‘Empire’ le canta al drama en su tercera temporada


El fenómeno de las series con la música como elemento definitorio es digno de estudio. Sobre todo porque ninguna de ellas parece ser capaz de mantener el equilibrio entre canciones y drama (o comedia, según sea el caso). O mejor dicho, entre el concepto que las define y la trama que las nutre. Todas ellas parecen abocadas, en mayor o menor medida, a terminar eligiendo por una u otra, perdiendo al final la esencia con la que nacieron. En el caso de Empire, esa inclinación por uno u otro factor se ha notado más que nunca en los 18 capítulos de la tercera temporada, y a pesar de los intentos por encontrar el equilibrio, la música parece ser la perdedora en esa pugna.

No quiero decir con esto que la ficción creada por Lee Daniels, director de El mayordomo (2013), y Danny Strong (guionista del mismo film) haya dejado de mostrar algunas de las mejores canciones de este género para la pequeña pantalla. Al contrario, la producción de nuevos temas para ser interpretados por los protagonistas ha aumentado. El problema es que mientras que en la segunda temporada se ha dedicado tiempo y esfuerzo a temas completos, en esta ocasión ese espacio ha quedado reducido a la mínima expresión, señalando simplemente la creación de discos, la grabación de los mismos, etc. Esto se ha traducido consecuentemente en una mayor presencia del drama familiar, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. Entre los aspectos más positivos, sin lugar a dudas, la lucha por el control de esta mega productora musical y el componente familiar de esas intrigas, todo al más puro estilo telenovelesco que logra desprenderse de un cierto aire rancio gracias a los extraordinarios personajes que habitan este universo, destacando una vez más a Terrence Howard (serie Wayward Pines) y Taraji P. Henson (Figuras ocultas).

Dicha guerra por el poder deja algunos de los mejores momentos de la temporada, de eso no cabe duda, pero también aporta una nueva visión sumamente interesante con respecto a la trama, y es la amenaza externa a esta especie de familia mafiosa. Mientras que en episodios anteriores el arco dramático se ha centrado en los tejemanejes de hijos y padres para robar una compañía de miles de millones y un poder sin igual, en esta ocasión se introducen elementos ajenos que se convierten en una amenaza real para la extraña estabilidad que existe entre los protagonistas. De este modo, el apartado dramático de Empire gana peso específico en la trama, situando a los protagonistas ante nuevos retos que, por suerte o por desgracia y como ya he mencionado, también restan protagonismo a la música.

Cabe señalar que esta inclinación por el desarrollo dramático ha permitido también hacer avanzar algunos conflictos que parecían encallados, dando lugar a un final tan prometedor como peligroso, pues el recurso escogido para dotar a la serie de algo fresco y novedoso en la próxima temporada no solo es algo muy manido, sino que un mal tratamiento puede dar al traste con lo conseguido hasta ahora. Volviendo a la apuesta por la trama, también hay que destacar la solución algo tosca de varios conflictos heredados de la anterior temporada, el más importante el que tiene que ver con la muerte de un personaje relativamente importante hasta ese momento, lo que por otro lado ha dado lugar a la introducción de nuevos secundarios que pueden aportar mucho a la trama. Da la sensación de que la serie ha tratado de avanzar por un camino en el que no se ha tenido en cuenta, al menos no demasiado, la influencia de determinados conflictos y el modo en que estos se resuelven, como si de una huída hacia adelante se tratara.

No somos nada sin la música

Del mismo modo, la lucha de esta familia de músicos contra las amenazas exteriores se resuelve, al menos en uno de sus pilares narrativos, de una forma cuanto menos algo increíble. Si bien es cierto que el personaje de Lucious Lyon es capaz de cualquier cosa, el giro argumental final a su comportamiento durante buena parte de esta tercera temporada invita a pensar más en una necesidad dramática (sobre todo con lo que ocurre en el último episodio) que en una calculada estrategia empresarial y, en cierto modo, romántica, lo que en último término convierte a dicho giro argumental en algo un tanto irreal, complejo tanto por todo lo que se ha producido previamente como por el alto número de roles y acontecimientos que involucra. Eso sí, como detonante dramático funciona a la perfección, dejando una conclusión de temporada impactante y con un alto número de ramificaciones secundarias con un importante potencial de desarrollo.

Pero como decía al comienzo, una de las principales víctimas de esta apuesta por el drama es la música. Música que no solo queda en un segundo plano, a modo de contexto social y familiar para esas luchas intestinas entre los protagonistas, sino que se relega a algo casi anecdótico en muchos de los episodios de esta temporada de Empire. Si bien es cierto que no es un problema, pues al fin y al cabo la música sigue estando muy presente, sí resulta sintomático y es una posible brújula que señala el camino a seguir por esta ficción en un futuro cercano. Quizá la mejor prueba es que en la anterior temporada se lograron algunas de las más espectaculares colaboraciones entre músicos y actores, y entre los propios actores, de toda la serie, y posiblemente del panorama actual del género en la pequeña pantalla. Ahora, sin embargo, las interpretaciones completas se limitan a un puñado en momentos puntuales que, en algunos casos, son además telón de fondo para un conflicto mucho mayor, algo que por cierto debería haber sido una constante.

Sé que puede dar la sensación de que se ha producido un cambio radical en la serie, pero nada más lejos de la realidad. Viendo con perspectiva esta temporada la sensación que queda es, más bien, la de la gestación de un cambio dramático, la de una evolución hacia un formato que podrá gustar más o menos al público, y que será mejor o peor en función del grado de abandono de los valores con los que nació este drama. En realidad, a lo largo de estos 18 episodios el cambio se aprecia poco a poco, en algunos capítulos más que en otros, pero tiene su máximo exponente en ese epílogo final en el que, de nuevo, está únicamente la familia, el núcleo duro de esta ficción, lo que también manda un mensaje muy claro al espectador si tenemos en cuenta lo acontecido anteriormente.

En cualquier caso, Empire parece que no va a volver a ser la misma serie que comenzó hace ya tres temporadas. El cambio, sutil en algunos momentos y más brusco en otros, ya ha comenzado, y en la mano de sus creadores está el que sea algo orgánico o algo brusco. Por lo pronto, esta producción musical parece haber decidido cantarle al drama al más puro estilo Empire, esto es, con el rap y el hip-hop como telón de fondo y la violencia como seña de identidad. La pregunta es si la música va a seguir perdiendo protagonismo, una decisión que personalmente creo que sería equivocada a tenor del resultado que ha tenido en otras producciones similares. La respuesta, a partir de finales de septiembre en Estados Unidos.

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‘Empire’ se hace adulta en su 2ª T. gracias a sus protagonistas


Terrence Howard, Taraji P. Henson y Jussie Smollett en un momento de la segunda temporada de 'Empire'.Es evidente que el éxito de una serie se mide por su audiencia. Eso no quiere decir, claro está, que sea acorde a su calidad. Pero hay ocasiones en que ese éxito tiene otros componentes, y el caso de Empire es uno de ellos. Posiblemente el fenómeno generado por esta familia de rasgos mafiosos con un emporio musical se circunscriba, en su mayoría, a Estados Unidos, pero es evidente que su peso en la televisión es muy alto. Tanto que en su segunda temporada ha contado con artistas como Alicia Keys, así como con cameos de un sinfín de estrellas del rap, el hip-hop o el R&B. Pero más allá de todo esto, lo cierto es que la serie ha sabido evolucionar en un sentido cuanto menos interesante.

Y es que mientras la primera temporada se centró en una especie de carrera por una herencia, estos 18 episodios de la ficción creada por Lee Daniels (El chico del periódico) y Danny Strong (El mayordomo) han ampliado miras y han profundizado notablemente en los dramas personales e intrafamiliares de los protagonistas, abordando no solo los conflictos, sino el carácter de los personajes de Terrence Howard (St. Vincent) y Taraji P. Henson (serie Person of interest), quienes por cierto hacen un trabajo excepcional. Gracias a esta apuesta, la producción abandona en cierto modo ese carácter telenovelesco que presentó en la anterior etapa (aunque siempre está presente cuando se le necesita), lo que ofrece más tiempo y espacio para analizar otros conceptos dramáticos en un sentido más amplio, desde la temática homosexual hasta la criminal, pasando por la familiar o esa necesidad de amor que parecen buscar todos los personajes jóvenes en la figura de Lucious Lyon.

Antes de continuar es conveniente destacar el papel de Terrence Howard más allá de una mera referencia. Su personaje, tanto sobre el papel como con la aportación del actor, registra un crecimiento espectacular en esta segunda etapa de Empire. Su arco dramático, protagonista en prácticamente todos los episodios, lleva al espectador a un viaje cargado de medias verdades, de absolutas mentiras y de decisiones directamente criminales. Ya sea en su comienzo en prisión, su lucha por recuperar su imperio musical o su final con su madre, todas sus decisiones están marcadas por el carácter violento y agresivo del personaje, que tiene como conclusión más directa lo vivido por el personaje de Jussie Smollett (The skinny).

Es él, realmente, el motor de toda la serie. Es cierto que la música es parte fundamental (que analizamos a continuación), pero sin duda el carácter dramático de la serie está definido por Lucious Lyon y, por extensión, por Cookie Lyon. Dos personajes que son, en realidad, similares pero distintos, como si uno se mirara en un espejo. Desde luego, las motivaciones son diferentes, e incluso su forma de afrontar determinadas decisiones es diametralmente opuesta, pero a la hora de la verdad ambos parecen estar cortados por el mismo patrón, lo que no hace sino enriquecer la trama, pues permite que el tratamiento narrativo se divida sobre los hombros de dos personajes excepcionales que han logrado, en muy poco tiempo, hacerse un hueco entre los mejores roles de la televisión actual.

Música, por favor

Aunque quizá lo más interesante de esta segunda temporada de Empire es que, junto a la evolución dramática de la serie ahondando en los traumas del pasado y los conflictos entre personajes, la música también ha evolucionado de forma notable. Mientras que en los primeros episodios todo parecía centrarse en los personajes de Smollett y Bryshere Y. Gray (lucha musical como reflejo de la lucha fratricida por el poder), en esta etapa se expande la proyección musical hasta convertirse casi en un sello propio. Además de la presencia de grandes artistas (a la mencionada Alicia Keys se suma, por ejemplo, Pitbull), lo realmente interesante es comprobar que el repertorio crece con la serie.

Puede parecer una nimiedad, pero solo hay que comparar con Nashville, otro de los éxitos musicales de las últimas temporadas que ha optado por un compromiso dramático más que musical, limitando las canciones a dos o tres temas más o menos conocidos o a fragmentos de canciones. En cambio, y puede que sea porque tanto Smollett como Y. Gray han firmado con sendas discográficas, en esta ficción con tintes mafiosos las canciones se convierten no solo en parte fundamental, sino en una clave narrativa. Como en cualquier musical que se precie, los temas interpretados por los actores (incluyendo Terrence Howard, que sorprende a propios y extraños) son una vía más de narrar el subtexto que contiene la trama, y que en este caso es bastante más complejo de lo que puede verse a simple vista en pantalla.

Y esta es la clave. Esta serie producida por el productor musical Timbaland, entre otros, aprovecha la música como una herramienta narrativa más, no como un complemento que descongestione la intensidad dramática de la historia. No son pocos los momentos en los que los personajes, a través de una canción, viven un punto de giro en la trama. Y son muchos más en los que el drama da lugar a un tema nuevo. Esta conexión entre sus dos componentes principales, unido a unos personajes simplemente brillantes y a un reparto en plena forma, es lo que ofrece un producto en constante evolución, que trata de evitar (aunque no siempre lo consigue) caer en una espiral de repetitivos dramas, ofreciendo al espectador música y desafíos narrativos nuevos.

Dicho esto, se puede decir que la segunda temporada de Empire es mejor que su debut. Evidentemente, sigue contando con varios handicaps, entre ellos la propia música, que puede ser motivo de rechazo si no se comparte la pasión de los protagonistas, e incluso el carácter algo telenovelesco al que sigue recurriendo en varios momentos, por fortuna cada vez más escasos. Pero con todo y con eso, estos 18 episodios son un soplo de aire fresco con respecto a lo visto en la primera temporada, un cambio en positivo que permite a los actores dar lo mejor de ellos mismos, creciendo y haciendo crecer a los personajes.

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