Los Oscar se abren al mundo con ‘Parásitos’ haciendo historia


Fellini, Truffaut, Rohmer, Lang, Cuarón, Almodóvar, Amenábar, Garci, Bertolucci, Bergman. Estos son solo algunos de los nombres de grandes directores de la historia del cine. Algunos consolidados, otros todavía labrándose un nombre. Pero ninguno de ellos ha logrado el hito histórico de Bong Joon-Ho (Snowpiercer) al ganar el Oscar a Mejor Película y Mejor Película Internacional. Un hecho sin precedentes que abre un nuevo camino muy importante para unos premios que desde hace algunos años buscan internacionalizarse (como demuestra la trayectoria de premios a Mejor Director) y convertirse en unos auténticos reconocimientos del cine mundial.

Pero a pesar de esos primeros pasos, la sorpresa ha llegado en esta 92ª edición de los Oscar, en un año de cambio como 2020. Más allá del análisis de vestidos, dinámica de la ceremonia o agilidad de los premiados, lo cierto es que la gala ha dejado muchos y muy interesantes momentos. La cinta surcoreana no solo se ha llevado los premios de las dos categorías de películas, sino que lo ha hecho con el de Director y Guión original. Es decir, cuatro de las categorías principales. Un éxito contundente y arrollador que, al igual que ocurrió en los Premios Goya hace unas semanas, obliga a mirar al otro lado y ver quienes han sido los mayores derrotados de la noche, con 1917Érase una vez en… Hollywood a la cabeza. Tan solo la segunda ha logrado un reconocimiento para Brad Pitt (Máquina de guerra) como Mejor Secundario, estatuilla que termina con décadas de injusto vacío para un actor que ha demostrado en numerosas ocasiones un talento más allá de su físico (sí, los hombres también sufren esas situaciones).

Lo cierto es que la victoria de Parásitos solo ha sido una sorpresa hasta cierto punto. O más bien, por el contexto en el que se ha producido. Que haya ganado Mejor Película y Mejor Película Internacional invita a pensar que en no demasiados años la segunda categoría quedará absorbida por la primera, tal vez creando una categoría con más nominados pero confirmando, efectivamente, el carácter global de los Oscar. Hasta que eso llegue, sin embargo, no deja de ser redundante que un título gane ambos premios, aunque no por eso es menos merecido. Joon-Ho compone una ácida crítica social a las clases con mayores recursos y su modo de tratar y reaccionar ante las clases más bajas, y al igual que el resto de nominadas tenía muchas posibilidades de lograr las estatuillas que finalmente ha logrado. Un ejercicio cinematográfico bello, complejo, con numerosas lecturas. Tal vez carente de la fuerza narrativa de la cinta bélica o de la riqueza visual del homenaje al Hollywood de finales de los 60, pero en todo caso impactante por sus lecturas éticas y morales.

El problema de esta entrega de los Oscar es que, salvo esa isla que representa Parásitos, la gala ha transcurrido sin grandes sorpresas, en un tono sin tanto humor como otros años aunque con la misma espectacularidad de sus números musicales, castellano y español incluidos (alguien debería explicar a Estados Unidos el error de lenguaje cometido, como deberían explicarles que un español como Antonio Banderas no es un hombre de color, tal y como se entiende en el resto del mundo este concepto). Polémicas a un lado, ninguna sorpresa entre los cuatro premios de interpretación, poca novedad en el reparto de los galardones más técnicos y, en todo caso, algo inesperado el premio a Toy Story 4, imponiéndose a esa dulce historia de Klaus, que certifica una noche aciaga para la representación española.

Ahora queda por saber si lo ocurrido en esta edición de los premios cinematográficos más importantes del mundo va a seguir teniendo recorrido o se va a quedar en una anécdota. Hollywood no es famoso por cambiar rápidamente. Los gigantes raramente lo hacen. Pero desde luego que se avecinan cambios. Y a mi modo de ver, cambios positivos que abren la mirada a otras culturas, a otras formas de entender el cine, enriqueciendo este arte en un momento en el que cada vez parece imponerse un mensaje más conservador con políticas que rechazan aquello que procede de fuera. En este contexto, el cine vuelve a convertirse en un lenguaje transgresor, de oposición a ideologías conservadoras y retrógradas, y los Oscar en los premios del cine en su más amplio sentido.

A continuación encontraréis la lista de Ganadores de la 92ª edición de los Oscar.

Mejor película: Parásitos.

Mejor director: Bong Joon-Ho, por Parásitos.

Mejor actor principal: Joaquin Phoenix, por Joker.

Mejor actriz principal: Renée Zellweger, por Judy.

Mejor actriz de reparto: Laura Dern, por Historia de un matrimonio.

Mejor actor de reparto: Brad Pitt, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor película de animación: Toy Story 4.

Mejor película internacional: Parásitos, de Bong Joon-Ho (Corea del Sur).

Mejor guión adaptado: Taika Waititi, por Jojo Rabbit.

Mejor guión original: Bong Joon-ho y Han Jin Won, por Parásitos.

Mejor documental: American Factory, de Julia Reichert, Steven Bognar y Jeff Reichert.

Mejores efectos visuales: Guillaume Rocheron, Greg Butler y Dominic Tuohy por 1917.

Mejor fotografía: Roger Deakins, por 1917.

Mejor montaje: Michael McCusker y Andrew Buckland, por Ford v Ferrari.

Mejor diseño de producción: Barbara Ling y Nancy Haigh, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor vestuario: Jacqueline Durran, por Mujercitas.

Mejor maquillaje: Kazu Hiro, Anne Morgan y Vivian Baker por El escándalo (Bombshell).

Mejor banda sonora: Hildur Guðnadóttir, por Joker.

Mejor canción original: Elton John y Bernie Taupin por ‘(I’m Gonna) Love Me Again’, de Rocketman.

