‘Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres’: Larsson según Fincher


Fotograma de 'Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres', de David Fincher.

Siendo sincero, no me acerqué a la nueva versión de ese fenómeno de masas literario y cinematográfico que es la saga Millennium con la intención de ver algo novedoso. Más bien, por ver la mano de un maestro como David Fincher en una historia puramente sueca. Europa pasada, de nuevo, por el tamiz americano.

Un tamiz que, sin embargo, respeta las grandes líneas argumentales, aunque modifica la sucesión de hechos final y lo convierte en algo más cercano para el espectador universal. El estilo del director de  La red social se deja ver en cada plano, en cada personaje, incluso en los decorados, dentro de las posibilidades. Una obra que, aunque no es puramente Fincher, sí parece compartir numerosas similitudes con otras obras suyas como Seven o con sus inicios en el videoclip. En efecto, Fincher retoma su buen hacer en este género para contar con imágenes ciertamente perturbadoras la trama no sólo de esta primera entrega, sino de las siguientes (de las que, según ha declarado, no tiene intención de hacerse cargo), a través de unos títulos de crédito que no pueden dejar indiferente a nadie.

Una poesía visual poderosa que se mantiene a lo largo de los nevados paisajes, de las decrépitas mansiones que habita la familia Vanger o de las reconstrucciones que el responsable de El curioso caso de Benjamin Button realiza de los hechos del pasado.

Tal vez lo menos “Millennium” de toda la historia sean, precisamente, sus personajes. Daniel Craig no logra hacer olvidar a Michael Nyqvist a pesar de su buen hacer delante de las cámaras, pero el gran cambio reside en su protagonista femenina. Lisbeth Salander (Rooney Mara) no es ni tan andrógina ni tan antisocial. Detalles como las caricias o la decepción final que sufre a manos del personaje de Craig humanizan más al personaje de lo que reflejan las páginas de la novela. Eso sí, la inolvidable secuencia de la vejación que sufre Salander sigue resultando violenta en exceso, aunque incluso aquí se nota la elegancia de Fincher a la hora de rodarla.

Mención aparte merece Stellan Skarsgård, quien no sólo supera a su antecesor en la pantalla grande, sino que magnifica la maldad y frialdad de un personaje que, ya de por sí, era extremadamente desagradable. Nada de histrionismos, nada de sobreactuaciones. Simplemente, serenidad, templanza y, sobre todo, simpatía. Esos son los ingredientes para un papel de villano realmente brillante.

Se puede decir que David Fincher lo vuelve a lograr. El director de Alien 3 parece empeñado en lograr una carrera repleta no sólo de éxitos, sino de obras maestras del cine. La nueva versión de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres puede que no sea perfecta, pero por lo menos iguala al original, y en el aspecto visual lo supera en muchas ocasiones.

Nota: 7/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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