‘This is us’ se adentra de lleno en su futuro en la cuarta temporada


This is us es una de esas producciones que necesitan ser diseccionadas plano a plano, minuto a minuto, para poder apreciar su complejidad en todas sus dimensiones. Es, en pocas palabras, todo lo que debería ser una historia. Sí, es cierto que es lacrimógena y deliberadamente dramática. Y sí, sabe jugar con las expectativas y las emociones del espectador, en algunos casos de forma un poco tramposa. Pero las diferentes tramas están construidas sobre algo fundamental que no suele verse ni en cine ni en televisión: unos personajes escritos desde su infancia hasta su vejez.

La cuarta temporada de la serie que ahora analizamos empieza a centrarse en esa segunda parte. Ya se pudo intuir algo en la anterior etapa, pero ha sido en estos 18 episodios cuando se ha entrado de lleno. Y no es casualidad. Todavía quedan dos temporadas más, por lo que, de mantenerse en ese total de seis entregas, podríamos estar hablando de una serie dividida en dos partes bien diferenciadas. Pero volvamos a las tramas. La ficción creada por Dan Fogelman (serie Galavant) aborda la madurez y la vejez de los tres hermanos protagonistas, adentrándose no solo en su evolución como adultos, sino presentando nuevos personajes que completan un interesante mosaico familiar. Para hacernos una idea, construir una serie de estas características, más allá de la inteligente estructura formal que une pasado, presente y futuro para mostrar paralelismos emocionales y plantear así un apasionante juego al espectador, implica crear situaciones, anécdotas, relaciones, conflictos y dramas de cada uno de los personajes en cada etapa de su vida. No quiero imaginar cuánto pueden ocupar las biografías de los protagonistas, pero no cabe duda de que es un trabajo pormenorizado, arduo y complejo. Esa esa la belleza de la serie, y al mismo tiempo su mayor valor.

Y al igual que en la vida misma, esta cuarta tanda de capítulos de This is us afronta el ocaso no solo de la vida, sino de las relaciones fraternales y, por qué no decirlo, también de la personalidad que conocíamos de cada uno de los protagonistas. Las tramas se adentran en los mayores miedos y anhelos de los tres hermanos a través, precisamente, de su madurez, dibujada en cada uno de ellos de forma diferente. Pero todos ellos, sin excepción, tienen como vínculo el personaje de Mandy Moore (Mentes poderosas). Tanto es así que el devenir de la matriarca de los Pearson es el que marca los principales giros argumentales del arco dramático de toda la temporada, nutriéndose a su vez de los conflictos de cada una de las tramas personales. Por ejemplo, el modo en que cada hijo afronta la enfermedad es el motor de un conflicto que va deteriorando la relación entre ellos, lo que adquiere una mayor complejidad cuando lo sumamos a los problemas que ya tiene cada uno de estos protagonistas.

Quizá el mejor ejemplo de esto está, curiosamente, en el personaje al que da vida Milo Ventimiglia (Puertas al infierno). Si bien es cierto que su papel sigue siendo capital para comprender la vida de cada uno de los roles (incluso de los secundarios), en estos capítulos su fuerza se ha visto disminuida. O dicho de otro modo, su presencia en la trama es más habitual que sea a través de la mirada del resto de protagonistas. Así, los encuentros con su mujer están vistos desde la memoria del rol de Moore; la vida con sus hijos se observa desde el punto de vista de cada uno de ellos; y un largo etcétera que apunta a que la visión ha cambiado con esta nueva era en la que se adentra la serie. En realidad, no podría ser de otro modo. La matriarca a la que da vida Moore se convierte, por necesidades dramáticas y narrativas, en el epicentro de toda la historia (algo que hasta ahora había sido Ventimiglia), por lo que es normal que asuma buena parte de las funciones que tenía el padre de los Pearson, pasando este, consecuentemente, a un peldaño dramático inferior. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que no tenga momentos imprescindibles, pero ese aura de icono al que aspirar se aparca por un momento para centrarse en el drama que ocupa toda la temporada.

Narrativa episódica

Esta cuarta entrega de episodios también deja algunos conceptos narrativos interesantes o, al menos, diferentes a lo que se suele ver. Estamos acostumbrados a que This is us sea una ficción con una narrativa en paralelo, es decir, en la que las diferentes tramas se desarrollan en todos los episodios de forma más o menos igual. Puede darse el caso de que un personaje tenga más peso dramático que otro en algún momento, pero en líneas generales los arcos narrativos de todos ellos van a la par. En esta temporada, sin embargo, se ha planteado otro formato, y a mi modo de ver con bastante acierto. Durante tres episodios se ha narrado únicamente la vida de uno de los hermanos, sin repercusión ninguna (o muy limitada) en el resto de la historia. Lo que esto aporta es algo muy interesante: la profundización en los problemas, anhelos y personalidades de cada uno, permitiendo a la serie avanzar en la dramatización consolidando a los tres protagonistas para lo que está por llegar.

Es posible que esta forma de narrar ya se haya utilizado en alguna que otra ocasión a lo largo de la serie, pero nunca ha sido tan evidente su relevancia como en esta temporada. Es evidente que no se podría usar durante todos los episodios, pero su inclusión en un formato tan limitado y, además, teniendo un nexo de unión entre todos los episodios, aporta a la producción varios conceptos narrativos interesantes. El primero, la ruptura estructural supone un soplo de aire fresco a toda la ficción. El segundo, como ya comentaba, permite ahondar en cada personaje, en su pasado y su presente, en el modo en que afrontan la madurez y los puntos más determinantes de sus vidas. Y el tercero vendría a ser la capacidad de sus creadores utilizar este formato para sentar las bases del drama que, a todas luces, se desarrollará en la quinta temporada. Unas bases sólidas sobre las que se construye un futuro que, aunque se intuye, no dejará de sorprender a tenor de cómo viene siendo la serie.

Es evidente que el futuro de este drama familiar con tintes de humor pasa por los tres hermanos protagonistas. En realidad, nunca ha dejado de estar en ellos, pero durante la primera temporada y buena parte de la segunda la relación entre los personajes de Moore y Ventimiglia era capital en el desarrollo argumental. Ahora no, y esa es en buena medida la forma de ver cómo evoluciona la ficción, más allá de la transformación que sufren los personajes en sus respectivas personalidades. Poco a poco el foco dramático se va poniendo en ellos, y por extensión (también porque es necesario completar el metraje de cada episodio) en las siguientes generaciones de los Pearson. Dicho de otro modo, lejos de quedarse estancado dando vueltas sobre los mismos conceptos y los mismos personajes, este drama sigue adelante, planteando en todo momento los puntos de giro de un modo inteligente, y aprovechando los diferentes tiempos de las líneas argumentales para componer una compleja historia que va más allá de la ficción para convertirse en un reflejo de una familia cualquiera.

Así, esta cuarta temporada de This is us se adentra, definitivamente, en el futuro de los Pearson. Y lo hace moviendo el foco dramático hacia las nuevas generaciones, mostrando el ocaso de los personajes que, hasta ahora, habían cargado buena parte de la responsabilidad narrativa de la serie. Lo más interesante es el modo en que su creador logra este reto, y es a través de un hito dramático narrado con delicadeza e inteligencia. La complejidad de sus personajes, definidos al detalle en todos sus aspectos, desde su nacimiento hasta su ocaso, convierte a este drama en algo diferente, único, que no pierde frescura ni interés, y que sabe en todo momento manejar los tiempos para no caer en el producto lacrimógeno (aunque sabe jugar muy bien con los sentimientos del espectador) ni en la telenovela de conflictos interminables. Sigue siendo una de las mejores obras de los últimos años. Y todavía quedan al menos dos, por suerte.

