‘Dexter’ empieza a vislumbrar su destino en la séptima temporada


'Dexter' terminará siendo detenido en la séptima temporada.Puede que no sea una producción que siempre dé lo mejor de sí misma. Para muchos, puede que ni siquiera llegue a la altura de otros títulos que surgieron en sus mismas fechas o hace más bien poco. Pero si algo hay que reconocer a Dexter es que, tras siete temporadas, ha mantenido el interés gracias a una combinación de ingenio, crimen, violencia y drama tan original como increíble. ¿O tal vez no es tan increíble? Ya dijimos aquí que la sexta temporada finalizaba con una revelación impactante que involucraba a la hermana del protagonista y a ese “oscuro pasajero” que acompaña a este forense/asesino en serie, y que no era otra que el descubrimiento de las actividades nocturnas del personaje. Sí, fue uno de los mejores finales de la televisión y de la serie (tal vez, junto a la muerte de la esposa en la bañera), pero asomaba a Dexter a un precipicio que debía ser cruzado de forma muy cautelosa para no caer en el ridículo más absoluto o en la fantasía menos creíble.

Aunque podamos considerar que la serie, en su conjunto, posee los suficientes atractivos para ser considerada una de las mejores de la parrilla, no es menos cierto que en todos estos años la factura narrativa no ha sido demasiado regular. Es difícil conseguirlo si se tienen en cuenta la cantidad de tramas secundarias y principales que existen, amén de la amplia lista de criminales que han pasado por la mesa plastificada de este “entrañable” asesino. La producción ha dado tumbos desde su vertiente más sangrienta hasta sus elementos más personales, desde el aspecto más visual de los crímenes a las diatribas morales de su protagonista. Y normalmente ha sido alternando las temporadas. Por eso esta séptima temporada, penúltima de las aventuras del buen criminal de Miami, tenía tanto interés.

A todas luces, se preveía que tendría que abordar los conflictos personales y sociales del protagonista, el ya inolvidable Michael C. Hall (Gamer). Y lo cierto es que así ha sido. Nada de asesinatos brutales; nada de perseguir a un importante criminal. Al menos no de forma prioritaria a lo largo de los 12 capítulos (lo que no implica que no hayan existido, y con colaboraciones como la de Ray Stevenson). La única caza y captura ha sido la del propio Dexter a raíz de un descuido que le lleva a querer romper ese código tan sagrado que mantiene a raya sus ansias de matar.

Con todo y con eso, que nadie piense que esta temporada ha sido de las menos interesantes. Ni mucho menos. Tanto su comienzo como su final la convierten por méritos propios en una de las más interesantes, si no la más interesante, además de realista (si es que ese término se puede aplicar a una serie como esta). Si en el primer episodio retoma ese impactante final de la anterior temporada, la conclusión del capítulo 12 es igualmente memorable, involucrando de pleno al personaje de Jennifer Carpenter (Ex-Girlfriends) en el oscuro mundo de Dexter con un asesinato que, curiosamente, permite al protagonista mantener intacto su código… al menos técnicamente.

El amor incomprensible

Como decimos, la mirada de esta anteúltima temporada se centra sobre todo en la psique del protagonista, y no tanto en los asesinatos. Y como ha sucedido en otras temporadas, para ello han introducido a un personaje femenino aún más enfermizo si cabe que los anteriores (a excepción de su mujer), capaz de aceptar todo lo que es, comprenderlo y amarlo. Claro que ella, interpretado por Yvonne Strahovski (Asesinos de élite), es casi peor que él. Y, de nuevo, el carácter de Dexter choca contra lo que considera una salida a su soledad y oscuridad.

Y es que eso es, posiblemente, lo que mejor define al personaje. Más allá de su código, de sus asesinatos de criminales o de su defensa de aquellos a los que ama, lo que mejor permite definirle es su forma de interactuar con aquellos personajes que parecen comprenderle. Mientras todos se mueven por venganza, por miedo, por lujuria o por autodefensa, el protagonista va más allá en su comprensión del crimen para convertirlo en algo inherente a él, en una necesidad irracional, casi ancestral, de acabar con todos los criminales de su ciudad. Forma parte de él como puede hacerlo cualquier extremidad. No es, por tanto, una curiosidad, un mecanismo de defensa o un descuido. Es él, simple y llanamente, algo que en esta temporada se desarrolla con mucho acierto.

Ahora solo queda esperar a lo que acontecerá en la octava y última temporada. Con un Dexter que ha violado su código y ha arrojado luz sobre su “oscuro pasajero” solo para descubrir que es él mismo, y con una hermana involucrada de lleno en su faceta criminal, todo puede ocurrir. Tal y como se ha desarrollado la séptima temporada, con las expectativas creadas y el nivel que ha alcanzado la serie en lo referente a la complejidad emocional y dramática, va a ser complicado aceptar cualquier final de serie. Aventurando un poco, lo más probable es que todo termine más o menos bien, pero eso sería un ejercicio de hipocresía bastante notable a tenor del cariz cada vez más sombrío que está adquiriendo la serie.

En cualquier caso, Dexter ha huido de una temporada al uso para echar toda, o casi toda, la carne en el asador. Por fortuna, los guionistas han afrontado la nueva relación fraternal con una seriedad inusitada, abordando un proceso de cambio tanto en el protagonista como en su hermana (por cierto, el de esta última mucho más interesante). El problema es que los acontecimientos parecen escaparse cada vez más de las manos de los creadores, derivando en una sorprendente y algo esperada confluencia de líneas argumentales que va a suponer, si es que eso es posible, un mayor trabajo que esta interesante séptima temporada.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: