‘Coco’: un viaje sensorial al Mundo de los Difuntos


Una película Pixar se ha convertido, por derecho propio, en un fenómeno cinematográfico en sí mismo. La factura técnica impecable, la originalidad de sus historias y el tratamiento de las mismas han convertido estos films en obras, literalmente, para todos los públicos, con un notable mensaje en valores y una universalidad de sus argumentos fuera de toda duda. De ahí la expectación sobre su nueva obra, y de ahí también las expectativas sobre su posible calidad o fracaso.

Una expectación que, a grandes rasgos, queda más que satisfecha. Coco es, en todos los sentidos, una experiencia sensorial única. Visualmente fascinante y poderosamente colorida, el viaje de este niño por la Tierra de los Difuntos es todo un relato sobre la amistad, los ídolos, la familia y los recuerdos. Con algunos detalles tanto argumentales como narrativos magistrales, la película esconde una importante moraleja y un fundamental mensaje sobre la memoria de nuestros familiares y cómo ellos siguen vivos mientras se mantengan en nuestros pensamientos. En este sentido, la historia logra traspasar las fronteras de México para narrar algo universal tomando como referente la colorida tradición del país centroamericano.

Otra cosa distinta es el argumento en sí. A pesar de la originalidad de la propuesta y del calado dramático de sus mensajes finales, lo cierto es que la cinta peca en algunos momentos de déjà vu. Muchas de sus tramas recuerdan, hasta cierto punto, a otras historias de la propia compañía. Es lo que ocurre cuando tu trayectoria fílmica está construida sobre obras de arte que ya forman parte, en su mayoría, del imaginario popular. Con todo, y a pesar de estas ciertas “irregularidades”, la realidad es que este viaje de música, pasión y familia hace las delicias de grandes y pequeños.

Porque Coco puede y debe ser disfrutada por toda la familia. Sin excepción. Los más pequeños disfrutarán con la imaginación y el derroche de originalidad visual que desprende la película, pero también aprenderán, aunque sea de forma subconsciente, la importancia de la familia, de seguir nuestros deseos y nuestras pasiones, y de escoger bien a nuestros modelos a seguir. Lo cierto es que la cinta atrapa de tal forma al espectador que sus deficiencias quedan en un segundo plano. Ahora bien, eso no significa que no existan, y si Pixar no quiere caer en una decadencia argumental debería empezar a buscar temas sólidos que tratar en sus nuevas y, con toda probabilidad, originales tramas nuevas.

Nota: 7,5/10

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‘La Bella y la Bestia’: animación de carne y hueso


Las producciones Disney tienen muchos defectos, pero si por algo pueden ser defendidas es por la magia que desprenden en cada plano, por esa capacidad de llevar al espectador, sea de la edad que sea, a un momento de su vida en el que todo era fantasía, en el que todo estaba por descubrir. Y si eso ya tiene mérito, lograrlo con una versión en imagen real de una historia mil veces vista y cantada es un reto al alcance de muy pocos.

De ahí que esta nueva versión de La bella y la bestia tenga tanto mérito. La traslación al mundo de carne y hueso de esta fantasía con objetos animados no solo es fiel al original, sino que logra desprender el carrusel de emociones que tienen sus canciones, amén del recorrido dramático de sus personajes, interpretados por unos actores que disfrutan con cada línea de diálogo y con cada movimiento de baile. Esa diversión se traslada, en última instancia, al desarrollo argumental de la historia, adaptada en algunos aspectos a los tiempos modernos pero sin perder de vista en ningún momento la fuerza de la poderosa historia de base.

Es magia, sí. Es romance, ternura y diversión. Pero incluso su intención por ser fiel al original (coartado, claro está, por los límites que impone la realidad) deja espacio para la introducción de ciertas secuencias que ayudan a explicar algo mejor la evolución de los personajes, su pasado y su futuro, y cómo todo termina por tener más coherencia. Dichas secuencias, aunque inteligentemente introducidas, restan sin embargo algo de ritmo al resto del desarrollo, lo que al final deja un sabor agridulce en un film, por otro lado, muy completo que aprovecha con bastante habilidad los recursos del musical y de la fantasía animada en la que se basa (atención al número del comedor o al clásico baile en el salón).

Al final, lo realmente importante es si La bella y la bestia logra emocionar tanto como su original animado. La respuesta es un rotundo sí. O al menos, un SÍ con mayúsculas. Quizá su mayor problema sea que, en ese intento por no ser una copia exacta, trata de introducir elementos nuevos cuyo funcionamiento dentro del engranaje dramático no siempre es el idóneo. Pero desde luego, si ese es el mayor problema, bendito sea, porque lo cierto es que, aunque perjudica al ritmo, ayuda a completar la historia, haciéndola algo más adulta y compleja. Disney ha encontrado un nuevo nicho de mercado en estas versiones en imagen real. ¿Cuál será la siguiente?

Nota: 7/10

‘Batman: La LEGO película’: apuesta siempre al negro


Batman deberá recurrir a sus amigos para vencer en 'Batman: La LEGO película'.El estreno hace unos años de La LEGO película (2014) fue una sorpresa para propios y extraños. No solo por la animación, sino por el mensaje que lanzaba a los más pequeños y, sobre todo, por un giro final tan original como significativo. Y puestos a explotar este mundo de construcción, qué mejor que hacerlo con la versión de uno de los mayores superhéroes del cómic cuya presencia en el cine ha sido, además, habitual en los últimos años. La pregunta es si es algo diferente o simplemente más de lo mismo.

La respuesta es un poco de ambas. Desde un punto de vista narrativo, la historia es un viaje por el trasfondo del personaje de DC Cómics a lo largo de los años, pero también por el cine (puede que los más pequeños no entiendan alguna referencia). Momentos como ese repaso a las versiones cinematográficas y televisivas del hombre murciélago, la introducción de fotogramas de algunas películas o la presencia de personajes de referentes del cine como King Kong, Harry Potter o El Señor de los Anillos convierten a esta cinta en algo más que otra simple historia de superhéroes en la que el héroe termina derrotando al villano. Su capacidad de combinar historias, personajes y referentes otorga al conjunto una versatilidad única que impide que el ritmo decaiga, al menos no demasiado, durante sus 105 minutos.

Ahora bien, el trasfondo, el mensaje que proyecta, es similar al que ya lanzó su predecesora, y aunque es evidente que el diseño tiene que ser necesariamente igual, su director Chris McKay recurre a herramientas, gags y tópicos que no solo se utilizaron en la anterior película de LEGO, sino en muchas otras historias. Esto no es necesariamente un problema, sobre todo para los más jóvenes de las salas de cine, pero sí puede afectar en cierto modo al interés que suscita, amén de perjudicar al ritmo en muchos momentos del film. Es de agradecer, sin embargo, que incluso con esos estereotipos la cinta es capaz de reírse de sí misma y burlarse de sus propias limitaciones, lo cual es buen síntoma.

Desde luego, Batman: La LEGO película no es mejor que la anterior cinta de este mundo de construcción, entre otras cosas porque la película ha perdido el factor sorpresa. Pero tampoco es peor, ni mucho menos. A pesar de jugar con conceptos similares y de recurrir en muchos casos a un humor parecido, tiene una narrativa tan dinámica, con tantas referencias, que hace las delicias de cualquier fan del personaje, e incluso de aquellos que sencillamente conozcan por encima su historia. Amistad, familia, diversión y humor unen a héroes y villanos en este Gotham City de piezas y bloques, por lo que, en efecto, si hay que apostar por algo en este film, es por el negro.

Nota: 6,5/10

‘La fiesta de las salchichas’: El mundo es un supermercado


'La fiesta de las salchichas' invita a reflexionar con su irreverenciaPosiblemente si alguien lee que una película con un título como este, realizada por los responsables de películas como Superfumados (2008) o Juerga hasta el fin (2013) y que tiene como protagonistas a los alimentos es una buena película se lo tome a risa. Eso como poco. Pero lo cierto es que la realidad obliga a conjugar ambos conceptos: risa y calidad.

Tal vez no sea calidad en un sentido puramente formal. Incluso su narrativa hay momentos en las que se hace plomiza. Pero si algo bueno tiene La fiesta de las salchichas es la crítica social, política y moral que se esconde detrás de su trama. Seth Rogen (Malditos vecinos) y compañía no dejan títere con cabeza. Desde el conflicto palestino israelí hasta la creencia ciega en seres superiores, pasando por nazis que acusan de racismo, la película se construye lentamente para desgranar buena parte de los aspectos de la Humanidad que, en forma de productos, vive en un extenso supermercado llamado Tierra.

Evidentemente, la película tiene sus debilidades, y no son menores. Dejando a un lado la animación, muy alejada de los mejores trabajos en este ámbito de otras productoras, el guión adolece en muchos momentos de problemas que han tenido otros films de los mismos responsables. Saturación de insultos y tacos, una historia de ritmo irregular o algunos secundarios que no tienen demasiado sentido pero que hacen gracia son algunos de ellos que, seamos sinceros, juegan en contra del resultado final de la película.

Pero con todo y con eso, La fiesta de las salchichas es uno de los films más frescos de este año. Su irreverencia política y su acertada crítica social, ética y moral convierten a esta historia en algo más que una sucesión de chistes malos. De hecho, no es extraño que el espectador se descubra en mitad de la película reflexionando sobre algunas de las cosas que se mencionan en el film, lo cual ya dice bastante más de esta historia de lo que muchos actores, directores o productores pueden llegar a presumir. ¡Por cierto, no es apta para niños!

Nota: 7,5/10

‘Del revés’: reinterpretar la vida de dentro hacia fuera


Tristeza, Miedo, Ira, Asco y Alegría son las emociones protagonistas de 'Del revés'.Pixar siempre se ha diferenciado de sus más directos competidores en la impecable factura técnica de sus películas. De hecho, cada nueva aventura suponía un reto técnico y artístico. Pero como era de esperar, tarde o temprano eso tenía que terminarse. Ahora bien, estamos hablando, literalmente, de unos genios, de unos avanzados a su época capaces de estremecer y encandilar sin necesidad de diálogos y de diseñar fluidos y movimientos orgánicos tan realistas como la vida misma. Por ello, el reto de su nueva película no estaba en la técnica, sino en el concepto narrado y el modo en que se narra. Y el resultado vuelve a demostrar la enorme distancia que existe con otros estudios, incluida la propia Disney.

Si algo encandila de Del revés es, desde luego, la traducción a la vida real de los acontecimientos que se narran. El paso de la infancia a la adolescencia de una niña de 11 años separada del mundo que siempre había conocido sirve de excusa para explorar un terreno hasta ahora ignoto. Con la aventura como vehículo narrativo, desde luego lo más fascinante del relato es comprender las consecuencias externas que tiene lo que ocurre en la mente de la pequeña. De dentro hacia fuera, como reza el título original. Y en esta deconstrucción de las emociones humanas hay hueco para todo, desde la comprensión de que no todo es blanco o negro (alegría o tristeza) hasta los sacrificios que hace nuestra mente de aquellos aspectos de nuestra infancia que lastran la madurez.

Por supuesto, todo con un colorido y un dinamismo inconfundibles. Habrá quienes quieran tacharla de infantil. Bueno, de todos los títulos de la productora es uno de los que más se ajusta a esta descripción. Pero una breve reflexión sobre el contenido obliga a modificar sensiblemente la valoración para introducir un factor que muchas películas de animación olvidan: este tipo de cine debe estar dirigido tanto a mayores como a pequeños. Y es aquí donde Pixar demuestra por enésima vez que sus cintas nunca podrán pasar de moda porque narran conflictos universales, momentos que todo ser humano ha vivido antes o después.

Es posible que Del revés posea algunos momentos de ralentización narrativa, permitiendo que el interés del público decaiga ligeramente. Sin embargo, toda la película es una genialidad, desde el colorido utilizado hasta el concepto narrativo, pasando por la traducción en imágenes del funcionamiento de los recuerdos, las emociones o el subconsciente. Desde luego, Pixar lo ha vuelto a conseguir, dejando atrás ciertas impresiones que apuntaban a un cansancio creativo. Y por si alguien quiere encontrar algún detalle técnico que marque la diferencia, ahí va uno muy personal: el bebe con el que comienza el film.

Nota: 8,5/10

‘Big Hero 6’: programada para no herir a los humanos


Los protagonistas de 'Big Hero 6' se preparan para su primera aventura.No creo que nadie espere encontrar en una cinta de Disney una historia desgarradora con un final duro pero realista. La compañía es lo que es, y esos valores, gusten más o menos, son sus señas de identidad. Pero de un tiempo a esta parte sus mensajes han cambiado ligeramente. Con Frozen: El reino del hielo se cambiaron las tornas en lo que a héroes, villanos y damiselas en apuros se refiere. El resultado todavía lo estamos viendo. En esta primera colaboración con Marvel, casa que posee el cómic en el que se basa, ocurre algo parecido, aunque con la diferencia de que, en esta ocasión, los personajes y el desarrollo de la trama son algo más típicos, tópicos y previsibles.

Porque si algo se le puede achacar a Big Hero 6 es que tanto su historia como sus personajes secundarios carecen de grandes matices. El desarrollo dramático transcurre por cauces habituales, sin demasiados sobresaltos y con giros argumentales más o menos previsibles. Evidentemente, la historia está pensada para los más pequeños. Pero incluso en este marco hay espacio para algo ligeramente diferente que obliga a reflexionar sobre algunas ideas como la pérdida, la forma de afrontar el dolor, la ira o la venganza. En este sentido, el momento en que el joven protagonista modifica la programación de su robot para convertirlo en una máquina de matar es tan impactante como aterradora.

Y por supuesto, tenemos a Baymax, el achuchable robot médico que acompaña al joven protagonista y que se convierte en el alma de la historia por méritos propios desde el primer minuto. Su presencia en pantalla no solo da sentido al conjunto, sino que eleva el grado de entretenimiento, risas y diversión a cotas que no se alcanzan salvo en el tramo final, cuando tiene lugar la gran batalla, todo un alarde de dinamismo, colorido y frases manidas. Desde luego, sin esta especie de primo lejano del muñeco de Michelin la cinta no sería lo que es. Y desde luego, si la acción que tiene en su tramo final estaríamos ante una propuesta mucho más monótona y lenta, como demuestran sus primeros minutos hasta la llegada del mencionado robot.

Está claro que el éxito de Big Hero 6 está asegurado, así como el merchandising que acompañará a la cinta estas Navidades. Pero más allá de todo el envoltorio, la película presenta un mensaje y una moraleja muy interesantes, tal vez no apto para todos los niños pero indudablemente didáctico. Lástima que sus puntos débiles residan en sus secundarios y en un guión excesivamente simple. De haber dotado al conjunto de algo más de solidez narrativa y de unos secundarios con vida propia estaríamos hablando de un importante título de la animación moderna. De este modo, solo se puede decir que es una película muy entretenida que se pasa en un suspiro entre risas y acción. Que es más de lo que puede decirse de otras cintas, por cierto.

Nota: 6,5/10

La animación y ‘Los Juegos del Hambre’ impulsan la taquilla


La taquilla española está sufriendo uno de sus mejores momentos del año, con el permiso de lo que consiguió Ocho apellidos vascos en abril. No solo los estrenos están consiguiendo buenas cifras, sino que los mantenimientos parecen aguantar con confianza la llegada de los nuevos títulos, lo que permite a la taquilla presumir esta semana de unos ingresos totales de algo más de 8 millones de euros, lo que no se veía desde, precisamente, Ocho apellidos vascos. Eso sí, la cinta más taquillera del fin de semana no varía.

Tras registrar el mejor estreno del año, Los Jugos del Hambre: Sinsajo. Parte 1 pierde un 45% y se queda en los 2,39 millones de euros aproximadamente. Su total asciende ya a los 8,2 millones de euros, por lo que la frontera de los 10 millones se superará en breve, si es que no lo ha hecho ya. A partir de aquí, todo dependerá de cómo reaccione a los próximos grandes estrenos, el primero de ellos este mismo fin de semana. Con todo, parece lógico pensar que se quedará en el entorno de los 18 millones de euros, pudiendo superar incluso los 20 millones. La buena noticia para el cine español es que Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo se queda en segunda posición con 1,42 millones de euros repartidos en 470 pantallas, lo que arroja una media de poco más de 3.000 euros. Buen balance que invita a pensar en un techo de unos 7,5 millones de euros, aunque con las festividades que están por llegar podría ser algo más.

La medalla de bronce es para el otro estreno animado de la semana, Los pingüinos de Madagascar. Sus 1,23 millones de euros en 769 salas deja un balance algo más pobre que el de su más directo rival, unos 1.600 euros. A pesar de ello, lo más probable es que termine en el entorno de los 5 millones de euros, pudiendo igualmente mejorar sus cifras en caso de que la época de vacaciones infantiles le sea propicia. En cuarto lugar encontramos al anterior número uno, Interstellar, que esta semana se queda en algo más de 710.000 euros, lo que supone un descenso del 21%. Este fin de semana, cuando se cumple un mes desde su estreno, arroja un total acumulado de 7,11 millones de euros, por lo que podría terminar alrededor de los 10 millones.

En mitad del top 10 se sitúa otro estreno. Trash. Ladrones de esperanza, que se estrenaba en 260 pantallas, obtiene 493.000 euros, por lo que su media por sala es de unos 1.900 euros. Dado el tono y el público al que va dirigido el film, no son datos excesivamente malos, pero en cualquier caso no parece que pueda llegar a superar los 2 millones de euros, al menos no de forma holgada. El resto del ranking está compuesto por Dos tontos todavía más tontos, que desciende desde la parte alta del box office hasta la sexta posición con un total acumulado de más de 2 millones de euros en su tercera semana; Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso, que ronda los 2 millones en su balance total, se quedan en séptimo lugar.

La sorpresa sigue dándola Relatos salvajes, que se convierte en uno de los éxitos sorpresa del año. Puede que sus ingresos totales, que ascienden a 3,86 millones de euros, no sean demasiado espectaculares, pero el hecho de que semana tras semana descienda ligeramente (en algunas incluso mejore su recaudación), invita a pensar en un techo de unos 4,5 millones, puede que incluso 5 millones antes de abandonar las salas. Muy al contrario de lo que le ocurre a Escobar: Paraíso perdido, que sigue descendiendo mucho su recaudación. Con lo recaudado esta semana, algo más de 100.000 euros, logra superar el millón de euros, pero parece bastante difícil que llegue a los 1,5 millones. Cierra el top 10 otro estreno, Rastros de Sándalo, que logra apenas 100.000 euros en 72 pantallas (unos 1.400 euros en cada una). Su objetivo más inmediato es intentar llegar al medio millón de euros.

‘Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo’: magos del humor


Mortadelo y Filemón deberán derrotar a Jimmy el Cachondo en su nueva aventura animada.Han sido necesarios tres intentos para lograr trasladar con acierto a la gran pantalla a unos de los personajes más importantes de las viñetas españolas. El carácter absurdo de las aventuras que durante años han protagonizado los agentes secretos más ineptos de España han encontrado en la animación el ritmo y la “seriedad” que no lograron tener en sus previas aventuras de carne y hueso. La historia ha demostrado que hay personajes que no pueden tener presencia física, y Mortadelo y Filemón son algunos de ellos.

Con Javier Fesser, responsable de aquella La gran aventura de Mortadelo y Filemón en 2003, las desventuras, los golpes y los constantes guiños al contexto social de España regresan con una fuerza inesperada. Y lo hace sobre un guión sólido que sigue con mano firme la estructura de los tebeos que han hecho reír a miles de jóvenes y adultos. En efecto, lo mejor de Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo es su fidelidad a unos cómics que son muy difíciles de adaptar. Los detalles al margen de la historia, la sutileza de algunos chistes, e incluso gags característicos de Ibáñez se dan cita para convertir a este film ajustado en su metraje en un festival del humor. Desde ese comienzo de agente secreto al más puro estilo James Bond (por cierto, una versión idealizada de lo que después se desarrolla de forma más propia de la TIA) hasta ese final sacado literalmente de las viñetas, todo en la película está pensado para provocar una sonora carcajada.

Esto no quiere decir que la película sea una joya del séptimo arte. Sus fallos, aunque enterrados bajo la risa, provocan en ciertos momentos una falta de ritmo notable, sobre todo en el segundo acto. Del mismo modo, la necesidad que tiene el director de introducir un personaje como Rompetechos, eventual en las historias, como un protagonista más termina por saturar la historia de situaciones absurdas, si es que eso puede llegar a ocurrir en una misión de Mortadelo y Filemón. En este sentido, algunos gags visuales pueden llegar a ser repetitivos en su desarrollo, aunque eso no impide que ofrezcan algunos de los mejores momentos de la trama.

Se puede decir que Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo es la película sobre estos personajes que el cine estaba esperando, o al menos que el cine se merecía. Divertida, dinámica, con constantes referencias a los tebeos, a la sociedad y a la cultura, y con un sentido del ridículo (o ausencia de él) sin igual. Es cierto que hay momentos en los que el ritmo frena, en buena medida motivado por el hecho de que la película es más larga que el cómic, pero eso no debería ser un impedimento para disfrutar de una hora y media de puro humor. Los fans de los personajes encontrarán en los fotogramas el delicioso espíritu de las viñetas. Incluso podrán comprobar cómo el doctor Bacterio es capaz de crear un invento que funciona. A disfrutar.

Nota: 7/10

La humildad de las ‘Tortugas ninja’, una historia sencilla y divertida


En 1990 las 'Tortugas Ninja' llegaron al cine de la mano de Steve Barron.Uno podría pensar que adaptar al cine una serie de animación, una saga de videojuegos o unos juguetes exitosos es una apuesta segura. Sin embargo, hay personajes que, por el motivo que sea, no funcionan del mismo modo en pantalla grande. El inminente estreno de Ninja Turtles vuelve a poner el foco sobre las cuatro tortugas ninja que en la década de los 80 del pasado siglo hicieron las delicias de jóvenes en medio mundo. Unos personajes cuyas aventuras cubrieron un amplio espectro de formatos, desde la televisión hasta los cómics, pasando por el merchandising y una línea de muñecos que ha evolucionado con el paso de los años. Su éxito fue tal que en 1990 se llevaron sus aventuras a la pantalla grande, dotando a los personajes animados de una presencia real. El resultado fue Tortugas Ninja, una producción sencilla, honesta y divertida cuya máxima aspiración era, y es, ser fiel a los conceptos más básicos de la serie, algo que funcionó en esta entrega, no así en las siguientes.

Conceptos que pasan por narrar los orígenes de estos héroes creados por Kevin Eastman y Peter Laird, que han dedicado su vida a expandir y nutrir este particular universo. Dirigida por Steve Barron (Los caraconos), la cinta aborda las primeras aventuras de las tortugas contra su archienemigo, Schredder, así como los problemas a los que deben enfrentarse, tanto externos como internos. Con todo, limitar el contenido dramático de la cinta a una mera sucesión de secuencias de acción y de humor sería un tanto superficial. Es cierto que vista en perspectiva la trama posee muchos puntos débiles y un aire muy particular que define a muchas obras independientes realizadas en esos años, pero es justo destacar algunos aspectos, sobre todo en sus tramas secundarias, que ofrecen un interesante reflejo de la sociedad que siempre ha estado presente en sus aventuras.

El más destacable es, sin duda, su enfoque de una juventud que no encuentra su sitio en la sociedad, que se siente perdida y abandonada por un mundo adulto que no parece comprenderla. Los momentos que transcurren en la guarida del villano, con esos adolescentes y niños entregándose a vicios tanto de adultos como de jóvenes, remiten, en cierto modo, a la historia de Pinocho y la corrupción de la inocencia, siendo además un cuadro malsano de una generación que no parecía tener una planificación a largo plazo. Las diferentes tribus urbanas que se dan cita remiten a otros films que abordan esa temática, aunque lo hace de una forma algo menos trágica.

Otro pilar importante que define a estas Tortugas Ninja es el concepto de familia y de individualismo. La primera mitad del film aborda la problemática personalidad de Raphael, al que pone voz Josh Pais (serie Ray Donovan), la tortuga con peor genio. Su tendencia a la soledad y a no aceptar sus errores o su lugar dentro del grupo es lo que define dramáticamente al film, que por otro lado presenta unas personalidades excesivamente simplificadas y autoparódicas. El tratamiento de este rol, así como la idea de familia del clan liderado por Schredder (James Saito, visto en la serie Eli Stone), ahondan en la idea de que la familia se encuentra allí donde realmente hay alguien que se preocupa, aunque ello suponga muchas veces alcanzar situaciones incómodas. Una moraleja un tanto simple, es cierto, pero que funciona bien en el contexto de la película gracias al tono general y al público al que va dirigido, que por cierto es tratado en todo momento con respeto.

Humor y efectos de última generación

Antes hablaba de la perspectiva de los años. Desde luego, la película de Barron puede ser vista hoy como una de esas pequeñas joyas en las que todo, absolutamente todo, era físico y real. En una época en la que los efectos digitales logran todo lo que se pueda imaginar, las técnicas utilizadas en aquel 1990, las más modernas del momento tal y como se anunció, aportan un grado de veracidad entrañable que beneficia a la historia de forma notable. Eso no impide, claro está, que muchas de sus secuencias pierdan algo de fuerza al ver a unas criaturas moverse sin demasiada agilidad y hacerlas pasar por silenciosos ninjas. Pero con todo, el trabajo de los efectos mecánicos y de las coreografías permite al film absorber todo el espíritu de los personajes originales, tanto humanos como mutantes.

En este sentido no hay que olvidar el sentido del humor que derrocha Tortugas Ninja, lo que la convierte en una obra destinada claramente al público juvenil y a una cierta inocencia que, por suerte o por desgracia, no tienen los adolescentes de ahora. El lado positivo es que la película se muestra en todo momento como un entretenimiento, sabiendo cuál es su objetivo y sin intentar ser algo que no es. Lo malo es que desde un punto de vista narrativo posee algunas flaquezas que, aunque son neutralizadas en parte por el dinámico desarrollo de la trama, no llegan a ocultarse del todo. La más evidente es la similitud de las tortugas, que pierden de este modo las diferentes naturalezas que las definían en la serie de televisión (el líder, el científico, el serio y el juerguista). Por otro lado, los personajes humanos principales, interpretados por Judith Hoag (serie Nashville) y Elias Koteas (Shutter Island) carecen de profundidad, limitándose a ser un fiel reflejo de lo que puede encontrarse en la animación.

Por supuesto, todo ello solo tiene relevancia si uno se acerca a un film de estas características con la idea del análisis concienzudo. Pero incluso en este aspecto sale ganando, pues a pesar de sus fallos la cinta funciona incluso años después de su estreno. Su frescura y la sencillez de su desarrollo la convierten en una obra sin pretensiones, es cierto, pero también aportan un dinamismo que la hace avanzar sin demasiado tiempo para parar a pensar en el trasfondo social y humano de los personajes. Es cierto que buena parte de la ironía y la comicidad pueden resultar un tanto repetitivos, pero en líneas generales la humildad con la que está realizada obliga a una cierta tolerancia a los errores, algo que no tuvieron las sucesivas secuelas y que, es de suponer, no tiene la nueva versión, más digital, espectacular y con un mayor presupuesto.

Para muchos Tortugas Ninja es un pequeño clásico del cine de aventuras juvenil. En cierto modo, así es. No pasará a los anales del cine, y desde luego no es un film indispensable que todo adolescente deba ver alguna vez en su vida. Pero su fórmula funciona. Es fresca, divertida y entretenida. Es lo que busca y es lo que consigue. Y lo más importante: logró adaptar de forma correcta a unos personajes que, a medida que han pasado los años, cada vez han tenido menos suerte en su salto a la gran pantalla. Puede que esa humildad sea la clave. Puede que su falta de pretensiones haga que el espectador termine encantado al no tener expectativa alguna. O puede simplemente que sea el trabajo serio y decidido de unos profesionales que sabían lo que tenían que hacer. Sea como fuere, esta primera aventura de los cuatro hermanos mutantes tenía todo lo que podía esperarse de ella. Ni más ni menos.

Disney aporta sus señas de identidad a ‘Tarzán’ pero deja su esencia


Disney logró combinar en su 'Tarzán' la filosofía del personaje y la de la productora.No cabe duda de que uno de los personajes más conocidos e icónicos de la literatura es Tarzán, el hombre criado por simios que se convierte en el rey de la selva. Creado por Edgar Rice Burroughs, sus adaptaciones al cine comienzan en 1918, siendo las más conocidas las interpretadas por el que, personalmente, creo que ha sido, es y siempre será Tarzán: Johnny Weissmuller (Tarzán de los monos). Sin embargo, vamos a abordar otra de las adaptaciones que, por el momento en que se hizo y la técnica utilizada, posee matices interesantes. Nos referimos a Tarzán (1999), la versión Disney del personaje.

Es inevitable recordar este film dirigido por Chris Buck (Frozen: El reino del hielo) y Kevin Lima (102 dálmatas) ahora que otra adaptación de inminente estreno utiliza también la animación como medio (aunque en este caso es 3D). Con todo, la cinta que aquí tratamos se ha ganado con los años el derecho a estar entre lo mejor que se ha hecho sobre el personaje, principalmente porque supo encontrar el equilibrio entre el espíritu infantil y soñador de la productora y el tono serio y algo más sombrío de la historia. Puede que la mejor muestra de ello sea el hecho de presenciar una de las primeras muertes de la historia de la compañía, aunque sólo sea de forma sonora. En este sentido, el guión encuentra un equilibrio perfecto entre ambos mundos gracias, entre otras cosas, a dividir la trama en dos partes bien diferenciadas incluso en su paleta cromática: la infancia y la edad adulta. Gracias a esto el desarrollo evoluciona de menos a más en todos los aspectos, ofreciendo un viaje en el que los conflictos se suceden casi sin tregua, si bien es cierto que unos son más físicos que otros. Así, los minutos en los que el protagonista es pequeño se presentan despreocupados, vivos y coloridos, mientras que en la edad adulta los tonos oscuros se entremezclan con los más claros, aportados en este caso por los secundarios.

Aunque lo realmente interesante es que Tarzán no se entrega a la aventura o la acción sin sentido. Ni mucho menos quiere esto decir que sea una reflexión filosófica sobre el ser humano. Al fin y al cabo, es Disney. Pero con todo y con eso, el film recoge numerosas reflexiones que acompañan a los orígenes del personaje. Desde la soledad por sentirse rechazado entre aquellos a los que considera semejantes sólo por ser diferente, hasta la búsqueda de la identidad una vez se encuentra con otros humanos, la película trata con notable sentido dramático los conflictos internos a los que se enfrenta el protagonista, sobre todo aquel que tiene que ver con su lugar en el mundo. Y como suele decirse, lo importante está en los detalles. Que el protagonista descubra su pasado a través de imágenes, que se civilice (otro término que ofrece muchas connotaciones) o que se debata entre su amor por la hermosa protagonista y su responsabilidad con su familia son elementos que, en mayor o menor medida, siempre han estado.

Empero, la cinta la expresividad corporal del personaje para narrar su evolución y esos conflictos que nutren el desarrollo de la trama. El uso de los nudillos para caminar, o el mero hecho de que camine a cuatro patas, son algunos de los detalles a los que hacía referencia. Esto, unido a cualidades del personaje como su curiosidad o su sentido de la moral inculcado por la vida salvaje terminan definiendo mejor que cualquier otro aspecto las diferentes caras del protagonista, sin duda el mejor representado si tenemos en cuenta que los secundarios son, en líneas generales, bastante arquetípicos (sus rasgos físicos les definen casi antes de que digan una sola frase).

Dinamismo en plena crisis

Como no podía ser de otro modo, la adaptación está marcada por una magistral banda sonora compuesta por Phil Collins en varios idiomas y que fue premiada con un Oscar. La capacidad del artista para narrar con canciones lo que se ve en imágenes recuerda a la labor de Elton John en El rey león (1994), salvando las evidentes distancias. Sin embargo, si hay algo que define a esta película es el momento en el que apareció y la técnica utilizada para llevarla a cabo, a medio camino entre la animación por ordenador y la tradicional.

Se puede considerar a este Tarzán el eslabón entre el nuevo rumbo que dio Disney con el cine de animación por ordenador y la animación que hasta entonces venía haciendo. El descenso continuado en la calidad de las tramas y de los personajes llevó a las técnicas tradicionales a desaparecer, o al menos a ser consideradas marginales. La adaptación del personaje de Burroughs evidenció que cualquier técnica es válida siempre y cuando esté sustentada en sólidos pilares narrativos, ya sean a nivel de guión o en el plano visual. La película, en este sentido, recupera conceptos muy tradicionales que pueden encontrarse en los grandes clásicos de la productora, pero no los utiliza para contar su propia historia, sino que los adapta a las necesidades del protagonista.

La película incorporó, además, un estilo nuevo al personaje, limitado hasta entonces por las capacidades físicas de actores de carne y hueso. Y eso que algunos de ellos eran auténticos atletas, como es el caso de Weissmuller. Me estoy refiriendo, como muchos se imaginarán, a ese estilo surfista para trasladarse por las ramas de los árboles, posiblemente la única concesión, digamos, moderna. Independientemente de que sea más o menos acertado, es indudable que aporta un dinamismo diferente y propio, que aleja al conjunto lo suficiente de sus predecesores como para no ser considerada una adaptación más. Por supuesto, habría que añadir aquí los personajes, que basculan entre la comicidad y el dramatismo, y una trama que en ningún momento pierde de vista lo que está contando.

La versión Disney de Tarzán puede incluirse, por tanto, entre las mejores adaptaciones del personaje. Es cierto que hay momentos en los que el tono infantil se impone y que tiene algunas concesiones algo innecesarias. Es cierto que sus personajes, a excepción del protagonista, son algo tópicos, sin apenas matices y con una función demasiado clara y evidente en la trama. Pero en líneas generales aúna todos los elementos que definen al personaje (aventura, exclusión, pertenencia a un grupo, supervivencia, respeto, …), y lo logra gracias a una evolución en el tono dramático. Su forma de afrontar los conflictos emocionales de un personaje que se enfrenta a una realidad desconocida no tiene nada que envidiarle a algunas de las mejores versiones, y su uso del color y la banda sonora para ayudar a narrar esta historia son espléndidos. Una película, en definitiva, que fue capaz de demostrar la calidad de la animación en 2D siempre y cuando esta sea adecuada.

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