‘It: Capítulo 2’: superar los miedos originales


Se supone que toda secuela, para ser buena, debe ofrecer más de lo que ofreció la primera parte. Más en todo aquello que dio el éxito a la historia original. Y bajo esa premisa se ha construido esta segunda entrega de una de las tramas de terror más famosas de todos los tiempos. Pero con matices, porque a pesar de ofrecer más terror, más sangre y más argumento, también cambia el punto de vista del argumento para mostrar que el miedo es siempre algo que se puede controlar.

Porque a diferencia de la primera parte, donde los niños afrontaban una lucha contra esta criatura como un enfrentamiento en el que tenían que estar unidos, en esta It: Capítulo 2 lo que se hace es explorar los miedos individuales y originales de cada uno de los personajes. Así, durante buena parte de su largo metraje (que se hace más bien corto, todo sea dicho) Andy Muschietti (Mamá) dedica toda su atención a abordar la historia de cada niño ahora convertido en adulto, y cómo sus traumas infantiles, sobre todo aquellos vinculados a ese macabro payaso, les han condicionado a lo largo de su vida. La cinta adquiere, de este modo, un tono más adulto, introspectivo y psicológicamente complejo, aderezado en todo momento por sus ‘yos’ infantiles, que vuelven a tener un interesante protagonismo en la cinta y que hacen de los saltos temporales todo un arte de transición narrativa en el tiempo.

Puede que esto sea un inconveniente para muchos. La primera It era una aventura preadolescente, monstruo incluido, que abordaba la amistad de ese grupo de niños inadaptados y poco populares en el colegio. El hecho de que su continuación les sitúe en la edad adulta elimina, por necesidad, ese componente. Pero en lugar de eso, la historia se adentra en aspectos mucho más oscuros, llevando a los personajes a situaciones límite. La labor de los actores (todos ellos magníficamente elegidos), en este aspecto, es sencillamente brillante, pues no solo consiguen mantener la esencia de la interpretación de los niños, sino que ahondan en matices emocionales muy interesantes, sobre todo en su tercio final. Por supuesto, no es una película perfecta. Existen algunos fallos (incluso de raccord) e irregularidades, y desde luego explicar con todo lujo de detalles el origen de la criatura nunca ayuda al aspecto terrorífico de una historia. Pero con todo y con eso, estamos ante una más que digna continuación.

Y no es que It: Capítulo 2 no supere a It. Más bien, son dos conceptos diferentes sobre una misma historia. Porque la verdad es que la dinámica narrativa de ambos films es similar, enfrentamiento final incluido. Pero mientras una es vista desde el punto de vista de los niños, la otra tiene a los adultos como protagonistas. Personalmente creo que esta segunda parte es mucho más compleja, más completa dramáticamente hablando, con unos actores brillantes y algunos momentos tan incómodamente terroríficos como sangrientos y violentos (sin ir más lejos, la escena del laberinto de espejos o las pesadillas finales a las que tienen que hacer frente cada uno de los héroes). Todo ello convierte a esta continuación en una notable película, y al díptico en una obra a revisionar de forma conjunta.

Nota: 7,5/10

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‘It’: Todos flotamos con la coulrofobia


Diversos estudios han demostrado que el miedo a los payasos, la coulrofobia, tiene un origen psicológico muy concreto. No es algo irracional, dicho de otro modo. La famosa novela de Stephen King, como el resto de obras del autor, ahonda sin embargo en muchos otros aspectos sociales, y la nueva versión cinematográfica potencia todo esto para ofrecer al espectador toda una experiencia visual y emocional en la que destaca, por encima de cualquier otra cosa, un Bill Skarsgård (Victoria) excepcional.

Con todo, sería injusto defender un film como It únicamente por la interpretación del terrorífico payaso Pennywise. Realmente, todo el conjunto es una notable interpretación de conceptos habituales en la obra de King, desde la amistad, la unidad, el poder del miedo y la valentía y, sobre todo, el mal que acecha con la forma de aquello que puede parecer más inocente. Relegado a un segundo plano queda, por tanto, el componente sangriento o efectista, al que es cierto que se recurre en momentos puntuales pero que no copa toda la atención de la trama, lo cual es de agradecer tanto a los guionistas, entre los que se encuentra Cary Fukunaga (serie True detective), y al director.

Una trama que en manos de Andrés Muschietti (Mamá) adquiere una ambientación fría y violenta marcada por la soledad de un grupo de niños que tiene que enfrentarse a sus miedos sin la ayuda de unos adultos que parecen más preocupados en sus propias necesidades que en las de sus hijos. Con un lenguaje visual a caballo entre el thriller psicológico y el gore más explícito, el director explota al máximo la labor interpretativa tanto de Skarsgård como de los niños que protagonizan esta primera parte, la mayoría de estos últimos prácticamente debutantes en un largometraje.

El único ‘pero’ que podría ponerse al film es una duración excesiva que obliga al relato a introducir secuencias, lo que aunque refuerza la idea de terror, tampoco aporta mucho más al desarrollo dramático de la relación o los miedos de estos chicos en su lucha contra un mal que se alimenta de ellos. A pesar de ello, la cinta se revela como un desafío terrorífico, una prueba de amistad marcada por algunos momentos violentos, otros aterradores y otros sangrientos, con un final que viene a explicar aquello de “Todos flotamos aquí abajo”. Pennywise vuelve a hacer de las suyas 27 años después, tal y como Stephen King ha dejado escrito.

Nota: 7,5/10

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