‘True Detective’ crece en dramatismo volviendo a su origen en su 3ª T.


Después de una segunda temporada cuanto menos diferente (en formato y contenido) y cuatro años de descanso, Nic Pizzolatto ha regresado a los orígenes de True Detective en su tercera historia, independiente por completo de las anteriores pero con un claro regusto a la primera, con la que por cierto crea puentes dramáticos que permiten ubicar las historias en un mismo universo narrativo. El también guionista de Los siete magníficos (2016) vuelve a componer un relato en tres partes para abordar de nuevo abusos y posibles relaciones con ritos de diversa índole. Sin embargo, en esta ocasión eso es casi lo de menos.

Porque a diferencia de la primera temporada, estos 8 episodios resultan mucho más interesantes si la mirada se dirige hacia el otro lado, es decir, hacia los policías que investigan la desaparición de dos niños. En efecto, vuelven a ser dos roles complejos, con tantos matices que es casi imposible mencionarlos todos, pero con un aliciente añadido: más allá de sus personalidades, los roces que puedan tener y el modo en que evolucionan, lo interesante es el trasfondo emocional de ambos, los traumas que les impulsan a actuar y, sobre todo, cómo afrontan la realidad. En este sentido, el papel interpretado por Mahershala Ali (Green Book), que lleva el peso de la narración, es todo un ejemplo de complejidad emocional. Marcado por los horrores de la guerra y los problemas de memoria que cada vez se agudizan más, su recuerdo de los acontecimientos del caso, de los detalles y de los pasos dados quedan en cuestión constantemente, jugando su creador con la idea de que lo que podríamos estar viendo es fruto de su mente, y no lo que realmente ocurrió.

Este grado mayor de complejidad en la tercera temporada de True Detective se complementa, y de qué modo, con el papel de Stephen Dorff (Bajo un sol abrasador), un hombre práctico, algo rudo pero de buen corazón cuya evolución en la trama es, simple y llanamente, de lo mejor de toda la serie. Si bien en los primeros compases de la trama se antoja un secundario interesante, a medida que se desvelan sus diferentes capas dramáticas, sobre todo en su etapa más anciana, va adquiriendo una mayor profundidad emocional que, además, permite a la historia jugar con un doble final representado en dos hombres con visiones muy diferentes del caso que llevaron hace tantos años, y de la vida en general. Y es este el verdadero corazón de estos capítulos. Por mucho que la realidad sea una, cada uno de nosotros tendemos a quedarnos con la verdad que nos interesa, aquella que nos ofrece algo que comprendemos y, en el caso de este crimen, aquella que ofrece la serenidad que los personajes llevan buscando durante décadas.

De hecho, esta idea subyace prácticamente en todas las líneas argumentales y en cada uno de los secundarios que aparecen a lo largo de los tres tiempos dramáticos en los que se divide la temporada. Mientras que unos optan por enterrar lo ocurrido buscando una solución capaz de dar sentido a su teoría del crimen, otros vuelven una y otra vez a los hechos en busca de algo más, ya sea por morbo, interés o, como le ocurre al protagonista, la sensación de que hay algo más. En realidad, esta dualidad suele estar muy presente siempre en el thriller policíaco, sobre todo si hay una pareja protagonista. Pero en el caso de la serie de Pizzolatto no es un mero recurso narrativo para hacer avanzar la trama, sino que se convierte en el leit motiv que permite al argumento explorar nuevos caminos dramáticos. Ese es el éxito y lo que aporta esta notable temporada.

Secundarios en la imagen

Ahora bien, esta tercera etapa de True Detective no solo ofrece al espectador una base narrativa y dramática compleja y próxima al impacto que generó la primera. Si algo tienen de diferencial estos episodios es el tratamiento visual de cada episodio y, sobre todo, unos secundarios tanto o más sólidos que los protagonistas, algunos de ellos con unas tramas capaces de sustentar los momentos más débiles de los arcos argumentales principales. Respecto al aspecto puramente formal, la serie vuelve a recurrir a un cierto ambiente malsano promovido por la presencia de iconos sectarios o que remiten a códigos secretos de carácter violento o delictivo. Pero hay mucho más. El cambio en la iluminación de cada época narrativa va acompañado de un lenguaje formal también algo diferente de una etapa a otra. A esto se añade el modo en que relaciona unos años con otros a través de los recuerdos, lo que está intrínsecamente unido a los saltos temporales que permiten explicar algunas de las motivaciones y de los orígenes de muchos acontecimientos.

Todo ello conforma un trasfondo complejo, vivo, dinámico y en constante evolución en el que los dos policías protagonistas crecen en dramatismo al ir mostrando su forma de enfrentarse a los hechos, descubriendo así su personalidad llena de matices, traumas y miedos. Pero no solo les permite evolucionar a ellos. Los personajes secundarios también guardan ciertos ases bajo la manga que les lleva, al menos en los casos más importantes, a adquirir un peso específico en la trama muy alto. El caso más significativo es, evidentemente, el de Carmen Ejogo (Alien: Covenant), esa esposa/profesora/escritora cuyo rol, aunque desaparece en algunas de las épocas de la trama, sigue comunicándose con el protagonista, siendo una suerte de guía espiritual en el camino del héroe hacia la redención y la verdad. Y es solo un ejemplo, pues prácticamente todos los personajes contienen una gran cantidad de caras dramáticas que, gracias a la estructura narrativa de la serie, se van desvelando de forma desordenada para hacer más intensa la intriga.

Y este es posiblemente uno de los aspectos más interesantes de la serie en su conjunto. Más allá de la espléndida definición de los personajes, dotados de una complejidad marcada no solo por su propio pasado y su forma de ser, sino por la sociedad en la que se desenvuelven en cada instante, es importante estudiar el modo en que se construye la trama. Su desarrollo lineal se forma a través de fragmentos desordenados, armónicos en su caos, capaces de nutrirse unos de otros para revelar información fundamental en el momento preciso. Ese equilibrio entre orden y desorden se basa en que cada parte de la trama, cada época, posee un desarrollo dramático coherente, salpicado de vez en cuando por algún recurso narrativo rupturista, mientras que los diferentes bloques de la trama se desarrollan, en conjunto, de forma totalmente irregular, sin seguir necesariamente un paralelismo natural. Esto permite, por ejemplo, que información conocida en el presente revele, de repente, algún hecho desconocido del pasado, y esa revelación permita, a su vez, comprender algo que se lea posteriormente en otra época.

Explicado así puede que resulte algo confuso, pero la realidad es que al final de la tercera temporada de True Detective, al igual que ocurrió en las anteriores, lo que nos encontramos es con un intenso thriller y, sobre todo, un profundo y complejo estudio de la psicología de unos personajes traumatizados no tanto por un caso por resolver como por los traumas de un pasado que ha condicionado irremediablemente su vida, sus relaciones y su modo de entender el mundo. Los 8 capítulos de esta etapa confirman a la serie como un producto único, una obra con muchos niveles de interpretación y, en esta ocasión, con un final que abre un sinfín de posibilidades interpretativas, no tanto sobre el sentido de la temporada como de la propia realidad del ser humano y el modo en que se enfrenta a su mundo y su realidad. Y cuando el cine o la televisión son capaces de eso, de trascender su propia dimensión para convertirse en una reflexión y un reflejo de nuestro entorno, es cuando nos encontramos ante algo indispensable.

Compromiso social y lucha contra el racismo ganan en unos Oscar 2019 muy repartidos y previsibles


Puede que a muchos no se lo parezca, pero de un tiempo a esta parte los Oscar, y Hollywood, se está abriendo a nuevas culturas, a nuevas formas de entender el cine. Ahí están, por ejemplo, los numerosos premios que realizadores extranjeros o con ascendencia no norteamericana han conseguido en las últimas ediciones, amén de las nominaciones de algunos títulos que, hasta ahora, parecían vetados en estos premios. Y aunque esta 91 edición se ha desarrollado (en todos los sentidos) sin sobresaltos de ningún tipo, es conveniente analizar algunos premios y, sobre todo, el impacto cultural que parecen estar teniendo.

Porque si se analizan los títulos y los nombres premiados en los últimos años lo que nos encontramos es una tendencia a premiar la fantasía o la ciencia ficción, a premiar reflexiones sobre la sociedad y cómo esta influye sobre las personas y, sobre todo, a premiar a realizadores de otras culturas. Y este 2019 no ha sido diferente. Si bien es cierto que Green Book se ha llevado algunos de los premios principales, incluida Mejor Película, la presencia de Roma en categorías tan importantes como Mejor Director o Mejor Película de Habla No Inglesa viene a confirmar lo ocurrido en los últimos tiempos, más allá de debates sobre luchas de modelo entre la Academia y Netflix. El reparto de premios, más que previsible, no genera apenas controversias, pero sí invita a comprobar cómo Hollywood se está abriendo a nuevas sensibilidades, permitiendo convivir historias propias con relatos de otras culturas, de otros países, realizadas por directores con diferentes experiencias y formas de entender el cine que han roto las barreras idiomáticas y culturales para meterse en la lucha por las principales categorías. Es cierto que eso siempre ha ocurrido a lo largo de estos más de 90 años, pero de un tiempo a esta parte parece haberse convertido en una constante.

Aunque estos Oscar dejan otras reflexiones. Para empezar, el fracaso de El vicio del poder, que solo logra el Mejor Maquillaje, o de Vengadores: Infinity War, que se queda sin ninguno de los premios técnicos a los que optaba a pesar de la notable carga visual de la cinta. Esto invita, a su vez, a otra reflexión. Dejando a un lado la anécdota de que Black Panther compitiera como Mejor Película, los tres premios que logra la cinta de Marvel vienen a demostrar dos cosas. Por un lado, que el cine de superhéroes no tiene que ser, necesariamente, un aluvión de efectos digitales que saturen los sentidos del espectador. Por otro, que muchas veces la humildad del producto es más interesante y atractiva que la grandilocuencia. Y esto es algo que se puede aplicar, en general, a todos los títulos que copaban las principales categorías.

Lo cierto es que esta 91 edición de los Oscar deja poco margen al análisis cinematográfico de los premios en tanto en cuanto el reparto de estatuillas parecía haberse establecido de antemano. Pocas sorpresas, es cierto, salvo tal vez para los defensores acérrimos de alguna película, algún actor o algún director. Y aunque RomaGreen Book han sido las dos grandes triunfadoras al estar presentes en las principales categorías de premiados, la cinta que más estatuillas logra es Bohemian Rhapsody, que como no podía ser de otro modo triunfa en la parte sonora y en la labor de su protagonista, pero que se queda sin nada en el resto de nominaciones. Destacar igualmente el premio recogido por Spike Lee por el guión de Infiltrado en el KKKlan, el primero de su carrera, y el regreso a España de Rodrigo Sorogoyen (El reino) sin el Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción.

En definitiva, unos premios con un marcado mensaje social y comprometido. La ganadora del premio a la Mejor Película es una historia sobre la tolerancia, el racismo y la homofobia. El ganador a Mejor Director, de origen mexicano, lo logra con una historia sobre su infancia de un gran contenido emocional, poético y, en cierto modo, de denuncia social y defensa del papel de la mujer en el avance de la sociedad. Y podríamos seguir así con las historias contra el racismo que han sido protagonistas en otras categorías. Lo cierto es que Hollywood, aun manteniendo su esencia, cada vez aprecia más las historias diferentes, procedan de donde procedan, pertenezcan al género al que pertenezcan. Y esta solo puede ser considerada una buena noticia.

A continuación encontraréis la lista de Ganadores de la 91ª edición de los Oscar.

Mejor película: Green Book.

Mejor director: Alfonso Cuarón, por Roma.

Mejor actor principal: Rami Malek, por Bohemian Rhapsody.

Mejor actriz principal: Olivia Colman, por La favorita.

Mejor actriz de reparto: Regina King, por El blues de Beale Street.

Mejor actor de reparto: Mahershala Ali, por Green Book.

Mejor película de animación: Spider-Man: Un nuevo universo.

Mejor película de habla no inglesa: Roma, de Alfonso Cuarón (México).

Mejor guión adaptado: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott y Spike Lee, por Infiltrado en el KKKlan.

Mejor guión original: Nick Vallelonga, Brian Currie y Peter Farrelly, por Green Book.

Mejor documental: Free Solo, de Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi.

Mejores efectos visuales: Paul Lambert, Ian Hunter, Tristan Myles, J.D. Schwalm, por First Man (El primer hombre).

Mejor fotografía: Alfonso Cuarón, por Roma.

Mejor montaje: John Ottman, por Bohemian Rhapsody.

Mejor diseño de producción: Hannah Beachler y Jay Hart, por Black Panther.

Mejor vestuario: Ruth Carter, por Black Panther.

Mejor maquillaje: Greg Cannom, Kate Biscoe y Patricia Dehaney, por El vicio del poder.

Mejor banda sonora: Ludwig Göransson, por Black Panther.

Mejor canción original: Lady Gaga, Mark Ronson, Anthony Rossmando y Andrew Wyatt por ‘Shallow’, de Ha nacido una estrella.

Mejor mezcla de sonido: Paul Massey, Tim Cavagin y John Casali, por Bohemian Rhapsody.

Mejor montaje de sonido: John Warhurst y Nina Hartstone, por Bohemian Rhapsody.

Mejor cortometraje: Skin, de Guy Nattiv y Jaime Ray Newman.

Mejor corto animado: Bao, de Domee Shi y Becky Neiman-Cobb.

Mejor corto documental: Period. End of Sentence, de Rayka Zehtabchi y Melissa Berton.

‘Alita: Ángel de combate’: ciberpunk rediseñado


Después de varios años de animación asiática, parece que Occidente ha decidido coger las riendas y adaptar historias clásicas de las viñetas orientales a imagen real, contando para ello, además, con actores mundialmente conocidos. Y nadie mejor para rediseñar la estética ciberpunk de la serie de novelas gráficas creadas por Yukito Kishiro que Robert Rodriguez, quien ya tuvo su contacto con el cómic con el díptico de Sin city. Lo que ahora ofrece es menos profundo, menos oscuro, pero indudablemente es puro entretenimiento.

Los más fieles seguidores de la serie manga posiblemente se rasguen las vestiduras con esta versión de Alita: Ángel de combate, muy occidentalizada y, desde luego, muy simplificada en su desarrollo. La búsqueda de identidad de la protagonista discurre de forma paralela con la persecución a la que es sometida por la tecnología que contiene su cuerpo, pero más allá de reflexiones morales o de análisis sociológicos, la cinta opta por un dinamismo fuera de toda duda, por una acción casi constante que, además, permite aprovechar al máximo la tecnología de captura de movimiento y el impecable acabado digital de la innumerable cantidad de personajes que nutren esta historia. Y es una lástima que la película no vaya más allá del mero planteamiento (necesario para desarrollar la acción), pues precisamente por eso, por abrir la puerta a algo mucho más interesante que los movimientos de cámara, hay momentos en los que parece quedarse a medio camino.

Lo que sí queda claro es que detrás de esta historia están las expertas manos de Rodriguez en los movimientos de cámara (con el abuso de los planos ralentizados tan de moda últimamente) y de James Cameron (Avatar) en el guión. Juntos logran crear una historia de entretenimiento puro en un mundo postapocalíptico en el que hay más ciborgs que humanos, y en el que sobrevivir es ya de por sí un logro. Bajo este prisma, la cinta ofrece pocas novedades que no se hayan visto ya en mil y un películas anteriores, salvo por el detalle de cómo esos ciborgs son capaces de someterse a todo tipo de mejoras de forma voluntaria como quien pasa por un quirófano a arreglarse una parte del cuerpo que no le gusta. Esto refleja, una vez más, que estamos ante una trama que ofrece algunos apuntes y reflexiones sobre la sociedad actual, sobre la moralidad de determinadas decisiones y sobre la redención de unos personajes condenados. Ahora bien, se queda en eso, en apuntes, optando más por la acción y la espectacularidad que por algunos momentos de cierta intimidad dramática.

Y aunque pueda parecer lo contrario, esto no es necesariamente malo. Alita: Ángel de combate es lo que se espera de ella. Lo que se espera de las adaptaciones que Hollywood está haciendo de la cultura del Extremo Oriente. Más acción que carga filosófica, más dinamismo que estudio de los personajes o de cómo el futuro es un reflejo de nuestro presente. En realidad, todo depende de lo que se vaya buscando al entrar en la sala. Si lo que se quiere es una película de Robert Rodriguez, no cabe duda de que se acertará de pleno. Si lo que se busca es una adaptación fiel al manga, muchos saldrán decepcionados. Pero en cualquier caso, dos horas divertidas en las que cabe todo, desde el humor hasta cierto toque dramático, pasando incluso por una estética gótica y de terror.

Nota: 6,75/10

‘Green Book’: la amistad en tiempos del racismo


La nueva película de Peter Farrelly (Los tres chiflados) guarda en su interior toda la magia del cine. La frase puede sonar extraña e incluso inducir a error, pero en esencia es así. Porque aunque no tiene nada original, su historia es bastante previsible y la narrativa del director no aporta gran cosa al guión, uno termina disfrutando de ella a cada paso de la trama. Y lograr eso con un relato tan sencillo como directo… eso es difícil de explicar si no se apela a la magia del séptimo arte.

Desde luego, Green Book encuentra buena parte de su éxito en sus dos actores protagonistas, ambos inconmensurables no solo por la dinámica que se establece entre ellos o por la naturalidad con la que asumen los matices de sus respectivos roles, sino por la capacidad que tienen de expresar la complejidad de sus mundos en tan solo una mirada. Y a este respecto, la labor de Mahershala Ali (Roxanne Roxanne) es, si cabe, mucho más gratificante, lo que le convierte en un firme candidato al Oscar. La dualidad y el modo en que conviven los contrastes en este personaje lo convierten en todo un referente de cómo desarrollar un rol, cómo plasmarlo en pantalla a través de sus acciones, sus reacciones y sus diálogos. Juntos, Ali y Viggo Mortensen (Jauja) no solo sostienen el delicado equilibrio entre comedia y drama, sino que elevan el relato hasta el complejo desarrollo de una amistad inesperada entre dos personalidades casi opuestas que se nutren y se complementan.

Y digo que elevan el relato porque existen infinidad de películas con este mismo leit motiv, pero pocas de ellas logran la calidad del film de Farrelly o, por ejemplo, de Intocable (2011). En realidad, la cinta que nos ocupa tampoco ofrece demasiada originalidad, salvo la profundidad que adquiere el personaje de Ali y la evolución que sufre el rol de Mortensen. La trama es sencilla y directa, previsible e incluso arquetípica en algunos momentos. Dicho de otro modo, es lo que se espera de ella antes de que se apaguen las luces de la sala. Y en este caso, eso no es algo negativo, al contrario, es muy positivo. Actores y director aprovechan esta sencillez para ahondar en sus protagonistas y, a través de sus ojos y de la relación que establecen, hacer una radiografía de una sociedad racista incapaz de hacer frente a su propia contradicción: adorar a ídolos (en este caso de la música) con un color de piel más oscuro pero no dejarles compartir una habitación con aquellos de piel más clara que se consideran superiores.

Y es esto lo que termina resultando más atractivo de Green Book. Tal vez si su historia hubiera sido más compleja, si la relación de los protagonistas hubiera estado marcada por un mayor conflicto, el film habría sido mucho más enriquecedor. O tal vez no, porque precisamente esa magia de la que hablaba al principio surge de la simplicidad de su propuesta, que permite construir los personajes, profundizar en sus múltiples capas y en sus conflictos con una sociedad muy corta de miras. Habrá quienes no vean más que una película más sobre dos personajes opuestos que terminan siendo amigos. Pero si se rasca un poco en su superficie se puede encontrar algo más que termina convirtiendo este relato en una notable feel good movie.

Nota: 7/10

Mortensen y Ali leen ‘Green Book’ para sobrevivir al ‘Verano del 84’


El mes de febrero comienza de un modo muy diferente respecto a enero en lo que a estrenos se refiere. Poca cantidad, pero liderados por uno de los principales candidatos a llevarse los principales premios en los Oscar. Y todo ello con una oferta de novedades este viernes, 1 de febrero, que incluye el terror, la comedia y el drama.

Comenzamos, por tanto, con Green book, comedia dramática de corte biográfico que narra la relación entre un rudo italoamericano y un virtuoso pianista afroamericano, el primero chófer y guardaespaldas del segundo. Juntos inician un viaje por el sur durante la gira de conciertos que da el segundo, superando sus propias diferencias para hacer frente al racismo y los prejuicios de la sociedad estadounidense. Dirigida por Peter Farrelly (Algo pasa con Mary), la cinta estadounidense, que toma su nombre del libro que utilizan los personajes en su viaje, está protagonizada por Viggo Mortensen (Captain Fantastic), Mahershala Ali (Figuras ocultas), Linda Cardellini (El fundador), Don Stark (Café Society), P.J. Byrne (Proyecto Rampage) y Sebastian Maniscalco (Cruise), entre otros.

Muy diferente es Verano del 84, coproducción entre Estados Unidos y Canadá que, a medio camino entre el drama y el terror, narra cómo un grupo de adolescentes decide empezar a espiar y vigilar a un agente de policía del barrio en el que viven, al sospechar que en realidad es un asesino en serie. Para ello deciden no moverse en todo el verano de su barrio, pero a medida que el tiempo pasa y parecen aproximarse a la verdad, el peligro también se cierne más y más sobre sus vidas. Dirigida a tres bandas por François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, autores de Turbo Kid (2015), la película cuenta en su reparto con Graham Verchere (serie Fargo), Judah Lewis (Demolición), Caleb Emery (Holden on), Cory Gruter-Andrew (Beyond the sun), Tiara Skovbye (serie Riverdale) y Rich Sommer (El día de la novia).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, entre los que destaca la española Bajo el mismo techo, comedia dirigida por Juana Macías (Embarazados) que arranca cuando un matrimonio decide divorciarse después de varios años. Sin embargo, ninguno de los dos puede permitirse abandonar el chalet que compraron juntos en el punto álgido de la burbuja inmobiliaria. Obligados a seguir conviviendo, terminarán convirtiendo la casa en su particular campo de batalla. Jordi Sánchez (Señor, dame paciencia) y Sílvia Abril (Cuerpo de élite) dan vida a la pareja protagonista, estando acompañados por Darko Peric (Garantía personal), Álvaro Cervantes (1898. Los últimos de Filipinas), Sergio Torrico (Kiki, el amor se hace), Cristina Castaño (La madriguera), Daniel Guzmán (Mia Sarah), Malena Alterio (Perdiendo el norte) y Ana Morgade (serie Olmos y Robles).

Desde Francia nos llega Todos a una, comedia cuya historia se centra en el entrenador de un equipo de baloncesto de personas con discapacidad al que, en plena preparación del Mundial, se le marchan los mejores jugadores. Para no perder la beca, fundamental para que la federación siga existiendo, decide completar el equipo con jugadores que no tienen ninguna discapacidad. Vianney Lebasque (serie Les Grands) es el encargado de dirigir esta cinta protagonizada por Ahmed Sylla (El ascenso), Jean-Pierre Darroussin (La casa junto al mar), Olivier Barthélémy (Lo que el día debe a la noche), Camélia Jordana (Una razón brillante), Vincent Chalambert y Clément Langlais.

A medio camino entre la comedia y el drama está la polaca Mug, cinta dirigida por Malgorzata Szumowska (Amarás al prójimo) que gira en torno a un joven cuyas pasiones son su perro, su novia y el heavy metal. En su ciudad natal todos le ven como un friki, pero su mundo cambiará cuando sufra un accidente durante la construcción de la estatua más alta de Jesús del planeta. Su rostro queda desfigurado y todas las miradas se dirigen a él, que se someterá al primer transplante de cara de emergencia del mundo. Mateusz Kosciukiewicz (Amok), Agnieszka Podsiadlik (Baby bump), Malgorzata Gorol (Plan B), Roman Gancarczyk (serie Pakt) y Dariusz Chojnacki (Nowi swiat) encabezan el reparto.

Terminamos el repaso a las novedades con Dragon Ball Super: Broly, nueva adaptación a la gran pantalla de los famosos personajes del manga y la televisión creados por Akira Toriyama, que arranca cuando un poderoso superguerrero llega a la Tierra. Tan solo Goku y sus amigos podrán hacer frente a este misterioso personaje que sobrevivió a la destrucción del planeta Vegeta. Y por si la amenaza no fuera suficiente, Frieza vuelve del infierno para complicar aún más la situación. Dirigida por Tatsuya Nagamine (One Piece film Z), la cinta cuenta con las voces originales de Masako Nozawa (Ashura), Aya Hisakawa (Kôkyô shihen Eureka sebun Hai-eboryûshon 1), Ryô Horikawa (Dragon Ball Z: La resurrección de F), Toshio Furukawa (Dragon Ball Z: La batalla de los dioses) y Takeshi Kusao (Inuyasha: Fuego en la isla mística), entre muchos otros.

‘Spider-Man: Un nuevo universo’: el spider-verso en todo su esplendor


Desde aquella lejana Spider-Man 2 (2004) el superhéroe más icónico de Marvel no había vuelto a tener una incursión que uniera a crítica y público. Por ello esta nueva aventura, alejada de lo visto hasta ahora y con un diseño novedoso y rompedor, supone un soplo de aire fresco tanto para los fans del trepamuros como para aquellos que simplemente quieran pasar un par de horas de entretenimiento. Aunar ambos universos es tarea complicada, pero este nuevo universo en el que conviven un puñado de “Spider-Men” lo logra con nota.

Porque ante todo, Spider-Man: Un nuevo universo es una obra que entretiene, divierte y apasiona. Con un guión muy elaborado y unos personajes perfectamente definidos, la trama se desarrolla de forma coherente manejando en todo momento los elementos que definen a este personaje: la culpa, la responsabilidad, proteger al inocente, … Los seguidores del héroe que no conocieran este spider-verso encontrarán una obra sencillamente apasionante que explota al máximo las posibilidades narrativas que ofrece la agilidad, el humor, la acción y la espectacularidad de este personaje en sus numerosas versiones.

Pero es que, además de un guión más que notable para este tipo de films, la cinta ofrece una animación diferente, fresca, capaz de trasladar el cómic a la gran pantalla y hacerlo con un toque personal. Esta apuesta rompedora por un tratamiento visual único en el que, por ejemplo, el sentido arácnido alcanza su máxima expresión, o las peleas adquieren un toque muy, digamos, onomatopéyico, no solo no resta credibilidad al conjunto, sino que convierte al film en algo más que lo visto hasta ahora, en una especie de cómic en movimiento que no suele verse en pantalla, sea en imagen real o en animación. Desde luego, el diseño de personajes, de la ciudad de Nueva York y de ese multiverso arácnido es brillante, estando acompañado de una música que encaja a la perfección y, por supuesto, de un guión que plantea los giros dramáticos y las motivaciones de héroes y villanos de forma seria, sobria y sin ningún tipo de cortapisas.

Spider-Man: Un nuevo universo se revela como una de las mejores películas de superhéroes, y desde luego una de las mejores con el hombre araña como protagonista. Y lo es porque conjuga todos sus elementos de forma equilibrada, sin concesiones de ningún tipo y manejando las claves de la historia de este personaje con elegancia y maestría. De hecho, la sensación de culpabilidad y los remordimientos del protagonista son el motor de una historia en la que un héroe no solo debe salvar el mundo, sino al resto de héroes. Al contrario de lo que pudiera parecer, la trama no tiene una gran complejidad, pero sí el punto exacto para que el espectador no pueda perderse ni un segundo de esta sobresaliente película.

Nota: 9/10

Diversidad en unos Oscar políticamente correctos


 La 89ª edición de los premios Oscar va a pasar a la historia por el fallo a la hora de entregar la estatuilla a la Mejor Película. Un error imperdonable para una organización que se caracteriza por el milimetrado e infalible diseño capaz de combinar humor, dinamismo y crítica política o social, según sea el caso. Pero eso no debería ocultar el verdadero análisis de una gala que, más allá de vestidos, de referencias veladas a Donald Trump o de guiños a actores, directores y películas, ha dejado varios premios dignos de mención, con un reparto de estatuillas que siempre es positivo pero que, en esta ocasión, tiene una interpretación más allá del puro cine.

En efecto, MoonlightLa ciudad de las estrellas (La La Land) han sido las grandes protagonistas. No seré yo quien cuestione la enorme calidad del film sobre un joven negro homosexual hijo de una madre drogadicta, pero lo que habría que valorar es si como película, como producto completo en el que se deben combinar música, imagen, planificación, actuación y un largo etcétera de elementos, la cinta de Barry Jenkins (Medicine for melancholy) es superior a la de Damien Chazelle (Whiplash). Para gustos los colores, claro está, pero personalmente creo que la complejidad narrativa, visual y formal de la segunda es, al menos este año, insuperable. Prueba de ello son los premios al Mejor Director, Mejor Fotografía o Mejor Actriz que ha conseguido, si bien este último podría estar algo sobrevalorado.

Hay otra lectura mucho más social y alejada del cine en su expresión más pura. Durante los últimos meses, incluso antes de que se conocieran las nominaciones, se hablaba de la poca diversidad social, cultural y racial de la anterior entrega de premios. Reconozco si esa presión habrá tenido algo que ver, pero desde luego ha sido mucha coincidencia que este año los actores secundarios hayan ido a parar a manos de actores afroamericanos y que tanto el Guión Adaptado como la Película sean para un film como Moonlight. Unos premios, en definitiva, políticamente correctos que reconocen la diversidad cuya ausencia tanto se notó en la 88ª edición.

No quiere esto decir, ni mucho menos, que no sean merecidos. Al contrario. El premio para Viola Davis por Fences no solo es merecido, sino que invita a cuestionarse el motivo por el que la actriz competía en la categoría de Secundaria cuando, en ciertos aspectos, lleva el peso narrativo del film en muchos de sus pasajes. Más extraño puede resultar el premio de Mahershala Ali (serie House of cards), más que nada porque su participación en la trama se limita a menos de un tercio del film. En cualquier caso, su labor es extraordinaria, por lo que no resta relevancia al logro de llevarse el primer premio de la noche.

Y entre ese variado reparto de premios, lo cual siempre es de agradecer, algunos previsibles. Que la música y la canción se las lleve un film musical parece obligado (algo funcionaría mal en caso contrario); que la cinta de animación sea para un film de Disney, pues más de lo mismo. Y que tanto el Mejor Actor como la Mejor Actriz se lo hayan llevado Casey Affleck por Manchester frente al mar y Emma Stone por La ciudad de las estrellas (La La Land), pues tampoco es algo demasiado inesperado, aunque en este caso puede que sí sea algo excesivo. En cualquier caso, si se compite en los Oscar es porque, en teoría, se está entre lo mejor del año, y con la experiencia de los Globos de Oro parecía que partían con ventaja.

En resumen, finalmente La ciudad de las estrellas (La La Land) no arrasó en los premios. Y a pesar de polémicas y errores varios, lo cierto es que los premios de esta edición de 2017 se han repartido entre las que, en esta ocasión sí, son las mejores películas de Hollywood del año. Por supuesto, faltan algunos títulos, pero ese es el problema de no poder reconocer a todos con un premio. Siempre quedarán las nominaciones, que considero son el verdadero reconocimiento al trabajo no solo de un actor, una actriz, un director o un guionista, sino al conjunto de films que hacen que los espectadores se enamoren del séptimo arte. En efecto, esta edición será recordada por el error en su premio más importante, pero también por la reacción tan elegante de un equipo técnico y artístico con el otro, confirmando, por si quedaba alguna duda, que ambas son extraordinarias películas.

A continuación os dejo la lista de Ganadores de la 89ª edición de los Oscar.

Mejor película: Moonlight.

Mejor director: Damien Chazelle, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor actor principal: Casey Affleck, por Manchester frente al mar.

Mejor actriz principal: Emma Stone, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor actriz de reparto: Viola Davis, por Fences.

Mejor actor de reparto: Mahershala Ali, por Moonlight.

Mejor película de animación: Zootrópolis.

Mejor película de habla no inglesa: El viajante, de Asghar Farhadi (Irán).

Mejor guión adaptado: Barry Jenkins & Tarell Alvin McCraney, por Moonlight.

Mejor guión original: Kenneth Lonergan, por Manchester frente al mar.

Mejor documental: O.J.: Made in America, de Ezra Edelman.

Mejores efectos visuales: Robert Legato, Adam Valdez, Andrew R. Jones and Dan Lemmon, por El libro de la selva.

Mejor fotografía: Linus Sandgren, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor montaje: John Gilbert, por Hasta el último hombre.

Mejor diseño de producción: David Wasco & Sandy Reynolds-Wasco, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor vestuario: Colleen Atwood, por Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

Mejor maquillaje: Alessandro Bertolazzi, Giorgio Gregorini y Christopher Nelson, por Escuadrón Suicida.

Mejor banda sonora: Justin Hurwitz, por La ciudad de las estrellas (La La Land).

Mejor canción original: Justin Hurwitz, Benj Pasek & Justin Paul, por City of stars [La ciudad de las estrellas (La La Land)].

Mejor mezcla de sonido: Kevin O’Connell, Andy Wright, Robert Mackenzie y Peter Grace, por Hasta el último hombre.

Mejor montaje de sonido: Sylvain Bellemare, por La llegada.

Mejor cortometraje: Sing, de Kristóf Deák.

Mejor corto animado: Piper, de Alan Barillaro.

Mejor corto documental: The White Helmets, de Orlando von Einsiedel.

‘Moonlight’ ilumina las ‘Cincuenta sombras más oscuras’ de Grey


Estrenos 10febrero2017Comenzar el repaso de los estrenos de la semana señalando que este viernes, 10 de febrero, es previo al día de San Valentín puede ser extraño, pero ese es precisamente el motivo por el que los cines de toda España se van a llenar de legiones de fans, sobre todo mujeres, para ver la continuación de una de las cintas más esperadas del año, o al menos esas son las previsiones de sus implicados. Pero junto a ella aterrizan en la cartelera pocos pero muy variados títulos, desde una de las cintas más nominadas a los Oscar hasta el regreso de una saga de terror, pasando por la animación para pequeños y mayores.

Desde luego, el estreno más importante de la semana es Cincuenta sombras más oscuras, secuela de Cincuenta sombras de Grey (2015) que adapta, a su vez, la segunda novela de la saga escrita por E.L. James. Para aquellos que no hayan leído la novela, la trama comienza cuando Christian Grey trata de recuperar la relación que tenía con Ana Steele. Un nuevo acuerdo entre ambos parece poner las bases de un futuro juntos, pero a medida que se asienta comienzan a surgir figuras del pasado de él que harán tambalear la confianza entre ambos. James Foley (Seduciendo a un extraño) dirige esta cinta que vuelve a contar con los actores de la primera parte, es decir, Jamie Dornan (serie La caza), Dakota Johnson (Mejor… solteras), Kim Basinger (Dos buenos tipos), Max Martini (Sabotage), Eloise Mumford (Drones), Luke Grimes (El francotirador) y Marcia Gay Harden (Grandma), a los que se suman Eric Johnson (serie The Knick) y Tyler Hoechlin (Todos queremos algo).

Este fin de semana también llega Moonlight, drama dirigido por Barry Jenkins (Medicine for melancholy) con 8 nominaciones a los Oscar cuya historia se centra en un joven afroamericano que crece en una conflictiva zona de Miami. A lo largo de los años se aborda su forma de afrontar sus propios demonios, la incomprensión de su madre y la violencia del barrio. La cinta está interpretada por Janelle Monáe (Figuras ocultas), Naomie Harris (Spectre), Mahershala Ali (Los hombres libres de Jones), Jharrel Jerome, Edson Jean (Juego de armas), Ashton Sanders (Straight Outta Compton), Trevante Rhodes (Lady Luck) y André Holland (Selma).

El terror también tiene su hueco con Rings, nueva entrega de la franquicia norteamericana que adaptaba, a su vez, los originales japoneses. Dirigida por el español F. Javier Gutiérrez (Tres días), la cinta se centra en una joven que, preocupada por la obsesión de su novio con la leyenda de un vídeo que mata a todo el que lo ve siete días después de haberlo reproducido, decide sacrificarse y salvarle de esa maldición. Sin embargo, este sacrificio revelará una terrible verdad: que existe una película dentro de la película que nadie había descubierto hasta ahora. El reparto está encabezado por Johnny Galecki (serie The Big Bang Theory), Aimee Teegarden (Mi panadería en Brooklyn), Vincent D’Onofrio (Los siete magníficos), Alex Roe (La quinta ola) y Matilda Anna Ingrid Lutz (Mi chiamo Maya).

La propuesta infantil y familiar de la semana es Batman: la LEGO película, cinta que trata de aprovechar el éxito de La LEGO película (2014) y cuya historia gira en torno a la responsabilidad de Bruce Wayne/Batman para mantener la ciudad de Gotham a salvo de criminales mientras trata de cuidar de un huérfano que ha acogido. Acción, humor y mucha diversión es lo que promete este film dirigido por Chris McKay (serie Robot Chicken) y que cuenta con las voces, en su versión original, de Will Arnett (Ninja Turtles: Fuera de las sombras), Ralph Fiennes (Cegados por el sol), Channing Tatum (Los odiosos ocho), Jonah Hill (Juego de armas), Rosario Dawson (serie Daredevil), Jenny Slate (Joshy), Zach Galifianakis (Las apariencias engañan) y Michael Cera (Lemon).

Las novedades de este viernes terminan con Felices sueños, co producción franco italiana basada en la novela de Massimo Gramellini que, en clave de drama romántico, narra la atormentada vida de un joven que perdió a su madre cuando era pequeño. Reportero de profesión, cubrir la guerra de Sarajevo provoca en él ataques de pánico, que se mezclan con el recuerdo de su pérdida al tener que vender la vivienda familiar. Solo una doctora parece dispuesta a ayudarle a cerrar las heridas del pasado. Marco Bellocchio (Buenos días, noche) dirige esta cinta en cuyo reparto encontramos a Valerio Mastandrea (Pasolini), Bérénice Bejo (El pasado), Fabrizio Gifuni (El capital humano), Guido Caprino (serie Los Medici: Señores de Florencia) y Barbara Ronchi (Miel).

‘Figuras ocultas’: el racismo oculto tras la conquista del espacio


Las mujeres afroamericanas fueron las 'Figuras ocultas' en la carrera espacial de la NASA.Siempre es interesante descubrir nuevas historias, sobre todo si son reales y han pasado totalmente desapercibidas para el gran público. Y por encima de cualquier cosa, si se convierten en una lucha contra una injusticia y un racismo establecidos por el sistema, como refleja la última película de Theodore Melfi (St. Vincent). Tal vez por eso esta trama sobre las primeras mujeres afroamericanas que lograron puestos relevantes en la NASA y que participaron en la primera misión espacial con éxito es más un alegato contra el racismo que una historia de superación, con todo lo bueno y todo lo malo que eso conlleva cinematográficamente hablando.

Desde un punto de vista narrativo, la cinta de Melfi peca en algunos momentos de un excesivo formalismo. Aunque es cierto que existe poco margen para la invención, esta apuesta por el clasicismo resta dramatismo a determinados momentos del film, principalmente a los puntos de giro finales. A esto se suma un desarrollo dramático excesivamente lineal, sin demasiados conflictos salvo aquellos relacionados con el racismo social existente en Estados Unidos en los años 60. De hecho, son estos aspectos los más loables de la trama, tanto los visualmente llamativos (la protagonista debe recorrer un kilómetro para poder ir al baño en su puesto de trabajo) como los conceptuales (una mujer afroamericana es capaz de resolver lo que no saben un grupo de ingenieros blancos).

En este sentido, destaca sobremanera la labor de los actores, sobre todo de Taraji P. Henson (serie Empire), Kevin Costner (Criminal) y Octavia Spencer (Lo mejor de ella). Este trío de actores se terminan convirtiendo en el alma de la historia, y lo hacen precisamente porque cargan sobre sus hombros las principales situaciones raciales de la historia. Dicho de otro modo, la carrera espacial contra la URSS queda, en cierto sentido, en un segundo plano, centrando la atención en la lucha no solo por los derechos de la gente de color, sino de las mujeres en un mundo dominado por hombres y en el que el género femenino estaba relegado a labores, digamos, menos relevantes o menos vistosas.

Desde luego, Figuras ocultas es un alegato contra el racismo, la historia de la lucha de tres mujeres por lograr que el mundo reconociera su trabajo y su inteligencia sin ver su color de piel o su género. El problema está en que hay poco más en este film. Poco habría importado que la trama se enmarcara en la NASA o en cualquier otro contexto, pues la parte de la carrera espacial parece quedar relegada a un segundo plano. A todo ello se suma una planificación excesivamente académica, casi aséptica, que resta dramatismo o emoción a muchos de los momentos álgido de la historia. Con todo, y como decía al comienzo, siempre es interesante conocer este tipo de historias.

Nota:6,5/10

‘Los hombres libres de Jones’: se abolió la esclavitud, ¿y el racismo?


Matthew McConaughey protagoniza 'Los hombres libres de Jones', de Gary Ross.Cuando se habla de la Guerra de Secesión estadounidense suele hablarse del fin de la esclavitud, de cómo el Norte derrotó al Sur y se lograron más derechos, una mayor igualdad. Pero, ¿qué ocurrió realmente cuando los grandes terratenientes sureños se vieron obligados a despojarse de aquellos que habían sido sus esclavos durante décadas? Eso, a grandes rasgos, es lo que explica la nueva película de Gary Ross (Pleasantville), y lo hace con la humildad y sonrojo que provoca analizar la parte más vergonzosa de la historia de tu pueblo.

Porque si algo provoca Los hombres libres de Jones es sonrojo, vergüenza y rabia. Emociones todas ellas generadas gracias a la narrativa de Ross y a un guión magnífico que, aunque dividido en dos partes más que claras, es capaz de mantener el ritmo con razonable habilidad para no perder nunca el objetivo de la historia. Tal vez sea por eso, porque nunca pierde de vista su mensaje final, por lo que el espectador apenas nota el cambio entre partes, motivado por el fin de la guerra y cómo abolir la esclavitud no fue más que un deseo sobre el papel que no se logró realmente en muchos estados del sur.

Habrá quien entienda que la película pierde fuerza una vez superado el punto de inflexión del final de la guerra, pero en realidad es ahí cuando adquiere verdadero significado. Los discursos del personaje de Matthew McConaughey (El inocente), quien por cierto está espléndido, sin duda resultan excesivamente aleccionadores, y hubieran necesitado algo más de sutileza a la hora de enarbolar la bandera de la igualdad y la libertad, pero el tema tratado es tan contundente que apenas se tiene en cuenta. Es a través de estos discursos, de leyes como la del “entrenamiento” de niños esclavos, o de los delitos en el recuento de votos de las primeras elecciones que aceptaron gente de color, donde la cinta logra su máximo esplendor, desgranando un país que todavía hoy vive sumido en un racismo que parece incapaz de superar.

De hecho, Los hombres libres de Jones perfectamente tendría un marcado significado aleccionador simplemente comparándolo con lo que ocurre en Estados Unidos últimamente. Pero por si eso no fuera suficiente, aborda el caso de un descendiente del protagonista 80 años después, cuando una ley le impide casarse con una mujer blanca porque tiene ascendencia negra en un 8%. Ver para creer. La película ya es interesante por sí misma simplemente con el tema que aborda. Pero la capacidad de Gary Ross, que escribe y dirige la cinta, hace que la historia adquiera una dimensión mucho mayor y más interesante. Posiblemente estemos ante uno de los primeros títulos a los Oscar.

Nota: 7,5/10

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