‘Ray Donovan’ toca fondo en una espiral autodestructiva en su 6ª T.


La evolución de Ray Donovan en su tratamiento dramático podría dar libros enteros de análisis cinematográfico. Desde el crecimiento de sus personajes hasta el modo en que los conflictos, sin cambiar demasiado, hacen avanzar la trama por terrenos de lo más interesantes, la serie creada por Ann Biderman (Enemigos públicos) da un nuevo giro en su sexta temporada, después del impacto dramático que tuvo la anterior etapa. Y es un giro en todos los sentidos, incluyendo el escenario en el que se desarrolla la acción. Pero a pesar de todo, nada parece cambiar en el mundo de este personaje.

Y esta es, precisamente, una de las claves de su calidad dramática. A pesar de todas las vicisitudes por las que pasa el rol interpretado por Liev Schreiber (La quinta ola), y de que el argumento evoluciona considerablemente en distintos niveles, existe una sensación de quietud casi permanente motivada, entre otros motivos, por ese carácter casi impertérrito del protagonista. Su modo de afrontar los problemas le convierten en una suerte de versión moderna de esos héroes del cine clásico capaces de enfrentarse a los mayores villanos sin mover un músculo. E incluso en esto, esta etapa que ahora analizamos también supone un cambio.

Cambio que llega de la mano del acontecimiento de la quinta temporada que lo cambió todo. En cierto sentido, estos 12 episodios de Ray Donovan se pueden entender como un viaje del héroe a los infiernos, tanto internos como externos. Un nuevo escenario (Nueva York) que perfectamente puede entenderse como un purgatorio de cemento, asfalto y metal en el que expiar unos pecados y una culpa que le torturan. La presencia de nuevos personajes no hace sino acentuar esa sensación de necesidad de devolver a una senda correcta (al menos todo lo correcta que puede permitirse este personaje) la historia de Ray, a pesar de que sus propias decisiones siempre tienden a llevarle por mal camino. Si a esto se suman los ya conocidos secundarios y sus respectivas historias, nos encontramos ante una etapa de auténtica redención, una etapa en la que todos los personajes, o al menos los principales, tocan fondo en una espiral autodestructiva que parece no tener fin.

Para terminar con el análisis del viaje del héroe, es importante señalar que esa dualidad de impresiones (el cambio dramático y la narrativa estática) se debe precisamente a un recurso narrativo muy interesante. La serie no avanza porque el protagonista se vea obligado a resolver nuevos retos que le lleven, a su vez, a plantear nuevas preguntas. Más bien, el personaje de Schreiber se mantiene impasible ante los nuevos conflictos, tendiendo una y otra vez a actuar siempre del mismo modo. Entonces, ¿cómo hacer que una historia evolucione? En el caso que nos ocupa, ello se debe a que con cada paso que da el héroe se va conociendo un poco más de su pasado y de su personalidad. Esto, a su vez, permite al espectador adquirir nueva conciencia de las motivaciones, los deseos y los miedos del protagonista. Y esto ofrece un punto de vista diferente de las secuencias. Incluso en una temporada como esta, en la que Donovan llora o se angustia por sus hijos, tiende siempre al pétreo rostro, por lo que la trama busca y encuentra otros caminos dramáticos para sostener la historia.

La familia es lo primero

Pero la evolución dramática también llega por otros derroteros. La sexta temporada de Ray Donovan también presenta una mayor independencia de los personajes secundarios. Independencia coherente y esperada, por otro lado, ya que el daño generado por las decisiones del protagonista no permitía por más tiempo una conexión directa de los personajes de esta serie. Por ello, se ha reforzado muchas de sus historias, haciéndolas más interesantes o, al menos, más sólidas. Para ello, y aprovechando todo el trabajo previo, Biderman construye todo un universo ajeno al rol de Schreiber, casi como si fuera ajeno a una realidad que está ante sus ojos. Soy consciente de que es un concepto buscado tanto en el tratamiento como en el desarrollo de personajes, por lo que solo puede calificarse de éxito.

Con todo, y si es necesario poner algún “pero” a esta serie, hay que señalar que algunas de estas historias secundarias quedan definidas por trazos excesivamente gruesos. La distancia puesta entre el protagonista y el resto de su familia hace que algunas de esas historias se narren con secuencias que son casi flashes visuales, planteando únicamente los puntos dramáticos necesarios para sostener la historia principal. Los que más sufren este fenómeno son los dos hijos, interpretados de nuevo por Kerris Dorsey (Don’t tell Kim) y Devon Bagby (Broken ghost), y su ayudante (Katherine Moennig –Sin rastro-), esta última quedando relegada casi a un punto de apoyo a utilizar cuando es conveniente para enrevesar la trama.

La impresión general, sin embargo, es de una espiral autodestructiva general, cuyo motor principal es el propio Ray y que tiene como potenciadores de daño a la familia que le rodea. Esto evidencia no solo la temática general de estos 12 capítulos, sino la necesidad de hacer que todos los personajes toquen fondo de un modo u otro para impulsar la historia hacia otras cotas dramáticas. Ejemplos claros son los de los personajes de Eddie Marsan (Atómica) y Dash Mihok (Car dogs). No quiere decir esto que vaya a haber una renovación completa, pero posiblemente sí que la situación de algunos personajes cambie, e incluso que el argumento pueda dar un giro sin que resulte inverosímil. Lo que en todo caso parece claro es que la familia seguirá siendo lo primero, y que Ray Donovan mantendrá ese carácter adusto, frío y un poco distante que le ha llevado a perder todo lo que tenía, ya sea real o figuradamente.

Y lo que también está claro es que Ray Donovan está sabiendo evolucionar, adaptarse a nuevas situaciones y mantener en ese proceso su espíritu. Su sexta temporada llega después de un importante cambio en el que los personajes secundarios dieron un paso al frente. Ahora, estos episodios demuestran que la trama tiene espacio para dar cabida a todos los miembros de la familia Donovan, cada uno con sus historias y cada uno influyendo en el desarrollo dramático de los demás. Puede que alguno tenga más peso que otro, que algunos arcos argumentales sean más débiles que otros, pero eso es inevitable en una ficción con tantos personajes. Lo importante es que todos suman para, en el caso que nos ocupan, narrar ese viaje a los infiernos, esa senda de autodestrucción. Y lo importante es que con todo ello la serie sigue manteniendo el alto nivel que presenta desde sus inicios.

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‘Spider-Man: Un nuevo universo’: el spider-verso en todo su esplendor


Desde aquella lejana Spider-Man 2 (2004) el superhéroe más icónico de Marvel no había vuelto a tener una incursión que uniera a crítica y público. Por ello esta nueva aventura, alejada de lo visto hasta ahora y con un diseño novedoso y rompedor, supone un soplo de aire fresco tanto para los fans del trepamuros como para aquellos que simplemente quieran pasar un par de horas de entretenimiento. Aunar ambos universos es tarea complicada, pero este nuevo universo en el que conviven un puñado de “Spider-Men” lo logra con nota.

Porque ante todo, Spider-Man: Un nuevo universo es una obra que entretiene, divierte y apasiona. Con un guión muy elaborado y unos personajes perfectamente definidos, la trama se desarrolla de forma coherente manejando en todo momento los elementos que definen a este personaje: la culpa, la responsabilidad, proteger al inocente, … Los seguidores del héroe que no conocieran este spider-verso encontrarán una obra sencillamente apasionante que explota al máximo las posibilidades narrativas que ofrece la agilidad, el humor, la acción y la espectacularidad de este personaje en sus numerosas versiones.

Pero es que, además de un guión más que notable para este tipo de films, la cinta ofrece una animación diferente, fresca, capaz de trasladar el cómic a la gran pantalla y hacerlo con un toque personal. Esta apuesta rompedora por un tratamiento visual único en el que, por ejemplo, el sentido arácnido alcanza su máxima expresión, o las peleas adquieren un toque muy, digamos, onomatopéyico, no solo no resta credibilidad al conjunto, sino que convierte al film en algo más que lo visto hasta ahora, en una especie de cómic en movimiento que no suele verse en pantalla, sea en imagen real o en animación. Desde luego, el diseño de personajes, de la ciudad de Nueva York y de ese multiverso arácnido es brillante, estando acompañado de una música que encaja a la perfección y, por supuesto, de un guión que plantea los giros dramáticos y las motivaciones de héroes y villanos de forma seria, sobria y sin ningún tipo de cortapisas.

Spider-Man: Un nuevo universo se revela como una de las mejores películas de superhéroes, y desde luego una de las mejores con el hombre araña como protagonista. Y lo es porque conjuga todos sus elementos de forma equilibrada, sin concesiones de ningún tipo y manejando las claves de la historia de este personaje con elegancia y maestría. De hecho, la sensación de culpabilidad y los remordimientos del protagonista son el motor de una historia en la que un héroe no solo debe salvar el mundo, sino al resto de héroes. Al contrario de lo que pudiera parecer, la trama no tiene una gran complejidad, pero sí el punto exacto para que el espectador no pueda perderse ni un segundo de esta sobresaliente película.

Nota: 9/10

‘Ray Donovan’ muestra la importancia de los secundarios en su 5ª T.


En líneas generales, Ray Donovan es una serie más que notable. Dramáticamente intensa, con un reparto espléndido y unas tramas sólidas, esta serie creada por Ann Biderman (Smila: Misterio en la nieve) es un claro ejemplo de que una buena ficción, sea en cine o televisión, siempre deberá sustentarse en los mismos principios antes mencionados. Pero por si esto no fuera suficiente, la quinta temporada es todo un ejercicio digno de estudiar en las clases de guión. Los 12 episodios que conforman esta etapa demuestran que toda historia, para ser completa, necesita de unos secundarios extraordinarios.

La trama de esta temporada viene a confirmar, además, algo que se intuía desde el comienzo de la serie: que el personaje de Paula Malcomson (Los juegos del hambre) era la piedra angular no solo de las interacciones entre personajes, sino del desarrollo dramático y de los conflictos que han nutrido a esta ficción desde sus primeros episodios. El modo en que Biderman trata a este personaje y toda su línea argumental en esta etapa es sencillamente perfecto, alternando pasado y presente sin más indicaciones que los personajes y sus diferentes representaciones físicas. Eso, y el impacto que tiene en el protagonista, un Liev Schreiber (El caso Fischer) inmenso al que los Globos de Oro, un año más, han dejado de lado en los premios (suma cinco nominaciones seguidas por este papel).

Precisamente el modo en que estos dos personajes afrontan el conflicto es lo que genera el contraste dramático y la profundidad emocional a la que posiblemente sea la mejor temporada de la serie. A través de flashbacks, el relato compone un puzzle del que hace partícipe al espectador, que más allá de los problemas laborales de Donovan debe prestar especial atención a los saltos temporales constantes en cada episodio. El arco argumental, por tanto, se nutre a cada paso, jugando con precisión con la información que tiene el espectador. Se genera de este modo un suspense único, una intriga por conocer los detalles de lo acontecido y narrado en el primer episodio de esta etapa de Ray Donovan. Y mientras algunas cosas se desvelan con cierta celeridad, otras se antojan casi un misterio que reta al espectador a resolverlo antes de verlo en pantalla.

Un delicado equilibrio que tiene como principal problema la debilidad del resto de tramas secundarias, amén del tratamiento que se da a algunos de los personajes habituales de la serie. Empero, y aunque de esto hablaremos más adelante, es importante señalar que a pesar del protagonismo del personaje de Schreiber, cada temporada ha tratado de poner el foco sobre alguno de los miembros de la familia Donovan. En mayor o menor medida, cada bloque de episodios ha narrado la historia con un secundario diferente como apoyo dramático a los problemas laborales del protagonista, idea que culmina de forma apabullante en esta quinta temporada y que obliga a plantearse no solo cómo continuará la trama sin un rol clave, sino si será capaz de superar el pico dramático de esta etapa.

Problemas secundarios

Como decía antes, uno de los problemas de Ray Donovan en esta tanda de episodios es la debilidad de las tramas secundarias que tienen poco o nada que ver con el epicentro dramático de la acción. A diferencia de anteriores temporadas, donde todo tenía una mejor y mayor integración, en estos 12 capítulos la relevancia y la intensidad de los principales acontecimientos obligan a quitar tiempo de desarrollo a otras historias, que se convierten casi en un trasfondo narrativo para enmarcar el arco argumental principal, siendo utilizadas solo como apoyo en determinadas ocasiones y, eso sí, aprovechadas para plantear conflictos dramáticos para la sexta temporada.

Uno de los casos más curiosos es el de los hijos, interpretados por Kerris Dorsey (Moneyball: Rompiendo las reglas) y Devon Bagby (Broken Ghost). Por un lado, en esta temporada se ha intentado integrar más en la trama a la joven, introduciéndola de lleno en la historia principal y siendo, en cierto modo, motor de cambio de muchas de las secuencias a lo largo de los episodios. En este sentido, ha venido a sustituir al rol de Malcomson como el contrapunto femenino a una historia eminentemente masculina. Pero por otro, el papel del adolescente ha tomado una deriva cuanto menos cuestionable. El personaje parece alejarse cada vez más del interés dramático de la serie, y eso queda más que patente en las situaciones en las que se le ubica. No solo no tienen un nexo de unión claro con el resto del argumento, sino que podrían interpretarse como una forma sutil y progresiva de dejarle fuera de esta ficción definitivamente. Habrá que ver si se le intenta integrar en un futuro cercano o si, por el contrario, se convertirá en un personaje episódico que aparezca cuando sea necesario un apoyo dramático.

Aunque lo más interesante ocurre con el rol de Jon Voight (Más allá). Si durante todas las temporadas anteriores ha sido un punto de inflexión en la historia, un contrapunto a medio camino entre la comedia y el drama para la trama principal, en esta quinta temporada su influencia parece haber quedado en un segundo plano. Su arco argumental, aunque sigue siendo el contrapunto cómico de la serie, se aleja mucho de la influencia que sí tuvo en etapas previas. Tanto que camina de forma paralela durante buena parte de la temporada, siendo integrada en el resto únicamente para explicar algún matiz del pasado o, y esto es sumamente importante, para sentar las bases de los nudos dramáticos que están a punto de venir, y que a todas luces volverán a tener el conflicto padre-hijo como telón de fondo.

Cómo será que el mundo de Ray Donovan ha sido sacudido desde sus cimientos que ni siquiera la trama relacionada con su trabajo que habitualmente tiene un peso específico más que notable en esta quinta temporada solo sirve para plantear la trama principal y para generar ciertas situaciones anómalas en la vida del protagonista. Y todo ello es, ni más ni menos, porque lo relevante en esta temporada de inflexión es la vida personal de este fascinante personaje. Cómo cambia su día a día, las relaciones con hermanos, hijos y resto de la familia y, sobre todo, la fragilidad de un hombre aparentemente irrompible ante la pérdida del amor de su vida, por mucho que durante toda la duración de la serie se haya podido poner en duda. En cierto modo, esta ha sido la temporada más humana y más íntima de toda la serie, ofreciendo una faceta del héroe nunca antes vista. Personalmente, ha sido la mejor etapa de toda la ficción a pesar de ciertas irregularidades en el contexto dramático y en los secundarios. A partir de ahora se abre un nuevo escenario que revitaliza una serie que, en realidad, no necesitaba ningún empujón para seguir siendo uno de los productos más frescos, dinámicos, apasionantes e interesantes de la televisión.

4ª T. de ‘Ray Donovan’, o cómo llevar al límite a un personaje


Familia y crimen, más unidos que nunca en la cuarta temporada de 'Ray Donovan'.Los seguidores de Ray Donovan habrán apreciado que la serie creada por Ann Biderman (serie Southland) suele separar de forma más o menos clara los problemas familiares del protagonista con sus “problemas laborales”. Ya en la tercera temporada comenzó a cambiar esta dinámica, y en los 12 episodios que conforman su última etapa televisiva dicho cambio no solo continúa, sino que parece confirmarse con un viaje a los infiernos del rol interpretado magistralmente por Liev Schreiber (Spotlight).

En efecto, la fusión de tramas que comenzó en los anteriores capítulos adquiere en esta nueva temporada un cariz mucho más violento y dramático, enfocando el trabajo narrativo hacia la creación de una única trama principal con ramificaciones secundarias, en lugar de diversas tramas con influencias sobre la historia protagonista. El resultado de todo ello es un mundo mucho más rico e interconectado en el que las decisiones de cada personaje tiene relevancia, al menos, para el antihéroe de esta historia. Pero también, y eso es quizá lo más interesante, genera consecuencias para todos ellos, incluyendo las últimas incorporaciones de roles secundarios.

La ingeniería narrativa de Ray Donovan, por tanto, alcanza un nuevo nivel, más sofisticado y complejo, confirmando la evolución de esta más que notable serie. El viaje del protagonista a lo largo de los episodios se revela como una suerte de epifanía con la que llega a comprender que ha abandonado su verdadera naturaleza. Y lo más curioso es que la temporada comienza, precisamente, con un Ray Donovan que parece haber encontrado el camino correcto para salir de la espiral de violencia en la que está sumergido.

Pero como decimos, este viaje no sirve únicamente para descubrir que el personaje de Schreiber no podrá cambiar, sino para comprender que trabajo y familia están íntimamente ligados, algo que siempre se ha intuido a lo largo de la serie pero que ahora toma forma. Y esto se consigue gracias, sobre todo, a una evolución de los acontecimientos narrados en la anterior temporada, es decir, tomando como punto de partida algo ya conocido por el espectador; una continuidad que dota de una mayor entidad a la serie, que por cierto alcanza unas cotas de violencia bastante inusitadas en una ficción ya de por sí bastante agresiva.

Entre boxeadores anda el juego

En esta evolución, sin embargo, la cuarta temporada de Ray Donovan tiene sus más y sus menos. El carácter integrador de su narrativa se sustenta en algunas historias secundarias que podrían considerarse, cuanto menos, excesivamente largas. Desde luego, el ejemplo más claro es el del boxeador y su relación incestuosa con su hermana. La forma en que se aborda esta trama, al menos narrativamente hablando, resulta excesivamente circular, volviendo sobre el único conflicto una y otra vez sin que nunca llegue a resolverse, como si fuera necesario alargar su presencia en la historia hasta el final de la temporada.

Si bien es cierto que se adorna con diversos conflictos menores, y que de hecho permite a la serie reformular algunos de sus conceptos dramáticos, sobre todo los que tienen que ver con la familia Donovan y la relación entre el protagonista y el hermano interpretado por Eddie Marsan (La verdad duele), el tratamiento dado tanto a la historia como a los secundarios que la protagonizan resulta un tanto incongruente en tanto en cuanto se repite el conflicto en demasiadas ocasiones, dando además soluciones temporales que se antojan similares, muy similares.

