‘Sharknado 3: Oh Hell No!’, el espacio… la última frontera


Los tiburones llegan al espacio en 'Sharknado 3'.No hay nada peor que una película (o una serie, puesto el caso) que se tome en serie una trama risible. Y da igual que tenga un presupuesto de millones de dólares o que sea una pequeña producción. Suele decirse que lo mejor es que un film conozca sus propias limitaciones. Por eso la saga de Sharknado ha llegado a donde ha llegado… que es al espacio. Porque la tercera parte, subtitulada para la ocasión Oh Hell No! (algo así como “Oh, demonios, no!”) es todo lo que se le puede pedir a una serie Z capaz de hacer reír con un tema que parece no dar para más, pero que en manos de Anthony C. Ferrante, director de las dos anteriores, adquiere dimensiones estratosféricas.

Lo cierto es que tratar de ver esta nueva entrega (que no la última) de las “terroríficas” aventuras de Ian Ziering (serie Sensación de vivir) contra los tornados de tiburones es una extraña mezcla de sufrimiento y deleite. Sufrimiento porque todas las secuencias de transición, en las que los personajes hablan y, en teoría, se desarrolla una trama, duelen en el alma. Y no solo porque los diálogos tengan menos sentido que la propia historia, sino porque los personajes son más planos que un folio en blanco. Y digo en blanco porque, en efecto, ningún protagonista, secundario o de los que pasan por allí tiene contenido alguno.

Pero por otro lado, y siempre que Sharknado 3 se entienda como lo que es (y como, de hecho, ella misma se presenta), la película produce un pequeño placer culpable al crear las situaciones más absurdas, irónicas y paródicas que puedan encontrarse en una pantalla, ya sea grande o pequeña. Los ataques de tiburones responden a esa teoría no escrita en el cine que afirma que cada continuación debe ser más de lo mismo. Literalmente más. Así, la tercera parte tiene más tiburones, más tornados, más ciudades devastadas y, sobre todo más altura.

Como se apreciará en la imagen que acompaña este texto, los tiburones llegan al espacio. Sin escafandra ni otro tipo de protección. El motivo de que sigan vivos y sean capaces de morder y comerse una nave espacial queda perfectamente explicado en la propia película: si son capaces de sobrevivir a un tornado, ¿por qué no van a poder hacerlo en el espacio? Ya puestos… Es bajo esta premisa autoparódica que lo permite todo donde la película es capaz de sobrevivir. Eso, y las magníficas sentencias que se escuchan bajo el ataque de los tiburones, algunas de las cuales no tienen desperdicio por su grado de estupidez.

Un producto consolidado

Desde luego, ya desde el comienzo Sharknado 3: Oh Hell No! marca una línea muy clara. Ese pseudo homenaje a James Bond, algunas referencias al gore más vulgar y el comienzo en Washington, con destrucción de la Casa Blanca incluida y ese Presidente de los Estados Unidos destrozando escualos mano a mano con el héroe sientan unas bases muy concretas. Por supuesto, el espectador es libre de tomarse en serio esta película, pero desde luego lo que señalan los primeros minutos es un tono opuesto a la seriedad. Es más, sobrepasa con mucho la autoparodia para convertirse, simple y llanamente, en un ejercicio de humor macabro.

Considerarla una cinta de terror sería equivocado. Ni hay miedo, ni hay sangre. Por no haber, no hay ni secuencias desagradables, pues la propia mediocridad de los efectos digitales impide que algunas muertes, ya sean de humanos o tiburones, se tomen en serio. Pero esta tercera parte deja también una reflexión cuanto menos curiosa, y es la de la consolidación que ha adquirido esta saga, no tanto por el tremendo éxito que supone haber llegado a tres entregas (que se dice pronto), sino por la cantidad de rostros conocidos que se pasean por sus fotogramas.

Sin duda los más llamativos son los de Bo Derek (10, la mujer perfecta) y David Hasselhoff (serie El coche fantástico), sobre todo por ser dos actores que marcaron una época para algunas generaciones. Pero no son los únicos. El apoyo más inesperado es el que hace George R. R. Martin, el creador de ‘Juego de Tronos’, en una pequeña secuencia en la que, como no, hay tiburones de por medio. Su presencia, teniendo en cuenta el éxito tanto de sus libros como de la serie que se inspira en ellos, da buena cuenta del alcance que tienen estas cintas de serie Z producidas por The Asylum.

Espero que de este análisis no se desprenda una valoración positiva de Sharknado 3: Oh Hell No!. La película es mala, muy mala. Pero lo es a conciencia, sabiendo en todo momento los absurdo de su trama, la cantidad de incongruencias que tiene y lo limitado de sus actores, sus personajes y sus efectos especiales. Y en este sentido, se podría decir que la cinta incluso se marca algún tanto, si es que eso es remotamente posible. Si alguien quiere acercarse a un film como este, un único consejo: dejen los análisis de cualquier tipo en un rincón de su mente porque la cinta no los va a pasar. Solo así podrá disfrutarse mínimamente (y a través de la risa) de una historia tan descabellada como esta.

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‘Gravity’: la angustia de flotar en soledad


Sandra Bullock lucha por su vida en 'Gravity', de Alfonso Cuarón.No sé si una película es capaz de anticipar la calidad de los próximos estrenos. Pero desde luego, si lo nuevo de Alfonso Cuarón (Grandes esperanzas) es un avance de lo que está a punto de venir, los últimos meses de este 2013 van a ser indescriptibles. Indescriptiblemente buenos, quiero decir. La odisea espacial protagonizada por unos estupendos Sandra Bullock (Speed) y George Clooney (Ocean’s Eleven) es con diferencia la mejor experiencia cinematográfica en lo que va de año, y me atrevería a decir que es la mejor desde hace ya demasiado tiempo.

Con una historia aparentemente sencilla (dos astronautas se quedan suspendidos en el espacio sin comunicación y con su nave destrozada) el director y su hijo, guionista de la cinta y culpable de buena parte de su calidad, componen un thriller que oscila siempre entre el drama y el miedo psicológico, teniendo siempre presente la angustia que genera la soledad de un vacío oscuro como es el espacio. Todo en la película está calculado al milímetro para componer un relato perfecto, desde los efectos especiales, increíblemente realistas, hasta la banda sonora, bella e inquietante a partes iguales. No hablemos ya de la fotografía, todo un torrente de sutilezas y detalles que atrapa al espectador desde el primer momento.

Aunque todo esto no sería lo mismo sin la genialidad del director. Cualquier aficionado al cine, y desde luego cualquier joven director que quiera dedicarse a esto, debería tener este relato espacial entre sus referentes audiovisuales. Ya desde el espléndido plano secuencia inicial Cuarón enseña sus cartas en lo que a estilo se refiere. No me he parado a contarlos, claro está, pero es evidente que tiene muy pocos planos. El uso de la cámara y del movimiento frente a ella (estática y dinámica van de la mano en cada uno de los planos), con todas las posibilidades que ofrece la ingravidez, crea un estado de sugestión en el espectador que le introduce de lleno en una trama que no pierde el tiempo para echar a andar. Por otro lado, el uso de las tres dimensiones es tan acertado que no solo merece la pena verse con unas gafas puestas, sino que posiblemente la experiencia no sea ni remotamente parecida sin ellas.

Claro que estos son solo los aspectos formales. Dramáticamente hablando la película es un viaje de superación incomparable, un relato que huye de rodeos para contar una historia directa y sencilla, definiendo a los personajes en apenas unos minutos y cronometrando todos y cada uno de los puntos de inflexión que debe tener la trama para resultar atractiva. Es más, son 90 minutos que se antojan hasta demasiado escasos. Alfonso Cuarón crea con Gravity un punto y aparte en lo que a angustia espacial se refiere. Nada de oscuros recodos en las naves. Nada de explosiones en un espacio sin oxígeno. Simple y llanamente la lucha de un personaje por su supervivencia. Solo en su plano final, cuando el cuerpo humano toca tierra, podremos respirar tranquilos. Hasta entonces, disfruten en la ingravidez.

Nota: 9/10

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