‘Winchester: La casa que construyeron lo espíritus’: mansión sin alma


Hubo una época en la que las historias de casas encantadas eran capaces de aportar algo diferente al género de terror. Habitualmente, los espíritus servían (y sirven) como vehículo para explorar el pasado de los personajes, para abordar su relación con el otro mundo, redimir sus pecados y aceptar los hechos traumáticos de su vida para poder continuar con su futuro. Y aunque esto resulta interesante, el problema es que esta modalidad del género de terror no ha sabido, salvo honrosas excepciones, evolucionar hacia algo más.

Y ese es el principal hándicap de Winchester: La casa que construyeron los espíritus. El film, que parte de la leyenda en torno a  la viuda del creador de los rifles y armas de repetición Winchester, se desinfla a medida que va enseñando sus cartas, en un desarrollo dramático que tiene como único atractivo el reparto de actores. La cinta, a pesar de un inicio interesante, no es capaz de ofrecer al espectador un mínimo de originalidad, salvo tal vez la idea de que cada habitación de esa surrealista mansión es una recreación del espacio en el que murieron personas por una bala disparada por un Winchester.

Sin embargo, esta premisa queda rápidamente enterrada bajo un arco argumental previsible, carente de giros argumentales interesantes y, sobre todo, sin un desarrollo de personajes coherente o claro. Salvo el personaje interpretado por Jason Clarke (Mudbound), cuyo pasado es necesario conocer para poder dar cierto sentido al film, el resto de personajes están simplemente delineados con trazo grueso, sin llegar a explicar nunca por qué, por ejemplo, el pequeño es el único poseído por los espíritus. Da la sensación de que la cinta da por sentados determinados comportamientos precisamente por ser heredera de muchos otros films anteriores de similares características, pretendiendo que esto sea justificación suficiente para superar unos agujeros narrativos notables.

Aunque parezca contradictorio, todo esto no convierte a Winchester: La casa que construyeron los espíritus en una mala película. Lo que hace es catalogarla como un film más bien irrelevante, que encierra en sí mismo muchas posibilidades pero que no es capaz de explorarlas. El guión se limita a recorrer escenarios y situaciones conocidas. La apuesta visual de The Spierig Brothers (Daybreakers) es plana, sin espíritu. Tan solo los actores salvan un producto que no aporta nada.

Nota: 5,5/10

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‘Fargo’ repite y mejora sus claves dramáticas en una 2ª T. brillante


El humor negro vuelve a ser fundamental en la segunda temporada de 'Fargo'.Desarrollar una historia a lo largo de varias temporadas tiene su complicación. Pero lograr que historias diferentes tengan la misma calidad dramática en cada temporada de una serie parece tarea imposible. Si no, que se lo digan a American Horror Story, por ejemplo. Por eso es resulta tan singular lo que ha logrado Noah Hawley (serie Bones) con la segunda temporada de Fargo, una de esas joyas de la pequeña pantalla que unió a crítica y público en un sonoro aplauso, y que repite (para algunos, incluso mejora) en su segunda tanda de episodios lo conseguido con la primera trama.

Tal vez el éxito tenga mucho que ver con el hecho de que, aunque son historias diferentes, están relacionadas tanto dramática como narrativamente hablando. El epicentro de la segunda temporada es un crimen que se menciona en la primera parte, es cierto, pero formalmente conserva todos y cada uno de los elementos que producen ese humor negro tan característico de los hermanos Coen (autores del film en el que se inspira). Desde los personajes irónicos y surrealistas, hasta las situaciones que rozan el absurdo, la trama se mueve con agilidad por un desarrollo que, aunque requiere de una atención especial por parte del espectador (muchos personajes, muchos escenarios, varias tramas secundarias), va atando cabos hasta crear un ente que se vale por sí mismo más allá del legado de su predecesora.

Este es, precisamente, uno de los grandes logros de la segunda temporada de Fargo. La facilidad dramática con la que avanza una historia en la que se mezclan criminales, mafiosos, policía, FBI, un carnicero y hasta un ovni es tan sorprendente como refrescante, sobre todo porque en ningún momento se da pié a que la historia se descarríe. Incluso los momentos más surrealistas son tratados con esa mirada ácida que ironiza con ellos, dotándoles de un extraño halo de realidad que ya quisieran muchas películas. Asimismo, la línea argumental principal sabe nutrirse de todas las historias secundarias que, poco a poco, van apareciendo y desarrollándose, asumiendo la resolución dentro de una única historias. Dicho de otro modo, todo aquello que parece no tener relación con lo que se cuenta en los episodios termina por ser, al menos, relevante en el resultado final.

Pero si el arco dramático que presentan estos 10 capítulos es espléndido, la apuesta formal no lo es menos. La segunda temporada ha servido para explorar nuevas vías narrativas, sobre todo en lo que al comienzo se refiere. Desde una historia contenida en un libro, hasta montajes en paralelo, cualquier recurso es bueno para oxigenar esos títulos iniciales que no por repetirse dejan de tener su ironía. A esto se suma la profusión de violencia y sangre, que tienen un protagonismo mucho mayor porque, entre otras cosas, la historia solo tiene sentido de este modo. La combinación entre el ácido humor, la violencia y la idea de que todo se basa en una “historia real” terminan por lograr ese brillante y delicado equilibrio entre el realismo, la ficción, el humor y el drama que tan bien caracterizan a esta serie.

No sin los actores

Pero a todo este cóctel le falta un ingrediente fundamental. Al igual que ocurrió en la primera temporada, esta segunda historia de Fargo no sería lo mismo sin sus protagonistas. Es cierto que los personajes, complejos y sumamente elaborados, son pieza básica, pero la labor del reparto es impecable en su conjunto, y magistral en muchos casos. Sin ir más lejos, lo que logra Kirsten Dunst (Spider-Man) es espectacular. Su personaje, el que más evoluciona de toda la trama, pasa de parecer un secundario a adquirir un protagonismo fundamental. Y la actriz no solo hace suyo el rol, sino que lo dota de una fortaleza notable, ofreciendo matices que sobre el papel podrían pasar desapercibidos.

En el polo opuesto, aunque igualmente soberbio, está Patrick Wilson (Expediente Warren: The Conjuring). Y digo que es el polo opuesto porque su rol, policía sobrio y aparentemente impasible, requiere del actor una sutileza tal vez mayor. A través de su mirada, y sin grandes aspavientos, Wilson es capaz de transmitir todo un mundo de emociones, reflexiones, miedos y dudas que enriquecen tanto a la historia como al propio personaje. Sin ir más lejos, sus enfrentamientos con los grupos mafiosos de la historia son un gratificante ejercicio del hombre corriente enfrentado a lo que considera sus últimos minutos, con la mezcla de valentía, deber y miedo que eso conlleva.

Ellos son, por aquello de tener papeles protagonistas, lo más destacado de un reparto brillante, desde secundarios como Ted Danson (Una aventura extraordinaria) hasta motores dramáticos como el de Zahn McClarnon (Mekko), en el que es uno de los roles más recordados de esta segunda temporada. Son estos personajes y sus respectivos intérpretes los que ayudan a crear ese halo de realidad dentro de una ficción que roza en muchos momentos el absurdo.

El resumen de la segunda temporada de Fargo podría ser, simple y llanamente, “temporada brillante”. Pero eso sería rascar solo la superficie de la nieve que embellece el paisaje de esta producción. En realidad, esta trama de 10 episodios es una serie en sí misma, un producto independiente, fresco, divertido, apasionante y cautivador que nada tiene que envidiar a la, por otro lado, espléndida primera temporada. Noah Hawley ha sido capaz de demostrar que es posible hacer una segunda temporada al menos tan buena como la primera. Ahora solo queda esperar a lo que será capaz de hacer en el tercer intento. Y ya saben lo que se dice: no hay dos sin tres.

‘Insidious: Capítulo 3’: demasiado susto para tan poca atmósfera


Dermot Mulroney y Stefanie Scott protagonizan 'Insidious: Capítulo 3'.El riesgo que corre cualquier continuación cinematográfica es caer en los mismo tópicos que su predecesora sin aportar, al menos, un aliciente en forma de espectacularidad, complejidad dramática o sorpresa. En este particular mundo de las secuelas el cine de terror suele salir muy mal parado, repitiendo fórmulas que funcionan hasta el punto de destruirlas por aburrimiento. Y eso es lo que le ocurre, a grandes rasgos, a la tercera parte de Insidious, uno de los films más terroríficos de los últimos años que, con esta entrega, se ve obligada a recurrir al final feliz para tratar de dar un nuevo sentido al poco esperanzador final de la original.

Planteada como una precuela centrada en el personaje interpretado por Lin Shaye (Algo pasa con Mary), la cinta vuelve a recurrir a aquellos elementos que han dado fama a la serie de películas, incluida la representación de ese mundo de los espíritus en forma de la más absoluta oscuridad. Y gracias a ello, y en cierto modo al buen recuerdo de sus predecesoras, la película arranca con fuerza, sin apenas dar un momento de respiro al espectador y planteando las bases de lo que posteriormente será el desarrollo de la trama. Pero por desgracia se queda en eso, en un buen comienzo. A medida que se desarrolla el arco dramático principal protagonizado por el rol de Stefanie Scott (Sin compromiso) la película echa mano de tópicos sustos y secuencias hipotéticamente aterradoras para adentrarse en un manido terreno del terror.

Dicho de otro modo, lo que comienza siendo una cinta de terror atmosférico y casi claustrofóbico se queda al final en un mero film de sustos, acción y fantasmas a cada cual más desagradable. Y dicho de otro modo también, esta tercera parte pierde la esencia de lo que dejaron las dos entregas anteriores. Olvidadas quedan esas secuencias en las que todo tipo de personajes, vivos y muertos, se mueven en las diferentes profundidades del plano, una de las señas de identidad de la saga y, sin duda, uno de los elementos más angustiosos de la trama. Además, la incorporación del ente maligno de las dos primeras partes se antoja forzada, como si existiera la necesidad de relacionar esta tercera parte con las anteriores a través de un malo de turno, al estilo de las clásicas sagas de los años 80.

Lo cierto es que la mano de Leigh Whannell como director debutante se nota, y en algunas ocasiones es demasiado evidente. A pesar de que el guión es suyo, al igual que el de las anteriores entregas, la historia carece de la fuerza que se podría esperar. Esto no quiere decir que no asuste, al contrario. Pero a diferencia del original, recurre a efectos de sonido y apariciones “inesperadas”, obviando en muchas ocasiones la atmósfera y la realización tan características de la saga. Algo que, por cierto, reafirma a James Wan, director de la primera y la segunda entrega, como un director con una visión única. Una conclusión algo mediocre para una saga que ha dado inolvidables momentos de terror.

Nota: 5,5/10

El terror y el fantástico marcan el inicio de los estrenos de junio


Estrenos 4junio2015Hacía bastante tiempo que no se producía lo que tiene lugar hoy jueves, 4 de junio. Y no me refiero al adelanto en la fecha de los estrenos, sino a que éstos están liderados por dos títulos que podríamos enmarcar en el thriller fantástico de terror. Desde luego, la novedad más interesante es terror en estado puro, pero su más inmediato acompañante, a pesar del retraso de su llegada, también cuenta con un marcado sentido del terror o, al menos, una malsana atmósfera. Claro que no son las únicas novedades entre las que puede elegir el espectador. De hecho, el resto distan mucho del carácter aterrador de estas.

Pero comencemos por Insidious: Capítulo 3, continuación de la saga iniciada en 2010. Ópera prima de Leigh Whannell, actor que da vida a uno de los personajes de la saga (y que vuelve a aparecer en esta tercera entrega), su trama transcurre unos años antes de los acontecimientos de las dos partes anteriores. En esta ocasión el centro de atención del ataque del ente sobrenatural es una adolescente a la que la médium protagonista de la saga deberá ayudar para que no se convierta en un vehículo de entrada al mundo de los vivos. Terror atmosférico, tensión y más de un susto es lo que promete esta historia protagonizada por Dermot Mulroney (Agosto), Stefanie Scott (Sin compromiso), Angus Sampson (The mule), Lin Shaye (Ouija) y Tate Berney (Complacent).

Y con mucho retraso llega Horns, una de las películas que más han dado que hablar desde sus primeros pases allá por 2013 debido a una trama que sigue a un joven que es acusado del asesinato de su novia de toda la vida. Acosado por el pequeño pueblo en el que vive, una mañana se despierta con dos incipientes cuernos que crecen conforme pasan los días. Pero eso no será lo único extraño. La presencia de esos cuernos hará que la gente se sienta en la obligación de decirle la verdad, iniciando de este modo una reacción en cadena de consecuencias inesperadas. Intriga, drama y algo de terror aterrizan con este film que llega de la mano del director Alexandre Aja (Las colinas tienen ojos) y que cuenta con un reparto encabezado por Daniel Radcliffe (La mujer de negro), Juno Temple (Maléfica), Max Minghella (Los idus de marzo), Joe Anderson (serie The river), Kelli Garner (serie Pan Am), Heather Graham (R3sacón), David Morse (Yellow), Kathleen Quinlan (La protegida) y James Remar (serie Dexter).

Cerramos el repaso a los estrenos norteamericanos con Negocios con resaca, comedia gamberra dirigida por Ken Scott (Starbuck) cuya historia se centra en el propietario de un pequeño negocio y sus dos socios que viven una época difícil hasta que se presenta ante ellos el contrato de sus vidas. Dispuestos a conseguirlo a toda costa, viajan a Europa para cerrar el acuerdo, pero el viaje terminará siendo una auténtica fiesta que pondrá en peligro sus propias carreras. Vince Vaughn (Los becarios), Tom Wilkinson (Selma), Dave Franco (Malditos vecinos), Sienna Miller (El francotirador), Nick Frost (Bienvenidos al fin del mundo) y James Marsden (X-Men) dan vida a los roles principales.

Entre los estrenos españoles hay que destacar Requisitos para ser una persona normal, debut en el largometraje de ficción de la actriz Leticia Dolera (Kamikaze), quien escribe, dirige y protagoniza esta comedia cuya trama arranca cuando una joven de 30 años cuya vida parece no ir a ningún sitio decide plantearse como reto vital ser una persona normal. Sin trabajo, echada del piso en el que vive, sin vida romántica y con una relación familiar complicada, su primer pasó será descubrir en qué consiste ser una persona normal. Junto a Dolera encontramos a Manuel Burque (Perdona si te llamo amor), Silvia Munt (Remake), Jordi Llodrá, Alexandra Jiménez (Casi inocentes) y Miki Esparbé (Perdiendo el norte) entre los intérpretes.

Sin salir de Europa, otra de las novedades es Phoenix, drama alemán de 2014 basado en una novela de Hubert Monteilhet que transcurre unos años después de la II Guerra Mundial. La historia sigue el viaje de una superviviente de Auschwitz que regresa a Berlín con la cara destrozada. Tras someterse a una reconstrucción emprende la búsqueda de su marido, un músico ario, con la intención no solo de recuperar su pasado, sino de comprobar si su amor fue real o una simple farsa. Christian Petzold (Barbara) dirige el film, mientras que Nina Hoss (El hombre más buscado), Ronald Zehrfeld (Finsterworld), Nina Kunzendorf (Meine Schwestern), Uwe Preuss (Der Samurai) e Imogen Kogge (Si no vosotros, ¿quién?) encabezan el reparto.

Alemania también está presente en Misericordia: Los casos del Departamento Q, thriller del 2013 en el que también está invertido capital danés y sueco. Basada en la novela de Jussi Adler-Olsen, la película arranca cuando un inspector de policía es relegado a un departamento de casos sin resolver tras cometer un error durante uno de sus casos. Lo que comienza siendo un castigo pronto se convertirá en un importante caso que tiene como protagonista a una joven política a la que la policía da por muerta tras su desaparición durante un viaje, algo que el inspector no tiene tan claro. Dirigida por Mikkel Nøgaard (Klovn: The movie), la cinta está protagonizada por Nikolaj Lie Kaas (serie Forbrydelsen), Fares Fares (serie Tyrant), Troels Lyby (Headhunter) y Per Scheel Krüger (Kandidaten).

Y desde Cuba nos llega Conducta, nuevo drama escrito y dirigido por Ernesto Daranas (Los dioses rotos) cuya trama se centra en la relación de un joven con su veterana maestra. El pequeño, que vive con su madre drogadicta, entrena perros de pelea para poder subsistir económicamente. Ese entorno de violencia muchas veces se traslada a la escuela, en la que su maestra parece ser la única capaz de comprenderle y de manejar su ira. Pero cuando la mujer enferme y una sustituta llegue al aula la referencia del joven desaparecerá, entrando en una espiral que obligará a la nueva profesora a enviarlo a un centro educativo de conducta. Cuando la veterana maestra regrese y se oponga a las medidas empleadas la permanencia de ambos en la escuela se verá comprometida. El reparto está encabezado por Yuliet Cruz (Habana Eva), Silvia Águila (Amor vertical), Armando Valdes Freire y Alina Rodríguez (Chamaco).

Terminamos este repaso a los estrenos con el documental Hotel Nueva Isla, producción española dirigida por Irene Gutiérrez, quien de este modo debuta en el largometraje, y Javier Labrador (They are we). Con muchos componentes biográficos y dramatizados, los directores narran la historia del último habitante de un lujoso hotel en ruinas, quien se niega a abandonar el edificio porque está convencido de que entre sus paredes se esconden tesoros que los anteriores moradores dejaron allí.

Diccineario

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