El otro ejemplo, aunque en esta ocasión menos evidente, es el de la historia protagonizada por Jon Voight (Más allá). En esta temporada, más que nunca, su personaje parece fuera de órbita de la trama principal. De hecho, los acontecimientos de este desarrollo no parecen tener mucho impacto en las secuencias más relevantes. Pero solo lo parece, porque de hecho la función de esta línea argumental es la de acercar posturas entre el protagonista y su padre, ahondando la serie en el concepto familiar que resulta fundamental en su concepción. Sí es cierto que el regreso una y otra vez a los mismos errores de este personaje pueden antojarse un recurso algo manido después de cuatro años, pero la realidad es que, por un lado, permite hacer evolucionar la historia, y por otro cuenta como epicentro con uno de los actores más en forma de la serie, por no hablar de un personaje que termina por hacerse querer.

En cierto modo, Ray Donovan logra en esta cuarta temporada la que posiblemente sea la mejor historia de la serie, demostrando que todavía tiene margen de crecimiento. La búsqueda por parte de sus creadores de una nueva fórmula que aúne los dos pilares fundamentales de la serie en un único desarrollo dramático augura un futuro brillante si se trata de forma coherente y sin perderse en la necesidad de concesiones dramáticas, algo que por otro lado no parece propio de esta ficción. Es raro encontrar una serie capaz de mejorar temporada tras temporada incluso con sus posibles errores, y Ray Donovan es de esos raros productos.

‘El caso Fischer’: locura en tiempos de la Guerra Fría


Liv Schreiber y Tobey Maguire disputan la gran partida en 'El caso Fischer'.Habrá muchas generaciones, entre las que me encuentro, que conocerán la leyenda de Bobby Fischer de forma muy general. Ajedrecista, genio, niño prodigio, campeón. Pero pocos conocerán la locura que se escondía detrás de sus excentricidades. Y muy pocos estarán al tanto del infierno que debió de hacer pasar a todos aquellos que le rodeaban. La nueva película de Edward Zwicky (El último samurai), como buen biopic, narra todo eso, es cierto, pero ofrece al mismo tiempo una interesante radiografía de una época que muchos jóvenes solo conocen ya por los libros de Historia. Y es aquí donde radica su mayor logro.

Porque si algo bueno tiene El caso Fischer es precisamente el modo en que se vivió la rivalidad entre Rusia y Estados Unidos durante la Guerra Fría en esas partidas de ajedrez entre Fischer y el campeón soviético Boris Spassky. Un juego que representaba el desafío de intelectos, de estrategia y, en definitiva, de dominio sobre el rival entre dos potencias que pugnaban por el control del mundo en todos los aspectos. Bajo esta interpretación la cinta adquiere un significado mayor que el mero juego, engrandeciendo además los aspectos más dramáticos y personales del protagonista, un joven obsesionado con el reconocimiento de ser el mejor. Reconocimiento, por cierto, que no tenía que llegar necesariamente con el título en sí, sino con todo lo que conlleva (adulación, dinero, servilismo, …).

No quiere esto decir que Fischer sea presentado como un intransigente niño mimado. Al contrario, la época que le toca vivir acentúa su locura hasta convertirse en obsesión, y es en esa obsesión donde sus ansias de reconocimiento encuentran su mayor impulso. No se trata de tener más que nadie; no se trata de lograr premios o un título. Se trata, en realidad, de ser reconocido por todas y cada una de las personas como un hombre superior, como una mente privilegiada capaz de derrotar en el juego a cualquiera. Y si todo esto queda magistralmente definido sobre el papel, no es menos cierto que la labor de Tobey Maguire (Brothers) es impecable, introduciéndose en la mente del jugador para poder ofrecer todos los matices del hombre.

Frente a él, y no menos importante, se encuentra Liev Schreiber (Mental), cuya interpretación del campeón ruso es simplemente magistral. Aunque pueda parecer menor, e incluso poco definido, apenas dos momentos permiten al espectador comprender que la locura no es exclusiva de Fischer, si bien es cierto que en él está desarrollada de forma superlativa. Por tanto, El caso Fischer se puede interpretar como algo más que un biopic o, al menos, como una biografía que es a su vez el reflejo de una complicada época en la que había más intereses en juego que el mero ajedrez. La película, como tal producto, tiene las limitaciones propias del género, tanto formales como narrativas, pero se suplen con bastante efectividad gracias precisamente al trasfondo social y político que imprime al conjunto.

Nota: 7/10

Las nuevas ‘Cazafantasmas’ se enfrentan a ‘El caso Fischer’


Estrenos 12agosto2016A pesar de que el estreno de Escuadrón Suicida la semana pasada ha sido posiblemente el estreno más esperado del año, eso no va a impedir que sigan llegando a la cartelera títulos con un cierto atractivo, sobre todo entre un público nostálgico del cine de los años 80. Y para ellos es, precisamente, la principal novedad de este viernes, 12 de agosto, que llega acompañada de una multitud de películas que harán las delicias de un amplio y variado número de aficionados al cine.

Pero comencemos por Cazafantasmas, remake del clásico de 1984 que, para aquellos que no lo conozcan, gira en torno a un grupo de cuatro hombre, uno de ellos físico y otro especialista en el mundo paranormal, que unen sus fuerzas para luchar contra una invasión de fantasmas que pueden poseer a los humanos. La aventura, el humor y cierto toque romántico eran las claves de aquel film que, a priori, se repiten en esta nueva versión dirigida por Paul Feig (Espías) y cuya principal novedad es que en lugar de cuatro hombres, ahora son cuatro mujeres las que deberán salvar el mundo. Así, el reparto está encabezado por Kristen Wiig (Marte), Melissa McCarthy (Es la jefa), Leslie Jones (Top Five) y Kate McKinnon (Hermanísimas), a las que se suman nombres como los de Chris Hemsworth (En el corazón del mar), Bill Murray (Aloha) y Andy García (Matar al mensajero).

Del 2014 es la coproducción canadiense y estadounidense El caso Fischer, drama biográfico en torno a la figura del ajedrecista Bobby Fischer, concretamente en la etapa en que se enfrentó al campeón soviético Boris Spassky durante la Guerra Fría. Un enfrentamiento que iba más allá de lo meramente deportivo, del simple juego, y que se convirtió en todo un reflejo de la situación social y política de la época. Dirigida por Edward Zwick (Amor y otras drogas), la película tiene un amplio e interesante reparto en el que destacan Tobey Maguire (El gran Gatsby), Liev Schreiber (serie Ray Donovan), Lily Rabe (serie American Horror Story: Coven), Michael Stuhlbarg (Steve Jobs), Peter Sarsgaard (Blue Jasmine) y Sophie Nélisse (La ladrona de libros).

Y a medio camino entre la acción y el thriller se encuentra Nerve, adaptación de la novela de Jeanne Ryan que dirigen a cuatro manos Henry Joost y Ariel Schulman (Paranormal Activity 4) y cuya historia sigue a una joven que comienza a participar en un juego retransmitido a través de Internet en el que los jugadores deben superar pruebas cada vez más complicadas. La situación se vuelve extraña cuando la chica comprende que el juego conoce sus más secretos deseos, incluido un chico con el que la emparejan para jugar. Pero este extraño juego dará un giro peligroso cuando lo que empiecen a arriesgar sea sus propias vidas. Emma Roberts (Somos los Miller), Dave Franco (Ahora me ves 2), Juliette Lewis (serie Wayward Pines), Emily Meade (serie The leftovers), Miles Heizer (Memoria) y Kimiko Glenn (serie Orange is the new black) son los principales actores.

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y lo hacemos con la hispanoargentina Al final del túnel, thriller que escribe y dirige Rodrigo Grande (Cuestión de principios) en el que un hombre en silla de ruedas ve cómo mejora su vida cuando decide alquilar una habitación a una mujer y su hija. Pero esa felicidad pronto se ve truncada cuando descubre que un grupo de ladrones está excavando un túnel por debajo de su casa para robar un banco cercano. Idea entonces un plan contrarreloj para tratar de frustrar los planes de la banda. El reparto está encabezado por Leonardo Sbaraglia (Relatos salvajes), Clara Lago (Ocho apellidos catalanes), Pablo Echarri (Papeles en el viento), Javier Godino (Pasaje de vida) y Federico Luppi (Magallanes).

También española, aunque con colaboración portuguesa, es Hielo, drama fantástico con toques de misterio que gira en torno a una niña nacida en un laboratorio a partir del ADN de un cadáver de la Edad de Hielo. Prisionera en esas instalaciones, supervisada por sus creadores y sin conocer el mundo exterior, cuando por fin logra huir descubre un mundo en el que realidad y ficción se mezclan. Gonçalo Galvão Teles, que debuta en el largometraje, y Luís Galvão Teles (Ellas) dirigen esta propuesta protagonizada por Ivana Baquero (Mi otro yo), Ruth Gabriel (El discípulo), Albano Jerónimo (Fado), Alfonso Pimentel (Bairro) e Ivo Canelas (Oro y Polvo).

Con algo de retraso llega el drama de acción belga Black, una especie de nueva adaptación de Romeo y Julieta de William Shakespeare o, en su caso, de West Side Story (1961). La historia comienza cuando una joven perteneciente a una banda del Bronx se enamora del carismático miembro de la banda rival. Un amor imposible que obligará a la joven pareja a elegir entre su amor y la lealtad a su banda. Dirigida a cuatro manos por Adil El Arbi y Bilall Fallah (Image), la cinta está protagonizada por Emmanuel Tahon, Marine Scandiuzzi, Martha Canga Antonio y Aboubakr Bensaihi.

Desde Italia llega el drama biográfico Biagio, producción de 2014 dirigida por Pasquale Scimeca (La pasión de Josué el hebreo) que narra el viaje a las montañas de Biagio Conte, quien tras sufrir una crisis espiritual decide abandonar a su familia y vivir como un ermitaño en Sicilia. El reparto está encabezado por Omar Noto (Malavoglia), Renato Lenzi, Vincenzo Albanese (Placido Rizzotto) y Marcello Mazzarella (Viktor).

Otro drama, aunque este en clave musical, es El profesor de violín, producción brasileña de 2015 cuya historia se centra, como su propio título indica, en un profesor de una escuela musical en uno de los barrios pobres de São Paulo. La relación de este prestigioso violinista con sus alumnos y la música les abrirá a todos las puertas a un nuevo mundo. Dirigida por Sérgio Machado (Cidade Baixa), quien también participa como actor, la película cuenta entre sus intérpretes con Lázaro Ramos (Cafundó), Kaique de Jesus, Elzio Vieira y Sandra Corveloni (Sangue Azul).

En lo que a documental se refiere, Human es el único representante. Dirigida por Yann Arthus-Bertrand (Planet Ocean), esta cinta de 2015 es en realidad un díptico de relatos de nuestro mundo que, a través de pequeñas historias y grandes relatos expone lo mejor y lo peor del ser humano.

‘Spotlight’: explorando el infierno en la Tierra de la Iglesia


La redacción de 'Spotlight' durante la investigación del escándalo.El subgénero periodístico dentro del cine tiene, como casi todos los subgéneros, unas pautas muy concretas que no dejan lugar para medias tintas: o gusta o se aborrece. A diferencia de otras historias, las que se desarrollan en una redacción solo tienen una temática, que se basa en la investigación y el drama, por lo que si no hay un especial interés en estos pilares narrativos, poco se puede buscar en sus tramas. La última película de Tom McCarthy (Con la magia en los zapatos) es un ejemplo, sí, pero la cinta ofrece mucho más en lo que podríamos denominar como el descenso a los infiernos de la Iglesia.

Porque lo más interesante de Spotlight no es el escándalo que destapan, los terribles relatos de la víctimas o el modo en que debe luchar contra la estructura eclesiástica un periódico como The Boston Globe. No, lo realmente atractivo es el modo en que sus protagonistas, criados en el seno de la religión y con un entorno mayoritariamente creyente, afronta sus propias convicciones a medida que se adentran en una verdad tan terrible como real, tan extendida como ocultada. Es la reacción de los principales personajes lo que marca una diferencia y lo que convierte a este film en una obra espléndida, a la altura de las mejores obras sobre este tipo de historias.

Evidentemente, buena parte del éxito se debe a un reparto más que notable en el que, aunque compuesto por grandes estrellas, ninguno destaca por encima de los demás, conformando un microcosmos que funciona como debe funcionar, es decir, como una redacción. Ahí está, por ejemplo, un recuperado Michael Keaton (Need for speed), que guarda uno de los giros más interesantes de la trama, un espléndido Mark Ruffalo (Amor sin control), cuya interpretación física es cuanto menos curiosa, o Liev Schreiber (Mental), quien a pesar de tener un papel secundario su importancia es determinante.

