‘Grimm’ ata todos sus cabos sueltos en un final apresurado


No es algo infrecuente en las series de televisión, pero eso no lo convierte en una decisión precisamente acertada. La necesidad de muchas productoras de dar a sus creaciones un final más corto y, por tanto, más condensado, obliga a los ‘show runners’ a condensar en pocos episodios las historias que habitualmente desarrolla en un espacio narrativo más amplio. La serie Grimm es un nuevo caso, aunque en esta ocasión el resultado es relativamente satisfactorio, siempre y cuando no tengamos en cuenta el final feliz de cuento de hadas que proponen Stephen Carpenter (El jefe), David Greenwalt (serie Ángel) y Jim Kouf (Hora punta).

Porque, aunque se ajuste a esa idea de un cuento en el mundo real, lo cierto es que la conclusión de esta sexta y última temporada deja un sabor agridulce, básicamente porque su desarrollo dramático es mucho más complejo, oscuro y desasosegante de lo que ha sido cualquier otra etapa anterior, poniendo a los protagonistas ante un enemigo imposible de vencer. Esto, unido a los 13 episodios que contiene la temporada, hace que la trama adquiera una fuerza inusitada, entre otras cosas también porque no es necesario desarrollar prácticamente ningún nuevo personaje, salvo el villano de turno, dejando más tiempo para llevar a los personajes hasta situaciones extremas.

El problema es que todo eso se destruye como por arte de magia. Bueno, según se mire es literalmente por arte de magia. Todo lo que se había construido, todo el viaje que realiza el espectador, queda en nada. Y para ello se utiliza, por si fuera poco, un ‘deus ex machina’ cuanto menos cuestionable que deja todo atado y bien atado en un final amable, azucarado y plagado de emociones, con un epílogo que resulta incluso más interesante y acertado que el recurso resolutivo de esta temporada de Grimm. La pregunta que se plantea es si una temporada más larga habría sido más o menos beneficiosa, o si al menos habría cambiado el modo de afrontar el final, aunque lo más probable es que no.

De ahí el sabor agridulce. A pesar de que el modo en que se aborda la trama resulta interesante (con sus matices, que analizaré a continuación), la conclusión de la serie resulta un poco tosca en tanto en cuanto se intercambia el equilibrio de fuerzas entre héroe y villano casi por arte de magia, sin una explicación (al menos no una lo suficientemente convincente, incluso para el mundo de fantasía en el que transcurre) y deshaciendo todo lo visto hasta ese momento. Da la sensación, y es solo eso, una sensación, de que la decidida apuesta por un final tan dramático como apocalíptico que se mantiene a lo largo de toda la temporada no gustaba demasiado y hubo que cambiarla en un giro final. Como digo, es solo una sensación, pues lo más normal es que estuviera planificado de este modo a tenor de cómo se desarrollan los acontecimientos.

Combinación extrema

Pero decía que en esta última temporada de Grimm existen varios matices en el desarrollo del arco dramático. A pesar de la fuerza que exhibe, fundamentalmente porque sus creadores no tienen miramientos a la hora de mostrar las consecuencias de los actos de sus protagonistas, existe en estos 13 capítulos una necesidad imperiosa de cerrar las tramas secundarias en una especie de final argumental común. De ahí que aparezcan personajes casi de la nada que ayudan a cerrar algunos hilos, amén de una serie de situaciones que, aunque perfectamente integradas en la historia, vistas en perspectiva resultan un poco forzadas. En cualquier caso, son problemas menores de una combinación extrema de factores que pone el broche a una serie que ha sabido crecer a medida que lo hacían sus personajes y sus tramas.

Y es que, aunque es cierto que esta temporada final puede resultar algo forzada en muchos de sus giros argumentales, algo que ya ocurrió en menor medida en la anterior, e incluso estuvo personificado en el rol que interpreta Elizabeth Tulloch (The Artist), el balance general de la serie solo puede ser positivo. A lo largo de estas seis entregas esta ficción dramática y fantástica ha sabido aprovechar los mejores recursos narrativos y artísticos y los ha potenciado para crear una trama compleja, alejada cada vez más del formato episódico de caso policial y entregándose a algo superior, con una mayor repercusión a nivel emocional y aprovechando las posibilidades que ofrecía el desarrollo y los giros dramáticos planteados a lo largo de los años, evidentemente salvo contadas excepciones como la expuesta aquí o en análisis previos.

En lo que a estos 13 capítulos se refiere, la limitación en la duración de la serie no ha impedido componer una línea argumental coherente, a diferencia de otras series. Y eso es, en buena medida, porque sus creadores han sabido aprovechar los pilares dramáticos creados en las temporadas anteriores. Desde las relaciones entre los personajes, cuyas modificaciones han dejado un mosaico de sentimientos de lo más interesante, hasta aspectos como el palo que obtiene el protagonista o los poderes de algunos roles, todo se ha aprovechado para una conclusión a la que se le quieren dar tintes épicos y que, hasta cierto punto, los tiene. El problema, reitero, es precisamente que esa fusión de cabos sueltos no es tan orgánica como debería en algunos momentos, sobre todo en su tramo final, los que deja esa sensación agridulce que mencionaba al principio.

En líneas generales, Grimm ha sido una serie para disfrutar de la fantasía, una producción policíaca diferente, fresca y original como pocas que ha sabido reinventarse a cada paso. Valiente con muchas de sus decisiones y cobarde en otras (sobre todo en lo referente a los protagonistas), la ficción logra en su última temporada un broche que ejemplifica a la perfección lo que han sido estas seis etapas: sólidas en su planteamiento inicial, algo más endebles en los riesgos que debe tomar y en el dramatismo que le quiere dar al conjunto. El balance solo puede ser positivo, y aunque no sea uno de los grandes títulos de la pequeña pantalla, sí es algo sumamente recomendable para los fans del género. Ver crecer a una serie en todos sus aspectos siempre es gratificante, incluso cuando en ese crecimiento se arrastran algunos problemas.

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La 5ª T. de ‘Grimm’ tantea la religión en un nuevo escenario dramático


'Grimm' tiene cada vez más ayuda en su lucha contra el mal en la quinta temporada.Habrá que esperar, al menos, a la sexta temporada de Grimm para saber en qué medida beneficia o perjudica la decisión de introducir la religión en la ecuación, pero por ahora lo que no cabe duda es que la quinta temporada de esta serie creada por David Greenwald (serie Ángel) ha puesto a la producción en un nivel inusitadamente dramático, alejándose cada vez más de las tramas episódicas sin demasiada conexión entre ellas y apostando por una historia compleja, plagada de tramas secundarias y con giros narrativos al menos interesantes.

Estos últimos 22 episodios han sido, además, un soplo de aire fresco en muchos aspectos. Sin ir más lejos, la trama principal ha avanzado a pasos agigantados para definir de forma más precisa el papel de cada personaje en la trama, sobre todo esa especie de Guerra Fría entre los roles de David Giuntoli (Caroline and Jackie) y Sasha Roiz (Pompeya). Su relación, que desde la primera temporada ha estado marcada por una especie de acuerdo bilateral de no agresión, queda ahora quebrado ante la necesidad de que la historia evolucione. Dicho de otro modo, cambia de forma lógica, aunque tal vez haya tardado algo más de lo que debería.

Aunque sin duda lo más relevante es la introducción de un componente religioso (al menos teóricamente) en la estructura dramática de Grimm. Lo que hasta ahora había sido una especie de adaptación fantástica de los, por otro lado también fantásticos, cuentos de los hermanos Grimm, ha pasado ahora a ser una especie de lucha entre el bien y el mal, entre los monstruos y los elegidos por un poder superior. Sería difícil entender de otro modo el hecho de que lo que busca el protagonista haya estado protegido por templarios, escondido bajo una iglesia y que parezca extraído de la Biblia. Por el momento su presencia en la historia no ha sido excesivamente prolífica, aunque sí sumamente determinante, por lo que es más que evidente que tendrá relevancia de aquí a varios capítulos.

Y es ahí donde reside una de las mayores complicaciones de la serie de cara al futuro. La evolución del protagonista interpretado por Giuntoli ha sido notable, incluso ejemplar en muchos aspectos. Esta quinta temporada ha sido un contundente golpe dramático al introducir no solo el dolor de una pérdida, sino la confusión, la ira, el odio y la irracionalidad de muchas decisiones. Le han convertido en un rol más humano en un mundo más bien monstruoso, en un rol con el que identificarse en una historia fantástica que perfectamente podría haberse acomodado en una estructura policía tradicional con un componente de ficción. En lugar de eso, la historia ha sabido avanzar, con sus limitaciones, con sus defectos y sus virtudes. La presencia de la religión y de un objeto capaz de cambiar ese equilibrio, de no utilizarse correctamente, podría acabar con este trabajo.

De entre los muertos

La quinta temporada de Grimm es además un buen ejemplo de cómo esquivar los problemas de una hipotética mala decisión. El final de la anterior temporada dejaba en el aire la presunta muerte del personaje de Bitsie Tulloch (The artist), sin duda un giro argumental más que notable que habría dirigido la serie hacia terrenos más oscuros, más dramáticos. Esas posibilidades quedan en el olvido cuando el rol vuelve a aparecer al inicio de la presente etapa. Y de nuevo se recuperan gracias a la estructura dramática de esos primeros episodios.

En efecto, el orden de los factores en esta ocasión es determinante. Novia aparentemente muerta, compromiso paterno, nueva chispa romántica. Este desarrollo, y no otro, es el que ofrece al espectador una evolución coherente (al menos todo lo coherente que puede ser) de las emociones y la situación que vive el protagonista. La complejidad y lo difícil de sus decisiones convierten a este héroe en un personaje más humano, sobre todo si lo relacionamos con lo mencionado hasta ahora y con las diferentes tramas secundarias, que enriquecen notablemente el conjunto.

Se puede decir que la evolución dramática de la serie ha quedado intacta, en todo caso adquiriendo una mayor complejidad que, aunque empieza a rozar el melodrama, se aborda de tal forma que tiene un sentido narrativo sólido y atractivo. En medio de todo esto, el personaje de Reggie Lee (Safe), punto irónico en muchos momentos, se convierte ahora en un aliado con habilidades “especiales” cuya evolución es una incógnita, siendo como es foco de todo tipo de eventualidades.

En definitiva, esta quinta temporada de Grimm puede entenderse de dos modos: o como continuación de lo visto hasta ahora, con una mayor profundización en el drama y en los aspectos más oscuros de la trama, o como la puerta a un camino sensiblemente diferente, con elementos que hasta ahora parecían haberse dejado a un lado. En realidad, es un poco de ambas. La mezcla, realizada con inteligencia y prudencia, funciona a la perfección y mantiene el nivel alcanzado en temporadas anteriores, a veces incluso superándolo.

‘Grimm’ alcanza nuevos territorios dramáticos en su 4ª temporada


David Giuntoli afronta los mayores retos como 'Grimm' en la cuarta temporada.Hay que reconocer que dentro de sus propios parámetros y su calidad Grimm está dando muestras de ser una de las mejores series de ciencia ficción del panorama actual. Sin hacer demasiado ruido pero con un proyecto dramático sólido, coherente y bien estructurado está logrando una serie de interesantes giros que complican una trama a priori sencilla. Si la tercera temporada ya confirmó este hecho, esta cuarta entrega es simplemente la máxima expresión de esa idea, con momentos dramáticos verdaderamente brillantes y un gancho final que cambia para siempre las tornas de esta serie creada por David Greenwald (serie Ángel), Jim Kouf (Operación elefante) y Stephen Carpenter (Escapando de la oscuridad).

En realidad, toda la trama de estos 22 capítulos modifica sustancialmente la dinámica que se venía viviendo en la serie. Nuevos personajes se unen al secreto del protagonista interpretado por David Giuntoli (6 month rule), quien por cierto sale bastante bien parado del reto dramático de su personaje. Otros roles deben hacer frente a su nueva naturaleza. Y otros parecen cambiar de bando poco a poco. En general, la impresión que queda es que todos los protagonistas, en mayor o menor medida, sufren una evolución en su dimensión más profunda, lo que genera a su vez la sensación de cambio en el concepto general de la ficción. No se trata, como parecía en la primera temporada, de buenos contra malos, de un policía contra los monstruos que habitan nuestro planeta. Lo que esta cuarta temporada confirma es que estamos ante una producción más elaborada, con numerosas tramas secundarias que enriquecen el mundo creado y que ofrecen matices que hacen más interesantes las decisiones y los acontecimientos que se narran.

Bajo este prisma destaca sobremanera el nuevo rol otorgado al personaje de Bitsie Tulloch (The artist). Quienes hayan leído las críticas de las anteriores temporadas de Grimm sabrán que, personalmente, considero su personaje como uno de los más flojos de la trama. Su integración en el conjunto dramático se ha limitado, en muchas ocasiones, a ser una suerte de damisela en apuros que aportaba más bien poco (salvo protagonizar situaciones de peligro) al argumento general. Por ello resulta sumamente gratificante comprobar cómo crece cuando es capaz de tener poder para decidir sobre la historia. Crece el personaje y crece la propia Tulloch. Su participación es decisiva tanto para un bando como para otro, llegando a extremos como el de quemar la caravana en la que el protagonista tiene toda la información de sus antepasados, o protagonizar algunas de las refriegas más violentas vistas en la serie. Su final, trágico como pocos, parece poner punto y final a un rol salvado de sus propias limitaciones.

El tratamiento otorgado a la trama principal, con las limitaciones propias de los personajes y de las características de la serie, es igualmente espléndido. La cuarta temporada ha sabido aumentar progresivamente la complejidad de los acontecimientos a través, precisamente, de una sucesión de conflictos que añaden nuevos giros dramáticos. Dicho de otro modo, se produce una escalada de dramatismo que lejos de resultar reiterativa o ridícula, conduce la trama hacia territorios que no habían sido explorados hasta ahora, como el ya mencionado cambio del personaje de Tulloch o las nuevas revelaciones de ese mundo de los wessen, esas criaturas a las que el protagonista ayuda o da caza, dependiendo del caso.

¿Demasiadas tramas secundarias?

Desde luego, la cuarta temporada de Grimm supone un antes y un después, generando un interés añadido a los acontecimientos de la próxima etapa, que comenzará a finales de octubre en Estados Unidos. Pero con todo y con eso, la serie no logra equilibrar lo suficiente algunas de las historias secundarias que completan el puzzle de esta serie. Puede que sea por la fuerza de la trama principal, que se lleva todo el interés y los esfuerzos. Puede, simplemente, que existan demasiadas tramas complementarias. Personalmente me inclino por la segunda opción, sobre todo si tenemos en cuenta la resolución dada a muchas de ellas, algo así como un final feliz con poca lógica y mucho de fuerza mayor (0 “esto es así porque conviene que sea así”).

El caso más evidente es el de la niña a la que se persigue desde la temporada anterior. Su papel como una suerte de macguffin durante buena parte de la temporada deja paso en el último episodio a una criatura que es capaz de tomar sus propias decisiones, de defenderse de sus agresores y de manipular su entorno para conseguir lo que quiere. El problema de ello es que, teniendo en cuenta lo que ocurre durante algunos capítulos antes, no encaja, ni dramática ni conceptualmente. Da la sensación de ser un mero recurso para dejar esa parte de la trama atada de forma positiva para que los héroes tengan una herramienta con la que poder contar en el futuro, sin tener en demasiada consideración la lógica seguida anteriormente.

