‘True Detective’ crece en dramatismo volviendo a su origen en su 3ª T.


Después de una segunda temporada cuanto menos diferente (en formato y contenido) y cuatro años de descanso, Nic Pizzolatto ha regresado a los orígenes de True Detective en su tercera historia, independiente por completo de las anteriores pero con un claro regusto a la primera, con la que por cierto crea puentes dramáticos que permiten ubicar las historias en un mismo universo narrativo. El también guionista de Los siete magníficos (2016) vuelve a componer un relato en tres partes para abordar de nuevo abusos y posibles relaciones con ritos de diversa índole. Sin embargo, en esta ocasión eso es casi lo de menos.

Porque a diferencia de la primera temporada, estos 8 episodios resultan mucho más interesantes si la mirada se dirige hacia el otro lado, es decir, hacia los policías que investigan la desaparición de dos niños. En efecto, vuelven a ser dos roles complejos, con tantos matices que es casi imposible mencionarlos todos, pero con un aliciente añadido: más allá de sus personalidades, los roces que puedan tener y el modo en que evolucionan, lo interesante es el trasfondo emocional de ambos, los traumas que les impulsan a actuar y, sobre todo, cómo afrontan la realidad. En este sentido, el papel interpretado por Mahershala Ali (Green Book), que lleva el peso de la narración, es todo un ejemplo de complejidad emocional. Marcado por los horrores de la guerra y los problemas de memoria que cada vez se agudizan más, su recuerdo de los acontecimientos del caso, de los detalles y de los pasos dados quedan en cuestión constantemente, jugando su creador con la idea de que lo que podríamos estar viendo es fruto de su mente, y no lo que realmente ocurrió.

Este grado mayor de complejidad en la tercera temporada de True Detective se complementa, y de qué modo, con el papel de Stephen Dorff (Bajo un sol abrasador), un hombre práctico, algo rudo pero de buen corazón cuya evolución en la trama es, simple y llanamente, de lo mejor de toda la serie. Si bien en los primeros compases de la trama se antoja un secundario interesante, a medida que se desvelan sus diferentes capas dramáticas, sobre todo en su etapa más anciana, va adquiriendo una mayor profundidad emocional que, además, permite a la historia jugar con un doble final representado en dos hombres con visiones muy diferentes del caso que llevaron hace tantos años, y de la vida en general. Y es este el verdadero corazón de estos capítulos. Por mucho que la realidad sea una, cada uno de nosotros tendemos a quedarnos con la verdad que nos interesa, aquella que nos ofrece algo que comprendemos y, en el caso de este crimen, aquella que ofrece la serenidad que los personajes llevan buscando durante décadas.

De hecho, esta idea subyace prácticamente en todas las líneas argumentales y en cada uno de los secundarios que aparecen a lo largo de los tres tiempos dramáticos en los que se divide la temporada. Mientras que unos optan por enterrar lo ocurrido buscando una solución capaz de dar sentido a su teoría del crimen, otros vuelven una y otra vez a los hechos en busca de algo más, ya sea por morbo, interés o, como le ocurre al protagonista, la sensación de que hay algo más. En realidad, esta dualidad suele estar muy presente siempre en el thriller policíaco, sobre todo si hay una pareja protagonista. Pero en el caso de la serie de Pizzolatto no es un mero recurso narrativo para hacer avanzar la trama, sino que se convierte en el leit motiv que permite al argumento explorar nuevos caminos dramáticos. Ese es el éxito y lo que aporta esta notable temporada.

Secundarios en la imagen

Ahora bien, esta tercera etapa de True Detective no solo ofrece al espectador una base narrativa y dramática compleja y próxima al impacto que generó la primera. Si algo tienen de diferencial estos episodios es el tratamiento visual de cada episodio y, sobre todo, unos secundarios tanto o más sólidos que los protagonistas, algunos de ellos con unas tramas capaces de sustentar los momentos más débiles de los arcos argumentales principales. Respecto al aspecto puramente formal, la serie vuelve a recurrir a un cierto ambiente malsano promovido por la presencia de iconos sectarios o que remiten a códigos secretos de carácter violento o delictivo. Pero hay mucho más. El cambio en la iluminación de cada época narrativa va acompañado de un lenguaje formal también algo diferente de una etapa a otra. A esto se añade el modo en que relaciona unos años con otros a través de los recuerdos, lo que está intrínsecamente unido a los saltos temporales que permiten explicar algunas de las motivaciones y de los orígenes de muchos acontecimientos.

Todo ello conforma un trasfondo complejo, vivo, dinámico y en constante evolución en el que los dos policías protagonistas crecen en dramatismo al ir mostrando su forma de enfrentarse a los hechos, descubriendo así su personalidad llena de matices, traumas y miedos. Pero no solo les permite evolucionar a ellos. Los personajes secundarios también guardan ciertos ases bajo la manga que les lleva, al menos en los casos más importantes, a adquirir un peso específico en la trama muy alto. El caso más significativo es, evidentemente, el de Carmen Ejogo (Alien: Covenant), esa esposa/profesora/escritora cuyo rol, aunque desaparece en algunas de las épocas de la trama, sigue comunicándose con el protagonista, siendo una suerte de guía espiritual en el camino del héroe hacia la redención y la verdad. Y es solo un ejemplo, pues prácticamente todos los personajes contienen una gran cantidad de caras dramáticas que, gracias a la estructura narrativa de la serie, se van desvelando de forma desordenada para hacer más intensa la intriga.

Y este es posiblemente uno de los aspectos más interesantes de la serie en su conjunto. Más allá de la espléndida definición de los personajes, dotados de una complejidad marcada no solo por su propio pasado y su forma de ser, sino por la sociedad en la que se desenvuelven en cada instante, es importante estudiar el modo en que se construye la trama. Su desarrollo lineal se forma a través de fragmentos desordenados, armónicos en su caos, capaces de nutrirse unos de otros para revelar información fundamental en el momento preciso. Ese equilibrio entre orden y desorden se basa en que cada parte de la trama, cada época, posee un desarrollo dramático coherente, salpicado de vez en cuando por algún recurso narrativo rupturista, mientras que los diferentes bloques de la trama se desarrollan, en conjunto, de forma totalmente irregular, sin seguir necesariamente un paralelismo natural. Esto permite, por ejemplo, que información conocida en el presente revele, de repente, algún hecho desconocido del pasado, y esa revelación permita, a su vez, comprender algo que se lea posteriormente en otra época.

Explicado así puede que resulte algo confuso, pero la realidad es que al final de la tercera temporada de True Detective, al igual que ocurrió en las anteriores, lo que nos encontramos es con un intenso thriller y, sobre todo, un profundo y complejo estudio de la psicología de unos personajes traumatizados no tanto por un caso por resolver como por los traumas de un pasado que ha condicionado irremediablemente su vida, sus relaciones y su modo de entender el mundo. Los 8 capítulos de esta etapa confirman a la serie como un producto único, una obra con muchos niveles de interpretación y, en esta ocasión, con un final que abre un sinfín de posibilidades interpretativas, no tanto sobre el sentido de la temporada como de la propia realidad del ser humano y el modo en que se enfrenta a su mundo y su realidad. Y cuando el cine o la televisión son capaces de eso, de trascender su propia dimensión para convertirse en una reflexión y un reflejo de nuestro entorno, es cuando nos encontramos ante algo indispensable.

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‘Destroyer: Una mujer herida’: la importancia del tiempo


El tiempo no lo cura todo. Hay heridas que permanecen, que parecen cicatrizadas pero que pueden volver a abrirse con un pequeño roce. Bajo esta premisa se construye la nueva película de Karyn Kusama (Jennifer’s body), y es precisamente el tiempo el que acapara toda la atención de una trama con una Nicole Kidman (El sacrificio de un ciervo sagrado) sencillamente inmensa.

La historia de Destroyer: Una mujer herida, en realidad, podría considerarse más bien simple si no fuera por el manejo de los tiempos narrativos del guión, que siguiendo el ejemplo de películas previas juega con el antes y el después en el orden narrativo para ofrecer al espectador un giro argumental final que cambia por completo la perspectiva de todo lo visto hasta ese momento. Al menos modifica en cierto modo parte de la interpretación que da el espectador a los acontecimientos. De otro modo, es decir, si la historia se desarrollara de forma lineal, posiblemente estaríamos ante una obra más mediocre de lo que es, amén de que cuenta con un reparto en buen estado de forma. La labor de Kusama, por otro lado, tampoco ofrece demasiado a la cinta, toda vez que se limita a narrar de un modo aséptico, sin ninguna huella personal y sin demasiada garra en los momentos más tensos de la trama.

En realidad, junto al manejo de los tiempos dramáticos la película se sostiene gracias a la labor de Kidman, quien sostiene sobre sus hombros el paso de un tiempo que ha destrozado a su personaje. Un tiempo en el que el arrepentimiento, la culpa y la venganza han consumido su vida hasta el punto de destruir sus relaciones, su trabajo y su salud. En esta situación, y ante el regreso de sus demonios después de tantos años, la actriz asume el viaje sin retorno de su personaje y lo nutre con matices gracias a los saltos temporales que se dosifican con acierto a lo largo de un metraje algo excesivo pero en cierto modo necesario. Así, lo que en principio no es más que una investigación con conexiones pasadas se convierte en una forma de exorcizar demonios, en una viaje de aceptación de unos errores que han pesado durante demasiado tiempo, y en una venganza disfrazada de justicia en la que todo sacrificio es poco para lograr el ansiado final.

De este modo, Destroyer: Una mujer herida se aleja de las motivaciones de películas similares protagonizadas por hombres para ofrecer una visión relativamente nueva sobre el tiempo y el efecto que tiene en nuestras vidas. Y lo hace con crudeza, con algunos momentos de violencia descarnada que, aunque rodados con mano excesivamente simple, no dejan de generar un impacto en el espectador. El giro final aporta un sentido completamente distinto al conjunto, pero no impide que la labor de Kidman brille por sí sola. Un personaje complejo, atormentado, destruido por sus decisiones y sin nada que perder que la actriz eleva de categoría dramática en un film, por otro lado, demasiado lineal hasta sus minutos finales.

Nota: 7/10

‘Fargo’, más drama y un humor negro irregular en la 3ª temporada


Se conoce como serie de antología a aquella producción en la que cada episodio o temporada tiene una historia diferente con personajes diferentes. En los últimos tiempos son varios los ejemplos, desde American Horror StoryTrue Detective. Los atractivos de este formato son evidentes: historias autoconclusivas, tratamiento concentrado, personajes que se renuevan cada poco tiempo, tramas dinámicas, etc. Pero también tiene sus inconvenientes, y es el hecho de que no todas las historias tengan el mismo nivel dramático. Ha pasado en prácticamente todas estas producciones, y Fargo no es ajena. La ficción creada por Noah Hawley (serie Bones) e inspirada en la homónima película de los hermanos Coen (¡Ave, César!) alcanza su tercera temporada con diferencias sustanciales en su tratamiento, a pesar de querer mantener la misma estructura que en etapas anteriores.

Unas diferencias que, aunque puedan parecer sutiles y podo determinantes, la realidad es que han provocado que estos 10 nuevos capítulos no hayan causado la misma sensación que las dos temporadas previas, que por cierto sí tenían algo en común, aunque fuera de un modo muy indirecto. Dichas diferencias se hayan en el peso dramático de los personajes y, sobre todo, en la carga de humor negro de la historia, más dramática que las anteriores o, si se prefiere, menos irónica. A esto se añaden algunos personajes secundarios algo irregulares, introducidos casi por necesidad más que por una auténtica construcción del relato. Eso por no hablar de ese personaje con toques divinos que se cuela en mitad de la historia en varias ocasiones.

Pero volviendo al tratamiento de la historia, esta tercera temporada de Fargo carga mucho las tintas sobre la relación de los hermanos gemelos interpretados por un espléndido Ewan McGregor (La Bella y la Bestia). Tanto que se olvida de definir algo mejor no solo a los secundarios, sino al otro personaje principal de este tipo de historias: el o la policía encargada del crimen que centra la trama, en esta ocasión interpretada por Carrie Coon (serie The Leftovers). Mientras que los roles de McGregor cargan sobre sus hombros el peso dramático y cómico del argumento, el de Coon se limita a potenciar la inocencia y, hasta cierto punto ingenuidad, característica de estos personajes, obviando el necesario toque cómico que siempre han tenido.

Y al perder esa ironía esta pata de la estructura dramática queda coja. En efecto, la investigación policial se vuelve un tanto anodina, sin interés más allá de que se resuelva cuanto antes para poder ver qué ocurre con los culpables y con los secundarios involucrados en el crimen. Dicho de otro modo, este tipo de personaje, que en temporadas anteriores había tenido un papel protagonista, queda aquí relegado a un secundario importante cuya historia, dicho sea de paso, carece del interés necesario para soportar el peso de su historia. Esto provoca un desequilibrio dramático que se aprecia en el ritmo y el interés de las secuencias, y que termina por generar una irregularidad que puede hacer muy cuesta arriba el seguimiento del argumento.

Secundarios, siempre los secundarios

El personaje de Coon, al poder compararse con temporadas anteriores, puede que sea el caso más evidente, pero no es ni mucho menos el único. De hecho, la trama está cargada de secundarios que entran y salen de la trama sin aportar gran cosa al conjunto, salvo tal vez acentuar más si cabe el carácter surrealista y absurdo de buena parte de una historia que, vista en su conjunto, tiene menos humor del que podría esperarse y más drama del que sin duda tuvieron las anteriores etapas (y eso que algunas fueron sumamente dramáticas).

Pero estas irregularidades no convierten esta tercera temporada de Fargo en una producción mediocre. De hecho, sigue estando muy por encima de la media que suele verse en la pequeña pantalla. Y ello es fundamentalmente gracias a unos personajes y unos actores que, salvo los casos ya comentados, son simplemente brillantes. Entre ellos destaca, como también es habitual en todas las temporadas de esta ficción, el villano, interpretado ahora por David Thewlis (Wonder Woman). Misterioso y desagradable como pocos, este personaje logra hacerse con el control de la trama casi al instante, tanto dramática como figuradamente. Su presencia en pantalla es, literalmente, tan cautivadora como repugnante, absorbiendo la atención del espectador de forma casi hipnótica. Es sin duda el gran atractivo de esta etapa, y con él dos roles secundarios cuyo valor es mejor que se compruebe por uno mismo.

De hecho, tiene tal relevancia en el desarrollo de la historia que, a diferencia de temporadas anteriores, el episodio final termina precisamente con cerrando el arco argumental de su particular trama, enfrentándole con el rol interpretado por Coon en un final, todo hay que decirlo, tan hermoso y simbólico como sencillo. El hecho de que ambos personajes terminen enfrentándose cara a cara, así como el final que tiene uno de los protagonistas interpretado por McGregor, viene a convertirse en el broche perfecto entre los dos extremos de esta ficción. Villano y policía se enfrentan cara a cara en un diálogo que aúna los diferentes elementos del irregular desarrollo de la trama, amén de cerrar la historia de una forma original y eficaz.

El mejor resumen de esta tercera temporada de Fargo podría ser que, aun sin alcanzar las cotas dramáticas e irónicas e sus predecesoras, es una ficción muy superior a lo que puede verse en la televisión. De nuevo con esos incomparables parajes nevados como telón de fondo, la historia, con sus numerosas irregularidades, ofrece de nuevo una enrevesada historia en la que asesinato, culpabilidad, crimen organizado y humor absurdo se combinan para mostrar un mundo tan surrealista como las situaciones que viven sus personajes. Es cierto que sobran secundarios, que hay secuencias innecesarias y que el peso dramático de los protagonistas es tan irregular que termina perjudicando el desarrollo dramático, pero con todo y con eso sigue arrancando una sonrisa sarcástica. Y lo más importante, sigue siendo Fargo.

El hobbit sigue su viaje para sobrevivir a ’12 años de esclavitud’


Estrenos 13diciembre2013Mediados del mes de diciembre y la tradición se repite (si no, no sería una tradición, ¿no?). A lo largo de los últimos años por estas fechas Peter Jackson y su equipo visitan la Tierra Media creada por J. R. R. Tolkien, y hoy viernes 13 de diciembre lo hacen con la continuación de El hobbit: Un viaje inesperado. Sin duda, este es el estreno que más repercusión tendrá en las próximas semanas, pero no es el único. De hecho, para muchos espectadores otro estreno será el esperado, sobre todo tras su puñado de nominaciones a los Globos de Oro de ayer. E incluso para los que busquen algo más biográfico, las propuestas de la semana también pueden ofrecer algo interesante. Pocos estrenos en comparación con semanas anteriores, pero la mayoría muy relevantes.

Así que, como es lógico, comenzamos con El hobbit: La desolación de Smaug, título que continúa las andanzas de la primera parte y que, además de los nombres que ya se dejaron ver en esta, incorpora otros tantos, algunos ya vistos en la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’. Aventura épica donde las haya, la historia en líneas generales sigue a los protagonistas en su viaje por recuperar la Montaña Solitaria y el Reino Perdido de los Enanos, Erebor. Durante su periplo deberán enfrentarse a arañas gigantes, escapar de los elfos silvanos e ir más allá de la Ciudad del Lago. Pero el mayor peligro de todos llegará cuando entren en la montaña y tengan que hacer frente al dragón que da nombre a esta continuación. Presentada en 3D, esta entrega intermedia de la trilogía vuelve a contar con Jackson (King Kong) como director, así como con Ian McKellen (El código Da Vinci), Martin Freeman (serie Sherlock), Richard Armitage (Capitán América: El primer vengador), Ken Stott (La guerra de Charlie Wilson), Graham McTavish (The Wicker Tree), William Kircher (Out of the blue), James Nesbitt (Gold), Stephen Hunter (Ladies Night), Cate Blanchett (Blue Jasmine), Benedict Cumberbatch (El quinto poder) y Manu Bennett (serie Spartacus) como integrantes del reparto, a los que hay que añadir los nombres de Orlando Bloom (Los tres mosqueteros), Evangeline Lilly (serie Perdidos), Stephen Fry (V de Vendetta) y Luke Evans (El enigma del cuervo), entre muchos otros.

El otro gran estreno de la semana es 12 años de esclavitud, película que, según todos los indicios, podría coronarse como la ganadora de los próximos Oscars en las principales categorías. Su trama pone en imágenes la historia verídica de un afroamericano libre que, unos años antes de la Guerra Civil estadounidense, es secuestrado y vendido como esclavo. Durante más de una década sufre la violencia, la humillación y la crueldad de aquellos que se consideran sus propietarios, pero también conoció la amabilidad de muchos que se oponían a este régimen. Precisamente será su encuentro con uno de estos individuos el que cambiará para siempre su vida, marcada durante 12 años no solo por la supervivencia, sino por conservar su dignidad. Dirigida por Steve McQueen (Shame), el film pertenece a esa categoría de relatos que quitan la respiración solo con echar un vistazo al reparto: Chiwetel Ejiofor (Salt), Michael Fassbender y Brad Pitt (que repiten tras coincidir en El consejero), Benedict Cumberbatch, que repite esta semana, Paul Dano (Prisioneros), Sarah Paulson (serie American Horror Story: Asylum), Garret Dillahunt (Looper), Paul Giamatti (All is bright), Scoot McNairy (Argo) y Lupita Nyong’o (serie Shuga).

La tercera en discordia de este fin de semana es Diana, biopic de la princesa de Gales que murió trágicamente hace ya más de 15 años en un accidente de coche en las calles de París. En concreto, la película recoge sus dos últimos años de vida y, más concretamente, su relación con un médico pakistaní y las intenciones que tenían de llegar a casarse. Todos aquellos que siguieron en mayor o menor grado la vida de la princesa sabrán cuál fue el desenlace de esos acontecimientos, lo que no impide que el film ofrezca una visión personal sobre lo que realmente ocurrió y, sobre todo, sobre las consecuencias que tuvieron las decisiones que en esos días se tomaron. Drama y romance se combinan en este relato dirigido por Oliver Hirschbiegel (El hundimiento) y protagonizado por Naomi Watts (Lo imposible), Naveen Andrews (serie Perdidos), Cas Anvar (Código fuente), Geraldine James (Sherlock Holmes), Douglas Hodge (Robin Hood) y Juliet Stevenson (Triage).

La nota de animación la pone Free birds (Vaya pavos), comedia familiar dirigida por Jimmy Hayward (Horton) cuya premisa inicial es, cuanto menos, curiosa. Dos pavos que han llevado vidas muy distintas se ven envueltos en una carrera contra el tiempo para ser eliminados del menú de Acción de Gracias. Y la forma de lograrlo es viajando en el tiempo hasta ese momento en que el animal fue incorporado a la mesa en esa fecha tan señalada para los norteamericanos. Owen Wilson (Los becarios) y Woody Harrelson (Ahora me ves…) ponen las voces a los protagonistas, mientras que Amy Poehler (A.C.O.D.), George Takei (serie Héroes), Colm Meaney (La fría luz del día) y Keith David (Un funeral de muerte) completan el reparto.

Por su parte, la propuesta europea es una producción de 2012 a tres bandas entre Alemania, Reino Unido y Australia. Con Cate Shortland (Somersault) tras las cámaras, Lore ubica la trama en la Alemania devastada tras la II Guerra Mundial en 1945. Tres hermanos se ven obligados a atravesar el país para reunirse con su abuela después de que sus padres, miembros de las SS, sean arrestados. La hermana mayor, que da nombre a la película, empezará a atisbar las consecuencias de los actos que sus padres cometieron, aunque su verdadero conflicto surgirá cuando se encuentren con un niño judío y deba confiar en él para poder sobrevivir en ese nuevo mundo para ellos. Este drama con trasfondo bélico está protagonizado por Saskia Rosendahl (Für Elise), Nele Trebs (Die Tür), Mike Weidner, Ursina Lardi (La cinta blanca) y Hans-Jochen Wagner (Implosion).

Por último, desde España llega el documental Guadalquivir, dirigido por Joaquín Gutiérrez Acha, quien debuta así en el largometraje cinematográfico. A través de la vida de un zorro, el film recorre uno de los parajes más hermosos de la geografía ibérica y una de las masas forestales más importantes de Europa: las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, lugar de nacimiento del río que da nombre a la película.

Los zombis vuelven a la cartelera rodeados de amor y ecologismo


Estrenos 19abril2013Tras varios fines de semana con estrenos más bien limitados en su cantidad, llegamos a un viernes donde la oferta cinematográfica es muy, muy variada. Tal vez sea coincidencia, pero dentro de una semana llegará a las pantallas españolas uno de los estrenos más potentes del año, Iron Man 3, y es comprensible que pocos, por no decir ningún estreno, trate de competir con ella ese fin de semana. Sea como sea, hasta 11 títulos nuevos llegan hoy viernes, 19 de abril, a la cartelera. Y como decimos, de lo más variado. Comedia romántica, drama, denuncia social, thriller… incluso algo de serie B cortesía de la producción española.

De entre todos ellos destacan, como suele ser habitual, los films norteamericanos. Uno de los más curiosos es Memorias de un zombie adolescente, escrita y dirigida por Jonathan Levine (50/50) y basada en la novela de Isaac Marion. A medio camino entre la comedia, el romance y el terror, la historia transcurre en un mundo donde los muertos vivientes han diezmado a la raza humana. En este contexto, un joven zombi iniciará una relación de amistad con una bella chica humana, produciendo un cambio en su cuerpo y en el del resto de zombis. Esto, unido a la presencia de unos muertos vivientes mucho más violentos que los propios zombis, hará que éstos y los humanos se unan para salvar sus vidas. La película está protagonizada por Nicholas Hoult, quien este año protagonizaba Jack, el caza gigantes, Teresa Palmer (El aprendiz de brujo), Analeigh Tipton (Crazy, Stupid, Love), Rob Corddry (Algo pasa en Las Vegas), Dave Franco (Supersalidos) y John Malkovich (Quemar después de leer).

La conciencia social queda representada con Tierra prometida, drama ecológico sobre los peligros del fracking realizada por Gus Van Sant (Paranoid Park) y protagonizada por Matt Damon (El caso Bourne) y John Krasinski (Un lugar donde quedarse), ambos co autores del guión. La trama gira en torno a un vendedor que trata de convencer a los habitantes de un pueblo para que dejen a su empresa perforar en sus granjas a cambio de una elevada suma de dinero. A pesar de que todo apunta a un trabajo fácil y rápido provocado por la crisis financiera, la presencia de un profesor de instituto y de un ecologista que denuncian lo que realmente pretenden hacer en la tierra ponen en peligro la negociación. Los ya mencionados Damon y Krasinski están acompañados por Frances McDormand (Moonrise Kingdom), Rosemarie DeWitt (Los amos del barrio), Scoot McNairy (Argo) y Hal Holbrook (Hacia rutas salvajes).

Otro que vuelve a las salas de cine, fiel a su cita anual (o casi) es Lasse Hallström (La pesca de salmón en Yemen). Y lo hace con un drama titulado Un lugar donde refugiarse, adaptación de la novela de Nicholas Sparks que cuenta la huida del pasado de un joven que llega a un pueblo costero donde comienza una nueva vida. A pesar de los intentos por mantenerse en la distancia con el resto de vecinos, el cariño de la gente, especialmente el del propietario del supermercado y sus dos hijos, eliminará poco a poco esa distancia, aunque no impedirá que su pasado vuelva a por ella. Protagonizada por Julianne Hough (Burlesque) y Josh Duhamel (Transformers), en la película aparecen también David Lyons (Cactus) y Cobie Smulders (Los Vengadores).

On the road (En la carretera) es el título de lo nuevo de Kristen Stewart (Crepúsculo). Adaptación de la novela de Jose Rivera, la historia, co producida entre Francia y Brazil, comienza cuando un joven aspirante a escritor conoce a un ex presidiario y a su seductora mujer. Atraído por ellos y afectado por la reciente muerte de su padre, el joven se embarcará en un viaje en busca de la libertad y de sus propias motivaciones. Dirigido por Walter Salles (Diarios de motocicleta), este drama con formato de road movie cuenta, además de con Stewart, con muchos rostros conocidos, entre ellos los de Sam Riley (Control), Garrett Hedlund (Troya), Amy Adams (Julie y Julia), Kirsten Dunst (Un amor entre dos mundos), Tom Sturridge (Radio encubierta), Alice Braga (El rito) y Viggo Mortensen (Un método peligroso).

Dejando a un lado el cine norteamericano, aunque solo sea en su apartado artístico como es el caso de On the road, tenemos que hacer una mención especial para La caza, drama con dosis de thriller en el que un hombre de 40 años empieza a reconstruir su vida junto a una nueva mujer y ganándose de nuevo la confianza de su hijo adolescente. Sin embargo, una pequeña mentira comenzará a provocar una cadena de acontecimientos que derivarán en una histeria colectiva en su nueva comunidad, obligando al hombre a luchar por su vida y por la de sus seres queridos. Dirigida por Thomas Vinterberg (Celebración), el film está protagonizado por Mads Mikkelsen (Casino Royale), papel por el que ganó el premio en el último festival de Cannes. Además, Thomas Bo Larsen (Original), Annika Wedderkopp, Lasse Fogelstrøm y Susse Wold (Tre piger i Paris) completan el reparto principal.

Selton Mello, actor que pudimos ver en Lope (2010), es el gran protagonista de la cinta brasileña El payaso, producida en 2011. La película sigue a una pareja de payasos que trabaja para un circo ambulante en Brasil. Todo cambia cuando uno de ellos comprende que ha perdido la capacidad de hacer reír, entre otros motivos por mostrarse cansado de una vida que casi no le pertenece. Harto de su situación, decide dar un giro a su vida y convertirse en un individuo “normal”, con un trabajo estable en una ciudad y reconocido por el sistema. Director, guionista y protagonista, Mello está acompañado en esta comedia dramática por Paulo José (Juventude), Larissa Manoela (serie Carrossel) y Giselle Motta.

También desde Sudamérica nos llega De jueves a domingo, producción chilena en colaboración con Holanda que narra el viaje de una familia con dos hijos de jueves a domingo al norte de Chile. El problema es que el matrimonio está en proceso de separación, por lo que puede ser el último viaje que realiza toda la familia junta. El film es la visión fragmentada de los hijos de este último encuentro. Escrita y dirigida por Dominga Sotomayor Castillo, quien debuta en el largometraje con este drama, la película está protagonizada por los jóvenes Santi Ahumada y Emiliano Freifeld, quienes debutan en el cine, y por Paola Giannini (El circuito de Román) y Francisco Pérez-Bannen (Padre nuestro).

Francia queda representada este fin de semana por Nana, producción de 2011 dirigida por Valérie Massadian en su debut en el largometraje y que cuenta la vida de una niña de cuatro años que vive con su madre en una cabaña en el bosque. La pequeña deberá hacer frente a la soledad y a la libertad cuando un día, tras volver de la escuela, descubra que su madre se ha ido. Su reparto, integrado principalmente por Kelyna Lecomte, Marie Delmas y Alain Sabras, apenas tiene experiencia en el mundo audiovisual, lo que le aporta un carácter amateur al conjunto.

Si dirigimos la mirada a España, tres son los largometrajes que se estrenan hoy viernes. Uno de ellos es La venta del paraíso, basada en la novela de Emilio Ruiz Barrachina, quien también se encarga de dirigir el film. Todo comienza cuando una joven mexicana que busca huir de su pasado es contratada para trabajar en Madrid. Todo parece idóneo, pero al llegar a la capital española descubre que tanto el contrato como la empresa son falsos, una difícil situación que solo podrá superar con la ayuda de los inquilinos de una extravagante pensión, muchos de ellos en una situación similar a la suya. Protagonizada por Ana Claudia Talancón (El sueño de Iván), la película cuenta también con la presencia de William Miller (Rottweiler), Juanjo Puigcorbé (Todos los hombres sois iguales), Carlos Iglesias (Sinfín), María Garralón (La voz dormida), Saturnino García (El día de la bestia) y la recientemente fallecida Mariví Bilbao (serie Aquí no hay quien viva).

Serie B es un término utilizado en el mundo cinematográfico para definir a un tipo de producción con bajo presupuesto y actores principiantes, si bien el concepto ha terminado siendo identificado con la mala calidad y el subgénero gore o bizarro. Esto viene a cuento del otro estreno de ficción español, que bajo el título Serie B cuenta la historia de un veterano actor retirado que acoge en su finca a dos chicas jóvenes después de haberlas atropellado. Sin embargo, ellas no son lo que parecen, iniciándose una cacería en la que los papeles de víctima y cazador nunca llegan a estar demasiado claros. Dirigida por Ricard Vogue (psudónimo de Ricard Reguant), este thriller cuenta delante de la cámara con Núria de Córdoba, Jaume Fuster, Eva Losada, Sonia Monroy (Torrente 4), Cata Munar (serie Tarancón. El quinto mandamiento) y Roger Pera (El idioma imposible), entre otros.

El tercer estreno español es el documental Nacho Duato: Danse la danse, co producido con Francia. Dirigido por Alain Deymier, quien debuta en el largometraje, la película se centra en la última función del bailarín como director de la Compañía Nacional de Danza tras más de 20 años. Junto a dicha función, que tuvo lugar en el Teatro Bolshoi de Moscú, se presenta en el metraje todo aquello que tuvo lugar entre bastidores.

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