‘La Momia’: la maldición de las malas decisiones


Debería ser relativamente sencillo hacer una película de aventuras sobre Egipto, sus maldiciones y toda la mitología que conlleva. No hablo de una película espléndida en todos sus aspectos, pero sí al menos entretenida y con ritmo trepidante. Pero lo que han creado entre Alex Kurtzman (Así somos) y Tom Cruise (Collateral) se antoja decidida y conscientemente mediocre. Es difícil poder explicar, si no, tal cúmulo de incongruencias narrativas y equivocadas decisiones artísticas. Y todo ello sin tener en cuenta los errores que muchos apasionados de los faraones sin duda encontrarán en un metraje de casi dos horas que, en algunas ocasiones, puede hacerse un poco lento.

En realidad, para comprender lo que ocurre con esta La Momia es fundamental prestar atención al logo inicial del film: Dark Universe. La apuesta de Universal por resucitar a todos sus monstruos clásicos en una especie de mundo en el que conviven sin demasiada paz ni armonía ha llevado a los responsables de este primer relato a mezclar churras con merinas. Demasiados personajes innecesarios, demasiadas referencias a otros monstruos y demasiada historia de fondo que posiblemente sirva para hilar el resto de películas, pero que para lo que cuenta esta trama es totalmente innecesario. Eso por no hablar de secuencias poco acertadas.

Pero el verdadero problema de esta cinta no es el concepto en el que se basa, sino su tratamiento. Para empezar, elegir a Cruise para semejante papel es cuanto menos cuestionable. Ni tiene la gracia que exige el personaje ni la química con su compañera de reparto. Y para continuar, la base sobre la que se sustenta todo el relato, la maldición egipcia, está tan cogida con pinzas que plantea más interrogantes que respuestas. Y para finalizar, las continuas referencias no solo a otros monstruos clásicos, sino a la película que Stephen Sommers (Van Helsing) dirigió en 1999 y que se ha convertido en todo un referente visual. Todo ello provoca la sensación de estar ante una producción sin un objetivo claro, más allá de la construcción de un universo posterior en el que se puedan desarrollar mejores historias. El problema es que si no se asientan bien los pilares todo se tambalea.

Podría haberse optado por una sencilla película de aventuras. Podría haberse optado por una cinta de acción. Incluso por algo más terrorífico con referencias a la mitología egipcia. Pero en lugar de todo eso, La Momia trata de ser una mala copia de su predecesora de hace 18 años, introduciendo para la ocasión personajes que pintan poco o nada en una historia que debería tener a Egipto en el centro de su ideario, pero que en realidad relega al país del Nilo a una simple excusa a la que recurrir cuando conviene. Incluso aceptando esto como algo positivo para que la historia pueda avanzar por otros senderos, la película se pierde en su propia ausencia de objetivo, dejando un desarrollo irregular, unos personajes poco sólidos y un final abierto que, sinceramente, crea más incógnitas sobre el futuro de las que responde.

Nota: 4/10

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Cruise se enfrenta a ‘La Momia’ mientras McGregor busca a su hija


El mes de junio ha arrancado con estrenos destinados a una amplia variedad de público pero con pocos visos de convertirse en éxitos de taquilla. Sin embargo, y a tenor de lo que está por llegar, esa no va a ser la tónica general. Es más, desde este viernes, día 9, las novedades van a estar marcadas por cintas en las que priman la aventura, la acción y la diversión por encima de la profundidad o la solidez de sus historias. Claro que con ellas, como ocurre hoy, llegan una serie de títulos de lo más interesantes.

Comenzamos este repaso con La Momia, nueva revisión del mito con maldiciones egipcias, aventura y humor a partes iguales. Dirigida en esta ocasión por Alex Kurtzman, creador de la serie Sleepy Hollow, y protagonizada por Tom Cruise (Al filo del mañana), la trama arranca cuando es descubierta por casualidad una cripta enterrada en lo más profundo del desierto. En ella descansa el cuerpo de una antigua princesa cuyo destino de reinar sobre Egipto le fue arrebatado por su ambición. Devuelta a la vida, utilizará todo su poder no solo para recuperar lo que le fue quitado, sino para someter a todo el planeta a su reinado. En el reparto también destacan Russell Crowe (Dos buenos tipos), Annabelle Wallis (Annabelle), Sofia Boutella (Star Trek: Más allá), Jake Johnson (Todo o nada), Courtney B. Vance (Terminator: Génesis), Javier Botet (El guardián invisible) y Marwan Kenzari (Ben-Hur).

Muy diferente es American Pastoral, primer largometraje de Ewan McGregor (La bella y la bestia) como director. Adaptación de la novela de Philip Roth, este drama con dosis de thriller cuenta con capital de Estados Unidos y Hong Kong narra la aparentemente perfecta vida de un antiguo atleta de instituto casado con una ex reina de la belleza. Su apacible vida se ve alterada cuando su hija desaparece tras ser acusada de cometer un acto violento, lo que llevará al hombre a buscarla, removiendo para ello los cimientos de una familia que nunca volverá a ser la misma. El propio McGregor protagoniza esta cinta cuyo reparto se completa con Jennifer Connelly (Noé), Dakota Fanning (El benefactor), Rupert Evans (The canal), Uzo Aduba (serie Orange is the new black), Molly Parker (serie House of cards) y David Strathairn (La deuda).

Pasamos ahora a las novedades europeas, y entre ellas destaca El sueño de Gabrielle, adaptación de la novela de Milena Agus que dirige Nicole Garcia (El adversario) y cuya trama gira en torno a una joven de la Provenza francesa que sueña con encontrar el verdadero amor en los años 50. Tras un matrimonio concertado con un granjero español honrado y cariñoso al que no ama, la joven conoce a un teniente herido en la guerra de Indochina que despertará sus deseos de amar y ser amada. Un sueño que está dispuesta a perseguir a toda costa. Este drama romántico con capital francés, belga y canadiense está protagonizado por Marion Cotillard (Macbeth), Louis Garrel (Mi amor), Àlex Brendemühl (Ma ma) y Brigitte Roüan (Voy a ser mamá).

Francia y Bélgica también colabora en Testigo, thriller de acción que arranca cuando un contable es despedido de la empresa en la que ha trabajado durante años. Es entonces cuando una misteriosa compañía le contrata para transcribir conversaciones telefónicas intervenidas. Su situación se complicará a medida que se vaya viendo involucrado en una compleja trama política con el mundo del espionaje como telón de fondo. Debut en el largometraje de Thomas Kruithof, la cinta cuenta con François Cluzet (Una semana en Córcega), Alba Rohrwacher (El país de las maravillas), Simon Abkarian (El padre), Sami Bouajila (Atracadores), Denis Podalydès (Monsieur Chocolat) y Alexia Depicker (La religiosa) como principales actores.

Estos dos países son los responsables igualmente de Una policía en apuros, nueva comedia dirigida y protagonizada por Dany Boon (Supercondríaco), quien también participa en un guión que se centra en la relación entre una policía que entra en el programa de formación del R.A.I.D. no por méritos propios, sino por motivos ocultos, y un agente misógino. En los momentos en los que no se tiran los trastos a la cabeza deberán tratar de detener a una peligrosa banda que está detrás de algunos de los robos más impresionantes de las calles de París. Entre los actores principales, además de Boon, encontramos a Alice Pol (Llévame a la Luna), Michel Blanc (Un viaje de diez metros), Yvan Attal (Rapt) y Sabine Azéma (Una cosa por otra).

El principal español de la semana es Patria, drama que dirige Joan Frank Charansonnet (Regression Post Panic Film) y que adapta a la gran pantalla la historia épica popular del caballero Otger Cataló, quien en base a la leyenda conquistó el territorio de Cataluña después de vencer a los sarracenos en el siglo VII. El reparto, en el que también participa el propio Charansonnet, está encabezado por Miquel Sitjar (A la deriva), Boris Ruiz (Los ojos de Julia), Miquel Gelabert (El Greco), Joan Massotkleiner (Las chicas de la sexta planta) y Àngels Bassas (Negro Buenos Aires).

La otra novedad con capital español es Pieles, debut en el largometraje del actor Eduardo Casanova (serie Aída), quien también escribe el guión de este drama centrado en varios personajes físicamente diferentes que se buscan en una sociedad que solo entiende una forma física que excluye y maltrata al diferente. Jon Kortajarena (Acantilado), Carmen Machi (La puerta abierta), Candela Peña (El tiempo de los monstruos), Ana Polvorosa (Mi gran noche), Macarena Gómez (Secuestro), Secun de la Rosa (La mula) y Carolina Bang (Dos a la carta) encabezan el reparto.

En lo que a animación se refiere, la única representante es Capitán Calzoncillos: Su primer peliculón, adaptación de la serie de novelas infantiles escritas por Dav Pilkey. El argumento se centra en dos traviesos escolares que hipnotizan al director de su colegio para convertirlo en un héroe de cómic. Lo que no esperan es lo que eso desencadena a continuación. La cinta está dirigida por David Soren (Turbo).

‘Sleepy Hollow’ afronta un futuro incierto en una 3ª T. de transición


Tom Mison y Nicole Beharie continúan su lucha en la tercera temporada de 'Sleepy Hollow'.Cuando una serie pierde su objetivo, cuando su desarrollo, aunque coherente, parece no seguir una dirección concreta, se nota. Y se nota en una película, en una serie de televisión y, en general, en cualquier narrativa. El caso de Sleepy Hollow es muy significativo. Después de dos temporadas que, aunque gusten más o menos, han tenido una coherencia dramática más que notable, su tercera etapa se ha entregado a una serie de pilares dramáticos cuanto menos cuestionables, introduciendo nuevos roles cuya función es más bien presencial y eliminando otros fundamentales para el buen funcionamiento de esta ficción creada por Phillip Iscove, Alex Kurtzman (The Amazing Spider-man 2: El poder de Electro), Roberto Orci (serie Fringe) y Len Wiseman (Underworld: El despertar).

Y todo ello con unos villanos creados para la ocasión que no solo no tienen nada que ver con lo narrado hasta ahora, sino que su participación en la trama se limita a los 18 episodios que componen este arco dramático. Esta amalgama de componentes, es cierto, permite a la serie generar algunos momentos interesantes, situando a los protagonistas ante retos y situaciones al menos tan fantásticos como los vividos en la segunda temporada, pero también provoca la sensación de estar ante un desarrollo quebrado, sin demasiado sentido más allá de derrotar al villano de turno. Es algo que ya se empezó a ver en los capítulos de la anterior etapa y que ahora se puede incluso palpar.

El mejor modo de apreciar estos problemas es analizar la presencia de los nuevos personajes secundarios. Más allá del núcleo duro de protagonistas de Sleepy Hollow, en esta tercera temporada han tomado relevancia una serie de roles que orbitan en torno a los héroes con mayor o menor fortuna, pero todos ellos simple y llanamente son meras excusas y recursos para generar giros argumentales, en algunos casos algo forzados. Que una lucha secreta contra criaturas y monstruos mitológicos comience a tener tantos implicados ya resulta algo extraño, pero si además resulta que personajes secundarios que apenas aparecen tienen conocimiento de ello el secretismo empieza a ser casi un espejismo. Me refiero, por supuesto, al rol interpretado por James McDaniel (Sacrifice), padre de las hermanas protagonistas cuyo pasado resulta estar íntimamente ligado a los fenómenos fantásticos que se suceden episodio tras episodio.

A todo esto se suma un cierto descontrol en criaturas y villanos. El irregular devenir de los protagonistas deja en evidencia la falta de un objetivo claro no solo en el futuro de la serie, sino en el de los propios héroes. Y eso, al final, lo que lleva es a una desconexión con la historia, que pierde interés a pasos agigantados. Ni las muertes relevantes ni el final de la temporada logran giros argumentales atractivos, sobre todo porque la propia ficción ya se encarga de anunciar sustitutos, lo cual, por cierto, suele salir mal cuando se ha intentado. Y es que el problema no es de carisma de sus protagonistas o de sus actores. No, el problema es mucho más profundo, conceptual si se prefiere, y está sujeto a las deficiencias arrastradas de temporadas previas que no se han solucionado o, al menos, no se han minimizado.

