‘Doctor Sueño’: menos Resplandor en el mundo


La mayor evidencia de que El resplandor (1980) sigue completamente vigente es esta secuela tardía, adaptación a su vez de la novela que continuaba los acontecimientos del primer libro. Pero la cinta dirigida por Mike Flanagan (El juego de Gerald) demuestra también que los tiempos han cambiado, y con ellos la forma de entender un relato cinematográfico. No me refiero únicamente a la estructura dramática, marcada por la obra de Stephen King, sino el modo en que el director afronta algunos de los puntos más relevantes de la historia.

Porque, siendo como es un claro homenaje al film original (en su música, sus planos, e incluso los actores que tratan de parecerse a los del film de Stanley Kubrick), este Doctor Sueño trata de aportar nuevos puntos de vista sobre ese universo del “resplandor” a través de fórmulas visualmente poderosas y conceptualmente más complejas. Sin embargo, los efectos visuales más elaborados terminan por restar fuerza al relato, convirtiéndose más en una historia dramática con toques casi de intriga que en un relato de terror. Incluso el tratamiento de su tercio final en ese desvencijado Hotel Overlook no adquiere el grado de intensidad emocional que tenía el original, posiblemente porque los espíritus son abordados más como una herramienta o como seres ávidos de alma que como impulsores de la locura. Eso por no hablar del hecho de que el hotel posea a un personaje, algo que no termina de encajar y que únicamente permite a esta secuela reproducir (fielmente, eso sí) planos y secuencias de la cinta original.

Con todo, ofrece al espectador numerosos momentos a tener en cuenta, amén de un tratamiento de personajes bastante interesante en lo relativo a cómo ha evolucionado aquel niño asustadizo de la primera película hasta el protagonista que es ahora. La trama, mucho más compleja y cargada con muchos más detalles que hacen de este universo un lugar más interesante, se mueve en todo momento por un camino en el que realidad, mente y sueños se mezclan para ofrecer al espectador una mayor profundidad dramática más allá de la superficie en la que demonios, personajes con capacidades especiales, fantasmas y telequinesis van de la mano. Esto, sin embargo, tiene también un lado negativo, y es un metraje algo excesivo que tiende a dar demasiadas vueltas sobre un mismo concepto, cuando el relato podría haberse desarrollado de un modo mucho más directo y, posiblemente, efectivo.

Como se dice en un momento de la película, en este mundo moderno hay menos vapor. Y Doctor Sueño tiene menos Resplandor, es cierto, y desde luego no es más intenso que el de que predecesora. Pero tiene algo, mantiene parte de esa esencia que convirtió en clásico al film de 1980. Puede que sea porque literalmente copia muchos momentos y reproduce otros tantos del film original con nuevos actores, pero no es únicamente eso. El viaje del protagonista, tanto interior como exterior, resulta fascinante. Y esa relación entre diferentes personajes con resplandor queda mucho más desarrollada que en la historia inicial, aportando mayor profundidad y una mayor comprensión. Con algo menos de duración y un tratamiento algo menos tópico de algunos conceptos del terror y del mundo fantasmagórico posiblemente estaríamos ante una obra mucho más completa.

Nota: 7/10

‘It: Capítulo 2’: superar los miedos originales


Se supone que toda secuela, para ser buena, debe ofrecer más de lo que ofreció la primera parte. Más en todo aquello que dio el éxito a la historia original. Y bajo esa premisa se ha construido esta segunda entrega de una de las tramas de terror más famosas de todos los tiempos. Pero con matices, porque a pesar de ofrecer más terror, más sangre y más argumento, también cambia el punto de vista del argumento para mostrar que el miedo es siempre algo que se puede controlar.

Porque a diferencia de la primera parte, donde los niños afrontaban una lucha contra esta criatura como un enfrentamiento en el que tenían que estar unidos, en esta It: Capítulo 2 lo que se hace es explorar los miedos individuales y originales de cada uno de los personajes. Así, durante buena parte de su largo metraje (que se hace más bien corto, todo sea dicho) Andy Muschietti (Mamá) dedica toda su atención a abordar la historia de cada niño ahora convertido en adulto, y cómo sus traumas infantiles, sobre todo aquellos vinculados a ese macabro payaso, les han condicionado a lo largo de su vida. La cinta adquiere, de este modo, un tono más adulto, introspectivo y psicológicamente complejo, aderezado en todo momento por sus ‘yos’ infantiles, que vuelven a tener un interesante protagonismo en la cinta y que hacen de los saltos temporales todo un arte de transición narrativa en el tiempo.

Puede que esto sea un inconveniente para muchos. La primera It era una aventura preadolescente, monstruo incluido, que abordaba la amistad de ese grupo de niños inadaptados y poco populares en el colegio. El hecho de que su continuación les sitúe en la edad adulta elimina, por necesidad, ese componente. Pero en lugar de eso, la historia se adentra en aspectos mucho más oscuros, llevando a los personajes a situaciones límite. La labor de los actores (todos ellos magníficamente elegidos), en este aspecto, es sencillamente brillante, pues no solo consiguen mantener la esencia de la interpretación de los niños, sino que ahondan en matices emocionales muy interesantes, sobre todo en su tercio final. Por supuesto, no es una película perfecta. Existen algunos fallos (incluso de raccord) e irregularidades, y desde luego explicar con todo lujo de detalles el origen de la criatura nunca ayuda al aspecto terrorífico de una historia. Pero con todo y con eso, estamos ante una más que digna continuación.

Y no es que It: Capítulo 2 no supere a It. Más bien, son dos conceptos diferentes sobre una misma historia. Porque la verdad es que la dinámica narrativa de ambos films es similar, enfrentamiento final incluido. Pero mientras una es vista desde el punto de vista de los niños, la otra tiene a los adultos como protagonistas. Personalmente creo que esta segunda parte es mucho más compleja, más completa dramáticamente hablando, con unos actores brillantes y algunos momentos tan incómodamente terroríficos como sangrientos y violentos (sin ir más lejos, la escena del laberinto de espejos o las pesadillas finales a las que tienen que hacer frente cada uno de los héroes). Todo ello convierte a esta continuación en una notable película, y al díptico en una obra a revisionar de forma conjunta.

Nota: 7,5/10

1ª T. de ‘Castle Rock’, idónea carta de presentación del universo King


Stephen King es el maestro del terror, de eso no cabe la más mínima duda. Pero el autor de novelas como ‘El Resplandor’, ‘Carrie’ o ‘It’ es mucho más. De hecho, quien haya leído alguno de sus libros puede que haya percibido dos constantes muy claras (amén de otros muchos elementos, por supuesto). Por un lado, el manejo de pasado y presente en sus historias; por otro, que el desarrollo no responde tanto al terror puro y duro como a la intriga, gracias al juego que realiza con las diferentes tramas y los elementos de suspense que siempre están presentes. Y todo ello está presente en la primera temporada de Castle Rock, un alarde narrativo sencillamente espléndido ambientado en el universo King que, al igual que las novelas, juega al despiste con el espectador para terminar por revelarle algo mucho más interesante y complejo de lo que podría imaginar en un principio.

Y todo ello en apenas 10 episodios. Sus creadores, Sam Shaw y Dustin Thomason, autores de la serie Manhattan, parten de un acontecimiento tan concreto como un suicidio para hilvanar todo un complejo mundo en el que el caos, la violencia y la locura parecen entremezclarse solo para arrojar luz sobre un fenómeno aún más enriquecedor. En este sentido, la trama crece, y de qué modo, a lo largo de cada capítulo, incluso en aquellos en los que todo parece derivar en un absurdo o en los que se narran acontecimientos aparentemente independientes de todo el arco argumental. Pero no, al igual que cualquier novela de King, cada acontecimiento tiene un motivo, cada suceso está relacionado con el resto, y cada personaje tiene su motivación. Y por supuesto, algunas referencias a personajes y acontecimientos de sus obras, lo que hará las delicias de los fans.

De ahí que esta primera temporada de Castle Rock sea puro Stephen King sin necesidad de adaptar una novela. De hecho, captura su esencia bastante mejor que muchas de las películas o series que sobre su obra se han hecho a lo largo de los años. Y en esto tiene mucho que ver esa idea de utilizar el terror más como un concepto que sobrevuela la trama que como algo tangible (aunque tiene sus momentos). En su lugar, estos capítulos exploran temas tan interesantes como la locura, la incomprensión de la mente de acontecimientos nunca antes vistos, o los equilibrios existentes entre nuestro mundo y otras realidades. Todo ello, por supuesto, sustentado no solo en una trama más que notable, sino en un reparto en estado de gracia capaz de enriquecer sus personajes con unos matices que ofrecen al espectador, en algunas ocasiones, pistas sobre lo que está ocurriendo. Aunque, al igual que a los protagonistas, nos costará comprenderlo un poco al principio.

Porque, en efecto, esta serie es un auténtico rompecabezas en el que el espectador se sumerge primero para nadar a contracorriente y luego para dejarse llevar por el desarrollo. Y en ese cambio de postura frente a la ficción tienen mucho que ver los actores, como mencionaba antes. Fundamentalmente André Holland (Moonlight), Bill Skarsgård (It) y Sissy Spacek (Criadas y señoras). Los dos primeros porque establecen un duelo interpretativo profundo, primero como un abogado que lucha por un cliente y, más adelante, como las dos caras de una misma moneda, uno sin comprender lo ocurrido y otro instando a la acción. Y la tercera porque se convierte en eje fundamental de buena parte del relato. Es el anclaje para los diferentes espacios temporales y las diferentes realidades que se dan cita en la trama. En cierto modo, Spacek asume como propio el papel que en la ficción juegan las piezas de ajedrez, aportando mayor dramatismo si cabe a la condición particular de su rol y a la intriga del conjunto.

Henry Matthew Deaver

Pero evidentemente, el peso de la historia recae en los cuatro hombros de los dos protagonistas. Lo más interesante de esta primera temporada de Castle Rock es la evolución que viven ambos roles, sobre todo el de Holland. Lo que comienza siendo un misterio con tintes casi satánicos termina convirtiéndose en una reflexión sobre los mundos paralelos, las realidades alternativas y cómo eso genera unos efectos devastadores en la realidad en que nos encontremos. Curiosamente, todo comienza con el nombre que los dos protagonistas comparten, Henry Matthew Deaver, y con el modo en que los personajes secundarios afrontan, desde la ignorancia, lo que ocurre con el personaje de Skarsgård, ya sea con el suicidio inicial o las numerosas situaciones de caos y violencia que desata el desequilibrio entre universos.

Porque bajo la premisa de una obra de ciencia ficción con dosis de terror, lo que la trama esconde es una interesante reflexión acerca de los efectos y las consecuencias de modificar el equilibrio que existe en el universo (lo que, a su vez, se puede extrapolar a nuestro día a día) cuando se introduce un elemento externo que no tiene cabida en una realidad ya conformada. A lo largo de sus episodios esta etapa inicial plantea una serie de interrogantes que, aunque inicialmente pueden no tener nada que ver con la trama principal, terminan adquiriendo sentido cuando se resuelve dicha incógnita central. Dicho de otro modo, la ficción presenta numerosas ramificaciones, líneas argumentales secundarias y secuencias aparentemente inconexas que terminan por confluir en una línea argumental conjunta y global, desvelando al espectador el verdadero mapa dramático al que está asistiendo.

Esto, como ocurre con muchas historias de Stephen King, tiene un problema, y es que en no pocas ocasiones la trama se desvía demasiado de su objetivo principal. Y al ser una historia narrada en capítulos se corre el riesgo, como de hecho ocurre en alguna que otra ocasión, de que el espectador pierda el hilo de lo que se estaba contando o, lo que es más grave, el interés en una historia ciertamente original. Posiblemente este sea el mayor hándicap de la producción: su planteamiento narrativo resulta muchas veces rupturista, algo quebradizo. Es cierto que esto ayuda a crear un universo inclusivo, fascinante y rico dramáticamente hablando, pero también impide seguir el ritmo del arco dramático principal, obligando a prestar atención durante demasiado tiempo a situaciones y personajes secundarios que aportan poco o nada al conjunto, salvo tal vez asentar la conclusión final más de lo que ya estaría sin esas breves tramas secundarias.

Pero si el espectador queda atrapado en la red de Castle Rock la realidad es que se sumergirá en un universo apasionante, visualmente poderoso y dramáticamente inesperado. Terror, fantasía y drama se dan la mano en una historia que es puro Stephen King aunque no se base en ninguna novela ni relato concreto. El modo en que sus creadores utilizan los tiempos narrativos y dosifican la información para dirigir la historia por donde desean en todo momento es digno de estudio. Y si a todo ello sumamos un reparto excepcional, lo que nos encontramos es con una historia diferente, fresca, intrigante y capaz de demostrar que en televisión todavía queda margen para la originalidad y, sobre todo, que es posible enriquecer el universo de un escritor que lleva décadas perfeccionándolo y desgranándolo.

‘It’: Todos flotamos con la coulrofobia


Diversos estudios han demostrado que el miedo a los payasos, la coulrofobia, tiene un origen psicológico muy concreto. No es algo irracional, dicho de otro modo. La famosa novela de Stephen King, como el resto de obras del autor, ahonda sin embargo en muchos otros aspectos sociales, y la nueva versión cinematográfica potencia todo esto para ofrecer al espectador toda una experiencia visual y emocional en la que destaca, por encima de cualquier otra cosa, un Bill Skarsgård (Victoria) excepcional.

Con todo, sería injusto defender un film como It únicamente por la interpretación del terrorífico payaso Pennywise. Realmente, todo el conjunto es una notable interpretación de conceptos habituales en la obra de King, desde la amistad, la unidad, el poder del miedo y la valentía y, sobre todo, el mal que acecha con la forma de aquello que puede parecer más inocente. Relegado a un segundo plano queda, por tanto, el componente sangriento o efectista, al que es cierto que se recurre en momentos puntuales pero que no copa toda la atención de la trama, lo cual es de agradecer tanto a los guionistas, entre los que se encuentra Cary Fukunaga (serie True detective), y al director.

Una trama que en manos de Andrés Muschietti (Mamá) adquiere una ambientación fría y violenta marcada por la soledad de un grupo de niños que tiene que enfrentarse a sus miedos sin la ayuda de unos adultos que parecen más preocupados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. Con un lenguaje visual a caballo entre el thriller psicológico y el gore más explícito, el director explota al máximo la labor interpretativa tanto de Skarsgård como de los niños que protagonizan esta primera parte, la mayoría de estos últimos prácticamente debutantes en un largometraje.

El único ‘pero’ que podría ponerse al film es una duración excesiva que obliga al relato a introducir secuencias, lo que aunque refuerza la idea de terror, tampoco aporta mucho más al desarrollo dramático de la relación o los miedos de estos chicos en su lucha contra un mal que se alimenta de ellos. A pesar de ello, la cinta se revela como un desafío terrorífico, una prueba de amistad marcada por algunos momentos violentos, otros aterradores y otros sangrientos, con un final que viene a explicar aquello de “Todos flotamos aquí abajo”. Pennywise vuelve a hacer de las suyas 27 años después, tal y como Stephen King ha dejado escrito.

Nota: 7,5/10

‘La Torre Oscura’: el Bien, el Mal y el Resplandor


Que una película resulte extrañamente conocida a pesar de no haber leído el libro (o libros) en los que se basa es un problema, pues implica una serie de condicionantes previos que nada tienen que ver con el film y que invitan a pensar en una falta de originalidad en los elementos que sustentan la trama. Y eso, en mayor o menor medida, es lo que ocurre con la nueva película de Nikolaj Arcel (La isla de las almas perdidas), adaptación de la saga literaria escrita por Stephen King quien, por suerte o por desgracia, vuelve a sus particulares obsesiones personales para relatar la lucha entre el bien y el mal.

En efecto, esta breve y algo enrevesada introducción es el principal escollo de La Torre Oscura, al menos para aquellos familiarizados con la obra del autor de ‘El Resplandor’. La cita de este título no es casual. A lo largo del film se menciona en no pocas ocasiones ese “resplandor”, ese poder del que ya hacía gala el niño que debía huir de su padre en el hotel Overlook y que aquí traspasa mundos enteros. Esta es solo una muestra de las recurrentes herramientas narrativas de la cinta, sin duda condicionada por las obras literarias. Herramientas que parecen sacadas de otras obras o, al menos, utilizadas en otras películas basadas en libros del escritor. Todo ello genera la sensación de estar viendo algo conocido, y como consecuencia no es difícil prever los giros argumentales, las decisiones dramáticas o, en último término, el final de la cinta.

