‘La maldición de Rookford’: traumas fantasmagóricos del pasado


Dentro del cine de terror, y más concretamente del cine con fantasmas como protagonistas, existe una línea narrativa que busca más la ambientación, la intriga y el terror psicológico que el simple susto con efecto sonoro de por medio. La maldición de Roockford, ópera prima de Nick Murphy, pertenece a ese primer grupo. Y si bien sus elementos componen una sinfonía de bellos paisajes e intrigas fantasmagóricas con niños y la influencia de la I Guerra Mundial de por medio, la sensación que queda una vez encendidas las luces es muy diferente de la que cabría esperar en este tipo de producciones.

Tal vez porque su trama recuerda vagamente a otros films como Los otrosEl orfanato o la reciente La mujer de negro, tal vez por un personaje central tan atractivo como diferente, lo cierto es que la cinta protagonizada por Rebecca Hall (El desafío – Frost contra Nixon) funciona de un modo que puede resultar inesperado en muchos sentidos. Y es que este personaje femenino presenta una inteligencia inusitadamente aguda para la época, desarrollando un método científico para desvelar los engaños de las sesiones de espiritismo. Una mujer que ha alcanzado tal grado de incredulidad que apenas se sorprende por nada y que, como si de Sherlock Holmes se tratara, es capaz de desvelar el verdadero carácter de cualquier supuesto fenómeno paranormal.

Sin duda, la buena labor de Hall da fuerza a un personaje que, poco a poco, se ve envuelto en una realidad que le resulta extraña no tanto por su carácter fantasmagórico, sino por desmontar todas sus creencias. El contexto social no es casual. Los soldados que volvieron de la Gran Guerra tenían un aire espectral, siendo considerados en muchas tertulias populares como auténticos fantasmas en vida, un elemento que termina por dar un sentido final a esta historia sobre la fe, la ciencia y los traumas reprimidos del pasado.

Con todo, y a pesar de la buena factura técnica y artística del film, que se aleja todo lo que puede del susto fácil (alguno que otro hay) para ahondar en el arco narrativo (con la casa de muñecas como elemento articulador de buena parte de la trama), la película deja un sabor agridulce provocado fundamentalmente por un final que parece querer emular a una obra de Shakespeare. Lo forzado de los acontecimientos de su resolución, que parecen producirse de forma harto apresurada, no hacen sino constatar una falsa necesidad de ser diferente, de querer distanciarse de otras cintas para erigirse como modelo. Y es una lástima, pues el film tiene todos los elementos necesarios para ser un más que decente producto (que lo es). Sin necesidad de finales románticos o melodramáticos, el relato ya consigue distanciarse del resto gracias a su protagonista y a unos personajes secundarios, con Dominic West (serie The Wire) e Imelda Staunton (Mucho ruido y pocas nueces) a la cabeza, que están irremediablemente marcados por una guerra tan traumática como violenta.

Nota: 6/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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