Algo más coherente, aunque también irónico, es lo que sucede con el personaje de Sasha Roiz (Pompeya), cuya muerte y posterior resurrección generó una cadena de efectos secundarios que ofrecían múltiples respuestas y posibilidades, y cuyo final relacionado con Jack el Destripador es, cuanto menos, divertido. En este caso no se trata tanto de una opción apresurada como de una fórmula algo forzada por los acontecimientos, como si hubiera cierta prisa por dar salida a la situación generada capítulos atrás, aunque por otro lado alargar su trama hasta la siguiente temporada hubiera resultado excesivo. Sea como fuere, la labor de Roiz es lo suficientemente buena como para aportar un cierto grado de interés a la doble personalidad.

En definitiva, la cuarta temporada de Grimm confirma el ascenso de esta serie que ha sabido crecer desde un punto de partida un tanto manido y a todas luces arriesgado. Su capacidad para incorporar nuevos aspectos al mundo fantástico que propone y, de este modo, dotar de más complejidad a la trama ha permitido que la producción sea uno de los productos más entretenidos y recomendables de la ciencia ficción actual. La evolución de sus efectos digitales (que se nota, y mucho) ofrece una mayor variedad de criaturas y una mayor espectacularidad. El principal problema al que se enfrenta, debilidades incluidas, es lograr que la próxima temporada supere a ésta sin que muera en el intento.

‘Grimm’ confirma su evolución en la 3ª T pero no abandona su origen


David Giuntoli tendrá en Jacqueline Toboni una alumna y aliada en la tercera temporada de 'Grimm'.Uno de los aspectos más importantes de cualquier historia es saber avanzar aun cuando dicho desarrollo sea más o menos previsible. Si el mundo creado para la ocasión es coherente las oportunidades de sorpresa son, en cierto modo, innumerables. Durante la segunda temporada de la serie Grimm sus responsables, Stephen Carpenter (De ladrón a policía), Jim Kouf (Hora punta) y David Greenwalt (serie Buffy, cazavampiros), señalaron un camino, una dirección dramática que la serie necesitaba seguir si no quería caer en el tedio y en la repetición. La tercera entrega de la producción ha puesto de manifiesto dicha intención al entregarse por completo a una trama compleja, plagada de matices e intereses encontrados y con consecuencias devastadoras para prácticamente todos los personajes. Esto no impide, sin embargo, que hayan existido irregularidades.

Hay que reconocer, con todo, que dichos elementos poco coherentes dentro de la trama quedan empequeñecidos ante el dinamismo y la riqueza de personajes que presenta esta tercera temporada de 22 episodios. No es que estemos hablando de una serie espléndida definida por unos conflictos dramáticos incomparables, pero hay que reconocer que se ha dado un paso más hacia un sentido más global de la producción, hacia una concepción más interesante. Y todo pasa por el conflicto ancestral que sirvió de base para la primera temporada y que empezó a desarrollarse en la segunda. Un conflicto que lejos de caer en la repetición de conceptos (lucha del bien contra el mal) ha sabido encontrar todo tipo de líneas argumentales que se complementan unas con otras, ofreciendo al espectador un proceso que evoluciona y hace evolucionar a los personajes.

De hecho, son estos los que sustentan la cada vez más compleja trama, obligando a sus responsables a introducir nuevos rostros y a involucrar más a los ya conocidos. Es por ello que la presencia del personaje de Mary Elizabeth Mastrantonio (El precio del poder) es cada vez mayor, ya sea presencial o testimonial. Su participación en la trama, si bien es cierto que en algunos momentos resulta un poco forzada, es en cualquier caso necesaria como una especie de modelo a seguir, de maestro que todavía tiene mucho que enseñar a un protagonista que, por cierto, sufre en estos capítulos toda suerte de problemas, desde convertirse en una especie de zombi (lo que le deja unas secuelas de las que luego hablaremos) hasta perder los poderes que le definen como Grimm.

A esto se suma el conflicto planteado en el mundo de las criaturas, sin duda una de las líneas argumentases más interesantes y menos explotadas de toda la serie. Ya sea por las complicaciones de producción o por las propias complicaciones narrativas (son muchos personajes con varias tramas propias), el caso es que su presencia es utilizada casi en exclusiva como motor de arranque de nuevas líneas argumentales, lo que, aunque enriquece el conjunto, no deja de generar la sensación de estar desaprovechado, dejando al espectador en el umbral de un mundo mucho más interesante, más rico y con bastante más posibilidades que los meros casos policiales con tintes fantásticos. Aunque siendo totalmente sinceros, los responsables han sabido aprovechar esta idea para, por ejemplo, presentar al personaje de la debutante Jacqueline Toboni (otro Grimm), cuyas posibilidades son, al menos a corto plazo, muy altas.

Lo que nos dejamos por el camino

El problema de todo esto es que Grimm no es una serie preparada para afrontar dicha complejidad. Ni formal ni narrativamente hablando. Lo intenta, y en muchos aspectos lo consigue, pero le cuesta abandonar ese estatus de trama episódica policíaca que tiene casos distintos en cada episodio. Y eso no solo lastra el desarrollo de la trama, que como decimos ha encontrado un objetivo a largo plazo al que se acerca poco a poco. Lo peor de todo es que lastra algunos aspectos de los personajes que requieren de un análisis más inmediato que no puede ser abandonado hasta recuperarse en algún episodio de sucesivas temporadas. El caso más evidente es el de las consecuencias que sufre el protagonista (un David Giuntoli muy cómodo) a raíz de esa especie de zombificación con la que comienza esta tercera temporada.

