‘Onward’: la magia de la fraternidad


Una de las mejores cosas que Pixar ha aportado al cine de animación, y a Disney en particular, es su capacidad para deshacerse de algunos mitos de las historias que siempre han caracterizado a la casa de Mickey Mouse, y de crear en su lugar historias con valores morales y sociales más actualizados, acordes a unos tiempos en los que príncipes y princesas, héroes y villanos, no tienen los papeles tan claramente definidos. Su última película les confirma como lo que son, auténticos pioneros de este género y una referencia para cualquiera que quiera hacer algo bueno en materia de animación.

Y eso que Onward, dentro de la cartera de títulos que tiene la productora, puede que no sea de lo mejor que se ha hecho. Es más, visualmente hablando no ofrece revolución ninguna, limitándose a potenciar los logros que ya se habían logrado con anterioridad, desde la textura del pelo hasta el funcionamiento de dinámicas como el agua, el fuego y, en el caso que nos ocupa, la magia. Eso no quiere decir, por supuesto, que no tenga un diseño de producción espectacular, muy por encima de la media de producciones de animación que pueden verse en la actualidad. Sus escenarios, el diseño de sus numerosos e increíbles personajes, el tratamiento de la luz y la oscuridad. Dan Scanlon (Tracy) dota de un colorido y una complejidad emocional enorme tanto a los personajes como al contexto en el que actúan.

Entonces, ¿qué aporta esta nueva aventura animada? Como decía al principio, una historia completamente diferente. Más allá de la originalidad que imprime al relato el universo en el que se desarrolla la historia, muy parecido al nuestro pero habitado por criaturas fantásticas, lo realmente interesante es comprobar cómo la historia dirige el relato hacia un objetivo para, en el punto de giro del tercer acto, cambiarlo por completo para otorgar a la historia un sentido fraternal, mostrando la importancia que tiene el vínculo formado entre dos hermanos y los sacrificios que hacen el uno por el otro. El modo en que se plantean la trama y las diferentes historias secundarias se asemeja más a una aventura de rol (al fin y al cabo, es la base sobre la que se construye el viaje de los protagonistas) que a un viaje de autodescubrimiento, y sin embargo ambos se funden en un único arco argumental que influye no solo en los protagonistas, sino en los secundarios que les rodean, dotando de un nuevo significado a toda una historia que funciona en varios niveles dramáticos.

Desde luego, Onward tal vez no sea de las obras más espectaculares de Disney-Pixar. Puede que ni siquiera pase a engrosar esa categoría de obras maestras de la productora. Pero no cabe duda de que estamos ante otra gran historia de animación, ante un relato que deja a un lado el interés romántico para centrarse en la aventura, en la relación de dos hermanos muy diferentes, en el valor de un vínculo mucho más fuerte que cualquier otro, y en un viaje marcado por un deseo que, finalmente, se cumple de un modo inesperado. Al fin y al cabo, eso es la vida, incluso en un mundo en el que elfos, cíclopes, mantícoras, centauros, hadas, faunos, magos y unicornios conviven y afrontan problemas tan reales como quedarse sin gasolina. Una película para los más jóvenes en la que, como siempre ocurre con la casa del ratón Mickey, los adultos pueden encontrar muchas lecturas de la moraleja.

Nota: 7/10

‘Frozen II’: sin miedo a las secuelas


No sé si alguien en Disney esperaba hace seis años el éxito de Frozen, una producción animada que ha generado un impacto social y económico como muy pocas han conseguido en los últimos años. Su calidad, pero sobre todo su argumento, la convirtieron en un referente clásico automático, y a sus personajes en un icono para todo tipo de públicos. Ante un fenómeno así, ¿cómo no hacer una secuela? Pero a diferencia de otras producciones, esto es algo más que una simple secuela.

En realidad, Frozen II es una película en sí misma, independiente en buena medida de los acontecimientos de su predecesora. Más épica, adulta y hasta oscura que la cinta original, la trama aborda, con mayor o menor acierto, la madurez y lo que eso implica para los personajes y, por extensión, para todos los adolescentes que a buen seguro acudirán a las salas. Si la primera parte ahondaba en la necesidad de conocerse uno mismo, de saber quiénes somos para poder aceptarnos, esta continuación se centra en cómo afrontamos el futuro y, sobre todo, en nuestra capacidad para enmendar los errores del pasado provocados por el miedo. Bajo este prisma, la película evoluciona constantemente sin abandonar nunca cierta inocencia y esa candidez que definió este universo desde el primer momento. Es cierto que la película puede tener ciertos problemas en su arranque, con una batería de canciones que perfectamente se podrían haber suprimido, pero al fin y al cabo, esto es una película Disney y hay cosas que no podrán cambiarse. Sin embargo, superados estos compases iniciales, la historia entra de lleno en el viaje de madurez de todos los personajes, aceptando su destino y asumiendo las responsabilidades que eso conlleva.

A todo esto tenemos que añadir, por supuesto, un acabado sencillamente impecable, tanto en las texturas como en la animación de los personajes. La película dirigida por Chris Buck y Jennifer Lee, autores de la primera parte (algo que, por cierto, se nota en muchos momentos del metraje), atrapa al espectador con una combinación extraordinaria de color, aventura y acción. El movimiento del aire y las hojas, los rasgos de los personajes, la imaginación para crear los espíritus (atentos al del agua y al movimiento de esas crines), … Cada detalle está cuidado al milímetro para ofrecer al espectador una experiencia única que va más allá del puro entretenimiento para invitarle a reflexionar sobre la vida y, por qué no, sobre uno mismo. Mención especial merece ese espíritu del fuego que parece creado para vender miles de muñecos, pero que encaja como un guante en una trama que une hábilmente drama y humor.

Frozen II es una secuela sin miedo a las secuelas. Y lo es por dos motivos. El primero porque se desprende de esa aura que tienen todas las continuaciones para revelarse como una obra única, autónoma, capaz de expresarse por sí misma e invitar al espectador a descubrir algo más que una simpática obra de animación. El segundo es porque esa expresión se traduce en un argumento serio, profundo, marcado por el miedo a ese futuro desconocido que es la madurez, y al que todos tenemos que hacer frente antes o después. Y lo afronta sin temor a no ser entendido. Una apuesta exitosa que permite a grandes y pequeños encontrar en la película algo enriquecedor. Puede que muchos no aguanten las canciones. Puede que otros solo vean animación, luz y color. Pero hay mucho más allá, y descubrirlo es parte del viaje.

Nota: 7,5/10

‘Spider-Man: Un nuevo universo’: el spider-verso en todo su esplendor


Desde aquella lejana Spider-Man 2 (2004) el superhéroe más icónico de Marvel no había vuelto a tener una incursión que uniera a crítica y público. Por ello esta nueva aventura, alejada de lo visto hasta ahora y con un diseño novedoso y rompedor, supone un soplo de aire fresco tanto para los fans del trepamuros como para aquellos que simplemente quieran pasar un par de horas de entretenimiento. Aunar ambos universos es tarea complicada, pero este nuevo universo en el que conviven un puñado de “Spider-Men” lo logra con nota.

Porque ante todo, Spider-Man: Un nuevo universo es una obra que entretiene, divierte y apasiona. Con un guión muy elaborado y unos personajes perfectamente definidos, la trama se desarrolla de forma coherente manejando en todo momento los elementos que definen a este personaje: la culpa, la responsabilidad, proteger al inocente, … Los seguidores del héroe que no conocieran este spider-verso encontrarán una obra sencillamente apasionante que explota al máximo las posibilidades narrativas que ofrece la agilidad, el humor, la acción y la espectacularidad de este personaje en sus numerosas versiones.

Pero es que, además de un guión más que notable para este tipo de films, la cinta ofrece una animación diferente, fresca, capaz de trasladar el cómic a la gran pantalla y hacerlo con un toque personal. Esta apuesta rompedora por un tratamiento visual único en el que, por ejemplo, el sentido arácnido alcanza su máxima expresión, o las peleas adquieren un toque muy, digamos, onomatopéyico, no solo no resta credibilidad al conjunto, sino que convierte al film en algo más que lo visto hasta ahora, en una especie de cómic en movimiento que no suele verse en pantalla, sea en imagen real o en animación. Desde luego, el diseño de personajes, de la ciudad de Nueva York y de ese multiverso arácnido es brillante, estando acompañado de una música que encaja a la perfección y, por supuesto, de un guión que plantea los giros dramáticos y las motivaciones de héroes y villanos de forma seria, sobria y sin ningún tipo de cortapisas.

Spider-Man: Un nuevo universo se revela como una de las mejores películas de superhéroes, y desde luego una de las mejores con el hombre araña como protagonista. Y lo es porque conjuga todos sus elementos de forma equilibrada, sin concesiones de ningún tipo y manejando las claves de la historia de este personaje con elegancia y maestría. De hecho, la sensación de culpabilidad y los remordimientos del protagonista son el motor de una historia en la que un héroe no solo debe salvar el mundo, sino al resto de héroes. Al contrario de lo que pudiera parecer, la trama no tiene una gran complejidad, pero sí el punto exacto para que el espectador no pueda perderse ni un segundo de esta sobresaliente película.

Nota: 9/10

‘Ralph rompe Internet’: quien tiene un amigo tiene un tesoro


Cualquier secuela tiene que ofrecer algo más que el original. Pero, ¿qué hacer cuando el original ya de por sí rompe moldes? Bueno, ahí está el ejemplo de la saga Shrek y, ahora, el de la saga Ralph. Porque si la primera entrega era un delirio de originalidad narrando el mundo tras los recreativos, ahora la historia va un paso más allá y se sumerge en el vasto mundo de Internet a todos los niveles, incluyendo la Internet oscura. La pregunta es si la historia aporta algo nuevo.

Y la respuesta es un tímido ‘sí’. Tímido porque la dinámica del argumento no resulta demasiado novedosa, toda vez que la aventura vuelve a abordar los miedos de los protagonistas y la necesidad de reconocimiento por parte de los demás como algo más que un mero personaje de videojuego y/o villano. Sin embargo, sí existe un paso adelante en la base conceptual del relato, revelándose como una continuación también en este aspecto. Así, Ralph rompe Internet es un relato sobre la amistad y la necesidad de encontrarse a uno mismo en una relación de esas características. Ahí radica la parte más interesante del conjunto, que tiene su traducción en un apasionante apartado visual.

Porque si algo caracteriza al film es el modo de presentar Internet. Sencillamente brillante. Elementos como la barra de búsqueda, los vídeos de Youtube, los ‘likes’, los molestos anuncios al navegar o los virus se tornan aquí en seres con personalidad propia, en criaturas con una función para dar servicio a un conjunto de usuarios que se mueve a través de vehículos voladores. En este sentido, la Internet oscura o el modo de tratar la vida de los videojuegos en Internet cuando se apagan las pantallas resulta a la vez conocida y refrescante, por cuanto es capaz de reinterpretar incluso a su predecesora. Y como ejemplo, las princesas Disney, sin duda uno de los momentos más hilarantes y surrealistas de todo el metraje, junto tal vez con el viaje del protagonista a esa Internet oscura.

Con una calidad técnica notable y un mensaje de calado para los más pequeños, Ralph rompe Internet es, ante todo, un viaje al interior de uno mismo, a encontrar la esencia de lo que nos define y a lograr que los demás nos acepten como somos. Todo ello con una imaginación desbordante y, cómo no, con todo tipo de conocidos personajes de los videojuegos. En definitiva, todo lo que una secuela debería ser, pues aunque en algunos momentos pierda ritmo y su planteamiento no diste mucho de la original, ofrece en general más de todo, incluyendo cierta profundidad dramática en los personajes. Ah! y no perderse la escena postcréditos, todo un alarde de imaginación y metalenguaje que arranca una sonora carcajada.

Nota: 7/10

‘Los Increíbles 2’: como si no hubiera pasado el tiempo


Han pasado 14 años, pero en realidad no ha pasado el tiempo. En ningún sentido. Este es uno de los motivos por los que se habla de la ‘magia del cine’. El director Brad Bird, el genio detrás de algunas de las joyas de la animación de los últimos años gracias a Pixar, ha logrado algo muy difícil: un viaje al pasado para las generaciones que hace más de una década disfrutaron, se emocionaron y crecieron con Los Increíbles. Pero lo ha hecho alejado de nostalgias o de autorreferentes, contando una nueva historia que continúa las aventuras de esta familia con la esencia, el sabor y la maestría que ya tuvo la primera parte.

De este modo, Los Increíbles 2 se convierte en todo lo que una secuela debe ser. Visualmente arrolladora, la cinta posee más acción, más espectacularidad y más superhéroes. Pero al mismo tiempo, y esto es lo que hace que estemos ante una nueva joya de la animación, es que la cinta ofrece mucho más que una mera continuación de las aventuras. Si la primera cinta exploraba los secretos en una familia y cómo la unión de sus miembros era la forma de enfrentarse a los problemas, esta segunda parte ahonda en las inseguridades del padre de familia, en la aceptación de los roles dentro del grupo familiar y en las relaciones entre padres e hijos.

Y lo hace con una historia que, aunque en cierto modo previsible, no deja de fascinar a cada paso que da gracias a los equilibrios dentro de su trama con las diferentes historias que en ella se desarrollan. Si el drama y la acción los aporta la parte de la superheroína y sus aventuras, el punto irónico y cómico está representado por ese Mr. Increíble que debe aprender a ser “increíble” también en su casa, con sus hijos, lidiando con problemas comunes como los deberes, las primeras relaciones de su hija con chicos o el cuidado de un bebé que, en este caso, en lugar de descubrir el mundo descubre sus poderes. Atentos a este pequeño que desarrolla todo su potencial en algunas de las secuencias más hilarantes y perfectamente desarrolladas del metraje.

El hecho de que la trama transcurra desde el punto en el que terminó la primera parte ayuda a que Los Increíbles 2 nos lleve de viaje al pasado, pero es solo un lugar desde el que comenzar. El viaje es mucho más complejo, más enriquecedor y más divertido que todo eso. La cinta de Bird, que vuelve a demostrar su talento, puede entenderse en varios niveles, y esto la convierte casi en un clásico automático. Sí, es diversión, acción, espectacularidad y una animación impecable. Pero también es drama familiar. Y es conflicto emocional. Y es comedia. Incluso tiene algunos toques de comedia adolescente. En definitiva, un film que es más de lo que podría pensarse a simple vista. Un film imprescindible.

Nota: 9/10

‘Coco’: un viaje sensorial al Mundo de los Difuntos


Una película Pixar se ha convertido, por derecho propio, en un fenómeno cinematográfico en sí mismo. La factura técnica impecable, la originalidad de sus historias y el tratamiento de las mismas han convertido estos films en obras, literalmente, para todos los públicos, con un notable mensaje en valores y una universalidad de sus argumentos fuera de toda duda. De ahí la expectación sobre su nueva obra, y de ahí también las expectativas sobre su posible calidad o fracaso.

Una expectación que, a grandes rasgos, queda más que satisfecha. Coco es, en todos los sentidos, una experiencia sensorial única. Visualmente fascinante y poderosamente colorida, el viaje de este niño por la Tierra de los Difuntos es todo un relato sobre la amistad, los ídolos, la familia y los recuerdos. Con algunos detalles tanto argumentales como narrativos magistrales, la película esconde una importante moraleja y un fundamental mensaje sobre la memoria de nuestros familiares y cómo ellos siguen vivos mientras se mantengan en nuestros pensamientos. En este sentido, la historia logra traspasar las fronteras de México para narrar algo universal tomando como referente la colorida tradición del país centroamericano.

Otra cosa distinta es el argumento en sí. A pesar de la originalidad de la propuesta y del calado dramático de sus mensajes finales, lo cierto es que la cinta peca en algunos momentos de déjà vu. Muchas de sus tramas recuerdan, hasta cierto punto, a otras historias de la propia compañía. Es lo que ocurre cuando tu trayectoria fílmica está construida sobre obras de arte que ya forman parte, en su mayoría, del imaginario popular. Con todo, y a pesar de estas ciertas “irregularidades”, la realidad es que este viaje de música, pasión y familia hace las delicias de grandes y pequeños.

Porque Coco puede y debe ser disfrutada por toda la familia. Sin excepción. Los más pequeños disfrutarán con la imaginación y el derroche de originalidad visual que desprende la película, pero también aprenderán, aunque sea de forma subconsciente, la importancia de la familia, de seguir nuestros deseos y nuestras pasiones, y de escoger bien a nuestros modelos a seguir. Lo cierto es que la cinta atrapa de tal forma al espectador que sus deficiencias quedan en un segundo plano. Ahora bien, eso no significa que no existan, y si Pixar no quiere caer en una decadencia argumental debería empezar a buscar temas sólidos que tratar en sus nuevas y, con toda probabilidad, originales tramas nuevas.

Nota: 7,5/10

‘La Bella y la Bestia’: animación de carne y hueso


Las producciones Disney tienen muchos defectos, pero si por algo pueden ser defendidas es por la magia que desprenden en cada plano, por esa capacidad de llevar al espectador, sea de la edad que sea, a un momento de su vida en el que todo era fantasía, en el que todo estaba por descubrir. Y si eso ya tiene mérito, lograrlo con una versión en imagen real de una historia mil veces vista y cantada es un reto al alcance de muy pocos.

De ahí que esta nueva versión de La bella y la bestia tenga tanto mérito. La traslación al mundo de carne y hueso de esta fantasía con objetos animados no solo es fiel al original, sino que logra desprender el carrusel de emociones que tienen sus canciones, amén del recorrido dramático de sus personajes, interpretados por unos actores que disfrutan con cada línea de diálogo y con cada movimiento de baile. Esa diversión se traslada, en última instancia, al desarrollo argumental de la historia, adaptada en algunos aspectos a los tiempos modernos pero sin perder de vista en ningún momento la fuerza de la poderosa historia de base.

Es magia, sí. Es romance, ternura y diversión. Pero incluso su intención por ser fiel al original (coartado, claro está, por los límites que impone la realidad) deja espacio para la introducción de ciertas secuencias que ayudan a explicar algo mejor la evolución de los personajes, su pasado y su futuro, y cómo todo termina por tener más coherencia. Dichas secuencias, aunque inteligentemente introducidas, restan sin embargo algo de ritmo al resto del desarrollo, lo que al final deja un sabor agridulce en un film, por otro lado, muy completo que aprovecha con bastante habilidad los recursos del musical y de la fantasía animada en la que se basa (atención al número del comedor o al clásico baile en el salón).

Al final, lo realmente importante es si La bella y la bestia logra emocionar tanto como su original animado. La respuesta es un rotundo sí. O al menos, un SÍ con mayúsculas. Quizá su mayor problema sea que, en ese intento por no ser una copia exacta, trata de introducir elementos nuevos cuyo funcionamiento dentro del engranaje dramático no siempre es el idóneo. Pero desde luego, si ese es el mayor problema, bendito sea, porque lo cierto es que, aunque perjudica al ritmo, ayuda a completar la historia, haciéndola algo más adulta y compleja. Disney ha encontrado un nuevo nicho de mercado en estas versiones en imagen real. ¿Cuál será la siguiente?

Nota: 7/10

‘Batman: La LEGO película’: apuesta siempre al negro


Batman deberá recurrir a sus amigos para vencer en 'Batman: La LEGO película'.El estreno hace unos años de La LEGO película (2014) fue una sorpresa para propios y extraños. No solo por la animación, sino por el mensaje que lanzaba a los más pequeños y, sobre todo, por un giro final tan original como significativo. Y puestos a explotar este mundo de construcción, qué mejor que hacerlo con la versión de uno de los mayores superhéroes del cómic cuya presencia en el cine ha sido, además, habitual en los últimos años. La pregunta es si es algo diferente o simplemente más de lo mismo.

La respuesta es un poco de ambas. Desde un punto de vista narrativo, la historia es un viaje por el trasfondo del personaje de DC Cómics a lo largo de los años, pero también por el cine (puede que los más pequeños no entiendan alguna referencia). Momentos como ese repaso a las versiones cinematográficas y televisivas del hombre murciélago, la introducción de fotogramas de algunas películas o la presencia de personajes de referentes del cine como King Kong, Harry Potter o El Señor de los Anillos convierten a esta cinta en algo más que otra simple historia de superhéroes en la que el héroe termina derrotando al villano. Su capacidad de combinar historias, personajes y referentes otorga al conjunto una versatilidad única que impide que el ritmo decaiga, al menos no demasiado, durante sus 105 minutos.

Ahora bien, el trasfondo, el mensaje que proyecta, es similar al que ya lanzó su predecesora, y aunque es evidente que el diseño tiene que ser necesariamente igual, su director Chris McKay recurre a herramientas, gags y tópicos que no solo se utilizaron en la anterior película de LEGO, sino en muchas otras historias. Esto no es necesariamente un problema, sobre todo para los más jóvenes de las salas de cine, pero sí puede afectar en cierto modo al interés que suscita, amén de perjudicar al ritmo en muchos momentos del film. Es de agradecer, sin embargo, que incluso con esos estereotipos la cinta es capaz de reírse de sí misma y burlarse de sus propias limitaciones, lo cual es buen síntoma.

Desde luego, Batman: La LEGO película no es mejor que la anterior cinta de este mundo de construcción, entre otras cosas porque la película ha perdido el factor sorpresa. Pero tampoco es peor, ni mucho menos. A pesar de jugar con conceptos similares y de recurrir en muchos casos a un humor parecido, tiene una narrativa tan dinámica, con tantas referencias, que hace las delicias de cualquier fan del personaje, e incluso de aquellos que sencillamente conozcan por encima su historia. Amistad, familia, diversión y humor unen a héroes y villanos en este Gotham City de piezas y bloques, por lo que, en efecto, si hay que apostar por algo en este film, es por el negro.

Nota: 6,5/10

‘La fiesta de las salchichas’: El mundo es un supermercado


'La fiesta de las salchichas' invita a reflexionar con su irreverenciaPosiblemente si alguien lee que una película con un título como este, realizada por los responsables de películas como Superfumados (2008) o Juerga hasta el fin (2013) y que tiene como protagonistas a los alimentos es una buena película se lo tome a risa. Eso como poco. Pero lo cierto es que la realidad obliga a conjugar ambos conceptos: risa y calidad.

Tal vez no sea calidad en un sentido puramente formal. Incluso su narrativa hay momentos en las que se hace plomiza. Pero si algo bueno tiene La fiesta de las salchichas es la crítica social, política y moral que se esconde detrás de su trama. Seth Rogen (Malditos vecinos) y compañía no dejan títere con cabeza. Desde el conflicto palestino israelí hasta la creencia ciega en seres superiores, pasando por nazis que acusan de racismo, la película se construye lentamente para desgranar buena parte de los aspectos de la Humanidad que, en forma de productos, vive en un extenso supermercado llamado Tierra.

Evidentemente, la película tiene sus debilidades, y no son menores. Dejando a un lado la animación, muy alejada de los mejores trabajos en este ámbito de otras productoras, el guión adolece en muchos momentos de problemas que han tenido otros films de los mismos responsables. Saturación de insultos y tacos, una historia de ritmo irregular o algunos secundarios que no tienen demasiado sentido pero que hacen gracia son algunos de ellos que, seamos sinceros, juegan en contra del resultado final de la película.

Pero con todo y con eso, La fiesta de las salchichas es uno de los films más frescos de este año. Su irreverencia política y su acertada crítica social, ética y moral convierten a esta historia en algo más que una sucesión de chistes malos. De hecho, no es extraño que el espectador se descubra en mitad de la película reflexionando sobre algunas de las cosas que se mencionan en el film, lo cual ya dice bastante más de esta historia de lo que muchos actores, directores o productores pueden llegar a presumir. ¡Por cierto, no es apta para niños!

Nota: 7,5/10

‘Del revés’: reinterpretar la vida de dentro hacia fuera


Tristeza, Miedo, Ira, Asco y Alegría son las emociones protagonistas de 'Del revés'.Pixar siempre se ha diferenciado de sus más directos competidores en la impecable factura técnica de sus películas. De hecho, cada nueva aventura suponía un reto técnico y artístico. Pero como era de esperar, tarde o temprano eso tenía que terminarse. Ahora bien, estamos hablando, literalmente, de unos genios, de unos avanzados a su época capaces de estremecer y encandilar sin necesidad de diálogos y de diseñar fluidos y movimientos orgánicos tan realistas como la vida misma. Por ello, el reto de su nueva película no estaba en la técnica, sino en el concepto narrado y el modo en que se narra. Y el resultado vuelve a demostrar la enorme distancia que existe con otros estudios, incluida la propia Disney.

Si algo encandila de Del revés es, desde luego, la traducción a la vida real de los acontecimientos que se narran. El paso de la infancia a la adolescencia de una niña de 11 años separada del mundo que siempre había conocido sirve de excusa para explorar un terreno hasta ahora ignoto. Con la aventura como vehículo narrativo, desde luego lo más fascinante del relato es comprender las consecuencias externas que tiene lo que ocurre en la mente de la pequeña. De dentro hacia fuera, como reza el título original. Y en esta deconstrucción de las emociones humanas hay hueco para todo, desde la comprensión de que no todo es blanco o negro (alegría o tristeza) hasta los sacrificios que hace nuestra mente de aquellos aspectos de nuestra infancia que lastran la madurez.

Por supuesto, todo con un colorido y un dinamismo inconfundibles. Habrá quienes quieran tacharla de infantil. Bueno, de todos los títulos de la productora es uno de los que más se ajusta a esta descripción. Pero una breve reflexión sobre el contenido obliga a modificar sensiblemente la valoración para introducir un factor que muchas películas de animación olvidan: este tipo de cine debe estar dirigido tanto a mayores como a pequeños. Y es aquí donde Pixar demuestra por enésima vez que sus cintas nunca podrán pasar de moda porque narran conflictos universales, momentos que todo ser humano ha vivido antes o después.

Es posible que Del revés posea algunos momentos de ralentización narrativa, permitiendo que el interés del público decaiga ligeramente. Sin embargo, toda la película es una genialidad, desde el colorido utilizado hasta el concepto narrativo, pasando por la traducción en imágenes del funcionamiento de los recuerdos, las emociones o el subconsciente. Desde luego, Pixar lo ha vuelto a conseguir, dejando atrás ciertas impresiones que apuntaban a un cansancio creativo. Y por si alguien quiere encontrar algún detalle técnico que marque la diferencia, ahí va uno muy personal: el bebe con el que comienza el film.

Nota: 8,5/10

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: