‘Misión: Imposible. Fallout’: más imposible que nunca


Creo que nadie auguraba en 1996 que la adaptación de Brian de Palma (Misión a Marte) de la famosa serie de televisión Misión: Imposible daría, más de 20 años después, hasta cinco continuaciones y millones de euros en ingresos para una franquicia que, a diferencia de muchas otras, ha sabido reinventarse cuando ha sido necesario pero siempre manteniéndose fiel a un estilo y unos elementos básicos. Esta sexta entrega es la última evidencia de lo bueno y lo malo de esta saga.

La cinta dirigida por Christopher McQuarrie, director de la anterior entrega, continúa en cierto modo los acontecimientos de esta con un estilo áspero en su narrativa y espectacular en su puesta en escena. Con secuencias de acción brillantemente ejecutadas (la pelea en el baño deja sin palabras), la trama vuelve a recurrir al engaño y la intriga para construir toda una persecución en la que, por momentos, no se sabe si los protagonistas son perseguidores o perseguidos. El hecho de que se recupere un villano como el interpretado por Sean Harris (Un lugar solitario para morir) ya da una idea del tono sombrío de la historia, de nuevo con agentes infiltrados y traiciones a las más altas instancias de la inteligencia mundial.

En este sentido, esta nueva ‘Misión: Imposible’ hace honor a su nombre, estructurando milimétricamente la trama para dosificar los giros argumentales en un exitoso intento por hacer que el ritmo no decaiga. Sin embargo, un elemento falla, y es la presunta sorpresa por conocer la identidad del villano que acompaña a Harris en esta historia. Si uno es un poco atento a los planos utilizados por el director, la identidad queda revelada casi al final del primer acto, lo que deja alrededor de dos horas de metraje en las que las presuntas sorpresas quedan completamente anuladas. De ahí que la apuesta por la acción sea tan importante, pues sin ella posiblemente la cinta se desinflaría a marchas forzadas. Acción, por cierto, que se descontrolada en su tramo final, persecución aérea y combate posterior incluidos. Todo un alarde de lo peor que puede ofrecer la saga, algo que se vio en la segunda entrega.

Con todo esto en cuenta, Misión: Imposible. Fallout se convierte en el espectáculo que cabría esperar. Una producción marcada por la acción bien ejecutada, por una trama sólida que retoma una historia precedente y que, salvo ciertos inconvenientes en su manejo de los secretos y de la intriga. En cierto modo, esta nueva aventura contiene lo mejor y lo peor de la saga. Lo mejor, sin duda, los juegos de identidades, los engaños y los constantes giros argumentales en los que nada es lo que parece, e incluso lo que realmente es muchas veces puede reinterpretarse. Lo peor es esa tendencia a la acción sin sentido, a la espectacularidad que haga gala del título en su sentido más extremo, cuando algo más sencillo tiene el mismo o mejor efecto. Pero desde luego, para pasar un buen rato disfrutando de los escenarios, la intriga y la acción, esta es la elección perfecta.

Nota: 7,5/10

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Tom Cruise sigue logrando la ‘Misión: Imposible’… y ya van seis


Posiblemente el cine contemporáneo no sería lo mismo sin las secuelas o los remakes. No quiere decir esto que no hayan existido desde los orígenes del cine, pero de un tiempo a esta parte parece que el séptimo arte vive una profusión de este tipo de films. Y este viernes, 27 de julio, no es menos. Si la semana pasada llegaba una segunda parte, en esta ocasión es una sexta entrega de una de las sagas más famosas. Por supuesto, en la cartelera española aterrizan más novedades, pero tampoco muchas.

Y es que Misión: Imposible. Fallout acapara prácticamente toda la atención de los estrenos de la semana. De nuevo con Tom Cruise (La momia) dando vida a Ethan Hunt, y con Christopher McQuarrie (Jack Reacher) tras las cámaras, la cinta transcurre algún tiempo después de la anterior entrega, debiendo solventar una misión que ha salido mal en una carrera contrarreloj, por lo que deberán contar con nuevos aliados que parecen esconder otras intenciones. Acción, algo de humor y mucha espectacularidad vuelven a ser los ingredientes de esta cinta en cuyo reparto también encontramos a Rebecca Ferguson (El gran showman), Henry Cavill (Liga de la Justicia), Ving Rhames (Operator), Simon Pegg (Ready Player One), Michelle Monaghan (Día de patriotas), Alec Baldwin (Siempre Alice), Angela Bassett (Black Panther), Sean Harris (Macbeth) y Wes Bentley (serie American Horror Story: Roanoke).

También norteamericana es Un mar de enredos, film dirigido por Rob Greenberg, quien debuta de este modo en pantalla grande con este remake de Un mar de líos (1987). El argumento de esta comedia romántica gira en torno a una joven madre norteamericana que entra a trabajar para limpiar el yate de un multimillonario mexicano. Cuando este le ordena que le sirva comida, ella se niega y es despedida. La vida de ambos cambia cuando él cae al mar, perdiendo la memoria tras quedar inconsciente, hecho que aprovecha la joven para hacerse pasar por su esposa. Pero el plan no sale como ella espera, por lo que es solo cuestión de tiempo que alguien descubra el falso matrimonio. Anna Faris (serie Mom), Eva Longoria (Visiones), John Hannah (serie Agentes de S.H.I.E.L.D.), Eugenio Derbez (Geostorm), Swoosie Kurtz (Duplex), Emily Maddison (serie Health Nutz) y Josh Segarra (serie Arrow) son los principales intérpretes.

Entre los estrenos europeos destaca la francesa Llenos de vida, comedia dramática dirigida y protagonizada por Agnès Jaoui (Comme un avion) cuya trama arranca cuando una joven acude a la fiesta de inauguración de la nueva casa de su hermana. Allí coincide con su exmarido, que a diferencia de ella se ha vuelto un cínico pesimista. La tensión entre ambos adquiere nuevas cotas cuando llega la hija que tienen en común, y a medida que la fiesta avanza los reproches irán en aumento a la par que el alcohol. Entre los principales actores, además de Jaoui, destacan Jean-Pierre Bacri (Un cuento francés), quien colabora en el guión junto a la protagonista; Léa Drucker (El buen maestro), Kévin Azaïs (Souvenir) y Nina Meurisse (Las sillas musicales).

También francesa, aunque esta vez con colaboración belga, es Cambio de reinas, adaptación de la novela de Chantal Thomas que aborda los matrimonios que se concertaron entre Francia y España en 1721 para intentar sellar los conflictos entre ambos países. Así, se acordó que Luis XV, de 11 años, se casara con María Anna Victoria, de 4 años e Infanta de España, mientras que la hija de cuatro años del regente francés Felipe de Orleans se casaría con el heredero al trono español y príncipe de Asturias. Este drama histórico está dirigido por Marc Dugain (Une exécution ordinaire), y en su reparto destacan Lambert Wilson (Las confesiones), Gwendolyn Gourvenec (Open tables), Kacey Mottet Klein (Cuando tienes 17 años), Olivier Gourmet (Dos mujeres), Andréa Ferréol (Nyfes) y Maya Sansa (La belle vie).

La comedia en estado puro llega con Vacaciones con mamá, producción francesa dirigida por Eloïse Lang (Connasse, princesse des coeurs) que gira en torno a dos hermanas muy diferentes pero que están de acuerdo en ayudar a su madre a superar la difícil situación por la que atraviesa después de que su padre la abandonara por una mujer más joven. Para ello deciden llevar a la isla de Reunión. Miou-Miou (Landes), Camille Chamoux (Atraco en familia), Camille Cottin (Aliados) y Johan Heldenbergh (La casa de la esperanza) encabezan el reparto.

Con algo de retraso llega Bienvenidas a Brasil, comedia dramática francesa de 2016 que combina todo tipo de géneros para narrar el viaje de tres amigas al país sudamericano con la intención de asistir a la boda de la cuarta integrante del grupo. Lo que en principio iba a ser un divertido viaje pronto se convierte en una pesadilla al sufrir un intento de violación que termina con un agresor muerto y una frenética persecución. Todo empeora cuando se reúnen con la novia y les enseña una foto de su prometido. Dirigida por Patrick Mille (Mauvaise fille), quien también participa en el guión y se reserva un personaje en la trama, la cinta está protagonizada por Margot Bancilhon (O los tres o ninguno), Alison Wheeler (Cloclo), Vanessa Guide (Papá o mamá), Philippine Stindel (Mercuriales), Chico Díaz (Deserto azul) y Christine Citti (Valentin valentin).

Finalmente, aunque no menos importante, regresa a los cines El vuelo de la paloma, comedia española de 1989 dirigida por José Luis García Sánchez (Los muertos no se tocan, nene), quien colabora en el guión junto a Rafael Azcona (El verdugo). La trama se centra en una mujer que vive infeliz junto a su marido y en una vida de la que no puede escapar, soñando con tener una forma que la permita mejorar su situación. La oportunidad parece llegarle cuando en la plaza junto a su casa se rueda una película con el actor al que admira en secreto. El reparto está encabezado por Ana Belén (El amor perjudica seriamente la salud), José Sacristán (Toro), Juan Luis Galiardo (La daga de Rasputín), Juan Echanove (Alatriste), Miguel Rellán (Villaviciosa de al lado) y Antonio Resines (El sueño de Iván).

‘Misión: Imposible – Nación secreta’: la confirmación de una saga


Tom Cruise vuelve a ser Ethan Hunt en 'Misión: Imposible - Nación secreta'.A pesar de haber tenido ciertos altibajos, sobre todo en su segunda entrega, la saga de Misión: Imposible ha logrado confirmarse en sus últimas aventuras como una serie muy completa, capaz de ofrecer al espectador lo que espera de un modo fresco, dinámico y muy atractivo. La última incursión en el personaje de Ethan Hunt por parte de Tom Cruise (Top Gun) es el broche de oro a una evolución que ha sabido sacar partido de los elementos más característicos de la trama y, sobre todo, de unos personajes que se han convertido en fijos.

Puede que muchos consideren a esta Misión: Imposible – Nación secreta como una vuelta de tuerca más a las situaciones inimaginables que vive el protagonista, entre las que se lleva la palma la secuencia inicial. Sin embargo, y al igual que ocurre con otras sagas como la de ‘James Bond’, todo ello forma parte del encanto de las aventuras de este espía. Partiendo de esta base, lo realmente importante es comprobar si la cinta es capaz de trasladar al espectador a su terreno, de introducirle en sus propias normas para ofrecerle un entretenimiento digno. Lo consigue con creces. La película desprende un dinamismo único, un ritmo cuidadosamente calculado que permite a la trama desarrollarse con coherencia y naturalidad sin perder por ello ni un ápice de acción o adrenalina.

Sin duda esto se debe al equilibrio entre las secuencias de acción, algunas de ellas realmente logradas, y las secuencias de mayor tensión dramática, que incorporan en todo momento la sensación de prender la famosa mecha que acompaña siempre a la película. Esto, unido a la consistencia de un núcleo de protagonistas que parece haber encajado perfectamente en la trama (lo que aporta una mayor continuidad a las aventuras de Hunt), ofrece al espectador los anclajes necesarios para conocer de antemano los trucos a utilizar. Y aunque eso podría dar pie a una previsibilidad contraproducente, el hecho de que la trama aproveche ese conocimiento previo en su beneficio (bien a través de referencias explícitas, bien como una suerte de gag) transforma la previsibilidad en ironía, lo que no hace sino mejorar el resultado final.

