‘First Man (El primer hombre)’: un pequeño paso para el cine


¿Podría Damien Chazelle (Whiplash) realizar una película sin la música como eje principal? Esa pregunta se planteó tras el anuncio de que el viaje a la Luna de Neil Armstrong iba a ser su nuevo proyecto. Ahora, dicha duda queda resuelta en un relativo ‘No’. Porque la realidad es que la música sigue teniendo un papel fundamental en la historia, pero el pulso narrativo y dramático que el joven director demostró en sus dos anteriores films se diluye en exceso en el intimismo que imprime al relato.

Lo que sí vuelve a demostrar Chazelle es un lenguaje audiovisual único, bello, magistralmente ejecutado para transportar al espectador al universo que crea en cada film. En este sentido, First Man (El primer hombre) nos convierte en astronautas por un día, metiéndonos en la piel de Armstrong y compartiendo su punto de vista, sus sentimientos, sus miedos y sus logros. En este sentido, la práctica ausencia de planos generales combinada con planos cortos y subjetivos crean esa sensación de angustia en muchos momentos del relato. Bajo esta premisa, resulta interesante analizar la narrativa de los despegues o el alunizaje, así como los viajes espaciales, alejados de espectaculares planos en la inmensidad del universo para situarnos en lo poco que se ve desde el interior de un traje de astronauta.

El principal problema se halla, por tanto, en el propio guión. El pulso narrativo es sumamente irregular, incapaz de abordar los verdaderos sentimientos de fondo del protagonista, presentado como un hombre frío con sentimientos muy encerrados en su interior. La cinta, aunque plantea algunos conflictos emocionales, no ahonda demasiado en ellos, limitándose a relatar la carrera espacial y el trabajo de los astronautas sin dedicar demasiado tiempo, por ejemplo, al impacto de la prematura muerte en el seno familiar, siempre presente pero nunca analizada en detalle. Asimismo, las diferentes historias secundarias sencillamente se quedan en una suerte de contexto a la del protagonista.

Desde luego, First Man (El primer hombre) podría dar más de sí… o tal vez no. La sensación de estar ante una historia sin mayor épica que la de poner un pie en la Luna y escuchar la histórica frase se agranda a medida que pasan los minutos. Ni la labor maravillosa de Chazelle tras las cámaras ni la de los actores delante de ellas (el reparto está sencillamente perfecto) pueden disimular la falta de garra dramática de la historia, que se limita a relatar hechos sin entrar demasiado en los aspectos más polémicos y conflictivos del relato (los muertos del programa espacial, los conflictos personales y familiares, la competición espacial con la URSS, etc.). La cinta lo mira todo desde un punto de vista personal, pero parece olvidarse que en esa perspectiva también tienen cabida el resto de elementos que conforman el mundo que nos rodea. Lo que hizo Armstrong fue un gran paso para la Humanidad; lo que ha hecho Chazelle es un pequeño paso para el cine.

Nota: 6,5/10

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‘Predator (2018)’: regresa el cine de los 80


Es difícil enfrentarse a un clásico. Ya sea dirigiendo un remake o una secuela, cuando un film alcanza esa categoría el resultado de continuar su estela no suele ser demasiado satisfactorio. Las numerosas películas con el Depredador como protagonista son un buen ejemplo, de ahí que esta nueva secuela pueda generar, en principio, cierto recelo. Pero solo en principio.

De hecho, las dudas quedan resueltas en los primeros minutos de Predator gracias a un guión que tampoco se toma a sí mismo demasiado en serio y a un director, Shane Black (Kiss Kiss, Bang Bang) que vuelve a demostrar su pericia tras las cámaras dotando al conjunto de un dinamismo incomparable y constante, equilibrando perfectamente las secuencias de acción (algunas realmente espectaculares) con la mínima trama que sostiene la cinta. Sin embargo, nada funcionaría si la película no conociera al dedillo su lugar dentro de la saga. Esto permite al guión constantes referencias al film original de 1987, pero también homenajear un tipo de cine que parece extinguido, y que en cierto modo se recupera con la ironía suficiente como para que no se convierta en una amalgama de clichés.

Dicho de otro modo, la película entretiene, es dinámica y divertida, y contiene una violencia acorde a los nuevos tiempos. Todo ello, evidentemente, deja agujeros relativamente importantes en el guión que el espectador puede optar por engrandecerlos o por dejarse llevar y superarlos sin mayores problemas. Asimismo, la película introduce elementos un tanto fuera de lugar que no terminan de encajar del todo en el concepto original de la criatura. Pero dejando a un lado esas ideas, que por otro lado se pueden achacar a la evolución de los tiempos, lo cierto es que la cinta se revela como una digna secuela.

Desde luego, Predator es la mejor de las secuelas modernas, una historia sencilla pero bien construida, que introduce al espectador de forma directa en una espiral de acción, humor y violencia en la que los actores, todos ellos sin excepción, disfrutan como nunca, y eso se traslada no solo a sus personajes, sino al conjunto del relato. Con especial mención a Sterling K. Brown (Marshall) como villano de turno; sencillamente impecable. Se puede decir que la nueva cinta de Black es una regresión a un tipo de cine perdido, un cine de puro entretenimiento, de tramas lineales, con pocos puntos de giro pero bien construidas, y que a pesar de ciertas incongruencias de guión terminan dejando un buen sabor de boca.

Nota: 7/10

‘Ready Player One’: el Oasis de la cultura pop


Aviso a navegantes. Lo nuevo de Steven Spielberg (Minority report) es una experiencia visual y nostálgica inigualable, pero también esconde una notable crítica social. Y esta dualidad es lo que convierte a esta aventura de ciencia ficción en una obra espléndida. Puede que no guste a aquellos que hayan sido ajenos a la cultura de los años 80 y 90, pero aunque solo se conozcan algunos de los personajes que han poblado la imaginación de generaciones durante estas décadas la película se disfrutará de un modo que cada vez resulta más difícil experimentar.

Por supuesto, Ready Player One es ante todo un entretenimiento en su máxima expresión. El guión, perfectamente estructurado aunque algo carente de importantes giros dramáticos, presenta en apenas unos pocos segundos el contexto social en el que se desarrolla la trama, pasando rápidamente a introducirse en lo más relevante de la acción y aprovechando las impecables secuencias de acción para hacer avanzar un argumento que a muchos les recordará a algún videojuego que les dejó huella en su infancia. Con una música inolvidable y unos efectos visuales que ya quisieran muchas películas, Spielberg se da un festín referencial de una cultura que necesita ser reivindicada como una parte fundamental de todo lo que actualmente vivimos. A esto se suma un reparto notable y una estructura dramática bien construida, con pilares sólidos sobre los que asentar posteriormente el importante mensaje (una suerte de huevo de Pascua) que esconde el film.

Siempre he pensado que la ciencia ficción es el mejor género para mostrar y contar los problemas de la sociedad, y por eso este film basado en la novela de Ernest Cline es capaz de sobrepasar el mero entretenimiento. La verdad es que no podría esperarse menos de Spielberg. Sus efectos especiales, la agilidad del lenguaje visual del director o las constantes referencias no impiden apreciar que la cinta, en realidad, habla de un mundo incapaz de vivir en el mundo real, obsesionado con escapar de una rutina que le asquea y que busca una salida en una realidad virtual en la que nadie es quien dice ser y todos se ocultan detrás de una identidad falsa. Un videojuego a escala global que permite interactuar con personas de todo el planeta, hacer amigos y enamorarse sin ni siquiera conocerse físicamente. La idea de que lo único que se vive realmente es la vida real resume a la perfección no solo la moraleja de esta historia, sino el camino que está tomando una sociedad cuya visión está dirigida hacia una pantalla de móvil y no hacia quienes están junto a nosotros.

Aunque a Ready Player One puede faltarle algo de fuerza en algunos momentos clave, lo cierto es que su carácter juvenil y aventurero, amén del espectáculo visual que supone ver y escuchar tantos referentes de la cultura pop en ese Oasis, convierten a esta aventura en algo diferente, fresco, dinámico y, ante todo, digno de disfrutar. Una película que invita a reflexionar sobre el camino que toma la sociedad mientras nuestros sentidos se deleitan con la música, los personajes y las criaturas que han nutrido la imaginación de la sociedad y de muchas generaciones durante décadas. A muchos su estructura de videojuego les puede resultar extraña, pero lo cierto es que no deja de ser la misma que la de cualquier otro relato con el que nos hemos maravillado cuando éramos más jóvenes. Y conseguir que volvamos a nuestra juventud siempre es algo admirable.

Nota: 8/10

Los Goya más femeninos premian a ‘La librería’ y ‘Handia’


No me gusta demasiado poner etiquetas a los premios de cualquier academia de cine. Conozco, aunque sea de forma tangencial, los intereses y el modo en que se trabajan las candidaturas y los ganadores, y en ocasiones tiene poco que ver con la calidad artística de las obras, los directores, los actores y actrices o los guionistas. Pero este 2018 la gala de la 32 edición de los Goya sí ha estado marcada por las mujeres profesionales del sector. Ya sea en los premios o en el desarrollo de la cita, las mujeres han tenido protagonismo. Y aunque estoy totalmente de acuerdo en que el género femenino no está tan reconocido en los premios como debería (al menos no de un modo directamente proporcional a la cantidad de profesionales femeninas que trabajan en el cine), también considero que el compromiso con una idea puede dar lugar a injusticias o juicios de valor equivocados.

Dado que a estas alturas todo el mundo sabrá, en mayor o menor medida, el listado de los premiados (que encontraréis de todas formas al final del texto), aprovecharé para abordar el punto de vista femenino de esta 32 edición. Resulta muy interesante comprobar cómo la campaña mediática para denunciar la discriminación que sufren las mujeres en las nominaciones de los premios ha coincidido con el hecho de que las principales categorías han ido a parar a manos de mujeres. Eso por no hablar del hecho de que dos de las principales candidatas, La libreríaVerano 1993, son historias dirigidas, escritas y protagonizadas por mujeres. Con todo, es incuestionable que son dos de las mejores películas del año.

A pesar de ello, estos Goya dejan alguna que otra injusticia. Las reivindicaciones de igualdad de género entre los nominados y los premiados se ha llevado por delante La llamada. Más allá de que sea mejor o peor película, me cuesta creer que solo haya obtenido un premio por la canción homónima de Leiva. Un proyecto nacido de la pasión de dos jóvenes, que triunfa noche tras noche en el teatro, que ha llevado a las salas de cine a una legión de seguidores de todo tipo, y que ha sabido encontrar la fórmula del éxito a partir de la humildad, debería haber tenido más reconocimientos. Sus directores han perdido ante Carla Simón, que se hizo con el Goya a Mejor Dirección Novel por Verano 1993, pero es que ninguna de sus actrices logró premio y, lo que es más llamativo, la banda sonora de una película musical resultó derrotada por la gran triunfadora de la noche, Handia. Invita a reflexionar sobre muchos aspectos de esta industria y cómo se mueven sus engranajes.

El resto, sorpresas y premios previsibles. Desde luego la mayor sorpresa ha sido que la película protagonizada por Eneko Sagardoy haya logrado hasta 10 estatuillas, la mayor parte de ellas técnicas pero con dos reconocimientos importantes: Guión Original y Actor Revelación. Entre los previsibles, Javier Gutiérrez por El autor. El actor lleva varios años a un nivel extraordinario, y este ha sido por fin la ocasión de reconocer un trabajo que se extiende por todos los género y tamaños de pantalla. Del resto, una gala polémica y, como viene siendo habitual, una duración excesiva. Pero no quiero terminar sin mencionar lo ocurrido con Verónica. Que una cinta de terror de estas características haya logrado colarse entre las nominadas a las principales categorías es todo un logro de un género que en España ha dado muchas alegrías. Solo cabe esperar que la Academia mantenga el camino iniciado y empiece a introducir más cintas de terror, fantásticas o de ciencia ficción entre los principales reconocimientos.

Pero como decía al comienzo, esto no debe ser por una imposición social o por un movimiento profesional que surja en ese año. Los premios deberían otorgarse única y exclusivamente por la calidad del trabajo realizado. Que sea un drama, una comedia, un thriller o una cinta de terror espacial debería de ser secundario. Lo mismo que el hecho de que el nombre detrás de ese trabajo sea el de un hombre o una mujer. Pero eso es como debería ser. La realidad siempre es muy diferente y mucho más compleja.

Ganadores de la XXXII edición de los Premios Goya

Mejor Película: La librería.

Mejor Dirección: Isabel Coixet, por La librería.

Mejor Dirección Novel: Carla Simón, por Verano 1993.

Mejor Guión Original: Aitor Arregi, Andoni de Carlos, Jon Garaño y José Mari Goenaga, por Handia.

Mejor Guion Adaptado: Isabel Coixet, por La librería.

Mejor Música Original: Pascal Gaigne, por Handia.

Mejor Canción Original: ‘La llamada’, de Leiva, por La llamada.

Mejor Actor Protagonista: Javier Gutiérrez, por El autor.

Mejor Actriz Protagonista: Nathalie Poza, por No sé decir adiós.

Mejor Actor de Reparto: David Verdaguer, por Verano 1993.

Mejor Actriz de Reparto: Adelfa Calvo, por El autor.

Mejor Actor Revelación: Eneko Sagardoy, por Handia.

Mejor Actriz Revelación: Bruna Cusí, por Verano 1993.

Mejor Dirección de Producción: Ander Sistiaga, por Handia.

Mejor Dirección de Fotografía: Javier Agirre Erauso, por Handia.

Mejor Montaje: Laurent Dufreche y Raúl López, por Handia.

Mejor Dirección Artística: Mikel Serrano, por Handia.

Mejor Diseño de Vestuario: Saioa Lara, por Handia.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Ainhoa Eskisabel, Olga Cruz y Gorka Aguirre, por Handia.

Mejor Sonido: Aitor Berenguer, Gabriel Gutiérrez y Nicolas de Poulpiquet, por Verónica.

Mejores Efectos Especiales: Jon Serrano y David Heras, por Handia.

Mejor Película de Animación: Tadeo Jones 2. El secreto del Rey Midas, de David Alonso y Enrique Gato.

Mejor Película Documental: Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón.

Mejor Película Iberoamericana: Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio.

Mejor Película Europea: The Square, de Ruben Östlund.

Mejor Cortometraje Documental: Los desheredados, de Laura Ferrés.

Mejor Cortometraje de Ficción: Madre, de Rodrigo Sorogoyen.

Mejor Cortometraje de Animación: Woody & Woody, de Jaume Carrió.

‘Los archivos del Pentágono’: Spielberg transforma el cine sobre periodismo


Que Steven Spielberg (Minority report) es un maestro es algo que ya pocos dudan. Pero que sea un director capaz de demostrarlo película tras película, da igual el género o la calidad del guión, eso es algo que pocas veces puede verse. Pocas películas tiene en su filmografías que no alcancen un alto nivel narrativo y visual, amén de un entretenimiento incuestionable. Aunque su último trabajo puede ser, para muchos, una historia algo tediosa cuyo final ya se conoce, no deja de ser una de las mejores obras sobre periodismo, libertad de prensa y debate entre los intereses personales y la moral de los últimos años.

Es evidente que el mayor problema de Los archivos del Pentágono radica en su guión, un texto que, aunque con un interesante desarrollo que analiza la historia desde diferentes puntos de vista, no deja de narrar algo ya conocido en mayor o menor medida, lo que resta la capacidad de generar puntos de giro necesarios para dotar de fuerza al relato. Ante este hándicap, la trama recurre, como digo, primero a la intriga y, hasta cierto punto, el espionaje para pasar a continuación a la investigación periodística y terminar, por último, con un relato en el que prensa, justicia e intereses económicos se combinan. Todo ello permite al film salvar gran parte de sus debilidades inherentes. Gran parte, en efecto, pero no todo. Lo bueno es que lo que el guión no logra solventar, básicamente las irregularidades en el ritmo de la historia, lo solucionan los cuatro grandes nombres que están detrás de este film.

Spielberg y su director de fotografía habitual, Janusz Kaminski, ofrecen una visión del periodismo diferente, en algunos casos incluso novedosa. El recurso de las imprentas y la composición de las portadas en las linotipias adquiere nuevos matices en las manos del director, quien utiliza recursos ya conocidos para realizar una nueva narrativa alejada del clasicismo habitual de este tipo de relatos. A esto se suma el lenguaje visual empleado en momentos claves del relato, desde la decisión que debe tomar el personaje de Meryl Streep (Sufragistas) o la sentencia final pronunciada por Carrie Coon (serie The leftovers), narrada con un acercamiento a sus rostros tan sencillos como eficaces y extraordinarios, hasta el momento en el que los protagonistas trabajan sobre las páginas del informe sobre Vietnam, sin duda una de las escenas más dinámicas, intensas e interesantes del relato. Spielberg logra dotar a cada momento del film del ritmo necesario, manejando el relato para acentuar aquellos momentos realmente relevantes hasta convertirlos en instantes inolvidables. Y todo ello con un reparto extraordinario en el que destacan, como no podía ser de otro modo, Streep y Tom Hanks (Náufrago) en dos papeles espléndidos que ellos convierten en extraordinarios.

Es posible que para muchos esta no sea más que otra cinta histórica sobre periodismo, otro relato “basado en hechos reales” sobre la libertad, la lucha entre el poder y los medios, y cómo la moral y lo correcto se imponen a la manipulación. Incluso habrá quien diga que en algunos momentos es aburrida. Y puede que, en cierto modo, sea así. Pero Los archivos del Pentágono es mucho más. Es un reflejo de una época, de una sociedad que vivió engañada y de un grupo de personas y profesionales que optaron por una lucha que sabían de antemano que iba a ser difícil. Este relato, en manos de Spielberg, alcanza un grado extraordinario de emociones que transportan al espectador al meollo de un debate que perfectamente podría darse hoy en día a tenor de los dirigentes políticos que tenemos, entre ellos el que se sienta en el despacho oval de la Casa Blanca. El doble final del film, con los personajes alejándose por la imprenta para afrontar su trabajo como si nada hubiera pasado y esa llamada alertando de un robo en un edificio, demuestran que no estamos ante una película más. Estamos, posiblemente, ante una de las mejores obras del año.

Nota: 8/10

Las mujeres protagonizan la 75 edición de los Globos de Oro


A diferencia de la pasada edición, los Globos de Oro de este 2018 han dejado unos premios muy repartidos entre los principales títulos de las diferentes categorías de cine y televisión. Con todo, en esta 75 edición ha habido vencedores y vencidos, sorpresas y grandes olvidados, sobre todo en lo que a cine se refiere. Por empezar por estos últimos, sin duda Los archivos del Pentágono ha sido la gran derrotada. El film de Steven Spielberg (Lincoln) optaba prácticamente a todas las categorías cinematográficas a las que podía optar, incluyendo banda sonora, pero tras la gala de este pasado domingo 7 de enero el palmarés de premios ha quedado en blanco. Su gran ausencia ha sido similar a la de La forma del agua, si bien es cierto que esta ha logrado dos premios, uno para Guillermo del Toro (Pacific Rim) como director y otro para Alexandre Desplat (Valerian y la ciudad de los mil planetas) como compositor de la banda sonora.

Y después de los olvidados, los vencedores. En estos Globos de Oro marcados por la reivindicación y la denuncia de la violencia y los abusos contra las mujeres, han sido precisamente producciones protagonizadas por actrices las que han acaparado la práctica totalidad de los premios, principalmente en televisión. Es el caso de Tres anuncios en las afueras, principal vencedor de esta edición cuya protagonista, Frances McDormand (Tierra prometida) ha logrado el premio como Mejor Actriz Dramática. Esta película, sin embargo, ha permitido reivindicar y reconocer el trabajo de Martin McDonagh, director y guionista del film, quien con apenas tres películas a sus espaldas ha logrado dejar su impronta personal en un sistema de producción cinematográfica que tiende cada vez más a parecerse a una cadena de montaje. Personalmente creo que Escondidos en Brujas (2008) y Siete psicópatas (2012) son dos joyas a reivindicar siempre que surja la ocasión, y el hecho de que la tercera película escrita y dirigida por McDonagh haya sido reconocida con los premios a Mejor Película Dramática y Mejor Guión confirma que estamos ante un autor de peso.

En cuanto al resto de premiados en cine, muy repartidos entre algunos esperados y algunas sorpresas. Entre los primeros podríamos incluir el premio a Coco como Mejor cinta de animación o el de Gary Oldman por su recreación de Winston Churchill en El instante más oscuro (este tipo de papeles siempre son del agrado de la Academia, por lo que no es extraño que termine siendo el ganador del Oscar). Y entre las sorpresas podría estar la de James Franco como Mejor Actor de Comedia en The disaster artist; sorpresa relativa, pues la realidad es que buena parte del éxito de esa película radica en la fidelidad de las interpretaciones y de los planos de la película The room (2003), y en este aspecto la labor de Franco es inigualable.

La criada y las mentiras

En lo que a los premios de televisión se refiere, menos sorpresas y menos Globos de Oro repartidos entre los candidatos. Y de nuevo, las mujeres como protagonistas. A pesar de la calidad de los títulos candidatos a Mejor Serie Dramática, parecía evidente que The Handmaid’s Tale iba a lograr el galardón, y las previsiones se cumplieron. No debería ser una sorpresa. Para empezar, es la única serie nueva de las cinco candidatas, lo que ya de por sí aporta un elemento diferenciador a lo que se puede ver en el resto de producciones. Pero es que además, como producto audiovisual, ofrece muchos más niveles interpretativos y conceptuales que sus rivales, amén de una factura técnica, interpretativa y narrativa espléndidas. Sus actores, su fotografía, la temática que aborda y el modo en que se desarrolla la trama son, en líneas generales, muy superiores a los de sus competidoras. De ahí también el premio recogido por su protagonista, Elisabeth Moss (serie Mad Men).

Aunque en este apartado televisivo sin duda la gran triunfadora ha sido Big Little Lies, que ha acaparado la práctica totalidad de los premios relativos a la Mejor Miniserie. Premios no solo a la producción como tal, sino a casi todos sus actores. Y digo casi porque sus actrices competían de dos en dos en las categorías Principal y Secundaria, por lo que una de ellas tenía que irse a casa sin el premio. Finalmente, Nicole Kidman (La seducción) y Laura Dean (Star Wars: Episodio VIII – Los últimos jedi) fueron las agraciadas. Y el hecho de que esta ficción se haya llevado tantos premios invita a analizar la única categoría en la que no competía, la de Mejor Actor de Miniserie o TV Movie, que ha ido a parar a Ewan McGregor (American Pastoral) por su papel en la tercera temporada de Fargo. Baste señalar que él, junto a David Thewlis (Teorema Zero), es uno de los grandes atractivos de una temporada más floja que sus predecesoras.

En líneas generales, por tanto, los Globos de Oro entregados en este 2018 han dejado, al menos en televisión, menos variedad de la que podría esperarse, muy al contrario de lo que ha ocurrido en las categorías cinematográficas, que por cierto ya dejan entrever cuál puede ser la quiniela de los Oscar, sobre todo si se tiene en cuenta lo ocurrido el año pasado. En cualquier caso, lo cierto es que la calidad de los títulos que competían en esta edición era alta, muy alta, por lo que el destino de las estatuillas podría haber sido cualquiera. A continuación encontraréis la relación de los ganadores de la 75 edición de los Globos de Oro.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Tres anuncios en las afueras.

Mejor Película Comedia/Musical: Lady Bird.

 Mejor Director: Guillermo del Toro, por La forma del agua.

Mejor Actor Dramático: Gary Oldman, por El instante más oscuro.

Mejor Actor Comedia/Musical: James Franco, por The disaster artist.

Mejor Actriz Dramática: Frances McDormand, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Saoirse Ronan, por Lady Bird.

 Mejor Actor Secundario: Sam Rockwell, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Actriz Secundaria: Allison Janney, por Yo, Tonya.

Mejor Guión: Martin McDonagh, por Tres anuncios en las afueras.

Mejor Banda Sonora: Alexandre Desplat, por La forma del agua.

Mejor Canción: Justin Paul & Benj Pasek, por ‘This is me’, de El gran showman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: En la sombra (Francia y Alemania).

Mejor Película de Animación: Coco.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The Handmaid’s Tale.

Mejor Actor Drama: Sterling K. Brown, por This is us.

Mejor Actriz Drama: Elisabeth Moss, por The Handmaid’s Tale.

Mejor Serie Comedia: The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Actor Comedia/Musical: Aziz Ansari, por Master of none.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Rachel Brosnahan, por The Marvelous Mrs. Maisel.

Mejor Miniserie/Telefilme: Big Little Lies.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Ewan McGregor, por Fargo.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Nicole Kidman, por Big Little Lies.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Alexander Skarsgård, por Big Little Lies.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Laura Dern, por Big Little Lies.

‘Superman/Batman/Wonder Woman: Metropolis’, fusión de cómic y expresionismo alemán


He de reconocer que la idea inicial de esta sección era la de abordar volúmenes que analizaran los diferentes aspectos del cine, ya fuera en su parte más técnica o en lo referente a géneros, historia o entrevistas. Por eso puede resultar extraño hablar aquí de un cómic, pero sus implicaciones cinematográficas y la calidad de su relato es tal que es conveniente hacer un breve análisis de lo que puede aportar al séptimo arte, o de lo que el cine aporta a las viñetas de Superman/Batman/Wonder Woman: Metropolis, un recopilatorio de tres volúmenes creados por RAndy Lofficier, Jean-Marc Lofficier y Ted McKeever, y que enmarcan los orígenes de estos tres superhéroes de DC Cómics en un relato marcado por el expresionismo alemán.

Cada lector que se acerque a este recomendable ejemplar decidirá cuál de las tres historias es la mejor, pero sin duda la que afecta al hombre de acero es la más fiel a la que posiblemente sea la cinta más icónica del movimiento cinematográfico surgido en los años 20. La utopía futurista de Metrópolis (1927) creada por Fritz Lang adquiere en estas páginas una interpretación cuanto menos interesante que obliga a una reflexión sobre el bien y el mal, sobre el perdón y la venganza, que enriquece la ya de por sí completa obra del director alemán. Resulta sorprendente comprobar cómo encaja la historia de Clark Kent (rebautizado como Clarc Kent-son) en la trama original. A pesar de los cambios de nombres y de ciertas licencias dramáticas, los creadores de este cómic logran una fusión perfecta entre ambos relatos, entre ambos lenguajes, y la mejor evidencia son las primeras viñetas, que narran casi exactamente igual el comienzo de la película

Y es que si la historia deja sin palabras, el dibujo de McKeever resulta casi apabullante. Con un trazado que rememora en todo momento el arte de comienzos del siglo XX, el autor imprime un dramatismo único al trágico relato de este joven que quiere construir una ciudad mejor en la que amos y obreros convivan sin someterse los segundos a los primeros. Un dramatismo acentuado además por el recurso del color, puramente expresionista (aunque menos que la historia de Batman, de la que hablamos a continuación). Por supuesto, y como mencionaba antes, existen ciertas licencias dramáticas necesarias en un relato de superhéroes, sobre todo en lo referente al modo de derrotar al villano de turno. Y aunque para muchos pueda resultar algo forzado, en líneas generales encaja perfectamente en el tratamiento del resto de la trama, lo que evidencia la grandeza y universalidad de una obra como Metrópolis, capaz de acoger en su seno dramático cambios notablemente marcados.

Batman, el Nosferatu

Posiblemente el relato más fiel a una película del expresionismo alemán sea el de Superman, pero sin duda el que mejor capta el espíritu visual de este movimiento cinematográfico es el que tiene como protagonista a Batman. Tomando como referencia dos obras clave como Nosferatu (1922) y El Gabinete del Dr. Caligari (1920), la historia se adentra en las sombras para abordar un relato mucho más lúgubre, marcado por la muerte, la desesperación y la manipulación. Sobre estos tres pilares narrativos el cómic construye un relato en el que los juegos de sombras son fundamentales, siguiendo la estela de las dos películas que toma como referencia y proyectando este expresionismo en un nuevo lenguaje.

De nuevo, y más allá de las necesarias concesiones al mundo de los superhéroes, combate entre Batman y Superman incluido, las referencias cinematográficas parecen impregnar todas y cada una de las viñetas. Con unos personajes mucho más retorcidos física y moralmente hablando, el relato de este Hombre Murciélago/Nosferatu acoge en su seno igualmente buena parte del significado que este movimiento cinematográfico tuvo en su momento. La lucha contra el dominio de un hombre sobre el resto de hombres, la locura que afecta a unos personajes que poco a poco se acercan más a monstruos que a seres humanos, e incluso la idea de controlar el destino se asoman en estas páginas en las que la noche se impone al día, y las sombras a la luz.

Wonder Woman, la Amazona Azul

El tercer relato, centrado en el personaje de Wonder Woman, es sin duda el más “tradicional”, si es que dicho término se puede aplicar en el caso que analizamos aquí. Los motivos son varios, entre ellos que las películas que toma como referencia, El ángel azul (1930) y El Dr. Mabuse (1922), aunque encajan dentro del expresionismo alemán, se alejan notablemente de los conceptos y características que definieron este movimiento, sobre todo la primera. Es cierto que se mantienen algunos de los conceptos ya mencionados, destacando la idea de que un individuo sea capaz de ejercer un control físico y psicológico sobre el resto, pero el tratamiento visual se aleja ostensiblemente de lo visto en los dos anteriores volúmenes, al igual que ocurre, en cierto modo, en la apuesta visual de las películas.

Y desde luego, es la historia más “superheróica” y menos “expresionista” de las tres. Dicho de otro modo, el relato de esta Mujer Maravilla se sumerge de forma más evidente en los parámetros e iconos tradicionales del relato de este tipo de superhéroes, alejándose al mismo tiempo de todo aquello que aporta el movimiento cinematográfico alemán. Desde un punto de vista puramente visual también destaca esta apuesta, con un trazo más definido y un tratamiento del color más rico, abandonando los contrastes de luces y sombras, algo que destaca sobremanera en el tramo final de esta historia, donde por cierto se da cita la versión expresionista de muchos personajes de DC Cómics.

En cualquier caso, este último relato es el colofón de una trilogía apasionante, tanto para los amantes del cómic como para los apasionados del expresionismo alemán. Las conexiones entre las viñetas y los fotogramas de las películas mencionadas son tan evidentes en algunos casos que las fronteras entre uno y otro lenguaje desaparecen, evocando en sus páginas el movimiento de las máquinas de esa ciudad de obreros y amos, las sombras del primer vampiro del cine o la seducción de un ángel azul. Y aun siendo superhéroes, los personajes quedan relegados muchas veces a un mero hilo conductor de una historia que les supera y en la que los géneros se mezclan para ofrecer un producto único, una fusión entre cine y cómic que inevitablemente obliga a revisionar las películas casi al tiempo que se leen las páginas. No es un libro de cine, pero pocos libros de cine son capaces de lograr esto.

‘Un monstruo viene a verme’ y ‘Tarde para la ira’ triunfan en los Goya


'Tarde para la ira' y 'Un monstruo viene a verme', triunfadoras en los Goya 2017.Uno de los comentarios que suele oírse tras conocerse la lista de premiados de los Oscar es que es una gala “amañada”, unos premios que se mueven más por las relaciones y el interés que por la propia calidad de actores, directores, películas y cuerpo técnico. Sobre todo si, como podría pasar este 2017, una película se lo lleva absolutamente todo. Pero más allá del alcance de esta afirmación, que puede tener su parte de verdad, la pregunta que me plantea es: ¿qué pasa con los Premios Goya? ¿y con la 31 edición, celebrada este sábado 4 de febrero? Pues aplicando esa misma teoría, desde luego que algo raro ocurre cuando dos películas se reparten la mayoría de los premios y, sobre todo, cuando una actriz triunfa en dos categorías diferentes.

Que Tarde para la iraUn monstruo viene a verme se hayan repartido los premios es algo que no debería sorprender a nadie, ya sea porque es algo habitual o porque eran las dos favoritas a los principales premios. Lo que sí llama más la atención es que la primera ha triunfado en las categorías que más relevancia tienen (Película, Dirección Novel, Guión, Actor Secundario), mientras que la segunda se ha quedado con los técnicos. Habrá quien defienda que J.A. Bayona (Lo imposible) ha logrado el premio a la Mejor Dirección, y desde luego es algo a tener en cuenta, pero lo cierto es que de competir en la misma categoría con Raúl Arévalo posiblemente este se habría llevado el gato al agua.

Y en medio de esta lucha de titanes la gala de los Goya dejó algunos reconocimientos que, aunque pueden pasar desapercibidos, es conveniente destacar las dos estatuillas que se ha llevado El hombre de las mil caras, una de las injustas perdedoras y casi olvidadas entre tanta ira y tanto monstruo. Asimismo, el reparto de otras categorías de peso entre películas más o menos pequeñas deja una puerta abierta, aunque sea poco, al reconocimiento del variado cine que se hace en España.

Con todo, lo que más puede sorprender es que Emma Suárez (Julieta) haya logrado dos premios por su labor de actriz en dos películas diferentes, uno como protagonista y otro como secundaria. Sobre todo cuando en esta última categoría otros nombres sonaban con fuerza como favoritos después de una trayectoria de premios. Que un actor que hace las veces de director y productor acumule varios premios en una noche es, hasta cierto punto, normal; que una actriz se lleve reconocimiento por partida doble lanza un mensaje cuanto menos extraño. Si los Goya premian lo mejor de cada año, ¿quiere esto decir que no ha habido mejor actriz que Suárez en ninguna categoría? Perdón, sí, en la Actriz Revelación.

En líneas generales, que dos películas se repartan 13 premios y que una actriz logre dos premios diferentes por un mismo trabajo (el de interpretación, me refiero, no el de una película) debería hacer reflexionar sobre el modo en que se eligen no solo las películas nominadas, sino a los ganadores. Aquí, en Hollywood y en cualquier otro lugar. Personalmente creo que un mayor reparto de premios suele ser un mejor síntoma de la salud de cualquier industria cinematográfica. Al fin y al cabo, los premios reflejan el mejor cine, y desde luego en un año no hay solo dos grandes películas.

Ganadores de la XXXI edición de los Premios Goya

Mejor Película: Tarde para la ira.

Mejor Dirección: J.A. Bayona, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección Novel: Raúl Arévalo, por Tarde para la ira.

Mejor Guión Original: Raúl Arévalo y David Pulido, por Tarde para la ira.

Mejor Guion Adaptado: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, por El hombre de las mil caras.

Mejor Música Original: Fernando Velázquez, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Canción Original: ‘Ai, ai, ai’, de Silvia Pérez Cruz, por Cerca de tu casa.

Mejor Interpretación Masculina Protagonista: Roberto Álamo, por Que Dios nos perdone.

Mejor Interpretación Femenina Protagonista: Emma Suárez, por Julieta.

Mejor Interpretación Masculina de Reparto: Manolo Solo, por Tarde para la ira.

Mejor Interpretación Femenina de Reparto: Emma Suárez, por La próxima piel.

Mejor Actor Revelación: Carlos Santos, por El hombre de las mil caras.

Mejor Actriz Revelación: Anna Castillo, por El olivo.

Mejor Dirección de Producción: Sandra Hermida Muñiz, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección de Fotografía: Óscar Faura, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Montaje: Bernat Vilaplana y Jaume Martí, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Dirección Artística: Eugenio Caballero, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Diseño de Vestuario: Paola Torres, por 1898. Los últimos de Filipinas.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: David Martí y Marese Langan, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Sonido: More Orts, Oriol Tarrago y Peter Glossop, por Un monstruo viene a verme.

Mejores Efectos Especiales: Félix Bergés y Pau Costa, por Un monstruo viene a verme.

Mejor Película de Animación: Psiconautas, los niños olvidados, de Alberto Vázquez y Pedro Rivero.

Mejor Película Documental: Frágil equilibrio, de Guillermo García López.

Mejor Película Iberoamericana: El ciudadano ilustre, de Gastón Duprat y Mariano Cohn.

Mejor Película Europea: Elle, de Paul Verhoeven.

Mejor Cortometraje Documental: Cabezas Habladoras, de Juan Vicente Córdoba.

Mejor Cortometraje de Ficción: Timecode, de Juanjo Giménez Peña.

Mejor Cortometraje de Animación: Decorado, de Alberto Vázquez.

‘La La Land’ allana su camino a los Oscar en los Globos de Oro 2017


'La La Land' y 'The Crown', principales triunfadores en los Globos de Oro 2017Es muy poco habitual que en una entrega de premios cinematográficos, sea cual sea, una de las películas más nominadas logre llevarse todas las estatuillas a las que opta. Es relativamente normal que una cinta con una, dos, tres o incluso cuatro nominaciones logre todos esos premios, pero ¿siete de siete? Bueno, pues eso es lo que ha conseguido en la 74 edición de los Globos de Oro La ciudad de las estrellas, título en español para La La Land, llamada a ser la película del año. Y ante esto se abre ahora el debate acerca de su posibilidad de ser también la gran triunfadora en los Oscar.

Vaya por delante que son muy pocas las comedias que han logrado repetir hazaña en ambos premios (lo que vendría a confirmar que eso de que los Globos de Oro son la ‘antesala de los Oscar’ es un poco excesivo), pero los precedentes son, sin lugar a dudas, esperanzadores, comenzando por la última en conseguirlo: The artist. Y aunque todavía tienen que conocerse las nominaciones, el éxito del film dirigido por Damien Chazelle (Whiplash) no resta la importancia de otros nominados en esta edición de 2017, entre ellos ComancheríaManchester frente al mar o la otra galardonada como Mejor Película Dramática: Moonlight.

De hecho, y aunque pueda parecer secundario, es interesante el mensaje lanzado por algunos de los premios en la categoría cinematográfica, entre ellos el de Mejor Actriz Secundaria, Mejor Actor Dramático y Mejor Actriz Dramática. El primero viene a responder a una crítica surgida ante la ausencia de nominados y premiados afroamericanos en los Oscar; el segundo reconoce a un actor que ya ha hecho méritos más que suficientes para confirmarse como uno de los mejores de su generación; y el tercero cierra reconoce también la labor de los actores del cine europeo más allá del propio premio a la Película en Lengua Extranjera.

En efecto, Viola Davis, una de las actrices más nominadas en los últimos años y menos premiadas, ha logrado su primer Globo de Oro por Fences, aunque no es la única actriz de color que ha competido en esta categoría, y posiblemente no sea la única que lo haga en los Oscar. Y antes de finalizar con el análisis de lo que han sido y lo que pueden deparar estos premios, un apunte: el premio a Aaron Taylor-Johnson como Mejor Actor Secundario por Animales nocturnos puede parecer excesivo teniendo en cuenta la competencia, pero sin duda es merecido para un profesional capaz de ponerse en la piel de cualquier personaje. Y por supuesto, Meryl Streep, nominada por Florence Foster Jenkins, se lleva su premio, en esta ocasión honorífico.

Todo por The Crown

En las categorías televisivas es donde más de uno puede haberse llevado una sorpresa. Desde luego, y esto es un apunte puramente personal, esta edición de los Globos de Oro ha sido una de las más completas en lo que a nominaciones se refiere, sobre todo en el premio a la Mejor Serie Dramática, que ha terminado en manos de The Crown, la principal favorita, pero que tenía como competidores Juego de Tronos, Stranger Things, WestworldThis is us. Con todo, el hecho de que sean unos premios tan repartidos indica la buena salud de la ficción televisiva en cualquier formato.

Los Globos de Oro 2017 dejan igualmente una reflexión interesante. Para empezar, parece que esos años en los que dos o tres series acaparaban la atención en todas las categorías han llegado a su fin, al menos de momento. Las principales categorías contaban con veteranos como VeepTransparentMozart in the jungle, a los que se suman títulos como los mencionados anteriormente. Y ninguno de ellos ha logrado ninguna de las estatuillas, dejando paso a las nuevas producciones más frescas y con propuestas diferentes.

Diferente es el caso de las miniseries. Como es evidente, los nominados suelen ser nuevos cada año, pero en esta ocasión dos han sido los títulos que se han llevado el gato al agua. Por un lado, American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson, serie cuyo formato es similar al de American Horror Story pero que aborda casos reales. Quizá lo más destacable sea el premio para Sarah Paulson, actriz que en los últimos años ha demostrado su talento en la serie de terror y que ahora es reconocida por su rol en este drama. Y por otro, El infiltrado, cuyos principales actores han sido reconocidos en casi todas las categorías, lo que da una idea de lo que puede llegar a ofrecer el producto.

Así las cosas, todo apunta a que La ciudad de las estrellas (La La Land) será la gran triunfadora en los próximos premios que vengan, incluidos los Oscar. Pero más allá de esta visión, lo relevante de esta edición de los Globos de Oro se haya en los premiados ajenos a esta comedia dramática musical, tanto por el talento que se reconoce como por lo que representan socialmente hablando. A continuación podéis encontrar todos los premiados.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: Moonlight.

Mejor Película Comedia/Musical: La ciudad de las estrellas (La La Land).

 Mejor Director: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Actor Dramático: Casey Affleck, por Manchester frente al mar.

Mejor Actor Comedia/Musical: Ryan Gosling, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Actriz Dramática: Isabelle Huppert, por Elle.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Emma Stone, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

 Mejor Actor Secundario: Aaron Taylor-Johnson, por Animales nocturnos.

Mejor Actriz Secundaria: Viola Davis, por Fences.

Mejor Guión: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Banda Sonora: Justin Hurwitz, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Canción: Justin Hurwitz, por ‘City of Stars’, de La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor Película en Lengua Extranjera: Elle (Francia).

Mejor Película de Animación: Zootrópolis.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: The Crown.

Mejor Actor Drama: Billy Bob Thornton, por Goliath.

Mejor Actriz Drama: Claire Foy, por The Crown.

Mejor Serie Comedia: Atlanta.

Mejor Actor Comedia/Musical: Donald Glover, por Atlanta.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Tracee Ellis Ross, por Black-ish.

Mejor Miniserie/Telefilme: American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Tom Hiddleston, por El infiltrado.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Sarah Paulson, por American Crime Story: El pueblo contra O.J. Simpson.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Hugh Laurie, por El infiltrado.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Olivia Colman, por El infiltrado.

1ª T. de ‘Stranger things’, homenaje a una forma de entender el cine


Los chicos de 'Stranger things' buscarán a su amigo cueste lo que cueste.Hablar de series y cine por regla general es hablar de dos conceptos narrativos y visuales muy diferentes. Pero hay casos en los que ambos mundos, con sus particularidades, tienden a confundirse. Y uno de ellos es ese fenómeno titulado Stranger things, una de las obras maestras de la pequeña pantalla que homenajea un concepto de cine perdido hace ya muchas décadas pero que ha sentado las bases de mucho de lo que vemos hoy en día. Pero esta ficción de fantasía, amistad, valentía y amor creada por los hermanos Duffer (Matt y Ross, autores de algunos episodios de Wayward Pines) es más, mucho más que un mero homenaje, y eso es precisamente lo que la convierte, casi de forma automática, en uno de los referentes clásicos de la televisión moderna.

En efecto, los 8 episodios de la primera temporada están plagados de referencias a los años 80 y a las obras de Steven Spielberg (Tiburón) y Stephen King, autor de ItEl Resplandor. De hecho, los propios creadores han reconocido la influencia de ambos. Pero gracias a esas referencias los hermanos Duffer construyen todo un mundo en el que la inocencia deja paso a la madurez en unos personajes que todavía sueñan con juegos de rol, con llevarse a la chica o con salir con el “más guay” del instituto. En definitiva, sueñan con un mundo diferente al que viven. Ese trasfondo dramático dota a la trama de numerosos niveles interpretativos que, aunque tienen como nexo de unión la desaparición de un personaje y la presencia de una criatura de otro mundo, permiten enriquecer un mundo tan familiar como fascinante.

Las numerosas tramas secundarias que se dan cita a lo largo de esta primera etapa de Stranger things tienen, por otro lado, un notable desarrollo enfocado en todo momento a un único objetivo. Si bien la desaparición de un niño es el detonante de la historia, en muchos casos no deja de ser una sencilla pero eficaz justificación para mostrar aspectos mucho más humanos e íntimos de personajes que, a priori, nada tienen que ver con esa historia. Puede llegar a parecer, incluso, que sus historias poco tienen que ver con lo verdaderamente importante de la trama, pero nada más lejos de la realidad. En esta ficción todo cuenta, todo tiene un porqué y todo, absolutamente todo, está relacionado. ¿Y cuál es ese objetivo? Lo he mencionado antes: la madurez.

Las aventuras que viven los jóvenes protagonistas no dejan de ser un forma de abordar la desaparición de la niñez. Los problemas a los que deben enfrentarse para encontrar a su amigo desaparecido les lleva a experimentar el miedo, la rabia, la desconfianza o ese sentimiento de ruptura con lo que hasta entonces habían conocido. Todo ello enriquece un viaje aderezado con aventuras, con poderes mentales y con criaturas de otros mundos envuelto en una factura técnica simplemente impecable y con una coherencia narrativa aplastante, hasta el punto de que el último episodio, a pesar de tener un final feliz, deja un extraño sabor de boca al insinuarse que la realidad tras esa felicidad no es tan ideal como pudiera parecer.

Personajes fundamentales

En realidad, el final de la primera temporada de Stranger things es el broche de oro para una serie que asienta sus pilares sobre dos conceptos fundamentales. Por un lado, y como hemos analizado, el trasfondo dramático más allá del carácter fantástico, de criaturas o poderes psíquicos. Pero por otro, y no menos importante, están los personajes que habitan el mundo creado por los hermanos Duffer. Vaya por delante que los niños protagonistas, todos sin excepción, se han hecho un hueco en el imaginario colectivo de forma instantánea. Pero dado que este es el análisis habitual, me centraré en los personajes adultos, sobre todo en Winona Ryder (serie Show me a hero) y David Harbour (Caminando entre las tumbas). La labor de ambos es tan espléndida como ajustada al contexto general de la serie, sobre todo en el caso de Ryder.

Aunque nunca he rechazado su trabajo, Winona Ryder siempre me ha parecido una actriz menor, con cierto talento pero que necesitaba trabajar mucho varios aspectos para poder mejorar sus papeles. En el caso que nos ocupa, sin embargo, logra algo complicado: llevar a su personaje más allá de lo estrictamente recogido sobre el papel. La desesperación de la que hace gala la actriz, el punto de locura que imprime a las acciones de esa madre que ha perdido a su hijo pequeño, al que todos dan por muerto menos ella, es sencillamente magistral. Todo sin llegar a parecer neurótica o rozar el ridículo, lo cual es más difícil si cabe en un papel como el que afronta en la serie. El caso de Harbour tiene, si cabe, más contenido, pues el sheriff al que interpreta evoluciona con la propia serie, pasando de ser un borracho a recuperar la persona que era antes, narrando por el camino un pasado que ayuda no solo a comprenderle, sino a identificarse con él en la investigación del caso.

Y a pesar de que preferiría no hablar de ellos, analizar esta primera temporada sin mencionar, aunque sea brevemente, a los más pequeños de la ficción sería un trabajo incompleto. Los cinco personajes interpretados por los jóvenes Fin Wolhard, Millie Bobby Brown (serie Intruders), Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin (serie Shades of blue) y Noah Schnapp (El puente de los espías) son el mayor atractivo que se encuentra en la serie a primera vista. No solo por sus interpretaciones, todas ellas más que notables, sino por las relaciones tan naturales que parecen establecer entre sus personajes y que, dicho sea de paso, se antojan algo más que obligadas por un guión. Son ellos, con su interpretación de lo que ocurre y su pasión por la fantasía sin temer a lo que ocurra los que logran que el espectador vuelva a sentirse niño, al menos aquellos que ya tienen una cierta edad.

Personalmente creo que hay pocas series que puedan considerarse verdaderamente imprescindibles. Sí, algunas son recomendables, otras entretenidas y otras dignas de ver. Pero Stranger things entra en esa categoría superior en la que solo hay títulos que definen la forma que está tomando la ficción en la televisión actual. Diferente, fresca, dinámica y compleja, la serie de los hermanos Duffer es prácticamente perfecta. Habrá quien arranque defectos, y de hecho alguno tiene, pero no solo se pueden pasar por alto, sino que entran dentro de la lógica narrativa de cualquier historia, lo que en la práctica convierte a este regreso a los años 80 en un producto impecable.

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