4ª T. de ‘Ray Donovan’, o cómo llevar al límite a un personaje


Familia y crimen, más unidos que nunca en la cuarta temporada de 'Ray Donovan'.Los seguidores de Ray Donovan habrán apreciado que la serie creada por Ann Biderman (serie Southland) suele separar de forma más o menos clara los problemas familiares del protagonista con sus “problemas laborales”. Ya en la tercera temporada comenzó a cambiar esta dinámica, y en los 12 episodios que conforman su última etapa televisiva dicho cambio no solo continúa, sino que parece confirmarse con un viaje a los infiernos del rol interpretado magistralmente por Liev Schreiber (Spotlight).

En efecto, la fusión de tramas que comenzó en los anteriores capítulos adquiere en esta nueva temporada un cariz mucho más violento y dramático, enfocando el trabajo narrativo hacia la creación de una única trama principal con ramificaciones secundarias, en lugar de diversas tramas con influencias sobre la historia protagonista. El resultado de todo ello es un mundo mucho más rico e interconectado en el que las decisiones de cada personaje tiene relevancia, al menos, para el antihéroe de esta historia. Pero también, y eso es quizá lo más interesante, genera consecuencias para todos ellos, incluyendo las últimas incorporaciones de roles secundarios.

La ingeniería narrativa de Ray Donovan, por tanto, alcanza un nuevo nivel, más sofisticado y complejo, confirmando la evolución de esta más que notable serie. El viaje del protagonista a lo largo de los episodios se revela como una suerte de epifanía con la que llega a comprender que ha abandonado su verdadera naturaleza. Y lo más curioso es que la temporada comienza, precisamente, con un Ray Donovan que parece haber encontrado el camino correcto para salir de la espiral de violencia en la que está sumergido.

Pero como decimos, este viaje no sirve únicamente para descubrir que el personaje de Schreiber no podrá cambiar, sino para comprender que trabajo y familia están íntimamente ligados, algo que siempre se ha intuido a lo largo de la serie pero que ahora toma forma. Y esto se consigue gracias, sobre todo, a una evolución de los acontecimientos narrados en la anterior temporada, es decir, tomando como punto de partida algo ya conocido por el espectador; una continuidad que dota de una mayor entidad a la serie, que por cierto alcanza unas cotas de violencia bastante inusitadas en una ficción ya de por sí bastante agresiva.

Entre boxeadores anda el juego

En esta evolución, sin embargo, la cuarta temporada de Ray Donovan tiene sus más y sus menos. El carácter integrador de su narrativa se sustenta en algunas historias secundarias que podrían considerarse, cuanto menos, excesivamente largas. Desde luego, el ejemplo más claro es el del boxeador y su relación incestuosa con su hermana. La forma en que se aborda esta trama, al menos narrativamente hablando, resulta excesivamente circular, volviendo sobre el único conflicto una y otra vez sin que nunca llegue a resolverse, como si fuera necesario alargar su presencia en la historia hasta el final de la temporada.

Si bien es cierto que se adorna con diversos conflictos menores, y que de hecho permite a la serie reformular algunos de sus conceptos dramáticos, sobre todo los que tienen que ver con la familia Donovan y la relación entre el protagonista y el hermano interpretado por Eddie Marsan (La verdad duele), el tratamiento dado tanto a la historia como a los secundarios que la protagonizan resulta un tanto incongruente en tanto en cuanto se repite el conflicto en demasiadas ocasiones, dando además soluciones temporales que se antojan similares, muy similares.

El otro ejemplo, aunque en esta ocasión menos evidente, es el de la historia protagonizada por Jon Voight (Más allá). En esta temporada, más que nunca, su personaje parece fuera de órbita de la trama principal. De hecho, los acontecimientos de este desarrollo no parecen tener mucho impacto en las secuencias más relevantes. Pero solo lo parece, porque de hecho la función de esta línea argumental es la de acercar posturas entre el protagonista y su padre, ahondando la serie en el concepto familiar que resulta fundamental en su concepción. Sí es cierto que el regreso una y otra vez a los mismos errores de este personaje pueden antojarse un recurso algo manido después de cuatro años, pero la realidad es que, por un lado, permite hacer evolucionar la historia, y por otro cuenta como epicentro con uno de los actores más en forma de la serie, por no hablar de un personaje que termina por hacerse querer.

En cierto modo, Ray Donovan logra en esta cuarta temporada la que posiblemente sea la mejor historia de la serie, demostrando que todavía tiene margen de crecimiento. La búsqueda por parte de sus creadores de una nueva fórmula que aúne los dos pilares fundamentales de la serie en un único desarrollo dramático augura un futuro brillante si se trata de forma coherente y sin perderse en la necesidad de concesiones dramáticas, algo que por otro lado no parece propio de esta ficción. Es raro encontrar una serie capaz de mejorar temporada tras temporada incluso con sus posibles errores, y Ray Donovan es de esos raros productos.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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