Un invencible Vin Diesel en ‘Bloodshot’ se enfrenta a ‘Onward’


A pesar de que ya hace varias semanas que se han entregado los principales premios del cine, en este primer viernes de marzo, día 6, todavía siguen llegando a la cartelera algunos títulos que han competido por las preciadas estatuillas. Y en este comienzo de mes, junto a ellas un amplio número de estrenos, entre ellos ciencia ficción, comedia y drama.

Y con la ciencia ficción comenzamos. Bloodshot es la adaptación del cómic homónimo creado por Kevin VanHook, Bob Layton y Don Perlin. La trama tiene como protagonista a un soldado caído en combate y devuelto a la vida por una corporación privada. Sin embargo, no es el mismo hombre. Un ejército de nanotecnología recorre sus venas, lo que le otorga una fuerza imparable y la capacidad de curarse y regenerarse automáticamente. Para poder controlarle, la compañía le ha borrado la memoria y su propia identidad, por lo que deberá averiguar quién es y qué es real en ese nuevo mundo. Ópera prima de Dave Wilson, la película, producida entre Estados Unidos y China, está protagonizada por Vin Diesel (xXx: Reactivated), Toby Kebbell (Destroyer. Una mujer herida), Eiza González (Baby Driver), Sam Heughan (serie Outlander), Guy Pearce (María, reina de Escocia), Talulah Riley (serie Westworld) y Alex Hernandez (serie The Son), entre otros.

Muy diferente es Harriet: En busca de la libertad, drama biográfico estadounidense con toques de acción que dirige Kasi Lemmons (Talk to me) y que aborda la figura de Harriet Tubman, famosa y aguerrida luchadora por la libertad de los afroamericanos esclavizados en Estados Unidos. La cinta está protagonizada por Cynthia Erivo (Viudas), que fue nominada a los Oscar por este papel; Joe Alwyn (Identidad borrada), Janelle Monáe (Figuras ocultas), Leslie Odom Jr. (Asesinato en el Orient Express), Deborah Ayorinde (Plan de chicas), Vondie Curtis (Come sunday) y Tim Guinee (serie Homeland).

Este fin de semana también llega lo nuevo de Disney-Pixar. Dan Scanlon (Monstruos University) dirige Onward, aventura con toques de comedia y fantasía suburbana que sigue el viaje de dos hermanos elfos adolescentes en busca de la poca magia que pueda quedar en su mundo con el objetivo de recuperar a su padre, al que perdieron hace tiempo. Entre las voces de la versión original encontramos las de Chris Pratt (Jurassic World: El reino caído), Tom Holland (Spider-Man: Lejos de casa), Julia Louis-Dreyfus (serie Veep), Octavia Spencer (El sótano de Ma) y John Ratzenberger (Miracle in East Texas).

Con algo de retraso se estrena Skin, drama estadounidense de 2018 basado en la historia real de un joven criado por supremacistas blancos. La educación que recibió provoca en él un profundo odio que deja ver en su piel, llena de tatuajes con lemas y símbolos de extrema derecha. Su vida cambia cuando se enamora de una joven, por la que decide abandonar esa espiral de odio y violencia con la ayuda de un activista de color que lucha por los derechos humanos. Guy Nattiv (Magic men) escribe y dirige esta película cuyo reparto encabezan Jamie Bell (Cuatro Fantásticos), Vera Farmiga (serie Bates Motel), Danielle Macdonald (Patti Cake$), Mike Colter (serie Luke Cage), Bill Camp (Molly’s game) y Louisa Krause (New money).

Pasamos ahora a los estrenos europeos, entre los que destaca El ritmo de la venganza, thriller británico basado en la novela de Mark Burnell, quien se encarga también de este guión cuya protagonista es una mujer que perdió a su familia en un accidente de avión. Cuando descubre que lo ocurrido en realidad no fue un accidente volverá a encontrar sentido a su vida a través de la rabia, que le llevará a entrar en una peligrosa espiral de venganza para descubrir la verdad. Dirigida por Reed Morano (Dentro del dolor), la cinta está protagonizada por Blake Lively (Un pequeño favor), Jude Law (Capitana Marvel), Sterling K. Brown (serie This is us), Max Casella (Night comes on), Daniel Mays (1917), Richard Brake (Los hermanos Sisters) y Raza Jaffrey (Misterio en Amán).

Francia y Bélgica colaboran en Lo mejor está por llegar, comedia dramática que tiene como punto de partida un malentendido. Dos amigos de la infancia creen, cada uno de ellos, que al otro le quedan pocos meses de vida. Esta confusión les llevará a aparcarlo todo para recuperar el tiempo perdido. Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, directores de El nombre (2012) se ponen tras las cámaras, mientras que en pantalla veremos a Fabrice Luchini (Los consejos de Alice), Patrick Bruel (Una bolsa de canicas), Martina García (La cara oculta), Thierry Godard (Asalto en París), Pascale Arbillot (Buenos principios) y Zineb Triki (El buen maestro), entre otros.

De 2018 es también Salvar o morir, drama francés dirigido por Frédéric Tellier (El caso SK1) cuyo argumento, basado en hechos reales, sigue a un bombero de París cuya vida no podría ser más perfecta. Le gusta su trabajo, vive en el parque de bomberos con su esposa y acaba de ser padre de gemelos. Pero durante una intervención en un incendio se sacrifica para salvar a sus hombres y termina en un hospital. Al despertar comprenderá que tendrá que volver a aprender a vivir y, sobre todo, aceptar que necesita ser salvado. Pierre Niney (Altamira), Anaïs Demoustier (Algo celosa), Vincent Rottiers (Money), Chloé Stefani (Enrique de Navarra) y Sami Bouajila (Testigo) encabezan el reparto.

La única representante española es Invisibles, lo nuevo de Gracia Querejeta (Ola de crímenes) que, en clave de comedia dramática, narra la vida de tres mujeres que cada jueves se reúnen para dar un paseo matinal antes de acudir a sus respectivos trabajos. Es un momento de confesión en el que cuentan sus preocupaciones y, a pesar de sus diferencias, se sienten unidas al compartir la misma edad y la sensación de que el paso de los años las ha arrinconado en un lugar en el que parecen casi perdidas. La cinta está protagonizada por Emma Suárez (La influencia), Adriana Ozores (Thi Mai: Rumbo a Vietnam), Nathalie Poza (70 binladens), Blanca Portillo (Secuestro) y Fernando Cayo (La punta del iceberg).

De 2019 es el drama La candidata perfecta, cinta con capital procedente de Arabia Saudí y Alemania que tiene como protagonista a una joven y ambiciosa médica que trabaja en un centro de salud de una localidad del país árabe. A pesar de sus conocimientos, cada día debe ganarse el respeto de compañeros y pacientes hombres. Un día, harta de ver cómo el Ayuntamiento no hace nada por mejorar el acceso al hospital, decide presentarse a alcaldesa, y dado que su padre, músico de profesión, se encuentra en la primera gira de conciertos públicos que se permite en Arabia Saudí, empieza a preparar la campaña con sus dos hermanas pequeñas. Su candidatura sacudirá los cimientos de una sociedad nada acostumbrada a que la mujer se ponga al frente de un Ayuntamiento. Haifaa Al-Mansour (Mary Shelley) dirige este film, que cuenta entre sus principales actores con los debutantes Nora Al Awadh, Dae Al Hilali, Mila Al Zahrani, Khalid Abdulraheem y Shafi Alharthy.

