‘Ray Donovan’ toca fondo en una espiral autodestructiva en su 6ª T.


La evolución de Ray Donovan en su tratamiento dramático podría dar libros enteros de análisis cinematográfico. Desde el crecimiento de sus personajes hasta el modo en que los conflictos, sin cambiar demasiado, hacen avanzar la trama por terrenos de lo más interesantes, la serie creada por Ann Biderman (Enemigos públicos) da un nuevo giro en su sexta temporada, después del impacto dramático que tuvo la anterior etapa. Y es un giro en todos los sentidos, incluyendo el escenario en el que se desarrolla la acción. Pero a pesar de todo, nada parece cambiar en el mundo de este personaje.

Y esta es, precisamente, una de las claves de su calidad dramática. A pesar de todas las vicisitudes por las que pasa el rol interpretado por Liev Schreiber (La quinta ola), y de que el argumento evoluciona considerablemente en distintos niveles, existe una sensación de quietud casi permanente motivada, entre otros motivos, por ese carácter casi impertérrito del protagonista. Su modo de afrontar los problemas le convierten en una suerte de versión moderna de esos héroes del cine clásico capaces de enfrentarse a los mayores villanos sin mover un músculo. E incluso en esto, esta etapa que ahora analizamos también supone un cambio.

Cambio que llega de la mano del acontecimiento de la quinta temporada que lo cambió todo. En cierto sentido, estos 12 episodios de Ray Donovan se pueden entender como un viaje del héroe a los infiernos, tanto internos como externos. Un nuevo escenario (Nueva York) que perfectamente puede entenderse como un purgatorio de cemento, asfalto y metal en el que expiar unos pecados y una culpa que le torturan. La presencia de nuevos personajes no hace sino acentuar esa sensación de necesidad de devolver a una senda correcta (al menos todo lo correcta que puede permitirse este personaje) la historia de Ray, a pesar de que sus propias decisiones siempre tienden a llevarle por mal camino. Si a esto se suman los ya conocidos secundarios y sus respectivas historias, nos encontramos ante una etapa de auténtica redención, una etapa en la que todos los personajes, o al menos los principales, tocan fondo en una espiral autodestructiva que parece no tener fin.

Para terminar con el análisis del viaje del héroe, es importante señalar que esa dualidad de impresiones (el cambio dramático y la narrativa estática) se debe precisamente a un recurso narrativo muy interesante. La serie no avanza porque el protagonista se vea obligado a resolver nuevos retos que le lleven, a su vez, a plantear nuevas preguntas. Más bien, el personaje de Schreiber se mantiene impasible ante los nuevos conflictos, tendiendo una y otra vez a actuar siempre del mismo modo. Entonces, ¿cómo hacer que una historia evolucione? En el caso que nos ocupa, ello se debe a que con cada paso que da el héroe se va conociendo un poco más de su pasado y de su personalidad. Esto, a su vez, permite al espectador adquirir nueva conciencia de las motivaciones, los deseos y los miedos del protagonista. Y esto ofrece un punto de vista diferente de las secuencias. Incluso en una temporada como esta, en la que Donovan llora o se angustia por sus hijos, tiende siempre al pétreo rostro, por lo que la trama busca y encuentra otros caminos dramáticos para sostener la historia.

La familia es lo primero

Pero la evolución dramática también llega por otros derroteros. La sexta temporada de Ray Donovan también presenta una mayor independencia de los personajes secundarios. Independencia coherente y esperada, por otro lado, ya que el daño generado por las decisiones del protagonista no permitía por más tiempo una conexión directa de los personajes de esta serie. Por ello, se ha reforzado muchas de sus historias, haciéndolas más interesantes o, al menos, más sólidas. Para ello, y aprovechando todo el trabajo previo, Biderman construye todo un universo ajeno al rol de Schreiber, casi como si fuera ajeno a una realidad que está ante sus ojos. Soy consciente de que es un concepto buscado tanto en el tratamiento como en el desarrollo de personajes, por lo que solo puede calificarse de éxito.

Con todo, y si es necesario poner algún “pero” a esta serie, hay que señalar que algunas de estas historias secundarias quedan definidas por trazos excesivamente gruesos. La distancia puesta entre el protagonista y el resto de su familia hace que algunas de esas historias se narren con secuencias que son casi flashes visuales, planteando únicamente los puntos dramáticos necesarios para sostener la historia principal. Los que más sufren este fenómeno son los dos hijos, interpretados de nuevo por Kerris Dorsey (Don’t tell Kim) y Devon Bagby (Broken ghost), y su ayudante (Katherine Moennig –Sin rastro-), esta última quedando relegada casi a un punto de apoyo a utilizar cuando es conveniente para enrevesar la trama.

La impresión general, sin embargo, es de una espiral autodestructiva general, cuyo motor principal es el propio Ray y que tiene como potenciadores de daño a la familia que le rodea. Esto evidencia no solo la temática general de estos 12 capítulos, sino la necesidad de hacer que todos los personajes toquen fondo de un modo u otro para impulsar la historia hacia otras cotas dramáticas. Ejemplos claros son los de los personajes de Eddie Marsan (Atómica) y Dash Mihok (Car dogs). No quiere decir esto que vaya a haber una renovación completa, pero posiblemente sí que la situación de algunos personajes cambie, e incluso que el argumento pueda dar un giro sin que resulte inverosímil. Lo que en todo caso parece claro es que la familia seguirá siendo lo primero, y que Ray Donovan mantendrá ese carácter adusto, frío y un poco distante que le ha llevado a perder todo lo que tenía, ya sea real o figuradamente.

Y lo que también está claro es que Ray Donovan está sabiendo evolucionar, adaptarse a nuevas situaciones y mantener en ese proceso su espíritu. Su sexta temporada llega después de un importante cambio en el que los personajes secundarios dieron un paso al frente. Ahora, estos episodios demuestran que la trama tiene espacio para dar cabida a todos los miembros de la familia Donovan, cada uno con sus historias y cada uno influyendo en el desarrollo dramático de los demás. Puede que alguno tenga más peso que otro, que algunos arcos argumentales sean más débiles que otros, pero eso es inevitable en una ficción con tantos personajes. Lo importante es que todos suman para, en el caso que nos ocupan, narrar ese viaje a los infiernos, esa senda de autodestrucción. Y lo importante es que con todo ello la serie sigue manteniendo el alto nivel que presenta desde sus inicios.

‘Feedback’: mensaje sin retorno


El thriller psicológico, por sus propias características, es un género que puede resultar tan apasionante como decepcionante. Apasionante porque la intriga que plantea, los giros argumentales que se suceden y el modo en que se va desvelando la información atrapan al espectador. Y decepcionante porque todos los misterios y preguntas planteadas durante su desarrollo pueden no tener una explicación satisfactoria. O pueden sencillamente dejar indiferente, que tal vez sea peor. El caso de la primera película de Pedro C. Alonso se encuentra a medio camino de ambos extremos.

La premisa de Feedback es de lo más interesante, con un locutor de radio a punto de desvelar un secreto que puede remover los cimientos de la sociedad y dos asaltantes que secuestran el estudio para obligarle a confesar un terrible crimen de su pasado que él desconoce. Durante buena parte del metraje Alonso dirige con pulso firme el suspense y los momentos más violentos del relato para poner a los personajes, y de paso al espectador, en una situación límite. Su apuesta visual y el lenguaje que emplea no solo dan cuenta de un director con personalidad, sino que acentúan en muchos momentos la sensación de angustia extrema que vive el protagonista, al que da vida un Eddie Marsan (serie Ray Donovan) en estado de gracia.

Sin embargo, como suele ocurrir con estas historias, una vez reveladas las identidades de los asaltantes y, sobre todo, una vez conocida la verdad detrás de todo este suspense, la película tiende a perderse en su propio planteamiento, entregándose a la violencia sin control y perdiendo Alonso, precisamente, el control del relato que hasta ese momento había mantenido con inteligencia. Esto permite, sin embargo, plantear la reflexión de que nunca llegamos a conocer a alguien hasta que se encuentra en una encrucijada realmente trágica, en la que tenga que elegir entre la vida y la muerte, ya sea física, profesional o de cualquier otro tipo. Pero incluso para plantear este debate no era necesario llegar a los extremos de violencia, en algunos casos poco justificada, a los que llega.

Así, Feedback se plantea como un interesante thriller, puede que con premisas más que conocidas y un planteamiento algo arquetípico. Pero su desarrollo desde luego está marcado por momentos inesperados que pretenden romper, al menos momentáneamente, con los estándares del género (otra cosa es que el resultado sea efectivo). El problema, sin embargo, es responder a las expectativas creadas, y ahí es donde falla, como muchos otros films del género. No es una mala película, al contrario. Visualmente hipnótica, con un uso de la luz y los colores sencillamente maravilloso, con un reparto más que notable y una música que ayuda al caos que se crea en el relato. Pero el guión, con algunos diálogos un poco débiles, crece demasiado para el final que plantea. No decepciona, pero tampoco termina de satisfacer.

Nota: 6,5/10

Zemeckis da la bienvenida a Marwen a Willem ‘Van Gogh’ Dafoe


Con la resaca de la gala de los Oscar todavía generando ciertos debates y comentarios comienza un mes de marzo cinematográfico que todo apunta será de dominio marvelita. Pero antes de que llegue la nueva cinta de superhéroes, este viernes día 1 son varios los estrenos que llegan a la cartelera española, incluyendo propuestas de terror y uno de los títulos que han competido en los últimos Oscar.

Sin duda uno de los estrenos más interesantes es Bienvenidos a Marwen, nueva película de Robert Zemeckis (El desafío) que gira en torno al poder de la imaginación y su impacto en nuestra salud. La trama se centra en el caso real de un hombre que sufrió daños cerebrales que le dejaron en coma nueve días. Tras esto buscó su recuperación en un mundo de fantasía que creó con muñecas creadas en su imaginación. Comedia y drama se dan cita en este film hollywoodiense protagonizado por Steve Carell (El vicio del poder), Leslie Mann (Vacaciones), Merritt Wever (Diré tu nombre), Eiza González (Baby driver), Gwendoline Christie (serie Juego de tronos), Janelle Monáe (Figuras ocultas) y Leslie Zemeckis (Dark Nova), entre otros.

Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Irlanda y Suiza colaboran en Van Gogh, a las puertas de la eternidad, drama biográfico en torno a la época más tormentosa en la vida del famoso artista post-impresionista. La trama transcurre en 1886, cuando Van Gogh se refugia en un pequeño pueblo de Francia huyendo del bullicio de París. Allí algunos le temen y otros le adoran, pero sus cambios de humor constantes comienzan a alejar a todo el mundo de su lado, incluso su mejor amigo Paul Gagugain y su hermano Theo. Será en ese tiempo cuando pinte las obras maestras que le definen como artista. Julian Schnabel (La escafandra y la mariposa) se pone tras las cámaras de esta historia, mientras que Willem Dafoe (Asesinato en el Orient Express), Rupert Friend (serie Homeland), Oscar Isaac (Star Wars: Episodio VIII – Los últimos Jedi), Mads Mikkelsen (Doctor Strange), Mathieu Amalric (Barbara) y Emmanuelle Seigner (Basada en hechos reales) encabezan el reparto.