Mejor mezcla de sonido: Mark Taylor y Stuart Wilson, por 1917.

Mejor edición de sonido: Donald Sylvester, por Ford v Ferrari.

Mejor cortometraje: The Neighbors’ Window, de Marshall Curry.

Mejor corto animado: Hair Love, de Matthew A. Cherry & Karen Rupert Toliver.

Mejor corto documental: Learning to Skateboard in a Warzone (If You’re a Girl), de Carol Dysinger y Elena Andreicheva.

‘Judy’: Las consecuencias de volver de Oz


Las películas biográficas son peligrosas por muchos motivos. Cinematográficamente hablando, el riesgo radica en lograr resultar atractivas más allá de la transformación del actor o actriz de turno, es decir, en ofrecer una historia no solamente fascinante, sino un relato apasionante. Y algo de esto y de lo otro tiene Judy, el biopic sobre Judy Garland que adapta a la gran pantalla Robert Goold (Una historia real) a partir del musical.

Tal vez otro director habría sacado más provecho al material. O tal vez habría sido necesario un guión diferente que ahondase más en los aspectos más trágicos de la vida de la protagonista de El mago de Oz (1939). Sea como fuere, lo cierto es que la película parece diseñada para lograr que Renée Zellweger (Toda la verdad) logre un segundo Oscar. La actriz logra una transformación física sencillamente incomparable, no solamente por el maquillaje o las prótesis, ni siquiera por adelgazar como ha adelgazado. La postura del cuerpo, eternamente encorvada, su forma de andar, … todo en ella refleja la decadencia de una mujer incapaz de superar sus problemas. Lo cierto es que compone un personaje único que, todo hay que decirlo, se completa magistralmente con los breves pero importantes flashbacks sobre su terrible infancia.

De hecho, posiblemente sea lo más interesante de todo el film, salvo claro está la propia Zellweger. A través de las miradas al pasado de Garland descubrimos una infancia marcada por las pastillas, por una tortura física y mental que ni siquiera un adulto podría soportar, no digamos ya una niña. La frialdad con la que se trata a la joven estrella en el desalmado mundo de Hollywood, más que compasión, genera rechazo hacia unos hombres y mujeres que solo buscaban un beneficio independientemente de la salud de la pequeña. Pastillas para no comer y mantenerse delgada que la quitaban el sueño; pastillas para poder dormir… lo poco que le dejaban los continuos rodajes. Todo eso queda reflejado en unos pocos minutos que, sin embargo, no son suficientes para despertar el interés en el resto de la película, excesivamente lineal en su desarrollo y en el tratamiento visual que le da Goold.

De hecho, Judy perfectamente podría ser una película directa a televisión si no fuera por los nombres que respaldan el film. La historia está narrada sin personalidad, el guión carece de la fuerza dramática que cabría presumirle teniendo en cuenta el dramático final que narra. Tan solo la música, la actuación de todo el reparto, con Zellweger a la cabeza, y esos breves momentos de escape al pasado logran despertar de la monotonía de esta película. Momentos que se antojan como una salida al mundo mágico de Oz en el que creció la pequeña Judy Garland, pero que terminan convirtiéndose en una pesadilla al volver de esa tierra y pisar la realidad.

Nota: 6,5/10

Almodóvar triunfa en la 34 edición de los Goya semanas antes de los Oscar


No es que tenga una relación directa, pero desde luego los Goya celebrados ayer sábado 25 de enero y los Oscar que tendrán lugar en unas semanas tienen algo en común. Ambos tenían en las principales categorías a Antonio Banderas y a Pedro Almodóvar por Dolor y gloria. Y si de algún modo los premios españoles pueden reflejar una tendencia, podríamos estar hablando de un gran año para el actor y el director. Sobre todo para el primero, que recibía pasada la medianoche el primer ‘cabezón’ por un trabajo de su exitosa y larga carrera. En total, 7 premios para la película en esta 34 edición, algo previsible para todos los aficionados.

Y que sean previsibles no implica que no haya habido alguna que otra injusticia, algo lógico teniendo en cuenta que cuando hay un ganador tan claro suele haber igualmente un perdedor evidente. Y en este caso ha sido Mientras dure la guerra, el extraordinario film de Alejandro Amenábar (Ágora) sobre el golpe de Estado y el inicio de la Guerra Civil a través de la figura de Unamuno. La película, con 5 premios, ha recibido fundamentalmente todas las estatuillas técnicas, salvo Eduard Fernández (Todos lo saben), quien con su interpretación de José Millán-Astray no solo compone un personaje inolvidable, sino que sostiene buena parte de la tensión dramática e interpretativa con Karra Elejalde (Ocho apellidos catalanes), quien en esta ocasión poco podía hacer ante Banderas. Fernández, junto a Belén Cuesta como Mejor Actriz por La trinchera infinita, son las dos únicas notas discordantes en la sinfonía que Dolor y gloria ha compuesto en las principales categorías.

Pero a pesar de la poca sorpresa que haya podido generar esta 34 edición de los Premios Goya, eso no ha impedido que haya habido premios emotivos y, a todas luces, representativos de que en el cine español todavía hay cierta esperanza más allá de grandes directores, consolidados actores y grandes circuitos de productoras. El premio de Benedicta Sánchez por Lo que arde es un ejemplo de que una pasión puede perseguirse a la edad que sea, y que un gran trabajo siempre tiene su recompensa, en este caso como un Goya a Mejor Actriz Revelación. Y en una edición eminentemente masculina, algo que fue criticado en algún que otro momento de la gala, es importante destacar el futuro de la dirección en España con el premio a Belén Funes por La hija de un ladrón.