Quizá el mayor ‘pero’ que se le pueda achacar a Spotlight es una cierta falta de ambición, tanto en su desarrollo dramático como en la puesta en escena. Pero es que tampoco lo necesita. Es cierto que la historia ofrece lo que ofrece, y que la trama podría haber hecho más hincapié en los truculentos secretos de la Iglesia, pero eso habría sido desviar la atención de lo verdaderamente importante: poder comprobar cómo afecta a una comunidad religiosa un escándalo de semejante magnitud. Es ahí donde entran en juego los personajes, y es ahí donde McCarthy encuentra el título para esta obra cuyo plano final es tan sencillo como brillante.

Nota: 7,5/10

El escándalo de ‘Spotlight’ contra los experimentados puños de Rocky


Estrenos29enero2016Los Oscar no se dan un respiro en este último fin de semana de enero. Si bien es cierto que la mayor parte de los títulos buscan ante todo el cuero entretenimiento y llenar las salas con propuestas poco exigentes, los estrenos más importantes compiten por la preciada estatuilla con historias algo más complejas. Al menos la novedad más importante. Pero este viernes, 29 de enero, también llega un film que, aunque solo cuenta con una nominación a los Oscar, su sola presencia tiene ya un carácter simbólico muy significativo.

Pero comencemos por el que es el título más interesante. Spotlight narra el caso real de este departamento de The Boston Globe cuya labor es realizar artículos de investigación, y que en 2003 ganó el Premio Pulitzer por destacar una amplia trama de encubrimiento de abuso de menores en el seno de la archidiócesis de la ciudad. Dirigida por Tom McCarthy (Con la magia en los zapatos), que también participa en el guión, la película está protagonizada por un interesante elenco encabezado por Mark Ruffalo (Foxcatcher), Michael Keaton (Birdman), Rachel McAdams (Aloha), Liev Schreiber (serie Ray Donovan), Stanley Tucci (Jugada Salvaje), John Slattery (serie Mad Men), Billy Crudup (Lazos de sangre) y Jamey Sheridan (Reunion).

También interesante es Creed. La leyenda de Rocky, aunque por motivos diferentes. Y es que Sylvester Stallone podría lograr su primer premio con el personaje con el que comenzó su carrera, al que vuelve a dar vida en esta continuación de la mítica saga de boxeo en la que el hijo de Apollo Creed, el primer gran rival de Rocky y su mejor amigo, pretende seguir los pasos de su padre, para lo que contacta con el retirado boxeador. A pesar de sus reticencias, Rocky termina aceptando ser su entrenador mientras debe ganar su propio combate contra un enemigo más peligroso que cualquiera de los que ha afrontado en su carrera. Drama, acción y espíritu de superación vuelven a ser las claves de este film dirigido por Ryan Coogler (Fruitvale station) y en cuyo reparto encontramos también a Michael B. Jordan (Cuatro fantásticos), Tessa Thompson (Selma), Ritchie Coster (serie True Detective) y Phylicia Rashad (Good deeds).

Muy diferente tanto en su tono como en su género es Pesadillas, adaptación a la gran pantalla de los libros de R.L. Stine que dirige Rob Letterman (Los viajes de Gulliver) y cuya trama arranca cuando un joven decide colarse en la casa de su vecino al sospechar que algo raro pasa entre padre e hija. Sin embargo, lo que descubre es que las pesadillas de ella, que el padre ha encerrado en libros, son reales, lo que desatará un sinfín de desastres y de situaciones divertidas. Fantasía y humor para los más jóvenes es lo que propone esta cinta protagonizada por Jack Black (serie The brink), Amy Ryan (Más fuerte que las bombas), Halston Sage (Ciudades de papel), Dylan Minnette (Prisioneros) y Ken Marino (Bicho malo).

Y antes de abandonar Hollywood, una cinta de 2012. Tar (El color del tiempo) es un drama romántico de corte biográfico basado en la colección de poemas del ganador del premio Pulitzer CK Williams. A través de 11 historias, dirigidas por 11 cineastas diferentes, la trama se desarrolla a lo largo de varias décadas en las que se aborda la vida del autor desde su infancia hasta su matrimonio. Edna Luise Biesold, Sarah-Violet Bliss (Fort Tilden), Gabrielle Demeestere (Yosemite), Alexis Gambis (The fly room), Brooke Goldfinch, Shripriya Mahesh, Pamela Romanowsky (The adderall diaries), Bruce Thierry Cheung, Tine Thomasen, Virginia Urreiztieta y Omar Zúñiga Hidalgo son los encargado de poner en imágenes estas historias, que están protagonizadas por James Franco (Spring breakers), Mila Kunis (Ted), Jessica Chastain (Criadas y señoras), Zach Braff (serie Scrubs), Henry Hopper (Restless) y Bruce Campbell (Spider-Man 3).

Ahora sí, pasamos a Europa, y entre las novedades destaca Cuando cae la nieve, drama con dosis de thriller ambientado en la Rusia comunista de los años 50, en plena Guerra Fría. La historia gira en torno a una espía norteamericana que debe obtener información de una joven promesa soviética del programa armamentístico comunista. Pero en el proceso deberá luchar entre su amor por el chico y su deber con su país. La decisión y sus consecuencias solo serán descubiertas 30 años más tarde. Con capital inglés y serbio, la película está dirigida por Shamim Sarif (The world unseen) y protagonizada por Rebecca Ferguson (Hércules), Charles Dance (serie Juego de tronos), Antje Traue (La dama de oro), Oliver Jackson-Cohen (El enigma del cuervo), Amy Nuttall (serie Downton abbey), Sam Reid (Tigers) y Anthony Head (serie Buffy cazavampiros).

El estreno español de la semana es Embarazados, comedia dirigida por Juana Macías (Planes para mañana) que narra la crisis que debe superar una pareja cuando ella decide que quiere tener hijos y él quiere seguir con su libertad. A este conflicto se suma el hecho de que los espermatozoides de él son pocos, vagos y anormales, y que ella está premenopaúsica con 37 años. Paco León (Tres bodas de más), Alexandra Jiménez (Los miércoles no existen), Ernesto Sevilla (Rey gitano), Alberto Amarilla (Fuga de cerebros 2), Iñaki Font (La casa de mi padre), Elisa Mouliaá (Al final todos mueren), Belén López (15 años y un día) y Karra Elejalde (Ocho apellidos catalanes) son los principales actores.