Puramente estadounidense es Larga vida y prosperidad, comedia dramática de 2017 que adapta la obra teatral de Michael Golamco, quien se encarga de escribir un guión que arranca cuando una joven autista decide escapar de su centro asistencial al cumplir la mayoría de edad. Inspirada por una amiga, la joven, que ve a las personas como códigos indescifrables, decide viajar a Hollywood para presentar en un concurso su guión sobre Star Trek, en un trayecto que brindará una perspectiva única sobre la vida. Dirigida por Ben Lewin (Las sesiones), la cinta está protagonizada por Dakota Fanning (Pastoral americana), Toni Collette (Imperium), Alice Eve (Criminal), River Alexander (El coro), Jessica Rothe (Feliz día de tu muerte) y Farrah Mackenzie (Mientras no estás).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y entre ellos destaca Feedback, thriller de terror de capital español y reparto internacional que gira en torno a un locutor de radio londinense famoso por unos programas inteligentes que durante las madrugadas analizan y desvelan secretos de los temas más candentes de la actualidad. Una noche, cuando está a punto de desvelar un escándalo en el mundo del fútbol, dos encapuchados toman la emisora a punta de pistola y le obligan a seguir el guión preparado por los asaltantes que arrojará luz sobre un macabro secreto, convirtiendo la noche en una pesadilla. Pedro C. Alonso debuta en el largometraje con esta historia protagonizada por, entre otros, Eddie Marsan (serie Ray Donovan), Paul Anderson (Robin Hood. Forajido, héroe, leyenda), Ivana Baquero (El club de los incomprendidos), Richard Brake (Espías) y Alexis Rodney (Hasta que la boda nos separe).

También española, y también con un reparto con nombres internacionales, es 4 Latas, drama dirigido por Gerardo Olivares (El faro de las orcas) que arranca cuando dos amigos se enteran de que un tercero está enfermo. Recordando sus años de juventud, en los que recorrieron África en coches que después vendían, los dos protagonistas deciden ir a ver a su amigo a Mali, para lo que utilizarán un 4 Latas de la hija de uno de ellos. Un viaje repleto de emociones que avivarán recuerdos y les cambiará la vida para siempre. Jean Reno (Atraco en familia), Hovik Keuchkerian (Assassin’s Creed), Francesc Garrido (El desentierro), Arturo Valls (Villaviciosa de al lado), Susana Abaitua (Compulsión) y Enrique San Francisco (Sinfín) son los principales actores.

Desde Francia nos llega Profesor en Groenlandia, drama con dosis de aventura que narra el reto profesional de un profesor que decide dejar su Dinamarca natal para ir a enseñar a Groenlandia. Pronto comprende que la cerrada comunidad a la que llega no le abrirá las puertas tan fácilmente, y una serie de curiosas circunstancias le llevarán a plantearse sus convicciones centroeuropeas. Dirigido por Samuel Collardey (Como un león), el film está protagonizado por los debutantes Anders Hvidegaard, Asser Boassen, Thomasine Jonathansen, Gert Jonathansen, Julius Nielsen y Tobias Ignatiussen.

El último de los estrenos de ficción es Sobibor, drama bélico de corte histórico que cuenta con capital alemán, ruso, polaco y lituano. Dirigida por el actor Konstantin Khabenskiy (Guardianes de la noche), quien de este modo debuta en la dirección de largometrajes, la cinta relata cómo un grupo de hombres lograron la fuga de más de 300 prisioneros del campo de concentración del título. De ellos, solo 53 lograron ver el final de la II Guerra Mundial. El propio Khabenskiy encabeza un reparto en el que también encontramos a Christopher Lambert (Los inmortales), Mariya Kozhevnikova (Dukhless), Michalina Olszanska (Matilda), Philippe Reinhardt (Simplify your soul) y Maximilian Dirr (Maria Mafiosi).

Terminamos con el documental ganador del Oscar este año, que se estrena el día 3. Free Solo narra la hazaña de Alex Honnold, que logró escalar, sin ningún tipo de ayuda y por primera vez, la formación rocosa conocida como ‘El Capitán’, en el Parque Nacional Yosemite, que tiene unos 3.000 metros de altura. La cinta está dirigida por Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi, que ya colaboraron juntos en el documental Meru (2015).

‘El vicio del poder’: un poder ejecutivo individual… y efectivo


A medio camino entre el documental, la comedia y el drama. Ese es el delicado equilibrio, y buena base del éxito, que logra Adam McKay (La gran apuesta) con su film sobre la vida y cuestionable obra de Dick Cheney. Una película compleja narrativamente hablando, irónica a cada paso que analiza y terriblemente trágica por cuanto expone unos hechos que cambiaron el rumbo del mundo de un modo tan crudo y desnudo que es difícil no plantearse muchas cuestiones sobre los dirigentes que nos gobiernan.

Pero vayamos a lo que nos importa, y es que este El vicio del poder es una cinta diferente, notablemente superior a casi todas las que pueden verse actualmente en una sala de cine. Y lo es porque su director logra conjugar de forma magistral todos y cada uno de los elementos de cualquier película, desde una caracterización y una interpretación sencillamente impecables hasta una banda sonora minuciosamente escogida que ensalza el verdadero significado de las escenas (ese final con la banda sonora de West Side Story es el mejor ejemplo). Todo ello compone un relato en el que el montaje es clave, pues no solo aporta ese toque documental al conjunto, sino que permite al espectador apreciar el subtexto que muchas veces puede no identificarse en este tipo de historias políticas. Un montaje que, por ejemplo, juega con la posibilidad de un final feliz para el planeta si Cheney se hubiera retirado a tiempo de su carrera política. Por cierto, a aquellos que hayan seguido la serie House of cards puede que les resulten familiares ciertos aspectos de la carrera de este político.

Posiblemente el mayor problema de este film sea su excesiva duración. La vida de Cheney, por muchos intensos momentos que tuviera, no aguanta un relato de más de dos horas, y ni siquiera la extraordinaria interpretación de Christian Bale (La promesa), más allá de sus 18 kilos de más, logra sostener el relato en muchos tramos. Por cierto, que Bale es en realidad la punta de lanza de un reparto en estado de gracia. Pero volviendo al ritmo narrativo de la cinta, McKay, a pesar de su extraordinaria labor, no es capaz de equilibrar adecuadamente los cambios de interés dramático que tiene el film. Y es algo que se nota incluso en el lenguaje visual. Las secuencias más importantes e interesantes están abordadas con un ritmo casi frenético, mientras que las más irrelevantes se afrontan casi con un lenguaje academicista, carente de la personalidad que caracteriza al film.

Esta irregularidad es la que impide que El vicio del poder sea una obra brillante, aunque no tanto como para que no estemos hablando de una película más que notable. Su montaje, el humor con el que afronta algunos de los hechos más oscuros de la reciente historia de Estados Unidos, la labor del reparto (más allá de transformaciones o caracterizaciones), el narrador y su relación con los hechos o la música componen un relato que no solo entretiene en su mayoría, sino que invita a reflexionar sobre lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos 20 años. Que una película ofrezca al espectador la base para un debate, aunque sea interno, y le obligue a mirar los acontecimientos más recientes con otros ojos es ya de por sí algo por lo que merece la pena revisionar varias veces esta cinta. Y si lo hace con el estilo personal y transgresor de McKay, el interés se multiplica.

Nota: 8,5/10

‘Deadpool 2’: la familia es lo primero


Vaya por delante que disfruté mucho, muchísimo, de aquella inteligente e irónica gamberrada titulada Deadpool. Con ese film de 2016 Ryan Reynolds (Criminal) lograba dos cosas: adaptar fielmente al cine un personaje tan controvertido como este mercenario, y hacer olvidar sus anteriores incursiones en el cine de superhéroes. Ahora, dos años después y habiendo sentado las bases, ¿puede ofrecer algo nuevo una continuación? Bueno, nuevo realmente no, pero dos horas de diversión, violencia y un humor muy muy negro, eso es incuestionable. Y en los tiempos que corren, esto convierte a esta cinta en algo fuera de lo común.

Aunque más allá de violencia extrema, palabrotas y un sinfín de referencias culturales modernas, la realidad es que Deadpool 2 es, ante todo, una historia, el camino de un antihéroe que, como él mismo explica en el film, toca fondo para volver a levantarse y encontrarse a sí mismo. Y ese camino, con sus altibajos en una película que en algún que otro momento se hace un poco lenta, está sólidamente construido, equilibrando drama y humor a partes iguales para aprovechar los conflictos externos a los que se enfrenta el héroe como mecanismos para desenredar su propio arco dramático interno, centrado en su necesidad de encontrar un significado a su vida, una familia que se le ha arrebatado. Dicho de otro modo, todo lo que ocurre en el film está enfocado a explorar los dilemas morales a los que se enfrenta este mercenario.

Y hasta ahí la parte más, digamos, seria cinematográficamente hablando. Porque esta cinta de David Leitch (Atómica) es puro entretenimiento, pura diversión que debe ser entendida como una parodia de… bueno, de absolutamente todo. La mano firme del director en las secuencias de acción logra algunos de los momentos más impactantes del relato, pero es el guión el verdadero protagonista de esta historia. Su capacidad para reírse de todo, desde el cine de superhéroes hasta de su propio protagonista (el actor, no el personaje, que también) hacen de esta segunda parte un delirio del metalenguaje cinematográfico que permite al relato traspasar sus propias fronteras cinematográficas para incrustarse de lleno en nuestra realidad. A este festival ayudan mucho los cameos, incluyendo los nuevos X-Men, un fugaz Brad Pitt (La gran apuesta), y unos títulos de crédito iniciales simplemente insuperables, de nuevo parodiando una saga caracterizada por sus ‘intros’ (es decir, James Bond). Por cierto, atentos a los textos que aparecen.

En definitiva, Deadpool 2 es más de lo que ya ofreció la primera parte. Y lo es en todos los sentidos. Más acción, más violencia, más humor y, sobre todo, más historia. No implica que sea necesariamente mejor, pero la realidad es que sí que lo es. Como suele pasar en todos estos films, una vez se ha narrado el origen del personaje, la película se centra de lleno en sus motivaciones, en sus miedos y los retos que debe afrontar. Y lo hace sin perder una pizca de todo aquello que convierte a este mercenario bocazas en lo que es. Lo mejor que se puede decir de esta segunda parte es que deja con ganas de más, con ganas de seguir explorando la psicología de este antihéroe y de verle agujereado, troceado y golpeado mientras salva el mundo.

Nota: 8/10

La Guerra del Infinito de ‘Los Vengadores’ arrasa con los estrenos


Ya está aquí. Este viernes 27 de abril es posiblemente la fecha más esperada por los fans de los superhéroes y los cómics. Muchos de ellos, de hecho, aprovecharán los pases de la noche del jueves para poder ver antes que la mayoría una de las cintas que más expectación han creado en los últimos meses. Tanto que a pesar de que esta semana llegan muchos más estrenos, ninguno de ellos parece poder competir (ni quieren hacerlo) con un título que tiene garantizado el éxito.

Se trata, como muchos ya sabrán, de Vengadores: Infinity War, primera parte de un díptico en el que la división cinematográfica de Marvel ha puesto toda la carne en el asador. O mejor dicho, a todos sus superhéroes en una macro cinta de acción que hará las delicias (o no) de los fans. Para quienes no conozcan la trama, esta sitúa a los superhéroes colaborando para hacer frente a amenazas contra las que no pueden luchar solos. Pero cuando Thanos aparece en la Tierra todos ellos tendrán que unirse para tratar de derrotar una amenaza que planea destruir todo el universo utilizando para ello el Guantelete del Infinito. Los hermanos Russo, Anthony y Joe (Capitán América: Civil War) se ponen tras las cámaras de este blockbuster que junta a todos los rostros que hasta ahora han protagonizado las historias Marvel en la gran pantalla, entre los que destacan Chris Evans (Un don excepcional), Robert Downey Jr. (El juez), Chris Hemsworth (Cazafantasmas), Scarlett Johansson (Una noche fuera de control), Josh Brolin (Everest), Tom Holland (Z, la ciudad perdida), Benedict Cumberbatch (The imitation game), Elizabeth Olsen (Godzilla), Chadwick Boseman (Marshall), Sebastian Stan (La suerte de los Logan), Chris Pratt (Passengers), Tom Hiddleston (Kong: La Isla Calavera), Zoe Saldana (Vivir de noche), Vin Diesel (El último cazador de brujas), Idris Elba (La Torre Oscura), Danai Gurira (serie The Walking Dead), Paul Bettany (Mortdecai), Jeremy Renner (La llegada), Dave Bautista (Blade Runner 2049), Paul Rudd (Juerga de mamis), Bradley Cooper (Juego de armas), Mark Ruffalo (Ahora me ves 2) y Don Cheadle (serie House of lies).

El otro estreno procedente enteramente de Hollywood es Noche de juegos, comedia gamberra con toques de intriga que gira en torno a una pareja acostumbrada a tener todas las semanas una noche de juegos con varios amigos. Todo cambia cuando el hermano del protagonista organiza algo diferente: resolver un asesinato con criminales y agentes del FBI interpretados por actores. Pero cuando el anfitrión es secuestrado todos los jugadores comenzarán a dudar qué es real y qué no, e iniciarán una carrera en la que no habrá puntos ni recompensas, y en la que el único objetivo es rescatar a su amigo y hermano sin morir en el intento. John Francis Daley y Jonathan Goldstein (Vacaciones) dirigen a cuatro manos esta cinta entre cuyos actores principales destacan Jason Bateman (Fiesta de empresa), Rachel McAdams (Spotlight), Billy Magnussen (Ingrid goes west), Sharon Horgan (Amor sin cita previa), Kyle Chandler (Manchester frente al mar), Lamorne Morris (Sandy Wexler), Kylie Bunbury (El canguro), Jesse Plemons (Los archivos del Pentágono), Michael C. Hall (Frío en julio) y Danny Huston (Wonder Woman).

Estados Unidos y Reino Unido colaboran en 7 días en Entebbe, thriller dramático que dirige José Padilha (RoboCop) cuya historia, ambientada en 1976, se centra en el secuestro de un avión de Air France procedente de Tel Aviv con 248 pasajeros por parte de dos palestinos del Frente Popular. El aparato fue desviado al Aeropuerto Internacional de Entebbe, en Uganda, donde se realizó el rescate más impactante de la historia reciente. Daniel Brühl (La casa de la esperanza), Rosamund Pike (El hombre del corazón de hierro), Eddie Marsan (serie Ray Donovan), Ben Schnetzer (Pride), Denis Ménochet (Norfolk) y Mark Ivanir (Bye bye Germany) encabezan el reparto.

España tiene como representante Hacerse mayor y otros problemas, comedia romántica con toques de drama que escribe y dirige Clara Martínez-Lázaro (Una casa frente al mar) y cuyo argumento gira en torno a una mujer de 35 años que vive con la sensación de haber fracasado en su vida. Para colmo, su mejor amiga le comunica que está embarazada y que quiere que ella sea la madrina del bebé. En el reparto destacan Silvia Alonso (Es por tu bien), Bárbara Goenaga (La punta del iceberg), Antonio Resines (La reina de España), Vito Sanz (serie Vergüenza) y María Esteve (Los 2 lados de la cama).

Puramente dramática es El león duerme esta noche, cinta con capital francés y japonés que sigue la vida de un actor que se instala de forma clandestina en una casa abandonada en la que vivió un antiguo amor. Ese mismo lugar es utilizado por un grupo de niños para jugar a hacer películas, por lo que el encuentro entre ellos provocará un contraste en la forma de entender el paso de la vida. Nobuhiro Suwa (Yuki & Nina) dirige esta propuesta protagonizada por Jean-Pierre Léaud (Visage), Pauline Etienne (Romance en Tokio), Maud Wyler (2 otoños 3 inviernos), Jules Langlade y Adrien Cuccureddu.

Desde Italia llega Fortunata, drama dirigido por Sergio Castellitto (Volver a nacer) que narra la lucha de una joven madre que, con un matrimonio a sus espaldas, busca la manera de poder abrir una peluquería para emanciparse, conquistar la independencia y lograr volver a ser feliz. Jasmine Trinca (Caza al asesino), Stefano Accorsi (Veloz como el viento), Alessandro Borghi (Dalida), Edoardo Pesce (Tommaso) y Nicole Centanni encabezan el reparto.

Por último, dos cintas que cuentan con la colaboración de varios países. Lou Andreas-Salomé es el título de una coproducción entre Alemania, Austria, Italia y Suiza que aborda la vida de la escritora rusa que da nombre a la película, una mujer adelantada a su tiempo que se codeó con personalidades como Nietzsche o Freud, y que fue amante de Rainer Maria Rilke. Dirigida por Cordula Kablitz-Post, que debuta de este modo en el largometraje de ficción tras una carrera en el documental, la cinta está protagonizada por Katharina Lorenz (Freistatt), Nicole Heesters (Solo para clarinete), Liv Lisa Fries (Boy 7), Helena Pieske (Hitman: Agente 47), Matthias Lier (El castillo de Roca Negra) y Katharina Schüttler (Alone in Berlin).

Finalmente, Invitación de boda cuenta con capital palestino, francés, colombiano, alemán, qatarí, noruego y de los Emiratos Árabes Unidos. Este drama escrito y dirigido por Annemarie Jacir (La sal de este mar) narra la tensa y frágil relación entre un hombre de avanzada edad y su hijo, quien regresa a Nazaret después de varios años en Roma porque se va a casar y, como establece la tradición palestina, debe ayudar a su padre a entregar en mano todas las invitaciones. El film cuenta en su reparto con Mohammad Bakri (Girafada), Saleh Bakri (Salvo), Tarik Kopty (Mars at sunrise), Monera Shehadeh y Lama Tatour.

‘Ray Donovan’ muestra la importancia de los secundarios en su 5ª T.


En líneas generales, Ray Donovan es una serie más que notable. Dramáticamente intensa, con un reparto espléndido y unas tramas sólidas, esta serie creada por Ann Biderman (Smila: Misterio en la nieve) es un claro ejemplo de que una buena ficción, sea en cine o televisión, siempre deberá sustentarse en los mismos principios antes mencionados. Pero por si esto no fuera suficiente, la quinta temporada es todo un ejercicio digno de estudiar en las clases de guión. Los 12 episodios que conforman esta etapa demuestran que toda historia, para ser completa, necesita de unos secundarios extraordinarios.

La trama de esta temporada viene a confirmar, además, algo que se intuía desde el comienzo de la serie: que el personaje de Paula Malcomson (Los juegos del hambre) era la piedra angular no solo de las interacciones entre personajes, sino del desarrollo dramático y de los conflictos que han nutrido a esta ficción desde sus primeros episodios. El modo en que Biderman trata a este personaje y toda su línea argumental en esta etapa es sencillamente perfecto, alternando pasado y presente sin más indicaciones que los personajes y sus diferentes representaciones físicas. Eso, y el impacto que tiene en el protagonista, un Liev Schreiber (El caso Fischer) inmenso al que los Globos de Oro, un año más, han dejado de lado en los premios (suma cinco nominaciones seguidas por este papel).

Precisamente el modo en que estos dos personajes afrontan el conflicto es lo que genera el contraste dramático y la profundidad emocional a la que posiblemente sea la mejor temporada de la serie. A través de flashbacks, el relato compone un puzzle del que hace partícipe al espectador, que más allá de los problemas laborales de Donovan debe prestar especial atención a los saltos temporales constantes en cada episodio. El arco argumental, por tanto, se nutre a cada paso, jugando con precisión con la información que tiene el espectador. Se genera de este modo un suspense único, una intriga por conocer los detalles de lo acontecido y narrado en el primer episodio de esta etapa de Ray Donovan. Y mientras algunas cosas se desvelan con cierta celeridad, otras se antojan casi un misterio que reta al espectador a resolverlo antes de verlo en pantalla.

Un delicado equilibrio que tiene como principal problema la debilidad del resto de tramas secundarias, amén del tratamiento que se da a algunos de los personajes habituales de la serie. Empero, y aunque de esto hablaremos más adelante, es importante señalar que a pesar del protagonismo del personaje de Schreiber, cada temporada ha tratado de poner el foco sobre alguno de los miembros de la familia Donovan. En mayor o menor medida, cada bloque de episodios ha narrado la historia con un secundario diferente como apoyo dramático a los problemas laborales del protagonista, idea que culmina de forma apabullante en esta quinta temporada y que obliga a plantearse no solo cómo continuará la trama sin un rol clave, sino si será capaz de superar el pico dramático de esta etapa.

Problemas secundarios

Como decía antes, uno de los problemas de Ray Donovan en esta tanda de episodios es la debilidad de las tramas secundarias que tienen poco o nada que ver con el epicentro dramático de la acción. A diferencia de anteriores temporadas, donde todo tenía una mejor y mayor integración, en estos 12 capítulos la relevancia y la intensidad de los principales acontecimientos obligan a quitar tiempo de desarrollo a otras historias, que se convierten casi en un trasfondo narrativo para enmarcar el arco argumental principal, siendo utilizadas solo como apoyo en determinadas ocasiones y, eso sí, aprovechadas para plantear conflictos dramáticos para la sexta temporada.

Uno de los casos más curiosos es el de los hijos, interpretados por Kerris Dorsey (Moneyball: Rompiendo las reglas) y Devon Bagby (Broken Ghost). Por un lado, en esta temporada se ha intentado integrar más en la trama a la joven, introduciéndola de lleno en la historia principal y siendo, en cierto modo, motor de cambio de muchas de las secuencias a lo largo de los episodios. En este sentido, ha venido a sustituir al rol de Malcomson como el contrapunto femenino a una historia eminentemente masculina. Pero por otro, el papel del adolescente ha tomado una deriva cuanto menos cuestionable. El personaje parece alejarse cada vez más del interés dramático de la serie, y eso queda más que patente en las situaciones en las que se le ubica. No solo no tienen un nexo de unión claro con el resto del argumento, sino que podrían interpretarse como una forma sutil y progresiva de dejarle fuera de esta ficción definitivamente. Habrá que ver si se le intenta integrar en un futuro cercano o si, por el contrario, se convertirá en un personaje episódico que aparezca cuando sea necesario un apoyo dramático.

Aunque lo más interesante ocurre con el rol de Jon Voight (Más allá). Si durante todas las temporadas anteriores ha sido un punto de inflexión en la historia, un contrapunto a medio camino entre la comedia y el drama para la trama principal, en esta quinta temporada su influencia parece haber quedado en un segundo plano. Su arco argumental, aunque sigue siendo el contrapunto cómico de la serie, se aleja mucho de la influencia que sí tuvo en etapas previas. Tanto que camina de forma paralela durante buena parte de la temporada, siendo integrada en el resto únicamente para explicar algún matiz del pasado o, y esto es sumamente importante, para sentar las bases de los nudos dramáticos que están a punto de venir, y que a todas luces volverán a tener el conflicto padre-hijo como telón de fondo.

Cómo será que el mundo de Ray Donovan ha sido sacudido desde sus cimientos que ni siquiera la trama relacionada con su trabajo que habitualmente tiene un peso específico más que notable en esta quinta temporada solo sirve para plantear la trama principal y para generar ciertas situaciones anómalas en la vida del protagonista. Y todo ello es, ni más ni menos, porque lo relevante en esta temporada de inflexión es la vida personal de este fascinante personaje. Cómo cambia su día a día, las relaciones con hermanos, hijos y resto de la familia y, sobre todo, la fragilidad de un hombre aparentemente irrompible ante la pérdida del amor de su vida, por mucho que durante toda la duración de la serie se haya podido poner en duda. En cierto modo, esta ha sido la temporada más humana y más íntima de toda la serie, ofreciendo una faceta del héroe nunca antes vista. Personalmente, ha sido la mejor etapa de toda la ficción a pesar de ciertas irregularidades en el contexto dramático y en los secundarios. A partir de ahora se abre un nuevo escenario que revitaliza una serie que, en realidad, no necesitaba ningún empujón para seguir siendo uno de los productos más frescos, dinámicos, apasionantes e interesantes de la televisión.

‘Atómica’: La espía que destrozó Berlín en 1989


Que actores como Charlize Theron (Lugares oscuros), James McAvoy (Trance) o John Goodman (Día de patriotas) decidan trabajar en la primera película de un director como David Leitch debería ser suficiente para, al menos, despertar la curiosidad del más incrédulo. La combinación de estos nombres, con todo lo que eso conlleva artística y visualmente hablando, han dado lugar a un producto que, si bien es cierto que bebe de muchos films similares anteriores, ofrece un espectáculo único, un complejo puzzle de espionaje, acción y drama que deja algunos de los momentos más interesantes del panorama cinematográfico actual, al menos en lo que a apartado formal se refiere.

Puede que Atómica sea, desde el punto de vista del argumento, algo enrevesada. Basándose en la novela gráfica escrita por Antony Johnston, el film tiende, sobre todo en su tercio final, a rizar el rizo del espionaje, a situar la trama en un nivel de complejidad que no termina de encajar con el tono previo que ha tenido la narración, obligando a una especie de final triple que alarga innecesariamente la historia y que, aunque da un sentido muy distinto a todo lo visto durante las casi dos horas de metraje, también plantea otras dudas que no quedan resueltas como deberían. Eso por no hablar de que la definición de algunos secundarios se realiza de forma tan esquemática que tiende a perderse en la maraña de personajes y tramas que suelen definir este tipo de historias.

Con todo, y aunque parezca increíble, este es un mal relativamente menor. La película de Leitch es un espectáculo visual en todos sus sentidos, desde una puesta en escena que juega con inteligencia con los colores y la calidez o frialdad de la luz, hasta algunos hallazgos visuales sencillamente perfectos, como es ese largo plano secuencia que comienza en la calle, pasa por varias peleas dentro de un edificio y termina en el agua. Eso por no hablar de la intensidad de las secuencias de acción, cortesía de un director curtido en este tipo de situaciones (ha sido especialista y director de segunda unidad de este tipo de secuencias en otros films). Todo ello aporta a esta historia un sabor único, a medio camino entre la decadencia y el kitsch, que se acentúa por una banda sonora imprescindible para melómanos.

La verdad es que Atómica apenas da respiro al espectador para acomodarse en su butaca. Y entre medias, las suficientes secuencias narrativas para explicar el contexto, la trama y la doble moral de muchos de los personajes. Una cinta de espionaje que sin duda evocará varios héroes masculinos del género, y que en esta ocasión tiene a una belleza como Theron repartiendo mamporros con cualquier objeto a su alcance. Espectacularidad, adrenalina y mucha intriga, aunque esta última puede terminar por resultar algo irreal según se acepten o no los falsos finales que presenta. En cualquier caso, es un mal que puede poner una mancha en el expediente de esta espía en el Berlín de 1989, pero que no resta valor al resto de su historia.

Nota: 7/10

4ª T. de ‘Ray Donovan’, o cómo llevar al límite a un personaje


Familia y crimen, más unidos que nunca en la cuarta temporada de 'Ray Donovan'.Los seguidores de Ray Donovan habrán apreciado que la serie creada por Ann Biderman (serie Southland) suele separar de forma más o menos clara los problemas familiares del protagonista con sus “problemas laborales”. Ya en la tercera temporada comenzó a cambiar esta dinámica, y en los 12 episodios que conforman su última etapa televisiva dicho cambio no solo continúa, sino que parece confirmarse con un viaje a los infiernos del rol interpretado magistralmente por Liev Schreiber (Spotlight).

En efecto, la fusión de tramas que comenzó en los anteriores capítulos adquiere en esta nueva temporada un cariz mucho más violento y dramático, enfocando el trabajo narrativo hacia la creación de una única trama principal con ramificaciones secundarias, en lugar de diversas tramas con influencias sobre la historia protagonista. El resultado de todo ello es un mundo mucho más rico e interconectado en el que las decisiones de cada personaje tiene relevancia, al menos, para el antihéroe de esta historia. Pero también, y eso es quizá lo más interesante, genera consecuencias para todos ellos, incluyendo las últimas incorporaciones de roles secundarios.