Es cierto, sin embargo, que el villano sigue siendo uno de los puntos más débiles de la saga. No se trata tanto de que no posean fuerza como de que son arquetipos que no parecen estar a la altura de la calidad de los héroes. En Misión: Imposible – Nación secreta ocurre algo similar con el rol de Sean Harris (Harry Brown). Pero es un mal menor. Esta quinta entrega (ya hay sexta en camino) confirma la idea de que estamos ante una saga que, tras varios intentos, ha encontrado la esencia que le permitirá vivir para siempre, más o menos como le ha ocurrido al agente secreto más famoso del cine. Mientras siga sabiendo cuál es su sitio y lo que puede o no puede ofrecer, bienvenido seas, Ethan Hunt.

Nota: 7,5/10

Regresa ‘Misión: Imposible’ para salvar las ‘Ciudades de papel’


Estrenos 7agosto2015Comenzamos un mes repleto de títulos atractivos para los amantes de los blockbusters, la acción y el humor. Y lo hacemos con dos títulos que están llamados, cada uno en su estilo, a llenar las salas. Por supuesto, llegan acompañados de propuestas que tal vez no alcancen todos los rincones de la geografía española, pero que sin duda ofrecen una mayor variedad para aquellos que prefieran historias más intimistas. Aunque hoy viernes, 7 de agosto, todo pasa por Ethan Hunt y su equipo de espías.

En efecto, Misión: Imposible – Nación Secreta, quinta entrega de la saga iniciada en 1996 que en esta ocasión dirige Christopher McQuarrie (Jack Reacher) y que cuenta con el grueso del reparto protagonista de Misión: Imposible – Protocolo fantasma (2011). La trama arranca cuando el equipo protagonista descubra la existencia de una organización secreta internacional conocida como el Sindicato cuyo objetivo es destruir la FMI. El reto se plantea cuando comprendan que los agentes de esta organización no solo están altamente cualificados, sino que rivalizan en capacidades y aptitudes con los miembros del grupo de Hunt. Tom Cruise (Al filo del mañana), Simon Pegg (Bienvenidos al fin del mundo), Jeremy Renner (Matar al mensajero), Ving Rhames (Percentage), Alec Baldwin (Blue Jasmine), Rebecca Ferguson (Hércules), Sean Harris (Serena) y Tom Hollander (Una cuestión de tiempo) encabezan el reparto.

Los adolescentes tienen su principal reclamo en Ciudades de papel, drama romántico basado en la novela de John Green que narra la relación de un joven y su enigmática vecina, de la que está secretamente enamorado. Una noche ella le pide que le acompañe en una aventura por la ciudad, desapareciendo a la mañana siguiente. Será entonces cuando el chico inicie un viaje junto a sus amigos para encontrar el paradero de la chica de sus sueños, quien ha dejado pistas ocultas para poder localizarla. Dirigida por Jake Schreier (Un amigo para Frank), la película está protagonizada por Cara Delevingne (Anna Karenina), Nat Wolff (Bajo la misma estrella), Halston Sage (Malditos vecinos), Cara Buono (serie Person of interest), Austin Abrams (Gangster Squad), Caitlin Carver (serie Familia de acogida) y Justice Smith (Trigger finger).

Otro de los títulos interesantes, sobre todo por los nombres que lo apoyan, es Bernie, comedia negra producida en 2011 y basada en un artículo escrito por Skip Hollandsworth que aborda la relación de un empresario de pompas fúnebres muy querido en su comunidad con una adinerada viuda. Sin embargo, con el paso del tiempo ella empieza a ser extremadamente controladora, lo que obligará al hombre a buscar una forma de alejarse de ella. Richard Linklater (Boyhood) dirige la propuesta, mientras que Jack Black (Año uno), Shirley MacLaine (En sus zapatos), Matthew McConaughey (serie True detective), Brady Coleman (Pineapple) y Richard Robichaux (Foreign exchange) encabezan el reparto.

Antes de entrar en los estrenos europeos hablamos de la cinta más internacional de la semana. Mi casa en París, que cuenta con capital norteamericano, francés e inglés, es una producción de 2014 que adapta la obra de Israel Horowitz (3 weeks after paradise), quien por cierto también se encarga de escribir este guión y dirigir la película. A medio camino entre la comedia romántica y el drama, la trama arranca cuando un neoyorquino sin mujer, hijos ni dinero recibe la noticia de que ha heredado de su padre, con el que no se hablaba, una enorme casa en París. Dispuesto a venderla, viaja a la ciudad para ver el estado de la propiedad, pero todo cambia cuando descubre que allí vive una anciana con su hija. Para colmo, la ley francesa impide que el hombre tenga acceso a la propiedad hasta que la mujer mayor fallezca. El reparto principal está integrado por Kevin Kline (La última aventura de Robin Hood), Maggie Smith (El exótico hotel Marigold), Kristin Scott Thomas (En la casa), Dominique Pinon (Amelie) y Stéphane Freiss (Un regalo para ella).

Otra de las novedades es el drama biográfico El bailarín del desierto, film inglés de 2014 basado en la vida de Afshin Ghaffarian, un iraní apasionado del baile y la música que, en el turbulento clima político del país en 2009, decide juntarse con otros jóvenes que comparten su afición para crear un grupo clandestino que les ayude a cumplir sus sueños de bailar ante un público. El proceso no solo le permitirá centrarse en su afición, sino que le abrirá las puertas al amor. Dirigida por Richard Raymond, quien de este modo debuta en el largometraje, la película está protagonizada por Freida Pinto (El origen del planeta de los simios), Tom Cullen (Los últimos días en Marte), Nazanin Boniadi (serie Homeland) y Reece Ritchie (Hércules), entre otros.

Desde Francia llega la comedia romántica Les combattants, ópera prima de Thomas Cailley que gira en torno a un joven cuyo verano se prevé tranquilo, repartiendo el tiempo entre sus amigos y la empresa familiar. Pero todo cambia cuando entra en su rutina una joven que pone patas arriba su mundo con una forma de entender la vida muy diferente. Aunque ella no le pide nada, él deberá decidir si seguir con sus planes o dejarlo todo para estar junto a ella. Adèle Haenel (Casa de tolerancia), Kévin Azaïs (La marche), Antoine Laurent (Notre tour viendra) y Brigitte Roüan (Voy a ser mamá) son los actores principales.

También francesa es El apóstol, película escrita y dirigida por Cheyenne Carron (Extase) que adapta la historia real de un joven musulmán que debe luchar contra su destino de convertirse en Imán. Una lucha que se desencadena por el secreto que oculta a su familia y amigos: se ha convertido al Cristianismo. Cuando se revele su conversión el mundo que conocía se volverá hostil, pero descubrirá otros jóvenes que viven su misma situación, generando una corriente de lucha a través del perdón y la redención. Narrado en clave dramático, el film está protagonizado por Brahim Tekfa, Salah Sassi (Héroes del cielo), Fayçal Safi (De guerre lasse) y Norah Krief (Faire avec).

Por último, Al otro lado del muro es un drama de 2013 dirigido por Christian Schwochow (Novemberkind) que adapta la novela de Julia Franck en la que una mujer de la Alemania Oriental de los años 70 pretende cruzar el Muro de Berlín para huir de una vida de penurias, terror y dolor. Acompañada de su hijo y con la promesa de un matrimonio con un alemán occidental, la mujer pronto comprenderá que la vida en la parte occidental no es tan luminosa como creía, iniciando una etapa de tránsito en la que el espionaje, el sufrimiento y el control rivalizan con la realidad que pretendía dejar atrás. La película está protagonizada por Jördis Triebel (La mujer papa), Tristan Göbel (Goethe!), Alexander Scheer (Cuando Santa cayó del cielo) y Jacky Ido (MS1: Máxima seguridad).

La eficacia narrativa de ‘Mission: Impossible’, única en su saga


Tom Cruise, en uno de los momentos más conocidos de 'Mission: Impossible'.Han tenido que pasar más de 15 años para que Tom Cruise se embarque en lo que podría ser una nueva franquicia. Nos referimos, por supuesto, a Jack Reacher, personaje que gracias a los libros de Lee Child podría disfrutar de una longeva vida siempre y cuando la taquilla y los productores así lo aprueben. Casualidad o no, esta cinta de intriga y acción comparte varios elementos con aquel film que adaptaba a la pantalla grande una vieja serie de televisión y que fue la primera piedra para una saga que, cada vez más, trata de ser una especie de James Bond norteamericano. Sobre todo los conceptuales y la apuesta decidida por el misterio y una trama elaborada. Dirigida por Brian De Palma (Los intocables de Eliot Ness), Mission: Impossible (1996) se ha convertido con los años en un clásico moderno influyente, pero ante todo en un reflejo del cine de su época.

Y es que si algo caracteriza a esta primera misión imposible es la riqueza, sencillez y sobriedad de su propuesta. Nada de pirotecnia gratuita; nada de movimientos de cámara vertiginosos e imposibles generados por ordenador. No, en las expertas manos de un por entonces muy solicitado De Palma la película adopta un cariz tan simple como eficaz, basado principalmente en un guión armado con solidez en el que, como cualquier buen film de espías, nadie es quien dice ser. De hecho, el desarrollo del argumento es tan convincente que se ha aplicado en mayor o menor medida al resto de entregas de la saga, si bien estas han optado por la espectacularidad visual antes que por la eficacia de los personajes.

Este es, posiblemente, el elemento mas importante de todo el conjunto. Más allá de la buena labor de Cruise como Ethan Hunt, lo que destaca principalmente es el resto del reparto, comenzando por un Jon Voight (Anaconda) muy secundario y siguiendo por unos imprescindibles Jean Reno (El chef, la receta de la felicidad), Emmanuelle Béart (Un corazón en invierno) o Ving Rhames (Pulp Fiction), único personaje que acompaña al protagonista en el resto de la saga. Incluso personajes tan secundarios como los miembros del primer equipo de Hunt o el jefe de su unidad son interpretados por actores de la talla de Kristin Scott Thomas (En la casa), Henry Czerny (serie Revenge) o Vanessa Redgrave (El atardecer), lo que da una idea del camino que sigue la trama.

Lo cierto es que Mission: Impossible es cine negro en estado puro pero adaptado a unos tiempos y una historia nuevos. Tan nuevos que la originalidad de algunas de sus secuencias, en particular la intrusión en una sala controlada por sensores de movimiento, peso y temperatura, forman ya parte de la historia del cine. Pero eso no son más que adornos para una historia que busca, ante todo, plantear al espectador el eterno juego del “guess who” (adivina quién), esta vez en el entorno de la traición, el espionaje y la búsqueda desesperada por demostrarse inocente de los delitos imputados.

Saga sin continuidad

Esta primera entrega es, en líneas generales, un alarde de maestría narrativa en todos los aspectos. La planificación de Brian De Palma guía en todo momento la mirada sobre los hechos y acontecimientos que le interesan al director, pero siempre dejando la puerta abierta a diferentes interpretaciones que generan otros tantos sospechosos y que enriquecen una trama ya de por sí apasionante. No es, por tanto, una cinta de acción cuyo único fin sea el de consumir palomitas y refrescos sin control. No. Como la mayoría de las obras del director, es un film estudiado y planificado al milímetro desde sus primeros compases narrativos en esa inolvidable primera secuencia. Todos los elementos, desde el espléndido uso de la fotografía hasta los efectos especiales, se integran para ofrecer una experiencia realista.

Un realismo que, por desgracia, se pierde en las siguientes entregas. En este sentido, la saga sería un buen ejemplo de lo que podría perderse si se empieza a apostar por el exceso en esa hipotética nueva serie de películas iniciada por Jack Reacher. Sí, todas las películas mantienen los elementos básicos de la historia, como son el equipo de espionaje, los gadgets y la famosa misión imposible que debe solventar el protagonista. Pero poco más. Esa apuesta por la intriga y esa efectividad surgida de la pausa que necesitan todo este tipo de historias se relega a un segundo plano en pos de la acción, la sorpresa y la espectacularidad.

Y aunque eso no sea necesariamente malo, desde luego si va en detrimento de la calidad del film. De hecho, tras el exceso que supuso la segunda parte, un genio como J. J. Abrams (creador de la serie Fringe) tomó las riendas de la saga, primero como director y luego solo como productor, en un claro intento por devolver algo del espíritu original de la primera película y de la serie a esta serie cinematográfica que, posiblemente en un par de años, vea su quinta entrega.

Sin embargo, solo Mission: Impossible, el original de 1996, ha sido capaz de sobrevivir al tiempo en la memoria de la historia cinematográfica. Y como suele ser habitual, lo ha hecho con los elementos más simples que puede haber: papel, tinta y un buen narrador visual. El resto de conceptos, léanse explosiones o persecuciones, son meros adornos, necesarios por otro lado, para una historia que es entendida en cualquier época y traspasa las fronteras culturales de la mayoría de países.

La primera película de… Zack Snyder: ‘Amanecer de los muertos’


Adaptar un cómic como 300 y hacerlo de una forma tan fiel como atractiva visualmente en lo que se refiere a la narrativa cinematográfica no es fácil. El film que dirigió Zack Snyder en 2006 marcó un antes y un después, algo que es más que evidente si se atiende a una serie como Spartacus. Pero antes de este éxito, y por supuesto mucho antes de que el año que viene llegue la nueva versión de Superman titulada Hombre de acero, el director debutó en el largometraje en 2004 con un film que, a priori, podría parecer menor, pero que también ha sido una más que interesante aportación al género de terror. Nos referimos al remake de Amanecer de los muertos, segunda entrega de la saga sobre zombies dirigida por George A. Romero (La noche de los muertos vivientes).

Para algunos, entre los que me encuentro, este es uno de los mejores trabajos del director de Watchmen (2009), si no el mejor. Cierto es que no cuenta con los efectismos visuales ni la digitalización que tanto ha caracterizado a sus trabajos tras las cámaras, pero todo el conjunto desprende un aroma de autenticidad y cierto clasicismo que convierte a esta propuesta sobre muertos vivientes en algo más que un mero remake. Es una película en sí misma, con una historia tan personal como autónoma que no necesita de otros títulos para tener sentido propio. Buena culpa de esto tiene su prólogo, una de las pequeñas joyas del género. En él se cuenta como la joven protagonista, enfermera en un hospital, asiste sin dar demasiada importancia a unos acontecimientos algo extraños en los que las fiebres y los mordiscos están muy presentes. A la mañana siguiente, cuando se despierta junto a su marido, la hija de sus vecinos se ha colado en su casa convertido en un monstruo hambriento de carne humana. Tras ver cómo su marido muere al ser mordido por la pequeña, la joven huye en coche en medio del caos, terminando por estrellarse contra un árbol. Cuando despierta, un rudo policía la rescata y, junto a un grupo reducido de supervivientes, se encierra en un centro comercial, que pronto es rodeado por los muertos vivientes.

Sin duda, uno de los elementos que más llama la atención desde el principio es el reparto elegido por Snyder, compuesto por rostros más o menos conocidos pero en ningún caso iconos del género (algo similar a lo ocurrido en la primera entrega zombi de Romero). Así, la principal protagonista es Sarah Polley, vista en El peso del agua (2000) o La vida secreta de las palabras (2005), mientras que el policía está interpretado por Ving Rhames (Misión imposible). Junto a ellos encontramos, entre otros, a Jake Weber (U-571), Mekhi Phifer (8 millas), Ty Burrell (serie Modern Family) o Michael Kelly (Caza a la espía). Claro que un plantel de actores de géneros tan diversos no debería de sorprender si tenemos en cuenta cuál es el alma de la película.

