3ª T de ‘Ray Donovan’, vender el alma para lograr la mejor temporada


Liev Schreiber e Ian McShane marcan el desarrollo de la tercera temporada de 'Ray Donovan'.La serie creada por Ann Biderman (Las dos caras de la verdad) y protagonizada por Liev Schreiber (El mayordomo) ha mantenido un nivel más que aceptable en sus dos primeras temporadas, ahondando fundamentalmente en los problemas familiares, en el pasado y en el modo en que afectan a los personajes. Pero la tercera temporada de Ray Donovan ha sido, sencillamente, increíble. Y lo ha logrado, curiosamente, abandonando las tramas del pasado para centrarse en el futuro.

Estos nuevos 12 episodios sitúan al protagonista, hombre controlador donde los haya, ante situaciones que no controla, ante un mundo que, a priori, está fuera de su alcance y al que, sin embargo, quiere aferrarse desesperadamente para solventar su vida y la de su familia. En este contexto, los conflictos dramáticos de la temporada adquieren una mayor importancia, en tanto en cuanto el desarrollo obliga al personaje a algo a lo que no está acostumbrado: a vender su alma para poder salvar a los que quiere. A lo largo de los episodios ha sido tan habitual ver al héroe hacer y deshacer a su antojo, que verle atado de pies y manos por una familia más poderosa es algo sumamente atractivo.

Claro que no todo depende de la solidez dramática de esta tercera temporada. Las incorporaciones que presenta Ray Donovan en esta entrega tienen mucho que decir, fundamentalmente Ian McShane (El niño) y Katie Holmes (serie Dawson crece), brillantes en sus respectivos papeles. Más allá del héroe, el mundo creado por estos personajes, padre e hija, deja la violencia que desprende el rol de Schreiber como una mera anécdota. Y no porque sean viscerales, más bien al contrario. La capacidad de destruir con el poder y la influencia a quien quieran, de manipular los hechos para beneficiarse, y de controlar todo a su alrededor, les convierte en lobos con piel de cordero, algo a lo que todavía no estaba acostumbrada la serie.

Por ello, la temporada se torna mucho más atractiva de lo que fueron las anteriores etapas. Tal vez ha tenido mucho que ver el hecho de que la segunda entrega de episodios requirió de un análisis en profundidad del pasado de la familia Donovan, lo que terminó perjudicando el ritmo del conjunto. Sea como fuere, lo cierto es que la apuesta por hacer avanzar la acción a través de la introducción de nuevos personajes (y de retomar tramas abiertas anteriores) ha sido exitosa, hasta el punto de convertir esta tercera etapa en la mejor hasta la fecha.

Problemas del pasado

Pero la verdadera riqueza de Ray Donovan radica en su facilidad para integrar en un todo armónico todas las tramas, enriqueciéndose unas con otras para volver más complejas las relaciones entre los protagonistas. De hecho, es a raíz de una línea dramática heredada de la segunda temporada que el protagonista vende su alma. Pero es precisamente por eso por lo que, al final, se desencadenan una serie de acontecimientos que permiten ver, por primera y quizá última vez, al héroe de esta trama sin su coraza.

Y de nuevo es el personaje de Jon Voight (Cuestión de honor) el elemento perturbador de todo el desarrollo dramático. Lo cierto es que, sin su presencia, la serie no sería lo mismo. Tal vez porque es el único personaje que va por libre, tal vez porque es la verdadera némesis del héroe (y eso que es su padre), lo cierto es que ha recuperado con fuerza el carácter catalizador de los mayores dramas que presenta esta tercera temporada.

De hecho, sin él no habría tenido lugar el desenlace que se ha producido. No me refiero tanto a las acciones en sí mismas como al desarrollo de toda su trama, que termina como quería el personaje de Schreiber, aunque con una mayor carga trágica y dramática. La capacidad de Mickey Donovan para destruir todo y a todos los que le rodean se convierte, en definitiva, en el segundo motor de la serie, generando un notable contraste con el protagonista, cuyo fin es, precisamente, tratar de salvar todo y a todos los que le rodean.

Lo que deja en el recuerdo esta tercera temporada de Ray Donovan es a un héroe que afronta sus horas más bajas. A un hombre acostumbrado a controlar y a lograr el éxito que debe plegarse a las exigencias de otros para poder salvar a su familia. Y en esa debilidad, en ese conflicto interno y externo, es donde más crece la serie. ¡Ah!, y no hay que olvidar al personaje de Dash Mihok (El lado bueno de las cosas), el hermano pequeño de los Donovan. Su evolución en esta temporada es brillante, y el actor ha sabido estar a la altura. El broche de oro para una temporada impecable.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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