¿Y ahora qué?

Todo esto deja en una situación complicada a Sleepy Hollow. No solo ha descendido su calidad y el consecuente interés del público en la serie (ha registrado algunos de los datos más bajos de la temporada televisiva), sino que ha engrandecido algunos problemas de calado, lo que dificulta en gran medida el desarrollo normal de la trama. La solución habitual para este tipo de encrucijadas suele ser hacer borrón y cuenta nueva. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con Homeland en su tercera temporada, logrando un más que notable éxito. Pero el problema de esta serie era la deriva que habían tomado sus personajes. En el caso que nos ocupa es un problema argumental.

Habiendo perdido, como parece que ha perdido, el sentido final, esta ficción no puede mantener su carácter fantástico simplemente con recursos a elementos de la mitología o de las actuales religiones para ofrecer una nueva retahíla de criaturas a las que tienen que combatir los héroes. La serie todavía duda entre una estructura episódica al más puro estilo policíaco, o una trama estructurada por temporadas en la que cada acción tiene su consecuencia al final. La tercera temporada ha puesto de manifiesto, más que nunca, esa dualidad, y aunque su conclusión parece optar por la segunda opción, la sensación final que deja es la de una aventura de corte fantástico en la que cada caso corresponde a un episodio, sin que en muchas ocasiones tenga una influencia directa sobre el resto de la trama.

Cambiar personas, como de hecho se va a hacer en la próxima etapa, parece más una huída hacia adelante motivada por un desarrollo de los acontecimientos que no ha podido controlarse, o al menos preverse. Y puede salir bien. De hecho, puede ser la solución, pero siempre y cuando esté acompañada por una mejor definición de la trama, abandonando algunos vicios inherentes a su historia y recuperando, si es que es posible, la frescura de su primera temporada con historias nuevas con un calado y un trasfondo emocional lo suficientemente profundo para hacer que los personajes no se conviertan en unidimensionales, como ha ocurrido en estos episodios.

La tercera temporada de Sleepy Hollow, por tanto, puede verse desde varios puntos de vista diferentes. Por un lado, como una historia de transición, como un desarrollo algo desorientado pero necesario para reconducirlo el barco con nuevos personajes al frente. Por otro, como un descontrol del desarrollo argumental que ha obligado a redefinir algunos conceptos y a eliminar por el camino aquello que se consideraba un lastre. Y por otro, como una temporada que perfectamente podría haber puesto fin a la serie, aunque no habría hecho justicia con lo que se ofreció en los primeros episodios de la temporada inicial. Y hay muchas más interpretaciones, claro está, pero todas invitan a pensar que el futuro de la serie es incierto, pues incluso aunque se puedan solventar los problemas, recuperar la confianza de los espectadores es otro cantar.

‘Sleepy Hollow’ se desinfla en una 2ª temporada sin objetivos claros


Tim Mison y Nicole Beharie siguen luchando contra el mal en la 2ª T de 'Sleepy Hollow'.Mantener el interés de una serie con tramas episódicas puede ser, a veces, tan complicado como lograrlo con tramas desarrolladas en temporadas. Pero lograr el equilibrio entre ambas en una producción y no morir en el intento es, posiblemente, el más difícil todavía. A nadie debería extrañarle, por tanto, que la segunda temporada de Sleepy Hollow haya tenido numerosos altibajos, muchos provocados por una indefinición en algunos conceptos y otros por la falta de tramas convincentes más allá de la principal. Es cierto que la serie creada por Phillip Iscove, Alex Kurtzman, Roberto Orci (estos últimos responsables de la serie Fringe) y Len Wiseman (Underworld) ha sabido reinterpretar los mitos norteamericanos bajo una pátina religiosa, pero no ha logrado un desarrollo lineal claro.

Uno de los indicadores más significativos de este síntoma es el hecho de que muchos personajes secundarios entran y salen de la trama en función de las necesidades, sin tener una regularidad y sin lograr así una mínima identificación con sus personalidades. El caso más notable es el del rol de Matt Barr (serie Hatfields & McCoys), una especie de Indiana Jones que se dedica a suministrar armas y artefactos en la lucha contra el demonio. El problema es que su presencia no tiene un desarrollo claro, quedándose en una mera anécdota que termina con un episodio dedicado a su pasado. Y aunque es el caso más evidente, en líneas generales todos los secundarios adolecen de esta problemática, lo que impide que sus respectivas tramas se integren. La excepción sería el personaje de Orlando Jones (El circo de los extraños), si bien su historia da excesivos giros para la simplicidad de la propuesta.

Estos nuevos 18 episodios de Sleepy Hollow presentan una serie de logros interesantes. Narrativamente hablando, es justo reconocer que la serie ha sido consciente de sus posibilidades y ha sabido dar un giro dramático hacia la mitad de esta segunda temporada. Un giro que, en pocas palabras, rompe con lo establecido desde el inicio de la primera etapa, lo que evidencia una valentía enorme por parte de sus responsables. El problema es lo que ha llegado después. Sin un objetivo claro, la segunda parte de estos capítulos ha sido un constante vaivén sin un objetivo dramático claro, salvo tal vez allanar el camino hacia lo que vendrá en la tercera temporada, ya anunciada.

Esto no quiere decir, sin embargo, que no hayan existido buenas motivaciones en los personajes, algo que se ha labrado de forma inteligente y muchas veces sutil a lo largo de la temporada. La evolución del rol de Katia Winter (Una extraña entre nosotros), a pesar de ciertos excesos en su tramo final, ha permitido convertirla en una villana que podría haber dado mucho que hablar en el futuro, tanto por el poder que parece ostentar como por las relaciones que le unen a la pareja protagonista, pero cuyo final se precipitó al final de esta entrega de capítulos. Un final cuyas consecuencias deberían ser exploradas.

