‘Bohemian Rhapsody’: Dios salve a Queen


No han sido pocas las críticas que han atacado duramente la nueva película de Bryan Singer (Valkiria). Pero esta, desde luego, no va a ser una de ellas. Porque si algo bueno tiene este biopic de Freddie Mercury es, por un lado, que recupera la figura de esta leyenda de la música y, por otro, que evidencia la admiración que sigue despertando 27 años después de su muerte. Pero es que además el planteamiento narrativo, con sus altibajos, es notable.

Vaya por delante que este tipo de historias son, por lo general, bastante menos fascinantes de lo que a priori puede pensarse, normalmente porque las vidas privadas de los artistas no tiene tanto interés como su música. En este sentido, Bohemian Rhapsody no es una excepción, presentado algunos pasajes que pueden carecer del ritmo que sí tiene el resto del film. Pero son precisamente esos momentos los que resultan más interesantes, al aproximarse de un modo muy personal al hombre detrás de Freddie Mercury, a un joven cuya vida estuvo marcada por la peor soledad que existe: aquella que se siente estando rodeado de personas. A este respecto la labor tanto del director como del protagonista (Rami Malek, visto en la serie Mr. Robot) es simplemente impecable, y permite apreciar el claro contraste entre la vida del cantante y la que llevaron el resto de componentes de la banda, uno de los detonantes de sus posteriores decisiones.

Pero si algo tiene de extraordinario este film es que esos momentos aparentemente carentes de ritmo son, en realidad, los compases previos a la creación de los mayores éxitos de la banda. Gracias al planteamiento dramático el espectador se aproxima a las luchas y los procesos que dieron lugar a temas como ‘Another one bites the dust’ o ‘We will rock you’. Si a eso sumamos el tratamiento que Singer da a las giras musicales y, sobre todo, ese concierto Live Aid que se muestra casi de forma íntegra, lo que obtenemos es un homenaje a una familia más que a una banda de rock. Un homenaje a una forma de entender la música que, valga la redundancia, no entiende de etiquetas. Un homenaje, en definitiva, a cuatro jóvenes cuya genialidad fue encontrarse, respetarse y saber aprovechar el talento que cada uno tenía.

Un homenaje, por cierto, expuesto de forma inteligente, alejado del drama en el que se convirtió la vida de Mercury en los últimos años. Bohemian Rhapsody es un film sobrio que navega por los temas que se han convertido en himnos generación tras generación, y lo hace con la sencillez y elegancia que caracteriza a Singer. En la memoria queda la actuación de Malik y, sobre todo, algunos conceptos que maneja el film, desde la familia hasta la soledad, pasando por la redención y, como no, esa maravillosa música que nunca deja de sonar. Un viaje por el hombre detrás de la leyenda que a muchos quizá no guste. Y puede que no sea una obra maestra, pero desde luego sí es un film espléndido, que se disfruta de principio a fin y que ayuda a comprender mejor a ese hombre cuya vida terminó en 1991.

Nota: 7,5/10

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El invierno ya ha llegado a la séptima temporada de ‘Juego de tronos’


El tramo final de cualquier relato, lo que en cine se conoce como el tercer acto, se caracteriza por una mayor acción, menos desarrollo dramático y la resolución de los conflictos planteados durante las secuencias anteriores. De ahí que ver el final de una película sin conocer lo que ha ocurrido antes puede llevar a engaño, frustración o decepción. ¿Y qué tiene esto que ver con Juego de tronos? Pues en realidad todo. Porque su séptima temporada, más corta que las anteriores, está planteada como eso, como el comienzo del fin. El invierno ha llegado a la trama, pero también al tratamiento que David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss llevan a cabo en estos 7 episodios.

Y es que la historia ha entrado en una recta final frenética, marcada notablemente por la acción, la espectacularidad y los dragones. Vamos, todo lo que los seguidores han estado esperando durante años. Atrás han quedado, o al menos han sido relegados a un segundo plano, los largos y densos diálogos, las miradas capaces de explicar todo un universo complejo de emociones y las intrigas palaciegas. Siguen existiendo, claro está, pero su protagonismo merma considerablemente. Que esto sea mejor o peor es a gusto del consumidor, pero personalmente creo que entrar en estas discusiones aleja la atención del verdadero problema de esta temporada, que abordaré más adelante.

Este problema, del que se derivan muchos otros aspectos, no debe ser óbice para poder disfrutar de una de las temporadas más intensas de Juego de tronos. El ritmo de sus episodios es endiablado, sus personajes han evolucionado coherentemente y, en definitiva, todas las piezas se han ubicado en este tablero que es Poniente para poder dar salida a las tramas secundarias que hayan quedado todavía con vida. Esto ha permitido a sus creadores, por tanto, centrarse en el grueso de los personajes principales, en unificar las diferentes historias en una sola mucho más épica y grandilocuente en la que la espectacularidad es la protagonista.

Los guiones de estos episodios, por tanto, sustentan su atractivo mucho más en la acción. Y precisamente esa apuesta, dado que todavía existen muchos frentes abiertos, es la que provoca la aparición intermitente, en algunos casos demasiado intermitente, de determinados personajes, por no hablar de que su protagonismo en pantalla se ha reducido a la mínima expresión. Dicho de otro modo, la trama pone toda su atención en la lucha por el trono y en la lucha contra los muertos, dejando por el camino varios cadáveres dramáticos que pueden llegar a echarse de menos, sobre todo porque su desaparición no parece estar más justificada que por las necesidades dramáticas del momento.

Menos tiempo

Antes mencionaba que existe un gran problema en esta temporada, y ese es el tiempo. El hecho de que sean tan solo 7 episodios hace hincapié en dos cosas. Por un lado, que estamos ante el final de uno de los eventos televisivos más importantes de la historia. Y por otro, que existen menos minutos para narrar la historia. De hecho, más de dos horas de metraje con respecto a las anteriores temporadas de Juego de tronos. Y eso obliga a los guionistas a concentrarlo todo en menos espacio dramático. El resultado es, más allá de saltos temporales y viajes que parecen casi teletransportar a los protagonistas, una ausencia de intriga, de diálogos profundos que obliguen a la reflexión o a la búsqueda de intenciones ocultas.

Es más, todo en esta séptima etapa está enfocado a hacer avanzar la acción lo más rápido posible. El final de temporada, espectacular como siempre, es el resultado de ese proceso. Lo malo es que se quedan muchas cosas por el camino. Lo bueno es que la serie gana en dinamismo. Por supuesto, eso no quiere decir que no siga existiendo una parte de estrategia y de intriga. Sin duda, los acontecimientos de Invernalia son el mejor reflejo de ese pequeño resquicio que, como muchas cosas en esta etapa, termina muriendo (y no diré más para no desvelar nada). Pero no dejan de ser una pequeña isla en una trama mucho más directa y menos dada a subterfugios.

Puede que la mejor prueba de ello sea el último episodio y varias resoluciones dramáticas que se dan a lo largo de la temporada, algunas con un mayor impacto que otras. Todos los secretos, salvo la gran incógnita en torno al Rey de los Caminantes Blancos, parecen quedar resueltos en esta especie de final previo al gran final que parece anunciarse en la última temporada, aún más corta que la que ahora termina. Secretos, por cierto, que incluyen el verdadero origen de Jon Snow en una revelación que, por el momento en el que se hace y las imágenes que se muestran, puede tener muchas consecuencias.

Ahora lo importante es analizar esta séptima temporada de Juego de tronos, y el resultado no puede ser más diferente a lo visto hasta ahora. Esta es la única valoración objetiva que se puede hacer. A partir de aquí, las impresiones personales de cada uno. La serie apuesta por la acción más visual, por sacar el máximo partido a los combates, a sus dragones y a los enormes ejércitos que parecen no terminarse nunca a pesar de las cruentas batallas. Los diálogos, las conspiraciones y los asesinatos protegidos por las sombras parecen haber terminado, o al menos haber perdido protagonismo. No sé si esto convierte esta temporada en mejor o peor que las anteriores, pero sin duda deja algunos de los momentos más épicos de la serie, así como algunas de las secuencias mejor rodadas de toda esta historia. El invierno ha llegado para todos, como demuestra uno de los últimos planos de la temporada, y la pregunta que queda por hacerse es si los héroes serán capaces de sobrevivir a él. Para saberlo habrá que esperar a los seis episodios de la octava temporada.

‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’: las locas aventuras de un mito


A la pregunta sobre si es posible hacer una película sobre una leyenda sin tener en cuenta dicha leyenda la respuesta es un único nombre: Guy Ritchie. El director de Snatch: Cerdos y diamantes (2000) no solo ha logrado la cuadratura del círculo, sino que lo hace con ese estilo personal tan característico de montaje histriónico, música a juego y recursos visuales casi únicos. Pero su visión particular para narrar cualquier historia no significa que sea la más correcta, como es el caso de esta nueva versión del mito artúrico.

Desde luego, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur es un film entretenido, dinámico y espectacular desde un punto de vista visual. El particular sello de Ritchie se deja sentir desde el primer minuto, gracias sobre todo a ese montaje capaz de narrar en imágenes situaciones pasadas, presentes y futuras como si de un videoclip se tratara, recurriendo asimismo a la narrativa en imágenes de los relatos dentro de la propia película. El resultado son unos primeros minutos, todo el primer acto y la presentación del segundo, realmente entretenidos, divertidos y, por momentos, interesantes.

Todo ello, sin embargo, se desinfla desde el momento en que entra en juego el mito de Arturo, la espada y todo lo que rodea a esta historia, de la que el director y sus guionistas dejan muy poco, por no decir nada. A partir de aquí las referencias a otras historias, que más o menos habían estado presentes durante los minutos previos, se vuelven mucho más constantes, logrando un extraño híbrido entre Robin Hood, Hamlet, los espartanos de 300 o la saga de ‘El señor de los anillos’ entre otros, que divierte por la locura que engendra pero que realmente cuenta poco o nada de una historia que podría haber dado para mucho más y que se limita, en último término, a la acción sin mucho sentido y a los efectos especiales por doquier.

De hecho, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur tiene poco de leyenda y poco de Arturo. Apenas tres momentos de la historia del rey y un puñado de elementos de la historia original se mantienen en esta versión que tiende a perderse en un intento de reinterpretar todos y cada uno de sus elementos. Lo peor de todo es que en ese proceso termina por aportar muy poco a lo ya conocido, tan solo para crear una fantasía medieval que lleva los nombres de Arturo y Excalibur por poner una referencia. Y todo ello con un reparto solvente que parece pasárselo en grande con esta entretenida y alocada aventura.

Nota: 6/10

La nueva entrega de ‘Piratas del Caribe’ busca venganza


El mes de mayo termina por todo lo alto, al menos en lo que a estrenos blockbuster se refiere. Prueba de ello es que el regreso de una de las sagas cinematográficas más famosas y rentables de los últimos años se produce casi en solitario, pues aunque este viernes, 26 de mayo, son varios los estrenos que aterrizan en la cartelera española, todos ellos huyen de lo que representa la principal novedad de la semana, ofreciendo a los espectadores una variedad que, en cualquier caso, no parece que pueda hacer frente al vendaval de aventuras piratas que llega.

Porque, en efecto, este fin de semana se estrena Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, quinta entrega de la famosa saga iniciada allá por 2003 que narra una nueva aventura del capitán Jack Sparrow y que acoge el regreso de grandes e imprescindibles personajes de estas películas. Su trama vuelve a enfrentar a Sparrow ante un letal enemigo, en esta ocasión un viejo enemigo que lidera una tripulación de piratas fantasmas y cuyo único objetivo, después de escapar del Triángulo del Diablo, es acabar con la vida de todos los piratas. Para poder salvar su vida deberá recurrir a viejos amigos y hacerse con el mítico Tridente de Poseidón, que le daría control sobre los mares. Acción, aventura y humor vuelven a ser las claves de este film dirigido a cuatro manos por Joachim Rønning y Espen Sandberg (Kon-Tiki) en cuyo reparto encontramos a Johnny Depp (Mortdecai), Kaya Scodelario (El corredor del laberinto), Orlando Bloom (El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos), Golshifteh Farahani (Altamira), Javier Bardem (Caza al asesino), Geoffrey Rush (Dioses de Egipto), Brenton Thwaites (Maléfica), Kevin McNally (Legend), David Wenham (Lion), Stephen Graham (serie Boardwalk Empire), Keira Knightley (Everest) y Paul McCartney.

Otro estreno estadounidense es Wilson, adaptación a la pantalla grande de la novela gráfica de Daniel Clowes, autor a su vez del guión de este film que gira en torno a un solitario, neurótico, divertido y honesto misántropo de mediana edad que, tras muchos años, se reconcilia con la que fuera su esposa y recibe la noticia de que tiene una hija adolescente, con la que intentará conectar después de tantos años. Claro está, a su modo. Craig Johnson (The skeleton twins) dirige esta comedia que tiene como protagonista a Woody Harrelson (Ahora me ves 2) y en cuyo reparto encontramos también a Sandy Oian-Thomas, Shaun Brown (Welcome to Harlem), James Robert Miller, Brett Gelman (Joshy), Mary Lynn Rajskub (All stars) y Judy Greer (Ant-Man).

Antes de abandonar Estados Unidos, una novedad que solo llega a la plataforma Netflix. Se trata de Máquina de guerra, comedia dramática ambientada en Afganistán tras los atentados del 11-S. Adaptación del libro escrito por Michael Hastings, la trama se centra en el caso real de un exitoso general que recibe la orden de mandar a sus tropas a Oriente Medio, lo que pondrá en juego su reputación. Dirigida por David Michôd (Animal Kingdom), entre sus actores encontramos a Brad Pitt (Aliados), Tilda Swinton (Doctor Strange), Topher Grace (La verdad), Will Poulter (El renacido), Anthony Michael Hall (Vivir de noche) y Ben Kingsley (El desafío).

En lo que a cine europeo se refiere destaca la irlandesa Entre los dos, comedia dramática de 2015 escrita y dirigida por Mark Noonan, quien debuta de este modo en el largometraje. El argumento arranca cuando un hombre sale de la cárcel en libertad provisional para poder hacerse cargo de su sobrina, cuya madre ha fallecido y podría terminar en una casa de acogida. Dispuesto a convertirse en figura paterna, los intentos del hombre por ser un modelo a seguir le llevarán a incumplir varias normas de la libertad, lo que puede terminar por destruir las vidas de ambos. Aidan Gillen (serie Juego de tronos), Lauren Kinsella (Albert Nobbs), George Pistereanu (Loverboy) y Erika Sainte (Conexión Marsella) son los principales actores.

Italia y Francia producen Las confesiones, thriller dramático que arranca cuando los economistas más importantes del mundo se reúnen en un hotel de lujo de la costa alemana con motivo del G8. En este contexto, el director del FMI invita a un monje italiano con el que pretende confesarse. A la mañana siguiente aparece muerto, por lo que las sospechas recaen sobre el religioso, quien se niega a romper el secreto de confesión. Dirigida por Roberto Andò (Viva la libertad), la película está protagonizada por Toni Servillo (La gran belleza), Connie Nielsen (serie The following), Pierfrancesco Favino (Rush), Marie-Josée Croze (Todo saldrá bien), Moritz Bleibtreu (La dama de oro), Daniel Auteuil (Fanny) y Lambert Wilson (Barbacoa de amigos).

Puramente dramática es la alemana Paula, biopic de la artista Paula Becker que a principios del siglo XX desafió todas las convenciones establecidas para explorar su propio estilo. Su matrimonio con el también pintor Otto Modersohn la llevó a dedicar varios años a la vida doméstica, apartándose del arte y su profesión, hasta que decidió iniciar una nueva aventura en París donde desarrolló todo su arte. Christian Schwochow (Al otro lado del muro) pone en imágenes esta historia que cuenta con un reparto encabezado por Carla Juri (Jump), Joel Basman (Amnesia), Albrecht Schuch (Westwind), Roxane Duran (Respire) y Stanley Weber (La espada de la venganza).

Entre el resto de estrenos encontramos la argentina Me casé con un boludo, cinta dirigida por Juan Taratuto (Papeles en el viento) que, en clave de comedia romántica, gira en torno a un famoso actor y a una actriz secundaria que se conocen durante el rodaje de una película, se enamoran y se casan. Sin embargo, al volver de la luna de miel ella se da cuenta de que se había enamorado del personaje, no del hombre. Decidido a reconquistarla, el actor pedirá ayuda al guionista para seguir manteniendo lo que le había enamorado de él. Entre los actores destacan Adrián Suar (Dos más dos), Valeria Bertuccelli (Vino para robar), Gerardo Romano (Betibú), Analía Couceyro (La mala verdad) y María Alche (Mi primera boda).

Desde Japón, y con algo de retraso, llega Nagasaki: Recuerdos de mi hijo, drama de 2015 dirigido por Yôji Yamada (La casa del tejado rojo), quien también colabora en el guión. El argumento se centra en una mujer que trabaja como partera y que se ha hecho fuerte tras la muerte de su hijo durante el ataque con la bomba atómica. En el aniversario de su muerte el joven se le aparece, lo que le hará recordar el pasado, la importancia de la familia y lo que la guerra le quitó. Sayuri Yoshinaga (Yume no onna), Kazunari Ninomiya (Cartas desde Iwo Jima), Haru Kuroki (Gin no saji) y Tadanobu Asano (Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra) encabezan el reparto.

Terminamos el repaso con dos documentales. Por un lado, la francesa Las películas de mi vida, por Bertrand Tavernier, dirigida por el propio director galo autor de films como Hoy empieza todo (1999) o Alrededor de la medianoche (1986). El film es un repaso a la historia del cine del país europeo a través del análisis de los principales films desde la década de los 30 hasta los años 70.

Por otro, Pizarro aborda una figura icónica en Colombia a través de la búsqueda que hace su hija, exiliada en Barcelona, entre las preguntas sin respuesta y los secretos de la muerte de Carlos Pizarro. El film, con capital colombiano, es la ópera prima de Simón Hernandez.

Miss Peregrine cuida a los niños peculiares que traen las ‘Cigüeñas’


Estrenos 30septiembre2016A pesar de que este viernes es 30 de septiembre, realmente el fin de semana que nos ocupa debe considerarse el primero de octubre, y como tal llegan muchas novedades con ciertos objetivos, la mayoría competir por los premios que de aquí a unos meses se empezarán a entregar por todo el mundo. Pero curiosamente, las principales novedades están protagonizadas sobre todo por la fantasía, el humor y el cine familiar.

Es el caso de El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, la nueva fantasía de Tim Burton (Big Eyes) que, en este caso, adapta la novela de Ransom Riggs. Su trama arranca cuando un joven que busca una forma de recuperarse de una tragedia familiar conoce a una chica “peculiar”, cuyas habilidades la obligan a protegerse del mundo en un lugar regido por una mujer que no solo les da cobijo, sino que les enseña. Lo que el joven no sabe es que será determinante en una inminente batalla por la seguridad de los que ahora se han convertido en su familia. Aventura, acción, fantasía y dosis de humor son las claves de este film protagonizado por Eva Green (serie Penny Dreadful), Asa Butterfield (La invención de Hugo), Ella Purnell (Maléfica), Samuel L. Jackson (La leyenda de Tarzán), Judi Dench (El nuevo exótico Hotel Marigold), Allison Janney (Espías), Rupert Everett (Altamira) y Terence Stamp (El arte de robar).

Para toda la familia también es Cigüeñas, aunque en este caso más enfocado al público infantil. Esta cinta de animación toma la idea de que las cigüeñas traen a los niños para narrar cómo estos pájaros han tenido que adaptarse al mundo moderno y ahora, en lugar de bebés, distribuyen paquetes para un gigante de internet. Sin embargo, una joven gaviota activa sin querer la máquina para crear bebés, obteniendo una niña que deberá dejar con una familia antes de que su jefe lo descubra. Dirigida a cuatro manos entre Nicholas Stoller (Malditos vecinos) y Doug Sweetland, que debuta en el largometraje, la película cuenta con las voces originales de Andy Samberg (Niños grandes 2), Kelsey Grammer (Camino hacia el éxito), Jennifer Aniston (Somos los Miller), Ty Burrell (serie Modern Family) y Danny Trejo (Mucho dinero).

Dejamos Hollywood para centrarnos en el cine europeo. Elle es el título del nuevo thriller dramático de Paul Verhoeven (El libro negro), cuya historia se centra en una exitosa ejecutiva de una empresa de software que urdirá un plan de venganza tras ser asaltada en su propia casa por un intruso. Francia, Alemania y Bélgica son los países que están detrás de este film protagonizado por Isabelle Huppert (Luces de París), Laurent Lafitte (Un golpe brillante), Anne Consigny (serie Les revenants), Charles Berling (20 años no importan), Virginie Efira (Un hombre de altura) y Christian Berkel (Operación U.N.C.L.E.).

Francia en solitario produce La vaca, comedia dramática con dosis de aventura que gira en torno a un granjero de Argelia cuyo único sueño es llevar a su vaca a París para mostrarla en el Salón de Agricultura. Cuando finalmente recibe la invitación inicia un viaje que le llevará a recorrer toda Francia a pie, y que estrechará el vínculo entre el hombre y el animal. Dirigida por Mohamed Hamidi (Mi tierra), la película está protagonizada por Fatsah Bouyahmed (Una vida mejor), Lambert Wilson (Suite francesa), Jamel Debbouze (Fuera de la ley), Christian Ameri (Intocable) y Fehd Benchemsi (La reina del desierto).

Desde Irlanda llega Sing Street, comedia dramática musical que arranca cuando un joven llega a una escuela pública trasladado desde otra privada en los años 80. Con un ambiente tenso en el que no parece encajar, el joven encontrará una vía de escape en una chica a la que quiere conquistar, para lo que le ofrece ser la protagonista de los videoclips de la banda musical que está creando. Cuando ella acepta el chico deberá introducirse en el mundo de la música para cumplir su palabra. Escrita y dirigida por John Carney (Begin again), la película cuenta en su reparto con Ferdia Walsh-Peelo, Lucy Boynton (February), Jack Reynor (Macbeth), Aidan Gillen (serie Juego de Tronos) y Maria Doyle Kennedy (Byzantium).

Entre los estrenos españoles destaca El tiempo de los monstruos, drama de 2015 escrito y dirigido por Félix Sabroso (La isla interior) que arranca cuando un director de cine que afirma haber rodado varias películas que nunca se han estrenado reúne alrededor de su lecho de muerte a varios de sus más fieles colaboradores para rodar la que posiblemente sea su obra póstuma. Javier Cámara (Truman), Candela Peña (Las ovejas no pierden el tren), Carmen Machi (Perdiendo el norte), Julián López (Torrente 5. Operación Eurovegas) y Secun de la Rosa (Las brujas de Zugarramurdi) encabezan el reparto.

Más reciente es La reconquista, cuya trama se centra en una pareja que se reencuentra después de 15 años en un futuro que se habían prometido cuando eran adolescentes y vivieron su primer amor. A partir de esta premisa esta película escrita y dirigida por Jonás Trueba (Los exiliados románticos) aborda el paso del tiempo, lo que se pierde y lo que se recuerda de la gente a la que amamos. El reparto está encabezado por Itsaso Arana (Acantilado), Francesco Carril (Los ilusos), Aura Garrido (Vulcania), Pablo Hoyos y Candela Recio.

A medio camino entre el drama y la comedia se encuentra Juegos de familia, nueva película dirigida por Belén Macías (Marsella) que gira en torno a un matrimonio en el que la esposa, ama de casa y desesperada por salvar la relación, se inventa un amante para tratar de despertar los celos en su marido y lograr así que se arregle la situación. La cinta está protagonizada por Juanjo Puigcorbé (La venta del paraíso), Marta Belenguer (El menor de los males), Vicky Peña (El perfecto desconocido), Enrique Arce (Dioses y perros) y Antonio Valero (El prado de las estrellas).

El thriller español llega de la mano de Vientos de la Habana, basado en la novela de Leonardo Padura y cuyo argumento se centra en un inspector de policía que, al mismo tiempo que inicia una relación con una enigmática mujer, debe resolver un crimen cometido en su antiguo instituto. Félix Viscarret (Bajo las estrellas) es el encargado de poner en imágenes esta historia y de dirigir a Jorge Perugorría (La pared de las palabras), Juana Acosta (Tiempo sin aire), Mariam Hernández (Juegos de lucha), Vladimir Cruz (Afinidades) y Carlos Enrique Almirante (La partida).

Desde India llega M.S. Dhoni: The untold story, drama biográfico deportivo centrado en el capitán de la selección india de cricket, cuya dedicación a este deporte durante toda su vida llevó al éxito al conjunto nacional y reescribió la historia del país. Neeraj Pandey (Baby) dirige la propuesta, que está interpretada por Sushant Singh Rajput (Kai po che!), Fawad Khan (Armaan), Anupam Kher (Super Nani), Disha Patani (Loafer) y Kiara Advani (Fugly).

El único documental de la semana es Spain in a day, lo nuevo de Isabel Coixet (Nadie quiere la noche) tras las cámaras y cuya premisa es cuanto menos curiosa. La película está compuesta por 404 vídeos que responden a preguntas tan sencillas como ¿qué amas? ¿qué temes? ¿en qué crees? o ¿cuál es tu sueño? A través de ellos se muestra cómo es la sociedad española en un solo día.

‘Juego de tronos’ logra su máximo esplendor en su 6ª temporada


Jon Nieve a punto de entrar a luchar en la batalla de los bastardos en la 6ª T. de 'Juego de tronos'.Si alguien quiere entender por qué Juego de tronos es una de las mejores producciones televisivas de la actualidad, si no la mejor; si alguien quiere entender por qué la serie que adapta las novelas de George R.R. Martin es una de las mejores de la historia; y si alguien quiere entender, en definitiva, el fenómeno adaptado a la pequeña pantalla por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss que atrae tanto a los fans como a los mayores detractores de la fantasía, que se siente a ver con pausa y atención la sexta temporada. Porque no solo es la mejor entrega, sino que posiblemente sea el mejor desarrollo narrativo y de personajes que se vea en una producción cinematográfica o televisiva.

Los 10 episodios que componen esta etapa son, de forma individual y en su conjunto, una carrera hacia adelante perfectamente ejecutada. Una de las mayores críticas que se han hecho a la serie (y que en comentarios anteriores he suscrito) es la falta de desarrollo de algunas tramas, lo que deriva en falta de ritmo en muchos momentos de la historia, que necesita situar a los personajes en el tablero de juego que representa Poniente. Una carencia que no solo ha sido subsanada en esta primera temporada libre del yugo de las páginas impresas de Martin, sino que ha sido sustituida por una constante sucesión de giros argumentales que, además de hacer avanzar la trama a pasos agigantados, ha permitido a los personajes crecer y convertirse en lo que se espera de ellos desde hace mucho, mucho tiempo.

El mejor y más claro ejemplo es el de Sansa Stark, una Sophie Turner (X-Men: Apocalipsis) que por fin ha salido del cascarón para convertirse en el personaje que se intuía ya desde la cuarta temporada. La evolución que ha tenido, aunque irregular, es tan espectacular que roba buena parte del protagonismo al resto de roles que rodean a esta pelirroja de carácter cada vez más fuerte. Su papel en el destino de Invernalia y de los personajes involucrados en esta trama principal no solo es clave, sino que se antoja indispensable para el futuro, siendo por tanto el catalizador de la evolución que sufra la serie desde este punto de vista. Asimismo, el papel de Emilia Clarke (Terminator: Génesis), aunque fuerte desde las primera temporadas, parecía tener también un carácter dubitativo que se pierde por completo en estos episodios, lo que define mejor al personaje y le dirige hacia un final que se presume apoteósico.

Porque, en efecto, la sexta temporada de Juego de tronos es lo que podría considerarse como el paso del segundo al tercer acto de la historia. Todos los personajes, sin excepción, han dejado a un lado sus dudas existenciales, los problemas que arrastran o los dilemas morales y sociales que les impiden avanzar para dar rienda suelta a su verdadera personalidad, a sus deseos largamente anhelados pero siempre ocultados bajo capas y capas de intereses familiares, de problemas externos o de decisiones equivocadas. Una decisión dramática que tiene sus consecuencias, es cierto (sin ir más lejos, que los personajes lleguen a descontrolarse), pero que en esta ocasión, y dado que hay una base más que sólida de cinco temporadas, no solo es necesaria, es perfecta.

Menos personajes, más impacto

Aunque posiblemente la mejor decisión de los creadores, y eso es algo que puede deberse a que la historia ha adelantado a las novelas, es la eliminación de muchos, muchísimos personajes secundarios de cierto peso que terminaban por lastrar el avance de la historia precisamente por el interés de sus tramas particulares. Gracias a esta apuesta la trama no solo se carga de mayor peso dramático, sino que se aligera de historias que tenían poco o ningún sentido, centrándose en las intrigas principales, léase Lannister, Stark y Targaryen. Esta alternativa de Benioff y Weiss tiene su principal efecto en los numerosos momentos de carga dramática y espectacularidad de la temporada, posiblemente más que ninguna de sus predecesoras, aportando un dinamismo nunca visto hasta ahora.

Claro que a esto se suman villanos de nuevo cuño cuya fuerza es tal que convierte a los tradicionales “malos” en auténticos angelitos víctimas de un dolor y una humillación sin precedentes. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de Juego de tronos, donde la venganza no es que se sirva fría, es que directamente es un témpano de hielo. Pero refranes aparte, lo cierto es que la introducción de estos antagonistas, muchos de la temporada anterior, dota al conjunto de una frescura incomparable, pues genera nuevas tensiones dramáticas que complementan a las ya existentes y a las creadas también por la muerte o partida de esos personajes secundarios.

Antes he mencionado que esta temporada, la sexta, es posiblemente la que posea más episodios determinantes. Los más fieles seguidores estarán acostumbrados a que el episodio 9 sea el gran evento. Ya en la anterior temporada los últimos capítulos fueron, en realidad, todo un ascenso dramático y épico de consecuencias imprevistas. Pero en esta, en parte también por el precedente de la quinta, son prácticamente todos los episodios que impactan al espectador, ya sea por su fuerza épica, dramática o de intriga. Sin revelar grandes detalles, el episodio tres, el cinco, el ocho son grandes ejemplos para los guionistas acerca de cómo manejar los tiempos narrativos para generar emotividad, dramatismo o suspense. La pregunta que se plantea entonces es: ¿si la temporada es así, qué ocurre en el noveno episodio? Bueno, digamos que posiblemente es el mejor de toda la serie, y que contiene una de las mejores batallas del séptimo arte.

Y como colofón, un último episodio que no solo deja las piezas perfectamente agrupadas para la esperada guerra entre familias, sino que desvela, por fin, a qué podría hacer referencia esa ‘Canción de Hielo y Fuego’ que da nombre a la saga literaria. El origen de uno de los personajes más importantes de la serie permite la cuadratura del círculo, la integración de todas las historias. Y abre ante el espectador un futuro prometedor que, de repetir lo conseguido en esta secta temporada de Juego de tronos, convertirá a la serie en un pilar narrativo y audiovisual fundamental para el futuro del cine y la televisión. Un esplendor que, todo hay que decirlo, es difícil que se repita, pero que en cualquier caso convierte a esta etapa en la mejor de la serie. Y con el esplendor ha llegado el invierno.

5ª T de ‘Juego de Tronos’, el arte de lograr que menos sea más


Peter Dinklage y Emilia Clarke, en un momento de la quinta temporada de 'Juego de Tronos'.Uno de los comentarios que más se han oído durante la quinta temporada de Juego de tronos ha sido que no ocurre nada, que su trama no avanza y que sus personajes se mantienen en una constante tensión que no lleva al argumento a ninguna parte. Personalmente soy de la opinión de que eso, en una serie como la creada por David Benioff (Cometas en el cielo) y D.B. Weiss, no puede ocurrir ni aunque se intente. Pero incluso aunque eso fuera verdad, aunque su historia se hubiera anquilosado levemente, su final ha sido, con diferencia, el más impactante de toda la serie. Y no me refiero solo al episodio 10. Ni siquiera al ya famoso episodio 9.

En realidad, esta última temporada es un ejercicio minuciosamente medido para llevar al espectador en un viaje cuyo final le resulta inesperado (salvo para aquellos que hayan leído los libros, claro está). El desarrollo dramático de sus tramas principales responde a la teoría de los tres actos de forma casi milimétrica. Así, durante los tres primeros episodios se plantean las posiciones de los principales personajes. Los cuatro siguientes desarrolla los conflictos planteados, llevando a muchos de los protagonistas a situaciones límite. Y el tercer acto, o los tres últimos episodios, es un festival de emociones, de giros argumentales impactantes y de clímax indescriptibles. Repasando mentalmente el camino que han tomado estos 10 nuevos episodios la pregunta que nos debe asaltar es si realmente es cierto eso de que no ha pasado nada.

Si algo caracteriza a Juego de tronos casi desde el comienzo es que menos es más. Salvo contadas excepciones, la serie siempre se ha sentido más cómoda entre intrigas palaciegas, luchas de poder en la sombra y traiciones familiares que entre impactantes revelaciones, normalmente limitadas al episodio 9. Y desde luego la quinta temporada es uno de los mejores ejemplos, como demuestra la conversación entre los roles de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado) y Emilia Clarke (Dom Hemingway), uno de los mejores momentos de la temporada. El magistral desenlace que ha tenido esta entrega invita a reflexionar sobre el papel que han jugado todos los acontecimientos previos. Un papel imprescindible para comprender no solo el futuro de muchos de los personajes, sino los cambios emocionales, morales y físicos que sufren casi todos. Es, en este sentido, una temporada de transición, después de ese giro dramático que supuso la cuarta temporada. Una transición necesaria pero para nada aséptica.

Desde luego, lo más interesante son las lecturas que se hacen de las decisiones y las motivaciones de los principales personajes. Estamos tan acostumbrados a ver cómo los personajes de George R. R. Martin logran más o menos los objetivos más inmediatos que nunca nos hemos parado a pensar en las consecuencias de sus actos. Y eso, en definitiva, es el argumento de esta serie. Si el clan Lannister está acostumbrado a gobernar pisoteando a los demás, en esta temporada sus acciones tienen consecuencias imprevistas. Cuando la Khaleesi cree que puede gobernar simplemente liberando esclavos, una rebelión se alza contra ella. Y si los Stark creen que pueden seguir adelante sin pagar un alto precio, bueno… en este tema es mejor no entrar demasiado.

Tramas insustanciales

El resumen de todo el análisis anterior podría ser que, aunque no lo parezca, la trama avanza de forma notable, e incluso se producen cambios mucho más profundos en los personajes de lo que había podido verse hasta ahora. Sin embargo, eso no impide que hayan existido, casi por primera vez, tramas que no han aportado mucho, al menos a lo largo de la temporada (parece evidente que algo desencadenarán en la sexta entrega). Una de ellas es la historia ambientada en Dorne, ciudad a la que España ha dado vida y que, todo sea dicho, no ha sabido explotar más que la belleza de los escenarios. Su trama, un rescate secreto que se tuerce y que tiene como protagonista a Jaime Lannister (de nuevo Nikolaj Coster-Waldau, visto en Oblivion), se desarrolla con más pena que gloria, sin generar demasiado interés y preocupada más en mostrar los rasgos de esta nueva casa, intuidos en la temporada anterior, que por ofrecer algo consistente al espectador. Al menos hasta el último episodio.

También resulta sorprendente el tratamiento dado al personaje de Sophie Turner (Mi otro yo), una Sansa Stark que parecía haber madurado al final de la cuarta temporada y que, de nuevo, vuelve a ser esa niña atemorizada y traumatizada por el mundo de violencia y sangre en el que vive. Un giro que no logra funcionar demasiado bien en la definición de su personaje pero que, por otro lado, ayuda a consolidar la historia de Invernalia como una de las mejores, permitiendo además que otro personaje recoja el testigo de rol más odiado de la ficción. Sentimientos aparte, lo cierto es que su indefinición no hace sino jugar en su contra, no solo porque convierte a ese personaje en un ser débil y manipulable, sino porque no logra evolucionar, algo que en Juego de tronos no puede mantenerse por demasiado tiempo.

Y no puedo dejar de mencionar, aunque sea sutilmente, el final de esta quinta temporada. Como decía a más arriba, no se trata solo del último episodio, sino de todo el tercer acto de esta etapa. Tres finales de episodio simplemente indescriptibles, cada uno magistral en su concepción. Todos ellos han revelado aspectos muy significativos de la historia, más allá de la espectacularidad que puedan presentar en sendas batallas que superan, en muchos aspectos, a las mostradas hasta ahora. Aunque si hay algo que dejará sin palabras a los espectadores será la conclusión del episodio 10, un auténtico gancho dramático que, casualidad o no, tiene una clara influencia de uno de los episodios más conocidos de la Roma Clásica. Un final que, de ser cierto, cambia las reglas del juego por completo, obligando a tomar una nueva dirección que puede ser tan interesante como peligrosa.

Tal vez no sea la mejor temporada de Juego de tronos. La verdad es que la tercera y la cuarta entregas han sido insuperables. Pero desde luego mantiene el altísimo nivel dramático y técnico de toda la serie. De nuevo, sus creadores demuestran que no es necesario que ocurran grandes acontecimientos para que una producción sea capaz de crear expectación. La sensación de vivir una calma antes de una violenta tormenta, de que en ese remanso de paz todo se mueve para producir un terremoto que sacuda los cimientos dramáticos de la serie, está presente en todo momento. Benioff, Weiss y R. R. Martin vuelven a demostrar que menos es más. Y lograr que eso sea tan eficaz como lo es en esta serie es todo un arte.

‘Selma’ es el punto de partida de los estrenos de marzo


Estrenos 6marzo2015Iniciamos nuevo mes cinematográfico en lo que a estrenos se refiere, pero viendo las novedades poco parece haber cambiado. La cartelera española se va a nutrir a partir de hoy viernes, 6 de marzo, de cintas de Oscar, de propuestas de terror, thriller y comedia que llevan sello europeo y norteamericano. Ah!, y el regreso de unos personajes que han marcado un antes y un después para muchas generaciones. Pero lo primero es lo primero.

Si hay un estreno que destaca ése es Selma, drama histórico y biográfico producido entre Estados Unidos y Reino Unido que narra la marcha que un joven Martin Luther King emprendió desde Selma a Montgomery, en Alabama, como acto para defender y reivindicar los derechos civiles y la igualdad de voto. Un acto cuya repercusión más inmediata fue que el presidente Johnson firmó la ley sobre el derecho al voto ese mismo año. Nominada a Mejor Película y ganadora de un Oscar a la Mejor Canción, esta cinta dirigida por Ava DuVernay (I will follow) tiene un amplio e interesante reparto en el que destacan David Oyelowo (El mayordomo), Tom Wilkinson (El gran hotel Budapest), Tim Roth (El fraude), Giovanni Ribisi (Mil maneras de morder el polvo), Cuba Gooding Jr. (Jerry Maguire), Carmen Ejogo (serie Hora Cero), Alessandro Nivola (La gran estafa americana), André Holland (serie The Knick) y la presentadora Oprah Winfrey.

Puramente norteamericana es En tercera persona, nuevo trabajo de Paul Haggis (Crash) como guionista y director, producido en 2013 y que de nuevo vuelve a tratar el tema de las relaciones humanas y cómo determinan nuestro futuro, incluso de forma indirecta. En concreto, la trama narra las historias de amor, pasión y confianza de tres parejas que viven en Nueva York, Roma y París, sin que aparentemente tengan relación alguna. Un interesante drama que, como suele ser habitual en el director, cuenta con un reparto de lujo, a saber: Liam Neeson (Caminando entre las tumbas), Olivia Wilde (Rush), Maria Bello (Prisioneros), Mila Kunis (Ted), Adrien Brody (Midnight in Paris), James Franco (Juerga hasta el fin) y Kim Basinger (Batman).

Sin dejar Estados Unidos, toca ahora hablar de un film que puede parecer comedia, pero en realidad pertenece al género de terror. Zombeavers (Castores zombies) supone el debut en el largometraje de Jordan Rubin, y como su propio título indica narra la surrealista historia de un grupo de jóvenes universitarios cuyas vacaciones junto a un apacible lago se ven alteradas por un grupo de castores muertos vivientes con una agresividad desatada. Cortney Palm (San Patricios), Lexi Atkins (White Dwarf), Rachel Melvin (My funny Valentine) y Hutch Dano (Ramona y su hermana) son algunos de los protagonistas que sufrirán los ataques de estos particulares zombis.

También de terror, aunque producida en 2013, es Oculus: El espejo del mal, nuevo film de Mike Flanagan (Absentia) que arranca cuando dos hermanos vuelven a reunirse tras 20 años de separación. Uno de ellos, encerrado durante ese tiempo en una institución mental por el brutal asesinato de sus padres, trata de rehacer su vida, pero el pasado parece perseguirle. Su hermana está convencida de que él no solo no cometió los crímenes, sino que fue una fuerza sobrenatural alojada en un antiguo espejo de su casa. El reparto está encabezado por Karen Gillan (Guardianes de la galaxia), Brenton Thwaites (Maléfica), Katee Sackhoff (Riddick), Rory Cochrane (Argo) y Annalise Basso (Al filo de la verdad).

Cerramos el ciclo de films estadounidenses con Lawless (Sin ley), drama ambientado en el mundo del crimen producido en 2012 y cuyo argumento, ambientado en la década de los años 30, sigue la lucha de tres hermanos que han logrado salir adelante gracias a una destilería de alcohol y a un negocio de venta ilegal. El contrabando se verá amenazado cuando llegue desde Chicago un agente especial que imponga la Ley Seca, algo que los tres hermanos no pueden permitir. Basado en la novela de Matt Bondurant, el film está dirigido por John Hillcoat (La carretera), quien dirige a un notable plantel de actores, en el que destacan Shia LaBeouf (Transformers), Tom Hardy (Origen), Jason Clarke (Tierra de asesinatos), Guy Pearce (MS1: Máxima seguridad), Jessica Chastain (El árbol de la vida), Mia Wasikowska (Stoker), Dane DeHaan (The Amazing Spider-man 2: El poder de Electro) y Gary Oldman (El topo).

Canadá y Alemania son los dos países que están detrás de Maps to the stars, lo nuevo de David Cronenberg (Promesas del este) como director. Este intenso drama gira en torno a los secretos y los lados oscuros de todos los miembros de una familia que vive en Hollywood y que está marcada por traumas, obsesiones y celos. La frágil situación familiar se agravará cuando uno de sus miembros regrese del psiquiátrico y empiece a trabajar para una actriz en decadencia y cuya vida ha estado marcada por las sospechas de asesinato. Un interesante film con un no menos interesante reparto, a saber: Julianne Moore (Siempre Alice), Mia Wasikowska, que repite esta semana, Robert Pattinson (Agua para elefantes), John Cusack (Grand piano), Olivia Williams (Sabotage) y Sarah Gadon (Enemy).

Producida entre Reino Unido e Irlanda, Calvary es el segundo film de John Michael McDonagh tras la notable El irlandés (2011), de nuevo protagonizado por Brendan Gleeson (Al filo del mañana). Su argumento, dramático aunque con ciertas dosis de humor negro, narra cómo un sacerdote debe hacer frente a sus propio calvario mientras mantiene a flote la fe de sus feligreses y la vida de su frágil hija. En el reparto también destacan Chris O’Dowd (Thor: El mundo oscuro), Kelly Reilly (El vuelo), Aidan Gillen (serie Juego de Tronos) y Dylan Moran (Corredor de fondo).

Si nos centramos en los estrenos nacionales, destacan dos películas. Por un lado, la comedia Perdiendo el norte, tercer largometraje de Nacho G. Velilla (Que se mueran los feos) que aborda una de las mayores problemáticas de la España actual: el éxodo de jóvenes al extranjero, concretamente a Alemania. Todo comienza cuando dos jóvenes con una gran cualificación pero pocas oportunidades laborales ven un programa similar a ‘Españoles por el Mundo’ y deciden ir a Alemania ante el alentador panorama que se muestra. Sin embargo, cuando llegan allí las cosas no son como se anunciaban por televisión. Yon González (Torrente 4), Blanca Suárez (Los amantes pasajeros), Julián López (Torrente 5. Operación Eurovegas), José Sacristán (Magical girl), Miki Escarbé (La maniobra de Heimlich), Úrsula Corberó (Quién mató a Bambi?), Malena Alterio (Al final del camino), Javier Cámara (La vida inesperada) y Carmen Machi (Ocho apellidos vascos) conforman el reparto principal.

Por otro, La luz con el tiempo dentro es un drama biográfico que trata de aproximar al espectador a la figura de Juan Ramón Jiménez a través de una reconstrucción de su vida mediante su obra. Con el autor como protagonista y narrador de la historia, el film incluye secuencias que incluso llegan a adaptar relatos suyos. Dirigida por Antonio Gonzalo (Una pasión singular), la cinta cuenta con un reparto encabezado por Marc Clotet (La voz dormida), Carlos Álvarez-Nóvoa (El amor no es lo que era), Tamara Arias (7 pasos y medio), Ana Fernández (Acorralados) y Alex O’Dogherty (serie Doctor Mateo).

Argentina, Colombia, Francia y Polonia están detrás de Refugiado, la producción más internacional de la semana. Dirigida por Diego Lerman (La mirada invisible), quien también participa en el guión, la historia arranca cuando un niño de siete años regresa a su casa después de una fiesta de cumpleaños y descubre a su madre inconsciente. Víctima de malos tratos, cuando la mujer despierta decide acudir a un centro para mujeres maltratadas con el pequeño, y desde allí ambos iniciarán un viaje para instalarse en otro lugar. Un viaje en el que, a través de los ojos del niño, todo se vuelve peligroso. Entre los intérpretes principales están Julieta Díaz (Corazón de león), Sebastián Molinaro, Marta Lubos (Patagonia) y Valentina García Guerrero.

Desde Asia nos llegan dos películas muy distintas. The target (El objetivo) es una producción de Corea del Sur escrita y dirigida por Chang (Gosa) que sigue la búsqueda desesperada de dos personajes de lo más dispar: un ex mercenario acusado de un crimen que no ha cometido y un médico cuya esposa ha sido secuestrada. Cuando los caminos de ambos se crucen solo dispondrán de 36 horas para descubrir quién está detrás de todo. El reparto está encabezado por Jin Guo, Yeo-Jeong Jo (Bang Ja Jeon), Jin-wook Lee (Su-sang-han gel-nyeo) y Seung-ryong Ryu (Sikeurit).

Por último, una de animación japonesa. Los Caballeros del Zodíaco: La leyenda del Santuario supone una revisión del famoso manga de Masami Kurumada y de la serie de televisión que influyó en tantas generaciones. Con un diseño por ordenador y unos efectos mejorados, la cinta dirigida por Kei’ichi Sato (Ashura) es una especie de resumen del arco argumental más famoso de estos personajes, es decir, el que enfrenta a Seiya y sus amigos a los Caballeros de Oro, en una lucha por salvar a Atenea. La versión original cuenta con las voces de Kaito Ishikawa, Kenji Akabane, Kensho Ono (Eden), Nobuhiko Okamoto (Patema y el mundo inverso) y Kenji Kojima (Clannad).

‘Juego de Tronos’ llega a su punto de inflexión en la cuarta temporada


Peter Dinklage gana protagonismo en la cuarta temporada de 'Juego de Tronos'.Desde que finalizó la cuarta temporada de esa joya de la televisión llamada Juego de Tronos estoy dándole vueltas a qué etapa ha sido mejor. En concreto, las dudas me asaltan cuando comparo esta con la tercera temporada. En conjunto es evidente que estos nuevos 10 episodios han llevado la trama a un nuevo estadio, infinitamente más complejo y con nuevas piezas sobre el tablero de juegos que representan los Siete Reinos. La anterior temporada fue, en cuestiones de manejo de tensión y drama, mucho más equilibrada, manejando mejor los tiempos y jugando con los nervios del espectador. Esta, empero, se antoja mucho más dinámica, con giros narrativos en prácticamente cada secuencia, convirtiéndose en un viaje sin retorno que, como decía, ofrece una nueva perspectiva de esta batalla.

Antes de entrar en el detalle de esta nueva entrega creada por David Benioff (Troya) y D.B. Weiss, un aviso: aquellos que no hayan podido ver todavía el desarrollo de la temporada encontrarán algunos, muchos o demasiados spoilers, todo en función de lo que se conozca o se haya visto. Una vez dicho esto, comencemos por lo más genérico y principal: el papel de Peter Dinklage (X-Men: Días del futuro pasado). No hace falta decir que su presencia a lo largo de la serie ha sido imprescindible. Si el personaje ya es de por sí único, con una inteligencia fuera de lo común y un pragmatismo y heroísmo que le convierten en el auténtico heredero de su apellido, la labor del actor aporta al personaje un encanto especial, a medio camino entre la picardía y el rencor, entre el miedo al rechazo y la burla. Pero lo que ocurre en el ecuador de esta temporada, con ese speech al ser juzgado por el asesinato de su sobrino el rey, es sencillamente magistral. Todas las emociones que se intuían a lo largo de la ficción estallan en una ira inusitada en él, dejando entrever una faceta hasta ahora desconocida cuya consecuencia directa es la muerte de otro personaje fundamental que deja un vacío muy destacado.

Este juicio, así como la muerte del personaje de Jack Gleeson (Cabeza de muerte), que por cierto va a provocar sentimientos encontrados de alivio y añoranza, se convierten en el motor de todo el desarrollo dramático de la cuarta temporada. Un desarrollo que, por cierto, es mucho más lineal y menos abrupto que en ocasiones anteriores. Salvo algunas ocasiones contadas, muchas de ellas de carácter secundario, la trama avanza por derroteros más o menos previsibles, lo cual no impide, ni mucho menos, que Juego de Tronos crezca en calidad en todos sus aspectos. Se puede decir, por tanto, que la presencia de Dinklage es más necesaria que nunca, acaparando todos los focos sobre él y convirtiendo en meros secundarios al resto de personajes y de tramas que en momentos anteriores habían adquirido categoría de protagonista. ¿Es esto un tropiezo? Puede que los más fieles seguidores echen en falta algunos elementos, pero lo bueno de estos capítulos es que con muy poco dan un giro radical a la trama que hasta ahora conocíamos, dejando todo preparado para un futuro muy prometedor.

De hecho, todas las tramas que ponen el acento en personajes alejados del trono de hierro completan un panorama que recuerda mucho a los preparativos antes de la guerra, o lo que es lo mismo, una tensa calma que augura momentos verdaderamente épicos. Es cierto que el episodio 9 de la temporada, del que hablo a continuación, acoge de nuevo un momento brillante, pero a diferencia de temporadas anteriores este tiene poco que ver con el resto de la trama, al menos a priori. Sin embargo, tanto este momento como el resto de acontecimientos que se suceden en los diferentes escenarios de la serie poseen un sabor especial. Prueba de ello es que prácticamente todos dejan entrever sus aspiraciones a un trono que ahora ocupa un niño más joven si cabe que el anterior, incluyendo el personaje de Aidan Gillen (Mister John), cuya presencia, aunque tardía en la temporada, ha sido de lo más reveladora.

Historias veladas

Como contrapunto a las numerosas revelaciones que se suceden en esta cuarta temporada de Juego de Tronos (entre ellas una madurez brutal de las hermanas Stark) se plantean numerosos conflictos que, aunque pueden pasar desapercibidos, no dejan de ser interesantes. El primero y más importante es el de los muertos más allá del Muro, abandonados en estos episodios salvo por un detalle tan breve como revelador que ofrece un sinfín de posibilidades. Otro de ellos es la presencia cada vez más inestable de los dragones, que poco a poco van descubriendo su incontrolable naturaleza. Mientras que en temporadas anteriores sus apariciones solían ser para ayudar al personaje de Emilia Clarke (Dom Hemingway), en esta se convierten en fieras que necesitan ser encadenadas para evitar males mayores. Y hablando de las hermanas Stark, no quiero dejar pasar la forma en que el rol interpretado por Maisie Williams (Heatstroke) deja morir a su captor, un detalle casi más aterrador que el combate cuerpo a cuerpo en el que los cráneos son reventados con las manos.

Mención aparte merece el ya imprescindible episodio 9, centrado en esta ocasión en un ataque al Muro de los Salvajes. Al igual que la batalla de la segunda temporada, la serie aprovecha este momento para dar rienda suelta a una narrativa visual fuera de lo común en el convencional formato de la televisión. Y para rizar más el rizo, la acción se divide en dos escenarios claramente diferenciados cuyas características obligan a una planificación distinta, lo que no hace sino engrandecer el planteamiento del episodio. No se trata, en realidad, de ofrecer varios minutos de violencia y acción, sino de mostrar cómo un grupo reducido de personajes es capaz de repeler un ataque envolvente de miles de atacantes. La facilidad con la que la cámara se mueve por los distintos escenarios sin perder nunca el sentido narrativo es ejemplar, permitiendo al espectador saber en todo momento dónde se ubican los personajes, cómo afrontan los combates y qué dilemas se plantean en sus cabezas. En este sentido hay que destacar un plano secuencia perfecto que recorre todo el campo de batalla de forma envolvente y cuyo dinamismo ya querrían muchos directores en sus películas.

Pero como decía, este ataque no tiene una relevancia especial en el desarrollo principal de la serie. Muy alejada física y conceptualmente de la acción que centra esta cuarta temporada, su presencia se antoja un tanto extraña en el conjunto de los episodios. Es de suponer que tendrá su influencia en futuros acontecimientos, pero eso es algo que, por ejemplo, se hizo mejor en etapas anteriores de la ficción. No quiere esto decir que no sea espectacular, increíble o atractiva, pero el hecho de que se enmarque en las tramas secundarias que antes mencionaba la convierten en un acontecimiento, digamos, para satisfacer las ganas de acción de responsables y aficionados. Personalmente el momento del juicio protagonizado por Dinklage y los acontecimientos derivados de su discurso resultan mucho más interesantes, impactantes y brutales que la propia batalla.

De lo que no cabe duda es de que Juego de Tronos es uno de esos raros casos en los que una serie mejora con cada temporada. Eso no impide que existan altibajos narrativos en cada una que podrán ser más o menos discutidos, pero el balance general es el de una ficción que sabe crecer, que no tiene miedo en eliminar personajes si eso va a enriquecer la acción, y que busca en todo momento desarrollarse visualmente hablando. Soy consciente de que gran parte del mérito pertenece a George R. R. Martin, el autor de la saga ‘Canción de Hielo y Fuego’ en la que se enmarcan las novelas, pero la serie ha sabido ganarse un estatus propio (al fin y al cabo, podría no haber estado a la altura). Esta cuarta entrega es un claro punto de inflexión en muchos sentidos: la mayor parte de los villanos han muerto, y muchos de los más relevantes personajes están dispersados por el mapa. Su desarrollo tal vez no sea tan impactante como el de la temporada anterior, pero desde luego genera mucho más momentos interesantes, lo que juega en beneficio de un dinamismo que, al final, hace que 10 episodios sean pocos. Las ganas de más es el mejor síntoma de su grandeza.

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