‘Aviones’: volando raso para superar la meta


Disney retoma el mundo de 'Cars' en el aire con 'Aviones'.Durante los últimos años el cine de animación está asistiendo a una transformación muy interesante. Pixar, que fue absorbida por Disney, está viendo el gigante del cine para todos los públicos está realizando cine de animación por su cuenta, en muchas ocasiones de segunda división. Son cintas que no aportan ninguna novedad a la técnica y cuyos guiones son para niños… en el peor sentido posible. Su nueva película pertenece a esta nueva categoría, pues si bien es cierto que entretiene y está muy bien realizada, su único destino es tener entretenidos a los más pequeños durante un rato para que sus padres puedan descansar.

Esto no debería sorprender a nadie. El hecho de que la propia película se promocione como una especie de spin-off de Cars (2006), una de las cosas más flojas que ha hecho Pixar, ya anuncia al espectador que no va a encontrar novedad alguna en sus imágenes. Si acaso redescubrir la facilidad con la que se logran texturas y animaciones de elementos como el agua. Pero poco más. A estas alturas, valga la expresión, la originalidad de ver un mundo poblado únicamente por coches, aviones y otros medios de transporte ha quedado anticuada, por lo que la película puede ofrecer poco en ese aspecto.

Por otro lado, el desarrollo dramático de la historia se reduce a la mínima expresión. Bajo el prisma de la moraleja acerca de perseguir y lograr los sueños sea cual sea nuestra condición (incluso siendo un avión y teniendo miedo a las alturas) el film utiliza una trama mil y una veces vista, con personajes ya conocidos y resultados demasiado familiares. Es más, en alguna ocasión recuerda a un antiguo corto animado de Disney acerca de un avión de correo y su misión en una lluviosa noche. Pero hay que reconocer que todo esto se ve desde el punto de vista de un adulto. Para los más pequeños será una delicia que, por fortuna, se aleja de ese humor soez que tanto predomina últimamente en el cine.

Puede que la animación no destaque como la de otras propuestas Pixar, entre otras cosas porque el estudio no participa de forma oficial; y puede que su argumento no sea el más original. Pero Aviones entretiene. Es cierto que más a los niños que a sus padres, pero consigue unas espectaculares escenas de piruetas en pleno vuelo. Una película para todos los públicos de corte clásico que aunque no satisfaga las expectativas de los mayores hará las delicias de los pequeños.

Nota: 5/10

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‘El vuelo’: la heroica pirueta del alcoholismo


Denzel Washington deberá responder por el accidente de 'El vuelo'.Han tenido que pasar 12 años para que Robert Zemeckis (Cuento de Navidad) vuelva a trabajar en una película “realista”, de carne y hueso. Casualidad o no, la última fue Náufrago, en la que Tom Hanks (Big) se las veía y deseaba para sobrevivir en una isla después de sufrir un accidente de avión. Algo parecido le ocurre a Denzel Washington (Plan oculto) en la nueva propuesta de Zemeckis… al menos desde un punto de vista conceptual. Pues si en aquella el naufragio era físico, en El vuelo el naufragio es moral y psicológico, empujando al protagonista a una soledad autoimpuesta a pesar de la proeza conseguida.

Dicha proeza, por cierto, se toma su tiempo; prácticamente todo el primer acto. Y lo hace con la fuerza narrativa y la sencilla espectacularidad que caracteriza a Zemeckis. El desarrollo del fallo aéreo y las decisiones que se toman en el avión generan toda una corriente de tensión y ansiedad que permite acercarse a la angustia de estar ante las puertas de la muerte. Desde luego, no es recomendable para aquellos espectadores con miedo a volar. El principal escollo del relato, empero, viene provocado por la fuerza de dicho primer acto. Más allá de la intensidad de la secuencia, los acontecimientos que se muestran en pantalla antes y después dan pie a pensar que la trama se moverá por una especie de intriga en torno al alcoholismo.

Y aunque se intenta dirigir la atención por esos derroteros, la naturaleza del argumento lleva a los personajes por un camino mucho más personal y, en cierto modo, innecesario y menos interesante. No cabe duda de que el absoluto protagonista es Washington, y desde luego hace méritos para ello. Su trabajo es brillante, perfecto incluso (sobre todo hacia la resolución del conflicto principal), en lo que se refiere a ese viaje a los infiernos del alcohol y las drogas, pero termina por diluirse en tramas secundarias que no llegan a una clara conclusión.

Ese desarrollo irregular, con todo, no oculta la verdadera moraleja de la historia, la cual plantea un debate moral tan interesante como interminable. Sí, el protagonista es un alcohólico y drogodependiente, pero incluso en ese estado es capaz de salvar cerca de 100 vidas con una pirueta propia de los espectáculos de aviación. Del espectador depende aceptar o rechazar la conclusión del film, que aquí no desvelaremos. Sea cual sea dicha respuesta, lo que es incuestionable es que la vuelta de Zemeckis a la imagen real es un producto que podría haber dado más de sí, pero que en apenas media hora clava al espectador en su asiento hasta que se encienden las luces.

Nota: 7,5/10

‘Superman’, un superhéroe emocionalmente comprometido


Uno de los sueños más comunes en el ser humano es poder volar sin la ayuda de artilugios o aparatos. Por eso, cuando en 1978 Superman llegó a las pantallas de todo el mundo, su frase promocional era clara y directa: “Creerá que un hombre puede volar”. Pasados más de 30 años, con unas tecnologías de última generación y poco novedoso por ver en una pantalla, la historia de aquella película, así como sus efectos especiales ganadores de un Oscar, siguen hipnotizando a los espectadores y cada nueva generación que se acerca a su mito. Y eso, claro está, no depende solo de que un hombre vuele con una capa roja.

La cinta, dirigida por el maestro Richard Donner (Arma letal), encuentra su fortaleza básicamente en un guión hilado a la perfección que, además, tiene su continuación en la segunda entrega también protagonizada por el malogrado Christopher Reeve, rostro único y verdadero del superhéroe perfecto (por mucho que otros hayan querido emularle, el carisma que desprende es incomparable). Una historia que, lejos de resultar tediosa o excesivamente abandonada a un abuso de los efectos especiales, apuesta más por el lado humano de este superhombre que, en realidad, es un alienígena. Un lado humano que aparece bajo la forma de Clark Kent, alter ego de Superman, y viceversa.

Puede que fuera por un presupuesto ajustado o por una necesidad de evitar hacer el ridículo por el abuso de efectos, lo cierto es que la presencia de Superman, que sobrevuela toda la película, es limitada a unos pocos momentos, la mayoría concentrados en el tramo final. Esto permite a Donner abordar con mucha más naturalidad el proceso de creación del superhéroe, y permitir una comprensión más profunda del lado humano de este hombre regido por la verdad y la justicia. Y es esto también lo que, en cierto modo, hace creíble que un hombre, sin más poder que su inteligencia para el crimen, sea capaz de poner en jaque a un ser prácticamente invulnerable (salvo la consabida kriptonita).

Pero si de algo puede enorgullecerse el film es del reparto, convertido en todo un acontecimiento ya en aquel momento. A la presencia de un por entonces desconocido Reeve se suma la de Gene Hackman (A la caza del Octubre Rojo) como Lex Luthor, el archivillano; Margot Kidder (La última señal) como Lois Lane, reportera y amor de Superman; Marlon Brando (El padrino) como el padre biológico del superhéroe; y Glenn Ford (Gilda) como su padre terrestre. Eso por no mencionar secundarios como Ned Beatty (La guerra de Charlie Wilson) como la mano derecha de Luthor, y Terence Stamp (Destino oculto) como el general Zod, cuya presencia es meramente testimonial (en la segunda entrega se convierte en el villano).

El hombre perfectamente imperfecto

Con todo, uno de los elementos más interesantes de la película, y lo que aporta un auténtico sentido a la historia, es la “flaqueza” del protagonista. En efecto, en varios momentos se menciona que Superman no debe involucrarse en el destino de las personas. Y en casi otros tantos desobedece la advertencia. Una actitud que, más allá de suponer un conflicto interno o una sorpresa en la trama, se revela como un componente emocional de gran calado que permite la identificación con el héroe y, al mismo tiempo, una comprensión de su propia dimensión en la que, a pesar de sus fantásticos poderes, es incapaz de impedir la muerte de la mujer a la que ama.

Evidentemente, dichos sentimientos pasan por el componente amoroso, que lleva al hombre de acero no solo a involucrarse con el destino de los individuos, sino a modificar el espacio-tiempo para salvar a la persona que ama y con la que sabe que no podrá compartir un futuro, al menos uno inmediato. Es en este sentido en el que la cinta muestra su gran baza. El carácter de Superman viene marcado por dos sentimientos tan encontrados y al mismo tiempo tan relacionados como el amor y el dolor.

La capacidad de sentir, de manifestar emociones a través de unos actos tan desesperados como retroceder en el tiempo, es lo que hace a este personaje uno de los más interesantes de la historia del cine, y puso las bases para todo lo que llegaría después, incluyendo las más recientes adaptaciones de cómic. Unas supieron manejar ese equilibrio entre la emoción y el carácter superheróico; otras, simplemente, fueron una excusa para lucir al actor de turno o para evidenciar la evolución de los efectos especiales.

Nada de eso importa realmente. Superman fue, es y será el modelo a seguir para todo aquel que quiera mostrar a un superhéroe en pantalla. Su influencia ha sido tan honda que numerosos planos se han homenajeado en otras adaptaciones (como la apertura de la camisa para dejar ver el logo en Spider-man). Por no hablar de la banda sonora a cargo de John Williams, un auténtico himno que define al personaje casi más que su atuendo azul y rojo. Y eso no lo consiguen muchas películas. Sean del tipo que sean.

Diccineario

Cine y palabras

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