‘La vida de Pi’: el colorido mundo de las religiones


Un tigre es el único superviviente que acompaña a Pi en su naufragio en 'La vida de Pi'.Haga lo que haga, Ang Lee (Brokeback Mountain) es un director que rara vez deja indiferente al espectador. Su cine podrá apasionar, decepcionar o generar rechazo, pero nunca será una obra superflua o simplista. Y desde luego, su nueva apuesta por el color y el drama de la supervivencia no desentona en este marco. Es más, supone todo un ejercicio visual sin comparación en los últimos años, pero ofrece al mismo tiempo una lectura profunda sobre el sentido de las múltiples creencias religiosas y su valor en la sociedad y en la propia existencia del ser humano.

Como suele ser habitual, lo más llamativo a simple vista es su narrativa formal y la amplia paleta de colores que Lee utiliza a lo largo del metraje. Azules, rojizos y blancos conforman un mundo único y aislado, ignoto para el espectador y habitado por criaturas conocidas pero observadas en un estado totalmente nuevo. Un colorido que hipnotiza al mismo tiempo que sorprende, y que en cierto modo es lo primero que se recuerda una vez encendidas las luces. Sin embargo, hay mucho más. Se podría decir que La vida de Pi es un estudio sobre las religiones en su sentido más sociológico. A través de la aventura de este joven hindú, cristiano y musulmán que naufraga con unos pocos animales (de los que al final solo queda un tigre de Bengala) se llega a descubrir que las creencias en un ser superior o, si se prefiere, en algo abstracto que rige nuestras vidas, no es más que la explicación más amable de los acontecimientos más terribles de la vida.

Gracias a una primera parte sencilla y algo cómica que puede hacerse larga en algunos momentos (debido principalmente a historias secundarias que no llevan a ningún lado), sobre todo si se espera con ansiedad el esperado desarrollo del naufragio, el director introduce al espectador a ese extraño mundo de las creencias religiosas, confrontadas en todo momento con las creencias científicas. Sin ese mosaico de la vida en la India sería difícil comprender todo lo sucedido a posteriori, aunque no es menos cierto que ese final algo abierto a la interpretación de cada uno da una nueva perspectiva a todo lo narrado durante las dos horas que dura el film. Puede que ese retraso en llegar al meollo de la historia sea uno de los pocos puntos débiles del film, que hubiera ganado algunos enteros más si se viera acortado en el inicio.

En cualquier caso, Lee ha conseguido con La vida de Pi una obra preciosista, reflexiva y emotiva a partes iguales, en la que lo importante no es tanto el resultado del viaje como lo aprendido durante el mismo. Poco importa si lo que se nos cuenta es cierto o no, si está exagerado o se atiene a lo que realmente ocurrió (aunque hay detalles que hacen inclinar la balanza claramente hacia un lado). Lo relevante es el hecho en sí: que un joven logró sobrevivir meses en medio del océano sin ningún conocimiento de náutica. Las lecciones de un entorno tan hostil como el mar, así como la necesidad de afrontar sus miedos y sus instintos animales más básicos, es lo realmente emotivo y dramático de la historia. Y en esto el relato sí tiene una única posible interpretación.

Nota: 8/10

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Acerca de Miguel Ángel Hernáez
Periodista y realizador de cine y televisión.

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