En efecto, los efectos secundarios planteados durante los primeros episodios (y en alguno suelto a medida que avanza la trama) apuntaban a una interesante modificación del personaje, fuese en la dirección que fuese. El desarrollo posterior del arco dramático, si bien permitía ir introduciendo poco a poco el tema, terminó por eliminarlo de la ecuación, dejando al rol protagonista como el héroe que venía siendo hasta ese momento. Es cierto que el final de esta temporada da un giro notable en el devenir del drama, pero la duda está ahora en si los guionistas serán lo suficientemente valientes como para llevar la decisión hasta sus últimas consecuencias o si, por el contrario, no es más que un alto en el camino para retomarlo igual pero con más fuerzas.

Personalmente, el caso más curioso es el que protagoniza el personaje de Reggie Lee (serie Prison break). Es cierto que aquí no le mencionamos demasiado, tal vez porque es un secundario que aporta todo aquello que el resto de personajes no son capaces de lograr (ironía, algo de tensión, transición entre secuencias, …). Empero, durante estos episodios su participación ha ido en aumento, siendo cada vez más consciente del mundo fantástico que narra la serie. Su presencia se antojaba como una especie de aliado, pero su desenlace ha sido muy distinto. El rol de Lee personifica la locura de aquellos que se asoman a un mundo que no comprenden, obsesionado por lo que ha visto e incapaz de explicar lo que todo el mundo le dice que no es real. Este desarrollo, al igual que el de otros personajes, ha sido demasiado intermitente, protagonizando algunos capítulos para retirarse más tarde, volviendo en el último a retomar su obsesión por estas criaturas y prometiendo, al menos a priori, un desarrollo y una participación algo más sólidos en la cuarta temporada ya confirmada.

Las sensaciones generales que deja esta tercera temporada de Grimm son positivas. Los seguidores posiblemente encuentren en ella más elementos de interés que en anteriores ocasiones, todos ellos creados bajo el marco de una trama más amplia, con más ramificaciones secundarias y numerosos conflictos que, de un modo u otro, influyen en la evolución de historia y personajes. Pero todavía necesita pulir algunas aristas si quiere alcanzar todo su potencial. Da la sensación de que se plantean diversas vías narrativas para luego, si no convencen, dejarlas en el aire hasta que puedan volver a retomarse. Una especie de miedo a lo que pueda surgir que genera algo de desconcierto e impide a la serie explorar un futuro que se antoja prometedor. Con la conclusión de la temporada se abre un mundo totalmente nuevo que, esperemos, deje decisiones más arriesgadas. O por lo menos que no olvide todo lo recorrido hasta ahora.

‘Pompeya’: superhombres en plena erupción de malas ideas


Kit Harington y Emily Browning protagonizan 'Pompeya'.Desde que en el año 79 d. C. la ciudad de Pompeya fue enterrada por la erupción del Vesubio junto a la ciudad de Herculano el ser humano no ha parado de fascinarse con aquellos fatídicos acontecimientos y el legado que han dejado con el paso de los siglos. El relato de Plinio El Joven, testigo de la tragedia, es realmente escalofriante. Precisamente sus palabras son utilizadas para abrir esta aventura épica dirigida por Paul W.S. Anderson (Horizonte final), aunque es lo único que conecta el film con la realidad. No me refiero a los hechos históricos, sino a la realidad, a las leyes físicas que rigen nuestro mundo y el de la Antigua Roma. En este sentido, dos son las preguntas que plantea la trama: ¿por qué? y ¿y si…?

La segunda de ellas hace referencia a la hipotética visión que podría haber dado Roman Polanski (Un Dios salvaje) de un argumento ambientado en la erupción del Vesubio. Precisamente de este hecho se deriva la primera pregunta. Si los primeros minutos de Pompeya sirven al espectador para situarse en un marco más o menos histórico gracias a los fragmentos del texto de Plinio El Joven, a partir de la primera secuencia de acción la película deja meridianamente claras sus intenciones formales y de contenido. El guión transcurre por lugares comunes, bebiendo descaradamente de clásicos del peplum (hay escenas que son literalmente idénticas) y valiéndose de recursos narrativos realmente tópicos. Los actores, correctos en su inmensa mayoría, hacen lo que pueden con unos personajes planos, sin más trasfondo moral que el que les confieren sus estáticos roles y con unos diálogos que, sinceramente, necesitan muchas revisiones.

Si hubiese que encontrar una secuencia que representa a la perfección la obra esa sería la que protagonizan Kit Harington (Jon Nieve en Juego de tronos) y Emily Browning (Presencias extrañas) a lomos de un caballo en mitad de la noche. Una huida sin ton ni son que termina con 15 latigazos. Lo absurdo de todo esto podría extrapolarse a todo el desarrollo dramático en el que, repetimos, las leyes que habitualmente rigen cualquier film quedan hechas añicos. No defiendo con esto que tenga que ser un film realista. El cine busca verosimilitud antes que veracidad, y la película no tiene ni lo uno ni lo otro. Roma estaba plagada de superhombres, eso queda claro en el film (hombres que rompen cuellos de caballos con sus manos, que se mueven ágilmente tras recibir latigazos o que luchan a muerte en medio de una nube volcánica). En fin… esa falta de verosimilitud, provocada a su vez por la deliberada apuesta por el tópico más ilógico que pueda encontrarse, lleva al relato a terminar por convertirse en una autoparodia, en un intento fallido de no se sabe muy bien qué.

Pompeya no es un buen film. Lo mejor que puede ofrecer es su recreación de la ciudad a través de planos digitales, lo cual no es mucho, y el hecho de no tomarse muy en serio a sí misma. Y eso que enmarcar una historia en las calles de la sepultada ciudad parecía algo sencillo si tenemos en cuenta la cantidad de rincones que todavía hoy pueden visitarse y de los que apenas se sabe nada. En lugar de eso, Anderson edifica una débil historia compuesta por pedazos de muchas otras en la que nada brilla con especial resplandor, o mejor dicho todo juega en contra de la historia. Ese por qué al que hacía referencia al inicio no es tanto una pregunta para hallar consuelo ante la cantidad de incoherencias que se suceden en pantalla, sino más bien remite a lo que deberían haberse preguntado los guionistas y el director cuando se construyeron las secuencias. ¿Y esto por qué ocurre? ¿Y este o aquel personaje por qué actúa así? La falta de respuesta es lo que nos queda.

Nota: 3/10

El Vesubio destruye ‘Pompeya’ y oculta el resto de estrenos


Estrenos 25abril2014Muchas son las películas que llegan hoy viernes, 25 de abril, a las carteleras españolas. Algunas más interesantes que otras, como es lógico, pero la mayoría sustentadas por algún tipo de interés que supera las propias características del film. Es el caso de la recreación de Pompeya, una de las últimas películas de Paul Walker (Fast & Furious), una nueva cinta de animación manga o la propuesta española. Todas ellas con el claro objetivo de medrar en un mercado cinematográfico dominado por la comedia nacional desde hace mes y medio. Y dado que hay que empezar por algún sitio, lo haremos como es tradición en Toma Dos: con el estreno más importante.

Este no es otro que Pompeya, drama épico producido entre Canadá y Alemania que recoge, como su propio título indica, la erupción del Vesubio que sepultó la ciudad y a sus ciudadanos bajo gruesas capas de ceniza y roca. En el caso que nos ocupa, la excusa para narrar tal acontecimiento es la historia de un esclavo convertido en gladiador que ve cómo el amor de su vida, la hija de un rico comerciante, está a punto de unirse con un corrupto senador romano. Cuando el volcán entra en erupción el joven deberá luchar por su vida en un mundo que cambia muy rápidamente, pero también buscará la forma de escapar con la mujer que ama. Paul W. S. Anderson (Resident Evil) es el encargado de poner en imágenes el guión, por lo que nos encontraremos acción y muchos efectos visuales. Kit Harington (serie Juego de tronos) es el principal protagonista, al que acompañan actores tan conocidos como Carrie-Anne Moss (Matrix), Emily Browning (Sucker Punch), Adewale Akinnuoye-Agbaje (serie Perdidos), Kiefer Sutherland (serie Touch), Jared Harris (Lincoln), Jessica Lucas (Posesión Infernal) y Sasha Roiz (serie Grimm).

De Estados Unidos llegan las propuestas de terror del fin de semana. Por un lado tenemos El heredero del diablo, debut en el largometraje de los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett que narra los extraños comportamientos que se desarrollan en una joven durante un embarazo inesperado producido durante una noche que no recuerda de su luna de miel. Tanto su marido como ella lo atribuyen en un principio a los nervios, pero poco a poco el siniestro origen de esos cambios se da a conocer. Allison Miller (serie Terra Nova), Zach Gilford (El último desafío), Sam Anderson (serie Urgencias) y Vanessa Ray (serie Suits) son sus principales protagonistas.

Los huéspedes es el título del otro film que trata, ante todo, de provocar buenas dosis de sustos en el espectador. Escrita y dirigida en 2011 por Ti West (La casa del diablo), la cinta sigue las andanzas de dos empleados de una posada de Nueva Inglaterra que, tras décadas de actividad, está a punto de cerrar sus puertas. Su intención es grabar un vídeo para demostrar, a modo de último documento grabado en la posada, que el lugar es el más encantado del país. Como es lógico, la caza de fantasmas se tornará en su contra. El reparto está integrado por Sara Paxton (Superhero movie), Pat Healy (Spooner), Kelly McGillis (A primera vista), Alison Bartlett (Crooked lines) y Lena Dunham (serie Girls).

Volviendo a Europa, una de las propuestas más interesantes es Brick Mansions, última película de Paul Walker antes de fallecer mientras rodaba Fast & Furious 7. Con capital francés y canadiense, la historia es un remake de Banlieue 13, y está ambientada en una ciudad de Detroit distópica donde los edificios de ladrillos se han convertido en nido de delincuentes, por lo que se han rodeado de muros de contención. En este contexto un agente secreto y un ex convicto deberán unir sus fuerzas cuando la novia del segundo sea secuestrada por un capo de la droga cuya intención no es otra que acabar con el sistema que reina en la ciudad. Camille Delamarre debuta en el largometraje con este thriller de acción que cuenta con el respaldo de Luc Besson (El quinto elemento), quien participa en el guión. El reparto se completa con David Belle (Malavita), el rapero RZA (El hombre de los puños de hierro), Robert Maillet (Pacific Rim), Catalina Denis (Noche de venganza) y Ayisha Issa (Immortals).

Desde Japón nos llega El viento se levanta, nueva cinta manga dirigida por Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro) que en esta ocasión narra la historia de Jiro Horikoshi, ingeniero aeronáutico que diseño muchos de los aviones de combate japoneses durante la II Guerra Mundial. En su versión americana cuenta con las voces de Jseph Gordon-Levitt (Looper), John Krasinski (Tierra prometida), Emily Blunt (Eternamente comprometidos), Martin Short (serie Daños y perjuicios), Stanley Tucci (El quinto poder), Mandy Patinkin (serie Homeland), William H. Macy (serie Shameless) y Werner Herzog (Jack Reacher).

En lo que respecta a la producción nacional destaca La vida inesperada, comedia escrita por la escritora Elvira Lindo (El cielo abierto) y dirigida por Jorge Torregrossa (Fin). La trama se centra en un actor español que, tras viajar a Nueva York con la intención de formarse y alcanzar su sueño, lleva más de 10 años haciendo pequeños trabajos y sobreviviendo con lo que puede. Viendo que los años pasan sin que la situación cambie decide dar un giro a su vida. Protagonizada por Javier Cámara (Los amantes pasajeros), en el reparto también encontramos a Tammy Blanchard (Moneyball: Rompiendo las reglas), Raúl Arévalo (La gran familia española), Sarah Sokolovic (En el frío de la noche) y Carmen Ruiz (Muertos de amor).

Venezolana, aunque con colaboración española, es Azul y no tan rosa, película del 2012 escrita y dirigida por Miguel Ferrari (Cortos interruptus). Ganadora del Goya a la Mejor Película Iberoamericana, la historia gira en torno a la relación de un padre con su hijo, el primero homosexual y el segundo heterosexual, y a la forma en que deben arreglar sus diferencias. Para ello deberán comprender primero que todo depende del prisma desde el que se mire. Guillermo García (La casa del fin de los tiempos), Ignacio Montes (Solo quiero caminar), Hilda Abrahamz (De mujer a mujer), Carolina Torres (La virgen negra), Alexander Da Silva (Rudo y cursi) y Sócrates Serrano (Las caras del diablo) son los principales intérpretes.

Volviendo a Europa, Francia nos presenta Molière en bicicleta, comedia con tintes dramáticos producida en 2013 que narra el regreso al teatro de un actor que abandonó su carrera cuando ésta estaba en la cima para recluirse como un ermitaño en una isla. Un regreso que se produce por la propuesta de otro actor de éxito para adaptar una obra de Molière. Sin embargo, la condición para que vuelva a subirse a un escenario son cinco días de ensayos en los que ambos intérpretes se retarán y lucharán haciendo lo que mejor saben hacer: actuar. Dirigida por Philippe Le Guay (Las chicas de la 6ª planta), la película está interpretada por Fabrice Luchini (En la casa), Lambert Wilson (De dioses y hombres), Maya Sansa (El hombre que vendrá), Laurie Bordesoules, Camille Japy (Venganza) y Ged Marlon (Fool moon).

Matterhorn supone el debut en el largometraje de Diederik Ebbinge, también guionista de este film holandés del 2012 que ahora se estrena en España. La trama comienza cuando un aburrido y solitario hombre se encuentra de repente con un individuo cuyo extraño comportamiento le lleva a ser rechazado por los demás. Dado que parece no tener a nadie, el hombre decide adoptarlo, desafiando la rígida moral de su pequeña comunidad y encontrando al mismo tiempo una motivación para enfrentarse a sus propios fantasmas. El reparto está integrado por Ton Kas (Plan C), René van ‘t Hof (Don), Ko Aerts, Kees Alberts, Lucas Dijker (Achtste Groepers Huilen Niet) y Porgy Franssen (170 Hz).

Este capítulo de estrenos lo cierra Gangs of Wasseypur. Parte I, thriller de acción y drama indio de 2012 que dirige Anurag Kashyap (No smoking) y que cuenta la enemistad entre atracadores de trenes rivales. Cuando uno de ellos se convierte en un renegado se ve obligado a trabajar en una mina. Sin embargo, la vieja enemistad retornará cuando su hijo decida restaurar el honor del famoso atracador clamando venganza contra el clan rival, que lo convertirá en uno de los hombres más peligrosos de la India. El plantel de actores está formado por rostros conocidos en el país como Manoj Bajpayee (Dus Tola), Richa Chadda (Benny and Babloo), Nawazuddin Siddiqui (Talaash), Tigmanshu Dhulia (Arrogantes y exquisitos), Jameel Khan (Loins of Punjab presents) y Piyush Mishra (Gulaal).

‘Grimm’ se adentra en una trama más profunda en su 2ª temporada


El protagonista de 'Grimm' luchará con nuevas criaturas en la segunda temporada.Tras una primera temporada relativamente floja, la producción televisiva Grimm ha dado un importante giro a su desarrollo argumental en la segunda temporada. No es algo inusual, pero desde luego tampoco es lo más común. Parece evidente que la estrategia de abordar episodio a episodio el fantástico mundo al que se enfrenta el protagonista no estaba obteniendo los resultados previstos. Ya al final de la entrega episódica anterior se intuía una trama mucho mayor, más compleja y con intereses contrapuestos entre bandos y dentro de los mismos. Una intuición que ha tomado forma en estos 22 episodios nuevos y que permite pensar en una mejora a corto plazo en el interés de la historia creada por Stephen Carpenter (De ladrón a policía), David Greenwalt (Class) y Jim Kouf (La búsqueda).

De hecho, el propio resumen del argumento ya difiere de lo abordado en los primeros episodios. El protagonista, consciente de su condición, no solo se dedica a resolver los casos propios de su trabajo, sino que empieza a desvelar una antigua profecía que habla de un artefacto. Para encontrarlo se necesita de un mapa contenido en unas extrañas llaves, una de las cuales está en su poder. Como suele ser habitual, dicha llave provoca todo tipo de traiciones, ambiciones y movimientos tanto por parte de las criaturas como por parte de los llamados Grimm. Gracias a esta trama, así como a la sutilidad con la que se ha ido desvelando la información en esta segunda parte de la serie, el conjunto ha adquirido una consistencia de la que antes carecía, superando ese carácter de mera serie policíaca con toques fantásticos.

Es más, en cierto modo está dando la vuelta a ese concepto para convertirse en una producción de ciencia ficción con toques policíacos. El personaje interpretado por David Giuntoli (La chica del tiempo) se entrega cada vez más a la causa, utilizando para sus propios intereses su posición como policía. Esta evolución del personaje y de la serie modifica sustancialmente la forma de entender los casos, permitiendo una mayor y mejor integración entre el carácter episódico de toda serie policíaca con el carácter más global de la lucha y la búsqueda de dicho artefacto. Como consecuencia, muchos de los casos a resolver tenían como eje los daños colaterales de dicho conflicto.

En este sentido, la evolución dramática está unida a una mejora en los efectos digitales utilizados y en el propio aspecto formal de la narración. Con la introducción de nuevas criaturas se requería un mayor compromiso en el diseño de esta combinación entre hombre y animal que fuese más allá de colocar una capa de diseño sobre el rostro del actor en cuestión. Las transformaciones son mucho más convincentes, algunas realmente notables, y la forma de narrar los combates o las ya famosas búsquedas de identidad en la caravana atrapan mucho más al espectador.

No estás solo

Aunque el pilar fundamental sobre el que se apoya esta evolución son los personajes. O mejor dicho, la integración que todos ellos, en mayor o menor medida, han sufrido. Si en la primera temporada ya existían unas cuantas criaturas que ayudaban al protagonista, en esta segunda le toca el turno a los personajes humanos. El final de la etapa anterior dejaba a la novia del héroe, interpretada por Bitsie Tulloch (The artist), en una situación muy delicada cuya evolución ha centrado buena parte de los siguientes 22 capítulos. La forma de resolverlo, con crisis románticas y búsquedas de verdad incluidas, ha revelado un mejor conocimiento del personaje femenino, algo tosco y redundante en su definición de acompañante ajena a todo. No es que el personaje se haya convertido en un aliado formidable, pero desde luego abandona su ignorancia para convertirse en un apoyo real del protagonista, algo que libera en cierto modo la incomodidad de un rol relativamente innecesario.

El otro gran cambio ha sido el del personaje interpretado por Russell Hornsby (Stuck), compañero inseparable del protagonista que ha encontrado respuesta a las locuras que presenció a lo largo de la temporada anterior. El hecho de hacerle partícipe de la historia, incluido el papel que juega el capitán de la policía (Sasha Roiz, uno de los protagonistas de Caprica), le convierte en el ayudante perfecto, en una especie de aprendiz de Grimm que, a pesar de no contar con las habilidades del protagonista, está lo suficientemente curtido como para no resultar un estorbo en el desarrollo de la trama, pudiendo ser utilizado en un futuro próximo.

Ambos casos se desmarcan un poco de la evolución tradicional de este tipo de personajes, abocados a una ignorancia provocada por desmayos, golpes en la cabeza o ausencias episódicas. Su integración en la historia permite a sus creadores un mayor margen de creación, pudiendo explorar otras vías tanto para el protagonista como para los secundarios. Es más, el final de la segunda temporada permite pensar que dichos secundarios, tanto humanos como criaturas, van a desempeñar un papel fundamental, al menos en el inicio de la tercera temporada.

Sea como sea, los seguidores de Grimm están de enhorabuena con el cambio que se ha producido en su argumento. Un cambio medido, pausado y sin grandes alardes. La segunda temporada ha permitido a la serie reencontrarse con algo más que casos policíacos extraños: se ha encontrado con una trama más compleja e interesante, y con unos personajes que parecen haber abandonado su debilidad para tornarse activos y decisivos en la trama. De seguir esta senda la tercera temporada se antoja esperanzadora para una producción que en sus inicios no parecía más que un producto entretenido pero poco interesante.

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