También aterriza en la cartelera Respira, drama alemán que gira en torno a una joven griega que, incapaz de encontrar trabajo en su país, emigra a Frankfurt, donde comienza a trabajar de niñera para la recién nacida de una importante directiva que no puede compaginar su maternidad con el trabajo. Poco a poco las dos mujeres se hacen amigas, pero sus vidas darán un giro radical cuando la joven pierda de vista por un segundo a la pequeña. Christian Zübert (Hardcover) dirige esta propuesta protagonizada por Jördis Triebel (Al otro lado del muro), Benjamin Sadler (El amigo alemán), Chara Mata Giannatou, Apostolis Totsikas (Nyfes) y Nike Maria Vassil.

Y desde Argentina llega Papeles en el viento, cinta basada en la novela de Eduardo Sacheri que comienza cuando un grupo de cuatro amigos pierde a uno de ellos. El resto, decidido a hacerse cargo de la hija que deja, idean una descabellada estafa en el mundo de la compraventa de jugadores de fútbol. Humor, drama y deporte se dan cita en este canto a la amistad y a la vida dirigido por Juan Taratuto (La reconstrucción) y protagonizado por Diego Peretti (Maktub), Pablo Echarri (Arrebato), Pablo Rago (Rosa fuerte) y Diego Torres (Extraños en la noche).

En cuanto al documental, destaca la cinta española Cola, Colita, Colassa, escrita y dirigida por Ventura Pons (A la deriva). Su argumento se centra en la vida de una fotógrafa especializada en el retrato cuya obra incluye no solo algunos de los rostros más conocidos del arte, la música o la literatura, sino rostros anónimos a los que une una rara virtud: el amor por la profesión que desprende esta artista.

Por último, también se estrena la francesa El gran día, obra que sigue la vida de cuatro niños en el que es su día más esperado, para el que se han preparado durante años y en el que están dispuestos a lograr el éxito. Cuatro niños de India, Mongolia, Cuba y Uganda que, aunque separados por kilómetros, comparten su pasión por la educación y el coraje de lograr su sueño. El film está dirigido por Pascal Plisson (Camino a la escuela).

Pitt, Bale, Gosling y Carrell son ‘La gran apuesta’ de la semana


Estrenos 22enero2016Como suele ser habitual, enero está siendo un mes muy interesante desde el punto de vista cinematográfico. Es época de estrenos llamados a convertirse en lo mejor del año, y prácticamente todas las semanas llega a la cartelera algún título con al menos una nominación. Hoy viernes, 22 de enero, no es menos.

Desde luego, lo más interesante es La gran apuesta, drama basado en la historia real de cuatro hombres que descubren que el sistema financiero está a punto de colapsar. Ante la negativa a aceptarlo por parte de entidades financieras, gobiernos y medios de comunicación, deciden realizar una apuesta en forma de arriesgadas inversiones. Sin embargo, su estrategia les pondrá en contacto con el lado oscuro de la banca moderna. Basado en el libro de Michael Lewis, la cinta está dirigida por Adam McKay (Los otros dos) y protagonizada por Brad Pitt (Corazones de acero), Christian Bale (Exodus: Dioses y reyes), Ryan Gosling (Gangster Squad), Steve Carrell (Foxcatcher), Melissa Leo (serie Wayward Pines) y Marisa Tomei (Y de repente tú), entre otros.

Muy diferente es La quinta ola, film de ciencia ficción que combina acción y aventura en una trama que narra cómo la Tierra ha sufrido cuatro ataques en forma de oleadas que han diezmado la población mundial. En este mundo apocalíptico una joven trata de salvar a su hermano de la anunciada quinta ola, que terminará con la especie humana. Solo un joven parece ser la única esperanza de lograr un sitio seguro donde sobrevivir. J Blakeson (La desaparición de Alice Creed) dirige esta propuesta basada en la novela de Rick Yancey, mientras que Chloë Grace Moretz (The equalizer), Liev Schreiber (serie Ray Donovan), Maria Bello (Prisioneros), Maika Monroe (It follows), Ron Livingston (Vacaciones), Maggie Siff (serie Hijos de la Anarquía), Nick Robinson (Jurassic World), Alex Rose (serie The cut) y Tony Revolori (El gran hotel Budapest) encabezan el reparto.

El público infantil tiene como principal propuesta Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas, cuarta entrega de las aventuras de estos personajes que, en esta ocasión, les sitúa ante un dilema inesperado. Una serie de malentendidos llevan a los protagonistas a pensar que Dave pretende pedir matrimonio a su nueva novia, algo que el resto tratará de evitar dado que no solo le perderían, sino que ganarían un terrible hermanastro. Aventura y humor se dan cita en este film dirigido por Walt Becker (Dos canguros muy maduros) y que cuenta con un reparto integrado por Jason Lee (Columbus circle) y las voces de Justin Long (Tusk), Matthew Gray Gubler (Beautiful girl), Jesse McCartney (88), Kaley Cuoco (serie The Big Bang theory), Christina Applegate (Los amos de la noticia) y Anna Faris (Les doy un año).

Otra adaptación literaria que llega esta semana es The end of the tour, obra que recoge la relación entre el periodista de la revista Rolling Stone, David Lipsky (autor del libro), y el escritor David Foster Wallace durante la promoción de su novela ‘La broma infinita’. El encargado de poner en imágenes este drama es James Ponsoldt (Aquí y ahora), quien también se encarga de dirigir a Jesse Eisenberg (Ahora me ves…), Joan Cusack (Las ventajas de ser un marginado), Anna Chlumsky (serie Hannibal), Jason Segel (Si fuera fácil), Ron Livingston, que estrena por partida doble, y Mamie Gummer (Ricki).

También estadounidense es el drama musical con dosis de fantasía Jem y los hologramas, cinta dirigida por Jon M. Chu (G.I. Joe: La venganza) que sigue el viaje de cuatro hermanas desde su éxito en el mundo del vídeo underground hasta la fama mundial, que les llevará a conocer diferentes estilos de vida y de música, y que les permitirá crear su propio destino. Aubrey Peeples (serie Nashville), Stefanie Scott (Insidious: Capítulo 3), Hayley Kiyoko (Hello, my name is Frank), Ryan Guzman (April rain) y Juliette Lewis (Agosto) interpretan a los principales personajes.

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca La juventud, cinta que cuenta con capital francés, italiano, suizo e inglés y cuya trama gira en torno a dos viejos amigos que se acercan a los 80 años y que deciden aprovechar el tiempo que saben que se les acaba en un bello hotel al pie de los Alpes. Uno, director de cine, quiere terminar su última gran obra; el otro, director de orquesta, no desea volver a una carrera con la que terminó hace tiempo. Escrita y dirigida por Paolo Sorrentino (La gran belleza), la película está protagonizada por Michael Caine (Interestellar), Harvey Keitel (El congreso), Rachel Weisz (El legado de Bourne), Paul Dano (Looper) y Jane Fonda (Ahí os quedáis).

Francia e Italia también están detrás de Mia madre, drama con tintes familiares dirigido e interpretado por Nanni Moretti (Habemos Papam) que se centra en una directora de cine en plena crisis sentimental y existencial que debe hacer frente a la muerte de su madre, para lo que contará con el apoyo de su hermano y de un excéntrico actor. En el reparto también encontramos a Margherita Buy (Viajo sola), John Turturro (Aprendiz de gigoló), Stefano Abbati (Matrimoni e altri disastri), Beatrice Mancini y Giulia Lazzarini (Capitan Basilico).

Terminamos el repaso con Midiendo el mundo, producción alemana de 2012 que se basa en la novela de Daniel Kehlmann y que dirige Detlev Buck (Hopnick). La trama, ambientada en 1799, narra la relación entre matemático Carl Friedrich Gauss y el geógrafo Alexander von Humboldt para tratar de descifrar y medir el mundo. El resultado fue una lucha contra la moralidad de la época para poder predecir, por ejemplo, el cambio climático del planeta. Entre los intérpretes encontramos a Karl Markovics (Sin identidad), Jérémy Kapone (Livide), Florian David Fitz (Der brand) y Albrecht Schuch (Westwind).

3ª T de ‘Ray Donovan’, vender el alma para lograr la mejor temporada


Liev Schreiber e Ian McShane marcan el desarrollo de la tercera temporada de 'Ray Donovan'.La serie creada por Ann Biderman (Las dos caras de la verdad) y protagonizada por Liev Schreiber (El mayordomo) ha mantenido un nivel más que aceptable en sus dos primeras temporadas, ahondando fundamentalmente en los problemas familiares, en el pasado y en el modo en que afectan a los personajes. Pero la tercera temporada de Ray Donovan ha sido, sencillamente, increíble. Y lo ha logrado, curiosamente, abandonando las tramas del pasado para centrarse en el futuro.

Estos nuevos 12 episodios sitúan al protagonista, hombre controlador donde los haya, ante situaciones que no controla, ante un mundo que, a priori, está fuera de su alcance y al que, sin embargo, quiere aferrarse desesperadamente para solventar su vida y la de su familia. En este contexto, los conflictos dramáticos de la temporada adquieren una mayor importancia, en tanto en cuanto el desarrollo obliga al personaje a algo a lo que no está acostumbrado: a vender su alma para poder salvar a los que quiere. A lo largo de los episodios ha sido tan habitual ver al héroe hacer y deshacer a su antojo, que verle atado de pies y manos por una familia más poderosa es algo sumamente atractivo.

Claro que no todo depende de la solidez dramática de esta tercera temporada. Las incorporaciones que presenta Ray Donovan en esta entrega tienen mucho que decir, fundamentalmente Ian McShane (El niño) y Katie Holmes (serie Dawson crece), brillantes en sus respectivos papeles. Más allá del héroe, el mundo creado por estos personajes, padre e hija, deja la violencia que desprende el rol de Schreiber como una mera anécdota. Y no porque sean viscerales, más bien al contrario. La capacidad de destruir con el poder y la influencia a quien quieran, de manipular los hechos para beneficiarse, y de controlar todo a su alrededor, les convierte en lobos con piel de cordero, algo a lo que todavía no estaba acostumbrada la serie.

Por ello, la temporada se torna mucho más atractiva de lo que fueron las anteriores etapas. Tal vez ha tenido mucho que ver el hecho de que la segunda entrega de episodios requirió de un análisis en profundidad del pasado de la familia Donovan, lo que terminó perjudicando el ritmo del conjunto. Sea como fuere, lo cierto es que la apuesta por hacer avanzar la acción a través de la introducción de nuevos personajes (y de retomar tramas abiertas anteriores) ha sido exitosa, hasta el punto de convertir esta tercera etapa en la mejor hasta la fecha.

Problemas del pasado

Pero la verdadera riqueza de Ray Donovan radica en su facilidad para integrar en un todo armónico todas las tramas, enriqueciéndose unas con otras para volver más complejas las relaciones entre los protagonistas. De hecho, es a raíz de una línea dramática heredada de la segunda temporada que el protagonista vende su alma. Pero es precisamente por eso por lo que, al final, se desencadenan una serie de acontecimientos que permiten ver, por primera y quizá última vez, al héroe de esta trama sin su coraza.

Y de nuevo es el personaje de Jon Voight (Cuestión de honor) el elemento perturbador de todo el desarrollo dramático. Lo cierto es que, sin su presencia, la serie no sería lo mismo. Tal vez porque es el único personaje que va por libre, tal vez porque es la verdadera némesis del héroe (y eso que es su padre), lo cierto es que ha recuperado con fuerza el carácter catalizador de los mayores dramas que presenta esta tercera temporada.

De hecho, sin él no habría tenido lugar el desenlace que se ha producido. No me refiero tanto a las acciones en sí mismas como al desarrollo de toda su trama, que termina como quería el personaje de Schreiber, aunque con una mayor carga trágica y dramática. La capacidad de Mickey Donovan para destruir todo y a todos los que le rodean se convierte, en definitiva, en el segundo motor de la serie, generando un notable contraste con el protagonista, cuyo fin es, precisamente, tratar de salvar todo y a todos los que le rodean.

Lo que deja en el recuerdo esta tercera temporada de Ray Donovan es a un héroe que afronta sus horas más bajas. A un hombre acostumbrado a controlar y a lograr el éxito que debe plegarse a las exigencias de otros para poder salvar a su familia. Y en esa debilidad, en ese conflicto interno y externo, es donde más crece la serie. ¡Ah!, y no hay que olvidar al personaje de Dash Mihok (El lado bueno de las cosas), el hermano pequeño de los Donovan. Su evolución en esta temporada es brillante, y el actor ha sabido estar a la altura. El broche de oro para una temporada impecable.

Diccineario

Cine y palabras

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