Dicho con pocas palabras, la película resulta previsible, y la labor de Arcel tras las cámaras no aporta la originalidad que podría esperarse en una cinta de fantasía y acción como esta, si bien es cierto que los tiroteos y los enfrentamientos entre Idris Elba (serie Luther) y Matthew McConaughey (El mar de árboles) son los momentos más espectaculares del film. Todo ello no quiere decir que la cinta no sea entretenida, o por lo menos distraída. Toda la mitología construida alrededor de esta historia es lo suficientemente interesante y amplia como para desarrollarla en sucesivas secuelas, y la labor de los dos protagonistas de la cinta se convierte sin duda en el gran atractivo de esta historia. A todo ello se suma una duración muy ajustada que juega a favor y en contra del film. A favor porque no se distrae en tramas secundarias que pudieran reducir el ritmo de la narrativa, que aprovecha además el don del niño protagonista para narrar algunos de los acontecimientos de un modo diferente. Y en contra porque esa falta de tiempo impide desarrollar un poco más la enemistad entre héroe y villano, por lo que ambos se quedan en una arquetípica definición del Bien contra el Mal.

La sensación que deja La Torre Oscura es la de un film directo, sencillo y previsible con un trasfondo dramático y narrativo que se intuye detrás de sus múltiples secuencias de acción, de sus diálogos entre héroe y villano y de algunas secuencias que rompen el relato en su formato más tradicional. Todo ello invita a pensar que hay algo más de lo que se cuenta en estos 95 minutos, que existe un trasfondo dramático que involucra a todos los personajes de un modo u otro. En realidad, es algo que Stephen King hace muy bien en sus novelas, pero que suele ser muy complejo de trasladar a la gran pantalla. El resultado en este caso es un poco frustrante, precisamente por la sensación de estar ante algo más grande de lo que realmente se muestra.

Nota: 6,5/10

‘Carrie (2013)’: el despertar de la adolescencia


Chlöe Grace Moretz desata un infierno en la versión del 2013 de 'Carrie'.Si hay algo que me gusta de Stephen King como escritor es que en todas sus novelas el componente fantástico o terrorífico es una mera excusa para hacer aflorar todas las miserias, los temores y los anhelos de los personajes que pueblan sus páginas. La nueva versión de Carrie, esta historia sobre una adolescente que descubre sus poderes telequinéticos casi en el mismo momento en el que se hace mujer, recoge buena parte de este espíritu en su fondo, pero se revela esclava de las nuevas claves del género y de las nuevas tendencias adolescentes.

Como film, la obra de Kimberly Peirce (Stop-loss) supone un entretenimiento con poca consistencia, incapaz no solo de sobreponerse a la leyenda de la obra escrita y de la anterior versión, sino incapaz también de enfrentarse a las posibilidades dramáticas que ofrecen las relaciones personales que protagonizan el relato. Todas las tramas que suceden en el instituto, ya sean entre personajes secundarios o con la protagonista como eje sobre el que pivotar, terminan resultando excesivamente previsibles, excesivamente insulsas, más o menos como si la historia, salvo por esos momentos en los que los objetos se mueven únicamente por la mente, no fuese más que un episodio de alguna serie adolescente de éxito.

La realización de Peirce, además, no aporta gran cosa al conjunto, limitándose a narrar de la forma más sencilla y directa posible el oscuro y tortuoso proceso de la joven que descubre sus poderes. Ni siquiera ese sangriento final en el que una fiesta se convierte en tragedia contiene un componente terrorífico o de suspense, siendo más bien una pieza de acción y efectos. Lo mejor del conjunto es, en definitiva, la relación madre e hija y, sobre todo, la labor de una Julianne Moore (A ciegas) excepcional como la madre obsesionada con la religión y el pecado, y de una solvente Chlöe Grace Moretz (Déjame entrar), quien capta bastante bien el proceso de cambio que se produce en su personaje.

Esta adaptación moderna de Carrie no es, por tanto, un film que vaya a marcar una época. Tampoco lo pretende, es cierto, pero la cinta poseía los elementos suficientes para haber sido algo más de lo que finalmente es. La oscuridad que podría haber rodeado a la protagonista se reduce a la mínima expresión, y la violencia que se desata en su tramo final se disimula (salvo en algún que otro recurso narrativo interesante) con una narrativa algo plana. Desde luego, aquellos que vayan buscando terror tan solo encontrarán algún indicio en su último tercio. El resto no es más que un relato adolescente que tiene la suerte de contar con dos actrices que, en sus planos juntas, generan el suficiente interés como para que el resto quede disimulado.

Nota: 6/10

Stallone y Schwarzenegger intentan escapar de la ira de ‘Carrie’


Estrenos 5diciembre2013Fin de semana de viejas glorias. Así se podría definir a tenor de los estrenos que llegan a la cartelera hoy jueves, 5 de diciembre. Al menos los norteamericanos. Remakes de viejas películas y estrellas del cine de acción de los años 80 y 90 se dan cita para intentar hacerse con la taquilla frente a numerosas propuestas españolas y europeas, contando para ello con la ventaja de un día más con motivo de la festividad de mañana viernes.

Comenzamos por Carrie, nueva adaptación al cine del clásico de terror escrito por Stephen King y que ya fue adaptado en 1976 por Brian De Palma (Mission: Impossible) con Sissy Spacek (Criadas y señoras) dando vida a esta joven maltratada por su madre y ridiculizada por sus compañeros de clase que un buen día descubre que posee la capacidad de mover objetos con la mente, poder que utilizará en el baile de graduación para vengarse de todos aquellos que se han burlado de ella en la propia fiesta. Promocionada como una versión más oscura y psicológica, la cinta está dirigida por Kimberly Peirce (Boys Don’t Cry) y posee su mayor atractivo en la pareja de intérpretes femeninas que dan vida a madre e hija: Julianne Moore (Don Jon) y Chloë Grace Moretz (Kick Ass 2. Con un par). El reparto se completa con Gabriella Wilde (Los tres mosqueteros), Portia Doubleday (Youth in Revolt), Judy Greer (Los descendientes) y Alex Russell (Chronicle), entre otros.

Y cómo son las cosas. Lo que no pudo lograrse cuando ambos actores estaban en el punto álgido de sus carreras se consigue en esta especie de segunda juventud que están teniendo. Me refiero a la idea de ver juntos en pantalla a Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, que ya colaboraron en Los mercenarios 2 y que ahora vuelven con Plan de escape, thriller carcelario cuyo punto de partida no es excesivamente novedoso. Un hombre que se dedica a diseñar prisiones de las que es imposible escapar se presta a intentar escapar de “La Tumba”, una cárcel secreta que alberga a los criminales más peligrosos del mundo y que ha sido construida según sus indicaciones. Sin embargo, una vez dentro su situación cambia al presenciar algo que no debía, teniendo que sobrevivir entre los presos y tratando de burlar la seguridad que él mismo creó en una carrera contra el tiempo. Mikael Håfström (El rito) es el encargado de poner en imágenes la historia, y Jim Caviezel (serie Person of interest), Faran Tahir (Elysium), Amy Ryan (El intercambio), Sam Neill (Parque Jurásico), Vincent D’Onofrio (Los amos de Brooklyn), Vinnie Jones (Snatch: Cerdos y diamantes) y el rapero 50 Cent (Gun) son algunos de los actores que acompañan a las dos estrellas.

Como decíamos, son muchas y muy interesantes las propuestas europeas de este jueves. Una de ellas es la británica Le week-end, comedia romántica que sigue el viaje a Paris de una pareja, ciudad a la que vuelven después de que la visitaran durante su luna de miel. Su intención es reavivar su amor y rejuvenecer su relación. Durante su estancia se encontrarán con un viejo amigo que les abrirá los ojos a una forma de entender la vida, el matrimonio y las relaciones completamente nueva. Dirigida por Roger Michell (Notting Hill), la película cuenta con Jim Broadbent (La dama de hierro), Lindsay Duncan (Una cuestión de tiempo), Jeff Goldblum (La mosca) y Olly Alexander (Los viajes de Gulliver) como reparto principal.

También pertenece a la comedia la española 3 bodas de más, que como su propio título indica centra su atención en los enredos enmarcados en estos acontecimientos. Concretamente, en tres bodas a las que es invitada la protagonista en menos de un mes. El problema reside en que en las tres bodas se casan sus ex novios, y la única pareja que encuentra para ir es el nuevo becario que le han asignado en el trabajo. Estos tres enlaces le servirán no solo para rememorar un pasado que trata de olvidar, sino para afrontarlos y poder encontrar el mejor camino para enderezar su futuro. Con Inma Cuesta (La voz dormida) como principal protagonista, esta película dirigida por Javier Ruiz Caldera (Promoción fantasma) tiene también a Martín Rivas (serie El internado), Quim Gutiérrez (La gran familia española), Paco León (Dieta mediterránea), Rossy de Palma (Los abrazos rotos), al humorista Berto Romero y a María Botto (Mi vida en ruinas) entre los actores destacados.

Otro de los estrenos es La jaula de oro, co producida entre España y México y debut en el largometraje de ficción del español Diego Quemada-Díez. El argumento se centra en tres jóvenes de los barrios bajos de Guatemala que deciden viajar a Estados Unidos en busca de una vida mejor, trayecto durante el que se encontrarán con un indígena de la sierra de Chiapas que no habla español. Sin dinero y sin recursos, recurrirán a trenes de carga y vías de tren para llegar a su destino, aunque el viaje les deparará numerosas pruebas que les harán enfrentarse a una dura realidad. Un drama social que tiene como protagonistas a un grupo de actores noveles, entre los que destacan Brandon López, Rodolfo Domínguez, Karen Martínez, Carlos Chaplin y Héctor Tahuite.

Seguimos en Europa. Con participación italiana y francesa se presenta La gran belleza, comedia con toques dramáticos con Paolo Sorrentino (Un lugar donde quedarse) como director que, en clave de historia coral, muestra una sociedad en decadencia con el telón de fondo de la ciudad de Roma. Arribistas, nobles en decadencia, periodistas, actores, artistas, criminales de altos vuelos, … Todos crean una red social a la que asiste el protagonista, indolente y decepcionado, entre copas de gin tonic, El reparto está compuesto por, entre otros, Toni Servillo (No mires atrás), Carlo Verdone (Manuale d’amore 3. Las edades del amor), Sabrina Ferilli (Natale a New York), Carlo Buccirosso (Il divo), Iaia Forte (La bella gente) y Pamela Villoresi (Los banqueros de Dios).

Terminamos con dos nuevas propuestas de animación para la época navideña. Una de ellas es El extraordinario viaje de Lucius Dumb, cinta española que derrocha buenas intenciones en todos sus fotogramas y que está realizada por Maite Ruiz de Austri (El tesoro del rey Midas). Con la ciencia como protagonista, la historia pone el foco en el viaje que debe hacer un joven científico tímido y bondadoso que es elegido por sus compañeros para buscar un artefacto que convierta la Tierra en un lugar pacífico, feliz y luminoso. Durante su trayecto se encontrará con dos alienígenas que han tenido una avería en su nave y que buscan una fuente de energía positiva que sea capaz de recargar sus baterías.

Junto a esta, y producida entre Perú y Argentina en 2012, tenemos Rodencia y el diente de la princesa, dirigida por David Bisbano (Valentino y el clan del can). Su trama, a medio camino entre la fantasía, las aventuras y la comedia, tiene como protagonista a un joven ratón aprendiz de mago del reino de Rodencia, un lugar mágico en el que habitan todo tipo de seres maravillosos y poderosos. Su aventura comienza cuando decide obtener un objeto mágico y de legendario poder para así derrotar a las fuerzas de un malvado hechicero que amenaza con invadir su mundo. En la versión original encontramos las voces de Hernán Bravo, Natalia Rosminati (Futbolín), Ricardo Alanis (Amor de otoño), Enrique Porcellana (Pérez, el ratoncito de tus sueños) y Sergio Bermejo (Comodines).

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