Lejos de lo que pueda parecer, Amanecer de los muertos no es una excusa para mostrar vísceras a granel o violencia extrema. Más bien al contrario. La plaga de zombies, al igual que ocurrió en La noche de los muertos vivientes, no es más que un recurso para impedir que un grupo dispar de personas salga de un espacio reducido, llevando al límite la confrontación de sus puntos de vista y generando todo un microcosmos en el que, de algún modo, el propio ser humano se convierte en un peligro mayor que los muertos vivientes a raíz de su egoísmo, su soberbia y una maldad innata que parece surgir en determinados momentos. La evolución de los personajes, muchos de ellos ajenos a la violencia de las armas de fuego pero en cualquier caso todos desconcertados ante una situación inimaginable, es uno de los pilares del guión de James Gunn (Slither: la plaga) y, sin duda, lo que convierte al film de Snyder en algo más que un subproducto slasher.

Un nuevo estilo visual para el desconsuelo

En cierto modo, si se compara este film con el que dio origen a todo el fenómeno zombi se encuentran muchos puntos en común que, a pesar de los años, no han pasado de moda. Es cierto que en la era actual los teléfonos móviles y el consumismo están a la orden del día (lo que aporta mayor desesperación y frustración a la situación que viven los protagonistas), pero atrasos sociales como el racismo, el uso de la violencia como recurso ante la falta de argumentos, o la ignorancia de unos individuos que se creen una posición social ya inexistente, están más de moda que nunca, y Zack Snyder los explota hasta consecuencias realmente dramáticas.

Pero esto es solo su aspecto dramático y los elementos de una trama hilada sobriamente y sin remilgos, consciente del fatalismo que rodea a unos personajes condenados casi desde el primer minuto de metraje. El otro gran descubrimiento fue el lenguaje visual de un director visionario en muchos aspectos de la imagen, y no me refiero exclusivamente a los efectos especiales o al maquillaje empleado en los muertos vivientes. Antes mencionaba el prólogo como ejemplo. A lo largo de su hora y media larga los personajes se enfrentan a situaciones angustiosas, a una huida desesperada y sin control y a dramas sociales casi más aterradores que lo que les espera fuera, pero pocos momentos más sobrecogedores existen en la película que esos primeros minutos en los que la protagonista, desconcertada y desubicada, debe huir de su propia casa en una zona residencial hacia ninguna parte con la esperanza de que ninguno de sus vecinos la mate.

La solvencia con la que mantiene el pulso narrativo y la tensión durante dichos minutos, culminados con un plano cenital inolvidable, hacen contener la respiración más de lo que es aconsejable, efecto que ayuda a la sensación de estar ante una historia lúgubre y pesimista en la que los buenos tienen pocas o ninguna posibilidad de sobrevivir, no tanto por la amenaza externa como por los villanos dentro del grupo, capaces de arrojar a sus madres a esas garras muertas con tal de sobrevivir. Pero, como decimos, no es el único caso. La huida, por ejemplo, es otro de esos momentos inolvidables de caos y confusión donde cualquier personaje puede morir, y no precisamente a manos de los zombis.

A esto cabría sumar la carga emocional con la que se nutre la historia, y que está representada sobre todo por una mujer embarazada y mordida, uno de los momentos más sorprendentes del film y un homenaje en toda regla a Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (1992), otro clásico del género. Suele ocurrir que las nuevas versiones de títulos antiguos bastante conocidos tengan una recepción más bien negativa. No fue el caso de este Amanecer de los muertos. Y no lo fue porque el guión dirigido por Snyder abandona la idea del remake para convertirse en un producto único, propio, capaz de abordar con el terror las carencias sociales de la actualidad y mostrarlo todo con una creatividad narrativa nueva y fresca en aquel momento.

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