‘Sleepy Hollow’ se desinfla en una 2ª temporada sin objetivos claros


Tim Mison y Nicole Beharie siguen luchando contra el mal en la 2ª T de 'Sleepy Hollow'.Mantener el interés de una serie con tramas episódicas puede ser, a veces, tan complicado como lograrlo con tramas desarrolladas en temporadas. Pero lograr el equilibrio entre ambas en una producción y no morir en el intento es, posiblemente, el más difícil todavía. A nadie debería extrañarle, por tanto, que la segunda temporada de Sleepy Hollow haya tenido numerosos altibajos, muchos provocados por una indefinición en algunos conceptos y otros por la falta de tramas convincentes más allá de la principal. Es cierto que la serie creada por Phillip Iscove, Alex Kurtzman, Roberto Orci (estos últimos responsables de la serie Fringe) y Len Wiseman (Underworld) ha sabido reinterpretar los mitos norteamericanos bajo una pátina religiosa, pero no ha logrado un desarrollo lineal claro.

Uno de los indicadores más significativos de este síntoma es el hecho de que muchos personajes secundarios entran y salen de la trama en función de las necesidades, sin tener una regularidad y sin lograr así una mínima identificación con sus personalidades. El caso más notable es el del rol de Matt Barr (serie Hatfields & McCoys), una especie de Indiana Jones que se dedica a suministrar armas y artefactos en la lucha contra el demonio. El problema es que su presencia no tiene un desarrollo claro, quedándose en una mera anécdota que termina con un episodio dedicado a su pasado. Y aunque es el caso más evidente, en líneas generales todos los secundarios adolecen de esta problemática, lo que impide que sus respectivas tramas se integren. La excepción sería el personaje de Orlando Jones (El circo de los extraños), si bien su historia da excesivos giros para la simplicidad de la propuesta.

Estos nuevos 18 episodios de Sleepy Hollow presentan una serie de logros interesantes. Narrativamente hablando, es justo reconocer que la serie ha sido consciente de sus posibilidades y ha sabido dar un giro dramático hacia la mitad de esta segunda temporada. Un giro que, en pocas palabras, rompe con lo establecido desde el inicio de la primera etapa, lo que evidencia una valentía enorme por parte de sus responsables. El problema es lo que ha llegado después. Sin un objetivo claro, la segunda parte de estos capítulos ha sido un constante vaivén sin un objetivo dramático claro, salvo tal vez allanar el camino hacia lo que vendrá en la tercera temporada, ya anunciada.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no hayan existido buenas motivaciones en los personajes, algo que se ha labrado de forma inteligente y muchas veces sutil a lo largo de la temporada. La evolución del rol de Katia Winter (Una extraña entre nosotros), a pesar de ciertos excesos en su tramo final, ha permitido convertirla en una villana que podría haber dado mucho que hablar en el futuro, tanto por el poder que parece ostentar como por las relaciones que le unen a la pareja protagonista, pero cuyo final se precipitó al final de esta entrega de capítulos. Un final cuyas consecuencias deberían ser exploradas.

Regreso al origen

Como decía un poco más arriba, la segunda parte de la temporada ha carecido de la coherencia que sí tuvo la primera temporada de Sleepy Hollow. La presencia de demonios, ángeles vengativos, criaturas mitológicas y brujos poderosos ha abierto el abanico de posibilidades para la serie, es cierto, pero la ausencia de un objetivo concreto, de una misión para los dos protagonistas, ha creado una sensación de vacío. Sensación refrendada, por cierto, por la ausencia absoluta de uno de los pilares de la serie, el jinete sin cabeza. Su desaparición de la trama coincide, no por casualidad, con ese cierto caos dramático que se apodera de la ficción en su parte final. Su regreso, a tenor del final de temporada, debería generar nuevos conflictos que reaviven esa rivalidad entre Ichabod Crane (un cada vez más cómodo Tom Mison –La pesca del salmón en Yemen-) y el jinete.

Algo que nos lleva, básicamente, a reiniciar la serie, un concepto que queda patente con la elección del último episodio de la segunda temporada, toda una declaración de intenciones. Pero más allá de todo esto, si algo realmente bueno han tenido estos episodios es la evolución que han sufrido los protagonistas, cuya relación ha pasado por todo tipo de situaciones. Aunque en determinados momentos puede parecer algo folletinesca, lo cierto es que ha permitido sustentar con éxito toda la estructura dramática de la serie, incluyendo aquellos episodios más caóticos. La ausencia de un love interest al estilo más clásico ha permitido a sus creadores desarrollar otras líneas dramáticas que, unidas a algunos aspectos cómicos de la relación, han generado por sí solas los contrapuntos necesarios para aportar un tono más irónico a la historia.

Lo que la serie no ha perdido en ningún caso es su capacidad reinterpretativa de los mitos norteamericanos y de ciertos referentes de la ciencia ficción y la fantasía. Sin entrar a valorar todos y cada uno de ellos, sí es importante señalar que la fusión entre religión, creencias y hechos históricos ha seguido aportando algunos de los mejores momentos de la trama. El problema radica en que esto, aunque crea un entretenimiento inocente, no ahonda en las motivaciones y en los conflictos de una serie que parece que podría dar más de sí misma. La falta de tramas secundarias sólidas y que sean capaces de tener una vida independiente es, posiblemente, el mayor fallo de toda la producción.

Desde luego, esta segunda temporada de Sleepy Hollow se ha desinflado con el paso de los episodios. El giro argumental de mitad de etapa, aunque inesperado, no logra ser el revulsivo que cabría esperar, más bien al contrario: crea un vacío dramático que no llega a taparse en ningún momento, ya sea por falta de iniciativa o por la planificación de un reinicio de la serie en la tercera temporada. Sea como fuere, la falta de secundarios fuertes capaces de desviar la atención de la trama principal ha provocado que muchas veces la serie deambule por su propia propuesta, entreteniendo más que interesando, y perdiéndose en algunas líneas dramáticas cuya resolución ha demostrado la falta de objetivos. Habrá que esperar a la nueva etapa para confirmar si existe un plan más allá de lo visto hasta ahora.

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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