Poco que comentar deja una edición de los Goya en la que costó que el humor reinara, excesivamente larga para los premios que se otorgaron (como suele ser habitual) y un tanto sobria para el carácter festivo de una cita de estas características. Tal vez precisamente por la falta de sorpresa en los premiados, la gala deja en el recuerdo pocos momentos estelares, aunque sí algunos interesantes discursos como el de Benedicta Sánchez, Antonio Banderas y Pedro Almodóvar, quien hizo un alegato en favor de ese cine alejado de las grandes productores, aquel en el que muchas veces se encuentra un talento nuevo y desconocido capaz de romper con los modelos ya establecidos, y que poco a poco se está muriendo al no contar ni con la ayuda ni con la atención de administraciones y productores.

Ganadores de la XXXIV edición de los Premios Goya

Mejor Película: Dolor y gloria.

Mejor Dirección: Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria.

Mejor Dirección Novel: Belén Funes, por La hija de un ladrón.

Mejor Guión Original: Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria.

Mejor Guion Adaptado: Benito Zambrano, Daniel y Pablo Remón, por Intemperie.

Mejor Música Original: Alberto Iglesias, por Dolor y gloria.

Mejor Canción Original: ‘Intemperie’, por Intemperie, de Javier Ruibal.

Mejor Actor Protagonista: Antonio Banderas, por Dolor y gloria.

Mejor Actriz Protagonista: Belén Cuesta, por La trinchera infinita.

Mejor Actor de Reparto: Eduard Fernández, por Mientras dure la guerra.

Mejor Actriz de Reparto: Julieta Serrano, por Dolor y gloria.

Mejor Actor Revelación: Enric Auquer, por Quien a hierro mata.

Mejor Actriz Revelación: Benedicta Sánchez, por Lo que arde.

Mejor Dirección de Producción: Carla Pérez de Albéniz, por Mientras dure la guerra.

Mejor Dirección de Fotografía: Mauro Herce, por Lo que arde.

Mejor Montaje: Teresa Font, por Dolor y gloria.

Mejor Dirección Artística: Juan Pedro de Gaspar, por Mientras dure la guerra.

Mejor Diseño de Vestuario: Sonia Grande, por Mientras dure la guerra.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Ana López-Puigcerver, Belén López-Puigcerver y Nacho Díaz, por Mientras dure la guerra.

Mejor Sonido: Iñaki Díez, Alazne Amextoy, Xanti Salvador y Nacho Royo-Villanova, por La trinchera infinita.

Mejores Efectos Especiales: Mario Campoy e Iñaki Madariaga, por El hoyo (The Platform).

Mejor Película de Animación: Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó.

Mejor Película Documental: Ara Malikian, una vida entre las cuerdas, de Nata Moreno.

Mejor Película Iberoamericana: La odisea de los giles, de Sebastián Borensztein.

Mejor Película Europea: Los miserables, de Ladj Ly.

Mejor Cortometraje Documental: Nuestra vida como niños refugiados en Europa, de Silvia Venegas Vengas.

Mejor Cortometraje de Ficción: Suc de Síndria, de Irene Moray.

Mejor Cortometraje de Animación: Madrid 2120, de José Luís Quirós y Paco Sáez.

Los Oscar dejan alguna sorpresa entre unas nominaciones previsibles


En líneas generales, las nominaciones de la 92 edición de los Oscar conocidas este lunes cumplen con las quinielas que, en mayor o menor medida, se habían realizado en las últimas semanas y, más concretamente, a raíz de los premiados en los Globos de Oro. Ahora solo queda esperar a conocer si la Academia de Hollywood decide empezar a reconocer con alguna estatuilla las producciones destinadas a televisión, que por el momento ya empiezan a competir con las películas para la gran pantalla. Pero antes de llegar a ese 9 de febrero en el que se conocerán los ganadores, estas nominaciones dejan alguna que otra sorpresa dentro de unas categorías, por otro lado, bastante previsibles.

Posiblemente una de las mayores olvidadas sea Puñales por la espalda, que tan solo logra una nominación al Mejor Guión Original. Coincidencia o no, la categoría de Mejor Película, que puede albergar hasta 10 títulos, en esta edición tan solo tiene 9, lo que invita a pensar en los motivos por los que una comedia de intriga como esta, aplaudida por crítica y público, no ha tenido algo más de reconocimiento por parte de la industria. Y no hablo ya a su director, sino sobre todo a su espléndido reparto, con Ana de Armas (Blade Runner 2049) a la cabeza. Pero este es solo uno de los casos más llamativos. En esta categoría de “olvidadas” podríamos incluir también Richard Jewell, lo último de Clint Eastwood (Million Dollar Baby) que solo ha visto reconocida la extraordinaria labor de Kathy Bates (Una cuestión de género).

Precisamente la oscarizada actriz compite en una categoría en la que encontramos, entre otras, a Florence Pugh, quien ha sido nominada por su labor en Mujercitas, película que compite en algunas de las principales categorías. Personalmente creo que su trabajo en el film es de lo mejor del conjunto, aunque la presencia de Pugh por esta adaptación hace recordar la ausencia de Midsommar, película que por sus características era más que evidente que no entraría en las quinielas, pero eso no implica que no se siga siendo una injusticia con un film perturbador y complejo. Junto a las ausencias, como es habitual, algunas sorpresas o, por lo menos, algunos nombres propios como el de Antonio Banderas, que compite como Mejor Actor por Dolor y Gloria contra los todopoderosos Joaquin Phoenix (Joker), Adam Driver (Historia de un matrimonio) y Leonardo DiCaprio (Érase una vez en… Hollywood).

Las nominaciones de esta 92 edición dejan igualmente algunas curiosidades. Por ejemplo, que una de las películas más nominadas (y la que parece con más posibilidades de llevarse los principales premios), 1917, no tenga ningún actor nominado, así como que tampoco esté en la categoría de Mejor Montaje. No es de extrañar, dado que los actores, todos ellos más que notables, no son la parte fundamental del film de Sam Mendes, que no tiene montaje alguno al ser un único plano secuencia. También hay que apuntar la doble nominación de Scarlett Johansson como Mejor Actriz y Mejor Actriz Secundaria, la primera por Historia de un matrimonio y la segunda por Jojo Rabbit, ambas películas con nominaciones en las principales categorías.

Y junto a ellas, algunas nominaciones para producciones españolas como Dolor y Gloria (Mejor Película Extranjera) y Klaus (Mejor Película Animada) y, sobre todo, la sorpresa de Parásitos. O mejor dicho, la sorpresa que puede dar en la entrega de premios. Sus nominaciones, más o menos previsibles, la pueden coronar como Mejor Película y Mejor Película de Habla No Inglesa, amén de recibir premios al Mejor Director o al Mejor Guión Original. Pero para eso, como decía al comienzo, habrá que esperar al 9 de febrero. Por lo pronto, las previsiones se van cumpliendo y 1917Érase una vez en… HollywoodEl irlandés acaparan la mayor cantidad de nominaciones.

A continuación podréis encontrar el listado con todas las nominaciones de la 92 edición de los Oscar.

Los Globos de Oro mantienen una división entre cine y televisión cada vez menos clara


La edición de los Globos de Oro de este 2020, que reconoce a las mejores películas y series del pasado año, deja muchas consecuencias interesantes más allá de premiados, discursos y anécdotas. Y es que, le pese a quien le pese, este podía haber sido el año de Netflix. O mejor dicho, el año en el que cine y televisión podrían haber borrado esa especie de línea roja invisible que les separa. Pero habrá que esperar al menos otros 365 días si los Oscar no lo evitan.

Que algo está cambiando en el paradigma audiovisual es evidente. El consumo de producciones ya no se circunscribe a las salas de cine para las películas y al salón de casa para las series. La frontera entre ambas ha desaparecido, y eso es lo que han reflejado las nominaciones de El irlandés, Historias de un matrimonio o Los dos papas. Pero los cambios en el mundo especializado son más lentos que entre los aficionados, y los premios han recaído en producciones enfocadas a las salas de cine. No quiere esto decir que 1917 o Érase una vez en… Hollywood no merezcan los premios, sobre todo actores un poco infravalorados en estas galas como Brad Pitt, pero sí da la sensación de que se ha evitado premiar una plataforma como Netflix en categorías cinematográficas en las que no suele competir.

Ahora, como decimos, queda por ver qué hace la Academia de Hollywood, verdadero faro para muchos aficionados y profesionales del sector. Pero desde luego, los Globos de Oro siempre han sido la llamada antesala de estos premios, y a tenor de lo vivido todo apunta a que algunos premios estarán bastante claros y otros se disputarán entre algunas de las películas que más han sonado en los últimos meses. Que Sam Mendes y su visión sobre la I Guerra Mundial hayan resultado triunfadores en dos de las principales categorías suponen un premio a un esfuerzo narrativo y audiovisual excepcional, tanto por la compleja puesta en escena como por el componente dramático de la propuesta. Y lo mismo podría aplicarse a la obra de Quentin Tarantino, todo un ejercicio milimétricamente elaborado, puede que algo largo en su duración pero indudablemente bello y efectivo en su ejecución.

No cabe duda de que los grandes perjudicados son los nombres propios detrás de las producciones de Netflix, en concreto Martin Scorsese. Posiblemente sea algo más propio de los críticos de la prensa internacional que de los miembros de una academia que encontrará en El irlandés un homenaje a un tipo de cine muy apreciado, tradicional, artesano y, sobre todo, con un reparto extraordinario. Lo que merece una mención especial es también el reconocimiento a Joaquin Phoenix y Taron Egerton, ambos dando vida a personajes icónicos de la cultura popular de las últimas décadas (Joker y Elton John respectivamente, el primero ficticio y el segundo real). Más allá de las evidentes diferencias entre ambos, en realidad tienen puntos en común de cara a los premios, pues mientras el primero supone un transformación física para un rol dramático y sumamente complejo, el segundo es un biopic sobre un icono de la música con un lenguaje visual propio y una implicación del actor que siempre suele dar réditos, como es el caso de esta 77 edición de los Globos de Oro.

Respecto a las series, varias puntualizaciones. La primera, que esta edición parece abrir el abanico a nuevas producciones, alejándose de veteranas que han triunfado en anteriores galas. Y es algo que merece la pena ser aplaudido y reconocido, pues permite a muchos espectadores acercarse a nuevas series y miniseries que, tal vez de otro modo, no habrían conocido o simplemente habrían desechado entre la cada vez mayor oferta audiovisual en las diferentes plataformas. La segunda, que se sigue consolidando el trasvase de nombres propios del cine a la televisión, de las películas a las series, lo que da buena cuenta de la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Curiosamente, no ocurre lo mismo, o al menos no en la misma proporción, en sentido opuesto, lo que debería invitar a una reflexión.

Estos Globos de Oro son, por tanto, un claro indicativo de que algo está cambiando en el mundo del entretenimiento y la producción audiovisual. O mejor dicho, que el cambio que comenzó hace años se está confirmando poco a poco, borrando esas diferencias entre cine y televisión que durante décadas han predominado. Pero todavía existen, o parecen existir, ciertas reticencias a premiar la calidad de las producciones para la pequeña pantalla. Todo llegará, de eso no cabe duda, pero hasta que eso ocurra podremos seguir disfrutando de un mundo más rico y con una mayor oferta, pero en el que también deberemos estar más pendientes de los productos de mayor calidad en un universo saturado de ficciones.

CATEGORÍAS CINEMATOGRÁFICAS

Mejor Película Dramática: 1917.

Mejor Película Comedia/Musical: Érase una vez en… Hollywood.

 Mejor Director: Sam Mendes, por 1917.

Mejor Actor Dramático: Joaquin Phoenix, por Joker.

Mejor Actor Comedia/Musical: Taron Egerton, por Rocketman.

Mejor Actriz Dramática: Renée Zellweger, por Judy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Awkwafina, por The Farewell.

 Mejor Actor Secundario: Brad Pitt, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Actriz Secundaria: Laura Dern, por Escenas de un matrimonio.

Mejor Guión: Quentin Tarantino, por Érase una vez en… Hollywood.

Mejor Banda Sonora: Hildur Guđnadóttir, por Joker.

Mejor Canción: Elton John & Bernie Taupin, por ‘I’m gonna love me again’, de Rocketman.

Mejor Película en Lengua Extranjera: Parásitos (Corea del Sur).

Mejor Película de Animación: Mr. Link, el origen perdido.

 

 CATEGORÍAS DE TELEVISIÓN

Mejor Serie Drama: Succession.

Mejor Actor Drama: Brian Cox, por Succession.

Mejor Actriz Drama: Olivia Colman, por The crown.

Mejor Serie Comedia: Fleabag.

Mejor Actor Comedia/Musical: Ramy Youssef, por Ramy.

Mejor Actriz Comedia/Musical: Phoebe Waller-Bridge, por Fleabag.

Mejor Miniserie/Telefilme: Chernobyl.

Mejor Actor Miniserie/Telefilme: Russell Crowe, por La voz más alta.

Mejor Actriz Miniserie/Telefilme: Michelle Williams, por Fosse/Verdon.

Mejor Actor Secundario Serie/Miniserie/Telefilme: Stellan Skarsgård, por Chernobyl.

Mejor Actriz Secundaria Serie/Miniserie/Telefilme: Patricia Arquette, por The act.

‘The World of Hans Zimmer’, el cine hecho música


Es una obviedad, pero una película es en realidad un conjunto de elementos que funcionan de forma armónica entre ellos. Fotografía, interpretación, encuadre, montaje, sonido y, por supuesto, música. Normalmente la imagen prevalece sobre la música, pero hay ocasiones en que una banda sonora trasciende los límites de la propia película para tener vida propia, para narrar más allá de lo visto en pantalla. Varios miles de afortunados han podido comprobarlo y disfrutarlo en The World of Hans Zimmer, un espectáculo sonoro y visual que convierte el cine en música, pero sobre todo permite comprender cómo el séptimo arte no sería nada sin la música.

Zimmer ha sido siempre un compositor diferente, transgresor, innovador. Su trabajo en Rain Man (1988) marcó un antes y un después en la forma de entender una banda sonora, introduciendo instrumentos poco habituales en las orquestas más clásicas. Esta fusión de modernidad y clasicismo es lo que ha definido en muchas ocasiones su música, y es algo que se aprecia sobremanera en este concierto de tres horas de duración que hace un repaso por las grandes músicas de éxitos como Misión: Imposible 2 (2000), Rush (2013), Gladiator (2000), El Rey León (1994) o Piratas del Caribe: En el fin del mundo (2007). Todas ellas diferentes, es cierto, pero todas ellas con nexos de unión que pueden apreciarse claramente observando los instrumentos utilizados por el compositor a la hora de narrar emociones y aportar un nuevo sentido a las imágenes grabadas por el director.

Porque eso es lo que permite el espectáculo. A través de varias pantallas el espectador puede observar a una orquesta interpretando una música y ver al mismo tiempo los fragmentos de película a los que se corresponde dicha banda sonora. El cine acompañando a la lírica por primera vez, en lugar de al revés. Y como decía antes, esto permite apreciar con mayor precisión el sentido de cada instrumento, amén de obtener una mayor emotividad y profundidad emocional de muchos de los temas interpretados. Ya he mencionado esa combinación de violines, pianos o flautas con guitarras eléctricas, baterías, acordeones o xilófonos. Pero lo más interesante son los efectos dramáticos que se consiguen con ellos.

Así, la percusión de timbales, baterías o tambores, con sus graves sonidos capaces de imponerse sobre los agudos de los instrumentos de cuerda y de viento más pequeños, aportan a películas como Rush una mayor adrenalina en las carreras de coches, y generan una mayor tensión en batallas épicas como las de GladiatorEl rey Arturo (2004). A pesar de la maestría de los directores, muchas de las secuencias no adquirirían la fuerza que las ha convertido en clásicos si no fuera por esta música compuesta por Zimmer, quien es capaz de combinar lirismo y épica, misticismo y trascendencia emocional al combinar no solo instrumentos, sino violines y xilófonos con coros de voces, creando un efecto de misterio idóneo, por ejemplo, para El código Da Vinci (2006).

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Pero Hans Zimmer no solo ha innovado en este sentido. La genialidad de este compositor ganador de un único Oscar por El Rey León está en su capacidad para combinar instrumentos propios de cada cultura que se aborda en las películas en las que trabaja. Guitarra española, ritmos africanos, esencias caribeñas, … A pesar de utilizar siempre una base orquestal más tradicional, el compositor trata de incorporar en todo momento aquello que define a la historia, que le da alma. El concierto The World of Hans Zimmer lo muestra claramente. Más allá de las explicaciones que ofrece el autor antes de cada segmento, el hecho de comprobar cómo funcionan los instrumentos, cómo se suman unos a otros en diferentes momentos de la composición, permite comprender cómo funciona la narrativa sonora.

Por ejemplo, la felicidad, la alegría, el amor, … emociones todas ellas capaces de transmitirse con una combinación de viento y cuerda que se alternan y modifican sus ritmos para transmitir los diferentes estados sentimentales. El violonchelo, más grave, permite introducir pasión, misterio, y apelar a los instintos más primarios del ser humano, apelando a ellos en los momentos más oscuros de un relato. Efecto parecido es el que logra este instrumento fusionado con la flauta, aunque en este caso se aporta cierto misticismo, algo de ocultismo y fantasía. Y es posible comprender todo ello al ver a los músicos por encima de la película, ver el funcionamiento de la orquesta por delante de las imágenes en movimiento. Dicho de otro modo, el cine se convierte en música, y por una vez es esta la que prevalece sobre el primero. Mención aparte merece ese momento en el que Zimmer, en una grabación proyectada en pantalla, empieza a tocar el piano y la orquesta, en directo, se suma a la interpretación musical. Sencillamente sobrecogedor.

Lo cierto es que The World of Hans Zimmer es todo un espectáculo, pero lo es por lograr que la música prevalezca. Una música que tiene vida propia lejos de las películas para las que fue compuesta, pero que adquiere toda su grandiosidad interpretada en el contexto de las secuencias proyectadas en las pantallas. Esta fusión inversa a la que suele verse en una sala de cine es la que permite comprender la importancia de una banda sonora, el delicado equilibrio de instrumentos y, en el caso que nos ocupa, la genialidad de un creador que no duda en recurrir a todo tipo de instrumentos, voces y recursos sonoros para crear partituras inmortales. Destaca en este sentido la presencia de Lisa Gerrard cantando junto a la orquesta, un momento inolvidable que demuestra que la música de Gladiator cambió por completo el sentido de un género como el peplum.

Hans Zimmer es, ante todo, un innovador. Esto no quiere decir que sea mejor o peor que otros compositores, pero sí le permite una versatilidad mucho mayor. Y sobre todo, permite identificarle con un estilo narrativo inconfundible. Del mismo modo que John Williams, autor de la música de sagas como La guerra de las galaxiasParque Jurásico, o Danny Elfman, vinculado tradicionalmente al cine de Tim Burton (Beetlejuice), pueden identificarse casi con las primeras notas, las obras de Zimmer pueden comprenderse apreciando una plasticidad única, ofreciendo al espectador siempre una modernidad al clasicismo propio de las composiciones. Independientemente de que la historia que se narra en pantalla sea clásica o moderna, dramática o cómica, este compositor introduce siempre un toque innovador, diferente, dinámico. Un toque personal que en este espectáculo se aprecia y se disfruta.

‘First Man (El primer hombre)’: un pequeño paso para el cine


¿Podría Damien Chazelle (Whiplash) realizar una película sin la música como eje principal? Esa pregunta se planteó tras el anuncio de que el viaje a la Luna de Neil Armstrong iba a ser su nuevo proyecto. Ahora, dicha duda queda resuelta en un relativo ‘No’. Porque la realidad es que la música sigue teniendo un papel fundamental en la historia, pero el pulso narrativo y dramático que el joven director demostró en sus dos anteriores films se diluye en exceso en el intimismo que imprime al relato.

Lo que sí vuelve a demostrar Chazelle es un lenguaje audiovisual único, bello, magistralmente ejecutado para transportar al espectador al universo que crea en cada film. En este sentido, First Man (El primer hombre) nos convierte en astronautas por un día, metiéndonos en la piel de Armstrong y compartiendo su punto de vista, sus sentimientos, sus miedos y sus logros. En este sentido, la práctica ausencia de planos generales combinada con planos cortos y subjetivos crean esa sensación de angustia en muchos momentos del relato. Bajo esta premisa, resulta interesante analizar la narrativa de los despegues o el alunizaje, así como los viajes espaciales, alejados de espectaculares planos en la inmensidad del universo para situarnos en lo poco que se ve desde el interior de un traje de astronauta.

El principal problema se halla, por tanto, en el propio guión. El pulso narrativo es sumamente irregular, incapaz de abordar los verdaderos sentimientos de fondo del protagonista, presentado como un hombre frío con sentimientos muy encerrados en su interior. La cinta, aunque plantea algunos conflictos emocionales, no ahonda demasiado en ellos, limitándose a relatar la carrera espacial y el trabajo de los astronautas sin dedicar demasiado tiempo, por ejemplo, al impacto de la prematura muerte en el seno familiar, siempre presente pero nunca analizada en detalle. Asimismo, las diferentes historias secundarias sencillamente se quedan en una suerte de contexto a la del protagonista.

Desde luego, First Man (El primer hombre) podría dar más de sí… o tal vez no. La sensación de estar ante una historia sin mayor épica que la de poner un pie en la Luna y escuchar la histórica frase se agranda a medida que pasan los minutos. Ni la labor maravillosa de Chazelle tras las cámaras ni la de los actores delante de ellas (el reparto está sencillamente perfecto) pueden disimular la falta de garra dramática de la historia, que se limita a relatar hechos sin entrar demasiado en los aspectos más polémicos y conflictivos del relato (los muertos del programa espacial, los conflictos personales y familiares, la competición espacial con la URSS, etc.). La cinta lo mira todo desde un punto de vista personal, pero parece olvidarse que en esa perspectiva también tienen cabida el resto de elementos que conforman el mundo que nos rodea. Lo que hizo Armstrong fue un gran paso para la Humanidad; lo que ha hecho Chazelle es un pequeño paso para el cine.

Nota: 6,5/10

‘Predator (2018)’: regresa el cine de los 80


Es difícil enfrentarse a un clásico. Ya sea dirigiendo un remake o una secuela, cuando un film alcanza esa categoría el resultado de continuar su estela no suele ser demasiado satisfactorio. Las numerosas películas con el Depredador como protagonista son un buen ejemplo, de ahí que esta nueva secuela pueda generar, en principio, cierto recelo. Pero solo en principio.

De hecho, las dudas quedan resueltas en los primeros minutos de Predator gracias a un guión que tampoco se toma a sí mismo demasiado en serio y a un director, Shane Black (Kiss Kiss, Bang Bang) que vuelve a demostrar su pericia tras las cámaras dotando al conjunto de un dinamismo incomparable y constante, equilibrando perfectamente las secuencias de acción (algunas realmente espectaculares) con la mínima trama que sostiene la cinta. Sin embargo, nada funcionaría si la película no conociera al dedillo su lugar dentro de la saga. Esto permite al guión constantes referencias al film original de 1987, pero también homenajear un tipo de cine que parece extinguido, y que en cierto modo se recupera con la ironía suficiente como para que no se convierta en una amalgama de clichés.

Dicho de otro modo, la película entretiene, es dinámica y divertida, y contiene una violencia acorde a los nuevos tiempos. Todo ello, evidentemente, deja agujeros relativamente importantes en el guión que el espectador puede optar por engrandecerlos o por dejarse llevar y superarlos sin mayores problemas. Asimismo, la película introduce elementos un tanto fuera de lugar que no terminan de encajar del todo en el concepto original de la criatura. Pero dejando a un lado esas ideas, que por otro lado se pueden achacar a la evolución de los tiempos, lo cierto es que la cinta se revela como una digna secuela.

Desde luego, Predator es la mejor de las secuelas modernas, una historia sencilla pero bien construida, que introduce al espectador de forma directa en una espiral de acción, humor y violencia en la que los actores, todos ellos sin excepción, disfrutan como nunca, y eso se traslada no solo a sus personajes, sino al conjunto del relato. Con especial mención a Sterling K. Brown (Marshall) como villano de turno; sencillamente impecable. Se puede decir que la nueva cinta de Black es una regresión a un tipo de cine perdido, un cine de puro entretenimiento, de tramas lineales, con pocos puntos de giro pero bien construidas, y que a pesar de ciertas incongruencias de guión terminan dejando un buen sabor de boca.

Nota: 7/10

‘Ready Player One’: el Oasis de la cultura pop


Aviso a navegantes. Lo nuevo de Steven Spielberg (Minority report) es una experiencia visual y nostálgica inigualable, pero también esconde una notable crítica social. Y esta dualidad es lo que convierte a esta aventura de ciencia ficción en una obra espléndida. Puede que no guste a aquellos que hayan sido ajenos a la cultura de los años 80 y 90, pero aunque solo se conozcan algunos de los personajes que han poblado la imaginación de generaciones durante estas décadas la película se disfrutará de un modo que cada vez resulta más difícil experimentar.

Por supuesto, Ready Player One es ante todo un entretenimiento en su máxima expresión. El guión, perfectamente estructurado aunque algo carente de importantes giros dramáticos, presenta en apenas unos pocos segundos el contexto social en el que se desarrolla la trama, pasando rápidamente a introducirse en lo más relevante de la acción y aprovechando las impecables secuencias de acción para hacer avanzar un argumento que a muchos les recordará a algún videojuego que les dejó huella en su infancia. Con una música inolvidable y unos efectos visuales que ya quisieran muchas películas, Spielberg se da un festín referencial de una cultura que necesita ser reivindicada como una parte fundamental de todo lo que actualmente vivimos. A esto se suma un reparto notable y una estructura dramática bien construida, con pilares sólidos sobre los que asentar posteriormente el importante mensaje (una suerte de huevo de Pascua) que esconde el film.

Siempre he pensado que la ciencia ficción es el mejor género para mostrar y contar los problemas de la sociedad, y por eso este film basado en la novela de Ernest Cline es capaz de sobrepasar el mero entretenimiento. La verdad es que no podría esperarse menos de Spielberg. Sus efectos especiales, la agilidad del lenguaje visual del director o las constantes referencias no impiden apreciar que la cinta, en realidad, habla de un mundo incapaz de vivir en el mundo real, obsesionado con escapar de una rutina que le asquea y que busca una salida en una realidad virtual en la que nadie es quien dice ser y todos se ocultan detrás de una identidad falsa. Un videojuego a escala global que permite interactuar con personas de todo el planeta, hacer amigos y enamorarse sin ni siquiera conocerse físicamente. La idea de que lo único que se vive realmente es la vida real resume a la perfección no solo la moraleja de esta historia, sino el camino que está tomando una sociedad cuya visión está dirigida hacia una pantalla de móvil y no hacia quienes están junto a nosotros.

Aunque a Ready Player One puede faltarle algo de fuerza en algunos momentos clave, lo cierto es que su carácter juvenil y aventurero, amén del espectáculo visual que supone ver y escuchar tantos referentes de la cultura pop en ese Oasis, convierten a esta aventura en algo diferente, fresco, dinámico y, ante todo, digno de disfrutar. Una película que invita a reflexionar sobre el camino que toma la sociedad mientras nuestros sentidos se deleitan con la música, los personajes y las criaturas que han nutrido la imaginación de la sociedad y de muchas generaciones durante décadas. A muchos su estructura de videojuego les puede resultar extraña, pero lo cierto es que no deja de ser la misma que la de cualquier otro relato con el que nos hemos maravillado cuando éramos más jóvenes. Y conseguir que volvamos a nuestra juventud siempre es algo admirable.

Nota: 8/10

Los Goya más femeninos premian a ‘La librería’ y ‘Handia’


No me gusta demasiado poner etiquetas a los premios de cualquier academia de cine. Conozco, aunque sea de forma tangencial, los intereses y el modo en que se trabajan las candidaturas y los ganadores, y en ocasiones tiene poco que ver con la calidad artística de las obras, los directores, los actores y actrices o los guionistas. Pero este 2018 la gala de la 32 edición de los Goya sí ha estado marcada por las mujeres profesionales del sector. Ya sea en los premios o en el desarrollo de la cita, las mujeres han tenido protagonismo. Y aunque estoy totalmente de acuerdo en que el género femenino no está tan reconocido en los premios como debería (al menos no de un modo directamente proporcional a la cantidad de profesionales femeninas que trabajan en el cine), también considero que el compromiso con una idea puede dar lugar a injusticias o juicios de valor equivocados.

Dado que a estas alturas todo el mundo sabrá, en mayor o menor medida, el listado de los premiados (que encontraréis de todas formas al final del texto), aprovecharé para abordar el punto de vista femenino de esta 32 edición. Resulta muy interesante comprobar cómo la campaña mediática para denunciar la discriminación que sufren las mujeres en las nominaciones de los premios ha coincidido con el hecho de que las principales categorías han ido a parar a manos de mujeres. Eso por no hablar del hecho de que dos de las principales candidatas, La libreríaVerano 1993, son historias dirigidas, escritas y protagonizadas por mujeres. Con todo, es incuestionable que son dos de las mejores películas del año.

A pesar de ello, estos Goya dejan alguna que otra injusticia. Las reivindicaciones de igualdad de género entre los nominados y los premiados se ha llevado por delante La llamada. Más allá de que sea mejor o peor película, me cuesta creer que solo haya obtenido un premio por la canción homónima de Leiva. Un proyecto nacido de la pasión de dos jóvenes, que triunfa noche tras noche en el teatro, que ha llevado a las salas de cine a una legión de seguidores de todo tipo, y que ha sabido encontrar la fórmula del éxito a partir de la humildad, debería haber tenido más reconocimientos. Sus directores han perdido ante Carla Simón, que se hizo con el Goya a Mejor Dirección Novel por Verano 1993, pero es que ninguna de sus actrices logró premio y, lo que es más llamativo, la banda sonora de una película musical resultó derrotada por la gran triunfadora de la noche, Handia. Invita a reflexionar sobre muchos aspectos de esta industria y cómo se mueven sus engranajes.

El resto, sorpresas y premios previsibles. Desde luego la mayor sorpresa ha sido que la película protagonizada por Eneko Sagardoy haya logrado hasta 10 estatuillas, la mayor parte de ellas técnicas pero con dos reconocimientos importantes: Guión Original y Actor Revelación. Entre los previsibles, Javier Gutiérrez por El autor. El actor lleva varios años a un nivel extraordinario, y este ha sido por fin la ocasión de reconocer un trabajo que se extiende por todos los género y tamaños de pantalla. Del resto, una gala polémica y, como viene siendo habitual, una duración excesiva. Pero no quiero terminar sin mencionar lo ocurrido con Verónica. Que una cinta de terror de estas características haya logrado colarse entre las nominadas a las principales categorías es todo un logro de un género que en España ha dado muchas alegrías. Solo cabe esperar que la Academia mantenga el camino iniciado y empiece a introducir más cintas de terror, fantásticas o de ciencia ficción entre los principales reconocimientos.

Pero como decía al comienzo, esto no debe ser por una imposición social o por un movimiento profesional que surja en ese año. Los premios deberían otorgarse única y exclusivamente por la calidad del trabajo realizado. Que sea un drama, una comedia, un thriller o una cinta de terror espacial debería de ser secundario. Lo mismo que el hecho de que el nombre detrás de ese trabajo sea el de un hombre o una mujer. Pero eso es como debería ser. La realidad siempre es muy diferente y mucho más compleja.

Ganadores de la XXXII edición de los Premios Goya

Mejor Película: La librería.

Mejor Dirección: Isabel Coixet, por La librería.

Mejor Dirección Novel: Carla Simón, por Verano 1993.

Mejor Guión Original: Aitor Arregi, Andoni de Carlos, Jon Garaño y José Mari Goenaga, por Handia.

Mejor Guion Adaptado: Isabel Coixet, por La librería.

Mejor Música Original: Pascal Gaigne, por Handia.

Mejor Canción Original: ‘La llamada’, de Leiva, por La llamada.

Mejor Actor Protagonista: Javier Gutiérrez, por El autor.

Mejor Actriz Protagonista: Nathalie Poza, por No sé decir adiós.

Mejor Actor de Reparto: David Verdaguer, por Verano 1993.

Mejor Actriz de Reparto: Adelfa Calvo, por El autor.

Mejor Actor Revelación: Eneko Sagardoy, por Handia.

Mejor Actriz Revelación: Bruna Cusí, por Verano 1993.

Mejor Dirección de Producción: Ander Sistiaga, por Handia.

Mejor Dirección de Fotografía: Javier Agirre Erauso, por Handia.

Mejor Montaje: Laurent Dufreche y Raúl López, por Handia.

Mejor Dirección Artística: Mikel Serrano, por Handia.

Mejor Diseño de Vestuario: Saioa Lara, por Handia.

Mejor Maquillaje y/o Peluquería: Ainhoa Eskisabel, Olga Cruz y Gorka Aguirre, por Handia.

Mejor Sonido: Aitor Berenguer, Gabriel Gutiérrez y Nicolas de Poulpiquet, por Verónica.

Mejores Efectos Especiales: Jon Serrano y David Heras, por Handia.

Mejor Película de Animación: Tadeo Jones 2. El secreto del Rey Midas, de David Alonso y Enrique Gato.

Mejor Película Documental: Muchos hijos, un mono y un castillo, de Gustavo Salmerón.

Mejor Película Iberoamericana: Una mujer fantástica, de Sebastián Lelio.

Mejor Película Europea: The Square, de Ruben Östlund.

Mejor Cortometraje Documental: Los desheredados, de Laura Ferrés.

Mejor Cortometraje de Ficción: Madre, de Rodrigo Sorogoyen.

Mejor Cortometraje de Animación: Woody & Woody, de Jaume Carrió.

Diccineario

Cine y palabras

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