‘El cascanueces y los cuatro reinos’: sin nueces que cascar


Cuesta creer que una película con los actores, directores y diseño de producción que tiene esta nueva propuesta de Disney sea, sin embargo, tan anodina, tan falta de contenido. Tal vez sea por una indefinición en su arco narrativo, por el uso y abuso de los efectos digitales o por el carácter infantil que se imprime a una historia que podría haber dado mucho más de sí con un enfoque un poco más adulto, pero la realidad es que esta obra de fantasía, moraleja y paso a la madurez se queda a medio camino de ninguna parte.

Y fundamentalmente es porque El cascanueces y los cuatro reinos no contiene una historia desarrollada. Más bien, su argumento parece una excusa para mostrar unos mundos fantásticos y poder justificar el gasto de millones en efectos digitales. Los personajes, salvo contadas excepciones, apenas tienen recorrido dramático; la trama es lineal, sin giros argumentales significativos (salvo un único cambio de roles que se convierte en lo más interesante de la historia) y, sobre todo, se generan unos vacíos argumentales que para los más pequeños pueden pasar desapercibidos, pero para los adultos resultan un tanto alarmantes.

A su favor juega el hecho de que va de menos a más, lo cual tampoco es algo de admirar dado el arranque del film. Su comienzo, sospechosamente similar al de ‘Alicia en el País de las Maravillas’, está marcado por una falta absoluta de interés, tanto en los personajes como en los conflictos que viven. Tan solo en su tramo final, cuando protagonista y antagonista se enfrentan, la cinta adquiere algo más de interés, aunque tampoco demasiado. La falta de fuerza dramática a cada paso de la historia genera una frustración mayúscula, entre otras cosas porque la historia sí permite apreciar elementos que podrían haber sido mucho más dramáticos, pero que se suavizan en pos de una inocencia que roza el ridículo.

Y es una lástima, porque el trasfondo de El cascanueces y los cuatro reinos es interesante, así como la moraleja que se sustrae del mismo, con la madurez, la responsabilidad y la inteligencia como grandes argumentos. Pero ni el guión ahonda en eso ni sus directores son capaces de ofrecer algo más que una visión estandarizada de las secuencias. Tampoco ayuda que los personajes no tengan una definición más profunda. En el aire quedan preguntas sobre el origen de muchos de los protagonistas, sus motivaciones, las relaciones surgidas a raíz de los conflictos internos y externos, y un extenso etcétera. Que una película para toda la familia plantee tantas preguntas de calado y las deje sin respuesta ya es un síntoma de que sus carencias superan con creces el poco interés que pueden tener sus aspectos más positivos.

Nota: 5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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