‘Episodes’ termina y cierra ciclo en su quinta temporada


Aunque muchas veces las comparaciones son odiosas, equiparar en algunos aspectos unas cosas con otras puede ayudarnos a tomar perspectiva. Por ejemplo, en el caso de Episodes, la serie creada por David Crane (serie Friends) y Jeffrey Klarik (serie The class), equipararlo a cualquier otra producción, ya sea drama o comedia, permite apreciar mejor la calidad de una serie sencilla, una sitcom correcta y ajustada en tiempo y formato que, sin embargo, está planteada de principio a fin como un todo. Y eso es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de series.

Y esto es algo que se aprecia sobremanera en la quinta y última temporada por muchos motivos. El más importante, evidentemente, el dramático. El arco argumental de esta etapa final viene a ser una vuelta a los inicios para los protagonistas, un regreso al punto de partida con el que comenzó esta divertida ficción. La pareja de guionistas interpretada por Stephen Mangan (Rush) y Tamsin Greig (Con la banca no se juega) se convierten en el punto de apoyo sobre el que la trama gira sobre sí misma para volver a situarles como al principio, es decir, construyendo una historia que no les termina de convencer para un actor, Matt LeBlanc (Los ángeles de Charlie) al que odian y aman casi a partes iguales.

Por supuesto, no es este el único elemento. Resulta también interesante el giro final de la serie, en el que los protagonistas convierten en episodio piloto del nuevo producto su propia experiencia con LeBlanc, una producción dentro de otra producción que acentúa el carácter cíclico de Episodes desde un punto de vista puramente formal y conceptual. Desconozco si esa era realmente la intención de sus creadores desde el comienzo o si ha sido algo obligado por las circunstancias, pero lo que sí parece claro, viendo el resultado final de la serie completa, es que alguna base debía existir, pues aunque en muchas ocasiones el desarrollo dramático ha podido parecer algo caótico, la realidad es que todo ha terminado encajando de forma armónica.

Y todo ello con humor ácido, con carcajadas blancas y sinceras, y con una cierta crítica profesional y social a un mundo, el de la televisión, marcado por las audiencias. Esta quinta temporada, en este sentido, también es ejemplar. Si durante etapas anteriores la trama se ha centrado fundamentalmente en el devenir de una pareja de guionistas ingleses y su calvario en Estados Unidos, en esta última parte (y que comenzó en la cuarta temporada) buena parte del peso también recae en el personaje de LeBlanc, al que se le enfrenta a situaciones que, en principio, ningún actor desea, como bien se encargan de demostrar en la trama. Y a su alrededor, todo un mundo movido por intereses personales, por rencillas y, por supuesto, por el dinero y la audiencia, capaz de perdonar todo. Y cuando digo todo, es todo.

El final deseado

Otro elemento que viene a confirmar el carácter circular de Episodes es el hecho de que esta última temporada cuenta con 7 episodios, los mismos que la primera allá por 2011 y dos menos que el resto de etapas. Puede parecer causalidad o una mera anécdota, pero lo cierto es que esta características de la conclusión de la serie condiciona en buena medida el desarrollo de la trama, mucho más directo y enfocado a cerrar las líneas argumentales todavía abiertas a lo largo de esta ficción. En este sentido, y a pesar de los problemas que puede ocasionar la falta de tiempo, se podría decir que es el final deseado.

Porque sí, la conclusión de la serie es lo que podría esperar y desear cualquier espectador de una producción tan blanca y limpia como esta. Nada de finales inesperados, nada de giros argumentales de última hora que puedan cambiar el destino de los protagonistas. Todo se desarrolla como estaba previsto, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Y aunque es cierto que algunas historias secundarias pecan en exceso de un desarrollo y una resolución directa y simple, no lo es menos que la dinámica del trío protagonista es tan sólida que acapara toda la atención, por lo que las historias secundarias quedan, pues eso, en un segundo plano.

Y si bien es cierto que al final estos personajes secundarios, aunque divertidos y por momentos interesantes, no dejan de ser meras sombras en el fondo de la historia principal que permiten dar color al entorno en el que se desarrolla la trama, también lo es el hecho de que se echa en falta algo más de peso dramático y narrativo de los mismos en esta conclusión. Y es que ese es el principal problema de esta última temporada. Durante toda la serie varios secundarios habían disfrutado de un peso específico notable, siendo incluso determinantes en las decisiones de los protagonistas. Ahora, sin embargo, se convierten más bien en un contexto necesario, en una suerte de acompañamiento divertido al que se le tiene que dar un final, pero que no tiene demasiado impacto en el resto de la ficción.

En cualquier caso, es un problema menor de una sitcom diferente, fresca y dinámica, con un trío protagonista que, sin ser excepcional, sí evidencia una complicidad inusual. Esta quinta y última temporada de Episodes cierra por completo la serie de un modo pocas veces visto, y a pesar de ciertos problemas de equilibrio dramático entre la historia principal y los personajes secundarios, en líneas generales cumple lo que podría esperarse de una ficción de estas características. No es una obra cumbre de la comedia, ni mucho menos, pero sí es lo suficientemente original como para ser una obra destacada, tanto por su argumento como por sus actores.

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‘Defiance’ termina con una tercera temporada idónea


Los nuevos enemigos provocan cambios en la tercera temporada de 'Defiance'.No es que sea la mejor serie de ciencia ficción que se haya hecho. Es más, sus primeros pasos fueron, de hecho, bastante mediocres. Pero Defiance ha sabido reponerse de sus difíciles inicios y ha terminado convirtiéndose, en su tercera temporada, en una producción amena, fascinante en su imaginería particular y consciente de sus propias limitaciones. Esto se traduce en que estos últimos 13 episodios son, con diferencia, los mejores de toda la serie.

El mundo creado por Kevin Murphy (serie Mujeres desesperadas), Rockne S. O’Bannon (serie Farscape) y Michael Taylor (serie La zona muerta) ha logrado encontrar en su última temporada el equilibrio que brillaba por su ausencia en las anteriores etapas. Y curiosamente lo ha conseguido introduciendo una serie de factores externos que han logrado unir las diferentes tramas secundarias de un modo difícil de imaginar. La presencia de enemigos comunes, de amenazas constantes y de traiciones imperdonables es lo que ha permitido a los protagonistas evolucionar, desarrollarse dramáticamente hablando, encontrando escenarios nuevos que han nutrido la trama.

Baste señalar, por ejemplo, el cariz que han adquirido los personajes de Tony Curran (In the dark half) y Jaime Murray (serie Dexter), pareja cuyo potencial se perdió al final de la primera temporada y que se ha recuperado con creces en estos nuevos episodios. De hecho, y cada uno a su modo, son los verdaderos catalizadores de toda la acción que tiene Defiance, otorgándoles el lugar que por derecho les corresponde dentro de una trama en la que los personajes son excesivamente monocromáticos. El carácter sibilino de ambos, capaces de vender su alma a cualquier postor con tal de sobrevivir, permite al espectador acceder a su verdadera naturaleza en un grado no contemplado hasta ahora.

Pero no son los únicos que cambian. En líneas generales, la presencia de amenazas que van más allá de la propia ciudad que da nombre a la serie provoca un cambio profundo en todos los roles, incluso en los más secundarios. Es evidente que el carácter de “buenos y malos” sigue presente en todos ellos, pero sus decisiones, en muchos casos, les llevan a cometer actos que no se ajustan a dicha definición, lo que a la larga provoca giros dramáticos que redefinen las relaciones planteadas hasta ahora. Dicho de otro modo, la tercera temporada explora aspectos de la personalidad que hasta ahora habían sido ignorados. Mejor tarde que nunca.

Entretenimiento puro

'Defiance' termina con una tercera temporada superior a las anteriores.Todo esto, sin embargo, no convierte a Defiance en una gran serie. Ni siquiera hace pensar que la tercera y última temporada sea magnífica. Simple y llanamente, es la mejor de todas, lo que eleva significativamente el tono de la producción pero, en ningún caso, logra alejarla del mero entretenimiento de ciencia ficción. Y debe quedar claro que eso no es necesariamente malo, al contrario.

Esta space opera no pretende, en ningún momento, ser más de lo que es. La conciencia de sus propias limitaciones es lo que la convierte en el divertimento que es. Pero no hay que olvidar en ningún momento, precisamente, dichas limitaciones. Curiosamente, estas no son los problemas que venía arrastrando de la segunda temporada, sino que se traducen más bien en conflictos internos de los personajes, tan arquetípicos que no son capaces de asumir los cambios con la naturalidad que debería presuponerse.

Algunas de las decisiones que toman, sumamente polémicas e indudablemente cargadas de confrontación moral, no parecen tener repercusión en las relaciones humanas que se plantean, e incluso no arrojan consecuencias a su entorno. Lo cierto es que se limita a actitudes y decisiones secundarias cuyo impacto en el grueso de la serie es insignificante, pero no dejan de ser decisiones que podrían, perfectamente, provocar un cambio de rumbo en algunas líneas dramáticas. Esta forma de forzar a los personajes, algo que no existía antes (entre otras cosas, porque eran excesivamente tópicos) provoca una cierta disconformidad en el devenir de la serie, y es lo que termina por limitar sus propias posibilidades.

Pero Defiance es lo que es, y dentro de ese marco su tercera temporada se ha convertido en algo superior. Por supuesto, sigue manteniendo unas limitaciones notables, pero la incorporación de factores externos y de amenazas comunes ha permitido a la trama desarrollarse de forma casi autónoma. ‘Casi’ es la palabra clave. El entretenimiento que desprende se ve limitado por algunas decisiones dramáticas que impiden a los personajes ir un paso más allá. En cualquier caso, y dado que esta última entrega de episodios ha sido la mejor, se puede decir que la serie termina por todo lo alto.

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