‘Vengadores: Endgame’: y Marvel reinventó el cine


En una época de series y consumo inmediato, Marvel ha logrado, una vez más, lo imposible: que nos sentemos tres horas seguidas para ver lo que podría calificarse como el evento del año… no, de la década… no, del cine moderno. No dudo que haya detractores del cine de superhéroes, considerándolo poco menos que un producto de marketing pensado para adolescentes y frikis. Y aunque haya algunas películas que puedan responder a ese estereotipo, la Casa de las Ideas ha demostrado que este género es algo más. Vengadores: Endgame es la prueba definitiva de ello.

La película de los hermanos Russo, autores la precedente Vengadores: Infinity war, es sencillamente indescriptible. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, no lo es por el aluvión de efectos digitales que contiene. Ni siquiera por la inmensidad de su trama. Lo es por la complejidad de sus personajes, por el desarrollo dramático de unos acontecimientos trágicos y traumáticos y el modo en que un grupo de personajes deciden afrontarlos. Esto confirma que toda buena película necesita explorar las motivaciones, los miedos y los deseos de sus personajes, llevarlos a situaciones límite y mostrar cómo reaccionan ante ellas. Y da igual cuál sea el contexto. En el caso que nos ocupa, todo ello con un inteligente toque humorístico en los momentos adecuados, aliviando la tensión dramática. El único problema, si es que puede considerarse así, es que existen tantos personajes que muchos quedan relegados a meros testimonios presenciales.

Pero Vengadores: Endgame es más, muchísimo más. Ahora que las series de televisión parecen haberse adueñado del entretenimiento, esta película confirma que si la pequeña pantalla puede beber de influencias cinematográficas, el séptimo arte puede hacer lo propio con el formato episódico. Desde este punto de vista, esta conclusión podría entenderse como el último capítulo de una primera temporada que ha durado 11 años y ha tenido 22 capítulos. Y en cierto modo, así está planteado. Desde que se estrenara Iron Man en 2008 todo lo que se ha visto en cada una de las películas estaba perfectamente planificado para formar parte de una macrohistoria mucho mayor y compleja que ha derivado en este ‘fin de partida’. No se trata simplemente de presentar personajes y juntarlos luego en otra película. No, cada acontecimiento, cada cambio, trauma, decisión y victoria (o derrota) han definido todo para llegar a este punto. Y esa es la esencia misma de cualquier producción seriada.

Y por si hubiera dudas de ello, la propia estructura dramática del film se encarga de asentar la idea. A lo largo de su desarrollo (y sin desvelar nada de la trama), la cinta viaja por el pasado de los personajes y por momentos de otros títulos de Marvel tanto física como psicológicamente. El espectador asiste a una introspección mucho mayor de los héroes que durante más de una década le han acompañado. Se produce así una mayor comprensión de sus motivaciones, de sus decisiones, de su ira y su temor. Pero sobre todo se logra un grado de empatía con todos ellos difícil de alcanzar en un film normal y corriente. A esto contribuye, claro está, haberles visto crecer a lo largo de cada film. Posiblemente muchos ya os hayáis dado cuenta, pero esta descripción de personajes es exactamente la misma que se puede hacer en una serie, que basa buena parte de su éxito en que los personajes pueden desarrollarse durante más tiempo que en una película.

Si no he mencionado nada de los efectos especiales o la acción no ha sido deliberado. Es sencillamente que la profundidad dramática de la cinta relega las espectaculares batallas a un segundo plano. Tal es la complejidad de Vengadores: Endgame. Y tal es el homenaje que Marvel rinde a sus fans, a los que ofrece un producto final más que excepcional. Los hermanos Russo, con su habitual y notable pulso narrativo, logran que las tres horas de duración sean un suspiro. Su sello se deja ver en cada plano, especialmente en ese combate final con plano secuencia marca de la casa. ¿Y el final? Pues el que debería ser, ni más ni menos, títulos de créditos incluidos. La película deja clara una cosa: que es el fin de una era y que nada volverá a ser lo mismo. Pero también deja la sensación de estar ante algo tan grandioso que será difícil de superar, tanto en espectacularidad como en carisma de sus protagonistas. En los años 60 Marvel revolucionó los cómics; ahora ha hecho lo mismo con el concepto mismo del cine, traspasando la propia dimensión de película autoconclusiva o de la secuela.

Nota: 9,5/10

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‘Destroyer: Una mujer herida’: la importancia del tiempo


El tiempo no lo cura todo. Hay heridas que permanecen, que parecen cicatrizadas pero que pueden volver a abrirse con un pequeño roce. Bajo esta premisa se construye la nueva película de Karyn Kusama (Jennifer’s body), y es precisamente el tiempo el que acapara toda la atención de una trama con una Nicole Kidman (El sacrificio de un ciervo sagrado) sencillamente inmensa.

La historia de Destroyer: Una mujer herida, en realidad, podría considerarse más bien simple si no fuera por el manejo de los tiempos narrativos del guión, que siguiendo el ejemplo de películas previas juega con el antes y el después en el orden narrativo para ofrecer al espectador un giro argumental final que cambia por completo la perspectiva de todo lo visto hasta ese momento. Al menos modifica en cierto modo parte de la interpretación que da el espectador a los acontecimientos. De otro modo, es decir, si la historia se desarrollara de forma lineal, posiblemente estaríamos ante una obra más mediocre de lo que es, amén de que cuenta con un reparto en buen estado de forma. La labor de Kusama, por otro lado, tampoco ofrece demasiado a la cinta, toda vez que se limita a narrar de un modo aséptico, sin ninguna huella personal y sin demasiada garra en los momentos más tensos de la trama.

En realidad, junto al manejo de los tiempos dramáticos la película se sostiene gracias a la labor de Kidman, quien sostiene sobre sus hombros el paso de un tiempo que ha destrozado a su personaje. Un tiempo en el que el arrepentimiento, la culpa y la venganza han consumido su vida hasta el punto de destruir sus relaciones, su trabajo y su salud. En esta situación, y ante el regreso de sus demonios después de tantos años, la actriz asume el viaje sin retorno de su personaje y lo nutre con matices gracias a los saltos temporales que se dosifican con acierto a lo largo de un metraje algo excesivo pero en cierto modo necesario. Así, lo que en principio no es más que una investigación con conexiones pasadas se convierte en una forma de exorcizar demonios, en una viaje de aceptación de unos errores que han pesado durante demasiado tiempo, y en una venganza disfrazada de justicia en la que todo sacrificio es poco para lograr el ansiado final.

De este modo, Destroyer: Una mujer herida se aleja de las motivaciones de películas similares protagonizadas por hombres para ofrecer una visión relativamente nueva sobre el tiempo y el efecto que tiene en nuestras vidas. Y lo hace con crudeza, con algunos momentos de violencia descarnada que, aunque rodados con mano excesivamente simple, no dejan de generar un impacto en el espectador. El giro final aporta un sentido completamente distinto al conjunto, pero no impide que la labor de Kidman brille por sí sola. Un personaje complejo, atormentado, destruido por sus decisiones y sin nada que perder que la actriz eleva de categoría dramática en un film, por otro lado, demasiado lineal hasta sus minutos finales.

Nota: 7/10

‘Vengadores: Infinity War’: infinitamente Marvel


Han pasado 10 años desde aquella primera aventura de Iron Man. 10 años en los que Marvel ha construido, algunas veces con más acierto que otras pero siempre con mimo y cuidado, todo un universo en el que poder desarrollar las aventuras de sus personajes, sus motivaciones, sus debilidades y los conflictos que les definen a lo largo de los años. Y todo eso desemboca aquí, en una macroproducción superheróica en la que nada se deja al azar y todo, absolutamente todo, tiene un objetivo: convertir a este film en el mayor espectáculo de la historia. Que lo haya conseguido o no es cuestión de puntos de vista, pero algo queda claro: se puede conseguir.

Porque en efecto, Vengadores: Infinity war es un espectáculo. Pero también es una historia, un drama capaz de generar desasosiego, de enfrentar a estos personajes capaces de cosas extraordinarias ante un enemigo invencible, ante ese desafío que, como se menciona en la película, les hará fracasar estrepitosamente. Toda historia debe construirse, al menos en teoría, sobre un crecimiento constante de tensión, de acción o de drama. En el cine de superhéroes esto, habitualmente, se traduce en combates que ponen al héroe ante un desafío cada vez mayor que debe superar para, al final, enfrentarse a la gran amenaza. Y aunque esta cinta de los hermanos Russo (Capitán América: El soldado de invierno) responde a esa idea, ese crecimiento dramático está construido sobre desafíos fallidos, sobre una lucha en la que el villano vence constantemente, hasta un final que… que aquí no revelaré, pero que puede generar cierto desasosiego.

Se trata, por tanto, de una producción compleja, de una obra de arte del género que merece ser reconocida como tal. Nada de enfrentamientos cuyo final se conoce de antemano; nada de momentos narrativos que restan ritmo al conjunto. Todo en el film se construye con el único objetivo de ofrecer una historia dinámica, profunda, en la que las motivaciones son lo primero y los efectos (sencillamente espectaculares, dicho sea de paso) lo segundo. Es más, pocas veces podrá verse que uno de los momentos más dramáticos de un film lo protagonice un villano que debe luchar entre lo que persigue y la única persona a la que alguna vez ha querido. Y los hermanos Anthony y Joe imprimen al conjunto un estilo visual brillante, aprovechando al máximo los planos generales de las batallas y las posibilidades de los numerosos superhéroes que aparecen a lo largo del metraje.

Desde luego, Vengadores: Infinity War es la cinta que todo fan lleva esperando 10 años. Pero es más. Es un relato sobre el fracaso, sobre la lucha contra un destino que parece escrito y que es incapaz de ser cambiado. Una lucha frustrante, en definitiva. Y no hay nada más satisfactorio, dramáticamente hablando claro esta, que ver a un héroe caído para volver a levantarse. Y dado que en este caso son decenas de ellos, la sensación agridulce que deja el final del film se multiplica de forma exponencial. Ahora sí, Marvel ha logrado alcanzar un clímax dramático en su cine, un nivel que posiblemente no sea tan adulto como el de su principal competidor, DC Cómics, pero sin duda sí ha sabido profundizar más que en otras ocasiones. Y desde luego, ha dado una lección sobre cómo construir este tipo de relatos tan complejos, cómo introducir a cada uno de los personajes y cómo mostrar la derrota individual de cada uno. ¿Tiene algo malo entonces? Bueno, mucha gente la verá sólo como una más de superhéroes. Y, por supuesto, que hay que esperar un año para el desenlace.

Nota: 9/10

‘Capitán América: Civil War’: Una historia con espectáculo


Capitán América y Iron Man se enfrentan cara a cara en 'Capitán América: Civil War'.Esto de que los superhéroes se enfrenten unos a otros parece estar de moda. Tampoco es de extrañar, dado que una vez comprendido que los buenos siempre derrotarán a los malos, queda por dirimir qué buenos son mejores que otros, y para ello nada mejor que un combate. Ahora bien, lo que también es necesario dilucidar son los motivos de dicha lucha y su resultado final. Y en el caso de la nueva película de Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood), el fondo ha resultado casi mejor que la forma, a diferencia de la lucha de titanes de DC que se pudo ver hace algunas semanas.

Capitán América: Civil War es, ante todo, un thriller, una cinta de intriga con secuencias de acción perfectamente integrada y con ciertas dosis de drama. La trama juega en todo momento al despiste con el espectador y el grupo de héroes que en ella aparecen, convirtiendo la cinta más en una especie de nueva entrega de ‘Los Vengadores’ que en una cinta sobre el supersoldado de Marvel. Pero dejando eso a un lado, la elaboración de la historia termina resultado muy superior a lo visto habitualmente en estos films, más próxima a la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan que a obras como, incluso, ‘Iron Man’.

Una intriga que, además, justifica espléndidamente las motivaciones de todos y cada uno de los personajes a través de una persecución sin cuartel que termina, como bien reza el título, en una lucha fratricida cuyas consecuencias son incalculables, al menos para los no duchos en esta materia. Pero del mismo modo que el contenido es brillante, la apuesta narrativa de los hermanos Russo está excesivamente encorsetada. No es una mala narrativa, al contrario, pero da la sensación de que se podría haber sacado mucho más partido, por ejemplo, al combate entre superhéroes, por no hablar de otras persecuciones.

Este extremo puede que reste algo de brillo a Capitán América: Civil War, pero por supuesto no logra contrarrestar su enorme calidad, lo cual demuestra una vez más que un buen guión es la base de cualquier buen film. El modo en que todo se integra en una trama con un giro argumental final notablemente interesante es digno de aplaudir, sobre todo en un momento en el que las cintas de superhéroes parecen un poco abandonadas en ese sentido. Y para los fans de Spider-Man: sus pocos minutos en pantalla es de lo mejor de la cinta, lo que habría que tomarse como una promesa para el futuro del trepamuros. En definitiva, un entretenimiento sin parangón con más fondo que forma. ¿Se puede pedir algo más a estas películas?

Nota: 8/10

‘Marte’: Robinson Crusoe espacial


Matt Damon debe sobrevivir en 'Marte' solo con su ingenio.Cualquier proyecto de Ridley Scott (Black rain) relacionado con la ciencia ficción siempre genera expectación por motivos más que evidentes. Tal vez sea por eso que lo que se espera siempre de sus films es poco menos que la genialidad. Su última incursión en el género, aunque no alcance ese grado, sin duda es uno de los mejores ejercicios de entretenimiento, drama y fascinación por el planeta rojo de los últimos años. Y lo más interesante es que no recurre a grandes artificios ni a complejas historias, todo lo contrario.

Si algo hace atractiva a Marte es, precisamente, su sencillez. Sencillez en el desarrollo dramático, sencillez en su lenguaje narrativo y sencillez en sus personajes. El guión, aunque previsible, tiene la fuerza suficiente para estremecer, conmover y hacer reír a partes iguales. Nada en la historia hace pensar en un desenlace diferente al que todo el mundo tiene en mente, pero eso no impide que la tensión sea más que palpable en muchos momentos, sobre todo en el clímax. La narrativa utilizada por Scott acentúa este carácter natural, casi habitual, como si los paseos por Marte fueran algo de andar por casa.

Pero el reparto es, sin lugar a dudas, el principal responsable. Con la cantidad de nombres importantes que figuran lo normal sería que la historia tendiera hacia una suerte de cinta heroica en la alguien terminara sacrificándose. Nada de eso está presente, ni remotamente. Las decisiones, frías, calculadas y sopesadas de cara a la opinión pública, se toman en un marco muy diferente al de la típica cinta de aventuras. Y los actores, sin excepción, no solo conocen el alcance de sus roles, sino que los dotan de una vida sobria, sin estridencias patrióticas o enaltecedoras. Son, simple y llanamente, hombres en una situación extraordinaria.

Todo ello convierte a Marte en una obra diferente, curiosa en su forma y en su contenido, no tanto porque ofrezca algo novedoso, sino porque dentro de la comodidad de lo previsible es capaz de lograr el entretenimiento serio e inteligente que respeta al espectador. Ridley Scott recupera un buen tono narrativo, respetando los límites de su relato y aprovechando al máximo lo que le ofrecen sus actores. Un notable drama de un náufrago en un mar de polvo y tierra en el que nada crece y nada vive. Bueno, casi nada.

Nota: 7/10

Meryl Streep y su ‘Ricki’ quieren tener ‘Un día perfecto’ en la cartelera


Estrenos 28agosto2015El último fin de semana de agosto de este 2015 invita a echar la mirada atrás y comprobar cómo ha sido la época veraniega en lo que a estrenos se refiere. Salvo casos contados, los fines de semana han presentado novedades que, aunque interesantes, carecían de la fuerza para convertirse en imanes para la taquilla, lo que por otro lado ha generado los comportamientos que se han visto estos meses. Hoy, 28 de agosto, es uno de esos días en los que llegan títulos curiosos, llamativos si se prefiere, pero que no parecen destinados a reinar en la cartelera.