La ingeniería narrativa de Ray Donovan, por tanto, alcanza un nuevo nivel, más sofisticado y complejo, confirmando la evolución de esta más que notable serie. El viaje del protagonista a lo largo de los episodios se revela como una suerte de epifanía con la que llega a comprender que ha abandonado su verdadera naturaleza. Y lo más curioso es que la temporada comienza, precisamente, con un Ray Donovan que parece haber encontrado el camino correcto para salir de la espiral de violencia en la que está sumergido.

Pero como decimos, este viaje no sirve únicamente para descubrir que el personaje de Schreiber no podrá cambiar, sino para comprender que trabajo y familia están íntimamente ligados, algo que siempre se ha intuido a lo largo de la serie pero que ahora toma forma. Y esto se consigue gracias, sobre todo, a una evolución de los acontecimientos narrados en la anterior temporada, es decir, tomando como punto de partida algo ya conocido por el espectador; una continuidad que dota de una mayor entidad a la serie, que por cierto alcanza unas cotas de violencia bastante inusitadas en una ficción ya de por sí bastante agresiva.

Entre boxeadores anda el juego

En esta evolución, sin embargo, la cuarta temporada de Ray Donovan tiene sus más y sus menos. El carácter integrador de su narrativa se sustenta en algunas historias secundarias que podrían considerarse, cuanto menos, excesivamente largas. Desde luego, el ejemplo más claro es el del boxeador y su relación incestuosa con su hermana. La forma en que se aborda esta trama, al menos narrativamente hablando, resulta excesivamente circular, volviendo sobre el único conflicto una y otra vez sin que nunca llegue a resolverse, como si fuera necesario alargar su presencia en la historia hasta el final de la temporada.

Si bien es cierto que se adorna con diversos conflictos menores, y que de hecho permite a la serie reformular algunos de sus conceptos dramáticos, sobre todo los que tienen que ver con la familia Donovan y la relación entre el protagonista y el hermano interpretado por Eddie Marsan (La verdad duele), el tratamiento dado tanto a la historia como a los secundarios que la protagonizan resulta un tanto incongruente en tanto en cuanto se repite el conflicto en demasiadas ocasiones, dando además soluciones temporales que se antojan similares, muy similares.

El otro ejemplo, aunque en esta ocasión menos evidente, es el de la historia protagonizada por Jon Voight (Más allá). En esta temporada, más que nunca, su personaje parece fuera de órbita de la trama principal. De hecho, los acontecimientos de este desarrollo no parecen tener mucho impacto en las secuencias más relevantes. Pero solo lo parece, porque de hecho la función de esta línea argumental es la de acercar posturas entre el protagonista y su padre, ahondando la serie en el concepto familiar que resulta fundamental en su concepción. Sí es cierto que el regreso una y otra vez a los mismos errores de este personaje pueden antojarse un recurso algo manido después de cuatro años, pero la realidad es que, por un lado, permite hacer evolucionar la historia, y por otro cuenta como epicentro con uno de los actores más en forma de la serie, por no hablar de un personaje que termina por hacerse querer.

En cierto modo, Ray Donovan logra en esta cuarta temporada la que posiblemente sea la mejor historia de la serie, demostrando que todavía tiene margen de crecimiento. La búsqueda por parte de sus creadores de una nueva fórmula que aúne los dos pilares fundamentales de la serie en un único desarrollo dramático augura un futuro brillante si se trata de forma coherente y sin perderse en la necesidad de concesiones dramáticas, algo que por otro lado no parece propio de esta ficción. Es raro encontrar una serie capaz de mejorar temporada tras temporada incluso con sus posibles errores, y Ray Donovan es de esos raros productos.

‘La verdad duele’: el secreto a voces del fútbol americano


Will Smith se enfrenta a la NFL en 'La verdad duele'.Con la nueva película de Will Smith (Soy leyenda) ocurre un poco lo mismo que cualquiera que haya visto fútbol americano alguna vez ha sospechado: que aunque bello, alguna consecuencia tiene que haber. En el caso del deporte, consecuencias físicas que van más allá de las meras lesiones. En el caso de la película, una base conceptual que no deja margen para casi nada.

Porque sí, La verdad duele es tan sencilla, clara y directa como el título que se ha buscado en España. Un drama que se mueve siempre en terrenos previsibles, incapaz de ofrecer nada que no se presuponga de su sinopsis y cuyo guión parece hecho con demasiada inocencia. Consciente de que se basa en una historia real, la forma en que se presenta, por ejemplo, el acoso que vive el protagonista para que abandone su teoría resulta un tanto burda, como si la todopoderosa NFL no fuera capaz de afrontar las amenazas de forma más sutil.

Ahora bien, tanto su director, Peter Landesman (Parkland) como su protagonista ofrecen una buena versión de sí mismos. El segundo más que el primero. Gracias a Landesman el desarrollo de la trama se hace digerible, ameno y en varios momentos muy interesante. Ahí quedan los momentos en los que el doctor Omalu comprende las consecuencias del deporte, o incluso la escena inicial. Precisamente es en esta donde se aprecia la notable labor de Smith con un personaje alejado de su habitual registro, ofreciendo al espectador una interpretación contenida, marcada por un carácter metódico y analítico.

El mejor resumen que se puede hacer de La verdad duele es que es lo que se ve desde el principio, ni más ni menos. ¿Es eso bueno? En cierta medida. Su falta de expectativas y de ambición permite al espectador saber a lo que se enfrenta, pero también le impide apasionarse con la clásica historia de David contra Goliat, del hombre contra la todopoderosa maquinaria del deporte.

Nota: 6/10

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: