‘Venom’: el simbionte se independiza de Spider-Man


Tratar de separar el origen del simiente conocido como Venom de Spider-Man parece una tarea harto difícil, sobre todo si se hace de cara a fans de los cómics poco tolerantes a los cambios. Y la verdad es que la nueva película de Ruben Fleischer (Bienvenidos a Zombieland) es una buena prueba de ello, no tanto por las críticas de acérrimos seguidores de los personajes como por la necesidad de crear una historia paralela que justifique buena parte de la naturaleza de un villano/antihéroe que imita los poderes del hombre araña.

En este sentido, la historia de Venom se encuentra a medio camino entre lo interesante del tratamiento del personaje y las incoherencias de algunos de sus tramos narrativos. Un equilibrio que es el origen de algunas de sus irregularidades. Mientras que el rol protagonista al que da vida espléndidamente bien Tom Hardy (London Road) evoluciona de forma compleja a través de esa dualidad en su mente que representa la lucha entre el bien y el mal, lo que en definitiva aporta un trasfondo dramático sólido para toda la historia, el desarrollo dramático tanto del villano como de las tramas secundarias quedan poco definidos, por no hablar de algunas de las motivaciones de este antihéroe en el tercio final del film, que sencillamente no tienen un trasfondo lógico o, al menos, sustentado claramente con lo narrado anteriormente.

Sus debilidades son más que evidentes, es cierto, y los más puritanos posiblemente pongan el grito en el cielo ante los orígenes de este personaje y cómo se ha contado la historia. Pero con todo y con eso, el metraje apenas pierde el pulso. A las secuencias de acción (espectaculares aunque algo caóticas en algún momento) se suman ciertos toques de humor que ayudan a aligerar la carga dramática del protagonista, lo que aporta al conjunto un tono perfecto de entretenimiento sin más objetivo que el de distraer durante casi dos horas que en ningún momento llegan a hacerse pesadas gracias fundamentalmente al trabajo de sus actores.

Desde luego, nadie debería esperar de Venom más de lo que es a simple vista. Su falta de encaje en el Universo Cinematográfico Marvel juega a favor y en contra de esta película. A favor porque le da libertad para explorar una historia completamente diferente, con nuevos orígenes, nuevos personajes y un tono a medio camino entre la oscuridad del simbionte, la bondad del reportero interpretado por Hardy y el humor que desprende el relato. En contra porque esa falta de marco hace que la combinación de historias y personajes termine por generar ciertos problemas narrativos y de definición de personajes. En cualquier caso, es una producción entretenida y que se disfruta en prácticamente todo su metraje. ¡Y atentos a la escena post créditos, primera piedra de una posible secuela!

Nota: 7/10

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‘Vengadores: Infinity War’: infinitamente Marvel


Han pasado 10 años desde aquella primera aventura de Iron Man. 10 años en los que Marvel ha construido, algunas veces con más acierto que otras pero siempre con mimo y cuidado, todo un universo en el que poder desarrollar las aventuras de sus personajes, sus motivaciones, sus debilidades y los conflictos que les definen a lo largo de los años. Y todo eso desemboca aquí, en una macroproducción superheróica en la que nada se deja al azar y todo, absolutamente todo, tiene un objetivo: convertir a este film en el mayor espectáculo de la historia. Que lo haya conseguido o no es cuestión de puntos de vista, pero algo queda claro: se puede conseguir.

Porque en efecto, Vengadores: Infinity war es un espectáculo. Pero también es una historia, un drama capaz de generar desasosiego, de enfrentar a estos personajes capaces de cosas extraordinarias ante un enemigo invencible, ante ese desafío que, como se menciona en la película, les hará fracasar estrepitosamente. Toda historia debe construirse, al menos en teoría, sobre un crecimiento constante de tensión, de acción o de drama. En el cine de superhéroes esto, habitualmente, se traduce en combates que ponen al héroe ante un desafío cada vez mayor que debe superar para, al final, enfrentarse a la gran amenaza. Y aunque esta cinta de los hermanos Russo (Capitán América: El soldado de invierno) responde a esa idea, ese crecimiento dramático está construido sobre desafíos fallidos, sobre una lucha en la que el villano vence constantemente, hasta un final que… que aquí no revelaré, pero que puede generar cierto desasosiego.

Se trata, por tanto, de una producción compleja, de una obra de arte del género que merece ser reconocida como tal. Nada de enfrentamientos cuyo final se conoce de antemano; nada de momentos narrativos que restan ritmo al conjunto. Todo en el film se construye con el único objetivo de ofrecer una historia dinámica, profunda, en la que las motivaciones son lo primero y los efectos (sencillamente espectaculares, dicho sea de paso) lo segundo. Es más, pocas veces podrá verse que uno de los momentos más dramáticos de un film lo protagonice un villano que debe luchar entre lo que persigue y la única persona a la que alguna vez ha querido. Y los hermanos Anthony y Joe imprimen al conjunto un estilo visual brillante, aprovechando al máximo los planos generales de las batallas y las posibilidades de los numerosos superhéroes que aparecen a lo largo del metraje.

Desde luego, Vengadores: Infinity War es la cinta que todo fan lleva esperando 10 años. Pero es más. Es un relato sobre el fracaso, sobre la lucha contra un destino que parece escrito y que es incapaz de ser cambiado. Una lucha frustrante, en definitiva. Y no hay nada más satisfactorio, dramáticamente hablando claro esta, que ver a un héroe caído para volver a levantarse. Y dado que en este caso son decenas de ellos, la sensación agridulce que deja el final del film se multiplica de forma exponencial. Ahora sí, Marvel ha logrado alcanzar un clímax dramático en su cine, un nivel que posiblemente no sea tan adulto como el de su principal competidor, DC Cómics, pero sin duda sí ha sabido profundizar más que en otras ocasiones. Y desde luego, ha dado una lección sobre cómo construir este tipo de relatos tan complejos, cómo introducir a cada uno de los personajes y cómo mostrar la derrota individual de cada uno. ¿Tiene algo malo entonces? Bueno, mucha gente la verá sólo como una más de superhéroes. Y, por supuesto, que hay que esperar un año para el desenlace.

Nota: 9/10

‘Spider-Man: Homecoming’: por algo hay que empezar


Una película como la nueva aventura del Hombre Araña, al igual que otras adaptaciones de novelas, cómics, series, etc., puede ser analizada bajo el prisma de un fan o desde una perspectiva más objetiva. Y precisamente bajo esta última no puedo por menos que preguntarme cómo es posible que el personaje más famoso de Marvel haya tenido una trayectoria tan irregular desde que Sam Raimi abandonara los mandos del personaje (lo que ocurrió en aquella Spider-Man 2). Porque más allá de cambios de trajes y mejoras tecnológicas, la realidad es que el tratamiento de este héroe corriente que carga sobre sus hombros con la responsabilidad que genera la culpa no ha sido muy homogéneo que digamos.

Y desde luego, Spider-Man: Homecoming no es una excepción. Si bien es cierto que el desarrollo de la trama es notable y que el personaje interpretado por Tom Holland (Lo imposible) posiblemente sea el mejor de las diferentes sagas, la cinta es irregular en su tratamiento, pudiendo llegar a hacerse algo lenta en algunos momentos. Planteada como un producto que haga de puente entre lo visto hasta ahora en el mundo cinematográfico de Marvel y lo que está por llegar, esta nueva aventura presenta algunos giros dramáticos cuanto menos cuestionables que casi con toda seguridad harán recordar a los fans ciertas relaciones familiares totalmente innecesarias en este caso. Eso por no hablar del hecho de que hay más personajes secundarios que en una película coral, lo que termina por restar espacio y tiempo para un desarrollo algo más en profundidad del héroe y del villano.

No me malinterpreten. Ambos pilares de esta historia están bien definidos y poseen una solidez fuera de toda duda, pero eso no impide que se pierdan por el camino las explicaciones para algunas de sus decisiones. Con todo, la cinta deja varios momentos sobradamente impactantes, ya sea desde un punto de vista narrativo (el impacto de descubrir las identidades secretas, aunque sea en un contexto algo ilógico) o de acción. Respecto a este último aspecto, por cierto, alguien debería explicarme qué necesidad hay de poner en manos de directores “inexpertos” en la materia un producto tan complejo como este.

La labor de Jon Watts (Coche policial), aunque buena en muchos momentos, deja algo que desear en las secuencias de acción más complejas, recurriendo a un montaje confuso y a planos amplios que permitan desarrollar la espectacularidad del protagonista pero que restan intensidad a lo narrado. Bajo todo este prisma, Spider-Man: Homecoming se revela como un entretenimiento sólido que plantea las bases para un futuro que promete más de lo que ofrece este primer film. Demasiados personajes enturbian el estreno de uno de los mejores Spider-Man (si no el mejor) del cine, y la labor del director, buena en algunos momentos dramáticos, se pierde en las secuencias de acción. Eso por no hablar de lo que dirán los fans acerca del cambio de nombre de algunos personajes fundamentales en el imaginario arácnido o de ese final que parece destruir una dinámica que en los cómics ha funcionado durante décadas. Todo está por comenzar, y desde luego todo es mejorable.

Nota: 6,5/10

Trepamuros, lanzarredes, arañas… ‘Spider-Man’ regresa a casa


Último fin de semana de julio y uno de los más importantes en lo que a grandes estrenos se refiere. O al menos, de los más esperados por el público en general. Este viernes, día 28, aterriza en la cartelera española uno de los superhéroes más conocidos y más importantes de la cultura popular norteamericana, y lo hace regresando a la Casa de las Ideas que le vio nacer. Habrá quienes no consideren este estreno tan relevante, pero he aquí un dato: este es uno de los fines de semana con menos estrenos de los últimos meses, y ninguno de los títulos que llegan a las pantallas parece querer hacer frente a la principal novedad.

Dicha novedad es Spider-Man: Homecoming, nueva aventura del trepamuros de Marvel producida en esta ocasión por la propia compañía y que, a diferencia de reinicios anteriores, no narra los orígenes del personaje, sino que le sitúa momentos después de lo ocurrido en Capitán América: Civil War (2016). El joven héroe trata de volver al instituto y hacer vida normal, pero sus sueños de convertirse en un Vengador le llevarán a enfrentarse al Buitre, un nuevo villano contra el que no solo deberá dar lo mejor de sí, sino que deberá encontrar el verdadero significado de ser Spider-Man. Aventura, acción, humor y espectacularidad es lo que propone Jon Watts (Coche policial), que se pone tras las cámaras para dirigir a Tom Holland (Z, la ciudad perdida), Michael Keaton (El fundador), Robert Downey Jr. (El juez), Zendaya (serie Shake it up!), Marisa Tomei (La gran apuesta), Jon Favreau (#Chef), Gwyneth Paltrow (Mortdecai), Jacob Batalon (North Woods) y Tony Revolori (Mesa 19), entre otros.

También norteamericana es Diario de Greg: Carretera y manta, nueva adaptación a la gran pantalla de los libros de Jeff Kinney que narra cómo el protagonista logra convencer a su familia para hacer un viaje con motivo del 90 aniversario de su abuela. En realidad, lo que pretende es participar en una convención de videojuegos, pero sus planes no saldrán como los tenía previstos. David Bowers (Astro Boy) dirige esta comedia familiar protagonizada por Alicia Silverstone (King Cobra), Tom Everett Scott (La ciudad de las estrellas), Jason Drucker (Barely lethal), Charlie Wright (Ingrid goes west) y Joshua Hoover (Dos buenos tipos).

En lo que a estrenos europeos se refiere, desde Francia llega 50 primaveras, comedia dramática dirigida por Blandine Lenoir (Zouzou) cuya trama gira en torno a una mujer de 50 años cuya vida parece estanca. Separada y recientemente en el paro, recibe la noticia de que va a ser abuela. Todo podría cambiar, sin embargo, al reencontrarse con un amor de juventud, lo que podría ser un momento idóneo para iniciar una nueva vida. El reparto está encabezado por Agnès Jaoui (Un cuento francés), Thibault de Montalembert (Monsieur Chocolat), Pascale Arbillot (Pension complète), Sarah Suco (Un amor de verano) y Lou Roy-Lecollinet (Tres recuerdos de mi juventud).

España tiene esta semana un representante, la cinta de terror Inside. remake de la francesa A l’intérieur (2007), su historia arranca cuando una joven viuda que perdió a su marido y parte de su audición en un accidente de coche vive aislada en una casa de los suburbios y está a punto de dar a luz. La noche de Navidad recibe la visita de una misteriosa mujer que está dispuesta a matarla para quitarle al bebé, lo que despertará en ella una furia que nunca creyó tener. Miguel Ángel Vivas (Extinction) dirige esta historia en cuyo reparto encontramos a Rachel Nichols (Tokarev), Ben Temple (Matar el tiempo), Laura Harring (Ice scream) y Stany Coppet (Mortem).

En cuanto a las novedades procedentes del resto del mundo, destaca la argentina El invierno, ópera prima de Emiliano Torres que aborda el cambio generacional en una estancia patagónica, donde un viejo capataz es despedido y sustituido por un joven peón. El cambio no será fácil para ninguno de los dos, y empeorará con la llegada del invierno, que cada uno deberá superar a su modo. Entre los principales intérpretes de este drama de 2016 se hallan nombres como los de Alejandro Sieveking (Fragmentos de Lucía), Pablo Cedrón (Boca de pozo), Cristian Salguero (Paulina), Adrián Fondari (Jauja), Mara Bestelli (Tesis sobre un homicidio) y Violeta Vidal.

Por último pero no menos importante, Australia y Vanatu producen Tanna, drama romántico ambientado en una remota isla del Pacífico Sur que compitió en los Oscar como nominada a Mejor Película Extranjera. Todo comienza cuando una joven es obligada a casarse con un guerrero de otra tribu a pesar de su amor por el nieto del jefe de su propio poblado. La situación llevará a un amor prohibido que les obligará a huir para poder estar juntos, siendo perseguidos tanto por su tribu como por los guerreros enemigos que quieren acabar con sus vidas. Martin Butler y Bentley Dean debutan en la ficción con esta cinta protagonizada por los miembros de las tribus Mungau Dain, Marie Wawa, Marcelino Rofit, Albi Magia, Lingai Kowia y Mikum Tainakou.

‘Capitán América: Civil War’: Una historia con espectáculo


Capitán América y Iron Man se enfrentan cara a cara en 'Capitán América: Civil War'.Esto de que los superhéroes se enfrenten unos a otros parece estar de moda. Tampoco es de extrañar, dado que una vez comprendido que los buenos siempre derrotarán a los malos, queda por dirimir qué buenos son mejores que otros, y para ello nada mejor que un combate. Ahora bien, lo que también es necesario dilucidar son los motivos de dicha lucha y su resultado final. Y en el caso de la nueva película de Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood), el fondo ha resultado casi mejor que la forma, a diferencia de la lucha de titanes de DC que se pudo ver hace algunas semanas.

Capitán América: Civil War es, ante todo, un thriller, una cinta de intriga con secuencias de acción perfectamente integrada y con ciertas dosis de drama. La trama juega en todo momento al despiste con el espectador y el grupo de héroes que en ella aparecen, convirtiendo la cinta más en una especie de nueva entrega de ‘Los Vengadores’ que en una cinta sobre el supersoldado de Marvel. Pero dejando eso a un lado, la elaboración de la historia termina resultado muy superior a lo visto habitualmente en estos films, más próxima a la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan que a obras como, incluso, ‘Iron Man’.

Una intriga que, además, justifica espléndidamente las motivaciones de todos y cada uno de los personajes a través de una persecución sin cuartel que termina, como bien reza el título, en una lucha fratricida cuyas consecuencias son incalculables, al menos para los no duchos en esta materia. Pero del mismo modo que el contenido es brillante, la apuesta narrativa de los hermanos Russo está excesivamente encorsetada. No es una mala narrativa, al contrario, pero da la sensación de que se podría haber sacado mucho más partido, por ejemplo, al combate entre superhéroes, por no hablar de otras persecuciones.

Este extremo puede que reste algo de brillo a Capitán América: Civil War, pero por supuesto no logra contrarrestar su enorme calidad, lo cual demuestra una vez más que un buen guión es la base de cualquier buen film. El modo en que todo se integra en una trama con un giro argumental final notablemente interesante es digno de aplaudir, sobre todo en un momento en el que las cintas de superhéroes parecen un poco abandonadas en ese sentido. Y para los fans de Spider-Man: sus pocos minutos en pantalla es de lo mejor de la cinta, lo que habría que tomarse como una promesa para el futuro del trepamuros. En definitiva, un entretenimiento sin parangón con más fondo que forma. ¿Se puede pedir algo más a estas películas?

Nota: 8/10

‘The Amazing Spider-Man: El poder de Electro’: la impotencia del héroe


Peter Parker se enfrentará a poderosos enemigos en 'The Amazing Spider-Man: El poder de Electro'.No sé si es casualidad o que la experiencia es un grado, pero si algo comparten las dos trilogías sobre el superhéroe arácnido es que, al menos por ahora y a falta de que llegue la tercera de la nueva saga, las segundas partes superan lo visto en las primeras. En el caso concreto que nos atañe el director Marc Webb ((500) días juntos) evidencia los motivos por los que fue elegido, y que tienen más que ver con el aspecto dramático de la historia que con sus efectos y su dinamismo. La cinta gana peso emocional, recupera conceptos clásicos del personaje al mismo tiempo que reinventa otros y propone nuevas vías inexploradas hasta ahora. Lo cual no quiere decir, claro está, que sea una cinta perfecta.

En líneas generales, The Amazing Spider-Man: El poder de Electro combina sabiamente la dual naturaleza del protagonista, un Andrew Garfield (Nunca me abandones) que vuelve a demostrar la complicidad que tiene con el personaje. El drama, ya sea en forma de respuestas del pasado o promesas del futuro, encuentra los huecos necesarios entre las espectaculares secuencias de acción (en las que, todo sea dicho, se abusa de la cámara lenta) para conformar una historia que no solo retoma las incógnitas dejadas por la primera parte, sino que abre otras nuevas. Incluso se permite el lujo de anticipar la llegada del grupo de villanos más importante del mundo del cabeza de red.

Dicho drama, por cierto, es lo que define por encima de cualquier otro aspecto la nueva aventura del trepamuros. A medida que pasan los minutos (puede que demasiados minutos) una sospecha de tragedia inevitable se cierne sobre el desarrollo dramático, generando cierta incomodidad en el espectador que, tanto si conoce las historias en papel como si no, no se resuelve hasta el final. El film vuelve a abordar de forma magistral (la imagen de la telaraña con forma de mano es sencillamente insuperable) la impotencia de un joven superhéroe al que la vida le demuestra una y otra vez que no es invencible, y que sus poderes no son nada ante el destino que le aguarda.

Hay que decir, empero, que si bien la cinta gana en dramatismo, sigue pecando de los errores que ya se vieron en su predecesora. Por fortuna, el traje ha vuelto a senderos más clasicistas, pero la distinción entre Peter Parker/Spider-Man sigue siendo casi inexistente, utilizando la personalidad algo cómica y burlona característica del superhéroe en ambos aspectos de su vida. Igualmente, la presencia de hasta tres villanos (en la práctica son dos, pero bueno) no hace sino impedir un mejor desarrollo de los personajes, restando fuerza a unos enemigos, por otro lado, muy logrados.

Desde luego, The Amazing Spider-Man: El poder de Electro tiene todavía muchas aristas que pulir, pero eso no impide que sea un espectáculo de lo más entretenido y recomendable. Los más puritanos posiblemente no terminen de comulgar con el origen de algunos villanos, caso del Duende, pero eso no debería ser un obstáculo para encontrar en esta segunda parte una gran obra sobre el personaje, capaz de captar el dinamismo de los movimientos del héroe y su lado más trágico en un único y bien armado conjunto. Solo cabe esperar que la tercera entrega siga esta senda y que se olvide, en todo caso, de la terrible manía de introducir más de un villano en la función, algo que normalmente siempre ha tenido terribles consecuencias.

Nota: 7,5/10

Avance de ‘The amazing Spider-Man 2’: tres por el precio de uno


En 'The Amazing Spider-Man 2' el trepamuros deberá enfrentarse a Electro, Rino y el Duende Verde.Desde hace varios días se anunciaba que las primeras imágenes en movimiento de The amazing Spider-Man 2 estaban a punto de ver la luz. Pues bien, el pasado jueves los seguidores de las aventuras del arácnido superhéroe de Marvel pueden disfrutar de dicho tráiler en el que lo más interesante, además de comprobar que se ha retomado el diseño más clásico del traje, es la presencia de tres villanos (Electro, Rino y Duende). Pero de eso hablaremos más adelante. Ahora, una breve sinopsis, si es que eso es posible.

Digo esto porque poco ha trascendido de su argumento. Lo que sí se conoce es que el guión, escrito por Alex Kurtzman y Roberto Orci (creadores de la serie Fringe) retoma el final de su predecesora, situando al protagonista en la encrucijada de su labor como superhéroe y su vida como Peter Parker, con todo lo que eso conlleva (promesas, familia, instituto, …). En este contexto el joven trepamuros continuará con su investigación de Oscorp, empresa para la que trabajaba su padre antes de morir y en la que descubrirá no solo importantes secretos, amén de enfrentarse a enemigos que parecen compartir un origen común.

Visualmente espectacular, como todas las películas sobre el personaje que se han hecho recientemente, la película sí parece aprovechar mucho mejor las ventajas que otorga la naturaleza de este superhéroe, algo parecido a lo que ocurrió con la primera y segunda película dirigidas por Sam Raimi (Posesión infernal). Prueba de ello es ese primer plano siguiendo la caída libre de Spider-man, quien por cierto sigue vistiendo un traje que no parece encajarle tanto como debería. Detalles aparte, lo que hay que destacar, al menos en el plano visual, es el personaje de Electro, interpretado por Jamie Foxx (Django desencadenado).

Siendo sincero, las primeras imágenes del actor caracterizado no parecían prometer mucho, y en cierto modo los momentos más estáticos del tráiler confirman esta idea. Sin embargo, las imágenes finales de este avance, con ese combate entre héroe y villano, trasladan magistralmente la dinámica de este tipo de confrontaciones, aprovechando al máximo las posibilidades que ofrece la electricidad y las características de uno de los personajes más atractivos del mundo del cómic. A todo esto habría que añadir el hecho de que tres villanos, con sus correspondientes desarrollos dramáticos y sus luchas individuales con el superhéroe, tengan cabida en una sola película. Evidentemente, habrá que esperar a ver el resultado, pero la experiencia previa de Spider-man 3 no fue particularmente buena (con la que parece compartir, además, un mayor uso de los efectos digitales).

The amazing Spider-Man 2, subtitulada en España como El poder de Electro, cuenta con todo el equipo del original, es decir, con Marc Webb [(500) días juntos] como director, Andrew Garfield (Nunca me abandones) como Spider-man, Emma Stone (Rumores y mentiras) como Gwen Stacy, Sally Field (Lincoln) como la tía May, además de apariciones de Martin Sheen (Infiltrados) y Denis Leary (Doble contratiempo). Aunque lo realmente interesante reside en las nuevas incorporaciones: Paul Giamatti (Templario), Dane DeHaan (Chronicle) y Chris Cooper (Pacto de silencio), además del ya mencionado Foxx. A continuación podéis ver el tráiler íntegro.

‘The amazing Spider-Man’: tejiendo la telaraña del destino


Hollywood tiene la insana costumbre de hacer remakes de títulos clásicos que han marcado, año tras año, a numerosas generaciones. Pero el más difícil todavía llega con esta nueva versión del hombre araña, un reinicio de una franquicia que vio la luz por primera vez hace 10 años, un periodo de tiempo demasiado corto para borrar las sensaciones que dejó la versión de Sam Raimi (Un plan sencillo). Un defecto de previsión por parte de los productores que nada contracorriente en una película muy completa, mucho más adulta y oscura que sus predecesoras, y más centrada en el desarrollo de los personajes que en la acción en sí.

Por mucho que se destaque el pasado de Marc Webb en el mundo del videoclip, el director de (500) días juntos es un hombre de personajes, de historia y de drama, y eso es lo que emana la superproducción sobre el personaje de Marvel. El protagonista, figura trágica donde las haya, adquiere en esta ocasión un cariz mucho más fatalista, marcado por un pasado en el que el abandono y la soledad se convierten en el día a día; el antagonista, por su parte, encuentra en su sensación de fracaso y de impotencia el caldo de cultivo necesario para convertirse en el monstruo que está perfectamente sustraído de los cómics originales y cuyo diseño es sencillamente espectacular.

Para aquellos que anden buscando algo similar a la espectacularidad de la trilogía de Raimi, Webb reserva algunas secuencias absolutamente icónicas y que hacen referencia directamente a las páginas de los tebeos, como son la lucha en las cloacas o en el instituto al que acude Peter Parker. Sin embargo, el conjunto no transmite las emociones que sí tuvo el film de 2002, y eso es en parte por la baza jugada de la historia por encima de los efectos. Historia, por cierto, que elimina algunos tópicos de la trama original en papel y que modifica muchos otros hasta hacerlos casi imperceptibles (como es el lema de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”), aunque la sensación final es la misma.

Más allá de efectos digitales (que los hay, y muy buenos), lo más destacable de la película son los actores. Andrew Garfield (La red social) se revela como un Peter Parker ideal, apocado y poca cosa en todos los sentidos (el traje parece quedarle algo grande en determinadas secuencias), que encuentra en su alter ego, Spider-Man, una salida a su marginación y a los errores cometidos por la soberbia y la rabia; Emma Stone aborda el personaje de Gwen Stacy de forma mucho más ambiciosa e inteligente que Bryce Dallas Howard en Spider-Man 3, y Rhys Ifans (Anonymous) se transforma en un Curt Connors brillante, capaz de comenzar el relato como un científico de principios para concluir como un hombre destruido por su propia arrogancia.

Con todo, este nuevo Spider-Man pierde algo de su esencia, y eso solo puede achacarse a un guión que convierte al joven superhéroe celoso de su identidad en un personaje que no duda en mostrarse en público. El motivo de llevar una máscara no es, por tanto, salvaguardar a sus seres queridos, sino ofrecer una imagen supuestamente aterradora a los criminales, aunque un hombre con licra roja y azul no instale el miedo en muchos corazones. Claro que este film concluye como si del primero de una serie se tratara, por lo que puede entenderse que todos los desajustes son parte de un proceso de crecimiento hacia un destino que parece estar escrito desde el abandono de sus padres.

Nota: 7/10

El cansancio creativo y el abuso digital en ‘Spider-Man 3’


Aunque resulte extraño, cuando en 2004 Spider-Man 2 obtuvo un éxito indiscutible de crítica y público, los productores no parecían convencidos del camino que debía tomar la saga. Varios factores, como el hecho de que se tardara tres años en estrenar la nueva entrega (cuando ahora mismo las sagas estrenan casi cada año), de las vueltas que se le dio al guión en busca de un villano (cuando el Dr. Connors/Lagarto ya había asomado tímidamente en la segunda parte) y, en general, el resultado final del film, hacen pensar que ni el equipo técnico ni el artístico estaba convencido de la dirección que los productores quisieron darle al hombre araña.

Ya sea por la presión de los fans o por un intento de batir todos los récords de recaudación, lo cierto es que los máximos dirigentes enfocaron Spider-man 3 en una línea mucho más comercial, con más pirotécnia, más villanos y, sobre todo, más efecto digital, lo que al final jugó en contra de la historia, que podría haber dado mucho más de sí. No es que sea una mala película, pero sin duda es la peor de la trilogía dirigida por Sam Raimi (Darkman), y evidencia un cansancio narrativo, artístico y profesional muy agudo en algunos momentos.

En cualquier caso, la presencia de hasta tres villanos tan complejos como el Hombre de Arena, Veneno y el Duende (de nuevo con James Franco), cuyos arcos argumentales hubieran dado para un film propio (hay intentos por llevar a la pantalla una película sobre este último), se “comió” buena parte del desarrollo que requería la historia principal, centrada en esta ocasión en poner contra las cuerdas el buen momento por el que pasa el protagonista, de nuevo con los rasgos de Tobey Maguire (Hermanos). Además, y a diferencia de su predecesora, la necesidad de conocer los antecedentes cinematográficos es más necesario, instalando así una barrera a la comprensión del espectador fuera del espectro fan.

Todo esto se traduce en un guión flojo, con carencias narrativas traducidas en un infantilismo impropio del legado anterior y, sobre todo, del cómic. El relato aborda uno de los momentos más importantes en la historia de Peter Parker/Spider-man, su paso al “lado oscuro” para descubrir que sus poderes, usados de forma irresponsable (y aquí se retoma la idea inicial con la que comienza la historia en Spider-man), pueden herir a sus seres queridos. Sin embargo, la mera idea de mostrar la maldad en un personaje simplemente cambiando el peinado o con actitud chulesca por la calle resulta ofensiva. Igualmente, el odio que siente Veneno hacia el héroe queda reflejado de forma algo tosca, en un intento de convertir los errores del propio personaje en malas intenciones del protagonista (que, en el fondo, lo son, pues actúa bajo la influencia de ese “lado oscuro”).

Esto, unido a la introducción de personajes secundarios tan importantes (y tan poco explotados) como Gwen Stacy (Bryce Dallas Howard) obligan a destinar demasiado poco tiempo al desarrollo de las situaciones, forzando sus conclusiones hasta la incoherencia para dirigir el futuro del personaje por caminos que, en el fondo, no habrían sido posibles en otras situaciones. En este sentido, cabe destacar que incluso se rompe con la tradición de elegir actores experimentados (aunque sí poco dados al blockbuster) para encarnar a dos villanos con tanto juego como los que se presentan. Tal vez solo Thomas Haden Church (Entre copas) salve la papeleta con un monstruo cuyos actos están movidos por la ternura y el amor de un padre, pero desde luego Topher Grace (Predators) podría haber dado mucho más de sí dada la complejidad de un ser con dos conciencias y un objetivo común.

Una Nueva York de videojuego

La profusión de personajes con peso narrativo es, en definitiva, lo que entorpece el buen desarrollo de un guión al que le sobran situaciones irrisorias y le faltan emociones contenidas, dudas humanas y conflictos heróicos, como sí tuvieron sus predecesoras. Pero a esta falta de energía en el guión escrito a tres manos por Alvin Sargent (responsable de la anterior), el propio director e Ivan Raimi se suma un fenómeno mucho más evidente dado que afecta al diseño visual del film.

Se puede decir que la evolución de la saga en términos de efectos digitales ha sido hacia el abuso de los mismos. Mientras que en 2002 asistíamos a un trepamuros más físico, más real, en 2004 los efectos digitales se instalaban para ponerse al servicio de un villano y una historia que requería de su magia. El estreno de la última entrega en 2007 demostró el cansancio creativo del equipo, tirando de ordenador en buena parte del metraje más allá de las necesidades propias de un villano capaz de convertir su cuerpo en arena.

De este modo, el film reconstruye casi en su totalidad la ciudad de Nueva York vía computadora; una Nueva York, por cierto, tan digital que parece sacada de algún videojuego. Pocos fondos y tan solo un puñado de escenarios son naturales. El resto está creado tan digitalmente que incluso un ojo experimentado y anestesiado ante el bombardeo que sufrimos en la actualidad por esta técnica se alarma y rechaza una falsedad tan notoria. Ejemplo de ello es, sin ir más lejos, el momento dramático del final, con una iluminación anaranjada en exceso y un cielo neoyorquino un tanto extraño. Por no hablar de algunos balanceos del hombre araña.

En definitiva, Spider-man 3 entretiene, y mucho, pero defrauda visto el nivel previo. Y lo que es más alarmante, genera una sensación de cansancio, de ofuscación ante las dudas del camino a tomar. Visto el resultado, parece claro que las cosas podrían haberse hecho de otra forma (algo similar le ocurrió al Superman returns de Bryan Singer un año antes), aunque todo parece más fácil visto en perspectiva y desde una posición externa.

‘Spider-Man 2’, un superhéroe marcado por los problemas de la vida privada


El éxito sin discusión que obtuvo Spider-man (2002) a nivel mundial, unido a la fama del personaje y al hecho de que los principales implicados en el film habían firmado para participar en una trilogía, hicieron realidad una segunda entrega dos años después. Lo cierto es que Spider-man 2 responde a todos los cánones que cualquier continuación debe tener, pero al mismo tiempo posee varios elementos que la convierten en algo más, en un título independiente capaz, más o menos, de mantener una coherencia sin necesidad de conocer el antecedente, y en una historia mucho más compleja emocionalmente que la primera parte.

Desde luego, la clave para lograr ese equilibrio perfecto fue el guionista, Alvin Sargent, que junto a Miles Millar, Alfred Gough y Michael Chabon, autores de unas primeras versiones de la historia, introdujo un elemento que muy pocas veces se ha visto en este tipo de historias: la comunicación entre los problemas personales y la labor de héroe. En efecto, el arco narrativo principal, el más interesante y decisivo, es el que involucra las emociones del protagonista en su papel de estudiante y fotógrafo, no vestido con las mallas azules y rojas. Sus dudas, sus sentimientos encontrados, los problemas económicos, una carrera universitaria pendiente de un hilo, … todos esos problemas, en fin, influyen en diferentes aspectos de la vida de un individuo, y que aquí toman forma como pérdida de poderes.

Claro que la trama es mucho más compleja. A lo largo de sus aproximadamente dos horas de metraje las tramas secundarias viajan de forma paralela hasta encontrar un punto común a través de las necesidades de todos sus personajes. Las búsquedas de cada secundario parecen viajar en líneas independientes hasta un final provocado por uno de ellos donde la diatriba entre monstruo y genio, una constante en el mundo de Marvel, toma forma. Y, como no podía ser de otro modo, la precipitación de los acontecimientos viene provocada por el odio y la venganza de los acontecimientos ocurridos en la primera entrega, y que aquí se repiten en un alarde de coherencia y respeto para con el espectador.

Pero esta historia no se olvida de los seguidores más fieles. Si bien es cierto que la trama es comprensible gracias a la universalidad de sus componentes, no es menos cierto que existen muchos detalles capaces de deleitar a los fans. Sin ir más lejos, el detalle de introducir la reproducción en imagen real de una de las portadas más famosas del cómic (en la que Spider-Man deja su traje en una basura y se aleja) es todo un acierto. Además, los guionistas juegan con la idea de introducir a un futuro villano, el Dr. Curt Connors/Lagarto, profesor del protagonista y un rostro con el que se especuló como posible antagonista de la tercera entrega (al final será en el reinicio).

El resultado de todo ello es un film mucho más sólido que la primera película, marcado en todo momento por el dramatismo de un personaje que podría tenerlo todo pero que se ve golpeado por la realidad una y otra vez. No es de extrañar la decisión. Una vez inventado el mundo visual en su predecesora, era necesario algo más, y eso solo cabía encontrarlo en el texto, en el mayor protagonismo de los secundarios… y en su villano.

Más efectos, más espectacularidad

Siguiendo con la idea iniciada en Spider-Man, Raimi eligió para el villano de turno, el Dr. Otto Octavius (o Dr. Octopus), a un actor que suele ser ajeno a las grandes superproducciones. Alfred Molina, visto en Chocolat (2000) fue el encargado de dotar de emoción a este científico enloquecido tras un accidente en el que unos brazos metálicos se quedan adheridos a su espalda. Y, al igual que ocurrió con Willem Dafoe (Arde Mississipi), su trabajo supera con creces el texto en el que se basa, plagando de sutilezas, de detalles y de emociones a un personaje marcado por la locura y el dolor, obsesionado por recrear el experimento fallido. La maldad de sus miradas y las conversaciones silenciosas que mantiene en su mente con los tentáculos convierten a este villano en el mejor de toda la saga.

Más allá del apartado artístico, empero, Spider-Man 2 también destaca en su apartado técnico muy por encima de su predecesora. Si bien se beneficia de lo desarrollado dos años antes, el uso de los efectos digitales aumenta considerablemente, entre otras cosas por la presencia del antagonista. Sin embargo, Sam Raimi se mantiene fiel a esa idea de utilizar, en la medida de lo posible, los elementos reales, tangibles. Así, diversos momentos del Dr. Octopus (principalmente los planos más cercanos) son recreados con brazos reales movidos mediante cuerdas, mecanismos, etc.

Con todo, los combates exigían mucho más en todos los sentidos, y visto el resultado en la pantalla, no podría haber sido mejor. Además del orgánico movimiento de los tentáculos, los combates, sobre todo el que transcurre sobre un metro que viaja sin control por una vía que termina en el mar, suponen todo un reto narrativo en lo que a planificación se refiere. A diferencia del villano de la primera entrega, ahora hay dos personajes capaces de escalar paredes, lo que abre todo un mundo de posibilidades pero también de complejidades visuales.

El éxito del film deja claro que tanto Raimi como los actores (a destacar la labor de James Franco, todo un viaje hacia la oscuridad emocional) abordaron esta historia con una fuerza y una creatividad inusitadas, ofreciendo no solo todo un espectáculo visual, sino una de las mejores historias del hombre araña que se han hecho hasta la fecha.

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