El principal es la comedia dramática Ricki, dirigida por Jonathan Demme (El silencio de los corderos), escrita por Diablo Cody (Juno) y protagonizada por Meryl Streep (Into the woods). Ambientada en el mundo de la música, la cinta sigue el retorno a casa de una veterana estrella del rock que a lo largo de los años ha dejado a un lado a su familia, sus amigos y su vida privada, lo que ha provocado que su mundo fuera de los escenarios sea un absoluto fracaso. Sin embargo, y con la música como herramienta, la mujer buscará un mecanismo de redención para lograr reparar los errores cometidos. Junto a Streep encontramos a Kevin Kline (Mi casa en París), Sebastian Stan (Capitán América: El soldado de invierno), Mamie Gummer (Efectos secundarios) y Ben Platt (Dando la nota).

Y esa es la única novedad desde Estados Unidos. Otro de los títulos interesantes es Un día perfecto, drama español con buenas dosis de humor negro dirigido por Fernando León de Aranoa (Princesas) y con un reparto internacional muy interesante. Basada en la novela de Paula Farias, la trama sigue a un grupo de cooperantes en una zona en conflicto que se deben sacar un cadáver de un pozo para evitar que el agua se corrompa. Con el tiempo en su contra y la irracionalidad del entorno, el grupo recorrerá los pueblos cercanos en busca de la ayuda que necesitan para llevar a cabo su tarea. Benicio del Toro (Guardianes de la galaxia), Tim Robbins (Amor sin control), Olga Kurylenko (El maestro del agua), Mélanie Thierry (Asesino en el tiempo), Fedja Stukan (En tierra de sangre y miel), Eldar Residovic, Sergi López (El niño) y Morten Suurballe (serie Forbrydelsen) son los principales actores.

Otro director español que regresa es Enrique Gato, que tratará de repetir el éxito de Las aventuras de Tadeo Jones (2012) con Atrapa la bandera, cinta de animación que puede verse en 3D y que narra el viaje de un niño de 12 años para intentar detener el plan de un multimillonario texano de colonizar y explotar todos los recursos naturales de la Luna. Para ello contará con la ayuda de su novia, su abuelo y un camaleón robotizado. Aventura y humor se dan cita en esta cinta que cuenta con las voces, entre otros, de Dani Rovira (Ocho apellidos vascos) y Michelle Jenner (No tengas miedo).

El estreno francés de la semana es Las sillas musicales, comedia dramática que gira en torno a una mujer que se gana la vida animando cumpleaños y otras fiestas. Su vida cambia cuando, por accidente, arroja a un hombre a un vertedero y éste queda en coma. Será entonces cuando ella se adentre en la vida de él, adueñándose de su apartamento, de su trabajo y de su perro. Ópera prima de Marie Belhomme, quien también participa en el guión, la película está protagonizada por Isabelle Carré (Cheba Louisa), Carmen Maura (Las brujas de Zugarramurdi), Philippe Rebbot (Zouzou) y Nina Meurisse (Africaine).

Desde Reino Unido nos llega Lilting, drama romántico de 2014 que supone el debut en el largometraje de Hong Khaou. La trama arranca cuando una mujer que acaba de perder a su hijo de forma inesperada descubre que comparte con un chico del que su hijo estaba enamorado. A pesar de la barrera del idioma (ella es de Camboya y él de Inglaterra), los sentimientos que ambos comparten, desde el amor por el joven hasta el dolor de la pérdida, les permitirán llegar a comprenderse mutuamente. El reparto está encabezado por Ben Whishaw (Skyfall), Cheng Pei-Pei (Shanghai hotel), Andrew Leung (The list) y Morven Christie (Shell).

Y con algo más de retraso se estrena la polaca Papusza, drama biográfico de 2013 que aborda la vida de Bronislawa Wajs, conocida como ‘Papusza’, la primera mujer gitana que logró publicar sus poemas en Polonia en una época en la que el rol de las mujeres estaba muy limitado. El recorrido a lo largo de su vida es en realidad un recorrido por las situaciones que tuvo que vivir este pueblo tras la II Guerra Mundial por toda Europa. Dirigida a cuatro manos entre Joanna Kos-Krauze y Krzystof Krauze (Plac zbawiciela), en el reparto encontramos nombres como los de Jowita Budnik (Vent d’est), Zbigniew Walerys (Operace dunaj), Antoni Pawlicki (Big love) y Artur Steranko (Enen).

‘Cuatro Fantásticos’ al rescate de un anciano ‘Mr. Holmes’


Estrenos 21agosto2015Fin de semana muy interesante el que comienza hoy. Y no lo digo por su principal estreno, uno de los reinicios superheróicos más interesantes del año, sino por la cantidad de estrenos y, sobre todo, por el atractivo que estos tienen, ya sea por reparto, por la trama o, simplemente, por la diversión que ofrecen. Comedia, drama, intriga y ciencia ficción se dan cita hoy viernes, 21 de agosto, para tratar de revitalizar una taquilla que ha ido cuesta abajo en las últimas semanas.

Y a pesar de la relevancia de muchos estrenos, el más importante es Cuatro Fantásticos, nuevo intento por llevar al cine a la familia de superhéroes más famosa de Marvel, después del fallido proyecto iniciado hace ahora 10 años. Con un carácter más juvenil y un tono, a priori, más oscuro, la historia narra de nuevo los orígenes de estos cuatro personajes ahora convertidos en cuatro jóvenes inadaptados que viajan a una dimensión desconocida en compañía de un quinto compañero. En el viaje algo sale mal y cuando regresan sus cuerpos han cambiado de formas asombrosas, otorgándoles poderes inimaginables. Sin embargo, al tiempo que descubren sus propios límites deberán hacer frente a la amenaza que han traído consigo en el cuerpo y la mente de su quinto acompañante. Dirigida por Josh Trank (Chronicle), la película está protagonizada por Miles Teller (Whiplash), Kate Mara (serie House of cards), Jamie Bell (Snowpiercer), Michael B. Jordan (Red tails), Toby Kebbell (El consejero) y Tim Blake Nelson (Matar al mensajero).

Una de las propuestas más interesantes es Mr. Holmes, adaptación de la novela de Mitch Cullin que, a su vez, toma como base al famoso detective creado por Arthur Conan Doyle. La trama sitúa al protagonista en su vejez, ya retirado de su profesión y dedicado a la apicultura. A pesar de que mantiene una mente brillante la senilidad empieza a afectar a su razonamiento. Por eso cuando el hijo de la mujer que cuida la casa, que tiene en Sherlock a una figura paterna, decide investigar un antiguo caso sin resolver, el anciano encontrará un motivo para salir de su retiro. Bill Condon (El quinto poder) dirige esta película protagonizada por Ian McKellen (X-Men: Días del futuro pasado), Milo Parker (Robot overlords), Laura Linney (Crónica de un engaño), Hiroyuki Sanada (Lobezno inmortal) y Patrick Kennedy (La conspiración de noviembre).

Aunque si de nombres conocidos se trata, la palma se la lleva Vacaciones, comedia gamberra protagonizada por Ed Helms (R3sacón) que nace como secuela de Las vacaciones de una chiflada familia americana (1983) y cuya trama se centra en el hijo del protagonista de aquel film. Adulto y con una familia a su cargo, su intento de pasar unas vacaciones con su mujer y sus hijos en el lugar que recuerda con más cariño generará situaciones de lo más surrealista. Dirigida a cuatro manos por John Francis Daley y Jonathan M. Goldstein, ambos debutantes en el largometraje, la cinta cuenta en su reparto con Christina Applegate (Los amos de la noticia), Chevy Chase (Pequeños grandes héroes), Beverly D’Angelo (Bounty killer), Chris Hemsworth (Thor), Michael Peña (Ant-Man), Charlie Day (Cómo acabar con tu jefe), Leslie Mann (Si fuera fácil), Norman Reedus (serie The walking dead) y Colin Hanks (serie Fargo).

También es atractivo el reparto de Cut bank, thriller policíaco de 2014 cuyo argumento comienza cuando un joven ex atleta de 25 años decide irse del pueblo más frío de Estados Unidos (y que da nombre al film) en el que ha vivido toda la vida. Sus intentos por alejarse de la vida que siempre ha conocido le llevarán a tomar decisiones que cambiarán no solo su vida, sino la de todos los habitantes. Matt Shakman, director habitual en series como RevengeThe Good Wife, es el encargado de poner en imágenes esta historia protagonizada por Liam Hemsworth (El poder del dinero), Teresa Palmer (Memorias de un zombie adolescente), John Malkovich (Red 2), Billy Bob Thornton (El juez), Bruce Dern (Nebraska) y Michael Stuhlbarg (serie Boardwalk Empire).

En cuanto a los estrenos europeos, destaca por encima de todos la francesa Amar, beber y cantar, última película de Alain Resnais (El año pasado en Marienbad) que fue rodada pocos meses antes de que el director falleciera. Adaptación de una obra de Alan Ayckbourn, la película se centra en un grupo de teatro amateur que es sacudido por la noticia de la inminente muerte de un amigo común. Pero incluso en esos últimos momentos, con un pie en la tumba, el hombre será capaz de poner a prueba la confianza del grupo. A medio camino entre la comedia y el drama, la cinta está protagonizada por Sabine Azéma (Las malas hierbas), André Dussollier (Chicas), Hippolyte Girardot (Kidon) y Sandrine Kiberlain (Las chicas de la sexta planta).

‘Capitán América: El soldado de invierno’: lo llaman seguridad en lugar de miedo


Chris Evans repite como el superhéroe de Marvel en 'Capitán América: El soldado de invierno'.Más y mejor. Esa es la filosofía de toda segunda parte que se precie. Y si estamos hablando de superproducciones con superhéroes de por medio, lo normal es que se traduzca en más acción, más explosiones y más combates, sin que eso tenga necesariamente que ir acompañado de un mejor argumento. Por fortuna para esta continuación de Capitán América: El primer vengador (2011), posee todos los ingredientes para ser una digna sucesora, incluyendo una temática que, al igual que la primera entrega, ofrece algo más que una simple ensalada de bofetadas. Y por cierto, ¡qué bofetadas!.

Porque no nos engañemos, una aplastante mayoría del público que acuda a ver Capitán América: El soldado de invierno buscará, ante todo, entretenimiento y acción, ya sea en 2D o en 3D. Y eso, le pese a quien le pese, está garantizado desde el primer minuto. Su secuencia inicial, muy bien narrada por Anthony y Joe Russo (Tú, yo y ahora… Dupree), es toda una declaración de intenciones de lo que luego vendrá: una espiral de acción cada vez más magnificada (incluyendo una batalla aérea entre grandes naves y pequeños guerreros) combinada con acierto con una trama de espionaje, mentiras y secretos que, para los más fieles seguidores, posiblemente no ofrezca grandes dificultades. La cinta, salvo algún bajón de ritmo habitual en este tipo de films, mantiene el nivel de su predecesora.

Aunque como digo, hay algo más, pero también algo menos. Coincidencia o no (me inclino a pensar que no), el mensaje implícito y explícito de esta continuación se ajusta a la realidad que vivimos como un guante. Los constantes debates entre seguridad y privacidad, entre defensa y miedo, remiten a una problemática real que hace a la trama más interesante de lo que podría interpretarse en un primer momento. Es evidente que la acción se impone sobre todos los demás elementos, pero eso no impide que el espectador pueda encontrar algo más que golpes y explosiones en aquellos momentos en los que el film se toma un respiro. Es una lástima, sin embargo, que dichos momentos no estén acompañados de una solidez interpretativa algo mayor. Si bien es cierto que tanto Chris Evans (Puncture) como Robert Redford (Juego de espías) o Samuel L. Jackson (Cleaner) se encuentran notablemente cómodos en sus respectivos roles, la participación de Scarlett Johansson (The Spirit) o Anthony Mackie (Destino oculto) enturbia notablemente el conjunto, la primera por una fatiga más que evidente y el segundo por una falta de acomodo al personaje que, esperemos, se solucione en el futuro.

Del mismo modo, Capitán América: El soldado de invierno apenas deja hueco para desarrollar el pasado del villano más allá de su identidad y su conexión con el resto de personajes. Aunque no lo parezca, sus puntos débiles afectan lo suficiente a la trama como para que esta no logre despegar más allá de un buen entretenimiento. Tampoco es que la propia cinta busque algo más, es cierto, pero teniendo en cuenta el nivel que han adquirido este tipo de producciones se antoja necesario algo más de contenido dramático. Sea como fuere, un espectáculo más que digno que sigue la línea iniciada por aquella primera película y que, en su secuencia post créditos, pone las bases para el próximo mega evento de Marvel.

Nota: 7/10

‘Capitán América: El soldado de invierno’ inaugura el verano de cine


Estrenos 28marzo2014Un año más, el verano cinematográfico se adelanta unos meses para iniciar su andadura de grandes estrenos de puro entretenimiento. Es cierto que se podría decir que 300: El origen de un imperio ha sido el verdadero pistoletazo de salida para esta época de blockbusters, pero de un tiempo a esta parte el verano en cuestión de películas viene determinado por los superhéroes, en concreto por Marvel. Y para no faltar a su cita (y este año será varias), comienza con la secuela de uno de sus más grandes iconos. Claro que no es el único título que llega hoy, viernes 28 de marzo, aunque sí es prácticamente el único estadounidense.

Así que comenzamos el habitual repaso de los viernes con Capitán América: El soldado de invierno, continuación de Capitán América: El primer vengador (2011) y, en cierto modo, continuación de Los Vengadores (2012). Nuevo paso en ese camino iniciado por la empresa para crear todo un universo audiovisual paralelo al de los cómics, la cinta narra cómo el superhéroe trata de adaptarse a una época que no le corresponde tras los ataques sufridos por Nueva York. Su vida transcurre con normalidad hasta que un agente de S.H.I.E.L.D. es secuestrado, iniciándose entonces una investigación que le llevará a descubrir diversas tramas cuyo fin es acabar con el orden implantado hasta ahora, y que cuentan con el soldado de invierno, un misterioso hombre cuya identidad cambiará para siempre la vida del héroe. Con unos primeros comentarios muy positivos, la cinta promete mucha acción y, sobre todo, mucha espectacularidad. Proyectada en 2D y en 3D, está dirigida por los hermanos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood) y cuenta con un reparto en el que repiten Chris Evans (Los perdedores), Scarlett Johansson (Her), Sebastian Stan (serie Érase una vez), Samuel L. Jackson (RoboCop), Cobie Smulders (serie Cómo conocí a vuestra madre), Dominic Cooper (El doble del diablo), Hayley Atwell (La duquesa) y Toby Jones (Los Juegos del Hambre: En llamas), a los que se suman Robert Redford (Pacto de silencio), Anthony Mackie (Dolor y dinero) y Emily VanCamp (serie Revenge). Por cierto, al final de los créditos se desvelará la habitual sorpresa, dirigida para la ocasión por Joss Whedon, director de Los Vengadores.

Muy distinto es el otro interesante estreno de la semana, titulado Enemy. Basado en la obra de José Saramago ‘El hombre duplicado’, y con producción canadiense y española, la trama comienza cuando un profesor con una apacible vida junto a su esposa descubre que hay un actor exactamente igual que él. Los intentos por encontrarle le llevan a obsesionarse, hasta el punto de introducirse en una espiral que cambiará su vida para siempre. Denis Villeneuve, que todavía tiene reciente el éxito de Prisioneros, dirige este thriller en el que el absoluto protagonista es Jake Gyllenhaal (Zodiac), al que acompañan Mélanie Laurent (Malditos bastardos), Isabella Rossellini (Pollo con ciruelas) y Sarah Gadon (Un método peligroso).

Volviendo a las producciones estadounidenses, este fin de semana llega Upstream color, proyecto personal de Shane Carruth (Primer) en el que escribe, dirige, ilumina y actúa, entre muchas otras cosas. El argumento, enmarcado en la ciencia ficción dramática, se centra en una joven que una noche es atacada por un ladrón, quien le introduce un extraño gusano que anula por completo su voluntad, siendo desde entonces un pelele en manos del delincuente. Cuando por fin logran extirpárselo la mujer despierta en una vida destrozada. Sin embargo, la aparición de un hombre con un pasado turbulento le ayudará a superar el suyo propio. Además de Carruth, en pantalla puede verse a Amy Seimetz (Tú eres el siguiente), Andrew Sensenig (Pearl), Thiago Martins y Kathy Carruth.

En cuanto a lo que viene de Europa, uno de los títulos más destacados es Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!, comedia francesa escrita, dirigida y protagonizada por Guillaume Gallienne (María Antonieta) que se ha convertido en la revelación del cine galo. La historia gira en torno a un joven homosexual y sus recuerdos cuando vivía con su familia, sobre todo la estrecha relación con su madre, ambos roles interpretados por Gallienne, junto al que encontramos a Françoise Fabian (Made in Italy), André Marcon (Incompatibles), Diane Kruger (serie The bridge), Reda Kateb (La noche más oscura) y Charlie Anson (The power of three).

La comedia también está muy presente en las dos propuestas españolas. Kamikaze es el título de la ópera prima de Álex Pina, quien también escribe el guión junto a Iván Escobar, ambos guionistas de la serie El barco. Con ciertas dosis de drama y romance, la cinta se centra en un joven que es empujado a inmolarse en un avión que va de Moscú a Madrid. Cosas del destino, una fuerte tormenta impide que el avión salga, por lo que el suicida deberá convivir con sus futuras víctimas durante tres días, lo que cambiará para siempre su visión de la vida y de su futuro. Álex García (Seis puntos sobre Emma), Verónica Echegui (La gran familia española), Carmen Machi (Ocho apellidos vascos), Leticia Dolera (Los últimos días), Héctor Alterio (En ninguna parte), Eduardo Blanco (La vida empieza hoy) e Iván Massagué (Muertos de amor) conforman el reparto principal.

Por su parte, 2 francos, 40 pesetas es la continuación de Un franco, 14 pesetas, comedia del 2006 que narraba el periplo de una familia española que emigra a Suiza en los años 60 en busca de trabajo. Escrita, dirigida y protagonizada de nuevo por Carlos Iglesias (Los muertos no se tocan, nene), esta segunda entrega presenta a la familia de nuevo en Madrid seis años después. Estamos en 1974, y con motivo de un bautizo toda la familia viajará de nuevo a Suiza, incluyendo abuelas que llegan de improviso, hijos con sus respectivas novias hippies, e incluso banqueros que tratan de evadir dinero. El paisaje del tranquilo pueblo suizo volverá a alterarse con esta alocada ceremonia. Junto a Iglesias regresan los principales actores de la primera parte, como son Javier Gutiérrez (Zipi y Zape y el club de la canica), Nieve de Medina (serie La señora), Ángela del Salto (O.F.N.I.) e Isabel Blanco (Ispansi!), a los que se suma Adrián Expósito (serie Toledo).

Otro de los estrenos europeos, al menos en parte, es The informant, thriller coporducido entre Francia y Canadá que cuenta cómo un expatriado francés en Gibraltar entra a trabajar en el Servicio de Aduanas de Francia como agente infiltrado. Su trabajo es ganarse la confianza de un importante traficante de cocaína, pero introducirse en ese mundo implica correr muchos riesgos y pagar un alto precio. Dirigida por Julien Leclercq (El asalto), la cinta cuenta en su reparto con Gilles Lellouche (Los infieles), Tahar Rahim (El pasado), Riccardo Scamarcio (Tengo algo que deciros), Raphaëlle Agogué (El chef, la receta de la felicidad), Mélanie Bernier (La delicadeza) y Philippe Nahon (Kill me please).

Finalmente, desde Polonia nos llega Ida, drama en el que una joven novicia a punto de tomar sus votos en la década de los 60 del pasado siglo descubre un oscuro secreto familiar que le lleva a plantearse toda su vida y a descubrir a una de sus tías. Junto a ella iniciará un viaje que la llevará a seguir los pasos de la ocupación nazi y a afrontar las consecuencias de su pasado. Tras las cámaras se encuentra Pawel Pawlikowski (La mujer del quinto), mientras que delante de ellas tenemos a Agata Kulesza (Ki), la debutante Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig (Los números), Dawid Ogrodnik (Jestes bogiem) y Adam Szyszkowski (Avalon).

1ª T de ‘Political Animals’, drama estándar de una familia típica


Sigourney Weaver encabeza el reparto de 'Political Animals'.A estas alturas de la televisión creo que cualquier persona atisba a comprender, aunque sea de forma general, que la producción de ficción para la pequeña pantalla vive una época dorada. Es uno de los temas recurrentes en las conversaciones, la calidad dramática de las historias es muy alta (en ocasiones bastante más que la de su eterno hermano mayor, el cine) y el acabado técnico es impecable. Para colmo, muchos de los profesionales están emigrando hacia un medio que les aporta más prestigio y mayores retos en sus respectivas carreras. Pero todo esto tiene una cara oculta, o mejor dicho una complicación. En esta escalada de calidad surgen productos con aspiraciones que se quedan en eso, en una aspiración. Es, en cierto modo, lo que le ocurre a Political Animals, miniserie de 6 episodios creada por Greg Berlanti (serie Eli Stone) que mezcla el drama y la política en un producto algo desafortunado.

No quiero decir con esto que sea una mala producción, ni mucho menos, pero atendiendo al reparto y a su argumento cabría esperar algo más interesante, menos estándar. La serie comienza cuando una ex primera dama de Estados Unidos pierde las primarias del partido demócrata. Dos años después, sin embargo, está trabajando a las órdenes de su rival como Secretaria de Estado de la Casa Blanca. En ese puesto tendrá que lidiar no solo con los conflictos internacionales, sino con los problemas familiares (un hijo drogadicto que ha intentado suicidarse y un ex marido que trata de reconquistarla) y con el acoso de una periodista que ha hecho carrera a base de tratar de destrozar su vida profesional y personal. Todo ello sin renunciar a su sueño de convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos.

El principal problema de la trama, y que es lo que lastra el conjunto hasta convertirlo en algo corriente, es la simpleza, o mejor dicho la estandarización, de sus conflictos y de sus personajes. La verdad es que la familia protagonista de esta especie de tragedia griega es prototípica: la madre fuerte que se deshace por sus hijos, el ex marido promiscuo, la abuela con cierta tendencia a la bebida, el hijo homosexual, el otro hijo que busca el constante reconocimiento, … Todos y cada uno de ellos está dibujado de una forma tan tópica que apenas dejan margen para la sorpresa. Por ejemplo, si un personaje es drogadicto ya se sabe de antemano que cualquier intento por desengancharse fracasará estrepitosamente.

Unido estrechamente a esto se encuentra la trama. Como decíamos antes, el desarrollo dramático podría haber dado mucho más de sí. El hecho de que la protagonista busque por todos los medios acceder a la presidencia la convierte en un potencial elemento discordante en un mundo plagado de hombres. Y el hecho de que sea más inteligente que cualquiera de ellos abre la puerta a intrigas y desconfianzas que bien podrían haber provocado algún que otro giro argumental de cierto peso. En lugar de eso, Berlanti opta por eliminar intrincados senderos narrativos para tomar los atajos necesarios que le permitan centrarse en el drama familiar. El resultado no es más que una serie sobre las miserias de la familia ambientada en política. Bueno, el hecho de que el marco sea la política casi es lo de menos.

Seis episodios a mitad de trama

En este contexto el reparto poco puede hacer salvo aportar consistencia a unos personajes algo pobres en su definición. Sigourney Weaver (Alien) demuestra su calidad interpretativa incluso en aquellos diálogos algo forzados que buscan una crítica a determinadas ideologías o actuaciones políticas; Carla Gugino (Spy Kids), acostumbrada a papeles algo más ligeros, convence como una periodista que busca recuperar un prestigio perdido, si bien es cierto que en ocasiones es excesivamente evidente las intenciones de aleccionar al periodismo con su rol por parte de los guionistas. Incluso personajes como los dos hijos (James Wolk y Sebastian Stan) o secundarios como los de Ellen Burstyn (Main Street) o Dylan Baker (Spider-man 2) se muestran convincentes en sus respectivas tramas secundarias. El problema de todos ellos, sin embargo, es que son demasiado tópicos, demasiado previsibles en sus decisiones debido a la poca profundidad de su definición.

La nota discordante la pone el personaje de Ciarán Hinds (serie Roma), curiosamente uno de los más odiosos y al mismo tiempo mejor desarrollados de la trama. De hecho, es uno de los mejores elementos de estos 6 episodios. Por un lado, su carácter promiscuo, ególatra y algo altivo generan inicialmente rechazo. Por otro, su forma de analizar el contexto político y de comprender el carácter de las personas le convierten en el único rol capaz de provocar expectación en el espectador. Pero es una isla en un océano. La brillantez de Hinds a la hora de engrandecer un personaje tan interesante como este contrasta demasiado con la mediocridad de muchos de los demás. Da la sensación en muchas ocasiones de que Berlanti utiliza a los personajes para expresar sus propias convicciones. Sé que muchos pensarán que en buena medida los personajes están para eso. Es cierto, pero una de las primeras leyes del diálogo es que lo que se dice nunca es lo que se dice, sino lo que se quiere decir.

Desconozco si estaba previsto o no, si la idea era desarrollar la serie en una segunda temporada o si realmente se quería dejar en el aire todo lo planteado en estos seis episodios, pero curiosamente lo más importante de toda la trama ocurre en el último capítulo… y se queda en el aire, planteando muchas dudas y abriendo unas vías dramáticas muy interesantes para desarrollar. No vamos a desvelar aquí lo que ocurre en esa conclusión de la miniserie, pero sin duda es un acontecimiento impactante. Tanto que se podría considerar como el punto de giro más importante de toda la trama. Su presencia pone patas arriba todo el orden establecido hasta ese momento, provocando como decimos un sinfín de posibilidades que, por desgracia, se quedarán suspendidas al no existir una segunda temporada.

Tal vez sea lo mejor. Political Animals no ha sido la propuesta política que cabría esperar. Los intentos por desarrollar el drama familiar y social son más que evidentes y, en muchos casos, fructíferos, pero en un mundo como la política, donde las intenciones jamás se muestran y los discursos suelen ocultar la verdadera opinión, presentar unos personajes que apenas tienen nada que esconder salvo sus miserias personales es una débil propuesta. Tal vez enmarcada en otro contexto esta familia habría dado mucho más, aunque también es verdad que sería necesaria la reescritura de algunos conceptos de sus personajes. Es una lástima.

Diccineario

Cine y palabras

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