Regreso al origen

Como decía un poco más arriba, la segunda parte de la temporada ha carecido de la coherencia que sí tuvo la primera temporada de Sleepy Hollow. La presencia de demonios, ángeles vengativos, criaturas mitológicas y brujos poderosos ha abierto el abanico de posibilidades para la serie, es cierto, pero la ausencia de un objetivo concreto, de una misión para los dos protagonistas, ha creado una sensación de vacío. Sensación refrendada, por cierto, por la ausencia absoluta de uno de los pilares de la serie, el jinete sin cabeza. Su desaparición de la trama coincide, no por casualidad, con ese cierto caos dramático que se apodera de la ficción en su parte final. Su regreso, a tenor del final de temporada, debería generar nuevos conflictos que reaviven esa rivalidad entre Ichabod Crane (un cada vez más cómodo Tom Mison –La pesca del salmón en Yemen-) y el jinete.

Algo que nos lleva, básicamente, a reiniciar la serie, un concepto que queda patente con la elección del último episodio de la segunda temporada, toda una declaración de intenciones. Pero más allá de todo esto, si algo realmente bueno han tenido estos episodios es la evolución que han sufrido los protagonistas, cuya relación ha pasado por todo tipo de situaciones. Aunque en determinados momentos puede parecer algo folletinesca, lo cierto es que ha permitido sustentar con éxito toda la estructura dramática de la serie, incluyendo aquellos episodios más caóticos. La ausencia de un love interest al estilo más clásico ha permitido a sus creadores desarrollar otras líneas dramáticas que, unidas a algunos aspectos cómicos de la relación, han generado por sí solas los contrapuntos necesarios para aportar un tono más irónico a la historia.

Lo que la serie no ha perdido en ningún caso es su capacidad reinterpretativa de los mitos norteamericanos y de ciertos referentes de la ciencia ficción y la fantasía. Sin entrar a valorar todos y cada uno de ellos, sí es importante señalar que la fusión entre religión, creencias y hechos históricos ha seguido aportando algunos de los mejores momentos de la trama. El problema radica en que esto, aunque crea un entretenimiento inocente, no ahonda en las motivaciones y en los conflictos de una serie que parece que podría dar más de sí misma. La falta de tramas secundarias sólidas y que sean capaces de tener una vida independiente es, posiblemente, el mayor fallo de toda la producción.

Desde luego, esta segunda temporada de Sleepy Hollow se ha desinflado con el paso de los episodios. El giro argumental de mitad de etapa, aunque inesperado, no logra ser el revulsivo que cabría esperar, más bien al contrario: crea un vacío dramático que no llega a taparse en ningún momento, ya sea por falta de iniciativa o por la planificación de un reinicio de la serie en la tercera temporada. Sea como fuere, la falta de secundarios fuertes capaces de desviar la atención de la trama principal ha provocado que muchas veces la serie deambule por su propia propuesta, entreteniendo más que interesando, y perdiéndose en algunas líneas dramáticas cuya resolución ha demostrado la falta de objetivos. Habrá que esperar a la nueva etapa para confirmar si existe un plan más allá de lo visto hasta ahora.

‘Transformers’, el éxito de la colaboración entre humanos y robots


Optimus Prime es la gran estrella de 'Transformers', dirigida por Michael Bay.Hace unos días saltaba la noticia de que Transformers: La era de la extinción se ha convertido en la primera película del 2014 en superar los 1.000 millones de dólares de recaudación a nivel mundial. Y dado que el próximo 8 de agosto llega a los cines españoles, es un buen momento para repasar Transformers (2007), la película que dio origen a una de las sagas cinematográficas más rentables de los últimos tiempos, lo cual no significa que sea de las mejores. De hecho, esta nueva entrega, la cuarta en total, puede entenderse como un reinicio en muchos sentidos, lo cual da una idea del desgaste físico, artístico y creativo que han sufrido las aventuras de estos robots gigantes capaces de transformarse en todo tipo de aparatos eléctricos, principalmente vehículos.

A simple vista puede parecer que en líneas generales todas las películas, que por cierto cuentan con Michael Bay (La Roca) como director, son iguales, entregadas por completo a la acción y la destrucción desmedidas. Sin embargo, el original de hace siete años posee una serie de características que la convierten, con diferencia, en la mejor de todas. Y la primera de ellas es el guión escrito por Roberto Orci y Alex Kurtzman, guionistas de la serie Fringe y Star Trek (2009). Su libreto es un ejemplo perfecto de equilibrio entre trama, acción y humor, o lo que es lo mismo, los guionistas tratan de contar una historia entre las explosiones, la adrenalina y los cuerpos esculturales que suelen caracterizar las obras de Bay. Una historia que recoge el origen de la serie animada basada en estos juguetes de Hasbro y que aporta un trasfondo moral y humano a las máquinas protagonistas, acercando su naturaleza a algo comprensible para el espectador que desconozca estos juguetes de los años 80 del siglo XX.

Con una estructura dramática ajustada en su desarrollo, Orci y Kurtzman aprovechan dos tramas principales (militares y civiles) para sustentar la pesada carga de narrar una lucha intergaláctica entre dos grupos de robots gigantes. El hecho de introducir ambas líneas argumentales permite enriquecer el conjunto, en primer lugar, con los problemas corrientes del ser humano, representados por un Shia LaBeouf (Pacto de silencio) en estado de gracia; y en segundo lugar, con la relación entre humanos y robots, ésta basada tanto en la relación del protagonista con su coche como en la colaboración militar en la batalla final. Todo ello genera la sensación de estar ante una película en la que los humanos no son meros espectadores, sino que tienen una participación activa en el devenir de los acontecimientos, lo que al final no hace sino redundar en el resultado positivo del film.

Evidentemente, en este resultado también influye, y mucho, la labor de los actores, todos ellos magníficos en unos roles que nunca llegan a tomarse demasiado en serio a sí mismos y que, en consecuencia, aportan cierta comicidad al conjunto y restan gravedad o un exceso de seriedad a los acontecimientos que narra Transformers. Desde el propio LaBeouf hasta un histriónico John Turturro (Aprendiz de gigoló), todos los actores encuentran un cierto equilibrio en la dinámica de sus personajes, convirtiéndolos en iconos de personalidad que si bien no tienen demasiada gravedad dramática, sí son lo suficientemente completos como para encajar entre ellos y con los robots creados digitalmente. Puede que la única que desentone sea Megan Fox (Nueva York para principiantes), cuya labor no termina de resultar creíble en algunos momentos. Y esto no es únicamente un problema de la actriz.

Novedad digital

Aunque sin duda lo más relevante del film son sus efectos digitales. Unos meses antes de su estreno existía bastante expectación por comprobar si realmente podía resultar creíble que unos robots gigantes se transformaran en coches de tamaño corriente, tal y como se veía en la serie de televisión y en los juguetes con los que muchos de los espectadores, servidor entre ellos, habían crecido. El resultado salta a la vista. El realismo de dichas transformaciones, sobre todo el momento épico en el que Optimus Prime deja de ser un camión para convertirse en robot, es simplemente brillante. Aquí habría que hacer un pequeño paréntesis para hablar sobre la labor de Michael Bay en todo esto. El director de Dolor y dinero podrá ser muchas cosas. Es cierto que no destaca precisamente por historias de personajes, e incluso podría decirse que su cine es tan visual que elimina por completo el resto de componentes de una historia audiovisual. Pero incluso en esto hay que ser bueno, y Bay es el mejor.

Su forma de plantear la historia de Transformers en lo que a planificación se refiere es notablemente espectacular. Su uso de la cámara lenta en determinados momentos de la trama, principalmente en su batalla final, no solo permite una exhibición mayor de la calidad visual de los efectos, sino que aportan un mayor dramatismo y espectacularidad a los acontecimientos, que no por ello pierden un ápice de interés. Al fin y al cabo, y como decía al comienzo, esta primera entrega basa su éxito en que todos los elementos se supeditan a la historia. Una historia de acción, aventura y poca reflexión, es cierto, pero historia al fin y al cabo. Por poner un ejemplo, las dos continuaciones directas que tuvo esta película perdieron parte de esa esencia en favor de más efectos, más robots y combates más espectaculares.

No se trata, por tanto, de entrar a valorar si Bay es mejor o peor director que cualquier otro. Eso dependerá de quién sea el espejo en el que se mire. Pero lo que es innegable es su calidad como director de cine de acción, creando incluso una marca propia que patentó junto al productor Jerry Bruckheimer en varias de sus películas. Las persecuciones de coches, el uso de una notable banda sonora compuesta por Steve Jablonsky (serie Mujeres desesperadas) o ese maquillaje único que convierte a los actores en “personajes Bay” son algunas de sus señas de identidad. Y todos ellos, a pesar de repetirse película tras película, funcionan de tal modo que son capaces de convertir el guión más inverosímil en una épica aventura que incrusta al espectador en sus asientos.

Por desgracia, la evolución de la saga ha demostrado que tanto director como actores y equipo técnico no han tenido la energía necesaria para mantener el nivel, produciéndose una progresiva decadencia en las tramas y un aumento del número de efectos, sin que ello conlleve una mejora directamente proporcional. Puede que sea porque esta primera Transformers ofrecía novedad, pero eso no es motivo suficiente para que las demás películas pierdan calidad narrativa. De ahí la necesidad de “reiniciar” la saga con nuevos actores y personajes. En cualquier caso, la película de 2007 se revela como una épica aventura en la que todos los elementos son imprescindibles, y cuya trama es tan sencilla como directa. Su factura técnica es impecable, es cierto, pero incluso en este aspecto está al servicio de una historia cuyo trasfondo va más allá de un simple espectáculo.

‘Sleepy Hollow’ reinventa los mitos norteamericanos en su 1ª T


Nicole Beharie y Tom Mison deben luchar contra el Jinete sin cabeza en la primera temporada de 'Sleepy Hollow'.Es curioso cómo algunos relatos son capaces de traspasar las fronteras del tiempo para adquirir la categoría de mitos y, por extensión, desvirtuarse hasta convertirse en algo diferente. Me imagino que si Washington Irving, autor del cuento conocido como La leyenda de Sleepy Hollow, pudiese ver lo que ha dado de sí esta historia del jinete sin cabeza se sorprendería. Eso cuanto menos. Sobre todo si asistiese a esa transgresión tan deliberada de su obra que lleva por nombre Sleepy Hollow y que, a modo de serie, recupera la historia de Ichabod Crane y el jinete armado con un hacha que busca desesperadamente su cabeza. Aunque en realidad, esto es una mera excusa para algo mucho mayor. Habrá puritanos que tal vez queden decepcionados con el devenir de su primera temporada, pero los fans del fantástico encontrarán en ella uno de esos placeres que a veces da vergüenza anunciar a los cuatro vientos.

Y no debería ser así. Si bien es cierto que su factura técnica deja que desear en algunos momentos, esta serie creada por Alex Kurtzman y Roberto Orci (guionistas de Fringe, serie con la que comparte puntos en común) en colaboración con Phillip Iscove y Len Wiseman (Underworld) posee todos los elementos para convertirse en una aventura dinámica e interesante, capaz de sacar mucho rédito a una historia literaria más bien limitada. Es cierto que el episodio piloto da comienzo con los protagonistas de la historia original, pero ese es prácticamente el único punto en común. A partir de ese momento sus guionistas realizan un desarrollo dramático que incluye a brujas, demonios y el Apocalipsis bíblico, amén de un sinfín de mitos de la cultura norteamericana. Todo con un tono irónico que sobrevuela un tratamiento en clave de aventura policíaca con una atípica pareja protagonista.

En líneas generales, esta primera temporada de 13 episodios mantiene un alto nivel, lo que no quiere decir que no existan numerosos altibajos, fundamentalmente provocados por la profusión de personajes que poco a poco toman protagonismo en la trama y obligan a complicar no solo las relaciones personales de los protagonistas, sino las líneas argumentases secundarias, algunas ciertamente innecesarias. Tal es el caso, por ejemplo, del personaje interpretado por Orlando Jones (El circo de los extraños), un jefe de policía que hacia el final de esta primera etapa parece diluirse en su propia trama, perdiendo algo del protagonismo que parecía haber adquirido en favor de unos conflictos familiares que poco o nada aportan a la trama principal.

Claro que es un aspecto secundario. Sin duda uno de los mejores aciertos de la serie es la relación que se establece entre la aguerrida policía protagonista (rasgos de Nicole Beharie, vista en Shame) y el resucitado Ichabod Crane (Tom Mison –La pesca del salmón en Yemen-) como consecuencia de un hechizo que une su destino al del jinete sin cabeza. Ambos personajes dejan a un lado los senderos narrativos habituales en las parejas de policías de sexos diferentes para centrarse en los problemas que tiene Crane al vivir en un mundo que no comprende (con detalles tan originales como su primer contacto con un ordenador o su cara al ver que el agua se compra) o en el destino de ambos, llamados a ser los testigos que detendrán el fin del mundo. Gracias a esto, el espectador se encuentra ante una relación habitual en la pequeña pantalla pero narrada desde otro punto de vista.

Los senderos ocultos de la religión

Al inicio afirmaba que Sleepy Hollow tiene numerosos puntos en común con esa joya de la ciencia ficción llamada Fringe. Soy consciente de que sus temáticas son diametralmente opuestas, pero es que sus semejanzas no se encuentran en la trama, sino en la forma de desarrollarse. Por ejemplo, la joven protagonista deja su cuerpo de policía para formar una especie de unidad secreta de la que solo tienen conocimiento unas cuantas personas. Los casos, si bien es cierto que al comienzo parecen autoconclusivos, poco a poco van conformando una trama mayor. Y por si esto no significara mucho, la presencia de John Noble (El señor de los anillos: El retorno del rey), el inolvidable Walter Bishop, reafirma una cierta sensación de semejanza. Pero que nadie se lleve a engaño. Aunque su papel es una especie de consejero que lucha por el bien, su trama da un giro tan inesperado como interesante en el último episodio, y el mejor, de la temporada.

Por supuesto, las semejanzas terminan ahí. Porque si aquella serie abordaba las posibilidades de la ciencia, esta se centra más en las conspiraciones, leyendas y mitos en torno a los orígenes de Estados Unidos como país. Todo bajo la omnipresente presencia de la religión combinada con la brujería. ¿Y cómo encaja el jinete sin cabeza en todo esto? La respuesta, evidentemente, tiene mucho que ver con estos elementos, más concretamente con los 4 jinetes del Apocalipsis. En efecto, lejos de limitarse a tratar de desarrollar el mito literario capítulo tras capítulo (algo difícil de digerir, todo sea dicho), los autores optan por darle un pasado (se llega a conocer su verdadera identidad), unas motivaciones y un sentido que, creyentes o no, tiene más sentido y, lo más importante, ofrece más posibilidades narrativas.

Es más, la presencia del Jinete, como se le conoce en la serie, se vuelve más y más testimonial a medida que avanza el argumento. Es un muy buen punto de partida, y la verdad es que los primeros episodios en los que tiene presencia son de lo mejor de la serie. Su diseño, además, evidencia un intento por dotarle de una entereza única, mucho más convincente la de otras criaturas cuya participación no supera la historia episódica. Pero eso no quiere decir que el desarrollo dramático se enroque en sí mismo una y otra vez. Afortunadamente para la salud de la narrativa y para los espectadores, la historia apunta hacia cotas más lejanas desde un primer momento, y en estos primeros 13 episodios explora muchos caminos que nada tienen que ver con el cuento en el que se basa. Los personajes originales conservan nombres y profesiones, pero el mundo que se ha creado alrededor de ellos trasciende por encima de cualquier posible mención que exista en el relato de Irving.

Al final, Sleepy Hollow se revela como un entretenimiento puro y duro, una aventura fantástica con constantes referencias bíblicas que bebe de los mitos norteamericanos (como la que sitúa al general Washington al frente de una guerra por la salvación de la Humanidad). Es indudable que podría ser mejor, tal vez más oscura, y sin lugar a dudas con unos personajes más elaborados. Sobre todo teniendo en cuenta el exigente nivel de las producciones actuales. Pero eso no debería ser un impedimento para disfrutar de ella. Sobre todo con ese episodio final que rompe todos los esquemas planteados hasta ese momento y que deja abierta la puerta a una segunda temporada que, por lo menos, contará con la inestimable presencia del Jinete que busca su cabeza.

Avance de ‘The amazing Spider-Man 2’: tres por el precio de uno


En 'The Amazing Spider-Man 2' el trepamuros deberá enfrentarse a Electro, Rino y el Duende Verde.Desde hace varios días se anunciaba que las primeras imágenes en movimiento de The amazing Spider-Man 2 estaban a punto de ver la luz. Pues bien, el pasado jueves los seguidores de las aventuras del arácnido superhéroe de Marvel pueden disfrutar de dicho tráiler en el que lo más interesante, además de comprobar que se ha retomado el diseño más clásico del traje, es la presencia de tres villanos (Electro, Rino y Duende). Pero de eso hablaremos más adelante. Ahora, una breve sinopsis, si es que eso es posible.

Digo esto porque poco ha trascendido de su argumento. Lo que sí se conoce es que el guión, escrito por Alex Kurtzman y Roberto Orci (creadores de la serie Fringe) retoma el final de su predecesora, situando al protagonista en la encrucijada de su labor como superhéroe y su vida como Peter Parker, con todo lo que eso conlleva (promesas, familia, instituto, …). En este contexto el joven trepamuros continuará con su investigación de Oscorp, empresa para la que trabajaba su padre antes de morir y en la que descubrirá no solo importantes secretos, amén de enfrentarse a enemigos que parecen compartir un origen común.

