‘Los Médici. El Magnífico’, un conflicto complejo con un diseño sencillo


Hay historias que necesitan de grandilocuentes puestas en escena para crear interés. Otras, sin embargo, pueden utilizar la más sencilla producción y ser igualmente interesantes. El caso de la serie Los Médici: Señores de Florencia pertenece a la segunda categoría, aunque parezca lo contrario. Porque aunque tiene un diseño de producción y de vestuario sencillamente espectacular, en realidad no es más que la recreación (magnífica recreación) de la época en la que transcurre una historia con una fuerza propia fuera de toda duda. La segunda temporada, subtitulada El Magnífico, demuestra que con poco puede lograrse mucho.

Estos 8 episodios de la serie creada por Nicholas Meyer (La mancha humana) y Frank Spotnitz (serie El hombre en el castillo) aborda, en esta ocasión, el ascenso y surgimiento de la figura de Lorenzo de Medici y su lucha contra su principal rival, la familia Pazzi. Y lo hace aprovechando al máximo las posibilidades dramáticas de una historia con tintes shakesperianos y con un subtexto emocional que los actores, además, dotan de una gravedad mucho mayor si cabe. Aprovechando los saltos temporales entre la infancia de los protagonistas y su presente, así como su relato en una suerte de flashback de temporada completa, la trama explora los orígenes de un conflicto generacional, las motivaciones y anhelos de protagonistas y antagonistas, y las caras más ocultas de los mismos.

Desde luego, lo más interesante es el duelo establecido entre los personajes de Daniel Sharman (serie Fear the Walking Dead) y Sean Bean (Marte), Lorenzo de Medici y Jacobo de Pazzi respectivamente. Ambos se convierten, en cierto modo, en las dos caras de una misma moneda, en la personificación de los intereses antagonistas en una sociedad dominada por la religión y la guerra. El modo en que los actores suman progresivamente gravedad dramática en sus personajes no hace sino reflejar el progresivo deterioro de un conflicto que termina con ese atentado dentro del Duomo de Florencia durante una misa, lo que refleja además los “valores cristianos” de unos personajes (y una parte de la sociedad) movidos únicamente por el poder y el dinero.

Este es, precisamente, uno de los mayores aciertos de esta segunda temporada de Los Medici: Señores de Florencia. La serie analiza al detalle no solo el conflicto familiar, sino todas las ramificaciones y cómo eso afecta a la vida de ambos clanes y de la ciudad-estado. Dicho de otro modo, la serie no se limita a mostrar una animadversión histórica, sino a enriquecerla hasta convertirla en una suerte de estudio sociológico tanto de la época como actual. Los ecos de la enemistad se oyen en una relación prohibida, en un conflicto bélico con otra ciudad-estado, … Puede que a muchos les resulte poco creíble esta estructura dramática, pero lo cierto es que es efectiva, pues a medida que avanza la trama por estos 8 capítulos el espectador asiste a un creciente ambiente de odio, casi bélico, movido por los intereses egoístas de un personaje o una familia. Y siempre respetando la base histórica. Salvando las distancias de la época, hoy en día se pueden ver comportamientos similares.

Buenos muy buenos y malos malísimos

Con todo, el recurso de una puesta en escena sencilla para agrandar la complejidad de la trama tiene un efecto secundario algo irrisorio, y es el hecho de presentar a los héroes como grandes hombres y a los villanos como seres oscuros. Y eso, al igual que el conflicto dramático, se refleja absolutamente en todo, desde la fotografía hasta el vestuario. Precisamente en los ropajes de época es donde más se aprecia este contraste. Mientras los Medici se mueven en entornos luminosos con ropas más o menos coloridas, los Pazzi visten prácticamente de negro en cada plano de esta segunda temporada. Es cierto que esta apuesta cromática acentúa la distancia entre las familias, pero repetir patrones a lo largo de los 8 capítulos termina por resultar un tanto incoherente, fundamentalmente porque mientras “los buenos” cambian sus ropas con cierta asiduidad, “los malos” parecen siempre vestir el mismo atuendo.

Algo similar ocurre con la fotografía y los decorados. La vivienda de los Medici es el vivo ejemplo de un espacio luminoso, diáfano, en el que interior y exterior parecen estar separados por una fina frontera en forma de paredes, pero que nunca impide que entre el aire ni la luz. O dicho de otro modo, no impide que entre el sentir del pueblo de Florencia. Por el contrario, la casa de los Pazzi se antoja oscura, incluso en las zonas en las que la luz entra por completo lo hace sin brillo. Un hogar oscuro como su vestuario en el que, además, los muros sí parecen marcar frontera entre lo que ocurre en el exterior y los maquiavélicos planes que se gestan en su interior. No cabe duda de que esta forma de narrar en Los Medici: Señores de Florencia. El Magnífico es efectiva, pues acentúa y ahonda en los conflictos emocionales y en los giros dramáticos de la trama de un modo casi subconsciente, pero la reiteración de fórmulas termina por agotar en los compases finales de la historia.

A esto se suman cierta debilidad en las motivaciones de unos y otros, al menos en algunos momentos del desarrollo argumental. Mientras que los protagonistas parecen moverse únicamente por el bien de una ciudad para que prospere económica y culturalmente, los antagonistas solo se afanan en su beneficio personal, en enriquecer sus bolsillos a costa de los ciudadanos. Y aunque visto con la perspectiva de la historia puede que se entienda así, la realidad siempre es mucho más compleja, y una serie de corte histórico debería de reflejar, en cierto modo, dicha complejidad. La serie lo logra en muchos momentos, sobre todo en aquellos relativos a la relación con la Iglesia Católica y el Papa, pero flaquea en algunos momentos, como si necesitara avanzar en una determinada dirección y los argumentos para ello se hubieran expuesto de forma apresurada y poco elaborada.

En cualquier caso, Los Medici: Señores de Florencia. El Magnífico es una más que digna sucesora de la primera temporada. Con un mayor interés histórico por la curiosidad que despierta ya de por sí Lorenzo de Medici, esta etapa aprovecha el conflicto familiar para exponer toda una estructura social y dramática que no deja nada al azar. En este trabajo hay momentos más débiles narrativamente hablando, es lógico, pero son hechos puntuales dentro de una producción que persigue la sencillez en su forma para potenciar la complejidad de su fondo. Y lo consigue con notable éxito. Sin duda estamos ante una de las producciones más serias, profundas y elaboradas sobre esta época de nuestra historia.

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‘Marte’: Robinson Crusoe espacial


Matt Damon debe sobrevivir en 'Marte' solo con su ingenio.Cualquier proyecto de Ridley Scott (Black rain) relacionado con la ciencia ficción siempre genera expectación por motivos más que evidentes. Tal vez sea por eso que lo que se espera siempre de sus films es poco menos que la genialidad. Su última incursión en el género, aunque no alcance ese grado, sin duda es uno de los mejores ejercicios de entretenimiento, drama y fascinación por el planeta rojo de los últimos años. Y lo más interesante es que no recurre a grandes artificios ni a complejas historias, todo lo contrario.

Si algo hace atractiva a Marte es, precisamente, su sencillez. Sencillez en el desarrollo dramático, sencillez en su lenguaje narrativo y sencillez en sus personajes. El guión, aunque previsible, tiene la fuerza suficiente para estremecer, conmover y hacer reír a partes iguales. Nada en la historia hace pensar en un desenlace diferente al que todo el mundo tiene en mente, pero eso no impide que la tensión sea más que palpable en muchos momentos, sobre todo en el clímax. La narrativa utilizada por Scott acentúa este carácter natural, casi habitual, como si los paseos por Marte fueran algo de andar por casa.

Pero el reparto es, sin lugar a dudas, el principal responsable. Con la cantidad de nombres importantes que figuran lo normal sería que la historia tendiera hacia una suerte de cinta heroica en la alguien terminara sacrificándose. Nada de eso está presente, ni remotamente. Las decisiones, frías, calculadas y sopesadas de cara a la opinión pública, se toman en un marco muy diferente al de la típica cinta de aventuras. Y los actores, sin excepción, no solo conocen el alcance de sus roles, sino que los dotan de una vida sobria, sin estridencias patrióticas o enaltecedoras. Son, simple y llanamente, hombres en una situación extraordinaria.

Todo ello convierte a Marte en una obra diferente, curiosa en su forma y en su contenido, no tanto porque ofrezca algo novedoso, sino porque dentro de la comodidad de lo previsible es capaz de lograr el entretenimiento serio e inteligente que respeta al espectador. Ridley Scott recupera un buen tono narrativo, respetando los límites de su relato y aprovechando al máximo lo que le ofrecen sus actores. Un notable drama de un náufrago en un mar de polvo y tierra en el que nada crece y nada vive. Bueno, casi nada.

Nota: 7/10

‘Pixels’: la nostalgia de una época irrecuperable


Pac-Man es uno de los alienígenas de 'Pixels', dirigida por Chris Columbus.Hay una frase en la nueva película de Adam Sandler (Niños grandes) que podría aplicarse perfectamente al cine: los videojuegos antes eran previsibles, existían unos patrones que podían estudiarse; ahora las dinámicas son mucho más aleatorias. Y si hay algo que define al cine de este cómico es precisamente su previsibilidad. Esta nueva aventura con alienígenas pixelados en una especie de partida de videojuegos real confirma no solo la nostalgia que muchos sufrirán por un mundo ya extinto, sino el estancamiento de Sandler en el pasado, ya sea cinematográfico o cultural. Y eso en principio, mientras le reporte beneficios, no tiene nada de malo.

El problema es que Pixels tampoco tiene demasiado de positivo. El guión, plagado de lugares comunes y diálogos simples y con tendencia al absurdo, no logra en ningún momento revelarse como un verdadero homenaje a Pac-Man, Donkey Kong o Asteroids. Sí, existe una sensación generalizada de estar ante un producto que añora una época, una determinada forma de entretenimiento que iba más allá de la mera partida a un arcade. Pero nada más. La falta de conflictos reales, el humor encajado a la fuerza en muchos momentos y unos actores que parecen pasar por allí más que asumir la importancia de su papel (sólo Peter Dinklage parece conocer su verdadero sitio) impiden toda conexión emocional que supere el mero recuerdo de la infancia.

Con todo, es justo reconocerle al film un notable acierto, y es el alejamiento del humor más soez de su protagonista, rodeado para la ocasión por algunos de sus amigos de juergas cinematográficas. Las constantes referencias a los videojuegos y el más que vetado tema del sexo convierten a la trama en un producto apto para todos los públicos, lo que sumado a algunas secuencias de acción bien rodadas hacen que el film se desarrolle de manera regular, entreteniendo lo necesario e impidiendo que el espectador se aburra, al menos no mucho. Desde luego, la labor de Chris Columbus, director de las primeras entregas de Harry Potter, se nota en varios momentos, desde la partida de Pac-Man hasta la invasión final en la que se dan cita todo tipo de arcades.

El resumen podría ser que Pixels entretiene en la misma medida en que se olvida. Distrae durante sus casi dos horas de metraje, y los espectadores adultos podrán encontrar algunas referencias realmente divertidas, como pueden ser las piezas del Tetris “comiéndose” un edificio cada vez que hacen una línea. Pero nada más. La magia que pudiera tener Sandler en sus inicios parece haberse perdido definitivamente, y ni siquiera un regreso a los orígenes de los videojuegos parece devolverle ese estatus. Al final, no ofende, que ya es mucho, pero tampoco apasiona. Y la indiferencia que genera es lo peor que le puede pasar a un film.

Nota: 5/10

El superhéroe más pequeño contra los videojuegos más grandes


Estrenos 24julio2015El último fin de semana de julio de este 2015 nos depara varias novedades con respecto a lo visto durante todo este mes. Para empezar, la cartelera española se recibe menos estrenos de los vistos hasta ahora, posiblemente debido a la otra gran novedad: la presencia de dos grandes títulos pensados para arrasar en taquilla. Y es que hoy, viernes 24 de julio, llegan a los cines españoles superhéroes, videojuegos y una notable variedad de films europeos con interesantes repartos. Pero como siempre, comenzamos por lo más relevante.

Y desde luego, esa película no es otra que Ant-Man, nueva incorporación de Marvel a su universo cinematográfico que, de lograr el éxito esperado, sin duda se convertirá en otra franquicia a explotar y que se sume a los eventos cinematográficos del futuro. Para aquellos que no conozcan al personaje, esta cinta dirigida por Peyton Reed (Di que sí) arranca cuando un ladrón es contratado por el doctor Hank Pym para perpetrar un último atraco. A pesar de haber jurado que no volvería a esa vida, el ladrón es seducido por las características del trabajo, en el que deberá utilizar un traje que le permite encoger de tamaño, ganar en fuerza, velocidad y agilidad, y controlar a los insectos. Todo ello para proteger un secreto que puede poner en peligro a la Humanidad. Acción, humor y aventura se mezclan en esta cinta protagonizada por Paul Rudd (Los amos de la noticia), Michael Douglas (Behind the Candelabra), Evangeline Lilly (El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos), Bobby Cannavale (#Chef), Michael Peña (La gran estafa americana), Corey Stoll (serie House of cards), Hayley Atwell (Cenicienta), Judy Greer (Jurassic World) y Anthony Mackie (Capitán América: El soldado de invierno).

El otro gran estreno es la comedia Pixels, film que juega con la idea de que una cápsula del tiempo enviada en los años 80 con muestras de nuestra cultura en aquella época es recibida por los alienígenas como una declaración de guerra. Décadas después la Tierra se ve invadida por unos extraterrestres con la forma de los videojuegos que se enviaron en dicha cápsula, entre ellos Pac-Man o Donkey Kong. Para luchar contra ellos el Presidente de Estados Unidos recurre a un amigo de su adolescencia y campeón de aquellos arcades, quien liderará un equipo de jugadores que tienen las claves para acabar con la invasión. Dirigida por Chris Columbus (Harry Potter y la piedra filosofal), la película cuenta con un reparto encabezado por Adam Sandler (Juntos y revueltos), Michelle Monaghan (serie True Detective), Sean Bean (El destino de Júpiter), Kevin James (Superpoli en Las Vegas), Peter Dinklage (serie Juego de tronos), Josh Gad (El gurú de las bodas), Brian Cox (Mindscape) y Dan Aykroyd (En campaña todo vale).

La última novedad procedente de Estados Unidos es la comedia Lío en Broadway, cinta dirigida por Peter Bogdanovich (Luna de papel) que gira en torno a un director teatral cuya vida aparentemente perfecta se ve amenazada con la llegada a su equipo de una joven y prometedora actriz. Cuando el hombre descubre que la chica alterna su trabajo en los escenarios con servicios nocturnos de compañía decide ayudarla económicamente para que abandone esa vida, iniciándose una relación que pondrá en peligro todo lo que había logrado hasta ese momento. Un amplio plantel de nombres conocidos copa el reparto, entre los que destacan Imogen Poots (Mejor otro día), Jennifer Aniston (Somos los Miller), Owen Wilson (El gran hotel Budapest), Rhys Ifans (serie Elementary), Will Forte (Nebraska), Kathryn Hahn (La vida secreta de Walter Mitty) y Cybill Shepherd (Haz caso a tu corazón).

Comenzamos el repaso a los estrenos europeos con lo nuevo de Wim Wenders (Tierra de abundancia). Todo saldrá bien es una coproducción entre Francia, Suecia, Noruega, Alemania y Canadá que aborda las consecuencias que nuestros actos tienen en los que nos rodean. La historia arranca cuando un director, tras una fuerte discusión con su novia, atropella a un niño. Más de 10 años después el accidente sigue dejando una profunda huella en el hombre, cuya vida ha quedado casi destruida, y en la madre del pequeño. Un intenso drama en cuyo reparto destacan James Franco (The interview), Charlotte Gainsbourg (Samba), Rachel McAdams (El hombre más buscado), Marie-Josée Croze (Calvary), Robert Naylor (Immortals), Patrick Bauchau (Vacaciones en el infierno) y Peter Stormare (serie The Blacklist).

El único film español es Solo química, comedia romántica que dirige Alfonso Albacete (Mentiras y gordas) y cuya trama arranca cuando una joven se enamora de una estrella del cine y la televisión que la introduce en un mundo de glamour, éxito y dinero. Lo único que parece estar en su contra es su mejor amigo, psicólogo de profesión, quien intenta convencerla de que el amor es solo una reacción química que nos lleva a tergiversar la realidad. Ana Fernández (Historias de Lavapiés), Alejo Sauras (Los abrazos rotos), Rodrigo Guirao (serie Botineras), José Coronado (Fuego), María Esteve (Los 2 lados de la cama), Natalia de Molina (Cómo sobrevivir a una despedida), Jaime Olías (Promoción fantasma) y Bibiana Fernández (Atómica) encabezan el reparto.

Los estrenos europeos se completan con dos films. El cumpleaños de Ariane es un drama francés producido en 2014 cuyo argumento se centra, como se desprende del título, en la celebración que una mujer realiza en el día de su cumpleaños. Sin embargo, el evento se ve empañado por la ausencia de todos los invitados, que han cancelado su asistencia. Sola y decepcionada, la mujer inicia un recorrido por la ciudad para perderse por zonas que nunca antes había visitado. Dirigida por Robert Guédiguian (Las nieves del Kilimanjaro), la cinta está protagonizada por Ariane Ascaride (Fanny), Gérard Meylan (Lady Jane), Jacques Boudet (Adiós a la reina) y Jean-Pierre Darroussin (Marius), entre otros.

Por último, Una dama en París es el título del drama producido en 2012 y dirigido por Ilmar Raag (Klass). Con capital estonio, francés y belga, su historia gira en torno a una mujer que viaja de Estonia a París para cuidar de una vieja dama de aquel país. Sin embargo, la señora hará todo lo posible por evitarla, pasando tiempo con su joven amante, lo que pondrá a la mujer en una situación cada vez más complicada. El reparto está encabezado por Jeanne Moreau (El tiempo que queda), Patrick Pineau (Veloma), Corentin Lobet (Fuera de la ley) y Laine Mägi (Georg).

Channing Tatum llega a la cartelera española por partida doble


Estrenos 6febrero2015El mes de febrero de 2015 comienza más o menos como terminó enero, es decir, con nominados a los Oscar como principal atractivo. La diferencia con semanas anteriores es que hoy, viernes día 2, ese título llega acompañado de muchas propuestas de lo más diversas y con un atractivo mayúsculo, sobre todo para la gente más joven. Eso, y que uno de los actores protagonistas tiene presencia en la cartelera por partida doble. Entre tantos estrenos es difícil escoger por dónde comenzar, así que lo haremos con uno de los grandes candidatos a los Oscar.

Y ese no es otro que Foxcatcher, drama ambientado en el deporte olímpico que narra la historia real de Mark Schultz, ex campeón de lucha libre que en los años 80 vivía a la sombra de su hermano mayor, un afamado entrenador de este deporte. Ansioso por recuperar su viejo prestigio, el hombre acepta el encargo de un millonario, quien pretende crear un equipo para competir en las Olimpiadas de Seúl de 1988. Pero lo que comienza siendo un trampolín para volver al estrellato se convierte poco a poco en una relación oscura y turbulenta por el explosivo carácter del millonario, habituado a ejercer una fuerte presión psicológica en aquellos que le rodean. Dirigida por Bennett Miller (Moneyball: Rompiendo las reglas), la cinta está protagonizada por Steve Carell (Noche loca), Channing Tatum (Asalto al poder), Mark Ruffalo (Begin again), Sienna Miller (The girl) y Vanessa Redgrave (El mayordomo).

Precisamente Channing Tatum es el protagonista de El destino de Júpiter, nueva aventura épica de ciencia ficción escrita y dirigida por los hermanos Wachowski (Matrix) que en esta ocasión se centra en la vida de una joven que, a pesar de llevar una vida tranquila como limpiadora, sueña con lograr alcanzar las estrellas. Su sueño se hace realidad, aunque no de la forma que ella espera. Una noche un cazador ex militar modificado genéticamente la salva de morir asesinada y la traslada a un lugar seguro. Y es que la joven, según todos los indicadores genéticos, es la heredera de una estirpe que podría cambiar el equilibrio de todo el universo. Acción, aventura y mucha fantasía son los ingredientes de este film en el que también encontramos a Mila Kunis (Ted), Eddie Redmayne (La teoría del todo), Sean Bean (El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo), James D’Arcy (serie Los que matan), Maria Doyle Kennedy (Albert Nobbs) y Douglas Booth (Noé).

Aunque posiblemente el título que más morbo tiene sea The interview, comedia ideada, dirigida y protagonizada por Seth Rogen (Juerga hasta el fin) que ha sido el epicentro del supuesto ataque a Sony por parte de Corea del Norte como respuesta al argumento del film. Y es que la trama arranca cuando un presentador de televisión sensacionalista y su productor reciben la propuesta de entrevistar al líder norcoreano Kim Jong-un en su propio país. Será en ese momento, el más importante de sus vidas, cuando la CIA contacte con ellos para elaborar un intrincado plan y asesinar al presidente. El problema es que con dos espías aficionados todo puede salir mal. Tras las cámaras encontramos, junto a Rogen, al director Evan Goldberg, autor de la ya mencionada Juerga hasta el fin. El reparto se completa con James Franco (El origen del Planeta de los Simios), Lizzy Caplan (serie Masters of sex), Randall Park (Sex tape: Algo pasa en la nube) y Diana Bang (Lost Lagoon).

Para los más pequeños se estrena Bob Esponja: Un héroe fuera del agua, salto a la gran pantalla de las aventuras del famoso personaje de televisión que, además, pierde su condición de dibujo animado para convertirse en personajes diseñados por ordenador. Dirigida por Paul Tibbitt, miembro habitual de los episodios de la serie, la película sigue a los protagonistas en una aventura que les llevará a abandonar su tranquilo rincón del océano y salir a la superficie. Todo para recuperar un artefacto que puede cambiar el mundo tal y como lo conocemos. La cinta cuenta con las voces originales de la serie, es decir, Tom Kenny (serie Los padrinos mágicos), Clancy Brown (serie Sleepy Hollow) y Bill Fagerbakke (serie Cómo conocí a vuestra madre) entre otros, y tiene como estrellas invitadas a Antonio Banderas (Los mercenarios 3) y al músico Slash.

A medio camino entre la comedia y el terror se encuentra Tusk, lo nuevo de Kevin Smith (Vaya par de polis) como director y guionista. La cinta narra el viaje que realiza un joven podcaster a Canadá para entrevistar a un misántropo que hace años fue salvado por una morsa. Pero lo que comienza como una curiosa historia humana pronto se torna en pesadilla. El hombre, obsesionado con el animal que le salvó, secuestra al joven para sacar el animal que lleva dentro. Haley Joel Osment (El sexto sentido), Justin Long (La conspiración), Genesis Rodriguez (Al borde del abismo), Michael Parks (Argo) y Johnny Depp (Transcendence) encabezan el reparto.

La única representante europea de la semana es Timbuktu, drama ambientado en el extremismo religioso musulmán y nominado al Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa. La historia se centra en un hombre que vive tranquilamente en las dunas a las afueras de Tombouctou con su mujer y su hija, y cómo su vida cambia cuando mata accidentalmente a un pescador. Estando la ciudad gobernada por extremistas religiosos que se oponen a una interpretación libre y tolerante del islam, el hombre deberá afrontar una justicia que condena hasta el acto más insignificante. Dirigida por Abderrahmane Sissako (Bamako), quien participa en el guión, la película está protagonizada por Abel Jafri (Juliette), Hichem Yacoubi (Un profeta), Kettly Noël (Vidas al límite), Toulou Kiki e Ibrahim Ahmed.

‘Troya’, o la obra de Homero bajo un prisma realista de la guerra


Brad Pitt acabará con la vida de Eric Bana en el duelo que ambos protagonizan en 'Troya'.En unos días llegará a España Hércules, nueva superproducción de corte épico que trata de poner al día personajes e historias de la Grecia y Roma clásicas. En estos días he tenido la oportunidad de revisar un film que hace justamente 10 años llegaba a las pantallas de todo el mundo no exenta de cierta polémica. Se trata de Troya, la adaptación de La Ilíada de Homero dirigida por Wolfgang Petersen (Estallido) y adaptada por David Benioff, el mismo que está ahora mismo tras el éxito de Juego de Tronos. Una película que, más allá de su apartado técnico y de una serie de concesiones a la épica y el dramatismo, supone un acercamiento bastante fiel a la obra clásica y, porqué no, a los acontecimientos históricos que en teoría narra.

De hecho, salvo detalles como el arco temporal en el que transcurre la acción o la presencia de los dioses griegos en la historia, la película de Petersen es un reflejo de las pasiones, los ideales y las motivaciones que se recogen en la obra literaria. Benioff logra eliminar todos aquellos aspectos fantásticos del desarrollo dramático para convertir la trama en algo realista que se mueve al son de objetivos de lo más terrenales. Objetivos que, como digo, están presentes en los versos de Homero aunque maquillados por la influencia divina. El personaje que mejor representa esto es, como no podía ser de otro modo, Aquiles, al que da vida un incomparable Brad Pitt (Guerra Mundial Z). Más allá de su condición de estrella; más allá de su forma física o de su belleza, el actor logra convertirse en el famoso héroe griego entre otras cosas porque sobre el papel el rol está definido como un guerrero consciente de su trágico final, que acepta de forma crítica y consciente de las consecuencias.

Tanto guionista como director conforman en torno a la figura del personaje una historia que apenas posee descanso, creando un guión casi perfecto desde un punto de vista teórico que, a pesar de todo, comete algunos errores de carácter más dramático. Ambas ideas son consecuencia directa del contenido de La Ilíada. Si uno lee entre los versos de la obra comprenderá rápidamente que todos los conceptos de la moderna teoría del guión se encuentran donde deben estar, o lo que es lo mismo, planteamiento, nudo y desenlace avanzan con los puntos de giro y las incorporaciones de las tramas secundarias que tanto se buscan hoy en día, muchas veces sin conseguirlo. Pero del mismo modo, desde un punto de vista dramático la obra de Homero introduce la presencia divina de forma tan arraigada en la trama que el hecho de eliminarla en Troya provoca que sus huecos deban ser rellenados con ideas secundarias que pueden resultar algo débiles.

En otro orden de cosas, y por si acaso alguien no ha tenido la oportunidad de acercarse a la historia original, la película recoge acontecimientos que no aparecen en la epopeya, entre ellos el propio rapto o huída de Helena (a la que da vida Diane Kruger, ahora disfrutando del éxito de The bridge) o el ataque a la ciudad con el famoso caballo de madera como figura representativa. Dichos acontecimientos, muchos de ellos pertenecientes a otras obras, completan una historia de una forma un tanto particular, modificando el futuro de muchos personajes y ofreciendo una visión más coherente y realista de muchos otros, como es el propio Aquiles. Todas estas modificaciones son, lejos de artimañas de cara al público masivo, una herramienta necesaria para definir de forma mucho más clara el carácter de cada personaje, su semblante y su papel dentro de la épica batalla por la ciudad inexpugnable.

Personajes semidivinos sin divinidad

Ese es el motivo de que, por ejemplo, los villanos de la función no sean los troyanos, sino el líder de los griegos, interpretado por Brian Cox (Templario). Del mismo modo, el papel de Héctor se modifica lo suficiente para destacar su honorabilidad, su templanza y su inteligencia, aspectos todos ellos que quedan potenciados con la interpretación de Eric Bana (Hulk). Incluso un papel tan secundario en esta obra como el de Sean Bean (GoldenEye), Ulises en la ficción, queda perfectamente definido en momentos muy puntuales de la trama, evidenciando una historia en la que la línea que separa héroes de villanos es extremadamente fina. La verdad es que si uno analiza las obras de Benioff rápidamente puede encontrar ciertos paralelismos entre ellas en este aspecto.

Pero como decía al comienzo, uno de los elementos más atractivos de Troya es su capacidad para narrar los acontecimientos de forma “aséptica”, eliminando por completo la presencia física y real de los dioses, quienes tienen una papel determinante en la epopeya de Homero. Es más, su valor puede considerarse como contraproducente, pues se les trata como meras creencias encarnadas en ídolos cuya fuerza es nula. Esto obliga a Benioff a dar un nuevo sentido a algunos de los mitos más conocidos de esta historia, como la idea de la invulnerabilidad de Aquiles o ese aura de grandes guerreros de todos los héroes que participan en la contienda. En líneas generales, el guionista sale airoso de la tarea al encontrar una justificación que encaja en cada uno de los mitos, como es la muerte de Aquiles por un flechazo en el talón o el estilo de combate de éste y de Héctor, quienes por cierto protagonizan una lucha frente a las murallas de Troya muy bien desarrollada.

Mención aparte merecen los efectos especiales, algunos de ellos ciertamente toscos. Si bien es cierto que la película gana bastantes enteros en los momentos bélicos y los planos cortos, las secuencias que requieren de una magnitud mayor tienden a quedar resueltas de forma rápida y poco detallada, como si no fuese necesario cuidar un aspecto en el que, siendo sinceros, cada vez es más fácil encontrar el fallo. Que las naves griegas se repitan cada cierto número o que las multitudes no reaccionen como deberían ante algunos acontecimientos son muestra de que Petersen siempre ha sido un director que se ha encontrado más cómodo en el apartado físico y real de un rodaje que en el digital. Afortunadamente, no es esta película una obra que base su grueso dramático en esta técnica, por lo que al final su influencia queda reducida a una serie de momentos puntuales que, eso sí, deslucen algo el conjunto.

En cualquier caso, Troya no puede ni debe verse como una traslación a imágenes de la obra de Homero, sino como una adaptación que bucea en los aspectos más humanos y reales de la contienda. Las reflexiones de Aquiles o los intereses personales y ambiciosos de Agamenón son pruebas de que los personajes persiguen, ante todo, su propia gloria, situando a los dioses como meros referentes en los que, curiosamente, pocos personajes creen. Todo esto lleva a una visión de los acontecimientos más próxima a lo que debió ser la realidad que se esconde tras La Ilíada, en la que los intereses estratégicos fueron justificados por una mujer. Puede que el guión flaquee en algunos momentos, sobre todo en los aspectos más románticos. Y sin duda el apartado digital no posee la calidad que podría esperarse de una superproducción. Pero supone un buen ejercicio fílmico de adaptación y reinterpretación de una de las obras más importantes de la Historia.

Emmerich vuelve para enfrentarse a ‘La gran familia española’


Estrenos 13septiembre2013Este segundo fin de semana de septiembre se presenta, en lo que a estrenos se refiere, algo desequilibrado. Por un lado, hoy viernes, 13 de septiembre, nos llegan cintas de acción, de fantasía, comedias y dramas que aportan variedad a la hora de elegir qué ver. Pero por otro, el carácter de estas nuevas propuestas no es precisamente el de los blockbusters veraniegos, por lo que no sería demasiado extraño que la taquilla se resienta una vez pasado el fin de semana. En cualquier caso, no deja de ser interesante recuperar el cine de acción más clásico y, sobre todo, poder analizar con la perspectiva de los Oscar las pre candidatas españolas.

Comenzamos como siempre con los estrenos norteamericanos. El más interesante, entre otras cosas porque supone el regreso de Roland Emmerich al género que mejor maneja tras su visión de Shakespeare en Anonymous (2011), es Asalto al poder, cinta de acción y destrucción de los principales iconos norteamericanos en la que un policía del Capitolio se ve envuelto en pleno ataque paramilitar a la Casa Blanca, siendo el único capaz de salvar al Presidente de los Estados Unidos y al país. Escrita por James Vanderbilt, guionista de The Amazing Spider-man, la cinta cuenta con Channing Tatum (Efectos secundarios) y Jamie Foxx (Django desencadenado) como principales protagonistas, a los que acompañan Maggie Gyllenhaal (El caballero oscuro), Richard Jenkins (Los diarios del ron), James Woods (Ejecución inminente), Jason Clarke (La noche más oscura), Joey King (Expediente Warren: The Conjuring), Lance Reddick (serie Fringe) y Rachelle Lefevre (The caller).

Percy Jackson y el mar de los monstruos es el otro título que aporta Hollywood. Continuación de la película de 2010, la historia retoma la vida de este joven que, tras descubrir que es un semidiós griego, debe ahora recuperar el Vellocino de oro para salvar de la venganza de Cronos no solo su campamento, sino al mundo entero, tarea para la que contará con la ayuda de sus amigos. Basado en el segundo tomo de la saga literaria escrita por Rick Riordan, esta aventura fantástica plagaa de acción y humor está dirigida por Thor Freudenthal (El diario de Greg) y cuenta con el mismo reparto principal, compuesto por Logan Lerman (Un invierno en la playa), Alexandra Daddario (Carta blanca), Brandon T. Jackson (Rompedientes), Jake Abel (La huésped) y Sean Bean (Soldados de fortuna). A ellos se suman para la ocasión Douglas Smith (State’s evidence), Leven Rambin (Los juegos del hambre), Stanely Tucci (Un plan perfecto), Nathan Fillion (serie Castle) y Robert Knepper (serie Prison break).

La mayor parte del resto de estrenos es española. De todos ellos sobresale La gran familia española, nueva comedia escrita y dirigida por Daniel Sánchez Arévalo (Primos) que recientemente ha sido pre seleccionada por la Academia de Cine española como candidata a los Oscar. Su historia transcurre durante la final del Mundial que ganó España. Ese día un joven decide casarse con la que ha sido su amor de toda la vida. Sin embargo, nada sale como tenía planeado, incluyendo sus propias dudas sobre su amor. La película cuenta con muchos nombres conocidos del cine español como Quim Gutiérrez (Los últimos días), Antonio de la Torre (Los amantes pasajeros), Verónica Echegui (Yo soy la Juani), Miquel Fernández (Fin), Patrick Criado (serie Águila Roja), Roberto Álamo (La piel que habito), Arantxa Martí y Sandra Martín.

Una de las propuestas españolas que más puede atraer al público joven es Afterparty, una de terror que cuenta cómo el protagonista de una exitosa serie de televisión amanece encerrado en una cabaña junto a tres chicas que conoció la noche anterior en una fiesta. Lo único con lo que cuentan es un móvil que solo permite recibir vídeos de un asesino ataviado con la indumentaria del villano de su serie que está matando uno a uno al resto de jóvenes encerrados en ese mismo lugar. Debut en la dirección de Miguel Larraya, quien participa en el guión, la película está protagonizada por actores vistos en series de televisión: Luis Fernández (serie Los protegidos), Úrsula Corberó (serie Gran Reserva), David Seijo (serie El barco), Alicia Sanz (serie Bandolera), Ana Caldas (serie Bicho malo) y Juan Blanco (serie Amar es para siempre).

Otra cinta española que llega es Arraianos, drama producido en 2012 que combina realidad y ficción en una trama que sigue las vidas de los habitantes de un pueblo perdido en los bosques entre Galicia y Portugal, convertidos para la ocasión en actores que interpretan sus propias vidas. Dirigida por Eloy Enciso (Pic-nic), la película es una libre adaptación de la obra ‘O bosque’, de Jenaro Marinhas del Valle.

Saliendo de nuestras fronteras, aunque sin dejar Europa, tenemos el film El comandante y la cigüeña, comedia italiana de 2012 en la que confluyen diversas historias enmarcadas en el actual clima de crisis que viven Italia y el resto del mundo. Un fontanero cuya vida se centra en su familia y el trabajo y una artista que espera la oportunidad de su vida son los principales protagonistas de esta divertida trama acerca de las segundas oportunidades y la posibilidad de volver a empezar. Silvio Soldini (Pan y tulipanes) es su director, mientras que Valerio Mastandrea (La prima cosa bella), Alba Rohrwacher (Yo soy el amor), Luca Zingaretti (El cónsul Perlasca) y Claudia Gerini (La desconocida) son sus principales intérpretes.

En cuanto al género documental, dos son las novedades. El espíritu del ’45, escrito y dirigido por Ken Loach (El viento que agita la cebada) es un comprometido largometraje que, a través de declaraciones de los protagonistas de la época, narra el ambiente y los ideales que sucedieron inmediatamente a la II Guerra Mundial en Inglaterra, y que se basaban en una propiedad común en la que producción y servicios beneficiarían a todos, creando así una sociedad en la que unos pocos no se enriquecerían del trabajo de muchos. Una lucha colectiva que el director ha querido recordar en una época donde estos ideales son más necesarios que nunca.

Por su parte, Bajarí es una producción española que gira en torno al flamenco y a la cultura gitana en la Barcelona actual (el título es el nombre de la ciudad en caló). A través de las historias de unos jóvenes que buscan seguir los pasos de sus predecesores, la película narra la preparación y el desarrollo de estos jóvenes talentos y de un espectáculo en el que estarán acompañados por algunos de los más grandes artistas. El film es la ópera prima de Eva Vila.

3ª temporada de ‘Juego de Tronos’, modelo de desarrollo dramático


Emilia Clarke en uno de los impactantes momentos de la tercera temporada de 'Juego de Tronos'.Aquellos que por un motivo u otro no vean la serie Juego de Tronos posiblemente piensen que lo que van a leer a continuación obedece a un criterio poco objetivo. Es posible. Aun así, no puedo encontrar otro calificativo para la tercera temporada de esta producción basada en los libros de George R. R. Martin que el de perfecta. Tal vez sea aventurar demasiado, pero es muy probable que estos 10 episodios sean estudiados por los futuros guionistas como el ejemplo más claro de lo que debe hacerse para generar tensión dramática e intriga, y sobre cómo guiar al espectador a uno de los momentos más dramáticos de los últimos años, tanto en cine como en televisión. Sea objetivo o no, analizando fríamente el desarrollo de la trama no cabe duda de que estamos ante uno de los mejores trabajos de la temporada.

Cierto es que el trabajo de David Benioff (Troya) y D. B. Weiss se basa en la evolución que presentan las novelas, pero no reside ahí la espectacular labor de estos dos guionistas. No, el trabajo de llevar a la pantalla tantas historias transcurriendo al mismo tiempo en lugares tan diversos y con personajes tan dispares es lo verdaderamente interesante, sobre todo si logran que capítulo tras capítulo esta producción con uno de los comienzos más hermosos de la televisión tenga coherencia e interés. Si a esto sumamos su capacidad para impactar al espectador, tenemos el plato perfecto. Y eso que tras dos temporada uno debería estar escarmentado. En la primera temporada fue el protagonista el que murió, interpretado por Sean Bean (El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo), dando un giro novedoso al final de la temporada. En la segunda fue una cruenta batalla la que modificó el rumbo de la trama en uno de los episodios más épicos y mejor rodados de la pequeña pantalla.

Sin revelar ningún detalle de esta tercera temporada, se puede decir que la complejidad dramática que se intuía al final de su predecesora queda más o menos resuelta en ésta, y como no podía ser de otro modo lo hace de forma brutal y sangrienta en una progresión rítmica muy, muy interesante. Muchos especialistas opinan que los primeros episodios poseen una cadencia algo lenta, sobre todo teniendo en cuenta cómo terminó la segunda temporada. Sin embargo, no debería ser interpretado como ritmo pausado, sino como reorganización del escenario. La serie se toma un tiempo precioso en situar a cada personaje en su sitio y con sus ambiciones. Desde luego, aquellos que esperen violencia tendrán que esperar, pero los que disfruten con los intensos y sibilinos diálogos se desharán en elogios hacia este comienzo.

La trama, como es lógico, evoluciona cada vez más hacia un enfrentamiento directo entre los principales personajes. Empero, no es esto lo relevante, sino el camino que cada uno recorre y cómo dicho camino desvela y define el carácter de cada uno de ellos. A través de diálogos, pero sobre todo de acciones y decisiones, los guionistas muestran al espectador un auténtico “juego de tronos”, una partida de ajedrez en la que cada participante mueve sus fichas. Un combate casi más estratégico que físico en el que lo relevante es la imagen que se proyecta sobre tus enemigos. Posiblemente el personaje que mejor refleja esto sea el de Emilia Clarke (Spike Island), la madre de dragones que se ha convertido en líder de un ejército casi perfecto a base de buscar la libertad allá donde va. Las espectaculares imágenes de los miles de hombres moviéndose y los alegatos contra la esclavitud del personaje evidencian un carácter que va más allá de la mera lucha por un trono hecho con espadas. Es una declaración de intenciones.

Un episodio 9 inmortal

El personaje de Nikolaj Coster-Waldau sufrirá un cambio en la tercera temporada de 'Juego de Tronos'.Pero si algo ha impactado por encima de cualquier otra cosa ha sido el episodio 9 de la temporada, llamado a cambiar el rumbo del relato al igual que hicieron los novenos capítulos de entregas anteriores. Si la temporada debe ser mostrada como ejemplo de evolución dramática, estos 60 minutos son el modelo para aprender cuál es la mejor forma de generar emociones encontradas en el espectador. El episodio posee todo aquello que en la teoría del guión se explica: una acción y una reacción, el paso de un momento álgido a otro lúgubre y viceversa. Benioff y Weiss llevan dicha teoría a su máxima expresión. Claro que no es menos cierto que los acontecimientos se nutren poco a poco de lo que ocurre en anteriores episodios, pero es sin duda la forma de contarlo lo que convierte a este Las lluvias de Castamere (así se titula el capítulo) en una pieza bella, inquietante y angustiosa como pocas.

Desde luego, Juego de Tronos es una serie que siempre se ha apoyado en la calidad de sus guiones. Pero eso es únicamente el esqueleto. La factura técnica y visual del conjunto se ha superado con los años, y ha alcanzado en esta temporada un grado muy elevado de perfección. Más allá de la integración de fotografía, escenarios digitales y espacios naturales, el diseño del vestuario, los detalles de armas y armaduras o los planos escogidos en muchas ocasiones ofrecen una riqueza formal que convierten a la producción en un proyecto único.

Con todo, sería injusto no repetir una mención especial a un reparto sencillamente brillante en todos sus aspectos. No pueden existir críticas para ninguno de los miembros, ni siquiera los secundarios. Cada uno en su medida, los intérpretes aportan veracidad y peligrosidad a sus diálogos. En la memoria quedan las conversaciones entre los Lannister, principalmente entre los personajes de Peter Dinklage (I love you too), llamado una temporada más a convertirse en una pieza clave, y el de Charles Dance (Templario), cuya sola presencia infunde el miedo que se le presupone. Por no hablar del odio que generan roles como el de Jack Gleeson (All good children) como el joven rey o de la evolución que sufren personajes como el de Nikolaj Coster-Waldau (Mamá), que ha pasado de ser algo odioso a convertirse en un ser humilde que incluso inspira lástima.

Ver en esta tercera temporada de Juego de Tronos una evolución de las regias luchas entre los Siete Reinos implica un acercamiento a la serie muy superficial. En efecto, entretiene mucho, muchísimo, pero no se limita simplemente a eso. Enamora, apasiona y, lo más importante, trata con un gran respeto e inteligencia al espectador. Cierto es que la proliferación de nombres puede inducir a la confusión, pero es un mal menor cuando se sigue la trama con cierta atención. Eliminada dicha traba, lo que se abre ante los ojos del espectador es un verdadero juego de inteligencia y astucia, una partida en la que los personajes no luchan por un reino, sino por emociones e ideales tan antiguos y humanos como la venganza, el odio, la libertad o la ira. Por mucha fantasía que atesore, la serie es en realidad un reflejo de las luchas intestinas más comunes del día a día. Y eso la diferencia del resto.

‘Equilibrium’, la ausencia emocional como solución del conflicto social


Puede que muchos de los consumidores de cine en España no hayan oído hablar de una película llamada Equilibrium, que este año cumple sus primeros 10 años. No es para menos, pues no llegó a estrenarse aquí, aunque atractivos no le faltaban: actores muy conocidos y de moda, una historia futurista sólida y convincente y un diseño de producción y conceptual que se acercaba, en cierto modo, a Matrix (1999). Un título muy recomendable que, aunque no sea un clásico del género, sí se ha ganado el estatus de película de culto en círculos muy concretos.

De hecho, el argumento toma diversos elementos de muchas obras literarias que abordan hipotéticos futuros donde la sociedad vive completamente alienada. En el film, dirigido por Kurt Wimmer, autor del guión de la reciente Total Recall (Desafío total), la sociedad ha logrado erradicar la fuente de todos sus males, los sentimientos, y lo hace a través de una droga que inhibe emociones como el odio o la rabia, pero también el amor o la sensibilidad por la belleza. En este sentido, el Padre de todos, una especie de líder gubernamental, ha prohibido toda expresión artística. Para vigilar el orden existe un cuerpo de élite integrado por clérigos, hombres adiestrados en artes marciales con armas de fuego y en el cuerpo a cuerpo.

Sin duda, lo más llamativo del relato son, precisamente, estos clérigos y las secuencias que protagonizan, comenzando por el protagonista, un Christian Bale (El caballero oscuro: La leyenda renace) que se mete en la piel de un hombre insensible que, por una serie de decisiones, termina convirtiéndose en el principal baluarte de una resistencia clandestina. En efecto, las secuencias de acción son, visualmente, lo más impactante, tanto aquellas protagonizadas por unos disparos casi imposibles como las que involucran combates cuerpo a cuerpo con espadas.

Un mundo feliz

Sin embargo, la cinta de Wimmer deja en la memoria un poso mucho mayor que el de un mero entretenimiento. Equilibrium se revela como una propuesta crítica y concienciada con la libertad de expresión y la emocional, mostrando una sociedad donde cualquier atisbo de emoción, sea por el motivo que sea, es tratado casi como un acto de terrorismo; todo con la excusa de mantener un mundo feliz y equilibrado donde las guerras quedan erradicadas.

Así, la película es una defensa de todo aquello que define al ser humano, y que no es otra que el libre albedrío para decidir y elegir los gustos personales o el punto de vista que se quiere defender, es decir, la capacidad de que exista más de una opinión y más de una forma de afrontar los problemas, algo que cada día parece estar más en boca de la sociedad.

Gracias a esto, el relato contiene algunos momentos realmente bellos en su concepción y, sobre todo, en el trabajo actoral más allá de las peleas o de los decorados, muchos de ellos digitales (lo que no quiere decir que algunos no sean sorprendentes). Ver la frustración de Bale al empezar a sentir de nuevo para luego pasar al llanto de felicidad por volver a sentir es magnífico, aunque no es lo único. A pesar de su corto papel, Sean Bean (Soldiers of fortune) consolida a un personaje casi imprescindible en la trama, un desencadenante de todos los acontecimientos que se suceden hasta el clímax.

No hay que engañarse. Equilibrium es una película menor en las filmografías de todos sus responsables. Como ópera prima de Kurt Wimmer, contiene la mayor parte de los aciertos y errores que suelen tener estas obras, pero sería injusto no reconocer que posee muchos más de los primeros que de los segundos. Existen muchas películas de este tipo que abordan un conflicto similar. Unas se centran más en la intriga o en la investigación policíaca; la protagonizada por Christian Bale lo hace en la acción a través de un nuevo concepto de combate. Y eso suele marcar una diferencia que ensalza al film por encima de los demás.

‘Juego de tronos’ evoluciona hacia la complejidad visual y narrativa en su 2ª temporada


El año pasado la televisión dio un salto cualitativo importante al estrenas la serie Juego de tronos, sobre todo en lo referente a la producción. Las novelas de George R. R. Martin presentaban un mundo tan rico y complejo como el de El señor de los anillos, por lo que la mera idea de trasladar todo ese entorno a una producción para la pequeña pantalla (donde escenarios comunes y pocos personajes son el pan nuestro de cada día) resultaba algo casi mágico. El resultado es de sobra conocido. Más allá de los seguidores, la serie conquistó a los espectadores gracias a una estrategia perfectamente calculada donde primaba, por encima de todo, la definición de personajes y las tensas relaciones entre ellos. Nada de batallas; nada de magia; casi nada de efectos digitales (salvo algunos escenarios). La segunda temporada, finalizada hace poco, deja la sensación de haber asistido a una loable continuación que, con todo, ofrece mucha más riqueza narrativa gracias a la introducción de los elementos que sí faltaron en su predecesora.

Pero no nos engañemos. La premisa principal no ha sido “más grande, más espectacular y más dinero”, como suele ocurrir con las segundas partes en el cine. Más bien al contrario. La trama ha seguido la tónica general de narrar los acontecimientos mediante diálogos, miradas y pactos ocultos, contando con escenarios ya conocidos de la primera temporada y añadiendo otros nuevos. Gracias a esta forma de abordar una novela tan larga como Choque de reyes (el segundo libro de la saga), los responsables aíslan el corazón de las historias y lo despojan de ornamentos innecesarios en forma de conquistas bélicas o criaturas fantásticas. Habrá muchos seguidores de la literatura de Martin que se llevarán las manos a la cabeza ante la cantidad de elementos omitidos, pero lo cierto es que, sin ellos, la historia queda intacta para aquellos que no se han acercado a las páginas.

Es evidente que para conseguir el éxito con estas armas son necesarios unos actores lo suficientemente buenos como para convencer de las emociones e intrigas que se muestran en pantalla. Y si en la primera temporada la mayor parte del peso recaía en el personaje de Sean Bean (GoldenEye), en esta ocasión es para el personaje de Peter Dinklage, posiblemente uno de los mejores del actual panorama televisivo. Ya en la anterior entrega hizo gala de una evolución tan interesante como perturbadora, y en ésta logra remarcarse por méritos propios. De hecho, suyo es el protagonismo de uno de los episodios más intensos, el del asedio a la capital del reino; por cierto, una de las mejores batallas que se han rodado de un tiempo a esta parte.

Así y todo, la producción sí ha incluido la idea de “más y mejor”. Es por eso que la proliferación de personajes ha sido, tal vez, uno de los puntos débiles de una producción tan enorme como esta. Juego de tronos no está hecha para ser seguida semana tras semana. Resulta un arduo ejercicio de memoria el recordar a algunos personajes más o menos secundarios que adquieren protagonismo poco a poco, así como los lazos de sangre y amistad que unen a los nuevos rostros. Si a esto se unen los múltiples frentes a los que debe atender el argumento, el resultado es un cierto desequilibrio entre la presencia de los personajes y la comprensión de sus motivaciones, sus relaciones y sus objetivos.


Más efectos necesarios

Con todo, es un mal menor. Retrocediendo la mirada, el conjunto se revela sólido, complejo y comprensible, pudiendo situar a cada uno de los protagonistas y de los secundarios de cara a la tercera temporada, que presenta no solo nuevas intrigas, sino nuevos frentes en los que combatir a tenor de ese décimo y último capítulo con la tierra helada y poblada de personajes poco humanos como telón de fondo.

En este sentido, la serie ofrece un salto formal destacable en los últimos episodios. Mientras que la mayor parte de la serie ha atendido a un formato más dialogado en el que predominaban las intrigas y los secretos, el final de temporada ha estado marcado por los efectos visuales y digitales. Magia, batallas y personajes misteriosos se han incorporado a una historia que queda enriquecida sin resultar apabullante.

Pero sobre todo, abre la puerta a una mayor integración de dicha herramienta en el conjunto de las historias para el futuro. De este modo, la presencia cada vez más importante de magia, dragones y los seres sobrenaturales obliga a un uso controlado de las técnicas, y es aquí donde se abre la puerta a uno de los retos más importantes para lo próximo que vendrá: el abuso o el control.

Sea como fuere, esta segunda temporada de Juego de tronos ha demostrado que pueden hacerse cosas muy diferentes a las sitcom o los dramas policíacos. En el fondo, todo pasa por la elaboración de un guión y de una trama sostenida por unos personajes interesantes y bien definidos. Y de eso la serie creada por David Benioff (Troya) y D. B. Weiss tiene mucho. Más bien todo. El resto no son más que elementos contextuales. Esperemos que siga siendo así.

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