercicio de tensión dramática.

En su contra juega el hecho de que estamos ante una serie B notable, y por lo tanto puede no ser tomada demasiado en serio. Pero no hay que confundirse. Avery desarrolla un film sencillo en el fondo (para muchos puede que demasiado sencillo) pero bien elaborado, con personajes prototipo que permiten un desarrollo de la acción sin intermitencia alguna. Es cierto que los personajes apenas tienen trasfondo dramático; es cierto que en varias ocasiones el desarrollo es demasiado previsible. Pero en este caso las carencias se suplen con un tratamiento entregado a la ciencia ficción y a la acción, amén de algunos toques de humor y, por supuesto, unos momentos de lo más sangriento.

Overlord es puro entretenimiento para los amantes de la ciencia ficción y la acción. Con un guión sencillo y directo, y unos personajes más bien planos pero que funcionan a las mil maravillas tanto dentro de la trama como entre ellos, Avery desarrolla una trama que apenas se detiene, evitando así que se planteen dudas en el espectador. Los puntos de giro hacen avanzar la acción por un camino que en muchos momentos es previsible, pero que en este caso no por eso deja de funcionar. Y eso es gracias fundamentalmente a que la película utiliza sus armas con inteligencia, conociendo sus limitaciones y explotando sus ventajas. El consejo de J.J. Abrams (Super 8) se aprecia en cada plano.

Nota: 7/10

’12 valientes’: los jinetes del 11-S


Estados Unidos tiene una capacidad única para convertir sus ‘vergüenzas’ o sus derrotas históricas, ya sean bélicas, diplomáticas o de cualquier índole, en éxitos morales o sociales. Y elevar sus éxitos hasta la categoría de hazañas atemporales que deberían estudiarse en los libros de historia, al menos en los suyos. Por eso no es de extrañar un film como el que dirige Nicolai Fuglsig (Exfil), con sus discursos, su mensaje moral sobre el valor de un soldado, el hermanamiento de los guerreros o la amistad que surge en un campo de batalla. Y por eso tampoco debería extrañar que la película sea, en pocas palabras, una más sobre las numerosas guerras en las que ha estado el país norteamericano.

En efecto, 12 valientes no deja de ser una obra que ofrece poco al espectador. Se encuentra en ese peligroso rango de películas que dicen muy poco emocional o narrativamente, y que por ello tienden a ser olvidadas con facilidad. Y lo cierto es que la película tiene potencial para no ser una más, pero aquí el principal problema radica en un guión con un desarrollo dramático excesivamente lineal y plano, y un director sin un pulso narrativo adecuado para este tipo de historias bélicas. Visualmente hablando, el lenguaje de Fuglsig recurre a planos excesivamente generales en los momentos más intensos del relato, restando dramatismo a la situación de unos soldados que tuvieron que combatir casi a ciegas en un territorio en el que nadie se había adentrado antes. No por casualidad, donde mejor trabaja el director es en los momentos puramente interpretativos, aquellos en los que se explora el trasfondo de los personajes, sus motivaciones, sus miedos y sus anhelos. Al fin y al cabo, su planificación alcanza la máxima expresividad en estos momentos.

Y junto a esto, el guión, débil en los momentos bélicos y sólido en los dramáticos. La relación que se establece entre los personajes de Chris Hemsworth (Vacaciones) y Navid Negahban (Castillo de arena) es posiblemente lo mejor del relato, amén de los vínculos entre los soldados, lo que en el fondo convierte al reparto en uno de los aspectos más atractivos de la cinta. Pero el texto se mueve en todo momento en territorios dramáticos conocidos, sin ofrecer al espectador nada que sea realmente distinto. Si a esto le sumamos que los teóricos puntos de giro dramáticos carecen, en realidad, del dramatismo esperado, el resultado es una historia bastante lineal, sin grandes retos para los protagonistas. Y eso deja un sabor agridulce ya que da la sensación de que los héroes alcanzan su objetivo sin sacrificios, sin cambiar un ápice su forma de entender el mundo que les rodea desde el comienzo del relato hasta el final.

Al igual que el monumento que hay en Nueva York, 12 valientes sirve únicamente como homenaje para esos soldados que realizaron la primera misión, secreta y por tanto sin reconocimiento, en territorio afgano tras el atentado del 11-S. Un homenaje que tiene su interés si no se conoce la historia, que resulta curioso en tanto en cuanto unos soldados con el último armamento militar tienen que moverse a caballo por un territorio desconocido. Pero ahí termina todo. Los amantes del cine tal vez encuentren más alicientes en el reparto, pero desde luego su historia, dramáticamente hablando, ofrece poco, y desde luego menos de lo que podría haber ofrecido. Ese es el problema de relatos basados en hechos reales: si la realidad no supera a la ficción, la ficción poco puede hacer para que la realidad tenga más atractivo.

Nota: 6,5/10

‘Hasta el último hombre’: uno más, solo uno más


Andrew Garfield no dispara un solo tiro en 'Hasta el último hombre'.Aunque solo fuera por conocer la historia de Desmond Doss, objetor de conciencia que logró la máxima distinción del ejército norteamericano por sacar con vida a 75 hombres del campo de batalla sin disparar una sola bala, la nueva película de Mel Gibson (Braveheart) como director ya merece la pena. Pero es que el film en sí mismo es una obra imprescindible del moderno cine bélico, un relato sobre el valor, sobre la fidelidad a las creencias y sobre la amistad que se forja en el frente. Y todo ello con sus imperfecciones, que las tiene.

Lo bueno, como suele ocurrir en estos casos, es que dichos puntos débiles son casi irrelevantes en Hasta el último hombre. El principal talón de Aquiles de la cinta es su comienzo, excesivamente lento y, aunque necesario, reiterativo en la lucha de un joven soldado que no quiere coger un fusil pero sí luchar en el frente junto al resto de hombres. Lo que sufre durante su entrenamiento, incluyendo un juicio militar, se desarrolla de modo algo pausado, repitiendo fórmulas y argumentos que solo logran dejar más claro lo que ya se sabe a los pocos minutos de comenzar el film, alargando por consiguiente la presentación del protagonista (bien interpretado por Andrew Garfield tras  colgar el traje de Spider-man).

Ahora bien, una vez superado esta primera parte y los buenos y malos momentos que deja, Gibson entra en harina con una de las secuencias bélicas más impactantes, sobrecogedoras, brutales, sanguinarias y contundentes que se recuerdan. De hecho, no es extraño que vuelva a la memoria el comienzo de Salvar al soldado Ryan (1998), modelo que sin duda utiliza el director para abordar la violencia y crudeza de un combate sin cuartel. Y lo que hasta ese momento podía parecer parsimonia se convierte en una celeridad extenuante, en un sinfín de disparos, gritos, dolor y angustia. Y con ellos, la labor de un joven que es capaz de demostrar su valía y su enorme corazón al meterse de lleno en un conflicto sin más armas que sus ganas de salvar a sus compañeros. Lo que ocurre después es sencillamente uno de los mejores relatos bélicos de los últimos años.

Desde luego, Hasta el último hombre tal vez no sea una película perfecta. Su guión, aunque interesante, está algo desequilibrado. Y habrá quienes piensen que parte del reparto no está bien elegido. Pero nada de eso importa. Personalmente creo que los actores, en mayor o menor medida, hacen una labor más que notable. Y desde luego la dirección de Gibson es magistral, sobre todo por el impacto que provoca en el espectador ese primer combate que nos sitúa al mismo nivel que un joven sin experiencia sin un arma en sus manos con la que poder defenderse. Pero aparte de todo eso, está el mensaje que se desprende en cada fotograma, en cada frase de diálogo. Esa combinación de fondo y forma es la que convierte a este film es una gran obra, y la que deja al espectador susurrando: “Uno más, solo uno más”.

Nota: 8/10

Tráiler de ‘American Sniper’: Eastwood regresa a la guerra


Tráiler de 'American Sniper', lo nuevo de Clint Eastwood.Hablar de Clint Eastwood, ya sea como actor o como director, es hablar de cine con mayúsculas. Un cine definido por las capas que poseen sus historias, que suelen contener más de un sentido; más de una interpretación. El responsable de clásicos modernos como Million Dollar Baby (2004) o Gran Torino (2008) vuelve a un género, el bélico, que tantos éxitos le ha reportado a lo largo de los años. Y lo hace con una historia que, al igual que el resto de sus trabajos, es mucho más que un simple fresco sobre los horrores de la guerra o las relaciones fraternales que se crean en el campo de batalla. El título, American Sniper, ya deja entrever el objetivo final de la obra, cuyo primer tráiler vio la luz hace poco más de dos días.

Un avance, por cierto, que indica el tono que tendrá el film. Basado en las memorias del Navy SEAL Chris Kyle, la cinta narra la labor de este francotirador que ostenta el dudoso honor de ser el hombre con más muertes a sus espaldas del ejército americano. Y es en ese aspecto “dudoso” en el que parece incidir Eastwood, al menos si atendemos a lo que se desprende de estas primeras imágenes en movimiento que, todo hay que decirlo, generan una tensión pocas veces vista en un primer contacto como este. Gracias al manejo de la cotidianidad y de la violencia el director es capaz de presentar a este hombre cuyo trabajo último es asesinar de forma implacable.

Pero como digo, no se trata de una oda a la violencia o a la acción, sino una reflexión sobre las emociones y dudas que asaltan a un hombre entrenado para matar a todo aquel sospechoso de ser un enemigo, incluyendo mujeres y niños… como los que él tiene en casa esperando. El tráiler incide de forma contundente en esta dualidad que reside en el protagonista gracias a las imágenes que se intercalan en la secuencia que se desarrolla en estos dos minutos. Y aunque pueda parecer poco, la mano de Eastwood se deja ver en cada uno de los planos, desde la dura iluminación, que resta colorido a la guerra, hasta la intensidad dramática del conflicto al que se enfrenta el soldado, representado en esta ocasión por su familia y los ataúdes con los que se le puede ver en alguna imagen.

Todo ello invita a pensar en que Clint Eastwood vuelve al género bélico para abordar la soledad de un hombre acostumbrado a matar siguiendo órdenes y su instinto, con todo lo que eso conlleva. American Sniper está protagonizada por Bradley Cooper (La gran estafa americana), Sienna Miller (The girl), Jake McDorman (La jungla 4.0), Kyle Gallner (Hermosas criaturas) y Luke Grimes (serie True Blood), entre otros. El estreno está previsto para diciembre de este mismo año, por lo que no sería extraño que, si finalmente cumple las expectativas, tenga presencia en los Oscar. Como siempre, a continuación tenéis el tráiler.

‘El único superviviente’: el último héroe americano


Mark Wahlberg es 'El único superviviente' en la película de Peter Berg.El cine bélico producido en Hollywood tiene cada vez más dicotomías en sus planteamientos. Por un lado, evidencian una clara falta de previsión, planificación y control en las misiones que protagonizan las historias; por otro, ofrecen una visión del hombre, el compañerismo y el heroísmo que prácticamente convierten a los protagonistas en superhombres capaces de lo que sea por salvar al hombre que lucha a su lado. Crítica al sistema y ensalzamiento del individuo. Y no sin cierta irregularidad, eso es lo que presenta la nueva película dirigida por Peter Berg (Very Bad Things), quien aprovecha los momentos de acción para demostrar una frescura narrativa que, sin embargo, se ausenta en los momentos más pausados.

Se puede decir que El único superviviente tiene dos partes diferenciadas que se alternan a lo largo de sus dos horas de metraje. Por un lado la acción, centrada principalmente en la emboscada que sufren los cuatro SEALs y que, gracias a la mano de Berg, se convierte en lo mejor del film y en uno de los momentos más tensos, críticos y de desasosiego del género en los últimos años. La forma de enfrentarse a una clara situación de inferioridad numérica y territorial es tan violenta como trágica, sobre todo porque el director no se esconde a la hora de mostrar el deterioro físico que sufren los cuatro hombres por golpes y heridas de bala. Desconozco cuáles serán las concesiones cinematográficas y qué momentos ocurrieron realmente, pero a tenor de las imágenes mostradas al inicio del film uno tiende a pensar que no es descabellado lo que se muestra en pantalla. Incluso lo que vive un Ben Foster (Hostage) que es de lo mejor del film en lo que a reparto se refiere, por encima de Mark Wahlberg (El incidente), Taylor Kitsch (X-Men orígenes: Lobezno) o Emile Hirsch (Alpha dog), todos ellos con buenas actuaciones.

Empero, todo lo que gana en sus momentos de combate lo pierde, o al menos lo merma, en sus necesarias pero típicas secuencias de pausa y drama. Fundamentalmente en una presentación algo tópica y falta de carisma que luego adquiere el relato, y en la posterior reacción a la emboscada que se tiene desde las bases de mando. Una reacción, por cierto, que deja muy en entredicho la eficacia militar de un país incapaz de rescatar a cuatro hombres por falta de medios, así como la falta de previsión de determinados aspectos de la misión. Son estos tramos del desarrollo dramático los que restan algo de interés a una cinta que, por lo demás, explota al máximo sus posibilidades narrativas, convirtiendo su epicentro narrativo en todo un ejemplo de lo que debe ser un film de estas características.

Pero que nadie se lleve a engaño. El único superviviente, aunque está basado en un hecho real y posee una fuerza visual fuera de toda duda, no es una película que critique la actuación norteamericana. Sí, deja en evidencia muchos aspectos militares, pero no por ello el mensaje patriota está ausente. Es más, es protagonista en muchos pasajes de la historia. No debería ser esto un impedimento para disfrutar de esta historia verídica, para estremecerse con la muerte lenta de los protagonistas y para desesperarse ante determinadas situaciones por las que debe pasar el protagonista. Solo en esa dualidad podrá comprenderse la imagen general que presenta la película.

Nota: 7/10

‘Tropic Thunder’, humor gamberro y crítica del mundo de Hollywood


Ben Stiller, Robert Downey Jr. y Jack Black protagonizan 'Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!'.El estreno el pasado día 25 de diciembre de La vida secreta de Walter Mitty ha vuelto a poner bajo los focos a uno de los cómicos más relevantes de los últimos años. Sin embargo, el éxito de Ben Stiller como protagonista de Algo pasa con Mary (1998) o la trilogía sobre los padres de ella y de él ha eclipsado en cierto modo su faceta como director. De hecho, no es extraño conocerle más por su papel frente a las cámaras que tras ellas en aquellos proyectos en los que compagina ambas labores. Sin embargo, a pesar de tener un puñado de películas como director Stiller ha sabido aportar un cierto estilo al género, adaptándose a las necesidades de cada historia y ofreciendo productos, cuanto menos, atípicos. Así ocurre con su más reciente estreno, y en esa misma categoría podría clasificarse Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! (2008), su anterior proyecto.

La historia, al igual que ocurre con otros de sus proyectos, es relativamente sencilla. Durante el rodaje de una película bélica de gran presupuesto plagada de estrellas de cine los actores principales y el resto del equipo se ven envueltos en un conflicto con unos narcotraficantes. Los protagonistas son confundidos con verdaderos soldados, por lo que deberán dejar de actuar y convertirse en sus personajes si quieren sobrevivir. Y al igual que ocurre en otros de sus proyectos, la sencillez de su argumento permite a Stiller (director) dar rienda suelta a un sinfín de críticas, en este caso al mundo del séptimo arte y a los egos que en él se dan cita cada día. En el caso que nos ocupa a través del humor más gamberro y exagerado posible, obteniendo como resultado un largometraje extremadamente absurdo y al mismo tiempo comprometido.

Ambos conceptos aparentemente incompatibles encuentran su punto en común, curiosamente, en unos secundarios de lujo que logran una mayor presencia que el propio protagonista, un Ben Stiller (actor) que nunca termina de salir del personaje en el que él mismo se ha convertido. Secundarios, por cierto, capitaneados por Robert Downey Jr. (Iron Man 3) y Tom Cruise (Oblivion), este en un personaje casi testimonial pero que tuvo tal impacto que durante varios meses se barajó la posibilidad de darle más recorrido en un film propio. Todos y cada uno de los actores que acompañan a esa estrella de acción en decadencia interpretada por Stiller ofrecen unas interpretaciones perfectas en sus excesos, cada uno además centrando sus burlas y guiños en un aspecto de la industria cinematográfica (cómicos autocomplacientes, raperos que buscan hacer más dinero, directores primerizos, …). Aunque la palma se la lleva, sin duda, Downey Jr. Su crítica (y autocrítica en cierto sentido) a esos actores que para meterse en la piel de sus personajes son capaces de modificar su físico alcanza el absurdo de someterse a una operación estética para que un hombre blanco de ojos azules se convierta en un afroamericano de ojos marrones.

Y eso es únicamente el aspecto físico. La transformación del actor alcanza además los tópicos más clásicos del cine bélico de las últimas décadas del siglo pasado. Con el puro siempre en la boca, diciendo un taco cada cinco palabras, el actor logra que su personaje (un actor que hace un personaje, no lo olvidemos) se transforme completamente. Incluso su forma de andar es modificada para la ocasión. Es, posiblemente, la mejor prueba de que en Tropic Thunder, más allá de su humor y de sus evidentes limitaciones, de las que todos son muy conscientes, hay algo más que un grupo de actores tratando de hacer reír al respetable. No en vano, la película ofrece una imagen muy interesante del mundo de Hollywood. Cierto es que su clave cómica tiende a exagerar, pero eso no impide que debajo de todo eso exista un poso más que interesante de ácida crítica.

Los tráilers previos

Una crítica que sienta sus bases en los falsos avances iniciales que preceden a la propia película y que definen en unos pocos minutos a todos y cada uno de los actores que, más tarde, deberán demostrar que son algo más que niñitos con mucho dinero. A través de estas previas el espectador ubica cada rol en sus respectivos arquetipos (no son más que eso): Stiller es la estrella de acción atrapada en la saga de moda; Downey Jr. es el actor de método que trata de aportar algo de inteligencia al conjunto; Jack Black (Año uno) es el cómico enrocado en sí mismo incapaz de ver más allá. Y así sucesivamente.

Aunque pueda parecer un mero guiño a algunos de los fenómenos hollywoodienses de los últimos años, no hay que despreciar la labor que estos falsos tráilers realizan en el devenir posterior de Tropic Thunder. Todos ellos, como decimos, sientan las bases psicológicas de cada uno de los personajes y ayudan, en definitiva, a que estos puedan exponer todos los rincones de sus personajes desde un principio. Empero, esto tiene un aspecto positivo y otro negativo. El primero, sin duda, es la fuerza que aporta al arranque y los constantes conflictos que se generan en una película que, en realidad, es una lucha de egos. El segundo, por contra, es que el ritmo y el interés decaen progresivamente, siendo salvados por algún que otro momento. Más o menos como le ocurre a La vida secreta de Walter Mitty.

En efecto, y aunque al final la sensación que queda es la de una comedia gamberra y ácida, el desarrollo no ofrece todo lo que podría ofrecer. Es un aspecto que queda solventado gracias fundamentalmente a la labor de los actores y a la crítica que subyace en todo momento, pero no por ello deja de existir y pone de manifiesto las limitaciones, sino formales al menos narrativas, de Stiller como director. Una crítica, por cierto, que no se dirige a ningún actor o sector en particular, sino a los grandes tópicos del cine norteamericano: la guerra entre estrellas por convertir la película en un culto a su figura, las manías de cada uno de ellos, su falta de empatía hacia los demás, … Incluso la falta de trabajo, como pone de manifiesto la secuencia en la que las grandes estrellas le confiesan al principiante que no necesitan leerse el guión para interpretar a sus personajes.

Todo ello conforma un panorama único en el que el humor de Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra! logra un desarrollo completo. No estamos hablando de una de las mejores comedias de los últimos años, ni mucho menos. Stiller, en sus dos facetas de actor y director, tiende a encerrarse en un bucle narrativo y cómico que le lleva a repetir ciertos patrones. Eso no impide, sin embargo, que estemos ante uno de sus mejores trabajos tras las cámaras, gracias fundamentalmente a los actores de los que se rodea y a su sentido analítico y un tanto autocrítico que le permite poner el foco en las debilidades y tópicos de la sociedad. Y eso es algo que le diferencia de otros cómicos de su generación.

‘Alas’, la primera Mejor Película de la historia de los Oscar


La 84 edición de los Oscars, que se celebran esta noche en Los Ángeles (de madrugada en España)podrían marcar todo un punto de inflexión en lo que a premios se refiere, reconociendo el valor de una obra maestra, sea en color o no, con diálogos o sin ellos. Todo, claro está, si finalmente The Artist se hace con la doarada estatuilla. Por eso, desde Toma Dos queremos acercarnos a otra película que ha pasado a la historia del cine como la primera Mejor Película de la historia. Por supuesto, nos referimos a la primera gala de los Oscar, celebrada en 1928, y a la ganadora del título, Alas.

Dirigida por William A. Wellman, la cinta obtuvo además el Oscar a los Mejores Efectos de Ingeniería, lo que hoy serían Efectos Especiales. No es para menos. Esta historia ambientada en la I Guerra Mundial cuenta con numerosas batallas aéreas de una factura técnica exquisita para los medios de la época. Sin contar con efectos digitales ni grandes explosiones, los conflictos bélicos en el aire resultan casi mágicos. Para la ocasión, se contó con nombres como Clara Bow, el prácticamente desconocido Charles Rogers, Richard Arlen o un jovencísimo Gary Cooper, en una de sus primeras intervenciones en el cine, muy alejado del género que años más tarde le haría famoso.

Alas supone todo un despliegue de medios. Podría ser considerado lo que hoy es un blockbuster, pero no haría justicia a la historia. Los componentes emocionales superan con creces los que se esperan de un éxito de taquilla, y las relaciones entre los personajes no sólo generan un rico mosaico, sino que evolucionan notablemente en función de los acontecimientos que se desarrollan, aunque sin llegar a ser excesivamente melodramáticos, como ocurría, por ejemplo, en Pearl Harbor.

Referencia del cine

La referencia a la película de Michael Bay no es casual, pues ésta bebe, y de qué manera, de Alas. De hecho, la única diferencia es el conflicto en el que se desarrolla la historia. El resto, idéntico. Dos amigos que se alistan para combatir en la Gran Guerra; uno de ellos es dado por muerto; el otro comienza una relación con la novia del primero. Sin embargo, la complejidad de la película de 1928 no puede compararse a la moderna versión de Bay. Mientras que éste se centra en la espectacularidad y los efectos, aquella opta por la rivalidad entre los amigos, que dejan a un lado por la guerra tras la muerte de un tercer personaje en pleno combate.

No sólo eso. La influencia de su estructura argumental, los escenarios elegidos o la planificación de los combates aéreos puede encontrarse en todo tipo de películas de todas las épocas que transcurran, o no, en algún conflicto bélico. Habrá que esperar a la nueva incursión en este tema de la mano de George Lucas y su Red Tails para, casi con toda seguridad, comprobar que Alas, tras 84 años, sigue estando en plena vigencia.

Variedad de títulos

Aquel año Alas fue la gran triunfadora, logrando los premios de las dos candidaturas que obtuvo. Sin embargo, no fue la única película que triunfó en esa gala. Con temas tan variados como el cine negro, el drama rural o el musical, un total de 11 películas fueron premiadas. Entre ellas, además de la ya mencionada, destaca Amanecer, una de las pocas incursiones de F. W. Murnau en el cine norteamericano, que se llevó 3 estatuillas: Mejor Actriz para Jane Gaynor (compartido con El séptimo cieloEl ángel de la calle), Mejor Fotografía y Mejor Película Artística.

Tres Oscar obtuvo también El séptimo cielo: Mejor Director para Frank Borzage y Mejor Guión Adaptado para Benjamin Glazer, además de la actriz principal. Otro de las películas premiadas fue El cantor de Jazz, que si bien no competía en ninguna categoría, la Warner recibió el Oscar Honorífico por su contribución al cine. Un premio compartido con Charles Chaplin por El circo.

Casi un siglo después de su creación, los Oscar podrían volver a premiar una película muda y en blanco y negro, aunque esta vez con más de dos galardones. En cualquier caso, la otra gran favorita, La invención de Hugo, también homenajea a los pioneros del cine. Sea como fuere, la historia del cine estará presente en la gala.

Diccineario

Cine y palabras

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