Visualmente espectacular, como todas las películas sobre el personaje que se han hecho recientemente, la película sí parece aprovechar mucho mejor las ventajas que otorga la naturaleza de este superhéroe, algo parecido a lo que ocurrió con la primera y segunda película dirigidas por Sam Raimi (Posesión infernal). Prueba de ello es ese primer plano siguiendo la caída libre de Spider-man, quien por cierto sigue vistiendo un traje que no parece encajarle tanto como debería. Detalles aparte, lo que hay que destacar, al menos en el plano visual, es el personaje de Electro, interpretado por Jamie Foxx (Django desencadenado).

Siendo sincero, las primeras imágenes del actor caracterizado no parecían prometer mucho, y en cierto modo los momentos más estáticos del tráiler confirman esta idea. Sin embargo, las imágenes finales de este avance, con ese combate entre héroe y villano, trasladan magistralmente la dinámica de este tipo de confrontaciones, aprovechando al máximo las posibilidades que ofrece la electricidad y las características de uno de los personajes más atractivos del mundo del cómic. A todo esto habría que añadir el hecho de que tres villanos, con sus correspondientes desarrollos dramáticos y sus luchas individuales con el superhéroe, tengan cabida en una sola película. Evidentemente, habrá que esperar a ver el resultado, pero la experiencia previa de Spider-man 3 no fue particularmente buena (con la que parece compartir, además, un mayor uso de los efectos digitales).

The amazing Spider-Man 2, subtitulada en España como El poder de Electro, cuenta con todo el equipo del original, es decir, con Marc Webb [(500) días juntos] como director, Andrew Garfield (Nunca me abandones) como Spider-man, Emma Stone (Rumores y mentiras) como Gwen Stacy, Sally Field (Lincoln) como la tía May, además de apariciones de Martin Sheen (Infiltrados) y Denis Leary (Doble contratiempo). Aunque lo realmente interesante reside en las nuevas incorporaciones: Paul Giamatti (Templario), Dane DeHaan (Chronicle) y Chris Cooper (Pacto de silencio), además del ya mencionado Foxx. A continuación podéis ver el tráiler íntegro.

Vuelve la tripulación de la nave Enterprise… vuelve el villano favorito


Estrenos 5julio2013Al igual que ocurrió hace un par de semanas, la ciencia ficción y la animación acaparan casi toda la atención de los estrenos del viernes 5 de julio. Y al igual que hace dos semanas, los títulos forman parte de una historia reciente y clásica que buscan no solo atraer la atención de los más fieles seguidores, sino ampliar su campo de acción a nuevos nichos en estos tiempos de crisis que vivimos. Y también como ocurrió hace un par de viernes, llegan arropados por una serie de títulos independientes y europeos que harán las delicias de aquellos que busquen algo más que los grandes blockbusters del verano.

Desde luego, el estreno más esperado es el de Star Trek: En la oscuridad, secuela del reinicio dirigido en 2009 por J. J. Abrams (Super 8), quien también se hace cargo de este film antes de meterse en faena con la séptima parte de la saga Star Wars. El argumento de esta segunda parte da inicio cuando la tripulación de la nave Enterprise recibe la orden de regresar a casa. Es en ese momento cuando una fuerza especialmente dotada para la destrucción hace saltar por los aires la Flota y todo lo que representa. Comenzará entonces una persecución, una partida de ajedrez a vida o muerte, en la que todo será puesto a prueba. Señalar que el regreso es completo, desde los componentes formales que Abrams aportó a la serie hasta los actores y guionistas. Los habituales colaboradores del director, Roberto Orci y Alex Kurtzman (serie Fringe), se han encargado del guión junto a Damon Lindelof (Prometheus), mientras que frente a las cámaras tenemos a Chris Pine (Esto es la guerra), Zachary Quinto (Margin Call), Zoe Saldana (Colombiana), Karl Urban (Dredd), Simon Pegg (Misión Imposible: Protocolo fantasma), John Cho (serie FlashForward), Anton Yelchin (Noche de miedo) y Bruce Greenwood (El vuelo) como rostros conocidos. A estos habría que sumar la incorporación de Benedict Cumberbatch (serie Sherlock) como el villano de la función.

El otro gran estreno es, como ya hemos dicho, otra secuela, en este caso la de Gru 2: Mi villano favorito. En esta ocasión el protagonista de la cinta de animación, quien es de paso el mayor villano de todos los tiempos, deja su carrera como criminal internacional para hacerse cargo de las tres niñas que adoptó en la primera parte y para ayudar a una organización secreta a salvar el mundo. Repiten en este film dirigido especialmente a los más pequeños los directores de la primera entrega, Pierre Coffin y Chris Renaud, así como las principales voces del reparto original, Steve Carell (Crazy, Stupid, Love), Kristen Wiig (La boda de mi mejor amiga), Miranda Cosgrove (School of rock) y Russell Brand (Arthur), incorporándose además Benjamin Bratt (El mensajero) y Steve Coogan (Ruby Sparks), entre otros.

Dejando de lado los estrenos estadounidenses hay que destacar el regreso del director italiano Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso). Bajo el título La mejor oferta se presenta al espectador la vida de un experto en arte y agente de subastas que vive sus días en soledad y ajeno a sentimientos afectivos. Sin embargo, su rutina dará un vuelco cuando una joven con un extraño problema psicológico que le impide relacionarse le contrate para tasar unas obras que ha heredado de su familia. Drama romántico que está escrito por el propio Tornatore y que cuenta con un reparto verdaderamente atractivo: Geoffrey Rush (El discurso del rey), Jim Sturgess (Un amor entre dos mundos), Donald Sutherland (Los juegos del hambre), Sylvia Hoeks (Tirza) y Liya Kebede (El buen pastor).

Otro de los títulos interesantes es la coproducción de 2012 entre Canadá y Reino Unido titulada Hijos de la medianoche. Dirigida por la directora india Deepa Mehta (autora del film nominado al Oscar en 2007 Agua), y basada en la novela homónima de Salman Rushdie, la historia gira en torno a dos personajes que en el día de su nacimiento, la misma fecha en que India logró la independencia de Gran Bretaña, son intercambiados. Él, de familia rica, es entregado a una mujer pobre, cuya hija es entregada a los anteriores. Sus vidas quedarán vinculadas de tal modo que participarán en la tumultuosa vida del país. El reparto principal está integrado por Satya Bhabha (Scott Pilgrim contra el mundo), Shahana Goswami (Game), Rajat Kapoor (Apna Asmaan), Seema Biswas (Company) y Shriya Saran (Kutty).

Desde Canadá también nos llega El vendedor, película producida en 2011 y que supone el debut en el largometraje de Sébastien Pilote, autor también del guión. El argumento, como el propio título indica, gira en torno a un vendedor de coches en una ciudad industrial. Es el mejor en lo suyo y las únicas preocupaciones que tiene son su hija y su nieto. Sin embargo, el cierre de una fábrica le llevará a intentar vender los últimos coches que le quedan, algo que logrará con uno de los ex empleador de dicha industria. La venta desatará una serie de consecuencias que el propio vendedor no está preparado para asumir. Gilbert Sicotte (Les grands enfants), Nathalie Cavezzali (Les immortels), Jeremy Tessier y Jean-François Boudreau (El atraco del siglo) son los principales intérpretes.

Para finalizar, otro film del 2011, en esta ocasión procedente de Sudamérica, concretamente de Brasil, Chile y Argentina. Su título es Violeta se fue a los cielos, y narra la vida de la cantautora chilena Violeta Parra a través de los recuerdos que los hombres más importantes en su vida le han dejado, así como la influencia que han tenido en su arte y su forma de entender la vida. Basado en el libro de Ángel Parra, hijo de la cantautora, cuenta con un reparto integrado por Francisca Gavilán (Ulises), Thomas Durand (No toques el hacha), Christian Quevedo (Mala leche), Gabriela Aguilera (Mujeres infieles) y Roberto Farías (La buena vida).

‘Fringe’, la revolución de la ciencia ficción desde la pequeña pantalla


Hay series cuyo éxito les permite durar temporada tras temporada. Otras, simplemente, se quedan inconclusas en su primera o segunda entrega. El caso de Fringe, esa pequeña joya de la ciencia ficción que surge de las mentes de J. J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci, los responsables del reinicio de Star Trek, es para estudiar. Sin duda, es uno de los mejores productos televisivos de los últimos años. Personalmente, me parece mucho mejor que Perdidos, creada por el mismo equipo, y por supuesto mucho mejor que otras del mismo género. Y sin embargo, hace poco terminó su cuarta temporada con dificultades para sacar adelante la quinta y última planteada por sus creadores. Sin duda, todo tiene que ver con sus seguidores, mucho menos masivos que los de otras series, pero con el poder suficiente para demandar una conclusión digna. Y lo cierto es que se lo merece.

La serie protagonizada por Anna Torv (serie Vidas secretas) y Joshua Jackson (serie Dawson crece) no tuvo, empero, unos comienzos esperanzadores. Planteada inicialmente como casos aislados a resolver, el carácter fantástico de los mismos, la división secreta del FBI, la relación entre los protagonistas, etc., recordaban poderosamente a otro mito de la pequeña pantalla, Expediente X. Sin embargo, en plena primera temporada se suspendió la emisión para dar un giro radical a la trama, abandonando parcialmente el carácter autoconclusivo de los episodios y fomentando una historia mucho más compleja, con homenajes continuos a la ciencia ficción, a la física, la biología y las especulaciones científicas más sorprendentes. Y dieron en la diana.

Desde entonces, toda la serie ha girado en torno a la idea de dos universos paralelos que, por diversos motivos, cada vez están más conectados. Inolvidable resulta la imagen final de la primera temporada, con un Nueva York alternativo y las diferencias tan significativas que en dicha ciudad existen. Cada protagonista (a excepción del personaje de Jackson) posee un alter ego, un “yo alternativo” cuyas decisiones a lo largo de la vida han variado en algún momento, haciéndole ser similar pero distinto al mismo tiempo.

Errores del pasado

Si se analiza la obra de J. J. Abrams se puede apreciar una temática común a todos sus títulos: las decisiones del pasado influyen irremediablemente en el presente y en el futuro. Sin duda, Fringe aborda dicho concepto hasta rozar los límites de los imposible. Todo alrededor de un solo personaje, auténtico catalizador del desarrollo narrativo y, en cierto sentido, el verdadero atractivo de la serie. Me refiero, claro está, a Walter Bishop, el científico por el que los universos colisionan; el científico con la brillante mente capaz de resolver complejos crímenes o casos científicos y, al mismo tiempo, comer mientras hace una autopsia o relajarse cepillando a una vaca que tiene en el laboratorio.

Y aunque el personaje es ya de por sí extravagante, no sería nada sin la magistral interpretación de John Noble (El señor de los anillos: El retorno del rey), quien aporta ese grado de ingenuidad, culpabilidad y brillantez a un personaje tan atormentado por su pasado como culpable por el futuro que ha desencadenado con sus decisiones; todo con un toque de humor que, por suerte, restan gravedad a algunas situaciones y secuencias realmente tensas.

El cambio producido en el devenir de la serie ha sido no solo desarrollado, sino potenciado hasta el extremo en las siguientes temporadas. Con unos efectos visuales sencillamente impecables y un desarrollo de los personajes sorprendente, lógico y deseado, la serie no solo ha ido descubriendo nuevos conflictos, nuevos villanos y nuevos casos imposibles, sino que ha desarrollado un universo propio, un mundo en el que el pasado de todos los personajes está interconectado de un modo u otro, y en el que su futuro queda abierto a esa quinta temporada. Claro que, para aquellos que no hayan visto la serie, simplemente decir que esta cuarta temporada incluye una pequeña muestra de lo que podría ser ese futuro. Y todo apunta a que, de nuevo, revolucionará el concepto de ciencia ficción televisiva… y cinematográfica.

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