La 2ª T. de ‘El cuento de la criada’ desarrolla a los secundarios


Finalmente la segunda temporada de El cuento de la criada no ha logrado llevarse ningún premio en los Emmy de 2018, a pesar de las numerosas nominaciones tanto a la serie como a sus protagonistas. Y lo cierto es que, al menos estos últimos, sí habrían merecido algún reconocimiento en forma de estatuilla tras ver el trabajo realizado en los 13 episodios de esta segunda etapa. Unos episodios que, aunque sientan las bases de lo que parece será un futuro mucho más conflictivo, han tenido un desarrollo algo irregular e incluso irreal, y eso que hablamos de una ficción ambientada en un futuro distópico.

El principal problema de esta trama creada por Bruce Miller (Providence) a partir de la novela de Margaret Atwood es la sensación de estar en un bucle dramático que no solo parece que no acaba, sino que pierde fuerza a medida que se reproduce. Dicho de otro modo, la temporada comienza con un intento de huida de la protagonista interpretada de forma magistral por Elisabeth Moss (serie Mad Men) y termina exactamente igual. Y por el medio, al menos otro intento. Pero siempre se queda en eso, en intentos. Y en algunos casos por motivos que no terminan de encajar en el desarrollo del arco argumental, como si fuera necesario mantener a la protagonista dentro de este mundo religioso, gris y patriarcal para representar la lucha desde dentro contra el orden establecido. Evidentemente, dicha necesidad existe (la serie perdería buena parte de su sentido en caso contrario), pero lo que no es coherente es el modo en que se ha abordado.

Curiosamente, esto tiene varios efectos secundarios distintos según los personajes. La peor parada posiblemente sea la protagonista, en tanto en cuanto su personaje queda algo desdibujado respecto a la primera temporada, sin un rumbo claro que defina su recorrido en la serie. Tan pronto es una luchadora como se vuelve sumisa, como vuelve a enfrentarse a sus captores. Esos cambios, no por casualidad, se identifican con esa sensación repetitiva de la trama. En este sentido, también se difumina ligeramente el rol de Joseph Fiennes (Resucitado), cuya fuerza y amenazadora presencia se revela más bien como una personalidad que solo es fuerte ante aquellos que considera inferiores o ante los que no le plantan cara, aunque lo hace de un modo un tanto ambiguo.

Sin embargo, es el personaje de Yvonne Strahovski (Predator) el que crece de forma exponencial en esta segunda temporada de El cuento de la criada. El rol adquiere una infinidad de matices que enriquecen sobremanera la figura algo unidimensional que pudo verse en los primeros episodios, convirtiendo a esta mujer en una superviviente, en una luchadora no solo externa, sino sobre todo en su fuero interno, en el que sus convicciones y el apoyo a una causa se enfrentan a sus derechos como mujer, a su libertad individual como persona. Esta dualidad queda magistralmente mostrada en los últimos episodios, mutilación incluida, pero es algo que se construye con detalles, con conversaciones y con miradas a lo largo de toda la temporada. A todo ello se suma la impecable labor de la actriz, sin duda el gran atractivo de esta temporada.

La Resistencia toma la calle

Aunque posiblemente esa doble lectura que se aprecia en el tratamiento de personajes se note más en el modo en que se aborda la trama. Ya hemos explicado que, desde el punto de vista de la protagonista, el desarrollo dramático es circular, volviendo siempre al punto de partida por uno u otro motivo, y sin que eso tenga excesivas consecuencias negativas teniendo en cuenta el contexto en el que se producen. Ahora bien, de forma paralela se desarrolla una idea que ya se planteó en la primera temporada y que ahora toma cuerpo de un modo más evidente. Se trata de la red de resistencia que surge en la clandestinidad.

Resulta sumamente interesante estudiar el modo en que este elemento dramático adquiere forma, crece y se consolida en la trama de El cuento de la criada. Para empezar, el tratamiento de la misma cambia, pasando de un activo propio del thriller (se desconoce la identidad de sus miembros, por lo que todos pueden ser amigos o enemigos) a un motor dramático en estado puro. Un atentado, los viajes diplomáticos a otros países, las protestas y la presencia de más y más personas dentro de ese país dominado por el machismo religioso que luchan contra el orden establecido son las pinceladas que hacen avanzar la trama por un sendero algo diferente, más propio de una historia bélica que de un drama de suspense. Sin embargo, por ahora son eso, pinceladas, aunque viendo el modo en que finaliza esta segunda temporada es fácil imaginar que tendrá una mayor continuidad e impacto dentro del desarrollo dramático.

Lo que también deja esta etapa son nuevos elementos que ayudan a comprender lo ocurrido y, sobre todo, la estratificación social tan interesante que plantea la serie. Dicho de otro modo, la ficción ahonda en todo aquello que aporta el contexto, y lo hace integrándolo en la historia de un modo brillante. El funeral y el modo en que las criadas se visten, la boda obligada conjunta, el papel de las mujeres en la sociedad, etc. Incluso explora, aunque de forma algo indirecta, los acontecimientos previos a la creación de ese mundo religioso, la guerra y las víctimas de la misma, continuando de este modo con lo iniciado en la anterior temporada. Es importante comprender que con apenas un puñado de secuencias se puede construir una idea aproximada del pasado de la trama, permitiendo a sus creadores ampliar poco a poco esa idea del futuro distópico que presentan, y permitiendo igualmente introducir el pasado de los personajes, lo que termina por definirles mejor y, en cierto modo, modificar la percepción que el espectador tiene de ellos, a favor o en contra. En este sentido, las secuencias del rol de Strahovski en el pasado y la revelación que se produce en el lugar donde se esconde la protagonista al inicio de la temporada son buenos ejemplos.

Por tanto, lo que nos encontramos en la segunda temporada de El cuento de la criada es un producto que avanza en aspectos secundarios, construyendo un poco más el mundo en el que se desarrolla la historia de la protagonista, pero que se queda bloqueado en una especie de bucle con respecto al personaje de Moss. Esto genera una sensación extraña, a medio camino entre la espléndida ambientación y las ansias por conocer más de ese universo, y la frustración por ver a un personaje luchador dar bandazos en su determinación sin terminar de aprender de sus decisiones, así como la falta de represalias ante unos delitos que en otros casos han costado la muerte. Hay que entender que es la heroína y que su contexto dramático puede ser diferente, pero resulta poco creíble que no llegue a sufrir ni un mísero castigo por sus constantes desafíos. En cualquier caso, la trama sienta los pilares dramáticos de la siguiente temporada, en la que esperemos que tramas principales y secundarias vayan de la mano.

Anuncios

‘Predator (2018)’: regresa el cine de los 80


Es difícil enfrentarse a un clásico. Ya sea dirigiendo un remake o una secuela, cuando un film alcanza esa categoría el resultado de continuar su estela no suele ser demasiado satisfactorio. Las numerosas películas con el Depredador como protagonista son un buen ejemplo, de ahí que esta nueva secuela pueda generar, en principio, cierto recelo. Pero solo en principio.

De hecho, las dudas quedan resueltas en los primeros minutos de Predator gracias a un guión que tampoco se toma a sí mismo demasiado en serio y a un director, Shane Black (Kiss Kiss, Bang Bang) que vuelve a demostrar su pericia tras las cámaras dotando al conjunto de un dinamismo incomparable y constante, equilibrando perfectamente las secuencias de acción (algunas realmente espectaculares) con la mínima trama que sostiene la cinta. Sin embargo, nada funcionaría si la película no conociera al dedillo su lugar dentro de la saga. Esto permite al guión constantes referencias al film original de 1987, pero también homenajear un tipo de cine que parece extinguido, y que en cierto modo se recupera con la ironía suficiente como para que no se convierta en una amalgama de clichés.

Dicho de otro modo, la película entretiene, es dinámica y divertida, y contiene una violencia acorde a los nuevos tiempos. Todo ello, evidentemente, deja agujeros relativamente importantes en el guión que el espectador puede optar por engrandecerlos o por dejarse llevar y superarlos sin mayores problemas. Asimismo, la película introduce elementos un tanto fuera de lugar que no terminan de encajar del todo en el concepto original de la criatura. Pero dejando a un lado esas ideas, que por otro lado se pueden achacar a la evolución de los tiempos, lo cierto es que la cinta se revela como una digna secuela.

Desde luego, Predator es la mejor de las secuelas modernas, una historia sencilla pero bien construida, que introduce al espectador de forma directa en una espiral de acción, humor y violencia en la que los actores, todos ellos sin excepción, disfrutan como nunca, y eso se traslada no solo a sus personajes, sino al conjunto del relato. Con especial mención a Sterling K. Brown (Marshall) como villano de turno; sencillamente impecable. Se puede decir que la nueva cinta de Black es una regresión a un tipo de cine perdido, un cine de puro entretenimiento, de tramas lineales, con pocos puntos de giro pero bien construidas, y que a pesar de ciertas incongruencias de guión terminan dejando un buen sabor de boca.

Nota: 7/10

1ª T. de ‘El cuento de la criada’, una colorida distopía gris


Ha sido sin lugar a dudas una de las series de este año 2017. Y méritos no le faltan. The Handmaid’s Tale, o El cuento de la criada en español, la adaptación a la pequeña pantalla de la novela de Margaret Atwood, es un interesante trabajo visual, interpretativo y conceptual, de obligado visionado tanto para estudiantes del lenguaje audiovisual como para aquellos que quieran entender, aunque sea mínimamente, cuáles pueden ser los sentimientos de la mujer en una sociedad dominada por los hombres. Y aunque es evidente que esta distopía no deja de reflejar una situación llevada al extremo, este tipo de historias siempre suelen reflejar aspectos de la sociedad actual, lo que añade un elementos realmente inquietante a la trama de esta primera temporada de 10 episodios creada por Bruce Miller (serie Los 100).

Una trama que comienza cuando una mujer es capturada para convertirse en criada de un matrimonio. Lo que comienza siendo un acto atroz pronto se desvela simplemente como el comienzo de algo más brutal. Y es que en un futuro la Humanidad se ha vuelto estéril, y solo un grupo de mujeres son fértiles. En este contexto, la sociedad norteamericana ha sido tomada, en su mayoría, por una autocracia religiosa que somete a las mujeres a diferentes tareas; la de las criadas contempla, entre otras cosas, la de tener hijos para los líderes de la comunidad, que una vez al mes las violan bajo la excusa de realizar un rito contenido en las escrituras. La serie se centra en la historia de una de estas criadas.

Si el argumento de The Handmaid’s Tale ya es de por sí sumamente interesante, lo más llamativo, y al mismo tiempo más sutil, es el tratamiento visual de esta sociedad. Basado en un código de colores, el lenguaje visual utilizado explota al máximo las posibilidades expresivas de dicho código. Planos cenitales que muestran cómo el rojo de las criadas se mueve en bloque; movimientos de cámara que combinan rojo, verde, gris y negro de un modo casi armónico; y así sucesivamente. Sin embargo, lo más llamativo es que toda esta gama cromática se muestra ante el espectador de un modo apagado, sin el brillo que cabría esperar y siempre con una tonalidad gris en el ambiente, cuando no directamente oscura. Este contraste de colores vivos con la frialdad y la tristeza que transmiten los tonos grises viene a reflejar, en última instancia, el contraste interno de una sociedad presuntamente ordenada en la que las mujeres son sometidas, en la que la apariencia de felicidad y tranquilidad esconde una verdad mucho más atroz. En definitiva, el contraste que esconde una distopía.

La combinación de la apuesta visual con el contenido dramático de esta primera temporada conforma un todo extraordinario. Y es que más allá de la fuerza narrativa, el trasfondo de la serie es sin duda uno de los elementos más perturbadores de la pequeña pantalla. No me refiero tanto al diseño de la sociedad en sí; ni siquiera a la influencia religiosa o a determinados momentos de la trama, como aquellos en los que se planean los atentados terroristas que dieron lugar a esa nueva sociedad. No, lo perturbador es cómo todo ello no deja de ser una excusa para someter a las mujeres, para violarlas y utilizarlas como complace a los hombres, algunas para tener hijos, otras para ser sus cocineras, sus siervas o sus esclavas. Escenarios como el burdel al que solo tienen acceso los hombres y, sobre todo, el modo en que se va descomponiendo la careta de perfección de muchos personajes son sin duda los mayores hallazgos del relato.

Actrices y actores ante todo

Claro que todo ello no sería lo mismo sin un reparto en estado de gracia. Sobre todo de unos secundarios que sostienen, en buena medida, todo el contexto político, social y religioso que convierte a The Handmaid’s Tale en lo que es. Curiosamente, tanto Elisabeth Moss (serie Mad Men) como Joseph Fiennes (Hércules) resultan los menos atractivos del conjunto, al menos analizados de forma separada. Ella se convierte en el vehículo narrativo para exponer el mundo en el que vive, mientras que él representa, con todos sus matices, los contrastes de esa sociedad distópica, que se muestra de un modo pero que, de puertas adentro, es de otro totalmente diferente. Sin embargo, los momentos que ambos comparten juntos se convierten en los más reveladores del relato, evidenciando que ambos roles se necesitan el uno al otro no solo para crecer dramáticamente, sino para establecer la dinámica que necesita la serie.

Asimismo, es importante señalar el uso de la narrativa paralela que se establece con la voz en off del personaje de Moss. A través de esta especie de proyección de sus pensamientos sobre los acontecimientos que vive el espectador se adentra no solo en su personalidad, sino en el corazón de una sociedad corrupta, lo que ayuda a comprender mejor la dinámica de clases y la hipocresía de los líderes.

Mencionaba antes a los secundarios. En verdad, todos ellos son capaces de componer, por un lado, un mosaico clasista bajo un código de colores que enriquece la ya de por sí interesante historia del personaje de Moss. Pero es que, además, cada uno de forma individual define maravillosamente el estamento al que pertenece y los contrastes que en él se producen a medida que avanza la trama. Desde Yvonne Strahovski (serie Dexter) hasta Max Minghella (Ágora), todos los personajes son un reflejo de los debates morales y éticos que provoca la doble vara de medir de una sociedad creada solo para el dominio del hombre sobre la mujer. En este sentido, resulta especialmente destacable la labor de Madeline Brewer (serie Orange is the new black), cuyo rol como criada llevado a sus últimas consecuencias se puede considerar el detonante de un futuro apasionante para esta serie. La evolución de este rol es cuanto menos aplaudible, y desde luego es un modelo en el que fijarse para crear y hacer evolucionar un personaje.

No cabe duda de que The Handmaid’s Tale es una de las series del año, y si se mantiene el tono dramático y visual de esta primera temporada, terminará siendo una de las producciones más complejas e interesantes de los últimos años. Todo indica que así va a ser, pues el final de estos primeros 10 capítulos deja abiertas las líneas argumentales necesarias para desarrollar lo que cabe esperar de una historia como esta, es decir, profundizar más en las miserias y corruptelas de un sistema social y político aparentemente perfecto, y desarrollar la rebelión de estas criadas que una vez al mes son violadas para intentar dejarlas embarazadas. Una serie con muchas capas, a cada cual más compleja, que crean una historia capaz de atrapar al espectador en un mundo tan increíble como plausible.

La mente de J. Depp trasciende la guerra de Frankenstein


Estrenos 20junio2014El mes de junio está siendo bastante flojo. Tras tres semanas de estrenos el balance general presenta films que bucean en historias ajenas a las grandes superproducciones pero que, en un sentido u otro, terminan siendo fallidas. Las novedades de este fin de semana se quedan a medio camino entre ambas. Por un lado tenemos producciones con un claro objetivo comercial, mientras que por otro llegan también historias intimistas cuya razón de ser no es otra que contar algo con cierto calado dramático. El éxito o el fracaso de todas ellas se sabrá a mediados de la semana que viene. Ahora únicamente toca hablar sobre esos estrenos que se han repartido entre hoy, viernes 20 de junio, y ayer jueves. Comencemos por estos últimos.

Uno de los títulos más atractivos es Transcendence, thriller de ciencia ficción que vuelve a especular con la idea de la inteligencia artificial, el poder de la mente dentro de la máquina y la lucha por su supervivencia del ser humano contra su propia creación. En esta ocasión la historia se centra en un investigador de la inteligencia artificial que está a punto de desarrollar una máquina capaz de combinar la inteligencia colectiva de la Humanidad con las emociones y sensibilidades que caracterizan al ser humano. Sin embargo, su proyecto se verá truncado cuando un grupo de extremistas anti-tecnológicos atenten contra su vida y le dejen en coma. En un intento por salvarle su mujer y su mejor amigo deciden trascender su mente a la máquina, creando un ser completamente nuevo cuyas ansias de conocimiento pondrá en peligro la propia existencia. Dirigida por Wally Pfister, que debuta de este modo en la dirección después de años como cámara y director de fotografía (es el colaborador habitual de Christopher Nolan), la película cuenta con un reparto espectacular encabezado por Johnny Depp (El llanero solitario), Rebecca Hall (La maldición de Rookford), Paul Bettany (Margin call), Cillian Murphy (Luces rojas), Kate Mara (serie House of cards), Morgan Freeman (El caballero oscuro), Clifton Collins Jr. (Pacific Rim) y Cole Hauser (Objetivo: La Casa Blanca).

Muy distinto es el cariz de Yo, Frankenstein, que combina acción y mitología para contar cómo la criatura del Dr. Frankenstein ha logrado sobrevivir durante 200 años, pasando inadvertido en la sociedad actual hasta que se ve envuelto en una guerra por la Humanidad que también implica a las gárgolas. Será entonces cuando deba tomar una decisión, pues será él la pieza clave para la salvación o la extinción de los hombres. Con un aire a la famosa saga de vampiros y hombres lobo, Underworld (no por casualidad está producida por el mismo equipo), la obra está dirigida por Stuart Beattie (Mañana, cuando la guerra empiece) y protagonizada por Aaron Eckhart (Los diarios del ron), Yvonne Strahovski (serie Dexter), Miranda Otto (El señor de los anillos: Las dos torres), Bill Nighy (Desafío total), Jai Courtney (Divergente) y Socratis Otto (Sin rastro).

El tercer estreno norteamericano del jueves es El cielo es real, film basado en la novela de Todd Burpo y Lynn Vincent que, a su vez, recoge un hecho real que el primero vivió. La trama arranca cuando la familia de Burpo debe afrontar la delicada cirugía de emergencia a la que se somete su hijo pequeño, quien está a punto de morir. Su extraordinaria recuperación parece casi milagrosa, pero lo más sorprendente se revela cuando el niño empieza a hablar con total naturalidad de su viaje por el otro mundo, de la gente a la que conoció y de aquellos a los que todavía puede ver. Un intenso drama dirigido por Randall Wallace (Cuando éramos soldados), quien también participa en el guión, e interpretado por Greg Kinnear (serie Los Kennedy), Kelly Reilly (El vuelo), Thomas Haden Church (Un lugar para soñar), el debutante Connor Corum, Margo Martindale (serie The americans) y Lane Styles (Duda razonable).

Si miramos a Europa una de las novedades más interesantes es Amanece en Edimburgo, comedia musical inglesa con tintes dramáticos y románticos que llega precedida del éxito que tuvo la obra de teatro en la que se basa. Con Dexter Fletcher (Wild Bill) moviendo la cámara, la historia gira en torno a dos amigos que vuelven a la ciudad del título después de haber servido en Afganistán. Ambos son capaces de retomar sus vidas donde las dejaron gracias a unas parejas que les quieren y a unos padres cuya felicidad parece no tener límite. Sin embargo, la felicidad será puesta en peligro cuando un secreto del pasado amenace con destruir todas las parejas. En el reparto destacan nombres como los de George MacKay (Resistencia), Kevin Guthrie (Trash Humpers), Jane Horrocks (Born romantic), Peter Mullan (Caballo de batalla), Antonia Thomas (serie Misfits), Jason Flemyng (Grandes esperanzas) y Freya Mavor (serie Skins).

España presenta este fin de semana varias propuestas. Una de ellas es Perdona si te llamo amor, adaptación de la novela homónima de Federico Moccia que busca continuar el éxito de los anteriores intentos por llevar al cine este tipo de historias. En esta ocasión la trama arranca cuando un joven ejecutivo que parece tenerlo todo en la vida es rechazado por su novia. El duro golpe le lleva a entrar en una espiral de la que solo logra salir cuando conoce a una adolescente 20 años más joven. Entre los dos surgirá un amor imposible que, contra todo pronóstico, llevará a la pareja a descubrir una realidad desconocida para ambos. Joaquín Llamas, veterano director de televisión, debuta en el largometraje cinematográfico con este film protagonizado por Paloma Bloyd (La fría luz del día), Daniele Liotti (La herencia Valdemar), Irene Montalà (Insensibles), Lucía Guerrero (Grupo 7), Andrea Duro (Por un puñado de besos), Adrià Collado (La mujer del anarquista), Jan Cornet (Encontrarás dragones) y Cristina Brondo (Diario de una becaria).

También se estrena Sapos y culebras, película española del 2013 que aborda en clave dramática el vuelco que da la vida de una joven a raíz de la ruina de sus progenitores. Sin embargo, un botín oculto y unas grabaciones reveladoras pueden lograr que todo vuelva a ser como antes. Escrita y dirigida por Francisco Avizanda (Hoy no se fía, mañana sí), la obra cuenta con actores como Ariadna Cabrol (Dos billetes), Juanma Díez (serie Impares), Itxaso González, Alfonso Torregrosa (La vida mancha), Mikel Losada (El cazador de dragones) y Jon Ariño (Bosque de sombras).

La jaula dorada es una de las novedades francesas que aparecen este fin de semana en la cartelera española. Dirigida por Ruben Alves (Secretos de Estado), la cinta cuenta en clave cómica cómo una pareja de inmigrantes portugueses en Francia deben afrontar la difícil decisión de abandonar su vida para volver a su país. Y es que no solo han formado una familia en París, sino que su labor, ella como portera de un lujoso edificio y él como encargado de obra, es tan apreciada que los inquilinos harán lo impensable para evitar que se vayan. Rita Blanco (Noite Escura), Joaquim de Almeida (La conjura de El Escorial), Roland Giraud (Tres solteros y un biberón), Chantal Lauby (Antilles sur Seine) y Barbara Cabrita (Just Ines) son algunos de los integrantes del reparto.

Las novedades francesas en lo que a ficción se refiere se completan con Un cuento francés, comedia producida en 2013 que reflexiona sobre los cuentos de hadas y los finales felices. Todo comienza cuando una joven soñadora que cree en los príncipes azules y en la felicidad sin problemas conoce a un joven que reúne todas las cualidades. Convencida de que por fin ha encontrado lo que busca, su vida dará un vuelco cuando conozca a otro hombre del que también se enamorará. Para colmo, ambos están marcados por unas situaciones personales complejas y que dificultarán mucho el objetivo que la joven se ha marcado. Agnès Jaoui (Háblame de la lluvia) dirige, escribe y protagoniza el film, en el que también encontramos a Jean-Pierre Bacri (Para todos los gustos), quien colabora en el guión; Arthur Dupont (La cocinera del presidente), Agathe Bonitzer (Una botella en el mar de Gaza) y Benjamin Biolay (La mente).

Desde Francia también nos llega el primero de los documentales que aquí abordamos. Se trata de Mademoiselle C, relato que trata de dar una visión inédita y privilegiada del mundo de la moda a través de la vida de un icono de este mundo como es Carine Roitfeld, ex directora de Vogue durante 10 años. Modelos, actores y otros grandes nombres del showbusiness se dan cita en este film dirigido por Fabien Constant (The Vogue Paris Fashion Night Out), entre ellos Anna Wintour, Marion Cotillard (El caballero oscuro: La leyenda renace), James Franco (Juerga hasta el fin), la modelo Linda Evangelista o la cantante Beyoncé Knowles.

Viernes 20 de junio

Tres son las novedades que llegan hoy viernes a la cartelera. Una de ellas es la norteamericana Corrupción en el poder, thriller político del 2010 con dosis de comedia que se basa en uno de los casos más importantes de corrupción en Estados Unidos que involucró a lobbies y partidos políticos. La trama se centra en un lobbista republicano que se enriqueció mediante diversas estafas, fraudes y sobornos cuya base eran los pueblos indígenas a los que representaba en el Congreso. El director George Hickenloop (Dogtown) es el encargado de poner en imágenes la historia, mientras que el reparto cuenta con, entre otros, Kevin Spacey (American Beauty), Barry Pepper (Salvar al soldado Ryan), Kelly Preston (Sentencia de muerte), John Lovitz (Los calientabanquillos), Rachelle Lefevre (serie La cúpula), Ruth Marshall (Baby blues), Graham Greene (serie Defiance) y Jason Weinberg (Puck hogs).

Muy distinto es el cariz de New world, thriller ambientado en el mundo del crimen organizado y producido por Corea del Sur en 2013. Escrita y dirigida por Park Hoon-jung (Hyultu), la trama sigue el proceso de infiltración de un policía en una importante banda criminal. Tras ocho años logra convertirse en la mano derecha del número dos de la organización, pero la muerte del líder desata una lucha de poder que no solo pone en riesgo su misión, sino su propia vida. En medio de todo esto, otro policía busca aprovechar esta situación, para lo que pretende utilizarle de cebo. Violencia, acción e intriga se entremezclan en este film protagonizado por Lee Jung-Jae (El gran golpe), Choi Min-sik (Old boy), Hwang Jeong-min (Geomeun jip), Park Seong-Woong (Hit) y Song Ji-hyo (Some).

Terminamos con otro documental, en esta ocasión la producción española ¡Zarpazos! Un viaje por el Spanish  Horror, cinta escrita y dirigida por Víctor Matellano con la que debuta en el largometraje y que, además, se basa en el libro que él mismo ha escrito. A través de recuerdos, anécdotas y entrevistas de diferentes épocas y a personajes que vivieron o han estudiado el fenómeno, el film repasa la producción que a finales de los sesenta del siglo XX fue protagonista en el cine español, generando un determinado star system y propiciando, sobre todo, una salida al mercado internacional y una cierta influencia en producciones posteriores de todo el mundo.

‘Dexter’ empieza a vislumbrar su destino en la séptima temporada


'Dexter' terminará siendo detenido en la séptima temporada.Puede que no sea una producción que siempre dé lo mejor de sí misma. Para muchos, puede que ni siquiera llegue a la altura de otros títulos que surgieron en sus mismas fechas o hace más bien poco. Pero si algo hay que reconocer a Dexter es que, tras siete temporadas, ha mantenido el interés gracias a una combinación de ingenio, crimen, violencia y drama tan original como increíble. ¿O tal vez no es tan increíble? Ya dijimos aquí que la sexta temporada finalizaba con una revelación impactante que involucraba a la hermana del protagonista y a ese “oscuro pasajero” que acompaña a este forense/asesino en serie, y que no era otra que el descubrimiento de las actividades nocturnas del personaje. Sí, fue uno de los mejores finales de la televisión y de la serie (tal vez, junto a la muerte de la esposa en la bañera), pero asomaba a Dexter a un precipicio que debía ser cruzado de forma muy cautelosa para no caer en el ridículo más absoluto o en la fantasía menos creíble.

Aunque podamos considerar que la serie, en su conjunto, posee los suficientes atractivos para ser considerada una de las mejores de la parrilla, no es menos cierto que en todos estos años la factura narrativa no ha sido demasiado regular. Es difícil conseguirlo si se tienen en cuenta la cantidad de tramas secundarias y principales que existen, amén de la amplia lista de criminales que han pasado por la mesa plastificada de este “entrañable” asesino. La producción ha dado tumbos desde su vertiente más sangrienta hasta sus elementos más personales, desde el aspecto más visual de los crímenes a las diatribas morales de su protagonista. Y normalmente ha sido alternando las temporadas. Por eso esta séptima temporada, penúltima de las aventuras del buen criminal de Miami, tenía tanto interés.

A todas luces, se preveía que tendría que abordar los conflictos personales y sociales del protagonista, el ya inolvidable Michael C. Hall (Gamer). Y lo cierto es que así ha sido. Nada de asesinatos brutales; nada de perseguir a un importante criminal. Al menos no de forma prioritaria a lo largo de los 12 capítulos (lo que no implica que no hayan existido, y con colaboraciones como la de Ray Stevenson). La única caza y captura ha sido la del propio Dexter a raíz de un descuido que le lleva a querer romper ese código tan sagrado que mantiene a raya sus ansias de matar.

Con todo y con eso, que nadie piense que esta temporada ha sido de las menos interesantes. Ni mucho menos. Tanto su comienzo como su final la convierten por méritos propios en una de las más interesantes, si no la más interesante, además de realista (si es que ese término se puede aplicar a una serie como esta). Si en el primer episodio retoma ese impactante final de la anterior temporada, la conclusión del capítulo 12 es igualmente memorable, involucrando de pleno al personaje de Jennifer Carpenter (Ex-Girlfriends) en el oscuro mundo de Dexter con un asesinato que, curiosamente, permite al protagonista mantener intacto su código… al menos técnicamente.

El amor incomprensible

Como decimos, la mirada de esta anteúltima temporada se centra sobre todo en la psique del protagonista, y no tanto en los asesinatos. Y como ha sucedido en otras temporadas, para ello han introducido a un personaje femenino aún más enfermizo si cabe que los anteriores (a excepción de su mujer), capaz de aceptar todo lo que es, comprenderlo y amarlo. Claro que ella, interpretado por Yvonne Strahovski (Asesinos de élite), es casi peor que él. Y, de nuevo, el carácter de Dexter choca contra lo que considera una salida a su soledad y oscuridad.

Y es que eso es, posiblemente, lo que mejor define al personaje. Más allá de su código, de sus asesinatos de criminales o de su defensa de aquellos a los que ama, lo que mejor permite definirle es su forma de interactuar con aquellos personajes que parecen comprenderle. Mientras todos se mueven por venganza, por miedo, por lujuria o por autodefensa, el protagonista va más allá en su comprensión del crimen para convertirlo en algo inherente a él, en una necesidad irracional, casi ancestral, de acabar con todos los criminales de su ciudad. Forma parte de él como puede hacerlo cualquier extremidad. No es, por tanto, una curiosidad, un mecanismo de defensa o un descuido. Es él, simple y llanamente, algo que en esta temporada se desarrolla con mucho acierto.

Ahora solo queda esperar a lo que acontecerá en la octava y última temporada. Con un Dexter que ha violado su código y ha arrojado luz sobre su “oscuro pasajero” solo para descubrir que es él mismo, y con una hermana involucrada de lleno en su faceta criminal, todo puede ocurrir. Tal y como se ha desarrollado la séptima temporada, con las expectativas creadas y el nivel que ha alcanzado la serie en lo referente a la complejidad emocional y dramática, va a ser complicado aceptar cualquier final de serie. Aventurando un poco, lo más probable es que todo termine más o menos bien, pero eso sería un ejercicio de hipocresía bastante notable a tenor del cariz cada vez más sombrío que está adquiriendo la serie.

En cualquier caso, Dexter ha huido de una temporada al uso para echar toda, o casi toda, la carne en el asador. Por fortuna, los guionistas han afrontado la nueva relación fraternal con una seriedad inusitada, abordando un proceso de cambio tanto en el protagonista como en su hermana (por cierto, el de esta última mucho más interesante). El problema es que los acontecimientos parecen escaparse cada vez más de las manos de los creadores, derivando en una sorprendente y algo esperada confluencia de líneas argumentales que va a suponer, si es que eso es posible, un mayor trabajo que esta interesante séptima temporada.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: