Y once años después llega el final del viaje de ‘Vengadores’


Ha pasado más de una década desde aquel Iron Man que supuso el pistoletazo de salida para el Universo Cinematográfico Marvel. Y este viernes 26 de abril es la fecha elegida para la conclusión de ese viaje por el que han pasado multitud de superhéroes. Aunque no es el único estreno, más bien al contrario. Más de una decena de títulos completan la oferta que llega a las salas de toda España.

Pero comencemos por Vengadores: Endgame, continuación de Vengadores: Infinity war que adelanta su estreno al jueves y que vuelve a estar dirigida por los hermanos Anthony y Joe Russo (Capitán América: Civil War). Su historia aborda la decisión que toman los Vengadores que han sobrevivido a la decisión de Thanos de acabar con la mitad de la población del Universo. Los supervivientes deberán hacer acopio de todas sus fuerzas y su determinación para enfrentarse una última vez a un enemigo aparentemente invencible. Aventura, acción y unos colosales efectos especiales es lo que plantea esta conclusión a 22 películas en estos años, y en la que estarán presentes todos los superhéroes de la Casa de las Ideas que ya han pasado por la gran pantalla. Así, el reparto está encabezado por Robert Downey Jr. (El juez), Chris Evans (Un don excepcional), Chris Hemsworth (Malos tiempos en El Royale), Mark Ruffalo (Spotlight), Chadwick Boseman (Dioses de Egipto), Don Cheadle (serie House of lies), Brie Larson (La habitación), Scarlett Johansson (Una noche fuera de control), Paul Rudd (Mute), Dave Bautista (Hotel Artemis), Tom Holland (Z, la ciudad perdida), Evangeline Lilly (Acero puro), Josh Brolin (Deadpool 2), Jeremy Renner (La llegada) y Sebastian Stan (La suerte de los Logan).

También estadounidense es el western Sin piedad, segunda película como director del actor Vincent D’Onofrio (serie Daredevil), quien también se reserva un papel en este drama biográfico en torno a las legendarias figuras de Pat Garrett y Billy el Niño. La trama arranca cuando un joven se ve obligado a atravesar el suroeste de Estados Unidos para salvar a su hermana de su despiadado tío. Por el camino se cruza con el sheriff y el famoso forajido, envueltos en un juego del gato y el ratón en el que el joven deberá elegir bando y demostrar a su familia qué tipo de hombre es. Entre los principales actores destacan el debutante Jake Schur, Ethan Hawke (Los siete magníficos), Dane DeHaan (Valerian y la ciudad de los mil planetas), Leila George (Mortal engines), Chris Pratt (quien también está presente en Vengadores: Endgame) y Adam Baldwin (serie The last ship).

Estados Unidos y Chile colaboran en Gloria Bell, comedia dramática con toques de romance de 2018 que reinterpreta Gloria, la película chilena de 2013. La cinta sigue la vida de una mujer divorciada de espíritu libre cuyos días pasan en una oficina y sus noches en una pista de baile. Una noche conoce a un hombre que le abrirá las puertas a un nuevo amor, pero también a las dificultades del mundo de las citas, la identidad y la familia. Sebastián Lelio, director del film original, se pone tras las cámaras de esta nueva versión que cuenta con Julianne Moore (El séptimo hijo), John Turturro (Transformers: El último caballero), Jeanne Tripplehorn (Un marido perfecto), Sean Astin (serie Stranger things), Michael Cera (Tyrel), Brad Garrett (Not fade away) y Alanna Ubach (Hasta los huesos) como principales actores.

Pasamos ahora a los estrenos europeos, y lo hacemos con La importancia de llamarse Oscar Wilde, coproducción de 2018 con capital británico, belga, italiano y alemán. Escrita, dirigida y protagonizada por Rupert Everett, supone el debut tras las cámaras del actor de Noche real (2015). El argumento aborda los últimos momentos del escritor, que en su lecho de muerte repasa su vida, sus momentos más oscuros y el apoyo incondicional de sus amigos. Junto a Everett completan el reparto Colin Firth (Kingsman: El Círculo de Oro), Colin Morgan (serie Humans), Emily Watson (En la playa de Chesil), Edwin Thomas, Tom Wilkinson (Negación) y Anna Chancellor (El último acto).

Entre los estrenos españoles destaca La pequeña Suiza, comedia dirigida por Kepa Sojo (El síndrome de Svensson) que transcurre en un imaginario pueblo castellano ubicado en el centro del País Vasco. Sus habitantes solicitan formar parte del territorio vasco, algo a lo que se niega el gobierno de la comunidad. Sin embargo, un curioso hallazgo llevará a los osados habitantes a pedir una nueva anexión, aunque en este caso nada menos que a Suiza. Entre los principales intérpretes encontramos a Maggie Civantos (serie Vis a vis), Jon Plazaola (Villaviciosa de al lado), Ingrid García Jonsson (Toro), Secun de la Rosa (El bar), Enrique Villén (Las aventuras de Moriana), Ramón Barea (Bajo la piel de lobo) y Antonio Resines (La reina de España).

También española es The invocation of Enver Simaku, thriller de terror ambientado en la Albania de 1997, cuando un hombre regresa a ese país para investigar el asesinato de su esposa después de casi dos décadas en las que una imagen de vídeo, deteriorada y casi fantasmagórica, le ha obsesionado. Su investigación le llevará a sumergirse en un mar de grabaciones, expedientes y visiones del más allá. Escrita y dirigida por Marco Lledó Escartín (Los ajos quemados), la cinta está protagonizada por Julien Blaschke (La piel fría), Antonio de la Cruz (Nacida para ganar), Laertis Vasiliou (Agon), Viktor Zhusti (Delegacioni) y Piro Milkani (Fraktura), entre otros.

El drama histórico está representado por La portuguesa, adaptación a la gran pantalla de la novela de Robert Musil que narra cómo el miembro de una familia italiana busca un matrimonio en Portugal. Tras regresar de su viaje de luna de miel, se ve envuelto en la guerra con las fuerzas del Episcopado de Trento. La llegada de la extranjera aporta más tensión en el seno familiar, pero con el fin de la guerra su figura, y la de los portugueses, podría perderse en el día a día familiar. Rita Azevedo Gomes (La venganza de una mujer) dirige esta producción portuguesa protagonizada por Clara Riedenstein (John from), Marcello Urgeghe (The secret agent), Ingrid Caven (Deepfrozen), Rita Durão (Quaresma) y Pierre Léon (La France).

Rusia y Francia coproducen Leto, biopic romántico con trasfondo musical que aborda la escena del rock de principios de los 80 en Leningrado y, en concreto, la figura de Viktor Tsoï, un joven músico que creció escuchando a grandes estrella del rock. Su encuentro con su ídolo Mike y su esposa cambiará su destino, construyendo juntos una leyenda inmortal. Dirigido por Kirill Serebrennikov (Traición), el film cuenta con los actores Teo Yoo (Equals), Irina Starshenbaum (Attraction) y Roman Bilyk dando vida al trío protagonista.

La cinta más internacional de la semana es Familia sumergida, película con capital argentino, noruego, brasileño y alemán con la que debuta como directora de largometrajes la actriz María Alche (Me casé con un boludo). Este drama arranca cuando una mujer se enfrenta a la muerte de su hermana y a vaciar la casa familiar de Buenos Aires. En ese proceso conoce a un amigo de su hija cuya presencia en la vivienda dará lugar a viajes y aventuras juntos. Uno de esos días, además, recibe una llama de un pariente lejano para una reunión, mientras en su casa mantiene diálogos con otros familiares de otra dimensión. El reparto está encabezado por Mercedes Morán (Maracaibo), Esteban Bigliardi (La cordillera), Marcelo Subiotto (La luz incidente), Ia Arteta y Laila Maltz (Adiós entusiasmo).

Pasamos a los estrenos de animación. Buñuel en el laberinto de las tortugas adapta la novela gráfica homónima de Fermín Solís que aborda la historia del famoso director de cine justo después de rodar su primera película, La Edad de Oro. A pesar de ser una de las principales figuras del movimiento surrealista, Buñuel encuentra muchas dificultades para financiar su siguiente proyecto, un documental sobre Las Hurdes, una de las regiones más pobres y olvidadas de España. Por ello, el escultor Ramón Acín compra un billete de lotería prometiendo que, si toca, pagará la producción. La suerte se pone de su lado y comienza un viaje con el que Luis se convertirá en Buñuel. Dirigida por Salvador Simó (Petualangan singa pemberani), esta coproducción entre España, los Países Bajos y Alemania cuenta con las voces principales de Jorge Usón (Los futbolísimos), Fernando Ramos, Luis Enrique de Tomás y Cyril Corral.

Con algo de retraso, aunque estrenada el jueves 25, llega Mutafukaz, aventura animada de 2017 que une acción y comedia en una trama que sigue la vida de un pobre diablo que malvive en una mega-urbe infestada de bandas violentas, policías corruptos y buscavidas sin escrúpulos. Un día, durante su trabajo como repartidor, sufre un accidente a partir del cual empieza a tener visiones de seres monstruosos por toda la ciudad. Con capital francés y japonés, y dirigida a cuatro manos por Shôjirô Nishimi y Guillaume Renard, autor del cortometraje en el que se basa esta historia, entre las voces originales de esta cinta destacan las de Orelsan (Comment c’est loin), Gringe (serie Bloqués), Redouanne Harjane (Prêt à tout), Féodor Atkine (Road games) y Julien Kramer.

La última de las novedades animadas es Terra Willy: Planeta desconocido, comedia de nacionalidad francesa que dirige Eric Tosti, y con la que debuta en el largometraje tras varios años en televisión. El argumento arranca cuando un niño que viaja por el espacio con sus padres sufre un accidente, su nave se destruye y él sale despedido en una cápsula de emergencia a un planeta desconocido. Separado de sus padres, buscará la forma de reencontrarse con ellos, al tiempo que explora este nuevo mundo acompañado de un robot de supervivencia y de un amigo alienígena. Timothé Vom Dorp (El hijo de Jean), Edouard Baer (Astérix & Obélix: Al servicio de su majestad), Marie-Eugénie Maréchal, Guillaume Lebon (L’enfant prodige) y Barbara Tissier (Carences) ponen las principales voces.

Para terminar, dos documentales. La canción de nuestra vida, producción estadounidense de 2016 escrita y dirigida por el cantante Rory Feek (Josephine), aborda la vida de su esposa, la también cantante Joey Feek. La cinta narra la lucha de la mujer contra el cáncer mientras afrontan el mayor reto de sus vidas: el nacimiento de su hija con Síndrome de Down, con el que decidieron aparcar sus carreras musicales y establecerse en una pequeña granja en la comunidad que amaban.

Del presente año es Azul Siquier, producción escrita y dirigida por Felipe Vega (Nubes de verano) que sigue el trabajo y la pasión por la fotografía de Carlos Pérez-Siquier, fotógrafo almeriense que lleva toda la vida enfrentado a la luz y el color de su tierra para tratar de captarla con su cámara. A través de su visor el director realiza una descripción de este arte y del artista con una mirada llena de humor y melancolía.

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‘Daredevil’ se despide sin cerrar sus tramas en la 3ª temporada


Que Netflix haya decidido acabar con todas las historias protagonizadas por superhéroes de Marvel da una idea de la apuesta que la plataforma había hecho por estos personajes. Puedo entender que las tramas de Luke Cage o Iron Fist no hayan terminado de cuajar, pero lo cierto es que Daredevil había logrado no solo un alto nivel dramático y artístico, sino que había hecho olvidar aquella película protagonizada por Ben Affleck (Liga de la Justicia) allá por 2003. Desconozco si algún día se conocerán los verdaderos motivos, más allá de los que ya se han hecho públicos, pero es una lástima que esta ficción creada por Drew Goddard (Malos tiempos en El Royale) se haya visto arrastrada tras una espléndida tercera temporada que deja la puerta abierta a una eventual continuación en el futuro.

Porque, al igual que en las etapas anteriores, estos 13 episodios son una combinación perfecta entre drama, acción e intriga. Con los mismos héroes y villanos sobre los que ha pivotado toda la trama desde el comienzo, el arco dramático aborda ahora la redención de un héroe superado no solo por unos enemigos más poderosos, sino por el sistema en el que confía y que es manipulado con precisión milimétrica por ese antagonista espléndidamente interpretado por Vincent D’Onofrio (El justiciero). Para ello, el tratamiento vuelve al intimismo que presentó en la primera temporada, algo que queda reflejado en el propio traje que vuelve a lucir el protagonista, así como en la soledad de enfrentarse a todo sin el apoyo ni la colaboración de nadie. Todo ello, por supuesto, con el tono oscuro y opresor que caracteriza a esta serie, conceptos religiosos incluidos.

Pero lejos de ser una suerte de tercer acto de una historia más amplia, esta tercera temporada de Daredevil es un vehículo para ahondar en el pasado del héroe y para explorar un poco más al resto de personajes secundarios que nutren la ficción. Respecto al primero, la serie aborda la trama secundaria de su familia, de la sed de venganza e, incluso, de sus poderes, para mostrar las debilidades de un hombre que clama más venganza que justicia. A través del devenir de la historia principal el argumento entrelaza aspectos secundarios para mostrar las diferentes caras de su complejidad dramática, desde la identidad de su madre hasta sus esfuerzos por luchar incluso sin contar con sus ‘superpoderes’, logrando con todo ello no solo una reafirmación de pilares dramáticos ya presentados, sino situando al héroe ante un dilema interno visto a través de un conflicto externo.

En este sentido, es fundamental señalar el modo en que los creadores afrontan esta dualidad del conflicto. Por un lado, evidentemente, nos encontramos ante los villanos, siempre más poderosos que el héroe para acentuar la dificultad de la victoria. Pero por otro, y esto es lo reseñable, los enemigos se convierten en esta ocasión en una suerte de proyección de los propios miedos del protagonista. Las conversaciones que el personaje de Charlie Cox (La teoría del todo) tiene con su archienemigo reflejan ese conflicto interno que vive, mostrando con acierto no solo las dudas acerca de cómo actuar, sino el pensamiento lógico que le lleva a comprender la magnitud de la situación. Pero luego está ese enemigo interpretado por Wilson Bethel (Cold turkey) que, aunque no se mencione, es Bullseye. El hecho de que al final de la temporada se vista con el traje rojo del héroe, y este se enfrente a él con sus ropas negras iniciales, puede interpretarse también como una proyección de la dualidad en la que vive el rol de Cox, que quiere dejar atrás ese traje. Lejos de utilizar una secuencia onírica, sus creadores aprovechan el desarrollo del conflicto externo para sacar a relucir la lucha interna.

Violencia y más violencia

Bajo esta premisa, Daredevil se revela como una obra compleja, capaz de ofrecer muchas lecturas al espectador más allá de las secuencias de acción, la intriga o una cuidada fotografía. La tercera temporada es, en este sentido, mucho más enriquecedora, pues se apoya en lo narrado con anterioridad para sumergirse en los aspectos más delicados y profundos del héroe, amén de retratar una espléndida evolución de los villanos y de los personajes secundarios, que aunque pierden cierto peso al no tener una relación directa con la trama principal, sí son capaces de mantener un desarrollo más que correcto para, en último término, fusionar sus historias con la principal en un final que, aunque cierra varios hilos argumentales, deja abierta la puerta a nuevos interrogantes.

Pero todo esto no quiere decir, ni mucho menos, que estos 13 capítulos no hagan gala de la otra gran característica de la serie: su violencia descarnada. Sus creadores vuelven a recurrir a planos secuencia para narrar la lucha hasta la extenuación de un hombre que, más allá de sus sentidos desarrollados, no tiene más poder que el resto de los humanos. A través de estos combates sin cuartel ni cortes de montaje, la ficción ofrece una mirada sin contemplaciones a la agresividad de la lucha, al cansancio de enfrentarse a enemigos una y otra vez sin más armas que sus piernas y puños. Y todo eso, claro está, tiene sus consecuencias, llevándole a tener que luchar incluso con heridas internas. En este caso la ficción puede percibirse en que el héroe no muere tras los golpes y las palizas que recibe, pero incluso sabiendo esto de antemano la crudeza de las secuencias genera una tensión pocas veces vista en televisión o en cine.

Es importante remarcar también que esta tercera temporada explora los orígenes del nuevo villano al que da vida Bethel. A diferencia de lo que ocurre en etapas anteriores de la serie, la trama dedica tiempo a narrar la infancia y el trasfondo psicológico de un personaje frágil a la par que violento. Es cierto que haber contado ya el devenir de todos los personajes da una mayor libertad y más posibilidades a los guionistas para asentar las motivaciones del antagonista, pero no hay que perder de vista que esto permite, a su vez, dotar de mayor complejidad las relaciones que se establecen entre Bullseye, Daredevil y Wilson Fisk. Del mismo modo, y relacionado con esto, no hay que pasar por alto el cuidado tratamiento de la trama secundaria que involucra al FBI. La forma en que la situación va cambiando es sencillamente brillante, viéndose a través de los ojos de ese agente que busca hacerse un nombre y termina comprendiendo que ha sido manipulado.

Todo ello compone un complejo y atractivo tablero de juego que la tercera y última temporada de Daredevil aprovecha al máximo, estableciendo relaciones entre las diferentes tramas secundarias y ahondando en los conflictos dramáticos y las confrontaciones externas de cada uno de los personajes. No cabe duda de que esta conclusión es el punto final idóneo para el crecimiento dramático que ha tenido la serie, convirtiéndola en una producción diferente y de una calidad artística y técnica que la sitúan entre lo mejor de la televisión. Pero también deja abierta la puerta a un futuro con nuevos interrogantes y nuevos casos que este superhéroe/abogado deberá afrontar. Aunque eso dependerá de que alguien quiera retomar estos personajes y quiera hacerlo con el mismo planteamiento. Por el momento, lo que dejan son tres temporadas imprescindibles.

‘El justiciero’: a tiros con la serie B


Tipos duros, policías desbordados, venganza, crimen y una justicia fuera de la ley que aceptan incluso aquellos encargados de hacer cumplir las normas. Con todo lo que ha avanzado el cine, hay géneros y fórmulas que parecen tener siempre, sea la época que sea, un cierto interés para los espectadores. Y si eso se acompaña de un reparto y un director con cierto peso, el resultado es un film con sabor de serie B que, al menos, permite pasar un par de horas de entretenimiento.

Y precisamente eso es lo que propone Eli Roth (El infierno verde) en El justiciero, nueva versión de la novela escrita por Brian Garfield que ya fue llevada al cine en 1974 con Charles Bronson (Los siete magníficos). Entretenimiento que saca, o al menos lo intenta, los instintos más primarios del ser humano. Una suerte de reflejo de la justicia que muchos, en algún momento, habrán querido que se haga con alguna situación injusta que las fuerzas de la ley no son capaces de solucionar. Con un guión lineal, escaso de giros dramáticos pero cargado de secuencias violentas (y sangrientas, que en eso Roth es un maestro), la cinta no busca hacer reflexionar. Ni siquiera plantea algún tipo de intriga o suspense. Simple y llanamente, acción. Y eso no es necesariamente malo.

Eso no quiere decir, claro está, que sea bueno. A pesar de su carácter de serie B, de su planteamiento deliberadamente simplista y de la eficacia narrativa de Roth para sacar el máximo partido a la espiral de violencia en la que se introduce el protagonista interpretado por Bruce Willis (Mercancía peligrosa), lo cierto es que la película en ningún momento parece tomarse demasiado en serio a sí misma. Esto funciona por momentos, pero falla a la hora de la verdad, es decir, en aquellos puntos críticos de la trama donde el drama predomina sobre la violencia, o donde la tensión debe sobrevolar las secuencias. La falta de fuerza dramática se sustituye con una banda sonora algo estridente y, en ocasiones, innecesaria, lo que no ayuda al resultado final.

Esperar de El justiciero algo más que una vía de escape a nuestros deseos más oscuros sería esperar lo imposible. Pero incluso esta serie B podría ser algo mejor. Puliendo algunos aspectos de su narrativa tanto visual como sonora podríamos estar hablando de un film sobrio, no excelente pero sí notable. En cambio, estamos ante casi dos horas de un camino de venganza en el que todo sale bien porque todo el mundo entiende los motivos por los que se hace lo que se hace. Venganza sin sobresaltos, sin apenas giros argumentales y con mucha acción, mucha violencia y mucha sangre. Para ver en una sobremesa.

Nota: 6/10

Spielberg da rienda suelta a la fantasía en ‘Ready Player One’


La Semana Santa en España obliga a adelantar los estrenos a este jueves, 29 de marzo. Y aunque algún título llegará dos días después, en realidad todo parece tener poca relevancia al que, casi con toda seguridad, será uno de los estrenos más importantes del año, y desde luego una de las películas más taquilleras.

Hablamos de Ready Player One, nueva fantasía de Steven Spielberg (Los archivos del Pentágono) que recoge todas las referencias posibles del cine, los videojuegos y la cultura popular de las últimas décadas. Con un título que resultará familiar para los amantes de los videojuegos de los años 80, la trama sigue a un joven que vive en un futuro donde la esperanza se ha reducido a todo un universo de realidad virtual llamado Oasis, que permite a todo el que entra cumplir sus fantasías. Antes de morir, el creador de este entorno virtual deja un tesoro que permitirá, a quien lo encuentre, controlar la compañía y, en definitiva, la vía de escape para un planeta desolado. El joven iniciará así una carrera para encontrar el tesoro que terminará convirtiéndose en toda una revolución. En el extenso reparto destacan Tye Sheridan (X-Men: Apocalipsis), Olivia Cooke (serie Bates Motel), Ben Mendelsohn (Rogue One: Una historia de Star Wars), Mark Rylance (Dunkerque), Simon Pegg (Star Trek: Más allá) y T.J. Miller (serie Silicon Valley).

Junto a este estreno también llega desde Estados Unidos El justiciero, nueva adaptación de la novela de Brian Garfield, que ya fue llevada al cine en 1974. A medio camino entre el drama y la acción, el argumento arranca cuando un famoso cirujano de Nueva York, felizmente casado y con una hija, es atacado en su casa por tres ladrones. Tras la muerte de su esposa y la violación de su hija la sed de venganza se apodera de él y decide tomarse la justicia por su mano. Eli Roth (El infierno verde) dirige este film protagonizado por Bruce Willis (El último disparo), Vincent D’Onofrio (serie Daredevil), Elisabeth Shue (Persiguiendo Mavericks), Dean Norris (El libro secreto de Henry), Kimberly Elise (Dope) y Beau Knapp (Dirty lies).

Dejamos Hollywood para mirar hacia Europa, concretamente a Francia. Cosas de la edad es el nuevo film escrito (al menos en parte), dirigido y protagonizado por Guillaume Canet (El secreto del hielo), una comedia dramática que aborda, precisamente, la vida del actor y director. En concreto, todo comienza cuando una joven actriz le dice a Canet que ya no es uno de los actores más deseados. Se inicia así un proceso que amenaza con destruir todo lo que había construido hasta ese momento. En el reparto encontramos también a Marion Cotillard (Assassin’s Creed), Gilles Lellouche (Están por todas partes), Philippe Lefebvre (SMS), Ben Foster (Inferno) y Kev Adams (Fiston), entre otros.

También francesa, y también dirigida por un actor, es Barbara, un antibiopic musical de la mítica artista planteado como el proyecto de rodaje del biopic en sí, combinando los preparativos con imágenes de archivo. Mathieu Amalric (Grandes familias) es el encargado de ponerse tras las cámaras y delante de ellas, y a su nombre se suman en el reparto los de Jeanne Balibar (Delight), Aurore Clément (Cegados por el sol), Grégoire Colin (Los canallas), Fanny Imber y Vincent Peirani.

Francia y Bélgica colaboran en Una razón brillante, drama que arranca cuando una joven estudiante de derecho tiene un enfrentamiento en su primer día de clase con un brillante pero cínico y provocador profesor. Obligado a redimirse por su comportamiento, el hombre preparará a la joven para un concurso de oratoria a nivel nacional, lo que obligará a ambos a superar sus diferencias. Dirigida por Yvan Attal (Están por todas partes), la cinta está protagonizada por Daniel Auteuil (Entre amigos), Camélia Jordana (O los tres o ninguno), Yasmin Houicha (Divinas) y Jean-Philippe Puymartin (Les gamins).

La representante española es El club de los buenos infieles, comedia dirigida por Lluís Segura que supone su debut en el largometraje. La historia arranca cuando cuatro amigos de la infancia, todos casados, se reencuentran en una cena de antiguos alumnos. Las copas dan pie a confesar un secreto que todos comparten: que aunque quieren a sus mujeres, ya no las desean, por lo que deciden crear un club de infieles para poder salir sin sus mujeres. Entre los principales actores destacan Fele Martínez (Nuestros amantes), Jordi Vilches (Murieron por encima de sus posibilidades), Hovik Keuchkerian (Toro), Adrián Lastra (De chica en chica) y Albert Ribalta (La maniobra de Heimlich).

Entre el resto de estrenos destaca El Cairo Confidencial, cinta con capital sueco, danés, alemán y francés que tiene la primavera árabe como telón de fondo. En este contexto un detective corrupto es llamado al hotel Nile Hilton de El Cairo para resolver el asesinato de una hermosa mujer, lo que le llevará a introducirse de lleno en la realidad del país y, sobre todo, en el mundo de las élites blindadas por la justicia. Escrito y dirigido por Tarik Saleh (Tommy), este thriller dramático está protagonizado por Fares Fares (El niño 44), Tareq Abdalla (Warda), Yasser Ali Maher (El-Maslaha), Nael Ali (Genenet al asmak), Hania Amar (Mohamed Dubois) y Slimane Dazi (Chouf).

Por último, y con algo de retraso, se estrena el viernes día 30 Veloz como el viento, drama deportivo italiano de 2016 dirigido por Matteo Rovere (Gli sfiorati) que sigue la vida de una joven cuya familia tiene una larga tradición en el mundo del motor. La muerte de su padre hará que su hermano, de 40 años y que ahora es un ángel caído del automovilismo, luche contra sus propios demonios para enseñar todo lo que sabe a su joven hermana, descubriendo ambos el verdadero sentido de la familia. Stefano Accorsi (La nostra terra), Matilda De Angelis (serie Tutto può succedere), Roberta Mattei (Non essere cattivo), Paolo Graziosi (La passione) y Tatiana Luter (One more day) encabezan el reparto.

1ª T. de ‘Emerald City’, de la mediocridad a la promesa de algo mejor


El impacto de Juego de Tronos en la cultura popular es innegable. Cada vez es más habitual escuchar por la calle frases características de esta fantasía o referencias a algunos de sus personajes. Su influencia ha llegado incluso a la propia televisión en forma de otro proyecto que, en esta ocasión, intenta trasladar algunas de sus características a una historia ya conocida. Se trata de Emerald City, versión “oscura” de la historia de ‘El Mago de Oz’ que han adaptado Matthew Arnold (serie Siberia) y Josh Friedman (serie Terminator: Las crónicas de Sarah Connor) en una especie de lucha entre diferentes facciones donde la magia y la ciencia, lo real y lo fantástico, se mezclan. Su primera temporada, de 10 episodios, podría entenderse como un intento irregular por crear algo épico, quedándose a las puertas de algo mayor que podría no llegar a ver la luz nunca.

La historia arranca tomando como punto de partida el mismo que el de la novela de L. Frank Baum: una joven llega a Oz a través de un tornado y desea volver a casa, para lo que deberá visitar al Mago, que reina en esa tierra. Sin embargo, y aunque comparte algunos personajes, a partir de aquí la trama es totalmente diferente, en algunos casos con leves cambios que adaptan el contenido de la historia original, y en otros creando tramas y personajes nuevos que enriquecen este mundo de fantasía dotado de una poderosa fuerza visual gracias a la labor del director Tarsem Singh (La celda), sin duda uno de los autores más creativos del panorama actual y responsable de ponerse tras las cámaras de todos y cada uno de los capítulos.

Y es precisamente en esas diferencias donde Emerald City gana enteros a medida que avanza la historia, sobre todo en el tramo final de la temporada. A través de los cambios el espectador se adentra en un mundo en el que, en efecto, la fantasía está presente, pero de un modo más siniestro y mucho más adulto. Que le camino de baldosas amarillo sea una trampa casi mortal, que el ‘espantapájaros’ sea un soldado sin memoria, o que el ‘hombre de hojalata’ sea un joven mitad humano mitad metal son solo algunos de los matices que ofrece la ficción. De hecho, se podría decir que son casi los menos interesantes, pues atañen a personajes que ofrecen más bien poco. No, lo realmente relevante se halla en los, a priori, roles secundarios, que nutren con sus tramas una historia que comienza de forma algo tosca y poco a poco evoluciona hasta ofrecer una complejidad cuanto menos llamativa.

Si algo bueno tiene la serie es que en ella nada es lo que parece. De nuevo, los episodios que exploran el origen de algunos personajes clave para entender el verdadero significado de la trama se convierten en los mejores de la historia, no solo porque reinterpretan una historia ya conocida, sino porque dotan a los personajes de diferentes caras, generando a su vez nuevos puntos de vista tanto en el desarrollo dramático como en las relaciones entre personajes. Destaca por encima de todos Vincent D’Onofrio (Rings), cuyo Mago de Oz resulta más y más inquietante a medida que avanza la trama, y cuyo pasado ayuda a explicar muchas de las cosas que la serie es incapaz de narrar de forma correcta en sus primeros compases. De hecho, todas las escenas que hacen referencia al pasado de los personajes, un pasado marcado por la lucha de facciones y la guerra entre la ciencia y la magia, resulta mucho más interesante que los acontecimientos que en teoría narra la serie, lo cual ya debería ser indicativo de que algo no encaja como debería.

Tramas sin corazón

Y eso que no encaja son, precisamente, las tramas. Como si de un reflejo de algunos personajes de la historia se tratara, Emerald City discurre por un mundo de tramas sin demasiada sustancia, carentes del corazón y la valentía que se podría esperar de este tipo de producción, con un diseño notablemente elaborado y unos actores que, en mayor o menor medida, dotan a sus personajes de una presencia mayor que la definición que tienen sobre el papel. Desde que Dorothy, la protagonista interpretada por Adria Arjona (serie True Detective), llega a Oz hasta que realmente empiezan a moverse todas las piezas de este elaborado puzzle la serie tiende a perderse en idas y venidas sin demasiado sentido. Prueba de ello es que muchos de los personajes que más relevancia tienen en la trama al final de la temporada son introducidos de forma progresiva, y cada uno con su propia historia que poco o nada tiene que ver con la heroína.

Esto genera una sensación inicial de caos que desaparece a medida que las piezas encajan, finalizando todo en un clímax tan espectacular como relevante y dejando abiertas una serie de historias para una hipotética segunda temporada. Es por esto que la primera temporada va de menos a más, creciendo a medida que la complejidad de este mundo de Oz crece con los nuevos personajes, creando una especie de conflicto bélico con muchos frentes que representan, cada uno en su estilo, los diferentes mundos que conviven en este universo. La magia, la ciencia, la tecnología, el mal o la realeza terminan por descubrirse en lo que, de continuar la historia, se convertiría en una lucha por el poder que requerirá una modificación de los pilares dramáticos y narrativos de la serie, transformándose en una producción más coral donde el protagonismo no recaiga, al menos no en exclusiva, en un único personajes.

Me imagino que muchos, al leer esto, hayan tenido breves destellos de fragmentos de Juego de Tronos. Como decía al comienzo, la serie bebe en cierto modo de algunas ideas formales, estructurales y dramáticas de la famosa serie, sobre todo en lo referente a la lucha de facciones, el uso de magia y el recurso de la ciencia. Pero la diferencia, la gran diferencia, es que esta ficción diseñada por Arnold y Friedman introduce al espectador en la trama a través de un único personaje, acercándose al resto de roles y tramas secundarias tomando como referencia siempre a esta joven heroína. Y aunque puede ser comprensible hasta cierto punto, esto provoca que el desarrollo dramático tenga unos comienzos intermitentes, y obliga a que algunas líneas argumentales como el ‘love interest’ se resuelvan de forma algo precipitada. Dicho de otro modo, la evolución de la temporada deja claramente una serie a dos ritmos en la que las tramas, aunque al final encajan, parecen abordarse de forma independiente.

El resultado de esta primera temporada de Emerald City es flojo en muchos de sus aspectos. Los actores, aunque correctos, afrontan en algunos casos personajes cuyas motivaciones y evolución dramática se abordan precipitadamente y sin un profundo tratamiento. Las tramas, sobre todo las principales, quedan por tanto planteadas sin demasiados argumentos, eclipsándose posteriormente con algunas líneas argumentales secundarias mucho más atractivas y complejas. Y aunque la factura visual es impecable, el modo en que se afronta el desarrollo de la serie no parece tener, al menos al principio, un objetivo claro, limitándose a plantear el contexto casi durante todos sus episodios. En cierto modo, es una especie de primer acto de algo mejor que está por llegar. El problema es que eso no vale en una serie, y menos en una de estas características. Y un problema aún más grande: deja con ganas de saber cuál es el futuro, lo que termina por generar una frustración que, según parece, no llegará a superarse.

‘Rings’: más fotogramas para el mismo vídeo


Aquel que vea el vídeo de 'Rings' morirá en siete días.Cuando una saga tiene cierto éxito debe ser explotada comercialmente hasta sus últimas consecuencias. Es una máxima de Hollywood que parece estar evolucionando hacia la idea de esperar un tiempo para recuperar historias que en su día fueron un éxito. El caso de esta niña tirada en un pozo y que ataca a través de una cinta de VHS es el último caso de una tendencia que, por regla general, ofrece más de lo mismo con nuevos personajes y alguna que otra novedad menor. Y desde luego, este nuevo film no es diferente.

Con un director español que está comenzando su carrera tras las cámaras, Rings es una apuesta más ostentosa de una historia que, por regla general, siempre ha sido minimalista. Las nuevas tecnologías ofrecen asimismo un nuevo mundo en el que la pequeña Samara, epicentro de todos los males de este mundo, pueda hacer de las suyas de forma mucho más rápida. La incorporación de nuevos personajes y ciertas variaciones en la historia original logran que esta trama adquiera cierto interés, no tanto en su desarrollo como en las posibilidades que abre de cara a un hipotético futuro, incluyendo esa especie de posesión/renacimiento final.

Sin embargo, en ningún momento se desprende del carácter repetitivo, de la sensación de haber visto esto antes, sobre todo si se es fan de la saga desde su original japonés. Que ver el vídeo mate a los siete días es algo inherente a esta trama, pero que una joven entienda el vídeo como una visión con la que inicia una búsqueda para encontrar el cuerpo de la joven, que sufre por un pasado tormentoso y una muerte horrible, es algo que podría haberse, al menos, modificado sustancialmente para ofrecer algo diferente o, al menos, evolucionado respecto a las historias previas. Que se introduzcan nuevas escenas en el vídeo no representa, en sí mismo, un cambio significativo para el resultado final, entre otras cosas porque la conclusión viene a ser la misma.

Los fans de la saga encontrarán en Rings una nueva forma de extender el mal de la pequeña ahogada en el pozo. Del VHS se pasa ahora a los ordenadores y los archivos digitales. De la pantalla de televisión a los ordenadores, los móviles e incluso los circuitos internos de aviones. Pero por mucha tecnología que se aporte, la búsqueda es la búsqueda, la chica es la chica y el misterio es el misterio. Y eso, por suerte o por desgracia, no cambia. Así que sí, nuevos sustos, nuevos personajes y nueva tecnología, pero el mismo desarrollo, la misma historia y el mismo final.

Nota: 6/10

‘Moonlight’ ilumina las ‘Cincuenta sombras más oscuras’ de Grey


Estrenos 10febrero2017Comenzar el repaso de los estrenos de la semana señalando que este viernes, 10 de febrero, es previo al día de San Valentín puede ser extraño, pero ese es precisamente el motivo por el que los cines de toda España se van a llenar de legiones de fans, sobre todo mujeres, para ver la continuación de una de las cintas más esperadas del año, o al menos esas son las previsiones de sus implicados. Pero junto a ella aterrizan en la cartelera pocos pero muy variados títulos, desde una de las cintas más nominadas a los Oscar hasta el regreso de una saga de terror, pasando por la animación para pequeños y mayores.

Desde luego, el estreno más importante de la semana es Cincuenta sombras más oscuras, secuela de Cincuenta sombras de Grey (2015) que adapta, a su vez, la segunda novela de la saga escrita por E.L. James. Para aquellos que no hayan leído la novela, la trama comienza cuando Christian Grey trata de recuperar la relación que tenía con Ana Steele. Un nuevo acuerdo entre ambos parece poner las bases de un futuro juntos, pero a medida que se asienta comienzan a surgir figuras del pasado de él que harán tambalear la confianza entre ambos. James Foley (Seduciendo a un extraño) dirige esta cinta que vuelve a contar con los actores de la primera parte, es decir, Jamie Dornan (serie La caza), Dakota Johnson (Mejor… solteras), Kim Basinger (Dos buenos tipos), Max Martini (Sabotage), Eloise Mumford (Drones), Luke Grimes (El francotirador) y Marcia Gay Harden (Grandma), a los que se suman Eric Johnson (serie The Knick) y Tyler Hoechlin (Todos queremos algo).

Este fin de semana también llega Moonlight, drama dirigido por Barry Jenkins (Medicine for melancholy) con 8 nominaciones a los Oscar cuya historia se centra en un joven afroamericano que crece en una conflictiva zona de Miami. A lo largo de los años se aborda su forma de afrontar sus propios demonios, la incomprensión de su madre y la violencia del barrio. La cinta está interpretada por Janelle Monáe (Figuras ocultas), Naomie Harris (Spectre), Mahershala Ali (Los hombres libres de Jones), Jharrel Jerome, Edson Jean (Juego de armas), Ashton Sanders (Straight Outta Compton), Trevante Rhodes (Lady Luck) y André Holland (Selma).

El terror también tiene su hueco con Rings, nueva entrega de la franquicia norteamericana que adaptaba, a su vez, los originales japoneses. Dirigida por el español F. Javier Gutiérrez (Tres días), la cinta se centra en una joven que, preocupada por la obsesión de su novio con la leyenda de un vídeo que mata a todo el que lo ve siete días después de haberlo reproducido, decide sacrificarse y salvarle de esa maldición. Sin embargo, este sacrificio revelará una terrible verdad: que existe una película dentro de la película que nadie había descubierto hasta ahora. El reparto está encabezado por Johnny Galecki (serie The Big Bang Theory), Aimee Teegarden (Mi panadería en Brooklyn), Vincent D’Onofrio (Los siete magníficos), Alex Roe (La quinta ola) y Matilda Anna Ingrid Lutz (Mi chiamo Maya).

La propuesta infantil y familiar de la semana es Batman: la LEGO película, cinta que trata de aprovechar el éxito de La LEGO película (2014) y cuya historia gira en torno a la responsabilidad de Bruce Wayne/Batman para mantener la ciudad de Gotham a salvo de criminales mientras trata de cuidar de un huérfano que ha acogido. Acción, humor y mucha diversión es lo que promete este film dirigido por Chris McKay (serie Robot Chicken) y que cuenta con las voces, en su versión original, de Will Arnett (Ninja Turtles: Fuera de las sombras), Ralph Fiennes (Cegados por el sol), Channing Tatum (Los odiosos ocho), Jonah Hill (Juego de armas), Rosario Dawson (serie Daredevil), Jenny Slate (Joshy), Zach Galifianakis (Las apariencias engañan) y Michael Cera (Lemon).

Las novedades de este viernes terminan con Felices sueños, co producción franco italiana basada en la novela de Massimo Gramellini que, en clave de drama romántico, narra la atormentada vida de un joven que perdió a su madre cuando era pequeño. Reportero de profesión, cubrir la guerra de Sarajevo provoca en él ataques de pánico, que se mezclan con el recuerdo de su pérdida al tener que vender la vivienda familiar. Solo una doctora parece dispuesta a ayudarle a cerrar las heridas del pasado. Marco Bellocchio (Buenos días, noche) dirige esta cinta en cuyo reparto encontramos a Valerio Mastandrea (Pasolini), Bérénice Bejo (El pasado), Fabrizio Gifuni (El capital humano), Guido Caprino (serie Los Medici: Señores de Florencia) y Barbara Ronchi (Miel).

‘Daredevil’ amplía su universo con más dramatismo en la 2ª T.


'Daredevil' se enfrenta a Punisher en la segunda temporada.La serie sobre Daredevil creada por Drew Goddard (Marte) acerca del famoso superhéroe de Marvel fue una de las sorpresas más gratas de 2015. Y lo fue porque, al igual que en otras producciones superheróicas, presentaba al héroe no solo en base a sus valores, sino como contraposición de un mal mayor al que derrotar. Y como toda gran producción sobre estos personajes, su segunda temporada debía doblar la apuesta. Sin embargo, esta especie de salto de fe es arriesgado si no se sabe sobre qué pilares realizar dicha apuesta. Por fortuna, Goddard es consciente de que, más allá de la acción o la violencia, esta trama se basa en personajes, en sus traumas y en sus dilemas, y es ahí donde estos nuevos 13 episodios logran un crecimiento dramático más que notable.

Porque sí, la segunda temporada de la serie cuenta con dos nuevos y relevantes personajes, cada uno enemigo del héroe a su manera. Y en cierto modo, la aparición de uno y otro divide esta etapa en dos partes, aunque finalmente se fundan en una única historia más grande. Pero es esa introducción escalonada lo que permite, por un lado, desarrollar de forma más sólida las motivaciones de estos nuevos roles, y por otro las tramas secundarias que se derivan de ellos. Sin ir más lejos, la evolución del personaje de Deborah Ann Woll (serie True blood) es sencillamente brillante, aprovechando el desarrollo de la historia de Punisher (espléndido Jon Bernthal –El contable-) para llevar este rol a un nuevo terreno, más maduro y mucho más arriesgado.

Y esto es únicamente un ejemplo. En realidad, lo más interesante de estos capítulos de Daredevil radica en el desarrollo orgánico del arco argumental. Goddard es capaz de crear algo literalmente vivo, que evoluciona, propone y reacciona ante el más mínimo detalle, y en el que ningún personaje, aunque sea el más secundario, queda al azar o desconectado de la evolución de la trama. Esta fórmula convierte a la serie en un producto extraño y complejo, alejado de otras ficciones similares (sobre todo de un tiempo a esta parte) y más próximo a dramas oscuros en los que la introspección de los personajes cuenta más que la acción que se desarrolla en muchas escenas.

Dicho de otro modo, y aunque las secuencias de lucha dejarán a más de uno con la boca abierta (incluyendo un nuevo plano secuencia similar al de la primera temporada pero mucho más complejo), la realidad es que lo más interesante de este superhéroe ciego son los conflictos morales de sus decisiones y las consecuencias que las mismas tienen en su entorno. Como decía antes, nada queda al azar, y desde luego toda frase, toda decisión, tiene su reacción, algunas más esperadas que otras, pero en cualquier caso todas ellas de una coherencia incuestionable. De ahí que al final se genere un mayor interés en saber cómo afrontan los secundarios las mentiras y los secretos del héroe que en cómo van a terminar las peleas de turno. Eso por no hablar de la trama principal, un motor que hace avanzar la historia en una dirección muy definida y que apenas deja tiempo de reflexión, imprimiendo al conjunto un ritmo idóneo.

Allanando el camino

Es importante hacer hincapié en el “apenas deja tiempo de reflexión”. Porque sí, sus secuencias de acción son impecables, numerosas y, hasta cierto punto, agobiantes. Y sí, estas peleas, unido al desarrollo de la trama, provocan una evolución tanto del protagonista (ahora sí es Daredevil) como de los secundarios. Pero nada de esto impide que exista un tratamiento reflexivo sobre el rol protagonista, al que por cierto Charlie Cox (La teoría del todo) dota de una entidad que ya habría querido Ben Affleck en la versión cinematográfica. De hecho, ya sea a través de flashbacks o de elaborados diálogos, el argumento aborda la dualidad de este personaje y, sobre todo, los límites de su moral, enfrentándole no solo con sus enemigos, sino con un personaje como Punisher, que en cierto modo podría considerarse el carácter extremo de la cruzada del héroe.

Pero esta segunda temporada también ha servido, como de hecho le ha ocurrido a Arrow, para abrir la puerta y allanar el camino a otros personajes superheróicos de Marvel. De hecho, en estos episodios no solo se mencionan roles como el de Jessica Jones, sino que aparecen personajes de estas producciones. Todo ello con la intención más que evidente de empezar a crear un nuevo mundo en la pequeña pantalla, similar al que ya existe en los cines pero con personajes, digamos, con menos tirón entre el gran público aunque con un tratamiento más dramático y algo alejado de la espectacularidad de las películas. No por casualidad, el Demonio de la Cocina del Infierno no vuelve hasta 2018, aprovechando su peso en las series para impulsar otras historias en las que, o bien influye formalmente (la apuesta visual de todas estas series es similar), o bien colabora presencialmente.

Con todo y con eso, esta segunda temporada pone de manifiesto un problema del personaje que, más tarde o más temprano, va a influir en el desarrollo de la historia. Y es que al igual que le ocurre a la versión televisiva del Arquero Esmeralda, el delicado equilibrio entre acción y drama de este superhéroe neoyorquino ha permitido que crezca en todos los sentidos, pero también que empiece a acercarse a un techo difícil de rebasar, al menos de forma coherente. Dicho de otro modo, la historia ha alcanzado tales cotas que solo le queda superarse, y para ello es necesario encontrar no solo historias mejores, sino aplicar un tratamiento que no ponga en riesgo el equilibrio del que hablamos. No son pocos los ejemplos de producciones que abandonan la acción en favor de la trama, y viceversa.

Hasta que eso llegue, y con la confianza que generan las dos temporadas de Daredevil, solo queda disfrutar de este personaje, del modo en que es presentado y de su evolución, sencillamente brillante y apasionante. La labor de guionistas, directores, actores y el resto del equipo es un evidente testimonio de que este tipo de producciones pueden tener un futuro, que no son meros entretenimientos para fans adictos a las viñetas y a un mundo de fantasía. La clave está, como se ha demostrado en varias ocasiones, en tratar a estos personajes como… pues eso, como personajes, situando sus poderes como algo casi anecdótico que puede resultar útil en un momento dado, y no como el epicentro del que dependa absolutamente todo. Mientras eso siga siendo una máxima, la serie seguirá siendo una de las mejores realizadas.

‘Los siete magníficos’: satisfacción por un trabajo bien hecho


'Los siete magníficos' regresan de la mano de Antoine Fuqua.Realizar un remake puede parecer sencillo. Incluso puede considerarse que no se requieren grandes dotes para hacer este tipo de películas. Pero como para todo, es necesario tener cierta habilidad, y lo nuevo de Antoine Fuqua (Training day) es el mejor ejemplo, sobre todo si se compara con otras versiones recientes de clásicos imperecederos. Lo que logra el director con este film es algo tan difícil como fundamental en estos tiempos: entretener sin echar de menos la película que toma como referencia.

No seré yo quien defienda que Los siete magníficos, versión 2016, es una obra maestra, y mucho menos que está a la altura de la cinta de 1960. Pero desde luego es un film más que meritorio en todos sus aspectos. Fuqua logra, con pequeños cambios en la trama, mantener la esencia de esta historia de honor, hermanamiento y valentía gracias a un desarrollo de personajes que, si bien cojea en algunos casos (ya sea por falta de profundidad o por un exceso de previsibilidad), al final funciona a las mil maravillas. Desde luego, tanto Denzel Washington (Imparable) como Chris Pratt (Eternamente comprometidos) literalmente roban la atención en cada plano en el que aparecen, pero el resto del reparto, sobre todo los nombres más conocidos, logran crear un mosaico rico, variopinto y armonizado de roles.

Y esto es, en realidad, lo más importante del film. Su desarrollo, es cierto, cae en algunos tópicos, pero son problemas secundarios ante la puesta en escena elegida por Fuqua, quien lejos de experimentos visuales de última generación recurre a lo más tradicional, es decir, a las bases del western. Primeros planos, movimientos de cámara sencillos que ubiquen la acción, composiciones lineales y circulares para enriquecer la planificación, etc. Todo ello en un claro homenaje no solo al clásico dirigido por John Sturges (La gran evasión), sino a todo un género. Esto, en definitiva, es lo que le convierte en un gran director, pues en lugar de adaptar la trama a su estilo, adapta su estilo a la trama. Todo ello acompañado por una banda sonora obra de James Horner (Braveheart) que bebe del clásico para encontrar el tono perfecto.

El resumen más simple podría ser que Los siete magníficos es una buena película. En algunos tramos incluso excelente. Pero más allá de valoraciones de este tipo, lo cierto es que Antoine Fuqua ha creado un entretenimiento puro, una obra capaz de hacer reír, de emocionar, de generar tensión (el primer duelo en el pueblo es de lo mejor que se puede ver últimamente). Y todo ello teniendo que luchar contra la pesada losa que supone beber de un clásico. El mérito, por tanto, es doble. Tiene sus errores, e incluso habrá quienes encuentren demasiadas referencias a otras películas. Pero eso no tiene que ser necesariamente malo cuando las luces se encienden y la sensación que queda es de satisfacción.

Nota: 7/10

Los nuevos siete magníficos, contra Streep, Mortensen y Fernández


Estrenos 23septiembre2016Nuevo viernes de septiembre y nueva cita con los estrenos en las salas de cine. Y como está siendo habitual este mes, títulos de puro entretenimiento se juntan con los que empiezan a sonar a Oscar, aunque solo sea en esa carrera inicial hacia las nominaciones. Este 23 de septiembre llega cargado de acción, humor y drama.

La acción la pone Los siete magníficos, remake del film de 1960 que, a su vez, adaptaba la película de Akira Kurosawa Los siete samuráis (1957). Para quienes no conozcan la trama, esta arranca cuando los habitantes de un pueblo deciden contratar los servicios de siete hombres, entre los que se encuentran forajidos y sicarios, para que les salven de la opresión y el terror que está sembrando un empresario industrial. Y aunque inicialmente se mueven por dinero, estos siete hombres pronto descubrirán que sus motivaciones van más allá. El encargado de esta nueva versión es Antoine Fuqua (The Equalizer), que cuenta con un reparto encabezado por Denzel Washington (2 guns), Chris Pratt (Guardianes de la galaxia), Ethan Hawke (Regresión), Vincent D’Onofrio (serie Daredevil), Peter Sarsgaard (El caso Fischer), Matt Bomer (Dos buenos tipos), Cam Gigandet (Plush), Haley Bennett (Kristy) y Luke Grimes (Forever).

El humor lo aporta Florence Foster Jenkins, biografía dirigida por Stephen Frears (Philomena) acerca de la vida de una heredera neoyorquina que en los años 40 decidió cumplir su sueño y convertirse en cantante de ópera. Pero lo que ella consideraba como una voz espléndida para el resto era hilarantemente horrible. Con ayuda de su manager y marido la mujer logró actuar en teatros de la ciudad hasta que se enfrentó a un concierto público en el Carnegie Hall. Meryl Streep (Sufragistas), Hugh Grant (Operación U.N.C.L.E.), Simon Helberg (serie The Big Bang Theory), Rebecca Ferguson (Hércules), John Kavanagh (In secret) y Nina Arianda (La sombra del actor) son los principales protagonistas.

Y el drama, aunque con dosis de humor, lo propone Captain Fantastic, segunda película de Matt Ross (serie Silicon Valley) como director tras 28 hotel rooms (2012). El argumento se centra en una familia que vive en medio del bosque y cuyo patriarca se ha entregado a la educación de sus hijos, enseñándoles todo lo que considera necesario para sobrevivir en la naturaleza. Sin embargo, una tragedia obliga al clan a acudir a la ciudad, donde las enseñanzas del hombre chocarán frontalmente con la realidad del mundo. Con Viggo Mortensen (Las dos caras de enero) como principal protagonista, en el reparto también encontramos a Frank Langella (serie The americans), Kathryn Hahn (La visita), George MacKay (Pride), Steve Zahn (serie Mad dogs), Annalise Basso (Standing up) y Samantha Isler (Dig two graves).

Estados Unidos participa, junto a Turquía, en la cinta de terror Baskin, producción de 2015 que arranca cuando una patrulla de policía que recorre la Turquía rural recibe una llamada momentos antes de terminar su turno. Cuando llegan a la zona se encuentran con la celebración de una misa negra que ha abierto las puertas al infierno. Dirigida por Can Evrenol, que debuta de este modo en el largometraje, la cinta cuenta entre sus actores con Muharrem Bayrak (Nefes: Vatan sagolsun), Fadik Bülbül, Mehmet Cerrahoglu, Elif Dag (Risse im Betim) y Fatih Dokgöz (Elveda katya).

Pasamos ahora al estreno español de la semana, El hombre de las mil caras, thriller político basado en la novela de Manuel Cerdán que narra, a su vez, la historia de Francisco Paesa, ex agente secreto español que tuvo que huir del país por un caso de extorsión. Cuando regresa, arruinado y con una vida personal en crisis, recibe la visita de Luis Roldán, ex director de la Guardia Civil que le contrata para sacar los 1.500 millones de pesetas robados al erario público. Sin embargo, esto le dará la oportunidad de ajustar cuentas con el Estado español. Dirigido por Alberto Rodríguez (La isla mínima), la película está protagonizada por Eduard Fernández (Truman), José Coronado (Cien años de perdón), Marta Etura (Los últimos días) y Carlos Santos (Miel de naranjas), entre otros.

También española es Fátima o el parque de la fraternidad, drama de 2015 dirigido por Jorge Perugorría (Habana abierta) que se centra en un travesti cuya vida está marcada por la crudeza de las decisiones que debe tomar para poder sobrevivir y estar junto al hombre que ama. El reparto está encabezado por Carlos Enrique Almirante (La pared de las palabras), Tomás Cao (Larga distancia), Mirtha Ibarra (Amor crónico) y Broselianda Hernández (Siempre Habana).

En lo que a estrenos europeos se refiere, destaca El porvenir, coproducción franco alemana escrita y dirigida por Mia Hansen-Løve (Eden: Lost in music) que se centra en una mujer, escritora y profesora de filosofía, cuya vida se reparte entre su trabajo, sus hijos y atender a su posesiva madre. Pero todo dará un vuelco cuando su marido anuncie que la abandona por otra mujer. Este drama está protagonizado por Isabelle Huppert (Luces de París), Edith Scob (Primavera en Normandía), Roman Kolinka (Juliette) y André Marcon (El hombre perfecto).

En clave de comedia se desarrolla El gruñón, film de 2014 con capital de Finlandia e Islandia cuya trama arranca cuando un hombre al que todo lo que ha ocurrido después de 1953 le enfurece tiene que irse a vivir con la familia de su hijo a Helsinki. Su vida allí representa todo lo que odia, pero tratará de integrarse en su familia ayudando a su nuera, una mujer de carrera, a cerrar un negocio. El problema es que para lograrlo posiblemente enfade a alguien. Basado en la novela de Tuomas Kyrö, el relato está dirigido por Dome Karukoski (Napapiirin sankarit) y protagonizado por Antti Litja (Hella W), Petra Frey (Kotirauha), Janne Reinikainen (Vuosaari), Timo Lavikainen (Roskisprinssi) y Kari Ketonen (Risto).

De 2014 también es Caballo dinero, drama escrito y dirigido por Pedro Costa (Casa de lava) que gira en torno a un hombre cuyos recuerdos le llevan a vivir de nuevo los momentos previos a abandonar su Cabo Verde natal para buscar una vida mejor en Lisboa, donde siempre ha vivido desplazado. Unos instantes marcados por la violencia y la revolución. Con cierto toque biográfico, el reparto de esta historia está encabeza por Ventura (Juventude em marcha), Vitalina Varela, Tito Furtado y Benvindo Tavares.

Francia, España. Argentina y Chile están detrás de Neruda, drama biográfico acerca de la persecución del Premio Nobel de Literatura por la policía de Chile a finales de los años 40, cuando se dio la orden de detenerlo por sus convicciones comunistas. Pablo Larraín (No) dirige esta propuesta que cuenta con Luis Gnecco (Aurora), Gael García Bernal (serie Mozart in the jungle), Mercedes Morán (Betibú), Alfredo Castro (El Club) y Pablo Derqui (Sabrás qué hacer conmigo) como principales intérpretes.

En 2015 también se produjo Blanka, film con capital italiano, filipino y japonés que, en clave de drama, narra la historia de una joven que se gana la vida con robos y trucos en las calles de Manila. Todo cambia cuando conoce a un cantante ciego que también saca provecho de la calle. Si bien ambos aúnan fuerzas para hacer frente a las necesidades, ella descubre su capacidad para el canto y la necesidad de cambiar si quiere lograr el amor de una persona. Kohki Hasei debuta en el largometraje de ficción con esta historia protagonizada por un reparto anónimo en el que destacan Cydel Gabutero, Peter Millari, Jomar Bisuyo y Raymond Camacho.

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