‘Martha Marcy May Marlene’: la hipocresía del egoísmo


Tendemos a pensar que los miembros de una secta son individuos que no piensan por sí mismos, que forman parte de una especie de mente colectiva dirigida por un líder que les indica lo que deben hacer, lo que está bien y mal. En cierto modo, así es, pero detrás de todo eso se esconde un elemento psicológico mucho más complejo que tiene más que ver con las necesidades y la capacidad de responder a ellas. El problema de pertenecer a una secta, por tanto, surge más al separarse de ella, encontrando que el mundo no responde de la misma manera a la imagen personal que cada uno tenemos de nosotros mismos.

El director Sean Durkin, que debuta en el largometraje con esta Martha Marcy May Marlene, así lo plantea a través de la complicada relación de dos hermanas que, después de algunos años sin contacto alguno, vuelven a encontrarse cuando una de ellas pide ayuda tras escapar la secta a la que pertenecía. Gracias a estos elementos, Durkin compone un drama de difícil digestión, con unos personajes que se ajustan poco a los cánones que conoce el común de los mortales y que, al mismo tiempo, terminan por resultar incluso vagamente reconocibles, si no al menos compresibles.

Así pues, la base del conflicto familiar se encuentra irremediablemente definida no tanto por el lavado de cerebro de una de las hermanas (al fin y al cabo, ha huido a raíz de un hecho atroz que presencia), sino por las ideas que su estancia en la secta ha plantado en su mente, y que germinan gracias a un poso que ya existía en el personaje. Poso, por cierto, compuesto por el egocentrismo más absoluto y la consecuente necesidad de que todo el mundo esté a su servicio o, por lo menos, a la espera de que levante el teléfono. La actitud de desdén y desprecio de una persona hacia los valores de las personas que la acogen demuestran la hipocresía de un entorno que, a pesar de mostrarse como una utopía de libertad, es en realidad una dictadura.

Sin duda, tanto la atmósfera elegida para la ocasión, que utiliza los tonos opacos, fríos y algo sucios para mostrar la forma de ver el mundo de esta Martha, Marcy May y Marlene (los tres nombres que recibe el personaje a lo largo del relato), como la magnífica interpretación de todos los actores, con especial mención a las dos hermanas, la emergente Elizabeth Olsen (Luces rojas) y la ya veterana Sarah Paulson (Serenity), son los dos componentes que dan fuerza a un guión que, por otro lado, utiliza el cinismo de los personajes y un realismo crudo y sin contemplaciones para mostrar el viciado mundo de la secta.

El film se convierte así en una apuesta arriesgada sobre lo profundo que pueden llegar a influir ciertos personajes en nuestras vidas, hasta el punto de bloquear las propias decisiones al tiempo que potencian un egoísmo vestido de amabilidad, gratitud y entrega al prójimo con hechos tan tergiversados como denominar a una violación una “purificación” o considerar el asesinato un “acto de amor”.

Nota: 7,5/10

Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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