‘X-Men’, los personajes por encima de los efectos digitales


Hugh Jackman interpretó por primera vez a Lobezno en 'X-Men', de Bryan Singer.El fenómeno de los superhéroes llegó al cine con el nuevo siglo. Es cierto que siempre han estado relacionados de un modo u otro, pero hace exactamente 14 años el subgénero alcanzó un grado de sofisticación y seriedad que lo ha llevado a generar algunos de los mejores films de acción y ciencia ficción de los últimos años, como es el caso de la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan (Memento). Ahora mismo, con los efectos digitales campando a sus anchas por las historias de los justicieros enmascarados, parece quedar muy lejos aquella película que, en cierto modo, abrió definitivamente la veda a la adaptación cinematográfica de los cómics. Pero dado que esta semana se estrena X-Men: Días del futuro pasado, en Toma Dos vamos a repasar la evolución de la saga de mutantes, comenzando por el origen de todo el fenómeno: X-Men (2000), dirigida por un entonces relativamente novato Bryan Singer (Sospechosos habituales).

Más allá de su valor como punto de partida, la obra de Singer ha ganado peso con los años gracias fundamentalmente a su guión, un texto elaborado a partir de los elementos más conocidos por el gran público de estos seres humanos con habilidades especiales debidas a mutaciones genéticas y, sobre todo, por saber absorber perfectamente la esencia del cómic creado por Stan Lee y Jack Kirby, que no es otra que la lucha contra la intolerancia, el racismo y el miedo a lo desconocido. Unos conceptos que pueden encontrarse casi desde el inicio del film con esas secuencias aparentemente inconexas que poco a poco van confluyendo hacia una trama única. Ahí está, por ejemplo, la huída de casa del personaje interpretado por Anna Paquin (serie True Blood) o el discurso del personaje de Famke Janssen (Venganza) y la reacción que provoca. De hecho, la idea del racismo es la que mueve toda la historia, tanto para generar el conflicto entre los dos bandos mutantes (uno apoya la integración y el otro la lucha) como para desarrollar toda la intriga en torno al senador que aboga por perseguir a esta nueva raza de seres humanos.

Desde luego, su apuesta por el desarrollo dramático de los personajes es lo que mejor define a esta primera X-Men. La definición de los mismos a través de sus acciones, de sus gestos y de sus miradas demuestra que en cualquier cinta de acción hay espacio para más aspectos que los puramente físicos. Sin ir más lejos, la película logra establecer casi en un suspiro el trío amoroso entre Lobezno, Jean Grey y Cíclope (Hugh Jackman, Janssen y James Marsden, respectivamente). Y ni siquiera es necesario un diálogo explicativo. Esta sutileza, además, es capaz de generar cierta intriga en las motivaciones de muchos de los roles, tanto héroes como villanos, y logra que el punto de giro que da pie al tercer acto tenga la suficiente fuerza como para resultar inesperado y apasionante (las verdaderas intenciones del villano). No hay que dejar pasar, sin embargo, la debilidad de algunos secundarios como el interpretado por Halle Berry (Cosas que perdimos en el fuego). Su rol, uno de los más importantes de las viñetas, queda aquí relegado a un segundo plano muy plano, y perdón por el juego de palabras. No solo aporta poco a la historia, sino que lo hace de forma algo tosca, burda y hasta ridícula. Por fortuna, esto fue algo que quedó solventado en aventuras posteriores.

Y como suele ocurrir en estos casos, el desarrollo de la historia y de los personajes corre en sentido contrario al desarrollo de los efectos especiales. No quiere decir esto que sean malos, al contrario. El director logra algunos momentos inolvidables, como ese primer plano de las garras del personaje de Jackman saliendo de los puños o los rayos emitidos por Cíclope. Pero dichas secuencias son tan escasas como logradas. No existe, por tanto, un abuso innecesario de los recursos digitales. Es más, algunos momentos son más bien mecánicos. Las secuencias de acción, excelentes, se someten a las necesidades de la historia, y no al revés. En definitiva, y siempre dentro de los parámetros de un film de estas características, el tratamiento es más realista, definiendo perfectamente las posiciones de cada uno de los personajes y estableciendo unas líneas de actuación comedidas, sin excesos audiovisuales e, incluso, con un sentimiento más intimista y entrañable. Quizá una de las mejores secuencias que ejemplifican esta idea es aquella en la que Magneto, interpretado magistralmente por Ian McKellen (El señor de los anillos: La comunidad del anillo), mantiene una disputa con Charles Xavier (Patrick Stewart) mientras amenaza a un buen número de policías con sus propias armas.

Un oscuro dominante

Aunque sin duda el mayor acierto de Singer en X-Men fue dar el protagonismo a Lobezno y a un Hugh Jackman (Prisioneros) por entonces desconocido. Desde luego, el éxito del personaje ha encumbrado a este magnífico actor, pero sería injusto no reconocer que el beneficio ha sido mutuo. El intérprete ha sabido dotar al rol (actualmente algo desgastado) de una entidad única, tanto física como psicológicamente. Jackman es capaz de aunar la fortaleza física, la violencia y la ira de un personaje turbado por un pasado traumático, la pérdida y el dolor. Hasta tal punto es imprescindible su participación que actor y personaje se han fusionado hasta confundirse, siendo prácticamente imposible que nadie se imagine a este mutante con esqueleto de adamantium con otros rasgos que no sean los del actor.

Pero más allá de todo eso, el director logra equilibrar con bastante acierto su arco dramático personal con el desarrollo de la historia, ofreciendo pinceladas del tortuoso pasado al tiempo que ubica al personaje en una lucha de la que no quiere formar parte. Ese espíritu libre, unido a la lealtad y sentido de la justicia que lleva incorporados de serie el personaje, convierten a Lobezno en el verdadero atractivo de la cinta. Su protagonismo es más que evidente, incrementándose a medida que han ido pasando los años. De hecho, es el único que cuenta con films propios. Y su carácter es lo que hace avanzar la trama en muchas ocasiones, ya sea de forma directa o indirecta, y ya sea como centro de atención de la intriga o como uno de los vértices del triángulo amoroso.

Esta oscuridad, empero, no se ciñe únicamente a su personaje. Si algo generó controversia hace 14 años fue la forma en que Singer iba a abordar el tema de los trajes que lucen los héroes. Para aquellos que no estén familiarizados, digamos que cada rol presenta una paleta cromática que les define, lo que en pantalla podría ser, literalmente, un desastre. Al principio mencionaba la seriedad que esta película aportó a las adaptaciones de superhéroes. Bueno, pues buena parte del éxito radica, aunque no lo parezca, en el diseño de vestuario. La apuesta por unos uniformes negros, alejados de las mallas multicolor, termina resultando hasta coherente en el contexto general de la trama, superando el primer contraste de ver a todos los personajes uniformados para el combate. El director se permite incluso hacer un guiño a esa “licra amarilla” que luce el personaje de Jackman en los cómics. La ausencia de color surgió de la necesidad (no es lo mismo ver a Spider-Man o a Iron Man que a seis personajes cada uno de un color), pero su diseño sentó las bases del resto de la saga.

Tal vez X-Men no sea la mejor de las películas sobre superhéroes. Desde luego, no es la mejor de toda la saga. Hay momentos de su guión en los que se echa en falta algo más de garra. Algunos personajes, como el de Tormenta o los villanos secundarios, dejan mucho que desear. Pero en líneas generales el film evidencia una apuesta por un estilo narrativo y visual alejado de estridencias o de concesiones al gran público. Tal vez por eso la historia busca ante todo acercarse a los personajes y hacerlos accesibles para todos los espectadores. Tal vez el hecho de no saber cómo iba a resultar este primer experimento es lo mejor que le pudo pasar al film. Sea como fuere, los mutantes llegaron para quedarse, y gracias a esta primera historia con más desarrollo y menos efectos el público aceptó aquello que era diferente.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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