Entre el resto de títulos de ficción destaca La camarista, drama mexicano de 2018 cuyo argumento tiene como protagonista a una joven que trabaja en uno de los hoteles más lujosos de Ciudad de México. Su extensa jornada laboral le impide cuidar a su hijo, pero aun así sigue volviendo día tras día a su lugar de trabajo convencida de que todo cambiará cuando sea ascendida a un mejor puesto. Lila Avilés debuta en el largometraje de ficción con este film en cuyo reparto encontramos a Gabriela Cartol (Sueño en otro idioma), Teresa Sánchez (Andrea within a box) y Agustina Quinci (Congreso).

En cuanto a los documentales, dos son las propuestas. El viaje de Javier Heraud, dirigido por Javier Corcuera (Sigo siendo) y con capital español y peruano, aborda la figura del poeta peruano acribillado a los 21 años. A través de la sobrina nieta del autor, también de 21 años, descubrimos sus viajes, su participación en un grupo guerrillero y a algunos testigos de su muerte en 1963, cuando el joven se había rendido.

Por último, La ola verde es una producción con capital argentino, francés y uruguayo que aborda el mundo de los abortos clandestinos en Argentina, motivo por el que cada semana muere una mujer en el país sudamericano. La película cuenta la lucha de una parte importante de la población para acabar con esta falta legal. Juan Solanas (Un amor entre dos mundos) es su director.

Zellweger se mete en la piel de Garland para viajar ‘Underwater’


Último viernes de enero, que coincide además con el último día del mes. Y como ha venido ocurriendo de forma progresiva durante todas las semanas, un mayor número de estrenos llegan a la cartelera española, liderados por uno de los últimos títulos con alguna que otra nominación a los Oscar. Eso sí, este día 31 se estrenan novedades para todos los gustos, incluyendo el terror, la comedia, la animación o el documental.

Pero comenzamos el repaso con Judy, biopic dramático basado en la obra de teatro de Peter Quilter sobre la vida de la actriz y cantante Judy Garland. En concreto, la historia se centra en la gira que realizó la estrella de El mago de Oz (1939) en 1968. A sus 47 años logra agotar las entradas en cuestión de días, pero este regreso a los escenarios será el detonante para que vuelvan los fantasmas que la atormentaron desde su debut cinematográfico, llevando a la actriz a realizar un repaso de su vida. Rupert Goold (Una historia real) es el encargado de poner en imágenes esta trama con capital británico y protagonizada por Renée Zellweger (Toda la verdad), Rufus Sewell (serie El hombre en el castillo), Finn Wittrock (serie American Horror Story: 1984), Michael Gambon (Kingsman: El círculo de oro), Jessie Buckley (Las aventuras del Doctor Dolittle), Bella Ramsey (serie Juego de tronos) y John Dagleish (El regreso de Mary Poppins), entre otros.

Muy diferente es Underwater, propuesta hollywoodiense que mezcla drama, terror y acción en un argumento que sigue a un grupo de investigadores que quedan atrapados en su laboratorio submarino tras un terremoto. Juntos deberán sobrevivir no solo a los riesgos de una inundación, sino a un peligro inesperado. Dirigida por William Eubank (La señal), la película cuenta en su reparto con Kristen Stewart (Los ángeles de Charlie), Vincent Cassel (El emperador de París), T.J. Miller (Deadpool 2), Jessica Henwick (Rice on white), Mamoudou Athie (El candidato) y John Gallagher Jr. (Calle Cloverfield 10).

También procede de Estados Unidos Un momento en el tiempo – Waves, drama romántico musical con el deporte como telón de fondo que escribe y dirige Trey Edward Shults (Krisha). La trama aborda la vida adolescente contemporánea a través de dos parejas de jóvenes que tienen que lidiar con sus sentimientos al tiempo que crecen y maduran. Kelvin Harrison Jr. (Gully), Taylor Russell (Escape room), Sterling K. Brown (serie This is us), Renée Elise Goldsberry (La casa del reloj en la pared), Alexa Demie (En los 90) y Lucas Hedges (Tres anuncios en las afueras) encabezan el reparto.

La principal propuesta española es Adú, nuevo film de Salvador Calvo tras 1898. Los últimos de Filipinas (2016). El argumento, en clave dramática, narra tres historias cuyos protagonistas están destinados a cruzarse sin que ellos lo sepan, algo que cambiará sus vidas para siempre. Por un lado, un niño de seis años y su hermana intentan colarse en la bodega de un avión en Camerún. Por otro, un activista medioambiental debe luchar contra la caza furtiva en una reserva natural mientras lidia con los problemas de su hija. Por último, un grupo de guardias civiles se prepara para un asalto a la valla de Melilla. Entre los principales protagonistas encontramos a Luis Tosar (Quien a hierro mata), Anna Castillo (Viaje al cuarto de una madre), Álvaro Cervantes (El árbol de la sangre), Jesús Carroza (La isla mínima), Miquel Fernández (Durante la tormenta), Moustapha Oumarou y Nora Navas (Dolor y gloria).

Muy diferente es la comedia Para toda la muerte, producción española que tiene como protagonista a un joven que, tras ocho años preparándose una oposición, logra aprobar el examen. Por un error inicial su nombre aparece como uno de los elegidos para ocupar una plaza, algo que celebra con familiares y amigos, pero cuando finalmente le confirman que está en la reserva, su único modo de poder acceder a la vida que siempre quiso será si el elegido antes que él fallece. Dirigida y protagonizada por Alfonso Sánchez (El mundo es suyo), la cinta completa su reparto con Alberto López (Toro), Estefanía de los Santos (De chica en chica), Joaquín Ortega (Síndrome de ti), Josep Maria Riera (La gran aventura de los Lunnis y el libro mágico) y Marta Tomasa (serie El secreto de Puente Viejo).

Francia y Noruega colaboran en Volando juntos, adaptación a la gran pantalla de la historia real de un chico obsesionado con los videojuegos que rechaza la sola idea de pasar unas vacaciones con su padre en plena naturaleza. Pero a pesar de sus protestas, termina compartiendo esos días con este científico dedicado al estudio de gansos salvajes. Poco a poco ambos unirán fuerzas para salvar a una especie en peligro de extinción, para lo que emprenderán juntos un viaje por los cielos de Europa. Esta aventura familiar de 2019 está dirigida por Nicolas Vanier (La escuela de la vida) y protagonizada por Jean-Paul Rouve (Lola y sus hermanos), Mélanie Doutey (Conexión Marsella), Louis Vazquez (La clase de piano), Lilou Fogli (Puerto Ricans in Paris), Frédéric Saurel (La escuela de la vida) y Dominique Pinon (Basada en hechos reales).

Con algo más de retraso llega Eter, thriller dramático de corte histórico escrito y dirigido por Krzysztof Zanussi (Obce cialo) que transcurre a finales del XIX. En algún lugar de las afueras del Imperio ruso un médico administra por error una sobredosis letal de éter a una mujer joven. Tras lograr escapar de su condena a muerte rehace su vida en Siberia, donde llega a sentirse respaldado para experimentar con el gas y así poder controlar no solo el dolor, sino las conductas humanas. Este film de 2018 cuenta en su reparto con Jacek Poniedzialek (La semilla de la verdad), Zsolt László (La legión del águila), Andrzej Chyra (Un pueblo y su rey), Ostap Vakulyuk, Maria Ryaboshapka y Stanislav Kolokolnikov, entre otros.

El último de los estrenos en imagen real es Insumisas, drama de 2018 con capital cubano y suizo cuya trama arranca cuando un cirujano suizo llega a Cuba para encontrar a su hijo, secuestrado por una de sus tías. Pero cuando comprueba que ambos han muerto en una revuelta de esclavos decide instalarse en Baracoa. Es 1819, y poco a poco va comprendiendo la sociedad cubana hasta que su verdadera identidad queda al descubierto: el hombre es en realidad una mujer que se ha vestido así para poder ejercer la medicina. Enviada a la cárcel, deberá afrontar el juicio más escandaloso de la historia colonial cubana. Escrita y dirigida a cuatro manos por Laura Cazador, quien debuta de este modo en el largometraje, y Fernando Pérez (Últimos días en La Habana), esta película con capital cubano y suizo está protagonizada por Sylvie Testud (Suspiria), Antonio Buíl (Agadah), Héctor Noas (Verde verde) y Mario Guerra (Sergio & Sergei).

Pasamos ahora a las novedades animadas, entre las que encontramos Operación Panda, coproducción entre Estados Unidos y Rusia que dirige Vasiliy Rovenskiy (Animales en apuros) y que tiene como protagonista a un oso que, junto a sus amigos, se embarcará en una aventura para ayudar a un bebé panda a regresar a su hogar después de que una cigüeña le entregara en una dirección equivocada. Entre las voces originales encontramos las de Drake Bell (Cover versions) y Pauly Shore (Opposite day).

El otro título de animación es Quackers, la leyenda de los patos, film de 2016 con capital estadounidense, ruso y chino. La historia narra el enfrentamiento de los patos contra una malvada bruja que amenaza con destruir al Pato del Sol, cuyo poder ha protegido en el pasado a la bandada de estas aves y que fue arrebatado por la bruja. Viktor Lakisov (Spartakiada. Lokalnoe poteplenie) pone en imágenes esta trama que cuenta con las voces de Michael Gross (Rosemont), Robbie Daymond (NiNoKuni), Jesse Corti (Stiletto), Mark DeCarlo (Mobsters and mormons) y Enn Reitel (El juez).

Respecto al documental, dos son las propuestas de esta semana. Mi gran pequeña granja es una producción estadounidense de 2018 dirigida por John Chester (Rock prophecies) que narra la historia del director y su mujer, quienes abandonaron la ciudad para realizar el sueño de sus vidas: construir una enorme granja para cosechar en armonía con la naturaleza.

También de 2018 es M, la historia de Menahem Lang, quien regresa a su ciudad natal para afrontar su pasado en la capital mundial de los ultra ortodoxos judíos. Allí sufrió abusos durante su infancia, pero también fue el lugar en el que se enamoró. La película, con capital francés e israelí, está dirigida por Yolande Zauberman (Bailar hasta morir).

‘This is us’ mira al futuro desde el pasado en su tercera temporada


Ahora que la cuarta temporada de This is us está llegando a su ecuador resulta interesante echar la vista atrás para comprender cómo la serie creada por Dan Fogelman (Como la vida misma) ha sabido reinventarse en su tercera etapa dentro de unos parámetros muy concretos que, a tenor de lo anunciado, va a permitir a este drama con tintes de humor alcanzar, al menos, seis temporadas. Y cuando hablo de reinventarse me refiero al modo en que esta ficción ha logrado desprenderse de su estructura narrativa más tradicional para introducir de forma progresiva nuevos aspectos que han enriquecido la historia para darle un futuro más allá de su constante mirada al pasado.

Y es que ese es el elemento más importante de los 18 episodios que abordamos ahora. A lo largo de toda esta temporada sus creadores han introducido de forma más o menos sutil diferentes “flashes” del futuro de esta familia tan común como única. Algo de eso ya se había visto en la segunda temporada, pero se puede decir que esta tanda de capítulos ha sido el punto de inflexión. Esta proyección hacia el futuro no solo abre un nuevo plano narrativo para la serie, permitiendo al espectador jugar con las diferentes posibilidades narrativas y plantearse los diferentes escenarios que permite cada escena, sino que otorga al conjunto una nueva dimensión, más amplia, compleja y dramática. Y lo más interesante de todo es que lo logra manteniendo la misma esencia estructural que la ha caracterizado desde el principio, es decir, alternar pasado y presente (ahora pasado, presente y futuro) como si de diferentes líneas argumentales se tratara, con todo lo que eso conlleva.

¿Y qué es lo que conlleva? Para empezar, una profundidad emocional, narrativa y explicativa fuera de lo normal. Esta estructura paralela de los diferentes momentos en la vida de los tres hermanos protagonistas permite al espectador acercarse a los personajes de un modo como nunca antes se había logrado, pues es capaz de comprender sus reacciones, sus decisiones, sus miedos y sus deseos de un modo casi omnipresente, como si hubiera sido parte de esas vidas desde el primer minuto (hasta cierto punto, así ha sido) o, si se prefiere, como si fuera uno de los protagonistas. Lo cierto es que, más allá de sus concesiones dramáticas (pocas, pero las hay) o del extraordinario trabajo de los actores, el guión y el modo en que se estructura cada episodio debería ser estudiado en las escuelas de guión como un modelo de lo que se puede lograr con un complejo pero equilibrado desarrollo dramático.

Pero además, esta forma de narrar logra algo que recogen varios manuales de escritura de guión pero que no resulta fácil de conseguir. Para lograr la tensión dramática es fundamental manejar dos tipos de información: la que conoce el espectador y la que conoce el personaje. Lo que Fogelman consigue con esta serie es manipular por completo la teoría narrativa y plantear al espectador un juego en el que pasado, presente y futuro se complementan para componer un puzzle cuyas piezas van encajando poco a poco, pero que el espectador no logra ver completo hasta que no se ha puesto la última pieza. O dicho de otro modo, las diferentes líneas temporales ofrecen al espectador información sesgada que le invita a hacerse una imagen general de lo que ocurre para, en un último punto de giro, revelar la escena completa. El ejemplo más claro en esta tercera temporada lo ha protagonizado el rol interpretado por Sterling K. Brown (Predator) y su familia.

Conociendo el pasado

No ha sido el único, está claro, pero desde luego ha sido el más evidente, más que nada porque el grueso de las secuencias que transcurren en ese futuro de los tres hermanos protagonistas son las vinculadas a él y su familia. La crisis del presente unida a esas imágenes es lo que provoca ese juego de composición dramática que lleva al espectador por un camino notablemente diferente al que finalmente se desvela. Pero esa última secuencia del episodio final de esta temporada abre todo un mundo de posibilidades narrativas para This is us. Es cierto que cierra ese arco argumental, pero abre los del resto de personajes. Con esas pocas imágenes y los diálogos que se escuchan se crean uno de los más interesantes cliffhanger de los últimos tiempos, demostrando que ese “gancho” no solo se basa en efectismos visuales.

Y del mismo modo que la serie viaja al futuro de los tres protagonistas, también viaja al pasado de los padres, sobre todo del personaje interpretado por Milo Ventimiglia (Jefa por accidente). Más concretamente, a esa guerra de Vietnam de la que siempre se ha rehuido hablar durante las temporadas anteriores y que ahora aquí se empieza a vislumbrar, sobre todo en lo relativo a su hermano. De nuevo, la serie ejecuta un giro más o menos inesperado que da buena cuenta no solo de la complejidad dramática de esta ficción, sino de las relaciones humanas independientemente del grado de parentesco o cercanía que se tenga. Es cierto, y esto es algo que Fogelman debe vigilar, que el tratamiento de esta trama secundaria tiende un poco al melodrama excesivo, carente en algunos casos de justificación adecuada. Y es una debilidad. Pero en todo caso, la trama se abre a nuevos personajes y a nuevas vidas, es decir, expande su universo dramático hacia el pasado, del mismo modo que lo hace hacia el futuro.

Esto también plantea una interesante reflexión que planea sobre toda la serie, y que posiblemente acompañe al espectador hasta la última temporada. Y es que, por mucho que se sucedan los episodios, y por mucho que se vaya conociendo a los personajes, en realidad esta familia Pearson es todavía desconocida. La combinación de las diferentes líneas temporales demuestra no solo que todavía quedan muchas facetas por descubrir del núcleo principal de protagonistas, sino que existen muchos personajes secundarios desconocidos hasta ahora cuya relevancia puede ser fundamental. En una palabra, la serie puede entenderse como un reflejo de una realidad muy conocida para todos, de ahí su éxito. No me refiero a los acontecimientos que se narran en esta tercera temporada o en las etapas anteriores, sino al concepto global de familia, sus avatares, las relaciones humanas y los conflictos familiares. Todo eso genera un marco narrativo en el que los espectadores pueden identificarse de un modo u otro, y ahí está una de las claves de su éxito.

No cabe duda, tras ver la tercera temporada de This is us, que estamos ante una de las producciones más interesantes, completas y complejas de la televisión actual. En su contra se puede argumentar un cierto exceso de dramatismo, una tendencia a derivar las diferentes tramas de los personajes en una espiral de complejidad innecesaria. Sin embargo, ese es parte de su encanto, al menos mientras no se exceda en sus intenciones. Y lo es precisamente por el tratamiento que se da a cada historia, con unos saltos temporales que ayudan a comprender mucho mejor a los personajes, sus decisiones, sus miedos y sus motivaciones. Todo ello, en definitiva, ofrece una imagen global de algo mucho mayor que ellos mismos, de algo tan difícil de plasmar y de entender como la vida misma. Y es por eso que la serie de Dan Fogelman alcanza los niveles tan altos de calidad que logra con cada episodio.

‘Frozen II’: sin miedo a las secuelas


No sé si alguien en Disney esperaba hace seis años el éxito de Frozen, una producción animada que ha generado un impacto social y económico como muy pocas han conseguido en los últimos años. Su calidad, pero sobre todo su argumento, la convirtieron en un referente clásico automático, y a sus personajes en un icono para todo tipo de públicos. Ante un fenómeno así, ¿cómo no hacer una secuela? Pero a diferencia de otras producciones, esto es algo más que una simple secuela.

En realidad, Frozen II es una película en sí misma, independiente en buena medida de los acontecimientos de su predecesora. Más épica, adulta y hasta oscura que la cinta original, la trama aborda, con mayor o menor acierto, la madurez y lo que eso implica para los personajes y, por extensión, para todos los adolescentes que a buen seguro acudirán a las salas. Si la primera parte ahondaba en la necesidad de conocerse uno mismo, de saber quiénes somos para poder aceptarnos, esta continuación se centra en cómo afrontamos el futuro y, sobre todo, en nuestra capacidad para enmendar los errores del pasado provocados por el miedo. Bajo este prisma, la película evoluciona constantemente sin abandonar nunca cierta inocencia y esa candidez que definió este universo desde el primer momento. Es cierto que la película puede tener ciertos problemas en su arranque, con una batería de canciones que perfectamente se podrían haber suprimido, pero al fin y al cabo, esto es una película Disney y hay cosas que no podrán cambiarse. Sin embargo, superados estos compases iniciales, la historia entra de lleno en el viaje de madurez de todos los personajes, aceptando su destino y asumiendo las responsabilidades que eso conlleva.

A todo esto tenemos que añadir, por supuesto, un acabado sencillamente impecable, tanto en las texturas como en la animación de los personajes. La película dirigida por Chris Buck y Jennifer Lee, autores de la primera parte (algo que, por cierto, se nota en muchos momentos del metraje), atrapa al espectador con una combinación extraordinaria de color, aventura y acción. El movimiento del aire y las hojas, los rasgos de los personajes, la imaginación para crear los espíritus (atentos al del agua y al movimiento de esas crines), … Cada detalle está cuidado al milímetro para ofrecer al espectador una experiencia única que va más allá del puro entretenimiento para invitarle a reflexionar sobre la vida y, por qué no, sobre uno mismo. Mención especial merece ese espíritu del fuego que parece creado para vender miles de muñecos, pero que encaja como un guante en una trama que une hábilmente drama y humor.

Frozen II es una secuela sin miedo a las secuelas. Y lo es por dos motivos. El primero porque se desprende de esa aura que tienen todas las continuaciones para revelarse como una obra única, autónoma, capaz de expresarse por sí misma e invitar al espectador a descubrir algo más que una simpática obra de animación. El segundo es porque esa expresión se traduce en un argumento serio, profundo, marcado por el miedo a ese futuro desconocido que es la madurez, y al que todos tenemos que hacer frente antes o después. Y lo afronta sin temor a no ser entendido. Una apuesta exitosa que permite a grandes y pequeños encontrar en la película algo enriquecedor. Puede que muchos no aguanten las canciones. Puede que otros solo vean animación, luz y color. Pero hay mucho más allá, y descubrirlo es parte del viaje.

Nota: 7,5/10

2ª T. de ‘This is us’, o cómo profundizar en los personajes


Pocas series hay que planteen tan bien y de forma tan precisa lo que ofrece This is us. Y no solo porque este drama con toques de comedia lleve al espectador por un viaje emocional en continuo crecimiento que parece imposible conseguir, sino porque es capaz de jugar con varias líneas temporales integradas, a su vez, por varios protagonistas con sus propios arcos dramáticos. Si la primera temporada fue un ejercicio narrativo ejemplar, la segunda etapa de esta ficción creada por Dan Fogelman (serie Pitch) es el ejemplo perfecto de cómo manejar los tiempos dramáticos y la información que se ofrece a cada momento. Y lo hace con la elegancia formal que le caracteriza.

Analizar los 18 episodios que integran esta segunda temporada habiendo comenzado la tercera puede parecer jugar con ventaja, pero nada más lejos de la realidad. El desarrollo de la historia de esta familia resulta sencillamente impecable en cada uno de sus pasos, ahondando no solo en el pasado y el presente de los tres protagonistas, sino en los sentimientos de culpa y responsabilidad con los que cargan a raíz de la pérdida del personaje de Milo Ventimiglia (Puertas al infierno), momento que, por cierto, está tratado de un modo tan exquisito, tan sobrio, tan humano, que penetra en las emociones del espectador y acentúa notablemente el tratamiento de cada uno de los hijos en lo que a los sentimientos de culpabilidad se refiere.

De hecho, es algo que planea sobre toda esta etapa de This is us. Sea del modo que sea, los personajes interpretados por Sterling K. Brown (Predator), Chrissy Metz (Loveless in Los Angeles) y Justin Hartley (A way with murder) se ven envueltos en esos sentimientos casi en cada episodio, mostrando los efectos de algo que parece haberse cronificado en sus vidas. En este sentido, resulta interesante comprobar cómo afronta cada uno de ellos esa situación, abarcando las diversas consecuencias posibles, desde el alcoholismo y la adicción que terminan por afectar a la carrera profesional y a la vida personal de uno de ellos, hasta la necesidad de emular a su padre en algunas de las cosas que más le caracterizaban. Por supuesto, todo ello se ha ido construyendo desde el principio, pero la estructura dramática que presenta esta temporada debería estudiarse en los cursos de guión, pues permite comprender cómo se desarrollan los personajes y los puntos de giro hasta alcanzar el clímax dramático en una constante escalada emocional que, cuando parece haber tocado techo, ofrece algo nuevo al espectador.

La genialidad de esta ficción es que es capaz de presentar estos retos dramáticos de la forma más natural posible. El hecho de que el relato esté estructurado en tres épocas que discurren de forma paralela logra no solo dotar de más información al espectador, con lo que ahonda en cada personaje hasta niveles pocas veces vistos, sino también plantear todo el argumento como si de tres historias se tratara. Contrariamente a lo que pueda pensarse, esto no genera confusión. La capacidad de separar personalidades e historias pero al mismo tiempo aunar bajo el paraguas de la figura paterna todo un universo dramático es sencillamente admirable, y en este sentido esta segunda temporada ha alcanzado un nuevo nivel con esa trilogía de episodios a mitad de etapa titulados ‘Número 1’, ‘Número 2’ y ‘Número 3’, los mejores ejemplos de lo que, en el fondo, es esta ficción y esta segunda parte en concreto.

De hermanos y padres

Esta reflexión acerca de cómo un acontecimiento marca el modo en que vivimos nuestra vida a partir de ese momento tiene otra lectura interesante, y es el modo en que los hijos se relacionan con los padres. Más allá de las diferentes etapas por las que pasan los protagonistas, esta segunda temporada de This is us aborda con inteligencia los conflictos internos y externos de los tres hijos con sus padres, ya sea una relación presencial o a través de la memoria. Es evidente que en este caso el ejemplo más claro es el que protagonizan Metz y Mandy Moore (A 47 metros), reflejando cómo el trato de hijos a padres muchas veces está motivado por complejos propios carentes de motivación externa, al menos no una motivación activa. Este sutil juego de emociones, relaciones y motivaciones permite que la trama gane en relevancia dramática, construyendo todo un relato únicamente en torno a un aspecto de la narración y en base a pequeños diálogos y sutiles miradas que terminan estallando en un conflicto que, a su vez, genera un giro dramático. Una especie de cuadratura del círculo que logra con acierto esta serie.

En este sentido, es especialmente relevante cómo se ponen las cartas sobre la mesa en las diferentes secuencias que transcurren en ese centro de retiro al que acude el rol de Hartley, donde todos los aspectos antes mencionados hacen acto de presencia de un modo impactante. Es en ese mismo episodio donde, por cierto, se plantea algo que siempre ha estado sobrevolando la serie, y es el hecho de que todos los roles que rodean a los miembros de esta familia son eso, personajes complementarios que luchan por cierto protagonismo en una trama muy centrada en el devenir de padres e hijos. El hecho de que se revelen de forma activa todos estos aspectos dramáticos otorga un nuevo significado a muchas de las cosas expuestas a lo largo de la temporada, pero también a lo visto hasta ahora y, sobre todo, a lo que está por venir, si es que se aborda de un modo correcto e inteligente como hasta ahora.

Aunque uno de los elementos más interesantes de esta etapa está, sin duda, en el final. Lejos de limitarse a una etapa cerrada en la vida de estos personajes, sus creadores siguen innovando dentro de ese formato tan característico que alterna diferentes líneas temporales, e incorpora a la siguiente generación de Pearson para mostrar cómo sus vivencias de la infancia les define como adultos. Y no contentos con un giro argumental de estas características (por inesperado e interesante), los autores de esta historia comienzan a introducir lo que, presumiblemente, serán conflictos y giros dramáticos que nutrirán aún más la serie.

Esto significa que This is us es una serie orgánica, capaz de crecer exponencialmente gracias a su manejo de los tiempos dramáticos y narrativos. Esta segunda temporada ahonda más en la introspección de los protagonistas, en sus sentimientos de culpa y en cómo un hecho tan trágico como una muerte cambia y condiciona para siempre el futuro de las personas, como no podría ser de otro modo. La magia de esta ficción está en su universalidad emocional, en su belleza formal y en un reparto sencillamente perfecto. Pero su inteligencia, aquello que la convierte en la gran serie que es, radica en la honradez y la sencillez con la que aborda la escalada dramática, sin entrar nunca en recursos manidos ni en la lágrima fácil. Y tal vez sea por eso que habrá más de uno que no pueda dejar de llorar. Esto no lo consiguen todas las producciones.

‘Predator (2018)’: regresa el cine de los 80


Es difícil enfrentarse a un clásico. Ya sea dirigiendo un remake o una secuela, cuando un film alcanza esa categoría el resultado de continuar su estela no suele ser demasiado satisfactorio. Las numerosas películas con el Depredador como protagonista son un buen ejemplo, de ahí que esta nueva secuela pueda generar, en principio, cierto recelo. Pero solo en principio.

De hecho, las dudas quedan resueltas en los primeros minutos de Predator gracias a un guión que tampoco se toma a sí mismo demasiado en serio y a un director, Shane Black (Kiss Kiss, Bang Bang) que vuelve a demostrar su pericia tras las cámaras dotando al conjunto de un dinamismo incomparable y constante, equilibrando perfectamente las secuencias de acción (algunas realmente espectaculares) con la mínima trama que sostiene la cinta. Sin embargo, nada funcionaría si la película no conociera al dedillo su lugar dentro de la saga. Esto permite al guión constantes referencias al film original de 1987, pero también homenajear un tipo de cine que parece extinguido, y que en cierto modo se recupera con la ironía suficiente como para que no se convierta en una amalgama de clichés.

Dicho de otro modo, la película entretiene, es dinámica y divertida, y contiene una violencia acorde a los nuevos tiempos. Todo ello, evidentemente, deja agujeros relativamente importantes en el guión que el espectador puede optar por engrandecerlos o por dejarse llevar y superarlos sin mayores problemas. Asimismo, la película introduce elementos un tanto fuera de lugar que no terminan de encajar del todo en el concepto original de la criatura. Pero dejando a un lado esas ideas, que por otro lado se pueden achacar a la evolución de los tiempos, lo cierto es que la cinta se revela como una digna secuela.

Desde luego, Predator es la mejor de las secuelas modernas, una historia sencilla pero bien construida, que introduce al espectador de forma directa en una espiral de acción, humor y violencia en la que los actores, todos ellos sin excepción, disfrutan como nunca, y eso se traslada no solo a sus personajes, sino al conjunto del relato. Con especial mención a Sterling K. Brown (Marshall) como villano de turno; sencillamente impecable. Se puede decir que la nueva cinta de Black es una regresión a un tipo de cine perdido, un cine de puro entretenimiento, de tramas lineales, con pocos puntos de giro pero bien construidas, y que a pesar de ciertas incongruencias de guión terminan dejando un buen sabor de boca.

Nota: 7/10

‘Todos lo saben’: ‘Predator’ viene a cazar la cartelera española


Fin de semana interesante el que comienza este viernes, 14 de septiembre, al menos cinematográficamente hablando. Además de que la cartelera española recibe numerosos estrenos, estos poseen un notable atractivo para una amplia variedad de público, desde los fans del terror y la acción hasta los amantes de la comedia, pasando por un título que ha estado a punto de ser seleccionado por España para ir a los Oscar.

Posiblemente la cinta más esperada sea Predator, nueva entrega de la famosa saga iniciada allá por 1987 que, en esta ocasión, pretende ser una especie de secuela del original. La trama arranca cuando un joven activa sin querer una nave alienígena y una llamada que atrae a los cazadores más mortíferos del universo a la Tierra. Habiendo mejorado sus capacidades con ADN de otras especies, estas criaturas solo encontrarán la resistencia de un dispar grupo de exsoldados y una profesora de ciencias desencantada. Acción, violencia y dosis de terror son los ingredientes de este film con capital estadounidense y canadiense dirigido por Shane Black (Iron Man 3) y protagonizado por Boyd Holbrook (Logan), Sterling K. Brown (serie This is us), Thomas Jane (Hombres de valor), Keegan-Michael Key (¿Tenía que ser él?), Alfie Allen (serie Juego de tronos), Jacob Tremblay (La habitación), Olivia Munn (Fiesta de empresa), Trevante Rhodes (Moonlight) e Yvonne Strahovski (serie El cuento de la criada).

Muy diferente es Book Club, comedia dramática estadounidense con toques románticos que es la ópera prima de Bill Holderman. El argumento se centra en cuatro amigas sexagenarias que deciden montar un club de lectura y comentar un libro cada mes. Pero cuando la obra elegida es ’50 sombras de Grey’ la vida de las cuatro dará un vuelco a medida que avancen en la lectura, surgiendo situaciones tan hilarantes como escandalosas. El reparto está encabezado por Diane Keaton (Ático sin ascensor), Jane Fonda (La juventud), Candice Bergen (La excepción a la regla), Mary Steenburgen (Un paseo por el bosque), Andy García (Geostorm), Craig T. Nelson (La proposición), Don Johnson (La hora de la venganza), Richard Dreyfuss (El poder del dinero) y Alicia Silverstone (El sacrificio de un ciervo sagrado).

Entre los estrenos europeos destaca Todos lo saben, film con capital español, francés e italiano que España estuvo barajando presentar a los Oscar, decantándose finalmente por Campeones. La cinta, dirigida por Asghar Farhadi (El viajante), narra el viaje de una familia desde Argentina a su pueblo natal en España para una celebración. Pero la visita se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos que cambiará por completo la vida de todos los miembros de la familia. Javier Bardem (Madre!), Penélope Cruz (Asesinato en el Orient Express), Ricardo Darín (Truman), Bárbara Lennie (Magical girl), Jaime Lorente (Historias románticas (un poco) cabronas), Inma Cuesta (La novia), Carla Campra (Verónica) y Eduard Fernández (Perfectos desconocidos) son los principales actores.

Puramente española es Contigo no, bicho, comedia adolescente que dirigen a cuatro manos Álvaro Alonso, debutante en el largometraje, y Miguel Ángel Jiménez (Chaika). Su argumento arranca cuando un miembro de un grupo de cuatro adolescentes que solo piensan en chicas y videojuegos pierde la virginidad. A partir de ese momento el resto buscará la forma de cambiar su destino, y organizarán un viaje de fin de semana con el único objetivo de seguir los pasos de su amigo o morir en el intento. El plantel de actores está encabezado por Manuel Pérez, Carlos Suárez, Fredy López, Alfonso Sánchez (Ocho apellidos vascos), Alberto López (Toro), Amarna Miller (CineBasura. La peli) y Alicia Ciero.

También procede de España Los amores cobardes, cuya trama gira en torno a una joven fuerte e independiente que regresa a su ciudad natal para pasar las vacaciones de verano. Allí la esperan su madre y su única amiga, pero la sorpresa llega cuando se encuentra inesperadamente con un chico que solía ser su mejor amigo, y que hace años cortó todo contacto, sin explicaciones ni despedidas. Carmen Blanco escribe y dirige este drama romántico que supone su debut en el largometraje, y que está protagonizado por Blanca Parés (Pasión criminal), Ignacio Montes (Azul y no tan rosa), Anna Coll Miller, Tusti de las Heras (Sor) y Agustín Otón.

De 2017 es la producción española Penélope, ópera prima de Eva Vila que versiona La Odisea de Homero. En concreto, narra el regreso a casa de un hombre treinta años después de partir, y la espera de una mujer. Con ellos, ambos en el final de sus vidas, parece extinguirse un modo de ver el mundo. Carme Tarte Vilardell y Ramon Closet Sala dan vida a la pareja.

Con retraso llega Marisa en los bosques, comedia dramática de 2016 de producción española que supone el debut en el largometraje de Antonio Morales, quien también es autor de un guión que gira en torno a una dramaturga de 35 años que cree haber perdido el control de su vida. Sin trabajo y sin proyectos a la vista, se vuelca con los problemas de su amiga para olvidarse de los suyos, pero cuando una tragedia altere su delicado equilibrio y vea que no puede buscar apoyo en sus amistades, recurrirá a la noche de Madrid. El reparto está encabezado por Patricia Jordá (Segunda oportunidad), Aida de la Cruz (serie Física o química), Mauricio Bautista (Las huellas que devuelve el mar), Carmen Mayordomo (Casting) y Yohana Cobo (Bullying).

Fuera de España nos encontramos con la italiana Una casa, la familia y un milagro, comedia que supone el debut en la dirección del actor Augusto Fornari (Leone nel basilico) y cuyo argumento arranca cuando el patriarca de una familia entra en un coma irreversible. Ante esta situación, sus cuatro hijos deciden vender la casa familiar y todo su contenido para ayudar con los problemas económicos de uno de ellos. Pero cuando logran venderlo todo el padre despierta, y los médicos aconsejan que para recuperarse completamente vuelva a la vida que tenía rodeado de sus hijos, por lo que los cuatro tendrán que apañárselas para que parezca que no ha pasado nada. Entre los principales actores encontramos a Valentina Chico (Taxi lovers), Marco Conidi (Lo dejo cuando quiero), Libero De Rienzo (Miel), Luigi Diberti (Bingo) y Antonio Fornari (A.A.A. Achille).

De 2016 también es Iqbal y el superchip, cinta danesa que adapta la novela de Manu Sareen que narra cómo dos jóvenes amigos y vecinos de una calle deben hacer frente a los intentos de dos adultos para apoderarse del proyecto de renovación de su vecindario, con el objetivo secreto de destruirlo para hacerse con el petróleo que hay debajo. Cuando descubren un chip con energía mágica tratan de vendérselo a los adultos a cambio de que abandonen sus planes, pero tras ser engañados recurrirán a todo su ingenio para recuperarlo y salvar su hogar. Oliver Zahle dirige esta aventura familiar en la que es su primera incursión en el largometraje, y que está protagonizada por Hircano Soares (Iqbal y la fórmula secreta), Liv Leman Brandorf (Familien Jul), Arien Takiar (Landet af glas), Rasmus Bjerg (serie 1864) y Andreas Bo Pedersen (Lotto).

En lo que se refiere a la animación, la única propuesta es Al aire, patos, aventura para toda la familia con capital estadounidense y chino que dirige Christopher Jenkins en la que es su ópera prima. El argumento gira en torno a un ganso experto en vuelo que, junto a su familia, se dispone a viajar a tierras más cálidas antes de que llegue el invierno. Sin embargo, el joven es demasiado independiente, y cuando el jefe del grupo le encargue dirigir el vuelo de los más pequeños, decide escaparse y viajar por su cuenta para demostrar su valía. Pero su viaje sale mal y resulta herido, teniendo que encargarse a partir de entonces de dos pequeños patos que ven en él la madre que nunca tuvieron. Jim Gaffigan (The bleeder), Zendaya (El gran showman), Lance Lim (Independence Day: Contraataque), Greg Proops (Bad actress), Natasha Leggero (The Do-over), Carl Reiner (Ocean’s 13) y Stephen Fry (Amor y amistad) ponen las principales voces en la versión norteamericana.

El género documental está representado por Testigo de otro mundo, cinta argentina que combina ciencia ficción y misterio en una historia cuyo eje es un hombre que vive en soledad después de ser testigo de un suceso OVNI. El director del film, Alan Stivelman (Humano), en colaboración con un famoso astrofísico, tratan de ayudarle a entender el profundo significado de su experiencia.

1ª T. de ‘This is us’, así somos, así éramos y así se hace una serie


En mayor o menor medida, todas las generaciones han tenido una serie de televisión que las define, una producción que habla sobre el modo en que afrontan los problemas y en que se relacionan los diferentes miembros que integran la familia. Suelen ser series que han pasado a la historia y han dejado grabadas a fuego en el imaginario colectivo algunas de sus escenas.Creo que todavía es pronto para considerar a This is us como el miembro más reciente de este grupo, pero desde luego va camino de convertirse en una gran producción. Su primera temporada, desde luego, ha dejado algunos de los mejores episodios de televisión gracias a su perfecta combinación de drama y comedia cortesía de su creador, Dan Fogelman (Crazy, Stupid, Love.).

Para aquellos que todavía no se hayan podido acercar a la historia de esta gran familia narrada de forma paralela en dos épocas muy diferentes, sus primeros 18 episodios son dignos de estudio para cualquier amante o estudiante del guión cinematográfico. Sobre todo si está interesado en los juegos temporales y en cómo manejar la información que el espectador conoce y la que saben los personajes, que no siempre tiene que ser la misma. Es más, aquí radica uno de los elementos más originales, interesantes y apasionantes de esta ficción, pues durante este debut en la pequeña pantalla asistimos a una evolución dramática con la que no solo evolucionamos también, sino a la que intentamos anticiparnos sin conseguirlo, al menos en los giros dramáticos más importantes (en concreto, en el último y fundamental punto de inflexión de la temporada).

Gracias al desarrollo de dos líneas temporales, This is us ofrece una visión panorámica de los acontecimientos. A pesar de que la historia de los padres (interpretados magistralmente por Milo Ventimiglia -serie Mob city– y Mandy Moore –A 47 metros-) no apoya necesariamente la narración de sus hijos en edad adulta, el transcurso de ambas líneas argumentales permite al espectador comprender a unos y a otros en sus respectivas decisiones, acentuando de este modo los conflictos paterno-filiales, los conflictos internos de cada rol y, sobre todo, por qué son como son y a qué se deben las relaciones que tienen entre ellos. Todo ello, al estar narrado de una forma, digamos, “objetiva”, hace crecer no solo el carácter de comedia dramática en el que enmarca el conjunto, sino que permite explorar, de un modo casi orgánico, la sociedad de cada una de las épocas y los retos a los que se enfrentan los personajes.

Sin ir más lejos, los problemas raciales durante la infancia del hijo adoptado interpretado por Sterling K. Brown (Spaceman), que parecen mantenerse en algunos aspectos incluso en su etapa adulta. O los problemas de sobrepeso de Kate, a la que da vida Chrissy Metz (Loveless in Los Angeles) y que, aunque se desarrollan desde que es pequeña, parecen tener algún tipo de relación con su padre. Y eso por no hablar de los intentos por convertirse en actor de carácter de un joven triunfador por una serie más bien cutre. Los tres personajes componen un mosaico tan interesante como nutrido capaz de reflejar buena parte de la sociedad. De ahí posiblemente provenga el éxito de la serie, amén de otros elementos puramente cinematográficos o audiovisuales que hacen de esta producción una de las más atractivas de los últimos años.

Cómo hemos cambiado

En efecto, cómo hemos cambiado… o tal vez no. Esa es una de las múltiples reflexiones que This is us realiza a lo largo de sus primeros capítulos. O al menos intenta trasladar al espectador. Porque en efecto, las décadas que transcurren entre una y otra línea temporal obligan a destacar las inevitables diferencias entre ambas, pero también arrojan determinadas similitudes entre ellas. Miedos similares, problemas parecidos y soluciones abiertamente familiares son algunos de los aspectos que el espectador puede encontrar entre ambas historias, tan independientes como relacionadas. Y ahí está, precisamente, la magia de Fogelman. El primer episodio, sin ir más lejos, juega con el desarrollo en paralelo de las dos historias sin tener constancia de su relación, y aunque elementos como el vestuario, el decorado o la peluquería pueden sugerir la distancia temporal entre ambas, en realidad todo parece desarrollarse al tiempo. Y dado que se desconoce la relación entre todos los personajes, se crea la falsa ilusión de estar ante un mosaico de historias sin relación entre ellas salvo, tal vez, por algún nexo de unión. Nada más lejos de la realidad, claro está, y de ahí que la conclusión del episodio piloto genere esa sensación de sorpresa, ternura e intriga que se mantiene a lo largo de la temporada.

Y a partir de aquí, una reflexión sobre la familia, los sacrificios que hacemos por aquellos que queremos y las mochilas que todos arrastramos con el paso de los años. Resulta sumamente enriquecedor el modo en que su creador articula la acción de tal modo que los personajes se definen no solo por sus actos, sino por los actos de los demás. Volviendo al desarrollo paralelo de las dos líneas temporales, estas permiten apreciar una innumerable cantidad de matices en las decisiones y las reflexiones de los protagonistas, sobre todo de esos tres hermanos a los que, presumiblemente, veremos crecer para comprobar cuáles son sus rencillas, sus traumas y sus pasiones. Lo cierto es que la primera temporada ya ha dejado pinceladas de lo que ocurre en el seno de esta familia, o al menos de lo que podría ocurrir, pero a tenor de cómo se ha desarrollado todo a lo largo de estos 18 episodios, lo cierto es que cuesta imaginar por dónde irán los tiros en el futuro.

Este es el otro gran pilar de la serie. Sí, sus actores son todos brillantes. Sí, la narración en dos momentos diferentes es sencillamente inmejorable. Pero a todo ello se suma un desarrollo bastante inesperado, movido ante todo por la coherencia de unos personajes muy humanos, muy bien definidos tanto por ellos mismos como por el entorno en el que conviven. El modo en que se transmite la información y los momentos elegidos para ello marca una diferencia notable con otras series. Dicho de otro modo, la serie sugiere a lo largo de varios momentos vínculos a través de diálogos y planos que el propio desarrollo narrativo se encarga de destruir minutos después. En lugar de frustración, lo que provoca es un interés añadido al que ya puedan tener de por sí los personajes en base a su calidad. En pocas palabras, la serie puede, y debe, leerse en varios niveles, cada uno de ellos más complejo que el anterior, componiendo un puzzle en el que las piezas no solo encajan a la perfección, sino que dibuja una figura que siempre se vislumbra pero que, al menos por ahora, no llega a comprenderse del todo.

Con esta estrategia, This is us logra un doble objetivo (al menos) en su primera temporada. Por un lado, componer un fresco vivo, dinámico y único sobre la sociedad, sobre la familia y sobre la evolución de sus miembros a lo largo de las décadas. Pero por otro, rompe con la monotonía o la rutina que puede generar este tipo de formato, huyendo en todo momento de las claves de una sitcom o de una producción tragicómica. Es, simple y llanamente, This is us, y en efecto así somos. Verse reflejado en una u otra familia, en este o en aquel personaje, es cosa de cada uno, del mismo modo que elegir una línea argumental y temporal por delante de otra (porque sí, todos tenemos una favorita), pero lo que está claro es que esta extraordinaria primera temporada deja con un dulce sabor de boca y pidiendo a gritos más detalles de la familia Pearson.

Diccineario

Cine y palabras

A %d blogueros les gusta esto: